sábado, 12 de septiembre de 2026

Esclavitud moderna

LA PAPA Y LA PAJA

William Anseume

Otra vez, esta semana, ahora con Delcy Rodríguez a la cabeza, se reunió la comisión —¿cuántas habrá habido?— para que los trabajadores, empresarios y el gobierno estudien las condiciones socio-económicas que les permitan volver a evaluar, dimensionar, estudiar, repensar —y paren de contar— lo que van a hacer con los sueldos y la protección social de los trabajadores.

El tema laboral en Venezuela constituye un desastre humanitario de marca mayor, sobre el que ya me he referido y lo seguiré haciendo, hasta que se enfile a lograr las condiciones de dignidad y legalidad que la población trabajadora y en general la familia venezolana se merecen. No es un desastre nuevo. Es una tragedia humana deplorable que se arrastra desde la propia presidencia del difunto "comandante eterno", quien comandó el desastre contra los trabajadores. La debacle inocultable del trabajo en Venezuela.

¿Es esclavitud moderna? Sin duda. Además que se ha generado, con los bonos arbitrarios, con la congelación durante largos años del salario mínimo, las jubilaciones, las pensiones y los sueldos una discriminación inaceptable, de los más vulnerables: los ancianos ya retirados. Una verdadera estafa que arruinó la vida de millones de personas a las que el ordenamiento jurídico y las convenciones colectivas les garantizaban dignidad absoluta para su vejez.

Pero la revisión y aplicación de ajustes no puede ser azarosa. Debe haber —como también lo he planteado públicamente— un plan económico donde se inserte como principalísimo el tema laboral: reconocimiento del daño causado, correctivos en el tiempo, reducción del gasto público, eliminación absoluta del clientelismo político laboral, eliminación de Patria, descentralización, reducción de impuestos como el IVA, revisión de la nómina pública —especialmente en las FFAA—, enderezamiento de todos los entuertos económicos y laborales de la "revolución" malhadada.

Un simple ajuste no basta. Los empresarios inescrupulosos que van a esas mesas de comisiones a atacar a los empleados públicos, los jubilados y pensionados, deben ser neutralizados. El planteamiento, que ha perdurado, de eliminar las prestaciones sociales o su retroactividad, debe justificarse y plantearse algo muy preciso: ¿A cambio de qué? ¿Que ganan los trabajadores y el país con eso? Hasta ahora esas posiciones tienen congelados los ajustes en todas las comisiones, con OIT y sin OIT.

En fin, queremos ver resultados inmediatos, mediatos y a largo plazo. Que permitan en un corto tiempo restablecer dignidad laboral y verdaderas mejoras económicas. No son los gringos. Es el chavismo el que nos arrojó a la miseria como país y como trabajadores. Así que dejen la habladera de paja y actúen de una vez por todas para proteger la papa y no solo la papa de quienes laboran y han sido también injustamente humillados desde el poder por décadas rojas en Venezuela.

12/09/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/09/la-papa-y-la-paja

Actio mentis

LA LECCIÓN DE BUGS BUNNY

José Rafael Herrera

Una parte considerable de la llamada "clase política" contemporánea ya no lee. No se trata de una novedad. Cualquier persona con cierta formación lo percibe con facilidad. Pero lo verdaderamente preocupante es que algunos parecen haber convertido semejante carencia en una virtud. La poderosa industria cultural les ha inculcado que el pasado es una especie de almacén de objetos inútiles, una acumulación de cosas definitivamente superadas por la velocidad del presente. Todo envejece rápidamente, todo es sustituible, todo puede ser arrojado al basurero de la historia antes, incluso, de haber llegado a comprenderse. Es muy de mediocres, por cierto, la representación de la historia como la de un "periódico de ayer".

Como resultado de semejante formación social, la recomendación de la lectura de Homero a un político del presente puede parecer una extravagancia. ¿Qué podría aprender un hombre ocupado en campañas electorales, conspiraciones palaciegas, encuestas y redes sociales de un poema compuesto hace casi tres mil años? Pues no lo sabe, pero podría aprender mucho más de lo que imagina. Mucho antes de que Maquiavelo escribiera El príncipe, mucho antes de que la filosofía política descubriera conceptualmente las complejas relaciones entre la coerción y consenso, aquella extraordinaria escuela de bardos a la que Giambattista Vico llamó "Homero" había creado una de las figuras más profundas de la inteligencia política occidental: Odiseo. No se trata simplemente de un guerrero. Para eso estaba Aquiles. Odiseo representa otra cosa. Representa la astucia. La fuerza puede destruir un obstáculo. La astucia sabe cómo evitarlo. La fuerza enfrenta al enemigo. La astucia procura comprender sus movimientos antes de que éstos se produzcan. La fuerza golpea. La astucia anticipa. Y, sobre todo, el astuto sabe que en determinadas circunstancias avanzar consiste en retroceder y que, en otras, la única manera de escapar consiste en huir hacia adelante. La astucia es el fundamento principal de la llamada "guerra asimétrica" desarrollada durante el presente siglo.

Max Horkheimer y Theodor W. Adorno vieron en Odiseo una de las figuras fundamentales de la constitución del sujeto occidental. La Odisea no era para ellos una simple narración de aventuras lejanas, sino uno de los textos originarios de la civilización europea. Odiseo aparece allí enfrentado a potencias míticas, pero su enfrentamiento no consiste en destruirlas. Consiste en sobrevivirlas, en "ganar tiempo". Pero para ello tiene que calcular, sacrificar, engañar e, incluso, desaparecer. Cuando Polifemo le pregunta su nombre, Odiseo responde: Nadie. Esa es, quizá, una de las grandes lecciones políticas que contiene el poema homérico. Hay momentos en los cuales conservarse exige renunciar transitoriamente a lo que se es. Hay circunstancias en las que el nombre se convierte en una trampa. Un momento en el que el sujeto tiene que saber desaparecer si quiere regresar. Por eso Odiseo se convierte en Nadie. Frente a una determinada relación de fuerzas, ser Nadie puede resultar ser más inteligente que insistir heroicamente en ser Odiseo.

La astucia no es, en consecuencia, un vulgar engaño. Como tampoco es una simple habilidad de tramposo. Es una forma de concebir la actio mentis, esa capacidad de comprender una situación concreta, anticipar sus contradicciones y actuar dentro de ellas. Maquiavelo lo formularía, siglos después, con una claridad que todavía incomoda a los espíritus bienpensantes. El príncipe tiene que saber ser hombre y bestia. Y, entre las bestias, debe aprender especialmente de dos: del león y la zorra. El león no sabe defenderse de las trampas; la zorra no puede defenderse de los lobos. Por eso, quien quiera gobernar tiene que conocer ambas naturalezas: la fuerza que intimida y la astucia que descubre las trampas. Se puede decir que "la zorra" que describe Maquiavelo ya se hallaba, de algún modo, navegando por el Mediterráneo: atendía al nombre de Odiseo. Y quizá ésta sea una de las razones por las cuales la tradición política occidental nunca pudo reducirse simplemente a la fuerza. Un Estado no se sostiene exclusivamente mediante la coerción. Necesita consentimiento, mediaciones, inteligencia, capacidad de persuasión. La sociedad política no existe sin la sociedad civil, así como la fuerza no puede sustituir indefinidamente al consenso. El problema comienza cuando quienes poseen la fuerza creen que ya no necesitan inteligencia. Son los que peligrosamente semejan a Polifemo: son enormes, poderosos y torpes. Pero, sobre todo, han sido enceguecidos por la estaca de la vanidad.

Vico lo comprendió al preguntar por "el verdadero Homero". Detrás del nombre del poeta aparece una experiencia histórica colectiva, una imaginación popular capaz de crear aquellos grandes caracteres poéticos en los cuales una civilización se reconoce a sí misma. Odiseo es uno de ellos. Es la inteligencia que se mueve en un mundo peligroso, la capacidad de prever, la prudencia que sabe esperar, la astucia que no confunde la retirada con la derrota y, quizá, la capacidad de hacer que el adversario crea aquello que necesita creer para terminar haciendo exactamente lo que no quería hacer. Para no pocos políticos de hoy, Homero es demasiado antiguo, una pieza anacrónica. Vico es "demasiado difícil". Y, por si fuera poco, Adorno y Horkheimer son "demasiado filosóficos". Maquiavelo, en cambio, todavía conserva algún prestigio entre ellos. No porque, en realidad, se le haya leído a fondo, sino porque resulta útil mencionar su nombre cuando alguien quiere dar la impresión de parecer inteligente. Alguien que se parece mucho a la sopa en el invierno, diría: "¡Qué manguangua!", una expresión que, entre los venezolanos, tiene el significado de algo muy fácil o sin mayores dificultades. No obstante, existe la posibilidad de que los políticos del momento llegaran a aprender la lección de Odiseo sin la necesidad de tener que leer La Odisea. Pero ¿cómo podrían haber hecho eso? Muy sencillo: desde que eran niños, sentados frente a la TV, viendo los dibujos animados de la Warner Bros. Y es que la industria cultural hizo algo verdaderamente sorprendente. Tomó la antiquísima sapiencia de la astucia y —a la manera de Esopo— la convirtió en un personaje capaz de entrar en millones de hogares. No tenía espada, ni llevaba armadura. No navegaba hacia Ítaca, pero tenía las orejas largas. Además, con una tranquilidad desconcertante, decía: "ಾಸ¿Qué hay de nuevo, viejo?". ¿Sí aprendieron de Bugs Bunny, "el conejo de la suerte" de la Warner, que no vence por ser más fuerte que sus adversarios, sino todo lo contrario? Su rival tiene la escopeta de la autoridad, la fuerza bruta o la ventaja inicial. Pero Bugs tiene algo mucho más importante: la comprensión de la situación.

Su adversario cree perseguirlo. Y, de pronto, descubre que está siendo conducido. Cree haber preparado una trampa y termina cayendo en ella. Cree saber dónde se encuentra Bugs y descubre que el mundo entero ha cambiado de lugar. En eso consiste la astucia. No consiste solo en saber escapar, sino en transformar la persecución en una situación estrictamente dialéctica: el perseguidor termina siendo perseguido y el cazador termina siendo cazado. Quien parecía huir descubre que, en realidad, lleva la delantera. Durante décadas, millones de niños aprendieron esta elemental pedagogía de la astucia sin haber abierto jamás un libro de filosofía política. Crecieron viendo cómo Elmer el Gruñón perseguía obstinadamente al conejo. Aquellos niños crecieron. Algunos se hicieron políticos. Y quizá decidieron experimentar la política a la luz de las lecciones aprendidas en aquellas "tardes felices" frente al televisor.

Claro que no todos eligieron ser como Bugs. Muchos no tuvieron más opción que asumir el rol de Elmer. Porque Elmer —al igual que el gran Aloysius Bartholomew Sam, mejor conocido como "Sam Bigotes"— siempre tuvo un arma y siempre percibió al otro como enemigo. Y, lo peor, siempre estuvo seguro de que la próxima vez atraparía al conejo. Por eso siempre dispara, aunque siempre termina preguntándose qué le habrá fallado esta vez. La fuerza —especialmente la bruta— tiene una extraordinaria capacidad para convencerse de que la realidad permanecerá fija, inmóvil, mientras ella actúa. Solo que, al decir de Galileo, Eppure si muove. Y, así como la historia se mueve, el adversario también. Tiberio o Sam parecen haber elegido el papel equivocado. Persiguen con la seguridad del cazador que cree tener acorralada a su presa. Tal vez debieron aprender algo de la primera lección de Odiseo —o de Maquiavelo o, incluso, del mismísimo Bugs Bunny—: quien solo sabe perseguir termina dependiendo de los movimientos de lo que persigue. Escopeta o six-shooters en mano, creen decidir, sin comprender que están siendo conducidos. Al final, terminan perdiendo la partida. No porque Bugs sea más fuerte, sino porque comprendió los detalles del terreno donde se jugaba la partida.

