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domingo, 5 de julio de 2026

Sismografía

REPÚBLICA Y TERREMOTO, UNIVERSIDAD E INDEPENDENCIA

Luis Barragán

Consabido, fueron muy duros nuestros inicios republicanos al añadir una doble circunstancia: la inmediata y literal  desaparición de la promoción generacional que ideó y declaró la independencia, como el terrible sismo propagandizado como castigo de los cielos. Se dirá que son cosas de la guerra, pero lo cierto es que perdimos a la vuelta de la esquina la deliberación más cercana a nuestras precursoras prácticas democráticas y ganamos en confusión más por la confiscación militar de la conducción del naciente Estado que por los asuntos de la fe.

Puede aseverarse que la patria nació también en las aulas universitarias donde esa generación hizo de la inquietud una ilusión y ésta devino proyecto histórico a desarrollar, quedando medianamente sepultado en las perdurables ruinas del terremoto, pues Caracas las exhibió por largas décadas en fiel testimonio de las estrecheces económicas del país que fuimos. Formalmente independizados, pero jamás encapsulados, trillamos los más duros caminos y 200 años más, cuando creímos profundamente que vivíamos lo peor de lo peor históricamente, nos hicimos resueltamente bolivarianos según el canon.

Ahora, otro 5 de julio, doblemente terremoteados, experimentamos la natural desdicha, el desconcierto, la desesperanza que definen nuestros dolores. En un prolongadísimo instante, recogimos todos los sismos que partieron de aquella movilización de los tanques cuando Simón Alberto Consalvi era el encargado presidencial por el viaje al exterior de Jaime Lusinchi, pasando por El Caracazo, los golpes fracasados y toda la era que parió el corazón de Silvio Rodríguez una lejanísima tarde de concierto en la Concha Acústica de Bello Monte a veinte bolos la entrada: el socialismo del siglo XXI.

Entre los escombros, buscamos la libertad e independencia perdida desde hace un buen rato porque las actuales generaciones ya no tienen - en casi treinta años continuos - las aulas de antes para formarse: ¿acaso no fue devastación el impune saqueo vandálico que padeció la Universidad de Oriente (UDO) por largo tiempo?, y, además, que sepamos, no hay soldados estadounidenses ni siquiera pidiéndoles la cédula de identidad a los muchachos en la calle, como acontecía  con las guerrillas colombianas y vaya usted a saber cuáles más, aparentemente hoy neutralizadas,  con un asombroso dominio y provecho  territorial de Venezuela, no de la Nueva Granada ni de Teherán, por dar un modesto ejemplo.  Entonces, ¿a quiénes les piden la cédula de identidad?

Por supuesto, debemos bregar por una transición independiente e independentista, aunque los términos causen temor, asumiendo la más adecuada perspectiva de la irrenunciable  responsabilidad que tenemos de protegernos. Es necesario aceptarlo, la cuestión no se puede despachar con la comodidad de las consignas.

Ilustración: LB/IA.

05/07/2026:

https://lapatilla.com/2026/07/05/luis-barragan-republica-y-terremoto-universidad-e-independencia/

martes, 29 de julio de 2025

Momento maquiavélico

LA UNIVERSIDAD REPUBLICANA

Luis Barragán

En las postrimerías del siglo pasado, el término desregulación gozó de un extraordinario auge en el ámbito económico, proyectado – no mentado - abusivamente en el político para buscar la mínima formalidad posible de sus procederes y procedimientos; esto es, la promoción e imposición de aquellas conductas derivadas de un liderazgo personal, afortunado y quizá circunstancial, en detrimento de toda expresión institucional, estable y perfectible. En un sentido, pareció fácil confundir el modelo de desarrollo abierto y competitivo que pugnaba por consensuarse, con una total y absurda ausencia del Estado, mientras que, en el otro, la antipolítica arremetió fundamentalmente contra los partidos y cualesquiera otras instancias colegiadas de conducción política y social en clara apuesta por el mesianismo de ocasión.

