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domingo, 17 de mayo de 2026

¿Quizá una infrecuente lectura dominical?

APARICIÓN A ORILLAS DEL LAGO DE TIBERÍADES: QUE ÉL SE QUEDE HASTA QUE YO VUELVA

(San Juan, 21: 20-25)

1 Texto Bíblico

2 Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

2.1 Santa Teresa de Jesús, virgen

2.1.1 Camino de Perfección: Caminos inesperados

2.2 San Elredo de Rievaulx, abad

2.2.1 Sobre la amistad espiritual: Pedro y Juan: la diversidad en la unidad

2.3 San Agustín, obispo

2.3.1 Sobre el Evangelio de san Juan: Dos vidas

3 Uso Litúrgico de este texto (Homilías)

1 Texto Bíblico

«20 Pedro, volviéndose, vio que les seguía el discípulo a quien Jesús amaba, el mismo que en la cena se había apoyado en su pecho y le había preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?».21 Al verlo, Pedro dice a Jesús: «Señor, y este, ¿qué?».22 Jesús le contesta: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú sígueme».23 Entonces se empezó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no moriría. Pero no le dijo Jesús que no moriría, sino: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? 24 Este es el discípulo que da testimonio de todo esto y lo ha escrito; y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero. 25 Muchas otras cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni el mundo entero podría contener los libros que habría que escribir».

Sagrada Biblia, Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española (2012)

2  Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

2.1 Santa Teresa de Jesús, virgen

2.1.1 Camino de Perfección: Caminos inesperados

«Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué?» (Jn 21,23)

n. 17

Es cosa que importa mucho entender que no a todos lleva Dios por un camino, y por ventura el que le pareciere va por muy más bajo, está más alto en los ojos del Señor. Así que no porque en esta casa todas traten de oración, han de ser todas contemplativas. Es imposible. Y será gran desconsolación para la que no lo es.

Yo estuve más de catorce años que nunca podía tener meditación sino junto con lección. Habrá muchas personas de este arte, y otras que, aunque sea con lección, no pueden tener meditación, sino rezar vocalmente, y aquí se detienen más. Y otras personas hay hartas de esta manera, y si hay humildad, no creo saldrán peor libradas al cabo sino muy en igual de los que llevan muchos gustos, y con más seguridad en parte; porque no sabemos si los gustos son de Dios o si los pone el demonio.

Estotros (los no agraciados con gustos espirituales en la oración) andan con humildad, sospechosos que es por su culpa, siempre con cuidado de ir adelante. No ven a otros llorar una lágrima, que, si ella no las tiene, no le parezca está muy atrás en el servicio de Dios, y debe estar por ventura muy más adelante; porque no son las lágrimas, aunque son buenas, todas perfectas; y la humildad y mortificación y desasimiento y otras virtudes, siempre hay más seguridad. No hay qué temer, ni hayáis miedo que dejéis de llegar a la perfección como los muy contemplativos.

2.2. San Elredo de Rievaulx, abad

2.2.1 Sobre la amistad espiritual: Pedro y Juan: la diversidad en la unidad

«Pedro, volviéndose, vio que les seguía el discípulo a quien Jesús amaba» (Jn 21,20)

III, 115 s

Ciertas personas que no tienen capacidad para ser promovidas, deducen de ello que no se les ama; si no encuentran alguien que les implique en sus tareas y sus funciones, se lamentan de que se las deja solas. Sabemos bien que eso es fuente de graves discordias entre gente que pasaban por ser amigos; y para colmo de indignación, esas personas se separan y llegan incluso a maldecirse.

Que nadie se crea abandonado a su suerte porque no se les ha concedido una determinada promoción. En referencia a esto vemos que el Señor Jesús ha preferido Pedro a Juan. De todas formas, confiriendo la primacía a Pedro, no ha retirado, en absoluto, su afecto a Juan. Ha confiado a Pedro su Iglesia; ha confiado su madre, tiernamente amada, a Juan (Jn 19,27). Ha dado a Pedro las llaves de su reino (Mt 16,19); ha descubierto a Juan los secretos de su corazón (Jn 13,25).

Pedro, pues, ocupa un lugar elevado, pero el puesto de Juan es más seguro. Pedro se siente orgulloso de haber recibido el poder. Cuando Jesús dice: «Uno de vosotros me entregará» (Jn 13,21) tiembla y aterroriza juntamente con los otros; Juan, enardecido por estar tan cerca del Señor, instigado por Pedro, le pregunta para saber de quien se trata. Pedro se entrega a la acción; Juan queda puesto aparte para dar testimonio de su amor, según la palabra: «Quiero que quede así hasta que yo vuelva». Nos ha dado ejemplo para que también nosotros hagamos igual.

2.3 San Agustín, obispo

2.3.1 Sobre el Evangelio de san Juan: Dos vidas

«Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme.» (Jn 21,22)

Tratado 124, 5. 7: CCL 36, 685-687

La Iglesia sabe de dos vidas, ambas anunciadas y recomendadas por el Señor; de ellas, una se desenvuelve en la fe, la otra en la visión; una durante el tiempo de nuestra peregrinación, la otra en las moradas eternas; una en medio de la fatiga, la otra en el descanso; una en el camino, la otra en la patria; una en el esfuerzo de la actividad, la otra en el premio de la contemplación.

La primera vida es significada por el apóstol Pedro, la segunda por él apóstol Juan. La primera se desarrolla toda ella aquí, hasta el fin de este mundo, que es cuando terminará; la segunda se inicia oscuramente en este mundo, pero su perfección se aplaza hasta el fin de él, y en el mundo futuro no tendrá fin. Por eso se le dice a Pedro: Sígueme, en cambio de Juan se dice: Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú, sígueme. «Tú, sígueme por la imitación en soportar las dificultades de esta vida; él, que permanezca así hasta mi venida para otorgar mis bienes». Lo cual puede explicarse más claramente así: «Sígame una actuación perfecta, impregnada del ejemplo de mi pasión; pero la contemplación incoada permanezca así hasta mi venida para perfeccionarla».

El seguimiento de Cristo consiste, pues, en una amorosa y perfecta constancia en el sufrimiento, capaz de llegar hasta la muerte; la sabiduría, en cambio, permanecerá así, en estado de perfeccionamiento, hasta que venga Cristo para llevarla a su plenitud. Aquí, en efecto, hemos de tolerar los males de este mundo en el país de los mortales; allá, en cambio, contemplaremos los bienes del Señor en el país de la vida.

Aquellas palabras de Cristo: Si quiero que se quede hasta que yo venga, no debemos entenderlas en el sentido de permanecer hasta el fin o de permanecer siempre igual, sino en el sentido de esperar; pues lo que Juan representa no alcanza ahora su plenitud, sino que la alcanzará con la venida de Cristo. En cambio, lo que representa Pedro, a quien el Señor dijo: Tú, sígueme, hay que ponerlo ahora por obra, para alcanzar lo que esperamos. Pero nadie separe lo que significan estos dos apóstoles, ya que ambos estaban incluidos en lo que significaba Pedro y ambos estarían después incluidos en lo que significaba Juan. El seguimiento del uno y la permanencia del otro eran un signo. Uno y otro, creyendo, toleraban los males de esta vida presente; uno y otro, esperando, confiaban alcanzar los bienes de la vida futura.

Y no sólo ellos, sino que toda la santa Iglesia, esposa de Cristo, hace lo mismo, luchando con las tentaciones presentes, para alcanzar la felicidad futura. Pedro y Juan fueron, cada uno, figura de cada una de estas dos vidas. Pero uno y otro caminaron por la fe, en la vida presente; uno y otro habían de gozar para siempre de la visión, en la vida futura.

Por esto, Pedro, el primero de los apóstoles, recibió las llaves del reino de los cielos, con el poder de atar y desatar los pecados, para que fuese el piloto de todos los santos, unidos inseparablemente al cuerpo de Cristo, en medio de las tempestades de esta vida; y, por esto, Juan, el evangelista, se reclinó sobre el pecho de Cristo, para significar el tranquilo puerto de aquella vida arcana.

En efecto, no sólo Pedro, sino toda la Iglesia ata y desata los pecados. Ni fue sólo Juan quien bebió, en la fuente del pecho del Señor, para enseñar con su predicación la doctrina acerca de la Palabra que existía en el principio y estaba en Dios y era Dios –y lo demás acerca de la divinidad de Cristo, y aquellas cosas tan sublimes acerca de la trinidad y unidad de Dios, verdades todas estas que contemplaremos cara a cara en el reino, pero que ahora, hasta que venga el Señor, las tenemos que mirar como en un espejo y oscuramente—, sino que el Señor en persona difundió por toda la tierra este mismo Evangelio, para que todos bebiesen de él, cada uno según su capacidad.

3 Uso litúrgico de este texto. Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

–Hechos 26,16-20.30-31: Pablo vivió en Roma predicándoles el Reino de Dios. En régimen de semilibertad, el Apóstol no deja de continuar la misión para la que fue elegido por el Señor predicar el Reino de Dios. El plan salvífico de Dios realizado en Cristo por su Muerte-Resurrección e impulsado por el Espíritu tiene una dimensión universal. La Iglesia como comunidad y sacramento de salvación, debe actualizar y llevar a cumplimiento el plan de Dios. Nos toca a nosotros continuar esa misión con todos los medios que podamos: nuestra oración, nuestra palabra, nuestra vida... Dice San Gregorio de Niza:

«Esta es la verdadera perfección, no detenerse nunca en el camino hacia lo que es mejor y no poner límites a lo perfecto» (De la perfecta forma cristiana). «La gracia del Espíritu Santo se concede a cada hombre con la idea de que debe aumentar e incrementar lo que recibe» (Institución cristiana).

Y San Gregorio Nacianceno:

«Procurad una limpieza de espíritu siempre en aumento. Nada agrada tanto a Dios como la conversión y salvación del hombre... Sed como lumbreras en medio del mundo, como una fuerza llena de vida para los demás hombres»(Disertación 39).

–Jesús está en el cielo y los buenos lo verán. El cristiano vive con ansias de ver el rostro del Señor, convencido de que verá a Dios cara a cara. Con esta confianza caminamos hacia el gran día de la segunda venida del Señor. Por eso proclamamos con el Salmo 10: «El Señor está en su templo santo, el Señor tiene su trono en el cielo; sus ojos están observando, sus pupilas examinan a los hombres. El Señor examina a los inocentes y culpables, y al que ama la violencia Él lo odia. Porque el Señor es justo y ama la justicia. Los buenos verán su rostro».

–Juan 21,20-25: Este es el discípulo que ha escrito todo esto y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero. Comenta San Agustín:

«Sígueme», porque por él padeció Cristo, del cual dice el mismo Pedro: «Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo para que sigamos sus huellas». Por eso le fue dicho: «Sígueme». Pero hay otra vida inmortal en la que no hay males: allí veremos cara a cara lo que aquí vemos en espejo y figuras cuando se ha progresado mucho en la verdad.

 

«Así, pues, la Iglesia tiene conocimiento de dos vidas que le han sido predicadas y encomendadas por divina inspiración, de las cuales una es en la fe y la otra en la contemplación; la una en el tiempo de la peregrinación, la otra en la eternidad de la mansión; la una en el trabajo, la otra en el descanso; la una en el camino, la otra en la patria; la una en el trabajo de la actividad, la otra en el premio de la contemplación; la una se afana por conseguir la victoria, la otra vive segura en la paz de la victoria..., en conclusión, la una es buena, pero llena de miserias, la otra es mejor y bienaventurada...» (Tratado 124,5 Sobre el Evangelio de San Juan).

José Aldazabal

Enséñame tus Caminos

1. Hechos 28,16-20. 30-31

a) El último pasaje de los Hechos que leemos resume los dos años que Pablo estuvo en Roma en su primer cautiverio. Nos saltamos, por tanto, lo que se cuenta de su viaje por mar, lleno de peripecias, y su estancia en Malta.

En Roma estaba alojado en una casa, con un arresto domiciliario vigilado. Pero nadie le impedía hacer lo que él siempre había querido hacer: evangelizar, anunciar a Cristo Jesús. Y ahora precisamente en el centro del imperio y del mundo: Roma.

Llamó ante todo a los principales de los judíos, ante los que se justificó y les dio su versión del proceso que había tenido lugar en Jerusalén contra él. Pero también predicó a otros muchos, «enseñando la vida del Señor Jesucristo con toda libertad».

No fue en este cautiverio en Roma cuando dio testimonio con su muerte. Al ser liberado, visitó otras comunidades y seguramente viajó a España, como ya había anunciado que iba a hacer. En una segunda detención en Roma es cuando su confesión de Cristo terminó en el martirio, hacia el año 67.

b) Con arresto domiciliario o no, a Pablo nada le impide predicar a Cristo. Ahora da testimonio de Jesús en Roma, como ya le había anunciado el Señor en una visión. Y como había encargado a los discípulos el día de la Ascensión: que dieran testimonio de él empezando en Jerusalén y llegando hasta los confines de la tierra.

Es incansable este apóstol. La fe inquebrantable que tiene en Jesús le mueve en todo momento y da sentido a toda su actuación. Y cuando se trata, no de sus derechos personales, sino de la evangelización, se defiende con inteligencia, para que la Palabra no quede nunca encadenada.

También nosotros, al final de la Pascua, y en vísperas de recibir de nuevo la gracia del Espíritu en la fiesta de Pentecostés, tendríamos que aprender mayor generosidad y decisión en nuestra vida de cristianos, en nuestro seguimiento de Jesús, el Señor Resucitado.

En ciertas ocasiones podemos sentirnos también nosotros en parte coartados por la sociedad o por sus leyes, o mal interpretados en nuestras intenciones. Pero si de veras creemos en el Resucitado, que sigue presente, y confiamos en su Espíritu, que sigue siendo vida, fuego, savia y alegría de la comunidad eclesial, la energía de la Pascua debería duramos y notársenos a lo largo de todo el año en nuestro estilo de vida.

2. Juan 21, 20-25

a) La escena de ayer, con el diálogo de Jesús y Pedro, sigue hoy, a partir de la invitación hecha a Pedro: «sígueme».

Este pasaje probablemente se tuvo que añadir en el evangelio de Juan para salir al paso de unos malentendidos que había sobre Juan, el discípulo amado de Jesús, a quien algunos parecían atribuir la inmortalidad o poco menos, y que a otros resultaría extraño que no le hubieran asignado como sucesor de Pedro cuando éste murió mártir en Roma.

Pedro tiene una intervención poco afortunada sobre si también tenía que seguirles Juan. La respuesta de Jesús fue un tanto seca, volviéndole a decir que él le siguiera, sin preocuparse de Juan.

El evangelio de Juan termina afirmando que Jesús «hizo muchas otras cosas», pero que no caben en los libros.

b) La escena de Pedro preocupado por Juan, que bien pudo ser debida a unos ciertos celos, nos demuestra que la fe va madurando muy poco a poco. Que todos somos débiles, y tendemos a mezclar en nuestra actuación motivos espirituales y otros muy humanos y no tan confesables.

Pero Pedro maduró por obra del Espíritu, y nos dio más tarde magníficos testimonios de su amor a Jesús. Él todavía no sabe que irá a Roma y que allí, después de un apostolado también lleno de valentía y de entrega, confesará con su vida a Cristo ante las autoridades romanas, él que le había negado ante una criada.

Mientras tanto, el evangelio de Juan parece como si no acabara: hay muchas otras cosas de Cristo que no caben en los libros. Ahí estamos nosotros, los que creemos en Jesús dos mil años después, los que no le hemos visto pero le seguimos. Los que estamos desplegando la Pascua en la historia que nos toca vivir. Los que hemos celebrado estas siete semanas, que concluirán con el don mejor del Resucitado, su Espíritu. Nosotros, que estamos intentando vivir en cristiano y anunciar ante el mundo que Cristo Jesús es el que da sentido a toda la historia y a nuestra vida. Y que nos estamos dejando llevar por el Espíritu de Jesús a la verdad plena, a la verdad encarnada en cada generación.

Porque la finalidad de todo el evangelio, como dice Juan en su primera conclusión, es que todos crean «que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre» (Jn 20,31).

«Los discípulos se dedicaban a la oración en común» (entrada)

«Concédenos conservar siempre en nuestra vida la alegría de estas fiestas de Pascua» (oración)

«Porque el Señor es justo y ama la justicia, los buenos verán su rostro» (salmo)

«Jesús dijo a Pedro: Sígueme» (evangelio)

«Ayúdanos a pasar de la vida del pecado a la nueva vida del Espíritu» (poscomunión)

(Giorgio) Zevini - (Pierre Giordano) Cabra

Lectio Divina para cada día del año

LECTIO

Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 28,16-20.30-31

Entre la lectura de ayer y la de hoy está por medio el agitado viaje de Pablo: desde Cesarea a la isla de Creta, los catorce días de tempestad, la estancia en Malta, el viaje de Malta a Roma, la cálida acogida por parte de los hermanos. El fragmento de hoy es un resumen de su actividad en Roma, donde Pablo puede vivir en «régimen de libertad vigilada» en una casa privada. Comienza, como siempre, la predicación a los judíos con resultados alternos, podía «anunciar el Reino de Dios y enseñar cuanto se refiere a Jesucristo, el Señor, con toda libertad y sin obstáculo alguno».

Lucas ha alcanzado su objetivo: la carrera de la Palabra es imparable; el Evangelio ha llegado al corazón del mundo, es predicado con toda libertad y sin obstáculo alguno «hasta los confines de la tierra». Nada ha podido ni podrá detenerlo. Pablo es uno de los muchos testigos de Jesús, un campeón ejemplar, heroico y dotado de autoridad, pero no el único. Las vicisitudes personales de Pablo no parecen interesar demasiado a Lucas, que corta aquí su relato, sin informarnos sobre la suerte del campeón: lo que le importa de verdad es que Pablo haya culminado su propia misión, una misión que es la de todo cristiano, a saber: ser testigo de la resurrección, tener el valor de anunciarla por doquier, convertir cada situación, aun la más improbable, en una ocasión para decir que Jesús es el Señor y el Salvador. «La Palabra de Dios no está encadenada» (2 Tim 2,8s). No hay ocasión en la que no pueda ser anunciada la Palabra de Dios.

Evangelio: Juan 21,20-25

El epílogo del evangelio de Juan está relacionado con la misión propia del discípulo amado. El fragmento está formado por dos pequeñas unidades, que también están subdivididas a su vez: predicción sobre el futuro del discípulo amado (vv. 20-23) y segunda conclusión del evangelio (vv. 24s). El redactor de este capítulo 21, a través de una comparación entre Pedro y el otro discípulo, pretende identificar de manera inequívoca al «otro discípulo al que Jesús tanto quería» (Jn 13,23; 19,26; 21,7.20). La pregunta que Pedro plantea, a continuación, a Jesús sobre la suerte del discípulo amado recibe de parte del Maestro una respuesta que no deja lugar a equívocos, en la que afirma la libertad soberana de Dios respecto a cada hombre.

Pero quizás sea posible proyectar alguna luz sobre estos misteriosos versículos intentando poner de manifiesto cierto fondo histórico del tiempo en el que el autor los escribió. El texto no estuvo provocado realmente por las discusiones que tuvieron lugar en la Iglesia de los orígenes entre los discípulos de Pedro y los del discípulo amado sobre el «poder primacial» del primero. Más bien fue introducido por el redactor del capítulo para demostrar, sobre una base histórica, dos cosas: a) que carecía de fundamento la opinión difundida de que el discípulo amado no había muerto; b) que esa muerte, una vez acaecida, tenía la misma importancia para el Señor que el martirio sufrido por el apóstol Pedro.

Por último, los versículos finales (vv. 24s) subrayan una cosa simple, pero verdadera: la revelación de Jesús, ligada al ministerio de su persona, es algo tan grande y profundo que escapa al alcance del hombre.

MEDITATIO - CONTEMPLATIO - LECTURA ESPIRITUAL

Podemos concentrar nuestra reflexión uniendo las tres partes en un espléndido fragmento de Agustín, donde el obispo de Hipona hace la comparación entre Pedro y Juan.

La Iglesia conoce dos vidas, que la predicación divina le ha enseñado y recomendado. Una de ellas es en la fe, la otra es en la clara visión de Dios; una pertenece al tiempo de la peregrinación en este mundo, la otra a la morada perpetua en la eternidad; una se desarrolla en la fatiga, la otra en el reposo; una en las obras de la vida activa, la otra en el premio de la contemplación; una intenta mantenerse alejada del mal para hacer el bien, la otra no tiene que evitar ningún mal, sino sólo gozar de un inmenso bien; una combate con el enemigo, la otra reina sin más contrastes; una es fuerte en las desgracias, la otra no conoce la adversidad; una lucha para mantener frenadas las pasiones carnales, la otra reposa en las alegrías del espíritu; una se afana por vencer, la otra goza tranquila en paz de los frutos de la victoria; una pide ayuda bajo el asalto de las tentaciones, la otra, libre de toda tentación, se mantiene en alegría en el seno mismo de aquel que le ayuda; una corre en ayuda del indigente, la otra vive donde no hay necesidades; una perdona las ofensas para ser, a su vez, perdonada, la otra no sufre ninguna ofensa que tenga que perdonar, no tiene que hacerse perdonar ninguna ofensa; una está sometida a duras pruebas que la preservan del orgullo, la otra está tan colmada de gracia que se siente libre de toda aflicción, tan estrechamente unida al sumo bien, que no está expuesta a ninguna tentación de orgullo; una discierne entre el bien y el mal, la otra no contempla más que el bien. En consecuencia, una es buena, pero se encuentra todavía en medio de las miserias; la otra es mejor porque es beata. La vida terrena está representada en el apóstol Pedro; la eterna, en el apóstol Juan.

El curso de la primera se extiende hasta la consumación de los siglos, y allí encontrará su fin; la realización cabal de la otra está remitida al final de los siglos y al mundo futuro, y no tendrá ningún término. Por eso el Señor le dice a Pedro: «Sígueme», mientras que hablando de Juan dice: «Si yo quiero que él permanezca hasta que yo vuelva, ¿a ti qué? Tú sígueme». ¿Qué significan estas palabras? Según lo que yo puedo juzgar y comprender, éste es el sentido: «Tú sígueme, soportando, como yo lo he hecho, los sufrimientos temporales y terrenos; aquél, sin embargo se queda hasta que yo venga a entregar a todos la posesión de los bienes eternos».

Aquí soportamos los males de este mundo en la tierra de los mortales; allá arriba veremos los bienes del Señor en la tierra de los vivos para siempre. Que nadie, sin embargo, piense separar a estos dos ilustres apóstoles. Ambos vivían la vida que se personifica en Pedro y ambos vivirían la vida que se personifica en Juan. En la imagen de lo que representaban, uno seguía a Cristo, el otro estaba a la espera. Ambos, sin embargo, por medio de la fe, soportaban las miserias de este mundo y esperaban, ambos también, la felicidad futura de la bienaventuranza eterna (Agustín, Comentario al evangelio de Juan, 124,5).

ORATIO

Ayúdame, Señor, a soportar los males en la tierra de los que hemos de morir para gozar de tus bienes en la tierra de los vivos.

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: «Tú sígueme» (Jn 21,22b).

Ilustraciones: Meister Heinrich von Konstanz, Hermanos Limbourg y Rubén Ferreira.

Fuente:

https://www.deiverbum.org/jn-21_20-25/

https://www.deiverbum.org/homilias_semana-07_tiempo-pascua_dia-07-sabado/

Breve nota LB: La lectura de san Juan no está incluida en: 

https://www.feadulta.com/es/evangelios-y-comentarios/390-juan.html

En todo caso, programado san Juan para el domingo con un pasaje inusual que suscitó nuestro interés por la interpretación en la homilía local /https://www.vaticannews.va/es/evangelio-de-hoy/2026/05/17.html), nos encontramos que la Hoja Dominical y, en fecto, la misa de la Iglesia de la Coromoto estuvo inspirada en san Mateo, 28: 26-20.


MISIÓN Y CONFIANZA

(San Mateo, 28: 16-20)

Enrique Martínez Lozano

Con este texto, acaba el evangelio de Mateo. Se recogen en él tres temas muy importantes en las primeras comunidades: la fe en el Resucitado, la misión y la confianza en su presencia permanente. Querría comentar algo sobre cada uno de ellos.

1. A veces, tal como se presentaban los relatos de las apariciones en la catequesis o la predicación, daba la impresión de que los primeros discípulos no tuvieron ningún problema de fe. Según esas presentaciones, ellos habrían visto al resucitado de un modo similar a como lo vieron antes de su muerte.

Sin embargo, no pudo ser así, e incluso hay textos –como este- que no lo ocultan. Al mismo tiempo que presenta la actitud del creyente con el signo de la postración –reconociendo a Jesús como el Señor-, no esconde que "algunos vacilaban".

No; los primeros discípulos no tuvieron más "ventajas" que los que habrían de venir más tarde. Para unos y para otros, la presencia del resucitado no es accesible –por usar un lenguaje clásico- al "ojo de la carne" ni al "ojo de la mente". Se requiere aprender a mirar con el "ojo del espíritu" (o "tercer ojo"), lo cual es posible en la medida en que acallamos la mente y nos abrimos a experimentar el Misterio, en cuanto núcleo íntimo y omnipresente de nuestro propio ser.

2. La misión, tal como se presenta en este relato, adopta una forma que no se remonta al Jesús histórico. De hecho, el envío que hace Jesús –y que relata el propio Mateo- presenta unas características bien distintas: "Id anunciando que está llegando el reino de Dios. Curad a los enfermos, resucitad a los muertos, limpiad a los leprosos, expulsad a los demonios" (Mt 10,7-8).

¿Qué ha ocurrido para se expliquen las diferencias entre ambos? Algo muy simple: el primero recoge más bien el sentido de Jesús –favorecer la vida- y contiene directamente su propio sabor; el segundo –que habla ya incluso del bautismo en el nombre de la Trinidad- nace en el contexto de una comunidad de discípulos bastante desarrollada, que entiende la misión en clave proselitista, como cualquier grupo religioso que se inicia.

3. Y la última frase de todo el evangelio es una promesa, fuente de confianza. Las primeras comunidades debieron vivir la certeza de la presencia de Jesús con notable intensidad. El Apéndice del evangelio de Marcos termina con una frase similar: "Ellos salieron a predicar por todas partes y el Señor cooperaba con ellos" (Mc 16,20).

La confianza brota de la certeza de la unidad: "Yo-con-vosotros". Siempre sucede así, incluso en los niños más pequeños. La confianza psicológica del niño, que podrá constituir una plataforma segura en la que apoyarse a lo largo de toda su existencia, se fraguará, básicamente, en el la experiencia de "apego seguro" con la figura materna, en la "urdimbre afectiva" (J. Rof Carballo) entretejida con la madre y otras figuras significativas para él.

De un modo similar, la confianza existencial se apoya en la vivencia de la unidad con todo. El yo, al percibirse aislado y separado del conjunto, está condenado a la soledad, al miedo y a la ansiedad. Superado ese engaño, al acceder a nuestra verdadera identidad, descubrimos que podemos descansar confiadamente en lo que es (lo que somos).

Pero, además, el autor del evangelio parece hacernos un guiño intencionado y cargado de sentido. El "Yo estoy con vosotros" podemos tomarlo como un nombre propio de Jesús, en cuanto remite al primer capítulo del evangelio mateano, en el que, citando al profeta Isaías, se dice: "Le pondrán por nombre Emmanuel (que significa: Dios con nosotros)" (Mt 1,23).

Es decir, Mateo hace lo que se conoce como una inclusión: Jesús es el Dios-con-nosotros (Emmanuel). Así se nos presenta y así se despide.

 Y con este hermoso y acertado nombre, somos conducidos de nuevo a percibir la Unidad del Misterio, en sus dos caras –lo divino y lo humano, lo invisible y lo manifiesto-, abrazadas en la no-dualidad.

Como Jesús, todo lo que es, contiene ese "doble rostro": somos la forma concreta en que se manifiesta la Consciencia una. Esa es la fuente de toda confianza.

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/5013-mision-y-confianza.html

Ilustración: Carlos Xavier Duque Rangel.

Padre S. Martín. Atacan al Papa:

https://www.youtube.com/watch?v=klw0JH_VFkQ

Papa León: Regina Caeli:

https://www.youtube.com/watch?v=Ib3kZTG7eWc

Cardenal Porras: https://www.youtube.com/watch?v=rOndfxCp7aQ

Monseñor Biord: https://www.youtube.com/watch?v=9hYrdWvAw_I

Padre Beladjolo: https://www.youtube.com/watch?v=qqViXcVsJeo

Padre S. Martín: https://www.youtube.com/watch?v=mvHmNgLdOpA

Monseñor Munilla:https://www.youtube.com/watch?v=cyeMtacn5xo&t=21s

sábado, 20 de mayo de 2023

Promesa

SAN MATEO, 28: 16-20

Fray Marcos (Rodríguez)

Si hemos vislumbrado en alguna medida lo que nos decía Juan los dos domingos pasados, en esa medida, se nos hará muy cuesta arriba entender la fiesta de hoy y la de los tres domingos siguientes. La subida de Jesús al cielo, la venida del Espíritu, la Trinidad, la Eucaristía están presentadas por los textos litúrgicos como realidades externas que se dieron en otro tiempo.

Mal orientados por los textos, la inmensa mayoría de los cristianos las entendemos mal. No podemos seguir utilizando un lenguaje que responde a una visión mítica de la realidad. Cuando se creía que Dios estaba en lo más alto, que el hombre estaba en el medio y que el demonio estaba en lo más bajo, el lenguaje utilizado se entendía perfectamente. De Jesús se dice expresamente: Bajó del cielo, se hizo hombre, descendió a los infiernos y volvió a subir. Nuestra manera de entender la realidad ha cambiado drásticamente. Hoy no nos dice nada un cielo o un infierno como lugares de referencia.

Debemos entender la ascensión como parte del misterio pascual que es una única realidad. Ni la resurrección, ni la ascensión, ni el sentarse a la derecha del Padre, ni la glorificación, ni la venida del Espíritu, son hechos separados. Se trata de una realidad única que está sucediendo en este mismo instante.

Los conceptos que le aplicamos son los que utilizamos en esta vida para determinar realidades temporales. La realidad trascendente a la que los aplicamos no tiene lugar ni tiempo; se queda fuera del alcance de los sentidos. Decir de Jesús después de muerto: a los tres días, a los ocho días, a los cuarenta días, a los cincuenta días, no tiene sentido ninguno. Hablar de Galilea o de Jerusalén, o decir que está sentado a la derecha de Dios, entendido literalmente es absurdo.

Esto no quiere decir que sea una realidad inventada. Todo lo contrario, esa es la ÚNICA REALIDAD. Es la realidad sujeta al tiempo y al espacio la que no tiene consistencia alguna. Esa realidad intangible ha tenido una repercusión real en la vida de los cristianos, y eso sí se puede descubrir a través de los sentidos y constatar históricamente. Esa realidad no temporal, no localizable es la que hay que tratar de descubrir para que tenga también en nosotros la misma eficacia transformadora.

Si seguimos creyendo que es un acontecimiento que sucedió a una hora determinada, en un día determinado, en un lugar determi­nado, ¿qué puede significar para nosotros hoy? ¿Es simplemente un recuerdo, una celebración como la celebración de un cumpleaños? Esta es la clave que yo quiero resaltar hoy. Es un tema importante porque puede marcar la diferencia entre recordar y vivir.

Las realidades espirituales, por ser atemporales, pertenecen al hoy como al ayer, son tan nuestras como de Pedro o Juan. No han sucedido hace dos mil años, sino que están sucediendo en este instante. Son realidades que están afectando a nuestra propia vida. Puedo vivirlas yo como las vivieron los apóstoles. Es más, el único objetivo del mensaje evangélico, es que todos lleguemos a vivirlas como las vivieron ellos.

La ascensión del hombre Jesús, empezó en el pesebre y terminó en la cruz cuando exclamó: "Todo está cumplido". Ahí terminó la trayectoria humana de Jesús y sus posibilidades de crecer como criatura, de elevarse sobre sí mismo. Después de ese paso no existe el tiempo, por lo tanto, no puede suceder nada para él. Es todo como un chispazo instantáneo que dura toda la eternidad.

Él había llegado a la meta, a la plenitud total en Dios. Precisamen­te por haberse despegado de todo lo que en él era caduco, transitorio, terreno, sólo permaneció de él lo que había de Dios, y por tanto se identificó con Dios totalmente, absolutamente. Esa es también nuestra meta. El camino también es el mismo; por el descubrimiento de lo divino, llegar al don total de sí mismo.

¿De verdad queremos ser cristianos? ¿Tenemos la intención de recorrer la misma senda, de alcanzar la misma plenitud, la misma meta? ¿Estamos dispuestos a dejarnos aniquilar en esa empresa, a aceptar que no quedará nada de lo que creo ser? Es duro, pero no puede haber otro camino. Si renuncio al don total de mí mismo, renuncio a alcanzar la meta.

Como en Jesús, ese don total sólo será posible cuando descubra que Dios Espíritu se me ha dado totalmente, y está en mí para llevar a cabo esa obra de amor.

Tal vez nos conformemos con quedarnos pasmados mirando al cielo y esperando que él vuelva por nosotros. Esa es la mejor manera de hacer polvo todo el quehacer de Jesús en esta tierra. La idea de que Dios o Jesús o el Espíritu pueden hacer en un momento determinado algo por mí, ha desvirtuado la religiosidad cristiana. Dios, Jesús y el Espíritu lo están haciendo todo por mí en todo instante. Yo soy el que tengo que hacer algo en un momento determinado para descubrir esa realidad y hacerla mía viviéndola.

El relato de Mateo que acabamos de leer, es un prodigio de síntesis teológica. No hay en él ninguna alusión a la subida al cielo, ni a dejar de verlo. Consta simplemente, de una localización dada, una proclamación de poder y tres ideas básicas.

Situar la escena en un monte sin nombre, es una indicación suficiente de que lo que le interesa no es el lugar, sino el simbolismo. El monte significa el ámbito de lo divino, donde está Dios y donde quiere situar también a Jesús.

Que Mateo lo sitúe en Galilea, tiene también un significado muy importante. En Galilea había comenzado Jesús su predicación. Es allí donde Mateo quiere localizar el comienzo de la predicación de la Iglesia naciente. Quiere resaltar que Judea había rechazado a Jesús y no era ya el lugar donde debía uno encontrarse con Dios.

1.- La primera idea que resalta es la de la glorificación de Jesús.

"Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra".

Jesús no pudo decir que se le ha dado todo poder, porque lo primero que hizo después del bautismo fue rechazar todo poder como la mayor de las tentaciones.

Esta ambivalencia del lenguaje nos ha despistado de tal manera que es muy difícil aclararse. No puede haber un poder bueno y otro malo. Todos son perversos sobre todo el religioso.

Quiere indicar la máxima exaltación posible. No podemos entenderlo en el sentido de poder coercitivo o glorificación externa. Se trata de expresar que ha alcanzado la plenitud absoluta por haberse identificado con Dios en el don total de sí mismo.

Debemos tener en cuenta que la primera interpretación del misterio pascual, que ha llegado hasta nosotros, está formulada en términos de exaltación y glorificación; antes incluso de hablar de resurrección. Los textos quieren dejar muy claro que mientras mayor ha sido la humillación, más resaltará la gloria.

2.- La segunda es el envío a predicar. También tiene un carácter absoluto: "todos los pueblos".

El tema de la misión es crucial en todos los relatos pascuales. La primera comunidad intenta justificar lo que era ya práctica generalizada de los cristianos. La predicación del "Reino de Dios", no es un capricho de unos iluminados, sino mandato expreso de Jesús. Todo cristiano tiene como primera obligación, llevar a los demás el mensaje de su Maestro.

Sin embargo, en los Hechos se plantean muy seriamente si se debía aceptar a los gentiles a la fe o se les tenía que obligar primero a ser judíos. Si hubieran recibido de Jesús un encargo tan claro y directo, no hubieran tenido motivos para la duda.

La fórmula: "En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo", nos está hablando de una larga andadura en teología pascual. Es impensable que se utilizara desde el principio. La primera fórmula del bautismo fue: "En el nombre del Señor Jesús".

Más importante es la particularidad de la enseñanza. No se trata de enseñar doctrinas ni ritos ni normas morales sino de instar a una manera de proceder. Esto está muy de acuerdo con la insistencia de los evangelios en las obras como manifestación de la presencia de Dios en Jesús, y como consecuencia de la adhesión a Jesús. Si tenemos en cuenta que el núcleo del evangelio es el amor, comprenderemos que en la práctica, lo primero que tiene que manifestarse en un cristiano, es ese amor.

3.- La tercera idea es también clave en la comprensión del misterio pascual. "Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo". Fue el tema del evangelio de los dos domingos pasados: "no os dejaré desamparados".

Sin esta presencia sería imposible llevar a cabo la tarea encomendada. Ya los evangelios habían dejado claro que todo lo que hizo Jesús era obra del Padre o que era el Espíritu el que actuaba en él. Ahora sigue siendo Dios en sus tres dimensiones el que va a continuar la obra de salvación a través de sus seguidores.

Hay que resaltar que el final del evangelio de Mateo, sea precisamente la promesa de Jesús de estar siempre con nosotros.

Recordemos que Jesús habla de enviar al Espíritu, de quedarse él con nosotros, de que el Padre vendrá a cada uno. Son maneras de hablar que no deben confundirnos. Los tres "vendrán" a mi conciencia cuando me dé cuenta de que están ahí. En realidad no tienen que venir de ninguna parte porque la realidad trascendente ni está aquí ni está allí.

Meditación-contemplación

Os conviene que yo me vaya,

porque si no, el Espíritu no vendrá a vosotros"

Celebramos la Ascensión

y se nos dice que estará con nosotros para siempre.

En esta contradicción está el secreto.

Ni se va ni se queda. Para Jesús resucitado no hay lugar ni tiempo.

No puede haber Vida si no trascendemos el tiempo y el espacio.

Nuestra Vida "divina" es la misma ahora y siempre.

Contemplar, es salir del tiempo y del espacio.

Es identificarse con Dios que es eternidad.

El tiempo y el espacio son grilletes que nos atan a la materia.

Sin salir de esa cárcel no puedo adentrarme en el Espíritu.

Lo que hay de Dios en mí, me lanza al infinito.

En Dios, estoy fuera del tiempo y del espacio.

Ilustración: Giotto di Bondone.

Fuente: 

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/984-no-es-posible-expresar-lo-trascendente.html

Cfr. 

https://www.feadulta.com/es/evangelios-y-comentarios/383-mateo.html

Reflexiones Padre Peraza: https://www.facebook.com/871245462/videos/1308096916460235

Cardenal Porras: https://www.youtube.com/watch?v=12YrcXswJ3I

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