LA FAMILIA, EL MEJOR MARCO PARA LA HUMANIZACIÓN
(San Mateo,2: 13-23)
Fray Marcos [Rodríguez]
La verdad es que el tipo de
familia de Nazaret que se nos ha propuesto durante siglos, es muy probable que
no haya existido nunca. El modelo de familia del tiempo de Jesús, era el
patriarcal. La familia molecular era completamente inviable, tanto social como
económicamente.
Cuando el evangelio nos dice
que José recibió a María en su casa, no quiere decir que formaran una nueva
familia, sino que María dejó de pertenecer a la gran familia de su padre y pasó
a integrarse en la familia a la que pertenecía José. El relato de la pérdida
del Niño es impensable en una familia de tres.
El valor supremo de la
familia patriarcal, era el honor. En la honorabilidad estaban basadas todas las
relaciones sociales, desde las económicas hasta las religiosas. Si una persona
no pertenecía a un clan respetado, no era nadie. En consecuencia, el primer
deber de todo miembro de la familia, era el mantener y aumentar su
honorabilidad.
Esto explica las escenas
evangélicas donde se dice que su madre y sus hermanos vinieron a llevarse a
Jesús, porque decían que no estaba en sus cabales. Querían evitar a toda costa
el peligro del deshonor de toda la familia. Lo que pasó después confirmó sus
temores.
Las instituciones son entes
de razón, son medios que el hombre utiliza para regular sus relaciones
sociales. Son imprescindibles para su desarrollo como persona humana.
Como todo instrumento, ni
son buenas ni son malas en sí mismas. La bondad o malicia depende de su
utilidad para conseguir el fin. Todas las instituciones pueden ser mal utilizadas,
con lo cual, en vez de ayudar al ser humano a perfeccionarse, le impiden
progresar en humanidad. La familia debe estar al servicio de cada persona que
la integran y no al revés.
La familia también puede ser
utilizada para oprimir y someter a otros seres humanos.
En los evangelios no
encontramos ningún modelo especial de familia. Se dio siempre por bueno el ya
existente. Más tarde se adoptó el modelo romano, que tenía muchas ventajas,
pues desde el punto de vista legal, era muy avanzado. No sólo se adoptó sino
que se vendió después como modelo cristiano, sin hacer la más mínima critica a
los defectos que conllevaba. Voy a señalar sólo tres:
No contaba para nada el
amor. El contrato era firmado por la familia según sus conveniencias materiales
o sociales. Una vez firmado por las partes, no había más remedio que cumplirlo,
sin tener en cuenta para nada a las personas.
La mujer quedaba anulada
como sujeto de derechos y deberes jurídicos. De un plumazo se reducían a la
mitad los posibles conflictos legales. Esto ha tenido vigencia prácticamente
hasta hoy. Hasta hace unos años, la mujer no podía abrir una cuenta corriente
sin permiso del marido.
Aunque esos fallos no están
superados del todo, hoy son otros los problemas que plantea la familia. La
Iglesia no debe esconder la cabeza debajo del ala e ignorarlos o seguir
creyendo que se deben a la mala voluntad de las personas. No conseguiremos nada
si nos limitamos a decir: el matrimonio indisoluble, indisoluble, indisoluble,
aunque la estadística nos diga que el 50 % de ellos se separan.
Dos razones de esta mayor
exigencia son:
a) La estructura nuclear de
la familia. Antes las relaciones familiares eran entre un número de personas
mucho más amplio. Hoy al estar constituidas por tres o cuatro miembros, la
posibilidad de armonía es mucho menor, porque los egoísmos se diluyen menos.
b) La mayor duración de esa
relación. Hoy es normal que una pareja se pase sesenta o setenta años juntos.
En un tiempo tan prolongado, es más fácil que en algún momento surjan
diferencias insuperables.
Como cristianos, tenemos la
obligación de hacer una seria autocrítica sobre el modelo de familia que
proponemos. Jesús no sancionó ningún modelo, como no determinó ningún modelo de
religión u organización política.
Lo que Jesús predicó no hace
referencia a las instituciones, sino a las actitudes que debían tener los seres
humanos en sus relaciones con los demás. Jesús enseñó que todo ser humano debía
relacionarse con los demás como exige su verdadero ser, a esta exigencia le
llamaba voluntad de Dios. Cualquier tipo de institución que potencie y
favorezca esta actitud humana, es válido y cristiano.
Es verdad que la familia
está en crisis, pero las crisis no tienen por qué ser negativas. Todos los
cambios profundos en la evolución de la humanidad vienen precedidos de una
crisis. La familia no está en peligro, porque es algo completamente natural e
instintivo.
Como cristianos tenemos la
obligación de colaborar con todos lo hombres en la búsqueda de soluciones que
ayuden a todos a conseguir mayores cotas de humanidad. Tenemos que demostrar,
no solo de palabra, sino con hechos, que el evangelio es el mejor instrumento
para conseguir una humanidad más justa, más solidaria, más humana.
Si tenemos en cuenta que
todo progreso verdaderamente humano es consecuencia de las relaciones con los
demás, descubriremos el verdadero valor de la familia. En efecto, la familia es
el marco en que se pueden desarrollar las más profundas relaciones humanas. No
hay ningún otro ámbito o institución que permita una mayor proximidad entre las
personas. En ninguna otra institución podemos encontrar mayor estabilidad, que
es una de las condiciones indispensables para que una relación se profundice.
Podemos estar seguros que las primeras lecciones de humanidad las recibió Jesús en el entorno familiar. Este entorno no se redujo a José y a María; comprendía también a sus hermanos (si los tuvo), a sus primos, tíos y abuelos (sobre todo paternos).
Debemos olvidarnos de
espectacularidades externas y descubrir su infancia como la cosa más normal del
mundo. Fue una familia completamente normal. Nada de privilegios ni
protecciones especiales, ni ellos ni sus vecinos pudieron enterarse de lo que
ese niño iba a ser, porque también él fue completamente normal. Es en esa
absoluta normalidad donde tenemos que ver lo extraordinario, su vida interior y
su cercanía a Dios que era lo que les mantenía unidos y entregados unos a
otros, como soporte de la convivencia.
Jesús fue un ser humano,
aunque en esa humanidad se estaba manifestando la plenitud de la divinidad. Es
Dios el que se hace hombre, no Jesús el que se hace Dios. Si a Jesús le hacemos
Dios, nosotros quedamos al margen de ese acontecimiento. Si descubrimos que
Dios se hace hombre, podré experimentar que se está haciendo en mí. Este es el
verdadero mensaje del evangelio. Esta es la buena noticia que nos aportó Jesús.
Meditación-contemplación
Por encima de todo, el amor
que es el ceñidor de la unidad.
La familia es el marco más
íntimo de relaciones humanas.
Es, por tanto, el marco
privilegiado de humanización.
Ahí debe manifestarse y
potenciarse nuestra plenitud humana.
......................
El amor que nos pide el
evangelio es un amor efectivo.
Las teorías y las
ensoñaciones no llevan a ninguna parte.
Mi relación con los
'próximos' manifiesta el grado de mi amor.
Examinar esas relaciones en
la clave de todo progreso espiritual.
.......................
Dentro de mí, en lo hondo de
mi ser, debo descubrir esa necesidad de amar.
Los lazos familiares me
ayudan a salir de mí e ir al otro.
La familia es el mejor campo
de entrenamiento para hacerme más humano.
Si desaprovecho esa
oportunidad, no llegaré nunca a amar.
Fuente:
Ilustración: Jacqui Miller.
Fotografías: LB, Iglesia de Nuestra Señora e la Coromoto (CCS, 28/12/2025).
Padre S. Martín: Un Papa religioso, gracias a Dios | Actualidad Comentada:
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https://www.youtube.com/watch?v=vpWPGBy8Unc&list=RDvpWPGBy8Unc&start_radio=1
Padre S. Martín: https://www.youtube.com/watch?v=imLrFGaNYH8
Padre Velasco:https://www.youtube.com/watch?v=8_G90ZfqmMg
Monseñor Munilla:https://www.youtube.com/watch?v=sNLnFNfbCEg




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