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sábado, 12 de septiembre de 2026

Actio mentis

LA LECCIÓN DE BUGS BUNNY

José Rafael Herrera

Una parte considerable de la llamada "clase política" contemporánea ya no lee. No se trata de una novedad. Cualquier persona con cierta formación lo percibe con facilidad. Pero lo verdaderamente preocupante es que algunos parecen haber convertido semejante carencia en una virtud. La poderosa industria cultural les ha inculcado que el pasado es una especie de almacén de objetos inútiles, una acumulación de cosas definitivamente superadas por la velocidad del presente. Todo envejece rápidamente, todo es sustituible, todo puede ser arrojado al basurero de la historia antes, incluso, de haber llegado a comprenderse. Es muy de mediocres, por cierto, la representación de la historia como la de un "periódico de ayer".

Como resultado de semejante formación social, la recomendación de la lectura de Homero a un político del presente puede parecer una extravagancia. ¿Qué podría aprender un hombre ocupado en campañas electorales, conspiraciones palaciegas, encuestas y redes sociales de un poema compuesto hace casi tres mil años? Pues no lo sabe, pero podría aprender mucho más de lo que imagina. Mucho antes de que Maquiavelo escribiera El príncipe, mucho antes de que la filosofía política descubriera conceptualmente las complejas relaciones entre la coerción y consenso, aquella extraordinaria escuela de bardos a la que Giambattista Vico llamó "Homero" había creado una de las figuras más profundas de la inteligencia política occidental: Odiseo. No se trata simplemente de un guerrero. Para eso estaba Aquiles. Odiseo representa otra cosa. Representa la astucia. La fuerza puede destruir un obstáculo. La astucia sabe cómo evitarlo. La fuerza enfrenta al enemigo. La astucia procura comprender sus movimientos antes de que éstos se produzcan. La fuerza golpea. La astucia anticipa. Y, sobre todo, el astuto sabe que en determinadas circunstancias avanzar consiste en retroceder y que, en otras, la única manera de escapar consiste en huir hacia adelante. La astucia es el fundamento principal de la llamada "guerra asimétrica" desarrollada durante el presente siglo.

Max Horkheimer y Theodor W. Adorno vieron en Odiseo una de las figuras fundamentales de la constitución del sujeto occidental. La Odisea no era para ellos una simple narración de aventuras lejanas, sino uno de los textos originarios de la civilización europea. Odiseo aparece allí enfrentado a potencias míticas, pero su enfrentamiento no consiste en destruirlas. Consiste en sobrevivirlas, en "ganar tiempo". Pero para ello tiene que calcular, sacrificar, engañar e, incluso, desaparecer. Cuando Polifemo le pregunta su nombre, Odiseo responde: Nadie. Esa es, quizá, una de las grandes lecciones políticas que contiene el poema homérico. Hay momentos en los cuales conservarse exige renunciar transitoriamente a lo que se es. Hay circunstancias en las que el nombre se convierte en una trampa. Un momento en el que el sujeto tiene que saber desaparecer si quiere regresar. Por eso Odiseo se convierte en Nadie. Frente a una determinada relación de fuerzas, ser Nadie puede resultar ser más inteligente que insistir heroicamente en ser Odiseo.

La astucia no es, en consecuencia, un vulgar engaño. Como tampoco es una simple habilidad de tramposo. Es una forma de concebir la actio mentis, esa capacidad de comprender una situación concreta, anticipar sus contradicciones y actuar dentro de ellas. Maquiavelo lo formularía, siglos después, con una claridad que todavía incomoda a los espíritus bienpensantes. El príncipe tiene que saber ser hombre y bestia. Y, entre las bestias, debe aprender especialmente de dos: del león y la zorra. El león no sabe defenderse de las trampas; la zorra no puede defenderse de los lobos. Por eso, quien quiera gobernar tiene que conocer ambas naturalezas: la fuerza que intimida y la astucia que descubre las trampas. Se puede decir que "la zorra" que describe Maquiavelo ya se hallaba, de algún modo, navegando por el Mediterráneo: atendía al nombre de Odiseo. Y quizá ésta sea una de las razones por las cuales la tradición política occidental nunca pudo reducirse simplemente a la fuerza. Un Estado no se sostiene exclusivamente mediante la coerción. Necesita consentimiento, mediaciones, inteligencia, capacidad de persuasión. La sociedad política no existe sin la sociedad civil, así como la fuerza no puede sustituir indefinidamente al consenso. El problema comienza cuando quienes poseen la fuerza creen que ya no necesitan inteligencia. Son los que peligrosamente semejan a Polifemo: son enormes, poderosos y torpes. Pero, sobre todo, han sido enceguecidos por la estaca de la vanidad.

Vico lo comprendió al preguntar por "el verdadero Homero". Detrás del nombre del poeta aparece una experiencia histórica colectiva, una imaginación popular capaz de crear aquellos grandes caracteres poéticos en los cuales una civilización se reconoce a sí misma. Odiseo es uno de ellos. Es la inteligencia que se mueve en un mundo peligroso, la capacidad de prever, la prudencia que sabe esperar, la astucia que no confunde la retirada con la derrota y, quizá, la capacidad de hacer que el adversario crea aquello que necesita creer para terminar haciendo exactamente lo que no quería hacer. Para no pocos políticos de hoy, Homero es demasiado antiguo, una pieza anacrónica. Vico es "demasiado difícil". Y, por si fuera poco, Adorno y Horkheimer son "demasiado filosóficos". Maquiavelo, en cambio, todavía conserva algún prestigio entre ellos. No porque, en realidad, se le haya leído a fondo, sino porque resulta útil mencionar su nombre cuando alguien quiere dar la impresión de parecer inteligente. Alguien que se parece mucho a la sopa en el invierno, diría: "¡Qué manguangua!", una expresión que, entre los venezolanos, tiene el significado de algo muy fácil o sin mayores dificultades. No obstante, existe la posibilidad de que los políticos del momento llegaran a aprender la lección de Odiseo sin la necesidad de tener que leer La Odisea. Pero ¿cómo podrían haber hecho eso? Muy sencillo: desde que eran niños, sentados frente a la TV, viendo los dibujos animados de la Warner Bros. Y es que la industria cultural hizo algo verdaderamente sorprendente. Tomó la antiquísima sapiencia de la astucia y —a la manera de Esopo— la convirtió en un personaje capaz de entrar en millones de hogares. No tenía espada, ni llevaba armadura. No navegaba hacia Ítaca, pero tenía las orejas largas. Además, con una tranquilidad desconcertante, decía: "ಾಸ¿Qué hay de nuevo, viejo?". ¿Sí aprendieron de Bugs Bunny, "el conejo de la suerte" de la Warner, que no vence por ser más fuerte que sus adversarios, sino todo lo contrario? Su rival tiene la escopeta de la autoridad, la fuerza bruta o la ventaja inicial. Pero Bugs tiene algo mucho más importante: la comprensión de la situación.

Su adversario cree perseguirlo. Y, de pronto, descubre que está siendo conducido. Cree haber preparado una trampa y termina cayendo en ella. Cree saber dónde se encuentra Bugs y descubre que el mundo entero ha cambiado de lugar. En eso consiste la astucia. No consiste solo en saber escapar, sino en transformar la persecución en una situación estrictamente dialéctica: el perseguidor termina siendo perseguido y el cazador termina siendo cazado. Quien parecía huir descubre que, en realidad, lleva la delantera. Durante décadas, millones de niños aprendieron esta elemental pedagogía de la astucia sin haber abierto jamás un libro de filosofía política. Crecieron viendo cómo Elmer el Gruñón perseguía obstinadamente al conejo. Aquellos niños crecieron. Algunos se hicieron políticos. Y quizá decidieron experimentar la política a la luz de las lecciones aprendidas en aquellas "tardes felices" frente al televisor.

Claro que no todos eligieron ser como Bugs. Muchos no tuvieron más opción que asumir el rol de Elmer. Porque Elmer —al igual que el gran Aloysius Bartholomew Sam, mejor conocido como "Sam Bigotes"— siempre tuvo un arma y siempre percibió al otro como enemigo. Y, lo peor, siempre estuvo seguro de que la próxima vez atraparía al conejo. Por eso siempre dispara, aunque siempre termina preguntándose qué le habrá fallado esta vez. La fuerza —especialmente la bruta— tiene una extraordinaria capacidad para convencerse de que la realidad permanecerá fija, inmóvil, mientras ella actúa. Solo que, al decir de Galileo, Eppure si muove. Y, así como la historia se mueve, el adversario también. Tiberio o Sam parecen haber elegido el papel equivocado. Persiguen con la seguridad del cazador que cree tener acorralada a su presa. Tal vez debieron aprender algo de la primera lección de Odiseo —o de Maquiavelo o, incluso, del mismísimo Bugs Bunny—: quien solo sabe perseguir termina dependiendo de los movimientos de lo que persigue. Escopeta o six-shooters en mano, creen decidir, sin comprender que están siendo conducidos. Al final, terminan perdiendo la partida. No porque Bugs sea más fuerte, sino porque comprendió los detalles del terreno donde se jugaba la partida.

Es seguro que ni Tiberio ni Elmer ni Sam tengan idea de quién fue Homero. Es probable que lo confundan con Mr. Homero Simpson. Afirmación ésta que resulta ser perfectamente comprensible en tiempos de racionalidad instrumental. Pero es aún más improbable la posibilidad de que tuviesen noticias de Vico, Adorno o Horkheimer. Eso sí: debieron haber prestado un poco más de atención a la lectio de Bugs, cosa que con toda seguridad sí hicieron los siameses perversos. Razón por la cual Elmer, Sam o Tiberio, al final, siempre terminan perdiendo la partida.

12/09/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/09/la-leccion-de-bugs-bunny/

sábado, 11 de abril de 2026

Sopa de letras

¿CUÁNTO TIEMPO GOBERNARÁ DELCY RODRÍGUEZ?

Ricardo Combellas

Nadie sabe hoy cuánto tiempo gobernará Delcy Rodríguez. Algunos quisieran (los fanáticos opositores la verdad es que no quisieran verla gobernar ni un segundo) que gobernara máximo por este año, pues en diciembre debería, según ellos, elegirse un nuevo presidente que asumiría su cargo el próximo mes de enero. En las antípodas, otros quisieran que prolongara su mandato sine die, dejando para un futuro indeterminado la realización de nuevas elecciones.

Para aclarar el polémico asunto debemos remitirnos a nuestra Ley Superior y la interpretación realizada sobre el punto en su sentencia del 3 de enero, por parte de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia. No está de más recalcar, pensando en los legos, que estamos hablando del “máximo y último intérprete de esta Constitución”,  por lo cual  sus sentencias son inapelables. Unas palabras sobre la interpretación constitucional conviene decir aquí. Frank Frankfurter, recordado magistrado del máximo tribunal de Estados Unidos, dijo unas palabras que a algunos de mis lectores  les pueden parecer chocantes, pero que revelan la verdad jurídica de inevitables consecuencias políticas de los jueces constitucionales: “La Constitución es lo que los jueces dicen que es”.  Otro gran jurista, Riccardo Guastini, lo señaló, cierto que con su particular argumentación: “La interpretación es un acto de voluntad, que consiste no en tomar conocimiento del único significado, sino en decidir ‘un’ significado en el ámbito de los varios significados igualmente posibles”. Valga entonces  el recuerdo de mis años de estudiante de Derecho, cuando motivado a la polémica que se presentaba en el aula sobre cualquier decisión judicial, nuestro profesor señalaba haciendo ademanes con sus brazos: esta parte de la biblioteca está de acuerdo con usted, pero la otra mitad está en desacuerdo.

¿Y qué dijo en pocas palabras la  sentencia del TSJ?  Dijo que el presidente Maduro había sido violentamente secuestrado gracias a una intervención armada de una potencia extranjera; también dijo que las consecuencias de dicha acción no estaban previstas  en ninguno de los supuestos relativos a las faltas del presidente (faltas  temporales y faltas absolutas); señaló además que se reserva la decisión sobre la calificación jurídica definitiva de la falta presidencial; y ordenó a la vicepresidenta ejecutiva, Delcy Rodríguez, asumir como encargada la Presidencia de la República. En suma, la decisión sobre el futuro de la presidencia de Delcy Rodríguez sigue estando en manos del alto tribunal, que le tocará decidir cuando lo considere necesario y conveniente, de acuerdo con su interpretación constitucional, si la encargaduría desaparece con la asunción, sea de una falta temporal o absoluta, y se abre el escenario de elección del nuevo presidente, tal como lo establece claramente la Constitución.

No sabemos cuánto tiempo permanecerá Delcy Rodríguez en la Presidencia de la República; pueden ser alrededor de dos años, de acuerdo con la propuesta Trump-Rubio, pero no descarto la posibilidad de una extensión de su mandato por un tiempo más largo, que incluso podría terminar coincidiendo con la finalización del período presidencial en enero del año 2031. No olvidemos la norma que señala ante una falta absoluta del presidente en los dos últimos años del período presidencial, la asunción del cargo por parte de la vicepresidente ejecutiva hasta completar dicho período.

Estamparé a continuación unas primeras y cortas reflexiones de naturaleza política, que nos  ayuden a orientarnos  en la compleja tarea de acercarnos a una respuesta sensata y posible sobre la duración del tiempo en que Delcy Rodríguez gobernará Venezuela.

Lo primero que hay que considerar es la posición radical que sostiene la ilegitimidad de origen del alto tribunal, al igual que del resto de las ramas del Poder Público nacional, estadal y municipal, y que por tanto lo que corresponde es reconocer la victoria de Edmundo González Urrutia en las elecciones del 28 de julio de 2024. Hoy esta posición está descartada, pues no tiene sentido de las realidades del poder. La potencia tutelar no la considera en su estrategia, la estructura del poder nacional actual nunca la ha aceptado y algunos de sus proponentes más conspicuos veladamente la han abandonado.

Una segunda posición considera que estamos ante una estructura de poder dictatorial, antidemocrática e inconstitucional, frente a lo que cabe es el diseño de una estructura de poder sui géneris (es el caso de un eventual y transitorio gobierno de estructura consocional). Se trata de una modalidad de “golpe a la lámpara”, de “salto al vacío”, cuyas consecuencias no me quiero imaginar, más aún al recordar la experiencia del “carmonazo” en los primeros años del gobierno de Chávez.

La tercera posición, pacifista e incrementalista es la que sostengo. Hay que conversar mucho, entendernos como conciudadanos, generar confianza, desterrar el odio y la venganza esteril, abandonar el vocabulario agresivo, crear en suma un clima de convivencia pacífica que nos permita a todos avanzar hacia una posible transición, que será más democrática o menos democrática, de acuerdo con el empeño que pongamos en ella.

23/02/2026:

https://www.elnacional.com/2026/02/cuanto-tiempo-gobernara-delcy-rodriguez/

LA OPORTUNIDAD DE DELCY RODRÍGUEZ

Ricardo Combellas

Sostengo en este escrito que la presidenta encargada Delcy Rodríguez reúne todas las posibilidades para mantenerse un buen tiempo en el poder e incluso completar el período constitucional que debe concluir con la asunción del cargo por el candidato elegido, que nada obsta que pueda ser ella, si decide competir como candidata en la liza electoral prevista para el año 2030 y obtiene en comicios libres la Presidencia de la República. Analicemos punto por punto los argumentos que sostienen mi tesis.

El TSJ, de acuerdo con la Constitución, tiene la competencia para decidir cuándo se produce  falta absoluta del presidente y su consecuencia en una nueva elección. Esa decisión, sustentada en su sentencia del 3 de enero pasado, implicó una peculiar interpretación constitucional, pues la situación planteada con la violenta extracción del presidente  Maduro no entra en los supuestos taxativos establecidos en el artículo 233 de la Constitución. Surge la pregunta de cuál será la interpretación a adoptar. Repito el argumento del maestro Riccardo Guastini: “La interpretación es un acto de voluntad que consiste no en tomar conocimiento del único significado, sino en decidir un significado en el ámbito de los varios significados igualmente posibles”. Habrá que esperar qué decide al respecto, cuando las circunstancias lo ameriten, el alto tribunal. Mi opinión personal es que una sentencia firme y definitiva, agotada la posibilidad de apelación, de la justicia norteamericana  y su consecuencia en  una pena de prisión del presidente secuestrado, es un argumento fuerte a favor de una interpretación del “abandono del cargo”, lo cual cumplido el supuesto lo más probable es que ello se extienda más allá del período para el cual fue elegido Maduro, con la consecuencia de que Delcy Rodríguez continúa en el cargo como presidenta encargada. A ello se agrega que si la falta absoluta se produce en los dos últimos años del período constitucional, asume la presidencia el vicepresidente en funciones, de lo que se colige que Delcy Rodríguez continúa en el cargo como presidenta encargada hasta el final del período (artículo 233, párrafo final) .

Algunos analistas insisten en el tema de la legitimidad de origen y su contraposición al tema del orden. Falso dilema, por lo demás, cuando asocian legitimidad con libertad y orden con autoritarismo. El tema desborda los límites naturales de un artículo de opinión, pero algo habrá que decir. La legitimidad es un concepto controvertido y limitarla a las elecciones tiene la consecuencia de que la mayoría de los sistemas políticos del planeta serían ilegítimos, amén de que abundan en el mundo jefes de Estado y de gobierno cuya elección ha sido discutida. Prefiero utilizar el concepto de legitimidad tal como lo expone Seymour Lipset: la capacidad del sistema político para generar la confianza de los ciudadanos en sus instituciones. Además, los que defendieron la “legitimidad de origen” de los resultados del 28 de julio de 2024 hoy por hoy la han abandonado, pues su llamado ahora es a nuevas elecciones, no a exigir el reconocimiento de aquellos resultados.

El orden es un concepto clave a la hora de estudiar un sistema político. Todos los sistemas políticos, autoritarios y democráticos con sus diversos matices, anhelan el orden, buscan mantenerlo y tratan de impedir a toda costa perderlo. El motivo se encuentra en que solo gracias el orden se alcanza la paz, y gracias al orden y la paz que llevan consigo los seres humanos podemos desarrollar sin mayores contratiempos nuestras vidas. Como señala el maestro García-Pelayo: “Las instituciones constituyen en sí mismas órdenes particulares dentro del orden político general: reciben su estatus de este orden y lo estabilizan y actualizan asignando a su vez estatus y papeles”.

Sin duda, cuando el gobierno norteamericano decidió tutelar transitoriamente al gobierno venezolano (una decisión desgraciada para nuestra soberanía) no dudó en negociar un acuerdo con el régimen a través de su representante más destacada, Delcy Rodríguez, pues llenaba el adecuado perfil para la delicada situación planteada, a lo que se sumaba su jerarquía constitucional como vicepresidenta de la república. La razón fue sencilla y contundente: el régimen chavista garantizaba el orden y la paz, a diferencia de una oposición dividida y cegada por sus ya proverbiales egos. En efecto, el régimen ahora presidido por Delcy Rodríguez: primero, controla todos los resortes del Estado, sin fisuras que podamos considerar relevantes; segundo, tiene una presencia activa e innegable en la sociedad, desde el mundo empresarial hasta la organización popular; tercero, se apoya en el único partido organizado en el país, con una estructura de liderazgo estable, a diferencia de las carencias organizativas de los partidos de la oposición; cuarto, la institución militar, garante por excelencia del orden, está fuertemente comprometida con los principios y valores de la estructura de poder, de la cual por lo demás también forma parte; y quinto, tiene frente a sí una oposición dividida, encabezada por un liderazgo que comienza a ser discutido y a erosionarse paulatinamente, ayudado por su ausencia del país. 

En conclusión, Delcy Rodríguez tiene amplias posibilidades de continuar dirigiendo el gobierno nacional por un tiempo que me atrevo a avizorar como largo, y por lo cual los demócratas  esperamos para decir lo menos que contribuya de forma incremental a seguir abriendo espacios a nuestras libertades y a regirse con auténtica disposición por los valores, principios y normas de nuestra Constitución.

23/03/2026:

https://www.elnacional.com/2026/03/la-oportunidad-de-delcy-rodriguez/

Cfr.

https://www.elnacional.com/2026/04/breves-notas-sobre-la-interpretacion-constitucional/

EL PROFESOR COMBELLAS Y EL ESPÍRITU DE LA NAVIDAD

Alejandro Martínez Ubieda

Décadas atrás conocí al profesor Combellas en el Consejo de Escuela de la EEPA, la Escuela de Estudios Políticos de la UCV. Siempre circunspecto, de raigambre social cristiana, el profesor Combellas era demasiado correcto como para permitirse ser un profesor que hiciera del conocimiento una aventura fascinante. Simplemente no era el caso. Era, sin embargo, un profesor respetado. Hasta allí, todo bien.

1998 fue un año difícil. La clase política, confundida, no sabía reaccionar ante sus propios errores y ante la liviandad con la que tantos venezolanos exaltaban, urgidos de cambio, al militar golpista que los rescataría. La cachucha ya se perfilaba en el horizonte, Pérez Jiménez nos estaba soplando en la nuca, desde la mismísima Seguridad Nacional. A su lado, el ánima de Pedro Estrada aun identificaba cual sería su reencarnación: hasta que ubicó a Jorge Rodríguez. El barranco que teníamos al frente era evidente, los demócratas, más allá de partidos e ideologías, sufrían una crisis de credibilidad brutal, no siempre mal ganada, y quienes pensábamos que el fantasma militarista era mucho peor que lo que hasta entonces habíamos tenido, solo pudimos esperar el desenlace del trance en el que Venezuela sellaría la desgracia de sus hijos, que terminarían huyendo descalzos del país que por tanto tiempo se creyó rico, atravesando calles frías y desconocidas, tratando de entender. Así, era particularmente desconsolador sentir la inminencia de aquella elección.

Es en ese marco que, ocurrida la elección, la desesperanza y la incertidumbre se instalaron en quienes sentíamos que el camino de Venezuela, una vez más, se había torcido. En medio de esta sensación de derrota, llega la navidad. La tensión de los meses previos a la fatídica elección cede ante la cercanía de los amigos, ante los encuentros en los que, aunque no faltaría un tiempo para el lamento por el amenazante futuro, las celebraciones propias de diciembre algo mitigaron la angustia precedente.

Con el tiempo festivo llegó una grata invitación a una celebración pagana que parecía ofrecer un espacio de distensión y alguna buena copa. Me dice mi amiga que la reunión tendrá lugar en su casa el 21 de diciembre, aunque pocas horas antes me comenta que por alguna razón la celebración se realizará en la casa de un pariente. Acato la nueva dirección, recojo a la susodicha y me encamino al sitio. Hasta acá todo bien.

Llegado al lugar, con un modesto Sauvignon Blanc chileno bajo el brazo, esbozando mi mejor sonrisa toco el timbre de los parientes desconocidos. Sorpresa notable: se abre la puerta y allí se encuentra el anfitrión, nada más y nada menos que ¡el profesor Combellas! No quedó claro quien fue el más sorprendido por el inusitado encuentro, aunque debo haber sido yo. Esa fue, sin embargo, solo la primera sorpresa: ¡la democracia cristiana también se entrega a lo pagano, al Espíritu de la Navidad! Combellas fue amable y correcto, como cabe esperar de un atildado copeyano, aun en el solsticio de invierno y, en consecuencia, en la noche más larga del año.

Avanzando la velada, luego de algunas bebidas espirituosas de la navidad, comenzó a organizarse una suerte de ritual. Los anfitriones llaman a los presentes a rodear la mesa central y cada uno deposita en un cuenco un pequeño papel en el que ha escrito su gran deseo para el año. Luego se prendió fuego a todos los papeles y se asume que los deseos se volvieron cósmicos, aunque de eso no hay constatación. Mi deseo fue "Que este recién electo militar no acabe con la ya maltrecha democracia venezolana".

Los deseos no se voceaban. Cada uno guardaba el suyo para sí. Sin embargo, en un cierto momento y para mi inmensa sorpresa, la segunda de la noche, el Profesor Combellas alza una copa de espumante, claramente no champaña, más bien méthode champenoise, y se prepara a anunciar sus votos por el futuro. Pensé que quizá el profesor se lanzaría por la vía de "…que los golpistas de ayer que acaban de ganar las elecciones renuncien a su pasado y nunca más alguien atente contra las instituciones democráticas…", o, también, por qué no, “…que el estado de derecho prevalezca en nuestro país…"

Pero mi sorpresa difícilmente podría exagerarse. Los deseos de Combellas, del profesor Combellas, fueron del tipo "…que ahora sí, Venezuela, por fin, logre crear una verdadera democracia, que con Chavez el país logre el desarrollo que merece…" Etcétera. Etcétera. Etcétera.

Miré de soslayo a mi amiga, esperando que me diera alguna pista, que me dijera que detrás de la rotunda sobriedad del profesor Combellas la bebida lo ponía un poquito jodedor, que era un chiste, que yo no había entendido. La susodicha me devolvió la mirada, aún más confundida. La vaina era en serio.

Fue allí que me percaté de que el copeyanísimo profesor Combellas, el constitucionalista, el discípulo del doctor Caldera, ya estaba ganado para el militarismo y perdido para la democracia, que ya era seguidor del teniente que venía a poner orden a cualquier costo.

Obviamente, mi sorpresa solo demostraba mi falta de información, porque a poco comprendí que el profesor ya entonces estaba abiertamente instalado en el selecto grupo de los enamorados de Hugo Chavez, que incluyó, entre otros, al inefable y patético Chaderton, a Jorge Olavarría, que despertó temprano, y a tantos otros. Así, pronto tuvo cabida en el chavismo, en la asamblea constituyente y se convirtió en una suerte de referente académico y teórico de todo aquello.

Esta historia viene a cuento porque el profesor nos ha obsequiado un galimatías leguleyo en el que nos amenaza con Delcy para rato. Se trata de una de las primeras intentonas de esparcir el mensaje de la reivindicación chavista, la legitimación política y constitucional de la perpetuación chavista, y nadie mejor que un académico para ello. No es momento para exhibir, por decir algo, a Elvis Amoroso.

La amenaza fue vertida en un artículo en El Nacional en el que el profesor destaca la “histórica oportunidad” que tiene Delcy frente a sí. No le perturba, sin embargo, la histórica oportunidad que esperaría a los venezolanos si su azaroso mandato perdura, que en poco tiempo retorne la normalización de la tortura y que las familias venezolanas continúen penando, buscando hogar en tierra ajena. Es perfectamente posible que la amenaza se cumpla, y que ciertamente, si Rodríguez superara los próximos meses, logre aterrizar en el final del periodo, pero esto se debería a la gran experticia de Rodriguez Hnos. en el arte de la dilación, en el disimulo y la engañifa, en el ganar tiempo, y nada tendría que ver con el bienestar de los venezolanos. Es posible que ante el nivel de destrucción institucional que el chavismo madurismo ha dejado, el trabajo de levantar la institucionalidad, de reconstruir el aparato del estado hasta el punto en el que pueda garantizar un funcionamiento básico sea una tarea lenta vista su complejidad, pero la única razón para no advertir el riesgo inmenso de que el fango autoritario se extienda es justamente ser parte de ese fango.

Nos dice el profesor que "…La legitimidad es un concepto controvertido y limitarla a las elecciones tiene la consecuencia de que la mayoría de los sistemas políticos del planeta serían ilegítimos, amén de que abundan en el mundo jefes de Estado y de gobierno cuya elección ha sido discutida. Prefiero utilizar el concepto de legitimidad tal como lo expone Seymour Lipset: la capacidad del sistema político para generar la confianza de los ciudadanos en sus instituciones…"

Aquí cabe reflexionar sobre la lista de países que Combellas tiene en mente cuando se refiere a aquellos desprovistos de legitimidad. ¿Bielorrusia, Haití, Corea del Norte, Sudán? ¿No sería más atinado aspirar a un sistema con una legitimidad electoral y una legitimidad de desempeño respetable? Chile, Francia, Suecia, Uruguay, ¿no son sistemas a tomar en cuenta? Además, según este razonamiento, el fraude electoral cometido por Maduro y que tras una serie de sucesos lo depositó en Brooklyn ha puesto a Delcy en una posición que evidencia una gran “capacidad del sistema político de generar confianza de los ciudadanos en sus instituciones”. En esta mirada, los ciudadanos tienen una alta confianza en un régimen que, por cierto, no amañó una elección, sino dos, 2018 y 2024, y por cierto, la ”confianza de los ciudadanos” venezolanos que Combellas le atribuye a Delcy no está reflejada en ninguna medición de opinión confiable o no.

De igual modo, Combellas señala: ”Sin duda, cuando el gobierno norteamericano decidió tutelar transitoriamente al gobierno venezolano (una decisión desgraciada para nuestra soberanía) no dudó en negociar un acuerdo con el régimen a través de su representante más destacada, Delcy Rodríguez, pues llenaba el adecuado perfil para la delicada situación planteada, a lo que se sumaba su jerarquía constitucional como vicepresidenta de la república. La razón fue sencilla y contundente: el régimen chavista garantizaba el orden y la paz, a diferencia de una oposición dividida y cegada por sus ya proverbiales egos. En efecto, el régimen ahora presidido por Delcy Rodríguez: primero, controla todos los resortes del Estado, sin fisuras que podamos considerar relevantes; segundo, tiene una presencia activa e innegable en la sociedad, desde el mundo empresarial hasta la organización popular; tercero, se apoya en el único partido organizado en el país, con una estructura de liderazgo estable, a diferencia de las carencias organizativas de los partidos de la oposición; cuarto, la institución militar, garante por excelencia del orden, está fuertemente comprometida con los principios y valores de la estructura de poder, de la cual por lo demás también forma parte; y quinto, tiene frente a sí una oposición dividida, encabezada por un liderazgo que comienza a ser discutido y a erosionarse paulatinamente, ayudado por su ausencia del país”.

En algún punto habría que coincidir con Combellas. No es nada sano para la soberanía de un país el que se produzca una intervención externa para tratar de frenar la destrucción de la industria petrolera, las ejecuciones extrajudiciales, la pauperización de la población y la proliferación de la tortura, porque esa labor ya la habían resuelto los venezolanos en julio de 2024. Pareciera también, hablando de soberanía, que Combellas nunca transitó frente a los cuarteles militares en los que ondeaba el tricolor nacional junto a la bandera de Cuba.

Finalmente, superándose aún más, el doctor Combellas determina que una ventaja comparativa de Delcy se encuentra en el hecho de que tiene frente a si una oposición dividida, que empieza a ser discutida y que abandonó el país. Pareciera que el profesor se acostumbró a los lideres únicos, indiscutibles, los que no dialogan, pero eso no es democracia. Por otro lado, profesor, esa gente que usted señala de abandonar el país no está de vacaciones. Esa gente ha sido hostigada, obligada a salir de su tierra, amenazada de ser apresada ilegalmente, de ser torturada. Y ¿quién la amenaza? Una larga lista, Delcy en primera fila.

11/04/2026:

https://www.elnacional.com/2026/04/el-profesor-combellas-y-el-espiritu-de-la-navidad/

EL TIEMPO DE DELCY RODRÍGUEZ

Ricardo Combellas

“El pasado ya no es y el futuro no es todavía“

San Agustín

Complejo el tiempo presente de la presidenta Delcy Rodríguez. Sustituye a un presidente que formalmente no ha dejado de serlo, es tutelada por una potencia extranjera sin conocer nosotros sus límites, no sabemos si tampoco ella. Forma parte de un régimen con una larga tradición autoritaria que se ha propuesto liberalizar, abriendo la posibilidad de incluso democratizar. Sus eventuales interlocutores de la llamada oposición es variopinto, para comenzar por algunos que yo identifico sin tapujos como la derecha extrema, que ni siquiera son capaces de proponerle conversar, y los que intentan hacerlo inmediatamente son etiquetados como “alacranes”.  En suma, complejo y difícil el tiempo presente de Delcy Rodríguez.

No obstante lo antes dicho y sin conocerla personalmente, pues no la recuerdo como una protagonista de primera línea cuando abandoné a Chávez (no al chavismo, pues nunca lo fui) muy temprano, luego de suscribir con mi firma la Constitución el año 1999, transcribiré algunas reflexiones sobre lo que percibo como peculiaridades de su liderazgo, que pienso la ayudarán a salir airosa del compromiso liberalizador que se ha propuesto llevar adelante.

Isaiah Berlin escribió un pequeño ensayo, El juicio político, en el que intenta el difícil propósito de definir el éxito o el fracaso del hombre político, lo cual no puede ser dilucidado por argumentos exclusivamente teóricos. Para Berlin el político tiene que poseer sentido de la realidad, lo cual implica una variedad de atributos: la experiencia, la capacidad de observación , la habilidad para integrar puntos de vista diversos, tener buen ojo, olfato y oído político, “entender la situación en su plena singularidad; los individuos, el acontecimiento y los peligros  particulares, las esperanzas y temores concretos que intervienen activamente en un lugar determinado y en un momento determinado.” 

No me propongo abundar en estas características que definen el juicio político, sino relacionarlas con el análisis de la presidenta en un aspecto central: la larga experiencia de Rodríguez como dirigente y funcionaria del Estado, una cualidad en el tiempo presente fundamental para entender su estructura organizacional como capacidad de respuesta ante los desafíos de la sociedad. Intuyo que muy pocas personas tienen en la actual coyuntura la capacidad para saber avanzar desde el pasado hacia el futuro en una necesaria transformación del Estado venezolano, dado su conocimiento directo sobre lo que  anda mal, lo que se debe desechar y lo que se debe transformar.

Los cambios en la estructura y funciones del Estado deben acompañarse a mi entender con un proceso de liberalización política, es decir, como lo ha anotado el destacado estudioso de las transiciones políticas, el politólogo John Magdaleno, la progresiva apertura a favor de la plena vigencia de los derechos civiles y políticos que desemboque en la democratización y emergencia de un nuevo régimen político, conclusión de una transición exitosa hacia un régimen democrático, tarea en la cual debe comprometerse desde ya la presidenta Rodríguez y sobre lo cual abundaremos en la próxima entrega.

En conclusión, es mi conclusión, es mucho lo que queda por hacer y mucha la expectativa sobre lo por hacer en este tiempo presente tan singular de la historia de nuestro país. “El pasado ya no es y el futuro no es todavía”. Lo queremos sí con libertades y democrático. El tiempo presente de Delcy Rodríguez tiene la misión y el deber de dar los primeros y necesarios pasos.

13/04/2026:

https://www.elnacional.com/2026/04/el-tiempo-presente-de-delcy-rodriguez/

REFLEXIONES SOBRE LA VENEZUELA ACTUAL Y EL PODER

Ricardo Combellas

“Desde el punto de vista de los hombres, la relación entre protección y obediencia sigue siendo la única explicación para el poder. Quien no tiene poder para proteger a alguien tampoco tiene el derecho de exigirle obediencia. Y viceversa: quien necesita protección y la recibe no tiene derecho a rehusar la obediencia”.

Carl Schmitt, Diálogo sobre el poder y el acceso al poderoso.

Palabras como las citadas de Carl Schmitt, un hombre que como pocos en nuestra época  meditó y escribió páginas célebres y controvertidas sobre el poder, lo ejerció, lo disfrutó y también  lo padeció, deben estar rondando la cabeza  no solo de la presidenta Delcy Rodríguez, al igual de la coalición gobernante que dirige, y aunque de forma diferente, también de quienes se oponen a ella para intentar hacerse con el poder.

Curiosa la rueda del tiempo presente. El tiempo que se alarga con Delcy Rodríguez en la cima del poder significa mayores posibilidades de asentarse, de rodearse de su gente más confiable y competente, de incorporar los más capaces, así antes fueran sus oponentes y de crear un clima propicio al entendimiento y la colaboración. Me refiero a ese clima que enorgullece a las democracias sanas y que llamamos la convivencia pacífica, ese paso de la dictadura a la democracia que tan bien describe Fernando Mires, caracterizado por dejar de ser enemigos  como en la dictadura, a ser adversarios como debe ser en la democracia.

La “protección” de la que habla Schmitt , para la inmensa mayoría de los venezolanos es primero y antes que todo vivir sin miedo, disfrutar de la paz,  mejorar sus duras condiciones de vida, lo que les permita alimentarse, o a todo evento alimentarse mejor, poder llegar al día último del mes mínimamente satisfecho del disfrute del pan nuestro de cada día, mantener decorosamente a su familia,  traer del cielo a la tierra la palabra mágica ( me refiero a la justicia social) en torno a la cual brotan los derechos sociales  y los hermosos principios estampados en nuestra Constitución.  Esa “protección” anuncia una lucha por nuestros derechos económicos hoy conculcados por  injustas sanciones , así como una efectiva  redistribución de la riqueza que despoje a los pocos  de sus privilegios y la reparta de forma equilibrada y justa en la sociedad.  La protección social es el gran desafío de la presidenta Rodríguez, pues una vez  lograda tendrá garantizada la obediencia, el respaldo activo en que se sostiene la legitimidad. No soy novedoso en el concepto, pues sigo aquí la idea de legitimidad tal como la describe el reconocido politólogo Seymour Lipset: la capacidad del sistema político para generar la confianza de los ciudadanos en las instituciones.

En suma, el avance en las metas económicas que apuntalen favorablemente la actual estructura del poder, generará  las condiciones para un apoyo de la ciudadanía que contribuirá sin duda a una mayor estabilidad del sistema. La tarea sigue siendo no obstante inconclusa. Si queremos una efectiva transición hacia un régimen democrático, deben adelantarse dos procesos en los cuales hay prácticamente un consenso entre los estudiosos: la liberalización y la democratización, que en nuestro caso significan ni más ni menos que cumplir el mandato constitucional. La liberalización, con la progresiva efectividad de los derechos civiles y políticos establecidos en nuestra ley superior, y la democratización que concluya en unas elecciones libres sustentadas en  el principio cardinal de la soberanía popular. Ambas (liberalización y democratización) pueden desarrolllarse en plazos temporales distintos o no, pero en todo caso expresan  una hoja de ruta segura y compartida hacia un nuevo régimen democrático  que recoja los deseos profundos y compartidos de la sociedad venezolana.

20/04/2025:

https://www.elnacional.com/2026/04/reflexiones-sobre-la-venezuela-actual-y-el-poder/

Ilustración: Christoph Niemann.

Fotografías tomadas de la red: valga acotar que la segunda, proviene de una declaración de Ricardo Combellas mediante la cual advierte que la juramentación de Nicolás Madura es nula (2018):

https://efectococuyo.com/politica/juramentacion-de-maduro-ante-la-constituyente-es-nula-afirma-ricardo-combellas/

Última gráfica:https://mronline.org/2017/09/09/politics-above-law-how-trump-channels-far-right-icon-carl-schmitt-without-knowing-it/

martes, 24 de marzo de 2026

Los agarraremos, pero también pueden agarrarnos en la bajadita

¿Y LOS LOCOS DE CARRETERA?

Luis Barragán

Algo más que una disciplina académica, la política es un hecho social ineludible. Incluso, valga la paradoja, aun negándola o combatiéndola, se hace política.

Ocupada del destino común y, a pesar de su mala e interesada fama, constituye la región más transparente de la sensatez, aunque no siempre notamos sus verdaderos disparates y solemos tardar en enmendar la plana. Por ello, la política requiere de una perspectiva estratégica que aspire a proyectarse históricamente. Sin embargo, en el complejo tránsito por la vida pública, quizá la principal confrontación se da entre los políticos cuerdos y los variopintos locos de carretera de acuerdo a la feliz expresión venezolana.

Los más juiciosos que entienden, asumen y aspiran a la política como vocación y especialidad, profesión y talento, imaginación y experiencia, deben soportar la desleal competencia de los más improvisados que, ahora, los azares digitales elevan a un olimpo de deidades de enfermiza rotación: la moda, simplemente la moda, tiende a marcar la pauta. Prolongándola, se agotan en la coyuntura, dependen de las presiones inmediatas, deciden antes de comprender porque no se explican en el marco de un proceso ni de las instituciones – al menos- necesarias, reduciendo lo estratégico a lo urgente y lo táctico a mera narrativa.

Observemos al Estado descarrilado como un modelador de conductas que irradia una perversa pedagogía: por ejemplo, por mucho tiempo la regla fue la de autorizar por vía parlamentaria y judicial los créditos públicos, siendo una excepción la de presupuestar sinceramente los recursos disponibles del país; soslayar la necesaria inversión en el complejo hidroeléctrico de El Guri, convirtiendo el colapso de los servicios en un mecanismo más de control social; subestimar la representación y rendición de cuentas, favorecida la participación como fetiche.  Fuera de la protección del Estado confundido con un partido, el de gobierno y sus organizaciones subsidiarias, el dirigente de oposición debe ser previsivo, capaz de corregir sus decisiones ante la más endiablada de las sorpresas, reivindicando los mecanismos colegiados que llevan a las decisiones acertadas, desconfiando de la iluminación mesiánica, generando una agenda de ideas y tareas, presumiendo y asumiendo los costos: el conductor político que espera el país que lo tuvo e hizo libre, democrático e independiente en dos siglos, no anda por la vía acelerando sin cálculo, ni cambia de canal arbitrariamente disparando a los cielos, no pone en peligro la vida ajena, ni funde el motor de una esperanza viva y manifiesta que sintetiza a las grandes mayorías.

El loco en cuestión, un vulgar apostador, jamás será el sujeto impredecible que valora estratégicamente un autor clásico como Thomas Schelling, quien versa sobre la racionalidad del riesgo que sabe gestionar y de las expectativas que no pierden el sentido de las realidades, concebido el conflicto como una negociación implícita. Por lo pronto, es necesario volantear bien el vehículo, con suficiente gasolina; pilotarlo y copilotarlo adecuadamente para cubrir - con paciencia - todo el itinerario; turnar a los conductores cuando sea conveniente, ya que todos pertenecen a la misma escudería; y no cantar victoria sino después de cruzar la meta, u otras tentaciones festivas.

Capturas de pantalla: Escenas de persecución tomadas de “One Battle After Another” de Paul Thomas Anderson (2025)

https://www.youtube.com/watch?v=h9Wh9sf2y-U

23 y 24/03/2026:

https://opinionynoticias.com/opinionpolitica/44153-de-los-locos-de-carretera

https://www.elnacional.com/2026/03/y-los-locos-de-carretera/

25/03/2026:

https://americanuestra.com/luis-barragan-y-los-locos-de-carretera/

https://www.costadelsolfm.org/2026/03/25/luis-barragan-y-los-locos-de-carretera/

martes, 16 de septiembre de 2025

Sin sombra, no hay luz

PINK FREUD Y FUENTEOVEJUNA

Luis Barragán

A modo de  ejemplo, la crítica deportiva en nuestro país gozó de una larga y aplaudida tradición no sólo por las libérrimas transmisiones radiales de un gran soporte publicitario, sino por las voces muy reconocidas y autorizadas que solían respetar las exigencias, retos y vicisitudes del propio terreno de juego, a sabiendas que no debían y, mucho menos, podían reemplazar de modo inmediato a sus protagonistas; y, si éste fuera el caso, hablaríamos de una frustrada aspiración por razones de edad, entre otras. La sola idea de un reemplazo - convirtiendo al comentarista en jugador - seguramente hubiese remitido a la vocación, talento y entrenamiento necesario de exponer, como datos fundamentales para explicar las hazañas del béisbol, por mencionar una disciplina, pues, de lo contrario, sólo sería una necedad el descrédito personal del manager, coach o jugador visto y, peor aún, la pretensión de eliminar la práctica, el club y la liga entera.

A no pocos, la política como idea, propuesta, acción y emoción, se les hace difícil de comprender y quizá el dominio académico de una actividad tan inherente al ser humano, comprometida nada más y nada menos que la noción de poder, no siempre lleva a una exacta correlación entre las expectativas y los resultados reales, pero – es la convicción generalizada – cualquiera puede improvisar una opinión y, faltando poco, en nombre de una Hannah Arendt de la que oyó alguna cosa por ahí, sustituir por decreto a quienes de un modo u otro lidian por un destino inevitablemente  compartido. Y, ocurre en el reino de este mundo, a falta del talento, la vocación y el entrenamiento que se suponen indispensables, se cree suficiente denunciar cualesquiera de las calamidades del oficio, sus corrupciones e indeseadas consecuencias, aunque no se tengan las virtudes que exhibió alguna vez el Pink Floyd para reivindicar el rock progresivo con su álbum “The Dark Side of the Moon”, otro ejemplo, diciendo de la avaricia y la locura, la muerte, el tiempo y el conflicto.

Hasta los promotores de una ciudadanía crítica que haga naturalmente crítica ciudadana, están plenamente convencidos de las respuestas de mediano y de largo plazos para resolver problemas de imposible solución en el más corto o breve posible y deseado: con mayor razón en el ámbito político que compromete a toda una sociedad, sin excepción alguna. De un inning para otro, el equipo no tendrá al mejor pitcher ni al hazañoso jonronero, como tampoco el género musical encontrará repentinamente un inédito horizonte, pues, el simple voluntarismo a lo Regis Debray no hace del crítico un ejecutante ideal, ni al manager o director el más inspirado héroe sobre todo cuando se tiene por delante a un implacable régimen político y no, una serie televisiva que rivaliza con las más cotizadas de la industria del espectáculo.

En la política, como aspiración y oficio, todo dirigente se presenta con un determinado historial y equipaje personal que también dirá de sus éxitos y fracaso, en cuanto a preparación, vivencia y experiencia acumulada, y, de tratarse de lugares obscuros que únicamente universaliza - sin más - la llamada y bien conocida antipolítica, sólo podemos admitir los que aporte el psicoanálisis, por citar una escuela, porque no todo es Fuenteovejuna.  Lo cierto es que la mitomanía y la moralina, las del poder y contrapoder, causan mayores estragos al impedir una consideración estratégica de la situación hoy planteada, la necesarísima dimensión que llama y compromete a un esfuerzo creador, que la nada novedosa denuncia de las obscuridades, por lo demás, tampoco exclusivas de la política, lo político y los políticos.

Valga la acotación, lo referido no significa que toda ambición presidencial de aquí en adelante tenga que pasar por una evaluación psiquiátrica bajo la mirada del más alto tribunal de la República, como alegremente se planteó en los años setenta del veinte indicando algunos síntomas en líderes nacionales que ni siquiera se observaron años más tarde en el caso de un aspirante que alcanzó el rectorado de la Universidad Central. Solamente observamos que todo ensayo (algo más que) autoritario, inexorablemente gravita en las regiones del narcisismo que incluye a varios de sus críticos.

Ilustración inicial: Huertas para un texto de Ron Charles, "For this Little family, no stable place in a shiftinh world" (The Washington Post, 25/06/2025); y, posterior: reelaboración de una idea trillada en las redes.

16/09/2025:

https://www.elnacional.com/2025/09/pink-freud-y-fuenteovejuna/

martes, 5 de agosto de 2025

Terraplanismo político

PREDECIR EL PASADO

Luis Barragán

Convengamos, abunda la literatura en torno a los usos y abusos de la historia. E, incluso, desafortunadamente, sabemos y muy bien del asunto con la realización del pasado como proyecto político bajo el socialismo de este siglo que pretende despojarnos del futuro.

Los pensa arbitrariamente reformulados por todos estos años, constituyen una extraordinaria herramienta del más burdo proselitismo político en las aulas, impuesta la dirección del Estado a todo evento. La manipulación de todo cuanto ocurrió en este país y en el mundo, está orientada a una diaria y forzada plebiscitación de la ciudadanía, porque – con o sin ocasión – debe reiterar públicamente su adhesión al régimen para un trámite cualquiera de taquilla, la defensa en un juicio ordinario, la inscripción de los escolares de la casa, la compra de combustible, etc.

Hay individualidades y sectores que no pertenecen y quizá ni aspiran a integrarse al poder establecido, pero tienen la propensión a tergiversar los hechos que condujeron a Venezuela a ser sencillamente lo que es. Acaso, por un sentimiento antipartidista convertido en tradición, la terquedad es la de negar los aportes  que hizo y pudiera aún hacer la institucionalidad partidista al país libre y democrático que demandamos, aunque lo cierto es que la versión que suele deslizarse sobre los propios acontecimientos de esta centuria que nos redujeron a las actuales circunstancias, resulta de una grosera simplicidad.

Aquí, nadie está sosteniendo que el dirigente deba ser un consumado académico: el oficio lo obliga a contar con los conocimientos indispensables y a sostener una necesaria consciencia histórica, clave del olfato y de las ideas estratégicas que pueden categorizarlo. A menos que sea un terraplanista  siempre en trance de predecir el pasado, contento con las versiones que fulguran en las redes digitales, amaestrado en el tablero, desleal competidor político hasta en las propias filas opositoras.

Por mucha y densa que sea la sombra autoritaria, importa mantener vivo, o, mejor, políticamente vivo el interés por la historia, estimulando o auspiciando cualesquiera iniciativas reales o virtuales para su difusión y polémica. Acumulamos una experiencia precursora e inédita en este lado del mundo, aleccionadora.

Ilustración: LB. 

05/08/2025:

https://www.elnacional.com/2025/08/predecir-el-pasado/

domingo, 3 de agosto de 2025

Senderos

SÁNCHEZ CORTÉZ (GONZÁLEZ Y MERINO)

Luis Barragán

De entrada, digamos que no tenemos vocación de obituaristas, pero resulta inevitable la referencia respecto al distinto liderazgo político que tuvimos en cualquiera de los ámbitos y niveles que deseemos considerar. Por supuesto, hubo fallas y errores, algunos de los cuales contribuyeron al presente venezolano, pero la otrora dirigencia política también fue portadora de un testimonio de vida y de luchas que mal podemos ignorar.

Un caso llamativo es el del trujillano Alejandro Sánchez Cortéz, recientemente fallecido, quien desempeñó con decoro y eficacia la gobernación de su estado natal con la mínima edad requerida, en el primer gobierno de Rafael Caldera. Dejó a sus herederos, un nombre intachable, una trayectoria de esfuerzos y realizaciones, aunque a las nuevas generaciones les extrañará y mucho, que no deje mansiones dentro y fuera del país, uno o más aviones de uso personal, ni siquiera el recuerdo de una parranda memorable en alguna capital estadounidense o europea.

Fue un bregador, extraordinariamente comprometido con su estado natal y, aunque jamás coincidimos en la natural y compleja lidia interna de todo partido político que se respete, decididamente convencidos de enarbolar las más limpias banderas de lo que fue un hermoso ideario, hubo admiración y reconocimiento al líder que fue.  Ya retirado de las lides parlamentarias, nos impresionaba la vinculación de muchos años o décadas con los habitantes aún del último caserío de la entidad federal, e, inevitable evocar la anécdota, en una convención regional o nacional de fecha ya olvidada, al pisar Carache, Boconó o Santa Apolonia, ya antes el viejo Sánchez Cortéz lo había hecho: “quizá debimos haberle pedido la cola de una vez”, fue la humorada que celebramos los muchachos de entonces.

Días atrás, con muchísima razón, Hermann Alvino acertaba al comentar la profundidad del compromiso que caracterizó políticamente a Sánchez Cortéz en un estado de accidentados caminos, donde fue un duro y persistente opositor democrático. Zamarro al mismo tiempo que honesto, sorteó las más variadas circunstancias de un país al que le costó tanto levantar y hacer de la democracia una histórica experiencia.

Con todas sus imperfecciones, ese fue el partido que aportó las mínimas condiciones para el aprendizaje político y que explicó militancias como la de Vladimir González en el estado Miranda, integrante de la generación de los ochenta, y la Braulio Merino en Bolívar. Ambos también fallecidos un par de semanas atrás. Trillaron los senderos que ya había abierto líderes como Sánchez Cortéz.

Fotografía: Alejandro Sánchez Cortés (Facebook). 

03/08/2025:

https://lapatilla.com/2025/08/03/luis-barragan-sanchez-cortes-gonzalez-y-merino/

Nota LB: Esto escribe Luis Alberto Miranda, desde Cojedes: "Debió haber dejado como herencia su caballito de mil batallas era siempre bienvenido a tomar café en los pueblos de la montaña carache,chejende,bolivia,Boconó,Milton torococo y su natal santa Ana su wolvagen era inconfundible bajar y subir a cuicas ir a carache hasta llegar a su pueblo santa Ana tomando café en cada pueblo hasta llegar a su destino...QEPD"; en:

https://www.facebook.com/photo/?fbid=10233746053607653&set=a.10230862932731433

domingo, 20 de julio de 2025

Recta de cien millas


DE UNA METÁFORA BEISBOLÍSTICA

Luis Barragán

Por fuera o por dentro, la procesión que llevamos necesita de una coordinación de esfuerzos, un ritmo adecuado y una constancia indispensable para soportarla y superarla. Claro está, la paciencia es otro dato fundamental, trátese de una cadencia fúnebre, de un evento religioso, o de los propios problemas que intentamos afrontar macerándolos.

La breve ilustración, nos remite también a otra: por mucho talento y vocación por el béisbol que se tenga, quien desee practicarlo profesionalmente ha de aceptar un intenso período de aprendizaje en las ligas menores para competir eficazmente por un cupo en las mayores.

Luego, la carrera del beisbolista, como ocurre en otras disciplinas, entiende el ascenso como una acumulación de experiencias para perfeccionar las virtudes naturales que se traen en el equipaje. Vale decir, contar una mínima trayectoria, aunque es demasiado excepcional que alguien nazca aprendido y bata todas las marcas con una prematura promoción a la gran carpa.

Son varios los motivos para ensayar una trayectoria con la paciencia que exige una procesión exterior e interior, soportando los pesares, pero creemos que una es de las más estelares: un novato que llega a destiempo al béisbol mayor estadounidense, japonés o de cualquier otra latitud, puede resultar innecesariamente lesionado por su impericia o, lo que es peor, lesionar a otros más experimentados, superastros, con el riesgo de afectar severamente su desempeño y el peligro de forzarlos a un retiro imprevisto.

Parece útil la metáfora, cuando se habla de la política y su ejercicio. Al respeto, huelgan las palabras. 

Ilustración: https://www.peintures-tableaux.com/baseball-09-impressionnistes.html

20/07/2025:

https://lapatilla.com/2025/07/20/luis-barragan-de-una-metafora-beisbolistica/

Caza de citas

“ Nadie se dio cuenta de este robo cuando publiqué la novela, quizá porque nadie leía a Barker, de la misma manera que no leían a King. Solo...