Mostrando las entradas con la etiqueta Juan Bravo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Juan Bravo. Mostrar todas las entradas

domingo, 14 de junio de 2026

Plenificación

PROCLAMAR EL REINO NO ES HACER PROSÉLITOS SINO AYUDAR, SERVIR, LIBERAR A TODOS

(San Mateo, 9: 36-10-6)

Fray Marcos [Rodríguez]

Las lecturas de hoy tienen una gran variedad de temas: la elección, la salvación de Dios, el sacerdocio de los fieles, la salvación de Cristo, la penuria de la gente, la compasión, la vocación, la misión, la evangelización, el servicio, la curación, la gratuidad...

Dios salva y quiere que su salvación llegue a todos a través de los ya salvados. Este podía ser el resumen del mensaje de este domingo.

Los israelitas vivieron la liberación de los egipcios como la cima de su experiencia religiosa. Su Dios les había salvado de la esclavitud. En el desierto les libró de la sed, del hambre, de las serpientes. Después, en la tierra de Canaán sentían la presencia de Dios cada vez que vencían a los enemigos o superaban una desgracia.

La experiencia de salvación de los israelitas no fue más que una interpretación de acontecimientos favorables. Cuando los aconteci­mientos eran adversos, los interpretaban como castigo del mismo Dios.

En tiempo de Jesús se sintieron liberados del demonio, de las enfermeda­des, de sus pecados. ¿Qué liberación esperamos nosotros hoy? ¿Quién nos salva? ¿De qué nos tienen que salvar?

Para la inmensa mayoría de los cristianos, salvarse es evitar la condenación, una idea simplemente negativa y un poco ingenua. Habría que tratar de buscar un concepto positivo y no de mínimos, sino de máximos. Podía ser "plenificación", es decir alcanzar la plenitud de ser a la que estamos destinados. Esa plenitud tenía que dar sentido a mi vida entera, de la misma manera que el punto de destino da sentido a todos los pasos que doy para llegar a él.

Dios no tiene que hacer ningún acto para salvarme, porque me ha salvado de una vez por todas y desde siempre. Tal como se entiende normalmente la salvación, da la impresión de que a Dios le salió mal la creación y ahora sólo con parches y remiendos puede llevar a feliz término su obra. ¿No os parece un poco ridícula esta idea? La Biblia nos dice con toda claridad al final del relato de la creación que vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno.

Estamos en un error cuando pretendemos que Dios nos libere de nuestra condición de criaturas, de nuestra contingencia, de nuestras limitaciones, de la muerte. Todo eso es consecuencia de nuestra condición de criaturas, y por lo tanto es intrínseco a nuestro ser. Dios no puede evitarlo. La salvación hay que buscarla en otra parte.

En una ocasión Jesús dijo "Esta es la vida eterna, que te conozcan a ti único Dios verdadero y a tu enviado Jesucristo." La salvación es pues, toma de conciencia, descubrimiento de una realidad que ya está ahí. El tesoro escondido en el campo.

No estamos acostumbrados a pensar en lo que nos dice el evangelio como símbolo. Cuando habla de los doce no quiere decir que los apóstoles fueran exactamente doce, sino el nuevo Israel, sucesor del antiguo. También las doce tribus son un mito: el dios sol rodeado de los signos del zodiaco.

Tomar hoy los doce como número de personas investidas por Jesús de un poder especial, es ignorar el trabajo de miles de exegetas y seguir leyendo los evangelios de una forma fundamentalista.

No está claro en qué momento aparece en la naciente comunidad la idea de "apóstol" (enviado), pero es impensable que antes de la experiencia pascual estuviera constituido un grupo especial de seguidores que llevaran ese nombre y que coincidiera con los nombrados después por Mateo, Lucas y Marcos.

La figura de Pablo no encaja en esa visión matemática del ministerio apostólico. Él mismo se da el nombre de apóstol y designa con ese nombre a otras personas destacadas de la primera comunidad.

Ni los apóstoles ni sus "sucesores", son el fundamento de la nueva comunidad. Es la comunidad la que necesita de representantes que sepan dar testimonio de Jesús siendo seguidores más próximos del Maestro.

No podemos seguir manteniendo la idea de que lo importante en nuestra Iglesia, es la jerarquía. La obligación de "proclamar" el evangelio es de todos los que forman la comunidad, no de unas personas separadas y elegidas especialmente para esa tarea.

En el Vaticano II se han dicho cosas muy clarificantes sobre la misión de los laicos en la Iglesia de hoy, pero la verdad es que no hemos sido capaces de llevar esta inquietud al grueso de la comunidad.

Alcanzar la plenitud humana y ayudar a los demás a conseguirla, es la vocación de todo ser humano que intente de verdad responder a su verdadero ser. Debemos de tener mucho cuidado de no despistar a la gente, haciéndoles creer que esa tarea no va con ellos.

Por el contrario tampoco debemos dar a entender que no tiene importancia la existencia de personas especialmente preparadas par dirigir y marcar pautas en esa tarea.

Pero no se habla hoy de la vocación de cada persona sobre la base de sus aptitudes o preparación personal, sino de una misión a la que todos estamos llamados. No se trata de la vocación a especiales ministerios, (sacerdotes, obispos) que es para lo que algunos se preparan, sino de la consecuencia lógica del ser de cristiano: llevar a todos lo que él recibió.

No importa tanto el lugar que ocupes en la comunidad, cuanto el desempeñar tu tarea como seguidor de Jesús, es decir con actitud de servicio.

"Proclamar", no significa ir por ahí dando voces, o realizando acciones espectaculares con poderes divinos. Se trata simplemente de ayudar al que tengo cerca en todo lo que pueda.

La misión no consiste en predicar y hacer prosélitos, sino en ayudar a los hombres a soportar sus penurias, sean las que sean; pero dejándoles en libertad para que sigan siendo ellos mismos.

Sólo de esa manera les convenceremos de que Dios está cerca del hombre. Sólo donde se libera a las personas, se está anunciando a Dios.

Las misiones, tal como se han planteado, no es un mandato del evangelio, más bien pone en guardia sobre esa tentación cuando Jesús dice: "Vosotros que recorréis tierra y cielo para conseguir un prosélito..."

La misión no debía ser un ingente esfuerzo por acrecentar el número de los que pertenecen a la Iglesia, sino el aumentar el número de los que son objeto de nuestro cuidado.

Lo que nos dice el evangelio es que el seguidor de Jesús tiene que considerar a todo hombre como perteneciente a la comunidad, porque todos tienen que ser el objetivo de su servicio. ¡Qué pocos cristianos han tenido esa actitud a través de los veinte siglos que nos separan de Jesús!

Sólo la búsqueda del bien de los demás, o por lo menos la disminución de sus carencias, debía ser el motivo de nuestra predicación, sea de palabra o de obra. Una comunidad no es cristiana si no está abierta a todos los hombres.

Decir que fuera de la Iglesia no hay salvación, es dar por supuesto que es un coto cerrado que no tiene nada que ver con los de fuera. A la comunidad cristiana pertenecen todos los hombres. Si dejamos fuera a uno sólo, se convertirá en un gueto, no en la comunidad de Jesús. La Iglesia debe estar volcada sobre los demás y no replegada sobre sí misma.

Termina el evangelio de hoy con una frase tajante: "Gratis habéis recibido, dad gratis". Necesitaríamos otra homilía para comentarla. Es fácil darse cuenta de que no estamos por esa labor. La gratuidad tenía que ser la característica de toda acción comunitaria.

Si en mi servicio a los demás, busco cualquier clase de interés, estoy fuera del evangelio. Aunque ese interés sea ir al cielo, ser más bueno, obedecer a Dios, etc.

Meditación-contemplación

"Gratis habéis recibido, dad gratis".

La clave está en tomar conciencia de lo que he recibido.

Sólo después de comprender que no tengo nada mío,

puedo dar lo que tengo con autenticidad.

................

Compasión y gratuidad

son las cualidades específicamente humanas.

Egoísmo e interés son el fruto de nuestra animalidad.

Dar el salto de una actitud a otra,

es la tarea fundamental de toda nuestra vida.

.................

Sólo cuando me decido a dar lo que he recibido,

lleno de sentido el don que se me ha regalado.

Cuando quiero acaparar lo que soy y lo que tengo,

lo convierto en algo estéril para mí y para los demás.

Ilustraciones: Edward Burne-Jones y Nicolás Martínez Ortiz.

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/2680-proclamar-el-reino-no-es-hacer-pros%C3%A9litos-sino-ayudar-servir-liberar-a-todos.html

Padre S. Martin: Visita papal a España.

https://www.youtube.com/watch?v=i6OYX3KUkX0

Papa León: 

https://www.youtube.com/watch?v=OnQe2N-iXXs

Cardenal Porras:

https://www.youtube.com/watch?v=tWKguXgGsTM

Monseñor Bravo: 

https://www.youtube.com/watch?v=y3mNJGXyqTg

Monseñor Munilla:  Visita papal.

https://www.youtube.com/watch?v=RIw-l0tNgjo

domingo, 10 de mayo de 2026

Paráclito

ESPÍRITU DE VERDAD, ESPÍRITU DE UNIDAD

(San Juan, 14: 15-21)

Enrique Martínez Lozano

Para el cuarto evangelio, el Espíritu es "otro Paráclito" porque aquellas comunidades de finales del siglo I tienen claro que el "primer Paráclito" es el propio Jesús.

El término griego "Parakletos", que se suele traducir como "Defensor", significa literalmente "el que está al lado", para defender, apoyar, consolar, sostener... Por ese motivo, alguien ha insinuado que la traducción más acorde sería, tanto la de "abogado defensor", como la de "asistente social".

En la misma evolución de las comunidades, se fue produciendo lo que los expertos denominan un "dualismo eclesiológico": es decir, se marcaron cada vez más distancias entre la propia comunidad y "los de fuera" (el "mundo"). El redactor de esta época ya tardía no pierde ocasión para insistir en que el don de Jesús se dirige únicamente a la comunidad de discípulos: "Lo conocéis vosotros [la propia comunidad joánica]", pero "el mundo no lo conoce..."; "vosotros me veréis, pero el mundo no me verá"...

Se trata de una distancia, característica de todo grupo sectario (no en el sentido peyorativo, sino etimológico), que se suele ver agudizada –como era aquel caso- cuando la comunidad se siente perseguida.

Más allá de las anécdotas históricas, el Paráclito es llamado aquí "Espíritu de la verdad". Y la verdad –parece añadir más adelante- es que "yo estoy en mi Padre, vosotros en mí y yo en vosotros".

La verdad –no podía ser de otro modo- tiene sabor de unidad. Nos faltan palabras para poder expresarlo adecuadamente, pero unidad no es suma o yuxtaposición. La unidad tampoco es algo que podamos producir, ni siquiera gracias al amor. No es, en fin, el "resultado" de nada.

Es más bien al contrario: lo primero es la unidad. Todo es Uno. Lo demás –amor, cercanía, equipo...- es simplemente consecuencia de lo que ya es.

La unidad se puede percibir como un sentimiento profundo de pertenencia o de vinculación, en un nivel infinitamente más profundo que el psicológico.

Se trata de una vinculación del orden del ser: no es que nos hagamos uno, ni siquiera que nos sintamos así. Es que lo somos.

El Espíritu de la verdad puede recibir otro nombre como Espíritu de la unidad. Pero no como una entidad separada, tal como nuestra mente pensaría. Si se llama Espíritu de unidad es porque se trata de ese Misterio único del que todos participamos, que todos compartimos, en el que todos somos uno.

El resultado de esta comprensión y vivencia no puede ser otro que el amor. No un amor entendido como movimiento sensible o emocional, sino el que se percibe como consciencia clara de no-separación de nada. Amor, por tanto, que se traduce en empatía y compasión.

Pero tal comprensión va necesariamente unida a una percepción adecuada de la propia identidad. Porque, mientras yo siga pensando que el yo constituye mi identidad, me estaré cerrando al amor, porque no podré percibir la unidad que somos. Desde el yo (ego) pondré en marcha un comportamiento egocentrado.

Solo cuando comprendo que no soy el yo, podrá modificarse radicalmente mi perspectiva. A partir de ahí, ya no "mediré" las cosas desde el interés del ego, sino desde la identidad amplia y una que compartimos. Y descubriré que, con frecuencia, lo que parece "malo" para mi ego puede que sea lo más acertado. Y a la inversa, quizás lo que mi ego persigue con tanta fuerza no sea lo que realmente me (nos) construye en lo que soy (somos).

Y aquí nos resuenan las palabras sabias del propio Jesús, que brotaron sin duda de esta misma comprensión: "El que quiera salvar su vida [psiché, ego] la perderá, pero el que pierda su vida, la salvará. Pues, ¿de qué le sirve a uno [al ego] ganar todo el mundo si pierde su vida? ¿Qué puede dar uno a cambio de su vida" (Mc 8,35-36).

No son palabras de amenaza, ni –en primer término- de exigencia o de mortificación. Son palabras de sabiduría, que llaman a "despertar", a salir de los engaños en que nos encerramos, como consecuencia de haber absolutizado la visión estrecha de la mente, y a descubrir la luminosa verdad de que somos Unidad.

Ilustración: Alisha Sickler Brunelli, "Paraclete: Self Similarity, Being & Becoming".

10/05/2026:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/4990-espiritu-de-verdad-espiritu-de-unidad.html

Padre S. Martín:

https://www.youtube.com/watch?v=PaQoS0omUFs


Papá León: Regina Caeli.


Cardenal Porras:


Monseñor Bravo: 


Monseñor Munilla:


Padre S. Martín: 

Posmodernidad y fe

ABC. Madrid, 22/06/2026.