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domingo, 20 de abril de 2025

Noticiero retrospectivo






- Juan Pablo Sojo. "Los abuelos del color: Una ojeada al folklore venezolano". El Nacional, Caracas, 16/02/1946.

- Luz Machado. "La esclava Isaura" de Bernardo Silva Guimaraes. El Nacional, 04/09/81.

 - Guillermo Meneses. "Tras la muerte de Rafael Oliveira". Momento, Caracas, N° 521 del 10/07/66.

- Luz Machado. "Nostalgia de ciudad y árboles". El Nacional, 01/06/85.

- Rodolfo Quintero. "¿Por qué no se unen las izquierdas nacionales?". El Nacional, 10/08/82.

Gráfica: Ángel Corao. Élite, Caracas, N°  462 del 21/07/1934.

lunes, 26 de agosto de 2024

¿Sombras nada màs?

DE LA NECESARIA ARBOLEDA URBANA

Luis Barragán

Hemos imaginado a la ciudad como una densa selva de cemento, sin más. Y, aunque hay ejemplos muy dignos y gratos de sendos desarrollos urbanos en consonancia con la indispensable naturaleza, priva aquella imagen como definitiva, definitoria u ontológica.

De igual manera que nos acostumbramos, o pretenden acostumbrarnos a comer en la calle sin las condiciones mínimas sanitarias, andamos nuestras localidades ya habituados, o pretendiendo que nos habituemos, sin árboles. Y en estos meses tan calurosos, se ha sentido intensamente el picor de los rayos solares a falta de los enormes paraguas que, además, residenciaron a vistosos y bulliciosos pájaros y a multitudes de anónimos y no tan anodinos insectos.

Las lluvias y vientos huracanados han tumbado innumerables árboles, escaseando cada vez más. Si bien es cierto que tratamos de fenómenos naturales sobrevenidos, no menos lo es que pueden preverse sus consecuencias.

Los expertos forestales, como la merideña María Luisa Ortega, compañera de Encuentro Ciudadano, podrá orientarnos mejor en la materia, aunque nos atrevemos a considerar que la debida y muy oportuna poda de la copa de los árboles (sobre todo, los gigantes), les impediría caer a la menor bofetada de una tempestad. Y suponemos que es algo semejante a los más altos y recientes rascacielos construidos, por ejemplo, en Nueva York, como pueden observarse en las redes, que están caracterizados por pisos despejados, una suerte de varios agujeros estratégicos en los pisos decisivos, para que corra libre el viento, sin afectarlo, gracias al cálculo de los especialistas en la materia.

El sentido común nos orienta a soluciones probablemente ingenuas, pero no es posible que una sola embestida de la lluvia, nos prive de los árboles sin más. Por supuesto, los ocupantes de los inmuebles más cercanos que esperan tanto por la llegada de los funcionarios públicos del ramo, desesperados y a falta de explicaciones, prefieren el derribamiento del árbol antes que les caiga encima a sus residencias, locales comerciales, arterias viales, etc.  Algo, francamente inaudito.

26/08/2024:

https://opinionynoticias.com/opinionnacional/41732-de-la-necesaria-arboleda-urbana

Fotografía: Tomada de la red. 

jueves, 21 de diciembre de 2023

Fósiles urbanos

DE LA CAÍDA DE LOS ÁRBOLES

Luis Barragán

Realizados los comicios primarios, iniciamos otra etapa en la larga lucha por la reconquista de nuestras libertades. No obstante, resistimos la tentación de referirlos para no caer con facilidad en los lugares comunes, intentando luego una reflexión un poco más macerada y, en lo posible, diferente.

Además, pendiente por varias semanas, deseamos apuntar hacia un gravísimo problema que no ha tenido las consecuencias políticas deseables. Pesa la generalizada indiferencia a pesar de la calamidad que ha suscitado, incluyendo las oleadas de calor en la ciudad: la desarboladura creciente y penosa de una Caracas de marcado sesgo anti-ambiental, como ocurre con buena parte del territorio nacional sometido a una explotación indiscriminada harto característica del socialismo real.

Cualquier tempestad, por modesta que fuere, se lleva sospechosamente por el medio aún a los árboles más robustos y sanos. Algo evidente pasa en la metrópoli en la que deliberadamente las autoridades municipales y nacionales han talado, o permitido que talen, con el ejemplo de una hermosa ceiba extraída por completo, desde sus raíces, para facilitar la construcción de un monstrete comercial en El Hatillo, semejante a otro en El Paraíso, al oeste de la gran metrópoli, que desde ya pone en jaque todos los servicios públicos del lugar.

Intuimos que, en alguna medida, es posible prever o evitar la caída de un árbol de numerosas décadas, o varios siglos. Suponemos que la debida supervisión de los especialistas aportará mucho a nuestra calidad de vida, con las recomendaciones del caso: acaso, una adecuada poda, la curación de troncos y ramales, o la atención de las raíces que permita prever las quebraduras catastróficas, el estremecimiento de los vientos,  la extensión del anclaje subterráneo, o alguna enfermedad decisiva al interior del edificio natural.

Imaginamos que hay un adecuado tratamiento para aquellas piezas que levantan las aceras, implicando una intervención de las mismas, pero resulta inexplicable la caída de un árbol que ni siquiera ha conmovido las aceras mismas.  Creemos que un cálculo parecido puede hacerse respecto a un inmueble de considerable altura, como rebajar la frondosidad de un árbol, ensayar maneras para que el viento lo atraviese cual vistoso rascacielo neoyorkino capaz de mecerse sin caer.

Fotografía: LB, avenida Páez de El Paraíso. Innecesario derribamiento. Los troncos quedaron por días. Y, a la fecha, sin levantar ni un milímetro de la acera, queda el fósil de un hermoso árbol que estorbó al Multiplaza (CCS, 21/06/2021)

23/10/23:

https://opinionynoticias.com/opinionpolitica/40184-dearboladura

lunes, 28 de agosto de 2023

Desarboladura

DE LOS ÁRBOLES QUE YA NO MUEREN DE PIE

Luis Barragán

Nada casual, desde sus orígenes, el presente régimen está marcado por una desgracia natural. Ocurrió el fatal deslave del estado Vargas al mismo tiempo que el referéndum constitucional de 1999 que siguió su curso, sin que a Chávez Frías le temblara una pestaña.

El país tiembla en cada temporada de lluvias, porque el Estado no toma las previsiones correspondientes, muy esmerado en la persecución, represión y censura de opositores y disidentes. De las construcciones irregulares jamás se ocupa, como de la debida y oportuna limpieza de quebradas y alcantarillados, evidenciándose casos como el de Las Tejerías y – aún más reciente – el colapso de un edificio en puente Páez, nada más y nada menos, en el centro histórico e ineludible de Caracas, cercano a las sedes principales de los órganos del Poder Público.

Por ello, la ociosa observación del comandante de un componente de la Fuerza Armada en torno al Estado fallido, como si el indispensable ejercicio académico, susceptible de la polémica política, fuese per se un acto macabro de conspiración. Por lo visto, el adjetivo se ha quedado corto por la configuración de un Estado que no sólo falla, aún en las dictaduras tropicales que distan de las de otras latitudes con el cambio harto contrastante de las cuatro estaciones.

Recientemente, hacia el oeste caraqueño (avenidas Páez y San Martín), se sintió con inusitada fuerza un soberano palo de agua de vientos huracanados.  Y, por supuesto, caracterizada la zona por sus árboles frondosos y numerosos, además de la inundación de aceras y avenidas, se esperaba que cualquier cosa ocurriera.

En la vieja urbanización de El Paraíso, los árboles no mueren de pie. Ha sido importante la tala directa de un buen porcentaje de ellos, e, indirecta, cuando no se toman las previsiones necesarias respecto al levantamiento del pavimento, la poda regular de sus ramales, etc. Por ello, la estrepitosa caída de árboles, afectando a varios inmuebles, así fuere por falta de chequeo y mantenimiento, legitima o  jura legitimar la tala voluntaria de otros muy intactos, pero que estorban para la voracidad comercial del socialismo.

Consultadas varias de las personas que habitan en las adyacencias de una conocida casa farmaceútica en la Páez, a la medianoche, entre el 15 y 16 de agosto del presente año, fue talado un hermoso jabillo para descontento de un vecindario que sólo pedía hacerle un trabajo de supervisión para evitar desgracias, pero dejando en pie el hermoso y gigantesco paraguas, hogar de toda clases de aves. Al buscar un medicamento, nos percatamos y entristeció mucho el tronco varias veces acuchillado, puesto a un lado de la avenida cual ferrocarril descarrilado.

Ahora, recordamos el cadáver de ese hermoso árbol ajusticiado antes que la furia de la naturaleza lo hubiese intentado, seguramente sin éxito. Requerían (y requieren) solamente de mantenimiento, pero las calles del hambre que proyectan otro tipo de hábitat para la ciudad capital, reclaman el mínimo espacio posible.

Paradójica tormenta, pues, por una parte, la inundación de avenidas, calles y aceras, ocurre en lugares en los que prácticamente no hay servicio público de agua.  Valga el recuerdo de las antiguas suplicas porque hubiese lluvias capaces de llenar La Mariposa y otros embalses del país: ni lloviendo tenemos el vital líquido en casa, debidamente procesado.

Y, por otra, no debemos pasar por alto los peligros de una tempestad que agarra la ciudad sin las debidas defensas viales. Un testimonio en las redes, nos permitió vivir la angustia de los tripulantes de un vehículo, n una escena que dejó ver apenas los tornillos de las que fueron aquellas defensas adecuadamente de aluminio (https://vm.tiktok.com/ZMjdbrFcx/): las nuevas generaciones no las imaginan, y pueden apreciarse al comienzo de una cínica película de Román Chalbaud (“La quema de Judas”, 1974), justamente al acceder hacia El Paraíso, por ejemplo.

Fotografías: LB (CCS, 16/07/23). 

27/08/2023:

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY