14/10/2026:
La Fuerza Armada en la República
Nominalmente republicana y
constitucional, la Fuerza Armada Nacional (FAN) ha estado sometida a los
avatares de una prolongada crisis, propia de la acentuación del Estado
despótico y, específicamente, de la supervivencia política del comandante en
jefe a cualquier precio. Responsabilidad inherente al ejercicio presidencial, terminó
convertida bajo el socialismo del siglo XXI en un inexplicable grado militar, desrepublicanizando
a la corporación castrense y sometiéndola a la ineludible dinámica de ultrapartidización
del propio Estado.
Reivindicando la perspectiva
jurídico-constitucional, el republicanismo también permite comprender a la
institución armada como parte de una comunidad de personas libres e iguales,
regida por las leyes y las instituciones, en la que el poder está limitado,
debe rendir cuentas y admite la participación activa de la ciudadanía.
Imposible concebir el territorio militar como el de un país aparte, amparado en
inmunidades absolutas y en los oropeles de un Estado crecientemente
discapacitado, como lo pusieron de manifiesto los hechos del 3-E.
Corren tiempos para un
reencuentro necesario con el país del que la institución se aisló, encumbrada
en privilegios, entre ellos, una calidad de vida superior a la del resto de los
venezolanos, el desarrollo de intereses ajenos al ejercicio profesional y la
impunidad ante los atropellos denunciados en los informes nacionales e
internacionales de DD. HH. La reintegración social supone también equilibrar el
aula militar con el aula civil, pues la diferencia entre ambas, en materia de
atención y soporte material, revela una desigualdad difícil de justificar en
una República que se pretenda de ciudadanos libres e iguales.
No imaginamos a los
militares como meros espectadores de una transición que se hace proceso, aunque
el tutelaje estadounidense haya limitado la intención de arbitrarla, como quizá
habría ocurrido en una coyuntura continental diferente, tildada de clásica. Las
negociaciones apenas comienzan a traducirse en iniciativas concretas (entre
ellas, las relativas al TSJ y al CNE) y todavía no permiten informar
suficientemente al país, ni a sus distintos sectores sociales, incluidos los
soldados profesionales; entretanto, urge promover entre todo el personal
militar los principios y valores constitucionales, abiertamente contradichos
por las consignas partidistas que el chavismo ha cultivado en las academias y
hasta en los ejercicios cotidianos de la tropa.
¿Por qué habría de suponer que la FAN debe defenderse de una transición democrática llamada, precisamente, a reivindicarla? Podrán etiquetarla de diferentes maneras y surgir propuestas para actualizarla y reorganizarla según las exigencias del momento histórico, pero ni siquiera su hipotética eliminación resolvería el delicado problema de asegurar debidamente el monopolio estatal legítimo y lícito de la violencia.
La subordinación militar
dependerá, en definitiva, de las estrategias institucionales empleadas y de la capacidad
para equilibrar las ventajas estratégicas de quienes conservan el poder con las
capacidades institucionales necesarias para gobernar democráticamente la defensa.
Frente a un gobierno que retiene importantes recursos materiales y simbólicos,
disponiendo de ventajas políticas, una oposición convincentemente estructurada
ha de fortalecer sus recursos organizativos, participativos y consultivos,
articulando sabia y eficazmente las distintas expresiones de la inevitable
pluralidad que la caracteriza: las movilizaciones unitarias, estratégicamente
coordinadas, pertinentes y decisivas no surgen de un golpe de dados.
Republicanizar a la FAN
permite abrir oportunidades para comprender y asumir una verdad trágica que el
país – el de adentro, el de afuera – necesita superar. Se trata de recuperar
aquel republicanismo atlántico que inspiró la deliberación constituyente y
contribuyó a dar forma a los principios y valores de la Constitución de 1811.
Ilustraciones:
https://apuntaje.blogspot.com/2026/09/ejercicios-graficos-para-un-par-de.html
13/10/2026:
https://www.elnacional.com/columnas/2026/10/la-fuerza-armada-en-la-republica/
DE LA ODIADA MEMORIA COLECTIVA
Luis Barragán
Nada inocente resulta la
reforma en curso de una llamada ley constitucional que ostenta apellidos nada
modestos: Contra el Odio, por la Convivencia Pacífica y la Tolerancia, emanada
de la espuria Asamblea Nacional Constituyente de 2017. En su momento, y en
medio de otras tantas vicisitudes, el país expresó su rechazo a este
instrumento y pudo advertir las consecuencias de su cínica e innecesaria
existencia que, a la postre, resultaron aún peores.
En nombre de la sacrosanta
verdad cultivada por los más altos estamentos del poder establecido, la
persecución y la represión efectiva desbordaron el ámbito estrictamente
político hasta convertirse, incluso, en un recurso de supervivencia para
ciertos funcionarios públicos cuyos precarios ingresos salariales parecían
encontrar un complemento en la extorsión. El ciudadano más inocente e, incluso,
quien pregonaba su neutralidad política, podía verse repentinamente imputado
por delitos antes inimaginables. Así, una diferencia con un agente policial a
propósito de la colisión entre dos automóviles podía terminar convertida en una
acusación de traición a la patria o terrorismo, al amparo de una ley
manifiestamente cuestionable desde el punto de vista constitucional.
Nueve largos años atrás, en
este mismo portal noticioso (*) y en un par de ruedas de prensa, ventilamos una
materia cuyo origen desconocen las nuevas generaciones y que las mayores
parecen haber olvidado. Mediante una técnica legislativa muy característica del
oficialismo, todo comenzó con la circulación de un texto clandestino que sirvió
para explorar hasta dónde podía llegar la opinión pública en su rechazo, en un
contexto en el que las elecciones regionales ejercían una presión política
considerable. La ley en cuestión, abiertamente repudiada por sus críticos,
terminó emanando de la espuria constituyente bajo la consabida monserga
oficialista, sin que se produjera el debate libre que los chavistas de la nueva
ola jamás se atrevieron a propiciar y que ahora parecen descubrir, indignados,
como si acabaran de descubrir a América.
El asunto, replanteado en
las actuales circunstancias, nos permite asomar dos consideraciones que merecen
nuestra atención: la política - la odiada, pero ineludible política democrática
- exige, ante todo, sensatez … política. Y, en lugar de las insufribles
majaderías digitales que nos inundan, hay situaciones y conjeturas que merecen
ser examinadas antes de adoptar una posición, dejando que el transcurso de las
horas y los días aporte nuevos elementos para el juicio.
Así las cosas, el ciudadano
común debe preguntarse, por una parte, cuál es el propósito de la iniciativa.
Para ello, bien puede propiciar un intercambio de opiniones con las personas de
su entorno, intervenir en las redes e interpelar a la dirigencia social y
política cada vez que se presente la oportunidad.
Por ejemplo, no podemos
dejar de dudar de la sinceridad de una supuesta rectificación gubernamental
que, de ser auténtica, tendría que conducir a la más amplia de las rectificaciones:
la transición democrática. Sin embargo, el Gobierno parece conformarse con
corregir la cacareada aplicación de la
ley, como si esta fuese de una claridad admirable y meridiana y el problema
radicara exclusivamente en los jueces, muchos de ellos provisionales. De este
modo, la responsabilidad política por el diseño y el contenido de la norma
corre el riesgo de diluirse en una cuestión de interpretación judicial.
Entonces, ¿para qué la reforma? A falta de mayor ingenio, podemos aventurar la hipótesis de que se pretenda inventar algún requisito adicional para excarcelar al resto de los presos políticos o proporcionar una justificación suplementaria a las medidas cautelares. Si tal fuese el caso, los venezolanos tendrían que agradecer el gesto gubernamental como si se tratara de una concesión extraordinaria, incluso si la reforma no pasara de ser un retoque ornamental. Al fin y al cabo, el relato oficialista tiene por fundamento la desmedida generosidad del chavismo y, naturalmente, la de sus herederos ante el egoísmo de los feroces opositores.
Preocupa, por otra parte, la
interesada desmemoria colectiva que ha contribuido a afianzar el socialismo del
siglo XXI con una eficacia extraordinaria. En ambas aceras políticas, a muchos
les fastidia buscar y recordar - a modo de ilustración - los antecedentes de la ley que nos ocupa; en
su lugar, improvisan las más variadas posiciones y desorientan a la opinión
pública, mientras juran que están haciendo política.
La pereza y la improvisación
no explican por sí solas esa desmemoria, pues también cuentan las condiciones
materiales que dificultan el acceso a las fuentes: la escasez de hemerotecas y
bibliotecas públicas, su significativo deterioro allí donde todavía existen y
las consecuencias de ese prolongado terremoto político e institucional. Para
colmo, las llamadas superredes, que podrían contribuir a preservar y difundir
documentos del pasado, se han convertido también en un vasto cementerio de
información dispersa, difícil de localizar y susceptible de desaparecer; y, a
ello, se suma la frecuente distorsión
informativa cuando se trata de reconstruir lo ocurrido.
De lo contrario, la
desmemoria seguirá siendo un terreno fértil para que las viejas prácticas se
presenten como novedades, los responsables de ayer se disfracen de
rectificadores y la sociedad vuelva a discutir, sin antecedentes suficientes,
problemas que ya ha padecido. ¡Qué vaina!
Ilustración: Do Ho Sout.
12/10/2026:
https://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/45050-de-la-odiada-memoria-colectiva
(*) Puede
verse:
https://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/28715-luis-barragan
https://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/30895-de-la-tal-ley-contra-el-odio
https://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/31307-de-la-tal-ley-constitucional
“El deseo real del amante, como vemos en ese puñado de hielo, es eludir las certezas de la física y flotar en las ambigüedades de un espacio-tiempo donde lo ausente está presente y el ahora puede incluir al luego sin cesar de ser ahora”
Anne Carson
(“Eros dulce y amargo”, Editorial Lumen, Barcelona, 2020: 145)
Reproducción: William Roberts.
- Entrevista a Salvador Garmendia. Punto, Caracas, N°
8 del 06/05/73.
- Héctor Mujica y las enseñanzas de la guerra de
Vietnam. Qué Pasa en Venezuela, Caracas, N° 65 del 28/05/65.
- Orlando Albornoz. “Destino de la universidad pública”. El Nacional, Caracas, 05/03/72.
- Rómulo Betancourt y sus cambios (Caricaturas). Qué
Pasa en Venezuela, N° 5 del 28/02/64.
Reproducción: El Nacional, Caracas, 10/11/1973.
Sobre el relevo político
Luis Barragán
Las protestas del estudiantado francés de secundaria
han recorrido los circuitos noticiosos como una extraordinaria novedad, pero
también bajo el signo de una profunda sospecha, pues hacía mucho tiempo que no
se tenía idea de una movilización estudiantil de semejante significación y la
minoría de edad de sus protagonistas parece sugerir, para algunos, la presencia
de grupos manipuladores tras bastidores. El repertorio de denuncias de la
muchachada luce sorprendente en un país desarrollado y solo aparentemente
cómodo, donde la crisis del Estado de bienestar, la polarización política e
ideológica y las tensiones asociadas al fundamentalismo religioso contribuyen a
una terca inestabilidad a las puertas de los comicios presidenciales.
En Venezuela, quizá las nuevas generaciones vean con
curiosidad y asombro que sus pares europeos incursionen precozmente en
actividades de calle, reivindicando su condición de estudiantes y haciendo
valer sus propias demandas. Acá, los adolescentes y los más jóvenes apenas
parecen haber tenido una participación significativa en las grandes protestas
callejeras, pues las jornadas de 2014 y 2017 quedan ya a considerable distancia
de su experiencia directa, y tampoco imaginan con facilidad que, décadas atrás,
hubo entre nosotros un vigoroso y legítimo movimiento liceísta, portador de
importantes reivindicaciones y de un poderoso mensaje político.
En efecto, a comienzos de la década de 1950, la
dictadura militar conoció la bravía presencia del alumnado de bachillerato,
cuyas organizaciones juveniles partidistas canalizaron y expresaron buena parte
de sus inquietudes, aunque habrá quien lo haya lamentado —y todavía lo lamente—
desde posiciones absolutamente prejuiciadas. Fundamentalmente procedente de las
instituciones públicas, aquel movimiento tenía entre sus propósitos elevar la
voz en las calles y lanzar unas buenas pedradas contra la policía, como
posiblemente hoy no atinan a hacerlo los infantes galos, mientras que la
participación de los colegios privados fue más limitada, salvo episodios como
las protestas contra el decreto 321 de 1946, durante el Trienio Adeco.
Al igual que en cualquier muchacho puede despuntar la vocación
de cantante, médico, futbolista o carpintero, acompañada de grandes ilusiones,
también puede hacerlo una temprana inclinación política que lo impulse a luchar
por la libertad, expresarse públicamente y someterse a prueba para descubrir
hasta dónde puede llegar. Grandes líderes políticos, estupendos profesionales
de las más variadas disciplinas y ciudadanos convertidos en referentes
inolvidables fueron dirigentes liceístas que asumieron los retos de su tiempo,
adquirieron un valioso aprendizaje cívico y continuaron por el camino de la
política o emprendieron otros de gran satisfacción personal y ciudadana.
Estudiosos como Orlando Albornoz aportaron luces sobre
la existencia de un vasto movimiento estudiantil venezolano y, concretamente,
liceísta, cuya historia merece todavía nuevas indagaciones y una revisión
desprejuiciada de sus alcances. Seguramente habrá numerosos estudios y
olvidadas tesis de grado que permitan profundizar en el tema, pero América
Latina ofrece sobradas lecciones históricas acerca del papel del estudiantado
en la lucha por sus ideales de libertad y democracia, así como en la formación de
generaciones dispuestas a asumir responsabilidades públicas.
Una importante conquista de aquel movimiento fue que
los más jóvenes entre los jóvenes pudieran elegir, mediante sufragio directo y
secreto, a los integrantes de los centros de estudiantes de sus respectivos
liceos, una práctica que también alcanzó a algunos colegios privados y que
convirtió la representación estudiantil en una escuela de ciudadanía. Con sus
errores y aciertos, aquella experiencia se fue debilitando hasta perder buena
parte de su vigor, y Nicolás Maduro intentó devolverla a la agenda nacional con
la pretensión de instrumentalizarla políticamente, desnaturalizando así el
sentido autónomo que debería distinguirla.
Ilustración: Steph Grolnick.
11/10/2026:
https://lapatilla.com/2026/10/11/luis-barragan-sobre-el-relevo-politico/