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martes, 25 de agosto de 2026

Tender caminos

DE UNO Y OTRO LIDERAZGO

Luis Barragán

De reducir el problema del liderazgo a una faceta de la consabida literatura de autoayuda, no habrá de sorprender el reproche ante la menor dificultad confrontada: ¿quién se robó mi transición?, preguntarán inmediatamente quienes conciben el cambio como obsequio de una simple manifestación de voluntad o como extravío supersticioso en medio de la perplejidad. Sin embargo, la conducción adquiere propiedades inequívocamente políticas al tratarse de una determinada etapa histórica que, faltando poco, requiere de una reflexión creadora antes que del panfleto de ocasión.

Hemos trabajado el liderazgo de anticipación y el transicional, cuyas diferencias no eliminan las dimensiones comunes que igualmente los explican de acuerdo al cuadro anexo. Resulta excepcional que una misma persona, grupo o generación reúna simultáneamente la capacidad de advertir la crisis antes de que se haga evidente, postular un proyecto alternativo y, llegado el momento, procurar su realización.

Por ello, resulta inútil una definición genérica del liderazgo y su aplicación mecánica al fenómeno político, donde mejor y naturalmente despunta su naturaleza, características y alcances. Anticipatorio y transicional permiten distinguir tiempos y funciones, pero también revelar cómo un liderazgo puede trascender al dirigente que inicialmente lo ejerce, institucionalizándose y multiplicándose.

La anticipación descubre una posibilidad histórica, dándole a la observación y la denuncia el vuelo de la imaginación;  la transición obliga a la construcción política de esa posibilidad sometida a las inclemencias de una realidad impostergable. No siempre se complementan uno y otro liderazgo en el terreno de la lucha persistente, árida y desigual.

En la vida política hay tareas crecientemente compartidas que tienden a la especialidad para alcanzar con eficacia las metas comunes, aunque no es frecuente que, al mismo tiempo, destaquen por conjugar el pensamiento y la acción con la posterior e inesperada obligación de gobernar; añadidura circunstancial, pues la trascendencia política no la garantiza solamente el desempeño de altas posiciones ejecutivas del Estado. Y, así, en el segundo mandato de Rafael Caldera, fueron las circunstancias las que llevaron a Teodoro Petkoff y a Abdón Vivas Terán a ocupar importantes funciones públicas, conocidos como recios polemistas y comprometidos activistas de partido en aceras contrarias, décadas atrás.

Otrora enfants terribles, dirigentes desafiantes y asimismo incómodos en el seno de partidos de una vigorosa elaboración doctrinaria, sostuvieron posiciones que la experiencia fue atemperando, sin que por ello desaparecieran las convicciones originales, permitiéndoles asumir el realismo de Estado y sus riesgos de lidia, contrapuesto al pragmatismo obsceno, vacío y oportunista. Someter las ideas a la dura prueba de una realidad insobornable no implica renunciar, avergonzado, a ellas.

Más allá de los juicios de valor que susciten, los casos de Petkoff y Vivas Terán permiten apreciar las capacidades anticipatorias y transicionales en dirigentes de una diferente tradición política y doctrinaria. Coincidieron significativamente en las postrimerías de un siglo, exponiendo una paradoja políticamente relevante: la antigua rivalidad ideológica desembocó en un realismo macerado para responder a algo más que a una coyuntura, como quizá pocos lo supusieron, agotado el programa puntofijista.

Contemporáneos, mas no coetáneos, sus trayectorias tuvieron origen en la lucha estudiantil, liceísta y universitaria, y luego se proyectaron sobre partidos de una fuerte institucionalidad, donde encabezaron tendencias de larga duración hasta la ruptura. Y, corroborando la noción de liderazgo distribuido recientemente referida por Emilio Venuti en estas páginas de El Nacional, ambos produjeron liderazgo y contribuyeron a multiplicar las capacidades necesarias para la vida política, universitaria, parlamentaria, gremial de una dirigencia comprometida.

Enfrentaron la crisis del modelo rentista, todavía hoy irresuelta. Vivas Terán, economista, desde la estructura política y administrativa del gobierno; Petkoff, economista, desde la conducción de Cordiplan y la ejecución de la Agenda Venezuela, en la que pensamiento y acción tuvieron que encontrarse con el tiempo histórico, la sociedad, la organización y el poder.

Aceptemos: anticipar sin un posterior tránsito quedará reducido al diagnóstico, por acertado que sea; y transitar sin anticipación terminará en la administración del desorden establecido. De lo que se trata es de transformar una posibilidad histórica en una posibilidad políticamente realizable, administrando conflictos, coaliciones, instituciones, peligros y riesgos sin convertir el realismo en renuncia al pensamiento.

Interesante lección para los últimos días del presente.

Ilustración: Erik Johansson.

Fotografía: Justo Molina. Momento, Caracas, N° 721 del 10/05/70). Procesada a través de IA. 

25/08/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/08/de-uno-y-otro-liderazgo/

martes, 11 de agosto de 2026

Puntualidades de un proceso

INVOCACIÓN DEL LIDERAZGO TRANSICIONAL

Luis Barragán

Aceptemos que no toda tertulia equivale a mesa de trabajo y, menos, a un proceso de transición de naturaleza y alcances complejos, por lo que el liderazgo que lo propulse ha de ser distinto para consumarlo eficazmente. El objeto esencial del cambio consiste en recuperar las capacidades del Estado —por no decir el Estado mismo— para hacer posible un esfuerzo de democratización sostenida y, en consecuencia, amerita de una conducción política alternativa muy acorde a las metas, realista con una extraordinaria habilidad para superar incidentes y accidentes del proceso incluyendo facetas inéditas respecto al oficio político de hoy.

Quizá redundante, el sujeto político de la transición ha de generar la confianza necesaria y promover el consenso indispensable para la tarea nada menuda de republicanizarnos, pues no bastará con gobernar, administrar ni competir electoralmente cobrando una creciente importancia la tarea de reconstruir, mediar, consensuar e integrar para restablecer las capacidades mínimas del Estado y rehacer su relación con la sociedad. Concordando con Joel S. Migdal al asumir con sentido realista que el Estado compite, negocia y coexiste con múltiples expresiones sociales generadoras de normas de hecho, lealtades y formas de control, significa también afrontar la resistencia de los grupos e intereses asociados al régimen desplazado o en vías de desplazamiento, es decir, los  poderes salvajes que van más allá del estricto ámbito jurídico.

Por supuesto que debemos partir de la dimensión ética y de los específicos atributos personales, pero una teoría funcional del liderazgo de transición apunta a la cabal operatividad política e institucional para pasar del país de la crisis que todavía amenaza su propia existencia al país que haga de su vocación por la libertad y el ejercicio democrático el fundamento para la reedificación republicana y la reconstrucción estatal de una nueva legitimidad. La cercanía y relación entre sociedad y Estado, por una parte, puede llevar a una limpia reorganización y cooperación para confrontar a los sectores, intereses, fuerzas o agentes nacionales y foráneos que solo lo harán en beneficio propio, algo de sobra ocurrido por estas décadas; y, por otra, además de la sobriedad y el sentido de la responsabilidad que debe caracterizarlo, el liderazgo debe ser relacionante y eficientemente retroalimentario para conseguir nuevos equilibrios que permitan encarar a la delincuencia común políticamente estructurada.

Ciertamente paradójico, la exacerbación autoritaria es directamente proporcional a la debilidad del Estado que  provoca la quiebra de los servicios públicos, eleva la carga (para)fiscal, no regula el mercado ni administra justicia. El desempeño de los consejos comunales y los denominados jefes de calle, por ejemplo, revela cuán ilusorio e interesado es el tal poder popular y cuáles las magnitudes que debe alcanzar el liderazgo natural, local y democrático.

La recuperación de las capacidades del Estado requiere de conductores que generen confianza, legitimidad, identidad, hábitos cívicos, cultura política, integración social: relacionamiento frente a la mitomanía, colegiación frente al narcisismo, civismo frente al foquismo. Sólo así, el liderazgo dejará de concebirse como una empresa personal para convertirse en una capacidad sistémica al servicio de la reconstrucción democrática.

Ilustración:  Şakir Gökçebağ. 

11/08/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/08/invocacion-del-liderazgo-transicional/

https://www.eastwebside.com/luis-barragan-invocacion-del-liderazgo-transicional.html

Carujo siglo XXI

DELCY VA, DELCY VIENE William Anseume No creo que desde el 3 de enero todo esté igual. Es irreal un planteamiento como ese. ¿Queremos má...