domingo, 18 de octubre de 2026

Resonancia

 

NOTITRDE, Valencia, 18/10/26.

Caza de citas

 


“La acción requiere de esa visión panorámica previa para poder ser eficaz, para encontrar el cauce adecuado y así vehicular el deseo de cambio. La acción por la acción, ciega y acelerada, no conduce a ningún sitio. La esperanza exige el concurso de la inteligencia, pero también de la memoria y de la imaginación”

Francesc Torralba

(“Anatomía de la esperanza”, Ediciones Destino, Barcelona, 2026: 99)

Reproducción: Coffee Laguana.

Noticiero retrospectivo


- Carta encolerizada de Miguel Ángel Burelli Rivas a José Carta, director de El Globo. El Globo, Caracas, 18/06/1992.

- Entrevista a Eduardo Fernández. Bohemia, Caracas, N° 936 del 05/04/81.

- Orlando Araujo y el fin de imperio. Qué Pasa en Venezuela, Caracas, N°  11 del 18/04/64.

- El MAS da total apoyo a Carlos Tablante y Luis Manuel Esculpi en la investigación de Blanca Ibáñez. Economía Hoy, Carcas, 02/08/89.

- Acto de proclamación de Eduardo Fernández para su reelección como secretario general de COPEI. El Nacional, Caracas, 23/06/84.

Reproducción: Soldado y pueblo en 1945: una versión variada de https://lbarragan.blogspot.com/2013/10/octubriedad-1.html

Una travesura gráfica

¿OTRA VEZ EL 18 DE OCTUBRE?

Luis Barragán

Por décadas, la fecha fue motivo de polémica por los acontecimientos de 1945, por lo menos mientras vivieron los actores principales de la asonada militar convertida en revolución. No obstante, aunque todavía vivía quizá el más encendido de los polemistas, Arturo Uslar Pietri, hacia mediados de los años ochenta el acontecimiento comenzó a decaer, porque otro era el país que había suscitado y otra la factura que el novelista pasaría al frente de los llamados Notables con posterioridad.

Inevitable como acontecimiento histórico, vuelve tímidamente a escena aquel inicio de una transición hacia la democracia, frustrada por el golpe de 1948 y retomada una década después. Obviamente, incurriríamos en un triple anacronismo: conceptual, al atribuirles a los actores de 1945 concepciones y perspectivas propias de esta época; institucional, al trasladar al pasado estructuras, reglas y prácticas muy conocidas en el presente, pero acaso incipientes en aquella época; y moral, al juzgar a los protagonistas de entonces con los criterios actuales. No obstante, a partir de un texto de Sergio Javier Barrionuevo (1), podemos sostener que hablar de transición, democratización o reinstitucionalización del Estado en democracia y libertad no significa necesariamente incurrir en un anacronismo histórico, pues conocemos las diferencias fundamentales entre aquella época y la actual.


A mediados de los años cuarenta hubo una ruptura violenta y definitiva con el (neo)gomecismo, una inmediata liberalización política y, a pesar de las conspiraciones y los errores gubernamentales, se convocaron y celebraron sendos comicios durante el Trienio. Hubo un programa específico de realizaciones en los distintos ámbitos de la vida nacional, que significó el ascenso de las masas a la escena pública, bajo un orden constitucional extraordinariamente debatido, así como la emergencia de nuevos líderes que arriesgaron el propio pellejo desde distintas aceras. Por supuesto, también hubo errores de gran envergadura, como el sectarismo adeco y, posiblemente, la ingenua creencia de que el problema pretoriano ya estaba resuelto entre nosotros.

Nadie puede asegurar que las respuestas a los desafíos actuales puedan hallarse en el desarrollo de los acontecimientos octubristas, pero sí podemos, al menos, recordar las lecciones acumuladas desde entonces por un país que lo era y que, hasta hace pocos años, había dejado de serlo, a pesar de sus hazañosas resistencias en el siglo XXI. Quizá la noción capital que debemos retomar sea la de una unidad opositora ejemplarizante, en medio de la diversidad necesaria y aconsejable, frente a los adversarios abiertos y encubiertos de la libertad y la democracia, como ocurrió en el decenio de los sesenta. ¿Habrá una transición efectiva sin esa unidad o, mejor aún, sin un liderazgo unitario?

Desde la perspectiva histórica, los hechos desarrollados a partir de 1945 todavía esperan nuevos aportes documentales e interpretaciones, como quedó de manifiesto en un reciente foro celebrado por la diáspora venezolana en Chile (2). Sin embargo, en términos vitales y políticos, arrojan luces sobre un pueblo que todavía pugna por su ascenso ciudadano. Por eso, otra vez el 18 de octubre.

(1) https://www.researchgate.net/publication/384134522_Anacronismo_e_historia_Una_discusion_en_torno_a_la_utilizacion_del_concepto_de_'lo_politico'

(2)

https://www.youtube.com/watch?v=py7rd2K-m0g

Reproducción: IA/lb, sobre una fotografía tomada de: 

https://es.wikipedia.org/wiki/Di%C3%B3genes_Escalante

18/10/2026:

https://lapatilla.com/2026/10/18/luis-barragan-otra-vez-el-18-de-octubre/

Trampa tendida

LOS IMPUESTOS DEL EGO

(San Mateo, 22: 15-21)

Enrique Martínez Lozano

Quizás sea bueno contextualizar la cuestión planteada en este relato, para entender mejor la «pregunta envenenada» que le dirigen a Jesús, así como la respuesta de éste.

Por lo que se refiere al tema mismo del impuesto exigido por Roma, es sabido que constituía –además de una carga económica- una humillación permanente y sangrante para el pueblo judío, que no toleraba el reconocimiento de ningún «amo» fuera de Yhwh.

De hecho, a lo largo de todo el siglo I, tanto en Judea (año 17), como en Siria (año 36) y en otras partes del imperio estallaron revueltas a causa de la política de impuestos aplicada por los ocupantes romanos.

Entre los años 6 al 9, Judas el Galileo pidió al pueblo que no pagara el tributo a Roma, desde una motivación religiosa: el único Señor el pueblo era Yhwh; y no debían someterse a ningún otro «señor».

Esta misma postura fue sostenida por su hijo Menahem, en la guerra del 66-70. Sin embargo, el rey Agripa hace saber al pueblo insurreccionado contra Floro (66) que no pagar el tributo es «un acto de guerra» contra Roma.

Se trataba, ciertamente, de una cuestión candente y de solución «imposible». Como estratagema para atrapar a Jesús, no podían haber elegido otra más idónea.

Todo ello no era obstáculo para que los judíos utilizaran la moneda del imperio. El denario –la moneda que le muestran a Jesús- llevaba en el anverso la imagen de César Tiberio adornado con la guirnalda de laurel que indicaba la dignidad divina, junto con la inscripción «Tiberio César Augusto, hijo del divino Augusto». Y en el reverso, la leyenda «Pontífice Máximo» y la figura de la madre del emperador sentada en un trono de dioses.

Esta incongruencia ofrecía a Jesús una «salida» airosa. Quienes hacen gala de no depender de nadie, sino de Dios, están utilizando la moneda idolátrica.

El relato empieza haciendo notar la alianza «extraña» entre fariseos y herodianos con el único objetivo de «comprometer» a Jesús. Aquí podría aplicarse aquello de que «los enemigos de mis enemigos son mis amigos»: todo parece valer para conseguir los propios propósitos, por mezquinos que sean.

Y este grupo se acerca adulando a Jesús. La ironía radica en el hecho de que los términos de su adulación constituyen –quizás sin saberlo ellos mismos- uno de los «retratos» más ajustados del maestro de Nazaret: un hombre «sincero y que enseña el camino de Dios conforme a la verdad; sin que le importe nadie, porque no se fija en las apariencias».

No cabe duda de que la integridad, la coherencia y la libertad interior constituyeron «señas de identidad» de Jesús y guiaron su comportamiento a lo largo de toda su vida, a pesar de las consecuencias que le acarrearon.

Una coherencia que se pone más en relieve precisamente al contrastar con la mezquindad de quienes se acercan, con buenas palabras, para tratar de «comprometerlo».

El dilema que le plantean no parecía tener escapatoria posible: o se caía en un delito grave frente a Roma o se renegaba de la fe del pueblo en la soberanía de su único Dios.

Jesús sortea la trampa, en dos niveles: remitiéndoles a ellos mismos y conduciéndolos a un plano más profundo, desde donde la perspectiva se modifica.

En el primer nivel, les hace caer en la cuenta, como decía antes, de su propia incongruencia: ¿qué hacen ellos con la moneda romana en su bolsillo? Si es de Roma –parece apuntar con ironía-, tendrán que devolvérsela.

Pero la fuerza del argumento se encuentra en el segundo nivel. De hecho, la conocida –y tantas veces repetida- respuesta de Jesús («dadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios») podría traducirse, como sugiere Francesc Riera, por «retirad al César lo que es de Dios» (F. RIERA, El evangelio de Mateo. La mirada a Jesús crea el difícil consenso en una iglesia plural (Mt 21,1-28,20; 1,1-2,23), Sal Terrae, Santander 2010, p.37. De él he tomado también los datos históricos con los que iniciaba este comentario).

Esa respuesta, sin optar expresamente por ninguna de las dos alternativas, plantea un principio de validez permanente: el rechazo manifiesto a absolutizar cualquier poder.

El poder tiende a absolutizarse, en una dinámica que refleja exactamente lo que es el funcionamiento del ego. De un modo parecido a como un sentimiento (real) de inferioridad suele producir, como mecanismo compensatorio, la apariencia contraria (el individuo necesita sentirse «superior»), así también el yo, al ser por sí mismo inconsistente, tiene necesidad de fortalecer su (precaria) seguridad. En consecuencia, tiende a absolutizar todo lo que tiene que ver con él: ser el centro, tener razón, tener poder, riqueza, imagen…

La respuesta de Jesús advierte de este riesgo. El único absoluto es Dios; todo lo demás es relativo.

Ahora bien, una lectura mítica hace de esas palabras la fuente de un dualismo insostenible y puede llevar incluso a una desvalorización de lo humano. Es lo que ocurre en un planteamiento religioso en clave de rivalidad (o Dios o el hombre), como se ha dado a veces en nuestra propia tradición.

Pero no va por ahí. Porque aquí no se habla de «Dios» como de un ser objetivado –tal como lo nombran, por ejemplo, las religiones-, sino del Misterio último de lo que es, que se expresa en infinidad de «formas» relativas, sin confusión, pero sin separación.

Lo absoluto, por tanto, no es el «dios» que la mente humana crea –el «dios pensado» nunca puede ser un absoluto, sino un objeto mental-, sino el Misterio inefable que a todos nos constituye.

El nivel relativo es el mundo de las formas, físicas y mentales; entre ellas, el yo. El absoluto, por el contrario, es nuestra identidad verdadera.

El primero de ellos es el mundo de los pensamientos, siempre variables, inestables y fluctuantes. El segundo es el de la Conciencia siempre estable, permanente y pacífica.

Detrás de cualquier pensamiento –cualquiera que sea su color-, está la conciencia. Y podemos apreciarla de un modo sencillo: observando las pausas entre los mismos pensamientos.

Hay un símil que puede ayudarnos a entenderlo. Sobre una pizarra permanente, escribimos líneas de muchas formas y colores; líneas que se suceden, se superponen, se entrecruzan… Las líneas varían constantemente. Sin embargo, la pizarra permanece estable. Y es la que hace que sea posible la escritura…, aunque ni siquiera reparemos en ella.

Nuestros pensamientos son las líneas que escribimos sobre la pizarra; ésta es la Conciencia. Aquéllos pertenecen al nivel relativo; ésta es lo absoluto. Pero, precisamente por ello, nadie se la puede apropiar. Tampoco puede ser pensada. Únicamente se la puede experimentar de un modo directo, preconceptual, cuando acallamos los pensamientos (cuando, en lugar de seguir dibujando líneas sobre la pizarra, depositamos en ella toda nuestra atención).

Todo esto desemboca en un interrogante. ¿Con quién nos identificamos: con la sucesión de pensamientos (el yo) o con la Conciencia estable e ilimitada? ¿Nos «conformamos» con nuestra identidad relativa, en la forma pasajera del yo inconsistente, pura creación mental…, o nos reconocemos como Conciencia pura, en el «disfraz» de esta forma? ¿Pagamos el «impuesto» al yo o lo «devolvemos» a Dios?

Ilustración: Liu He Bei:

https://brandtasianart.com/pieces/set-of-nine-chinese-watercolours-on-silk/

13/10/2011:

https://www.feadulta.com/los-impuestos-del-ego/

Cardenal Porras:

https://www.youtube.com/watch?v=3t7GJT5BzEI

Padre S. Martín: 

https://www.youtube.com/watch?v=MmYgWfM9E84

Padre Pulido:

https://www.youtube.com/watch?v=OS9KUJKn6GM

Padre Guzmán:

https://www.youtube.com/watch?v=OS9KUJKn6GM

Monseñor Munilla:

https://www.youtube.com/watch?v=FPRmYzUHZjc

sábado, 17 de octubre de 2026

Villa Ismenia

¿EXISTE LA IMPOTENCIA FEMENINA?

William Anseume

Claro que sí, la impotencia femenina existe. Se trata del poder o no poder. De medir los alcances y los límites. En ese sentido, podríamos decir que la potencia o la impotencia no tienen diferenciación sexual. Sin embargo, en sociedades falocéntricas es habitual que la potencia o su antónimo se vinculen exclusivamente a lo masculino, obviamente.

El diccionario hegemónico de nuestra lengua, el de la Real Academia Española, privilegia en su primera entrada el asunto del poder en general, mientras relega a un segundo plano el de lo exclusivamente masculino. Allí percibimos dónde radica la importancia singular de los impedimentos: 1. (f). "Falta de poder para hacer algo". 2. (f). "Imposibilidad en el varón para realizar el coito". La "f" entre el paréntesis alude a que es éste un sustantivo femenino, que marcamos con el artículo "La" y decimos "La impotencia", por tanto, aunque suene a chiste, es femenina en su emisión, en su vocalización y su escritura.

En política, muchos eventos se ven marcados por la impotencia, como es natural. Y otros por logros que parecen simularla y no la son. Por eso me gustará referirme tangencialmente al exclusivo caso de Ismenia de Villalba. La primera candidata a la presidencia de la República en Venezuela. Porque su caso no fue precisamente de impotencia. En ella hubo más, mucho más, que la derrota de una candidatura o de un hecho político. Porque seguro estoy que sabía, por su trayectoria y la de su esposo, también finalmente perdedor en ciertos aspectos, a pesar de lo grande que pintaba su accionar, que no iba, que no iban a ganar con esa candidatura de Unión Republicana Democrática, porque no se trataba de obtener todo el poder, la plenitud del poder, si no una parcela mínima de este. Conciencia política de ambos.

Era yo niño cuando la candidata Ismenia se presentó en campaña por las residencias humildes que habitábamos, en Simón Rodríguez, vecinos como éramos de las famosas 4 Monedas, los hermanos O'Braien. Allí llegó la señora de Villalba, sonriente, con una sonrisa que recuerdo más bien mueca del saber exactamente lo que hacía: pasar a la historia como la primera mujer que se "lanzaba" a la presidencia del país. Un país machista, fundado por militares; en el siglo XX podía ver a una destacada mujer al frente de una campaña, por un partido que compartió gobierno varias veces y tuvo senadores y diputados, tan importante como fue, como fue Jóvito.

Mi madre salió a recibirla, histriónicamente eufórica, por un hecho que después nos relató: para ella como mujer sí era importante la presencia de aquella fémina en la calle. Ella, adeca, no votaría por Ismenia. Pero valoraba en su justa dimensión la acción política de aquel acontecimiento. Por supuesto que no va a ganar, nos dijo, pero es una mujer y hay que apoyarla y darle fuerzas. Ismenia, sin yo saber quién era ni por qué salía la gente a verla, me puso la mano en la cabeza, luego en la cara. Siguió subiendo las escaleras a otros apartamentos. Mi papá, adeco, no se movió de la cama. Para él resultaba insignificante aquella presencia.

Hay muchos relatos de impotencia política de verdad en nuestra historia reciente. Cuando Gómez se lucieron esos efectos: El Falke, los estudiantes, Arévalo Cedeño, el casi cómico recuerdo de La Toma de Curazao y posterior "Invasion" por Coro, donde estuvo Miguel Otero, y así, tantas más. Todas masculinas o muy marcadamente masculinas muestras de impotencia política. La de Jóvito, al no poder alcanzar la presidencia, fue tal vez la mayor muestra de impotencia política  después de Pérez Jiménez. "Cadáver insepulto", lo llamó Betancourt. El caso de Ismenia no es propiamente ni parecido al de su esposo. Lo hizo, lo hicieron, a sabiendas. Sin mayores aspiraciones. Conocían sus límites. La impotencia femenina existe. Pero no existió en el caso digno de destacar de Ismenia de Villalba. A quien también vale la pena, y mucho, recordar hoy. ¿Es esto un homenaje? Sí.

Fotografía: Ismenia de Villalba, tomada de la red.

17/10/2026:

https://www.costadelsolfm.org/2026/10/william-anseume-existe-la-impotencia-femenina/

Breve nota LB: No fue publicado el texto por El Nacional. Segunda ocasión en laque el autor es censurado.

Resonancia

  NOTITRDE, Valencia, 18/10/26.