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viernes, 19 de julio de 2024

Pocos sintonizan sobre ella, propiciándola o padeciéndola

SOBRE LA TEORÍA DE LA GUERRA

Jonathan Benavides 

En un día sin novedades operativas relevantes en las dos campañas bélicas que seguimos, es un buen momento para teorizar un poco y luego poner el foco sobre temas de los que no tienen ni idea la mayoría de los que opinan sobre Ucrania, Rusia, la OTAN y Oriente Medio por estas latitudes. Siempre hemos insistido que politólogos y analistas políticos, en particular los especializados en el área internacional, deberían estudiar a profundidad esta área de suma importancia.

¿Sobre qué trata la teoría de la guerra?: 1) La respuesta debe tener en cuenta cuál es el foco de la teoría; 2) Hay teorías de la guerra dedicadas a entender el fenómeno en su integralidad y otras más focalizadas en los diferentes niveles en que la misma se lleva a cabo: – Político – Militar (estratégico, operacional y táctico); 3) Además hay teorías que tienen foco en el ambiente en que la guerra se desarrolla: – Nuclear – No nuclear – Insurgente; 4) Otras teorías ponen “especificidades”: – Terrestre – Naval – Anfibia – Aérea – Espacial – Electrónica – Ciberguerra – Psicológica, cada uno de los campos mencionados se subdivide además de una manera que puede sorprender. Ejemplo: Terrestre: combate urbano, blindados, apoyo de fuego, combate de infantería, armas combinadas, apoyos de combate, apoyo logístico, inteligencia de combate, etc.

¿Han sido soldados los principales teóricos de la guerra? La respuesta es que no todos han sido soldados en el siguiente sentido: – Algunos tuvieron experiencia de combate pero no era la militar su profesión. El caso más conocido es el de Sir Basil Lidell Hart; otros carecieron de experiencia militar pero dedicaron su vida a estudiar esos asuntos, asesorar sobre ellos e incluso a emplear el recurso militar como parte de su trabajo: Nicolás Maquiavelo es un buen ejemplo de esto; Martin van Creveld (quien por cierto no es un futbolista de los Países Bajos como algunos pueden creer), Colin Gray, Edward Luttwak y Mao Zedong son ejemplos contemporáneos.

¿Y qué podemos decir de los militares que aportaron a la teoría de guerra? 1) Todos ellos eran tipos que observaban al fenómeno «guerra» con el auxilio de una perspectiva histórica. Es decir no se atenían al “hoy” sino que buscaban proyectar hacia el futuro; 2) El foco de su atención ha sido diverso, tal como la guerra es. En punto a ello podemos distinguir quienes trataron a la guerra de manera general: Carl von Clausewitz, Antoine-Henri Jomini y Sun Tsu (si es que este realmente existió…); quienes buscaban generar una manera de imponerse en la guerra: Sir Basil Lidell Hart, Charles de Gaulle, Mikhail Tukhachevsky, Mao o Rupert Smith; Quienes a través de sus escritos han buscado “explicar” maneras de hacer la guerra: Acá la lista es gigante pero rescatamos a quienes nos “han ayudado”, Julio César, Napoleón, Ferdinand Foch, Erich von Manstein, Erwin Rommel, Walter Goerlitz, Bernard Montgomery, John Pimlott, Peter H. Wilson, etc.

¿Y toda esa teoría qué produce concretamente?. 1) Claramente todo ese bagaje inmenso, producido a lo largo de siglos, en los países serios es sometido a un proceso: Se lo recopila; se lo estudia (Oh no!!! hay que leer mucho!!!, Are you crazy?); se lo tamiza con la situación estratégica de cada país; se produce doctrina, la que a su vez se vuelca en procedimientos tanto para la política como para los militares. 2) Lo anterior es un proceso continuo, permanente y extremadamente complejo. Se parte de la base que la guerra es un fenómeno que muta particularmente en sus formas instrumentales, por lo que se requiere de un staff de personal altamente calificado, que de manera constante siga el devenir de estos temas en una manera muy abierta: las “novedades” no suelen venir de arriba sino que desde abajo surgen también. Latinoamérica carece absolutamente de algo sistémico en este tema.

Sin dudas el tema “guerra” no es uno agradable para que políticamente se saque “provecho” del mismo: los votantes tienen tanto interés en esa temática como en aprender qué diantres es en física el Campo de Higgs (algo esto último que les digo es apasionante…). En los países serios hay estamentos civiles y militares que dedican sus días a estudiar la guerra y producen conocimiento, generan políticas y evalúan resultados en función de ello. En general esos estamentos pasan absolutamente desapercibidos, sin embargo, su trabajo es tan valioso como otros focalizados en cosas “menos terribles”: es que en los países serios la guerra es vista como algo necesario de atender, ya que la misma es un fenómeno devastador y que no brinda tiempo para atenderlo sin previsiones.

Algunas cosas de las que no tienen idea los que dirigen y asesoran en defensa en Latinoamérica a lo largo del tiempo: 1) El desconocimiento sobre el área es tan enorme en esta región que abarcarlo supera las muy provincianas capacidades de quien esto escribe, pero haremos un esfuerzo; 2) Debemos decir que en ese desconocimiento debe necesariamente incluirse a un número no menor de militares. Cuidado esto no es un problema exclusivamente de los políticos, aunque sin dudas ellos tienen una enorme responsabilidad; 3) Cosas de las que no tienen idea alguna: Teoría de la guerra: ni se les ocurra iniciar un debate sobre estos temas con ellos; Organización militar: en este tema directamente ni se meten. Se conforman con establecer parámetros de la relación entre poder político y militar, pero de ahí en más dejan a los militares organizarse como quieran, es que ni siquiera conocen los rangos de sus respectivas fuerzas armadas. Los intentos habidos de modificar esta situación no han pasado de lo “cosmético”. Adiestramiento: este campo es directamente uno absolutamente ignorado. Si es mencionado como “prioritario” pero es sólo un discurso repetido y absolutamente vacío en Latinoamérica.

https://youtu.be/H-ggXRU5OHs

No hay estructuras políticas especializadas en el tema, capaces de fijar estándares y evaluar la manera en que ellos se materializan. Empleo operativo de las fuerzas: basta ver a los políticos latinoamericanos responsables de la defensa asistiendo a una ejercitación práctica para comprender el nivel de ignorancia del que hacen gala. Son absolutamente incapaces de distinguir si asisten a un ejercicio real en el sentido que se busca aprender de lo actuado o a una demostración que es lo que normalmente les ofrecen. Es decir asisten a una “coreografía” que ha sido montada para ellos. Conocimiento sobre equipo militar: acá directamente no tienen idea, absolutamente ninguna. Eso sí son hábiles para visitar ferias internacionales y recorren las mismas con la misma capacidad que un niño lo hace frente a un desfile militar: observan sin entender bien que cosas son. Ausencia absoluta del mínimo pudor: Acá nos referimos a tratar al menos de disimular el nivel de ignorancia. Es muy difícil dar un premio al más ignorante.

No quiero finalizar sin hacerles una recomendación de lecturas parte de mi “inútil biblioteca”, costumbre que pretendo continuar regularmente en mis escritos: 1) LUCHAS, VICTORIAS Y DERROTAS por Lothar Rendulic. El autor fue comandante en Yugoslavia entre otros lugares y es un muy interesante libro para comprender las operaciones alemanas especialmente contra las fuerzas de Tito; 2) THE GRAND STRATEGY OF THE ROMAN EMPIRE por Edward Luttwak. Un libro que nos permite entender la manera en que un imperio administra la tensión entre la expansión y los intentos de asegurar sus fronteras; 3) EL GRAN FRACASO por Zbigniew Brzezinski. Un libro que debería haber sido leído por no poco del progresismo de izquierda y también algunos elementos de derechas, algo que no harán, por supuesto; 4) SIX ARMIES IN NORMANDY por Sir John Keegan. Un excelente libro para analizar, a propósito del 80 aniversario, la Operación Overlord desde la perspectiva de los diferentes ejércitos aliados que allí desembarcaron.

Ilustración: LB. 

19/07/2024:

https://www.elnacional.com/opinion/sobre-la-teoria-de-la-guerra/

jueves, 21 de diciembre de 2023

Inconsulto Esequibo

EL ESEQUIBO Y EL PENSAMIENTO ESTRATÉGICO VENEZOLANO

Luis Barragán

Contrariando una larga tradición, buena parte del presente siglo ha sido la del silencio en torno al Esequibo.  Incluso, aun tratándose de las clásicas dictaduras, toda controversia territorial al este u oeste del país devino política por modesta que fuese en el ámbito doméstico.

La sola reseña escolar del problema suscita inquietud en la Venezuela que décadas atrás exhibía una opinión pública capaz de manejar aspectos relativamente complejos, a juzgar por la primera plana promedio de la prensa escrita.  Es nuestra la impresión de un retroceso en el tratamiento político del asunto, pero también en los términos de un pensamiento estratégico venezolano que Aníbal Romero comprendió como las ideas, análisis, planteamientos y recomendaciones en torno a las cuestiones específicas que atañen a la defensa de la nación,  la fuerza armada y hasta en el concreto terreno militar (“La miseria del populismo. Mitos y realidades de la democracia en Venezuela”, Ediciones Centauro, Caracas, 1986: 320).

Valga el contraste, comprensión que encontró una legítima cabida en la necesaria discusión pública de los asuntos fundamentales que reafirmó una mínima vocación republicana, con el ejercicio de la libertad de imprenta. Y, muchas veces, imposibilitaba las cómodas simplificaciones, estereotipos y consignas que no pasaban la dura prueba de una polémica razonable, fructífera y, subrayemos, recurrente.

Por supuesto, consecuente con el texto citado que recomendamos leer o releer, todo abona a la salida que finalmente tuvo la crisis política de los noventa del veinte: el autor catalogó como un dilema sin sentido entre la salida socialista que “nos conducirá a una situación mucho peor de la que vivimos”,  y la autoritaria de tipo militarista (108). Nunca antes imaginamos que padeceríamos, como en efecto ocurre, simultáneamente ambas dimensiones para una misma tragedia.

Hoy, el contexto no ayuda a una correcta deliberación del caso esequibano, en el curso de un proceso judicial muy obviamente entendido por etapas preclusivas que nos llevan y llevarán a un fallo en La Haya. Vale decir, fuera de toda influencia, manipulación o control político del régimen venezolano, aunque le tocará demostrar y ejercer los recursos correspondientes en el supuesto que la Guyana demandante incurra en sendos vicios o fraudes procesales.

Con anterioridad, por una parte, el sistema político de características democrático-populistas, de conciliación y consenso, inherente a la era democrático-representativa,  significaba una evasión de los problemas sustanciales, temeroso del disenso añadido a lo que Romero asumió como la “poca madurez de la relaciones profesionales – y no meramente políticas – entre el poder civil y el sector militar en nuestro medio”;  una de las mayores dificultades estribó en que la aspiración a todo consenso implicaba que el gobierno asumiera clara y nítidamente su posición, algo que no ocurría,  siendo impensable un referéndum que no tuviese precedido de una extraordinaria discusión y claridad de los tópicos a someter al voto popular (250 ss.). No es difícil deducir que el actual sistema político profundamente populista y autoritario, por decir lo menos, expresión de la democracia participativa y protagónica en curso, idea e incurre en una constante polarización y plebiscitación de la que no escapará el referéndum del Esequibo del que sólo sabemos que está aprobado, forzando ese “consenso” de mil maneras; acotemos, la cosa va demasiado más allá de ir y votar por una y otra fórmula que el oficialismo ni siquiera a esta hora insinúa.

Tememos que, faltando una deseable y  extendida deliberación, por otra parte, la cuestión esequibana se ha despachado frecuentemente a través de un belicismo retrospectivo en el que subyace un cierto sentido y sentimiento prospectivo, trastocado el planteamiento entera e inexorablemente histórico en un abierto y absurdo anacronismo político: versamos sobre el mito de la recuperación por la fuerza del territorio para lo cual resultaba indispensable prolongar la dictadura de Pérez Jiménez, o la pérdida dizque irresponsable de una oportunidad representada por el alzamiento del Rupununi.  Inevitable concluir que también extrañamos una pública, mínima y necesaria ponderación de los problemas estratégicos venezolanos que nos ahorre las consabidas conjeturas del momento.

Fotografías: LB, Centro Comercial Multiplaza de El Paraíso, e imágenes de un acto de grupos oficialistas a favor de Palestina, Plaza Bolívar: obsérvese el mapa venezolano grabado por una mujer en el brazo (CCS, 12/10/2023).

15/10/2023:

https://www.lapatilla.com/2023/10/15/luis-barragan-el-esequibo-y-el-pensamiento-estrategico-venezolano/

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY