domingo, 24 de mayo de 2026

Caza de citas

“- Como reproducciones, son perfectas —corrobora el director de la Autoridad Arqueológica—. Pero no dejan de ser reproducciones, objetos creados mediante la inteligencia artificial (…) Y es que, justamente, yo estaba pensando en la suerte que tuvo Dimitrakos de no haber conocido la inteligencia artificial. También me preguntaba en qué categoría habría clasificado las reproducciones de los mármoles del Partenón. ¿Lo habría considerado algo ilícito?”

Petros Márkaris

(“El fraude es el futuro”, Tusquets, Barcelona, 2026: 66, 71)

Reproducción: Alen Lauzan.

Noticiero retrospectivo


 - Rafael Baquedano. “El sacerdote ante el cambio social”. SIC, Caracas, N° 302 de 03/1968.

- Entrevista a Jóvito Villalba de regreso del Territorio Delta Amacuro y del estado Bolívar. El Nacional, 06/09/43.

- Pedro Galán. Vásquez. “¿Qué busca la mafia en Venezuela?”. Últimas Noticias, Caracas, 02/12/84.

- Oswaldo Osio Canales. “Luis Herrera (Campíns) y el lenguaje popular”. El Universal, Caracas, 31/05/78.

- Moisés Moleiro. “¿Cuál 23 de Enero?”. El Diario de Caracas, 08/02/83.

Reproducción: El Nacional, Caracas, 25/10/1947. No precisamos bien el nombre del fotógrafo, ¿Scandía? María Teresa Acosta, procedente del barco Santa Paula, junto con Ricardo Espina, director de Radio Caracas y el reportero Escalona Oliver. Anuncia la presentación en la referida emisora y en Ondas Populares para viajar luego a Puerto Rico y a Canadá. Pieza tratada con IA.


Axiomáticos

LA BURBUJA ROJA

Luis Barragán

Por decir lo menos, la mayor incomodidad experimentada por los sectores oficialistas reside en la mera posibilidad de perder así sea parcialmente el poder. Acumulan casi tres décadas como beneficiarios directos e indirectos del presupuesto público nacional, en nombre y en representación de una revolución condensada en la reminiscencia guevarista de la subversión de los años sesenta de un siglo que parece más remoto de lo que es.

Poco importan las evidencias, pues, lo saben y muy bien, la Venezuela actual no es el fruto tan mentado de las sanciones internacionales, restándole toda responsabilidad al gobierno. Para remediar la situación, quizá flota en el imaginario de esta izquierda inaudita, ese voluntarismo extremo que fracasó con la zafra cubana de diez millones de toneladas de azúcar en una misma cosecha para 1970 de resultados que la más superficial navegación digital revela.

Es el amplio sector oficial, oficialista y oficioso el que tiene por domicilio una burbuja roja que la sueñan todavía blindada, a pesar del drama, el inmenso drama que sufrimos los venezolanos. Los elencos del poder se muestran indiferentes ante noticias que nuevamente llevan a nuestro país al duelo, como es el caso de Víctor Quero y María Teresa Navas, o de los agentes de la Policía Metropolitana que cumplieron una injusta condena más allá del tiempo que expresamente estableció la sentencia.

Poco importa que esté planteada una transición, incluso, desde las entrañas más profundas de un oficialismo que sabe tan insoportable la situación actual como el que más y, a pesar de todo,  desea estirar la cuerda hasta lo indecible por aquel axioma del si me jodo que se jodan también los demás. En la perspectiva asumida por Óscar Vallés, no se interrogan en torno a la fortaleza o debilidad de las fuentes reales de poder, como la administración de la violencia, el petróleo, el apoyo popular, y las matrices de opinión e influencias, porque las burbujas no tienen ventanas abiertas para asomarse a la realidad y, de tenerlas, inmediatamente explotan.

