domingo, 3 de mayo de 2026

Caza de citas

“—Cuando estás en la calle tienes que tomar decisiones en muy pocos segundos y casi siempre sin ninguna información previa. Acudes a una llamada por violencia de género y no tienes ni idea de lo que te vas a encontrar al otro lado de la puerta: puede ser un tipo con un cuchillo, con una escopeta o que ha abierto la espita del gas para volar por los aires y llevarse por delante a quien haga falta. Cada vez que te bajas del zeta, te colocas al borde de un precipicio que no sabes si tiene medio metro o cien. Pero llega un momento en que lo naturalizas y vives con ello”

Manuel Marlasca

(“Hasta que te quedes”, Editorial Destino, Barcelona, 2026: 188)

Ilustración: Gary Larson.

Noticiero retrospectivo

- Federico Álvarez. “¡Quien fuera congresante!”. Tribuna Popular, Caracas, 07 al 13/12/1986.

- Isabel Allende. “Salvador Allende”. El Nacional, Caracas, 11/09/79.

- Israel Peña. “Estado de concierto: Schola Cantorum” (dirección: Alberto Grau). Últimas Noticias, Caracas, 23/12/73. Suplemento Cultural.

- Freddy Torres. “Temores de golpe en Venezuela publica The New York Times”. El Nacional, 12/08/90.

- Guillermo Becerra Mijares. “La Ley del Deporte en el banquillo”. Élite, Caracas, N° 2750 del 09/06/78.

Ilustración: Yepes. El Universal, Caracas, 02/06/1971.

Costo de la vida y salario mínimo de $ 0,26

IMPERFECTO TRABAJO DE CAMPO

Luis Barragán

A  $ 240 ascendió el salario mínimo integral, según lo anunció la encargada presidencial recientemente, aunque – eufemismo aparte -  le correspondía salarizar los bonos dada su consagrada regularidad. Así, se fueron al suelo las expectativas más elevadas, creyendo natural que se puede alcanzar por un chasquido de los dedos el valor estimado de la canasta básica que promedia mil dólares constantes y sonantes.

Eterno el trance inflacionario en el que nos encontramos, no es mucha la diferencia de precios de buena parte de los víveres adquiridos en casa, en el comercio informal, los mercados municipales y, algunos más flamantes que otros, los supermercados de una sorprendente expansión en la ciudad. Lucen memorables aquellas grandes compras que se hacían cada vez más esporádicamente, recorriendo pacientes las aceras de la calle, los puestos del establecimiento popular o los pasillos de anaqueles repletos, con un promedio de ingresos reales que no distaba del promedio de los citadinos, dos o tres décadas atrás.

Inevitable, nuestras adquisiciones domésticas han hecho a un detal humillante y, con lo que nos pagamos hoy por un par de tomates, una cebolla, un poco de arroz, dos latas de atún, cinco cambures, una bolsita de avena en hojuelas, un ramo de perejil y medio cartón de huevos, por ejemplo, hace tres, seis o diez años llenábamos un carrito completo de productos variados. En el ínterin, nada más y nada menos que perdimos nuestro signo monetario, buscando todavía en el subsuelo lo que queda de ingresos reales para unas mayorías desenchufadas.

Predominantemente mujeres, ha sido inevitable comentar brevemente con una que otra cajera el incremento de los precios y, no hay que hacer un esfuerzo extraordinario para intuirlo, las muchachas lo lamentan aún más porque generalmente no consiguieron un mejor trabajo que varias aspiraban por su nivel de estudios (sirva de ilustración los cursos más abaratados de diseño gráfico en la era de la IA, o de asistencia en farmacias), mantienen o ayudan a mantener a padres y hermanos, son madres precoces, etc. No les es fácil degustar un helado de yogourt de la franquicia más cercana, sustituir el teléfono, hacerse de una reserva de pañales desechables o, paradójicamente, llevar comida a la casa, descubriendo poco a poco que se trata de un empleo precario o de alta rotación, sospechando que la modalidad de autopago las hará prescindibles, negada toda sindicalización, entre otros detalles.

La anterior franquicia de muy vieja data, recordamos, por contrato colectivo, tenía cajas especiales con precios más accesibles para los empleados y una mínima póliza de seguro con un personal más estable con el que nos familiarizamos con el tiempo de un modo u otro. La cajera de la franquicia reemplazante, con un poco más de veinte años,  en una casual conversación sabatina, apenas ayer,  confesó una inmensa decepción con el anuncio salarial;  dijo desconocer por completo qué franquicia hubo con anterioridad pareciéndole de mejor calidad el empleo que daba, pero – lo peor – fue que no tenía la menor idea de lo que es un sindicato y muchísimos menos una convención colectiva, “porque eso no sale en Internet”.

Ilustración: LB/ChatGPT.

Test del buen caminante

 ¿NADIE HA VISTO JAMÁS A DIOS?

(San Juan, 14: 1-14)

José Enrique Galarreta

Este fragmento del sermón de la Cena, el último discurso de Jesús en el cuarto evangelio, presenta la fe de los discípulos en Jesús, en varios aspectos fundamentales:

· El Primogénito. El va el primero. Es la cabeza del cuerpo que somos todos. Jesús resucitado no es simplemente el triunfador glorificado individualmente. Es el primogénito de los resucitados, la cabeza de puente de la humanidad en el reino definitivo.

· El camino. El domingo pasado Jesús se definía como "la puerta". Nuestro acceso a Dios es Jesús. El nos ha hecho posible ver a Dios, de otra manera, incomparablemente superior a nuestra razón o a cualquier otra. Nuestra fe consiste básicamente en llegar a Dios por Jesús. Y por Jesús se llega a "Abbá". Nuestra aceptación de ese Dios y de la manera de vivir que eso conlleva constituye la piedra fundamental de nuestra fe.

Jesús es el camino. No simplemente sus palabras indican el buen camino. El es el camino, él es la Palabra, él es el hombre nuevo, él es Dios-con-nosotros, él es la Liberación, él es la Buena Noticia. Toda la fe del cristiano se basa en una adhesión a él.

· La verdad, la vida, es lo mismo. La vida queda revelada en Jesús. Lo que nosotros llamábamos vida, antes de conocerle a él, no es sino manifestación de "la vida", que se muestra en Jesús Resucitado. Es la única Verdad definitiva, la verdadera esencia del hombre, del mundo.

La vida como camino, como búsqueda de verdad: Dios ayuda para caminar, espíritu para vivir, la verdad os hará libres...

· Muéstranos al Padre. En el momento definitivo de la vida de Jesús, Juan incluye la cumbre de su revelación. Esta es la verdadera Buena Noticia, que podemos conocer a Dios en Jesús, y qué Dios conocemos en Jesús.Creemos en Jesús visibilidad de Dios.

¿Qué está pidiendo Felipe? Sin duda "ver a Dios", la más vieja aspiración, la misma de Moisés en Éxodo 33,18: "Déjame ver tu Gloria". Y el Señor dejó entonces claro que no se puede ver su Rostro, que solo se le puede conocer "de espaldas". Parece como si Felipe volviese a la más primitiva aspiración, como si estuviese pidiendo una "Teofanía" semejante a la del Sinaí, "ver a Dios cara a cara". Y la respuesta de Jesús es la esencia de la fe cristiana: "Ya lo has visto". Me has visto a mí, y es todo lo que puedes ver de Dios, y esto te basta.

Es uno de los núcleos esenciales el evangelio de Juan. Recordamos:

Juan 1, 18: A Dios nadie le ha visto jamás:

El Hijo único, el que está en el seno del Padre,

nos lo ha dado a conocer.

1ª Jn, 1,1: Lo que hemos contemplado con nuestros ojos,

lo que han tocado nuestras manos

acerca de la Palabra de la Vida...

Estamos hablando de Jesús "visibilidad de Dios". Estamos hablando de que en Jesús conocemos a Dios: en sus Palabras reconocemos Palabra de Dios, en sus modos de actuar vemos cómo actúa Dios, porque en él reside la divinidad en plenitud, porque es el hombre lleno del Espíritu, porque "Dios estaba con él".

Es este un domingo para refrescar la fe, para ir a lo más íntimo, para re-encontrar las raíces de nuestro ser cristiano. "¿Creéis en Dios?"

Tenemos que contestar: "Solo creo en el Dios de Jesús", es decir, "solo creo en un Dios, el Padre, al que hemos conocido en Jesús, ese hombre lleno de su espíritu".

"No tendrás otros dioses delante de mí", decía el segundo mandamiento del Decálogo del Éxodo. No tendrás otro Dios que el Padre, conocido en Jesús, manifestado en Jesús, visible en Jesús.

Es el desafío de los cristianos, de la iglesia entera: tener solamente el Dios de Jesús.

El Creador, el Juez... quedan detrás, reducidos casi a su dimensión de filosofía, de conocimiento por la deducción de la razón humana... Yo creo en Dios luz, en Dios sal, en Dios camino, en Dios pastor, en Dios médico, en Dios pan, en Dios vino, en Dios agua, aire y viento: creo en mi Madre Dios, manifestada en Jesús.

Creo en un solo Dios, no hay más Dios que Él, y en Jesús lo hemos podido ver. Es la esencia de la fe de los cristianos. Y la fe queda definida por esas mismas palabras del Evangelio de hoy: fiarse de Jesús. Fíate de Jesús, acepta a Dios como se ve en Jesús. La fe es un acto de confianza: ¿Por qué crees en Dios médico, sal, camino, pastor, madre...? Porque, de Jesús, me fío. La esencia de nuestra fe.

Luego vendrá nuestra curiosidad por explicar en qué consiste esa deslumbrante presencia del Espíritu en Jesús, y hablaremos de la encarnación, de la Segunda Persona hecha hombre, de Dios y hombre verdadero...

Está todo muy bien. Necesitamos comprender, nos esforzamos por comprender.

Y siempre nos encontramos con que nuestras explicaciones acaban en absurdos, porque estamos hablando de Dios, que supera absolutamente nuestra capacidad mental, porque nuestra mente es un cesto y Dios es agua, porque nuestra mente son unas manos y Dios es viento, y nuestro cesto queda mojado, pero no encierra a Dios, nuestras manos sienten el viento pero no lo agarran... y seguimos prefiriendo a Jesús, que nos hace a Dios visible, a Jesús en el cual vemos que nos podemos fiar de Dios.

Ese es el buen Camino, la más profunda Verdad, lo que hace que vivir sea verdaderamente Vida.

La objeción de Tomás "no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?", y la respuesta de Jesús "Yo soy el camino", me recuerdan mucho a una famosa frase de Pedro Arrupe: "No sé a dónde vamos, pero vamos bien".

Pedro Arrupe, uno de los muchos profetas crucificados en el último cuarto del Siglo XX, decía esto indicando que en la sociedad actual, de cambios tan frenéticos, no es posible tener la clarividencia de prever el futuro, de la Compañía, de la Iglesia... Pero sí es posible saber si vamos por buen camino.

Arrupe quería decir que la Compañía caminaba hacia más sencillez, menos soberbia, más servicialidad, más atención a los pobres y a la justicia, más oración, más sentido de "mínima" que de gloriosa... buen camino, por ahí vamos bien, Dios sabe hacia dónde.

Y sería una buena reflexión para los momentos actuales de la iglesia. Algunos quizá crean que saben hacia dónde hay que ir. Pero sería mejor pensar en si vamos por buen camino. Si vamos por el camino de Jesús.

Me permito sugerir algunos puntos de test para diagnosticar si vamos por buen camino.

· Nuestra teología: ¿vamos por el camino de las parábolas o por el camino de la metafísica? ¿Vamos por el camino de la sencillez de Jesús o de la complicada filosofía?

· Nuestra presencia en el mundo. ¿Levadura o espectáculo? La levadura se esconde, se confunde en la masa, no se ve, actúa desde dentro y en silencio. El espectáculo son fuegos artificiales que meten gran estrépito y pasan sin que nada quede de ellos. Jesús no dio espectáculos.

· Estar con la gente normal, más cuanto más pobres, ser gente normal, vivir habitualmente en sencillez, en familiaridad, en colaboración, o subirse a los dorados esplendores del Templo para impartir doctrina desde la riqueza y la seguridad. Hacer de la vida cotidiana una ofrenda a los hermanos o delegar en una pomposa casta sacerdotal los sacrificios sagrados.

· Celebrar la eucaristía fraternalmente, alrededor de la mesa, entender y compartir la Palabra, entenderse como grano de trigo molido y granos de uva estrujados para ser pan y vino para el mundo, comulgar con los demás al comulgar con Jesús el Pan y el Vino entregado por todos... o asistir a ceremonias semejantes a los sacrificios de Caifás en el Templo de Jerusalén.

· Ser aplaudido o ser hostigado. ¡Ay de vosotros cuando todo el mundo os alabe y hable bien de vosotros! Así trataron vuestros padres a los falsos profetas. La señal de Jesús no es el aplauso de las naciones, sino la persecución. Si nos aplauden las naciones, es que somos de su cuerda, que no molestamos.

Por eso sabemos que en la Iglesia hay mucha gente en el buen camino, en el camino de Jesús, porque son perseguidos, marginados, silenciados, asesinados, no canonizados....

Es una buena señal, hay Espíritu de Jesús en la Iglesia. Aunque no en todas partes. No se puede estar con el crucificado y con los crucificadores.

Ilustración: Rose Datoc Dall:

https://www.instagram.com/p/CsJyC2bNZFS/

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/1041-%C2%BFnadie-ha-visto-jam%C3%A1s-a-dios?.html






sábado, 2 de mayo de 2026

Del riesgo en los andamios

¿CUÁL TRANSICIÓN?

Gehard Cartay Ramírez

Culmina abril, casi cuatro meses después de la extracción de Maduro, y aún no puede hablarse en propiedad que se haya iniciado la anhelada transición en Venezuela.

La verdad es que, salvo el evento del 3 de enero, ningún otro podría anunciar un proceso de transición. La excarcelación de unos tres centenares de presos políticos -casi todos sometidos a medidas cautelares- y la permanencia todavía de muchos cientos en las cárceles del régimen demuestran la poca o nula disposición de su cúpula para contribuir a abrir una nueva etapa que implique cambios sustantivos y verdaderos, luego de la desgraciada experiencia de los 27 años que vienen desde 1999.

La mal llamada Ley de Amnistía, tal como fue concebida, no es apta para iniciar una auténtica transición precisamente porque no facilita la liberación incondicional de los presos políticos y tampoco se compadece con la definición del concepto de amnistía, que según el diccionario de la Real Academia Española es “el olvido de los delitos políticos, otorgado por una ley”.

Sin embargo, el mero hecho de que la mencionada ley haya sido dictada para discriminar a algunos y favorecer a otros imposibilita una real amnistía. Se diría que se trata de un dispositivo discrecional del régimen, que lo viene utilizando por cuenta gotas a su servicio, con lo que, al mismo tiempo, revela su indisposición a contribuir a una amnistía verdadera.

Tampoco el interinato de los hermanos Rodríguez muestra disposición alguna a dialogar y consultar con la oposición mayoritaria la designación de altos funcionarios del Estado, como ocurrió con el nombramiento del fiscal general y de la Defensora del Pueblo. Otro tanto parece que sucederá con la designación de los nuevos magistrados del Tribunal Supremo de Justicia. Al Rodrigato, como ya se ha visto, le basta con darle alguna cuota minúscula a los “alacranes” y punto.

No obstante, el fortalecimiento indiscutible del liderazgo de María Corina Machado y de la mayoritaria oposición democrática ejerce sobre ellos una presión cada vez más fuerte, no sólo dentro del país sino también afuera. La gira europea cumplida por Machado sigue desenmascarándolos y exponiéndolos como un régimen autoritario y corrupto, pese a los ejercicios de mutación y acomodo que viene practicando desde el pasado tres de enero.

Primero los negocios petroleros y después la democracia

Tanto el gobierno de Trump como el Rodrigato continúan aferrados a su programa inicial, como tutor el primero y como tutelado el segundo: la repetida fórmula de estabilización, recuperación económica y fiscal y, por último, el retorno a la democracia.

A los dos le conviene esa jerarquía de prioridades. El gobierno de Estados Unidos prefiere que se adelanten los negocios petroleros y al de aquí también. A aquél porque, en el fondo, esa pareciera ser su prioridad más urgente por ahora. Y al de aquí porque mientras más lejos se programen las elecciones mejor para ellos, pues de esa manera pueden prorrogar su interinato.

Ya se sabe que, en el fondo, su propósito es quedarse en el poder el mayor tiempo posible y en ese objetivo están dispuestos a complacer a Trump en todo lo que les ordene, comportándose como buenos vasallos. La retórica antiestadounidense del chavomadurismo ya es cosa del pasado, sustituida ahora por discursos melifluos y convenientes halagos hacia Trump, en tanto que no dejan de aparecer algunos insultos de gente que aparentemente ha sido sustituida y apartada por el Rodrigato.

El nuevo encargado de negocios de Estados Unidos en Venezuela, John Barrett, recién llegado a mediados de abril, ha ratificado el pasado lunes la posición de su país con respecto al interinato actual, confirmando así la actuación de su predecesora Laura Dogu.

Resaltó el diplomático que “juntos estamos construyendo una nueva Venezuela, profundamente ligada a nuestra región”. Resaltó, igualmente, que el sector privado y particularmente la inversión de Estados Unidos “es el motor de la transformación de Venezuela en un centro energético mundial, y un pilar esencial para la estabilización y la recuperación económica” (El Nacional, 28 de abril de 2025).

Sin embargo, la cruda realidad ahora es que Venezuela no se está recuperando, sino coadyuvando a un sistema energético que favorece primero que nada a Estados Unidos. En consecuencia, pareciera que para el gobierno de Trump la prioridad no es el retorno de la democracia venezolana, sino la estabilidad de su propio mercado petrolero y la garantía de suministro sin problemas, sobre todo en estos momentos en que se ha embarcado en una nueva confrontación bélica con Irán.

La recuperación de la democracia en Venezuela, por lo tanto, puede esperar.

No hay mejoría en lo social, aumenta la inflación y los sueldos no alcanzan

Pero las optimistas cifras macroeconómicas que muestra el gobierno norteamericano en los resultados de la nueva política petrolera que aplica en Venezuela como resultado de su tutelaje y dirección no existen para el venezolano de a pie, que sigue sufriendo una inflación feroz y devengando un sueldo mínimo, el peor del continente, por debajo de Cuba y Haití (¡!), lo cual ya es mucho decir.

Mientras esta situación se mantenga, nada va a cambiar en beneficio del país y su gente. Miles de millones de dólares producidos por esa nueva política petrolera, supervisados y controlados por las autoridades estadounidenses, no se han invertido para mejorar las condiciones de vida de nuestros ciudadanos.

No han servido para mejorar su nivel adquisitivo con mejores sueldos, ni tampoco para paliar los pésimos servicios públicos elementales como la electricidad y el suministro de agua potable, ni tan siquiera para corregir los gravísimos problemas de servicios de salud pública y de educación.

“No se le ha visto el queso a la tostada”, diríamos utilizando un dicho popular muy conocido…

Un gobierno de facto, tutelado desde afuera

La semana anterior, en el acto de entrega del premio “Valores Democráticos Padre Francisco Virtuoso s.j.”, celebrado en la Universidad Católica Andrés Bello, el doctor Rafael Tomás Caldera, uno de los homenajeados, pronunció unas palabras que merecen ser citadas porque reflejan la penosa situación por la que atraviesa Venezuela en estos días posteriores al 3 de enero, y que venimos comentado en las presentes líneas.

Vale la pena citar las palabras del doctor Caldera:

“Hace setenta y cinco años, en su muy leído Mensaje sin destino, escribía don Mario Briceño Iragorry:

Nunca como al presente necesitó nuestro país una atención mayor en el examen de sus problemas de pueblo, porque nunca como ahora se hizo tan notoria la crisis de los valores sustantivos. Tampoco jamás desde la edad heroica nuestro país se había confrontado con mayor número de problemas a la vez.

“Ha sido larga la lucha por instaurar una forma política justa en el país y ahora nos toca renovarla”, agregó Rafael Tomás Caldera.

“No podía imaginar don Mario la situación a la que hemos llegado en nuestra vida republicana.”

“Por primera vez en su historia como nación independiente, el país está presidido por un gobierno de facto, impuesto por una potencia extranjera.”

“Como quiera que se mire, es una situación precaria e intrínsecamente inestable. No se tenga duda.”

(…)

“El texto constitucional, como ha recordado la Academia de Ciencias Políticas, exige decisiones impostergables.”

“En nuestro caso, tras más de cien días, no puede haber vacilación alguna acerca del carácter absoluto de la ausencia.”

“Ello exige convocar elecciones presidenciales. Venezuela debe represar pronto a la normalidad democrática, que ha sido -es verdad- excepcional en nuestra historia, pero sin la cual no habrá paz ni podemos retomar el camino del desarrollo de nuestro pueblo.”

El “Rodrigato” comienza a moverse

Mientras tanto, la cúpula del régimen comienza a moverse, no sólo en su propósito de continuar en el poder, sino también ante la eventualidad -sin duda muy posible- de unas elecciones a finales de este año o en la primera mitad del próximo.

Ya iniciaron un intenso recorrido por el país, bajo el cognomento de una supuesta “peregrinación”, cuyo objetivo es consolar a la gente que aún los respalda mediante un discurso populista que intenta justificar el tutelaje de Estados Unidos, mientras ellos asumen el papel de víctimas del “imperialismo gringo” en una maniobra distraccionista tan estúpida como inútil.

Ilustración; Michiel Schrijver.

02/05/2026:

https://americanuestra.com/gehard-cartay-ramirez-bitacora-venezolana-abril-2026-cual-transicion/

LOS MILITARES Y LAS TRANSICIONES POLÍTICAS

Gehard Cartay Ramírez

Observo cierta superficialidad en algunos análisis sobre transiciones políticas foráneas, pretendiendo calcarlas para nuestro país cuando sea pertinente en el futuro.

Esos analistas obvian que cada transición tuvo sus actores y contextos particulares y que ningún caso se parece a otro. Todos resultaron distintos entre sí, por lo que sería una extravagancia, por decir lo menos, señalar que se siguió una especie de “manual de procedimiento” para adelantarlas. Lo que afirmo es una perogrullada, por supuesto, pero noto que hay quienes discurren sobre transiciones y establecen comparaciones entre algunos casos, todo ello sin rigor analítico ni profundidad alguna, pretendiendo transponer algunas experiencias de otros países para ensamblarlas aquí, como si se tratara de equipos armables.

No es así, por cierto. Desde luego que existen elementos concomitantes entre algunas de esas experiencias y por ello merecen un estudio más detenido. Pero, insisto, así como existen estas, hay también elementos dispares y hasta contradictorios entre sí, por lo cual pienso que cada transición política ha sido única en cierto modo, y así serán las que se sucedan en futuro.

Sí debo destacar que entre las escasas características casi comunes que registran las transiciones sucedidas hasta ahora hay una fundamental: el papel cumplido por la institución armada de cada país, ya como actor o como facilitador de las mismas. Sea dicho todo esto a pesar de que esas dictaduras militares por lo general fueron sanguinarias y represivas.

Hasta donde conozco sobre este tema en particular, las experiencias de España, Brasil, Argentina, Chile y Uruguay –por citar las que se mencionan como transiciones políticas exitosas y nos resultan cercanas– lo fueron porque los mandos militares actuaron a favor o, al menos, no se opusieron a ellas. La misma transición ocurrida aquí en Venezuela en 1958 fue posible por haber contado con el apoyo de una mayoría de la institución castrense, como más adelante se reseñará.

Una referencia sumaria y brevísima de algunos casos puede demostrarlo, sin pretender agotar el tema y muchísimo menos señalar la participación militar como la única, pues bien se sabe que las transiciones políticas implican a muchos factores, actores y contextos, como señalé al principio de estas notas.

En España, tras la muerte de Franco, la evolución política tuvo dos pivotes centrales: por una parte, el clima de diálogo, debate y entendimiento entre todas las fuerzas políticas, una vez aislado el sector extremista del franquismo. Por la otra, la activa participación del entonces novel rey Juan Carlos, quien designó como presidente del gobierno a un dirigente centrista, moderado e inteligente, abierto a todos los sectores políticos, como Adolfo Suárez.

Pero, en paralelo, el propio rey garantizó el apoyo de la Fuerza Armada, la única institución con poder real que pudo haber bloqueado esa transición. En ese momento, el liderazgo del monarca cohesionó a los militares, casi como lo había hecho Franco durante cuatro décadas. Fue en este ambiente amplio y distendido que se produjo la redacción de la Constitución de 1978, aprobada ese año por un referendo popular con el 90 % de los votos emitidos. Tres años después, Juan Carlos volvió a blindar ese proceso al oponerse a la tentativa golpista de un grupo de oficiales que llegaron incluso a tomar el Congreso de los Diputados, mientras esperaban un apoyo que nunca llegó por parte de la mayoría de los militares. Obviamente, el respaldo de la institución castrense a la transición española fue fundamental.

El caso de Brasil es más complejo. Luego del golpe de Estado contra Joao Goulart en 1964, vinieron 20 años de gobiernos militares, lo que, en cierto modo, constituyó luego un proceso gradual de transición tutelada por ellos mismos, pues respetaron el sistema federal y la elección directa de gobernadores. Esa larga dictadura se inició con el nombramiento del general Castelo Branco como presidente por parte del Congreso. Luego serían nombrados los también militares Costa e Silva (1967), Garrastázu Médici (1969), Geizel (1974) y Baptista Figueiredo (1979) hasta que en 1985, luego de intensas negociaciones entre militares y civiles, los primeros aceptaron la elección directa y universal del presidente de la república, siendo electo Tancredo Neves, quien falleció antes de asumir el cargo, y fue sustituido por su vicepresidente José Sarney. Desde entonces, Brasil ha mantenido la alternancia democrática de sus presidentes y gobiernos.

En Argentina, luego del derrocamiento de la presidente Isabel Martínez –viuda del general Juan Domingo Perón, a quien sucedió en 1976–, tomaron el poder los militares, cuyo desprestigio comenzó a crecer en la misma medida en que sus crímenes iban en ascenso, hasta llegar al capítulo tragicómico de Las Malvinas. Luego de tan humillante derrota militar frente a los británicos, a los gorilas argentinos no les quedó otra opción que devolverle el poder a los líderes civiles y democráticos, quienes iniciaron una inteligente evolución política encabezada por el presidente Raúl Alfonsín –electo en 1983–, la cual, aparentemente, ha consolidado la democracia en aquel país.

En Chile la transición se inició luego del referendo convocado por Pinochet y la cúpula militar en octubre de 1988, mediante el cual pretendieron prorrogarse en el poder hasta 1997. Inicialmente, solo el Partido Demócrata Cristiano estuvo de acuerdo con participar en ese evento, pero luego se fueron incorporando casi todas las demás fuerzas políticas opositoras, y tras una inteligente y atractiva campaña electoral fue derrotado Pinochet en las urnas. La decisión mayoritaria de los chilenos fue acatada por los militares, a pesar de los intentos del dictador para desconocerla. A partir de ese momento se puso en marcha una transición democrática que superó escollos y tuvo un admirable desempeño. 

En Uruguay se produjo también una transición muy particular, iniciada por los militares –quienes se habían alzado con el poder desde 1976–, luego de la derrota que sufrieran en el referendo de 1983 cuando pretendieron aprobar una constitución a su medida, mediante la cual impondrían su concepto de Estado a la sociedad civil y los partidos. Rechazada aplastantemente esta propuesta, militares y civiles comenzaron a negociar la transición y en 1984 se realizaron elecciones para presidente de la república, ganadas por Julio María Sanguinetti, iniciándose así lo que puede ser considerado como un ejemplar proceso democrático hasta hoy.

Finalmente, habría que añadir la transición política cumplida en Venezuela con motivo de la caída de la dictadura pérezjimenista, cuyo análisis merecería un espacio mayor del que disponemos ahora. En todo caso, resulta claro que ese proceso transicional se inició el primero de enero de 1958 con el alzamiento de un grupo de oficiales de la Aviación y del Ejército en Caracas y Maracay que, independientemente de su fracaso, puso de manifiesto las grietas que existían en el apoyo militar al dictador. A partir de allí se conjugaron la protesta civil y callejera que, al final, conducirían al golpe castrense que derrocó a Pérez Jiménez.

El proceso de transición se abriría plenamente durante 1958 con la firma del Pacto de Puntofijo por parte de Betancourt, Caldera y Villalba –los tres líderes democráticos principales– y después cuando en diciembre resultó electo el primero como presidente. Sin embargo, ese mismo año hubo varias intentonas golpistas a cargo de altos oficiales, algunas de cierta gravedad, pero todas derrotadas por los sectores institucionalistas de las Fuerzas Armadas y por la presencia combativa de la sociedad civil que en las calles protestaron y se opusieron a tales alzamientos. La actitud de la mayoría de los militares –entonces y después– apoyando la transición en marcha fue un factor clave para que, al final, aquella diera sus frutos y trajera consigo la instauración de la democracia en Venezuela.

Insisto, para finalizar: la contribución de los mandos militares ha constituido un elemento fundamental –aunque no el único, desde luego– para que algunas transiciones políticas tengan éxito. Y así lo señala la historia.

Ilustración: Thomas Danthony.

24/08/2023:

https://revistasic.org/los-militares-y-las-transiciones-politicas/

Comentarios de caja

IMPERFECTO TRABAJO DE CAMPO

Luis Barragán

A  $ 240 ascendió el salario mínimo integral, según lo anunció la encargada presidencial recientemente, aunque – eufemismo aparte -  le correspondía salarizar los bonos dada su consagrada regularidad. Así, se fueron al suelo las expectativas más elevadas, creyendo natural que se puede alcanzar por un chasquido de los dedos el valor estimado de la canasta básica que promedia mil dólares constantes y sonantes.

Eterno el trance inflacionario en el que nos encontramos, no es mucha la diferencia de precios de buena parte de los víveres adquiridos en casa, en el comercio informal, los mercados municipales y, algunos más flamantes que otros, los supermercados de una sorprendente expansión en la ciudad. Lucen memorables aquellas grandes compras que se hacían cada vez más esporádicamente, recorriendo pacientes las aceras de la calle, los puestos del establecimiento popular o los pasillos de anaqueles repletos, con un promedio de ingresos reales que no distaba del promedio de los citadinos, dos o tres décadas atrás.

Inevitable, nuestras adquisiciones domésticas han hecho a un detal humillante y, con lo que nos pagamos hoy por un par de tomates, una cebolla, un poco de arroz, dos latas de atún, cinco cambures, una bolsita de avena en hojuelas, un ramo de perejil y medio cartón de huevos, por ejemplo, hace tres, seis o diez años llenábamos un carrito completo de productos variados. En el ínterin, nada más y nada menos que perdimos nuestro signo monetario, buscando todavía en el subsuelo lo que queda de ingresos reales para unas mayorías desenchufadas.

Predominantemente mujeres, ha sido inevitable comentar brevemente con una que otra cajera el incremento de los precios y, no hay que hacer un esfuerzo extraordinario para intuirlo, las muchachas lo lamentan aún más porque generalmente no consiguieron un mejor trabajo que varias aspiraban por su nivel de estudios (sirva de ilustración los cursos más abaratados de diseño gráfico en la era de la IA, o de asistencia en farmacias), mantienen o ayudan a mantener a padres y hermanos, son madres precoces, etc. No les es fácil degustar un helado de yogourt de la franquicia más cercana, sustituir el teléfono, hacerse de una reserva de pañales desechables o, paradójicamente, llevar comida a la casa, descubriendo poco a poco que se trata de un empleo precario o de alta rotación, sospechando que la modalidad de autopago las hará prescindibles, negada toda sindicalización, entre otros detalles.

La anterior franquicia de muy vieja data, recordamos, por contrato colectivo, tenía cajas especiales con precios más accesibles para los empleados y una mínima póliza de seguro con un personal más estable con el que nos familiarizamos con el tiempo de un modo u otro. La cajera de la franquicia reemplazante, con un poco más de veinte años,  en una casual conversación sabatina, apenas ayer,  confesó una inmensa decepción con el anuncio salarial;  dijo desconocer por completo qué franquicia hubo con anterioridad pareciéndole de mejor calidad el empleo que daba, pero – lo peor – fue que no tenía la menor idea de lo que es un sindicato y muchísimos menos una convención colectiva, “porque eso no sale en Internet”.

Ilustración: LB/ChatFPT.

02/05/2026:

https://lapatilla.com/2026/05/02/luis-barragan-imperfecto-trabajo-de-campo/

viernes, 1 de mayo de 2026

Persistencia de las grandes mayorías

DEL SOPORTE SOCIAL DE LA TRANSICIÓN

Luis Barragán

El rito celebracional del Día del Trabajo y de los Trabajadores que muchos supusieron expresión del gentilicio mismo de este socialismo del siglo, nos interpela más  allá de la presente coyuntura política vivida como una situación estacionaria, incierta y aparentemente irresoluble siendo diluvio el mismo gobierno y no lo que vendrá después de él.  La extrema flexibilización del mundo laboral ha contribuido a desarticularlo gremialmente, reducido el universo de sus reivindicaciones a las meras exigencias de un aumento nominal de sueldos, salarios y pensiones. Sin embargo, camino a su reconstrucción, es necesario que se haga parte activa del proceso de transición en Venezuela, o, mejor, como recientemente refiere un experto en la materia, John Magdaleno (https://www.youtube.com/watch?v=7RoL-Lf8djE), se haga de la oportunidad transicional para impulsar un metamovimiento social que ayude a abrirlo, caracterizarlo y consolidarlo.

Requerimos de canales organizativos e institucionales de agregación de factores e intereses también contrastantes que apunten a un consenso básico y necesario, dando pie a sendas coaliciones sociales acordadas o de hecho, esenciales o complementarias, pues, por una parte, existen ámbitos aparentemente contradictorios como el de los obreros y el de los docentes universitarios, pero éstos han asumido el discurso laboral venezolano impedido para aquéllos; y, por otra, son notables las diferencias entre el profesorado agremiado de la Universidad Central de Venezuela, anclado en el incremento nominal de los ingresos, y el agremiado de la Universidad Simón Bolívar que se ha apuntado en un distinto modelo económico para la reparación social y la indemnización económica del daño laboral. Y es que las instituciones y la institucionalidad deben explicar nuevamente, perfeccionándola, nuestra experiencia política al afrontar un reto de inaplazable sentido histórico de contar con el mundo del trabajo y los nuevos e insospechados movimientos sociales que también aporten un liderazgo que el azar no prodiga.

Advierten autores muy calificados, como Larry M. Bartels (“Unequal democracy”, Russell Sage Foundation / Princeton University Press, 2016), que el malestar social no se traduce automáticamente en acciones colectivas, mientras que Daron Acemoglu y James A. Robinson (“El pasillo estrecho: Estados, sociedades y cómo alcanzar la libertad”, Penguin Random House, 2019), sostienen que la ausencia de una sociedad organizada capaz de equilibrar el poder del Estado bloquea la propia posibilidad de una transformación efectiva, impidiendo así la conformación de una fuerza social capaz de pensar, construir y sostener el cambio más allá de una simulación (in)voluntaria. De acuerdo con ambos, la sociedad ha de organizarse y estructurarse para evitar o frenar toda deriva autoritaria que va agudizándose hasta que tarde o temprano llegue el colapso; por ello, importa crear y transitar un corredor que es estrecho para equilibrar los poderes y sostener la libertad. 

Nada halagüeña es la realidad  de los trabajadores, los que buscan trabajo, los jubilados y pensionados venezolanos, como consecuencia del ensayo reiterado de un modelo socialista por siempre improvisado que increíblemente arruinó a PDVSA y, a pesar de las advertencias, ha fracasado con las Zonas Económicas Especiales que levantaron expectativas solamente en la órbita estatal. Pesan más los efectos perversos de mediano y largo plazo del modelo, necesarios de revertir, que el exclusivo planteamiento salarial con omisión de las calamidades económicas que bien apenas enunció Carlos Ñáñez, días atrás  (https://www.youtube.com/live/ZiRu2yxr4hg), aunque sentimos que ya nadie tiene noticia del Avenimiento Obrero-Patronal de 1958, pero se creen en los tiempos del diálogo tripartito, las cuatro centrales obreras - una de ellas muy poderosa - en el país de la abundante renta de la centuria anterior.

La transición venezolana no ocurrirá por inercia ni por el simple agotamiento del poder, sino cuando el mundo del trabajo decida organizarse y disputar, junto a otros sectores, la conducción del cambio. Sin esa voluntad de articulación y poder, toda transición anunciada seguirá la senda de una simulación sin capacidad de transformar el orden existente, aunque las realidades no pueden esconderse tras las ramas.

Fotografías: La una, tomada de la red; y, la otra, LB, esquina de Municipal, Miércoles Santo (CCS, 01/04/26).

01/05/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/05/del-soporte-social-de-la-transicion/

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