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lunes, 14 de noviembre de 2022

El tiempo tras bastidores

REINVENCIÓN DE LA POLÍTICA

Luis Barragán

“Nuestro tiempo es el fin de la
historia como futuro imaginable
o previsible. Reducidos a un
presente que se angosta más y más,
nos preguntamos: ¿a dónde vamos?; en
realidad deberíamos preguntarnos:
¿en qué tiempo vivimos?”
Octavio Paz
(“El arco y la lira”, 1956, p. 265)
 

Demasiado lejos estamos de pretender dar lecciones sobre un asunto tan complejo y, a la vez, tan sencillo que, faltando poco,  está integrado a nuestra propia naturaleza humana. Concebir y hacer la política, aunque se la niegue y combata (siendo el otro modo de concebirla y hacerla, excepto hablemos del extremo y asfixiante totalitarismo), requiere obviamente de la comprensión, captación y voluntad del otro y de los otros, pero igualmente de una profunda convicción personal que sólo la experiencia puede macerar y perfeccionar.  Urge resocializarnos políticamente mediante la reconstrucción de los propios partidos democráticos, como expresión de la sociedad civil mejor especializada en el bien común.

            Por supuesto, hay una técnica, un tecnicismo y, hoy más que nunca, toda una tecnología para idear y realizar la política enlatada al vacío, aunque ninguna de estas facetas pueden suplantarla como una radical vivencia humana, con sus bondades y maldades. O mejor aún, con esa mezcla inevitable del trigo y la cizaña que cuesta tanto separar, llenando de matices nuestros actos. Las destrezas adquiridas o por adquirir, requiere de sueños que sólo se cumplen a punta de realidades.

            Son varias las perspectivas y expectativas para razonar e imaginar la política, realizándola: unas más humanistas, orientadas al bien de todos,  al mismo tiempo que otras, lo niegan,  prefabricadas y delictivas, como ha ocurrido en el presente siglo venezolano, dándole sustento e inspiración al Estado Criminal. Por cierto, favorable al régimen, ha dado ocasión  a una rivalidad entre la dirigencia que se reclama moralmente superior y pura, y la que proclama  orgullosamente su  impureza apuntando ambas naturalmente a una determinada ética en curso, no otra que la de la molicie. Además, la crisis es la de los elencos que juran estelarizar la escena.

            Es fácil expresarlo: hay que reinventar la política en Venezuela, pero cada vez es más difícil reivindicarla, argumentarla y hacerla, frente a un régimen que ha pasado de la anti-política a la no-política. No da tiempo para prolongados ejercicios de hondo calado académico que diga de la complicada tarea de reivindicación, pero, apalancados por su humana sencillez, ha de significar el redescubrimiento de las instituciones y su valor, del compromiso político y su sentido vital, de los partidos y demás organizaciones de la sociedad civil y su naturaleza, de la opinión pública y su dinámica, aunque nos encontremos en la edad de piedra, pues, convengamos, hemos retrocedido casi inadvertidamente a la barbarie. Es cuestión de tiempo, destruir las paredes y muros que nos permitan defender la realidad tal cual es.

            Con todos los aciertos y fallas, tuvimos una larga tradición política que, a finales de la centuria pasada, propulsó el magnífico reto de una renovación, además, esperada, con el doble fenómeno de la descentralización y del multipartidismo. Esto que se ha dado en llamar chavismo, faltando una denominación más acorde para una caracterización histórica de largo plazo, nos retrotrajo a tiempos que creímos definitivamente superados y, tan recurrente la emergencia social, nos condujo a la catástrofe humanitaria; fusionándose con él, ultrapartidizó al Estado; superando el ámbito administrativo, pugna por corromper completamente a la sociedad; simulándola, brega publicitariamente por una democracia que no es tal; y, además, libra una guerra no convencional contra la población que huye o intenta huir desesperadamente. No se puede construir sobre los escombros, resignados a la prédica de una ilimitada demagogia aún en nombre de la rebeldía no menos huera de simples poses.

            Entre nosotros, existe una universal aceptación de las primarias y la consolidación de la única plataforma política de oposición que tampoco fue convincentemente competida por otras de fugaz y ya olvidado desempeño.  Empero, puede haber y las hay, discrepancias posibles de canalizar  con la superación misma de la cultura lumpen-despolitizadora de dos décadas y más. Hay una demanda mínima de lealtad al ideario proclamado que no pasa por una simulación de lucha, la monomerizada en una acera, y la del verbo sanforizado en la otra, mientras que dejamos la calle al capricho de una dolarizada e ínfima minoría que sólo la pólvora explica.

            Experimentamos un tiempo largamente peor que el de 1899, minimizador de las crisis de 1811, 1859, 1936 y 1958.  El socialismo campamental en curso, dejó sin propósitos ni programa, empañada la visión del mundo y de las cosas, al marxismo, desactualizado  ferozmente el resto de los idearios políticos. Pero no hay otra alternativa que razonar e imaginar la política, realizándola, según los principios y valores de un Occidente  en franco peligro.

Fotografía: LB (detalle, panadería "La Carlotta", urb. La Carlota, Caracas: 11/11/2022). 

15/11/2022:

https://www.elnacional.com/opinion/reinvencion-de-la-politica/

domingo, 6 de noviembre de 2022

Inviales

DE LAS LARGAS DISTANCIAS CERCANAS

Luis Barragán

Se nos antoja, solemos escribir poco de la cotidianidad venezolana, fuere la real o la artificialmente impuesta por el discurso del poder. Luce tan obvia que no queda memoria de ella al experimentar alguna modificación, está de más decir, inadvertida.

            Por mucho que la caraqueñidad se confundió prolongadamente con la llamada Ciudad Saigón, referencia de la piratería musical y cinematográfica,  o que a la vista de todos se levantó aquél complejo de ranchos verticales en la antigua torre de Confinanzas, asombrando al mundo,  resultan escasas las personas que aún recuerdan ambos fenómenos del desempeño urbano del régimen. Parecen incontables los casos que reclaman una modesta pieza literaria que imprima nuestras vicisitudes en lo más profundo de la memoria, al menos. 

            Venezuela gozó de una extraordinaria vialidad que ejemplificó muy bien la inversión de la renta petrolera, en autopistas y carreteras. Nos explicó una creciente metropolitanización del país que acortó las distancias, dando ocasión a la multiplicación de la llamada ciudad-dormitorio, aunque no hubiésemos desarrollado el sistema ferrocarrilero que redujera aún más y confortablemente los viajes, como ocurrió con el subterráneo de Caracas trastocado en un cadáver urbano en la presente centuria. No obstante, ahora, por muy cercano que sea un lugar, se nos hace muy distante dentro y fuera de cualquier poblado.

A modo de ilustración, dejando atrás aquella antigua y culebrera carretera parecida a la que nos comunicaba con La Guaira, Valencia estuvo prácticamente al lado de Caracas gracias a una autopista bien mantenida y confiable, pero hoy cuesta en demasía cumplir con un trayecto difícil y arriesgado. El  precio de la gasolina tratándose de vehículos personales y públicos,  el estado en el que se encuentra una arteria vial tan obstruida por falta de mantenimiento, o la tremenda inseguridad personal, por no mencionar las famosas alcabalas, convierten las dos horas en una densidad de disgustos y probables peligros, o en más horas de las que antes se acostumbraban.

La propia movilidad en las ciudades de grandes o pequeñas dimensiones, ofrece un testimonio semejante. Ir y venir de un punto cardinal a otro, resulta agotador y costoso, sin entrar a detallar la situación generada por las lluvias que sinceran radicalmente nuestra calidad de vida, agregando el espeso tráfico de automóviles por obra de los grandes deterioros que definen muy bien al régimen en curso.

06/11/22:

https://www.lapatilla.com/2022/11/06/luis-barragan-de-las-largas-distancias-cercanas/

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY