DE LA ANOMIA SOCIAL A LA POLÍTICA
Desde aquel ya lejano bachillerato en humanidades y el
inicio de los estudios de derecho, andamos con la noción sociológica a cuestas
que tuvo a bien abordar audazmente el seminario internacional de política y antipolítica realizado en Caracas a finales del siglo pasado. Intentando
decodificar la naturaleza esencial del régimen, uno que otro apela a la anomia
como un buen pretexto para cubrir la columna de opinión, generalizando la
expresión al extremo de hacerla banal.
En una anterior ocasión, empleamos el artefacto verbal
para distinguir al socialismo de este siglo: el Estado anomizador que sugiere un
cambio de dirección para superarlo. Sin embargo, la tarea requiere de un
esfuerzo de autodisciplina social que recomienda la campaña correspondiente de
los partidos y demás manifestaciones de una activa civilidad en los días que
cursan.
Solemos, por una parte, olvidar que la anomia social
se da en ámbitos muy específicos que se suponen organizados y estructurados:
hay gremios que no renuevan sus autoridades internas desde hace más de veinte
años, pero osan reclamar libertad y democracia en la calle; o pistas para el
entrenamiento deportivo suficientemente regladas con jóvenes vanidosos que
atropellan e insultan a los muy adultos, por no mencionar los curiosos grafitis
de envidiable caligrafía y estúpida obscenidad. Podrá alegar el gobierno la
insensibilidad de los muy anteriores que no facilitaron un asiento para esperar
la llegada del tren en el metro de Caracas, callando que la aspiración y logro
fue la de una mayor puntualidad, rapidez y eficiencia; o la dura y efectiva
sanción moral de los viandantes para los consumidores de alimentos dentro del
sistema.
E, igualmente, por otra, la anomia política la exponen
los propios cuadros de conducción, pues, la dirigencia exiliada, especialmente
la de Estados Unidos, guardó silencio con la injusta deportación de venezolanos a El Salvador; o que aún no hay una libre y convincente deliberación en las
cámaras parlamentarias y edilicias, como tampoco existe en los órganos
ejecutivos solo nominalmente colegiados del promedio de los partidos. Por
obvias razones, nuestros paisanos hubiesen agradecido recientemente en Chile un
discurso un poco más denso de gratitud por la acogida y solidaridad que incluyera
a Andrés Bello y sus extraordinarios aportes al gran país del sur, por no
mencionar con habilidad y respeto la acogida y solidaridad que le dimos por
muchos años a los chilenos sometidos a una feroz dictadura.
Rebecca Hanson, Verónica Zubillaga y David Smilde, al
introducir una magnífica obra colectiva intitulada “The Paradox of Violence in
Venezuela” (University of Pittsburgh, 2023), aciertan al correlacionar la
anomia social con la política: gobernanza criminal, militarización policial y
políticas de seguridad, debilidad y transformación del Estado, para arribar al
paradójico fenómeno observado de un aumento de la violencia y la conflictividad
en el período de menor pobreza y mayor igualdad. Entonces, la pobreza no fue ni
es el factor preponderante, sino la debilidad del Estado de Derecho, la pérdida
de legitimidad de las instituciones y partidos, la multiplicación de los
actores políticos informales y agresivos, la desconfianza ciudadana en la
representación, la corrupción sistémica, entre otros motivos.
La política como apostolado y servicio constituye una
dimensión esencial que ha sido liquidada por el populismo muy bien arraigado en
los escenarios públicos, absolutamente mesiánico y de gratificaciones
instantáneas. Se dirá, bien pendejo es el que no hace de la política un modo de
vida de acuerdo a los códices prohibidos, pero a la vez objetos del más amplio
conocimiento y perversa pedagogía.
Una tarea favorable y hasta indispensable para la
transición deseada, es la urgente y masiva formación social, política e
ideológica de las organizaciones de la sociedad civil y de los partidos
llamados a un necesario consenso nacional. Importa tanto la reescolarización de
la población para una convivencia saludable, real y pacífica, como la pronta
reivindicación y capacitación institucional del Estado que ahora no le da
siquiera una vuelta al campo trillado por sus aprovechadores.
Ilustración: Rafat Alkhatib.
Fotografías: LB, UPEL (Caracas, 03/02/2026).
16 y 17/03/2026:
https://www.elnacional.com/2026/03/de-la-anomia-social-a-la-politica/
https://opinionynoticias.com/opinionpolitica/44122-de-la-anomia-social-a-la-politica











