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martes, 30 de abril de 2024

Noticiero retrospectivo

 



- “En la Comisión de Defensa: Comenzó la revisión de los ascensos militares”. El Nacional, Caracas, 10/06/1986. 

- “Editorial: Las candidaturas presidenciales y el Ejército”. AD, Caracas, N°  25del 25/10/58. 

- “Progreso urbano de Río Caribe” (estado Sucre). La Esfera, Caracas, 03/05/27.

- Héctor Mujica. “Pedro Rincón Gutiérrez”. El Globo, Caracas, 27/07/93.

- Lucas Benacerraff. “Radiografía de las encuestas electorales”. Momento, Caracas, N° 899 del 07/10/73.

Reproducción:  David Morales Bello.  Momento, Caracas, nr.339 del 13/01/1963.

lunes, 3 de julio de 2023

Ruta de poder

DEL ASCENSO MILITAR DE MEDINA ANGARITA (BREVE EJERCICIO HISTÓRICO)

Luis Barragán

El día 7 de julio de 1935, el teniente coronel Isaías Medina Angarita pronunció un importante discurso en un acto de Estado presidido por el general Juan Vicente Gómez,  alusivo al 25° aniversario de la creación de la Escuela Militar y Naval; por cierto, discurso pronunciado al tratarse del oficial con el más alto grado próximo a ascender, como ocurriera efectivamente días más tarde, como lo determinado el Dr. José Alberto Olivar al verificar el dato en su inmediato contexto.   Debidamente autorizado por el Senado de la República, a quien le correspondía hacerlo en relación a los ascensos de la oficialidad superior, el evento adquirió una importante y decisiva significación tratándose del año en el que finalizó la dictadura,  convertido el coronel Medina Angarita en sucesor de Eleazar López Contreras en el ministerio de Guerra y Marina, después del interinato del coronel Antonio Chalbaud Cardona. Partiendo de la metodología empleada por [PUERTA BAUTISTA, 2023], nos aproximamos al discurso en cuestión [MEDINA ANGARITA, 1935], desde tres perspectivas: la positivista, la profesional y la del país.  

1.-        Una severa advertencia al país

Medina Angarita hace un llamado a la moderación de los ímpetus que da cuenta de las expectativas crecientes en torno a la salud del general Gómez, aunque rápidamente lo atribuye a nuestros ancestros guerreros. Por la “vehemencia de nuestro carácter, las determinantes violentas y aguerridas del ancestro”, reconociendo en Gómez al civilizador que actúa al reorganizar el ejército, encauzadas las fuerzas vivas, igualmente celebra la evolución de Bolívar “dentro del ambiente mismo de la lucha” [MEDINA ANGARITA, 1935].

            La visión positivista, predominante por entonces, convertida la noción de raza en cultura, explica también a la entidad armada que la aspiran íntegramente nacional. Vale decir, con la “existencia de unas representaciones comunes del mundo, la historia, la sociedad, etc., que unifican la visión que tienen los individuos de una sociedad, aunque provengan de lugares y comunidades diferentes” [SOSA A., 1985: 20].

            Determinante y trascedente la reorganización del Ejército, aunque hayan integrantes que jamás conocieron la experiencia de la guerra, ésta ha de comprenderse como una excepción en la vida de los pueblos, siendo útil la institución, por una parte, ya que preserva la paz, combate el analfabetismo, disciplina y mejora las condiciones físicas de la población en la que siembra el respeto y el altísimo sentimiento de Patria en la gente más humilde por cumplimiento del deber; y, por la otra,  es una escuela de efectiva democracia selectiva al ascender por escalafones.  Esto es, la corporación armada es un compendio de virtudes, e útil instrumento de civilización.

            El mensaje irradiado desde un acto de Estado del más alto nivel que cuenta con la presencia del general Gómez, presidente de la República y comandante en jefe, constituye una severa advertencia al país y a las generaciones inmediatamente sucesivas.  El Ejército y el país, únicamente se entienden a través de Gómez y de su legado.

2.-        Un mundo separado

A pesar de la utilidad de las Fuerzas Armadas y de la democracia selectiva que acarreaba, invocadas por el teniente coronel Medina, no sólo por la reseña de prensa de la época, tenemos la impresión y convicción de un mundo militar separado del civil. La por entonces vigente Constitución de 1931, determina en el ordinal 3° del artículo 60 que el Senado ha de autorizar el ascenso de los oficiales superiores [LAS CONSTITUCIONES, 1985: II, 1205], pero suponemos que no había una importante relación de los parlamentarios con  la oficialidad militar, cumpliendo con las postulaciones del Ejecutivo; y, mucho menos, cuando el ascenso al grado de coronel en adelante, constituía una excepción.

            Reparemos en otra circunstancia: el general Gómez fue Presidente de la República y Comandante en Jefe del Ejército, aunque este último cargo, a partir del Estatuto Constitucional Provisorio de 1914, fue separado del primero, ejerciéndolo exclusivamente.  Adquirido el carácter de órgano estatal autónomo, para 1931 ambas expresiones institucionales nuevamente coinciden, como lo ha observado Brewer-Carías en su estudio preliminar [LAS CONSTITUCIONES, 1985: I, 197, 201 s.].

            Hay  indicios de la anticipada redacción del Plan de Febrero lopecista [CABALLERO, 1998: 65],  y una equivalente previsión puede revelar el rol protagónico del teniente coronel Medina Angarita en un acto político, a escasos meses de morir Gómez, como lo ha expresado en una conversación personal el Dr. José Alberto Olivar. La sucesión en el poder estaba prevista, al igual que en el importante y  decisivo ministerio de Guerra y Marina que tampoco  hubiera logrado impedir Eustoquio Gómez, en caso de haber sobrevivido; acotemos, siendo de mayor antigüedad que Medina Angarita, quien lo tendrá años más tarde como ministro del área, egresado de la Escuela Naval, Chalbaud Cardona hace una breve pasantía ministerial en 1936.

            Comprobado con el deceso del dictador, la institución armada se impuso como quizá no pudieron prever los tradicionales adversarios que desestimaron los pasos iniciales para su modernización.  Quedó resuelto uno de los problemas esenciales del Ejército: el de convencerse a sí mismo y a los demás de lo “químicamente distinto [e] irreconciliablemente opuesto” que fue de las guerrillas caudillistas, contrastando el montonero con el profesional de las armas [STRAKA, 2005: 111].

3.    -     Conclusiones

Quizá presintiendo cercana la muerte, el general Juan Vicente Gómez presidió un acto eminentemente político, con motivo del 25° aniversario de la fundación de la Escuela Militar y Naval, previendo y resolviendo la sucesión presidencial y también ministerial, respecto a la cartera de Guerra y Marina. El coronel Eleazar López Contreras, titular del referido ministerio, fue el fiel ejecutante de un presunto plan equiparable al Programa de Febrero.

            Sólo a Gómez le compete la suerte de la corporación castrense que hace un mundo aparte de la civilidad. Probablemente sea un fuerte antecedente de la separación actual, escondida tras la consigna de la alianza cívico-militar.

Referencias:

BREWER-CARÍAS, Allan R. [Estudio preliminar y compilación] (1985) “Las Constituciones de Venezuela”. Academia de Ciencias Políticas y Sociales. Caracas, 2008: Dos tomos.

CABALLERO, Manuel (1993) “Gómez, el tirano liberal (Vida y muerte del siglo XIX)”. Monte Avila Editores Latinoamericana. Caracas, 1994.

CABALLERO, Manuel (1998) “Las crisis de la Venezuela contemporánea (1903-1992)”. Monte Avila Editores Latinoamericana - Contraloría General de la República, Caracas.

MEDINA ANGARITA, Isaías (1935) “Discurso pronunciado por el Teniente-Coronel Isaías Medina Angarita. El día 7 de julio de 1935 con motivo de haberse cumplido el 25° Aniversario de la fundación de la Escuela Militar y Naval”, en: https://apuntaje.blogspot.com/2023/03/el-teniente-coronel-medina-angarita.html.

OLIVAR, José Alberto (2023) Conversación personal. Caracas,  25/02.

PUERTA BAUTISTA, Lorena (2023) “Metodología para el análisis de documentos históricos”. XI Diplomado de Historia de la Venezuela Contemporánea. Fundación Rómulo Betancourt – Universidad Pedagógica Experimental Libertador, Caracas.

S/a (2017) “Antonio Chalbaud Cardona Dávila” en: https://venezuelaenretrospectiva.wordpress.com/2017/10/24/antonio-chalbaud-cardona/.

SOSA A., Arturo (1985) “El pensamiento político positivista venezolano”. Ediciones Centauro, Caracas.

STRAKA, Tomás (2005) “Guiados por Bolívar: López Contreras, bolivarianismo y pretorianismo en Venezuela”, en: IRWIN G., Domingo - LANGUE, Frédérique [Coordinadores] (2005) “Militares y poder en Venezuela. Ensayos históricos vinculados con las relaciones civiles y militares venezolanas”. Universidad Católica Andrés Bello - Universidad Pedagógica Experimental Libertador, Caracas: 99-137.

03/07/2023:

https://opinionynoticias.com/opinionhistoria/39602-del-ascenso-militar-de-medina-angarita-

viernes, 3 de marzo de 2023

El teniente coronel Medina Angarita ante el general Gómez


Breve nota LB:  La selección y curaduría corresponde al Prof.  José Alberto Olivar, quien verificó el pronunciamiento del discurso en la prensa de la época,  y en la Revista del Ejército, Marina y Aeronáutica ya citada.

lunes, 4 de julio de 2022

Una cosa tiene que ver con la otra

LOS ASCENSOS MILITARES EN LA ERA DE LAS ZONAS ECONÓMICAS ESPECIALES

Luis Barragán

El régimen entra en una nueva etapa de supervivencia material con la inminente promulgación de la Ley Orgánica de las Zonas Económicas Especiales (LOZEE), toda una apuesta por la definitiva consolidación que parte de la formalización de las ya prácticamente establecidas en los más variados rubros, tipos y subtipos, y que, por fin, reglada la coexistencia y complementación en un terreno tan exigente, permitirá a las camarillas del poder avizorar otras más audaces y promisorias.  El papel de la Fuerza Armada no se limitará a preservar las que le concedieron precursora y oficialmente, como la militar de desarrollo forestal del estado Aragua,  sino propenderá a transarse con otras, consumando una transformación de su propia naturaleza.

            Finiquitado el Estado Cuartel, la entidad cuenta con un mínimo aprendizaje derivado de sus incursiones económicas a título corporativo e individual, multiplicadas sus firmas mercantiles desde 2013, y condicionada por el solo hecho de compartir el territorio nacional con otras fuerzas irregulares y terroristas que, no faltaba más, disputan violentamente los más inverosímiles mercados, so pretexto de las diferencias políticas. En algo semejante a la Venezuela de casi siglo y medio atrás que hizo de Caracas un codiciado islote de poder, capaz de comprometer internacionalmente al país,  en la mar de los grandes caudillos rurales, hoy, la Fuerza Armada velará celosamente por el poder central, intentará administrar o arbitrar los conflictos que el reparto territorial inevitablemente suscite, y, sumada la pólvora a su extraordinario soporte económico, afianzará un sitial entre los demás factores que hacen posible el llamado autoritarismo competitivo, por cierto, insoluble por su franco agotamiento; y, valga acotar,  bajo la conducción del general Padrino López, quien – hasta nuevo aviso – repetirá por octavo año consecutivo en la cartera de Defensa, de un modo u otro pronosticado por el historiador José Alberto Olivar en un meritorio trabajo publicado en el libro “El Estado Cuartel en Venezuela”, cuyos coordinadores nos requirieron expresamente para la – por entonces -  presentación de su primera edición, en la Asamblea Nacional, y, la de su segunda, en la Universidad Simón Bolívar.

            Agregada una radical partidización a su crecida experiencia comercial, confundida la autoridad civil con la militar, distorsionado el derecho al sufragio que, ya vemos, encontró las peores condiciones objetivas y subjetivas para realizarse, todo parece indicar que los ascensos militares seguirán en la senda de la desprofesionalización y la desespecialización. Bastará con actualizar sendos informes, como el de la Misión Internacional Independiente del Consejo de Derechos Humanos de 2020 (https://www.ohchr.org/Documents/HRBodies/HRCouncil/FFMV/A_HRC_45_CRP.11_SP.pdf), por ejemplo, para dar cuenta de una oficialidad gravemente involucrada en la violación de los derechos fundamentales,  la corrupción y el narcotráfico.

            La sistemática propaganda y publicidad oficialista en torno a la mítica alianza cívico-militar que supedita la promoción de los oficiales a sus intereses concretos, por contraste, nos ha hecho todavía reminiscentes de la larga tradición constitucional que asimiló, aceptándolo, el formal mecanismo de subordinación del poder militar al civil, por lo que la aprobación senatorial de los ascensos correspondientes de la oficialidad superior – conforme a la Constitución de 1961 -  se hizo también parte de un recurrente y, a  veces, intenso debate de opinión pública. Aceptemos que hubo un ritual de ocultación de las realidades interiores del componente armado, pero no neguemos que la participación del parlamento en los ascensos expresó  una determinada  cultura constitucional y política, únicamente omitida  en la Carta de 1904 y  en el Estatuto Constitucional Provisorio de 1914.

Igualmente, hubo interesantes variaciones en el reconocimiento formal de la subordinación, al dejar que los senadores aprobasen la promoción de los coroneles y capitanes de navío, mientras que el generalato correspondía a todos los congresistas (Constitución de 1857), quedando única y exclusivamente el máximo grado militar bajo la responsabilidad del parlamento (1858). Sin embargo, a sabiendas que, antaño,  el reconocimiento de cualesquier jerarquía  se ganaba en el campo de batalla, o por la adscripción al gobierno de turno, negada la profesión militar, al menos, como hoy la entendemos, llama la atención que algunas constituciones encomendarán al parlamento “determinar la manera de conferir grados y ascensos” superiores (1864, 1874, 1881, 1891, 1893 y 1909), lo que autoriza a presumir una importante actividad legislativa y reglamentaria necesitada de una exploración histórica más concienzuda.

Por lo pronto, si  hubo tal actividad con antelación,   es de presumir las inmensas dificultades impuestas por los regímenes de fuerza que, aún menos, permitieron una polémica libre y abierta sobre los ascensos y las condiciones políticas que los articulaban. Puede aseverarse que, luego de 1958, la materia adquiere una trascendencia noticiosa sin precedentes, por muchos tabúes que la distinguiesen; sobre todo, dado el cuestionamiento de los intereses partidistas expresados en la comisión senatorial que consideraba, deliberaba y aprobaba las promociones superiores, materia  -  ahora -  completa y desenfadadamente olvidada.

Al respecto, consolidada la corporación castrense, ésta se hizo extremadamente susceptible a cualesquiera cuestionamientos políticos, espontáneos o deliberados y, apuntemos la doble paradoja, azuzada por los sectores políticos e ideológicos que derrotó en los ’60 del ‘XX que después le entregaron la absoluta competencia de decidir sus ascensos junto al Comandante en Jefe, ya considerado como el máximo grado militar y no una condición o carácter asociado al ejercicio de la presidencia de la República.  Irrefutable indicador, no ha sido posible desarrollar legislativamente el artículo 331 de la Constitución de 1999 en el presente siglo que, al menos, acepta alguna intervención del elemento civil, ni siquiera para afinar los procedimientos técnicos alcanzados.

       Entre abril y mayo de 2020, por recomendación de un amigo común, tuvimos la ocasión de contactar al coronel (retirado) y doctor en derecho, Ángel Bellorín, para proponerle la redacción de un proyecto de Ley de Ascensos Militares que aceptó, hizo y felizmente culminó. Promovimos la iniciativa  en la legítima Asamblea Nacional al iniciarse el segundo período de sesiones, por entonces,  cumpliendo con todas las formalidades reglamentarias, pero las circunstancias consabidas impiden todavía abordar y viabilizar el proyecto que, permítannos la acotación, quizá sea el único realmente materializado, pues, en 1976 y en 1986 se anunciaron propósitos semejantes, sin que se supiera más nunca nada.  

La era de las zonas económicas especiales impone otros parámetros para  los ascensos militares, más allá de la efectiva militancia política, en la que el Comandante en Jefe, el (re) zonificador por excelencia, confiará aún más en la arbitraria aplicación del llamado “factor de corrección”.  Y todo esto, tras un formidable victoria, como fue la de sacar a ocho millones de venezolanos de su propio país.

Fotografías: Tomadas de la red.

05/07/2022:

https://www.elnacional.com/opinion/los-ascensos-militares-en-la-era-de-las-zonas-economicas-especiales/

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY