LA FANB O SE FORMATEA PARA DESPOLITIZARSE O TERMINA DE DESAPARECER
Sebastiana Barráez
El ingeniero e investigador
David Alberto Morán Bohórquez plantea que la FANB atraviesa una crisis
estructural causada por la politización, la pérdida de meritocracia y el
deterioro operativo. La misión fundamental de una Fuerza Armada en una
república democrática no es sostener gobiernos, dice el análisis. Vladimir
Padrino López (con sombrero panameño)
fue General en Jefe del Ejército Bolivariano ny Ministro de la Defensa y
ahora es ministro para la Agricultura Productiva y Tierras.
La Fuerza Armada venezolana
ante una encrucijada: despolitizarse o seguir perdiendo capacidad institucional
El ingeniero e investigador
David Alberto Morán Bohórquez sostiene que la Fuerza Armada Nacional
Bolivariana no solo ha asumido en la última década espacios estratégicos de la
economía venezolana, incluida una porción de la industria petrolera, sino que
también enfrenta un proceso sostenido de deterioro institucional. Su
diagnóstico apunta a una erosión multifactorial marcada por la politización, la
pérdida de capacidades técnicas y la dispersión operativa.
En su trabajo De una Fuerza Armada politizada a una
institución profesional, Morán traza una radiografía crítica de la
institución castrense venezolana y plantea como prioridad su despolitización,
modernización y retorno a una lógica profesional y meritocrática.
La misión fundamental de una
Fuerza Armada en una república democrática no es sostener gobiernos, tutelar la
voluntad popular ni actuar como el brazo armado de una parcialidad ideológica;
su única misión es proteger la Constitución, garantizar la integridad
territorial y defender a todos los ciudadanos sin distinción, afirma Morán.
A su juicio, el estado
actual de la Fuerza Armada es consecuencia de un proceso continuo de fatiga institucional,
en el que el mérito, la doctrina y el mantenimiento fueron desplazados por la
lealtad política y la dispersión de funciones.
Morán es ingeniero
industrial, ha sido profesor en la Maestría en Administración de la Universidad
Metropolitana de Caracas y se ha especializado como investigador en
planificación estratégica, energía, economía y desarrollo. También ha publicado
artículos en distintos portales de comunicación.
Analiza aquel modelo que el
Estado venezolano inició en 1958 dirigido a la profesionalización y la
especialización técnica de la institución armada, “subordinada al poder civil
democrático”, preparaba al militar para la gestión de la violencia legítima del
Estado para la defensa de la soberanía y el territorio.
Su propuesta se basa en un modelo
civil-ingeniero de la defensa: un sistema en el que las armas estén
estrictamente subordinadas a la ley y al poder civil legítimamente electo. Para
el investigador, la no beligerancia política de los cuarteles constituye una
garantía esencial de estabilidad interna.
Despolitizar la institución
y devolverla a su rol profesional, sostiene, permitiría blindar la democracia frente al
pretorianismo y dignificar la carrera de las armas. En ese escenario,
el soldado del futuro recuperaría el respeto y la confianza de la sociedad
civil.
Según Morán, la defensa de
Venezuela no dependerá únicamente del número de soldados, tanques o aviones,
sino de la calidad de sus líderes, la preparación de su personal, la
incorporación tecnológica, la fortaleza institucional y la confianza ciudadana.
Reconstruir la Fuerza Armada será, en última instancia, reconstruir la
República, resume.
El soldado del futuro
Uno de los ejes de la
propuesta de Morán es la transformación del perfil humano de la Fuerza Armada.
El investigador plantea una mutación tecnológica y organizativa para que el
soldado venezolano del siglo XXI deje de ser concebido solo como combatiente
tradicional y pase a ser un operador de conocimiento de alto rendimiento.
En ese nuevo paradigma, la
disciplina y la aptitud física seguirían siendo necesarias, pero insuficientes.
La defensa moderna exigiría competencias técnicas avanzadas y perfiles
especializados.
Entre esas capacidades,
Morán menciona ingenieros y programadores de combate, operadores de drones y
pilotos remotos, analistas de datos e inteligencia de fuentes abiertas,
especialistas en guerra electrónica y ciberdefensa, científicos de datos,
lingüistas estratégicos y analistas geoespaciales.
El soldado del futuro no
servirá por coerción ideológica, sino por un profundo sentido de vocación
republicana, respaldado por un entorno profesional que estimule su crecimiento
científico e intelectual, dice Morán.
No costosa, sino más inteligente
Morán insiste en que una
Fuerza Armada moderna no tiene que ser necesariamente la más
costosa, sino la más inteligente. Eso implica una gestión técnica,
ética y transparente de la defensa, con una visión de la seguridad nacional
como un problema de optimización bajo severas restricciones presupuestarias.
Cuando Venezuela supere su
crisis económica, advierte, cada inversión en defensa deberá estar plenamente
justificada por su retorno estratégico y su eficiencia operativa.
Su propuesta de financiamiento
inteligente de la defensa nacional se apoya en criterios de ingeniería
financiera, gerencia pública y control logístico anticorrupción. Entre las
medidas plantea auditorías de activos, reducción de la carga burocrática y erradicación
de la corrupción cuartelaria.
No se trata de solicitar
mayor presupuesto sino de “eliminar la redundancia y la discrecionalidad”. Bajo
ese esquema, las unidades de combate y de servicio no manejarían recursos
financieros directos, sino que administrarían recursos logísticos conforme a
planes operativos certificados por los niveles superiores de comando.
Morán también propone
erradicar la improvisación, institucionalizar la figura del oficial intendente
para la administración integral de fuertes y bases militares, y reducir
macroestructuras mediante almacenes y cadenas de suministro unificadas.
Crisis en la Fuerza Armada
En el diagnóstico de Morán,
la
FANB se desnaturalizó al diluir la identidad operacional de sus componentes,
es decir Ejército, Armada y Aviación Militar, dentro de una denominación
homogénea que, según afirma, debilitó liderazgos, competitividad y
especialización institucional.
Ese cambio impactó la
estructura de mando y se profundizó con reformas legislativas que, a su juicio,
alteraron la naturaleza de la institución. Morán sostiene que convertir a la
FANB en militante de la revolución bolivariana violentó el principio constitucional
de no beligerancia política.
Ese impacto en los mandos de
la estructura piramidal fracturó el eje de la pirámide organizacional: el
mérito profesional. Ascensos, designaciones y comandos pasaron a depender de la
lealtad política, lo que habría provocado fuga de talento calificado y
desestímulo de la excelencia técnica en academias y unidades de combate.
La ideologización “fracturó
el eje de la pirámide organizacional: el mérito profesional”.
Así, los ascensos, designaciones y comandos pasaron a depender de la lealtad y
provocó “una fuga de talento calificado y desestimuló la excelencia técnica
dentro de las academias y unidades de combate”.
Morán agrega que la
politización asignó a los militares roles ajenos a la misión constitucional de
defensa. Entre ellos menciona la presencia de oficiales en áreas de la
administración pública, especialmente en empresas de alimentos y minería, lo
que expuso a la institución a dinámicas de corrupción estructural.
Es entonces cuando se
produce lo que Morán llama “la desnaturalización del soldado y la erosión de la
confianza ciudadana”, un factor que considera crítico para cualquier estrategia
de seguridad nacional.
No era el enemigo interno
Morán cuestiona que el
régimen venezolano haya concentrado su enfoque en el enemigo interno y
estructurado una organización territorial militar, fragmentada en REDI,
ZODI y ADI, orientada, según su lectura, al control social y la gestión
empresarial, en detrimento de amenazas históricas como la presencia de grupos
irregulares en zonas fronterizas.
En ese contexto, describe a
la Fuerza Armada como una estructura “hipertrofiada e hidrocefálica”,
con un número desproporcionado de generales y almirantes, déficit de liderazgo
crítico y pérdida de doctrina para el conflicto militar clásico. La alteración
de la pirámide militar, sostiene, terminó subordinando la autoridad profesional
a la alineación ideológica.
Morán, quien es ingeniero
industrial, interpreta el colapso de la Fuerza Armada como parte de un patrón
sistémico similar al observado en otras corporaciones estratégicas del Estado,
como Petróleos de Venezuela (Pdvsa) y la Corporación Venezolana de Guayana
(CVG).
En esos casos, afirma, la
sustitución de la meritocracia, la rigurosidad técnica y la planificación de
largo plazo por la lealtad partidista y el control ideológico derivó en el
colapso de la productividad.
Morán concluye que la
adquisición histórica de sistemas de armas pesadas se hizo sin un análisis
integral de ciclo de vida, sin líneas sostenibles de suministro logístico ni
transferencia tecnológica real. A ello se sumaron sanciones internacionales,
restricciones presupuestarias y gestión ineficiente, factores que impactaron el
inventario convencional y lo dejaron en estado de inmovilidad u obsolescencia
por falta de mantenimiento mayor.
23/08/2026:










