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domingo, 3 de noviembre de 2024

"... El Estado eran ellos"

DE LA TRÁGICA VALENCIA DE ESPAÑA

Luis Barragán

España fue el país que estuvo atrás y, a veces, muy atrás en relación a buena parte del resto de Hispanoamérica, en términos políticos, económicos y sociales.  Y tanto que la emigración fue una constante de numerosas décadas y, sobre todo, después de la consabida guerra civil de consecuencias tales que todavía se hacen sentir hasta innecesariamente.

Muerto Franco, lució también importante el respaldo decidido de la democracia venezolana para la compleja y difícil transición ibérica, en tiempos que nuestros indicadores macroeconómicos fueron envidiables y, en contraste con otras épocas, hubo una mayor calidad de vida y una sustancial mejoría en relación a la equidad social.  Huelga comentarlo, en el presente siglo, el asunto se ha revertido dramática y radicalmente, despuntando la península, aunque – motivo de una profunda preocupación – todos sus avances y progresos amenazan con irse por el desagüe por las consabidas dislocaciones institucionales, la hondura cada vez más temeraria de la ideología de género y la posibilidad misma de una injusta y pronta desintegración del país.

Recientemente, sabemos de una gigantesca e increíble inundación de la Valencia de Iberia que ha suscitado la atención más allá de las fronteras y generado un vasto movimiento de espontánea solidaridad con la suerte de los miles de afectados, incluyendo la pérdida de vidas humanas y de los bienes indispensables que costará y, demasiado,  reponer. La población local ha protestado, insultado y rechazado a las autoridades del poder central que se apersonaron, incluyendo al rey que no sólo soportó los dicterios, sino que se plantó tolerantemente en el lugar para dar un vivo testimonio de su solidaridad.

Quizá haya la tentación de comparar la actual tragedia valenciana con la que padecimos acá, en el estado Vargas, bajo un completo deslave, y que no pudo votar el referéndum constitucional que continuó andando la Venezuela apenas asomada al novísimo siglo. Empero, lo cierto fue que produjo un vasto movimiento de identificación y solidaridad nacional e internacional con los habitantes del litoral central que frenó el poder central, siendo necesario destacar la presencia in situ del por entonces príncipe de Asturias.

Ciertamente, el escenario valenciano se ha convertido en motivo de una reyerta política indeseable, aunque tiene razones e intereses de fondo, y, aunque no sentimos una particular atracción por la fórmula monárquica, nos parece importante señalar al hoy Felipe VI, quien  metió los pies en el barro, conversado con las víctimas que le fueron posibles, en plena intemperie, y que no se distingue mucho del aquél joven que envió su padre a un viaje largo para caminar la devastación varguense, portador de la ayuda de su país.

Todo apunta al tardío auxilio madrileño, aumentando la severidad del cuestionamiento. Bastará con los titulares de la prensa, como el de Chapu Apaolaza para un reportaje de ABC, referido a los voluntarios (“El Estado eran ellos”); para el mismo diario, el columnista Ignacio Camacho cuestiona al liderazgo con una pregunta lapidaria (“¿Hay alguien al mando”, mientras que Joaquín Manso es directo para El Mundo (“El Estado ausente”), o la nota editorial de El País acusa a la jefatura de los populares, sin más (“El uso político del horror”).

A los más sonantes debates de la actualidad, se suma otro que está fondeando tan severo cuestionamiento del Estado para legos y especialistas. El marxismo indicó su desaparición, pero sospechamos que nunca del modo que la opinión pública organizada ya plantea.

Fotografía: https://www.elespanol.com/corazon/casas-reales/20241103/significativo-video-casa-real-difundido-visita-felipe-vi-letizia-valencia-empatia-abrazos-lagrimas/898410209_0.html

04/11/2024: 

https://opinionynoticias.com/opinionpolitica/42054-de-la-tragica-valencia-de-espana

A los palmeros

 

LA RAZÓN, 03/11/24.

Dirigencia fracasada

NO FALLA EL ESTADO. FALLAN ELLOS

Francisco Sierra  

Escribo estas líneas mientras la dramática cifra de personas fallecidas por la DANA en Valencia sigue creciendo y supera ya los doscientos. Desgraciadamente, todos los indicios apuntan a que la cifra de víctimas mortales no va a dejar de crecer y de forma acelerada según se vaya avanzando en las tareas de búsqueda. Hemos visto localidades destruidas como en la guerra, pero solo las fotos desde el cielo de la NASA nos permiten comprender la enorme extensión de territorio afectado.

La lluvia de un año concentrada en unas pocas horas. Son muchos los factores que aumentaron ya en tierra la peligrosidad de unas descargas de agua que al final incluso triplicaron hasta las previsiones de la Aemet. La mañana del miércoles, del día después, ya se avisaba desde Valencia que el infierno que habían provocado las riadas de agua era mucho peor de lo que hasta ese momento se conocía. Daban igual las noticias. Para el gobierno y sus socios era más importante aprobar urgentemente el asalto a RTVE que el respeto a los muertos. Una infamia que estoy seguro de que muchos valencianos y castellanos manchegos no olvidarán en muchos años.

Pero lo peor no lo habíamos visto llegar. Lo peor ha sido ver a los dirigentes de un estado moderno y democrático, de la decimocuarta economía del mundo, fracasando en algo tan sencillo como prestar inmediata ayuda a sus ciudadanos. Esta vez no era un desastre natural en el otro extremo del mundo. No. Es en Valencia. Hemos sido incapaces de prestar ayuda a miles de personas afectadas a menos de cien kilómetros de la capital valenciana. Incapaces de llevarlos en estos primeros días ni agua, ni alimentos, ni de garantizar su seguridad. No voy a entrar en si las alertas de la Comunidad Valenciana llegaron tarde. La justicia tendrá que determinar si se hizo en tiempo o no. Y lo mismo para un gobierno que además de «sopesar», tuvo la ocasión de haber declarado el estado de emergencia ante una durísima emergencia nacional y no lo hizo.

Una vez conocida la realidad del infierno desencadenado es todavía difícil de entender que el gobierno nacional no decidiera ofrecer y usar todos sus recursos, medios y personal para hacer frente inmediatamente a las necesidades de los miles de ciudadanos abandonados a su suerte. Es también difícil de entender que el presidente valenciano tardara tanto tiempo en pedir una mayor presencia del Ejército, más allá de la petición inicial de la UME, que sí fue solicitada el mismo día. Dicen desde el gobierno que, por protocolo, hasta que no lo pidiera el gobierno autónomo ellos no lo podían enviar. Lo increíble es que el mismo protocolo, exactamente el mismo, es el que tiene la UE y lo mismo está haciendo ahora el propio Sánchez con las ayudas ofrecidas por Bruselas. No quiere pedirlas. Tampoco ha aceptado las ayudas internacionales. Ni los 200 bomberos especializados en rastreos que Francia ofrece ni las ayudas ofrecidas por Alemania, Portugal o Marruecos entre otros países. Una actitud no explicable y que llega al punto de que el Gobierno español ni siquiera ha puesto en marcha todavía los mecanismos de ayuda existentes y ofrecidos por la Unión Europea. La duda es si es se hace por soberbia, por ineficacia, por estulticia o por las tres razones a la vez.

Volviendo a España, pareciera que la polarización y enfrentamiento políticos de dos administraciones de distinto signo les hubiera hecho jugar a un ajedrez de la muerte. En pocas horas, y pese a las fotos de Mazón y Sánchez, se cruzaban ya acusaciones. Mientras tanto, todavía ahora, cuando lee usted estas líneas, hay personas que llevan cuatro días conviviendo en su casa con el cadáver de algún familiar. Todavía hay decenas y decenas de garajes, de sótanos, de pisos bajos, de coches volcados y cruzados en los que nadie ha mirado, pero en los que tememos que haya muchos más fallecidos.

Casi tres días ha tardado el presidente valenciano en pedir la presencia del Ejército y más de tres días ha tardado la responsable de defensa en enviar solo a 500 militares. La incomprensión de la racanería ha hecho que en apenas unas horas se haya aumentado la cifra con otros 500 militares más. Es inexplicable todo. Dice que por cuestiones de logística. Puede ser, y serían muy lentos, por el traslado de maquinaria pesada, pero no es justificable en el caso de la distribución de agua y alimentos. Cualquier país hubiera enviado desde la primera hora de conocer el alcance, a miles de soldados para tareas de desescombro, de suministro de agua, comida, energía y comunicaciones a unos ciudadanos que han perdido todo en horas. Ahora se acelera el envío de legionarios, de paracaidistas, de marines. Ellos no van a fallar pero también ellos saben que llegan tarde.

Se dice ahora, a los dos lados del espectro ideológico, que el estado ha fallado. Se cuestiona el estado de las autonomías. El estado no ha fallado. Los hombres que trabajan para el Estado no han fallado. Los militares de la UME no han fallado. Los agentes de la Guardia Civil no han fallado. Tampoco los de la Policía Nacional. Ni los esforzados miembros de las distintas policías locales. Los bomberos no han fallado. El personal de Protección Civil no ha fallado. No han fallado los servicios médicos. Ni los judiciales. Ellos han vuelto a dar a todos una lección de sacrificio y heroísmo en su objetivo de ayudar a salvar vidas y ayudas a los ciudadanos.

Han fallado los políticos. Han fallado los responsables de las distintas administraciones. Han fallado en usar bien los mecanismos de coordinación. Se ha hecho otras veces. Ahora no. Habrá tiempo para ver la graduación de las responsabilidades de cada uno. Tengo claro que por encima de todo está la obligación de un gobierno nacional de decretar el estado de emergencia cuando estamos ante la mayor tragedia que ha vivido España en décadas. Escudarse ahora en supuestos respetos al poder autonómico es bastante miserable y cobarde. Y el haber tardado tanto por parte de los responsables autonómicos en pedir la ayuda al gobierno central ha sido bastante ingenuo y también peligroso.

Los hombres y mujeres que trabajan en servicios públicos del Estado están dando lo máximo. Como siempre. Me consta el malestar en cuarteles y en comisarías porque no se les haya permitido acudir antes a la zona cero a ayudar. Esas órdenes políticas tendrán que ser explicadas. Es muy probable que en las zonas afectadas se hubiera necesitado desde el primer momento la presencia de militares y de una ley marcial que hubiera impedido el miedo e indefensión que han vivido muchos valencianos en algunas localidades durante dos noches en las que se han producido saqueos de negocios e incluso robos en viviendas.

No falla el estado, no fallan los eficientes hombres y mujeres que trabajan para todos los ciudadanos. Y por supuesto, una vez más, no fallan los españoles. Las riadas de valencianos que han andado decenas de kilómetros con sus picos y palas, con mochilas llenas de alimentos, con bicicletas con bidones de agua, con fregonas o simplemente con su espíritu de ayuda es un peregrinaje de solidaridad que conmueve, emociona y nos da esperanzas de que no todo está perdido. No solo en Valencia. Toda España se moviliza en la ayuda con donativos, comida y todo tipo de material.

No. Ni el Estado, ni los españoles han fallado. Han sido ellos. Otra vez.

Fotografía: Europa Press.

03/11/2024:

DANA y Estado

 

EL MUNDO, 03/11/2024.

Sociedad civil

 ABC, Madrid, 03/11/24.

Estado que se desestatiza


ABC, Madrid, 02/1/2024.

lunes, 31 de octubre de 2022

Deslizamientos

DE LAS REGULARES CONSTRUCCIONES IRREGULARES

Luis Barragán

Poco más de un mes atrás, así lo escuchamos, radiotelevisivamente aseguró Maduro Moros haber tomado todas las previsiones  del mundo para afrontar la amenaza de un ciclón que, anunció oficialmente, se disipó. Aseguró que, prácticamente, nadie dormía en el gobierno en guardia permanente frente a un fenómeno que, además, difícilmente hubiese afectado a la ciudad capital, gracias a El Ávila, al Cerro Ávila de nuestros distraídos cantos.

               El problema está en que llueva caudalosamente y se lleve todo por delante, aun contando con los boletines meteorológicos que suelen acertar en sus pronósticos.  Valga la ocasión, nos preguntamos sobre la suerte de los tres satélites artificiales que le compramos a China a un elevado costo, y con la pandemia, la crisis educativa y las lluvia, parece que sólo sirven para los asuntos militares, quedando un gran e inaudito  saldo de la demagogia que se hizo con la telemedicina, teleducación y, por supuesto, los consecutivos palos de agua que vuelven un lodazal de derrumbes a importantes localidades venezolanas.

               Todo ocurre bajo una estricta censura y bloqueo informativo, estorbando la prensa, como literalmente lo aseguró un ministro de la usurpación al recorrer Las Tejerías. Así como nunca se ha sabido de los boletines epidemiológicos de rigor,  tampoco se sabrá de los pluviométricos: por más que nos impacte el cambio climático, tampoco ha caído sobre el país un diluvio sin ningún precedente; al contrario, hay antecedentes nefastos y aleccionadores que todavía quedan en la memoria, como el de Vargas.

               El problema no se agota con la cesación de las lluvias, o la temporada de sequía, aunque hay una extraordinaria limitación del discurso político en la materia, comprensible respecto a la usurpación que no rinde cuenta a nadie, pero no así en relación a la oposición. Se trata de los planes de reubicación de las familias afectadas,  de los esfuerzos de reconstrucción de las zonas dislocadas, de las condiciones alimentarias,  sanitarias, inseguridad personal, sedes educativas,  etc., abriéndose un importante abanico en torno a la efectiva protección civil de la población inocente e indefensa, víctima de la negligencia oficial que apela a la presencia de un fenómeno natural, sin más.

               Especial mención deseamos hacer de las regulares construcciones irregulares que, obviamente, ceden ante una tormenta, un pequeño sismo, o cualquier otro acontecimiento, con una asombrosa facilidad. Los deslizamientos del 23 de Enero en la propia ciudad capital que, faltando poco, suele votar al régimen,  nos advierte que no es precisamente el servicio de ingeniería municipal el que más destaca en Caracas y en el  resto del país.

               Se puede cuestionar con sobrada razón que el régimen no construye las viviendas necesarias, pero igualmente que ha permitido que se levanten improvisadamente los inmuebles en sectores de una alta peligrosidad de suelos.  Durante los gobiernos democráticos, con todas las fallas y también deslizamientos, hubo esfuerzos de consolidar las barriadas populares, dotarlas de todos los servicios y velar por la consistencia de las casas; e, incluso, en los tiempos de Lusinchi, fueron desalojados los barrios de altísimo riesgo, reubicadas las familias, entre Caracas y La Guaira, reapareciendo sospechosamente en la presente centuria,

               Cierto, se puede hablar de sospecha, porque una buena porción de El Pinar, en El Paraíso,  parque nacional, al Oeste de Caracas, sólo era vegetación hasta que llegaron los tiempos del alcalde metropolitano Juan Barreto  y comenzaron a quemar, terracear, parcelar y construir ranchos que se convirtieron muchos de ellos, también en edificios de cuatro y cinco pisos, en tiempo récord.  Autoridad alguna respondió a las incontables protestas pacíficas de los vecinos de la urbanización y de la misma Cota 905: llueve y todavía angustia que los techos de cartón se vengan abajo.

Fotografía: 

https://eldiario.com/2022/10/24/lluvias-en-gran-caracas-deslizamientos-e-inundaciones/

31/10/2022:

http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/38249-de-las-regulares-construcciones-irregulares

sábado, 19 de marzo de 2022

Frente a la tragedia

Domingo 3C Cuaresma 20 marzo 2022 

José Martínez de Toda, SJ

“Conviértanse…” (Lc 13, 1-9)

 (Diálogo sobre el Evangelio de hoy: Higuera)

Cuando muere gente en un accidente de tráfico, algunos dicen: “¡Cómo puede permitir esto Dios!” ¿Qué pensar de esta frase?

También lo dicen cuando hay terremotos, como en el de Haití el 12 de enero de 2010, en el país más pobre de América Latina. También en los tsunamis, en las balas perdidas…

A Jesús en el evangelio de hoy le fue gente con noticias también trágicas:

-         “Jesús, ¿sabes que unos galileos fueron degollados por Pilato mientras ofrecían sus sacrificios en el Templo? ¿Sabes que se cayó la torre de Siloé y aplastó a 18 personas?”

 

¿Cómo interpretaba la gente estas noticias trágicas?

            Ante los guerrilleros degollados, seguro que alguien le diría a Jesús:

-“¡Esos malvados romanos! ¡Vamos a deshacernos de ellos!

Jesús no opina sobre los guerrilleros. De hecho fracasaron definitivamente cuando, a finales de los años 60 después de Jesús, lograron un último alzamiento de Jerusalén contra los romanos, pero éstos la destruyeron, y así se dio inicio al largo exilio judío, que ha durado casi hasta nuestros días.

También le traen la otra noticia de los 18 aplastados para ver qué opinaba. Muchos decían: “¡Qué habrán hecho que Dios los castiga así!”.

¿Cómo reacciona Jesús ante tales comentarios?

            Jesús se rebela contra tales frases, llenas de prejuicios y malinterpretaciones.

Jesús simplemente pregunta; "¿Creen ustedes que esos galileos degollados y esos 18 aplastados eran más pecadores que los demás de Jerusalén, que se mantienen vivos?"

Es decir, Jesús nos dice que la desgracia no ocurre por ser uno pecador. Los justos y los inocentes también sufren desgracias, igual que los pecadores.

El terremoto que destruye un club nocturno, también destruye una iglesia, y mata tanto al que atiende el bar como al sacerdote. En tales casos, la culpa no interviene.

Pero hay tragedias, que vienen del pecado, del descuido... Quienes conducen sus autos borrachos matan personas inocentes. Los abusivos lastiman a sus parejas e hijos.

Ante tales tragedias, a algunos les vienen dudas hasta de la existencia de Dios.

Te cuento esta historia:

<Un barbero hablaba con su cliente sobre enfermedades, y le llegó a decir:

-                  “Yo no creo que Dios exista”.    - “¿Por qué?”, preguntó el cliente.

-                  “Es muy fácil: si Dios existiera, ¿habría tantos enfermos, tantos niños abandonados? ¿Cómo puede Dios permitir todas estas cosas?”

El cliente terminó de cortarse el pelo, salió del negocio y vio a un hombre con la barba y el cabello largo. Entró de nuevo a la barbería y le dijo al barbero:

-                  “¿Sabe una cosa? Los barberos no existen”.  - “¿Como? Si aquí estoy yo”.

-                  “No...! Ahí fuera hay un hombre con barba y pelo largo. Si existieran los barberos, no habría personas con el pelo y la barba tan largos”. 

-                  “Bueno. Lo que pasa es que esas personas no vienen a mi”.

-                  “Exacto...!” dijo el cliente. “Ese es el punto. Dios sí existe; lo que pasa es que las personas no van a él y no le buscan. Por eso hay tanto dolor y miseria”.

Y el barbero se quedó pensando.

¿Cómo reaccionar ante una tragedia?

            Cualquier calamidad, pública o privada, puede ser, en lenguaje teológico, ‘una gracia actual’, es decir, un signo por el que habla Dios. La muerte siempre está al acecho, y viene con sorpresa. Es el signo más vivo de nuestra condición humana limitada. Esta certeza de la muerte nos indica que la única respuesta a ella es la conversión, no para huir de la muerte, sino para volvernos a Dios con todo nuestro corazón y, así, hacer de ella el momento de nuestra última y confiada entrega a Él.

            También nos llama Dios a comprometernos a favor de los débiles, como Moisés con los israelitas esclavos en Egipto (1ª Lectura de hoy).

Hablas de compromisos adquiridos. ¿Cuándo nos comprometimos a todo eso?

            Primero, en el bautismo. En él renunciamos al pecado y al mal, al egoísmo, a la enemistad, a todo lo que nos aparta de Dios, y nos comprometimos a una vida espiritual como la de Cristo, libre de egoísmos, fielmente entregada a Dios y a nuestros hermanos.

Segundo, en la Eucaristía. La ‘comunión’ con Cristo nos lanza a un compromiso mayor, que es la práctica y proclamación del amor, como algo esencial al cristiano.

¿Jesús se inclina a castigarnos o a darnos otra oportunidad?

A Jesús no le interesa condenarnos, sino salvarnos y redimirnos. Aquí se pintó Él:

<Uno tenía una higuera plantada en su viña; fue a buscar fruto en ella; no lo encontró, y dijo entonces al viñador:

- “Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?” Pero el viñador contestó:

- “Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás”.>

Jesús intercede ante el Padre para darnos una “última oportunidad” de producir fruto, de vivir de acuerdo con Dios. Jesús hace su papel a través de padres, docentes, sacerdotes, religiosas, amigos… y aun de enemigos, que con sus críticas nos alertan. Diferir la conversión es desaprovechar el amor paciente de Dios y condenarnos a la esterilidad.

Fuente: Correo electrónico. // Fotografía: Tomada de la red, autor de nombre ilegible o confuso. 

Reflexión Padre Arturo Peraza: https://www.facebook.com/871245462/videos/1383799395416438

Misa (Caracas, 20/03/2022) Cardenal Porras: https://www.youtube.com/watch?v=5k1gaYBvRQY


Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY