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sábado, 17 de enero de 2026

"...Encontrarse consigo mismo y sentirse Uno tras las aparentes marañas y encrucijadas"

CULTIVAR NUESTRA 
CAPACIDAD DE VER

(San Juan, 1: 29-34)

Enrique Martínez Lozano

Al igual que los sinópticos, también el autor del cuarto evangelio hace del bautismo de Jesús el acontecimiento con el que se inicia su actividad pública. Un indicio más, no solo de la historicidad de ese hecho, sino del papel decisivo que jugó en la propia evolución humana/espiritual de Jesús.

Por otro lado, también en el cuarto evangelio se advierte la polémica con los discípulos del Bautista, que lleva al autor a subrayar la primacía del maestro de Nazaret y a convertir a Juan en nada menos que un "cristiano", que "ha visto" y "da testimonio" de que Jesús es "el Hijo de Dios".

Sabemos que "ver" y "dar testimonio" constituyen dos expresiones típicamente joánicas, que definen el ser y la misión del discípulo: este es alguien que "ha visto" y, por ello mismo, puede "dar testimonio".

Así aparece en diferentes lugares del evangelio e incluso en las Cartas de Juan: "Nosotros hemos visto y damos testimonio" (Jn 19,35; 21,24; 1Jn 1,1-3).

¿Qué es lo que "ha visto" Juan? A un hombre lleno de Espíritu. Es decir, al Espíritu viviéndose en forma humana. Así me parece que hay que leer este relato, más allá de la literalidad que se muestra en la imagen mítica de la "paloma".

Es probable que Juan pudiera verlo, gracias a la transparencia del propio Jesús. Pues, como dijera Jean Sulivan, en una de las afirmaciones más bellas que, en mi opinión, se han dicho de él, "Jesús es lo que acontece cuando Dios habla sin obstáculos en un hombre".

Siempre que tenemos la fortuna de encontrarnos con una persona "transparente" –no "perfecta", sino humilde-, resulta más fácil reconocer, apreciar, "ver" el Misterio que la (nos) habita.

Pero parece que no es suficiente encontrarnos con alguien así, sino que, habitualmente, se requiere también haber desarrollado la propia "capacidad de ver", es decir un "saber mirar", que trasciende lo puramente material y lo meramente mental.

Si miramos solo desde la mente, aunque sea al propio Jesús, no lograremos ver sino a un ser separado, por más que lo proclamemos "divino". Porque la mente nos ofrece una visión inexorablemente fragmentadora y, por tanto, distorsionada, de lo real. Dado que para ella todo existe separado, nos hace caer en el engaño grosero de creer que la realidad es tal como la propia mente la ve.

Sin embargo, lo que la mente nos ofrece no es una "fotocopia" de lo real, sino únicamente su "interpretación", completamente condicionada por sus filtros limitantes. Es decir, lo que pensamos no tiene nada que ver con lo que es.

Los sabios siempre han sido conscientes de que existían distintos niveles de realidad, a los que podíamos acceder a través de diferentes órganos de conocimiento. Así, en una expresión que sería definitivamente acuñada por san Buenaventura –aunque, antes que él, en el siglo XII, fue utilizada por los monjes Hugo y Ricardo de San Víctor -, hablaban del "ojo de la carne", el "ojo de la razón" y el "ojo del espíritu" ("ojo de la contemplación" o "tercer ojo"). (En nuestros días, Ken Wilber ha retomado esta cuestión en Los tres ojos del conocimiento. La búsqueda de un nuevo paradigma, Kairós, Barcelona 1991; ID., El ojo del espíritu. Una visión integral para un mundo que está enloqueciendo poco a poco, Kairós, Barcelona 1998).

Nos empobrecemos cuando nos reducimos al "ojo de la carne" –en una especie de positivismo cientificista- y también al "ojo de la razón". Como ha escrito el psicólogo italiano Giorgio Nardone, "es una perversión de la inteligencia creer que la razón lo solventa todo".

Necesitamos recuperar el "tercer ojo". O dicho de otro modo: además de la "inteligencia operativa", es urgente cultivar el desarrollo de la "inteligencia espiritual". Nos jugamos en ello nada menos que la posibilidad de responder adecuadamente a la pregunta "¿quién soy yo?".

Solo la "inteligencia espiritual" –el "tercer ojo" de los clásicos- nos capacita para "ver" la realidad en su dimensión más profunda, para advertir el Misterio en todo lo que nos rodea, nosotros incluidos. Y, como Juan, solo si lo vemos podremos "dar testimonio".

La calidad humana, el futuro de la humanidad y del planeta depende de que sepamos "ver" de este modo.

Cuando miramos a Jesús desde ahí, lo que vemos –como el Bautista- es el Espíritu. Y eso sin ningún tipo de separación, por lo que, al mismo tiempo, nos estamos viendo a nosotros mismos: cada rostro es nuestro rostro. Porque, más allá de todos los vericuetos anecdóticos de la existencia, lo que permanece es la certeza misma de que, tras las confusiones de los egos, está el Espíritu que sonríe dulcemente al encontrarse consigo mismo y sentirse Uno tras las aparentes marañas y encrucijadas.

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/4538-cultivar-nuestra-capacidad-de-ver.html

Ilustración: David Zelenka.

Padre S. Martín: León, más de Benedicto que de Francisco. María M. Machado Venezuela:

https://www.youtube.com/watch?v=e6hwRrNBdzc


León XIV: https://www.youtube.com/watch?v=cQXlhRj7z14










domingo, 15 de enero de 2023

La misión de Juan el Bautista

Domingo 2A TO 15 enero 2023

“He visto que el Espíritu bajaba sobre Él” (Jn 1, 29-34)
(Diálogo sobre el Evangelio de hoy: Cordero de Dios)
José Martínez de Toda, SJ.
¿Qué nos puede apasionar?
<Unos cazadores abatieron una manada de tigres. Sólo se salvó un baby tigre.
Al día siguiente pasó por allí un rebaño decabras y lo adoptaron. El baby tigre se convirtió en una cabra: comía hierba y vivía como las cabras. Pero nuestro baby tigre intuía queera algo diferente y cuando contemplaba su imagen en el agua se veía distinto de las cabras. Un día un tigre grande, maduro y macho, seacercó donde las cabras pastaban y todas huyeron despavoridas. El baby tigre se quedó quieto, mirando y esperando.
De repente el tigre grande rugió con toda su fuerza. Entonces los ojos del pequeño se abrieron y supo quién era. Se despertó en él la imagen perdida y descubrió su identidad. No era una cabra. Era un tigre. Y corrió hacia él y pasó el resto de sus días en su compañía. >> (Félix Jiménez, escolapio)
Nosotros, como el baby tigre, vamos llevando una vida ficticia, superficial, adormecida, sin identidad: estamos distraídos, no nos concentramos en lo fundamental, estamos ofuscados por tantas cosas... Necesitamos algo que nos despierte, que nos sitúe, una llamada que sea un rugido que nos ponga alerta y de pie.
En las tres Lecturas de hoy tres personas escucharon un día el rugido del Espíritu y se sintieron llamadas a ser testigos de Dios, presencia de Dios, señales de Dios para los hermanos de la familia humana: Isaías, Pablo y Jesús.
¿Cuál es ese rugido de hoy que nos despierta?
Es el de Juan que nos grita:
-"Mira, ahí va el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo".
Aquí se refiere al Cordero y a la Oveja Pascual, cuya sangre liberó al pueblo de Israel de la muerte en Egipto, y preparó el camino para su liberación de Egipto (Éxodo. 12).
También se refiere al Siervo de Yahveh, que: "como manso Cordero, fue llevado al matadero y no abrió la boca". (Is 53,7). “El Siervo de Yahveh justificará a muchos y sus culpas él soportará...; él llevó el pecado de muchos" (Is 53,11.12).
También significa el cordero proporcionado por Dios a Abraham para sacrificarlo en lugar de Isaac (Gen. 22:8-13).
Asimismo las ovejas y corderos, que se sacrificaban a diario en el templo para redimir a la gente de sus pecados.
Y Juan continúa: “Este Cordero de Dios quita el pecado del mundo” (v. 29). En una sola frase, Juan Bautista condensa todo lo que Jesús es y toda su misión. Él es “Jesús”, que significa “Salvador” del mundo. Pero en la frase “Cordero de Dios”, el elemento crucial es
de Dios’, pues solo Dios quita o perdona el pecado.
Esto lo logró Jesús de una sola vez, cuando cumplió la misión que recibió del Padre, deencarnarse, anunciar –con palabras y obras- la cercanía del Reino de Dios y ser, en ello,
fiel hasta la muerte, y muerte de por los pecados del mundo. En efecto, en la última cena
Jesús tomó el cáliz y dijo: “Esta es mi sangre de la Alianza, quees derramada por todos”.
¿Cuál es la verdadera misión de Juan el Bautista?
El Bautista dice que él bautiza “para que (Jesús) sea manifestado a Israel” (vs. 31).
El trabajo de Juan es revelar a los demás lo que ya se le ha revelado a él.
Dos veces dice Juan que él no conocía a Jesús. Lo conocía físicamente, pues sus mamás María e Isabel eran primas y se trataban. Pero solo ahora Juan reconoce a Jesús por quien es de verdad. No conocía la identidad profunda ni la misión de Jesús.
Lo supo porque Dios, que lo envió a bautizar con agua, se lo reveló. (Nadie puede reconocer a Jesús como Dios y Señor si no le es revelado de lo alto. Por eso la fe hay que pedirla. Es un don, no una imposición ni una conquista personal.)
¿Y los bautizos que hacía Juan el Bautista?
El rito del bautismo, que Juan popularizó, significaba un reconocimiento público de estar dispuesto a cambiar de vida para preparar así el camino al Mesías.
Y no es poco ese inicio. Sin embargo, el bautismo de Juan no quita el pecado del mundo ni comunica el Espíritu. Simplemente limpia. Es como una figura o preanuncio del que había de venir. Es signo de la buena disposición a recibir el Reino. Pero no transforma. No recrea. No libera.
Poreso hay que decir queel bautizo de Jesús por medio del Espíritu y el fuego es infinitamente superior, pues da nueva vida en Dios. Fue Jesús Resucitado el que derramó el Espíritu sobre sus discípulos para hacer de ellos una nueva creación.
¿Cuándo reconoció Juan el Bautista a Jesús?
Cuando bajó el Espíritu Santo como paloma sobre Jesús, y se oyó la voz del Padre:
Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco” (Mc 1,11).
Dos veces dice Juan que el Espíritu bajó del cielo como si fuera una paloma, y se posó sobre Jesús. Esta repetición indica su importancia. El Espíritu se queda y permanece con Jesús (vs. 32), como cuando una paloma busca su nido, su hogar, su lugar natural y querido, y allí se queda. El amor del Padre tiene nostalgia de su nido, que es Jesús, y baja a establecerse en Él como su morada permanente. La paloma es símbolo del cariño del Espíritu Santo.
Seabre el cielo: esto quiere decir que Dios está cercano a Jesús. Desciende como si fuera una paloma: algo nuevo va a comenzar y, así como el Espíritu volaba sobre las aguas el primer día de la creación del mundo, aletea ahora sobre Jesús, el hombre nuevo.
Con esta evocación, el evangelista quería decir que el Espíritu desciende sobre Jesús para hacer una nueva creación, el Hombre Nuevo, del que nosotros estamos llamados a ser imagen por el bautismo (Rom 8,29).
Al ver el Espíritu y oír la voz Juan comprende, finalmente, quién es Jesús.
Y yo le vi, y he dado testimonio queéste es el Hijo de Dios” (v. 34).
Jesús es "el Novio", el que tiene a la Esposa, que es el nuevo Israel, la Iglesia. Juan sólo es el amigo del Novio que se alegra cuando escucha su voz (cf. Jn 3,29). No hay rivalidad ni envidia en Juan. El Bautista disminuye para que Cristo crezca.
Por eso Juan invita a sus propios discípulos a seguir a Jesús.
Y varios de los discípulos se fueron tras Jesús hacia las 4 de la tarde y pasaron largas horas con Él, y después se quedaron definitivamente con Él.
(Estos DIÁLOGOS se hallan en www.homiletica.orgtambién como Guiones Radiofónicos; se clika en José Martínez de Toda, S.J. martodaj@gmail.com Ojalá que las laicas/os los lleven a la radio.)
Misas y confesiones en la iglesia de S. Francisco, El Silencio, Caracas:
Domingos: a las 8, 10, a.m., 12 m. y 5:00 pm.
De lunes a sábado: a las 7 a.m., 12m. y 5:00 pm.
Ilustración: Carl Heinrich Bloch.

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY