lunes, 2 de marzo de 2026

Artefacto verbal

EL ESTADO ANOMIZADOR

Luis Barragán

Todo un artefacto verbal, versamos sobre una acción, condición y proceso de intensa difusión de la anomia por el Estado específicamente venezolano que hace de la incertidumbre un poderoso mecanismo de control social.  El discurso de poder sostenido y profundizado en el presente siglo, no sólo ha incentivado aquellas conductas que alteran o violentan la convivencia social, sino que ha contaminado gravemente el sentido común al tratar de normalizarlas.

Así las cosas, por complejos y persistentes que sean los problemas fundamentales del país, apenas uno de ellos tendrá resonancia de opinión y, al agotarse, será sustituido por el otro ya que el objetivo es polarizar a todo evento, perdiendo los matices. Después de la ley de amnistía, excepto alguna materia sorpresiva, le corresponderá el turno al aumento nominal de salarios y bonos porque resulta demasiado complicada la pública discusión del daño laboral, su reparación social e indemnización económica en el contexto de un modelo económico alternativo.

Permaneciendo indiferentes las autoridades correspondientes que también incumplen la normativa legal, luce definitiva nuestra resignación al imperio que ejercen los motorizados en calles, avenidas y autopistas, circulando y estacionando en las aceras para la principal desgracia de niños y ancianos. A este ejemplo de anomia social, se suma su equivalente en la descomposición del discurso político que no tiene la fuerza necesaria de una demanda ciudadana, entre otros motivos, por la supuesta inminencia de unos comicios presidenciales, regionales y municipales que entretienen, aunque todavía es necesario y urgente bregar por la transición que no ha comenzado.

El Estado desea multiplicar los agentes de una peligrosa anomia política que nos haga empedernida y absurdamente iliberales, relativizando los principios republicanos más básicos para torpedear e impedir la indispensable unidad opositora que la haga real y eficazmente competitiva. Solemos olvidar que hay una foucaultiana dimensión pastoral del poder, individualizante, redentora, invasiva y atomizadora, frente a la más convencional del poder soberano, formal, abstracto, normativo y colectivo.

Importa atajar el proceso de disolución social denunciado con  bastante antelación, por lo menos,  desde finales de la centuria anterior ante la indiferencia generalizada de propios y extraños. E incluir, en las tareas unitarias de la oposición responsable, una  intensa campaña a favor de la autodisciplina de una sociedad que debe contrarrestar los efectos del Estado anomizador para ganar conciencia, responsabilidad y la misma transición política que aspira hacer legítimamente suya.

Fotografías: LB, actividad proselitista de primarias en  en La Vega, CCS (07/10/24), y escena de El Paraíso, CCS (23/11/25).
Breve nota LB: Cometí un error al remitir a Opinión y Noticias el texto, pues, correcto el archivo, en "asunto" coloqué animizador.  Le escribí a Iván Méndez, pero quedó así publicado.  

02/03/2026:

https://opinionynoticias.com/opinionpolitica/44060-el-estado-animizador

03/03/2026:

https://www.elnacional.com/2026/03/el-estado-anomizador/

https://www.costadelsolfm.org/2026/03/03/luis-barragan-el-estado-anomizador/

John Magdaleno y la transición


https://www.youtube.com/watch?v=6z8gikGm96Q

Caza de citas

“En la esquina con Nariño, Brígida se detuvo de golpe frente al esqueleto de una casa en ruinas. Las ventanas estaban selladas con tablones y las columnas apenas se sostenían con apliques. Los muros estaban quemados, y las puertas, bloqueadas por hileras de ladrillos. Parte de la estructura había caído al suelo. Entre los cascotes crecieron matojos y hierbajos. Bañado por la luz del sol, un árbol cargado de granadas atrajo la mirada de Brígida, que saltó la verja sin pensárselo. Necesitaba meterse en ese malezal, tocar sus frutos y olerlos. Algunas granadas estaban abiertas, los pájaros les habían arrancado la piel a picotazos. Eran redondas, pequeñas y suaves. Cogió una para sí y la olió”

Karina Sainz Borgo

(“Nazarena”, Alfaguara, Madrid, 2026: 103)

Ilustración: Bill Flanagan.

domingo, 1 de marzo de 2026

Noticiero retrospectivo

- Juan Ángel Mogollón. “A punta de lápiz: La influencia literaria”. El Nacional, Caracas, 17/08/1979.

- Felipe Massiani. “Hacia nuestra afirmación: Soledad del artista venezolano”. Élite, Caracas, N° 403 del 03/06/33.

- Donato Villalba. “Polonia, ¿reforma o revolución?”. El Nacional, 25/02/82.

- Héctor Aveledo Urbaneja. “La cuartilla andariega: Partidos políticos”. El Universal, Caracas, 01/02/58.

- Dossier: Banco de la OPEP. Últimas Noticias, Caracas, 24/09/2000.

Reproducción: Juan Vicente Torrealba. Bohemia, Caracas, 1966.

Noticiero retrospectivo 1

Noticiero retrospectivo 2

sábado, 28 de febrero de 2026

Homilía dominical

LOS SÍMBOLOS DEL RELATO

(San Mateo, 17: 1-9)

José Enrique Galarreta

La Transfiguración es un relato común a Marcos, Mateo y Lucas. Falta en Juan. Los tres relatos son muy semejantes. Lucas añade el tema de la conversación de Jesús con Moisés y Elías acerca de la pasión y la muerte de Jesús. Éste es un aspecto fundamental. La Transfiguración de Jesús se sitúa siempre en el anuncio de la Pasión, como para mostrar quién es el que va a morir, y se hace siempre referencia a la Resurrección. La Transfiguración por tanto da el sentido de la muerte y es anuncio de la Resurrección.

Nuestra cultura y nuestra curiosidad occidentales nos llevan a preguntar ante todo qué sucedió, si se trata de un hecho comprobable por los ojos y los oídos, como lo será la crucifixión por ejemplo.

Y sin embargo, tenemos que leer la Biblia entera, y los evangelios, tal como son, no como a nosotros nos gustaría que fueran. Lo "histórico" y lo "real" para nosotros son lo mismo. Para la Biblia, no. Lo "histórico" apenas tiene importancia, salvo porque ahí se puede manifestar lo real, lo que sucede sin que los ojos lo vean.

El texto nos está mostrando "la realidad de Jesús", tal como la captan Pedro, Santiago y Juan, que son los tres jefes más importantes de la comunidad de Jerusalén después de la Resurrección. Jesús es "el Hijo amado, el predilecto". Y debemos recordar que ellos no "entendieron" a Jesús hasta después de la experiencia Pascual, que es cuando se escribe el relato. Por tanto, lo que sucedió está interpretado por la fe.

Esto es lo que muestran todos los símbolos acumulados en el texto: el monte, lugar de la manifestación de Dios, como el Sinaí: la manifestación de su condición por el resplandor de su rostro y sus vestidos: Moisés y Elías, los dos personajes que experimentaron a Dios en la cumbre del Sinaí, el fundador del Pueblo y el primer Profeta: la voz del Señor, manifestada desde la nube, como en el monte Sinaí.

Es un texto formidablemente simbólico: todo el Antiguo Testamento confluye en él. Nos recuerda bastante al relato del bautismo de Jesús, en el que también se interpreta el suceso desde la fe, usando símbolos muy parecidos.

El sentido del texto es doble: por una parte, muestra "lo que hay en Jesús". En Jesús hay mucho más de lo que se ve. En él está el Espíritu, el mismo de los Profetas, el mismo de Moisés, que le hace Hijo Predilecto. Por eso, hay que escucharle.

Por otra parte, está mostrando lo que hay dentro de lo que nosotros llamamos la realidad: el mundo de lo divino, que no es visible, pero es lo más importante de lo real. Con este texto entendemos que la muerte de Jesús es su paso a la Realidad definitiva, su salida de esta realidad provisional, de esta tierra.

Y la resurrección muestra la realidad definitiva de Jesús, después de triunfar de la muerte y de la condición humana que nosotros conocemos.

Fuente: 

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/1260-los-s%C3%ADmbolos-del-relato.html

Ilustración: Augustin Kolawole Olayinka, tomada de: 

https://www.upperroom.org/devotionals/blog-posts/3578

lunes, 23 de febrero de 2026

Desenredar la situación

LA TRANSICIÓN QUE TODAVIA NO ES

Luis Barragán

De una sólida fundamentación académica, el libro de Luis Manuel Marcano Salazar constituye esencialmente un aporte a la literatura política que ciertamente extrañamos en el país, a pesar de la larga crisis existencial que padecemos. Recientemente puesto en circulación, “Venezuela 2026: La transición que necesitamos” (Editorial Torres del Paine, Santiago de Chile), aboga por el reconocimiento de una realidad irrenunciable de la que conocemos poco en un contexto caracterizado por cifras económicas, delincuenciales y hasta epidemiológicas precariamente difundidas e interpretadas.

La sobriedad conceptual de la exposición le devuelve la dignidad que alguna vez ostentó la controversia pública, ahora afectada por una degradación semántica, pues asume decididamente la transición como un problema a resolver porque aún continúa intacto el aparato represivo; no hay una reconstrucción jurídica, como lo confirma la novel Ley de Amnistía, ni fractura alguna del poder establecido en trance de reacomodo. El autor, forzado a un injusto exilio, opta por el enfoque institucional-estructuralista combinado con el del autoritarismo resiliente, a juzgar por los autores expresamente trabajados, en clara defensa de la transición como un hecho estructurador verificable en lugar de las infladas expectativas que tienden a imponerse dada la escasa calidad de una polémica asociada a las consignas de ocasión, la improvisación y la anécdota.

Hacer la transición – ante todo – verificable, pacífica, libre, democrática y, añadimos, independiente, significa el cumplimiento de los hitos, mecanismos y procesos inspirados en los principios y valores constitucionales que sean los que cuenten con una arquitectura institucional como condición previa y no como consecuencia del cambio semejante a otras transformaciones materiales, jurídicas y coercitivas, que son las que autorizan una nueva fase histórica. Dado que la crisis política es, por elemental definición, la de su lenguaje, observamos la interesada desinstitucionalización de la palabra compartida a favor de las más pueriles consignas, la pérdida creciente de precisión y significado que Luis Manuel remite a un sostenido daño antropológico y a una hábil polarización de toda inquietud, evento, planteamiento, noticia y quejumbre.

Respecto a la crisis autoritaria administrada desde Washington y que podría convertirse estructuralmente en una transición, nuestro autor procura dar con una naturaleza exacta del proceso, intentando suscitar, jerarquizar y reorganizar un debate de urgencia en la materia. La lectura incluso ofrece una dimensión operativa ya que establece criterios iniciales de evaluación de la experiencia ganada y de la que está por ganarse (monopolio coercitivo, fractura de la coalición dominante, restitución efectiva de la juridicidad, ejercicio legítimo del poder), contribuyendo con elementos y variables para los más adecuados escenarios que todo decisor está en el deber de considerar.

Luce sensata la necesidad de una etapa de estabilización institucional y de recuperación económica, porque no sabemos cuán profunda es la crisis, y cuán traumático es el drama, si estamos dispuestos a definir y consensuar una transición sustentable de la que se conjetura con sorprendente facilidad. Por lo visto, se trata de desactivar a corto plazo una poderosa bomba política de cableaje extendido y confuso, semejante a la desactivación a mediano plazo de una bomba social ejemplificada por la conducta  excesiva y prepotente de los motorizados como activos agentes de la anomia dominante.

Ilustración: Angel Boligan.

24/02/2025:

https://www.elnacional.com/2026/02/de-la-transicion-que-todavia-no-es/


Periodismo que se hace periodismo

Luis Olavarrieta entrevista a Jorge Rodríguez:  https://www.youtube.com/watch?v=JtIrNZ3JXwo Patricia Poleo entrevista a Luis Olavarrieta: ht...