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domingo, 11 de septiembre de 2022

El diseño importa

PODER POLÍTICO Y CRIMINOLOGÍA

Luis Barragán

Providencialmente, desde hace muchos años contamos con el aporte del Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), y de sus expertos, quienes han logrado caracterizar objetiva, responsable y rigurosamente, la situación que aqueja al país. La delincuencia ha adquirido un desarrollo tal que la entendemos personalmente, por una parte, como expresión de la guerra no convencional que nos azota cada vez más visiblemente; y, por otra, que concursa, influye y determina,  mas no se confunde, con el poder político.

            Presumimos que no es necesario probar los servicios aportados por las bandas hamponiles al ejercer el control social de las comunidades que las domilician, a cambio de impunidad. U, otro ejemplo, propiciar un clima de terror en los espacios públicos ante la demasiado aparente incapacidad de los funcionarios policiales para reducirlos. Empero, consideramos importante cuestionar una falacia que parte de premisa cierta de la existencia de sendas mafias, arribando a la falsa conclusión de que no son portadoras de un adicional relacionamiento político.

            Puede aseverarse que, distintas y especializadas ambas actividades, la del ejercicio del delito común y la del poder político,  contando con tan  específicas exigencias de propósitos y tareas, de tiempo y técnicas, que una completa fusión significaría, además, la etapa final del Estado depredador en el que han convenido. Mientras haya Estado, algo de interés común, habrá depredación y sólo el agotamiento de los recursos y ventajas, los confundiría para ensayar fórmulas superiores de carácter transnacional en los más variados rubros de la criminalidad, fueren o no sofisticados.

            La jefatura de una mafia determinada puede estar encarnada en las más importantes figuras del Estado, pero éstas necesariamente deben delegar funciones y representaciones. Una creciente complejidad de las actividades y organizaciones delincuenciales fuerzan a una división del trabajo, buscando una mayor eficacia.

            La existencia, continuidad y estabilidad de las mafias, significa no sólo la penetración de las instituciones y demás instancias del Estado, sino la conformación de un sistema político que las comprende. Vale decir, con insumos y productos que cumplen un ciclo que considera y evalúa, tratando de controlar o manipular,  la formulación, filtración, competición y reducción de las demandas ciudadanas; la concreción de los problemas más críticos y riesgosos, sugiriendo alternativas;  la existencia, movilización y administración de los recursos disponibles; y la adopción, ejecución y evaluación de las decisiones, en el marco de un predominio propagandístico y publicitario esmerado.

            Luego, luce aventurado afirmar que un régimen de tales características, sólo, única y exclusivamente merece una perspectiva, consideración y tratamiento criminológico y criminalístico. Tamaña convicción constituye la mejor garantía de su supervivencia que es, ante todo, política.

            Obviamente, el problema reporta una novedad que requiere de imaginación y coraje para una respuesta adecuada y certera. Este es el punto esencial en torno a la calidad y confiabilidad del liderazgo que, al defender la libertad y la democracia, inevitablemente ha de combatir a las mafias que las cercenan por una fundamentalísima razón existencial.

Gráfica: Tomada dela red.

11/09/2022:

https://www.lapatilla.com/2022/09/11/luis-barragan-poder-politico-y-criminologia/

lunes, 29 de agosto de 2022

De una ofensiva socialista

UNA FEROZ GUERRA CONTRA EL COMERCIO FORMAL

Luis Barragán

Antes que la pandemia, el cobro electrónico y la reorganización de las mafias contrabandistas ya habían ultimado a la economía informal que buena y mala fama alcanzó en el país petrolero. Algo más que una ligera sospecha, hoy, nadie tiene la posibilidad real y gratuita de llevar el pan a casa mediante la desesperada oferta de una modesta mercancía, trátese de un sencillo vasito de café o de cigarrillos al detal, porque toda acera de calle y avenida  sugiere un canon de alquiler a favor de las autoridades policiales que velan  por el Estado depredador; además, el desesperado tendrá que competir violentamente para tomar por asalto las bolsas de basura que ya no lucen tan prometedoras como antes o muy antes, aunque hay quienes rearman y reparan sendos artefactos eléctricos y hasta coches para bebé ensayando una reventa a precios ridículos.

            La depredación es completamente dueña de los espacios públicos, reensayando un distinto modelo de negocios en el que no cabe el buhonero de buen gañote que pregonaba libremente su mercancía, tendida sobre la sabana en el piso de todas sus urgencias. Cualquiera puede constatar que al frente del local de una lunchería, heladería, restaurant o algo parecido, se instalan sendos carros, varios simultáneamente en el mismo radio,  que expenden perros-calientes, hamburguesas, cachapas, empanadas y toda suerte de bebidas,    tomando para sí las áreas de tránsito peatonal y también automotor, con un numeroso y cuidadosamente uniformado personal subpagado, y de libérrimo y bullicioso horario que convierte de facto una zona residencial en comercial, arriesgando la salud colectiva porque no disponen de un servicio directo de agua.

            Poco importa que el comercio formal realice una más confiable oferta y llene los requisitos más elementales para la sufrida y periódica supervisión sanitaria, fiscal, bomberil, laboral, o cualesquiera otras que imaginen los venales funcionarios celosos de su plaza.  Además de la carga fiscal, adquiere tonos de gravedad la ausencia de los numerosos anuncios que advierten la prohibición del porte de armas de fuego, la discriminación racial, el empleo del tapabocas, el tabaquismo, y otros rubros que implica toda una burocracia capaz de sugerir a la persona o empresa elaboradora de los pendones, con las exactitudes que reclaman, por no mencionar la costosa actualización de las máquinas registradoras que obliga a una conexión digital que ha de inventarse desde el fondo del bolsillo.

            Por lo visto, se avizora de hecho y quién sabe si de derecho, apelando a la ley de zonas económicas especiales,  la multiplicación de las llamadas calles del hambre, como todo un proyecto de expansión para caseríos, pueblos y ciudades, y no tardará en evolucionar a otros renglones, pues,  tratándose de la apropiación de los espacios públicos, puede hablarse de venta de automóviles usados exhibidos con desenfado en las vías públicas, arreglos mecánicos menores y algunos mayores, venta de peroles de la más variada gama que deja atrás al burdo buhonero de ocasión. Sin embargo, no nos equivoquemos, porque  el modelo por excelencia del nuevo rentismo zonal, por llamarlo de alguna manera, es la baruteña urbanización comercial de Las Mercedes para envidia de los capitostes medianeros y conuqueros del régimen, ya que nuestro hábitat no soportaría una densa urdimbre de expendedores sometidos a la intemperie y sus inclemencias.

            La guerra es contra el comercio formal establecido y de larga tradición en nuestro país, decretada la competencia desleal en beneficio de las mafias que aspiran, o aspirarán tarde o temprano, a la ocupación, ampliación y sofisticación de los locales disponibles: unos tienen una enorme carga fiscal y parafiscal que los otros, simplemente, desconocen. Y el diseño, confort y, por supuesto, precios  de los grandes bodegones auspiciados desde el poder establecido, ha de marcar la pauta.

            La inutilización  de los locales empleados por el actual comercio formal, objeto de una feroz guerra, no sólo tiene por origen la quiebra provocada, sino la amenaza y efectiva invasión frecuentemente organizada por los colectivos armados. Realizada, persistirá más tarde una oferta de bienes y servicios precaria y lastimosa, porque la viveza del que parte y reparte ejerce su señorío, o dará lugar a una ambientación y ofrecimiento que justifique la internacionalización de los precios, sólo para los privilegiados que accedan a las divisas.

            Hay otro medio para la quiebra y desocupación que muy bien  lo ejemplifican los barberos de la calle, los que están colocados bajo un árbol o de un puente, pues, en nombre de la libertad de trabajo, por ahora, son tolerados, aunque  tampoco tengan las mínimas condiciones de higiene, y mucho menos agua y baños disponibles para la clientela que sí los tiene en los locales formales.  Lo curioso es que los de calle tienden a cobrar más caro y, solemos olvidar, lo que constituyó una gran conquista comercial más que laboral, reconocida por la más remota jurisprudencia: no son empleados, sino prácticamente socios y tienen por “sueldo” compartir a diario la ganancia con el dueño del local que, además, es el que paga los impuestos.

           Por cierto, en varias ocasiones se ha comentado en los predios oficiales la intención de reformar el Código de Comercio. Demasiado obvio que la pretendida legislación será por sorpresa,  según la costumbre, aunque nos preguntamos sobre la facilidad de renovar aquellas instituciones forjadas en muchas décadas de experiencia, la propia vigencia de una normativa que ha actualizado la materia, y mismísima pretensión de que haya comercio, por definición, libre, bajo el socialismo.

            Por lo pronto, a largo plazo, los depredadores tienen pendiente la realización de una mercadería proveniente de los países de los cuales somos prácticamente colonia, como China, Rusia e Irán, decretada  una ofensiva desde el propio Estado contra todo comerciante formal, serio, responsable y cumplidor. Y, se nos antoja, no hay un mejor símbolo del populismo laboral y comercial que el del barbero ambulante que, más adelante, no podrá desempeñarse en la calle, empleando la electricidad pública y ya no será socio, sino empleado de los nuevos formales que los preferirán expertos peluqueros y manicuristas de centros comerciales que los recios barberos que se hicieron merecedores de una famosa ópera.

Fotografías: LB, entrada del mercado de San Martín (Caracas,  25/01/2022)

30/08/2022:

https://www.elnacional.com/opinion/una-feroz-guerra-contra-el-comercio-formal/

04/09/2022:

https://www.lapatilla.com/2022/09/04/luis-barragan-una-feroz-guerra-contra-el-comercio-formal/

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY