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jueves, 29 de febrero de 2024

Desarboladura

EL FOGONAZO AMARILLO

Luis Barragán

Refieren todavía que la viejísima Caracas fue fría y, por ello, tachirense proveniente de una zona caliente, Juan Vicente Gómez prefirió residenciarse en la cercana Maracay.  Cierto, recordamos muy fresca a buena parte de la ciudad quizá hasta principios de los ´80 del ´XX.

Más que el cambio climático que nada tiene de mito, nuestras pequeñas, medianas y grandes metrópolis, sufren los rigores del régimen socialista que se reclama vehementemente del siglo XIX. Por negligencia o manifiesta intención, la vegetación es cada vez más escasa en urbanizaciones que fueron de una tradicional y reconocida vistosidad,  como en las barriadas horizontales y verticales de orígenes prácticamente invernales: aunque deprimida la industria de la construcción, ahora, en un caso, el derribamiento de los árboles da ocasión para locales comerciales que desafían abiertamente el ordenamiento jurídico; y, en el otro, el derribamiento garantiza y cotiza muy bien los estrechos espacios para el levantamiento de otro inmueble irregular.

Desde la fundación española, ostentamos casi intacto el prodigio natural de una montaña que es simultáneamente pulmón e identidad: El Ávila. Sin embargo, respecto al consabido portal, en una o algunas de las 367 entradas relacionadas con el término (http://todochavez.gob.ve/todochavez/#search=Avila), estará registrada la intención expresa de Higo Chávez de urbanizar la montaña como posiblemente no se le ocurrió a Pérez Jiménez, el transformador por excelencia del medio físico.

El talado de Santiago de León, la pequeña urbe que se hizo grande hasta alcanzar otras jurisdicciones, luce evidente, y, cuando pegó intenso el reciente y raro calor decembrino, por ejemplo, todos pensamos inmediatamente en la desarboladura nada casual que hemos sufrido. Y, lo que es peor, las nuevas generaciones poco saben del espectáculo natural, florecidos los araguaneyes en la remota infancia, tal como lo disfrutamos en las adyacencias insospechadas del Foro Libertador, cercano al Panteón Nacional, con una pieza ubicada en el área de un edificio residencial.

Aguzando la vista, puede sorprendernos un excepcional detalle de la naturaleza en lugares ahogados por el cemento. Al salir del Foro, sede de la Biblioteca Nacional, después de varias horas ensimismados, nos sorprendió el fogonazo amarillo de un araguaney que ojalá se mantenga en pie para siempre. 

Fotografías: LB, inmediaciones del Foro Libertador (Caracas, 19/02/2024).

29/02/2024:

https://www.costadelsolfm.org/2024/02/29/luis-barragan-el-fogonazo-amarillo/

lunes, 28 de agosto de 2023

Desarboladura

DE LOS ÁRBOLES QUE YA NO MUEREN DE PIE

Luis Barragán

Nada casual, desde sus orígenes, el presente régimen está marcado por una desgracia natural. Ocurrió el fatal deslave del estado Vargas al mismo tiempo que el referéndum constitucional de 1999 que siguió su curso, sin que a Chávez Frías le temblara una pestaña.

El país tiembla en cada temporada de lluvias, porque el Estado no toma las previsiones correspondientes, muy esmerado en la persecución, represión y censura de opositores y disidentes. De las construcciones irregulares jamás se ocupa, como de la debida y oportuna limpieza de quebradas y alcantarillados, evidenciándose casos como el de Las Tejerías y – aún más reciente – el colapso de un edificio en puente Páez, nada más y nada menos, en el centro histórico e ineludible de Caracas, cercano a las sedes principales de los órganos del Poder Público.

Por ello, la ociosa observación del comandante de un componente de la Fuerza Armada en torno al Estado fallido, como si el indispensable ejercicio académico, susceptible de la polémica política, fuese per se un acto macabro de conspiración. Por lo visto, el adjetivo se ha quedado corto por la configuración de un Estado que no sólo falla, aún en las dictaduras tropicales que distan de las de otras latitudes con el cambio harto contrastante de las cuatro estaciones.

Recientemente, hacia el oeste caraqueño (avenidas Páez y San Martín), se sintió con inusitada fuerza un soberano palo de agua de vientos huracanados.  Y, por supuesto, caracterizada la zona por sus árboles frondosos y numerosos, además de la inundación de aceras y avenidas, se esperaba que cualquier cosa ocurriera.

En la vieja urbanización de El Paraíso, los árboles no mueren de pie. Ha sido importante la tala directa de un buen porcentaje de ellos, e, indirecta, cuando no se toman las previsiones necesarias respecto al levantamiento del pavimento, la poda regular de sus ramales, etc. Por ello, la estrepitosa caída de árboles, afectando a varios inmuebles, así fuere por falta de chequeo y mantenimiento, legitima o  jura legitimar la tala voluntaria de otros muy intactos, pero que estorban para la voracidad comercial del socialismo.

Consultadas varias de las personas que habitan en las adyacencias de una conocida casa farmaceútica en la Páez, a la medianoche, entre el 15 y 16 de agosto del presente año, fue talado un hermoso jabillo para descontento de un vecindario que sólo pedía hacerle un trabajo de supervisión para evitar desgracias, pero dejando en pie el hermoso y gigantesco paraguas, hogar de toda clases de aves. Al buscar un medicamento, nos percatamos y entristeció mucho el tronco varias veces acuchillado, puesto a un lado de la avenida cual ferrocarril descarrilado.

Ahora, recordamos el cadáver de ese hermoso árbol ajusticiado antes que la furia de la naturaleza lo hubiese intentado, seguramente sin éxito. Requerían (y requieren) solamente de mantenimiento, pero las calles del hambre que proyectan otro tipo de hábitat para la ciudad capital, reclaman el mínimo espacio posible.

Paradójica tormenta, pues, por una parte, la inundación de avenidas, calles y aceras, ocurre en lugares en los que prácticamente no hay servicio público de agua.  Valga el recuerdo de las antiguas suplicas porque hubiese lluvias capaces de llenar La Mariposa y otros embalses del país: ni lloviendo tenemos el vital líquido en casa, debidamente procesado.

Y, por otra, no debemos pasar por alto los peligros de una tempestad que agarra la ciudad sin las debidas defensas viales. Un testimonio en las redes, nos permitió vivir la angustia de los tripulantes de un vehículo, n una escena que dejó ver apenas los tornillos de las que fueron aquellas defensas adecuadamente de aluminio (https://vm.tiktok.com/ZMjdbrFcx/): las nuevas generaciones no las imaginan, y pueden apreciarse al comienzo de una cínica película de Román Chalbaud (“La quema de Judas”, 1974), justamente al acceder hacia El Paraíso, por ejemplo.

Fotografías: LB (CCS, 16/07/23). 

27/08/2023:

domingo, 21 de mayo de 2023

Arboricidas del mundo, ¡uniós!

TALADURA

Luis Barragán

Son numerosas las generaciones de escolares formados e informados sobre la preservación del medioambiente, y, al menos, muy antes, a los venezolanos nos estremecían las denuncias formuladas en la materia. E, incluso, recordamos, finalizando la anterior centuria, la comisión correspondiente de la cámara de Diputados investigó a fondo los problemas generados en la sierra de Imataca, ocupando importantes titulares de la prensa escrita. Sin embargo, hemos sufrido un desaprendizaje que la censura y el bloqueo informativo profundizan aún más.

En efecto, la opinión pública parece cada vez menos sensible al asunto, a juzgar por las diarias evidencias del arboricidio en las principales ciudades del país, por ejemplo.  Con o sin el pretexto de una peligrosa caída de piezas también centenarias, la sierra no ha dejado de trabajar en las medianas o grandes metrópolis.

Lugares de frondosas arboladuras, ganan espacio para el cemento armado con una celeridad sorprendente. El fenómeno no sólo corresponde a los municipios oficialistas, sino a los emblemáticos del área metropolitana de Caracas que se presumen y sólo se presumen, opositores.

Caen los árboles que ni siquiera presentan alguna resquebrajadura, o apenas levantan las aceras. Y si éste fuera el caso, existen tratamientos más adecuados que la cortadura cruel de troncos que después dejan esparcidos hasta que el camión de basura, o el de un servicio equivalente, recoge los cadáveres.

Es necesario apuntar a dos facetas del problema, comenzando por los acelerados y arbitrarios cambios de zonificación para el levantamiento de locales comerciales de magnitudes variadas. Urbanizaciones que fueron exclusivamente residenciales, devenidas comerciales, prontamente las despojan de toda la vegetación posible, aunque ella explica históricamente áreas como La Florida o El Paraíso, en Caracas.

Luego,  tenemos el discurso ecologista de un oficialismo absolutamente  descarado, hueco y moralista.  Ni una palabra dicen sus más convencidos conservacionistas, palpable la realidad de las grandes empresas del Estado que han creado infinitos pasivos ambientales.

La taladura de los árboles de las medianas y grandes urbes, simboliza el llamado ecosocialismo como una extrema aventura comercial: deja al descubierto todo espacio susceptible de explotación. Unos años más, y la deforestación será irreversible.

Fotografías: LB / Video: LB (Av. Páez, El Paraíso, Caracas).

21/05/2023:

https://guayoyoenletras.net/2023/05/21/taladura/

Flechado

DEL INSILIO OLVIDADO Luis Barragán De la población desplazada hacia el exterior en búsqueda de un refugio seguro y estable, no hay cifra...