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sábado, 17 de mayo de 2025

Admirable sencillez e insistencia en la práctica

EL AMOR GRATUITO, SEÑAL DECISIVA DEL DISCÍPULO DE JESÚS

(San Juan, 13: 31-35)

Enrique Martínez Lozano

Con el capítulo 13, empieza la segunda parte del evangelio de Juan: es el llamado "libro de la Hora". La "hora" de Jesús no es otra que la de su muerte-resurrección, que el cuarto evangelio entiende como la hora de su "glorificación".

Para este evangelio, de acuerdo con sus propias claves, la cruz no es tanto el instrumento de tortura, sino el trono donde, vencido el mal, queda entronizado el amor de Dios manifestado en Jesús: "Tanto amó Dios al mundo que entregó a su propio Hijo" (Juan 3,14). El camino de la cruz es, por tanto y paradójicamente, un camino de glorificación.

Este texto pertenece al llamado "testamento espiritual" o "discurso de despedida" de Jesús, que abarca nada menos que cinco capítulos –del 13 al 17 inclusive-, y que conoció sucesivas redacciones, como puede apreciarse en esta última que ha llegado hasta nosotros.

El término "glorificación" ya había aparecido en el capítulo anterior. Tras una confidencia en la que Jesús muestra su abatimiento, en un texto que es el equivalente joánico a la "oración de Getsemaní" de los sinópticos, se abre al Padre, buscando únicamente su gloria. El texto dice así:

"Me encuentro profundamente abatido; pero, ¿qué es lo que puedo decir?... Padre, glorifica tu nombre. Entonces se oyó esta voz venida del cielo: «Yo lo he glorificado y volveré a glorificarlo»" (12,27-28).

Pareciera como si el autor hubiera unido, en un único texto, la angustia de la "oración del huerto" y la gloria de la transfiguración en el Tabor, en un relato que encierra además una profunda sabiduría psicológica. Al experimentar su fracaso, Jesús se siente oprimido por la angustia. Y únicamente cuando entra por el camino de la aceptación, abandonándose a la voluntad del Padre, reencuentra la paz.

Mientras giramos en torno al yo, no encontramos salida a la angustia. Sólo cuando aceptamos el malestar, sin reducirnos a él, se empieza a hacer la luz. En su "volverse" al Padre, Jesús reencuentra también su verdadera identidad y, con ella, la liberación de los miedos.

Quien está identificado con su yo, vivirá a merced de sus vaivenes; en la medida en que podemos tomar distancia de él, observando los oscilantes contenidos de nuestra mente, no sólo nos haremos dueños de nuestro "diálogo interno", sino que empezaremos a tomar conciencia de nuestra identidad más profunda, aquello que realmente somos, y que no puede verse dañado por nada de lo que nos ocurra.

La glorificación, de la que aquí se habla, no es otra cosa que la manifestación o desvelamiento del misterio divino, en cuanto misterio de amor que se entrega hasta el extremo (evangelio de Juan 13,1). La "gloria" de Dios no es sino su amor. Para el autor del cuarto evangelio, eso se pone de manifiesto en la cruz, que él entiende teológicamente como manifestación suprema de amor.

Si ésa es la gloria de Dios, es totalmente coherente que el "mandato" de Jesús se mueva en la misma dirección: el amor.

La forma como se expresa es rotunda. Frente a los innumerables mandamientos rabínicos, frente incluso al Decálogo de Moisés, las palabras de Jesús suenan tajantes: "Os doy un mandamiento". No hay otro.

La admirable sencillez y la insistencia en la práctica, que caracterizan el mensaje de Jesús, se ponen de manifiesto también en esta síntesis de lo que debe el ser el comportamiento que pide a sus discípulos.

El término "hijos míos", que lo introduce, aparte de expresar un afecto intenso, puede que remita a la costumbre judía del padre que, a punto de morir, transmitía el testamento espiritual a sus hijos. Aquí también, ante la muerte inminente, Jesús comunica lo que considera más valioso, lo que había constituido el eje mismo de su existencia.

Porque, como había ocurrido a lo largo de toda su vida, Jesús va por delante. Antes de decirlo, antes de pedirlo, él lo ha vivido: "como yo os he amado". Pero esa expresión no es comparativa, sino "causal": porque yo os he amado. Tal como pone de relieve X. Léon-Dufour, uno de los mayores especialistas en el estudio de este evangelio, la traducción más ajustada es la siguiente: "Con el mismo amor con que yo os he amado, amaos también los unos a los otros".

Todo arranca, según la teología del cuarto evangelio, del amor del Padre, que se ha manifestado en Jesús y que ahora circulará a través de los discípulos. Se trata del mismo y único Amor, que constituye el secreto último de lo Real. Lo que se pide a los discípulos es que permitan que ese Amor primero y originante se exprese y se viva a través de ellos.

Por eso, no es un mandato heterónomo, venido de fuera, como una imposición arbitraria. Se trata, por el contrario, de una invitación a vivir lo que somos, conectados con el Misterio amoroso de Lo que es, a partir de la Unidad experimentada.

Ello será posible, no tanto a través de un voluntarismo moral, cuanto gracias a la comprensión de lo que somos. En la medida en que vamos conociendo y viviendo lo que somos –recordemos que, cuando se trata del verdadero conocimiento, conocer y ser coinciden-, el amor se abre camino. Identificados con nuestra mente, no podremos estar sino encapsulados en el ego y en sus propios movimientos egocéntricos. La comprensión de nuestra identidad profunda e ilimitada hará posible un modo de vivir caracterizado por la desegocentración.

En el texto se habla de "mandamiento" (en griego, entolé), como queriendo poner de relieve la importancia de lo que ahí se ventila. No se trata de un "consejo" ni de una "recomendación", sino de una "obligación imperiosa".

Y se dice que es "nuevo", probablemente, en un eco de lo que los propios discípulos percibieron como "novedad" en el modo de vivir del Maestro, en la gratuidad e incondicionalidad de su amor.

Ese aspecto queda subrayado en el mismo término usado. De las tres palabras con las que podía nombrarse el amor en griego, no se elige "eros", ni "filia" (amistad), sino "agápe" (amor gratuito).

Y es esa calidad de amor la señal decisiva por la que los discípulos de Jesús habrán de ser reconocidos. Los seguidores de los fariseos se conocían por las filacterias que usaban; los de Juan, por bautizar; los de Jesús, únicamente por el amor.

Como supo expresar admirablemente Pablo, es el amor, y no los milagros ni las obras más abnegadas, la única señal de los cristianos:

"Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como campana que suena o címbalo que retiñe. Y aunque tuviera el don de hablar de Dios y conociera todo los misterios y toda la ciencia; y aunque mi fe fuese tan grande como para trasladar montañas, si no tengo amor, nada soy. Y aunque repartiera todos mis bienes a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, de nada me sirve" (Primera Carta a los Corintios 13,1-3).

Porque ser discípulo, según el cuarto evangelio, no es el que únicamente "escucha", sino el que ha optado y vive como el Maestro: eso es seguirlo. Es, por tanto, un servidor (13,15-17), que correrá la misma suerte que el maestro (12,26) y que, permaneciendo en la Unidad reconocida (15,1-4), dará mucho fruto (15,8).

De ese modo, el mandato del amor –no podía ser de otro modo- remite a la Fuente que lo posibilita, al Amor originante que entreteje la Unidad que Es y Somos. En la medida en que comprendamos –y nos dejemos sentir- esa Unidad, trascenderemos las rígidas fronteras del ego, accederemos a un nivel transpersonal de conciencia y el Amor podrá fluir.

Fuente:


Papa León XIV: Misa de inicio del pontificado: https://www.youtube.com/watch?v=762_nfUvhhE


Padre S. Martín: Liberales, unidad, sinolidad: https://www.youtube.com/watch?v=Yb1yjg7pfQA







sábado, 14 de mayo de 2022

¿Cumplimos los cristianos?

Domingo 5C Pascua  15 mayo 2022 

“Ámense como yo les he amado” (Juan 13, 31-35)

 

(Diálogo sobre el Evangelio de hoy: Mandamiento del amor)

José Martínez de Toda, SJ.  

¿Qué es lo más llamativo en el evangelio de hoy?

Sin duda, cuando dice Jesús: Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros, como yo les he amado”.

Esto lo dijo Jesús varias veces en su vida. Pero hoy de una forma muy solemne, pues se está despidiendo. Es su último mensaje, el más importante.

En la Última Cena, Jesús espera a que Judas el traidor se vaya, y comienza a desahogarse diciendo: Ahora es glorificado el Hijo del hombre”.

¿Qué significa que el Hijo del Hombre es glorificado? 

En sentido bíblico, la ‘gloria’ pertenece sólo a Dios; es lo que lo distingue como Dios.

Por ejemplo, la gloria de Dios se reveló en el Sinaí (Éxodo 24:16-17), cuando Él le dio a Moisés las Tablas de la Ley con los 10 Mandamientos.

Ahora Jesús tiene la gloria divina precisamente por obedecer al Padre, que le manda renunciar a la gloria terrena y asumir la humillación y la muerte en cruz (10:17-18) junto con la resurrección y ascensión. La gloria quedó revelada en la cruz y en la tumba abierta y vacía.

¿Es bello este Mandamiento del Amor?

<Una vez un hombre preguntó: ¿Hay algo más hermoso en la vida que un muchacho y una muchacha, agarrados de la mano y de corazón puro, que caminan hacia el matrimonio?

Y una madre contestó:

-        Sí, hay algo más hermoso. Es la visión de un hombre y una mujer ancianos haciendo su viaje final juntos. Sus manos débiles pero todavía unidas, sus caras arrugadas pero todavía radiantes, sus corazones cansados pero todavía amándose.>

 

Los dos amores son muy bellos: el amor joven y el amor viejo, el amor de siempre.

Pero Jesús amplía esta belleza del amor. Y nos presenta no sólo el amor de pareja, sino el amor universal, que llega a todos, incluso hasta a los enemigos.

            Esto es lo novedoso de Jesús. Jesús es el profeta del amor. Nadie ha predicado tanto el amor como Jesús. Es su distintivo. Por eso tiene tantos seguidores en todos los tiempos. Él supera a todos.

¿Y en la Biblia se ve esta novedad?

Algo de este tipo de amor se menciona en el Antiguo Testamento, pero muy pocas veces: “Ama al prójimo y al extranjero como a ti mismo” (Levítico 19:18, 19:34).

Pero el amor cristiano va más allá:

            – Primero, Jesús nos manda amar aun a los enemigos (Mateo 5, 43-48).

-Segundo, Jesús nos manda tener un amor de servicio humilde, hasta llegar a lavar los pies de los demás (13:1-20). Lo nuevo es amar "como Yo os he amado", es decir, sin condiciones, sin reservas, sin fronteras, sin protección, hasta la muerte en cruz, con el corazón perforado, con las manos clavadas, en la cama de la cruz. “Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos.” - Una vez Pedro le preguntó a Jesús: “¿Cuántas veces tengo que perdonar: hasta siete veces?”. Jesús le respondió: “Hasta 70 veces siete”, es decir, siempre.

– Tercero, este nuevo mandamiento inaugura una nueva Alianza con Dios (Jeremías 31:31-34). La antigua Alianza era obedecer al Torá. La nueva Alianza es amar a todos.

            – Cuarto, este nuevo mandamiento es positivo y abierto.  Muchas leyes del Antiguo Testamento tenían una formulación negativa: “No matar, no robar”, aunque en él predomina la afirmación de la vida y del fruto del trabajo, que es lo más positivo del mundo. Jesús dice de frente: “Ama”. Eso incluye lo que prescribía el Antiguo Testamento y lo lleva más allá. Hace del amor un amor sin límites. Y con una preferencia para los más necesitados.

¿No debería ser esto lo que nos caracteriza a los cristianos?

Jesús nos lo dice: "La señal por la que conocerán que ustedes son discípulos míos es que se amen unos a otros". Y así, de los primeros cristianos los paganos decían: "Miren cómo se aman". (Tertuliano, Apología). 

<Una vez un famoso pintor perdió su pasaporte en Europa. Al llegar a la frontera, le explicó al guardia fronterizo que acababa de perderlo, pero que se llamaba “Paul Gustave Dore”, un pintor muy reconocido. El guardia no se fiaba, y le replicó que muchos intentaban pasar la frontera con falsos nombres. El pintor insistió. Y el guardia le dijo:

-        “OK, pruébeme que usted es ese famoso pintor. Ahí tiene varios campesinos. Dibújelos”. El pintor lo hizo tan bien y tan rápido, que el guardia ahora sí le creyó. Su dibujo confirmó su identidad.>

La identidad cristiana es amarnos. Dicen que si un cataclismo quemara toda la Biblia, y quedara sólo una página sin quemarse, con una cita que  resuma toda la Biblia, esa cita debería decir que Dios es amor, un amor que se verifica en el amor al prójimo.

¿Cumplimos los cristianos de hoy con este amor?

Aquí es donde fallamos nosotros. Lo proclamamos, pero no lo cumplimos.

<Al gran Mahatma Gandhi le preguntaron una vez qué pensaba él del cristianismo.

-        Tengo un gran respeto por el cristianismo. Leo con frecuencia el Sermón de la Montaña y he aprendido mucho de él. No conozco a nadie que haya hecho más por la humanidad que Jesús. De hecho, no hay ningún error en el cristianismo. El problema son los cristianos. Ustedes no viven según sus enseñanzas.>

Y Jesús les dirá a sus discípulos que se amen uno a otro, pero antes Él se lo dice con su ejemplo.

S. Francisco de Asís decía a sus frailes: "Prediquen el evangelio siempre, y, si hace falta, usen las palabras." Lo importante es ponerlo en práctica. Ésa es la mejor predicación.

Fuente: Correo electrónico. 

Ilustración: Liviu Dumitrescu .
Cardenal Porras: 
P. Santiago Martín: 
Desde Montevideo: 

P. Arturo Peraza:
https://www.facebook.com/groups/376815057371/user/871245462/
Breve nota LB: No vemos con facilidad  el nombre del sacerdote uruguayo. Siempre es importante colocarlo. 

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY