Mostrando las entradas con la etiqueta Fernando del Pino. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Fernando del Pino. Mostrar todas las entradas

sábado, 15 de marzo de 2025

Vista al pasado

SECRETOS DE LA ESPAÑA PROHIBIDA (1939-1975)

Fernando del Pino Calvo-Sotelo

Toda nación necesita una identidad común basada en un relato compartido de su historia y en una celebración de sus éxitos. Sin ellos, la nación se debilita y a la larga se deshace, algo que no se comprende bien en España —aunque sus enemigos lo comprendan perfectamente—. Esto no implica negar nuestros fracasos, sino evitar detenerse en ellos de modo enfermizo. Olvidar el pasado es fatal, pero quedarnos embobados mirando atrás implica convertirnos en estatua de sal, como la mujer de Lot.

Es un deber someter a un examen crítico las creencias dominantes de nuestro tiempo cuando creamos que son erróneas. En este sentido, y sin perjuicio de la legítima crítica al personaje histórico del dictador o al régimen que encabezó, creo que demonizar genéricamente un período histórico tan largo como el franquismo debilita nuestra identidad nacional, socava nuestra confianza en nosotros mismos y denigra el esfuerzo de toda una generación de españoles ―de la que formaron parte nuestros padres y abuelos― que construyó los pilares sobre los que llevamos apoyándonos medio siglo.

Reconciliándonos con nuestro pasado

Permítanme recalcar una obviedad: nuestra historia no se interrumpió en 1939 para reemerger en 1975. Aunque Sánchez tenga un concepto patrimonialista y feudal del poder, un país no es propiedad de quien lo gobierna. La España de Franco no perteneció a Franco, como la España de Sánchez no le pertenece a él, aunque en su peculiar trastorno crea lo contrario. Por lo tanto, el pueblo español debe reclamar como propia, con toda naturalidad, toda su historia, incluyendo la Guerra Civil (1936-1939) y el franquismo (1939-1975).

Respecto de la primera, sabemos bien el horror que supuso, particularmente respecto a las matanzas de civiles que se produjeron en la retaguardia de ambos bandos. Sabemos también que no todas las víctimas recibieron el mismo trato: aunque a los muertos nadie les devolvió la vida, a las decenas de miles de asesinados por el Terror Rojo (incluyendo las víctimas del genocidio católico) se les hizo justicia, mientras que a las decenas de miles de asesinados y ejecutados por el bando ganador, no, y sus familiares tuvieron que vivir con ese dolor añadido[1].

Pero lo cierto es que tras la dura represión de posguerra la sociedad española dejó de remover el pasado, no por imposición del régimen, sino por pura supervivencia psicológica: a la generación que vivió la guerra no le gustaba hablar de ella, aunque hubiera pasado mucho tiempo. Así, las heridas cicatrizaron con inusitada rapidez, de modo que el pueblo español era ya un pueblo reconciliado y en paz mucho antes de 1975. En dicha reconciliación, desde luego, tuvieron especial mérito quienes, por haber pertenecido al bando perdedor de aquella lucha fratricida, fueron capaces de perdonar sin que se les hiciera justicia. Por lo tanto, el llamado espíritu de la Transición caracterizado por el centrismo y la moderación se limitó a reflejar la reconciliación previa de una sociedad española que se encontraba muy alejada de extremismos o resentimientos.

Entonces, ¿cómo juzgar la dictadura de Franco cincuenta años después de su muerte? Sánchez ―que, por defecto, miente siempre― la ha definido como unos «años oscuros». ¿Lo fueron? ¿Fue la población española liberada en 1975 de un triste y largo secuestro, como ocurrió en 1989 con las poblaciones del Telón de Acero tras la caída de las dictaduras comunistas? La respuesta rápida es no. En primer lugar, para que haya secuestro debe haber encierro, y desde el final de la Segunda Guerra Mundial los españoles siempre pudieron salir libremente de su país. Las dictaduras comunistas, por el contrario, levantaron muros con ametralladoras y alambradas de púas para evitar que su población escapara. En segundo lugar, la ilusión serena con la que la mayoría de los españoles vivió la Transición coexistió con dos fenómenos que hoy se mantienen en secreto: la sorprendente popularidad del franquismo y el espectacular crecimiento económico de España desde 1949 hasta la crisis del petróleo de 1974, sin parangón en nuestra historia (ni antes ni después).

La sorprendente popularidad del franquismo

Como escribió mi admirado Julián Marías, «los que manipulan el mundo cuentan, sobre todo, con la falta de memoria de los hombres». Hoy resulta difícil comprender el apoyo popular que en su día tuvo la dictadura franquista, un régimen que carecía de libertad política y mantenía graves restricciones a la libertad de expresión (como ocurre hoy con la sutil tiranía de la corrección política). Sin embargo, tal y como observó el propio Marías (encarcelado unos meses durante el franquismo, filósofo veraz y notario fidedigno de la Transición), «las mayorías españolas estaban tan despolitizadas que la ausencia de libertad política les importaba muy poco», mientras que «la libertad social y personal se había multiplicado y, siempre que no se tratara del poder público, el español podía hacer en muy alto grado lo que quisiera»[2]. De hecho, probablemente el grado de autonomía o libertad personal en la vida cotidiana en el tardofranquismo fuera superior a la que se tiene ahora, con tantas regulaciones, permisos y prohibiciones.

Por otro lado, en contrapeso a la ausencia de muchas libertades públicas los españoles valoraban la ley y el orden del régimen (la tasa de criminalidad y la población reclusa eran una tercera y una cuarta parte, respectivamente, de lo que son ahora), el escaso nivel de corrupción (que no fue siquiera un tema de debate en las primeras campañas electorales) y el crecimiento económico antes señalado, que analizaremos con detenimiento más adelante.

Pero quizá sea mejor dejar que sean los españoles de la época ―los que mejor podían juzgar el régimen― quienes opinen a través de las encuestas del CIS de aquellos años. Unos meses antes de la muerte de Franco, el 80% de la población se definía como «muy feliz» o «bastante feliz»[3] y, cuando murió, un 42% de los españoles defendía que «no procedía» acometer reformas legales para que España tuviera una democracia similar a la de los países de su entorno. El 58% era partidario de hacer la transición[4], pero en general sin excesiva prisa[5].

Los resultados de estas encuestas fueron corroborados en las dos primeras elecciones democráticas en las que los españoles libremente eligieron que les siguiera gobernando el último presidente de la dictadura, Adolfo Suárez, si bien es cierto que al frente de un partido centrista y reformista, no continuista. Suárez, antiguo director de RTVE del régimen y secretario general del Movimiento, había sido seleccionado inicialmente por el rey Juan Carlos, entonces enormemente popular a pesar de haber sido elegido sucesor por Franco (o precisamente por ello). Aunque el rey ya había dejado clara su voluntad de llevar al país a la democracia y convertirse en rey de todos (la Corona sigue siendo la única institución de nuestro país no contaminada por la política), los resultados electorales dejaron claro que los españoles buscaban una reforma suave y desaprobaban el rupturismo.

A la luz de estos datos resulta difícil no llegar a la conclusión de que la España de Franco acabó siendo relativamente franquista. En efecto, el dictador gozó de una «visible popularidad», en palabras del general Vernon Walters (asesor e intérprete del presidente norteamericano Eisenhower en su visita a España en 1959[6]), lo que llevó al propio Eisenhower a sugerir en sus memorias que, de haber convocado Franco elecciones, las habría ganado[7]. En este sentido, nunca necesitó salir a la calle protegido por una legión de pretorianos, como ahora hace Sánchez cual impopular déspota, y nunca tuvo que huir de la ira popular, encogido y rodeado de escoltas, como hizo el cobarde aquél en Paiporta.

El hecho es que Franco murió ya anciano ocupando tranquilamente el poder sin contar con excesiva oposición fuera del terrorismo y del comunismo. Una inmensa muchedumbre despidió su féretro, como recuerdo perfectamente, y cuando al día siguiente a su muerte el CIS preguntó a los españoles qué sentimiento le había producido la noticia, el 49% contestó que había sentido «algo parecido a la muerte de un ser querido», mientras el 35% contestaba más sobriamente que le había parecido «normal, dada su edad»[8]. Curiosamente, el régimen decidió no publicar la encuesta.

Una popularidad duradera

Diez años después, en 1985, en plena democracia y con mayoría absoluta del antiguo y moderado PSOE —hoy lamentablemente extinto—, el CIS volvió a preguntar a los españoles qué habían sentido al morir Franco: un 28% recordaba haber sentido preocupación o miedo y un 21%, tristeza. Sólo un 10% recordaba haber sentido alegría. Además, un 46% definía ecuánimemente «el régimen de Franco» (el CIS no lo denominaba «dictadura») como una etapa «que había tenido cosas buenas y cosas malas», mientras un 18% lo consideraba claramente «un período positivo» para España. Sólo un minoritario 27% lo calificaba como un período netamente «negativo»[9].

Quizá esto explica la prudencia con la que ese mismo año 1985 se manifestaba el propio Felipe González (que llevaba tres años como presidente del gobierno con una abrumadora mayoría absoluta) cuando le preguntaron qué juicio le merecía Franco diez años después de su muerte: «Sigo teniendo una idea excesivamente simplificada, pues todavía no hay una perspectiva histórica para hacer un juicio con todas sus consecuencias» ―contestó con ponderación―. Y añadió: «Franco como personaje es muy difícil de juzgar, salvo el juicio negativo de que nos tuvo sometidos a una dictadura después de una guerra civil (…). Hay gente que se ha propuesto hacer desaparecer los rastros de 40 años de historia de dictadura: a mí eso me parece inútil y estúpido. Algunos han cometido el error de derribar una estatua de Franco; yo siempre he pensado que si alguien hubiera creído que era un mérito tirar a Franco del caballo tenía que haberlo hecho cuando estaba vivo»[10].

Pero quizá el dato más revelador se obtuvo en 1995 con el PSOE aún el poder, cuando el CIS volvió a preguntar sobre el tema: veinte años después de su muerte, un 30% de los que contestaron la encuesta (sin contar NS/NC) afirmaba que Franco había sido «uno de los mejores gobernantes que había tenido España en el último siglo»[11].

El espectacular éxito económico de España (1949-1974)

Sin duda lo que mejor explica la popularidad del régimen es el espectacular éxito económico que logró España desde 1949 hasta 1974. En efecto, esos 25 años constituyeron la etapa de mayor crecimiento económico de nuestra historia, récord que sigue vigente medio siglo después. El dato es poco conocido por ser políticamente incorrecto, pues pone al descubierto que la consigna con la que se autodefine el régimen constitucional del 78 («la etapa de mayor paz y prosperidad de nuestra historia») es falsa.

Así, de 1949 a 1974 el PIB per cápita en España creció (en términos constantes) a un ritmo del 6% anual, lo que significó salir de la pobreza y crear, por primera vez en nuestra historia, una contenta clase media. En una sola generación la renta de los españoles se multiplicó por cuatro (después de inflación), de modo que los hijos vivían muchísimo mejor de lo que habían vivido sus padres, lo contrario de lo que ocurre ahora. Este extraordinario crecimiento se produjo con una presión fiscal que era la mitad de la que sufrimos hoy y con un Estado que tenía la cuarta parte de funcionarios que tiene hoy. El desempleo era inferior al 4%, frente al 10% de hoy (y el 16% de desempleo medio desde 1978), la vivienda era accesible, y una familia podía sacar adelante a cuatro hijos con un solo sueldo mientras hoy dos sueldos apenas pueden sacar adelante a dos hijos.

Por lo tanto, el éxito económico de España en ese período resulta irrefutable, pero sería un error considerarlo un logro exclusivo de un régimen políticamente excluyente: fue un éxito colectivo de España del que todos deberíamos sentirnos orgullosos, independientemente de quien gobernara en aquel entonces o del sistema político imperante.

En efecto, aunque el crecimiento económico de España desde 1949 a 1974 tuvo que ver con determinadas políticas gubernamentales (especialmente con el Plan de Estabilización de 1959), fue ante todo logrado gracias al tesón y sacrificio de toda una generación de españoles, sin distinción de ideología o región de origen, que exhibieron esa constelación de virtudes que hacen posible el progreso: trabajo duro, honradez, seriedad, austeridad, cumplimiento de la palabra dada, espíritu de servicio y amor al trabajo bien hecho. A esa generación de españoles a la que pertenecieron mis padres, que madrugaban para dejar una España mejor para sus (muchos) hijos, quiero rendir tributo con este artículo.

Las comparaciones son odiosas

A efectos comparativos, resulta interesante dividir los últimos 75 años de historia económica de España en tres períodos consecutivos de 25 años cada uno: de 1949 a 1974 (durante el franquismo), de 1974 a 1999 (la España de la peseta) y de 1999 a 2024 (la España del euro). ¿Cómo se comparan entre ellos?

Utilizando datos del Banco Mundial (ajustados a la población), el crecimiento real del PIB per cápita en el período 1949-1974 fue del 6% anualizado; en el período 1974-1999 se redujo a un 2% anual; y en el período 1999-2024 fue de sólo el 0,9% anual[12]. Es decir, que el PIB per cápita creció durante esa etapa del franquismo el triple que en las primeras décadas de la democracia (con la peseta) y el séxtuple de lo que ha crecido en los últimos 25 años (con el euro). Dicho de otro modo, con la democracia nuestra economía ha crecido menos que con el franquismo y con el euro menos que con la peseta. Por otro lado, en 1974 la deuda pública era de sólo el 6% del PIB; en 1999 ya había subido al 61%; hoy es del 105% del PIB. Por lo tanto, un menor crecimiento ha sido acompañado de un aumento muy considerable de la deuda pública[13].

1974-2024: cincuenta años económicamente desperdiciados

Sin embargo, el crecimiento económico de un país tiene un poder descriptivo limitado: aunque un país crezca mucho, si los demás países crecen al mismo ritmo, ¿dónde está su mérito? De ahí la importancia de la comparativa internacional reflejada en el concepto de «convergencia», esto es, en la evolución a lo largo del tiempo de la renta per cápita de un país en términos relativos a un grupo comparable de países. En otras palabras, la convergencia compara el ritmo de crecimiento de renta per cápita de un país con los de su entorno.

En el caso de España, la convergencia se ha medido tradicionalmente con Europa. Sin embargo, esta costumbre presenta tres importantes limitaciones: primero, adolece de una visión eurocéntrica del mundo, hoy obsoleta; segundo, la ratio suele estar desvirtuada por la progresiva ampliación de la UE; y tercero, Europa es una comparación fácil, pues ha crecido relativamente poco respecto del resto del mundo como resultado no de una inexorable maldición bíblica, sino de la imposición de ideologías trasnochadas (impuestos elevadísimos, burocracia monstruosa y regulaciones disparatadas).

Por ello, resulta preferible comparar la renta per cápita española con una muestra más amplia del planeta, como es la media de la OCDE. Pues bien, como puede verse en el siguiente gráfico, el PIB per cápita español relativo a la OCDE alcanzó un pico hacia 1974 que en los siguiente 50 años sólo fue igualado por el espejismo creado por la burbuja inmobiliaria del 2007. Hoy sigue siendo inferior al que era al final del franquismo, por lo que, en términos de convergencia, hemos desperdiciado los últimos 50 años[14]:

La comparación con Europa no modifica esta conclusión ―que hoy estamos igual o ligeramente por debajo de donde estábamos en 1974―, aunque dependiendo del modo de cálculo la curva puede ser similar[15] o diferir en algunos puntos[16].

Debo añadir que esta muestra de mediocridad económica, que refuta una vez más el autobombo del régimen constitucional del 78, me sigue asombrando hoy igual que me asombró cuando me lo descubrió hace muchos años el que fuera uno de los mejores economistas españoles del s. XX, el profesor Velarde.

Conclusión

Ha pasado casi un siglo desde el comienzo del franquismo, pero se sigue ocultando la realidad sobre aquel período y demonizándolo como signo de virtud política. Un siglo rasgándose las vestiduras, ¿no es suficiente?

Debemos comprender que esta actitud, a la que ha contribuido toda nuestra clase político-periodística, daña a España. Unos lo han hecho por complejo o por ignorancia; otros, por sectarismo o por interés; y unos pocos, por incurable patología. Falta rigor y sobra frivolidad; faltan datos y sobran opiniones; falta ecuanimidad y sobra fanatismo; falta amor a la verdad y sobra el Himalaya de falsedades que denunció el socialista Besteiro. ¿Hasta cuándo seguiremos así?

[1] El estudio más serio es Pérdidas de la Guerra, de Salas Larrazábal, que estima en 72.500 los asesinados por el bando republicano y en unos 50.000 los asesinados por el bando nacional, incluyendo los 15.000 ejecutados en la represión de posguerra (según el estudio definitivo de Miguel Platón: La Represión de la Posguerra, Actas 2023).

[2] Julián Marías. La España Real. Espasa-Calpe 1976 p. 56-57.

[3]  Encuesta CIS enero 1976

[4]  Encuesta CIS enero 1976

[5] Encuesta CIS noviembre 1985. VII Aniversario de la Constitución

[6] Vernon Walters. Misiones Discretas. Planeta, 1978 p. 322.

[7] Dwight Eisenhower. Waging Peace: The White House Years. Heinemann, London, 1965 p. 510

[8] Exposición-CIS 60 Aniversario 1963-2023

[9] Encuesta CIS noviembre 1985.VII Aniversario de la Constitución

[10] «He perdido la libertad para que los demás la tengan», afirma Felipe González | España | EL PAÍS

[11] Visor fichero – CIS

[12] PIB (US$ a precios constantes de 2015) – Spain | Data

[13] Ibid.

[14] Renta per cápita y productividad en la OCDE de 1960 a 2022

[15] PEE Núm 111

[16] Informe Anual 2022

05/02/25:

https://www.fpcs.es/secretos-de-la-espana-prohibida-1939-1975/

Cfr. https://www.elconfidencial.com/empresas/2016-01-17/quien-es-quien-en-el-clan-del-pino-tras-el-divorcio-amistoso-de-los-hermanos_1136300/

Ilustración: https://www.wikiart.org/en/francisco-franco/self-portrait

sábado, 9 de abril de 2022

Sobreactuación canonizada

UCRANIA Y EL SUICIDIO DE EUROPA

Asombroso: el presidente de uno de los países más corruptos del mundo da lecciones a parlamentarios occidentales y éstos le ovacionan puestos en pie.

Fernando del Pino Calvo-Sotelo

Asombroso: el presidente de uno de los países más corruptos del mundo da lecciones a parlamentarios occidentales y éstos le ovacionan puestos en pie. Incluso para los estándares de mentira actuales, no deja de causar estupefacción la canonización como campeón de la libertad de quien manda arrestar al jefe de la oposición democrática de su país [1], cierra sus medios de comunicación y prohíbe las actividades de once partidos opositores [2].

No podemos olvidar que el irresponsable gobierno ucraniano pudo evitar este conflicto y no lo hizo: una semana antes de la brutal invasión rusa el canciller alemán pidió a Zelensky que declarara la neutralidad de su país y renunciara a entrar a la OTAN, condiciones razonables a las que el líder ucraniano (o sea, EEUU) se negó [3]. Dado que tras el conflicto Ucrania tendrá que aceptar ambas, el sacrificio del pueblo ucraniano habrá sido estéril. Mientras el presidente ucraniano intenta arrastrarnos a la Tercera Guerra Mundial y, con sus sobreactuaciones y su cuidada puesta en escena (barba de tres días y camiseta verde), se dedica full-time a ganar la batalla de la propagada de la opinión pública occidental (algo irrelevante para Putin, que ya la tenía perdida de antemano sin invadir a nadie), los rusos se dedican a lograr la mayor parte de sus objetivos militares y estratégicos.

Escepticismo

El escepticismo es la castidad del intelecto, decía Santayana, especialmente ante una guerra en la que quizá no podamos conocer la verdad, pero sí aplicar la lógica. Por ejemplo, EEUU afirma que un Putin “arrinconado” puede usar armas químicas o nucleares (entonces, ¿por qué le arrinconan?). Sin embargo, la lógica nos dicta que las armas sucias las utiliza el contendiente que va perdiendo (y Rusia va ganando) y que antes de utilizarlas habría agotado otros modos de destrucción que no han tenido lugar, como cerrar el gas a Ucrania, arrasar sus campos de cereales, destruir sus infraestructuras, dejar a Kiev sin electricidad ni agua corriente o reducirla a escombros mediante bombardeos de alfombra (por cierto, un invento anglosajón). De hecho, la prensa norteamericana ha desvelado hace pocos días que la supuesta amenaza de guerra química fue sólo una campaña de desinformación del gobierno de EEUU y que no existía evidencia alguna de inteligencia de que Rusia fuera a utilizarlas [4]. Según la misma fuente, lo mismo aplicaría al relato de un Putin supuestamente mal informado por su entorno.

Un sano escepticismo también nos lleva a no sacar conclusiones precipitadas ante los horribles hechos de Bucha, que deben ser investigados hasta el final. No parece lógico que Rusia, que dominaba la zona y la ha abandonado con toda tranquilidad anunciándolo con antelación, deje pruebas de una matanza de civiles con todos los cadáveres ordenados en una calle. Naturalmente que los rusos son capaces de semejante carnicería y, de hecho, HRW ha acusado a Rusia de crímenes de guerra (una violación y siete civiles ejecutados sumariamente hasta el 14 de marzo [5]), pero también puede ser una operación de falsa bandera (otra más) de los ucranianos, acusados de torturar a prisioneros de guerra rusos, según HRW [6], o incluso ejecutarlos [7]. Que un vídeo y unas fotos aportadas por uno de los contendientes basten para sacar conclusiones indica lo fácil que es manipularnos. ¿Primero sancionamos y luego investigamos? No sabemos cuántos civiles han muerto, ni quién los ha matado, ni cuándo, ni cómo. La guerra es un horror siempre, pero no es lo mismo que mueran civiles como daño colateral en enfrentamientos armados a que sean ejecutados a sangre fría por soldados rusos. Si la investigación sigue su curso sabremos quién es el culpable, y si no se investiga, también.

Asimismo, podríamos aplicar la lógica para averiguar quién obstruye los corredores humanitarios en las ciudades sitiadas. ¿Cui prodest? ¿Quién se beneficia de ello? Los rusos rodean y atacan las ciudades porque los combatientes ucranianos se han refugiado en ellas evitando enfrentamientos en campo abierto y utilizando de facto a su población como escudo humano. Entonces, ¿quién está interesado en impedir que los civiles abandonen el área, los sitiadores, que no pueden bombardear a discreción, o los sitiados, que se benefician de ello? ¿Quién impide que los rehenes de un atraco salgan del banco, los atracadores o la policía que los tiene rodeados? Son los débiles los que cogen rehenes, y creo significativo que Ucrania acuse a la Cruz Roja Internacional de “trabajar para el enemigo” por facilitar la evacuación voluntaria de civiles desde Mariupol (ciudad del Donetsk de mayoría rusófila) hacia Rusia [8].

Visión global

La guerra sobre suelo ucraniano es un conflicto entre EEUU (el provocador) y Rusia (el agresor). Un factor que añade complejidad y suele ser obviado es que Ucrania, enfrascada en un enfrentamiento civil de intensidad variable e independiente sólo desde 1991, es una no-nación dentro de un Estado creado de una forma más o menos artificial. No son inventos de Putin: el poco sospechoso Premio Nobel Alexander Solzhenitsyn, férreo anticomunista superviviente del Gulag soviético, denunciaba en 1994 “las falsas fronteras leninistas de Ucrania, con Crimea como dote ofrecida por el déspota Kruschev [9]”.

La causa próxima de la guerra ha sido la innecesaria expansión de la OTAN hacia el Este a pesar de las constantes advertencias de Rusia y de expertos occidentales de que una Ucrania perteneciente a la OTAN suponía una “amenaza existencial” para Rusia. Quizá los rusos sean unos paranoicos, pero no son los únicos: la Agencia de Inteligencia de Defensa norteamericana considera al ejército ruso (aunque no salga de Rusia) “una amenaza existencial para EEUU [10]”.

EEUU no sólo defiende su hegemonía sino sus intereses económicos, pues casi todas las guerras de EEUU desde 1991 han tenido un componente religioso en nombre del dios dinero. Así, uno de los objetivos de EEUU al empujar a Rusia a la guerra era descarrilar el proyecto de gaseoducto Nord Stream 2, que permitía a Rusia proveer de gas a Europa sin pasar por Ucrania y unía más estrechamente los lazos comerciales pacíficos de Eurasia. Recordemos que EEUU ve a Europa con condescendencia, como a un familiar lejano venido a menos, pero también como a un competidor, como a Rusia. Biden primero nos mete en el lío y luego nos vende gas licuado norteamericano, mucho más caro que el ruso ¿y nadie se pregunta nada?

La fina diplomacia occidental

Bajo la batuta de EEUU, Occidente se empeña en alargar la guerra con una escalada retórica sin precedentes. El ministro de Economía francés declara la “guerra económica total a Rusia [11]”, un senador norteamericano y el ministro de Exteriores de Luxemburgo piden el asesinato de Putin [12] y Biden llama al autócrata ruso asesino[13], criminal de guerra[14] y carnicero. Esto contrasta con una entrevista a Trump en 2017. Cuando un periodista le espetó que Putin era un “asesino”, el expresidente no se arredró: “Hay muchos asesinos… ¿Por qué cree usted que nuestro país es tan inocente? Eche una ojeada a lo que hemos hecho…recuerde la guerra de Irak…murió mucha gente, así que, créame, hay muchos asesinos a nuestro alrededor[15]”. Naturalmente, ningún periodista le pregunta a Biden si cree que el príncipe heredero de Arabia Saudí es un “asesino” a pesar de que la CIA le acusa abiertamente[16] de haber aprobado el “atroz asesinato”[17] del periodista del Washington Post Jamal Khashoggi, exiliado por denunciar las acciones del dictador saudí y asesinado dentro del consulado saudí en Estambul. Su cuerpo fue aserrado y desmembrado in situ, pero el caso no se toca porque “el riesgo de dañar los intereses norteamericanos es demasiado grande”, según el New York Times[18]. La política exterior no va de defender valores sino intereses, y Ucrania no es una excepción.

La retórica belicista es incompatible con la desescalada que necesitamos y nos conduce a una nueva Guerra Fría que no enfrentará a la OTAN con un opresivo Pacto de Varsovia, sino a un crepuscular Occidente (15% de la población mundial) con a un Oriente renaciente (el 85% restante), y será Occidente quien quedará paulatinamente aislado del resto del mundo. De la globalización a la autarquía.

¿Alguien en Occidente está tomando nota de lo que ocurre? El gobierno de la India, tras anunciar que seguirá comprando petróleo ruso y que quizá lo haga en rublos, cancela la visita de un grupo de parlamentarios británicos que iban a presionarle con Ucrania[19] pero recibe ese mismo día al ministro de Exteriores chino. Turquía y Brasil dicen públicamente que no sancionarán a Rusia, Arabia Saudí anuncia que aceptará yuan en vez de dólares por parte del petróleo que vende a China, y ésta afirma que “todo el mundo sabe” quién provocó la guerra en Ucrania, en referencia directa a EEUU. Países que representan más de la mitad de la población del planeta no apoyan las sanciones a Rusia.

La manía de las sanciones

Los gobiernos culparon “al covid” de la recesión del 2020, pero no era verdad: la recesión no la había provocado el virus, sino las absurdas, ilegales, dañinas y estériles medidas tomadas en estampida por los distintos gobiernos. De igual forma, el agravamiento de la inflación y la crisis económica en ciernes no es principalmente responsabilidad de la invasión rusa, sino de las sanciones tomadas sin ton ni son por EEUU y sus obedientes “socios” europeos a pesar de que el historial de sanciones (Cuba, Venezuela o Irán) muestra que son un estrepitoso fracaso: los regímenes no caen, los pueblos sufren injustamente y el equilibrio mundial se resiente.

Simpatizo con quienes defienden que la flagrante violación de la legislación internacional mediante el uso de la violencia que ha supuesto la invasión rusa no puede quedar impune, pero las reacciones deben ser proporcionadas, ajustadas a Derecho, eficaces y quirúrgicas, y en ningún caso autolesivas. Como veremos, han sido justo lo contrario.

En primer lugar, la limitación a la importación de materias primas de uno de los principales exportadores del mundo ha agravado el pertinaz problema de inflación preexistente y disparado el coste de los combustibles, la electricidad, los fertilizantes y los alimentos. La inflación es tanto más peligrosa cuanto los bancos centrales no pueden subir los tipos de interés como debieran, encerrados en su propia trampa. No olviden que para los países ricos el aumento del precio del pan es un inconveniente, pero en los países pobres puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte, no en balde organismos internacionales han alertado sobre una posible hambruna.

En segundo lugar, los belicistas del Departamento de Estado que juegan a Napoleón no comprenden que en un mundo globalizado cualquier sanción tiene un efecto bumerán. Jugar a hundir el rublo (algo en lo que por ahora han fracasado, pues la divisa rusa ha recuperado todo lo perdido) es peligroso, como quedó demostrado con LTCM y el default de 1998 de una Rusia entonces mucho más irrelevante y que estuvo a punto de hundir al sistema financiero mundial.

Por otro lado, la “congelación” de activos decidida por un gobierno sin sentencia judicial y sin que el acusado haya podido defenderse es un claro atentado contra el Estado de Derecho y contra la propiedad privada y crea un peligroso precedente. La congelación de reservas rusas en el extranjero supone la defunción del sistema financiero internacional basado en la confianza y, entre otros efectos perniciosos, vaciará Occidente de reservas de países de Oriente, particularmente de China, y contribuirá a la pérdida del dólar como moneda de reserva, pues Oriente ha tomado nota de que en Occidente ya no se respetan las reglas ni la propiedad privada. Igualmente graves son las sanciones a personas físicas que no han sido acusadas de ningún delito, aunque se trate de oligarcas ciertamente siniestros. Que un gobierno pueda impedir arbitrariamente que un ciudadano disponga de sus bienes por pertenecer a una determinada nacionalidad o por sus relaciones de amistad resulta inadmisible. Este abuso de acciones ejecutivas sin amparo judicial supone una muestra más del nuevo totalitarismo que se está imponiendo en Occidente sin que nadie proteste.

El suicidio de Europa

Pero la gran perdedora será Europa, que comprenderá demasiado tarde que no puede obedecer a EEUU con fidelidad perruna cuando sus intereses divergen. China e India tienen mucha densidad de población y pocos recursos y Rusia tiene poca densidad de población y muchos recursos, por lo que su acuerdo sería muy natural. Así, en un mundo de recursos escasos que a Europa no le sobran, lo que estamos logrando es arrojar a la principal reserva de recursos naturales de Eurasia, que estaba deseando comerciar con nosotros, en brazos de Oriente. A EEUU le da igual, pero para nosotros es un auténtico suicidio. ¿Tan difícil es comprender que el deber del gobierno alemán era defender los intereses del pueblo alemán, que evidentemente pasaban por obtener gas ruso barato a través del gaseoducto y no adoptar una actitud agresiva con un importante socio comercial con el que no tenía conflicto alguno? El extraño giro de 180 grados por el que Alemania pasó de echar a Rusia de Eurovisión a anunciar que enviaría misiles para matar soldados rusos ha supuesto el suicidio económico de Alemania, su tercera derrota a manos de EEUU y la triste constatación de que, a pesar de las apariencias, sigue siendo un país ocupado. De igual modo, el deber del gobierno de España era defender los intereses de los españoles, pero también ha decidido sacrificarnos para suicidarnos con Alemania y defender los intereses norteamericanos, con Ucrania y con el Sahara.

La insensata escalada de Occidente puede provocar una crisis económica, financiera y humanitaria de imprevisibles consecuencias. Nos conducen al abismo, una vez más.

[1] Inside the Power Struggle Breaking up Russia and Ukraine | Time

[2] Zelensky suspends 11 Ukrainian political parties with Russian ties | The Times of Israel

[3] Vladimir Putin’s 20-Year March to War in Ukraine—and How the West Mishandled It – WSJ

[4] The U.S. is using declassified intel to fight an info war with Russia, even when the intel isn’t rock solid (nbcnews.com)

[5] Ukraine: Apparent War Crimes in Russia-Controlled Areas | Human Rights Watch (hrw.org)

[6] Ukraine: Apparent POW Abuse Would Be War Crime | Human Rights Watch (hrw.org)

[7] Video appears to show Ukrainian soldiers executing Russian soldier captured in an ambush outside Kyiv, New York Times reports (yahoo.com)

[8] Vereschuk acusó a la Cruz Roja de cooperar con Rusia (strana.today)

[9] El Problema Ruso al Final del s. XX, Alexander Solzhenitsyn, Ed. Tusquets, 1995.

[10] Statement for the Record: Worldwide Threat Assessment – 2021 > Defense Intelligence Agency > Speeches and Testimonies (dia.mil)

[11] «Faut-il mener une “guerre économique” à la Russie ?» (lefigaro.fr)

[12] Luxembourg Foreign Minister Calls Putin «Physical Elimination» Remarks A Mistake (chronicle.lu)

[13] Biden says ‘killer’ Putin will ‘pay a price’ for election meddling – YouTube

[14] President Biden slams Putin calling him a ‘war criminal’ – YouTube

[15] Republicans slam Trump for suggesting US as bad as ‘killer’ Putin – YouTube

[16] Saudi Prince Approved Khashoggi’s Death, U.S. Report Says – The New York Times (nytimes.com

[17] The Third Anniversary of the Murder of Jamal Khashoggi – United States Department of State

[18] Saudi Prince Approved Khashoggi’s Death, U.S. Report Says – The New York Times (nytimes.com)

[19] Trending news: UK PM Talks To Modi: Modi refuses to bow down to British pressure! UK delegation’s visit to India canceled amid Ukraine war – Hindustan News Hub

Fotografías:

https://www.bbc.com/pidgin/world-60522576

http://4liberty.eu/ukraine-before-second-round-of-presidential-elections/

07/04/2022:

https://www.fpcs.es/ucrania-y-el-suicidio-de-europa/ 

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY