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viernes, 3 de mayo de 2024

Del ponche idiomático

SOBRE ESTADIOSY EPÓNIMOS: BOLÍVAR NO DA PARA TODO

Guillermo Martín 

Hace un año el país fue impactado por la inauguración de dos estadios de béisbol durante la Serie del Caribe, conocidos popularmente como el Monumental de Caracas y el Fórum de La Guaira.

Sin embargo, hasta último momento se supo de los epónimos: el primero, Simón Bolívar y el segundo, Jorge Luis García Carneiro. También se dijo que los epónimos preliminares habrían sido, respectivamente, Hugo Chávez y Carlos “Café” Martínez.

Sobra decir que el único beisbolista de los cuatro fue Martínez, miembro de “la Guerrilla”, célebre dinastía de los Tiburones de La Guaira que disputó cuatro finales y ganó tres campeonatos hace casi 40 años. 

Entonces, cabría preguntarse qué es un epónimo y cómo se justifica. Además podría considerarse si ambos estadios no deberían tener otros referentes.

1.- El epónimo

Según el Diccionario de la Lengua Española (DLE), se dice de una persona o cosa: “Que tiene un nombre con el que se pasa a denominar una ciudad, una enfermedad, un concepto, etc”. 

En otras palabras, lo que supone el epónimo es que el sujeto o cosa guarde pertinencia con aquello que reciba su nombre: procedencia, descubrimiento, autoría intelectual u homenaje, por citar algunos motivos.

Como contraejemplo, nadie en su sano juicio llamaría Neil Armstrong a un instituto de investigaciones oceanográficas.

2.- El héroe y la gloria

Evidentemente, cuando alguien o algo adquiere el carácter de epónimo, se entiende que en cierto contexto poseería relevancia histórica.

Quizá las principales acepciones de héroe, como lo define el DLE, sean la de persona “que realiza una acción muy abnegada en beneficio de una causa noble” o la de alguien ilustre y famoso “por sus hazañas y virtudes”. 

Una tercera acepción corresponde a la mitología antigua: el semidiós, quien, procreado por una deidad y una persona, es sobrehumano y casi inmortal.

Pese a su humanidad, el héroe puede cubrirse de gloria y convertirse en modelo para sus semejantes. Exceptuando el ámbito religioso, el DLE define la gloria como: “Reputación, fama y honor extraordinarios que resultan de las buenas acciones y grandes cualidades de una persona”.

También se califica de gloria a una persona o cosa “que enaltece o ilustra en gran manera” a otras. Por ejemplo, Rafael Cadenas es gloria de las letras venezolanas.

3.- El contexto

La relevancia histórica o trascendencia del epónimo suele depender del tipo de hazaña y las circunstancias que la rodean. Asimismo es decisivo quiénes, cómo y por qué la llevan a cabo.

Dicho de otro modo, la hazaña es considerada tal mientras más inconcebible parezca, al punto que en casos muy célebres es denominada milagro.

Una cosa es cumplir las expectativas con amplias facultades y circunstancias favorables; otra, superar las adversidades y maximizar lo poco que se tiene. Lo primero es ordinario; lo segundo, extraordinario y admirable.

Mientras que las hazañas son hechos y acciones excepcionales, la trayectoria profesional o la vida de una persona inspiradora también pueden justificar un epónimo.

No obstante, el epónimo fundamentado en una carrera profesional o un testimonio de vida exige un examen a largo plazo, cuando la persona homenajeada lleva tiempo fuera del espacio público y por tanto no puede influir en modo alguno en quienes buscan reconocerle.

De lo contrario, inclusive un homenaje póstumo, podría verse como mera propaganda y, cuando se trata de un gobernante o alto funcionario activo, como un acto de adulación o vanagloria.

4.- El epónimo de un establecimiento

Por sentido común, el epónimo debería servir como referente a la actividad que caracteriza a cada establecimiento

En otras palabras, el epónimo de un teatro podría ser un músico, actor, cantante, productor o dramaturgo; en el caso de una escuela o universidad, un docente o investigador; si se trata de una plaza pública, un prócer o lugareño reconocido.

4.1.- El epónimo de un estadio

El DLE define al estadio como: “Recinto con grandes dimensiones con graderías para los espectadores, destinado a competiciones deportivas”. 

Entonces el estadio es aquel establecimiento dedicado a la práctica deportiva, incluyendo la celebración de torneos cuyos protagonistas son individuos o equipos (clubes o selecciones representativas de una entidad político-territorial) que rivalizan entre sí en pos de la victoria.

Ahora bien, el epónimo de un estadio suele comprender un espectro más amplio: deportistas, entrenadores, dirigentes y patrocinadores. 

Eso sí, un estadio raramente tendría como epónimo un prócer o héroe militar, como ocurre con la sede la selección paraguaya de fútbol: Defensores del Chaco, ya que fue allí, antiguo Estadio Uruguay, llamado así como homenaje a la selección campeona mundial y bicampeona olímpica, donde en 1932 se reclutó a las tropas que combatieron en la Guerra del Chaco. 

Destruido a causa del conflicto, luego de su reconstrucción recibió varios nombres hasta el casi definitivo en 1974 y el actual en 2023: Estadio UENO Defensores del Chaco, al incorporar como epónimo al patrocinador oficial de la Asociación Paraguaya de Fútbol.

La exclusividad deportiva del epónimo de un estadio se explica porque el mismo fue concebido para celebrar competiciones cuyos resultados a veces pueden calificarse como hazañas. En efecto, se trata de otra categoría de héroes, una que puede convertirse en símbolo de una población o de todo un país.

Desde el olimpismo, entendido como la expresión más elevada del deporte aficionado, hasta las ligas profesionales más exigentes, las hazañas de este tipo pueden calar para siempre en la memoria nacional, ya sea porque son logradas ante amplios favoritos u ocurren en épocas cuando un país necesita victorias, que insuflen esperanza a su población, o ambas cosas.

Por ello los gobernantes de turno buscan adjudicarse como propios los triunfos de sus deportistas más reconocidos. 

Un caso reciente fue el argentino Alberto Fernández, cuyo mandato presidencial (2019-2023) coincidió con las victorias de su selección de fútbol en la Copa América (2021); “La Finalissima” ante Italia, campeona de Europa (2022); y el Mundial de Catar (2022). Intentando revertir su impopularidad, se llamó a sí mismo “el Presidente de las Tres Copas”, como si hubiera sido parte del equipo… 

Lo más común es que se invite a los campeones del deporte más popular, o más relevante para la opinión pública, a recibir un homenaje en la residencia presidencial.

4.2.- Los epónimos de los estadios de la Liga Venezolana de Béisbol Profesional (LVBP) durante el siglo XX

Salvo el Estadio Universitario de Caracas, de la Universidad Central de Venezuela, que fungió como sede compartida de Leones del Caracas y de Tiburones de La Guaira, los otros siete estadios tuvieron como epónimos a beisbolistas consagrados u “hombres del béisbol”, es decir, jugadores aficionados que trascendieron luego como profesionales o fundadores y dirigentes de ligas infantiles y juveniles, así como propietarios de clubes de la LVBP.

Hasta el desaparecido Petroleros de Cabimas (1991-1995) tuvo como sede al Estadio Municipal Víctor Davalillo, inaugurado en 1959, que honra al único beisbolista con 30 temporadas en la LVBP y oriundo de esa ciudad occidental.

4.3.- Epónimos de los estadios más recientes de la LVBP: 1991-2023

La última expansión de la LVBP incluyó a dos clubes: Petroleros de Cabimas y Caribes de Anzoátegui (entonces de Oriente). 

A partir de 1991 fue inaugurado el Estadio Alfonso “Chico” Carrasquel, en Puerto La Cruz, sede de Caribes, recordando al tercer venezolano en jugar en Grandes Ligas.

Tras la desaparición de Petroleros, la franquicia fue adquirida por Pastora Los Llanos (1997-2007), cuya sede fue el Estadio Bachiller Julio Hernández Molina, en Araure, inaugurado en 1967 y cuyo epónimo fue un recordado deportista.

Desde 2007 la octava franquicia fue asumida por Bravos de Margarita, cuya sede, antiguo Estadio Guatamare, fue reinaugurada tomando como epónimo a Nueva Esparta, estado al que pertenece la Isla de Margarita. No obstante, Bravos no ha vuelto a jugar allí luego tras la pandemia de COVID-19 y lo hace en el Estadio Universitario.

En paralelo, durante la década previa se inició la construcción de dos nuevas sedes para Leones y Tiburones, con el propósito de albergar la Serie del Caribe Gran Caracas 2023, tras el retiro de Barquisimeto, Lara, como sede de la edición 2019 del citado torneo internacional. 

Sorpresivamente, poco antes de inaugurar la edición 2023, se supo de los epónimos definitivos, completamente ajenos al béisbol: Simón Bolívar, Libertador y Padre de la Patria, y Jorge Luis García Carneiro, gobernador de La Guaira desde 2008 hasta su muerte en 2021.

Adviértase que el epónimo Bolívar y el  calificativo Bolivariano han sido objeto de abuso, incluyendo un signo monetario con nulo poder adquisitivo. 

En contraste, García Carneiro, como cualquier mandatario, tenía el deber de promover el deporte y la construcción de tal inmueble habría sido parte del presupuesto estadal por varios años. Así que no estaba haciendo algo extraordinario ni digno de reconocimiento, apenas estaba cumpliendo su deber con mucho retraso.

5.- Nuevos epónimos y gloria deportiva

Cuando se piensa en referentes para Leones del Caracas, podrían citarse varios nombres como Baudilio Díaz, Gonzalo Márquez, Andrés Galarraga u Omar Vizquel. Sin embargo, “Vitico”, recientemente fallecido, es un símbolo tanto del Caracas, club para el que jugó 19 temporadas, como para la LVBP,  dejando las marcas de 1505 hits en 1282 juegos y la de 100 hits durante la temporada 1979-1980, una de las 10 que jugó con Tigres de Aragua.

Además Davalillo ganó cuatro títulos de bateo en la LVBP. En cuanto a su trayectoria en las Grandes Ligas, estableció una marca de 24 hits consecutivos como bateador emergente y ganó la Serie Mundial con Pittsburgh en 1971 y Oakland en 1973.

Dado que el Estadio Víctor Davalillo, en Cabimas, ya no es sede de ningún club profesional, podría usarse este epónimo para renombrar el Estadio Monumental de Caracas. 

En su defecto, otro epónimo muy digno sería “Héroes de 1941”, como homenaje a la selección que ganó la Serie Mundial Amateur con sede en La Habana, derrotando dos veces al equipo anfitrión, lo cual fue el primer logro internacional de un equipo venezolano en cualquier disciplina deportiva.

Vale acotar que apenas uno de los miembros del legendario equipo ha sido epónimo de una las sedes de la LVBP: el Estadio José Pérez Colmenares, de los Tigres de Aragua.

Inclusive hay otra posibilidad, tal vez la mayor omisión del béisbol venezolano: Luis Aparicio Montiel, único compatriota en el Salón de la Fama (Hall of Fame) de las Grandes Ligas, exaltado en 1984, luego de una trayectoria de 18 temporadas, con nueve “Guantes de Oro” como campocorto y otros tantos lideratos de bases robadas en la Liga Americana, y una Serie Mundial con Baltimore en 1966. En la LVBP, jugó 13 temporadas y luego también se desempeñó como mánager en varios clubes. Hijo de Luis Aparicio “El Grande”, epónimo de la sede de Águilas del Zulia, es hasta ahora nuestro máximo referente en Grandes Ligas y bien merece un homenaje en vida: Estadio Monumental de Caracas Luis Aparicio, HOF 1984.

Finalmente, en cuanto a Tiburones, aunque “La Guerrilla” tuvo varios nombres distintivos, algunos ya desaparecidos, la figura de Oswaldo Guillén brilla con luz propia. Amén de su trayectoria en la LVBP como campocorto, hay que considerar sus reconocimientos como jugador de Medias Blancas de Chicago en Grandes Ligas (“Novato del Año” en 1985 y “Guante de Oro” en 1990) y luego como mánager del mismo club, al que llevó a ganar la Serie Mundial de 2005, rompiendo una sequía de 88 años y siendo Guillén el primer dirigente no estadunidense en lograr dicho título.

Justo ahora Guillén, en su segunda etapa como mánager de Tiburones, ha roto la mayor sequía de la LVBP: 38 años sin un campeonato. Sí, se trata del primer guairista en ganar la LVBP como jugador y dirigente, aunado a ser el primer mánager en titularse en Grandes Ligas y en el torneo nacional.

En caso que también pueda romper la sequía del campeón de Venezuela en la Serie del Caribe, que lleva 15 años, Guillén no haría más que escribir otro episodio glorioso para el béisbol venezolano. Sobran los méritos para que Tiburones juegue en el Fórum Oswaldo Guillén.

07/02/2024:

https://hilosdeamerica.com/2024/02/07/sobre-estadios-y-eponimos-bolivar-no-da-para-todo/?fbclid=IwZXh0bgNhZW0CMTAAAR12BBKgTDzvj_aGtf3544xr4tpzUfUz0tpXoa8Cur1v3C46WrDWWTGj-BU_aem_AZwuYAILyWfioOTbXH29CdIPGBXB0EhWqI-fca28runnSzdsKX6kANHSvzYO3bOkkP_v1RFGCE0bQPHukLQ2uNHy

viernes, 10 de febrero de 2023

Populismo de concreto literalmente armado

UN ESTADIO FARAÓNICO A CAMBIO DE SUELDOS MISERABLES 

Trino Márquez 

En medio de las protestas masivas exigiendo salarios dignos, protagonizadas por los maestros de educación básica, los profesores de secundaria y de las universidades, las enfermeras, numerosos empleados públicos, los trabajadores de Sidor, los jubilados, entre otros sectores asalariados del país, el gobierno inauguró el Estadio Monumental de Caracas Simón Bolívar. El recinto originalmente iba a llamarse «Látigo» Chávez, en homenaje a la extraordinaria promesa del pitcheo que falleció en un accidente aéreo en 1969, y quien era admirado por el Comandante. La similitud entre el apellido del pitcher y el del Comandante parece que no fue del agrado de Maduro y la nueva claque en el poder; o fue objetado por la Confederación de Beisbol Profesional del Caribe. Eso se sabrá algún día. Las instalaciones fueron inauguradas por Nicolás Maduro, sin la asistencia del público beisbolero, con motivo de la celebración de la Serie del Caribe. El mandatario no se atreve a exponerse ante las masas. Sabe que no le irá muy bien.

Nadie objeta que el beisbol constituye el deporte nacional más popular y que Caracas necesita un recinto moderno con capacidad de albergar con comodidad los miles de fanáticos que se movilizan cuando se enfrentan, por ejemplo, los Eternos Rivales: Caracas y Magallanes; o el nuevo clásico: Leones y Tiburones. Ese tema se encuentra fuera de debate. Lo que debe discutirse son las condiciones en las que se produjo el estreno del estadio de La Rinconada, como se le conocía antes al Monumental.

En esa obra se invirtieron millones de dólares. Tal vez centenas de millones. Su edificación fue decretada por Hugo Chávez hace más de una década. Sería interesante conocer las razones por las cuales el gobierno de Nicolás Maduro priorizó su construcción en el ambiente de recesión, desabastecimiento, escasez de productos básicos, inflación y, sobre todo, caída de los ingresos  de los trabajadores del sector público, que ha prevalecido durante los últimos diez años. Ha sido este un período en el cual se han erosionado los servicios públicos de forma alarmante. Caracas confronta severos problemas con la electricidad, el servicio de agua potable, la salud, la educación, la construcción de viviendas populares, el transporte colectivo superficial y subterráneo. El Metro de Caracas fue convertido en una ruina, que no logra esconder el maquillaje que están aplicándole desde hace varios meses.

En los años recientes el gobierno diseñó un programa de choque dirigido a controlar la hiperinflación, basado, entre otros componentes, en el empobrecimiento de los sueldos de todos los empleados públicos, sin importar el sector en el que laboren, con el objetivo de contraer la demanda de bienes y servicios. Franjas que antes recibían remuneraciones y beneficios competitivos, que les permitían plantearse metas ascendentes en sus respectivos centros laborales, hoy reciben migajas. En este segmento se encuentran los profesores universitarios, los empleados del Seniat, los trabajadores de Corpoelec (antes, Electricidad de Caracas), los de la Cantv y Movilnet, los obreros de las empresas de Guayana. Todas las áreas colonizadas por el gobierno chavista sufrieron la depauperación.

¿Cómo es, entonces, que el régimen define sus prioridades?

Nicolás Maduro dice carecer de los recursos financieros para satisfacer las demandas de los sindicatos. Sin embargo, sí posee suficiente dinero para construir el magnífico Monumental. Está bien: los recursos invertidos en el estadio no alcanzarían para cubrir las demandas de los trabajadores, pero un gobierno tiene que dar muestras de austeridad y buen juicio cuando de distribuir los recursos escasos se trata. ¿Cómo entender esa evidente paradoja?

Otro asunto que queda en el mundo de las tinieblas es el de la inversión total en ese estadio. ¿Quiénes lo construyeron? ¿Cuánto cobraron? ¿Cuánto estaba presupuestado y cuánto, finalmente, terminó costando? Que se sepa, fue el gobierno con recursos públicos el que financió el conjunto de la obra. ¿En cuál presupuesto nacional aparecían señalados los montos que permitirían cotejar lo previsto con el resultado final? Ninguna de estas preguntas tiene respuesta. Al menos, respuestas conocidas por la opinión pública. Todo parece haber quedado a discreción del mandatario. La Asamblea Nacional y la Contraloría Nacional tendrían que pedir respuestas. ¿Lo harán?

No es aceptable que los trabajadores de todos los niveles y sectores vivan en condiciones paupérrimas, mientras el gobierno se da bomba con un estadio que en la Venezuela actual representa un lujo faraónico. Obsceno.

10/02/2023:

https://www.elnacional.com/opinion/un-estadio-faraonico-a-cambio-de-sueldos-miserables/

martes, 7 de febrero de 2023

Régimen monumental

BOLÍVAR, EL BEISBOLISTA QUE NO FUE

Luis Barragán

Además de socialista, podemos adivinarlo como precursor del popular juego que tiene por origen el norte que ha desgraciado al resto del continente. Se les antoja una hazaña pedagógica: llamar Simón Bolívar al faraónico estadio beisbolístico, luciendo obvia la solución toponímica para preservar el nombre de La Rinconada como distintivo tradicional del hipismo, quizá previendo una particular zona económica especial que tenga al hipódromo por eje; y, lo mejor, negando el del líder, para dejar por sentado que ya pasó la etapa del chavismo pugnando por otra tan norcoreanamente dinástica como sea posible, con el claro afán de controlar absolutamente todo lo que se  mueva en el territorio que el poder central ha reservado para sí.

Superlativa y patentemente monumental de compararlo con la plaza de toros de Valencia que monopolizó el adjetivo hasta hace poco, el estadio que abre sus puertas con la Serie del Caribe, es un extraordinario referente de las desproporciones alcanzadas en Venezuela, aunque no se sepa con exactitud de los costos de construcción y operación.  Bastará con intuir que las cifras, espectaculares en sí mismas, no guardan correspondencia con la demandas y exigencias satisfechas en el ámbito educativo, alimentario o sanitario, por mencionar apenas casos que tributan a todos los estremecimientos del hambre y la miseria en nuestro país.

        Si fuere el caso, acometer tamaña empresa publicitaria de tan poca duración, convertida la inauguración de la obra en un magno sarao oficial, no luce suficiente para encubrir una realidad de sobrada amargura,  hablando de algo más que un dislate de los prohombres del régimen que parecen fielmente asesorados por psicólogos y psiquiatras para asegurar la continuidad, sólo empleadas las armas de fuego como un último recurso. La prioridad de la población es la de sobrevivir al poder establecido que festeja el alza galopante de los dólares, repletando sus bolsillos, en espera de la semana carnestolenda de un tupido y efímero ornamento que enlazará con otros e imperdibles días de asueto, en un estiramiento infinito y despiadado de nuestras arrugas sociales y económicas.

        Fáciles de apreciar en las redes digitales, por ejemplo, existen enormes y legendarios estadios en Estados Unidos de una grata y funcional arquitectura, frecuentemente avalados por una larga y rica tradición,  competentes prestadores de los más variados servicios, como  resultado de una industria deportiva más que centenaria. Llama la atención que el   denominado Monumental Simón Bolívar, supuestamente prefabricado, no sea precisamente el producto de un exitoso y continuo negocio beisbolero del sector privado que retrocedió, en la presente centuria, desaparecidos de nuestra cotidianidad el fútbol y el baloncesto de un importante auge al finalizar el siglo anterior.

           Presunta y sólo presuntamente, el Estado funge de promotor y patrocinador del béisbol rentado al construir también en el estado Vargas un coso de la ostentación y burla, viralizado días atrás al exhibirse ahí unos muchachos que hicieron de la pelota un pretexto para el jacuzzi en un chasquido de dudosa eficacia erótica. El capricho refulgente, cuando no hay mercado capaz de darle soporte, siquiera por medio año, a eventos requeridos del libre y limpio comercio, volviendo a los viejos esplendores de la industria publicitaria, excede en la banalidad así avizorara alguna probabilidad de engancharse a una futura expansión de las Grandes Ligas, convertida en una absurda estrategia para conformar la correspondiente zona económica especial de fácil conjetura.

        Alguna fórmula matemática servirá para trabajar la muestra de una semana de asistencia al caribeño estadio en cuestión, con entradas de precios exorbitantes, a objeto de reflejar la realidad económica del país, e, incluso, deducir la cantidad aproximada de un público que gozó de la cabal comprensión del principal partido oficialista para con sus militantes. Al incurrir en la previsión y cortesía de una butaquería gratuita, por lo menos, disminuyó el riesgo de un alboroto antigubernamental que arrollara a los enchufados de tan inútil vanidad y extendido jolgorio.

       Concluido el torneo, buscarán qué hacer con las novísimas, desmedidas e injustificadas instalaciones deportivas que prontamente languidecerán en un país en las condiciones sociales y económicas ya consabidas, sincerándolas.  Y únicamente consagrarán a Bolívar, como el beisbolista que nunca fue.

Fotografía: Enrique Rojas  / ESPN, Estadio Monumental Simón Bolívar.

07/02/2023:

https://www.elnacional.com/opinion/bolivar-el-beisbolista-que-no-fue/

lunes, 6 de febrero de 2023

Algo lejos del Bolshoi

DEL SONORÍSIMO ESTADIO

Luis Barragán

Ha variado algo de nombres que ya no sabemos cuál es el definitivo, o lo será al cambiar las cosas.  Es lo de menos, se dirá: los churupos son los que mandan.

    Tómese como discurso de inauguración la presentación de Oscar D´León, gloria de la música venezolana, al abrir sus compuertas el buque del béisbol venezolano: el estadio de La Rinconada, a ratos llamado Hugo o Látigo Chávez, curándose ahora en salud con un humilde Monumental Simón Bolívar. Esto es, todo el poder para los soviéts con una reconvertida Serie del Caribe, convocados por una semana ocho países de la subregión, las transmisiones radiotelevisivas, los espectadores, publicistas, operadores comerciales de toda índole y rango, con los gobernantes y sus contratistas.

           Junto a la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar y la Coral Nacional Simón Bolívar, en el estadio Simón Bolívar,  D´León despachó rápido el asunto: “No liguen el deporte con la política”.  Y, bueno, ¿cómo desligar una y otra cosa, si les estalla en la cara el cordón de miseria de sus adyacencias, sin garantía alguna de una siquiera regular prestación de los servicios públicos,  como bien lo recordó Iván Méndez en un Tweed reciente? ¿Lo único que quedará en pie no será la bolivarianidad de una efímera serie beisbolística, en más de un sentido? ¿No es evidente la obscena intervención y manipulación del imaginario social al concluir la obra civil y consagrarla con un torneo internacional del béisbol rentado? ¿Es suficiente? En definitiva, ¿a qué fenómeno asistimos?

            En el ámbito deportivo, el talento y el heroísmo son difíciles de inventar, porque media nada más y nada menos que el terreno de juego.  Por muy profusa e intensa que sea la publicidad, debe estar a la vista y a la emoción de todos, el contundente y decisivo batazo,  la recta que sale como un cañonazo desde la lomita, o la hermosura de un fildeo digno del Bolshoi.

              La sola reseña del diario Ahora de la portentosa Seria Mundial Amateur de Béisbol, celebrada en La Habana por casi un mes,  incluyendo a Estados Unidos entre los nueve países concurrentes, transmite toda la épica del paciente desempeño y triunfo de los venezolanos recordados por décadas como los campeones de 1941.  Se supo de la jornada triunfal no sólo por los reportes noticiosos y la narración radial, sino porque estábamos familiarizados por un largo tiempo con las excelencias de juego de peloteros a quienes se veían sonante y palpablemente protagonizando las hazañas y, faltando poco, también eran tan familiares que se les reconocía con sobrenombres: Dumbo Fernández, Tarzán Contreras, Gatico Hernández,  Buzo Nelson, Taciturno Barboza, Chino Canónico,  Conejo Fonseca, Chucho Ramos, Pollo Malpica, Ovejo Finol, etc. Vale decir, actos y actuantes auténticos que ocupaban un legítimo espacio en el imaginario social, sobre todo, contando con la admiración ilimitada de niños y jóvenes: entonces, la propaganda y publicidad era el resultado, porque no es fácil prefabricar el heroísmo.  

            Sentimos que la faena de La Rinconada ha sido un completo artificio, en provecho absoluto de una coyuntura económica para sus promotores, precedido de una campaña relampagueante,  afanosamente repentina, que beneficia o ha de beneficiar al régimen.  La propia construcción y  operatividad del estadio no guarda correspondencia alguna con la realidad de un país sumergido todavía  en una crisis humanitaria compleja, inaugurado como la sede del evento caribeño, pero con solución de continuidad en las festividades carnestolendas en las que el Estado invierte generosas cantidades para decorar pueblo y ciudades.

       El salsero mayor de un prolongado exilio voluntario, porque el mercado musical ha quebrado en Venezuela, por estos veinte años, logrando trabajar en numerosos países que aprecian su arte, regresa a nuestros escenarios en tiempos en los que el oficialismo pregona que acá todo se arregló. No pretendemos jamás descalificar personalmente a Oscar D´León, pero es necesario reconocer y que él reconozca y se reconozca en un país de hambre y miseria, sojuzgado por el socialismo del siglo XXI; por otra, el coso deportivo representa una inversión muy superior a lo que concede el Estado en distintos ámbitos, como el educativo, sólo por citar un caso; y, luego, eso de desligar la política del deporte, hoy, es un ardid o subterfugio dizque legitimador, porque la sola presentación del salsero es el acto político de un popularísimo operador del imaginario social en franco servicio a Maduro Moros.

06/02/2023:

https://opinionynoticias.com/opinionpolitica/38762-del-sonorisimo-estadio 

Reproducciones: Ahora, Caracas, 1941; y https://meridiano.net/cotilleo-deportivo/cotilleo-deportivo/260319/oscar-d--leon-prendio-la-fiesta-en-la-apertura-de-la-serie-del-caribe---me-siento-en-la-luna-.html.

Referencias: https://www.elnacional.com/entretenimiento/no-liguen-el-deporte-con-la-politica-oscar-d-leon-en-la-inauguracion-de-la-serie-del-caribe-en-el-estadio-monumental-simon-bolivar/; y https://eldiario.com/2021/10/22/heroes-del-41-beisbol-venezuela/; https://twitter.com/ivanxcaracas/status/1621473498366345216.

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY