viernes, 17 de julio de 2026
Cálculo de probabilidades
UNA NOTA DE AMPLÍSIMA DIFUSIÓN POR LAS REDES
La historia de la foto de
Lionel Messi bañando a un bebé Lamine Yamal en 2007 (como parte de un
calendario benéfico de Diari Sport y UNICEF) es uno de esos casos donde la
realidad supera por completo a la ficción.
Calcular la probabilidad
exacta ("uno entre cuánto") de que este evento ocurriera es un
ejercicio que mezcla la demografía, la estadística deportiva y un toque de
"milagro" matemático.
Vamos a desglosarlo paso a
paso para entender la magnitud de la coincidencia.
1. La probabilidad de que el
bebé de la foto llegara a ser futbolista profesional
En 2007, UNICEF y Diari
Sport organizaron un sorteo en Mataró (el barrio de Rocafonda, de donde es
Lamine) para elegir a los niños que posarían con los jugadores del Barcelona.
* El sorteo de UNICEF: Se estima que
participaron unos pocos cientos de niños de la zona de Barcelona y alrededores.
Digamos que la probabilidad de ser el bebé elegido en ese sorteo en particular
era de 1 entre 500 (siendo generosos con el tamaño de la muestra local).
* Llegar a ser futbolista profesional de
primera división: De todos los niños que juegan al fútbol en España,
aproximadamente solo el 0.1% (1 entre 1,000) llega a debutar en la primera
división (La Liga).
Si multiplicamos estas dos primeras
variables:
2. La probabilidad de
convertirse en una "Súper Estrella" mundial
Llegar a primera división es
difícil, pero convertirse en una súper estrella mundial (nominado al Balón de
Oro, pieza clave de su selección, tasado en más de 100 millones de euros) es un
embudo extremadamente estrecho.
* De los aproximadamente 500 jugadores activos
en la primera división española en un año dado, solo unos 2 o 3 alcanzan el
estatus de súper estrella mundial generacional a una edad tan temprana.
* Esto representa una probabilidad de
aproximadamente 1 entre 10,000 de todos los niños que empiezan a jugar al
fútbol de manera federada en el país.
Si ajustamos la ecuación
combinando la elección del sorteo con el desarrollo de una súper estrella:
3. El factor "Messi"
(El cruce de dos leyendas)
Aquí es donde la estadística
se vuelve astronómica. La foto no se tomó con un jugador cualquiera del
Barcelona de la época (como Ezquerro, Sylvinho o Oleguer, con todo el respeto
para ellos). Se tomó con Lionel Messi, quien en 2007 ya era una promesa gigante
pero aún no era el jugador histórico que es hoy.
* Para que ese bebé específico no solo fuera
una súper estrella, sino que años después disputara torneos internacionales de
élite al mismo tiempo que Messi seguía activo, requería una longevidad
deportiva brutal de Messi y una precocidad histórica de Yamal.
* Si consideramos la probabilidad de que un
niño elegido al azar en un sorteo benéfico termine posando precisamente con el
que se convertiría en el mejor jugador de la historia, y que luego ese niño
crezca para ser su sucesor generacional... los estadísticos deportivos suelen
ubicar esta probabilidad en el rango de 1 entre decenas de millones.
El veredicto: ¿Uno entre
cuánto?
Considerando todas las
variables (ser el bebé elegido, llegar a ser profesional, alcanzar el estatus
de súper estrella mundial y hacerlo coincidir en el tiempo con el
declive/vigencia de la otra súper estrella de la foto):
La posibilidad estimada es
de, aproximadamente, 1 entre 50,000,000 (cincuenta millones).
Para ponerlo en perspectiva:
* Es más fácil que te caiga un rayo dos veces
en tu vida (1 entre 9 millones).
* Es similar a la probabilidad de ganar la
lotería principal en varios países europeos jugando un solo boleto.
Es, sin lugar a dudas, una
de las mayores y más hermosas anomalías estadísticas de la historia del
deporte.
Fuente: WhatsApp.
LA VANGUARDIA, 17/07/2026.
jueves, 16 de julio de 2026
miércoles, 15 de julio de 2026
martes, 14 de julio de 2026
Gracias por tu nota, Hermann
ESPIRAL DEGRADATIVA DEL ESTADO
Hermann Alvino
Muy interesante tu
reflexión. Sin duda, el Estado venezolano conservó casi todas las apariencias
institucionales al tiempo que se iba desprendiendo de sus "capacidades más
elementales", lo cual, como tú dices, ciertamente no es atribuible a la
común adjetivación de "Estado fallido", porque este no es la causa de
ese "desprendimiento", sino el efecto final.
Un ejemplo muy pertinente es
el del cuento de la rana que se va cocinando sin percatarse de ello mientras la
temperatura se incrementa imperceptiblemente, hasta que ya es tarde para
reaccionar.
Como siempre te digo, no
hace falta autoflagelarnos, puesto que ese fenómeno ya ocurrió en Italia, que
es el ejemplo más directo porque ese país ya ha llegado a extremos impensables
para una democracia occidental, o europea. El poder casi absoluto de la Democracia
Cristiana fue tragándose todos los protocolos destinados al control de gestión
a cargo de los diversos poderes del Estado, en un proceso siempre tutelado por
EE. UU. a cuenta del temor a que el comunismo soviético penetrara formalmente
en las instituciones italianas. Esa pérdida de controles administrativos desató
una corrupción sistémica irreversible que provocó un juicio histórico que, al
final, liquidó aquella república. Pero, paradójicamente, en vez de acabar con
la corrupción, se abrió el ciclo histórico de Berlusconi, con su rostro joven
de promesas de tipo chavista de renovación total, cuando en realidad él era el
mal estatal en persona, un pionero de la descomposición institucional frente al
cual Trump es un angelito. Ahorro detalles de las travesuras ocurridas en los
últimos treinta años, de todos los partidos, inspiradas en ese berlusconismo y
avaladas por los mismos italianos. Italia, en la actualidad, dejó de ser una
democracia seria.
Pero aquella degeneración
institucional no fue cosa de un día, ni de un período legislativo, sino que se
fue consolidando durante las décadas, con una que otra ley al parecer
inofensiva, uno que otro tribunal o juez prevaricador al cual no se le puso
correctivo porque los políticos comenzaron a cuidar sus cargos y ello exigía no
"mojarse", no hacer adversarios. De repente, uno que otro amiguito(a)
ocupa un cargo interesante pasando por encima de la carrera administrativa; un
contralor mira para otro lado con relación a una licitación cuyo monto fue
dividido en varias partes para saltarse los controles, etc., y al final el
Estado, como tal, deja de reaccionar, puesto que la dejadez o laxitud
institucional, y la prevaricación y la corrupción, coparon esos centros de
decisión.
Otro buen ejemplo es el
mantenimiento de infraestructuras. Dejemos de inspeccionar un ascensor cuyo uso
es intensivo y a veces abusivo, o eliminemos una rutina de limpieza en las
estaciones del metro, o una pequeña inspección en los rodamientos de las ruedas
de los vagones, o dejemos de parchear los huecos de las calles, o parchearlos
mal, y al final todo se nos vendrá encima por la acumulación de esos pequeños
detalles cuyo abordaje se iba descuidando.
Lo que genera indignación es
que todo ello se sabía, porque todos sabían que la dejadez tribunalicia o la
permisividad ante la corrupción no se autorregula, sino que tiende a crecer
como la entropía; al fin y al cabo, ambos términos son sinónimos de desorden.
Todos saben que descuidar el mantenimiento equivale a la degradación de una
infraestructura que, al final, será irreversible y se tendrá que sustituir por
una nueva.
Por eso es que en Venezuela
hará falta un Estado "nuevo", sin andar perdiendo tiempo en los
detalles de las causas de la actual degeneración, porque estas están más que
claras; esto es, una élite civil de la democracia y luego del chavismo, con una
élite militar junto a esta última, que, en vez de gobernar en función del bien
común y de la preservación del Estado, se dedicaron a esquilmarlo, pensando
cada uno de ellos(as) que su pecadillo de corruptelas, de prevaricación o de
mirar para otro lado era solo un gesto insignificante que no iría a cambiar
nada, sin percatarse de que, si gestos así los realizan miles de funcionarios,
el efecto final será el derrumbamiento institucional.
Pero, infortunadamente, ese
crimen de gobernanza no solo es protagonizado por esas élites, sino que también
lo es por el ciudadano, con su indiferencia, con su voto cómplice, con su falta
de voluntad para participar en la selección de gente decente para ser
candidatos de los diversos partidos. Y con ello se cierra el círculo.
Pero, por otra parte, que no
nos quepa duda de que, por más que un país, un pueblo y unas élites gobernantes
decentes se propongan mantener la decencia y la eficacia estatal, la gobernanza
siempre sufrirá fuerzas centrífugas que, con el paso del tiempo, costará cada
vez más mantener a raya. Es en medio de ciertos descuidos institucionales, sea
por mala voluntad o porque en ese ciclo le tocó a una camada de gobernantes más
incompetente o insensible a esta realidad, que se van colando los farsantes
cuyo trabajo será comerse al sistema desde sus mismas entrañas, con esa ley al
parecer inofensiva mencionada anteriormente, o directamente con una labor de
zapa manifestada en los conocidos mensajes antisistema, a los cuales siempre
habrá alguien dispuesto a aceptar. En este sentido, con relación a eternizar
una democracia decente, creo que hay que ser pesimistas y tener claro que, en
algún momento, nuestra imperfección humana degradará el Estado que nos ha
tocado gestionar y habrá que empezar de nuevo, con nueva gente que crea en los
valores de ese contrato social que sus antecesores liquidaron sin pestañear.
Pero bueno, estas son ideas
sueltas... Gracias por enviarme tus posts.
(*) Respuesta por WhatsApp al articulo LB sobre estatalidad y transición:
Ilustración: Burt Lewis.
Cfr.
https://apuntaje.blogspot.com/2026/07/el-curso-natural-de-las-cosas.html
¿El curso natural de las cosas?
ESTATALIDAD Y TRANSICIÓN
Justificadamente,
propendemos a reclamar la democracia como soporte del cambio histórico, por supuesto,
concibiéndola, aun sin advertirlo, como democracia liberal en los términos
universalmente aceptados. Sin embargo, desgraciadamente probado por los
recientes terremotos, todo parece indicar que la democratización difícilmente
podrá consolidarse sin la reconstrucción de la estatalidad como objeto
fundamental de una transición que exige discutir su naturaleza, características
y alcances.
Al indagar sobre las fuerzas
organizadoras del poder, Michael Mann recuerda que las hay en el orden ideológico,
económico, militar y propiamente político que generan, a su vez, recursos y
organizaciones particulares con una lógica capaz de redondear la autonomía
relativa del Estado. Y ese Estado crecientemente fantasmal en el presente siglo,
ya no se le concibe y, menos todavía, actúa como un conjunto diferenciado de
instituciones y funcionariado que implica una centralidad de las relaciones
políticas, abarcando un territorio demarcado, capaz de imponer normas
vinculantes con el respaldo de una fuerza física organizada, porque está
reducido al gobierno como única expresión.
En efecto, por una parte, lo
que se entiende por Estado ha dependido
casi exclusivamente del empleo de la fuerza que reclama como suyo el poder
político que deviene despótico cuando prescinde del resto de las capacidades
que, por otra, configuran el llamado poder infraestructural. Entonces,
convengamos que la existencia del Estado no obedece exclusivamente al monopolio
lícito y legítimo de la fuerza, sino que lo conjuga una variedad de funciones de
razonable equilibrio que también lo legitiman en el orden de la seguridad, educación,
telecomunicaciones, administración de justicia, recaudación fiscal, etc.
Además, concebido el Estado
como la extraordinaria empresa política de una simultánea integración
territorial, económica, social y cultural que organiza y coordina, desplegando
todas sus capacidades, encuentra en la vida democrática y la realización de las
libertades el más adecuado camino para canalizar y resolver los naturales
conflictos en paz, reivindicando la dignidad de la persona humana. Degradadas
esas capacidades, como la evidencia empírica lo demuestra con las consecuencias
inmediatas del doble desastre natural, a punto de desaparecer, el Estado entra
en una espiral de debilidad y confusión gracias a la expansión de los poderes
paralelos de un despotismo infuncional, con territorios en los que ejerce una
dudosa autoridad y la conformación de una ciudadanía desigual que ensaya
constantemente con una migración interna y externa para la difícil subsistencia
personal y familiar.
La nada convencional
transición que nos espera, inaplazable en defensa nada más y nada menos que de
la mismísima estatalidad, requiere de una extraordinaria conducción opositora
que convierta la experiencia democrática, la liberación y la libertad como
soporte esencial para la edificación y consolidación de un modelo alterno y
consensuado de desarrollo. Agreguemos la adecuada implementación táctica y
estratégica para salvaguardar el cambio de los accidentes, incidentes y
coyunturas tan difíciles de prever, con la ineludible reacción de los
adversarios.
La falta de Estado y el
exceso de gobierno que aprendió a actuar sin negociar con la sociedad agobiada
por una intensa propaganda que ha comprometido a la tesorería nacional por
varias generaciones, desemboca en un hecho paradójico. Así, los elencos del
poder establecido no gobiernan, sino que procuran sobrevivir a cualquier precio
al frente de un Estado que no lo es, por lo menos, parecido al que comenzó a
desarrollar sus mejores capacidades funcionales o infraestructurales desde la
dictadura de Gómez, perfeccionándose con la era democrática, en el siglo XX,
descompuestas progresiva y peligrosamente en la presente centuria.
Definido el objeto de la transición como la reconstrucción de la estatalidad, resta responder una pregunta decisiva: ¿Qué ocurrió con el Estado venezolano para que conservara tantas apariencias institucionales mientras perdía progresivamente sus capacidades más elementales? Quizá la respuesta no se encuentre en las conocidas categorías del Estado fallido o de otras adjetivaciones ampliamente difundidas, sino en un proceso más complejo que convendrá examinar antes de proponer cualquier estrategia de reconstrucción nacional.
Ilustración: Ernest Dewey Albinson.
Ilustración intermedia: De El Nacional. Evidentemente procesada por IA,
Fotografía: LB (CCS, 02/05/2026)..
Cfr. https://apuntaje.blogspot.com/2026/07/gracias-por-tu-nota-hermann.html
14/07/2026:
https://www.elnacional.com/columnas/2026/07/estatalidad-y-transicion/
Paréntesis ... Y falta la biblioteca ...
Fuente: Tomada de la red.
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