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martes, 27 de mayo de 2025

El 22 convencional de mayo

22 DE MAYO

Raúl Fuentes

Hay escribidores capaces de enfrentarse a una página en blanco con el arrojo de un piloto de Fórmula 1 y, en tiempo récord, redactar una página completa de un periódico standard. Según Adriano González León, Carlos González lo hacía con regularidad y espíritu deportivo en Meridiano, periódico de su propiedad (de Carlos, no de Adriano), y también Rodolfo Terragno en los inicios del Diario de Caracas al mando de Diego Arria. Estoy muy lejos de emular semejantes hazañas: acometo el teclado con dos dedos y no siempre tengo encendido el bombillo. A fin de verle el queso a la tostada, suelo valerme de una frase célebre —una «cita citable», la llamaría la centenaria revista Selecciones del Reader’s  Digest—, la sinopsis de un cuento o de una película y, la más de las veces, tal he dejado constancia en entregas anteriores, de una efeméride: toda fecha es ocasión para evocar  algún evento feliz o una deplorable tragedia, y conmemorar uno de los muchos «días internacionales» dedicados por la Organización de las Naciones Unidas a crear conciencia sobre variados aconteceres, grupos etarios, instituciones (el Día de los Museos fue celebrado el pasado miércoles), y, en general, a  diferentes manifestaciones y expresiones del patrimonio material e inmaterial de la humanidad: el plenilunio de mayo (Vesack budista), los vuelos espaciales tripulados, el Novruz (Año Nuevo persa),  las remesas, la  felicidad y un abultado etcétera.

Mientras definía peso y contenido de la presente travesura, leí sobre el alivio de algunas de las sanciones de Estados Unidos a los regímenes de Cuba y Venezuela, y me sedujo la idea de referirme al impacto de tales concesiones en el reinicio y curso subsiguiente de las negociaciones en suspense, ahora con la vista de los potenciales dialogantes puesta en las elecciones de 2024, ansiadas con inusitada vehemencia  hasta por algunos de sus más intransigentes adversarios, víctimas, conjeturo, del «síndrome de estar quemado», al cual alude la psiquiatra y especialista en neuroinmunología y medicina cuántica Rebeca Jiménez (Al venezolano lo han desmontado emocionalmente. El Nacional, 22/09/2021). María Corina, como siempre, dijo ¡no!, y Felipe González, a su modo, la avala: «Uno no puede negociar con la violación sistemática de derechos humanos y los crímenes de lesa humanidad». La merced de Biden apunta a serenar ánimos y aplacar arrogancias, generando un ambiente propicio al contraste de posturas y al logro de acuerdos orientados a solucionar la crisis de gobernanza y el clima de intolerancia imperantes en el país. Ello, alegan opositores contumaces, comporta un tácito reconocimiento del mandato madurista. Acaso sea cierto, pero vamos a dejarnos de pendejadas: quien corta el bacalao en palacio y es tenido como comandante en jefe de la fuerza armada nacional es el bigotón —¡no, las minúsculas no son un error!—. Juan Guaidó, a quien es de justicia reconocer su proyección internacional y su tenacidad, es arte y parte del rifirrafe a ventilarse nuevamente en México y debe necesariamente estar representado en esa conversa, cuya continuidad está en veremos, dado el empeño del loquero Rodríguez en exigir, en nombre de su jefe, la presencia en ella de Alex Saab, condición imposible de satisfacer porque ese sujeto es reo de la justicia norteamericana.

Cuando esto escribo  —jueves 18— se cumplen 28 años del encarcelamiento de Carlos Andrés Pérez, acusado de malversación de fondos públicos, mediante una abominable sentencia inducida por la acusación vindicativa de un fiscal rencoroso y el influjo de los denominados  «notables» —tal vez porque se hacían notar a diario en los medios de comunicación, sustitutos a su entender de los partidos políticos—, un avispado  grupete de ordeñadores de las ubres estatales, auténticos parásitos de una democracia defectuosa, aunque perfectible, sepultada por ellos mismos con el  ejercicio interesado de la antipolítica. La fecha es aciaga y digna quizás del adjetivo infame, como el 4 de febrero o el 27 de noviembre; empero, de aquí en adelante volcaremos nuestra atención al 22 de mayo, cuando se recuerdan la fundación, en 1764, de Santo Tomás de la Nueva Guayana de la Angostura del Orinoco, hoy Ciudad Bolívar; y, en 1863, la firma de Tratado de Coche, poniendo fin a la Guerra Federal. Mas, en favor de estas líneas, viene a cuento al remembrar lo acaecido en la Universidad Central de Venezuela, un 22 de mayo, pero del año 1969 y no domingo, sino jueves.

Al día antedicho había transcurrido un año del fallido intento de la juventud francesa de asaltar el cielo e instaurar la imaginación en el poder; sí, hacía un año de la revuelta del Mayo francés de 1968, cuando multitudinarias manifestaciones estudiantiles con adhesión de los trabajadores pusieron en jaque a la V República de Charles de Gaulle y sacudieron las buenas conciencias de la bien pensante sociedad burguesa; un año, sí, pero las imaginativas consignas de los jóvenes parisinos —¡Prohibido prohibir!, ¡Seamos realistas, pidamos lo imposible!— insuflaron en nuestras universidades un gran aliento al movimiento de renovación académica. Recuerdo muy bien aquellas jornadas de acalorados debates e irracionales tomas, cual la de la Dirección de Cultura, pues acababa de entregar mi tesis y, aguardando el acto de graduación —esperé dos años para recibir el título en un acto deleznable bajo la rectoría espuria del ingeniero Oswaldo de Sola, en la torre Lincoln de Sabana Grande—, colaboraba con Jacobo Borges en la producción y dirección de cortos cinematográficos de agitación y propaganda —Cine Urgente llamábamos al colectivo integrado por Pedro Laya, Emilio Ramos, Josefina Jordán, Jacobo y yo—. Con cámaras de 16 milímetros y grabadoras al hombro nos encontrábamos en la Ciudad Universitaria al momento de producirse una violenta trifulca: militantes de la juventud copeyana,  envalentonados con el triunfo de Caldera en las elecciones de diciembre del año anterior, organizaron, para consternación del chichero, una marcha hasta el emblemático reloj de la Universidad Central de Venezuela, «en defensa de la pacificación» y, aunque el rector Jesús María Bianco se opuso, los verdes en sus trece porfiaron en llegar hasta donde se habían propuesto; sin embargo, activistas de la ultrazurda y zarrapastrosos pobladores de la Tierra de Nadie, hoy enchufados de alto coturno, decidieron detenerles. El presidente de la FCU, Alexis Adams (†) procuró poner orden en el despelote, a fin de evitar una reyerta de impredecibles consecuencias, pero fue herido gravemente de un balazo en el hígado. Se acusó sin pruebas a Gustavo Tarre Briceño, pero este pudo demostrar su inocencia y al día de hoy la identidad del gatillo alegre sigue siendo una incógnita. Nosotros logramos rodar un buen pietaje de lo acaecido, incluyendo una toma de Alexis al caer por efectos del disparo. Con ese material conseguimos editar un documental (un tanto sesgado ideológicamente) de 40 minutos de duración. En él, lo ocurrido en el campus de la Central es parte de la cadena de percepciones de un individuo pegado a una radio portátil. Cuñas y noticias eran el fundamento de la banda sonora. Y se llamó, lógicamente, 22 de mayo.

El 31 de octubre de 1969, 5 meses y algunos días más tarde de los sucesos narrados, se dio inicio a la «operación Canguro». Por órdenes del presidente Rafael Caldera, 23 tanques de combate, 100 vehículos de usos varios y unos 3.000 efectivos policiales y militares comandados por el general Homero Leal Torres, ingresaron a la Ciudad Universitaria de Caracas y causaron destrozos en el Rectorado, laboratorios, bibliotecas, escuelas, facultades y residencias estudiantiles con saldo de no se sabe con exactitud cuántos muertos, heridos, detenidos y desaparecidos. Se trató del «allanamiento más desproporcionado y brutal de los realizados a la UCV». Caldera, profesor en la Facultad de Derecho de la casa de estudios por él ultrajada, defenestró al rector Jesús María Bianco y reformó a placer la Ley de Universidades, a fin de darle un barniz de legalidad a su política antiautonómica —le hubiese gustado una legión de bachilleres disciplinados al modo de seminaristas y cadetes—. Estas acciones fueron secuela de aquel 22 de mayo de 1969 aquí reseñado. Constituyeron una de las muchas manchas de la democracia, y apuntalaron las incumplidas promesas y el demagógico discurso de Hugo Chávez.

Bertrand Russell era tan jodedor como filósofo.  Sustento esta falta de respeto en un alegato suyo según el cual «No hay ninguna imposibilidad lógica en la idea de que el mundo haya aparecido hace cinco minutos, exactamente como está y con una población que ‘recuerde’ un pasado completamente irreal». Pues bien, con base en esa hipótesis lo contado por mí pudo no haber sucedido y ser mero producto de mi imaginación; de igual manera el chavismo y su cola de pajamaduristas serían apenas fugaces alucinaciones; pero, infortunadamente, la tierra de cinco minutos del sabio británico no pasa de ser un «argumento escéptico». La realidad es otra. Alexis Adam fue herido un 22 de mayo hace 53 años, Caldera intervino la UCV y, el 13 de febrero de 1994, le facilitó a Chávez el ascenso a las alturas del poder. Gracias a una indulgencia derivada del rencor o de la envidia, llevamos 23 años aguantando los abusos de una panda de facinerosos, destructora de instituciones, pervertidora de  leyes y confiscadora del espacio y el tiempo ciudadanos con un par de claros objetivos: lucrarse y gobernar per sæcula sæculorum. Y mañana, 23 de mayo, Día Mundial de las Tortugas, inicia su andadura la nueva estructura de la Plataforma Unitaria. Ojalá no lo haga al ritmo de los quelonios. 

22/05/2022:


Cfr. Carlos Blanco entrevistado por José Rafael Herrera y Jonathan Alzurú (1/2):


Mensaje de WhatsApp:

Hoy quiero recordar el día en que casi asesinaron a mi papá. 
Esto me lo trae a la memoria este artículo de Raúl Fuentes de El Nacional quien explica mejor el marco político de los sucesos del 22 de MAYO de 1969 -> https://www.elnacional.com/opinion/22-de-mayo/
Estaba en mi salón de clase en un día normal, tenía 6 años y cursaba primer grado en el Grupo Escolar Caricuao. A mitad de la mañana, aparece en el salón mi abuelo, habla con la maestra al oído y a continuación se dirige a mi pupitre, me toma la mano y salimos de la clase. Yo me sentía feliz. ¡Vino mi abuelo a buscarme! Recuerdo despedirme la mar de contenta, saludando como una miss Venezuela cualquiera. ¡Adiós, me voy con mi abuelo! No sabía la razón por la que eso sucediera, pero estaba contenta. A mi hermano y a mi nos llevaron donde los abuelos, en Cerro Grande, un super bloque de esos que hizo Pérez Jiménez en El Valle, al lado de los túneles que van a El Cementerio. A partir de allí mis recuerdos son borrosos, a nosotros no nos decían nada, todo eran susurros y tensión. Ese día a mi padre, a la sazón presidente de los estudiantes de la Universidad Central de Venezuela, le habían pegado un tiro casi mortal en su abdomen, entre el hígado y el pulmón en los enfrentamientos entre estudiantes de la universidad. No se murió de milagro, había perdido 3 litros de sangre (de 5 que tiene el cuerpo) y se salvó porque estaba cerca del Hospital Universitario. De lo que recuerdo que me cuentan, lo operó el de urgencias el doctor Bello, tenía que detener la hemorragia y le extirparon un pedazo de hígado y otro de pulmón. Se mantuvo muy grave como una semana, según mi tío Maldonado “lo mataron” varias veces en Notirumbos (Radio Rumbos): "Acaba de fallecer Alexis Adam". Cuenta que tuvo que ir a la redacción y agarró por el pecho a uno de los de la radio y le amenazó: "La próxima vez que mates a Alexis, vamos a tener un problema". La tensión en la Caracas amenazaba al recién entronado presidente Rafael Caldera, pues si moría mi papá, ardería Troya porque los  indiciados del intento de homicidio de Alexis eran correligionarios de su partido político (Copei).
Finalmente mi papá se salvó y la bala que casi lo mata estuvo en su cuerpo 4 meses más porque requería de otra operación para extraerla y había que esperar que tuviera mejores condiciones físicas para ello.  La historia se repite y como a muchos personajes valiosos, es mejor eliminarlos, quitarlos de en medio.  No es la primera vez que ocurre. Mi padre era un gran líder que arrastraba masas y eso es peligroso, mucho más en esa época de ebullición con el mayo francés un año atrás.  Si alguien de la tribu quiere aportar algún detalle más o dónde estaban en ese momento, se los agradecería.
Tengo muchos recuerdos de la época ñangara, de mi padre en el Aula Magna de la UCV dando arengas,,  del gallo rojo, de mi ropa moscovita, etc. Ya les contaré más de mi revolución, si dicen AMÉN. Un abrazo a todos.
P.D. Recién en Caracas me dijeron quién fue el que disparó contra mi padre. Sus iniciales N.S.F.
Otro enlace por si El Nacional no les abre https://lefoudusavoir.com/22-de-mayo/

Ni tan breve nota LB.- A principios de los años ’80 del ´XX escribimos sobre los hechos del 22, y, desde entonces, no retomamos el tema como siempre aspirábamos en el contexto de una reflexión sobre las juventudes políticas en Venezuela. Fallecido recientemente Elías López, gravitó la importancia del remoto evento y, nos lo confirmó Naudy Suárez, ha tratado de contactar a los sobrevivientes de aquellos hechos para redondear un texto alusivo. A mediados de mayo del presente año, Herrera y Alzurú entrevistaron a Carlos Blanco y, en la primera parte del interviú, dio una versión interesada y, acaso, natural de un actor de la época con la cual no concordamos en sus trazos esenciales, como esto de Segovia como autor del disparo (pues, es la única gráfica fortuitamente tomada a un machista armado desde el suelo), el impedimento mismo a otras fuerzas políticas de entrar a la universidad, o, a tono con el deplorado bipartidismo de siempre, como si lo hubiesen consagrado para la fecha, el acuerdo adecopeyano para legislar sobre la univsersidad. Sin embargo, reconoce que se les fue la mano con la radicalización y provocaron lo ya consabido. Cercana la fecha aniversaria, me animó a escribir sobre el asunto. Después recibí un amable mensaje de Marcos Fuenmayor, anexándome el texto de Raúl Fuentes, a quien he leído con frecuencia. Igualmente comprensible la postura de la hija de Alexis Adam, pero creo que ha de indagar y todos debemos indagar más en torno a aquellos acontecimientos, porque el discurso es de una extrema victimización y acusa recibo de los estigmas, incluso, señalando a NSF. Respeto su postura profundamente, aunque no la comparta. Ya es tiempo que la historia ocupe el terreno al que todavía abona o jura abonar la política. Por cierto, en la era digital, no es fácil obtener una gráfica del suceso en cuestión y, quizá, por ello, El Nacional empleo una gráfica del mayo francés del ´68.

Cfr. https://apuntaje.blogspot.com/2025/05/breve-ensayo-radiografico.html

jueves, 7 de julio de 2022

Fallido gambito

EL NACIONAL - Domingo 07 de Julio de 2013 Opinión/9

LA VIDA DE NOSOTROS

Raúl Fuentes

Antes de que el director Florian Henckel von Donnersmarck nos asombrara y estremeciera con La vida de los otros (Das Leben der Anderen, Alemania, 2006), y comenzáramos a cobrar conciencia de que el espionaje nada tiene que ver con el romántico mundo de aventuras que Hollywood y las novelas de intriga, inspirados en la Guerra Fría, crearon para solaz de los aficionados al género, un cineasta cubano, Eduardo del Llano, retrataba, en clave satírica, la omnipresencia de los servicios secretos en la vida cotidiana de los isleños que se apañan para sobrevivir bajo la asfixiante dictadura de los hermanos Castro.
El sórdido proceder del capitán de la Stasi (Ministerio para la Seguridad del Estado de la extinta RDA) encargado de escudriñar la conducta de un dramaturgo cuya novia está en la mira del ministro de cultura contrasta con la desfachatez de los dos pícaros agentes de inteligencia que invaden la intimidad de Nicanor O’Donnell, el personaje central de Mounte Rouge, cortometraje que, en 2005, causó furor en la isla y, por supuesto, en Miami y Caracas. Ambos casos tienen, sin embargo, un vértice de convergencia, pues el G2 cubano fue asesorado por la Stasi y, también como ésta, por la tenebrosa KGB de la desaparecida Unión Soviética.
La intervención de teléfonos, las grabaciones ilegales de audio y video, la implantación de artilugios para el registro de conversaciones y su posterior manipulación y edición como instrumentos de chantaje y propaganda, el acoso y persecución a periodistas y dirigentes de oposición, en fin, los métodos y procedimientos utilizados por los fisgones antillanos que son ya de uso frecuente en Venezuela revelan que el gobierno de Maduro, como antes lo hizo el de Chávez, ha puesto bajo el mando de los cubanos la gestión de los organismos de inteligencia encargados de la seguridad nacional.
"Seguridad Nacional" se llamaba, por cierto, la temible policía política de Pérez Jiménez y de ella los servicios secretos venezolanos, antes y después de Chávez, adoptaron la tortura como sistema de investigación, porque seguimos siendo un país tercermundista donde los derechos humanos son para la retórica discursiva de quienes no diferencian entre la Constitución y el papel tualé. Pero, también somos, o creíamos ser, un país rico; por ello nos podemos dar el lujo de comprar sofisticados equipos de apoyo a operaciones de inteligencia equiparables a las que conduce Ethan Hunt en Misión imposible, tal como lo quería Chávez cuando contrató con China la adquisición del satélite Simón Bolívar, destinado a lograr un "manejo absoluto y seguro de la información".
Con los cubanos bien dispuestos, con tecnología de punta a su merced y con un ministerio de información dado al sensacionalismo, se montó un dispositivo de escucha en la residencia de un ilustre venezolano, Germán Carrera Damas, cuyo talento y el hecho de haber sido profesor de una destacada mujer de la oposición, María Corina Machado, lo señalaban como sospechoso de subversivo y autorizaban su seguimiento.
El ilícito monitoreo de una conversación que se prolongó más de dos horas fue transformado por los editores al mando del ministro Villegas en nueve minutos de diálogo descontextualizado, el cual fue difundido por "el canal de todos los venezolanos" a fin de desacreditar a la MUD. La jugada dejó mal parados a Ernesto Villegas y a Jorge Rodríguez, quienes en virtud del fallido gambito se desacreditaron ellos mismos.
Lo acontecido podría pasar al anecdotario nacional como una torpeza más de un gobierno genéticamente incompetente, pero el asunto tiene otras implicaciones porque desnuda la doble moral del régimen, por lo menos es lo que queda al descubierto cuando el impugnado presidente Maduro salió de safrisco a prender su vela en el entierro, perdón, el asilo Edward Snowden.
"Nadie puede espiar a nadie, nadie puede perseguir a nadie", afirmó Maduro al referirse al ex agente norteamericano cuya extradición pretende Estados Unidos. Por eso dijo estar dispuesto a ofrecer la hospitalidad venezolana a quien, según su limitado entender, podía ser capturado y asesinado por el imperialismo yanqui.
Esta postura oficial en materia de espionaje y contraespionaje podría mover a la risa, como el ofrecimiento de una antena parabólica que le hicieran los agentes del G2 a Nicanor O’Donnell al final de Mounte Rouge, o el desconsuelo que nos invadió cuando vimos al capitán Wiesler convertido en humilde repartidor al término de Das Leben der Anderen. Pero, no. Ni lo uno ni lo otro. Y, mucho menos, todo lo contrario: hay que estar alerta ante esta abusiva, continua y, sobre todo, ilegal intromisión en la vida de nosotros.
Ilustración: Ugo. 

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY