viernes, 4 de septiembre de 2026
martes, 1 de septiembre de 2026
La reconstrucción del Estado
DISOLUCIÓN JUDICIAL: AUDITORÍA DE UN PROCESO
En nada debe extrañar que el proceso de disolución social
en Venezuela, advertido en los tempranos años ochenta del siglo anterior,
auspiciando el ascenso al poder del llamado chavismo, haya consumado sus
consecuencias en el específico ámbito judicial para consolidarlo e, inevitable,
agotarlo en la presente centuria. El poder político que se hizo despótico y
luego disolvente, no merece una explicación a través de sus episodios,
anécdotas y vicisitudes aisladas, sino mediante el cumplimiento de un itinerario
cínico, complejo, paciente, y - ¿cabe alguna duda? – exitoso tan urgido de una
perspectiva de análisis, documentación y profundidad, sobre la pérdida de la
independencia judicial en Venezuela y la quiebra misma de la más elemental
noción de justicia, universalizado mediante categorías muy rigurosas que
superen el trillado discurso de los días que corren.
Hablamos de una herramienta de interpretación que
permita adentrarse eficazmente en el problema, explorando y comprobando todas
sus manifestaciones, añadido un lenguaje que sustituya los eufemismos que
pueblan a la opinión pública, abundando la vocería improvisada. Es tiempo que
todas las organizaciones políticas y sociales del país asuman una discusión evidentemente
impostergable y de interés común a las puertas de una probable solución que
solo la transición puede perfeccionar.
Por ello, experto, pertinente y denso para abordar
responsablemente tan perverso fenómeno es el reciente libro de Luis Manuel Marcano Salazar: “El paradigma de
disolución judicial: cómo la pérdida de la independencia judicial socava la
estabilidad democrática”, publicado bajo el prestigioso sello chileno El
Jurista Ediciones Jurídicas, con prólogo de Luis Almagro y presentación
académica de Jörg Alfred Stippel. Fiel
testimonio de un exilio académicamente productivo, en medio del dolor de las
distancias, el autor hace perfectamente inteligible la materia, no se limita a
señalar que hubo la captura, partidización o subordinación del órgano del
Poder Público, sino que propone toda una secuencia - debilitamiento, deterioro,
fractura – aportando un novedoso paradigma de análisis. Valga acotar, no poca
cosa, paradigma que resuelve un punto
ciego al introducir la dimensión judicial en la explicación que dan Steven
Levitsky y Lucan A. Way del denominado autoritarismo competitivo.
La destrucción de una capacidad tan indispensable como
es la relacionada con la justicia de cara a la reconstrucción del Estado en
Venezuela, amerita de una inaplazable experiencia democratizadora como la vemos
con una extraordinaria claridad en la acuciosa, novedosa y aguda auditoría
hecha por Marcano Salazar. El poder político debe volver a sus justas,
proporcionadas y genuinas magnitudes, porque – exacerbado y voraz – no puede,
sin autodestruirse, arbitrar caprichosamente los conflictos, interpretar la
norma, autolimitar su propio poder, ofrecer seguridad jurídica, garantizar
derechos, castigar imparcialmente a los criminales, y – una clave insoslayable
– suscitar confianza; todo esto, sin incurrir en un suicidio institucional que
a la vuelta de la esquina se hace definitivamente político con el colapso.
Incluso, aparentando una amplitud democrática que la fórmula oferta, la elección popular de los jueces como ha acontecido en Bolivia y, ahora, en México, constituye un descarado ardid populista que hace de la disolución judicial una apuesta segura. Forma parte de un repertorio plebiscitario que, entre nosotros, le ha dado solo alcance a la justicia de paz, un nivel más modesto porque ya se ha consagrado el control absoluto en la administración de justicia con consecuencias cada vez más necesarias de atajar, pues facilita el tránsito fatal del autoritarismo competitivo al pleno, aunque personalmente creemos que desemboca paulatina pero seguramente en la desintegración real del Estado.
Impensable que la destrucción de la judicialidad
compagine con – así sea - una mínima realización de la democracia, como bien lo
ejemplifica Luis Manuel: el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), en beneficio
del ocupante de Miraflores, osó invadir las competencias de la Asamblea
Nacional, sustituyéndola funcionalmente, y la fractura pasó de lo incidental a
lo estructural. La Sala Electoral declaró en desacato en 2016 a la corporación
legislativa electa el año anterior, y la Sala Constitucional secuestró las
competencias que son privativas del parlamento en 2017.
Ensayando con el paradigma en cuestión, el poder
despótico utiliza la justicia, pero no puede destruirla inmediatamente porque
necesita conservar una capacidad mínima de funcionamiento; luego restringe
progresivamente el universo de quienes reciben protección y confianza, hasta
convertir la justicia en un mecanismo de supervivencia de los propios grupos de
poder. Según nuestro modesto ejercicio, el beneficio se redujo a la nómina
funcionarial y contractual del Estado y después al sector gubernamental
dominante: por ejemplo, ha pasado de absolver a todo evento a sus partidarios, utilizando posteriormente el estrado penal
para dirimir igualmente las diferencias entre grupos, corrientes o tendencias que
tienden a compactarse en dos o tres bloques de supervivencia en los elencos de
poder.
La obra, por cierto, muy bien escrita, es portadora de
un llamado de prevención para el resto del continente. Entonces, no basta hoy
con la excarcelación de todos los prisioneros políticos en nuestro país, la
revisión de casos como el de la juez Afiuni o la designación de los nuevos
integrantes del máximo tribunal de la República bajo el trámite de la consabida
mesa de negociación: encontramos en el paradigma de Marcano Salazar una
extraordinaria guía para la reconstrucción judicial del Estado.
Composición gráfica: IA/lb, portada del libro y pesista cual dama de la justicia:
https://apuntaje.blogspot.com/2026/08/equilibrio-para-tomar-impulso.html
01/09/2026:
https://www.elnacional.com/columnas/2026/09/disolucion-judicial-auditoria-de-un-proceso/
https://www.eastwebside.com/luis-barragan-disolucion-judicial-auditoria-de-un-proceso.html
lunes, 31 de agosto de 2026
Regreso al planeta
DE LA POLÍTICA EXTERIOR EN EL MARCO DE UNA ESTATALIDAD PERDIDA
Luis Barragán
Demasiado evidente resulta ya la discapacidad
creciente del Estado venezolano en el contexto internacional, consecuencia de
la pretendida autosuficiencia de un poder político devenido despótico y de la devastación
de sus capacidades infraestructurales,
destacando las especializadas en política exterior. La pérdida
progresiva de esa capacidad estatal ha comprometido a lo largo del presente
siglo, la independencia republicana, fenómeno iniciado con el ascenso de Hugo
Chávez y perfeccionado por sus sucesores – subrayemos – desde muy antes del
consabido 3-E.
Siguiendo a Michael Mann, conviene distinguir entre el
poder despótico del Estado, referido a la autonomía de quienes lo dirigen para
adoptar decisiones, y su poder infraestructural, relativo a la capacidad de
hacerlas efectivas de manera organizada y sostenida en la sociedad. El chavismo
llevó a extremos la hipertrofia del primero mientras devastaba el segundo hasta
convertir la voluntad política circunstancial en sustituto de las capacidades
institucionales que requerían de especialización, continuidad y
profesionalización.
En materia exterior, la política del Estado terminó
haciéndose inseparable de la personalidad presidencial y de sus intereses
políticos al mismo tiempo que se confundía adrede con las relaciones
internacionales y se apelaba a fórmulas como la llamada “diplomacia de los
pueblos”. De allí provinieron iniciativas insostenibles de integración
continental, alianzas con actores extrahemisféricos y hasta compromisos
contraproducentes en materia territorial, mientras la República perdía la
posibilidad de sostener una política exterior propia, profesional y permanente.
Tamaño esfuerzo, ocupado el Ejecutivo en diligenciarlo
todo, golpeó severamente las capacidades políticas y técnicas de la
cancillería, partidizándola hasta desprofesionalizarla y desestabilizar la
propia carrera diplomática. Bastaba así el activismo político del canciller
para suplir lo que antes correspondía a una institucionalidad especializada,
como puede ilustrarlo, con particular nitidez, la prolongada gestión de Nicolás
Maduro al frente de la cartera.
No deja de resultar paradójico que algunos de quienes
durante larguísimo tiempo ocuparon posiciones privilegiadas de poder clamen
ahora a los cielos con estridencia contra la influencia extranjera, señalando
casi exclusivamente hacia el norte. Más paradójico todavía es que semejante
denuncia provenga de quienes, después de debilitar deliberadamente las
capacidades republicanas, terminaron entregando importantes espacios de
decisión precisamente a intereses externos que hoy dicen repudiar. Sin embargo,
la cuestión no está en sustituir una dependencia por otra.
Así las cosas, resulta imposible que escurran sus
responsabilidades quienes nos hicieron decididamente dependientes, colonizables
y, en definitiva vulnerables: criticaron décadas muy atrás como vende-patrias a
los que lograron nacionalizar la industria petrolera e hicieron de PDVSA una de
las transnacionales más importantes del mundo, dejando como resultado de casi tres
décadas e socialismo la desnacionalización práctica de una industria quebrada y
endeudada. Importa reconocer, sobre todo, que un Estado sin capacidades propias
queda expuesto a las presiones externas, cualquiera sea su procedencia, y
pierde margen para defender con eficacia sus intereses nacionales, como la
lección más dramática no nos arroja en la cara el interinato presidencial.
Nada ocioso sería, por ello, que legos y entendidos, en la opinión pública, los círculos gremiales y, esencialmente, los académicos, así como las direcciones partidistas, impulsen un debate abierto sobre la política internacional venezolana dentro de un proceso que conduzca finalmente a la transición. Recuperar la credibilidad republicana exige reequilibrar las complejas relaciones exteriores y fortalecer los mecanismos permanentes del Estado mediante un capital humano de calificada trayectoria y solvencia moral.
Deberá rescatarse la experiencia institucional que alguna vez permitió disponer de una cancillería confiable, junto con mecanismos como el Consejo Asesor de Relaciones Exteriores (CARE) y otras iniciativas susceptibles de actualización, sin caer por ello en nostalgias institucionales ni en la simple restauración del pasado. Por lo pronto, lucen prioritarias la despartidización de la política exterior, la recuperación de una diplomacia profesionalizada y la atención sostenida a la inmensa diáspora venezolana.
Una futura transición no puede limitarse a realinear a
Venezuela con los principios y valores occidentales, por legítima que sea su
recuperación, sino que debe reconstruir la capacidad del Estado para idear,
diseñar e implementar una política exterior propia. Se trata, en definitiva, de
recobrar la independencia republicana mediante instituciones capaces de
sostener nuestros legítimos intereses, ejercer la soberanía y honrar
responsablemente los compromisos internacionales contraídos.
Ilustración: IA/lb
31/08/2026:
domingo, 30 de agosto de 2026
Caza de citas
“Dejando caer la cabeza, el censor nuevo exhaló un suspiro.
—No tendría que haber estado pensando.
—Exacto. Un censor de libros no debe jamás adentrarse en las aguas de la interpretación.
—Sí.
—Y usted… usted está nadando en ella”
Bothayna Al-Essa
(“La biblioteca del censor de libros”, Fiordo Editorial, Buenos Aires, 2025: 63)
Reproducción: Aad Goudappel.
Noticiero retrospectivo
- Laura Weffer Cifuentes entrevista a Darcy Ribero con fotografías de Luis Vallenilla. El Globo, Caracas, 02/06/1993.
- Edith Guzmán entrevista a Morella Múñoz. El Nacional, Caacas,03/06/84.
- Junio Pérez Blasini y Luis Piñerúa Ordaz. Economía Hoy, Caracas, 04/08/89.
- Gerver Torres. “Privatizaiones indesebles: una alerta para la izquierda”. El Nacional, edición aniversaria, 03/08/92.
- David Morales Bello. “La hipoteca del progreso social”. 2001, Caracas, 16/03/79.
Reproducción: Jesús Soto según Ras. El Nacional, 16/10/69.
Comala
ESPECTROS DE UNA REALIDAD POLÍTICA QUE YA CAMBIÓ
Luis Barragán
Los
hechos políticos nos remiten a acontecimientos, conductas, decisiones o
relaciones concretas de poder que se imponen como realidades inmediatamente
perceptibles y difícilmente modificables. Ejercen una irresistible influencia a
veces intimidante o perturbadora en la población y en el ámbito personal, tras
su formidable impacto en la dirección, organización y distribución del poder.
Exactamente
fue lo que ocurrió el 3-E para sorpresa de todos, por cierto, aflorando una corriente
de optimismo en las redes digitales que compensan la falta de medios
alternativos para medir el bienestar o malestar del país. Con todo lo trampeadas
que también están, en una sociedad reprimida y (auto)censurada, se notó en
principio una genuina corriente de opinión que impregnó de optimismo las redes
con todo y lo trampeadas que también están a propósito de la consabida extracción
de Nicolás Maduro.
Extracción
que nos condujo a un proceso político antes inimaginable y con un poderoso
imaginario social que rápido se infla y rápido se desinfla para escarnio o celebración
de un liderazgo político realmente atomizado en las dos aceras, forzado a
dejarse representar por actores transitorios como más o menos ha ocurrido en la
última década y media. El papel que ha jugado la Constitución de la República
ha sido prácticamente nulo frente al arrollador hecho político que obliga al
gobierno a invocar el texto como un relato mínimo y posible para intentar
preservar la lealtad de sus cuadros, incluida una mesa de negociación que, a
ratos, presentan como si fuese una concesión graciosa al “oposicionismo”.
Poco
importa que coincida la excarcelación de prisioneros políticos, quedando otros
pendientes, con las sesiones formales e informales de la consabida mesa, pues
algunos voceros oficiales niegan que la excarcelación haya sido objeto de
discusión formal o informal a favor del relato en cuestión. E, igualmente, se
hacen y nos hacemos los pendejos porque no se llenaron los extremos de los
artículos 233 y 234 constitucionales, quedando la queja por ahí la queja doctrinaria
de los más avisados y la improvisada de los leguleyos de ocasión en torno a las
faltas absoluta y temporal del presidente de la República.
Nos
hemos deslizado hacia un país fantasmal: de nuevo Comala, en lugar de Macondo,
en país en el que la Constitución es invocada retóricamente para sostener algo más
que un relato que es el de la apariencia de continuidad institucional. El hecho
político se impone a la norma constitucional porque las instituciones han perdido
capacidad efectiva para procesarlo. Luego, la Constitución permanece como
lenguaje de legitimación, pero ya no funciona con igual eficacia como
instrumento de ordenación de la realidad política y de esa fractura surge la Venezuela
fantasmada al sobrevivir ciertas formas, discursos y rituales del Estado
mientras disminuye su correspondencia con el poder efectivo.
Esa
discursividad puede advertirse en escenas casi espectrales: la pequeña tropa de
la Guardia Nacional que trota de madrugada por las calles adyacentes, coreando
a viva voz la hazaña del 4-F; o, de manera todavía más gráfica, en la valla
colocada a la entrada de la Comandancia General en El Paraíso, Caracas, que
reclama la devolución de Maduro y de su esposa. Vecinos y transeúntes coexisten
con esa versión de la realidad de un poder que se supone del Estado, por
cierto, en los términos del artículo 328 de la Constitución.
Un
ritual del pasado, remembranza de los soldados que ni siquiera habían nacido en
1992, o la negación simbólica del presente con una valla que está ahí, en el
paisaje cotidiano, mientras la realidad atenaza cruelmente a peatones y
conductores de todos los estratos sociales del lejano oeste capitalino. Sobre
todo al apuntar a la inflación despiadada y a esa sensación pesimista que luce
natural, siendo imposible simularla.
Gráficas: LB (CCS, 31/08/2026).
30/08/2026:
https://lapatilla.com/2026/08/30/luis-barragan-espectros-de-una-realidad-politica-que-ya-cambio/
Luis Almagro y el libro de Marcano Salazar
https://x.com/Almagro_OEA2015/status/2095182860990759010 https://x.com/luisbarraganj/status/2095977796984099203
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