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sábado, 10 de enero de 2026

La universalidad de Jesús

PADRE / HIJO: LAS DOS CARAS DE LO REAL

(San Mateo, 3: 11-17)

Enrique Martínez Lozano

Los relatos evangélicos asocian el inicio de la actividad pública de Jesús al hecho de ser bautizado por Juan. Como si ese acontecimiento marcara un punto de inflexión significativo en la vida del maestro de Nazaret. Al mismo tiempo, tienen que encontrar una explicación frente a los discípulos del Bautista que, apoyados en este hecho, afirmaban la superioridad de su propio maestro con respecto a Jesús.

Mateo se remite a algún designio divino, no sin antes poner en boca del propio Juan su sumisión: "Soy yo el que necesita que tú me bautices". Con esta aclaración, inducida por la polémica entre los discípulos de uno y otro, el relato se centra en la proclamación por la que Jesús es presentado como el enviado, el "hijo amado".

La proclamación va acompañada de rasgos característicos de una teofanía: el abrirse el cielo, la imagen de la paloma y la voz de lo alto. Todo ello para indicar que es Dios mismo quien irrumpe en la persona de Jesús, a quien presenta como hijo amado, habitado por el Espíritu.

Si todo ello lo leemos desde el nivel mental, no hay nada más que añadir: el Hijo de Dios viene a salvar nuestras almas.

Pero la evolución de la consciencia nos ha hecho percatarnos de nuevos datos que ya resulta imposible ignorar. Entre ellos, por lo que se refiere a esta cuestión, dos:

1. El yo es únicamente una ficción mental; nuestra confusión y sufrimiento se derivan del hecho de habernos reducido a él; por tanto, no hay que "salvar al yo", sino aprender a "liberarnos de él" (en el sentido de no considerarlo como nuestra identidad).

2. Existe un modo de conocer previo al mental y más rico que él: el modelo no-dual. Pues, como afirma el psicólogo Giorgio Nardone –autor del libro "Pienso, luego sufro"-, "es una perversión de la inteligencia creer que la razón lo solventa todo". Leído el texto desde el modelo no-dual, el horizonte señalado en el texto se amplía radicalmente: cada uno, cada una de nosotros somos, en realidad, el "hijo amado" del que se habla ahí.

"Hijo/a amado/a": he ahí uno de los nombres de nuestra identidad, aquella que compartimos con todos los seres. Pero el término "hijo" no hace referencia a una realidad supuestamente separada de otra a la que llamaríamos "padre" –ese es el lenguaje mental-, sino que se trata de una Realidad única, en su doble cara: de hecho, "padre" e "hijo" únicamente pueden darse en una misma relación; cada uno de ellos "hace posible" al otro.

Dicho de un modo más simple, la palabra "Padre" quiere designar al Fondo invisible y único de todo lo que es; la de "Hijo" alude a lo visible y manifiesto.

Por decirlo con palabras poéticas de Javier Melloni, se trata de "la Profundidad originaria (Padre-Madre) de las aguas dándose en el Hijo, el Hijo-Cuenco recibiéndose desde el Fondo que lo engendra continuamente para retornar a él por flujo incesante del Viento-Espíritu. No estamos sino en este único y mismo Fondo. Participamos de él como oleaje experienciándose en nosotros. A través de nuestra existencia retornamos a la Fuente que se vierte en el Mar de donde proviene" (J. MELLONI, Sed de Ser, Herder, Barcelona 2013, p.20).

Y continúa el mismo Javier de una manera hermosa: "En cada acto verdadero damos a luz a Aquel que nos ha dado a luz para que lo manifestemos. El Mar se expresa en sus olas. Las olas hacen visible el Mar. Al dejar salir lo más genuino de nosotros, dejamos al mar ser ola en nosotros" (Ibid. p.84).

En nuestras "formas" concretas, históricas y temporales, somos manifestación y expresión de aquel Fondo que, simultáneamente, constituye nuestra identidad más profunda. Con razón se habla de "intimidad divina": no cabe ninguna separación ni distancia; somos, a la vez, la ola y el Océano. Y así nos percibimos en nosotros mismos: como "ola" cuando nos pensamos; como "Océano" cuando, sencillamente, aquietamos la mente y atendemos en el no-pensamiento.

Nos pensamos como "hijos/as amados/as", permanente y amorosamente sostenidos en el regazo de Aquel que nos vive –y al que podemos llamar "Padre/Madre" o "Tú"- y que se vive a través nuestro.

Y nos re-conocemos –ya sin apego egoico- como aquel mismo Fondo que identifica a todo lo que es. En esta experiencia, saltan todas las barreras y separaciones y, con ellas, todo miedo y toda soledad.

Para experimentarlo, solo se requiere acallar la mente. Sin esto, veremos únicamente sombras, y seguiremos sumidos en la ignorancia básica y, por tanto, en el sufrimiento.

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/4514-padre---hijo-las-dos-caras-de-lo-real.html

Ilustraciones: David Cycleback, "Big Ideas": https://davidcycleback.substack.com/p/racial-depictions-of-jesus y Johnny Myers, "The Black Art Depot": https://www.blackartdepot.com/products/in-the-name-of-the-father-johnny-myers?srsltid=AfmBOoo02aAITZSD44lVTDqZj-H6LMsYCiXnqMx2r0e2mtQRAR0u2NvV

Papa León: El Concilio Vaticano II a través de sus documentos:

https://www.youtube.com/watch?v=9yo4jZNxQ9w




Padre S. Martín: El espíritu del Concilio, muerto o al menos herido grave | Actualidad Comentada :










domingo, 4 de enero de 2026

Especificidad cristiana

EN EL PRINCIPIO... ES AHORA

(San Juan 1, 1-18)

Enrique Martínez Lozano

Acostumbrados como estamos a nombrar las escrituras sagradas como "Palabra de Dios", no resulta difícil comprender que demos por supuesto que lo que allí leemos sea una descripción literal –fotográfica- de lo ocurrido, sancionada además por la autoridad divina.

Eso puede ocurrirnos incluso con un texto tan simbólico (metafórico) como este Himno-Prólogo del cuarto evangelio. Con frecuencia, ni siquiera somos conscientes del modo como nuestra mente imagina rápidamente la escena: Antes de la creación del mundo, en un supuesto "espacio" únicamente imaginado, estaría Dios Padre y, junto a él, se hallaría la "Palabra" (el Hijo, que habría de encarnarse en Jesús de Nazaret). He ahí cómo, en pocas líneas y aún en menos imágenes, hemos querido "explicarnos" el origen de la creación y de la salvación.

Aprendidas y grabadas desde niños, estas imágenes han pasado a formar parte de nuestro imaginario hasta llegar a asumirlas de una forma prácticamente literal y, por ello mismo, excluyente: dado que esta es la "verdad de lo ocurrido", cualquier otra lectura o interpretación será descalificada como engaño o, al menos, como "mitología" sin valor. Así se explica un hecho curioso e incluso irónico: cada religión ha tendido a creer como literal su propio mito –todas las religiones han afirmado que la suya era la auténtica palabra divina-, desvalorizando o ridiculizando los ajenos..., ¡sin darse cuenta de que sus propias afirmaciones se movían exactamente en aquel mismo nivel mítico!

"Mito" no es sinónimo de "engaño", pero tampoco lo es de "literalidad". El mito es una forma (figurada) de narrar algo de hondo valor humano, que invita a mirar más allá de la mera superficie para hacernos conectar con lo profundo. Ahí radica la sabiduría y la belleza de todas las mitologías.

Solo a partir de ese reconocimiento inicial, será posible una lectura no equívoca del mito. En nuestro caso, el término griego Logos –que se tradujo en latín como "Verbum" y en castellano como "Verbo" o "Palabra"- no se hallaría muy alejado del término chino Tao, con el que los seguidores del taoísmo quieren evocar el Origen, la Fuente, la Sabiduría y el Orden de todo. Más allá de las palabras, se está apuntando hacia el Misterio último de Lo que es.

La especificidad cristiana –tal como se subraya en este Prólogo- radica en haber identificado a aquel "principio original" (Tao, Logos) con la persona de Jesús de Nazaret.

En una perspectiva mental –que enfatiza la separación: una separación que no se corresponde con la realidad, sino que es creada solo por la mente-, tal identificación lleva a establecer una diferencia radical y absoluta entre Jesús y todos los demás seres. En consecuencia, se "diviniza" a Jesús, convirtiéndolo en un nuevo "Dios" dentro del mosaico de las religiones del mundo.

Cuando, por el contrario, leemos ese mismo texto desde una perspectiva no-dual, se pone de manifiesto toda su belleza, hondura y coherencia: el Logos –identidad última de todo lo que es- se hace plenamente presente en Jesús, es decir, en todo lo manifiesto. Eso significa que Jesús es "espejo" de todo lo real y que lo aplicado a él vale igualmente para todos nosotros.

No existe nada separado de nada: el "Logos" y "Jesús", lo Invisible y lo Manifiesto, el Vacío y la Forma, el Tao y el Mundo..., son las dos caras de lo único Real, abrazadas en la no-dualidad.

El Logos constituye el Fondo que todos compartimos, nuestra identidad más profunda. Y cuando lo leemos así, nos hacemos conscientes de que el texto nos está retratando.

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/4484-en-el-principio-es-ahora.html

Vatican News, programó san Juan 1, 35-42: https://www.vaticannews.va/es/evangelio-de-hoy/2025/01/04.html

Ilustración: Carl Heinrich Bloch.

domingo, 28 de diciembre de 2025

La Sagrada Familia

LA FAMILIA, EL MEJOR MARCO PARA LA HUMANIZACIÓN

(San Mateo,2: 13-23)

Fray Marcos [Rodríguez]

La verdad es que el tipo de familia de Nazaret que se nos ha propuesto durante siglos, es muy probable que no haya existido nunca. El modelo de familia del tiempo de Jesús, era el patriarcal. La familia molecular era completamente inviable, tanto social como económicamente.

Cuando el evangelio nos dice que José recibió a María en su casa, no quiere decir que formaran una nueva familia, sino que María dejó de pertenecer a la gran familia de su padre y pasó a integrarse en la familia a la que pertenecía José. El relato de la pérdida del Niño es impensable en una familia de tres.

El valor supremo de la familia patriarcal, era el honor. En la honorabilidad estaban basadas todas las relaciones sociales, desde las económicas hasta las religiosas. Si una persona no pertenecía a un clan respetado, no era nadie. En consecuencia, el primer deber de todo miembro de la familia, era el mantener y aumentar su honorabilidad.

Esto explica las escenas evangélicas donde se dice que su madre y sus hermanos vinieron a llevarse a Jesús, porque decían que no estaba en sus cabales. Querían evitar a toda costa el peligro del deshonor de toda la familia. Lo que pasó después confirmó sus temores.

Las instituciones son entes de razón, son medios que el hombre utiliza para regular sus relaciones sociales. Son imprescindibles para su desarrollo como persona humana.

Como todo instrumento, ni son buenas ni son malas en sí mismas. La bondad o malicia depende de su utilidad para conseguir el fin. Todas las instituciones pueden ser mal utilizadas, con lo cual, en vez de ayudar al ser humano a perfeccionarse, le impiden progresar en humanidad. La familia debe estar al servicio de cada persona que la integran y no al revés.

La familia también puede ser utilizada para oprimir y someter a otros seres humanos.

En los evangelios no encontramos ningún modelo especial de familia. Se dio siempre por bueno el ya existente. Más tarde se adoptó el modelo romano, que tenía muchas ventajas, pues desde el punto de vista legal, era muy avanzado. No sólo se adoptó sino que se vendió después como modelo cristiano, sin hacer la más mínima critica a los defectos que conllevaba. Voy a señalar sólo tres:

No contaba para nada el amor. El contrato era firmado por la familia según sus conveniencias materiales o sociales. Una vez firmado por las partes, no había más remedio que cumplirlo, sin tener en cuenta para nada a las personas.

La mujer quedaba anulada como sujeto de derechos y deberes jurídicos. De un plumazo se reducían a la mitad los posibles conflictos legales. Esto ha tenido vigencia prácticamente hasta hoy. Hasta hace unos años, la mujer no podía abrir una cuenta corriente sin permiso del marido.

El fin del matrimonio era tener hijos. Al imperio romano lo único que le importaba es que nacieran muchos hijos para nutrir las legiones romanas que eran diezmadas en las fronteras. Hoy se sigue defendiendo esta ideología en nombre del evangelio. El número de hijos no tiene por qué afectar a la calidad de una paternidad; siempre que la ausencia de hijos no sea el fruto del egoísmo.

Aunque esos fallos no están superados del todo, hoy son otros los problemas que plantea la familia. La Iglesia no debe esconder la cabeza debajo del ala e ignorarlos o seguir creyendo que se deben a la mala voluntad de las personas. No conseguiremos nada si nos limitamos a decir: el matrimonio indisoluble, indisoluble, indisoluble, aunque la estadística nos diga que el 50 % de ellos se separan.

Dos razones de esta mayor exigencia son:

a) La estructura nuclear de la familia. Antes las relaciones familiares eran entre un número de personas mucho más amplio. Hoy al estar constituidas por tres o cuatro miembros, la posibilidad de armonía es mucho menor, porque los egoísmos se diluyen menos.

b) La mayor duración de esa relación. Hoy es normal que una pareja se pase sesenta o setenta años juntos. En un tiempo tan prolongado, es más fácil que en algún momento surjan diferencias insuperables.

Como cristianos, tenemos la obligación de hacer una seria autocrítica sobre el modelo de familia que proponemos. Jesús no sancionó ningún modelo, como no determinó ningún modelo de religión u organización política.

Lo que Jesús predicó no hace referencia a las instituciones, sino a las actitudes que debían tener los seres humanos en sus relaciones con los demás. Jesús enseñó que todo ser humano debía relacionarse con los demás como exige su verdadero ser, a esta exigencia le llamaba voluntad de Dios. Cualquier tipo de institución que potencie y favorezca esta actitud humana, es válido y cristiano.

Es verdad que la familia está en crisis, pero las crisis no tienen por qué ser negativas. Todos los cambios profundos en la evolución de la humanidad vienen precedidos de una crisis. La familia no está en peligro, porque es algo completamente natural e instintivo.

Como cristianos tenemos la obligación de colaborar con todos lo hombres en la búsqueda de soluciones que ayuden a todos a conseguir mayores cotas de humanidad. Tenemos que demostrar, no solo de palabra, sino con hechos, que el evangelio es el mejor instrumento para conseguir una humanidad más justa, más solidaria, más humana.

Si tenemos en cuenta que todo progreso verdaderamente humano es consecuencia de las relaciones con los demás, descubriremos el verdadero valor de la familia. En efecto, la familia es el marco en que se pueden desarrollar las más profundas relaciones humanas. No hay ningún otro ámbito o institución que permita una mayor proximidad entre las personas. En ninguna otra institución podemos encontrar mayor estabilidad, que es una de las condiciones indispensables para que una relación se profundice.

Podemos estar seguros que las primeras lecciones de humanidad las recibió Jesús en el entorno familiar. Este entorno no se redujo a José y a María; comprendía también a sus hermanos (si los tuvo), a sus primos, tíos y abuelos (sobre todo paternos).

En una familia auténticamente israelita, la base de todo conocimiento y de todo obrar era la Biblia. Sin este trasfondo sería impensable el despliegue de la figura del hombre Jesús. Jesús fue mucho más allá que el AT en el conocimiento de Dios y del hombre, pero allí encontró las orientaciones que le permitieron descubrir al verdadero Dios.

Debemos olvidarnos de espectacularidades externas y descubrir su infancia como la cosa más normal del mundo. Fue una familia completamente normal. Nada de privilegios ni protecciones especiales, ni ellos ni sus vecinos pudieron enterarse de lo que ese niño iba a ser, porque también él fue completamente normal. Es en esa absoluta normalidad donde tenemos que ver lo extraordinario, su vida interior y su cercanía a Dios que era lo que les mantenía unidos y entregados unos a otros, como soporte de la convivencia.

Jesús fue un ser humano, aunque en esa humanidad se estaba manifestando la plenitud de la divinidad. Es Dios el que se hace hombre, no Jesús el que se hace Dios. Si a Jesús le hacemos Dios, nosotros quedamos al margen de ese acontecimiento. Si descubrimos que Dios se hace hombre, podré experimentar que se está haciendo en mí. Este es el verdadero mensaje del evangelio. Esta es la buena noticia que nos aportó Jesús.

Meditación-contemplación

Por encima de todo, el amor que es el ceñidor de la unidad.

La familia es el marco más íntimo de relaciones humanas.

Es, por tanto, el marco privilegiado de humanización.

Ahí debe manifestarse y potenciarse nuestra plenitud humana.

......................

El amor que nos pide el evangelio es un amor efectivo.

Las teorías y las ensoñaciones no llevan a ninguna parte.

Mi relación con los 'próximos' manifiesta el grado de mi amor.

Examinar esas relaciones en la clave de todo progreso espiritual.

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Dentro de mí, en lo hondo de mi ser, debo descubrir esa necesidad de amar.

Los lazos familiares me ayudan a salir de mí e ir al otro.

La familia es el mejor campo de entrenamiento para hacerme más humano.

Si desaprovecho esa oportunidad, no llegaré nunca a amar.

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/4468-la-familia-el-mejor-marco-para-la-humanizacion.html

Ilustración: Jacqui Miller. 

Fotografías: LB, Iglesia de Nuestra Señora e la Coromoto (CCS, 28/12/2025).

Padre S. Martín: Un Papa religioso, gracias a Dios | Actualidad Comentada:

https://www.youtube.com/watch?v=hFesWtB3vKQ


Papa León:  https://www.youtube.com/watch?v=iioR8XknkMU


Cardenal Porras: https://www.youtube.com/watch?v=_eYoxWOr7FU


Monseñor Márquez:

https://www.youtube.com/watch?v=vpWPGBy8Unc&list=RDvpWPGBy8Unc&start_radio=1


Padre  S. Martín: https://www.youtube.com/watch?v=imLrFGaNYH8


Padre Velasco:https://www.youtube.com/watch?v=8_G90ZfqmMg


Monseñor Munilla:https://www.youtube.com/watch?v=sNLnFNfbCEg

sábado, 13 de diciembre de 2025

El Mensajero

VERICUETOS DEL EGO Y VERDAD

Enrique Martínez Lozano

(San Mateo, 11: 2-11)

Las relaciones entre los discípulos de Juan y los de Jesús no parece que fueran fáciles. Quizás no tanto porque presentaran "proyectos" demasiado diferentes, cuanto por la necesidad (egoica) de ser "más importante" o, simplemente, de "tener razón". Para los primeros, el Bautista era "superior" a Jesús, porque había sido su maestro; para los segundos, Juan no era sino el "precursor" del Mesías.

La polémica, que se prolongaría durante varios decenios, debió de ser de tal envergadura que aparece como trasfondo de todos los evangelios, siempre que se aborda esta cuestión.

En el texto que leemos hoy, Mateo parece que quiera mediar para "equilibrar" la discusión. Si bien, por un lado, muestra a Jesús como Mesías, haciendo que Juan (sus discípulos) se cuestione(n) sobre ello, por el otro, dedica uno de los mayores elogios a la figura del Bautista.

El tema de la "duda" acerca del mesianismo de Jesús le sirve a Mateo para un doble fin. De una parte, para presentar a Juan interesándose por Jesús en cuanto el Mesías esperado. De otra, para incidir expresamente en lo que caracterizaba el mesianismo del maestro de Nazaret.

Parece indudable que el comportamiento de Jesús suscitó reacciones escandalizadas, sobre todo del lado de los judíos más religiosos, así como de sus autoridades. Frente a tales reacciones, Mateo remite a los hechos: "Los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia". Con una advertencia significativa: "¡Dichoso el que no se sienta defraudado [escandalizado] por mí!".

La respuesta de Jesús no contiene ninguna explicación o justificación verbal; tampoco elabora ninguna teología, sino que muestra, sencillamente, una acción liberadora, al servicio de la vida y de las personas.

La alusión a los que se sienten defraudados (escandalizados) parece decisiva. Es probable que el motivo del escándalo fuera precisamente la imagen de Dios que presentaba Jesús. Una persona religiosa se siente fácilmente defraudada cuando ve puestas en cuestión sus creencias o su propia imagen de Dios.

Con la mejor intención, e incluso de buena fe, la persona religiosa llega fácilmente a identificar a Dios con el modo como ella lo entiende. Debido a esa identificación –que se produce de modo inconsciente-, es frecuente que quien ve cuestionadas sus creencias llegue a la conclusión de que el autor de tales cuestionamientos está necesariamente en el error.

Los humanos tenemos una tendencia tan espontánea como arraigada que nos lleva a creernos nuestros pensamientos. De hecho, esa es una de las mayores causas de sufrimiento: creernos lo que pensamos (creer que lo que pensamos es verdad).

Frente a semejante engaño, creo advertir que se empieza a reconocer que los pensamientos no pueden ser "verdaderos", sino únicamente "etiquetas" que coloca nuestra mente sobre la realidad. Dicho con propiedad: los pensamientos son solo "puntos de vista", que pretenden apuntar hacia lo Real, hacia la Verdad, pero sin alcanzarla nunca.

El sabio tailandés Ajahn Chah lo expresaba de este modo: "Tenéis un montón de puntos de vista y opiniones sobre lo que es bueno y lo que es malo, lo correcto y lo incorrecto, sobre cómo deberían ser las cosas. Os aferráis a vuestros puntos de vista y sufrís mucho. Solo son puntos de vista, ¿sabéis?".

La Verdad no puede pensarse; únicamente, vivirse. Y es entonces, cuando eres verdad –no porque pienses que posees la verdad-, cuando la conoces.

El relato termina, como decía más arriba, con un encendido elogio de la figura del Bautista, de quien se llega a decir que es "más que profeta", "el mayor nacido de mujer". De hecho, en los textos evangélicos es fácil advertir una tendencia a "cristianizar" a Juan, al que hoy la Iglesia venera como santo.

Pero al letrado que es Mateo le interesa subrayar la novedad del Reino, que constituye uno de sus temas preferidos: "Os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los maestros de la ley y los fariseos, no entraréis en el reino de los cielos" (Mt 5,20). Por eso, tras el elogio al Bautista, se apresura a añadir que "el más pequeño en el Reino de los cielos es más grande que él". Con estas palabras, quiere subrayar la inusitada novedad del mensaje de Jesús.

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/4406-vericuetos-del-ego-y-verdad.html

Ilustración: Lucas Cranach, el Viejo.

Padre S. Martín: La Hora de la Purificación: el Camino Sinodal Alemán y la Prueba de la Fidelidad:

https://www.youtube.com/watch?v=hsujSyYi_Go


Papa León: https://www.youtube.com/watch?v=OZrkRJaxpv4 








sábado, 22 de noviembre de 2025

¡Viva Cristo Rey!

UN REINO DISTINTO PERO NO PARA EL MÁS ALLÁ

(San Lucas, 23: 35-43)

Fray Marcos [Rodríguez]

El último domingo del año litúrgico se dedica a Jesús. Toda la liturgia tiene como principio y como fin al mismo Jesús. En realidad los distintos tiempos litúrgicos son un proceso que quiere recordar la trayectoria humana de Jesús. Comienza en Adviento con la preparación a su nacimiento, y termina con la fiesta que estamos celebrando como culminación más allá de su vida terrena.

Como todo ser humano nació como un proyecto que se fue realizando durante toda su vida y que culminó con la plenitud de ser que expresamos con el título de Rey. Pero Jesús respondió a Pilato que su Reino no era de este mundo. Pues a pesar de ello nosotros no estamos de acuerdo con lo que dijo Jesús y le proclamamos Rey del universo. Claro, nosotros sabemos mucho mejor que él lo que es y lo que no es. Por desgracia, ahora no está aquí para poder llevarnos la contraria.

Soy muy consciente de que el sentido que quiero dar a esta fiesta no va a ser el que le dio Pío XI hace más de ochenta años; ni siquiera el que hoy le dan la mayoría de los cristianos. No pongo en duda el título, sino la manera de entenderlo.

Con el evangelio en la mano, ¿podemos seguir hablando de "Jesús rey del universo"?

  • Un Jesús que luchó contra toda clase de poder.
  • Un Jesús que rechazó como tentación, la oferta de poseer todos los reinos del mundo.
  • Un Jesús que dijo: Si no os hacéis como niños no entraréis en el Reino de Dios.
  • Un Jesús que invitó a sus seguidores a no someterse a nadie.
  • Un Jesús que dijo que no venía a ser servido, sino a servir.
  • Un Jesús que dijo a los Zebedeo: "El que quiera ser grande que sea el servidor, y el que quiera ser primero que sea el último.
  • Un Jesús que cuando querían hacerlo rey, se escabulló y se marchó a la montaña; por cierto, con gran cabreo de los apóstoles que se fueron en la barca sin esperarlo.

Podríamos hacer más referencias, pero creo que está claro el sentir de los evangelios.

Las palabras Rey, Padre, Hijo, Mesías, Pastor, tienen gran riqueza de significados simbólicos, tanto en el AT como en el Nuevo. Pero esos significados quedan pulverizados en cuanto tomamos las palabras en su significado literal.

En todas las épocas, ha habido grupos religiosos que se han empeñado en interpretarlas literalmente; y eso ha llevado a la religión a callejones sin salida. Toda interpretación fundamentalista del cristianismo que concluye con el uso de la fuerza, nace de ahí; desde las cruzadas de la Edad Media, hasta los "Cruzados" de ahora. No digamos nada de los "Guerrilleros de Cristo". Pero el sentido metafórico o simbólico de esas palabras nos puede abrir un horizonte nuevo.

Si he escogido esas cinco palabras como ejemplo, no ha sido por casualidad. Todas están relacionadas entre sí y no se puede entender separando unas de otras.

La idea de un "rey", en Israel, fue más bien tardía. Mientras fueron un pueblo nómada no tenía sentido pensar en un rey. Sólo cuando llegaron a Canán y se establecieron en las ciudades conquistadas, sintieron la necesidad de copiar sus estructuras sociales y le pidieron a Dios un rey.

Esa petición de un rey fue interpretada por los profetas como una apostasía, porque para el pueblo el único rey debía ser Yahvé. Encontraron la solución convirtiendo al rey en un representante de Dios.

Para erigir a una persona como rey, se le ungía. Es lo que significa exactamente Mesías (Ungido). La unción le capacitaba para una misión: conducir al pueblo en nombre de Dios. De ahí que desde ese momento se le llamara hijo de Dios. Lo propio de un hijo es actuar como el padre, en lugar del padre. También se le llamaba padre del pueblo y pastor del pueblo. Lo mismo que Dios, era padre y pastor para su pueblo. El que era elegido como rey era ungido, hijo, pastor y padre.

Una clave para entender la fiesta de hoy las podemos encontrar en el mismo evangelio que acabamos de leer. En primer lugar, el letrero que Pilatos puso sobre la cruz, era una manera de mofarse, no de Jesús, sino de las autoridades judías que se lo habían entregado. Es curioso que nosotros hayamos ampliado el ámbito de su realeza a todo el universo. ¿Para escarnio de quien?

Los soldados también le colocaron una corona y un cetro para reírse de él. ¿Creéis que Jesús se hubiera encontrado más cómodo con una corona de oro y brillantes y con un cetro cuajado de piedras preciosas?

Las autoridades, el pueblo, los soldados, uno de los ladrones, le piden que se salve; pero Jesús no bajó de la cruz. Desde el desierto hasta la cruz, le acompaña la tentación de poder. Jesús se salvó, pero no como esperaban los que estaban a su alrededor.

Hoy seguimos esperando, para él y para nosotros, esa misma salvación que se negó a realizar. No queremos oír hablar de la salvación que él consiguió muriendo y entregándose a los demás. Nos negamos a admitir que nuestra salvación pueda consistir en dejarnos aniquilar por los que nos odian.

La plenitud del hombre es el servicio hasta la muerte. Si seguimos esperando la salvación externa, de seguridad, de poder o de gloria, quedaremos decepcionados como ellos. Jesús será Rey del Universo, cuando la paz y el amor reinen en todos los rincones de la tierra. Cuando todos seamos testigos de la verdad.

Para entender correctamente la fiesta que estamos celebrando, debemos partir de un hecho: el centro de la predicación y actuación de Jesús fue "el Reino de Dios". Nunca se predicó a sí mismo ni revindicó nada para él. Todo lo que hizo y todo lo que dijo, hacía siempre referencia a Dios. Con esa proyección radical hacia su Padre, hizo presente el "Reino que es Dios".

El Reino de Dios, el Reino de Cristo, no es una realidad que haga referencia directa a Dios o a Cristo. El Reino de Dios es una realidad que hace referencia a nosotros. Ni Dios ni Jesús pueden hacer nada por implantar su Reino al margen de nuestra actuación. Somos nosotros los que tenemos que hacerlo presente aquí y ahora, como Jesús lo hizo presente mientras vivió entre nosotros.

Jesús de Nazaret se identificó de tal manera con ese Reino, que pudo decir: "quien me ve a mí, ve a mi Padre". Esto no lo decía como segunda persona de la Trinidad, sino como ser humano que había llegado a la experiencia fundamental y había descubierto que su auténtico ser y Dios eran uno.

Los primeros cristianos descubrieron esta identificación, y muy pronto pasaron de repetir la predicación de Jesús a predicarle a él como modelo.

Surge entonces la magia de un nombre, Jesucristo. Jesús el Cristo, el Ungido. El soporte humano de esta nueva figura queda determinado por la cualidad de Ungido, Mesías. Lo determinante es que es "Ungido". Lo que Jesús manifiesta de Dios, es más importante que el sustrato humano en el que se manifiesta lo divino.

Pero debemos tener siempre muy claro que los dos aspectos son inseparables. No puede haber un Jesús que no sea Ungido. Cristo no es exactamente Jesús de Nazaret, sino la impronta de Dios en ese Jesús. El Reino que es Dios, es el Reino que se manifiesta en Jesús. Desde esta perspectiva se puede hablar con toda propiedad de Cristo Rey.

Pero para poder aplicar a Jesús ese título, debemos despojarlo de toda connotación de poder, fuerza o dominación. Jesús condenó toda clase de poder. Pero no sólo condenó al que somete, condenó con la misma rotundidad a aquel que se deja someter. Este aspecto lo olvidamos y nos conformamos con acusar a los que dominan.

Jesús quiere seres humanos completos, es decir, libres. Jesús quiere seres humanos ungidos por el Espíritu de Dios, que sean capaces de manifestar lo divino a través de su humanidad. Tanto el que esclaviza como el que se deja esclavizar, deja de ser humano y se aleja de lo divino.

Bien entendido que la más nefasta de todas las opresiones es la que se hace en nombre de Dios. La opresión religiosa es capaz de llegar a lo más profundo del ser.

Emplear términos militares, como "guerrilleros de Cristo", "cruzados de Cristo", para designar personas o asociaciones que pretenden estar muy vinculadas a Jesús, es muestra evidente de una tergiversación del evangelio.

Cada vez que rezamos el padrenuestro, decimos: "Venga tu Reino". No nos referimos a una imposición por la fuerza, o que tenga que venir de alguna parte externa. Queremos expresar un deseo de que cada uno de nosotros haga presente a Dios como lo hizo Jesús, actuando como lo hubiera hecho él mismo si estuviera en nuestro lugar.

Y todos sabemos perfectamente como actuó Jesús: desde el amor, la comprensión, la tolerancia, el servicio. Todo lo demás es palabrería. Ni programaciones ni doctrina, ni ritos, sirven para nada si no entramos en la dinámica del Reino.

Jesús quiere que todos seamos reyes, es decir que no nos dejemos esclavizar por nada ni por nadie. Cuando responde a Pilatos, no dice "soy el rey", sino soy rey. Con ello está demostrando que no es el único, que cualquiera puede descubrir su verdadero ser y actuar según esa exigencia.

Dios, al crear no queda al margen de lo creado, sino que sigue en la criatura como fundamento esencial, arropando, envolviendo, consumiendo la escoria de cada criatura, hasta que sólo quede de ella lo que hay de Dios.

Meditación-contemplación

"No es de este mundo", no quiere decir que es un reino para el más allá.

Quiere decir que no es un reino como los que conocemos aquí.

El reinado de Jesús, es el reinado de Dios

es el reinado del amor, del servicio a los demás, de la entrega total.

...................

Cristo es rey porque es Señor de sí mismo.

Lo que hay de Dios en él, gobierna todo su ser.

Nada de lo que él es, queda fuera de la influencia divina.

De igual manera, estás llamado a ser tú mismo, rey.

.................

Jesús le dice a Pilatos: Yo he venido para ser testigo de la Verdad.

Porque es Verdad, porque es auténtico, es Rey de sí mismo.

En él la parte espiritual reina sobre la sicológica y la biológica.

Ahí tienes la manera de llegar a ser rey.

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/1562-un-reino-distinto-pero-no-para-el-m%C3%A1s-all%C3%A1.html

Ilustración: Ben Denison.

León XIV: https://www.youtube.com/watch?v=Opb1CeyFIXs


Cardenal Porras: https://www.youtube.com/watch?v=P4oq3AWl6RM


Monseñor Biord: https://www.youtube.com/watch?v=SNJ3aDp-ZRE






Padre S. Martín. Poner a Cristo en el centro: Diaconado femenino y homosexualidad: tensión entre doctrina y pastoral.

sábado, 15 de noviembre de 2025

Vírgen María, la madre del rendentor, la madre del mediador

DIOS NO TIENE PASADO NI FUTURO, SIMPLEMENTE 'ES'

(San Lucas, 21: 5-19)

Fray Marcos [Rodríguez]

Estamos en el penúltimo domingo del año litúrgico. El próximo celebraremos la fiesta de Cristo Rey que remata el ciclo. Como el domingo pasado, el evangelio nos invita a reflexionar sobre el más allá.

El lenguaje apocalíptico y escatológico tan común en la época de Jesús, es muy difícil de entender hoy. Corresponde a otra manera de ver al hombre, a Dios y la realidad presente. Desde aquella visión, es lógico que tuvieran también otra manera de ver lo último, el "esjatón".

Una vez más los discípulos están más interesados por la cuestión del cuándo y el cómo, que por el mensaje.

Tanto el pueblo judío en el AT como los cristianos en el NT están volcados sobre el porvenir. Esta actitud le distingue de los pueblos circundantes. Se encuentran siempre en tensión, esperando una salvación que ha de venir.

Para ellos esa salvación solo puede venir de Dios. Desde Noé, al que se le ofrece algo nuevo a través de la destrucción de lo viejo. Abraham, al que se le pide salir de su tierra para ofrecerle descendencia y una tierra propia. Pasando por el Éxodo, que fue la experiencia máxima de salvación, desde la esclavitud hacia la tierra prometida. Todos vivieron siempre con la esperanza de algo mejor, que Dios le iba a dar.

Los profetas se encargaron de mantener viva esta expectativa de salvación definitiva. Pero también introdujeron una faceta nueva: el día de esa salvación habría de ser un día de alegría, de felicidad, de luz, pero a causa de las infidelidades del pueblo, los profetas empiezan a anunciarlo como día de tinieblas; día en que Yahvé castigará a los infieles y salvará al resto. El objetivo de este discurso era urgir a la conversión.

Los cristianos no tienen inconveniente en utilizar las imágenes que le proporciona la tradición judía y el ámbito religioso en el que se desenvolvía. A primera vista parece que entra en esa misma dinámica apocalíptica, muy desarrollada en la época anterior y posterior a su vida terrena. El NT pone en boca de Jesús un lenguaje que se apoya sobre el telón de fondo de los conocimientos y las imágenes que le proporciona el AT.

En tiempo de Jesús se creía que esa intervención definitiva de Dios iba a ser inminente. En este ambiente se desarrolla la predicación de Juan Bautista y de Jesús. Las primeras comunidades cristianas acentuaron aún más esta expectativa de final inmediato. Pero en los últimos escritos del NT, es ya patente una tensión entre la espera inmediata del fin y la necesidad de preocuparse de la vida presente. Ante la ausencia de acontecimientos en los primeros años del cristianismo, las comunidades se preparan para la permanencia.

Con los conocimientos que hoy tiene el ser humano y el grado de conciencia que ha adquirido, no tiene ninguna necesidad de acudir a la actuación de Dios, ni para destruir el mundo para poder crear otro más perfecto (apocalíptica), ni para enderezar todo lo malo que hay en él para que llegue a su perfección (escatología).

El Génesis nos dice que al final de la creación, Dios "vio todo lo que había hecho y era muy bueno". ¿Por qué, nosotros, lo vemos todo malo? Hemos exagerado incluso la capacidad del ser humano para malear la creación. Para Dios todo está siempre en total equilibrio.

La justicia de Dios no es un trasunto de la justicia humana, sólo que más perfecta. La justicia humana es el restablecimiento de un equilibrio perdido por una injusticia. Dios no tiene que actuar para ser justo ni inmediatamente después de un acto, ni en un hipotético último día donde todo quedaría definitivamente zanjado.

Dios no hace justicia. Él es justicia. Todo acto, sea bueno, sea malo, en sí mismo lleva ya el premio o el castigo, no se necesita por parte de Dios ninguna acción posterior. Ante Dios todo es justo en cada momento.

Por fin podemos desistir de aplicar a Dios nuestra justicia. Dios es justicia y toda la creación está siempre de acuerdo con lo que Él es. Él ha querido nuestra contingencia como criaturas que somos. El dolor, el pecado y la muerte no son en el hombre un fallo, sino que pertenecen a su misma naturaleza. La salvación no consistirá en que Dios nos libre de esas limitaciones, sino en darse cuenta de que Él está siempre con nosotros, y todo hombre puede alcanzar plenitud de ser, a pesar de ellas.

Lo que en el mundo creemos que está mal y no depende del hombre, no es más que una falta de perspectiva. Una visión que fuera más allá de las apariencias, nos convencería de que no hay nada que cambiar en la realidad, sino que tenemos que cambiar nuestra manera de interpretarla.

Lo que nos debería preocupar de verdad es lo que está mal por culpa del hombre. Ese habría de ser nuestro campo de operaciones. Ahí nuestra tarea es inmensa. El ser humano está causando tanto mal a otros seres humanos y al mismo mundo que deberíamos estar aterrados.

No nos debe extrañar la referencia a la destrucción del templo. Este evangelio está escrito entre el año 80 y el 90, por lo tanto ya se había producido esa catástrofe. Para un judío, la destrucción del templo era el "fin del mundo". Era lógico asociar la destrucción del templo al fin de los tiempos, porque para ellos el templo lo era todo, la seguridad total. Para ellos era impensable la existencia sin templo. De ahí la preocupación de la pregunta: ¿Cuándo va a ser eso? Poro Jesús responde hablando del fin de los tiempos, no del templo. La única preparación posible es la confianza total en lo que Dios nos está dando.

Sin embargo, Jesús introduce elementos nuevos que cambian la esencia de la visión apocalíptica. En la lectura de hoy podemos apreciar claramente estos matices. A Jesús no le impresiona tanto el fin, como la actitud de cada uno ante la realidad actual ("antes de eso"). Es el presente del creyente lo que interesa a Jesús. ¡Que nadie os engañe! (toda mi predicación se podía resumir en esta idea). Ni el fin ni las catástrofes tienen importancia ninguna, si sabemos mantener la actitud adecuada. La realidad no debe perturbarnos "no tengáis pánico". Sabemos que la realidad material termina, pero lo esencial dura.

La seguridad no la puede dar la falta de conflictos (siempre los habrá), ni la promesa de felicidad, sino la confianza en Dios. Tampoco debemos seguir edificando "templos" que nos den seguridades. Ni organigramas ni doctrinas ni un cristianismo sociológico, garantizan nuestra salvación. Todo lo contrario, puede ser que la desaparición de esas seguridades nos ayude a buscar nuestra verdadera salvación. Decía ya San Ambrosio: "Los emperadores nos ayudaban más cuando nos perseguían que ahora que nos protegen".

Lo esencial del mensaje de hoy está en la importancia del momento presente frente a los miedos por un pasado o las especulaciones sobre el futuro. Aquí y ahora puedo descubrir mi plenitud. Aquí y ahora puedo tocar la eternidad. Hoy mismo puedo detener el tiempo y llegar a lo absoluto. En un instante puedo vivir la totalidad, no solo de mi ser individual, sino la TOTALIDAD de lo que ha existido, existe y existirá.

Para el despierto, no hay diferencia ninguna entre el pasado, el presente y el futuro. Si dependo de mi falso yo, elegiré prolongar eternamente esta vida, y cortaría el acceso a mi verdadero ser.

Jesús venció a la muerte, muriendo. Pero no nos engañemos, su muerte no fue un paripé, aunque doloroso, para recuperar la misma vida que perdió. Fue la aceptación total de su limitación lo que le proyectó a lo absoluto. Solo descubriendo y aceptando plenamente mi limitación, podré entrar en la dinámica de lo eterno que hay en mí. El mayor peligro que nos acecha es que busquemos en la vida espiritual la manera de potenciar lo material.

Meditación-contemplación

"Cuidado con que nadie os engañe".

Con frecuencia nos convence lo que halaga el oído.

Cuando la verdad nos exige esfuerzo,

buscamos escapatorias más fáciles de asimilar.

....................

Los predicadores de todos los tiempos lo saben,

y tratan de aprovechar esa debilidad para engañarnos.

Profundizar en la realidad de nuestro propio ser,

es el único camino para escapar de las voces de sirena.

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Todas las promesas de futuro que se hacen en nombre de Dios

son falsas, porque Dios no tiene futuro.

Dios no promete, da. Y se da desde siempre y para siempre.

En esa eternidad del don, tenemos que entrar nosotros.

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/4329-dios-no-tiene-pasado-ni-futuro-simplemente-es.html

Ilustración: Febhard Fugel.

Padre Martín. Urgente Aclaración por la Unidad de la Iglesia: Teología y Sensibilidad Eclesial en Conflicto: María.

https://www.youtube.com/watch?v=ur2_lgAtYwA


Papa León:

https://www.youtube.com/watch?v=s3qkE5rTXXg

Arquidiócesis de Caracas: 

https://www.youtube.com/watch?v=HJxZfUI-3Ak

Padre S. Martín:

https://www.youtube.com/watch?v=M6X5mGkXTTE

Monseñor Munilla:

https://www.youtube.com/watch?v=fEe9rns9zTw


Breve nota LB: Son indiferentes a las notas que dejamos, sin fecha, in nombre del oficiante. ¡Se trata de la propia arquidiócesis de Caracas!

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY