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martes, 25 de junio de 2024

Demandamos el uso de la razón

POPULISMO DE CIRCUITO CERRADO

Luis Barragán

El presente siglo ha sido el de una extrema realización del populismo en Venezuela, mientras hubo instituciones de las cuales abusar, recursos que despilfarrar y masas disponibles al galope de un verbo giratorio, trilladísima la expectativa de una automática y completa redención social.  De nada ha servido el voluntarismo de cuño guevarista ante la evidencia del fracaso e inviabilidad del socialismo, en los términos de un modelo inexplicado desde sus propios orígenes, propulsado con mayor ímpetu después del consabido paro petrolero, sobre los hombros de una demagogia grosera y descarada.

Una somera revisión de la bibliografía existente sobre el populismo, por lo demás, tan extensa como agotada, revela que no hay las condiciones mínimas objetivas, reales y palpables, para darle continuidad a una experiencia ya consumada en la Venezuela que reclama las más amplias libertades, incluyendo las de mercado, con reivindicación de la democracia liberal tal como universalmente se le entiende. No obstante, faltando imaginación, persisten las promesas de siempre, con el candidato oficialista que apuesta a una monumental distracción del electorado, intentando restarle memoria y compromiso al 28 de Julio, aunque todo indica lo contrario encaminados a la victoria contundente de Edmundo González de un comedimiento que es presagio y pertinencia. 

Resulta insuficiente la censura, persecución y represión, tanto como los reales, para atajar una situación que choca contra el más común de los sentidos, o las ineludibles lecciones y máximas a las que arribamos tras una prolongada y amarga experiencia excesivamente compartida. La cada vez más reducida minoría pro-oficialista también exige razones que, además, las encuentra vivas en la Constitución de la República; específicamente, en su artículo 228, por lo que deduce inmediatamente que no hay necesidad de la suscripción del reciente acuerdo, pacto o contrato de adhesión que los aspirantes presidenciales celebraron en el CNE, cuando el gobierno mismo ha incumplido el Acuerdo de Barbados, como lo manifestó González (https://x.com/AlbertoRodNews/status/1803570323318542350): ¿acaso, no tiene límites fingir una división de los órganos del Poder Público?, ¿quién dijo de una inmensa capacidad histriónica?

La creciente demanda de una racionalidad sustentable y definitivamente ciudadana, como proeza antipopulista, se hace sentir naturalmente en la sociedad civil, por ejemplo, al alegar que el TSJ ha sido indiferente ante el recurso interpuesto para que las autoridades interventoras de la Universidad Simón aprueben el reglamento a fin de realizar las elecciones rectorales pendientes (https://x.com/bscharifker/status/1803850553992044550). Por cierto, significativo, la más alta instancia judicial que ha de servir como el exacto domicilio de la razón y la verdad republicana y procesal, sufre de un acusado sesgo argumentativo probado hace poco en un excelente artículo académico de Tulio Alvarez (https://revistas.uam.es/ria/article/view/19447/17263).

El socialismo desigualitario y desigualador que agigantó al Estado, convirtiéndolo en un mastodonte torpe e ineficaz, gozando literalmente de la más colosal bonanza en toda la historia rentística del país para luego lanzar fuera del territorio nacional a ocho millones de paisanos, apela obstinadamente a un populismo inercial, languideciente y fantasmal de circuito cerrado.  Esta vez, ni siquiera se cotizan los libretos en los circuitos gubernamentales, sabiéndose todos en un extraordinario escenario circense irremediablemente al descubierto, cual final de la película “The Truman Show” de Peter Weir (1998).

Ilustración: Tomada de la red.

25/06/24:

https://www.elnacional.com/opinion/populismo-de-circuito-cerrado/

lunes, 15 de abril de 2024

El combate contra la simplicidad

DEL FASCISMO Y LA ACADEMIA

Luis Barragán

A este marxismo del siglo XXI venezolano le ha faltado discusión, por lo menos, en los términos que merecía y ha merecido, pues, bajo su nombre,  sencillamente, hundieron al país. Convengamos, socialismo es lo que padecemos por más de dos décadas en Venezuela, al igual que tuvimos liberalismo, socialcristianismo o socialdemocracia, en los siglos XIX y XX.

Frecuentemente, argüimos que la realidad ha distado y dista del ideario pregonado, pero en esta centuria los ejercitantes del poder no se han visto teóricamente cuestionados por quienes invocan y reclaman un marxismo auténtico.  Por ello, ahora, también se les ha hecho fácil dar una versión del fascismo que todavía tramitan, apelando a una interpretación anacrónica e interesada que se mantiene intacta a juzgar por los críticos que prometen profundidad, pero se contentan con los lugares comunes, con las excepciones de rigor.

Por lo pronto, lo importante es actualizar el estigma, el estereotipo, el prejuicio, frente a toda insatisfacción, inconformidad, disidencia y oposición. La incontenible verborrea del consabido barinés, tratando de atajarlas, acertó inicial y estratégicamente al maltratar a las minorías ciudadanas con la expresión “escuálidos” que muy pronto se revirtió, trastocada la palabra en un poderoso misil que ocultó, despreció, subestimó y reprimió a las grandes mayorías ciudadanas que lo rechazaron, cada vez más evidentes aún antes de concluir la primera década de la centuria.

Ahora, sobreviene la otra palabreja para descalificar y desconocer a todos los venezolanos que, por unanimidad, por siempre, intentándolo pacíficamente, rechazaron y rechazan el actual orden de cosas. Esperan manipular y trillar de nuevo un imaginario social suficientemente caricaturizador de las realidades, tratado de convertir en victimarias a las individualidades y a las organizaciones políticas y sociales que enarbolan las banderas de los valores y principios constitucionales.

Sentimos que filósofos, historiadores, sociólogos, juristas, psicólogos, o economistas, por ejemplo, no deben callar, permitiendo que se afiance un lugar común que es el que busca y pretende reforzar el oficialismo respecto al impúdico saqueo del término “fascismo”, según le anima. E, incluso, a modo de ilustración, celebramos el regreso a la opinión pública de los catedráticos constitucionalistas de la UCV, quienes recientemente hicieron extraordinarias consideraciones e importantes precisiones en la voz del abnegado profesor Tulio Alvarez.

Acotemos, a los penalistas les corresponde orientarnos en la materia de cara al proyecto de ley del antifascismo, en torno a su esencia y consistencia, respecto a la naturaleza y el bien jurídico que dice o dirá proteger, tipicidad, objeto, medios de comisión, culpa, penas. O los criminólogos y criminalistas que, entendemos, cuentan con importantes y destacadas áreas de postgrado.

No debemos despachar la materia con la sofocante simplicidad que es el propósito y también garantía de éxito para el oficialismo, porque de los nazifascistas del siglo XX para acá, muchísima y densa agua ha corrido por debajo de los puentes, y el asunto adquiere una significación e intenta un desarrollo que completará el peculiar sello y la amarga experiencia venezolana de los tiempos que cursan.

Fotografía: Cristián Hernández (EFE):  https://www.diariolasamericas.com/america-latina/imagenes-del-brutal-ataque-colectivos-contra-parlamentarios-venezuela-n4126051

16/04/2024:

https://opinionynoticias.com/opinionpolitica/41064-del-fascismo-y-la-academia

miércoles, 7 de junio de 2023

Decanato

TULIO ALVAREZ

Guido Sosola

Todos esperamos y aspiramos a  que haya la jornada electoral en nuestra queridísima UCV, así no satisfaga los extremos del artículo 109 constitucional.  Se impone la necesidad táctica de realizarla  para el despliegue estratégico de la redemocratización de todas nuestras casas de estudios, concatenado con el llamado a la selección en primarias del candidato presidencial de la oposición.

Por supuesto, el régimen hace sus cálculos y, recientemente, todo apuntó a un habilidoso ensayo general muy para torpedear invisiblemente el consabido llamado a comicios del 26 de mayo de 2023. No se ve la mano peluda exhibiéndose en el cafetín de arquitectura, ni en el de estadística, sino en toda, completamente toda la ciudadela de Villanueva con sus numerosos contingentes de remodelación: sacaron más de una tonelada de piedra esculpida a escondidas y nos enteramos cuando María Lionza llegó a su nueva casa de Yaracuy, y ¿no van a mojar las boletas electorales, según el pretexto y eufemismo esgrimido por la incompetente comisión electoral que ahora debe reivindicarse? O, qué de cosas, ¿no?, a mí que en nada en simpatiza la actual rectora, ¿Cecilia García va a pagar los platos rotos porque los tres muchachitos de Fuerza Vecina y Vecinal que expropiaron la FCU así lo decretaron, irrumpiendo a carajazos en el Consejo Universitario? ¿Acaso, presumimos la buena fe del gobierno, un mismo gobierno para todo el siglo, capaz de negarle el presupuesto a las universidades e intervenirlas?

Lo cierto es que, tarde o temprano, habrá elecciones. Y, aunque no se entienda mucho, hay un compromiso de carácter histórico: votar militantemente por las fórmulas que elevan las banderas de la universidad autónoma capaz de cumplir con sus misiones ética, académica y sociopolítica que demasiada falta hace en Venezuela. Y tener la perspicacia de descubrir a los oportunistas e infiltrados, por cierto, que nunca manifiesta y decididamente han hecho siquiera un modesto gesto de defender a la universidad de sus agresores.

Un tiempo atrás, antes de la consabida pandemia,  regresando al país luego de compartir por un año con mis hijos en el exterior, decidí ir al pasillo de ingeniería a buscar un libro de título ahora olvidado que necesitaba para un ensayo que tampoco el virus me permitió después concluir. No sé ya si fue la recordada con tanto cariño “bibliotecaria del politburó”, o Pedro Pérez, quien me avisó que un amigo común impartía una clase magistral en uno de los pasillos de derecho y, en efecto, así ocurría.

Me acerqué y hablaba en ese momento el profesor Tulio Alvarez: la universidad, la autonomía, la trascendencia que tiene para la vida republicana y el valor de estudiar, ocupaba la atención de los muy jóvenes.  Me tocan el hombre y recibo a baja voz el saludo de unos muchachos a los que supuestamente conocí en una charla de la facultad y les pregunté por qué no tomaban asiento y me dijeron que le estaban haciendo un favor a la decana, pero antes de seguir de largo, los sorprendió un bombazo lacrimógeno que hizo que batieran el récord despavorido de los cien metros planos, mientras que Tulio y la audiencia mantuvo la calma.

Me preguntan por quién votaré y lo digo de viva voz: Tulio Alvarez para decano con casi cuarenta años a cuestas, dando clases; con obra escrita, cuyos libros de materia constitucional son tan buenos como aquellos en el que despunta el historiador; firme para resolver los problemas de una universidad que, valga el detalle, requiere de sus habilidades políticas, porque tiene la experiencia en un campo que es hoy, nada casual, bajo el socialismo del siglo XXI, degradado.  Lo hubiese preferido como rector y creo que se lo dije una vez, pero él prefirió reafirmar su compromiso con una facultad que debe recuperar también la olvidada Escuela de Estudios Políticos y Administrativos, siniestrada en más de un sentido.

Tulio es portador de una conducta ejemplar, consecuente con sus discípulos, cuyo desempeño profesional deja huellas; consumado académico de una reconocida modestia, y de una enorme sensibilidad social. Además, de un buen e inteligente humor. Será un excelente decano, capaz de recuperar una vieja tradición que hizo de la facultad un referente nacional, como ahora no lo es y está a tiempo de serlo. Y, sí, es el mismo de la valiente Cátedra de Derecho Constitucional.

07/06/2023:

https://www.lapatilla.com/2023/06/07/tulio-alvarez-por-guido-sosola/

lunes, 11 de abril de 2022

Vertientes

IESUS NAZARENUS

Luis Barragán

Es nuestra la impresión, ha disminuido la formación y cultura religiosa en el presente siglo, o quizá debamos sólo referirnos a la catequística que deriva en una feligresía insegura e inconstante, otrora proveniente de una infancia petrolera que asoció los sacramentos con las estridencias de una celebración social y, ahora, para qué los unos si la otras tienen por única festividad posible  la de una burda y literal supervivencia. Ha sido de tal magnitud el impacto del discurso del poder, decididamente de inspiración mágico-religiosa, que toda creencia e increencia misma parte de la más absoluta informalidad y, por supuesto, improvisación, alérgica al más elemental razonamiento, equiparando el sincretismo alcanzado con el oportunismo y el arribismo cultivado y trastocado en régimen.

            El de Nazaret se antoja demasiado peligroso, por lo que Jesús puede ser cualquiera de acuerdo a la versión por siempre cambiante de un socialismo sometido a la banal tensión de un arco que pretende soslayar las trágicas realidades, siendo - hasta nuevo aviso -  Bonny Cepeda y Maelo Ruíz  las deidades de oportunidad. A guisa de ilustración, decimos profesar el catolicismo, forzándolo con la versión que mejor nos  (re) acomode en el sojuzgado país de una prolongada catástrofe humanitaria.

            Consabida nuestra quiebra editorial,  pudimos acceder a la reciente edición  digital de “Sed” de Amélie Nothomb (Anagrama, Barcelona, 2022), tenida por novela corta o cuento largo, que  - nos parece mejor -  un ensayo fabulado y, acaso, complementario de “El evangelio según Jesucristo” de José Saramago (1991). Bien escrita (o traducida), plantea varias de las perspectivas que ha suscitado y aún suscita el hijo de Dios entre los especialistas, alejándonos considerablemente de esa mezcla de Paulo Coelho y “El libro azul” / “Aló, presidente” de Chávez Frías que todavía orbita disparatándonos, pues, aseveremos, el Estado Criminal es una experiencia continua de la insensatez  temeraria y apostadora.  

            Hay una vertiente existencialista de la también humorística fabulación de ineludible consideración: “No me declaro inocente. Con treinta y tres años he tenido tiempo más que suficiente para reflexionar sobre el lado infame de esta historia. No hay un único modo de justificarlo. La leyenda asegura que expío los pecados de toda la humanidad que me ha precedido. De ser eso verdad, ¿en qué se convierten los pecados de la humanidad que está por venir? No puedo aducir ignorancia porque sé lo que va a ocurrir. Y aunque no lo supiese, ¿qué clase de imbécil sería si tuviera alguna duda?” (43). Humanizado, Iesus Nazarenus confiesa que “así que no, no soy omnisciente: voy descubriendo los adverbios sobre la marcha y me siguen asombrando” (4), prendándose sentimental y carnalmente de María Magdalena en desafío al Padre (45).

            Otra vertiente -   teológica y escatológica -  se afianza en una convicción: “Si yo puedo perdonarme, entonces todos aquellos que se equivoquen gravemente podrán perdonarse a sí mismos” (48), estimando como un proyecto demencial el de cambiar al hombre, entre otros errores paternos (40, 63). Imaginamos al acucioso José Ignacio Munilla, obispo español, haciendo un inventario detallado de las antiguas herejías  en las que incurrirá Nothomb.

            Al principio,  supusimos que la autora desarrollaría una vertiente forense, expuesto el procesado a los desagradecidos beneficiarios de los milagros que tanto le costara realizar, como aquel ciego ahora quejumbroso por la fealdad del mundo, el otrora leproso que ya no recibía limosnas, el Lázaro maloliente, o los pescadores en conflicto (3, 6).  Hubiese sido interesante llevar a la ficción una dimensión que ha suscitado  interés teórico entre nosotros, a juzgar por “El proceso de Jesús” de Gregorio Peces-Barba Martínez, publicado en El Nacional de  fecha 22/03/1989 (https://apuntaje.blogspot.com/2022/04/gaceta-forense.html), o, más acá,  por  “Ibis ad crucem: Visión romanista del proceso y condena de nuestro señor en la forja del mesianismo cristiano” de Tulio Alberto Álvarez (https://revistas.uniclaretiana.edu.co/index.php/Revista_Argumenta/article/view/261).

            Aplicando nociones, principios y categorías de esta era, Iesus Nazarenus no supo del debido proceso ni de la legítima defensa, como tampoco hoy los presos políticos y el resto de los venezolanos que fuimos profetizados: “En el futuro existirá un país tan pobre que en su idioma beber y comer serán un único verbo” (40). De modo que Nothomb ofrece la ocasión para que nuestros escasos y ocupados sacerdotes nos orienten, desafiando la discursividad del poder,  en el esfuerzo necesario de recuperar la fe convincentemente organizada.

12/04/2022: 

Caza de citas

“ Nadie se dio cuenta de este robo cuando publiqué la novela, quizá porque nadie leía a Barker, de la misma manera que no leían a King. Solo...