lunes, 5 de octubre de 2026

La apuesta por lo irreal

DE UN LABORATORIO PARA LA TRANSICIÓN: ULA y USB

Luis Barragán

“—Buscamos muchas cosas.

—Se quedó callado un momento—.

El aspecto de nuestro trabajo que

tiene que ver con las anomalías

es una investigación continua

sobre si vivimos en una simulación”

Emily St. John Mandel (*)


Planteado en Venezuela un proceso de transición, sentimos que el gobierno trata de delimitarlo en todo cuanto le sea encubiertamente posible, al mismo tiempo que celebra la presencia del inesperado —aunque comprensivo— tutelaje convertido en una nueva fraternidad binacional, de acuerdo con el discurso neoyorkino de la encargaduría presidencial. Dirán que el proceso solo concierne a las muy altas esferas del Estado, para buscar después neutralizar sus consecuencias y evitar que se convierta, además, en un sentimiento generalizado y, sobre todo, tolerado por quienes buscan sobrevivirle a Donald Trump en cualquier trance.

Fuere de transición o de reacomodo, según la apuesta oficial, el sector universitario constituye ahora un ejemplo del ritmo que adquieren los acontecimientos y de las expectativas naturales de cambio que produjo un hecho tan excepcional como el del 3-E. La última sesión del Consejo Nacional de Universidades (CNU) reveló muy bien las intenciones del rodrigato: normalizar, con la mayor sagacidad y prontitud posibles, una situación cuya deliberada persistencia en las anomalías únicamente conduce a la simulación como objetivo estratégico.

Ya, por muchísimos años, el régimen ha impedido que se realicen las elecciones rectorales, poniendo el mismo empeño en las de los gremios e intentando la deslegitimación, por asfixia, del liderazgo que, en última instancia, representa también a la sociedad civil; apenas hizo la excepción con la Universidad Central de Venezuela (UCV), mientras pretenden ahora abortar las de la Universidad de Los Andes (ULA), como cínicamente lo ha hecho con la Universidad Simón Bolívar (USB). Tienen un miedo pavoroso a que se alborote el avispero y, como si faltara un par de detalles, ignoran las sobradas razones que hacen igualmente excepcional la etapa que vivimos, mientras fingen una gobernabilidad y una gobernanza (identifiquémoslas como G&G) que no existen, al asegurar un ingreso promedio de $500 para el profesorado y proponer, a deshoras, un proyecto de ley de universidades tras la sostenida violación de la letra constitucional, por conducto de la mismísima ministra de Educación Superior (significativamente, integrante de la consabida mesa de negociaciones), lo que ha causado indignación.

La fórmula es sencilla: hay G&G cuando existe capacidad política para conducir, nacional y sectorialmente, la transición y, al mismo tiempo, funcionan adecuadamente las instituciones mediante la coordinación de los más diversos actores. Por consiguiente, cuando ello no ocurre, no hay G&G y la transición corre el riesgo de convertirse en parodia y reacomodo, hipótesis que puede trabajarse a cabalidad con autores como Juan Linz y Alfred Stepan para someter a examen lo último ocurrido con la ULA y la USB para arribar a una conclusión obvia.

Examen que consiste en responder preguntas como estas: ¿Las universidades pueden elegir libremente a sus autoridades? ¿Se respeta su autonomía normativa y administrativa, así como la inviolabilidad del recinto universitario? ¿El Estado devuelve progresivamente las capacidades financieras que les corresponden? ¿El Poder Judicial deja de intervenir para impedir sus procesos internos? ¿Las instituciones recuperan la capacidad de autogobierno?

Así las cosas, evitando inútilmente la expansión del sentimiento a favor de la transición, las escaramuzas más recientes que tuvieron por escenario la esperada sesión del CNU ayudan a medir muy bien cómo marcha el cambio y la confianza que genera un gobierno que festeja a Trump en cualquier ocasión. Entonces, ¿se trata de trabar y frustrar a toda costa la elevación de las capacidades que permitan la reconstrucción del Estado en Venezuela? ¿Convertir a Caracas en el escenario de todas las formalidades de una transición reduce la sociedad? ¿No constituyen la ULA y la USB una suerte de laboratorio que ayuda a explicar el proceso político global que realmente vive el país?

Noticioso o no, todo lo que acaece en Venezuela y entre los venezolanos incide naturalmente en el curso político de las cosas y de todas las cosas. Luego, la transición que está pendiente no es cuestión privativa de los actores circunstanciales del proceso.

(*) “El mar de la tranquilidad”, Ático de los Libros, Barcelona, 2022: 118.

Ilustración: Stephan Schmitz.

05/10/2026:

https://opinionynoticias.com/opinionpolitica/45021-de-un-laboratorio-para-la-transicion-ula-y-usb

domingo, 4 de octubre de 2026

Caza de citas


“—Buscamos muchas cosas. —Se quedó callado un momento—. El aspecto de nuestro trabajo que tiene que ver con las anomalías es una investigación continua sobre si vivimos en una simulación”

Emily St. John Mandel

(“El mar de la tranquilidad”, Ático de los Libros, Barcelona, 2022: 118)

Reproducción:   Lubomir Arsov.

Noticiero retrospectivo





- Telmo Almada. Música para ascensores”. Economía Hoy, Caracas, 03/06/1993.

- Raúl Sosa y los protocolos de Puerto España y Pacto Andino. El Nacional, Caracas, 02/03/72.

- Petrus. “Orlando Araujo habla sobre su ingreso al PCV”. Tribuna Popular, Caracas, 06/07/84.

-  Adolfo Herrera y el naufragio de URD. Qué Pasa en Venezuela, Caracas, N°4 del 22/02/64.

- Joaquín Marta Sosa. “Los filántropos”. Punto, Caracas, N° 87 del 04/05/73.

Reproducción: Edito José Ramírez. Élite, Caracas, N° 2059 del   . Elite 2059 del 06/03/1965.

Etiqueta marrón

Transición o continuismo: el caso de la Universidad Simón Bolívar

Luis Barragán

La crisis se expresa en los más variados ámbitos y tiende, así, a confundir a la propia opinión pública, mientras la estrategia comunicacional del oficialismo procura frenar o neutralizar cualquier animadversión, disidencia u oposición aparentando una transición que todavía no reconoce explícitamente, ganando tiempo para un reacomodo que, en definitiva, encubre el más vulgar continuismo. El caso de la Universidad Simón Bolívar resulta francamente patético al ejemplificar los lineamientos de la encargaduría presidencial, pero también al revelar el forcejeo interno del chavismo, al que igualmente le falta conducción política.

Recordemos que la casa de estudios fue intervenida hace cinco años por el Gobierno nacional, bajo un mandato constitucional y legal muy claro para realizar los comicios rectorales en un plazo perentorio de 180 días, pero aquellas autoridades escogidas a dedo terminaron demostrando una manifiesta incompetencia. Los interventores tienen, en efecto, poco más de cinco años de un eterno interinato, en abierto conflicto con los gremios, incluyendo la confiscación de la Casa del Profesor, mientras estiran la provisionalidad a más no poder en nombre, santo y seña del chavismo.

Es inevitable señalar, por otra parte, la negligencia y destrucción de la universidad, largamente denunciadas por los medios disponibles y planteadas oficialmente, hasta el punto de recomendarse el reemplazo inmediato del elenco responsable del desastre. Fue tan evidente la gravedad de la situación que la otrora novísima ministra de Educación Superior invitó públicamente al gremio profesoral a conversar, y este, incorporando al estudiantado y a los egresados, aceptó la invitación para un diálogo que efectivamente aconteció en la sede ministerial.

Toda la gravedad del caso fue expuesta en aquella oportunidad y se anunció una pronta solución a los problemas materiales inmediatos de la sede académica, así como a la situación de unas autoridades abiertamente cuestionadas que, por cierto, jamás han respondido a los señalamientos formulados y simple y olímpicamente desconocen a los dirigentes legítimamente electos por cada gremio. Se pidió paciencia, y lo conducente era, y todavía es, sustituir la terna interventora para designar otra con el propósito de regularizar la vida institucional de la Simón Bolívar, golpeada durante más de una década.

Todo estaba encaminado al cumplimiento de la solución más sensata y realista, cónsona, además, con el espíritu de una transición democrática en los términos en que socialmente se ha entendido, pues, como ocurre en el escenario nacional, todavía no están dadas las condiciones para unas elecciones rectorales, aunque algunas voces hayan llegado a sugerir que estas podrían favorecer a los propios interventores. Hubo comprensión y consenso para resolver el caso de la mejor manera, pues ¿cómo dialogar con unos interventores cuyo mandato, limitado a 180 días, ha sido prolongado durante cinco años y que, literalmente, le han cerrado la puerta a la dirigencia gremial?

¿Por qué confiarles la organización de unos comicios, lo que equivaldría a llamar y apersonar a Nicolás Maduro para que vele por las próximas elecciones presidenciales? La pregunta inevitable es qué reflejo exacto emana de este enredijo político interno del Gobierno, cuando incluso una solución elemental —sustituir a quienes han fracasado por otros que permitan recuperar progresivamente la institucionalidad— parece convertirse en materia de una dura disputa.

En voz baja circuló la terna que sustituiría a los interventores, compuesta ciertamente por chavistas, pero integrada por personas reconocidas por una limpia trayectoria académica y profesional que inspiraba confianza y demostraba una voluntad de entendimiento. Entonces, cuando todo parecía comprometido para la debida sustitución, el Consejo Nacional de Universidades terminó colocando dos medallas, que en última instancia corresponden a la mesa de negociación que tiene a la citada ministra como integrante: la continuidad de los interventores que tuvieron cinco largos años para dialogar y arrogantemente no lo hicieron, impidiendo las elecciones ni ahora ni más adelante y llegando incluso a suspender los comicios en la Universidad de Los Andes bajo cualquier pretexto.

Es excesivamente evidente que no hay siquiera la intención de un reacomodo en la Universidad Simón Bolívar, sino la continuidad de una destrucción manifiesta que impide recuperar la institucionalidad, clave de todo cambio sustancial, al tiempo que se desconoce la trayectoria de potenciales sucesores en el rectorado tan chavistas como los actuales interventores. El reflejo, indudablemente, es el de una resistencia nacional del madurismo al menor cambio posible, por milimétrico que sea, en una dura batalla cuyo horizonte parece ser obstaculizar la gestión de la encargada presidencial, aunque jamás honrarán con su propio pellejo el compromiso de defender la soberanía territorial.

Guillermo O’Donnell, el transitólogo por excelencia en América Latina, identificó como zonas marrones aquellas en las que la autoridad del Estado resulta demasiado precaria, las leyes no se cumplen y predominan los intereses de hecho, sin protección efectiva para la ciudadanía. Esta es la etiqueta que debemos colocar a las puertas de la Universidad Simón Bolívar: una zona marrón al lado de la roja-rojita, donde la provisionalidad se hizo permanente, la excepción pretende hacerse regla y la recuperación de la institucionalidad continúa siendo, paradójicamente, el principal obstáculo para cualquier transición.

Ilustración: Malay Banerjee.

04/10/2026:

https://lapatilla.com/2026/10/04/transicion-o-continuismo-el-caso-de-la-universidad-simon-bolivar-por-luis-barragan/

Responsabilidad ompartida

DAR FRUTO, SER CAUCE

(San Mateo, 21: 33-43)

Enrique Martínez Lozano

Una lectura infantil convierte a esta parábola en una historia de «buenos y malos» y presenta a Dios como un ser separado –incluso distante físicamente: «se marchó de viaje»- que, sin embargo, controla y exige a quienes dejó en sus tierras…

Una lectura infantil convierte a esta parábola en una historia de «buenos y malos» y presenta a Dios como un ser separado –incluso distante físicamente: «se marchó de viaje»- que, sin embargo, controla y exige a quienes dejó en sus tierras. No es extraño que se haya leído así, ya que las dos características señaladas –Dios como ser separado e intervencionista (exigente)- son muy típicas de los mitos.

Por eso, en cuanto tomamos distancia del mito –es decir, pasamos de un nivel mítico de conciencia a otro racional-, algo nos dice que ésa no puede ser la lectura adecuada.

La primera clave de comprensión nos viene cuando captamos el objetivo que la parábola pretende: sintetizar la historia de Israel desde la perspectiva de la primera comunidad cristiana que, por otra parte, se considera a sí misma como el «nuevo pueblo» que «produce frutos».

Lo que se nos ofrece, por tanto, es un resumen de la historia del pueblo judío que, no sólo no dio los frutos esperados, sino que persiguió y ejecutó a profetas y enviados de Dios, incluido su propio Hijo (Jesús). Por eso –concluye aquella comunidad-, ese pueblo ha sido reprobado –el castigo que se menciona evoca la ruina de Jerusalén, en el año 70- y sustituido por un nuevo pueblo elegido: los que han creído en Jesús, «la piedra desechada» que, sin embargo, ha resultado ser «la piedra angular».

La cita está tomada del Salmo 118, uno de los textos del Antiguo Testamento, al que la comunidad cristiana alude con frecuencia. Parece que encontró en él la explicación de la paradoja de la cruz: ¿cómo podía ser que el crucificado fuera el Señor? El Salmo les ofrecía una respuesta contundente.

Hoy podemos comprender que aquella primera comunidad hiciera esa lectura de la historia del pueblo judío, teniendo en cuenta, además, el creciente enfrentamiento que vivía con la sinagoga.

Sin embargo, una necesaria toma de distancia nos permite acercarnos al texto con nuevos ojos. Y ahí surge, inevitable, la pregunta: ¿cómo vería Jesús todo eso?, ¿cómo lo viviría?

No parece que sea posible responder a esas cuestiones con certeza. Por un lado, es indudable el conflicto que vivió con la autoridad religiosa de su pueblo; pero, por otro, no casa bien con su mensaje la idea de un Dios separado («el Padre y yo somos uno»), ni la de la «venganza» divina, ni el proselitismo que desecha a su propio pueblo. Todo ello parece más típico de la comunidad naciente que del maestro de Nazaret.

En cualquier caso, podemos acercarnos al texto desde nuestra conciencia racional, o incluso transpersonal, para acogerlo desde ella, y permitir que pueda ser «traducido» a nuestro nuevo «idioma cultural».

Al hacer así, caemos en la cuenta de que la parábola habla de todos nosotros, cuando no damos fruto. Eso ocurre cuando vivimos egocentrados, girando en torno a los intereses de nuestro ego. La identificación con él puede llegar al extremo de «matar a los enviados», con tal de obtener «beneficios».

Frente a esa trampa, que conduce a la muerte, la parábola constituye una llamada para que demos «fruto». Ahora bien, de acuerdo con el propio mensaje del evangelio –tal como hemos ido viendo en las semanas inmediatamente anteriores-, «dar fruto» no tiene que ver con las ideas del mérito y la recompensa, sino que es necesario entenderlo desde la gratuidad.

En este sentido, el «fruto» –siempre a favor de la vida y de las personas- brota de la comprensión de quienes somos y pasa a través de nosotros, como de un «cauce» que ni retiene, ni se apropia, ni presume de ello.

Cada vez que surge alguna de las actitudes contrarias –apropiación, orgullo, vanagloria…-, es señal de que nos hemos reducido a nuestro ego: hemos vuelto a vivir egocentrados y a bloquear el flujo de la vida y del amor a todos los seres.

Parece claro, por tanto, que el «dar fruto» implica tomar distancia del ego. Lo cual, a su vez, es posible en tanto en cuanto vamos despertando a nuestra verdadera identidad. Porque, mientras piense que soy el yo, no podré sino –a pesar de mis buenas intenciones- vivir para él; sólo en la medida en que comprendo la Identidad «compartida» (no-dual) que somos, resultará posible una forma de vivir desegocentrada. No somos el yo, sino la Conciencia que se expresa en la «forma» de este yo. Para percibirlo, hay que tomar distancia de él, acallando la mente. Por eso, en cuanto te paras –queda conciencia sin pensamiento-, puedes percibir que no eres nada de lo que ocurre (nada de lo que piensas que eres), sino el «espacio consciente» en el que todo ocurre. Y en cualquier momento, aunque sea fugazmente, puedes experimentarlo.

¿Qué significa, en esta «traducción», la referencia a Jesús como «piedra angular»? En la tradición cristiana, reconocemos a Jesús como el «espejo» luminoso en el que todos nos vemos reflejados, en la No-dualidad que somos. Por eso, podemos llamarlo «piedra angular» (que no descarta ni –como ocurría en la conciencia mítica- entra en comparaciones con otras posibles «piedras angulares»: nada de eso tiene sentido en la conciencia no-dual, porque nada está separado de nada).

Por la misma razón, caen los conceptos de «pueblo elegido» y «única religión verdadera»: porque cae el presupuesto (mítico y mental) en el que se apoyaba precisamente la misma comparación. Lo cual no significa olvidar la razón crítica, ni igualar todo en un irenismo amorfo, ni apostar por el relativismo… Nada de eso. Es algo radicalmente más profundo, nada menos que un «cambio de conciencia»: dejamos de ver las cosas desde la mente (y el yo: todas las religiones son religiones del yo) para empezar a percibirlas desde la Conciencia, que es no-separación. La mente sigue ocupando su lugar, continuamos apreciando las diferencias y discriminando lo que nos parece adecuado y lo que no… Pero todo ello lo hacemos ahora desde la «nueva conciencia» que ve en profundidad.

Esta es la visión de la espiritualidad genuina: una espiritualidad que, reconociendo la riqueza de las religiones y de los textos sagrados de las diferentes tradiciones, las trasciende. Una espiritualidad, por tanto, transreligiosa y transconfesional.

De ese modo, vamos abandonando la «estrechez» de la mente y nos podemos abrir a la Vida, a toda vida, reconociendo en ella a la Mismidad de Lo Que Es, que Jesús llamaba Abbá, y que las religiones han nombrado Dios.

CANTO A LA VIDA

(Jiddu Krishnamurti)

No tengo nombre,

soy como la fresca brisa de los montes;

no tengo asilo,

soy como las aguas sin abrigo;

no tengo santuario, como los dioses misteriosos,

ni estoy en la sombra de los templos solemnes;

no tengo sagradas escrituras,

ni estoy sazonado en la tradición.

No estoy en el incienso

que sube a los altares,

ni en la pompa de las grandes ceremonias;

tampoco estoy en la dorada imagen,

ni en el sonoro canto de una voz melodiosa.

No estoy limitado por teorías,

ni corrompido por creencias;

no soy esclavo de las religiones,

ni de la pía asistencia de sus sacerdotes;

no soy engañado por filosofías,

ni el poder de sus sectas me da nombre.

No soy humilde ni conspicuo,

ni apacible, ni violento;

yo soy el Adorador y el Adorado,

yo soy libre.

Mi canción es la canción del río

en su anhelo por los mares inmensos

divagando, divagando.

Yo soy la Vida…             

Ilustración: Christ Pantocrator, VIe siècle. Encaustique, 84 x 45,5 cm. Monastère Sainte-Catherine du Mont Sinaï, Mont Sinaï. Tomado de: Ernest Renan (2010) "Le Christ dans l´art". Parkstone Press, N.Y.  

29/09/2011:

https://www.feadulta.com/dar-fruto-ser-cauce/

Padre S. Martín: León despierta la fe en Francia mientras Alemania presiona para ordenar hombres casados.

https://www.youtube.com/watch?v=VJY3eMAe95Y

Papa León:
Cardenal Porras:
Padre Guzmán:
Monseñor Munilla:

jueves, 1 de octubre de 2026

Inspección ocular: arboleda


Los primeros días de septiembre del presente año, atestiguamos el talado paulatino de un gran árbol ubicado a la entrada del liceo Eduardo Crema (antes, de Aplicación), en la avenida Páez de El Paraíso de la ciudad capital. Podía caer sobre el inmueble educativo con las consecuencias del caso, además, ahora ocupado por refugiados del doble terremoto, aparentemente muy organizados, con gran presencia policial y de organismos públicos de apoyo; significativo, con cámaras de seguridad, una capa de pintura para la edificación y sendos policías acostados portátiles. Un hecho lamentable, se nos comentó que, al segundo o tercer día, murió un talador quizá por un chispazo eléctrico que no tuvo trascendencia: lo más probable, no era del oficio, no contaba con una confiable póliza de seguro, dejó al desamparo a la prole.

Hay un proceso de desarboladura de Caracas que termina integrándose a esa nueva normalidad ya vieja de la metrópoli siglo XXI cambalache. Empero, la cuestión está en el derribamiento por urgencia de los hermosos y centenarios árboles, después olvidados: puede preverse siempre el crecimiento y la dirección del árbol con una poda oportuna y especializada, nos imaginamos. Evidentemente, no ha ocurrido hacia arriba ni hacia bajo, porque la otra tala, dejado los restos mortales en las aceras, se debe al levantamiento excesivo del pavimento que un profesional del ramo sabe cómo tratar, precaver y resolver garantizando la sombra y el oxígeno de un también disputado hogar que el árbol adentro.

Fotografías: LB (CCS, 09/09/2026).

LB

miércoles, 30 de septiembre de 2026

Ejercicios gráficos para un par de textos sobre la Fuerza Armada


Referencia; José Ortega y Gasset (2025). “Mirabeau o el político.  Escritos políticos II (1920-1930)”. Alianza Editorial, Madrid. Diseño de colección: Estrada Design Diseño de cubierta: Manuel Estrada Fotografía de Javier Ayuso.

IA/lb.

La apuesta por lo irreal

DE UN LABORATORIO PARA LA TRANSICIÓN: ULA y USB Luis Barragán “—Buscamos muchas cosas. —Se quedó callado un momento—. El aspecto de ...