martes, 13 de octubre de 2026

Recobrar al soldado servidor de la nación

La Fuerza Armada en la República

Luis Barragán

Nominalmente republicana y constitucional, la Fuerza Armada Nacional (FAN) ha estado sometida a los avatares de una prolongada crisis, propia de la acentuación del Estado despótico y, específicamente, de la supervivencia política del comandante en jefe a cualquier precio. Responsabilidad inherente al ejercicio presidencial, terminó convertida bajo el socialismo del siglo XXI en un inexplicable grado militar, desrepublicanizando a la corporación castrense y sometiéndola a la ineludible dinámica de ultrapartidización del propio Estado.

Reivindicando la perspectiva jurídico-constitucional, el republicanismo también permite comprender a la institución armada como parte de una comunidad de personas libres e iguales, regida por las leyes y las instituciones, en la que el poder está limitado, debe rendir cuentas y admite la participación activa de la ciudadanía. Imposible concebir el territorio militar como el de un país aparte, amparado en inmunidades absolutas y en los oropeles de un Estado crecientemente discapacitado, como lo pusieron de manifiesto los hechos del 3-E.

Corren tiempos para un reencuentro necesario con el país del que la institución se aisló, encumbrada en privilegios, entre ellos, una calidad de vida superior a la del resto de los venezolanos, el desarrollo de intereses ajenos al ejercicio profesional y la impunidad ante los atropellos denunciados en los informes nacionales e internacionales de DD. HH. La reintegración social supone también equilibrar el aula militar con el aula civil, pues la diferencia entre ambas, en materia de atención y soporte material, revela una desigualdad difícil de justificar en una República que se pretenda de ciudadanos libres e iguales.

No imaginamos a los militares como meros espectadores de una transición que se hace proceso, aunque el tutelaje estadounidense haya limitado la intención de arbitrarla, como quizá habría ocurrido en una coyuntura continental diferente, tildada de clásica. Las negociaciones apenas comienzan a traducirse en iniciativas concretas (entre ellas, las relativas al TSJ y al CNE) y todavía no permiten informar suficientemente al país, ni a sus distintos sectores sociales, incluidos los soldados profesionales; entretanto, urge promover entre todo el personal militar los principios y valores constitucionales, abiertamente contradichos por las consignas partidistas que el chavismo ha cultivado en las academias y hasta en los ejercicios cotidianos de la tropa.

¿Por qué habría de suponer que la FAN debe defenderse de una transición democrática llamada, precisamente, a reivindicarla? Podrán etiquetarla de diferentes maneras y surgir propuestas para actualizarla y reorganizarla según las exigencias del momento histórico, pero ni siquiera su hipotética eliminación resolvería el delicado problema de asegurar debidamente el monopolio estatal legítimo y lícito de la violencia.



La subordinación militar dependerá, en definitiva, de las estrategias institucionales empleadas y de la capacidad para equilibrar las ventajas estratégicas de quienes conservan el poder con las capacidades institucionales necesarias para gobernar democráticamente la defensa. Frente a un gobierno que retiene importantes recursos materiales y simbólicos, disponiendo de ventajas políticas, una oposición convincentemente estructurada ha de fortalecer sus recursos organizativos, participativos y consultivos, articulando sabia y eficazmente las distintas expresiones de la inevitable pluralidad que la caracteriza: las movilizaciones unitarias, estratégicamente coordinadas, pertinentes y decisivas no surgen de un golpe de dados.

Republicanizar a la FAN permite abrir oportunidades para comprender y asumir una verdad trágica que el país – el de adentro, el de afuera – necesita superar. Se trata de recuperar aquel republicanismo atlántico que inspiró la deliberación constituyente y contribuyó a dar forma a los principios y valores de la Constitución de 1811.

Ilustraciones: 

https://apuntaje.blogspot.com/2026/09/ejercicios-graficos-para-un-par-de.html

13/10/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/10/la-fuerza-armada-en-la-republica/

lunes, 12 de octubre de 2026

República de Nick

 


https://www.youtube.com/watch?v=-3s7PHGpGCk

Estado y cultura del odio

DE LA ODIADA MEMORIA COLECTIVA

Luis Barragán

Nada inocente resulta la reforma en curso de una llamada ley constitucional que ostenta apellidos nada modestos: Contra el Odio, por la Convivencia Pacífica y la Tolerancia, emanada de la espuria Asamblea Nacional Constituyente de 2017. En su momento, y en medio de otras tantas vicisitudes, el país expresó su rechazo a este instrumento y pudo advertir las consecuencias de su cínica e innecesaria existencia que, a la postre, resultaron aún peores.

En nombre de la sacrosanta verdad cultivada por los más altos estamentos del poder establecido, la persecución y la represión efectiva desbordaron el ámbito estrictamente político hasta convertirse, incluso, en un recurso de supervivencia para ciertos funcionarios públicos cuyos precarios ingresos salariales parecían encontrar un complemento en la extorsión. El ciudadano más inocente e, incluso, quien pregonaba su neutralidad política, podía verse repentinamente imputado por delitos antes inimaginables. Así, una diferencia con un agente policial a propósito de la colisión entre dos automóviles podía terminar convertida en una acusación de traición a la patria o terrorismo, al amparo de una ley manifiestamente cuestionable desde el punto de vista constitucional.

Nueve largos años atrás, en este mismo portal noticioso (*) y en un par de ruedas de prensa, ventilamos una materia cuyo origen desconocen las nuevas generaciones y que las mayores parecen haber olvidado. Mediante una técnica legislativa muy característica del oficialismo, todo comenzó con la circulación de un texto clandestino que sirvió para explorar hasta dónde podía llegar la opinión pública en su rechazo, en un contexto en el que las elecciones regionales ejercían una presión política considerable. La ley en cuestión, abiertamente repudiada por sus críticos, terminó emanando de la espuria constituyente bajo la consabida monserga oficialista, sin que se produjera el debate libre que los chavistas de la nueva ola jamás se atrevieron a propiciar y que ahora parecen descubrir, indignados, como si acabaran de descubrir a América.

El asunto, replanteado en las actuales circunstancias, nos permite asomar dos consideraciones que merecen nuestra atención: la política - la odiada, pero ineludible política democrática - exige, ante todo, sensatez … política. Y, en lugar de las insufribles majaderías digitales que nos inundan, hay situaciones y conjeturas que merecen ser examinadas antes de adoptar una posición, dejando que el transcurso de las horas y los días aporte nuevos elementos para el juicio.

Así las cosas, el ciudadano común debe preguntarse, por una parte, cuál es el propósito de la iniciativa. Para ello, bien puede propiciar un intercambio de opiniones con las personas de su entorno, intervenir en las redes e interpelar a la dirigencia social y política cada vez que se presente la oportunidad.

Por ejemplo, no podemos dejar de dudar de la sinceridad de una supuesta rectificación gubernamental que, de ser auténtica, tendría que conducir a la más amplia de las rectificaciones: la transición democrática. Sin embargo, el Gobierno parece conformarse con corregir la cacareada  aplicación de la ley, como si esta fuese de una claridad admirable y meridiana y el problema radicara exclusivamente en los jueces, muchos de ellos provisionales. De este modo, la responsabilidad política por el diseño y el contenido de la norma corre el riesgo de diluirse en una cuestión de interpretación judicial.

Entonces, ¿para qué la reforma? A falta de mayor ingenio, podemos aventurar la hipótesis de que se pretenda inventar algún requisito adicional para excarcelar al resto de los presos políticos o proporcionar una justificación suplementaria a las medidas cautelares. Si tal fuese el caso, los venezolanos tendrían que agradecer el gesto gubernamental como si se tratara de una concesión extraordinaria, incluso si la reforma no pasara de ser un retoque ornamental. Al fin y al cabo, el relato oficialista tiene por fundamento la desmedida generosidad del chavismo y, naturalmente, la de sus herederos ante el egoísmo de los feroces opositores.

Preocupa, por otra parte, la interesada desmemoria colectiva que ha contribuido a afianzar el socialismo del siglo XXI con una eficacia extraordinaria. En ambas aceras políticas, a muchos les fastidia buscar y recordar - a modo de ilustración -  los antecedentes de la ley que nos ocupa; en su lugar, improvisan las más variadas posiciones y desorientan a la opinión pública, mientras juran que están haciendo política.

La pereza y la improvisación no explican por sí solas esa desmemoria, pues también cuentan las condiciones materiales que dificultan el acceso a las fuentes: la escasez de hemerotecas y bibliotecas públicas, su significativo deterioro allí donde todavía existen y las consecuencias de ese prolongado terremoto político e institucional. Para colmo, las llamadas superredes, que podrían contribuir a preservar y difundir documentos del pasado, se han convertido también en un vasto cementerio de información dispersa, difícil de localizar y susceptible de desaparecer; y, a ello,  se suma la frecuente distorsión informativa cuando se trata de reconstruir lo ocurrido.

De allí que la memoria colectiva no pueda reducirse a una evocación sentimental del pasado ni a una disputa de relatos entre adversarios. Requiere documentos, investigación, contraste de fuentes y voluntad de someter las propias convicciones a la prueba de los hechos.

De lo contrario, la desmemoria seguirá siendo un terreno fértil para que las viejas prácticas se presenten como novedades, los responsables de ayer se disfracen de rectificadores y la sociedad vuelva a discutir, sin antecedentes suficientes, problemas que ya ha padecido. ¡Qué vaina!

Ilustración: Do Ho Sout.

12/10/2026:

https://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/45050-de-la-odiada-memoria-colectiva

(*) Puede verse:

https://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/28715-luis-barragan

https://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/30895-de-la-tal-ley-contra-el-odio

https://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/31307-de-la-tal-ley-constitucional

domingo, 11 de octubre de 2026

Caza de citas


“El deseo real del amante, como vemos en ese puñado de hielo, es eludir las certezas de la física y flotar en las ambigüedades de un espacio-tiempo donde lo ausente está presente y el ahora puede incluir al luego sin cesar de ser ahora”

Anne Carson

(“Eros dulce y amargo”, Editorial Lumen, Barcelona, 2020: 145)

Reproducción: William Roberts.

Noticiero retrospectivo


- Emeterio Gómez. “Felipe González”. El Diario de Caracas, 24/08/1984.

- Entrevista a Salvador Garmendia. Punto, Caracas, N° 8 del 06/05/73.

- Héctor Mujica y las enseñanzas de la guerra de Vietnam. Qué Pasa en Venezuela, Caracas, N° 65 del 28/05/65.

- Orlando Albornoz. “Destino de la universidad pública”.  El Nacional, Caracas, 05/03/72.

- Rómulo Betancourt y sus cambios (Caricaturas). Qué Pasa en Venezuela, N° 5 del 28/02/64.

Reproducción: El Nacional, Caracas, 10/11/1973.

Colgadura

Sobre el relevo político

Luis Barragán

Las protestas del estudiantado francés de secundaria han recorrido los circuitos noticiosos como una extraordinaria novedad, pero también bajo el signo de una profunda sospecha, pues hacía mucho tiempo que no se tenía idea de una movilización estudiantil de semejante significación y la minoría de edad de sus protagonistas parece sugerir, para algunos, la presencia de grupos manipuladores tras bastidores. El repertorio de denuncias de la muchachada luce sorprendente en un país desarrollado y solo aparentemente cómodo, donde la crisis del Estado de bienestar, la polarización política e ideológica y las tensiones asociadas al fundamentalismo religioso contribuyen a una terca inestabilidad a las puertas de los comicios presidenciales.

En Venezuela, quizá las nuevas generaciones vean con curiosidad y asombro que sus pares europeos incursionen precozmente en actividades de calle, reivindicando su condición de estudiantes y haciendo valer sus propias demandas. Acá, los adolescentes y los más jóvenes apenas parecen haber tenido una participación significativa en las grandes protestas callejeras, pues las jornadas de 2014 y 2017 quedan ya a considerable distancia de su experiencia directa, y tampoco imaginan con facilidad que, décadas atrás, hubo entre nosotros un vigoroso y legítimo movimiento liceísta, portador de importantes reivindicaciones y de un poderoso mensaje político.

En efecto, a comienzos de la década de 1950, la dictadura militar conoció la bravía presencia del alumnado de bachillerato, cuyas organizaciones juveniles partidistas canalizaron y expresaron buena parte de sus inquietudes, aunque habrá quien lo haya lamentado —y todavía lo lamente— desde posiciones absolutamente prejuiciadas. Fundamentalmente procedente de las instituciones públicas, aquel movimiento tenía entre sus propósitos elevar la voz en las calles y lanzar unas buenas pedradas contra la policía, como posiblemente hoy no atinan a hacerlo los infantes galos, mientras que la participación de los colegios privados fue más limitada, salvo episodios como las protestas contra el decreto 321 de 1946, durante el Trienio Adeco.

Al igual que en cualquier muchacho puede despuntar la vocación de cantante, médico, futbolista o carpintero, acompañada de grandes ilusiones, también puede hacerlo una temprana inclinación política que lo impulse a luchar por la libertad, expresarse públicamente y someterse a prueba para descubrir hasta dónde puede llegar. Grandes líderes políticos, estupendos profesionales de las más variadas disciplinas y ciudadanos convertidos en referentes inolvidables fueron dirigentes liceístas que asumieron los retos de su tiempo, adquirieron un valioso aprendizaje cívico y continuaron por el camino de la política o emprendieron otros de gran satisfacción personal y ciudadana.

Estudiosos como Orlando Albornoz aportaron luces sobre la existencia de un vasto movimiento estudiantil venezolano y, concretamente, liceísta, cuya historia merece todavía nuevas indagaciones y una revisión desprejuiciada de sus alcances. Seguramente habrá numerosos estudios y olvidadas tesis de grado que permitan profundizar en el tema, pero América Latina ofrece sobradas lecciones históricas acerca del papel del estudiantado en la lucha por sus ideales de libertad y democracia, así como en la formación de generaciones dispuestas a asumir responsabilidades públicas.



Una importante conquista de aquel movimiento fue que los más jóvenes entre los jóvenes pudieran elegir, mediante sufragio directo y secreto, a los integrantes de los centros de estudiantes de sus respectivos liceos, una práctica que también alcanzó a algunos colegios privados y que convirtió la representación estudiantil en una escuela de ciudadanía. Con sus errores y aciertos, aquella experiencia se fue debilitando hasta perder buena parte de su vigor, y Nicolás Maduro intentó devolverla a la agenda nacional con la pretensión de instrumentalizarla políticamente, desnaturalizando así el sentido autónomo que debería distinguirla.

 Veremos hasta dónde llegan las jornadas de protesta en Francia, un país que seguimos, entre otras referencias, a través de la pluma de Michel Houellebecq, uno de los escritores que cultivan la irreverencia en medio de las convenciones y del hastío mediático contemporáneo. Ojalá el asunto suscite algún interés entre nosotros, porque el relevo político nacional no se forja al margen de la experiencia reivindicativa cotidiana ni de la participación efectiva en las realidades sociales, y mucho menos puede descansar en el insolente oportunismo digital: requiere formación, organización, compromiso y aprendizaje cívico.

Ilustración: Steph Grolnick.

11/10/2026:

https://lapatilla.com/2026/10/11/luis-barragan-sobre-el-relevo-politico/

Vaya comienzo ...

  14/10/2026: https://www.youtube.com/watch?v=o15Ihk9UMFs