DECURSO CON SILENCIADOR
Prevalece una actitud de cautela que, a ratos, se
transforma en estado de ánimo y, en otros, en una convicción profundamente
arraigada que termina impregnando la vida colectiva. Curiosa conversión cuando se
procura una frágil burbuja de protección frente a los avatares de una realidad
indomable, yendo la procesión por dentro.
En el terreno de la oposición es comprensible, pero en
el oficialismo no lo parece tanto. Además, constituye un perfecto medidor de
cómo andan las cosas que posiblemente están a punto de sincerarse.
Los hubo particularmente estridentes entre los
centenares de gobernadores y alcaldes, diputados y concejales sustentados por
el partido de gobierno, unos más agresivos que otros, dentro y fuera del
ejercicio de sus funciones. Agregamos a una selecta minoría con una cuidadosa
mesura para airear alguna ambición nada más y nada menos que presidencial,
desarrollando una imagen corporativa muy propia que no molestara al ocupante de
Miraflores. Sin embargo, ahora, transcurren los días bajo un bullicioso
silencio que trastoca en asombrosa prudencia lo que fue un obsceno desparpajo.
Difícilmente se cuelan las infidencias que pueda
delatar un mínimo de disconformidad en la órbita oficialista y oficiosa,
arriesgando permanencia, estabilidad y protección de los funcionarios. Suponemos
que fluye información privilegiada para garantizar el estricto cumplimiento de
lo pautado por el gobierno estadounidense, pero igual habrá quienes se quedan a
la intemperie y, a punta de intuición, deben navegar en medio de una situación
incierta que puede o no, favorecerlos a corto, mediano o largo plazo.
Es de presumir el ambiente de desconfianza en el seno
del poder establecido, porque no hablamos precisamente de una cofradía de mutua
ayuda, solidaridad y humildad. Después de todo, son casi treinta años
monopolizando la dirección del Estado.
Ilustración original: Ion Dogar - Marinescu, intervenida con IA.
31/05/2026:
https://lapatilla.com/2026/05/31/luis-barragan-decurso-con-silenciador/




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