Jurando combatirlo, la paradoja estuvo en la entronización de un populismo de izquierda, como pudo serlo de derecha, según el canon, consagrando la anomia en la presente centuria, pues, la desregulación se ha cumplido a plenitud por la interesada abstracción y manipulación de las normativa vigente, la conveniente y oportuna interpretación judicial, y, constituyendo una mayor ventaja, la pérdida generalizada, creciente, distraída o inadvertida del sentido y del sentimiento republicanos. Metidos en un gigantesco berenjenal que J. G. A. Pocock denominó el “momento maquiavélico” de más de prolongado, todo apunta a la reconstrucción de la sociedad civil desde abajo para reivindicar y darle soporte a una distinta experiencia política,  aunque parezca una osada utopía de acuerdo a las circunstancias actuales:  división y equilibrio efectivo de los órganos del Poder Público, ejercicio real de las virtudes cívicas a las que conducen los principios y valores constitucionales, y una libre, limpia y transparente participación y competencia ciudadana.

En principio, significa el reaprendizaje de la convivencia social, la autorregulación del genuino comportamiento ciudadano, el redescubrimiento de la política fuera de los cauces de la fulanización extrema y mesiánica, al encuentro de la sanción moral eficaz, como algún remoto día  lo demostró la ejemplar disciplina de los usuarios del metro de Caracas, igualmente atendidos por las fallas del servicio que pudieran sufrir. Agreguemos el acatamiento voluntario de los peatones y automotores frente a las señales del semáforo, el respeto al orden de una cola que se haga frente a toda taquilla, la moderación del volumen de los equipos de sonido en vehículos e inmuebles, como indicio de una cultura cívica alternativa en gestación, añadida la realización de los comicios que las legítimas organizaciones de la sociedad civil tienen pendientes para volver a la más amplia y promisoria acepción de la política.

En poco tiempo, la Universidad Simón Bolívar cumplirá cuatro años bajo la dirección de las autoridades interventoras designadas por el Ejecutivo Nacional, las cuales – en su momento – tuvieron un plazo de 180 días para convocar las elecciones rectorales de conformidad con la normativa vigente.  Siendo un caso particular de desregulación política,  importa reivindicar la vida institucional de la casa de estudios como dato fundamental de su recuperación, propulsando – como lo ha hecho decididamente el gremio profesoral – las elecciones en mora y ventilando abiertamente los problemas; vale decir, reinscribiéndose en una tradición republicana que les es tan indispensable para cumplir la misión ética, académica y sociopolítica que la inspiró al fundarse.

Acotemos, las sedes de Sartenejas y del Litoral Central exponen sendos problemas que son los estructuralmente propios de la universidad venezolana, por lo que la deseada excelencia y prestigio no dependen de una absurda ocultación, sino de la reemergencia de una cultura cívica capaz de ventilarlos y de solventarlos por los medios institucionales, por lo además, actualizadores. Incluso, aún las entidades de una expresa vocación científica y tecnológica, son y deben ser compatibles, por una parte, con los valores republicanos como la libertad, la igualdad, la participación, el compromiso con el bien común; y, por otra, nociones tan angulares como la autonomía universitaria y la libertad de cátedra, constitucionalmente establecidas, nos orientan a la autorregulación, necesariamente democrática, que ha de fundamentar la indispensable vida institucional, hoy, urgidos frente al populismo obviamente mesiánico de cualquier signo.

Composición gráfica: Steph Goralnick.

Fotografía: LB, Universidad Simón Bolívar (Sartenejas, 08/05/2023). 

29/07/2025:

https://www.elnacional.com/2025/07/la-universidad-republicana/

Caza de citas

“ Nadie se dio cuenta de este robo cuando publiqué la novela, quizá porque nadie leía a Barker, de la misma manera que no leían a King. Solo...