Otros, se quejan de la pérdida de los símbolos inherentes al poder establecido en el siglo XXI: en nada descalificamos personalmente a los foristas que lo alegan, absolutamente convencidos de la fuente popular y el carácter netamente chavista de la simbología, obviando el uso  y abuso de los recursos simbólicos y materiales del Estado que concluyó en las más estéticas burbujas para flotar por encima de las grandes mayorías que todavía pretenden desconocer. Así, las actividades del Centro de Estudios Democracia Socialista (CEDES), origen del foro en cuestión, parecen orientarse a la crítica más o menos velada de lo que se ha dado en llamar el rodrigato que a la autocrítica de una experiencia muy larga e insensata que nos arrojó a una realidad inmerecida para todos los venezolanos. 

Fotografía: AFP para un reportaje de Héctor Antolínez:

https://www.elnacional.com/2026/05/carmen-teresa-navas-desnudo-el-maltrato-del-estado-a-familiares-de-presos-politicos/

Ilustración: Saul Steinberg, pieza que sucesivamente intervinimos empleando la IA.

Cfr.

Foro con Marisol Gómez, Manuel Azuaje y Reinaldo Iturruza:

https://www.youtube.com/watch?v=g9XSDaC7S0w

Entrevista a Óscar Vallés:

https://www.youtube.com/watch?v=A5A-YNd7B88

24/05/2026:

https://lapatilla.com/2026/05/24/luis-barragan-la-burbuja-roja/


Trascenderlas

EL ESPÍRITU NOS LLEVA MÁS ALLÁ DE LAS CREENCIAS

(San Juan, 20: 19-23)

Enrique Martínez Lozano

En esta catequesis –que se prolongará con la escena de Tomás-, se hace referencia a algunos datos significativos. Las dos apariciones ocurren "el primer día de la semana", y simplemente con ello se le están diciendo al lector dos cosas: que la resurrección es una "nueva creación", y que las apariciones "ocurren" en el domingo, en la celebración comunitaria de la eucaristía o "fracción del pan". Con lo cual, se le está invitando a descubrir al Resucitado en la eucaristía compartida. De hecho, Tomás no "ve al Señor" por estar ausente, fuera de la comunidad.

Se subraya también que Jesús se hace presente "al anochecer" y "estando cerradas las puertas". El motivo del "miedo" es un añadido posterior; en un primer estadio, era sencillamente un modo de indicar el carácter portentoso de la presencia del resucitado. Se hace ver que el "cuerpo" del Resucitado está más allá de las leyes físicas: capaz de "atravesar" las paredes, no es un cuerpo que se pueda ver ni tocar.

Por lo demás, la experiencia del Resucitado va unida a realidades específicas y fundamentales para el creyente: la paz, la misión, el perdón y el Espíritu.

La paz (shalom) es el saludo del Resucitado, como había sido el saludo de los ángeles en el nacimiento: "Paz a los hombres, amados de Dios". Si lo único que nos quita la paz es la mente no observada –las cavilaciones mentales-, es claro que la Presencia es sinónimo de aquella paz "que supera todo lo que podemos pensar" (Filp 4,7). No es extraño que en el Nuevo Testamento se llame a Jesús "nuestra paz" (Ef 2,14) y que Pablo hable reiteradamente del "Dios de la paz" (1Tes 5,23; Rom 15,33; Filp 4,9).

La experiencia del Resucitado, por otra parte, convoca a la misión, una misión totalmente en línea con la del propio Jesús: "Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo". El eje de la misma no podrá ser otro que el de comunicar y favorecer la vida, ya que él ha venido "para que tengan vida, y vida en plenitud" (Jn 10,10).

La misión no tiene nada que ver con el proselitismo ni nace porque alguien se crea en posesión de la verdad. Es algo mucho más hondo, gratuito y desapropiado. Sentirse "enviado" es, sencillamente, reconocerse como "cauce" a través del cual la Vida se expresa. Por eso mismo, no hay apropiación ni expectativas; se deja que la Vida sea. De ahí que, en este sentido en el que lo estamos planteando, únicamente puede sentirse "enviado" quien ha dejado de identificarse con su yo, se ha desprendido del ego. El yo no puede nunca vivir como "enviado", aunque lo proclame, porque su característica es vivir egocentrado, justo lo opuesto a ser cauce.

El Resucitado comunica su propio Espíritu. El lector del evangelio sabe ya que esta había sido una de las grandes promesas de Jesús antes de morir. "Exhalando su aliento sobre ellos" –las mismas palabras con que se narra la creación del primer hombre: "El Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra, exhaló en sus narices un aliento de vida y el hombre se convirtió en un ser viviente": Gn 2,7)-, los hace partícipes de su propio Dinamismo y de su propio Gozo, del mismo Espíritu que lo animó durante toda su vida.

Y por ese don del Espíritu, lo discípulos se constituyen en "jueces" del mundo. El "perdonar y retener los pecados" se halla vinculado a la tradición sinóptica de "atar y desatar". Los teólogos están de acuerdo en que la lectura que hizo el concilio de Trento, que vio en estas palabras la institución del sacramento de la penitencia, parece una interpretación dogmática, que va más allá de lo que el texto quiere expresar.

En la línea de lo que aparece en el llamado "testamento espiritual" de Jesús (capítulos 13-17), en el que se habla del "Espíritu de verdad" que desenmascara el engaño del mundo, aquí también se reconoce a los discípulos, en cuanto habitados por aquel mismo Espíritu de verdad, la capacidad de discernir lo verdadero de lo falso.

Pero eso no significa tampoco entrar en un nuevo debate acerca de las creencias que serían "ortodoxas" –como ha ocurrido y ocurre habitualmente-, sino justamente en trascenderlas, porque se ha descubierto que la Verdad estará siempre más allá de ellas. La Verdad no puede ser objeto de fe; únicamente se la puede ser.

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/6360-el-espiritu-nos-lleva-mas-alla-de-las-creencias.html

Ilustración; Jennifer Allison.

P. S. Martín: "¿Hacia dónde camina la Iglesia? Alemania, la sinodalidad y la fractura silenciosa en la Iglesia":

https://www.youtube.com/watch?v=0xKv_0RMoYo


Papa León:
Cardenal Porras:
Monseñor Biord:
Padre S. Martín:
Monseñor Munilla:

miércoles, 20 de mayo de 2026

Patricia Molina

SOLIDARIDAD

Luis Manuel Marcano y Luis Barragán

Solidaridad es definida por el Diccionario de la Real Academia Española como la “adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros”. La definición parece breve, incluso insuficiente para la magnitud ética que intenta contener, pero detrás de esas pocas palabras se esconde uno de los conceptos más profundos que la humanidad ha construido para resistir el paso del tiempo, las guerras, las enfermedades, el exilio y la soledad. La palabra proviene del latín solidus, que remite a aquello que es firme, entero, unido, donde cada parte sostiene a las demás para evitar el derrumbe del conjunto. Hay algo profundamente revelador en ello: la solidaridad no nació como una emoción sino como una estructura de sostén. Antes que una virtud, fue una necesidad. El ser humano descubrió muy temprano que aislado podía sobrevivir algunos días, pero solo acompañado podía construir civilización. Allí donde una persona cayó y otra extendió la mano nació una primera forma de solidaridad. Allí donde alguien compartió alimento, refugio o tiempo nació la idea de que la vida humana solo adquiere sentido pleno cuando reconoce la existencia del otro.

La historia de la solidaridad no puede entenderse únicamente como una categoría moral contemporánea ni como un principio jurídico o religioso. Es mucho más antigua que eso. Está presente en las primeras aldeas agrícolas donde las cosechas eran compartidas porque una mala temporada podía significar la desaparición del grupo completo; está en las ciudades antiguas donde el incendio de una vivienda movilizaba a toda una comunidad; está en las grandes tradiciones religiosas que enseñaron que el prójimo no era una figura abstracta sino una responsabilidad concreta. Más tarde, la filosofía moderna convertiría esa intuición en teoría y las revoluciones sociales del siglo XIX comenzarían a hablar de fraternidad, justicia social y cooperación. Pero quizás uno de los momentos históricos donde la palabra adquirió una dimensión verdaderamente universal ocurrió en Polonia durante el siglo XX, cuando un grupo de trabajadores decidió llamar a su movimiento simplemente: Solidaridad.

El movimiento Solidaridad, liderado por Lech Wałęsa, no fue solamente una organización sindical ni una expresión de protesta económica. Fue un acontecimiento moral e histórico. Nació en los astilleros de Gdansk bajo condiciones políticas difíciles y terminó convirtiéndose en una de las fuerzas sociales más influyentes del siglo XX europeo. Lo extraordinario no fue únicamente que cuestionara estructuras de poder aparentemente inamovibles, sino que demostrara algo mucho más profundo: que una sociedad organizada desde el apoyo mutuo podía recuperar espacios de dignidad incluso cuando el Estado parecía haber perdido capacidad de representación. Solidaridad dejó una enseñanza que trasciende la política polaca: cuando las instituciones se agotan, cuando los mecanismos tradicionales dejan de responder, las comunidades humanas suelen descubrir nuevamente el valor de acompañarse unas a otras. La solidaridad aparece entonces no como caridad sino como resistencia; no como limosna sino como afirmación de humanidad.

Pero existe otra dimensión de la solidaridad que rara vez ocupa titulares o páginas de historia. Es la solidaridad pequeña, cotidiana, casi invisible. La de quien envía un mensaje preguntando si hace falta algo. La de quien presta atención. La de quien acompaña en silencio. La de quien comparte información, tiempo o recursos sin esperar reconocimiento. Esa solidaridad no cambia mapas ni derriba gobiernos, pero sostiene vidas concretas. Y quizás allí reside su grandeza. Porque la humanidad escrita con mayúsculas se construye precisamente desde esos actos humanos escritos en minúsculas.

Venezuela, en estos años difíciles, ha conocido de cerca esa solidaridad silenciosa. Allí donde tantas veces las estructuras públicas dejaron de responder con suficiencia; allí donde la salud se volvió incertidumbre para miles de familias; allí donde hospitales dejaron de ser garantía y comenzaron a convertirse para muchos en una carrera angustiosa contra el tiempo; allí donde tantas familias fueron separadas por la migración y el exilio, comenzó a aparecer otra red, menos visible pero profundamente eficaz: la red de personas ayudando personas. Los venezolanos dentro y fuera del país aprendimos a reconstruir una forma de comunidad apoyándonos mutuamente mediante colectas, campañas espontáneas, grupos de ayuda, transferencias pequeñas y plataformas solidarias que han permitido tratamientos médicos, emergencias familiares, estudios y acompañamientos que en otras circunstancias corresponderían a estructuras institucionales más robustas.

Muchos de quienes vivimos fuera del país sabemos que esa solidaridad tiene rostros concretos. Sabemos que hay días donde una conversación sostiene más que una política pública y donde una ayuda pequeña adquiere una dimensión inmensa. Sabemos también que el exilio, además de una experiencia política, es una experiencia profundamente humana donde las redes de afecto y apoyo adquieren un valor extraordinario. Y dentro de esas redes también existe una solidaridad intelectual, igualmente importante: la de quienes han abierto espacios para que otros puedan escribir, pensar, disentir, denunciar, reflexionar, reconocer triunfos, dejar memoria y construir historia.

Durante muchos años, quienes escribimos para El Nacional conocimos -aunque muchas veces el lector no lo percibiera- el trabajo silencioso y constante de Patricia Molina. Periodista de amplia trayectoria, conocida por medio país, ha sido durante años coordinadora de la sección de Opinión del diario. Por sus manos han pasado textos, columnas, debates, ideas y discusiones de decenas de autores venezolanos. Su labor consiste muchas veces en algo que parece pequeño pero que en realidad es inmenso: cuidar el espacio donde circula la palabra. Leer, ordenar, coordinar, insistir, recordar plazos, acompañar procesos editoriales y sostener una sección que terminó convirtiéndose en parte de la memoria intelectual venezolana incluso después del cierre del formato impreso y durante la travesía digital del diario.

Quienes escribimos conocemos bien que detrás de cada texto publicado existe un trabajo invisible. Detrás del autor visible existen personas que leen, que corrigen, que llaman, que preguntan, que mantienen abierto el espacio para que las ideas lleguen a otros. Patricia es desde hace años una de esas personas. Muchas veces ha estado allí sin pedir reconocimiento. Muchas veces facilitó que otros tuvieran voz. Muchas veces hizo posible que artículos que denunciaban, analizaban, registraban o simplemente pensaban el país encontraran un lugar donde existir. Hoy, humildemente, Patricia necesita de nosotros por temas importantes de salud.

Y quizás allí aparece la verdadera prueba de la solidaridad. Porque es sencillo admirar a quienes ayudan cuando están fuertes; lo difícil y lo verdaderamente humano es estar presentes cuando quien sostuvo necesita ser sostenido. La solidaridad auténtica no funciona como una cuenta de retorno ni como una obligación moral automática. Funciona como una memoria ética. Recordamos quién estuvo. Recordamos quién abrió puertas. Recordamos quién sostuvo espacios. Recordamos quién acompañó procesos. Por eso este llamado no nace desde el deber frío ni desde la lástima distante. Nace desde el reconocimiento y desde la gratitud. Muchos de quienes escribimos para El Nacional, muchos de quienes utilizamos esos espacios para denunciar, reflexionar, reconocer logros o dejar testimonio del país que hemos vivido, encontramos también esa ventana gracias al trabajo de Patricia Molina. Hoy queremos pedir que esa solidaridad regrese convertida en gesto.

Por ello, nosotros, Luis Barragán y Luis Manuel Marcano Salazar, autores de El Nacional, acudimos respetuosamente a ustedes para solicitar apoyo para la amiga de todos los autores y lectores, Patricia Molina. No existe aporte pequeño cuando nace del deseo sincero de acompañar. Cada transferencia, cada colaboración, cada difusión suma y representa mucho más que un monto: representa la decisión de no dejar sola a una persona que durante años ha acompañado el trabajo intelectual y periodístico de tantos.

Las señas para colaborar son:

PAGO MÓVIL – Banesco

CI V-6.810.349 

Tlf . 0412 333 27 94

ZELLE

Antonio Molina

antonio_molina@graficheck.com

Cualquier monto, desde el más pequeño, SUMA.

Porque una sociedad no se mide únicamente por sus discursos ni por sus instituciones. También se mide por su capacidad de mirar hacia quien necesita ayuda y decirle, con hechos y no con palabras: no está sola.

20/05/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/05/solidaridad-2/

Cfr. 

https://www.elnacional.com/author/luis-barragan-y-luis-manuel-marcano/

martes, 19 de mayo de 2026

Tinta en el proceso

ESEQUIBO, TERRITORIALIDAD Y TRANSICIÓN

Luis Barragán

De una suficiente claridad conceptual y precisión jurídica en su más reciente y extraordinario texto para El Nacional, el profesor Héctor Faúndez nos evita reiterar las específicas consideraciones técnicas que suscita el actual proceso escenificado en la Corte Internacional de Justicia a propósito de la Guayana Esequiba. Importa que Venezuela se haya reincorporado, aunque tardíamente, a un litigio imposible de eludir como lo advirtió con suficiente antelación el eximio académico frente a la baratura política y leguleya de muchos de los abstencionistas en la materia.

El oficialismo recibió como legado una vasta elaboración histórica, jurídica y diplomática construida por la República Civil en medio de un natural, libre e intenso debate público. Por ello, la consternación que produjo toda reducción del legítimo y complejo reclamo histórico a una maniobra táctica de legitimación interna, a un discurso anti-imperialista que no condujo a alianza alguna y que paradójicamente desembocó en una subordinación a Washington que ha apoyado las posturas guyanesas por años como igualmente lo ha hecho Cuba.

La comparecencia a La Haya desaprovechó una excepcional oportunidad de promover el mínimo consenso nacional en torno a una política que ha de ser de Estado que coadyuve a una transición con la que Caracas se ha comprometido a cumplir luego de las etapas llamadas de estabilización institucional y de recuperación económica. Prisioneros de la lógica gubernamental, ignoraron que las diferencias políticas no impiden el contacto y las coincidencias fundamentales como ocurrió en 1966, cuando la delegación que suscribió el Acuerdo de Ginebra tuvo un irrefutable carácter plural, añadida la presencia del Partido Revolucionario de Integración Nacionalista (PRIN) que de un modo u otro le dio cobertura a determinados sectores de la insurrección armada de entonces.

La sola reconstrucción de la institucionalidad del Estado o, mejor, como gustamos de aseverar, la reestatización de un Estado artificiosamente agigantado como ineficaz, permitiría recobrar nuestra credibilidad  exterior y redefinir el papel venezolano en los difíciles equilibrios geopolíticos de la región. El referido agigantamiento ha amenazado la noción misma de territorialidad, cuya integridad corre peligro en los estrados internacionales por no citar la situación de hecho que acaeció en la madrugada del 3-E.

La pretensión de capitalizar una eventual victoria judicial que, en rigor, correspondería a una causa histórica de la nación, o la de transferir los costos políticos de una derrota a la población que todavía desconoce los resultados y pormenores de la compleja consulta oficial que se le hizo, nos parece una doble necedad gubernamental agravada por la posibilidad de una decisión que postergue infinitamente la solución de fondo gracias a un artificio. Por consiguiente, probado hasta la saciedad por el caso esequibano, no podemos escapar de la relación entre soberanía, institucionalidad y reconstrucción republicana que nos sintonice con la presente centuria.

Fotografía: LB, avenida Baralt (CCS, 16/05/26).

Cfr. HF; 15/05/26: https://www.elnacional.com/columnas/2026/05/las-perspectivas-del-caso-del-esequibo-en-la-cij/  No escribía en el periódico desde el 27/1023: https://www.elnacional.com/columnas/2023/10/el-esequibo-el-caricom-y-cinco-preguntas-irrelevantes/

LB. Sobre HF: 06/06/23.  https://www.elnacional.com/columnas/2023/06/de-la-controversia-interna-del-esequibo/

19/05/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/05/esequibo-territorialidad-y-transicion/

lunes, 18 de mayo de 2026

Escena transicional

Luis Barragán: El país demanda un proceso de transición en el que se haga parte

Por lapatilla.com

“El país demanda un proceso de transición de acuerdo a la universal comprensión de un término que debe emplearse con la sobriedad y la profundidad indispensables. Incluso, que comprometa a los inocentes seguidores de un sector oficialista que tampoco desean ser marginados”, expresó en una entrevista.

Barragán advirtió como requisitos necesarios para la transición, la incorporación efectiva de la oposición democrática al proceso, la fundamental unidad opositora que bien expresa la Plataforma Democrática por su efectivo carácter plural y el consenso programático hacia el cual debe orientarse el reto transicional.

“Las transiciones no se decretan, se hacen, y constituye todo un desafío político construir un proceso acá y desde acá que nos comprometa a la unidad real bajo un liderazgo de convincente ejercicio democrático”, resaltó.

17/05/2026:

https://lapatilla.com/2026/05/18/luis-barragan-el-pais-demanda-un-proceso-de-transicion-en-el-que-se-haga-parte/

Caza de citas

“- Como reproducciones, son perfectas —corrobora el director de la Autoridad Arqueológica—. Pero no dejan de ser reproducciones, objetos cre...