Es seguro que ni Tiberio ni Elmer ni Sam tengan idea de quién fue Homero. Es probable que lo confundan con Mr. Homero Simpson. Afirmación ésta que resulta ser perfectamente comprensible en tiempos de racionalidad instrumental. Pero es aún más improbable la posibilidad de que tuviesen noticias de Vico, Adorno o Horkheimer. Eso sí: debieron haber prestado un poco más de atención a la lectio de Bugs, cosa que con toda seguridad sí hicieron los siameses perversos. Razón por la cual Elmer, Sam o Tiberio, al final, siempre terminan perdiendo la partida.

12/09/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/09/la-leccion-de-bugs-bunny/

martes, 8 de septiembre de 2026

De uno a otro

DEL SOLDADO COMUNAL AL PROFESIONAL

Luis Barragán

En la década de todos los tormentos al culminar el siglo anterior, junto a la institución eclesiástica, la corporación castrense fue muy distinguida por la población, como ahora difícilmente se imagina para el lamento de propios y extraños. Difícilmente hoy habrá estudios de opinión que acerquen a la entidad armada a los antiguos peldaños que ostentó, respetada y admirada como una expresión convincente del Estado venezolano que congregaba a multitudes en sus vistosos y marciales desfiles, sin incurrir en consignas partidistas.

La doctrina de guerra popular prolongada trastocó en comunal al soldado que años antes había comenzado a hacerse decididamente anómico con el Plan Bolívar 2000 y sus equivalentes, cumpliendo funciones de una franca desespecialización para integrarse a sendos estados mayores de la electricidad, agroalimentación, o hidrocarburos. A partir de 2012, aproximadamente, sinceró la actividad económica comercial, deseándose también industrial, dejando la Fuerza Armada de lado el acto administrativo a favor del acto mercantil tal como lo señalamos en reiteradas ocasiones en el parlamento, añadida una televisora y un banco propio entre el repertorio de las firmas mercantiles alcanzadas, más tarde perfeccionado el propósito con las zonas económicas especiales asignadas.

Después, la comunalidad concibió o configuró las áreas suburbanas como el lógico teatro de operaciones frente a cualquier agresión del enemigo interno y externo. El dispositivo comunal convierte el heroísmo y sacrificio popular en una ventaja defensiva del régimen, haciendo de los sectores populares escudos humanos. Por consiguiente, el consabido 3-E sintetizó muy bien cuán lejos había llegado la desnaturalización de la Fuerza Armada Nacional en un contexto – más allá - geopolítico tan desfavorable, e, igualmente, en un contexto – más acá – excesivamente absurdo, pues le correspondía fortalecer su específica capacidad de defensa y seguridad de la nación en lugar de garantizar solamente la del poder político que subordinaba a su propio afán de supervivencia al resto de los poderes públicos.

Hubo jerarquías a las que irritaba cualquier cuestionamiento por la manifiesta opacidad en los programas de adquisición y desarrollo de sistemas de armas y en el apresto operacional; acotemos, jerarcas también deshonestos que jamás se hubiesen imaginado señalados en casos como el de las municiones yugoeslavas, los tanques AMX o cualesquiera otros escándalos que naturalmente motorizaban a la opinión pública, actualizando las investigaciones de decididos senadores y diputados en la centuria anterior. Huelga comentar el exceso de generales, la ultrapartidización de la Fuerza Armada y cualesquiera otros casos que la implican, como si bastara poco, en la violación de los DD.HH. que generó toda la atención de las Naciones Unidas y sus comisiones de determinación de los hechos en los últimos años.

El soldado tan inherente al Estado Comunal que, por definición,  pierde las capacidades fundamentales que no logra compensar un indigesto y feroz poder político, debe dar paso a la reivindicación del soldado profesional y especializado que, es justo reconocer, surgió con la creación de la Escuela Militar y Naval en el tránsito de Cipriano Castro a Juan Vicente Gómez, tratando el período puntofijista de entronizarlo definitivamente. El consabido bombardeo de Caracas y las consecuencias más importantes que incluyen las que todavía no se conocen apuntan a la responsabilidad de los mandos superiores que, desde entonces, guardan un silencio que no sabemos cuán sagaz será.

El soldado profesional tiene su principal soporte en el artículo 328 constitucional pacíficamente aprobado por el constituyente y ha de volver aquella norma deliberadamente omitida en 1999 en torno a las autoridades civil y militar que no deben recaer en una misma persona.  Importa y mucho una Ley de Ascensos Militares, vieja deuda con la Constitución, cuyo proyecto diligenciamos y aportamos a una sesión plenaria de la Asamblea Nacional en 2020 al igual que a la Comisión Permanente de Defensa, por lo que hay elementos suficientes, pasión y doctrina que recuperar para que la Fuerza Armada recobre el carácter institucional, profesional y especializado que alguna vez tuvo – es necesario decirlo con todas las fallas -  en la era democrática.

Importa entender que  reprofesionalización significa reinstitucionalización de la corporación castrense en el marco de la  reinstitucionalización misma del Estado, recuperada la noción indispensable y genuina del monopolio legítimo y lícito de la violencia.  Y ojalá, luego de la amarga experiencia de casi tres décadas, haya claridad respecto de la obvia, además de ventajosa, subordinación del poder militar al poder civil para evitar la militarización de la sociedad y la milicianización de la Fuerza Armada que la lleva a la autodestrucción cuando tiene por misión sistemática y casi existencial la de reprimir a la ciudadanía.

Fotografías tratadas con IA:  Juan Vicente y Vicentico Gómez en el Congreso Nacional. Élite, Caracas, N° 36 de 1926.

Referencia: 

https://www.elnacional.com/columnas/2021/11/del-soldado-anomico-al-comunal/

https://apuntaje.blogspot.com/2026/09/la-ya-vieja-sospecha.html

08/09/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/09/del-soldado-comunal-al-profesional/

lunes, 7 de septiembre de 2026

La ya vieja sospecha

DEL SOLDADO ANÓMICO AL COMUNAL

Luis Barragán

Mal que bien, realizamos al soldado profesional en el XX, como no pudimos hacerlo en el siglo anterior y aún luce imposible en el que está corriendo. El solo anuncio de la implementación de un sistema defensivo comunal, faceta y caricatura de la doctrina de resistencia popular prolongada, responde al hábito oficial de no detallar absolutamente nada para sorprender en todo a una ciudadanía capaz de incurrir en delitos que la hagan reo, como el de traición a la patria.

Doctrina que ensaya este régimen para sobrevivir a la inconformidad y el rechazo manifiestos de las más disímiles corrientes y movimientos sociales que lo padecen, en reclamo de libertad y democracia, y de la propia comunidad internacional en respaldo de los más caros principios y valores occidentales. Realizado el soldado anómico, con el desempeño de tareas distintas a las de su especialidad, lejanamente marcada una pauta que ahora luce timorata con el Plan Bolívar 2000, el fin del Estado Cuartel coincide con la repetida fórmula del llamado autoritarismo competitivo, cuyos excesos desmienten la tesis académica, dándole una obscena teatralidad al totalitarismo que fundamentalmente lo explica el delito común. Y, ahora,  emerge  el soldado comunal que ya no encontrará ocupación en los desolados centros electorales.

Paradójicamente, controlado un elevado porcentaje de nuestro territorio por fuerzas irregulares foráneas, el dispositivo comunal en cuestión tiene otros propósitos, como el de extremar el control social al que tanto ha contribuido el general COVID-19, y el de garantizarle un extraordinario escudo humano al régimen, sobre todo en los grandes centros urbanos. Recordemos, por ejemplo, tiempo atrás se habló de la instalación de sendas baterías anti-aéreas en los sectores populares a los que, suponemos, bastan pocos operadores militares para numerosas comunas e, incluso, ciudades comunales, excepto tratemos de actividades guerrilleras y terroristas.

Leyes como las del trabajo y el denominado poder popular, sólo explican el principio constitucional de corresponsabilidad del Estado y la sociedad civil en materia de seguridad y defensa, a través de la incorporación o reclutamiento efectivo del ciudadano por la Fuerza Armada, fuere o no miliciano. Muy poco o nada dicen los gremios afines con relación a las brigadas universitarias que establece el IV Convenio Colectivo, esbozado mejor el papel que desempeñará el soldado de una clara –deducimos– vocación metropolitana.

Junto con Cipriano Castro, Juan Vicente Gómez echó las bases para unas Fuerzas Armadas profesionales con la ayuda inestimable del general Petróleo y, aunque reafirmaba su poder y poderío las veces que hizo falta, como lo revela la fotografía publicada por la revista Élite (Caracas, nr. 36 de 1926), exhibiéndose marcialmente con su hijo en la presidencia del Congreso Nacional, cada vez fue más prudente; incluimos a Eleazar López Contreras, cuyo hijo literalmente se sublevó alguna vez, y al resto de los mandatarios de la centuria, con un Pérez Jiménez que calzó su uniforme en el parlamento, pero cuidó muy bien de su personalísima vocación. Por lo pronto, el soldado comunal pone en entredicho a la corporación castrense, siendo interesante reconocer que ni de pretorianismo podrá acusársele.

30/11/2021:

https://www.elnacional.com/columnas/2021/11/del-soldado-anomico-al-comunal/

¿Una llamada de emergencia?

DE LA LLAMADA A MANDRAKE, EL PRESUNTO MAGO

Luis Barragán

Basta con enunciarlos y todo el mundo sabe que nos referimos automáticamente a los contratos petroleros de Trump y Rodríguez, por cierto. Para bien y para mal generan un escándalo del cual medio mundo es experto sobrevenido, pues, viniendo de la sismología, se encuentran ahora en la más profunda petrología venezolana. Sin embargo, contamos afortunadamente con voces experimentadas que incluye a periodistas y dirigentes políticos muy sensatos y prudentes, capaces de orientar a la opinión pública con responsabilidad.

En medio del marasmo, se abre una ventana de oportunidades quizá irrepetibles con el precontrato ya anunciado y asimismo se evidencian maniobras extraordinariamente absurdas como la selección de un empresario venezolano de dudosa reputación para liderar el proceso de recuperación de nuestra industria petrolera. Lumpemburguesía aparte,  resulta lógica la desconfianza y el pesimismo, porque – por una parte – nadie sabe con el detalle necesario de los contratos petroleros que están por suscribirse con toda la formalidad requerida; luego, es natural el festín de conjeturas también maliciosamente lanzadas para confundir.

Constatamos que el gobierno de facto ni se molesta en explicar la novedad como se merece, no hay nadie que pueda hacerle la pregunta directa y libremente a la encargada presidencial, y, menos, que haya un convincente  espacio institucional donde pueda darse un libérrimo debate. Además de los espacios legislativos, nacional y estadal, acotemos que las municipalidades no discuten los problemas nacionales o regionales al suponerlos fuera de sus competencias, por lo que jamás hubiese existido un pronunciamiento como el del 19 de abril de 1810 a juzgar por la cultura política actual.

Estamos afectados – por otra parte – cruelmente de una pérdida de realismo que todavía cuela en el imaginario colectivo; somos solamente petróleo tardando aún en llegar la noticia de la quiebra de la potencia petrolera que fuimos, y ya no somos, gracias a Hugo Chávez y sucesores. Emplearon casi tres décadas para la estocada final, abundando ahora ese lenguaje maniqueo y esa actitud enfermizamente plebiscitaria de los que gustan el test para cada ocasión con el objeto de ponderar el sentimiento nacionalista del vecino, el patriotismo existencial del otro y los otros, la disposición al sacrificio siempre y preferiblemente ajeno.

Hay un anti-imperialismo de re-uso que persigue la decapitación moral de todo disidente, esgrimido en cualquier conversación alrededor de una taza de café, en la programación digital de una polifonía que se convierte en un ruido estridente, en la conferencia que se presumía seria. Los más patrióticos de la hora, rasgándose sus vestiduras, jamás se quejaron de las incursiones iraníes, rusas, chinas y hasta cubanas en los campos petroleros que fundamentan el precontrato.

Esa moralina – finalmente – ocupa a los salvadores de la patria que esperan por siempre  ser llamados a un admirable acto de heroísmo de rápido trámite, en medio de la tragedia que incluye las consecuencias y evidencias que dejó el doble terremoto. Bastará con averiguar el número telefónico para llamarlos, porque en los momentos cruciales no aparecen y, cuando aparecen, descubrimos que ni siquiera Mandrake es mago, no tiene el tino de orientarse por uno que lo haya sido alguna vez, tropezando constantemente con una peña que es la de su propia e intransferible mitomanía.

Seguimos atentamente a expertos como Humberto Calderón Berti, Francisco Monaldi, José Manuel Puente o Willian Hernández, lamentando que no haya el amplio escenario de una polémica parlamentaria como lo hubo en el siglo XX para una materia de tanta trascendencia.  Agreguemos que la prensa local cubre hasta donde puede el asunto, teniendo mayores posibilidades aquellos que ofician en el exterior para las transmisiones  que no siempre cuenta con periodistas sobrios,  informados y muy sagaces.

Fotografías: LB, alguien dejó un viejo aparato telefónico en la avenida Páez de El Paraíso (CCS, 03/09/2026).

07/09/2026:

https://opinionynoticias.com/opinionpolitica/44911-de-la-llamada-a-mandrake-el-presunto-mago

https://www.eastwebside.com/luis-barragan-de-la-llamada-a-mandrake-el-presunto-mago.html

domingo, 6 de septiembre de 2026

Caza de citas


¿Por qué creen ustedes que desde la cultura y el arte hemos vuelto tan peligrosas, tan zorras, tan demoniacas, tan egoístamente sexualizadas a una pobre niña estadounidense con calcetines blancos, o a esa colegiala que cayó por el agujero de una madriguera, o a una bebecita de caperuza roja que se perdió en el bosque? Si ahora abrieran cualquiera de esos libros de la mal llamada literatura erótica, darían con infinidad de muchachas que claman por ser libres. La ausencia de Lolita en nuestra realidad no impide la presencia de tantas niñas vejadas en nuestra literatura”

Luna Miguel

("Incensurable”, Penguin Random House, Barcelona, 2025: 147) 

Reproducción: Mena Suvari en la pieza icónica de "American Beauty" de Sam Mendes (1999).

Noticiero retrospectivo


- Alberto Arteaga Sánchez. “Antejuicio de mérito, habeas corpus y lucha contra la corrupción”. El Diario de Caracas,  09/06/1984.

- Moisés Moleiro. “Los adecos y el poder”. El Globo, Caracas, 27/05/93.

- Ignacio Burk. “El universitario culto”. El Nacional, Caracas, 13/05/84.

- “Terremotos, la eterna amenaza mundial”. El Nacional, 16/03/81.

- Ignacio Iribarren Borges. “Crónica de la ciudad”. El Nacional, 06/03/80.

Reproducción: En la fotografía de Veneziano, el reportero Luis Arismendi conversa con Clarisa Sanoja, Juez Segundo de Menores del Distrito Federal. El Universal, Caracas, 21/01/1971.

Esclavitud moderna

LA PAPA Y LA PAJA William Anseume Otra vez, esta semana, ahora con Delcy Rodríguez a la cabeza, se reunió la comisión —¿cuántas habrá ha...