Solo hay una
"tarea" que realizar: favorecer la vida. Sin embargo, tal tarea no es
algo "añadido" a lo que somos.
El ego piensa que tiene que
hacer porque se ve como un "alguien" separado que se define, entre
otras cosas, por su capacidad hacedora. Y ve la acción, como todo lo demás,
desde una perspectiva dual: yo, delimitado o encerrado en mí mismo, hago algo
que, en cierto modo, me enriquece o enriquece a otros.
El ego, consciente o
inconscientemente, se define como carencia: de ahí que busque fuera aquello que
le permitiría "completarse" y experimentarse más pleno.
Sin embargo, "dar
vida" no es algo que el ego pueda hacer. La Vida se da a sí misma.
Necesitamos únicamente reconocernos en ella, de un modo cada vez más consciente
y, por tanto, desapropiado para, de ese modo, permitir que fluya y se exprese a
través de nosotros, en modos concretos.
En este sentido se puede
entender la imagen de la "puerta", en cuanto espacio abierto que
permite que la Vida fluya.
Porque la Vida es, antes que
nada, espaciosidad, amplitud ilimitada que todo lo contiene y que se expresa en
infinidad de formas, todas ellas habitadas por la misma y única Vida.
Por eso, quien se percibe
así, no puede sino vivir el cuidado con todos y con todo. Un cuidado que Jesús
expresa en la imagen del "pastor", imagen que resulta anacrónica para
la mayoría de nuestros contemporáneos, pero que encerraba una extraordinaria
riqueza, histórica y metafórica, en el contexto en que Jesús la utilizaba.
Todos nosotros
"conocemos la voz" de la Vida. Por eso, cada vez que vemos, oímos o
leemos algo preñado de vida, se produce una resonancia en nuestro interior. Es
una voz que nos "suena", aunque haya podido estar muy apagada durante
mucho tiempo.
En nuestro mundo hay muchas
voces de todo tipo. Tantas, que corremos el riesgo de terminar aturdidos.
Algunas de ellas pueden resultarnos especialmente atractivas porque parecen
encajar perfectamente con lo que son las necesidades del ego. Hay voces que
prometen, voces que compensan, voces que entretienen, voces que distraen, voces
que seducen, voces que inflan, voces que asustan, voces que amenazan, voces que
nos dan la razón, voces que nos rechazan... Tantas voces que no es extraño que,
en algún momento, las sigamos. Sin embargo, si no son la genuina voz de la
Vida, no nos alimentarán; su encanto habrá resultado pasajero y, con
frecuencia, frustrante.
Jesús habla desde la Vida, o
mejor aún, como la Vida: porque es esta la que habla a través de él.
Solo puede hablar desde la
Vida quien se reconoce en ella, quien ha descubierto que la Vida es su
verdadera identidad. Se comprende que quien dijo: "yo soy la puerta",
"yo soy el pastor", "yo he venido para que tengan vida"...,
dijera también: "Yo soy la Vida". No puede ser de otro modo.
Lo admirable es que esta
afirmación del maestro de Nazaret es válida para todos nosotros: la Vida es
nuestra identidad. Únicamente necesitamos reconocerla y vivirnos en la
consciencia de ser ella.
DAR LA VIDA ES PONER LA VIDA AL SERVICIO DE LOS DEMÁS
Fray Marcos (Rodríguez)
CONTEXTO
El texto que acabamos de leer está enmarcado en un contexto más amplio de polémica entre Jesús y los judíos (fariseos), después de la curación del ciego de nacimiento.
Quien no entra por la puerta, es ladrón y bandido. Quien no es dueño de las ovejas, sino asalariado, no está dispuesto a dar la vida por ellas. La mejor prueba de que la parábola iba contra ellos, es que al final del relato nos dice que los judíos cogieron piedras para apedrear a Jesús.
Aunque hemos abandonado los relatos pascuales, no nos salimos del tema pascual, la Vida. El único mandato que Jesús recibe del Padre es que dé Vida.
EXPLICACIÓN
El problema que tenemos hoy nosotros para comprender la alegoría del buen pastor, es que apenas sabemos lo que es un pastor; mucho menos podemos hacernos la idea de lo que sería un "buen pastor". En nuestro tiempo un pastor no conoce a cada oveja por su nombre, ni las ovejas reconocen a su pastor.
En tiempo de Jesús, el pastor era, casi siempre, el dueño de un pequeño número de ovejas, a las que cuidaba como si fueran miembros de la familia, incluso cobijándolas bajo el mismo techo, llamándolas por su nombre propio. Es natural que así fuera, porque de ellas dependía el sustento de la familia; lana, leche, carne, piel, abono, contribuían a la subsistencia de sus miembros.
La figura del pastor modelo está en contraposición con la figura del mercenario. El pastor que es dueño de las ovejas, actúa por amor, aunque sea interesado, y no le importa arriesgar su propia persona para defenderlas de cualquier peligro. El mercenario actúa por dinero, las ovejas le traen sin cuidado.
En el libro de Esdras 5,18 se dice: “No nos abandones como un pastor su rebaño en poder de lobos dañinos”. La figura del lobo está en paralelo con la del ladrón y bandido, (de la que habla un poco más arriba) que arrebata y dispersa. Precisamente lo contrario de lo que hace Jesús, reunir las ovejas dispersas (Jn 11,52)
La imagen del pastor fue muy utilizada en el Antiguo Testamento. Se aplicó a los dirigentes, muchas veces para llamar la atención de que no cumplían con su deber de cuidar como debían del pueblo. También se aplicó al mismo Dios que, cansado de los malos pastores, terminaría por apacentar Él mismo a su rebaño.
La única idea totalmente original de Juan es la de dar la vida por las ovejas. Seguramente es una interpretación de la vida y muerte de Jesús como servicio total a los hombres. Hay que recordar una vez más, que no se trata de un discurso de Jesús, sino de una manera de trasmitir lo que los cristianos de aquella comunidad pensaron sobre él durante setenta años.
Yo soy el buen pastor. No se trata sólo de resaltar el carácter de bondad y de dulzura. Con la traducción oficial queda devaluada la expresión. Además “bueno” en griego, sería agathos. Kalos significa bello, ideal, excelente, único en su género o modelo de perfección. Denota perfección suma. No se dice sólo de las personas: el vino de calidad de la boda de Caná (Jn 2,10). Sería el pastor por excelencia, único. Pastores “buenos”, puede haber muchos. Pastor ideal sólo puede haber uno.
El tomar el evangelio que acabamos de oír como excusa para hablar de los obispos y de los sacerdotes como pastores, no tiene ni pies ni cabeza. La tarea de los dirigentes religiosos no tiene nada que ver con lo que nos quiere decir el evangelio sobre Jesús. Todos somos ovejas de Jesús, no del obispo o del párroco; mucho menos si siguen empeñados en que, en vez de ovejas, seamos borregos.
El buen pastor se entrega él mismo por las ovejas. La vida (psukhên) se identifica con la persona. En griego existen tres palabras para designar vida: bios, zoê)y psukhê. No significan exactamente lo mismo, y por eso pueden causar confusión. Psukhên significa persona, es decir, capacidad de sentimientos y afectos.
Tithesin no significa dar, sino poner, o mejor, exponer, arriesgar. Como pastor excelente, Jesús pone su persona al servicio de los demás durante toda la vida. Jesús se desvive por los demás. Dice el DRAE: desvivirse: Mostrar incesante y vivo interés, solicitud o amor por una persona. Es exactamente lo que queremos decir aquí de Jesús.
La entrega de la vida física, es la manifestación extrema de su continua entrega durante su vida. Quien no ama hasta dar la vida no es auténtico pastor. El máximo don de sí, es la comunicación plena de lo que él es.
No se trata de que, por su muerte, se nos conceda algo venido de fuera. Se trata de que su vida, puesta al servicio de los demás, prende y se desarrolla en los demás. Cuando seamos capaces de darnos sin límites, será la prueba de que su Vida está en nosotros.
Conozco a las mías y las mías me conocen. No se trata de un conocimiento a través de los sentidos o de la razón. En el Antiguo Testamento el conocimiento y el amor van siempre juntos.
Ese conocimiento mutuo es una relación íntima, por la participación del Espíritu. Esta reciprocidad nos lanza a años luz de la simple imagen de oveja y pastor. Este mutuo conocimiento-amor, lo compara con el que existe entre Jesús y el Padre.
La comunidad de Jesús no es una filiación externa, sino una experiencia-vivencia de amor. No se trata de la pertenencia a una institución, sino de la unidad de ser y acción en el mismo Espíritu. El descubrimiento vivencial del amor de Dios al hombre lleva a dar la vida.
Tengo otras ovejas que no son de este atrio. Sitúa Juan su evangelio en el amplio contexto de la creación. De ahí deduce la visión universalista de la misión de Jesús. Los supuestos privilegios del pueblo de Israel, desaparecen en beneficio de una comunidad universal.
Ya en el prólogo habla de la “luz que ilumina a todo hombre”. Es una pena que nos hayamos olvidado de esta visión. Todos los seres humanos pertenecen al mismo dueño y de todos cuida con la misma solicitud.
Tal vez la idea religiosa que más daño ha hecho a nuestro cristianismo, es la de creernos elegidos, y que Dios era propiedad exclusiva nuestra. Todas las religiones han caído en esa trampa; la nuestra ha sido la más exagerada en esa reivindicación de una exclusividad de Dios. "Fuera de la Iglesia no hay salvación".
Aún hoy, la idea que tenemos de ecumenismo es raquítica; unirnos todos los que creemos en Cristo. ¿Para hacer frente a los adversarios de una manera más eficaz? La imagen que damos de Dios es lamentable y mezquina. Para nada es la del Dios de Jesús.
Un solo rebaño, un solo pastor. La ausencia de conjunción "y" o preposición "con" entre los dos términos, quiere indicar que la relación entre Jesús y el rebaño no es de yuxtaposición ni de compañía. Jesús como fuente de Vida es el aglutinante que constituye la comunidad como tal.
No puede ser encerrada en institución alguna, ni nacional ni cultural ni religiosa. Su base es la naturaleza del hombre acabado por el Espíritu que da cohesión y unidad interior. Jesús no ha creado un corral (la Iglesia) donde meter sus ovejas, todos los hombres forman parte de su rebaño. Esto seguimos sin entenderlo, después de dos mil años. Va siendo hora de que abandonemos la seguridad de nuestros supuestos privilegios.
APLICACIÓN
La disposición a dar Vida, es la categoría intelectual que empalma estos relatos con el tiempo de Pascua que estamos celebrando.
Decíamos que la raíz de la experiencia pascual era que Jesús seguía vivo y estaba comunicando Vida a la comunidad. Es mucho más que celebrar la muerte y creer en una vuelta a la vida. Se trata de descubrir que Jesús comunica a otros lo más valioso de sí mismo.
Como los primeros cristianos, nosotros tenemos la misma posibilidad de hacer nuestra esa Vida. Se trata de la misma Vida de Dios, de su amor que se nos entrega incondicionalmente.
"El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo el que me come vivirá por mí". El que me come, quiere decir el que me hace suyo, el que se identifica con mi manera de ser, de pensar, de actuar, de vivir. Si Jesús es pan de Vida, no es porque lo podemos comer a él, sino porque nos capacita para dejarnos comer. Si no me desvivo por el otro, es que su Vida aún no se ha desplegado en mí.
En la medida que cada uno de nosotros hayamos hecho nuestra esa Vida, estaremos dispuestos a desvivirnos por los demás. Como la vida biológica, esta Vida es un “movimiento desde dentro”.
El salir de sí mismo e ir a los demás para potenciar su misma Vida, no debe depender de las circunstancias; es un movimiento que tiene su origen en esa misma Vida que se me ha comunicado y que no tiene más remedio que manifestarse en la entrega a los otros, sin ninguna clase de distinción. El amor que nos pidió Jesús, está reñido con cualquier clase de acepción de personas. No estamos acostumbrados a tener este detalle en cuanta, y así creemos que es amor lo que no es más que recíproco interés o simpatía visceral.
Amar, servir al que me ama y sirve, no es garantía ninguna del amor cristiano. Ayudar al que puede ayudarte y ser amable con la persona que puedes necesitar no es más que un sutil despliegue de egoísmo.
Si no atendemos a este detalle en nuestras relaciones con los demás, fácilmente podemos creernos en la cima del cristianismo, simplemente porque somos capaces de sacrificarnos por aquellos de los que dependemos.
Meditación-contemplación
“Yo doy mi vida por las ovejas”.
Trata de descubrir el verdadero sentido de esta frase.
No se trata de dar la vida muriendo,
sino de poner toda tu vida al servicio de los demás.
Solo lo que se da, se gana.
Todo lo que se guarda, se pierde.
Si te empañas en salvaguardar a toda costa tu vida,
habrás desperdiciado tu existencia.
Nadie va a exigirte que entregues tu vida muriendo.
Pero, de tu vida solo permanecerá lo que entregues.
No pienses en grandes sacrificios y renuncias.
Date poco a poco en las cosas más sencillas de cada día.