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sábado, 11 de abril de 2026

Sopa de letras

¿CUÁNTO TIEMPO GOBERNARÁ DELCY RODRÍGUEZ?

Ricardo Combellas

Nadie sabe hoy cuánto tiempo gobernará Delcy Rodríguez. Algunos quisieran (los fanáticos opositores la verdad es que no quisieran verla gobernar ni un segundo) que gobernara máximo por este año, pues en diciembre debería, según ellos, elegirse un nuevo presidente que asumiría su cargo el próximo mes de enero. En las antípodas, otros quisieran que prolongara su mandato sine die, dejando para un futuro indeterminado la realización de nuevas elecciones.

Para aclarar el polémico asunto debemos remitirnos a nuestra Ley Superior y la interpretación realizada sobre el punto en su sentencia del 3 de enero, por parte de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia. No está de más recalcar, pensando en los legos, que estamos hablando del “máximo y último intérprete de esta Constitución”,  por lo cual  sus sentencias son inapelables. Unas palabras sobre la interpretación constitucional conviene decir aquí. Frank Frankfurter, recordado magistrado del máximo tribunal de Estados Unidos, dijo unas palabras que a algunos de mis lectores  les pueden parecer chocantes, pero que revelan la verdad jurídica de inevitables consecuencias políticas de los jueces constitucionales: “La Constitución es lo que los jueces dicen que es”.  Otro gran jurista, Riccardo Guastini, lo señaló, cierto que con su particular argumentación: “La interpretación es un acto de voluntad, que consiste no en tomar conocimiento del único significado, sino en decidir ‘un’ significado en el ámbito de los varios significados igualmente posibles”. Valga entonces  el recuerdo de mis años de estudiante de Derecho, cuando motivado a la polémica que se presentaba en el aula sobre cualquier decisión judicial, nuestro profesor señalaba haciendo ademanes con sus brazos: esta parte de la biblioteca está de acuerdo con usted, pero la otra mitad está en desacuerdo.

¿Y qué dijo en pocas palabras la  sentencia del TSJ?  Dijo que el presidente Maduro había sido violentamente secuestrado gracias a una intervención armada de una potencia extranjera; también dijo que las consecuencias de dicha acción no estaban previstas  en ninguno de los supuestos relativos a las faltas del presidente (faltas  temporales y faltas absolutas); señaló además que se reserva la decisión sobre la calificación jurídica definitiva de la falta presidencial; y ordenó a la vicepresidenta ejecutiva, Delcy Rodríguez, asumir como encargada la Presidencia de la República. En suma, la decisión sobre el futuro de la presidencia de Delcy Rodríguez sigue estando en manos del alto tribunal, que le tocará decidir cuando lo considere necesario y conveniente, de acuerdo con su interpretación constitucional, si la encargaduría desaparece con la asunción, sea de una falta temporal o absoluta, y se abre el escenario de elección del nuevo presidente, tal como lo establece claramente la Constitución.

No sabemos cuánto tiempo permanecerá Delcy Rodríguez en la Presidencia de la República; pueden ser alrededor de dos años, de acuerdo con la propuesta Trump-Rubio, pero no descarto la posibilidad de una extensión de su mandato por un tiempo más largo, que incluso podría terminar coincidiendo con la finalización del período presidencial en enero del año 2031. No olvidemos la norma que señala ante una falta absoluta del presidente en los dos últimos años del período presidencial, la asunción del cargo por parte de la vicepresidente ejecutiva hasta completar dicho período.

Estamparé a continuación unas primeras y cortas reflexiones de naturaleza política, que nos  ayuden a orientarnos  en la compleja tarea de acercarnos a una respuesta sensata y posible sobre la duración del tiempo en que Delcy Rodríguez gobernará Venezuela.

Lo primero que hay que considerar es la posición radical que sostiene la ilegitimidad de origen del alto tribunal, al igual que del resto de las ramas del Poder Público nacional, estadal y municipal, y que por tanto lo que corresponde es reconocer la victoria de Edmundo González Urrutia en las elecciones del 28 de julio de 2024. Hoy esta posición está descartada, pues no tiene sentido de las realidades del poder. La potencia tutelar no la considera en su estrategia, la estructura del poder nacional actual nunca la ha aceptado y algunos de sus proponentes más conspicuos veladamente la han abandonado.

Una segunda posición considera que estamos ante una estructura de poder dictatorial, antidemocrática e inconstitucional, frente a lo que cabe es el diseño de una estructura de poder sui géneris (es el caso de un eventual y transitorio gobierno de estructura consocional). Se trata de una modalidad de “golpe a la lámpara”, de “salto al vacío”, cuyas consecuencias no me quiero imaginar, más aún al recordar la experiencia del “carmonazo” en los primeros años del gobierno de Chávez.

La tercera posición, pacifista e incrementalista es la que sostengo. Hay que conversar mucho, entendernos como conciudadanos, generar confianza, desterrar el odio y la venganza esteril, abandonar el vocabulario agresivo, crear en suma un clima de convivencia pacífica que nos permita a todos avanzar hacia una posible transición, que será más democrática o menos democrática, de acuerdo con el empeño que pongamos en ella.

23/02/2026:

https://www.elnacional.com/2026/02/cuanto-tiempo-gobernara-delcy-rodriguez/

LA OPORTUNIDAD DE DELCY RODRÍGUEZ

Ricardo Combellas

Sostengo en este escrito que la presidenta encargada Delcy Rodríguez reúne todas las posibilidades para mantenerse un buen tiempo en el poder e incluso completar el período constitucional que debe concluir con la asunción del cargo por el candidato elegido, que nada obsta que pueda ser ella, si decide competir como candidata en la liza electoral prevista para el año 2030 y obtiene en comicios libres la Presidencia de la República. Analicemos punto por punto los argumentos que sostienen mi tesis.

El TSJ, de acuerdo con la Constitución, tiene la competencia para decidir cuándo se produce  falta absoluta del presidente y su consecuencia en una nueva elección. Esa decisión, sustentada en su sentencia del 3 de enero pasado, implicó una peculiar interpretación constitucional, pues la situación planteada con la violenta extracción del presidente  Maduro no entra en los supuestos taxativos establecidos en el artículo 233 de la Constitución. Surge la pregunta de cuál será la interpretación a adoptar. Repito el argumento del maestro Riccardo Guastini: “La interpretación es un acto de voluntad que consiste no en tomar conocimiento del único significado, sino en decidir un significado en el ámbito de los varios significados igualmente posibles”. Habrá que esperar qué decide al respecto, cuando las circunstancias lo ameriten, el alto tribunal. Mi opinión personal es que una sentencia firme y definitiva, agotada la posibilidad de apelación, de la justicia norteamericana  y su consecuencia en  una pena de prisión del presidente secuestrado, es un argumento fuerte a favor de una interpretación del “abandono del cargo”, lo cual cumplido el supuesto lo más probable es que ello se extienda más allá del período para el cual fue elegido Maduro, con la consecuencia de que Delcy Rodríguez continúa en el cargo como presidenta encargada. A ello se agrega que si la falta absoluta se produce en los dos últimos años del período constitucional, asume la presidencia el vicepresidente en funciones, de lo que se colige que Delcy Rodríguez continúa en el cargo como presidenta encargada hasta el final del período (artículo 233, párrafo final) .

Algunos analistas insisten en el tema de la legitimidad de origen y su contraposición al tema del orden. Falso dilema, por lo demás, cuando asocian legitimidad con libertad y orden con autoritarismo. El tema desborda los límites naturales de un artículo de opinión, pero algo habrá que decir. La legitimidad es un concepto controvertido y limitarla a las elecciones tiene la consecuencia de que la mayoría de los sistemas políticos del planeta serían ilegítimos, amén de que abundan en el mundo jefes de Estado y de gobierno cuya elección ha sido discutida. Prefiero utilizar el concepto de legitimidad tal como lo expone Seymour Lipset: la capacidad del sistema político para generar la confianza de los ciudadanos en sus instituciones. Además, los que defendieron la “legitimidad de origen” de los resultados del 28 de julio de 2024 hoy por hoy la han abandonado, pues su llamado ahora es a nuevas elecciones, no a exigir el reconocimiento de aquellos resultados.

El orden es un concepto clave a la hora de estudiar un sistema político. Todos los sistemas políticos, autoritarios y democráticos con sus diversos matices, anhelan el orden, buscan mantenerlo y tratan de impedir a toda costa perderlo. El motivo se encuentra en que solo gracias el orden se alcanza la paz, y gracias al orden y la paz que llevan consigo los seres humanos podemos desarrollar sin mayores contratiempos nuestras vidas. Como señala el maestro García-Pelayo: “Las instituciones constituyen en sí mismas órdenes particulares dentro del orden político general: reciben su estatus de este orden y lo estabilizan y actualizan asignando a su vez estatus y papeles”.

Sin duda, cuando el gobierno norteamericano decidió tutelar transitoriamente al gobierno venezolano (una decisión desgraciada para nuestra soberanía) no dudó en negociar un acuerdo con el régimen a través de su representante más destacada, Delcy Rodríguez, pues llenaba el adecuado perfil para la delicada situación planteada, a lo que se sumaba su jerarquía constitucional como vicepresidenta de la república. La razón fue sencilla y contundente: el régimen chavista garantizaba el orden y la paz, a diferencia de una oposición dividida y cegada por sus ya proverbiales egos. En efecto, el régimen ahora presidido por Delcy Rodríguez: primero, controla todos los resortes del Estado, sin fisuras que podamos considerar relevantes; segundo, tiene una presencia activa e innegable en la sociedad, desde el mundo empresarial hasta la organización popular; tercero, se apoya en el único partido organizado en el país, con una estructura de liderazgo estable, a diferencia de las carencias organizativas de los partidos de la oposición; cuarto, la institución militar, garante por excelencia del orden, está fuertemente comprometida con los principios y valores de la estructura de poder, de la cual por lo demás también forma parte; y quinto, tiene frente a sí una oposición dividida, encabezada por un liderazgo que comienza a ser discutido y a erosionarse paulatinamente, ayudado por su ausencia del país. 

En conclusión, Delcy Rodríguez tiene amplias posibilidades de continuar dirigiendo el gobierno nacional por un tiempo que me atrevo a avizorar como largo, y por lo cual los demócratas  esperamos para decir lo menos que contribuya de forma incremental a seguir abriendo espacios a nuestras libertades y a regirse con auténtica disposición por los valores, principios y normas de nuestra Constitución.

23/03/2026:

https://www.elnacional.com/2026/03/la-oportunidad-de-delcy-rodriguez/

Cfr.

https://www.elnacional.com/2026/04/breves-notas-sobre-la-interpretacion-constitucional/

EL PROFESOR COMBELLAS Y EL ESPÍRITU DE LA NAVIDAD

Alejandro Martínez Ubieda

Décadas atrás conocí al profesor Combellas en el Consejo de Escuela de la EEPA, la Escuela de Estudios Políticos de la UCV. Siempre circunspecto, de raigambre social cristiana, el profesor Combellas era demasiado correcto como para permitirse ser un profesor que hiciera del conocimiento una aventura fascinante. Simplemente no era el caso. Era, sin embargo, un profesor respetado. Hasta allí, todo bien.

1998 fue un año difícil. La clase política, confundida, no sabía reaccionar ante sus propios errores y ante la liviandad con la que tantos venezolanos exaltaban, urgidos de cambio, al militar golpista que los rescataría. La cachucha ya se perfilaba en el horizonte, Pérez Jiménez nos estaba soplando en la nuca, desde la mismísima Seguridad Nacional. A su lado, el ánima de Pedro Estrada aun identificaba cual sería su reencarnación: hasta que ubicó a Jorge Rodríguez. El barranco que teníamos al frente era evidente, los demócratas, más allá de partidos e ideologías, sufrían una crisis de credibilidad brutal, no siempre mal ganada, y quienes pensábamos que el fantasma militarista era mucho peor que lo que hasta entonces habíamos tenido, solo pudimos esperar el desenlace del trance en el que Venezuela sellaría la desgracia de sus hijos, que terminarían huyendo descalzos del país que por tanto tiempo se creyó rico, atravesando calles frías y desconocidas, tratando de entender. Así, era particularmente desconsolador sentir la inminencia de aquella elección.

Es en ese marco que, ocurrida la elección, la desesperanza y la incertidumbre se instalaron en quienes sentíamos que el camino de Venezuela, una vez más, se había torcido. En medio de esta sensación de derrota, llega la navidad. La tensión de los meses previos a la fatídica elección cede ante la cercanía de los amigos, ante los encuentros en los que, aunque no faltaría un tiempo para el lamento por el amenazante futuro, las celebraciones propias de diciembre algo mitigaron la angustia precedente.

Con el tiempo festivo llegó una grata invitación a una celebración pagana que parecía ofrecer un espacio de distensión y alguna buena copa. Me dice mi amiga que la reunión tendrá lugar en su casa el 21 de diciembre, aunque pocas horas antes me comenta que por alguna razón la celebración se realizará en la casa de un pariente. Acato la nueva dirección, recojo a la susodicha y me encamino al sitio. Hasta acá todo bien.

Llegado al lugar, con un modesto Sauvignon Blanc chileno bajo el brazo, esbozando mi mejor sonrisa toco el timbre de los parientes desconocidos. Sorpresa notable: se abre la puerta y allí se encuentra el anfitrión, nada más y nada menos que ¡el profesor Combellas! No quedó claro quien fue el más sorprendido por el inusitado encuentro, aunque debo haber sido yo. Esa fue, sin embargo, solo la primera sorpresa: ¡la democracia cristiana también se entrega a lo pagano, al Espíritu de la Navidad! Combellas fue amable y correcto, como cabe esperar de un atildado copeyano, aun en el solsticio de invierno y, en consecuencia, en la noche más larga del año.

Avanzando la velada, luego de algunas bebidas espirituosas de la navidad, comenzó a organizarse una suerte de ritual. Los anfitriones llaman a los presentes a rodear la mesa central y cada uno deposita en un cuenco un pequeño papel en el que ha escrito su gran deseo para el año. Luego se prendió fuego a todos los papeles y se asume que los deseos se volvieron cósmicos, aunque de eso no hay constatación. Mi deseo fue "Que este recién electo militar no acabe con la ya maltrecha democracia venezolana".

Los deseos no se voceaban. Cada uno guardaba el suyo para sí. Sin embargo, en un cierto momento y para mi inmensa sorpresa, la segunda de la noche, el Profesor Combellas alza una copa de espumante, claramente no champaña, más bien méthode champenoise, y se prepara a anunciar sus votos por el futuro. Pensé que quizá el profesor se lanzaría por la vía de "…que los golpistas de ayer que acaban de ganar las elecciones renuncien a su pasado y nunca más alguien atente contra las instituciones democráticas…", o, también, por qué no, “…que el estado de derecho prevalezca en nuestro país…"

Pero mi sorpresa difícilmente podría exagerarse. Los deseos de Combellas, del profesor Combellas, fueron del tipo "…que ahora sí, Venezuela, por fin, logre crear una verdadera democracia, que con Chavez el país logre el desarrollo que merece…" Etcétera. Etcétera. Etcétera.

Miré de soslayo a mi amiga, esperando que me diera alguna pista, que me dijera que detrás de la rotunda sobriedad del profesor Combellas la bebida lo ponía un poquito jodedor, que era un chiste, que yo no había entendido. La susodicha me devolvió la mirada, aún más confundida. La vaina era en serio.

Fue allí que me percaté de que el copeyanísimo profesor Combellas, el constitucionalista, el discípulo del doctor Caldera, ya estaba ganado para el militarismo y perdido para la democracia, que ya era seguidor del teniente que venía a poner orden a cualquier costo.

Obviamente, mi sorpresa solo demostraba mi falta de información, porque a poco comprendí que el profesor ya entonces estaba abiertamente instalado en el selecto grupo de los enamorados de Hugo Chavez, que incluyó, entre otros, al inefable y patético Chaderton, a Jorge Olavarría, que despertó temprano, y a tantos otros. Así, pronto tuvo cabida en el chavismo, en la asamblea constituyente y se convirtió en una suerte de referente académico y teórico de todo aquello.

Esta historia viene a cuento porque el profesor nos ha obsequiado un galimatías leguleyo en el que nos amenaza con Delcy para rato. Se trata de una de las primeras intentonas de esparcir el mensaje de la reivindicación chavista, la legitimación política y constitucional de la perpetuación chavista, y nadie mejor que un académico para ello. No es momento para exhibir, por decir algo, a Elvis Amoroso.

La amenaza fue vertida en un artículo en El Nacional en el que el profesor destaca la “histórica oportunidad” que tiene Delcy frente a sí. No le perturba, sin embargo, la histórica oportunidad que esperaría a los venezolanos si su azaroso mandato perdura, que en poco tiempo retorne la normalización de la tortura y que las familias venezolanas continúen penando, buscando hogar en tierra ajena. Es perfectamente posible que la amenaza se cumpla, y que ciertamente, si Rodríguez superara los próximos meses, logre aterrizar en el final del periodo, pero esto se debería a la gran experticia de Rodriguez Hnos. en el arte de la dilación, en el disimulo y la engañifa, en el ganar tiempo, y nada tendría que ver con el bienestar de los venezolanos. Es posible que ante el nivel de destrucción institucional que el chavismo madurismo ha dejado, el trabajo de levantar la institucionalidad, de reconstruir el aparato del estado hasta el punto en el que pueda garantizar un funcionamiento básico sea una tarea lenta vista su complejidad, pero la única razón para no advertir el riesgo inmenso de que el fango autoritario se extienda es justamente ser parte de ese fango.

Nos dice el profesor que "…La legitimidad es un concepto controvertido y limitarla a las elecciones tiene la consecuencia de que la mayoría de los sistemas políticos del planeta serían ilegítimos, amén de que abundan en el mundo jefes de Estado y de gobierno cuya elección ha sido discutida. Prefiero utilizar el concepto de legitimidad tal como lo expone Seymour Lipset: la capacidad del sistema político para generar la confianza de los ciudadanos en sus instituciones…"

Aquí cabe reflexionar sobre la lista de países que Combellas tiene en mente cuando se refiere a aquellos desprovistos de legitimidad. ¿Bielorrusia, Haití, Corea del Norte, Sudán? ¿No sería más atinado aspirar a un sistema con una legitimidad electoral y una legitimidad de desempeño respetable? Chile, Francia, Suecia, Uruguay, ¿no son sistemas a tomar en cuenta? Además, según este razonamiento, el fraude electoral cometido por Maduro y que tras una serie de sucesos lo depositó en Brooklyn ha puesto a Delcy en una posición que evidencia una gran “capacidad del sistema político de generar confianza de los ciudadanos en sus instituciones”. En esta mirada, los ciudadanos tienen una alta confianza en un régimen que, por cierto, no amañó una elección, sino dos, 2018 y 2024, y por cierto, la ”confianza de los ciudadanos” venezolanos que Combellas le atribuye a Delcy no está reflejada en ninguna medición de opinión confiable o no.

De igual modo, Combellas señala: ”Sin duda, cuando el gobierno norteamericano decidió tutelar transitoriamente al gobierno venezolano (una decisión desgraciada para nuestra soberanía) no dudó en negociar un acuerdo con el régimen a través de su representante más destacada, Delcy Rodríguez, pues llenaba el adecuado perfil para la delicada situación planteada, a lo que se sumaba su jerarquía constitucional como vicepresidenta de la república. La razón fue sencilla y contundente: el régimen chavista garantizaba el orden y la paz, a diferencia de una oposición dividida y cegada por sus ya proverbiales egos. En efecto, el régimen ahora presidido por Delcy Rodríguez: primero, controla todos los resortes del Estado, sin fisuras que podamos considerar relevantes; segundo, tiene una presencia activa e innegable en la sociedad, desde el mundo empresarial hasta la organización popular; tercero, se apoya en el único partido organizado en el país, con una estructura de liderazgo estable, a diferencia de las carencias organizativas de los partidos de la oposición; cuarto, la institución militar, garante por excelencia del orden, está fuertemente comprometida con los principios y valores de la estructura de poder, de la cual por lo demás también forma parte; y quinto, tiene frente a sí una oposición dividida, encabezada por un liderazgo que comienza a ser discutido y a erosionarse paulatinamente, ayudado por su ausencia del país”.

En algún punto habría que coincidir con Combellas. No es nada sano para la soberanía de un país el que se produzca una intervención externa para tratar de frenar la destrucción de la industria petrolera, las ejecuciones extrajudiciales, la pauperización de la población y la proliferación de la tortura, porque esa labor ya la habían resuelto los venezolanos en julio de 2024. Pareciera también, hablando de soberanía, que Combellas nunca transitó frente a los cuarteles militares en los que ondeaba el tricolor nacional junto a la bandera de Cuba.

Finalmente, superándose aún más, el doctor Combellas determina que una ventaja comparativa de Delcy se encuentra en el hecho de que tiene frente a si una oposición dividida, que empieza a ser discutida y que abandonó el país. Pareciera que el profesor se acostumbró a los lideres únicos, indiscutibles, los que no dialogan, pero eso no es democracia. Por otro lado, profesor, esa gente que usted señala de abandonar el país no está de vacaciones. Esa gente ha sido hostigada, obligada a salir de su tierra, amenazada de ser apresada ilegalmente, de ser torturada. Y ¿quién la amenaza? Una larga lista, Delcy en primera fila.

11/04/2026:

https://www.elnacional.com/2026/04/el-profesor-combellas-y-el-espiritu-de-la-navidad/

EL TIEMPO DE DELCY RODRÍGUEZ

Ricardo Combellas

“El pasado ya no es y el futuro no es todavía“

San Agustín

Complejo el tiempo presente de la presidenta Delcy Rodríguez. Sustituye a un presidente que formalmente no ha dejado de serlo, es tutelada por una potencia extranjera sin conocer nosotros sus límites, no sabemos si tampoco ella. Forma parte de un régimen con una larga tradición autoritaria que se ha propuesto liberalizar, abriendo la posibilidad de incluso democratizar. Sus eventuales interlocutores de la llamada oposición es variopinto, para comenzar por algunos que yo identifico sin tapujos como la derecha extrema, que ni siquiera son capaces de proponerle conversar, y los que intentan hacerlo inmediatamente son etiquetados como “alacranes”.  En suma, complejo y difícil el tiempo presente de Delcy Rodríguez.

No obstante lo antes dicho y sin conocerla personalmente, pues no la recuerdo como una protagonista de primera línea cuando abandoné a Chávez (no al chavismo, pues nunca lo fui) muy temprano, luego de suscribir con mi firma la Constitución el año 1999, transcribiré algunas reflexiones sobre lo que percibo como peculiaridades de su liderazgo, que pienso la ayudarán a salir airosa del compromiso liberalizador que se ha propuesto llevar adelante.

Isaiah Berlin escribió un pequeño ensayo, El juicio político, en el que intenta el difícil propósito de definir el éxito o el fracaso del hombre político, lo cual no puede ser dilucidado por argumentos exclusivamente teóricos. Para Berlin el político tiene que poseer sentido de la realidad, lo cual implica una variedad de atributos: la experiencia, la capacidad de observación , la habilidad para integrar puntos de vista diversos, tener buen ojo, olfato y oído político, “entender la situación en su plena singularidad; los individuos, el acontecimiento y los peligros  particulares, las esperanzas y temores concretos que intervienen activamente en un lugar determinado y en un momento determinado.” 

No me propongo abundar en estas características que definen el juicio político, sino relacionarlas con el análisis de la presidenta en un aspecto central: la larga experiencia de Rodríguez como dirigente y funcionaria del Estado, una cualidad en el tiempo presente fundamental para entender su estructura organizacional como capacidad de respuesta ante los desafíos de la sociedad. Intuyo que muy pocas personas tienen en la actual coyuntura la capacidad para saber avanzar desde el pasado hacia el futuro en una necesaria transformación del Estado venezolano, dado su conocimiento directo sobre lo que  anda mal, lo que se debe desechar y lo que se debe transformar.

Los cambios en la estructura y funciones del Estado deben acompañarse a mi entender con un proceso de liberalización política, es decir, como lo ha anotado el destacado estudioso de las transiciones políticas, el politólogo John Magdaleno, la progresiva apertura a favor de la plena vigencia de los derechos civiles y políticos que desemboque en la democratización y emergencia de un nuevo régimen político, conclusión de una transición exitosa hacia un régimen democrático, tarea en la cual debe comprometerse desde ya la presidenta Rodríguez y sobre lo cual abundaremos en la próxima entrega.

En conclusión, es mi conclusión, es mucho lo que queda por hacer y mucha la expectativa sobre lo por hacer en este tiempo presente tan singular de la historia de nuestro país. “El pasado ya no es y el futuro no es todavía”. Lo queremos sí con libertades y democrático. El tiempo presente de Delcy Rodríguez tiene la misión y el deber de dar los primeros y necesarios pasos.

13/04/2026:

https://www.elnacional.com/2026/04/el-tiempo-presente-de-delcy-rodriguez/

REFLEXIONES SOBRE LA VENEZUELA ACTUAL Y EL PODER

Ricardo Combellas

“Desde el punto de vista de los hombres, la relación entre protección y obediencia sigue siendo la única explicación para el poder. Quien no tiene poder para proteger a alguien tampoco tiene el derecho de exigirle obediencia. Y viceversa: quien necesita protección y la recibe no tiene derecho a rehusar la obediencia”.

Carl Schmitt, Diálogo sobre el poder y el acceso al poderoso.

Palabras como las citadas de Carl Schmitt, un hombre que como pocos en nuestra época  meditó y escribió páginas célebres y controvertidas sobre el poder, lo ejerció, lo disfrutó y también  lo padeció, deben estar rondando la cabeza  no solo de la presidenta Delcy Rodríguez, al igual de la coalición gobernante que dirige, y aunque de forma diferente, también de quienes se oponen a ella para intentar hacerse con el poder.

Curiosa la rueda del tiempo presente. El tiempo que se alarga con Delcy Rodríguez en la cima del poder significa mayores posibilidades de asentarse, de rodearse de su gente más confiable y competente, de incorporar los más capaces, así antes fueran sus oponentes y de crear un clima propicio al entendimiento y la colaboración. Me refiero a ese clima que enorgullece a las democracias sanas y que llamamos la convivencia pacífica, ese paso de la dictadura a la democracia que tan bien describe Fernando Mires, caracterizado por dejar de ser enemigos  como en la dictadura, a ser adversarios como debe ser en la democracia.

La “protección” de la que habla Schmitt , para la inmensa mayoría de los venezolanos es primero y antes que todo vivir sin miedo, disfrutar de la paz,  mejorar sus duras condiciones de vida, lo que les permita alimentarse, o a todo evento alimentarse mejor, poder llegar al día último del mes mínimamente satisfecho del disfrute del pan nuestro de cada día, mantener decorosamente a su familia,  traer del cielo a la tierra la palabra mágica ( me refiero a la justicia social) en torno a la cual brotan los derechos sociales  y los hermosos principios estampados en nuestra Constitución.  Esa “protección” anuncia una lucha por nuestros derechos económicos hoy conculcados por  injustas sanciones , así como una efectiva  redistribución de la riqueza que despoje a los pocos  de sus privilegios y la reparta de forma equilibrada y justa en la sociedad.  La protección social es el gran desafío de la presidenta Rodríguez, pues una vez  lograda tendrá garantizada la obediencia, el respaldo activo en que se sostiene la legitimidad. No soy novedoso en el concepto, pues sigo aquí la idea de legitimidad tal como la describe el reconocido politólogo Seymour Lipset: la capacidad del sistema político para generar la confianza de los ciudadanos en las instituciones.

En suma, el avance en las metas económicas que apuntalen favorablemente la actual estructura del poder, generará  las condiciones para un apoyo de la ciudadanía que contribuirá sin duda a una mayor estabilidad del sistema. La tarea sigue siendo no obstante inconclusa. Si queremos una efectiva transición hacia un régimen democrático, deben adelantarse dos procesos en los cuales hay prácticamente un consenso entre los estudiosos: la liberalización y la democratización, que en nuestro caso significan ni más ni menos que cumplir el mandato constitucional. La liberalización, con la progresiva efectividad de los derechos civiles y políticos establecidos en nuestra ley superior, y la democratización que concluya en unas elecciones libres sustentadas en  el principio cardinal de la soberanía popular. Ambas (liberalización y democratización) pueden desarrolllarse en plazos temporales distintos o no, pero en todo caso expresan  una hoja de ruta segura y compartida hacia un nuevo régimen democrático  que recoja los deseos profundos y compartidos de la sociedad venezolana.

20/04/2025:

https://www.elnacional.com/2026/04/reflexiones-sobre-la-venezuela-actual-y-el-poder/

Ilustración: Christoph Niemann.

Fotografías tomadas de la red: valga acotar que la segunda, proviene de una declaración de Ricardo Combellas mediante la cual advierte que la juramentación de Nicolás Madura es nula (2018):

https://efectococuyo.com/politica/juramentacion-de-maduro-ante-la-constituyente-es-nula-afirma-ricardo-combellas/

Última gráfica:https://mronline.org/2017/09/09/politics-above-law-how-trump-channels-far-right-icon-carl-schmitt-without-knowing-it/

domingo, 12 de octubre de 2025

Caza de citas

“No hay que dejarse engañar por el hecho de que la mayoría de estos personajes «menores» parezcan interpretar papeles casi irrelevantes: ellos son, de hecho, el pegamento invisible que une toda la trama, añadiendo profundidad y textura a las escenas más significativas. Lo que importa no es que, vistos desde fuera, carezcan de estatus, sino que sean los representantes de esa «común decencia» de la que acabamos de hablar”

Marina van Zuylen

(“Elogio de las virtudes minúsculas o la excelencia en clave menor”, Siruela, Madrid, 2025:  109)

Ilustración: Christoph Niemann.

domingo, 9 de marzo de 2025

Caza de citas





"Estuve a punto de replicarle que no corro tal riesgo, puesto que yo no sé gran cosa de filosofía ni en realidad de nada y, por tanto, nadie me va a invitar a hablar delante de las cámaras. Klaus siguió saliendo de vez en cuando en la televisión, pero nosotros ya no nos quedábamos despiertos para escucharlo"

Fernando Aramburu

("Hombre caído", Tusquets Editores, Barcelona, 2025:  127)

Ilustración: Christoph Niemann.

viernes, 18 de octubre de 2024

Megafonía de los espacios interiores

LA POLÍTICA CONVERTIDA EN CHISME DE PELUQUERÍA Y SERVIDUMBRE

Armando Martini Pietri

Dicen que el cabello es la corona de las mujeres, pero en realidad es el escenario de batallas campales por el poder social. Desde las reinas egipcias adornadas con trenzas intrincadas hasta las amas de casa que confían secretos al estilista. El salón de belleza ha sido un microcosmos de la sociedad, donde los rumores fluyen más rápido que el tinte. Pero, ¿qué hay detrás de estos cotilleos? ¿Son simples trivialidades o pistas ocultas sobre las estructuras de poder?

¿Quién no ha sido testigo o escuchado alguna vez una charla en la peluquería que rivaliza con cualquier novela? Desde la vecina que descubre que su esposo la engaña con la niñera, hasta la socialité que revela oscuros secretos de amigas, la peluquería es el confesionario laico por excelencia. ¿Qué se esconde tras esta superficialidad? Detrás de cada mechón y murmullo se oculta una compleja red de relaciones, jerarquías y luchas por reconocimiento.

Si las iglesias tienen confesionarios, las peluquerías tienen secadores. En este santuario de la vanidad, las clientas no solo se arreglan, sino que también descargan frustraciones, comparten alegrías y se entregan a la irresistible práctica del cotilleo. El estilista -en muchos casos un hombre gay sin reservas, con mirada artística y detallista- se convierte en el oráculo de la belleza, un confesor mundano que conoce y guarda secretos íntimos, miedos, deseos y anécdotas jugosas de sus fieles clientas. Su opinión sobre un estilo de maquillaje o peinado es tan crucial como la de un consejero matrimonial.

En la antigua Roma, los gladiadores luchaban en el Coliseo por la gloria y el honor; hoy, las mujeres modernas libran sus batallas en las peluquerías. Con tijeras como armas y productos de belleza como escudos, las asiduas se enfrentan en una contienda por la hermosura perdida, la mocedad extinguida y el derecho extraviado a ser el centro de atención. El cotillear son las flechas envenenadas que se lanzan en esta pugna sin tregua.

Y luego está la servidumbre: asistentes y acompañantes dedicados, espías de la alta sociedad, confidentes disfrazados de ángeles guardianes del orden y la limpieza. Observadores privilegiados de sus empleadores, invisibles testigos de ricos y famosos. Conocen sus hábitos, rutinas, gustos, manías, secretos oscuros, infidelidades y juicios sobre los demás. No es de extrañar que entre ellos circulen rumores tan deliciosos como un pastel de chocolate. 

La política, que solía ser algo serio, donde líderes discutían sobre el futuro de la humanidad y los ciudadanos se informaban y participaban, hoy se parece más a un capítulo de Gran Hermano, donde los escándalos y rumores eclipsan cualquier debate de fondo. ¿Qué ha pasado? Se ha convertido en una telenovela de bajo presupuesto, donde los protagonistas compiten por rating en lugar del bienestar ciudadano. Y los espectadores aplauden sin cuestionar.

Se ha transformado en un espectáculo de imagen y popularidad. Otrora políticos, estadistas, ahora influencers que compiten por likes. Los complejos problemas globales se reducen a tuits y memes. ¿El cambio climático? un hashtag. ¿La desigualdad? tema de reality show. Hoy, la cualificación para ser político es tener una cuenta de TikTok.

Los programas de análisis se han convertido en vitrinas de chismes, donde «expertos» se dedican a juzgar la vestimenta de los políticos en lugar de analizar sus propuestas. Y las redes sociales, esa gran plaza pública del siglo XXI, están llenas de trolls y bots que polarizan a la sociedad y difunden fake news a la velocidad de la luz.

La banalización de la política tiene consecuencias. Desconfianza en las instituciones, disminución de la participación ciudadana y asuntos sin resolver. Estamos ante una crisis de representación, donde los ciudadanos están cada vez más alejados de sus gobernantes. La política, en lugar de ser un espacio para el debate y la construcción de consensos, se ha convertido en un campo de beligerancia donde compiten por el poder sin importar los medios, incluida la chismografía.

Situación insostenible, la política no puede seguir siendo un juego de apariencias. Necesitamos responsabilidad, seriedad, transparencia y cercanía a la ciudadanía, que se concentre en resolver insuficiencias y no en alimentar egos. Debemos exigir más de nuestros representantes, que se dediquen a gobernar, no a protagonizar espectáculos mediáticos y deprimentes de estupideces mutuas.

La política es demasiado importante como para dejarla en manos de chismosos. Es hora de recuperarla para los ciudadanos y exigir que esté a la altura de los desafíos. ¿Estás dispuesto a ser parte del cambio? Este es un llamado a la acción. No podemos quedarnos de brazos cruzados mientras la política se convierte en un circo decadente. El futuro de la sociedad está en juego. ¡Juntos podemos construir una política digna, justa y democrática!

18/10/2024:

https://www.elnacional.com/opinion/la-politica-convertida-en-chisme-de-peluqueria-y-servidumbre/

Ilustración: Christoph Niemann.

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY