Mostrando las entradas con la etiqueta Humberto González. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Humberto González. Mostrar todas las entradas

miércoles, 8 de marzo de 2023

Huelgan los comentarios

DIRIGENTES ESQUIROLES

Humberto González Briceño 

Hace unos días conversábamos con la periodista Patricia Poleo sobre la explosiva situación económica y social que vive Venezuela, la cual ha provocado numerosas protestas y manifestaciones contra el régimen chavista, principalmente lideradas por el sector magisterial. Y es que para quienes aún no lo saben, o no les importa, un profesor universitario en Venezuela gana menos de 25 dólares al mes, mientras que uno de educación media tiene que conformarse con la modesta suma de 5 dólares. Estos valores propios de la revolución bolivariana se reproducen, manteniendo las proporciones, en otros sectores de la devastada economía.

Como respuesta a la evidente pulverización del salario y ante la traición de los partidos de la falsa oposición, con su dirigencia gremial y sindical dedicada a la campaña electoral y no a la lucha social, han reventado protestas en todo el país exigiendo no solo reivindicaciones salariales sino también un nuevo tipo de sindicalismo no comprometido con los partidos políticos, y más específicamente con aquellos de la falsa oposición.

En el contexto de este análisis yo le argumentaba a Patricia Poleo que como evidencia de la nociva y tóxica influencia de los partidos en la lucha gremial y sindical estaba la posición de Jesús Mendoza Morales, presidente de la Federación de Centros Universitarios de la Universidad Central de Venezuela, llamando a rechazar el paro de 48 horas convocado por FAPUV y otras organizaciones gremiales universitarias.

Según Mendoza Morales, la FCU-UCV no apoyaría el paro universitario de 48 horas porque “…la paralización no es el camino, pues representa un mecanismo de lucha obsoleto e ineficaz para lograr las exigencias de los trabajadores universitarios”. Esta postura, por supuesto, pone a Mendoza Morales en contra de los trabajadores universitarios y alineado con las tesis negociadoras y colaboracionistas con el régimen chavista que ejercita la falsa oposición venezolana.

A esta constatación la periodista Poleo me acota que eso es lo que se conoce como un esquirol, caracterización con la cual estoy de acuerdo porque precisamente un esquirol es un agente que actúa dentro del propio movimiento para sabotear y romper una huelga. Efectivamente Mendoza Morales, aunque no es profesor universitario, es parte de la comunidad universitaria que ha sido ultrajada en todos los sentidos por el régimen chavista, frente a lo cual no se puede ser indiferente o complaciente.

Sin embargo, el presidente de la FCU-UCV, en nombre de la organización que representa, no solo se separa pudorosamente de la huelga de 48 horas, sino que además se pone en contra de ella al calificarla de “obsoleta e ineficaz”. Y eso es lo que en la lengua española conocemos como un esquirol o rompehuelgas.

El referido dirigente estudiantil rechazó el calificativo de “esquirol” básicamente ratificando su argumento inicial y agregando algunas razones adicionales para justificar su postura rompehuelgas como la correcta y enfrentada a la de quienes sí apoyamos el paro de 48 horas y otras jornadas de protesta de los profesores universitarios en particular y de los trabajadores venezolanos en general.

Esto obliga a contrastar ambas tesis, no tanto para establecer si una u otra es correcta, sino más bien para comprender la naturaleza y el propósito de cada una. Después de todo la postura colaboracionista y rompehuelgas de Jesús Mendoza Morales en contra de los profesores universitarios bien podría ser la tesis correcta, desde la perspectiva del régimen chavista. Veamos.

En forma oportunista e insincera Mendoza Morales dice que apoya los reclamos del sector universitario. Seguidamente castra su propia idea aclarando “…pero no con paralizaciones, ni llamados a paro”, los cuales considera mecanismos de lucha obsoletos e ineficaces. En su lugar propone lo que él denomina manifestaciones de calle pacíficas.

Los profesores universitarios y los trabajadores venezolanos están cansados de estas demostraciones pacíficas y simbólicas frente a un régimen que se burla y banaliza la protesta. Ante lo obsoleto e ineficaz que resulta la protesta cívica y pacífica para exigir sus derechos los trabajadores universitarios no tienen otra opción que presionar al régimen incrementando la protesta y paralizando sus actividades, todo según lo que establece la propia y contradictoria Constitución chavista de 1999.

No se puede decir que un paro de 48 horas, o incluso un paro indefinido, le haga más daño a la universidad venezolana que el daño que el régimen chavista le ha propinado en estas dos décadas. La mera insinuación de esta idea solo busca enmascarar una postura colaboracionista con el régimen y rompehuelgas como si fuese una estrictamente académica.

Y es que precisamente el sentido de la protesta y el paro es presionar por condiciones materiales y humanas que permitan salvar la existencia de universidades como la UCV donde estudia Jesús Mendoza Morales. En otras palabras, si el sector universitario no se une para protestar por sus derechos, la Universidad venezolana, como la hemos conocido, podría agonizar en lo que sería sin duda un triunfo de la barbarie que representa el régimen.

El tipo de protesta por el que aboga Mendoza Morales es una muy calculada y comedida, que no fastidie al régimen mientras mantiene solo apariencias de sospechosa beligerancia. Una beligerancia retórica e inocua, pero además obsoleta e ineficaz, como forma de lucha. Por supuesto, el citado dirigente estudiantil preferiría comisiones negociadoras en lugar de un paro nacional universitario, abrazando la inveterada manía colaboracionista y negociadora que ha ejercitado la falsa oposición, cuyos resultados resultan tan inocultables como inobjetables.

No otro podría ser el destino de la universidad venezolana si se escogiera la forma de lucha que nos propone Mendoza Morales, quien no puede, en forma conveniente, desdoblarse para actuar como presunto dirigente universitario en unas instancias y en otras como operador político del partido Fuerza Vecinal, otra variedad del elenco que conforma la falsa oposición.

Más allá de lo que el presidente de la FCU-UCV pueda decir, lo que realmente importa es su conducta, lo que hace. El proceder de Jesús Mendoza Morales no es el de un preocupado dirigente universitario solidario con la protesta de sus profesores que ganan menos de 25 dólares al mes o angustiado ante el asalto de la universidad venezolana por parte del régimen chavista.

El comportamiento de Mendoza Morales es consecuente con los intereses propios de un partido de la falsa oposición que busca desesperadamente colaborar con el régimen, no ayudar a recuperar el sector universitario. El argumento según el cual no se debe apoyar un paro universitario porque esto afecta a la universidad es el punto de conexión real entre la agenda del régimen (quebrar la protesta) y la de la falsa oposición (aparentar beligerancia).

Cualquier operador político, como Mendoza Morales, puede con facilidad y desenfado asumir este discurso desde la comodidad y los privilegios que le otorgan el ser un político profesional. Comodidades y privilegios a los cuales no pueden acceder los profesores universitarios porque, a diferencia del presidente de la FCU-UCV, escogieron enseñar y no convertirse en esquiroles o gestores de clientelas partidistas.

07/03/2023:

https://www.elnacional.com/opinion/dirigentes-esquiroles/

miércoles, 13 de julio de 2022

Significado político

¿A QUIÉN SIRVE EL ASESINATO DE CARLOS LANZ?

Humberto González Briceño  

El propósito de este artículo es llamar la atención sobre la significación política del asesinato de Carlos Lanz como prueba irrefutable de las guerras intestinas que se libran en las entrañas del chavismo. La historia presentada por el fiscal Tarek William Saab contiene, literalmente, ríos de contradicciones que serán el material de criminólogos y especialistas quienes nos ilustrarán sobre las inconsistencias de una investigación que no pasa de ser un acto burdo de piratería. Donde queremos enfocarnos hoy es en la valoración política de un evento que no puede pasar por debajo de la mesa o echarle tierrita, como pretende el régimen chavista.

Presentar a Mayi Cumare como la autora intelectual de este supuesto crimen pasional busca de entrada desvincular cualquier implicación política. Pero desde el principio este caso estuvo rodeado de sospechas que siempre apuntaban a una acción del régimen chavista. Solo el aparato militar-policial del régimen tendría la capacidad logística para “extraer” a Lanz de su vivienda, en un complejo militar de Aragua, sin dejar huellas y desaparecer su cuerpo como Tarek William Saab lo confirma hoy.

La extracción y desaparición de Carlos Lanz fue una operación impecable ejecutada con precisión y maestría donde no podía haber margen para el error. Pero ese fino cálculo tiene que estrellarse con la realidad y la versión burda fabricada por Tarek Wlliam Saab intentando presentarlo como un crimen pasional. A diferencia de la operación militar-policial perpetrada, la declaración del fiscal es torpe e inútil porque termina dejando más preguntas que respuestas. Y por supuesto el crimen contiene la firma indeleble del régimen, o sea, su marca de fábrica: la desaparición del cadáver y del cuerpo del delito. En su lugar el régimen muestra unas confesiones y declaraciones imputando a Mayi Cumare que nos recuerdan vívidamente al testigo estrella del otrora mafioso fiscal Isaías Rodríguez cuando se le encomendó “darle tratamiento” al caso del incómodo fiscal chavista Danilo Anderson.

En el chavismo y más específicamente dentro del Estado chavista se mueven corrientes internas, civiles y militares, que se han planteado sacar a Nicolás Maduro para salvar su revolución. Además, hay el deseo natural de buscar un relevo y movilidad en las estructuras sobre todo en las Fuerzas Armadas chavistas donde abundan los generales sin tropa y tienen que represar los ascensos para privilegiar a los incondicionales de Maduro. Los frecuentes contactos de Carlos Lanz con civiles y militares chavistas con quienes discutía sobre el rumbo de la revolución chavista lo convertían en persona de interés para cualquier investigación de contrainteligencia militar, sobre todo a juzgar por el fluido acceso que tenía al Alto Mando y la Academia Militar.

En la clientela chavista Carlos Lanz era indiscutiblemente apreciado y respetado como un ideólogo de la revolución, una suerte de oráculo viviente que podía descifrar las más sofisticadas estrategias del imperialismo norteamericano contra el socialismo chavista. Para estas masas ignorantes e incultas el régimen fabricó la campaña según la cual Lanz habría sido víctima de una operación dirigida por Estados Unidos. Los incautos, incluyendo su propia familia, se abrazaron a la versión oficial y curiosamente le otorgaron un cheque en blanco a las actuaciones del régimen y de Tarek William Saab. Así transcurrieron casi dos años suficientes para enfriar el caso y finalmente tratar de buscarle un final burdo como el que ahora nos presenta el fiscal.

En los mentideros chavistas cunde el pánico y se especula que Carlos Lanz pudo haber sido vinculado a una supuesta conspiración contra Nicolás Maduro y el régimen tomó la determinación de actuar sin dilaciones produciendo su neutralización física. La detención del general César Mejía Camacaro, quien era la mano derecha de Lanz, sugería desde un principio posibles vinculaciones con movimientos de tipo militar.

La versión oficial de este crimen presentada por Tarek William Saab solo puede ser respaldada por una investigación totalmente viciada y confesiones que, siguiendo la tradición de la justicia chavista, bien pudieron haber sido logradas a cambio de tortura o dinero. Pero existen un cúmulo de eventos que podrían configurar evidencias circunstanciales para probar el móvil político y no pasional de este asesinato. El silencio, por ejemplo, de Nicolás Maduro, Jorge y Delcy Rodríguez sobre este incidente dice mucho de la valoración que le dieron desde un principio. De estos personajes que conforman la macolla del régimen no se consiguen opiniones claras sobre la desaparición de Carlos Lanz, nada más que ininteligibles balbuceos. Aunque ahora serán estos mismos quienes presidan sus exequias y homenajes, porque así opera el chavismo.

Dejando a un lado la tesis del crimen pasional esgrimida por Tarek William Saab por carecer de rigor criminalístico y policial, hay que seguir examinando las conexiones políticas de este crimen. Y la primera pregunta que habría que hacer es ¿a quién sirve políticamente el asesinato de Carlos Lanz? Aquí valdría recuperar las primeras declaraciones ofrecidas por Mayi Cumare sobre este incidente: “Carlos Lanz no tiene enemigos personales, sus enemigos son el imperio, el capitalismo y la corrupción, los mismos enemigos de la revolución bolivariana”. Los autores intelectuales y materiales del asesinato de Carlos Lanz habría que buscarlos en las mismas entrañas del régimen chavista donde se libran sangrientas batallas por el control del poder.

12/06/2022:

https://www.elnacional.com/opinion/a-quien-sirve-el-asesinato-de-carlos-lanz/

martes, 15 de marzo de 2022

Acorralamiento

EL CONFLICTO RUSIA-UCRANIA VISTO DESDE VENEZUELA 

Humberto González Briceño  

Lo primero que comprendimos cuando estalló la crisis militar entre Rusia y Ucrania es que no podíamos los venezolanos saltar a condenar a Rusia o apoyar a Ucrania sin antes lograr un entendimiento cabal de los  coletazos de esa crisis en Venezuela. En la confrontación de intereses geopolíticos los nuestros (los de los venezolanos que luchamos contra el chavismo) parecieran estar en contradicción con los de Ucrania como país sin que esto signifique condonar agresiones contra la población civil aún en situación de guerra.

Pero es que la presión de las corporaciones mediáticas y los dueños de las redes sociales va en dirección de condenar a Rusia y a todo aquel que se atreva a dudar de la opinión hoy hegemónica. Más allá de las opiniones personales que cualquiera pueda tener lo que nos interesa hoy es examinar la situación desde un punto de vista geopolítico en su impacto sobre la situación en Venezuela haciendo a un lado consideraciones de tipo psicológico e incluso propagandístico.

No es cierto que la intervención militar que pide Ucrania a Estados Unidos y la OTAN tenga similitudes con la intervención militar internacional que en algún momento pedimos para Venezuela. Ucrania está en el centro de un conflicto que ha sido creado artificialmente para ponerle un freno a la expansión imperial de Rusia. Es legítimo que Rusia en el ejercicio de sus capacidades imperiales quiera retomar el control de Ucrania que, antes de la maniobra de los comunistas soviéticos, era parte integral de Rusia y no algo distinto.

También es legítimo que los vecinos de Rusia administren sus temores y vean en esa acción una amenaza para sus propios países. Tan legítimo como el derecho que podría asistir a cualquier ucraniano de enfrentar por la fuerza las pretensiones rusas. Lo que cambia toda la dinámica es la torpe decisión de los Estados Unidos nuevamente convertido en policía del mundo, bajo la dirección de los demócratas, de sumarse al coro de otros países que ven en esta coyuntura la justificación para enfrentar a una Rusia que acusan de autoritaria, imperialista y enemiga de la civilización occidental.

La Rusia autoritaria y capitalista de hoy nada tiene que ver con el régimen comunista soviético de ayer, aunque algunos insisten en darle vida a ese espectro. De hecho la Rusia de hoy podría tener más intereses geopolíticos y culturales con Occidente que la propia China tan favorecida por la administración demócrata en Estados Unidos. Sin embargo, la narrativa dominante en los medios norteamericanos es a condenar el expansionismo ruso de su plataforma continental muy parecido, por cierto, a lo que hizo en su momento los Estados Unidos tomando control de extensas áreas de México y comprando a precio de ganga la zona de Alaska precisamente de los rusos.

Casi que por impulso reflejo deberíamos salir a condenar la acción de Rusia contra Ucrania por el hecho de que Rusia ha sido clave e instrumental en el sostenimiento militar del régimen chavista. Por lo que la instalación de las bases militares rusas en Venezuela significan y por la disposición que tiene el régimen chavista de cederle el territorio a cualquier país dispuesto a confrontar militarmente con Estados Unidos es por lo que las razones para pedir una intervención militar internacional no eran sólo domésticas sino geopolíticas. La disposición del régimen chavista de poner el territorio venezolano a la orden para instalar armas de largo alcance es una amenaza real para la seguridad continental de los Estados Unidos más incluso que el control de Ucrania por parte de Rusia. Aunque el gobierno ucraniano insista en hacer de su guerra la tercera guerra mundial involucrando a más países en contra de Rusia.

Para los venezolanos que estamos en una guerra a muerte contra el régimen chavista condenar a Rusia y apoyar al gobierno de Ucrania nos pone automáticamente del lado del grupo de países -¿intereses?- liderados por los Estados Unidos e Inglaterra que ahora proponen financiar al chavismo levantándole las sanciones internacionales y comprándole  petróleo. Según Estados Unidos, Rusia es enemiga de Occidente y comprarle petróleo sería financiar su maquinaria de guerra. Los operadores del Partido Demócrata resolvieron que entonces era preferible financiar la maquinaria represiva del chavismo que ahora se encuentra en una posición privilegiada de la mano de su más insospechado aliado, el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica.

No vamos a ahorrar palabras de apoyo y solidaridad con el pueblo ucraniano que hoy es víctima de poderosos intereses financieros y militares que los han usado para provocar un conflicto con Rusia. Si hay que buscar culpables al sufrimiento de los ucranianos no solo se puede acusar a Rusia sino a Estados Unidos y los demás países de la OTAN que usan a Ucrania como proxy en su guerra imprudente contra Rusia. Con el mayor pragmatismo estos países alientan la posición de Ucrania y le suministran poderosas armas al tiempo que se excusan de no acordar una zona de exclusión aérea con el pretexto que eso sería interpretado como un acto de guerra directo contra Rusia como si el suministro de armas y el embargo internacional ya no lo fueran.

Tampoco los venezolanos podemos aceptar que se nos acorrale a escoger entre apoyar a los oligarcas de la Rusia de Putin y los de la Ucrania de Zelenski. Nuestra posición debe ser prudente, no neutral. Y en el ejercicio de esa prudencia para defender nuestros propios intereses y no otros estamos obligados a condenar a los verdaderos responsables del conflicto entre Rusia y Ucrania y a denunciar  a todo aliado del régimen chavista que le apoye en forma militar o económica, llámese Rusia o Estados Unidos.

Fotografía: https://jbpress.ismedia.jp/articles/-/69007

15/03/2022:

https://www.elnacional.com/opinion/el-conflicto-rusia-ucrania-visto-desde-venezuela

Breve nota LB:En la edición digital de El Nacional de hoy, de veinte textos de la sección de opinión, doce se refirieron al problema de Rusia y Ucrania, incluyendo el artículo de Humberto González. 

UNA GUERRA SIN JUSTIFICACIÓN

Humberto González Briceño  

La crisis militar Rusia-Ucrania ha permitido que circulen por todo el planeta ríos de propaganda tratando de justificar una u otra posición. Es el otro campo de batalla, el de las redes sociales y la opinión general donde se intenta legitimar una opción militar y condenar la otra. Estas campañas circulan en forma muy fluida la mayoría de las veces camufladas de “información” (que nunca es objetiva) y “análisis” (que siempre son tendenciosos). Esto complica la comprensión de una situación de por sí ya compleja y además produce efectos perniciosos cuando militares y políticos usan esas piezas de propaganda para basar sus decisiones.

El relato dominante hoy en redes sociales y medios condena la acción militar de Rusia contra Ucrania simplificando el conflicto a una presunta confrontación entre democracia liberal y autoritarismo o mejor aún a una batalla épica y definitiva  entre el bien y el mal. Desde esa nebulosa es prácticamente imposible entender la complejidad de la crisis y menos aún construir posibles alternativas que conduzcan a una paz negociada. La incapacidad para entender la naturaleza de esta confrontación combinada con otros poderosos intereses geopolíticos, militares y financieros que entran en juego multiplican en forma exponencial el daño humano y económico no solo para Ucrania y Rusia, en primer término, sino también para Europa y el resto del mundo. No hay espacio para mantenerse ajeno o neutral frente a un conflicto de estas dimensiones que nos alcanza a todos.

El recurso preferido de “periodistas” y “analistas” es exponer la crisis partiendo de la crisis misma haciendo abstracción, deliberadamente, del contexto y, lo más importante, los antecedentes y causas. Esto permite armar versiones tales como que un buen día Vladimir Putin enloqueció y decidió invadir Ucrania y al resto de países de Europa. Pareciera entonces que estamos frente a un conflicto que estalla hoy (entendiendo este hoy en un horizonte temporal de 25-30 años) y que no es el resultado de una sucesión de eventos relacionados que nos han traído hasta aquí.

Hay abundante literatura académica que explica como Ucrania, siendo parte integral de Rusia, fue desmembrada por una conveniente decisión administrativa de la Unión Soviética. Con el tiempo la creación de esta suerte de república artificial se convirtió en una realidad geopolítica en las guerras proxy contra Rusia y además alojando en su seno una variedad de grupos ultra nacionalistas que encontraron en el neo nazismo y el neo fascismo ideologías para justificar su propósito separatista.

Con el derrumbe de la Unión Soviética esa creación artificial llamada Ucrania se ve ahora reconocida en el concierto de las naciones como una república independiente y soberana. Esta es una realidad geopolítica con la cual la Rusia posoviética tendrá que convivir al igual que con otras repúblicas que fueron parte de la URSS y ahora están en su frontera.

La desaparición de la Unión Soviética produjo ipso facto la desarticulación del Pacto de Varsovia, alianza militar que agrupaba a los aliados de la URSS. Extinguida la amenaza soviética contra las democracias occidentales la desaparición del Pacto de Varsovia ha debido llevar de inmediato al desmantelamiento de su contraparte la Organización del Tratado del Atlántico Norte. Aunque esto fue parte de lo que formalmente se le ofreció a la Rusia posoviética como garantía para su propia seguridad como potencia lejos de ser así la OTAN no solo continuó sus operaciones como siempre sino que emprendió la incorporación de antiguas repúblicas que pertenecieron en el pasado a la órbita soviética.

La razón para esta política fueron los temores de estas repúblicas ante una eventual resurrección del poder soviético esta vez encarnado en una Rusia con obvias y evidentes pretensiones imperiales. Estos miedos fueron hábilmente manejados por el llamado complejo militar industrial de Estados Unidos, a través de las políticas del Departamento de Estado, que se dio a la tarea de exacerbar la desconfianza y crear condiciones para justificar la expansión geopolítica y militar de la OTAN lo cual se traduce en ventas de armas sofisticadas y tecnología militar a sus nuevos clientes, ahora parte de la alianza militar.

No pocos catedráticos y estadistas estadounidenses han advertido desde 1991 que la expansión de la OTAN hasta las fronteras con Rusia sería interpretada por esta como una agresión directa y provocaría eventos de consecuencias imprevisibles. Y es que tanto derecho tiene la Rusia de Putin de sentirse amenazada por la instalación de armas nucleares en sus fronteras y áreas de influencia como en su momento lo tuvo Estados Unidos de Kennedy cuando la Unión Soviética instaló sus misiles en Cuba, a escasos minutos de la plataforma continental estadounidense.

Estamos frente a un conflicto que ha sido cuidadosamente planificado y que ha podido ser evitado. Es decir, si de verdad la vida de los ucranianos importa, como dicen los voceros de la OTAN, en lugar de enviar armas a Ucrania lo que deberían estar haciendo en este momento es emprender una negociación directa con Rusia para detener la guerra. Por el contrario vemos como los países “aliados” de Ucrania quieren seguir suministrándole  armas y usarla como proxy en su objetivo de enfrentar a Rusia.

Es curioso que cuando Volodimir Zelenski  declarara hace unos días que Ucrania no debería ser parte de la OTAN,  sus “aliados”, y entre ellos el más vocal de todo Estados Unidos, guardaron silencio. Porque en definitiva las condiciones que plantea Rusia para resolver este conflicto son muy claras: que no se instalen armas nucleares y bases misilísticas en sus fronteras y que no se acepten más países vecinos en la OTAN. Solo quienes viven del negocio lucrativo de la guerra pueden encontrar estas condiciones como irracionales.

En el centro de este conflicto están los ucranianos, víctimas de los bombardeos rusos, del ejército de Zelenski que los usa como escudos humanos y de los negocios del complejo militar industrial norteamericano con la OTAN. No hay razones para evadir una negociación directa con Rusia y prolongar el sufrimiento humano en Ucrania. Tal como lo dijo el geoestratega chino Lanxin Xiang quien dirige el Institute of Security Policy de Shanghai, esta es una guerra que no tiene justificación, pero sí causas.

22/03/2022:

https://www.elnacional.com/opinion/una-guerra-sin-justificacion-pero-con-causas


Breve nota LB
: Importante tomar en cuenta otras perspectivas de la guerra.  Por supuesto que hay discrepancias ideológica, pero no obsta a la indagación y aceptación de una interpretación fuera de la convención dominante.  

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY