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domingo, 26 de abril de 2026

La vida es nuestra identidad

LA VOZ DE LA VIDA

(San Juan, 10: 1-10)

Enrique Martínez Lozano

Solo hay una "tarea" que realizar: favorecer la vida. Sin embargo, tal tarea no es algo "añadido" a lo que somos.

El ego piensa que tiene que hacer porque se ve como un "alguien" separado que se define, entre otras cosas, por su capacidad hacedora. Y ve la acción, como todo lo demás, desde una perspectiva dual: yo, delimitado o encerrado en mí mismo, hago algo que, en cierto modo, me enriquece o enriquece a otros.

El ego, consciente o inconscientemente, se define como carencia: de ahí que busque fuera aquello que le permitiría "completarse" y experimentarse más pleno.

Sin embargo, "dar vida" no es algo que el ego pueda hacer. La Vida se da a sí misma. Necesitamos únicamente reconocernos en ella, de un modo cada vez más consciente y, por tanto, desapropiado para, de ese modo, permitir que fluya y se exprese a través de nosotros, en modos concretos.

En este sentido se puede entender la imagen de la "puerta", en cuanto espacio abierto que permite que la Vida fluya.

Porque la Vida es, antes que nada, espaciosidad, amplitud ilimitada que todo lo contiene y que se expresa en infinidad de formas, todas ellas habitadas por la misma y única Vida.

Por eso, quien se percibe así, no puede sino vivir el cuidado con todos y con todo. Un cuidado que Jesús expresa en la imagen del "pastor", imagen que resulta anacrónica para la mayoría de nuestros contemporáneos, pero que encerraba una extraordinaria riqueza, histórica y metafórica, en el contexto en que Jesús la utilizaba.

Todos nosotros "conocemos la voz" de la Vida. Por eso, cada vez que vemos, oímos o leemos algo preñado de vida, se produce una resonancia en nuestro interior. Es una voz que nos "suena", aunque haya podido estar muy apagada durante mucho tiempo.

En nuestro mundo hay muchas voces de todo tipo. Tantas, que corremos el riesgo de terminar aturdidos. Algunas de ellas pueden resultarnos especialmente atractivas porque parecen encajar perfectamente con lo que son las necesidades del ego. Hay voces que prometen, voces que compensan, voces que entretienen, voces que distraen, voces que seducen, voces que inflan, voces que asustan, voces que amenazan, voces que nos dan la razón, voces que nos rechazan... Tantas voces que no es extraño que, en algún momento, las sigamos. Sin embargo, si no son la genuina voz de la Vida, no nos alimentarán; su encanto habrá resultado pasajero y, con frecuencia, frustrante.

Jesús habla desde la Vida, o mejor aún, como la Vida: porque es esta la que habla a través de él.

Solo puede hablar desde la Vida quien se reconoce en ella, quien ha descubierto que la Vida es su verdadera identidad. Se comprende que quien dijo: "yo soy la puerta", "yo soy el pastor", "yo he venido para que tengan vida"..., dijera también: "Yo soy la Vida". No puede ser de otro modo.

Lo admirable es que esta afirmación del maestro de Nazaret es válida para todos nosotros: la Vida es nuestra identidad. Únicamente necesitamos reconocerla y vivirnos en la consciencia de ser ella.

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/4940-la-voz-de-la-vida.html

Cfr.

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/18006-tener-vida-o-ser-vida.html

Ilustración: 

https://christfollowerlife.com/products/jesus-walk-on-water-with-the-lamb-wall-art-canvas?srsltid=AfmBOorQQArmiIaVtZI9nn_dqCAMrzuinCbWVM8InCJsUNmpTd2tTTMI

Papa León:

https://www.youtube.com/watch?v=dJqcGijFR1Y


Padre S. Martín: Tolerancia cero. El Papa contra el Sínodo alemán, la inmigración ilegal y la Pachamama:


Cardenal Porras: 


Monseñor Biord:


Padre S. Martín:


Monseñor Munilla:

domingo, 19 de abril de 2026

"Sin dejar de ser hombre, estaba lleno de Dios"

CREER A PESAR DE LA CRUZ

(San Lucas, 24: 13-35)

José Enrique Galarreta

Nos sirve maravillosamente para entender la situación anímica de los discípulos después de la tragedia del viernes, y para renovar nuestra fe.

"Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó ... ".

Nos encontramos en presencia de "el escándalo de la cruz". La muerte de Jesús ha dado al traste con las esperanzas puestas en El. Los dos discípulos de Emaús representan perfectamente la crisis de fe de aquella primera comunidad, motivada por la muerte de Jesús.

Cabría pensar que ellos también podrían haber dicho, como otros, a Jesús crucificado: "Si eres el Hijo de Dios, baja de la cruz y creeremos". Están aplicando a Jesús las categorías humanas y judaicas. Para ellos, la muerte es el final. Y la ejecución como criminal, el fracaso.

Es más, están fiándose de su propia interpretación de la Palabra de Dios. Esperaban un Mesías triunfante. No ha triunfado, luego no lo es. Los dos de Emaús representan la situación de los discípulos: "se acabó; nosotros pensábamos que Él sería... pero... se acabó".

¿Cómo pasó aquel grupo reducido del abatimiento y la sensación de fracaso que presenta este texto, a la seguridad y el sentido misionero avasallador que hemos visto en la primera lectura de hoy? ¿Cómo se convirtieron en valerosos pregoneros los asustados y fracasados galileos? Tenemos que dar dos respuestas, situadas a distinto nivel.

En primer lugar, la Resurrección de Jesús no parece que se pueda explicar simplemente por un "convencimiento íntimo" de que sigue vivo tras la muerte, ni una "experiencia interior".

Hubo algo que cambió su depresión y su cobardía en entusiasmo y espíritu misionero, algo que les lleva a anunciar a Jesús Vivo, aunque les cueste la vida, y a llevar el mensaje al mundo entero. No creyeron en Jesús simplemente porque -a pesar de que había muerto- le recordaban y le seguían admirando. Parece necesario "algo más".

En segundo lugar, el Espíritu. El Espíritu, el viento de Dios, hizo a Jesús como era. El Espíritu hablaba en Jesús, curaba en Jesús. El Espíritu la hacía sabio y confundía a sus adversarios. El Espíritu le hizo pasar del "¿por qué me has abandonado?" al "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu".

Ese Espíritu que Jesús "sopló sobre ellos" (recordamos el evangelio del domingo pasado), como Dios mismo sopló su espíritu en el muñeco de barro y lo hizo ser viviente está haciendo diferentes a los que le siguieron en vida y siguen creyendo en él después de muerto. Es la tesis básica de Hechos: el mismo espíritu de Jesús sigue alentando en la Iglesia.

EL escándalo de la Cruz

Jesús "les explica las escrituras", les explica "que era necesario que el Mesías padeciese y muriese y entrase así en su gloria". Era necesario.

Porque era el Hijo de Dios, no bajó de la cruz, precisamente porque era el Hijo de Dios. Si hubiera bajado de la cruz, no sería más que una divinidad que se había vestido con apariencia humana (y esa es la "fe" simplona de muchos). Pero era un hombre que arrostraba su destino, su misión: fiel a la misión hasta la muerte.

La cruz es un escándalo, (y la humanidad de Dios, también, y la divinidad del hombre también) sólo superable por la fe en el Crucificado. No hay manera alguna de escapar del escándalo del mal del mundo. El mal del mundo culmina por el rechazo de los hombres a Dios. La crucifixión de Cristo es el mayor escándalo.

"En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por El

y el mundo no le conoció.

Vino a los suyos y los suyos no le recibieron".

Pero la crucifixión actual de tantos y tantos que contemplamos, en los males y en los pecados, son el mismo escándalo: la aparente ausencia de Dios. De este escándalo no escapamos más que por la fe en Jesús, el crucificado/resucitado.

Como casi siempre, la fe no nos da explicaciones, sino motivos para creer a pesar de lo que vemos. En la cruz no se cree. La cruz se ve. La resurrección no se ve. Se cree en ella, porque se ven las obras del Espíritu.

Pero se puede dar un paso más. No sólo creemos a pesar de la cruz; creemos por la cruz. A varios niveles:

· ver a un hombre que arriesga la vida por proclamar sus valores y sus criterios hasta el final, sin echar marcha atrás, sin arrugarse ante nada, sin escaparse, hasta arrostrar la muerte ... es un fortísimo argumento para creer en él. Y así fue Jesús. "Obediente hasta la muerte y muerte de cruz" admite otra traducción: "consecuente hasta la muerte y muerte de cruz".

· reflexionando en quién mató a Jesús volvemos a creer en él. A Jesús lo mató el Templo y sus sacerdotes, los mayores agentes de opresión, los mayores deformadores de Dios. A Jesús lo mató La Ley y sus doctores y sus purísimos cumplidores, monopolizadores de la Palabra, despreciadores de la gente (podemos leer Mateo 21–23). Lo mataron los manejos políticos, el mesianismo nacionalista... La cruz exige tomar partido: con todos esos o con Jesús.

· la elaboración teológica de todo lo anterior lleva a decir: el Padre es capaz de dejar que su mejor hijo se arriesgue por todos los demás: ¡mirad cómo ama el Padre, que no escatima ni siquiera a Jesús, por el bien de todos!

Ser cristiano se define por tanto como:

"el que cree en Dios,

el Padre,

por Jesús a pesar de la cruz,

y por la cruz".

"Viendo y oyendo"

Nuestra resurrección es una realidad interior. La vida del hombre no es más que signo, ropaje... de la Vida. La Resurrección es tener ya La Vida.

La simple vida biológica es el soporte de la vida intelectual. Y todo eso no es más que el soporte de LA VIDA, la condición de Hijos. Nuestra fe es que en Jesús se mostró posible que la humanidad "lleve dentro" la divinidad. Decía el catecismo que estudiábamos de pequeños: "Sin dejar de ser Dios, quedó hecho hombre" Y podemos invertir los términos: "Sin dejar de ser hombre, estaba lleno de Dios". Éste es el sentido profundo, desmitologizado, de la Encarnación.

La Resurrección, la Vida, no se ve. Pero sus frutos sí se ven. Los que participan de la Vida viven como resucitados "buscando las cosas de arriba" "vestidos del hombre nuevo". Su código moral son las Bienaventuranzas; su oración, el Padre Nuestro; su culto a Dios, la vida; sus actos religiosos, las celebraciones festivas del amor de Dios presente en todo, los sacramentos. Esta es la Vida Nueva, manifestándose en la vida normal.

Vivir de otra manera es "inútil y efímero". Nosotros vivimos la vida como El nos enseñó, porque tenemos Fe en El y tenemos puesta en El nuestra esperanza.

SALMO 16

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/1071-creer-a-pesar-de-la-cruz.html

Ilustración: Ivanka Demchuk.

Monseñor Munilla:

https://www.youtube.com/watch?v=RFCxwqMB9LI

Padre S. Martín: 

https://www.youtube.com/watch?v=HnqdHhaWwEo

Papa León:

https://www.youtube.com/watch?v=TPAELNUM4Vw

Cardenal Porras: 

https://www.youtube.com/watch?v=q07ICHSz8jY

MonseñorBiord: 

https://www.youtube.com/watch?v=i6d1VrRMUss

Padre S. Martín: 

https://www.youtube.com/watch?v=zr5YSU9KD7A

Padre J. Martín: 

https://www.youtube.com/watch?v=lFsHBYNWXd0

domingo, 12 de abril de 2026

Particularidades de una noticia

UNA APARICIÓN MUY PECULIAR

(San Juan, 20: 19-31)

José Luis Sicre

Todas las apariciones de Jesús resucitado son peculiares. Incluso cuando se cuenta la misma, los evangelistas difieren: mientras en Marcos son tres las mujeres que van al sepulcro (María Magdalena, María la de Cleofás y Salomé) y también tres en Lucas, pero distintas (María Magdalena, Juana y María la de Santiago), en Mateo son dos (las dos Marías) y en Juan una (María Magdalena, aunque luego habla en plural: «no sabemos dónde lo han puesto»). En Mc ven a un muchacho vestido de blanco sentado dentro del sepulcro; en Mt, a un ángel de aspecto deslumbrante junto a la tumba; en Lc, al cabo de un rato, se les aparecen dos hombres con vestidos refulgentes. En Mt, a diferencia de Mc y Lc, se les aparece también Jesús. Podríamos indicar otras muchas diferencias en los demás relatos. Como si los evangelistas quisieran acentuarlas para que no nos quedemos en lo externo, lo anecdótico. Uno de los relatos más interesantes y diverso de los otros es el del próximo domingo (Juan 20,19-31).

Las peculiaridades de este relato de Juan

1. El miedo de los discípulos. Es el único caso en el que se destaca algo tan lógico, y se ofrece el detalle tan visivo de la puerta cerrada. Acaban de matar a Jesús, lo han condenado por blasfemo y por rebelde contra Roma. Sus partidarios corren el peligro de terminar igual. Además, casi todos son galileos, mal vistos en Jerusalén. No será fácil encontrar alguien que los defienda si salen a la calle.

2. El saludo de Jesús: «paz a vosotros». Tras la referencia inicial al miedo a los judíos, el saludo más lógico, con honda raigambre bíblica, sería: «no temáis». Sin embargo, tres veces repite Jesús «paz a vosotros». Algún listillo podría presumir: «Normal; los judíos saludan shalom alekem, igual que los árabes saludan salam aleikun». Pero no es tan fácil como piensa. Este saludo, «paz a vosotros» sólo se encuentra también en la aparición a los discípulos en Lucas (24,36). Lo más frecuente es que Jesús no salude: ni a los once cuando se les aparece en Galilea (Mc y Mt), ni a los dos que marchan a Emaús (Lc 24), ni a los siete a los que se aparece en el lago (Jn 21). Y a las mujeres las saluda en Mt con una fórmula distinta: «alegraos». ¿Por qué repite tres veces «paz a vosotros» en este pasaje? Vienen a la mente las palabras pronunciadas por Jesús en la última cena: «La paz os dejo, os doy mi paz, y no como la da el mundo. No os turbéis ni os acobardéis» (Jn 14,27). En estos momentos tan duros para los discípulos, el saludo de Jesús les desea y comunica esa paz que él mantuvo durante toda su vida y especialmente durante su pasión.

3. Las manos, el costado, las pruebas y la fe. Los relatos de apariciones pretenden demostrar la realidad física de Jesús resucitado, y para ello usan recursos muy distintos. Las mujeres le abrazan los pies (Mt), María Magdalena intenta abrazarlo (Jn); los de Emaús caminan, charlan con él y lo ven partir el pan; según Lucas, cuando se aparece a los discípulos les muestra las manos y los pies, les ofrece la posibilidad de palparlo para dejar claro que no es un fantasma, y come delante de ellos un trozo de pescado. En la misma línea, aquí muestra las manos y el costado, y a Tomás le dice que meta en ellos el dedo y la mano. Es el argumento supremo para demostrar la realidad física de la resurrección. Curiosamente se encuentra en el evangelio de Jn, que es el mayor enemigo de las pruebas física y de los milagros para fundamentar la fe. Como si Juan se hubiera puesto al nivel de los evangelios sinópticos para terminar diciendo: «Dichosos los que crean sin haber visto».

4. La alegría de los discípulos. Es interesante el contraste con lo que cuenta Lucas: en este evangelio, cuando Jesús se aparece, los discípulos «se asustaron y, despavoridos, pensaban que era un fantasma»; más tarde, la alegría va acompañada de asombro. Son reacciones muy lógicas. En cambio, Juan sólo habla de alegría. Así se cumple la promesa de Jesús durante la última cena: «Vosotros ahora estáis tristes; pero os volveré a visitar y os llenaréis de alegría, y nadie os la quitará» (Jn 16,22). Todos los otros sentimientos no cuentan.

5. La misión. Con diferentes fórmulas, todos los evangelios hablan de la misión que Jesús resucitado encomienda a los discípulos. En este caso tiene una connotación especial: «Como el Padre me ha enviado, así os envío yo». No se trata simplemente de continuar la tarea. Lo que continúa es una cadena que se remonta hasta el Padre.

6. El don de Espíritu Santo y el perdón. Mc y Mt no dicen nada de este don y Lucas lo reserva para el día de Pentecostés. El cuarto evangelio lo sitúa en este  momento, vinculándolo con el poder de perdonar o retener los pecados. ¿Cómo debemos interpretar este poder? No parece que se refiera a la confesión sacramental, que es una práctica posterior. En todos los otros evangelios, la misión de los discípulos está estrechamente relacionada con el bautismo. Parece que en Juan el perdonar o retener los pecados tiene el sentido de admitir o no admitir al bautismo, dependiendo de la preparación y disposición del que lo solicita.

Dichosos los que crean a pesar de lo que ven

En este pasaje del evangelio se da un importante cambio en los destinatarios. En la primera parte, Jesús se dirige a los once: a ellos les saluda con la paz, a ellos los envía en misión. En la segunda se dirige a Tomás, invitándolo a no ser incrédulo. En la tercera se dirige a todos nosotros: “Dichosos los que crean sin haber visto”.

Podríamos añadir: “Dichosos los que crean a pesar de lo que ven”. Digo esto a propósito de lo ocurrido hace pocos días en el accidente de Tarragona, donde perdieron la vida siete muchachas italianas, estudiantes de Erasmus. El padre de una de ellas comentó, hablando de él y de su esposa: “Antes creíamos en Dios; ahora no podemos creer. No podemos creer que en un Dios que hace una cosa así”.

Las muertes ocurridas al día siguiente en Bruselas pueden haber provocado la misma reacción en otras personas. A menudo creemos en un Dios cuya misión principal es resolver nuestros problemas. Olvidamos el mensaje de la Semana Santa: creemos en un Dios que nos entrega a su propio hijo, y en un hijo dispuesto a morir por nosotros. Como Tomás, debemos meter nuestros dedos en las llagas, en las huellas del sufrimiento humano, para terminar confesando: “Señor mío y Dios mío”.

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/7475-una-aparicion-muy-peculiar.html

Ilustración: https://www.godwhospeaks.uk/the-resurrection-in-art/

Padre S. Martín: Sacerdocio exclusivo para varones:

https://www.youtube.com/watch?v=cUKWLkoV8lc

Padre S. Martín: La generación que descubre a Dios: 

https://www.youtube.com/watch?v=DUg-Cze1oz4

Papa León: Regina Caeli: 

https://www.youtube.com/watch?v=NJsercejSIk


Cardenal Porras:

sábado, 28 de marzo de 2026

Lo que ve la gente y lo que ve Jesús

UNA PROCESIÓN CAMINO DE LA CRUZ

(San Mateo, 27: 11-54)

José Enrique Galarreta

La celebración de hoy tiene dos partes: la procesión de los ramos y la eucaristía, que deben unirse en un único mensaje. Tenemos la tendencia a celebrar la entrada triunfal independizándola de la Pasión y Resurrección. Pero forman un conjunto: no solo los sucesos son un todo sino el mensaje es único.

Nuestra tendencia es celebrar una entrada triunfal, asemejándola demasiado a la entrada de un rey terreno que triunfa de sus enemigos. Más que una entrada triunfal es una entrada mesiánica, y no del mesías que el pueblo y sus jefes esperaban, sino del siervo sufriente que no viene a hacer triunfar al estado sobre sus enemigos sino a convertir los corazones a Dios.

Aunque los rasgos de la entrada mesiánica han sido magnificados por los redactores de los textos, para mostrar su fe en Jesús Señor, todavía podemos descubrir en los textos la modestia de la entrada de Jesús en Jerusalén, y los símbolos de su negación a conformarse con la imagen mesiánica al uso (el borrico como cabalgadura).

El cuarto evangelio subraya mucho la actuación de Jesús que se niega a entrar como Rey y viste su entrada con todos los signos de su porfiada negación del Mesianismo Davídico.

Es por tanto importante que nuestra celebración de este "suceso" no degenere en superficiales aclamaciones triunfalistas. Los mismos textos, y especialmente la profunda elaboración del cuarto evangelio, nos muestran a los discípulos entusiasmados por un triunfo exterior, y a Jesús empeñado en dar sentido interior a su mesianismo.

Como siempre, los evangelios se preocupan de subrayar que los discípulos no se han enterado de gran cosa, y siguen pensando en quién es el mayor y en sillones ministeriales a la derecha y la izquierda del Rey. No podemos caer en la misma tentación, sino atender al mensaje de Jesús.

Y para eso están ahí las dos primeras lecturas de la Eucaristía, que nos darán un contexto estupendo en el que enmarcar toda la celebración.

Ver textos y comentario de las lecturas

En contraposición con estas lecturas, los dos salmos que se ofrecen para acompañar la procesión (23 y 46) parecen incitar más bien a una celebración triunfal, exterior.

Deberemos cuidar de que nuestras aclamaciones a Cristo Señor no hagan olvidar que, al decidirse a entrar en Jerusalén, Jesús está subiendo a la cruz, precisamente por el rechazo de los jefes, el olvido del pueblo y la cobardía de los discípulos. Serían perfectamente aplicables a esta celebración las consideraciones que solemos hacer al celebrar la fiesta de Cristo Rey.

Los relatos de la Pasión, que son sin duda desarrollo de las más antiguas tradiciones orales y escritas sobre Jesús, constituyen el núcleo del Kerygma primitivo, y una de las pruebas más importantes de dos aspectos básicos de nuestra fe en Jesús:

· Son un argumento irrefutable de la historicidad básica de los evangelios. La dificultad que suponía para las primeras comunidades predicar la fe en el ajusticiado muestra bien que no inventan sus relatos a su conveniencia, sino que repiten el mensaje recibido por muy molesto que este sea.

Ejemplos evidentes de esto son por ejemplo la unanimidad de los textos en no ocultar (al revés, en insistir en) las negaciones de Pedro y la desbandada de los Once, más el mismo hecho de los sufrimientos, Getsemaní etc., etc.

· El anuncio de Jesús no tiene ningún matiz mítico. Jesús no es un mito sagrado que se viste luego con narraciones realistas para consumo popular. Esta es precisamente la vía errada de los Apócrifos, y la razón de su rechazo por las comunidades.

Si en otros momentos de los evangelios los aspectos simbólicos o las citas de los profetas hacen casi irreconocible la historia, aquí el mensaje es la historia, lo que pasó, y los añadidos interpretativos o simbólicos son pocos y sirven para señalar el valor y sentido de la historia, de lo que vieron los ojos.

La entrada de Jesús en Jerusalén, en vísperas de la Pascua, entrada pública, no a escondidas, fue una imprudencia y un desafío. Le buscan para matarle y han puesto a precio su cabeza. Hasta este momento, Jesús se ha ocultado, se ha alejado del peligro. La gente piensa que no se va a atrever a venir a la ciudad por Pascua. Pero Jesús toma la decisión de subir a Jerusalén y entra en la ciudad públicamente.

Es posible que sus discípulos aprovecharan la ocasión para hacer de esa entrada una manifestación triunfal, incluso con signos mesiánicos. Es claro que las comunidades posteriores vieron en ese suceso la entrada del Mesías en su ciudad, y así la interpretaron.

Los datos de los evangelios permiten adivinar los hechos: los galileos que han subido a la fiesta aclaman a Jesús. La gente de Jerusalén se extraña, preguntan qué pasa, y algunos se juntan a la fiesta.

Jesús estropea la fiesta y entra en la ciudad llorando. Jesús convierte los signos de triunfo davídico en signos de mesianismo inverso: el pollino (no caballo regio), el llanto sobre Jerusalén... Jesús sabe que entra en la ciudad a morir, y que ese, no las aclamaciones de la multitud, será su triunfo.

Los discípulos no se dieron cuenta entonces de lo que estaba pasando. Solamente comprendieron más tarde... como tantas veces. Como nosotros, cuando celebramos esta fiesta como un triunfo davídico, con palmas y cánticos de gloria, sin pensar en que Jesús llora por Jerusalén y se dirige, consciente y decidido, hacia la muerte.

Lo que ve la gente y lo que ve Jesús

La gente de Jerusalén ven un espectáculo un tanto sorprendente, a algunos les parece ridículo: un puñado de galileos aclamando a su líder, un carpintero sin cualificación del que dicen – insensatos – que es el Mesías. Como tantos otros, como tantas veces.

Los escribas, los doctores, los sacerdotes, ven un posible peligro: fue un predicador dudoso, de doctrina y costumbres nada ortodoxas. Llamó la atención por presuntas curaciones, tiene algunos discípulos. Pero tiene la osadía de presentarse en el Templo, le aclaman como Mesías. Esto se puede ir de las manos, provocar la reacción de los romanos. Esto se tiene que acabar.

Los discípulos ven el triunfo definitivo de Jesús Mesías. Ha llegado el momento, Jesús se instalará en el Templo, el Altísimo lo respaldará con algún prodigio cósmico, los doctores y los sacerdotes se postrarán ante él, los romanos serán expulsados. Comienza el Reinado de Israel sobre las Naciones, que vendrán a adorar a Dios en su (de Israel) santo Templo.

Jesús ve la ciudad engalanada para la fiesta. Ve la Fiesta de la Pascua, un gran negocio para Jerusalén. Ve Escribas y Doctores ciegos, que impiden que el pueblo crea en Dios. Ve Sacerdotes dueños del Templo y de la conciencia de la gente. Ve gente aclamando a otro, porque él no es como el que aclaman. Ve discípulos galileos sin convertir.

Jesús ve el camino de la muerte. Adivina el Gólgota al otro lado de las murallas del Templo. Ve el esplendor del Templo, sabe que de todo eso no quedará nada... Y SE ECHA A LLORAR. Llora porque Jerusalén no va a aceptar la Buena Noticia, no va a entrar en el Reino, no va a conocer al Padre.

Como dice, tan sabiamente, nuestro villancico popular: "todo el mundo sonríe, solo Dios llora".

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/1203-una-procesi%C3%B3n-camino-de-la-cruz.html

Ilustración: Charles Aldrich 

(https://masartepordios.blogspot.com/2016/07/charles-aldrich.html).

Padre S. Martín: León ante: Tradicionalistas que desafían su autoridad y Progresistas que buscan cambiar la doctrina.

https://www.youtube.com/watch?v=hS24VD3jijw


León XIV:


Cardenal Porras:


domingo, 15 de marzo de 2026

"... Para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos"

¿QUEREMOS VER... O NOS CONFORMAMOS CON CREER?

(San Juan, 9: 1-41)

Enrique Martínez Lozano

En el capítulo 9 del cuarto evangelio, se ofrece una catequesis cristológica, que trata de señalar todo el proceso de adhesión a la persona de Jesús, según los parámetros de las primeras comunidades joánicas.

Los elementos básicos de dicha catequesis parecen ser los siguientes:

• "ungido" = bautizado;

• Jesús, luz para las personas, "luz del mundo" (Jn 8,12);

• el hombre reconoce a Jesús como "profeta";

• persecución por parte de la autoridad judía y riesgo de excomunión (es lo que vivieron los miembros de la comunidad joánica, a partir de los años 80);

• discusión –catequética o apologética- con la autoridad judía;

• Jesús se vuelve a hacer presente en esa circunstancia de persecución;

• proclamación de fe: "Creo, Señor".... "Y se postró ante él";

Conclusión: el problema consiste en que, estando ciegos, pensamos que vemos.

El tema de la luz –y todos los relacionados con él: iluminación, visión, despertar...- ocupa un lugar absolutamente central en la literatura espiritual.

El motivo es simple: todo el proceso de crecimiento y transformación de la persona arranca con la comprensión de quienes somos. Solo a partir de esta claridad, es posible vivir coherentemente.

Así entendida, la comprensión –o la visión- es lo opuesto a la creencia. Esta última es apenas un "objeto mental" que, en el mejor de los casos, sirve únicamente para apuntar o señalar hacia la verdad mayor, que siempre escapará a cualquier razonamiento.

Con frecuencia, sin embargo, todavía es peor: la creencia –cualquier idea que podamos tener- se absolutiza y, de ese modo, se interpone e impide abrirse a la verdad.

La "visión" permanece oculta a la mente. Esta no es herramienta adecuada para tal fin. Su enorme capacidad funciona adecuadamente en el mundo de los objetos, pero se ciega ante todo lo que es inobjetivable, es decir, las realidades más importantes de la vida.

La mente puede acometer aún con éxito otra tarea: la de poner a prueba e incluso desenmascarar planteamientos o posturas irracionales y/o nocivos. Hablamos entonces de la "razón crítica", como un logro irrenunciable que necesitaremos cultivar.

Sin embargo, cuando se habla de "visión", no se está propugnando la irracionalidad, sino –es algo muy distinto- la transracionalidad. Se valora toda la función de la mente, pero se ha descubierto que existe otro modo de conocer que es previo y más "fundamental" que la razón. Es el conocimiento inmediato, experiencial, intuitivo... Lo que se ha llamado el "conocimiento místico".

Característica de esa forma de conocer es la no-dualidad. La mente es separadora; el conocimiento místico "ve" la no-separación de todo, advirtiendo la naturaleza última, común y compartida, de todo lo que es.

En esa visión, la persona capta el núcleo de lo real y, simultáneamente, comprende su verdadera identidad. A partir de ahí, podrá decir como decía Jesús en el cuarto evangelio –y como dice el propio ciego-: "Yo Soy". Nos hemos reencontrado en la Verdad de lo que somos, más allá de las ideas, creencias o juicios de cada cual. Por decirlo en lenguaje cristiano, hemos sido "ungidos", somos "otros Cristos", compartimos la misma visión de Jesús. Hemos pasado de "tener creencias" a "ver".

Sin embargo, a la autoridad religiosa únicamente le importa una cosa: que se actúe conforme a la ley. El relato de la investigación que llevan a cabo con el ciego y con sus padres pone de manifiesto un comportamiento patético: han perdido todo el interés por la persona del ciego, no les interesa si ve o no ve; se aferran solo a la posible alteración de la legalidad.

No es difícil advertir, detrás de ese comportamiento, la necesidad de mantener el poder, gracias a un control férreo sobre la norma. Suele ser el modo de funcionar autoritario: desinterés hacia las personas, exigencia legalista a ultranza.

Jesús se había situado justo en el extremo opuesto: "No es el hombre para el sábado, sino el sábado para el hombre" (Mc 2,27). Este es, sin duda, el "juicio para el que he venido yo a este mundo: para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos".

No se trata de una amenaza, sino de una constatación: quienes creen ver, porque han identificado las cosas con sus pensamientos, en realidad permanecen ciegos; se pierden la verdad de lo que es. Por el contrario, quienes quieren ver, porque son conscientes y sufren a causa de su "ceguera", encuentran el camino de la visión.

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/4781-queremos-ver-o-nos-conformamos-con-creer.html

Ilustración: Gioacchino Assereto.

Padre S. Martín: Actualidad comentada. ¿Competencia por el poder entre mujeres y sacerdotes:

https://www.youtube.com/watch?v=btW34Cg7vJs

León XIV:

https://www.youtube.com/watch?v=641WcY_pQec

https://www.youtube.com/watch?v=_u0CuIO0zBY

Cardenal Porras:

https://www.youtube.com/watch?v=vptqZbNG33E

Padre de Sousa: 

https://www.youtube.com/watch?v=xt5px0p0Tt4

J. Martín: 

https://www.youtube.com/watch?v=9b1W_GD9BrU

Padre Savoia;

https://www.youtube.com/watch?v=KEbgDG1PoGU

Monseñor Munilla: 

https://www.youtube.com/watch?v=QIdORxTj_uQ

domingo, 8 de marzo de 2026

¿De quién fiarse?

LA TEOLOGÍA DEL AGUA VIVA

(San Juan, 4: 5-42)

José Enrique Galarreta

Uno de los más bellos y famosos textos del evangelio de Juan. Es estupenda la escenificación, el progreso del diálogo, los muchos detalles que ambientan perfectamente el relato... Pero nos importa mucho más el significado. Jesús es el Agua Viva. El cuarto evangelio lleva al límite el género "Evangelio", en el que los sucesos se narran por su significado.

Parecen historias, narran muy probablemente sucesos que ocurrieron, pero son sobre todo tratados de teología.

El suceso es perfectamente verosímil, bien ambientado en todos sus detalles. El paso de Jesús por Samaria hacia Jerusalén no está atestiguado en ningún otro evangelio, pero no es imposible: el pozo puede ser el "de Jacob", aunque la localización de Sicar ha suscitado discusiones. El texto refleja también perfectamente la posición religiosa de los samaritanos respecto a los judíos.

Sobre este relato, Juan construye "la Teología del Agua viva". Parecería una invitación a hablar del bautismo; el texto sin embargo tiene una connotación bautismal mucho más amplia. Se toma el agua en el sentido más bíblico, como aparece en el Libro del Éxodo, tal como lo vemos en la Primera Lectura de hoy. No se trata de sumergirse, lavarse, sino de "beber". En este sentido, el texto ilumina al bautismo, porque allí empezamos a beber del agua de Jesús.

En estos tres domingos de Cuaresma (3º, 4º y 5º), vamos a leer tres narraciones del cuarto evangelio:

- Hoy, el de la Samaritana, cuyo tema es "el agua viva".

- El domingo 4º, el ciego de nacimiento, cuyo tema es "la luz".

- El domingo 5º, la resurrección de Lázaro, cuyo tema es "la vida".

Los tres son símbolos perfectos de Jesús y, a través de él, de Dios.

Jesús y la samaritana: un mundo lleno de novedades. Jesús está cansado y sediento, y no puede sacar agua porque el pozo es profundo. Nuestra fe no se basa en un Jesús mágico, exento de cansancio o de debilidades. Nunca insistiremos demasiado en que creemos en ese hombre.

Jesús habla con una mujer, y una mujer samaritana, herética y extranjera, y además de mala fama. Hasta sus discípulos se extrañan. Pero es que es el médico, viene a curar, a salvar, tiene que estar con los enfermos.

Preciosa imagen de Dios. A Jesús le interesa poco el Templo, el culto exterior, incluso "los justos"; le interesa que la mujer arregle su vida. Jesús sueña con salvar el mundo entero: pero necesita ayuda.

Esto define nuestra misión: ¿quieres ayudar a Dios a que sus hijos vivan como hijos?

Sí, lo de Jesús es diferente.

El agua viva

Lo que es el agua para la vida normal, eso es Jesús para la vida humana. Jesús es el Agua, Jesús es La Palabra, Jesús es el que da el Espíritu. Jesús no es un pozo a donde se va a beber de vez en cuando, es una fuente de espíritu: el que bebe de Jesús es fuente. Él mismo siente brotar de dentro de sí el Agua que brota hasta la Vida eterna, y no tiene más sed de otras aguas, porque Jesús quita la sed de todas las otras cosas.

Es importante que adquiramos la manera de hablar de la Biblia. Nosotros funcionamos siempre por conceptos, y queremos abarcar con ellos la realidad precisa y clara. Pero estamos hablando de Dios, y toda la Biblia, y los evangelios, nos hablan de Él con imágenes. Y ¡qué estupendas imágenes! La mayor parte de nuestro organismo es agua. Sin agua no podemos vivir. El mayor tormento es la sed. Encontrar agua en el desierto es un milagro increíble. Eso es Dios para nuestra vida, eso es el evangelio. Sería magnífico que pudiéramos decir sin extrañeza, "vamos a beber en el evangelio de Marcos".

Todos estos símbolos expresan muy bien la condición de la vida humana, necesitada de alimento, luz, agua... para caminar. Es una vez más la confirmación de la imagen de Dios que Jesús nos da. Nosotros solemos preferir otros términos: Eterno, Creador, Señor, Juez... Pero Jesús usa mucho más estos términos inmediatos: agua, luz, vida, pan, pastor, puerta, médico, padre. Todos ellos subrayan una misma línea: Jesús presenta a Dios como aliado, en la línea más antigua de la Revelación.

El hombre tiene que andar un camino. Dios es su ayuda mejor en el camino. La Palabra de Jesús es la mejor luz, el agua, el pan del camino, Dios es el pastor y el médico. Estamos acostumbrados a dirigirnos a Dios diciendo "Dios mío". Llegamos hasta a decirle "Padre mío". Sería magnífico que no nos disonara invocarle diciendo "Agua mía".

Cuando la Samaritana entiende que Jesús le ofrece más que el agua del pozo, pasa inmediatamente a planteamientos religiosos habituales, que a Jesús no le interesan: el Mesías, el templo en Jerusalén o en el Garizim.... Pero todo eso no es el agua de Jesús. El agua de Jesús es que los verdaderos adoradores den culto en espíritu y en verdad. Y esto no se limita a decir que hay que hacer en el templo un culto verdadero, con entrega del espíritu a Dios, sino que hay que dar un verdadero culto, que rebasa el templo y convierte toda la vida en culto.

Esta "novedad de Jesús" estaba ya sembrada en el Antiguo Testamento, y el mismo Jesús cita la frase del profeta Oseas "Misericordia quiero y no sacrificios". Pero es en Jesús donde aparece con toda su fuerza y en su sentido más radical. Dios no está en el Templo, como un Señor que reside en un palacio. Está en todas partes y sobre todo en todos sus hijos los seres humanos; allí hay que servir a Dios. Los templos y los lugares sagrados han sido para las religiones lugares para encerrar a los dioses, para que no estén fuera de ellos.

Por eso, para los conceptos religiosos tradicionales hay diferencia entre lo sagrado y lo profano. Con Jesús, esto desaparece, porque no hay nada profano. Es más, si la vida no es sagrada, el templo es profano, porque es inútil.

Una última consideración, uniendo los dos temas que hemos enunciado. El mundo necesita agua, está sediento. Está sediento de agua física, de pan físico, de vivienda física, y está sediento de Agua Viva, de conocer a Dios, de saber quién es y cuál es su Casa. Éste es el espacio sagrado de los que siguen a Jesús, éste es su culto, ésta es La Palabra de que son portadores.

Demasiadas veces hemos pensado que llevar a los pueblos La Palabra es predicarles la religión. Esto es sólo una caricatura, y un empequeñecimiento de La Palabra. La Palabra no son nuestras palabras: La Palabra es Jesús, un modo diferente de vivir, una manera de situarse ante los demás, una nueva relación con Dios. Todo esto se explica con palabras, pero solo se transmite con obras.

Por esta razón, el agua vuelve a aparecer en la última "parábola", la del Juicio final. En ella se diferencia lo válido de lo inválido, no por la predicación, ni por la pertenencia jurídica a la Iglesia, sino por la mejor de todas las frases que puede entender cualquiera:

"Porque tuve sed y me disteis de beber"

Y es que Jesús lo cambia todo: nuestra relación con Dios, el Agua Viva: nuestra relación con los demás, con los que hemos de compartir nuestra Agua, el concepto mismo de religión, que es el agua que hace fecunda la vida de los humanos.

"¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?"

Esta duda del pueblo de Israel es quizá también la nuestra. ¿Dónde está tu Dios?. En un mundo lleno de tanta miseria y tanta maldad ¿dónde está Dios? Hace falta un fe muy fuerte para seguir hablando del Dios Padre de todos, para seguir afirmando que existe, que se entera, que nos quiere ... ¿por qué sigue permitiendo tanto mal para sus hijos?.

Jesús no nos ha explicado este por qué. Jesús nos ha dicho lo que quiere hacer el Padre, y que nos necesita para hacerlo. Jesús no ha hablado del Creador, ni nos ha explicado por qué el Padre da permiso para que caiga cada uno de nuestros cabellos, y lo da también para tanto mal. Jesús sí

nos ha dicho que en este desierto, el Agua, la luz, la sal, el pan... es la Palabra de Dios.

Esta es nuestra fe. Y no es fácil comunicarla. Pero es misión que se nos ha encomendado. Ofrecer agua en el desierto. Ser agua en el desierto. Esto nos llevaría otra vez a "vosotros sois la sal..."

De todo esto, Jesús es la prueba. Nuestra fe en la divinidad de Jesús va a ser puesta a prueba al ver su humanidad. Verle sufrir y morir es un escándalo. ¿Puede pasarle esto a al "hijo predilecto"? "Si eres el Hijo de Dios, baja de la cruz".

Y nos sucede lo mismo al ver la cruz de tantos crucificados de la tierra. Es el desafío más fuerte para nuestra fe. Si, después de la cruz, seguimos creyendo en Dios, es porque sabemos que, precisamente por eso no bajó de la cruz.

Nuestra fe es en Jesús crucificado, es decir: creemos en el Amor de Dios, a pesar del mal del mundo, a pesar del desierto, porque hemos visto a Jesús dar la toda la vida, hasta la misma muerte, por nosotros, los hijos pecadores, simplemente porque nosotros necesitamos creer en el amor, a pesar de que vemos el mal, el odio.

Quizá por eso no ponemos como señal del cristiano a Cristo Resucitado, sino a Jesús crucificado. Recordemos la frase perfecta de Juan 3,16 : "Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo único", corroborada por Pablo en Romanos 8, 32 "el que no escatimó ni a su propio hijo sino que lo entregó por todos nosotros".

Sé de quién me he fiado

Preguntaban los israelitas en el desierto: "¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?". Es la pregunta básica de la fe: ¿me puedo fiar?, ¿será verdad todo esto?. Leemos el relato de la samaritana, y brota de nuestro interior la fuente de la fe en Jesús. De éste sí me puedo fiar. No hay Maestro como éste, no hay Palabra como ésta, no hay Religión como ésta. Si Dios es esto, esto es el Agua para mi vida, de esto sí me puedo fiar ( de ÉSTE sí me puedo fiar).

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/1246-la-teolog%C3%ADa-del-agua-viva.html

Ilustración: https://www.metmuseum.org/art/collection/search/464335

Padre S. Martín: “Israel y la amenaza nuclear: ¿defensa necesaria o guerra evitable?”:

https://www.youtube.com/watch?v=re52xI8iPB4

Monseñor Márquez: https://www.youtube.com/watch?v=xXQXJE3OKUc 

Padre Cornejo: https://www.youtube.com/watch?v=Sb9R_l19w9g

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY