martes, 14 de abril de 2026
martes, 27 de mayo de 2025
sábado, 15 de marzo de 2025
Vista al pasado
SECRETOS DE LA ESPAÑA PROHIBIDA (1939-1975)
Fernando del
Pino Calvo-Sotelo
Toda nación
necesita una identidad común basada en un relato compartido de su historia y en
una celebración de sus éxitos. Sin ellos, la nación se debilita y a la larga se
deshace, algo que no se comprende bien en España —aunque sus enemigos lo
comprendan perfectamente—. Esto no implica negar nuestros fracasos, sino evitar
detenerse en ellos de modo enfermizo. Olvidar el pasado es fatal, pero
quedarnos embobados mirando atrás implica convertirnos en estatua de sal, como
la mujer de Lot.
Es un deber
someter a un examen crítico las creencias dominantes de nuestro tiempo cuando
creamos que son erróneas. En este sentido, y sin perjuicio de la legítima
crítica al personaje histórico del dictador o al régimen que encabezó, creo que
demonizar genéricamente un período histórico tan largo como el franquismo
debilita nuestra identidad nacional, socava nuestra confianza en nosotros
mismos y denigra el esfuerzo de toda una generación de españoles ―de la que
formaron parte nuestros padres y abuelos― que construyó los pilares sobre los
que llevamos apoyándonos medio siglo.
Reconciliándonos
con nuestro pasado
Permítanme
recalcar una obviedad: nuestra historia no se interrumpió en 1939 para
reemerger en 1975. Aunque Sánchez tenga un concepto patrimonialista y feudal
del poder, un país no es propiedad de quien lo gobierna. La España de Franco no
perteneció a Franco, como la España de Sánchez no le pertenece a él, aunque en
su peculiar trastorno crea lo contrario. Por lo tanto, el pueblo español debe
reclamar como propia, con toda naturalidad, toda su historia, incluyendo la
Guerra Civil (1936-1939) y el franquismo (1939-1975).
Respecto de
la primera, sabemos bien el horror que supuso, particularmente respecto a las
matanzas de civiles que se produjeron en la retaguardia de ambos bandos.
Sabemos también que no todas las víctimas recibieron el mismo trato: aunque a
los muertos nadie les devolvió la vida, a las decenas de miles de asesinados
por el Terror Rojo (incluyendo las víctimas del genocidio católico) se les hizo
justicia, mientras que a las decenas de miles de asesinados y ejecutados por el
bando ganador, no, y sus familiares tuvieron que vivir con ese dolor
añadido[1].
Pero lo
cierto es que tras la dura represión de posguerra la sociedad española dejó de
remover el pasado, no por imposición del régimen, sino por pura supervivencia
psicológica: a la generación que vivió la guerra no le gustaba hablar de ella,
aunque hubiera pasado mucho tiempo. Así, las heridas cicatrizaron con inusitada
rapidez, de modo que el pueblo español era ya un pueblo reconciliado y en paz
mucho antes de 1975. En dicha reconciliación, desde luego, tuvieron especial
mérito quienes, por haber pertenecido al bando perdedor de aquella lucha
fratricida, fueron capaces de perdonar sin que se les hiciera justicia. Por lo
tanto, el llamado espíritu de la Transición caracterizado por el centrismo y la
moderación se limitó a reflejar la reconciliación previa de una sociedad
española que se encontraba muy alejada de extremismos o resentimientos.
Entonces,
¿cómo juzgar la dictadura de Franco cincuenta años después de su muerte?
Sánchez ―que, por defecto, miente siempre― la ha definido como unos «años
oscuros». ¿Lo fueron? ¿Fue la población española liberada en 1975 de un triste
y largo secuestro, como ocurrió en 1989 con las poblaciones del Telón de Acero
tras la caída de las dictaduras comunistas? La respuesta rápida es no. En
primer lugar, para que haya secuestro debe haber encierro, y desde el final de
la Segunda Guerra Mundial los españoles siempre pudieron salir libremente de su
país. Las dictaduras comunistas, por el contrario, levantaron muros con
ametralladoras y alambradas de púas para evitar que su población escapara. En
segundo lugar, la ilusión serena con la que la mayoría de los españoles vivió
la Transición coexistió con dos fenómenos que hoy se mantienen en secreto: la
sorprendente popularidad del franquismo y el espectacular crecimiento económico
de España desde 1949 hasta la crisis del petróleo de 1974, sin parangón en
nuestra historia (ni antes ni después).
La
sorprendente popularidad del franquismo
Como escribió
mi admirado Julián Marías, «los que manipulan el mundo cuentan, sobre todo, con
la falta de memoria de los hombres». Hoy resulta difícil comprender el apoyo
popular que en su día tuvo la dictadura franquista, un régimen que carecía de
libertad política y mantenía graves restricciones a la libertad de expresión
(como ocurre hoy con la sutil tiranía de la corrección política). Sin embargo,
tal y como observó el propio Marías (encarcelado unos meses durante el
franquismo, filósofo veraz y notario fidedigno de la Transición), «las mayorías
españolas estaban tan despolitizadas que la ausencia de libertad política les
importaba muy poco», mientras que «la libertad social y personal se había
multiplicado y, siempre que no se tratara del poder público, el español podía
hacer en muy alto grado lo que quisiera»[2]. De hecho, probablemente el grado
de autonomía o libertad personal en la vida cotidiana en el tardofranquismo
fuera superior a la que se tiene ahora, con tantas regulaciones, permisos y
prohibiciones.
Por otro
lado, en contrapeso a la ausencia de muchas libertades públicas los españoles
valoraban la ley y el orden del régimen (la tasa de criminalidad y la población
reclusa eran una tercera y una cuarta parte, respectivamente, de lo que son
ahora), el escaso nivel de corrupción (que no fue siquiera un tema de debate en
las primeras campañas electorales) y el crecimiento económico antes señalado,
que analizaremos con detenimiento más adelante.
Pero quizá
sea mejor dejar que sean los españoles de la época ―los que mejor podían juzgar
el régimen― quienes opinen a través de las encuestas del CIS de aquellos años.
Unos meses antes de la muerte de Franco, el 80% de la población se definía como
«muy feliz» o «bastante feliz»[3] y, cuando murió, un 42% de los españoles
defendía que «no procedía» acometer reformas legales para que España tuviera
una democracia similar a la de los países de su entorno. El 58% era partidario
de hacer la transición[4], pero en general sin excesiva prisa[5].
Los
resultados de estas encuestas fueron corroborados en las dos primeras
elecciones democráticas en las que los españoles libremente eligieron que les
siguiera gobernando el último presidente de la dictadura, Adolfo Suárez, si bien
es cierto que al frente de un partido centrista y reformista, no continuista.
Suárez, antiguo director de RTVE del régimen y secretario general del
Movimiento, había sido seleccionado inicialmente por el rey Juan Carlos,
entonces enormemente popular a pesar de haber sido elegido sucesor por Franco
(o precisamente por ello). Aunque el rey ya había dejado clara su voluntad de
llevar al país a la democracia y convertirse en rey de todos (la Corona sigue
siendo la única institución de nuestro país no contaminada por la política),
los resultados electorales dejaron claro que los españoles buscaban una reforma
suave y desaprobaban el rupturismo.
A la luz de
estos datos resulta difícil no llegar a la conclusión de que la España de
Franco acabó siendo relativamente franquista. En efecto, el dictador gozó de
una «visible popularidad», en palabras del general Vernon Walters (asesor e
intérprete del presidente norteamericano Eisenhower en su visita a España en
1959[6]), lo que llevó al propio Eisenhower a sugerir en sus memorias que, de
haber convocado Franco elecciones, las habría ganado[7]. En este sentido, nunca
necesitó salir a la calle protegido por una legión de pretorianos, como ahora
hace Sánchez cual impopular déspota, y nunca tuvo que huir de la ira popular,
encogido y rodeado de escoltas, como hizo el cobarde aquél en Paiporta.
El hecho es
que Franco murió ya anciano ocupando tranquilamente el poder sin contar con
excesiva oposición fuera del terrorismo y del comunismo. Una inmensa
muchedumbre despidió su féretro, como recuerdo perfectamente, y cuando al día
siguiente a su muerte el CIS preguntó a los españoles qué sentimiento le había
producido la noticia, el 49% contestó que había sentido «algo parecido a la
muerte de un ser querido», mientras el 35% contestaba más sobriamente que le
había parecido «normal, dada su edad»[8]. Curiosamente, el régimen decidió no
publicar la encuesta.
Una
popularidad duradera
Diez años
después, en 1985, en plena democracia y con mayoría absoluta del antiguo y
moderado PSOE —hoy lamentablemente extinto—, el CIS volvió a preguntar a los
españoles qué habían sentido al morir Franco: un 28% recordaba haber sentido
preocupación o miedo y un 21%, tristeza. Sólo un 10% recordaba haber sentido
alegría. Además, un 46% definía ecuánimemente «el régimen de Franco» (el CIS no
lo denominaba «dictadura») como una etapa «que había tenido cosas buenas y
cosas malas», mientras un 18% lo consideraba claramente «un período positivo»
para España. Sólo un minoritario 27% lo calificaba como un período netamente
«negativo»[9].
Quizá esto
explica la prudencia con la que ese mismo año 1985 se manifestaba el propio
Felipe González (que llevaba tres años como presidente del gobierno con una
abrumadora mayoría absoluta) cuando le preguntaron qué juicio le merecía Franco
diez años después de su muerte: «Sigo teniendo una idea excesivamente
simplificada, pues todavía no hay una perspectiva histórica para hacer un
juicio con todas sus consecuencias» ―contestó con ponderación―. Y añadió:
«Franco como personaje es muy difícil de juzgar, salvo el juicio negativo de
que nos tuvo sometidos a una dictadura después de una guerra civil (…). Hay
gente que se ha propuesto hacer desaparecer los rastros de 40 años de historia
de dictadura: a mí eso me parece inútil y estúpido. Algunos han cometido el
error de derribar una estatua de Franco; yo siempre he pensado que si alguien
hubiera creído que era un mérito tirar a Franco del caballo tenía que haberlo
hecho cuando estaba vivo»[10].
Pero quizá el
dato más revelador se obtuvo en 1995 con el PSOE aún el poder, cuando el CIS
volvió a preguntar sobre el tema: veinte años después de su muerte, un 30% de
los que contestaron la encuesta (sin contar NS/NC) afirmaba que Franco había
sido «uno de los mejores gobernantes que había tenido España en el último
siglo»[11].
El
espectacular éxito económico de España (1949-1974)
Sin duda lo
que mejor explica la popularidad del régimen es el espectacular éxito económico
que logró España desde 1949 hasta 1974. En efecto, esos 25 años constituyeron
la etapa de mayor crecimiento económico de nuestra historia, récord que sigue
vigente medio siglo después. El dato es poco conocido por ser políticamente
incorrecto, pues pone al descubierto que la consigna con la que se autodefine
el régimen constitucional del 78 («la etapa de mayor paz y prosperidad de
nuestra historia») es falsa.
Así, de 1949
a 1974 el PIB per cápita en España creció (en términos constantes) a un ritmo
del 6% anual, lo que significó salir de la pobreza y crear, por primera vez en
nuestra historia, una contenta clase media. En una sola generación la renta de
los españoles se multiplicó por cuatro (después de inflación), de modo que los
hijos vivían muchísimo mejor de lo que habían vivido sus padres, lo contrario
de lo que ocurre ahora. Este extraordinario crecimiento se produjo con una
presión fiscal que era la mitad de la que sufrimos hoy y con un Estado que
tenía la cuarta parte de funcionarios que tiene hoy. El desempleo era inferior
al 4%, frente al 10% de hoy (y el 16% de desempleo medio desde 1978), la
vivienda era accesible, y una familia podía sacar adelante a cuatro hijos con
un solo sueldo mientras hoy dos sueldos apenas pueden sacar adelante a dos
hijos.
Por lo tanto,
el éxito económico de España en ese período resulta irrefutable, pero sería un
error considerarlo un logro exclusivo de un régimen políticamente excluyente:
fue un éxito colectivo de España del que todos deberíamos sentirnos orgullosos,
independientemente de quien gobernara en aquel entonces o del sistema político imperante.
En efecto,
aunque el crecimiento económico de España desde 1949 a 1974 tuvo que ver con
determinadas políticas gubernamentales (especialmente con el Plan de
Estabilización de 1959), fue ante todo logrado gracias al tesón y sacrificio de
toda una generación de españoles, sin distinción de ideología o región de
origen, que exhibieron esa constelación de virtudes que hacen posible el
progreso: trabajo duro, honradez, seriedad, austeridad, cumplimiento de la
palabra dada, espíritu de servicio y amor al trabajo bien hecho. A esa
generación de españoles a la que pertenecieron mis padres, que madrugaban para
dejar una España mejor para sus (muchos) hijos, quiero rendir tributo con este
artículo.
Las comparaciones son odiosas
A efectos
comparativos, resulta interesante dividir los últimos 75 años de historia
económica de España en tres períodos consecutivos de 25 años cada uno: de 1949
a 1974 (durante el franquismo), de 1974 a 1999 (la España de la peseta) y de
1999 a 2024 (la España del euro). ¿Cómo se comparan entre ellos?
Utilizando
datos del Banco Mundial (ajustados a la población), el crecimiento real del PIB
per cápita en el período 1949-1974 fue del 6% anualizado; en el período
1974-1999 se redujo a un 2% anual; y en el período 1999-2024 fue de sólo el
0,9% anual[12]. Es decir, que el PIB per cápita creció durante esa etapa del
franquismo el triple que en las primeras décadas de la democracia (con la
peseta) y el séxtuple de lo que ha crecido en los últimos 25 años (con el
euro). Dicho de otro modo, con la democracia nuestra economía ha crecido menos
que con el franquismo y con el euro menos que con la peseta. Por otro lado, en
1974 la deuda pública era de sólo el 6% del PIB; en 1999 ya había subido al
61%; hoy es del 105% del PIB. Por lo tanto, un menor crecimiento ha sido
acompañado de un aumento muy considerable de la deuda pública[13].
1974-2024:
cincuenta años económicamente desperdiciados
Sin embargo,
el crecimiento económico de un país tiene un poder descriptivo limitado: aunque
un país crezca mucho, si los demás países crecen al mismo ritmo, ¿dónde está su
mérito? De ahí la importancia de la comparativa internacional reflejada en el
concepto de «convergencia», esto es, en la evolución a lo largo del tiempo de
la renta per cápita de un país en términos relativos a un grupo comparable de
países. En otras palabras, la convergencia compara el ritmo de crecimiento de
renta per cápita de un país con los de su entorno.
En el caso de
España, la convergencia se ha medido tradicionalmente con Europa. Sin embargo,
esta costumbre presenta tres importantes limitaciones: primero, adolece de una
visión eurocéntrica del mundo, hoy obsoleta; segundo, la ratio suele estar
desvirtuada por la progresiva ampliación de la UE; y tercero, Europa es una
comparación fácil, pues ha crecido relativamente poco respecto del resto del
mundo como resultado no de una inexorable maldición bíblica, sino de la
imposición de ideologías trasnochadas (impuestos elevadísimos, burocracia
monstruosa y regulaciones disparatadas).
Por ello,
resulta preferible comparar la renta per cápita española con una muestra más
amplia del planeta, como es la media de la OCDE. Pues bien, como puede verse en
el siguiente gráfico, el PIB per cápita español relativo a la OCDE alcanzó un
pico hacia 1974 que en los siguiente 50 años sólo fue igualado por el espejismo
creado por la burbuja inmobiliaria del 2007. Hoy sigue siendo inferior al que
era al final del franquismo, por lo que, en términos de convergencia, hemos
desperdiciado los últimos 50 años[14]:
La
comparación con Europa no modifica esta conclusión ―que hoy estamos igual o
ligeramente por debajo de donde estábamos en 1974―, aunque dependiendo del modo
de cálculo la curva puede ser similar[15] o diferir en algunos puntos[16].
Debo añadir
que esta muestra de mediocridad económica, que refuta una vez más el autobombo
del régimen constitucional del 78, me sigue asombrando hoy igual que me asombró
cuando me lo descubrió hace muchos años el que fuera uno de los mejores
economistas españoles del s. XX, el profesor Velarde.
Conclusión
Ha pasado
casi un siglo desde el comienzo del franquismo, pero se sigue ocultando la
realidad sobre aquel período y demonizándolo como signo de virtud política. Un
siglo rasgándose las vestiduras, ¿no es suficiente?
Debemos
comprender que esta actitud, a la que ha contribuido toda nuestra clase
político-periodística, daña a España. Unos lo han hecho por complejo o por
ignorancia; otros, por sectarismo o por interés; y unos pocos, por incurable
patología. Falta rigor y sobra frivolidad; faltan datos y sobran opiniones;
falta ecuanimidad y sobra fanatismo; falta amor a la verdad y sobra el Himalaya
de falsedades que denunció el socialista Besteiro. ¿Hasta cuándo seguiremos
así?
[1] El estudio más serio es Pérdidas de la Guerra, de
Salas Larrazábal, que estima en 72.500 los asesinados por el bando republicano
y en unos 50.000 los asesinados por el bando nacional, incluyendo los 15.000
ejecutados en la represión de posguerra (según el estudio definitivo de Miguel
Platón: La Represión de la Posguerra, Actas 2023).
[2] Julián Marías. La España Real. Espasa-Calpe 1976 p.
56-57.
[3] Encuesta CIS
enero 1976
[4] Encuesta CIS
enero 1976
[5] Encuesta CIS noviembre 1985. VII Aniversario de la
Constitución
[6] Vernon Walters. Misiones Discretas. Planeta, 1978 p.
322.
[7] Dwight Eisenhower. Waging Peace: The White House Years. Heinemann,
London, 1965 p. 510
[8] Exposición-CIS 60 Aniversario 1963-2023
[9] Encuesta CIS noviembre 1985.VII Aniversario de la
Constitución
[10] «He perdido la libertad para que los demás la
tengan», afirma Felipe González | España | EL PAÍS
[11] Visor fichero – CIS
[12] PIB (US$ a precios constantes de 2015) – Spain |
Data
[13] Ibid.
[14] Renta per cápita y productividad en la OCDE de 1960
a 2022
[15] PEE Núm 111
[16] Informe Anual 2022
05/02/25:
https://www.fpcs.es/secretos-de-la-espana-prohibida-1939-1975/
Ilustración: https://www.wikiart.org/en/francisco-franco/self-portrait
sábado, 10 de agosto de 2024
miércoles, 12 de junio de 2024
Una ligera advertencia
DEL NOVEL HÉROE DEPORTIVO
Luis Barragán
Muy recientemente, ha ganado el Roland Garros
dándole un inmenso motivo de satisfacción a los paisanos que vienen de celebrar
el campeonato de la liga con el Real Madrid. El joven Carlos Alcaraz, una
curiosidad para este lado del mundo, recuerda a nuestras viejas glorias
deportivas en el celebrado camino de ascenso.
El triunfo llega de nuevo a los ibéricos que
atraviesan una grave crisis existencial detonada por Pedro Sánchez que muy bien
distrajo a todo el país con el escandaloso beso de Luis Rubiales a la
futbolista Henni Hermoso, encontrando cualesquiera otros motivos consecutivos
para la atrevidísima supervivencia en el poder.
Expresión misma de la sociedad civil que le sobrevive al Estado, el
triunfo del tenista reivindica así una autonomía que a la vuelta de cualquier
esquina la industria puede perder, como ocurrió en la Venezuela de este siglo.
El deporte profesional luce extraordinariamente
vigoroso en la península, por ahora, imposible de arruinar, pero – atención - puede
ocurrir. Salvadas las proporciones respecto a España, Venezuela ostentó sendas
ligas profesionales y amateurs de una gran rentabilidad y atención, desde los
ochenta experimentó un auge el basquetbol y volvió el interés masivo por el
fútbol, declinó mucho el boxeo y las artes marciales suscitaron mucho interés,
el golf ya era noticia frecuente en la prensa especializada en el deporte que,
por cierto, caló holgadamente en el mercado de los medios. Sin embargo, excepto
los artificios de un Estado que construyó un estadio de béisbol de
impresionantes dimensiones en La Rinconada, en medio de la crisis humanitaria compleja, el deporte como oficio y profesión perdió
independencia.
Desde hace bastante tiempo, Alcaraz es un héroe
de multitudes, como aún lo es Rafael Nadal que comenzará a trillar el retiro.
Y, es necesario subrayarlo, de uno y otro saben los españoles desde muy
temprano, porque - ocurría con naturalidad en el campo político - la trayectoria nunca fue una exigencia
caprichosa: el mundo siempre fue testigo de sus esfuerzos, entrenamientos, disciplina,
etc., tejidos de éxitos y de fracasos.
A los héroes deportivos, verdaderamente tales,
no se les prefabrica, como hizo Chávez Frías con un corredor de fórmula al que
agració con el aval de PDVSA y del que nadie ahora sabe nada. Cierto, sabremos de Alcaraz por muchos años:
nada casual fue aquél triunfo frente Novak Djokovic en Winbledon, el año
pasado.
Fotografía: LaPressé: "Carlos Alcaraz ejecuta una dejada". Marca, Madrid, 08/06/2024.
12/06/2024:
https://guayoyoenletras.net/2024/06/12/del-novel-heroe-deportivo/
domingo, 9 de junio de 2024
Política y farándula
SOBRIEDAD Y PODER
Luis Barragán
Convengamos,
el poder formal entraña un ejercicio … formal del poder. Luce incomprensible
que no haya un mínimo de circunspección de aquellos que acceden a la
titularidad de una jefatura de Estado o de gobierno, u ambas simultáneamente.
Suele ocurrir,
el candidato presidencial es capaz de incurrir en cualquier dislate, estridente
y espontáneo, atractivo para precisos segmentos del electorado. Empero, el
problema está en el deliberado y gastado propósito de convertir la falsa
irreverencia y, con ella, la burla, el desprecio, el irrespeto, la
intolerancia, etc., al desempeñar altas y decisivas responsabilidades públicas
trastocadas en una constante que irremediablemente conduce y contribuye a la
mentalidad lumpemproletaria.
El poder como
espectáculo no sólo encamina a la farándula como hecho político, sino
constituye una artimaña, un ardid y acto macabro de irresponsabilidad que muy
bien ilustran las conductas personalmente asumidas por Milei y Sánchez, objeto
de una polémica a la postre inútil. En el caso español, el juego llega al
extremo del inconsulto reconocimiento del Estado Palestino que se ofrece como
una delicadísima maniobra de distracción para los problemas domésticos del
ocupante de La Moncloa.
Además, el
ejercicio del poder fuerza a tener consciencia del … poder mismo y de su
inmensa e irresistible pedagogía, aunque solemos equivocarnos. Al respecto,
recordamos una conversación que sostuvimos el presidente Herrera Campíns y el
suscrito, en su casa, a mediados de 1999, asegurando, palabras más, palabras
menos: “… No tardará Chávez en meter los pies debajo del escritorio”, cosa que
insólitamente jamás hizo para resolver los problemas fundamentales de la
nación.
Quiérase o no,
la sobriedad es consustancial al poder.
Tiende a ocurrir lo contrario en el campo público y en el privado, pues,
partamos de un hecho: sobran los que se sienten la tapa del frasco.
Fotografía: LB.
09/06/2024:
https://www.lapatilla.com/2024/06/08/luis-barragan-sobriedad-y-poder/
jueves, 21 de diciembre de 2023
Entre yihadistas y neonazis
EL GOBIERNO QUE NO ES GOBIERNO
Luis Barragán
Harto
consabidas las actuales circunstancias españolas, Pedro Sánchez espera la
tercera oportunidad para la investidura. Tozudo, inventando hasta lo imposible,
pretende una renovación de su mandato en alianza con las minorías que no
abrevan en la España que realmente la Constitución ha confederado desde 1978;
y, en el peor de los casos, calcula una nueva consulta electoral prolongando
así un gobierno que no es tal.
Ocupándose
sólo de las materias que son tan directamente de Estado, como la política
exterior, ha empleado buena parte de su tiempo en armar una fórmula que pone en
riesgo al propio Estado. Y no se diga
que, en última instancia, se trata de fuerzas e idearios progresistas,
profundizando en nacionalismos y cualesquiera otras afiladísimas diferencias
que golpean la mínima cohesión, sentido e identidad que toda sociedad requiere,
desde el ámbito sexual hasta el político en un tránsito radical de emociones.
Ocupación
curiosa, pues, acierta Belén Bajo al quejarse del gobierno que no prescinde de
los ministros que ha desautorizado por sus opiniones sobre la reacción de
Israel ante el ataque de Hamás, revelando un extraordinario rompecabezas que la
columnista bien caracteriza: “Es un Ejecutivo coaligado con una coalición de
partidos que a su vez están aliados a plataformas varias y a su vez confederados
entre sí regionalmente” (La Razón, Madrid, 19/10/23). Y, esto, a propósito del caso más notorio, el
de Ione Belarra, ministro (SIC) de Derechos Sociales y, al mismo tiempo,
significativamente, secretaria general de Podemos, que ha provocado
recientemente un impasse con la embajadora israelí en Madrid, Rodica
Radian-Gordon.
Más raro aún,
el caso es que la justificación que da el líder del gobierno es que la
declaración de Belarra ejemplifica el ejercicio de la libertad de expresión en
la península. Vale decir, incluso, con independencia del debate interno del
Consejo de Ministro, o del dispositivo equivalente, cada alto funcionario puede
expresarse como deseé, inyectándole una tremenda confusión del país que,
faltando poco, tiene el deber de estar consciente de la detallada provisionalidad
misma del gobierno que afecta al Estado.
Realizadas las
elecciones, ya de nulo valor y políticamente ajusticiado por Yolanda Díaz y
Sumar, inercial y resignadamente, Podemos sigue en el gobierno con las manos
impecablemente limpias de un Sánchez que mira distraído a otro lado: acaso,
bajo las expectativas de una nueva convocatoria comicial que lo saque del foso
de una hondura impresionante. Pareció fresco y renovador, surgido desde el
mundo académico, inmediatamente manchado por el llamado chavismo, caducando
prontamente como Ciudadano´s, imposible ya de sostener aquellos tiempos de la
indignación manifiesta en una generalizada y espontánea protesta que hace un
buen rato pasó.
El Congreso de
los Diputados, está prácticamente paralizado. El 21 de los corrientes, la
prensa española reportó el desmantelamiento por las fuerzas de seguridad de una
red yihadista orientada a la recuperación de Al Ándalus y de una organización
neonazista filial de Combat 18.
Parece que
todos juegan con fuego por Iberia, sentados sobre barriles de pólvora. Y,
ojalá, ninguno estalle.
Reproducción: Ione Belarra, tomada de La Razón, Madrid, 19/10/23. L
24/10/23:
https://guayoyoenletras.net/2023/10/24/el-gobierno-que-no-es-gobierno/
domingo, 26 de noviembre de 2023
domingo, 19 de noviembre de 2023
La izquierda desuniversalizadora
GRAMSCI EN EL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS
Luis Barragán
Naturalmente,
numerosas personas siguieron por las redes el debate de la investidura: por
lejano que pudiera parecer, importa el
destino de los ibéricos tan afectados por una izquierda estrafalaria que los
coloca en una – antes – impensable situación de riesgo y peligro. La que
conquista y retiene por siempre el poder a cualquier precio, reinventando
constantemente las más disímiles banderas.
Entre
nosotros, hubo también un sentimiento de sana envidia por aquellas libertades
que todavía no ha perdido el reino,
valiendo el acento irónico para los republicanos que ha emboscado el reelegido.
Acá, luce inevitable la reminiscencia en torno a un pasado de talentosos
oradores, frecuentemente, hábiles e ingeniosos, que le dieron lustre al
Congreso de la República que, no por casualidad, al desaparecer, marcó la pauta
para que tuviera igual suerte la opinión pública organizada y que tan
hazañosamente aún se resiste. Y siquitrillados por el más demócrata de los
golpistas (contradictio in terminis,
espeluznantemente legitimada por el barinés que hizo trizas la alternabilidad
del poder), es obvia toda angustia por
los pasos que seguirá España.
Jamás
conmovido el rostro blindado de Pedro Sánchez, ejecutó milimétricamente una
calculada y eficaz pieza oratoria que no reparó en el gusto por las frutas de
Díaz Ayuso, o en el gesto de Irene Montero, cuando le recordaron esta última
sentada en la bancada oficialista tras la despedida de Podemos de los principales
escenarios. Desde la tribuna, aquél soltó un par de carcajadas de burla y honda
satisfacción en medio de la victoriosa refriega, como pocas veces o quizá nunca
hemos visto, consciente de que estuvo en el deber de perder por completo las
elecciones en razón de las objetivas condiciones que la apuntaban: una
desastrosa gestión apaciguada por la
retórica y la más absoluta arbitrariedad, sin reparar en los daños
institucionales ocasionados. Empero, no
olvidemos el dato esencial: las excentricidades de una postura.
En efecto, los
compromisos asumidos con Carles Puigdemont y su gente, e, igualmente, con los separatistas vascos
que un novelista como Fernando Aramburu ha retratado tan magistralmente, rompen
con la noción clásica, tradicional o bien macerada de progreso y progresismo. Y
es que el Estado Nacional, la identidad y la integración nacional, y el
gentilicio europeo fueron expresiones de progreso, progresividad y progresismo
ante la fragmentariedad, el desperdigamiento y la dilución: la congregación
nacional de los italianos y los alemanes, constituyó un avance importante.
Coincidiendo
las circunstancias españolas con la relectura de un autor que nos permite
escudriñar al marxismo, desde el marxismo mismo, como Antonio Gramsci “El ´Risorgimento´” (Granica Editor, Buenos
Aires, 1974), constatamos las transformaciones de una izquierda cada vez menos
europeísta y más latinoamericana que ha perdido la brújula al desprenderse del
propio Marx, en nombre de un radical pragmatismo, suma de las más inverosímiles
estratagemas, devota del erario público.
Hoy, contrariado, el sardo celebró la unificación de la Italia dividida,
entendiendo el resurgimiento como un proceso de formación de las “condiciones y
de las relaciones internacionales” que le permitieron constituirse en nación y
a las “fuerzas internacionales desarrollarse y expandirse” (66).
Hubo necesidad
y consciencia de la unidad europea, dándole Gramsci un valor arqueológico a
términos como “nacionalismo” y “municipalismo” (70), en tiempos de un gran
conglomerado de pequeños y medianos
Estados en la península itálica,
tanto o más inviables que en otras latitudes. Salvando las distancias,
América contó con el idioma como una extraordinaria herramienta de integración,
limitados los localismos que no hubiesen permitido antener su propia
independencia política.
En los tiempos
que corren, a la España prácticamente confederada de hoy, puede seguirle la
larga y amarga experiencia de un inacabable fraccionamiento, incluso, en el
seno de las comunidades separatistas que no más tarde no podrían evitar el
desprendimiento de provincias y comarcas. Una definitiva desintegración que
puede darle alcance al resto del continente, tiene su origen en una izquierda
extravagante capaz de descubrir o fabricar nacionalidades, donde no las hay,
como lo osaron sus pares en el Chile de la afortunadamente fracasada
constituyente de 2022.
Aventajados
por una excesiva manipulación del lenguaje, luce inherente a los excéntricos
progresistas de la hora, un conflicto propicio a la balcanización que se nos
antoja en correspondencia a los intereses económicos y geopolíticos del
obscurantismo anti-occidental. Y el separatismo cultivado, culmen de todos los
esfuerzos antiguamente orientados a derrotar a la burguesía, a la larga no
exhibe diferencias con los otros separatismos: por ejemplo, la prensa española
informó en un mismo día, el desmantelamiento de organizaciones neonazis y
yihadistas con pretensiones secesionistas (https://apuntaje.blogspot.com/2023/11/hechos-simultaneos.html).
A Gramsci también lo borraron de las actas de la sesión de investidura, y quizá sea investigado por quienes piden hacer lo propio con los jueces que apuntaron hacia Puigdemont y compañía. El progreso es otra cosa, añadido el cinismo de un triunfo por suplicada y expresa decisión de quienes contra la existencia misma de España.
Fotografía: LB.
19/11/2023:
https://www.lapatilla.com/2023/11/19/luis-barragan-gramsci-en-el-congreso-de-los-diputados/
sábado, 18 de noviembre de 2023
miércoles, 15 de noviembre de 2023
Pasitrote
TEMERIDAD IBÉRICA
Luis Barragán
Puede
aseverarse, tras una pavorosa guerra civil, la España de 1939 eligió
definitivamente una entre dos dictaduras. En un caso, la que concluyó con la
muerte de Franco, y, muy seguramente, presumido
el triunfo, la que todavía sobreviviría en modo estaliniano.
La exitosa
transición democrática de finales de los setenta, abrió las puertas del siglo
XX a la península ibérica, asomándose holgada a los ventanales del XXI. Creemos que las nuevas generaciones no valoran
apropiadamente que el país elevara tan extraordinariamente su calidad de vida
en libertad, contrastando con las remotas décadas de penurias, represión y de
una forzada y masiva emigración por razones sociales y económicas, además de
las políticas.
En los últimos
tiempos, reabriendo innecesariamente las viejas heridas, el pasado histórico y
el que jamás ha sido ni lo será, ha sido
instrumento de poder. Propiciando una conflictividad varias veces innecesaria,
le ha permitido a Pedro Sánchez maniobrar exitosamente en el poder, demostrando
que tan radicalmente pragmático es.
Ha debido
perder escandalosamente las elecciones con Alberto Núñez Feijóo, gracias a una
atípicamente desastrosa gestión en la que, sin miramientos, conservadas sus
carteras, acabó con el partido Podemos del que muy bien se sirvió. Empero, asombrosamente, el PSOE ha no sólo ha
sobrevivido a sus propios fracasos, sino que tiene ya los votos para renovarse
en el poder paralizando al gobierno que no ha tenido parlamento al que rendirle
cuenta, al mismo tiempo que pactando con el separatismo vasco y, excedido en
los acuerdos, con el catalán.
No sabemos
cuál de ellos es el más temerario, jugándose a Rosalinda: Carles Puigdemont que
ha llegado demasiado lejos, o el Sánchez de una absoluta falta de escrúpulos y
una férrea voluntad de poder. Además, el asunto pone a prueba al rey Felipe de
una larga preparación y riguroso entrenamiento, pues, hay preocupación respecto
a la tentación de una constituyente que formalmente republicanice a los
ibéricos que pueden dar ejemplo a Italia, por ejemplo, haciendo de Europa cada
vez un archipiélago infinito de identidades, Estados y nacionalidades.
Fotografía: La Vanguardia, Madrid, 07/11/2023.
15/11/2023:
martes, 7 de noviembre de 2023
¿Cuánto nos queda de Estado?
ÍNDICE DE ESTATALIDAD
Luis Barragán
Luce demasiado
evidente la debilidad del Estado venezolano aún para las más modestas tareas
que jura monopolizar, desprestigiándose irremediablemente. Ladra con afanosa persistencia, perdiendo
cada vez más decibeles, colmado por una paradoja que alecciona: la
superestatización conduce a la desestatización, sobreviviéndole la población
como mejor puede en un territorio en el cual es difícil preservar el hogar y
transitar libremente, bajo el asedio y desprecio del poder establecido.
Recordemos,
las consecutivas crisis políticas italianas demostraron cuan consistente era el
Estado que sobrevivía a las más inverosímiles circunstancias. Hubo una mayor fortaleza de las instituciones
capaces de soportar los sismos de un parlamentarismo que, en este lado del mundo,
siempre nos desconcertaba, con una burocracia estable y eficiente al igual que
unas fuerzas armadas prudentes y sagaces en un exigente y delicado contexto
internacional.
Hoy, España
está corriendo un inmenso riesgo bajo la conducción de Pedro Sánchez, si por
tal entendemos una obsesión trastocada en oficio: mantenerse en la cima a
cualquier precio, bajando dramáticamente el índice de estatalidad. En la
práctica, cerrado el Congreso de los Diputados, obligado a cumplir formalmente
con los deberes que impone la política exterior, el pretendido esfuerzo y
ensamblaje de un nuevo gobierno al que se atreverá el PSOE, bajo las extorsiones
del separatismo, encuentra un amortiguador en una corona responsable y ojalá
acertadamente diligente, como podría
reconocer algún convencido republicano.
La confusión
con el principal partido de gobierno, convierte al Estado en un prescindible
complejo de oficinas subalternas. E, incluso, dato frecuentemente olvidado, el
Partido Comunista auspició la existencia ornamental de otros de prefabricada y
diminuta oposición en la Unión Soviética, todo un modelo para el PSUV y sus
entidades subsidiarias que completan el pésimo histrionismo de un fingido
pluralismo político.
Prosigue el
curso del juicio incoado en La Haya por la vecina Guyana, pendiente un acto incidental a mediados del presente mes
respecto a las medidas provisionales solicitadas por Georgetown, sin que aún
sepamos de las nuestras. No hay mejor e inmediato baremo de estatalidad,
sentido responsable de permanencia y trascendencia inherente, que el litigio en
cuestión.
Ya conocemos
la pretensión de una intensa movilización populista del oficialismo que
reincide, por su propia naturaleza y encaje, en sendas prácticas,
racionalidades y técnicas que hacen la gubernamentalización
del Estado, según la nomenclatura foucaultiana. Un discurso y una
discursividad que actualiza cada período electoral, resignados luego a una
tecnología que es más de la burda propaganda que de la publicidad política.
Intimidación y
hábito resignado, la enfermiza lírica socialista de los muros dice aliviar el
inmediato contraste con una realidad imposible de ocultar. El erario público
destila en pintura y mensajes antiquísimos importados del artificio guevarista
del Caribe, como lo constatamos pocos días atrás en las adyacencias de El
Helicoide: en verdad, ¿cuánto nos queda de Estado?
Fotografía: LB, Caracas (27/10/2023).
07/11/2023:
domingo, 10 de septiembre de 2023
domingo, 4 de junio de 2023
El centro pendiente
NEUTRALIZAR LA TENTACIÓN ULTRAÍSTA
Luis Barragán
Realizadas las
elecciones autonómicas y municipales, los resultados obligaron a la
convocatoria de los comicios generales.
Adelantadas éstas, el PSOE aspira a aminorar la espectacular y merecida
derrota sufrida.
Lejos de
pretender un análisis exhaustivo de lo acontecido, únicamente deseamos apuntar
a tres facetas que creemos importantes. La una, la propia posibilidad de
realizar la consulta popular como no se ha hecho en estos veinte muy
venezolanos años de desdichas y amarguras: un derecho humano tan elemental,
como es el de participar de la decisión en torno al destino compartido, ya es
algo extrañado en este lado del mundo.
Lo otro, la es
integración española que ojalá el PP logre revertir en atención a los acuerdos
de Pedro Sánchez con el terrorismo vasco, el curso que ha tomado el asunto de
Cataluña y también aquellas iniciativas legales evidentemente improvisadas que
condujeron a la liberación de los agresores sexuales, o la reducción de sus
condenas. Magistrales errores necesarios
de enmendar, no todo se le puede atribuir a un patológico antisanchismo.
Luego, la
desaparición de Podemos del mapa electoral nos impone de una izquierda
estrafalaria de nobles orígenes en el medio académico, cuyos conductores
surgieron de los movimientos de la indignación que poblaron la península. En
realidad, una izquierda que recibió recursos de Venezuela y,
precursoramente, corroboró la existencia
de un chavismo de exportación.
Finalmente,
agreguemos una cuarta consideración: la importancia de construir un poderoso centro
político convencido, comprometido y eficaz capaz de neutralizar toda tentación
ultraísta. Acaso, significará reaprender
las lecciones que la consabida transición arrojó.
Fotografía: “Pedro Sánchez espera, ayer en La Moncloa ante un retrato de Mariano Rajoy, la llegada del administrador de la NASA, Bill Nelson. JAVIER BARBANCHO”. El Mundo, Madrid, 31/05/2023.
04/06/2023:
https://guayoyoenletras.net/2023/06/04/neutralizar-la-tentacion-ultraista/
jueves, 1 de junio de 2023
Iberoamérica
LA IZQUIERDA ESTRAFALARIA DE NICARAGUA TENDRÁ EL MISMO DESTINO QUE EL CHAVISMO ESPAÑOL, AHORA DERROTADO
La Cátedra
Libre Edgard Sanabria ya ha celebrado dos sesiones presenciales, una, a las
puertas de la Universidad Simón Bolívar, con ponencia del ex – rector de la Universidad
Central de Venezuela, Dr. Giuseppe Giannetto, y, la otra, con el Dr. Joel García, reconocido defensor
de los derechos humanos.
Muy
recientemente, al conocerse los resultados electorales de España, la cátedra celebró una conexión virtual con
más de cincuenta venezolanos que se encuentran en la península ibérica,
deseosos de interpretar adecuadamente los hechos.
Prosiguió: “El
no menos rotundo fracaso de la izquierda en las elecciones para la
constituyente chilena, revela la creciente consciencia de nuestros pueblos en
torno a la defensa de la libertad y de la democracia que nos inspira también a
los venezolanos”.
Después de un
intenso intercambio de impresiones con una audiencia entusiasta y deseosa de
volver a Venezuela, clausurando la jornada virtual, Luis Barragán, diputado de
la Asamblea Nacional de 2015, indicó: “Hay regímenes de los que cuesta salir,
aunque la condición de superpotencia no impidió el derrumbe de la Unión
Soviética, una lección que debemos recordar día a día”.
“Celebrando –
continuó - el triunfo de los españoles en defensa de la libertad y de la
democracia, no debemos olvidar otras
como la de los venezolanos y ls cubanos que es tan obvia, al igual que la de
los nicaragüenses bajo la oprobiosa dictadura de Daniel Ortega que no sólo
detiene sistemáticamente a sacerdotes católicos, sino les congela las cuentas
bancarias a todas las parroquias, imposibilitando el pago de los maestros de
los colegios que la Iglesia mantiene en pie: un régimen que no respeta, ni
respetará las libertades religiosas, pretendiendo pulverizar a los católicos,
pero el destino puede darle alcance a esa
izquierda estrafalaria, como ocurre en España”.
30/05/2023:
martes, 18 de abril de 2023
viernes, 24 de marzo de 2023
sábado, 14 de enero de 2023
Uno mata a mentiras y , el otro, muere entre verdades
RATZINGER, ESE NAZI
Antonio R. Naranjo
El año ha comenzado con demasiada gente creyendo que Sánchez es empático y Ratzinger un nazi, cuando uno mata a mentiras y el otro se muere entre verdades.
Algo extraño opera en el ser humano moderno para que se asienten con tanta solidez prejuicios y falsedades tan sencillas de desmontar. Las del presidente del Gobierno son tan visibles como una elefanta preñada en una tienda de mascotas, y se resumen en una: ha despedido 2022 contando que, gracias a él, algunas familias recibirán 16 euros al mes para comer, menos de lo que cuesta alimentar a El Chicle en la cárcel tres días; aunque la noticia importante es que la gasolina cuesta un 20 % más.
También se despidió Penélope Glamour, conocida en los ambientes por Yolanda Díaz, vanagloriándose de los históricos datos de desempleo. Aunque cuando le preguntaron cuántos fijos discontinuos hay ya en España, excluidos de su estadística y ampliados hasta el infinito por la imposición de hacer indefinido hasta al sastre de Tarzán pero en paro real, dijo desconocer el dato.
La ministra habla del desempleo como Pedroche de las campanadas, con un modelito para dar de qué hablar y que nadie se dé cuenta de que muchos se han atragantado con las uvas: el colmo de la crueldad política es decirle a alguien que no cobra, ni del SEPE ni de una empresa, que es un trabajador activo aunque se muera de hambre y sobreviva malamente entre embargos e impagados.
Frente al deplorable cinismo de nuestros amantes de Teruel, parva ella y parvo él, irrumpe una luz en la tiniebla con la muerte de Benedicto XVI, una especie de matemático de la Fe que buscaba las respuestas a las grandes preguntas y se atrevía a exponerlas con respeto, en largas encíclicas que solo un necio puede despreciar desde un anticlericalismo analfabeto.
El mismo que ha pretendido resumir su vida recordando que, de niño, se afilió a las Juventudes Hitlerianas, cuando era obligatorio bajo amenaza de represalias familiares. O que estaba a punto de ser juzgado, por encubrir abusos sexuales y a su propio hermano, dos mentiras refutables con una simple consulta a los hechos reales, alejados de una falacia repetida por algunos de los más tontos «influencers» del momento.
«Occidente, desde hace mucho, está amenazado por esta aversión a los interrogantes fundamentales de su razón, y así solo puede sufrir una gran pérdida. La valentía para abrirse a la amplitud de la razón, y no la negación de su grandeza, es el programa con el que una teología comprometida en la reflexión sobre la fe bíblica entra en el debate de nuestro tiempo. «No actuar según la razón, no actuar con el logos es contrario a la naturaleza de Dios», dijo Manuel II partiendo de su imagen cristiana de Dios, respondiendo a su interlocutor persa».
Son apenas unas líneas del recordado discurso del Papa fallecido en la Universidad de Ratisbona, hace tres lustros largos, y suponen la mayor apuesta por tender puentes entre disciplinas aparentemente opuestas pero en realidad complementarias.
En un momento donde se levantan muros artificiales y se excavan trincheras innecesarias entre ciudadanos que, de no ser por ese mensaje político frentista, se sentirían hermanos; leer a Ratzinger es un ejercicio de tolerancia, en la misma medida que escuchar a Sánchez o a Díaz otro de intransigencia trufada de mentiras obscenas.
Pero el nazi y el pederasta era el otro.
Fotografía: https://www.catholicweekly.com.au/joseph-ratzinger-a-man-of-the-church/
02/01/2023:
https://www.eldebate.com/opinion/20230102/ratzinger-ese-nazi_83429.html
03/01/2023:
miércoles, 21 de diciembre de 2022
miércoles, 14 de diciembre de 2022
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