martes, 22 de septiembre de 2026

Los goles de goles

COMPETENCIA EN LA TRANSICIÓN

Luis Barragán

Convengamos: la presente etapa pretransicional levanta las más obvias expectativas en torno a las distintas elecciones que debemos celebrar para convencernos de trillar el camino del cambio definitivo. Sin embargo, es necesario advertir que el proceso que nos compromete no suprime la competencia, sino que modifica y transparenta radicalmente sus condiciones.

Habrá quienes apuesten por la construcción de sendas barricadas comiciales, trincheras cerradas para no someter a prueba la realidad interna de los partidos, como también suelen evitar las organizaciones de la sociedad civil. Siendo la competencia un dato natural en la búsqueda del poder político, da soporte y fundamento a las aspiraciones, intereses, alianzas, concertaciones y disputas mediante reglas que legitiman el proceso, en lugar de aquella competencia nominal o formal caracterizada por la deslealtad, el ventajismo, la mentira, la extorsión y la coacción que hicieron perdurable, acumulativo y artificioso todo conflicto, a juzgar por lo transcurrido en el presente siglo.

La propia transición es objeto de rivalidades empeñadas en interpretarla y construirla, por no mencionar las que se esfuerzan en obstruirla, procurando imponer su interpretación, tiempos y condiciones que el fortísimo tutelaje olímpicamente ignora, dándole poco o ningún margen de disputa interna y externa a los negociadores que actúan sobre reglas que ya vienen decididas. La fidelidad transicional es lo mínimo que se les pide a las partes, aunque —al menos públicamente— desconocemos las reglas pendientes de considerar y aplicar para aquellas fases avanzadas en las que presumimos habrá una redistribución de intereses, oportunidades y costos políticos, provocando nuevas adhesiones y animadversiones.

Aceptamos que no todos los que juran aspirar al cambio coinciden en el mismo modelo transicional, como tampoco todos desean que concluya. Hay quienes se esforzarán en conquistar el poder con las nuevas reglas y otros en preservarlo, o preservar cuotas importantes, mediante una modificación gatopardiana de conveniencia y cálculo.

De asumir la transición como una recomposición continua de incentivos y costos políticos, comprenderemos que preservar las posiciones, ceder, negociar, retardar, acelerar, bloquear o pactar no siempre tiene el mismo precio. Siendo indispensable la participación abierta para la legitimación del proceso, aparecerán nuevos actores y exigencias en un espacio social nada homogéneo, cancelado durante casi tres décadas, con demandas muy definidas e impostergables, exigencias de justicia y rendición de cuentas, protagonistas de una —ojalá— distinta competencia pluralista al compás de la inevitable incertidumbre y también de las emboscadas, ardides y tramas propias de las pugnas que escapan de las reglas.

Importa, por ello, la capacidad de competir, porque pregonar la sola condición opositora no hará automáticamente competitivo al partido o al dirigente. Hasta nuevo aviso, entendemos que deben contar con credibilidad, capacidad de convocatoria, organización, reconocimiento social, propósito definido, capacidad de articulación de intereses diversos, trayectoria y, sobre todo, una propuesta de poder y capacidad para convertir el descontento en un esfuerzo políticamente eficaz.

Dadas las asfixiantes condiciones de la centuria, reaprendamos a ser competitivos, aunque – admitamos – no será suficiente para atajar el nivel de atomización hábilmente inducida de los sectores políticos y sociales de la oposición. La competencia misma puede facilitar la unidad esencial y convincente, remontando la cuesta de coaliciones específicas y concretas para afrontar los desafíos electorales, garantizar la continuidad del cambio y sortear exitosamente las triquiñuelas de un oficialismo que, a lo mejor, se hará irremediablemente competitivo, como lo supo hacer un ya remoto día de la mano de Luis Miquilena.

La competencia transicional abre la posibilidad de una genuina, limpia y convincente disputa por el poder, que incluye la posibilidad de perderlo en cualquier nivel y escala, pero con la continuidad garantizada de esas reglas. Éstas deberán escapar del control absoluto de alguna individualidad o de la mayoría ganadora de los cuerpos deliberantes, por más que lo diligencie, suscitando el celo permanente de todos.

Atentos, pues, a no confundir los indicios ciertos y fundados de una transición con la transición misma hacia la libertad y la democracia y, muchísimo menos, con una maniobra de reacomodo del orden existente. La distinción importa algo más que metodológicamente, porque allí donde inicia una competencia por la transición, también propicia la aparición o el regreso de aquellos que procurarán condicionarla, retardarla o impedirla.

Fotografías: LB, campo deportivo de la UPEL, El Paraíso (Caracas, 25/08/2025).

26/09/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/09/competencia-en-la-transicion/

 

lunes, 21 de septiembre de 2026

Los pasos perdidos

DE LA TRANSICIÓN Y LA UNIVERSIDAD EN VENEZUELA

Luis Barragán

Desde hace mucho tiempo es evidente que las grandes mayorías desean un cambio en Venezuela de dimensiones históricas, más allá de las cosméticas que delatan a no pocos pregoneros del oficialismo y de la oposición. Está planteada una transición como la más firme demanda política del momento y, a pesar de la resistencia oficial, negando la libertad a numerosos venezolanos tan injustamente detrás de los barrotes, insistimos en la posibilidad de una experiencia pacífica y reconciliadora.

Las fuerzas gubernamentales deben reconocer con una franqueza que, a pesar de todo lo sufrido, le agradeceríamos, que la situación que padecemos es algo más que coyuntural. Con o sin 3-E, son los responsables directos del colapso desde cualquier perspectiva política, económica, social y cultural con la que quiera mirarse, y la represión y la censura sostenidas y feroces únicamente prolongan la agonía de un Estado cuyas capacidades han sido sistemáticamente demolidas.

Entonces, la exigencia es la de una mayor sobriedad y madurez para afrontar estas realidades tan inhóspitas para todos y, peor aún, para los más empobrecidos desde antes de la vigencia de las sanciones internacionales. Por ello, nos permitimos ejemplificar el asunto con el problema universitario de dimensiones colosalmente acumuladas y agravadas por casi treinta años de un mismo gobierno: ¿para qué repetir en qué consiste el problemario?, ¿por qué habríamos de pretender solventar la cuestión mediante una nueva ley de universidades, en lugar de asumir la transición política?, ¿acaso no perdieron los pasos más que los zapatos en el larguísimo ejercicio del poder?

Luce urgente que el Estado recupere sus capacidades infraestructurales, demolidas por el poder despótico, pues, negado el justo presupuesto de todas las anualidades del presente siglo, la deuda social y económica se ha incrementado hasta niveles insostenibles con nuestras casas de estudios, por citar un ejemplo. Es tal el nivel de la quiebra económica que lo conducente está en reconstruir al propio Estado y sus capacidades, cuyo fortalecimiento institucional debe hacerse sentir en la recuperación de la autonomía y en las elecciones rectorales de todas las universidades, ya que —simplemente— el poder central demasiado poco puede hacer para echarles aunque sea una mano de pintura, y conste que no hablamos de las deserciones estudiantiles y profesorales, de los salarios, del envejecimiento tecnológico de las entidades públicas, entre otros aspectos.

La universidad es uno de los ámbitos en los que puede comprobarse la destrucción de las capacidades estatales y, por tanto, su reconstrucción forma parte de la propia transición. ¿Qué autoridad conservan los funcionarios de un Estado cuyos responsables deben, cuanto antes, abandonar el poder que les quedó demasiado grande, a objeto de facilitar el tránsito hacia una actualización urgente con el siglo en libertad? ¿Inventarán de nuevo las tales constituyentes universitarias que absolutamente ninguna novedad reportan, como quisieron maquillar el drama laboral con otro fetichista artefacto verbal, o hasta dónde pueden estirar la cuerda para atrapar a incautos con promesas legislativas que requieren, ante todo, del fiel cumplimiento de la Constitución de 1999 que ellos mismos hicieron y violentaron?

Fotografías: LB (CCS, 27/12/2025).

21/09/2026:

https://opinionynoticias.com/opinionpolitica/44969-de-la-transicion-y-la-universidad-en-venezuela

domingo, 20 de septiembre de 2026

La cotidianidad como idioma


NOTITARDE. Valencia, 20/09/2026.

Caza de citas

 “—Creo que tu hermana me sacó justo a tiempo —me contó Talia—. Vino al hotel una noche, debió de ser justo después de salir de la cárcel, y me dijo que la policía había abierto un expediente sobre mí, algo sobre la divulgación de información confidencial.

—Para ser justos, tenías la costumbre de divulgar información confidencial”

Emily St. John Mandel

(“El mar de la tranqulidad”, Ático de los Libros, Barcelona, 2022: 193)

Ilustración: Christoph Niemann.

Noticiero retrospectivo


- Carlos Moros entrevista a Pedro Méndez Mora: la formación de militantes y el IFEDEC. El Nacional, Caracas, 16/03/1981.

- Américo Martín y la lucha obrera en Venezuela. Summa, Caracas, N° 53 el 01/07/72.

- Edward E. Luttwak. “La geopolítica ha muerto … ¡Viva la geoeconomía!”. Economía Hoy, Caracas, 30/05/93. Edición aniversaria.

- José Vicente Rangel. “¿Qué reforma del Estado?”. El Universal, Caracas, 20/06/84.

- Carlos Meneses. “Los amores de Guillermo Cabrera Infante” (“La Habana para un infante difunto”). 2001, Caracas, 16/03/80.

Reproducción: El Nacional, Caracas, 25/10/1963.

Escenario de los próximos tiempos

  https://www.youtube.com/watch?v=PiiNTnNilSw