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sábado, 6 de diciembre de 2025

De la continuidad y diferencia

EL CAMBIO ES HIJO DE LA COMPRENSIÓN         

(San Mateo, 3: 1-12)

Enrique Martínez Lozano

En la predicación que Mateo pone en boca de Juan destaca un doble elemento: por un lado, la continuidad; por otro la diferencia.

El Bautista parece un predicador cristiano, que se adelanta a proclamar el mismo mensaje que anunciará Jesús:

· "convertíos porque está cerca el reino de los cielos" (Mateo, como buen judío, no usará el nombre de "Dios", que sustituirá por "los cielos") es la proclamación con la que el Maestro de Nazaret iniciará su misión (4,17);

· la durísima recriminación "raza de víboras", dirigida a la autoridad religiosa y a los teólogos oficiales, aparecerá también en labios de Jesús, en 12,34 y en 23,33.

(Digamos, entre paréntesis, que es probable que esta expresión no fuera usada por Jesús, sino que surgiera en la aguda controversia de los fariseos y las primeras comunidades cristianas, después del año 70).

Sin embargo, por más que es notorio el interés del evangelista por acentuar la continuidad, no es menos evidente la diferencia entre ambos mensajes. La imagen del hacha puesta a la base de los árboles no encuentra parecido en el mensaje de Jesús. Y ciertamente la imagen de Dios que se desprende en uno y otro caso es bien diferenteCon Juan, nos parece estar escuchando aún el mensaje del Antiguo Testamento, cuando pone el acento en la venganza de Dios contra el pueblo infiel; Jesús, por el contrario, mostrará el rostro de Dios como fuente de confianza incondicional.

Si todos los evangelistas recurren constantemente a textos del Antiguo Testamento para hacer ver que se "cumplen" en Jesús, este interés es todavía mucho más acusado en Mateo, manifiestamente empeñado en mostrar que en Jesús todo el camino de Israel ha llegado a su plenitud. De hecho, para él, la comunidad de los seguidores de Jesús constituirá el verdadero Israel.

Para este evangelio, Jesús será el "nuevo Moisés" que, en el "nuevo monte", proclamará la "nueva ley" (el Sermón de la montaña). Pues bien, todo eso va a empezar, como antiguamente, en el desierto, donde Juan se presenta, vestido como el gran Elías (Libro 2º de los Reyes 1,8) y alimentándose como un nómada, para preparar el camino al Señor que viene.

En las palabras del Bautista, por lo demás, parecen destacarse tres aspectos peculiares de Mateo:

§ el bautismo no es un rito mágico para "escapar de la ira inminente";

§ lo fundamental es "dar fruto" –será una insistencia a lo largo de todo su evangelio-, que consiste en hacer la voluntad de Dios, lo que él espera de los humanos, la "justicia mayor que la de los escribas y fariseos" (5,20);

§ en cualquier caso, el bautismo de Juan –se advierte, entre líneas, la polémica que mantenían las comunidades cristianas con los círculos bautistas- no obtiene el perdón; sólo Jesús bautizará "con Espíritu Santo y fuego", es decir, comunicando la misma vida y fuerza divina.

Desde nuestra perspectiva, podemos valorar la radicalidad del mensaje de Juan, e incluso su lucidez, para denunciar la falsa religiosidad de quienes ponían su seguridad y su motivo de superioridad en el hecho de ser "hijos de Abraham".

Sin embargo, en su conjunto, nos rechina, por el tono moralizante y amenazador. Aparte de que nos hemos hecho desconfiados ante las "verdades" de pretendidos mesías y valoramos más la búsqueda de la verdad en el diálogo compartido, hemos crecido especialmente en sensibilidad ante las "formas" en que se nos presenta cualquier mensaje.

Más aún. A pesar de que nuestros comportamientos y actitudes se hallen demasiadas veces marcados por la inconsciencia o la superficialidad, estamos aprendiendo que las transformaciones eficaces no van a venir de la mano del moralismo o del voluntarismo. Las personas no cambiamos porque nos lo impongan desde fuera ni porque hagamos buenos propósitos. El cambio es hijo de la comprensión.

Si todo el mal que existe en el mundo es consecuencia de la ignorancia, en el sentido más profundo del término –"sólo existe un perpetrador de maldad en el planeta: la inconsciencia humana" (Tolle)-el bien siempre viene de la mano de la comprensión.

Permanecemos en la ignorancia mientras nos percibimos como egos aislados y separados, que giran forzosamente de una manera egocentrada. Tomar al yo como si fuera nuestra verdadera identidad es la causa de todo el sufrimiento que nos infligimos a nosotros mismos y a los demás.

La comprensión aparece cuando logramos tomar distancia del yo. Pero eso requiere algo a lo que no estamos acostumbrados: acallar la mente y venir al presente.

Ego es igual a pensamiento no observado y a pasado/futuro. Por eso, mientras no silenciemos la mente, no podremos salir de él ni podremos dejar de vivir de un modo egocéntrico.

Sin embargo, en los momentos en que venimos al presente –si realmente estamos completamente "volcados" en el aquí y ahora-, notaremos hasta qué punto se modifica nuestro modo habitual de percibir.

Se habrá modificado, incluso, la percepción de nuestra propia identidad. Cuando estás en el presente sin pensamientos, tú no puedes encontrarte a ti mismo como "yo"; te percibes en lo que eres, la Conciencia que está detrás de los pensamientos, la Presencia que, sencillamente, es.

Justamente entonces –porque has comprendido- se producirá la transformación. Dejarás de vivir para el ego, girando en torno a él, y permitirás que la Vida fluya a través de ti, confiando en su propia Sabiduría.

Este parece ser nuestro aprendizaje. Porque cualquiera de nosotros es capaz de acallar los pensamientos y estar en presente en una fracción de segundo. Nos cuesta mucho más, sin embargo, permanecer en la presencia continuada, de la que no nos saquen ni nuestros recuerdos incontrolados ni nuestras proyecciones imaginarias.

Aprender a vivir en presente – silenciar la mente – tomar distancia del ego (o yo) – comprender quienes somos... es un arte, al alcance de todo ser humano, pero que requiere motivación y práctica. No porque sea difícil, sino porque estamos tan identificados con el otro modo de funcionar, que nos incapacita justamente para lo más simple: sólo estar, sólo ser.

Ese "estar" o "ser" es también la comprensión que nos plenifica y nos transforma. Porque no es un "estar" como nuestra mente podría imaginarlo, sino que se trata nada menos que una plenitud de Presencia, en la que no falta nada. Al "hacernos amigos" del momento presente, se nos regala la paz y se nos desvela nuestra identidad más profunda.

Y esa identidad es Paz y Gozo. Desde la No-dualidad, percibimos que lo Real es un Darse permanente en infinidad de formas, Dios mismo viviéndose en cada una de ellas, en cada uno de nosotros/as.

Por eso, quiero terminar este comentario con un texto precioso de Javier Melloni, que me hace llegar una amiga:

"Nuestra existencia es el éxtasis de Dios, la joya infinita de Dios. ¿Qué me priva de gozar de lo mismo que Dios goza y es para él joya?".

Os deseo de corazón la experiencia inefable de ese Gozo permanente.

Fuente: 

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/1507-el-cambio-es-hijo-de-la-comprensi%C3%B3n.html

Ilustración: El Greco.

Gráfica: Segundo domingo de Adviento, altar de la Iglesia de Nuestra Señora de la Coromoto (CCs, 07/12/2025). 

El Vaticano Rechaza el Diaconado Femenino: Golpe a la Agenda Reformista | P. Santiago Martín FM:

https://www.youtube.com/watch?v=zHmtWxhcKug


Papa León: https://www.youtube.com/watch?v=rSPrlCnRWjg&list=RDrSPrlCnRWjg&start_radio=1





sábado, 10 de diciembre de 2022

Una figura intermedia

Domingo 3A Adviento 11 diciembre 2022
“¡A los pobres se les anuncia la Buena Noticia” (Mt 11, 2-11)
Diálogo sobre el Evangelio de hoy: San Juan Bautista
José Martínez de Toda, SJ.

Ya se acerca la Navidad. ¿Qué nos espera?
<Hay un cuadro famoso titulado "El día antes de Navidad". Cuatro niños felices están ante una puerta. Ellos intuyen que detrás de ella algo misterioso y grande está pasando.
Uno de los niños de puntillas mira por el agujero de la cerradura. Otro escucha atentamente para oír algo. Los dos más pequeños sonríen maravillados contagiados por los mayores.>
Es la imagen perfecta del Adviento, tiempo de espera de algo grande, de mucha expectativa y alegría. (Hoy es el domingo ‘Gaudete’). El evangelio nos presenta hoy al Precursor de Jesús: Juan el Bautista.
Pero aquí Juan el Bautista es un preso político de Herodes. ¿Por qué está en la cárcel?
Porque molestaba a Herodes. Lo había acusado de que vivía con la mujer de su hermano.
El historiador romano Josefo nos dice que Juan fue encarcelado en Maqueronte, el fuerte de Herodes en el desierto al este del Mar Muerto. Allí será decapitado a petición de la mujer de su hermano y de su hija. Después de un baile que hizo ella, Herodes le regaló como capricho la cabeza del profeta.
Pero a este Juan le llegan rumores de la actuación de Jesús y empieza a dudar de Él. Y le envía emisarios a preguntarle: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”
¿Por qué hace Juan esta pregunta?
Juan había urgido a la gente a arrepentirse (3:2), porque “ya el hacha está puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego” (3:10). Avisó que el Mesías bautizaría con el Espíritu Santo y con fuego, y quemaría la paja con fuego que nunca se apagará (3:12). Claramente, Juan esperaba a un Mesías de fuego y azufre.
Y el pueblo esperaba un líder poderoso que restaurara Israel a su gloria pasada.
Jesús no cumple con esa imagen.
Más bien es “comilón, borracho, amigo de rameras”.
Ha pronunciado bendiciones sobre los pobres de espíritu, los no violentos, y los que hacen la paz (5:1-11). Ha pedido a sus discípulos que amen a sus enemigos (5:42-48). Les ha avisado que no juzguen a los demás (7:1-5). Estas enseñanzas parecen débiles en comparación con las acciones de fuego y azufre anticipadas en la predicación de Juan.
Juan ve que, por lo que cuentan, Jesús no ha venido a empuñar el hacha ni a inaugurar el día del juicio.
¿Qué responde Jesús?
"Vayan a anunciar a Juan lo que están viendo y oyendo”.
Lo que oyeron los discípulos de Juan fue el Sermón en el Monte (capítulos 5-7).
Y lo que vieron fueron milagros a favor de los más necesitados (capítulos 8-9): “Los ciegos ven, y los cojos andan; los leprosos son limpiados, y los sordos oyen; los muertos son resucitados, y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia” (v. 5). Éstas son frases del profeta Isaías, que Jesús se apropia para demostrar que Él es el Mesías (Is 29:18; 35:6; 26:19; 61:1; 34; 61:5-7).
El tiempo de Dios ha irrumpido en el mundo.
Jesús le pide a Juan que comprenda que Él es un Mesías diferente al que él esperaba.
Aquí Jesús se ha apresurado a definirse a sí mismo; pero cómo define Él a Juan?
Lo alaba mucho.
“¿Qué salieron Vds. a ver al desierto?” (v. 7).
Las referencias a una caña, vestiduras delicadas, y palacios pueden dirigirse a Herodes Antipas. Las monedas de Herodes incluyen el símbolo de una caña; él lleva vestiduras delicadas; y vive en palacios, incluyendo el de Maqueronte, donde Juan está encarcelado.
Por el contrario, Juan no es una caña que se dobla en cualquier dirección del viento. Es un roble parado, alto y fuerte. Está vestido, no con vestiduras delicadas, sino con pelo de camello y con un cinto de cuero. Se presenta como Elías, como un profeta. (Todo lo de su persona exuda fuerza).
Pero Jesús enfatiza: “También les digo, y más que profeta” (v. 9).
¿Cómo prepara Juan el camino para el que ha de venir?
Isaías alude a cómo antiguamente se preparaban los caminos por donde iba a pasar el pueblo judío desterrado en Babilonia. Los encargados los estudiaban, arreglaban los hoyos en la tierra y los soldados exploradores se encargaban de su seguridad.
Hoy día, los ejecutivos tienen asistentes que les preparan sus planes de viaje, tienen secretarias que hacen sus reservaciones, tienen choferes que conducen sus carros, y pilotos que vuelan sus aviones.
Los servicios cumplidos por los que preparan el viaje, liberan al ejecutivo para que cumpla bien con su trabajo especializado e importante.
Así también Juan preparó la entrada de Jesús al mundo, pidiendo a la gente que se arrepintiera.
¿Es Juan una figura importante?
Hay una línea divisoria en el centro de la historia. Juan está en ese centro: entre los profetas y Jesús. Juan es una figura intermedia. Juan se encuentra en el pináculo de la antigua Alianza, pero Jesús asegura que aun el más grande representante de la era antigua es menor que el representante más humilde de la nueva. Así que somos mayores que Juan.
Y, si el menor en el reino de los cielos es más grande que Juan, ¿qué grandes nos hace Dios! Podemos ser cristianos muy ordinarios, pero Dios nos considera gigantes.
Es como ocurre en astronomía: el astrónomo de antes, por muy importante que fuera, hacía sus observaciones con un telescopio pequeño y primitivo. Hoy cualquiera tiene acceso a los telescopios espaciales, y con ellos puede conseguir mucho más que los astrónomos más brillantes de antes.
Fuente: Correo electrónico (Román Mendoza).
Ilustración: Juan van der Hamen.



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