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domingo, 26 de abril de 2026

La vida es nuestra identidad

LA VOZ DE LA VIDA

(San Juan, 10: 1-10)

Enrique Martínez Lozano

Solo hay una "tarea" que realizar: favorecer la vida. Sin embargo, tal tarea no es algo "añadido" a lo que somos.

El ego piensa que tiene que hacer porque se ve como un "alguien" separado que se define, entre otras cosas, por su capacidad hacedora. Y ve la acción, como todo lo demás, desde una perspectiva dual: yo, delimitado o encerrado en mí mismo, hago algo que, en cierto modo, me enriquece o enriquece a otros.

El ego, consciente o inconscientemente, se define como carencia: de ahí que busque fuera aquello que le permitiría "completarse" y experimentarse más pleno.

Sin embargo, "dar vida" no es algo que el ego pueda hacer. La Vida se da a sí misma. Necesitamos únicamente reconocernos en ella, de un modo cada vez más consciente y, por tanto, desapropiado para, de ese modo, permitir que fluya y se exprese a través de nosotros, en modos concretos.

En este sentido se puede entender la imagen de la "puerta", en cuanto espacio abierto que permite que la Vida fluya.

Porque la Vida es, antes que nada, espaciosidad, amplitud ilimitada que todo lo contiene y que se expresa en infinidad de formas, todas ellas habitadas por la misma y única Vida.

Por eso, quien se percibe así, no puede sino vivir el cuidado con todos y con todo. Un cuidado que Jesús expresa en la imagen del "pastor", imagen que resulta anacrónica para la mayoría de nuestros contemporáneos, pero que encerraba una extraordinaria riqueza, histórica y metafórica, en el contexto en que Jesús la utilizaba.

Todos nosotros "conocemos la voz" de la Vida. Por eso, cada vez que vemos, oímos o leemos algo preñado de vida, se produce una resonancia en nuestro interior. Es una voz que nos "suena", aunque haya podido estar muy apagada durante mucho tiempo.

En nuestro mundo hay muchas voces de todo tipo. Tantas, que corremos el riesgo de terminar aturdidos. Algunas de ellas pueden resultarnos especialmente atractivas porque parecen encajar perfectamente con lo que son las necesidades del ego. Hay voces que prometen, voces que compensan, voces que entretienen, voces que distraen, voces que seducen, voces que inflan, voces que asustan, voces que amenazan, voces que nos dan la razón, voces que nos rechazan... Tantas voces que no es extraño que, en algún momento, las sigamos. Sin embargo, si no son la genuina voz de la Vida, no nos alimentarán; su encanto habrá resultado pasajero y, con frecuencia, frustrante.

Jesús habla desde la Vida, o mejor aún, como la Vida: porque es esta la que habla a través de él.

Solo puede hablar desde la Vida quien se reconoce en ella, quien ha descubierto que la Vida es su verdadera identidad. Se comprende que quien dijo: "yo soy la puerta", "yo soy el pastor", "yo he venido para que tengan vida"..., dijera también: "Yo soy la Vida". No puede ser de otro modo.

Lo admirable es que esta afirmación del maestro de Nazaret es válida para todos nosotros: la Vida es nuestra identidad. Únicamente necesitamos reconocerla y vivirnos en la consciencia de ser ella.

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/4940-la-voz-de-la-vida.html

Cfr.

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/18006-tener-vida-o-ser-vida.html

Ilustración: 

https://christfollowerlife.com/products/jesus-walk-on-water-with-the-lamb-wall-art-canvas?srsltid=AfmBOorQQArmiIaVtZI9nn_dqCAMrzuinCbWVM8InCJsUNmpTd2tTTMI

Papa León:

https://www.youtube.com/watch?v=dJqcGijFR1Y


Padre S. Martín: Tolerancia cero. El Papa contra el Sínodo alemán, la inmigración ilegal y la Pachamama:


Cardenal Porras: 


Monseñor Biord:


Padre S. Martín:


Monseñor Munilla:

sábado, 4 de abril de 2026

¿Identidad transmental, dijo?

CONECTADOS A LA VIDA

(San Juan 20, 1-9)

Enrique Martínez Lozano

Debido a sus propios límites, la mente solo puede darnos respuestas reductoras. Para ella, nuestra identidad es el yo, y la vida es algo que tenemos. Mientras permanezcamos identificados con ella y queramos entender la realidad únicamente desde la razón, no podremos superar el engaño.

Todo se modifica, sin embargo, en cuanto salimos del modelo mental de conocer: la realidad deja de aparecer como una suma de objetos separados –la separación, en realidad, es un ilusión producida por la mente-, para mostrarse como el despliegue de la Vida en infinidad de formas.

Todo es Vida, que puede expresarse como vibración, conciencia, información, energía, materia... Lo cual no es sino una "extensión" de la célebre fórmula de Einstein: E = mc2 ("m" es masa, y "c" es la velocidad de la luz). Masa y energía no son sino la misma y única realidad, aunque en "condiciones" diferentes. ¡Con razón decía Max Planck, el padre de la física cuántica y premio Nobel de física en 1918, que "la materia como tal no existe"!

La vida no es algo que tenemos, sino lo que somos. Lo que tenemos, lo podemos perder; lo que somos, permanece.

Del mismo modo, mi identidad real no es el yo, tal como la mente creía, sino –otro nombre de la Vida- la Consciencia que me percibe. No soy nada de lo que puedo observar, sino Eso que observa. Para quien realmente soy –la Consciencia-, el yo –la estructura psicosomática, el organismo cuerpo-mente- no es nada más que un objeto, en el que, de una forma transitoria, se expresa la Consciencia que soy.

En otro marco de referencia, dentro de otras categorías culturales y religiosas, la fe cristiana en la resurrección viene a afirmar, de fondo, lo mismo. La resurrección de Jesús es la proclamación irrefrenable de que la muerte no es sino un "paso" en el que, paradójicamente, despertamos a la Vida que somos. Ni el aparente fracaso, ni la tortura, ni la muerte, ni la angustia de la cruz tienen la última palabra. La Vida que somos no muere jamás.

No es necesario, por tanto, esperar a la muerte física para morir, ni tampoco para resucitar. Si queremos vivir como resucitados –tal como vivió Jesús, que llegó a afirmar: "Yo soy la resurrección y la vida"-, necesitamos comprender la verdad de quienes somos. En la medida en que lo comprendemos, dejamos de vivir para el yo –vamos muriendo a él- y nos anclamos en nuestra verdadera identidad: la Consciencia ilimitada y compartida.

De ese modo, nos experimentamos conectados a la Fuente de todo lo que es y a la Vida que somos. En esto consiste la sabiduría y la liberación: en la conexión consciente al Misterio de la Vida, a Dios, sin ningún tipo de separación ni distancia; sin costuras.

Y desde aquí podemos volver al relato del evangelio de Juan. Se trata de un texto profundamente elaborado y cargado de simbolismo. En realidad, los llamados "relatos de apariciones" son, fundamentalmente, catequesis en torno a Jesús vencedor de la muerte y a la resurrección.

María Magdalena es símbolo de aquella comunidad que se movía entre la luz y la oscuridad. Todavía vive en torno al sepulcro (muerte); por eso, "aún estaba oscuro". Pero, al mismo tiempo, empezaba a clarear ("al amanecer") y "la losa estaba quitada" (la losa de la duda y la resignación fatalista). Todo parece anunciar algo definitivamente nuevo: es "el primer día de la semana"; se trata, nada menos, que de una nueva creación.

En la tradición cristiana, se ha presentado la resurrección como una "nueva creación" llevada a cabo por el poder de Dios, que actúa en la muerte como había actuado, según el relato del Génesis, en la creación del mundo. Desde un nivel de conciencia en el que la identidad se reduce al yo y en una concepción lineal de la historia, no podían expresarlo de otro modo: la vida es algo que nos espera más allá, en el futuro, después de la muerte, gracias a una nueva intervención de Dios.

Desde un nivel de conciencia transpersonal y desde un modelo no-dual de cognición, se nos hace evidente esta afirmación: Todo es Ahora. Ahora es la Vida, Ahora es la "resurrección"..., aunque todavía no lo hayamos descubierto. Pero basta acallar la mente para, al menos, atisbar que Todo es.

La mente se queda en las "formas", y hace una lectura en la que se espera un futuro mejor. Pero ya somos conscientes también de que el único que desea el futuro es el ego, por una doble razón: porque en el presente desaparece y porque, vacío como es, sueña con un futuro imaginado en el que poder saciar finalmente su inherente insatisfacción.

El ego corre, como los discípulos, pensando que en el futuro se sentirá mejor. Con frecuencia, corre tan deprisa que no repara en ninguna otra cosa que no sea su propia expectativa (o su propia creencia). En ocasiones, parece recibir la gracia de poder ver "las vendas" y de ver a través de ellas.

En realidad, para quien está atento, todo son "vendas", signos, señales, aberturas, resquicios, ranuras, grietas por donde se cuela la Vida. Todo puede ser oportunidad para ir despertando a quienes realmente somos y reconocernos conectados a la Vida.

Pero, por lo general, para poder ver el significado que las "vendas" contienen, se requiere atención. Una atención que nos hace estar en el momento presente y acalla el parloteo mental. En ese Silencio, podrá desvelarse ante nuestros ojos la Presencia y reconocernos como la

Consciencia que somos y que se despliega momentáneamente a través de lo que llamamos "nuestras historias personales".

Sea cual la sea la historia o el "papel" que se nos haya asignado, la clave radica en abrirnos a nuestra verdadera identidad transmental y permanecer conectados conscientemente a ella y a la Vida. Eso es vivir resucitados.

Fuente: 

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/61-conectados-a-la-vida.html 

Ilustración: Roman Sleptsuk.

Fotografía: LB, Jesús resucitado, Iglesia de la Coromoto, El Paraíso (Caracas, 05/04/2026).

Papa León: 

Papa León: https://www.youtube.com/watch?v=ndBwY3qDyFA

Cfr.

https://www.youtube.com/watch?v=lmnAf6yyf7E/

https://www.youtube.com/watch?v=57JAMrzSF3w

Cardenal Porras: 

https://www.youtube.com/watch?v=lBL_UMBONd0


Padre S. Martín: 


Monseñor Munilla: 

domingo, 22 de marzo de 2026

Resucitación y resurrección

Padre S. Martín:


Papa León: 


Cardenal Porras: 


Padre J. Martín: 




Nota adicional LB: Hay fallas de señal y del propio sistema de BlogSpot. Después de diseñar la nota de hoy, colocar las gráficas y los videos penosa y pacientemente, solamente aparece la vista previa pero no registra los cambios. No quedó más remedio que hacer la captura de pantalla en lugar de repetir el procedimiento con el riesgo del fracaso.

domingo, 15 de marzo de 2026

"... Para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos"

¿QUEREMOS VER... O NOS CONFORMAMOS CON CREER?

(San Juan, 9: 1-41)

Enrique Martínez Lozano

En el capítulo 9 del cuarto evangelio, se ofrece una catequesis cristológica, que trata de señalar todo el proceso de adhesión a la persona de Jesús, según los parámetros de las primeras comunidades joánicas.

Los elementos básicos de dicha catequesis parecen ser los siguientes:

• "ungido" = bautizado;

• Jesús, luz para las personas, "luz del mundo" (Jn 8,12);

• el hombre reconoce a Jesús como "profeta";

• persecución por parte de la autoridad judía y riesgo de excomunión (es lo que vivieron los miembros de la comunidad joánica, a partir de los años 80);

• discusión –catequética o apologética- con la autoridad judía;

• Jesús se vuelve a hacer presente en esa circunstancia de persecución;

• proclamación de fe: "Creo, Señor".... "Y se postró ante él";

Conclusión: el problema consiste en que, estando ciegos, pensamos que vemos.

El tema de la luz –y todos los relacionados con él: iluminación, visión, despertar...- ocupa un lugar absolutamente central en la literatura espiritual.

El motivo es simple: todo el proceso de crecimiento y transformación de la persona arranca con la comprensión de quienes somos. Solo a partir de esta claridad, es posible vivir coherentemente.

Así entendida, la comprensión –o la visión- es lo opuesto a la creencia. Esta última es apenas un "objeto mental" que, en el mejor de los casos, sirve únicamente para apuntar o señalar hacia la verdad mayor, que siempre escapará a cualquier razonamiento.

Con frecuencia, sin embargo, todavía es peor: la creencia –cualquier idea que podamos tener- se absolutiza y, de ese modo, se interpone e impide abrirse a la verdad.

La "visión" permanece oculta a la mente. Esta no es herramienta adecuada para tal fin. Su enorme capacidad funciona adecuadamente en el mundo de los objetos, pero se ciega ante todo lo que es inobjetivable, es decir, las realidades más importantes de la vida.

La mente puede acometer aún con éxito otra tarea: la de poner a prueba e incluso desenmascarar planteamientos o posturas irracionales y/o nocivos. Hablamos entonces de la "razón crítica", como un logro irrenunciable que necesitaremos cultivar.

Sin embargo, cuando se habla de "visión", no se está propugnando la irracionalidad, sino –es algo muy distinto- la transracionalidad. Se valora toda la función de la mente, pero se ha descubierto que existe otro modo de conocer que es previo y más "fundamental" que la razón. Es el conocimiento inmediato, experiencial, intuitivo... Lo que se ha llamado el "conocimiento místico".

Característica de esa forma de conocer es la no-dualidad. La mente es separadora; el conocimiento místico "ve" la no-separación de todo, advirtiendo la naturaleza última, común y compartida, de todo lo que es.

En esa visión, la persona capta el núcleo de lo real y, simultáneamente, comprende su verdadera identidad. A partir de ahí, podrá decir como decía Jesús en el cuarto evangelio –y como dice el propio ciego-: "Yo Soy". Nos hemos reencontrado en la Verdad de lo que somos, más allá de las ideas, creencias o juicios de cada cual. Por decirlo en lenguaje cristiano, hemos sido "ungidos", somos "otros Cristos", compartimos la misma visión de Jesús. Hemos pasado de "tener creencias" a "ver".

Sin embargo, a la autoridad religiosa únicamente le importa una cosa: que se actúe conforme a la ley. El relato de la investigación que llevan a cabo con el ciego y con sus padres pone de manifiesto un comportamiento patético: han perdido todo el interés por la persona del ciego, no les interesa si ve o no ve; se aferran solo a la posible alteración de la legalidad.

No es difícil advertir, detrás de ese comportamiento, la necesidad de mantener el poder, gracias a un control férreo sobre la norma. Suele ser el modo de funcionar autoritario: desinterés hacia las personas, exigencia legalista a ultranza.

Jesús se había situado justo en el extremo opuesto: "No es el hombre para el sábado, sino el sábado para el hombre" (Mc 2,27). Este es, sin duda, el "juicio para el que he venido yo a este mundo: para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos".

No se trata de una amenaza, sino de una constatación: quienes creen ver, porque han identificado las cosas con sus pensamientos, en realidad permanecen ciegos; se pierden la verdad de lo que es. Por el contrario, quienes quieren ver, porque son conscientes y sufren a causa de su "ceguera", encuentran el camino de la visión.

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/4781-queremos-ver-o-nos-conformamos-con-creer.html

Ilustración: Gioacchino Assereto.

Padre S. Martín: Actualidad comentada. ¿Competencia por el poder entre mujeres y sacerdotes:

https://www.youtube.com/watch?v=btW34Cg7vJs

León XIV:

https://www.youtube.com/watch?v=641WcY_pQec

https://www.youtube.com/watch?v=_u0CuIO0zBY

Cardenal Porras:

https://www.youtube.com/watch?v=vptqZbNG33E

Padre de Sousa: 

https://www.youtube.com/watch?v=xt5px0p0Tt4

J. Martín: 

https://www.youtube.com/watch?v=9b1W_GD9BrU

Padre Savoia;

https://www.youtube.com/watch?v=KEbgDG1PoGU

Monseñor Munilla: 

https://www.youtube.com/watch?v=QIdORxTj_uQ

sábado, 21 de febrero de 2026

Homilía

TENER, PODER, APARENTAR: EL ROSTRO DEL EGO

(San Mateo, 4: 1-11)

Enrique Martínez Lozano

En la construcción de esta escena, sin testigos, la tradición escenificó un combate, a imagen de las disputas de escuela de los rabinos o maestros judíos; en ellas, se argumentaba y se replicaba con palabras de la Torá. Sobre ese modelo, la tradición presenta el relato de las tentaciones como una discusión sobre los "dos caminos": Satanás y Jesús, el mal y Dios.

Parece claro que el relato se construyó pensando en las propias tentaciones del pueblo, también en el desierto: los "cuarenta días" de que aquí se habla no solo son una correspondencia de los "cuarenta años" que duró la travesía del pueblo, sino también un "calco" de lo que hizo el propio Moisés –sabemos que Mateo tiene un marcado interés por presentar a Jesús como el "nuevo Moisés"-, tal como se lee en estos textos:

  • ·     "Moisés estuvo allí con Yhwh cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua" (Libro del Éxodo 34,28);
  • ·    "Como la otra vez, estuve cuarenta días y cuarenta noches sin comer ni beber" (Libro del Deuteronomio 9,18).

Por otro lado, al recibir esta tradición, es probable que Mateo piense en su propia comunidad, en particular en algunos responsables de la misma, que parecen seguir más el camino del tentador que el del propio Maestro y hacen pesar sobre el grupo su ambición económica (7,15), religiosa (7,22) y política (20,21).

La conexión con el episodio inmediatamente anterior, en el que se narraba el bautismo de Jesús, es explícita. Aquél terminaba con la proclamación de la voz del cielo: "Este es mi Hijo amado" (3,17). Este arranca con la insinuación: "Si eres Hijo de Dios...". Entre líneas, el lector queda avisado de que se le va a mostrar en qué consiste ser "hijo de Dios".

En efecto, tal como ha llegado a nosotros, la narración constituye una catequesis o enseñanza –un mensaje de sabiduría- sobre el recurrente tema de los "dos caminos", el de la vida y el de la muerte. ¿Cuál es la actitud y el comportamiento que hace vivir? ¿Cuál es el camino sabio y cuál es el engañoso?

El detonante de la tentación es, como siempre, el hambre; en concreto, el hambre de poder: económico, religioso o político, que se sintetiza en la triple tentación con la que tiene que lidiar todo ser humano: el tener (dinero), el aparentar (imagen, prestigio), el dominar (poder sobre otros).

Hambre es sinónimo de deseo. Y el deseo conecta con la primera realidad humana, en el orden de la evolución psicobiográfica. El niño es pura necesidad y, por tanto, puro deseo.

En cada caso, las experiencias infantiles –el modo como se haya respondido o no a su necesidad- marcarán el futuro de la persona, pero de lo que no cabe duda es que el hambre o deseo será permanentemente una característica del yo.

Eso significa que, mientras estemos identificados con nuestros deseos, lo estamos también con el yo. Y ello nos mantendrá encerrados en la ignorancia y el sufrimiento, escondidos en el mensaje característico del yo: "La felicidad está en el futuro".

Tal mensaje resulta tan fácilmente creíble como gravemente perjudicial. Lo creemos porque "encaja" perfectamente con la identidad del yo que, al ser vacío, siempre sueña con un futuro en el que su carácter "vacío" desaparecerá. De ahí que, mientras perdure la identificación con el yo, viviremos proyectados hacia el futuro soñado.

Pero nos perjudica porque, además de alejarnos del único lugar de la vida –el presente-, nos mantiene confundidos con respecto a nuestra verdadera identidad.

Según esto, parece claro que solo hay un modo de salir de la tentación: venir al presente. En el presente –en la atemporalidad o eternidad del "aquí y ahora"-, cae la ansiedad, no somos tiranizados por la expectativas de un futuro siempre inalcanzable y dejamos de identificarnos con el yo como si fuera nuestra identidad definitiva.

En esa dirección parecen apuntar, precisamente, las palabras puestas en boca de Jesús, y que están tomadas de las Escrituras judías (Deuteronomio 8,3; 8,16; 6,13): "Vivir de la palabra que sale de la boca de Dios", "no tentar a Dios", "adorarle solo a él"... significa haber descubierto el "eje" central de la propia vida y de la propia identidad, y vivir a partir de él. Es decir, significa haber experimentado el Misterio de la Presencia y haber descubierto que ahí se encierra todo.

En esa Presencia no-dual, plena e integradora, es donde nos reconocemos en quienes realmente somos. Se acaban tanto las separaciones establecidas por nuestra mente como la identificación con ella. En la Presencia se deshace la comparación y el enfrentamiento, para "reencontrarnos" en una "identidad compartida" que, sin negar las diferencias, las trasciende.

Y esto no está lejos de nosotros. La Torá judía dice que "no hay que subir al cielo..., ni cruzar al otro lado del mar; la Palabra del Señor está bien cerca de ti, está en tu boca y en tu corazón para que la pongas en práctica" (Deuteronomio 30,12-14). Por su parte, el Corán proclama que "Dios está más cerca de ti que tu propia yugular" (Sura 50,16).

Aquello que buscamos, está ya aquí. Basta detener todas las "historias mentales" que nos contamos, aceptar lo que hay en este momento, rendirnos a la realidad..., para que se abra paso el Misterio de la Presencia y la Quietud. Basta abrirnos al Silencio, que es la Fuente de la mente, para que entremos en contacto con nuestro verdadero yo: ése es el camino de la Vida.

Es lo que quiere expresar este cuento que narra la maestra Toni Roberson (Gangaji), en un libro recomendable:

Había un consumado ladrón de diamantes que solo quería robar las joyas más exquisitas. Este ladrón solía deambular por la zona de compraventa de diamantes con el fin de "limpiarle" el bolsillo a algún comprador incauto.

Un día vio que un comerciante de diamantes muy conocido había comprado la joya con la que él llevaba toda su vida soñando. Era el más hermoso, el más prístino, el más puro de los diamantes.

Pleno de alegría, siguió al comprador del diamante hasta que éste tomó el tren, y se hizo con un asiento en el mismo compartimento. Pasó tres días enteros intentando meter la mano en el bolsillo del mercader. Cuando llegó al final del trayecto sin haber sido capaz de dar con la gema, se sintió muy frustrado.

Aunque era un ladrón consumado, y aun habiéndose empleado a fondo, no había conseguido dar con aquella pieza tan rara y preciosa.

El comerciante bajó del tren, y el ladrón le siguió. De repente, sintió que no podía soportar por más tiempo aquella tensión, por lo que caminó hasta el mercader y le dijo:

— Señor, soy un famoso ladrón de diamantes. He visto que ha comprado un hermoso diamante y le he seguido en el tren. Aunque he hecho uso de todas las artes y habilidades de las que soy capaz, perfeccionadas a lo largo de muchos años, no he podido encontrar la gema. Necesito conocer su secreto. Por favor, dígame cómo lo ha escondido.

El comerciante replicó:

— Bueno, vi que me estabas observando en la zona de compraventa de diamantes y sospeché que eras un ladrón. De modo que escondí el diamante en el único lugar donde pensé que no se te ocurriría buscarlo: ¡en tu propio bolsillo!

A continuación metió la mano en el bolsillo del ladrón y extrajo el diamante.

(GANGAJI, El diamante en tu bolsillo. Descubre tu verdadero resplandor, Gaia, Madrid 2006, pp.37-38).

En este inicio del tiempo de Cuaresma, quiero traer también la palabra de otro maestro, para quienes, al escucharla, noten que produce una "resonancia" en su interior y se sientan internamente movidos a secundarla. Puede ser la mejor "práctica cuaresmal". He aquí el texto:

"El camino para llegar al sumo bien, a nuestro primer origen y suma paz, es la nada...

Nos buscamos a nosotros mismos siempre que salimos de la nada, y por eso no llegamos jamás a la quieta y perfecta contemplación. Éntrate en la verdad de tu nada y de nada te inquietarás...

¡Oh, qué tesoro descubrirás si haces de la nada tu morada!...

Si estás encerrado en la nada, adonde no llegan los golpes de las adversidades, nada te dará pena, nada te inquietará. Por aquí has de llegar al señorío de ti mismo, porque solo en la nada reina el perfecto y verdadero dominio...

Por medio de esa nada has de morir en ti mismo de muchas maneras, en todos tiempos y a todas horas. Y cuanto más fueres muriendo, tanto más te irá el Señor elevando, y a sí mismo uniendo...

Anégate en esa nada y hallarás en ella sagrado asilo para cualquier tormenta...

Finalmente, no mires nada, no desees nada, no quieras nada, ni solicites saber nada, y en todo vivirá tu alma con quietud y gozo descansada.

Este es el camino para alcanzar la pureza del alma, la perfecta contemplación y la interior paz. Camina, camina por esta segura senda, y procura en esa nada sumergirte, perderte y abismarte si quieres aniquilarte, unirte y transformarte".

(Miguel de MOLINOS, Guía espiritual, libro III, capítulo 20, nn.187-195 (edición preparada por S. GONZÁLEZ NORIEGA), Editora Nacional, Madrid 1977, pp.247-249; citado en Ramón ANDRÉS, No sufrir compañía.

Escritos místicos sobre el silencio, Acantilado, Barcelona 2010, pp.384-386).

Miguel de Molinos (1628-1696) no era un maestro zen, ni un monje budista, sino un sacerdote y místico cristiano, turolense por más señas, nacido en el pequeño pueblo de Muniesa.

Él experimentó y enseñó el engaño que supone vivir para el yo... Engaño en el que permanecemos hasta que no descubrimos que ese yo es "nada". Y es precisamente al negar esa nada –no desear nada, no buscar nada...-, cuando acaba la confusión y el sufrimiento, y emerge brillante lo que somos.

El propio Maestro Eckhart (1260-1328, aproximadamente) lo habría experimentado cuando, de modo contundente, afirmó:

"No tener nada es tenerlo TODO".

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/1273-tener-poder-aparentar-el-rostro-del-ego.html

Ilustración: Akiane Kramarik.



sábado, 14 de febrero de 2026

"Digan simplemente sí, cuando es sí; y no, cuando es no"

MIRAR DESDE EL CORAZÓN

(San Mateo, 5:17-37)

Enrique Martínez Lozano

El escriba que era Mateo se vio atrapado en un conflicto, al igual que la mayor parte de su comunidad: ¿cómo conciliar la novedad de Jesús con la fidelidad a la ley de Moisés?

Es ese dilema el que produce, en el evangelio, afirmaciones que suenan contradictorias (por más que los exegetas traten luego de armonizarlas): así, se dice que se ha de cumplir hasta la última tilde de la ley pero, al mismo tiempo, se habla de una "justicia" mayor que la de los letrados y fariseos; se afirma que Jesús no viene a abolir la ley, pero a continuación se formulan las famosas "antítesis" ("se dijo..., pero yo os digo..."), que suponen una auténtica ruptura con la ley anterior.

En cierto modo, da la impresión de que las primeras comunidades judeocristianas –como la del propio Mateo- se vieron obligadas a mantener un equilibrio no siempre fácil entre quienes enfatizaban la novedad y quienes, por el contrario, buscaban salvar a toda costa la ortodoxia tradicional.

Con esta clave de lectura, resulta más fácil dar razón de las contradicciones del texto. Por otro lado, las dificultades surgidas en la vida cotidiana de la comunidad explicarían también esas referencias minuciosas acerca de los pleitos.

Con respecto a las conocidas antítesis, lo más llamativo, sin duda, es su radicalidad. Una radicalidad que apunta al corazón: no se trata solo de "no matar", "no adulterar" o "no jurar". Recurriendo a un estilo hiperbólico, tan del gusto oriental, Jesús apunta directamente a la necesidad de vivir en conexión constante con lo mejor de nosotros mismos, es decir, anclados en esa identidad profunda que compartimos con todo y con todos.

Solo desde ese "lugar" –con esfuerzo, pero sin ningún tipo de voluntarismo- es posible "ver" de tal manera que lo que brote de nosotros lleve el sello del amor, hasta en lo más pequeño.

Esa forma de "ver" y de vivir está por encima del culto. Por ello, el texto insiste en priorizar la reconciliación por encima de la ofrenda del altar.

Cuando uno se asoma por determinados portales de Internet que se dicen cristianos y lee los insultos groseros con los que se descalifica a quien manifiesta una opinión diferente, le duele constatar lo lejos que estamos aún de las palabras del Maestro, lo lejos que estamos aún de "ver".

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/4635-mirar-desde-el-corazon.html

Ilustración: Jorge Cocco.

Padre S. Martín: Guerra interna en la Iglesia: cuando el poder laical desafía la autoridad doctrinal.

Guerra interna en la Iglesia: cuando el poder laical desafía la autoridad doctrinal,

Padre Polo: https://www.youtube.com/watch?v=yH3YIL1oLqg&list=RDyH3YIL1oLqg&start_radio=1

sábado, 24 de enero de 2026

La novedad de un anuncio

REINO Y CONVERSIÓN: ¿SABEMOS VER?

(San Mateo, 4: 12-23)

Enrique Martínez Lozano

Tras el relato del bautismo –inicio de la actividad pública- y de las tentaciones en el desierto –como marco simbólico de la misma-, Mateo sitúa a Jesús en Galilea, en concreto en Cafarnaún, que va a constituir el "centro de operaciones" en la primera etapa de la misión del maestro.

Según uno de sus objetivos manifiestos –mostrar que en Jesús se cumplen las profecías judías-, el autor del evangelio aplica a su maestro un bello texto de Isaías: es la "luz que brilla en las tinieblas".

Parece que no podía haber encontrado un pórtico mejor para iniciar el relato. Inmediatamente después, se va a centrar en dos cuestiones decisivas: la proclamación condensada de su mensaje (el llamado kerigma) y la llamada de los primeros discípulos.

Con respecto al mensaje, en cuanto a la forma, llama la atención que sea exactamente igual que el de Juan el Bautista (Mt 3,2), probablemente una señal más del interés de los primeros cristianos por presentar a Juan como uno de ellos.

Por lo que respecta al contenido, presenta un doble acento: el anuncio de la cercanía del Reino y la correspondiente llamada a la "conversión" ("metanoia"): es necesario convertirse porque está cerca el Reino. ¿Qué puede significar eso para nosotros, hoy?

Sabemos la lectura que se hace de esas palabras desde una consciencia mítica y desde el modelo mental, subrayando el aspecto espiritualista e individualista, tanto de la conversión como de la salvación.

El mensaje, sin embargo, en inmensamente más rico y profundo: habla de novedad y de cambio.

La novedad radica en el anuncio: la cercanía del Reino. Si por "Reino" entendemos, no una especie de "territorio" mítico, sino el secreto último de lo real, lo único capaz de responder a nuestro anhelo más profundo, porque constituye, en definitiva, nuestra identidad, podremos entender la "urgencia" y el "apremio" que se derivan de las palabras del sabio de Nazaret.

Y parece claro que es a esto a lo que Jesús se refería: al "tesoro oculto" que, una vez descubierto, hace que uno se llene de alegría y se desprenda de todo con tal de lograrlo (Mt 13,44).

Ese "tesoro", el único que realmente vale la pena –parece decir Jesús-, está ya a nuestro alcance. Únicamente necesitamos "verlo"..., y para eso necesitamos "convertirnos".

El significado de la conversión se pone de manifiesto en el término griego utilizado: "Metanoia" ("meta-nous" = "más allá de la mente"). En contra de acepciones habituales en las predicaciones y los catecismos, que parecían atribuirle connotaciones de mortificación, remordimiento o incluso culpa, tal término apunta a algo más profundo.

Se trata de una invitación a salir de la rutina de la mente –la inercia de lo ya conocido o la jaula de nuestros pensamientos, prejuicios y etiquetas-, para ser capaces de "ver de otra manera". Un "ver" que nos permita captar precisamente la realidad del Reino, es decir, aquello que constituye el Secreto de lo Real y nuestro Núcleo más profundo, aquello que las religiones han llamado "Dios" y que no es sino el Misterio Uno de todo lo que es.

Al descubrirlo, experimentamos la Plenitud. Porque no es "Algo" separado que debamos lograr, sino nuestra identidad más profunda, el Fondo común y compartido con todos y con todo. Al descubrirlo, se sale de la ignorancia, la confusión y el sufrimiento. Pero únicamente podemos verlo si adoptamos la visión adecuada, es decir, si desarrollamos la capacidad que late, con frecuencia "dormida", en todos nosotros; a esa capacidad, que podemos llamar "inteligencia espiritual", el evangelio la llamaba "metanoia" o conversión.

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/4559-reino-y-conversion-sabemos-ver.html

Ilustración:https://benofcommonprayer.substack.com/p/sermon-the-real-world

Fotografías: LB, Iglesia de El Recreo. Freddy Marcano, monseñor Héctor Maldonado (CCS, 25/01/26).

Papa León: https://www.youtube.com/watch?v=5iaQnlKgPzA




Cardenal Porras: https://www.youtube.com/watch?v=UBEgaLUiwVM

sábado, 17 de enero de 2026

"...Encontrarse consigo mismo y sentirse Uno tras las aparentes marañas y encrucijadas"

CULTIVAR NUESTRA 
CAPACIDAD DE VER

(San Juan, 1: 29-34)

Enrique Martínez Lozano

Al igual que los sinópticos, también el autor del cuarto evangelio hace del bautismo de Jesús el acontecimiento con el que se inicia su actividad pública. Un indicio más, no solo de la historicidad de ese hecho, sino del papel decisivo que jugó en la propia evolución humana/espiritual de Jesús.

Por otro lado, también en el cuarto evangelio se advierte la polémica con los discípulos del Bautista, que lleva al autor a subrayar la primacía del maestro de Nazaret y a convertir a Juan en nada menos que un "cristiano", que "ha visto" y "da testimonio" de que Jesús es "el Hijo de Dios".

Sabemos que "ver" y "dar testimonio" constituyen dos expresiones típicamente joánicas, que definen el ser y la misión del discípulo: este es alguien que "ha visto" y, por ello mismo, puede "dar testimonio".

Así aparece en diferentes lugares del evangelio e incluso en las Cartas de Juan: "Nosotros hemos visto y damos testimonio" (Jn 19,35; 21,24; 1Jn 1,1-3).

¿Qué es lo que "ha visto" Juan? A un hombre lleno de Espíritu. Es decir, al Espíritu viviéndose en forma humana. Así me parece que hay que leer este relato, más allá de la literalidad que se muestra en la imagen mítica de la "paloma".

Es probable que Juan pudiera verlo, gracias a la transparencia del propio Jesús. Pues, como dijera Jean Sulivan, en una de las afirmaciones más bellas que, en mi opinión, se han dicho de él, "Jesús es lo que acontece cuando Dios habla sin obstáculos en un hombre".

Siempre que tenemos la fortuna de encontrarnos con una persona "transparente" –no "perfecta", sino humilde-, resulta más fácil reconocer, apreciar, "ver" el Misterio que la (nos) habita.

Pero parece que no es suficiente encontrarnos con alguien así, sino que, habitualmente, se requiere también haber desarrollado la propia "capacidad de ver", es decir un "saber mirar", que trasciende lo puramente material y lo meramente mental.

Si miramos solo desde la mente, aunque sea al propio Jesús, no lograremos ver sino a un ser separado, por más que lo proclamemos "divino". Porque la mente nos ofrece una visión inexorablemente fragmentadora y, por tanto, distorsionada, de lo real. Dado que para ella todo existe separado, nos hace caer en el engaño grosero de creer que la realidad es tal como la propia mente la ve.

Sin embargo, lo que la mente nos ofrece no es una "fotocopia" de lo real, sino únicamente su "interpretación", completamente condicionada por sus filtros limitantes. Es decir, lo que pensamos no tiene nada que ver con lo que es.

Los sabios siempre han sido conscientes de que existían distintos niveles de realidad, a los que podíamos acceder a través de diferentes órganos de conocimiento. Así, en una expresión que sería definitivamente acuñada por san Buenaventura –aunque, antes que él, en el siglo XII, fue utilizada por los monjes Hugo y Ricardo de San Víctor -, hablaban del "ojo de la carne", el "ojo de la razón" y el "ojo del espíritu" ("ojo de la contemplación" o "tercer ojo"). (En nuestros días, Ken Wilber ha retomado esta cuestión en Los tres ojos del conocimiento. La búsqueda de un nuevo paradigma, Kairós, Barcelona 1991; ID., El ojo del espíritu. Una visión integral para un mundo que está enloqueciendo poco a poco, Kairós, Barcelona 1998).

Nos empobrecemos cuando nos reducimos al "ojo de la carne" –en una especie de positivismo cientificista- y también al "ojo de la razón". Como ha escrito el psicólogo italiano Giorgio Nardone, "es una perversión de la inteligencia creer que la razón lo solventa todo".

Necesitamos recuperar el "tercer ojo". O dicho de otro modo: además de la "inteligencia operativa", es urgente cultivar el desarrollo de la "inteligencia espiritual". Nos jugamos en ello nada menos que la posibilidad de responder adecuadamente a la pregunta "¿quién soy yo?".

Solo la "inteligencia espiritual" –el "tercer ojo" de los clásicos- nos capacita para "ver" la realidad en su dimensión más profunda, para advertir el Misterio en todo lo que nos rodea, nosotros incluidos. Y, como Juan, solo si lo vemos podremos "dar testimonio".

La calidad humana, el futuro de la humanidad y del planeta depende de que sepamos "ver" de este modo.

Cuando miramos a Jesús desde ahí, lo que vemos –como el Bautista- es el Espíritu. Y eso sin ningún tipo de separación, por lo que, al mismo tiempo, nos estamos viendo a nosotros mismos: cada rostro es nuestro rostro. Porque, más allá de todos los vericuetos anecdóticos de la existencia, lo que permanece es la certeza misma de que, tras las confusiones de los egos, está el Espíritu que sonríe dulcemente al encontrarse consigo mismo y sentirse Uno tras las aparentes marañas y encrucijadas.

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/4538-cultivar-nuestra-capacidad-de-ver.html

Ilustración: David Zelenka.

Padre S. Martín: León, más de Benedicto que de Francisco. María M. Machado Venezuela:

https://www.youtube.com/watch?v=e6hwRrNBdzc


León XIV: https://www.youtube.com/watch?v=cQXlhRj7z14










Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY