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sábado, 15 de marzo de 2025

Vista al pasado

SECRETOS DE LA ESPAÑA PROHIBIDA (1939-1975)

Fernando del Pino Calvo-Sotelo

Toda nación necesita una identidad común basada en un relato compartido de su historia y en una celebración de sus éxitos. Sin ellos, la nación se debilita y a la larga se deshace, algo que no se comprende bien en España —aunque sus enemigos lo comprendan perfectamente—. Esto no implica negar nuestros fracasos, sino evitar detenerse en ellos de modo enfermizo. Olvidar el pasado es fatal, pero quedarnos embobados mirando atrás implica convertirnos en estatua de sal, como la mujer de Lot.

Es un deber someter a un examen crítico las creencias dominantes de nuestro tiempo cuando creamos que son erróneas. En este sentido, y sin perjuicio de la legítima crítica al personaje histórico del dictador o al régimen que encabezó, creo que demonizar genéricamente un período histórico tan largo como el franquismo debilita nuestra identidad nacional, socava nuestra confianza en nosotros mismos y denigra el esfuerzo de toda una generación de españoles ―de la que formaron parte nuestros padres y abuelos― que construyó los pilares sobre los que llevamos apoyándonos medio siglo.

Reconciliándonos con nuestro pasado

Permítanme recalcar una obviedad: nuestra historia no se interrumpió en 1939 para reemerger en 1975. Aunque Sánchez tenga un concepto patrimonialista y feudal del poder, un país no es propiedad de quien lo gobierna. La España de Franco no perteneció a Franco, como la España de Sánchez no le pertenece a él, aunque en su peculiar trastorno crea lo contrario. Por lo tanto, el pueblo español debe reclamar como propia, con toda naturalidad, toda su historia, incluyendo la Guerra Civil (1936-1939) y el franquismo (1939-1975).

Respecto de la primera, sabemos bien el horror que supuso, particularmente respecto a las matanzas de civiles que se produjeron en la retaguardia de ambos bandos. Sabemos también que no todas las víctimas recibieron el mismo trato: aunque a los muertos nadie les devolvió la vida, a las decenas de miles de asesinados por el Terror Rojo (incluyendo las víctimas del genocidio católico) se les hizo justicia, mientras que a las decenas de miles de asesinados y ejecutados por el bando ganador, no, y sus familiares tuvieron que vivir con ese dolor añadido[1].

Pero lo cierto es que tras la dura represión de posguerra la sociedad española dejó de remover el pasado, no por imposición del régimen, sino por pura supervivencia psicológica: a la generación que vivió la guerra no le gustaba hablar de ella, aunque hubiera pasado mucho tiempo. Así, las heridas cicatrizaron con inusitada rapidez, de modo que el pueblo español era ya un pueblo reconciliado y en paz mucho antes de 1975. En dicha reconciliación, desde luego, tuvieron especial mérito quienes, por haber pertenecido al bando perdedor de aquella lucha fratricida, fueron capaces de perdonar sin que se les hiciera justicia. Por lo tanto, el llamado espíritu de la Transición caracterizado por el centrismo y la moderación se limitó a reflejar la reconciliación previa de una sociedad española que se encontraba muy alejada de extremismos o resentimientos.

Entonces, ¿cómo juzgar la dictadura de Franco cincuenta años después de su muerte? Sánchez ―que, por defecto, miente siempre― la ha definido como unos «años oscuros». ¿Lo fueron? ¿Fue la población española liberada en 1975 de un triste y largo secuestro, como ocurrió en 1989 con las poblaciones del Telón de Acero tras la caída de las dictaduras comunistas? La respuesta rápida es no. En primer lugar, para que haya secuestro debe haber encierro, y desde el final de la Segunda Guerra Mundial los españoles siempre pudieron salir libremente de su país. Las dictaduras comunistas, por el contrario, levantaron muros con ametralladoras y alambradas de púas para evitar que su población escapara. En segundo lugar, la ilusión serena con la que la mayoría de los españoles vivió la Transición coexistió con dos fenómenos que hoy se mantienen en secreto: la sorprendente popularidad del franquismo y el espectacular crecimiento económico de España desde 1949 hasta la crisis del petróleo de 1974, sin parangón en nuestra historia (ni antes ni después).

La sorprendente popularidad del franquismo

Como escribió mi admirado Julián Marías, «los que manipulan el mundo cuentan, sobre todo, con la falta de memoria de los hombres». Hoy resulta difícil comprender el apoyo popular que en su día tuvo la dictadura franquista, un régimen que carecía de libertad política y mantenía graves restricciones a la libertad de expresión (como ocurre hoy con la sutil tiranía de la corrección política). Sin embargo, tal y como observó el propio Marías (encarcelado unos meses durante el franquismo, filósofo veraz y notario fidedigno de la Transición), «las mayorías españolas estaban tan despolitizadas que la ausencia de libertad política les importaba muy poco», mientras que «la libertad social y personal se había multiplicado y, siempre que no se tratara del poder público, el español podía hacer en muy alto grado lo que quisiera»[2]. De hecho, probablemente el grado de autonomía o libertad personal en la vida cotidiana en el tardofranquismo fuera superior a la que se tiene ahora, con tantas regulaciones, permisos y prohibiciones.

Por otro lado, en contrapeso a la ausencia de muchas libertades públicas los españoles valoraban la ley y el orden del régimen (la tasa de criminalidad y la población reclusa eran una tercera y una cuarta parte, respectivamente, de lo que son ahora), el escaso nivel de corrupción (que no fue siquiera un tema de debate en las primeras campañas electorales) y el crecimiento económico antes señalado, que analizaremos con detenimiento más adelante.

Pero quizá sea mejor dejar que sean los españoles de la época ―los que mejor podían juzgar el régimen― quienes opinen a través de las encuestas del CIS de aquellos años. Unos meses antes de la muerte de Franco, el 80% de la población se definía como «muy feliz» o «bastante feliz»[3] y, cuando murió, un 42% de los españoles defendía que «no procedía» acometer reformas legales para que España tuviera una democracia similar a la de los países de su entorno. El 58% era partidario de hacer la transición[4], pero en general sin excesiva prisa[5].

Los resultados de estas encuestas fueron corroborados en las dos primeras elecciones democráticas en las que los españoles libremente eligieron que les siguiera gobernando el último presidente de la dictadura, Adolfo Suárez, si bien es cierto que al frente de un partido centrista y reformista, no continuista. Suárez, antiguo director de RTVE del régimen y secretario general del Movimiento, había sido seleccionado inicialmente por el rey Juan Carlos, entonces enormemente popular a pesar de haber sido elegido sucesor por Franco (o precisamente por ello). Aunque el rey ya había dejado clara su voluntad de llevar al país a la democracia y convertirse en rey de todos (la Corona sigue siendo la única institución de nuestro país no contaminada por la política), los resultados electorales dejaron claro que los españoles buscaban una reforma suave y desaprobaban el rupturismo.

A la luz de estos datos resulta difícil no llegar a la conclusión de que la España de Franco acabó siendo relativamente franquista. En efecto, el dictador gozó de una «visible popularidad», en palabras del general Vernon Walters (asesor e intérprete del presidente norteamericano Eisenhower en su visita a España en 1959[6]), lo que llevó al propio Eisenhower a sugerir en sus memorias que, de haber convocado Franco elecciones, las habría ganado[7]. En este sentido, nunca necesitó salir a la calle protegido por una legión de pretorianos, como ahora hace Sánchez cual impopular déspota, y nunca tuvo que huir de la ira popular, encogido y rodeado de escoltas, como hizo el cobarde aquél en Paiporta.

El hecho es que Franco murió ya anciano ocupando tranquilamente el poder sin contar con excesiva oposición fuera del terrorismo y del comunismo. Una inmensa muchedumbre despidió su féretro, como recuerdo perfectamente, y cuando al día siguiente a su muerte el CIS preguntó a los españoles qué sentimiento le había producido la noticia, el 49% contestó que había sentido «algo parecido a la muerte de un ser querido», mientras el 35% contestaba más sobriamente que le había parecido «normal, dada su edad»[8]. Curiosamente, el régimen decidió no publicar la encuesta.

Una popularidad duradera

Diez años después, en 1985, en plena democracia y con mayoría absoluta del antiguo y moderado PSOE —hoy lamentablemente extinto—, el CIS volvió a preguntar a los españoles qué habían sentido al morir Franco: un 28% recordaba haber sentido preocupación o miedo y un 21%, tristeza. Sólo un 10% recordaba haber sentido alegría. Además, un 46% definía ecuánimemente «el régimen de Franco» (el CIS no lo denominaba «dictadura») como una etapa «que había tenido cosas buenas y cosas malas», mientras un 18% lo consideraba claramente «un período positivo» para España. Sólo un minoritario 27% lo calificaba como un período netamente «negativo»[9].

Quizá esto explica la prudencia con la que ese mismo año 1985 se manifestaba el propio Felipe González (que llevaba tres años como presidente del gobierno con una abrumadora mayoría absoluta) cuando le preguntaron qué juicio le merecía Franco diez años después de su muerte: «Sigo teniendo una idea excesivamente simplificada, pues todavía no hay una perspectiva histórica para hacer un juicio con todas sus consecuencias» ―contestó con ponderación―. Y añadió: «Franco como personaje es muy difícil de juzgar, salvo el juicio negativo de que nos tuvo sometidos a una dictadura después de una guerra civil (…). Hay gente que se ha propuesto hacer desaparecer los rastros de 40 años de historia de dictadura: a mí eso me parece inútil y estúpido. Algunos han cometido el error de derribar una estatua de Franco; yo siempre he pensado que si alguien hubiera creído que era un mérito tirar a Franco del caballo tenía que haberlo hecho cuando estaba vivo»[10].

Pero quizá el dato más revelador se obtuvo en 1995 con el PSOE aún el poder, cuando el CIS volvió a preguntar sobre el tema: veinte años después de su muerte, un 30% de los que contestaron la encuesta (sin contar NS/NC) afirmaba que Franco había sido «uno de los mejores gobernantes que había tenido España en el último siglo»[11].

El espectacular éxito económico de España (1949-1974)

Sin duda lo que mejor explica la popularidad del régimen es el espectacular éxito económico que logró España desde 1949 hasta 1974. En efecto, esos 25 años constituyeron la etapa de mayor crecimiento económico de nuestra historia, récord que sigue vigente medio siglo después. El dato es poco conocido por ser políticamente incorrecto, pues pone al descubierto que la consigna con la que se autodefine el régimen constitucional del 78 («la etapa de mayor paz y prosperidad de nuestra historia») es falsa.

Así, de 1949 a 1974 el PIB per cápita en España creció (en términos constantes) a un ritmo del 6% anual, lo que significó salir de la pobreza y crear, por primera vez en nuestra historia, una contenta clase media. En una sola generación la renta de los españoles se multiplicó por cuatro (después de inflación), de modo que los hijos vivían muchísimo mejor de lo que habían vivido sus padres, lo contrario de lo que ocurre ahora. Este extraordinario crecimiento se produjo con una presión fiscal que era la mitad de la que sufrimos hoy y con un Estado que tenía la cuarta parte de funcionarios que tiene hoy. El desempleo era inferior al 4%, frente al 10% de hoy (y el 16% de desempleo medio desde 1978), la vivienda era accesible, y una familia podía sacar adelante a cuatro hijos con un solo sueldo mientras hoy dos sueldos apenas pueden sacar adelante a dos hijos.

Por lo tanto, el éxito económico de España en ese período resulta irrefutable, pero sería un error considerarlo un logro exclusivo de un régimen políticamente excluyente: fue un éxito colectivo de España del que todos deberíamos sentirnos orgullosos, independientemente de quien gobernara en aquel entonces o del sistema político imperante.

En efecto, aunque el crecimiento económico de España desde 1949 a 1974 tuvo que ver con determinadas políticas gubernamentales (especialmente con el Plan de Estabilización de 1959), fue ante todo logrado gracias al tesón y sacrificio de toda una generación de españoles, sin distinción de ideología o región de origen, que exhibieron esa constelación de virtudes que hacen posible el progreso: trabajo duro, honradez, seriedad, austeridad, cumplimiento de la palabra dada, espíritu de servicio y amor al trabajo bien hecho. A esa generación de españoles a la que pertenecieron mis padres, que madrugaban para dejar una España mejor para sus (muchos) hijos, quiero rendir tributo con este artículo.

Las comparaciones son odiosas

A efectos comparativos, resulta interesante dividir los últimos 75 años de historia económica de España en tres períodos consecutivos de 25 años cada uno: de 1949 a 1974 (durante el franquismo), de 1974 a 1999 (la España de la peseta) y de 1999 a 2024 (la España del euro). ¿Cómo se comparan entre ellos?

Utilizando datos del Banco Mundial (ajustados a la población), el crecimiento real del PIB per cápita en el período 1949-1974 fue del 6% anualizado; en el período 1974-1999 se redujo a un 2% anual; y en el período 1999-2024 fue de sólo el 0,9% anual[12]. Es decir, que el PIB per cápita creció durante esa etapa del franquismo el triple que en las primeras décadas de la democracia (con la peseta) y el séxtuple de lo que ha crecido en los últimos 25 años (con el euro). Dicho de otro modo, con la democracia nuestra economía ha crecido menos que con el franquismo y con el euro menos que con la peseta. Por otro lado, en 1974 la deuda pública era de sólo el 6% del PIB; en 1999 ya había subido al 61%; hoy es del 105% del PIB. Por lo tanto, un menor crecimiento ha sido acompañado de un aumento muy considerable de la deuda pública[13].

1974-2024: cincuenta años económicamente desperdiciados

Sin embargo, el crecimiento económico de un país tiene un poder descriptivo limitado: aunque un país crezca mucho, si los demás países crecen al mismo ritmo, ¿dónde está su mérito? De ahí la importancia de la comparativa internacional reflejada en el concepto de «convergencia», esto es, en la evolución a lo largo del tiempo de la renta per cápita de un país en términos relativos a un grupo comparable de países. En otras palabras, la convergencia compara el ritmo de crecimiento de renta per cápita de un país con los de su entorno.

En el caso de España, la convergencia se ha medido tradicionalmente con Europa. Sin embargo, esta costumbre presenta tres importantes limitaciones: primero, adolece de una visión eurocéntrica del mundo, hoy obsoleta; segundo, la ratio suele estar desvirtuada por la progresiva ampliación de la UE; y tercero, Europa es una comparación fácil, pues ha crecido relativamente poco respecto del resto del mundo como resultado no de una inexorable maldición bíblica, sino de la imposición de ideologías trasnochadas (impuestos elevadísimos, burocracia monstruosa y regulaciones disparatadas).

Por ello, resulta preferible comparar la renta per cápita española con una muestra más amplia del planeta, como es la media de la OCDE. Pues bien, como puede verse en el siguiente gráfico, el PIB per cápita español relativo a la OCDE alcanzó un pico hacia 1974 que en los siguiente 50 años sólo fue igualado por el espejismo creado por la burbuja inmobiliaria del 2007. Hoy sigue siendo inferior al que era al final del franquismo, por lo que, en términos de convergencia, hemos desperdiciado los últimos 50 años[14]:

La comparación con Europa no modifica esta conclusión ―que hoy estamos igual o ligeramente por debajo de donde estábamos en 1974―, aunque dependiendo del modo de cálculo la curva puede ser similar[15] o diferir en algunos puntos[16].

Debo añadir que esta muestra de mediocridad económica, que refuta una vez más el autobombo del régimen constitucional del 78, me sigue asombrando hoy igual que me asombró cuando me lo descubrió hace muchos años el que fuera uno de los mejores economistas españoles del s. XX, el profesor Velarde.

Conclusión

Ha pasado casi un siglo desde el comienzo del franquismo, pero se sigue ocultando la realidad sobre aquel período y demonizándolo como signo de virtud política. Un siglo rasgándose las vestiduras, ¿no es suficiente?

Debemos comprender que esta actitud, a la que ha contribuido toda nuestra clase político-periodística, daña a España. Unos lo han hecho por complejo o por ignorancia; otros, por sectarismo o por interés; y unos pocos, por incurable patología. Falta rigor y sobra frivolidad; faltan datos y sobran opiniones; falta ecuanimidad y sobra fanatismo; falta amor a la verdad y sobra el Himalaya de falsedades que denunció el socialista Besteiro. ¿Hasta cuándo seguiremos así?

[1] El estudio más serio es Pérdidas de la Guerra, de Salas Larrazábal, que estima en 72.500 los asesinados por el bando republicano y en unos 50.000 los asesinados por el bando nacional, incluyendo los 15.000 ejecutados en la represión de posguerra (según el estudio definitivo de Miguel Platón: La Represión de la Posguerra, Actas 2023).

[2] Julián Marías. La España Real. Espasa-Calpe 1976 p. 56-57.

[3]  Encuesta CIS enero 1976

[4]  Encuesta CIS enero 1976

[5] Encuesta CIS noviembre 1985. VII Aniversario de la Constitución

[6] Vernon Walters. Misiones Discretas. Planeta, 1978 p. 322.

[7] Dwight Eisenhower. Waging Peace: The White House Years. Heinemann, London, 1965 p. 510

[8] Exposición-CIS 60 Aniversario 1963-2023

[9] Encuesta CIS noviembre 1985.VII Aniversario de la Constitución

[10] «He perdido la libertad para que los demás la tengan», afirma Felipe González | España | EL PAÍS

[11] Visor fichero – CIS

[12] PIB (US$ a precios constantes de 2015) – Spain | Data

[13] Ibid.

[14] Renta per cápita y productividad en la OCDE de 1960 a 2022

[15] PEE Núm 111

[16] Informe Anual 2022

05/02/25:

https://www.fpcs.es/secretos-de-la-espana-prohibida-1939-1975/

Cfr. https://www.elconfidencial.com/empresas/2016-01-17/quien-es-quien-en-el-clan-del-pino-tras-el-divorcio-amistoso-de-los-hermanos_1136300/

Ilustración: https://www.wikiart.org/en/francisco-franco/self-portrait

miércoles, 12 de junio de 2024

Una ligera advertencia

DEL NOVEL HÉROE DEPORTIVO

Luis Barragán

Muy recientemente, ha ganado el Roland Garros dándole un inmenso motivo de satisfacción a los paisanos que vienen de celebrar el campeonato de la liga con el Real Madrid. El joven Carlos Alcaraz, una curiosidad para este lado del mundo, recuerda a nuestras viejas glorias deportivas en el celebrado camino de ascenso.

El triunfo llega de nuevo a los ibéricos que atraviesan una grave crisis existencial detonada por Pedro Sánchez que muy bien distrajo a todo el país con el escandaloso beso de Luis Rubiales a la futbolista Henni Hermoso, encontrando cualesquiera otros motivos consecutivos para la atrevidísima supervivencia en el poder.  Expresión misma de la sociedad civil que le sobrevive al Estado, el triunfo del tenista reivindica así una autonomía que a la vuelta de cualquier esquina la industria puede perder, como ocurrió en la Venezuela de este siglo.

El deporte profesional luce extraordinariamente vigoroso en la península, por ahora, imposible de arruinar, pero – atención - puede ocurrir. Salvadas las proporciones respecto a España, Venezuela ostentó sendas ligas profesionales y amateurs de una gran rentabilidad y atención, desde los ochenta experimentó un auge el basquetbol y volvió el interés masivo por el fútbol, declinó mucho el boxeo y las artes marciales suscitaron mucho interés, el golf ya era noticia frecuente en la prensa especializada en el deporte que, por cierto, caló holgadamente en el mercado de los medios. Sin embargo, excepto los artificios de un Estado que construyó un estadio de béisbol de impresionantes dimensiones en La Rinconada, en medio de la crisis humanitaria compleja,  el deporte como oficio y profesión perdió independencia.

Desde hace bastante tiempo, Alcaraz es un héroe de multitudes, como aún lo es Rafael Nadal que comenzará a trillar el retiro. Y, es necesario subrayarlo, de uno y otro saben los españoles desde muy temprano, porque - ocurría con naturalidad en el campo político -  la trayectoria nunca fue una exigencia caprichosa: el mundo siempre fue testigo de sus esfuerzos, entrenamientos, disciplina, etc., tejidos de éxitos y de fracasos.

A los héroes deportivos, verdaderamente tales, no se les prefabrica, como hizo Chávez Frías con un corredor de fórmula al que agració con el aval de PDVSA y del que nadie ahora sabe nada.  Cierto, sabremos de Alcaraz por muchos años: nada casual fue aquél triunfo frente Novak Djokovic en Winbledon, el año pasado.

Fotografía: LaPressé: "Carlos Alcaraz ejecuta una dejada". Marca, Madrid,  08/06/2024.

12/06/2024:

https://guayoyoenletras.net/2024/06/12/del-novel-heroe-deportivo/

domingo, 9 de junio de 2024

Política y farándula

SOBRIEDAD Y PODER

Luis Barragán

Convengamos, el poder formal entraña un ejercicio … formal del poder. Luce incomprensible que no haya un mínimo de circunspección de aquellos que acceden a la titularidad de una jefatura de Estado o de gobierno, u ambas simultáneamente.

Suele ocurrir, el candidato presidencial es capaz de incurrir en cualquier dislate, estridente y espontáneo, atractivo para precisos segmentos del electorado. Empero, el problema está en el deliberado y gastado propósito de convertir la falsa irreverencia y, con ella, la burla, el desprecio, el irrespeto, la intolerancia, etc., al desempeñar altas y decisivas responsabilidades públicas trastocadas en una constante que irremediablemente conduce y contribuye a la mentalidad lumpemproletaria.

El poder como espectáculo no sólo encamina a la farándula como hecho político, sino constituye una artimaña, un ardid y acto macabro de irresponsabilidad que muy bien ilustran las conductas personalmente asumidas por Milei y Sánchez, objeto de una polémica a la postre inútil. En el caso español, el juego llega al extremo del inconsulto reconocimiento del Estado Palestino que se ofrece como una delicadísima maniobra de distracción para los problemas domésticos del ocupante de La Moncloa.

Además, el ejercicio del poder fuerza a tener consciencia del … poder mismo y de su inmensa e irresistible pedagogía, aunque solemos equivocarnos. Al respecto, recordamos una conversación que sostuvimos el presidente Herrera Campíns y el suscrito, en su casa, a mediados de 1999, asegurando, palabras más, palabras menos: “… No tardará Chávez en meter los pies debajo del escritorio”, cosa que insólitamente jamás hizo para resolver los problemas fundamentales de la nación.

Quiérase o no, la sobriedad es consustancial al poder.  Tiende a ocurrir lo contrario en el campo público y en el privado, pues, partamos de un hecho: sobran los que se sienten la tapa del frasco.

Fotografía: LB.

09/06/2024:

https://www.lapatilla.com/2024/06/08/luis-barragan-sobriedad-y-poder/

jueves, 21 de diciembre de 2023

Entre yihadistas y neonazis

EL GOBIERNO QUE NO ES GOBIERNO

Luis Barragán

Harto consabidas las actuales circunstancias españolas, Pedro Sánchez espera la tercera oportunidad para la investidura. Tozudo, inventando hasta lo imposible, pretende una renovación de su mandato en alianza con las minorías que no abrevan en la España que realmente la Constitución ha confederado desde 1978; y, en el peor de los casos, calcula una nueva consulta electoral prolongando así un gobierno que no es tal.

Ocupándose sólo de las materias que son tan directamente de Estado, como la política exterior, ha empleado buena parte de su tiempo en armar una fórmula que pone en riesgo al propio Estado.  Y no se diga que, en última instancia, se trata de fuerzas e idearios progresistas, profundizando en nacionalismos y cualesquiera otras afiladísimas diferencias que golpean la mínima cohesión, sentido e identidad que toda sociedad requiere, desde el ámbito sexual hasta el político en un tránsito radical de emociones.

Ocupación curiosa, pues, acierta Belén Bajo al quejarse del gobierno que no prescinde de los ministros que ha desautorizado por sus opiniones sobre la reacción de Israel ante el ataque de Hamás, revelando un extraordinario rompecabezas que la columnista bien caracteriza: “Es un Ejecutivo coaligado con una coalición de partidos que a su vez están aliados a plataformas varias y a su vez confederados entre sí regionalmente” (La Razón, Madrid, 19/10/23).  Y, esto, a propósito del caso más notorio, el de Ione Belarra, ministro (SIC) de Derechos Sociales y, al mismo tiempo, significativamente, secretaria general de Podemos, que ha provocado recientemente un impasse con la embajadora israelí en Madrid, Rodica Radian-Gordon.

Más raro aún, el caso es que la justificación que da el líder del gobierno es que la declaración de Belarra ejemplifica el ejercicio de la libertad de expresión en la península. Vale decir, incluso, con independencia del debate interno del Consejo de Ministro, o del dispositivo equivalente, cada alto funcionario puede expresarse como deseé, inyectándole una tremenda confusión del país que, faltando poco, tiene el deber de estar consciente de la detallada provisionalidad misma del gobierno que afecta al Estado.

Realizadas las elecciones, ya de nulo valor y políticamente ajusticiado por Yolanda Díaz y Sumar, inercial y resignadamente, Podemos sigue en el gobierno con las manos impecablemente limpias de un Sánchez que mira distraído a otro lado: acaso, bajo las expectativas de una nueva convocatoria comicial que lo saque del foso de una hondura impresionante. Pareció fresco y renovador, surgido desde el mundo académico, inmediatamente manchado por el llamado chavismo, caducando prontamente como Ciudadano´s, imposible ya de sostener aquellos tiempos de la indignación manifiesta en una generalizada y espontánea protesta que hace un buen rato pasó.

El Congreso de los Diputados, está prácticamente paralizado. El 21 de los corrientes, la prensa española reportó el desmantelamiento por las fuerzas de seguridad de una red yihadista orientada a la recuperación de Al Ándalus y de una organización neonazista filial de Combat 18.

Parece que todos juegan con fuego por Iberia, sentados sobre barriles de pólvora. Y, ojalá, ninguno estalle.

Reproducción: Ione Belarra, tomada de La Razón, Madrid, 19/10/23.  L 

24/10/23:

https://guayoyoenletras.net/2023/10/24/el-gobierno-que-no-es-gobierno/

domingo, 19 de noviembre de 2023

La izquierda desuniversalizadora

GRAMSCI EN EL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS

Luis Barragán

Naturalmente, numerosas personas siguieron por las redes el debate de la investidura: por lejano que pudiera parecer,  importa el destino de los ibéricos tan afectados por una izquierda estrafalaria que los coloca en una – antes – impensable situación de riesgo y peligro. La que conquista y retiene por siempre el poder a cualquier precio, reinventando constantemente las más disímiles banderas.

Entre nosotros, hubo también un sentimiento de sana envidia por aquellas libertades que todavía no ha  perdido el reino, valiendo el acento irónico para los republicanos que ha emboscado el reelegido. Acá, luce inevitable la reminiscencia en torno a un pasado de talentosos oradores, frecuentemente, hábiles e ingeniosos, que le dieron lustre al Congreso de la República que, no por casualidad, al desaparecer, marcó la pauta para que tuviera igual suerte la opinión pública organizada y que tan hazañosamente aún se resiste. Y siquitrillados por el más demócrata de los golpistas (contradictio in terminis, espeluznantemente legitimada por el barinés que hizo trizas la alternabilidad del poder),  es obvia toda angustia por los pasos que seguirá España.

Jamás conmovido el rostro blindado de Pedro Sánchez, ejecutó milimétricamente una calculada y eficaz pieza oratoria que no reparó en el gusto por las frutas de Díaz Ayuso, o en el gesto de Irene Montero, cuando le recordaron esta última sentada en la bancada oficialista tras la despedida de Podemos de los principales escenarios. Desde la tribuna, aquél soltó un par de carcajadas de burla y honda satisfacción en medio de la victoriosa refriega, como pocas veces o quizá nunca hemos visto, consciente de que estuvo en el deber de perder por completo las elecciones en razón de las objetivas condiciones que la apuntaban: una desastrosa gestión apaciguada por  la retórica y la más absoluta arbitrariedad, sin reparar en los daños institucionales ocasionados.  Empero, no olvidemos el dato esencial: las excentricidades de una postura.

En efecto, los compromisos asumidos con Carles Puigdemont y su gente,  e, igualmente, con los separatistas vascos que un novelista como Fernando Aramburu ha retratado tan magistralmente, rompen con la noción clásica, tradicional o bien macerada de progreso y progresismo. Y es que el Estado Nacional, la identidad y la integración nacional, y el gentilicio europeo fueron expresiones de progreso, progresividad y progresismo ante la fragmentariedad, el desperdigamiento y la dilución: la congregación nacional de los italianos y los alemanes, constituyó un avance importante.

Coincidiendo las circunstancias españolas con la relectura de un autor que nos permite escudriñar al marxismo, desde el marxismo mismo, como Antonio Gramsci   “El ´Risorgimento´” (Granica Editor, Buenos Aires, 1974), constatamos las transformaciones de una izquierda cada vez menos europeísta y más latinoamericana que ha perdido la brújula al desprenderse del propio Marx, en nombre de un radical pragmatismo, suma de las más inverosímiles estratagemas,  devota del erario público. Hoy, contrariado, el sardo celebró la unificación de la Italia dividida, entendiendo el resurgimiento como un proceso de formación de las “condiciones y de las relaciones internacionales” que le permitieron constituirse en nación y a las “fuerzas internacionales desarrollarse y expandirse” (66).

Hubo necesidad y consciencia de la unidad europea, dándole Gramsci un valor arqueológico a términos como “nacionalismo” y “municipalismo” (70), en tiempos de un gran conglomerado de pequeños y medianos  Estados en la península itálica,  tanto o más inviables que en otras latitudes. Salvando las distancias, América contó con el idioma como una extraordinaria herramienta de integración, limitados los localismos que no hubiesen permitido antener su propia independencia política.

En los tiempos que corren, a la España prácticamente confederada de hoy, puede seguirle la larga y amarga experiencia de un inacabable fraccionamiento, incluso, en el seno de las comunidades separatistas que no más tarde no podrían evitar el desprendimiento de provincias y comarcas. Una definitiva desintegración que puede darle alcance al resto del continente, tiene su origen en una izquierda extravagante capaz de descubrir o fabricar nacionalidades, donde no las hay, como lo osaron sus pares en el Chile de la afortunadamente fracasada constituyente de 2022.

Aventajados por una excesiva manipulación del lenguaje, luce inherente a los excéntricos progresistas de la hora, un conflicto propicio a la balcanización que se nos antoja en correspondencia a los intereses económicos y geopolíticos del obscurantismo anti-occidental. Y el separatismo cultivado, culmen de todos los esfuerzos antiguamente orientados a derrotar a la burguesía, a la larga no exhibe diferencias con los otros separatismos: por ejemplo, la prensa española informó en un mismo día, el desmantelamiento de organizaciones neonazis y yihadistas con pretensiones secesionistas (https://apuntaje.blogspot.com/2023/11/hechos-simultaneos.html).

A Gramsci también lo borraron de las actas de la sesión de investidura, y quizá sea investigado por quienes piden hacer lo propio con los jueces que apuntaron hacia Puigdemont y compañía. El progreso es otra cosa, añadido el cinismo de un triunfo por suplicada y expresa decisión de quienes contra la existencia misma de España.

Fotografía: LB.

19/11/2023:

https://www.lapatilla.com/2023/11/19/luis-barragan-gramsci-en-el-congreso-de-los-diputados/

miércoles, 15 de noviembre de 2023

Pasitrote

TEMERIDAD IBÉRICA

Luis Barragán

Puede aseverarse, tras una pavorosa guerra civil, la España de 1939 eligió definitivamente una entre dos dictaduras. En un caso, la que concluyó con la muerte de Franco, y, muy seguramente,  presumido el triunfo, la que todavía sobreviviría en modo estaliniano.

La exitosa transición democrática de finales de los setenta, abrió las puertas del siglo XX a la península ibérica, asomándose holgada a los ventanales del XXI.  Creemos que las nuevas generaciones no valoran apropiadamente que el país elevara tan extraordinariamente su calidad de vida en libertad, contrastando con las remotas décadas de penurias, represión y de una forzada y masiva emigración por razones sociales y económicas, además de las políticas.

En los últimos tiempos, reabriendo innecesariamente las viejas heridas, el pasado histórico y el que jamás ha sido ni lo será,  ha sido instrumento de poder. Propiciando una conflictividad varias veces innecesaria, le ha permitido a Pedro Sánchez maniobrar exitosamente en el poder, demostrando que tan radicalmente pragmático es.

Ha debido perder escandalosamente las elecciones con Alberto Núñez Feijóo, gracias a una atípicamente desastrosa gestión en la que, sin miramientos, conservadas sus carteras, acabó con el partido Podemos del que muy bien se sirvió.  Empero, asombrosamente, el PSOE ha no sólo ha sobrevivido a sus propios fracasos, sino que tiene ya los votos para renovarse en el poder paralizando al gobierno que no ha tenido parlamento al que rendirle cuenta, al mismo tiempo que pactando con el separatismo vasco y, excedido en los acuerdos, con el catalán.

No sabemos cuál de ellos es el más temerario, jugándose a Rosalinda: Carles Puigdemont que ha llegado demasiado lejos, o el Sánchez de una absoluta falta de escrúpulos y una férrea voluntad de poder. Además, el asunto pone a prueba al rey Felipe de una larga preparación y riguroso entrenamiento, pues, hay preocupación respecto a la tentación de una constituyente que formalmente republicanice a los ibéricos que pueden dar ejemplo a Italia, por ejemplo, haciendo de Europa cada vez un archipiélago infinito de identidades, Estados y nacionalidades.

Fotografía: La Vanguardia, Madrid, 07/11/2023.

15/11/2023:

https://guayoyoenletras.net/2023/11/15/temeridad-iberica/

martes, 7 de noviembre de 2023

¿Cuánto nos queda de Estado?

ÍNDICE DE ESTATALIDAD

Luis Barragán

Luce demasiado evidente la debilidad del Estado venezolano aún para las más modestas tareas que jura monopolizar, desprestigiándose irremediablemente.  Ladra con afanosa persistencia, perdiendo cada vez más decibeles, colmado por una paradoja que alecciona: la superestatización conduce a la desestatización, sobreviviéndole la población como mejor puede en un territorio en el cual es difícil preservar el hogar y transitar libremente, bajo el asedio y desprecio del poder establecido. 

Recordemos, las consecutivas crisis políticas italianas demostraron cuan consistente era el Estado que sobrevivía a las más inverosímiles circunstancias.  Hubo una mayor fortaleza de las instituciones capaces de soportar los sismos de un parlamentarismo que, en este lado del mundo, siempre nos desconcertaba, con una burocracia estable y eficiente al igual que unas fuerzas armadas prudentes y sagaces en un exigente y delicado contexto internacional.

Hoy, España está corriendo un inmenso riesgo bajo la conducción de Pedro Sánchez, si por tal entendemos una obsesión trastocada en oficio: mantenerse en la cima a cualquier precio, bajando dramáticamente el índice de estatalidad. En la práctica, cerrado el Congreso de los Diputados, obligado a cumplir formalmente con los deberes que impone la política exterior, el pretendido esfuerzo y ensamblaje de un nuevo gobierno al que se atreverá el PSOE, bajo las extorsiones del separatismo, encuentra un amortiguador en una corona responsable y ojalá acertadamente diligente,  como podría reconocer algún convencido republicano.

La confusión con el principal partido de gobierno, convierte al Estado en un prescindible complejo de oficinas subalternas. E, incluso, dato frecuentemente olvidado, el Partido Comunista auspició la existencia ornamental de otros de prefabricada y diminuta oposición en la Unión Soviética, todo un modelo para el PSUV y sus entidades subsidiarias que completan el pésimo histrionismo de un fingido pluralismo político.

Prosigue el curso del juicio incoado en La Haya por la vecina Guyana, pendiente un  acto incidental a mediados del presente mes respecto a las medidas provisionales solicitadas por Georgetown, sin que aún sepamos de las nuestras. No hay mejor e inmediato baremo de estatalidad, sentido responsable de permanencia y trascendencia inherente, que el litigio en cuestión.

Ya conocemos la pretensión de una intensa movilización populista del oficialismo que reincide, por su propia naturaleza y encaje, en sendas prácticas, racionalidades y técnicas que hacen la gubernamentalización del Estado, según la nomenclatura foucaultiana. Un discurso y una discursividad que actualiza cada período electoral, resignados luego a una tecnología que es más de la burda propaganda que de la publicidad política.

Intimidación y hábito resignado, la enfermiza lírica socialista de los muros dice aliviar el inmediato contraste con una realidad imposible de ocultar. El erario público destila en pintura y mensajes antiquísimos importados del artificio guevarista del Caribe, como lo constatamos pocos días atrás en las adyacencias de El Helicoide: en verdad, ¿cuánto nos queda de Estado?

Fotografía: LB, Caracas (27/10/2023).

07/11/2023:

https://www.elnacional.com/opinion/indice-de-estatalidad/

domingo, 4 de junio de 2023

El centro pendiente

NEUTRALIZAR LA TENTACIÓN ULTRAÍSTA

Luis Barragán

Realizadas las elecciones autonómicas y municipales, los resultados obligaron a la convocatoria de los comicios generales.  Adelantadas éstas, el PSOE aspira a aminorar la espectacular y merecida derrota sufrida.

Lejos de pretender un análisis exhaustivo de lo acontecido, únicamente deseamos apuntar a tres facetas que creemos importantes. La una, la propia posibilidad de realizar la consulta popular como no se ha hecho en estos veinte muy venezolanos años de desdichas y amarguras: un derecho humano tan elemental, como es el de participar de la decisión en torno al destino compartido, ya es algo extrañado en este lado del mundo.

Lo otro, la es integración española que ojalá el PP logre revertir en atención a los acuerdos de Pedro Sánchez con el terrorismo vasco, el curso que ha tomado el asunto de Cataluña y también aquellas iniciativas legales evidentemente improvisadas que condujeron a la liberación de los agresores sexuales, o la reducción de sus condenas.  Magistrales errores necesarios de enmendar, no todo se le puede atribuir a un patológico antisanchismo.

Luego, la desaparición de Podemos del mapa electoral nos impone de una izquierda estrafalaria de nobles orígenes en el medio académico, cuyos conductores surgieron de los movimientos de la indignación que poblaron la península. En realidad, una izquierda que recibió recursos de Venezuela y, precursoramente,  corroboró la existencia de un chavismo de exportación.

Finalmente, agreguemos una cuarta consideración: la importancia de construir un poderoso centro político convencido, comprometido y eficaz capaz de neutralizar toda tentación ultraísta.  Acaso, significará reaprender las lecciones que la consabida transición arrojó.

Fotografía: “Pedro Sánchez espera, ayer en La Moncloa ante un retrato de Mariano Rajoy, la llegada del administrador de la NASA, Bill Nelson. JAVIER BARBANCHO”. El Mundo, Madrid, 31/05/2023.

04/06/2023:

https://guayoyoenletras.net/2023/06/04/neutralizar-la-tentacion-ultraista/

jueves, 1 de junio de 2023

Iberoamérica

LA IZQUIERDA ESTRAFALARIA DE NICARAGUA TENDRÁ EL MISMO DESTINO QUE EL CHAVISMO ESPAÑOL, AHORA DERROTADO

La Cátedra Libre Edgard Sanabria ya ha celebrado dos sesiones presenciales, una, a las puertas de la Universidad Simón Bolívar,  con ponencia del ex – rector de la Universidad Central de Venezuela, Dr. Giuseppe Giannetto, y, la otra,  con el Dr. Joel García, reconocido defensor de los derechos humanos.

Muy recientemente, al conocerse los resultados electorales de España,  la cátedra celebró una conexión virtual con más de cincuenta venezolanos que se encuentran en la península ibérica, deseosos de interpretar adecuadamente los hechos.

“Ha sido contundente el triunfo de la oposición al socialismo, consumada sobre todo la derrota del chavismo español expresado por Podemos que terminó por dislocar a un gobierno tan temerario, como el encabezado por Pedro Sánchez”, manifestó al iniciar la jornada el profesor William Anseume, presidente de la Asociación de Profesores de la Universidad Simón Bolívar.

Prosiguió: “El no menos rotundo fracaso de la izquierda en las elecciones para la constituyente chilena, revela la creciente consciencia de nuestros pueblos en torno a la defensa de la libertad y de la democracia que nos inspira también a los venezolanos”.

Después de un intenso intercambio de impresiones con una audiencia entusiasta y deseosa de volver a Venezuela, clausurando la jornada virtual, Luis Barragán, diputado de la Asamblea Nacional de 2015, indicó: “Hay regímenes de los que cuesta salir, aunque la condición de superpotencia no impidió el derrumbe de la Unión Soviética, una lección que debemos recordar día a día”.

“Celebrando – continuó - el triunfo de los españoles en defensa de la libertad y de la democracia,  no debemos olvidar otras como la de los venezolanos y ls cubanos que es tan obvia, al igual que la de los nicaragüenses bajo la oprobiosa dictadura de Daniel Ortega que no sólo detiene sistemáticamente a sacerdotes católicos, sino les congela las cuentas bancarias a todas las parroquias, imposibilitando el pago de los maestros de los colegios que la Iglesia mantiene en pie: un régimen que no respeta, ni respetará las libertades religiosas, pretendiendo pulverizar a los católicos, pero el destino puede darle alcance  a esa izquierda estrafalaria, como ocurre en España”.

30/05/2023:

https://www.lapatilla.com/2023/05/30/la-izquierda-estrafalaria-de-nicaragua-tendra-el-mismo-destino-que-el-chavismo-espanol-ahora-derrotado/

sábado, 14 de enero de 2023

Uno mata a mentiras y , el otro, muere entre verdades

RATZINGER, ESE NAZI 

Antonio R. Naranjo 

El año ha comenzado con demasiada gente creyendo que Sánchez es empático y Ratzinger un nazi, cuando uno mata a mentiras y el otro se muere entre verdades.

Algo extraño opera en el ser humano moderno para que se asienten con tanta solidez prejuicios y falsedades tan sencillas de desmontar. Las del presidente del Gobierno son tan visibles como una elefanta preñada en una tienda de mascotas, y se resumen en una: ha despedido 2022 contando que, gracias a él, algunas familias recibirán 16 euros al mes para comer, menos de lo que cuesta alimentar a El Chicle en la cárcel tres días; aunque la noticia importante es que la gasolina cuesta un 20 % más.

También se despidió Penélope Glamour, conocida en los ambientes por Yolanda Díaz, vanagloriándose de los históricos datos de desempleo. Aunque cuando le preguntaron cuántos fijos discontinuos hay ya en España, excluidos de su estadística y ampliados hasta el infinito por la imposición de hacer indefinido hasta al sastre de Tarzán pero en paro real, dijo desconocer el dato.

La ministra habla del desempleo como Pedroche de las campanadas, con un modelito para dar de qué hablar y que nadie se dé cuenta de que muchos se han atragantado con las uvas: el colmo de la crueldad política es decirle a alguien que no cobra, ni del SEPE ni de una empresa, que es un trabajador activo aunque se muera de hambre y sobreviva malamente entre embargos e impagados.

Frente al deplorable cinismo de nuestros amantes de Teruel, parva ella y parvo él, irrumpe una luz en la tiniebla con la muerte de Benedicto XVI, una especie de matemático de la Fe que buscaba las respuestas a las grandes preguntas y se atrevía a exponerlas con respeto, en largas encíclicas que solo un necio puede despreciar desde un anticlericalismo analfabeto.

El mismo que ha pretendido resumir su vida recordando que, de niño, se afilió a las Juventudes Hitlerianas, cuando era obligatorio bajo amenaza de represalias familiares. O que estaba a punto de ser juzgado, por encubrir abusos sexuales y a su propio hermano, dos mentiras refutables con una simple consulta a los hechos reales, alejados de una falacia repetida por algunos de los más tontos «influencers» del momento.

«Occidente, desde hace mucho, está amenazado por esta aversión a los interrogantes fundamentales de su razón, y así solo puede sufrir una gran pérdida. La valentía para abrirse a la amplitud de la razón, y no la negación de su grandeza, es el programa con el que una teología comprometida en la reflexión sobre la fe bíblica entra en el debate de nuestro tiempo. «No actuar según la razón, no actuar con el logos es contrario a la naturaleza de Dios», dijo Manuel II partiendo de su imagen cristiana de Dios, respondiendo a su interlocutor persa».

Son apenas unas líneas del recordado discurso del Papa fallecido en la Universidad de Ratisbona, hace tres lustros largos, y suponen la mayor apuesta por tender puentes entre disciplinas aparentemente opuestas pero en realidad complementarias.

En un momento donde se levantan muros artificiales y se excavan trincheras innecesarias entre ciudadanos que, de no ser por ese mensaje político frentista, se sentirían hermanos; leer a Ratzinger es un ejercicio de tolerancia, en la misma medida que escuchar a Sánchez o a Díaz otro de intransigencia trufada de mentiras obscenas.

Pero el nazi y el pederasta era el otro.

Fotografía: https://www.catholicweekly.com.au/joseph-ratzinger-a-man-of-the-church/

02/01/2023:

https://www.eldebate.com/opinion/20230102/ratzinger-ese-nazi_83429.html

 03/01/2023:

https://www.elnacional.com/opinion/ratzinger-ese-nazi/

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY