DEL PASAJE SUBURBANO
Luis Barragán
Tres características
parecen constantes en la elevación de la tarifa del transporte público que
genéricamente se conoce como “camioneta”: contenida por largos meses, cualquier
receso vacacional de principios, mediados y finales de año, se presume
adecuado; arbitrariamente, ensayan antes el aumento calibrando la reacción del usuario;
e, irremediable, siempre va a la zaga del aumento generalizado de precios de
bienes y servicios.
Ya poco
importa la calidad del servicio en ciudades profundamente desordenadas, pues,
la otra alternativa es andar a pie. Cada vez que hay aumentos, el pleito del
viajero con el conductor o el colector es porque no está publicado en la Gaceta
Oficial o Municipal, si la hubiere, ya que también la inventan: entonces, ¿cuál
es el medio oficial?, ¿las redes digitales?, ¿la realidad misma es la que luce
convincente y se impone a dóciles e indóciles?
El caso está
en que el Estado es el que aplica, autoriza o dice autorizar las tarifas, siendo
demasiado ineficiente para que se haga realidad su cumplimiento, o, en todo
caso, empleándolas para paliar o evadir la situación. Inevitable conclusión: no
sirve siquiera téçnicamente para arbitrar precios.
Además, el
arbitraje es unilateral, displicente, arbitrario, cómodo. Aquello de la democracia
participativa y protagónica se nos antoja un cuento, porque de la negociación
con los sindicatos del transporte no se sabe como un pacífico y confiable
modelo de sobriedad y entendimiento.
Alguien o
alguienes, deben decidir sobre las tarifas porque no es nada fácil esta recurrente
y desagradable situación. Creemos que el mercado bien lo haría pero estamos
todavía muy lejos de las condiciones objetivas y subjetivas necesarias.
Fotografías: LB, Chacao (CCS, 29/04/2022).
09/12/2024:
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