domingo, 13 de septiembre de 2026

Caza de citas

Nadie se dio cuenta de este robo cuando publiqué la novela, quizá porque nadie leía a Barker, de la misma manera que no leían a King. Solo se dio cuenta Elvio Gandolfo. Recuerdo que reseñó la novela, uno de los pocos que lo hizo seriamente, en revista Noticias, y mencionaba la influencia de Barker. A esa altura, me dio más alivio que pavor a ser descubierta. ¡Alguien había leído lo mismo que yo!”

Mariana Enríquez

(“Archipiélago. Una formación lectora en veintinueve islas”, Ampersand, Buenos Aires, 2025: 211)

Reproducción: Juliano Mazzuchini.

Noticiero retrospectivo


- Joaquín Marta Sosa. “El enemigo más querido”. El Diario de Caracas, 20/06/1984.

- Luis Buitriago Segura entrevista a Rafael Naranjo Ostty: las detenciones ilegales basadas en los prontuarios policiales. El Nacional, Caracas, 16/03/81.

 - Germán Rodríguez Citraro: “Ochoa Antich utilizó a comandantes del 4-F y los dejó en la estacada”. El Nacional, 30/05/93.

 - Luis Esteban Rey. “Los puntos débiles de AD: un galimatías político”. Summa, Caracas, N° 51 del 28/05/72.

 - Ildefonso Leal. “Mosaico de noticias históricas de Venezuela”. El Nacional, 16/03/80.

Reproducción: Gabriel Puerta Aponte; izquierda, tomada de El Universal  (Caracas, 03/06/1971) al "comandante Ezequiel", plan terrorista; y, derecha,  lugarteniente de Carlos Betancourt, tomada de Últimas Noticias (Caracas, 14/12/1973).

Hacer y abrir la puerta

PRIMERO, LA TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA; DESPUÉS, LA LEY DE UNIVERSIDADES

Luis Barragán

Con casi treinta años de gobierno encima, ahora anuncian un proyecto de Ley de Educación Superior como si fuese tan indispensable para solventar la cantidad acumulada de problemas para la cual han hecho un mérito innegable. La Constitución es suficientemente clara e inequívoca sobre la autonomía universitaria, la inviolabilidad del recinto, el régimen presupuestario, etc., y, siendo así, por lo pronto, bastará con cumplirla como no la han hecho antes.

Esta y otras leyes que puedan ocurrírsele al despacho ministerial del ramo tienen por objetivo generar una estupenda distracción en torno al asunto fundamental que le concierne a todo el país: la transición hacia la democracia. El mejor aporte que pueden hacer es no estorbar en una dinámica que demasiado lenta, asumiendo a cabalidad la responsabilidad que tienen en la destrucción de nuestras casas de estudios.

La mejor opción es colaborar con la reconstrucción republicana, apartándose del camino. Seriedad alguna tiene que digan del legendario bloqueo económico como causal del desastre, como se le ocurrió decir al rector de la Universidad Simón Bolívar que ha arruinado académica y materialmente. Y muy bien nos sirve como ejemplo: la universidad que borró el laberinto cromo-vegetal de Cruz Diez,  crió un caimán nada más y nada menos que en la caricatura de la desastrosa piscina olímpica, cuenta con un déficit alarmante de profesores, entre otros detalles. Sin embargo, el mejor ejemplo de la acción es que ese equipo rectoral cumplirá cinco largos años el 16 de los corrientes como autoridades interinas con despacho en Sartenejas, cuando debieron convocar a elecciones en 180 días hace … cinco años.  El equipo rectoral permanece a pesar de todo.

¿Para qué tiempo atrás el gobierno suscribió un contrato colectivo con el sector universitario o, mejor, con un falso gremio, esto es, suscribió un contrato consigo mismo, si no hubo ocasión de reclutar y sacar siquiera a la pelea a las tales brigadas universitarias  el 3-E. Y es que lo peor es que le hicieron perder el tiempo al país por estas décadas, aunque – eso, sí – tardíamente tienen por empeño una ley de universidades. Y ¿ya, para qué?


La prioridad de ahora mismo, no esa ley porque con acatar la Constitución basta y, lo demás, es hacer posible la transición. En los inicios de esta década, hicimos nuestro el proyecto de ley orgánica de universidades que aportó Aula Abierta, y lo diligenciamos en la Asamblea Nacional, cuyos ejemplares deben reposar en los archivos de la corporación legislativa.

Defendimos a la universidad venezolana en la calle, el aula, el parlamento, en fin, en todos los escenarios posibles. Reconozcan que la antigua defensa de la autonomía universitaria, como el precio bajo de la gasolina, eran banderas del más rancio oportunismo: ¿qué hicieron en ambos casos?

Se les dio cinco años de poder, pero no se contentaron y trampearon para llegar a más de tres décadas. Por eso, la universidad misma les pide: no estorben y dejen que avance la transición democrática.

13/09/2026:

https://lapatilla.com/2026/09/13/luis-barragan-primero-la-transicion-democratica-despues-la-ley-de-universidades/

Ilimitado perdón

EL PERDÓN QUE NACE DE LA COMPRENSIÓN  

(San Mateo, 18: 21-35))

Enrique Martínez Lozano

En el libro del Génesis (4,24), se dice que si «Caín fue vengado siete veces, Lamec lo será setenta veces siete», introduciendo así una espiral de venganza sin límite. «Sin límite»: ésa podría ser la traducción del bíblico «setenta veces siete». Pues bien, frente a la «espiral de la venganza», Jesús promueve la «espiral del perdón»…

El perdón radical nace de la comprensión y se vive como compasión, dos rasgos básicos de la personalidad de Jesús y dos pilares fundamentales del mensaje del evangelio.

Podemos entender la comprensión como la capacidad de saber o de ver la verdadera naturaleza de lo real, más allá de tópicos, ideas hechas, creencias… y (también) engaños mentales.

Los místicos nos advierten de que la identificación con la mente constituye un velo que desfigura la realidad, haciéndonos tomar como real lo que únicamente es una ilusión. Por eso, sólo cuando aprendemos a tomar distancia de la mente, al acallarla, podemos «ver».

¿Cuál es la causa de que la mente nos confunda? La inevitable separatividad que establece en todo lo real, al objetivar todo lo existente y contraponerlo al «sujeto» que ella cree ser. Esa distinción primera sujeto/objeto será el germen de separaciones interminables, así como de un dualismo omnipresente.

Cuando la mente se absolutiza –como ha ocurrido, particularmente, en la tradición occidental-, el conocimiento se reduce a la razón o al pensamiento, y se olvida (se niega) cualquier otra forma de conocer que no sea la mental.

Sin embargo, pensar no es lo mismo que conocer. Una cosa es pensar y otra muy distinta saber que se está pensando. En este segundo caso, ya no hay identificación con la mente. Se trata de un «saber silencioso», preconceptual, anterior a la razón.

Un saber al que los propios místicos han denominado «No-saber», dada la identificación que la cultura occidental había establecido entre «pensar» y «saber». Frente a la absolutización de la razón, los místicos han invitado siempre a descansar en el «no-saber»: así lo proponía el anónimo autor de La Nube del no saber, en el siglo XIV; y así lo proclamaba san Juan de la Cruz, en su sabio verso: «entréme donde no supe / y quedéme no sabiendo, / toda ciencia trascendiendo».

Este no-saber del que hablan no es otra cosa que tener la mente abierta para percibir lo que no puede ser percibido por el pensamiento.

En ese no-saber, cuando el pensamiento se aquieta, lo que queda es conciencia. Y al atenderla, lo que se produce es que la conciencia se hace consciente de sí misma. Y, cuando eso acontece, se deshace la ilusión de la separación entre el perceptor y lo percibido. Conocedor y conocido se descubren fundidos en la Unidad, o mejor, abrazados en la No-dualidad: ha emergido la comprensión.

En síntesis, la comprensión nos hace ver toda la realidad inextricablemente interconectada, en una totalidad en la que todo se halla en todo.

Interconexión y holismo son dos características fundamentales de lo real, que la mente nos oculta (y que, sin embargo, hoy reconoce ya incluso la física cuántica, a partir de sus experimentos con partículas subatómicas): no hay nada que pueda existir desconectado.

No existe un mundo «ahí fuera», separado de nosotros; eso es sólo una construcción mental. Y, como escribe Marià Corbí, «el mundo de nuestras construcciones no está ahí fuera, está en nuestra mente individual y colectiva… Todo viviente se interpreta en esta dualidad fundamental [como un «yo» separado frente al mundo como campo donde sobrevivir].

Nosotros estamos sometidos a esta ley. Pero esa dualidad no es lo que realmente hay, es sólo lo que los vivientes necesitamos ver, es sólo lo que los vivientes nos vemos precisados a construir. Lo que realmente hay es «no dos», «eso no-dual»». (M. CORBÍ, Silencio desde la mente. Prácticas de meditación, Bubok, Barcelona 2011, p.12).

Pues bien, la comprensión que nace de la conciencia nos aporta una doble luz, de donde brotan la compasión y el perdón.

Por un lado, la certeza de que los otros son no-separados de mí; por otro, la certeza de que el mal que hacemos –como el mal que me hacen- es fruto de la ignorancia.

Si el otro «forma parte» de «mí», y si ha obrado por ignorancia, ¿qué me impide perdonar? Sólo una cosa: mi identificación con el ego que se ha podido sentir agraviado y la creencia ilusoria de la separación en la que me mantiene la identificación con la mente.

Todo ello puede apreciarse en lo que llamamos «runruneo mental». Cuando el ego se ha sentido agraviado, es probable que empiece a construir historias mentales en torno a lo sucedido, adoptando el papel de víctima que reclama venganza.

Sin embargo, ese runruneo mental no es otra cosa que remover cadáveres: estamos dando vueltas a lo que ya ha pasado, agravando innecesariamente el sufrimiento y alimentando mecanismos tan nefastos como el victimismo, la queja y el resentimiento.

Todo esto no significa que no aprendamos de lo ocurrido, o incluso que no tomemos decisiones que, teniendo en cuenta la situación en su conjunto, sean las más adecuadas –o menos inadecuadas-, como puede ser el hecho de «poner distancia» o favorecer una separación… Estas decisiones dependerán de diversos factores. Pero de lo que aquí estamos hablando es de favorecer la actitud de perdón, fruto de la comprensión.

Gracias a ella, como decía más arriba, dejamos de «remover cadáveres», nos ejercitamos en el aprendizaje de venir al presente y nos abrimos a reconocer la Unidad que somos, más allá de los comportamientos de cada cual. Al mismo tiempo, dejamos de alimentar el ego –y de mantener actitudes egocentradas-, para reconocernos en nuestra identidad más profunda, estable y compartida.

Todo resulta admirablemente coherente: acallar la cháchara mental, venir al presente, salir del ego, reconocer nuestra identidad más profunda… son movimientos que se dan a la vez y, como resultado, producen la vivencia de la compasión: la capacidad de sentir como propio lo que le ocurre al otro –la capacidad de «vibrar» o de «estremecernos en las entrañas» ante su sufrimiento-, para poner más amor donde vemos más dolor.

Todo esto puede ayudarnos a ver hasta qué punto Jesús fue el hombre de la comprensión y de la compasión. Bien consciente de su Identidad más profunda, se supo y se vivió como no-separado de nadie ni de nada, hasta el punto de poder afirmar: «El Padre y yo somos uno» y «Lo que hicisteis a cada uno de estos más pequeños, me lo hicisteis a mí».

*****

A propósito de la sabiduría de venir al presente –que hace posible la Comprensión profunda-, sin quedarnos atrapados en «historias» que nuestra mente construye sobre el pasado, quiero traer una anécdota de la vida del Budha -«el atentado de Devadatta»- y compartir humildemente lo aprendido –regalado- en una experiencia personal.

El Budha y el perdón

El Budha fue el hombre más despierto de su época. Nadie como él comprendió el sufrimiento humano y desarrolló la benevolencia y la compasión. Entre sus primos, se encontraba el perverso Devadatta, siempre celoso del maestro y empeñado en desacreditarlo e incluso dispuesto a matarlo.

Cierto día que el Budha estaba paseando tranquilamente, Devadatta, a su paso, le arrojó una pesada roca desde la cima de una colina, con la intención de acabar con su vida. Sin embargo, la roca sólo cayó al lado del Budha y Devadatta no pudo conseguir su objetivo. El Budha se dio cuenta de lo sucedido y permaneció impasible, sin perder la sonrisa de los labios.

Días después, el Budha se cruzó con su primo y lo saludó afectuosamente.

Muy sorprendido, Devadatta preguntó:

— ¿No estás enfadado, señor?

— No, claro que no.

Sin salir de su asombro, inquirió:

— ¿Por qué?

Y el Budha dijo:

— Porque ni tú eres ya el que arrojó la roca, ni yo soy ya el que estaba allí cuando me fue arrojada.

El Maestro dice: Para el que sabe ver, todo es transitorio; para el que sabe amar, todo es perdonable.

Conciencia transpersonal y perdón

El yo no puede perdonar. Es inútil esperarlo de él. Así como tampoco puede no juzgar. Como resultado de nuestra identificación con la mente, el yo vive gracias al pensamiento, que no es otra cosa que juicio. Su objetivo es autoperpetuarse, por medio de los dos mecanismos que le otorgan una sensación de existir: la apropiación y la identificación. De ahí que su funcionamiento sea necesariamente egocéntrico.

Con esas características, no es difícil comprender que las lecturas que el yo hace de las situaciones resulten confusas, generen sufrimiento inútil y conduzcan, finalmente, a callejones sin salida. Eso es exactamente lo que ocurre, de un modo más patente, en aquellas circunstancias en las que el yo se ha sentido especialmente agraviado.

Cuando una situación del presente despierta heridas dolorosas del pasado, el malestar suele ocupar toda la escena. Y el yo herido hace lecturas de la misma, necesariamente egocentradas, que bloquean la posibilidad de perdón auténtico. En el mejor de los casos, puede llegar a una resignación más o menos «tolerada», pero no podrá perdonar a quien piensa que lo hirió.

El perdón sólo es posible en la medida en que trascendemos el yo. Con frecuencia, ello requiere tiempo, paciencia… y todo un ejercicio de toma de distancia de él. Sin ésta, no logramos salir de su ámbito y permanecemos sometidos a su dominio: no podremos ver las cosas sino como el propio ego las ve. No hay camino de salida.

Tomar distancia del yo significa desarrollar nuestra capacidad de observarlo como un «objeto» dentro de lo que realmente somos. Al hacerlo, empezamos a reconocer que no somos ese yo -ni las «historias mentales» que él mismo se ha fabricado-, sino Eso que observa, el Espacio consciente e ilimitado, desde el que todo es percibido de un modo radicalmente nuevo.

Ese Espacio consciente es nuestra identidad más profunda, transpersonal (transegoica y transmental), no-dual y compartida. Mientras permanecemos en ella, la preocupación por nuestro ego disminuye hasta el extremo; sus «historias mentales» de sufrimiento, venganza o resentimiento se evaporan en la Conciencia transpersonal, y empiezan a fluir, lúcida y mansamente, la bondad, la compasión y el perdón.

Y venimos a descubrir que el perdón no es algo que dependa de la voluntad, sino del «lugar» donde nos situamos. Desde el yo, es imposible; desde el Espacio consciente que somos, fluye sereno sin dificultad porque, para la Conciencia transpersonal, ha «desaparecido» incluso el motivo mismo que lo mantenía agraviado. En su lugar, se hace presente la Comprensión.

Lo que ha ocurrido es que, al «pasar» de la identidad del yo a quien realmente somos, nos hemos liberado nada menos que de las necesidades que atenazan al ego. Gracias a esa liberación, se amplía y purifica nuestra mirada, a la vez que se ensancha y ablanda nuestro corazón. Si no hay «yo», ¿quién se sentirá agraviado?; si no hay «yo», ¿quién habría de perdonar?

El «paso» del yo al «Espacio consciente» que somos (Eso no-dual) se experimenta como rendición sabia y se vive como regalo de liberación. Caen las resistencias, porque «ha caído» el ego que vivía esclavo de sus necesidades.

Con la rendición, no es que el perdón sea posible; es que no hay nada que perdonar: ha desaparecido quien se había sentido herido y exigía reparación. Sólo queda liberación y deseo profundo de bien para la persona hacia la que antes vivíamos resentimiento.

Quizás la relación no pueda restablecerse «formalmente», porque hay otros factores que tener en cuenta, pero ha desaparecido todo resto de exigencia o de reproche. Todo está bien.

Es así de simple; tanto, que cuesta entender cómo uno pudo haber quedado atrapado en la espiral egocentrada del yo. Pero requiere vivir el «paso», para ver las cosas, no desde el yo, que sólo busca afirmarse y exige respuestas acordes a sus necesidades, sino desde el «Espacio consciente» que nada necesita y nada le afecta.

Ese paso se ve obstaculizado por la identificación con el yo, particularmente cuando se despiertan heridas pendientes, carencias no resueltas, miedos atávicos, experiencias de soledad y abandono… Por eso, puede hacer falta tiempo de maduración. Con todo, aun respetando ese tiempo, es posible intentarlo…, para experimentar cómo se modifica radicalmente la perspectiva, en cuanto tomamos distancia del yo.

A partir de ese momento, sin embargo, no está todo hecho. Siguen pesando las viejas inercias del ego. Por eso, cuando reaparezcan los mensajes egoicos, con sus necesidades, miedos, exigencias, resentimientos y reproches, hay que «volver» decididamente a situarse en la verdadera identidad, el «Espacio consciente» que somos, para volver a constatar que, desde él, la visión se modifica y se hace presente la libertad interior y la Comprensión sin límites. Realmente, no hay nada que perdonar ni «nadie» que perdone.

Para «aterrizar» todo lo que estoy diciendo, deseo ejemplificarlo con un caso concreto, que viví hace un tiempo. Tras un hecho grave e inesperado, que me resultó agudamente doloroso, afloró mi yo herido y desconcertado, abandonado y hundido, resentido y exigente…, negándose a vivir hasta que las cosas no fueran como él deseaba: se veía literalmente incapaz de aceptar lo sucedido.

Todo quedó impregnado de sufrimiento y sinsentido, que se intensificaba con el mero recuerdo de lo ocurrido; un recuerdo que no hacía sino fortalecer las demandas del yo. Tuvo que pasar tiempo para que, finalmente, pudiera «rendirme» a la verdad, sin condiciones.

Pero esa rendición únicamente fue posible cuando se me regaló situarme de un modo más estable en la identidad o conciencia transpersonal: la rendición fue sinónimo de liberación definitiva, desegocentración, serenidad ecuánime, comprensión sin exigencias, amor y deseo de bien sin restricciones…

Todo ello lo viví como uno de los mayores regalos de mi vida, como la Gracia que marcaba un punto de inflexión, un antes y un después, en mi modo de ser, de situarme y de percibir. Decididamente, en ese nivel, todo está bien; ningún miedo tiene sentido.

Y queda como una voz resonando en mi interior: «No te reduzcas al yo ni te entretengas en sus «historias mentales», en su modo de ver las cosas; no sigas ni un minuto su «discurso»; al contrario, míralo siempre como un «objeto» dentro de la Conciencia que eres; reconócete como el Espacio consciente o Conciencia transpersonal que trasciende el yo, y experimenta la comprensión y la liberación que te aporta». Brevemente: «No olvides nunca quién eres». Hoy sé por experiencia que todo lo demás depende de ello.

08/09/2011:

https://www.feadulta.com/el-perdon-que-nace-de-la-comprension-conciencia-transpersonal-y-perdon/

Ilustración: https://bible.art/p/Rs54UtnHs0nIUcd4MGkq/jesus-and-his-disciples-in-a-boat 

Padre S. Martín. ¿Quién gobierna la Iglesia?

https://www.youtube.com/watch?v=DFNS16FX23I


Padre Guzmán Karadima:

https://www.youtube.com/watch?v=Ep6MyTnPWnU

Papa León:

https://www.youtube.com/watch?v=cJZrP2pMCjg

Cardenal Porras:

https://www.youtube.com/watch?v=U1aK807wG0A

Padre S. Martín: 

https://www.youtube.com/watch?v=o4CvM2HmA24

Monseñor Munilla:

https://www.youtube.com/watch?v=UUhTKpjSIHA

sábado, 12 de septiembre de 2026

Esclavitud moderna

LA PAPA Y LA PAJA

William Anseume

Otra vez, esta semana, ahora con Delcy Rodríguez a la cabeza, se reunió la comisión —¿cuántas habrá habido?— para que los trabajadores, empresarios y el gobierno estudien las condiciones socio-económicas que les permitan volver a evaluar, dimensionar, estudiar, repensar —y paren de contar— lo que van a hacer con los sueldos y la protección social de los trabajadores.

El tema laboral en Venezuela constituye un desastre humanitario de marca mayor, sobre el que ya me he referido y lo seguiré haciendo, hasta que se enfile a lograr las condiciones de dignidad y legalidad que la población trabajadora y en general la familia venezolana se merecen. No es un desastre nuevo. Es una tragedia humana deplorable que se arrastra desde la propia presidencia del difunto "comandante eterno", quien comandó el desastre contra los trabajadores. La debacle inocultable del trabajo en Venezuela.

¿Es esclavitud moderna? Sin duda. Además que se ha generado, con los bonos arbitrarios, con la congelación durante largos años del salario mínimo, las jubilaciones, las pensiones y los sueldos una discriminación inaceptable, de los más vulnerables: los ancianos ya retirados. Una verdadera estafa que arruinó la vida de millones de personas a las que el ordenamiento jurídico y las convenciones colectivas les garantizaban dignidad absoluta para su vejez.

Pero la revisión y aplicación de ajustes no puede ser azarosa. Debe haber —como también lo he planteado públicamente— un plan económico donde se inserte como principalísimo el tema laboral: reconocimiento del daño causado, correctivos en el tiempo, reducción del gasto público, eliminación absoluta del clientelismo político laboral, eliminación de Patria, descentralización, reducción de impuestos como el IVA, revisión de la nómina pública —especialmente en las FFAA—, enderezamiento de todos los entuertos económicos y laborales de la "revolución" malhadada.

Un simple ajuste no basta. Los empresarios inescrupulosos que van a esas mesas de comisiones a atacar a los empleados públicos, los jubilados y pensionados, deben ser neutralizados. El planteamiento, que ha perdurado, de eliminar las prestaciones sociales o su retroactividad, debe justificarse y plantearse algo muy preciso: ¿A cambio de qué? ¿Que ganan los trabajadores y el país con eso? Hasta ahora esas posiciones tienen congelados los ajustes en todas las comisiones, con OIT y sin OIT.

En fin, queremos ver resultados inmediatos, mediatos y a largo plazo. Que permitan en un corto tiempo restablecer dignidad laboral y verdaderas mejoras económicas. No son los gringos. Es el chavismo el que nos arrojó a la miseria como país y como trabajadores. Así que dejen la habladera de paja y actúen de una vez por todas para proteger la papa y no solo la papa de quienes laboran y han sido también injustamente humillados desde el poder por décadas rojas en Venezuela.

12/09/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/09/la-papa-y-la-paja

Actio mentis

LA LECCIÓN DE BUGS BUNNY

José Rafael Herrera

Una parte considerable de la llamada "clase política" contemporánea ya no lee. No se trata de una novedad. Cualquier persona con cierta formación lo percibe con facilidad. Pero lo verdaderamente preocupante es que algunos parecen haber convertido semejante carencia en una virtud. La poderosa industria cultural les ha inculcado que el pasado es una especie de almacén de objetos inútiles, una acumulación de cosas definitivamente superadas por la velocidad del presente. Todo envejece rápidamente, todo es sustituible, todo puede ser arrojado al basurero de la historia antes, incluso, de haber llegado a comprenderse. Es muy de mediocres, por cierto, la representación de la historia como la de un "periódico de ayer".

Como resultado de semejante formación social, la recomendación de la lectura de Homero a un político del presente puede parecer una extravagancia. ¿Qué podría aprender un hombre ocupado en campañas electorales, conspiraciones palaciegas, encuestas y redes sociales de un poema compuesto hace casi tres mil años? Pues no lo sabe, pero podría aprender mucho más de lo que imagina. Mucho antes de que Maquiavelo escribiera El príncipe, mucho antes de que la filosofía política descubriera conceptualmente las complejas relaciones entre la coerción y consenso, aquella extraordinaria escuela de bardos a la que Giambattista Vico llamó "Homero" había creado una de las figuras más profundas de la inteligencia política occidental: Odiseo. No se trata simplemente de un guerrero. Para eso estaba Aquiles. Odiseo representa otra cosa. Representa la astucia. La fuerza puede destruir un obstáculo. La astucia sabe cómo evitarlo. La fuerza enfrenta al enemigo. La astucia procura comprender sus movimientos antes de que éstos se produzcan. La fuerza golpea. La astucia anticipa. Y, sobre todo, el astuto sabe que en determinadas circunstancias avanzar consiste en retroceder y que, en otras, la única manera de escapar consiste en huir hacia adelante. La astucia es el fundamento principal de la llamada "guerra asimétrica" desarrollada durante el presente siglo.

Max Horkheimer y Theodor W. Adorno vieron en Odiseo una de las figuras fundamentales de la constitución del sujeto occidental. La Odisea no era para ellos una simple narración de aventuras lejanas, sino uno de los textos originarios de la civilización europea. Odiseo aparece allí enfrentado a potencias míticas, pero su enfrentamiento no consiste en destruirlas. Consiste en sobrevivirlas, en "ganar tiempo". Pero para ello tiene que calcular, sacrificar, engañar e, incluso, desaparecer. Cuando Polifemo le pregunta su nombre, Odiseo responde: Nadie. Esa es, quizá, una de las grandes lecciones políticas que contiene el poema homérico. Hay momentos en los cuales conservarse exige renunciar transitoriamente a lo que se es. Hay circunstancias en las que el nombre se convierte en una trampa. Un momento en el que el sujeto tiene que saber desaparecer si quiere regresar. Por eso Odiseo se convierte en Nadie. Frente a una determinada relación de fuerzas, ser Nadie puede resultar ser más inteligente que insistir heroicamente en ser Odiseo.

La astucia no es, en consecuencia, un vulgar engaño. Como tampoco es una simple habilidad de tramposo. Es una forma de concebir la actio mentis, esa capacidad de comprender una situación concreta, anticipar sus contradicciones y actuar dentro de ellas. Maquiavelo lo formularía, siglos después, con una claridad que todavía incomoda a los espíritus bienpensantes. El príncipe tiene que saber ser hombre y bestia. Y, entre las bestias, debe aprender especialmente de dos: del león y la zorra. El león no sabe defenderse de las trampas; la zorra no puede defenderse de los lobos. Por eso, quien quiera gobernar tiene que conocer ambas naturalezas: la fuerza que intimida y la astucia que descubre las trampas. Se puede decir que "la zorra" que describe Maquiavelo ya se hallaba, de algún modo, navegando por el Mediterráneo: atendía al nombre de Odiseo. Y quizá ésta sea una de las razones por las cuales la tradición política occidental nunca pudo reducirse simplemente a la fuerza. Un Estado no se sostiene exclusivamente mediante la coerción. Necesita consentimiento, mediaciones, inteligencia, capacidad de persuasión. La sociedad política no existe sin la sociedad civil, así como la fuerza no puede sustituir indefinidamente al consenso. El problema comienza cuando quienes poseen la fuerza creen que ya no necesitan inteligencia. Son los que peligrosamente semejan a Polifemo: son enormes, poderosos y torpes. Pero, sobre todo, han sido enceguecidos por la estaca de la vanidad.

Vico lo comprendió al preguntar por "el verdadero Homero". Detrás del nombre del poeta aparece una experiencia histórica colectiva, una imaginación popular capaz de crear aquellos grandes caracteres poéticos en los cuales una civilización se reconoce a sí misma. Odiseo es uno de ellos. Es la inteligencia que se mueve en un mundo peligroso, la capacidad de prever, la prudencia que sabe esperar, la astucia que no confunde la retirada con la derrota y, quizá, la capacidad de hacer que el adversario crea aquello que necesita creer para terminar haciendo exactamente lo que no quería hacer. Para no pocos políticos de hoy, Homero es demasiado antiguo, una pieza anacrónica. Vico es "demasiado difícil". Y, por si fuera poco, Adorno y Horkheimer son "demasiado filosóficos". Maquiavelo, en cambio, todavía conserva algún prestigio entre ellos. No porque, en realidad, se le haya leído a fondo, sino porque resulta útil mencionar su nombre cuando alguien quiere dar la impresión de parecer inteligente. Alguien que se parece mucho a la sopa en el invierno, diría: "¡Qué manguangua!", una expresión que, entre los venezolanos, tiene el significado de algo muy fácil o sin mayores dificultades. No obstante, existe la posibilidad de que los políticos del momento llegaran a aprender la lección de Odiseo sin la necesidad de tener que leer La Odisea. Pero ¿cómo podrían haber hecho eso? Muy sencillo: desde que eran niños, sentados frente a la TV, viendo los dibujos animados de la Warner Bros. Y es que la industria cultural hizo algo verdaderamente sorprendente. Tomó la antiquísima sapiencia de la astucia y —a la manera de Esopo— la convirtió en un personaje capaz de entrar en millones de hogares. No tenía espada, ni llevaba armadura. No navegaba hacia Ítaca, pero tenía las orejas largas. Además, con una tranquilidad desconcertante, decía: "ಾಸ¿Qué hay de nuevo, viejo?". ¿Sí aprendieron de Bugs Bunny, "el conejo de la suerte" de la Warner, que no vence por ser más fuerte que sus adversarios, sino todo lo contrario? Su rival tiene la escopeta de la autoridad, la fuerza bruta o la ventaja inicial. Pero Bugs tiene algo mucho más importante: la comprensión de la situación.

Su adversario cree perseguirlo. Y, de pronto, descubre que está siendo conducido. Cree haber preparado una trampa y termina cayendo en ella. Cree saber dónde se encuentra Bugs y descubre que el mundo entero ha cambiado de lugar. En eso consiste la astucia. No consiste solo en saber escapar, sino en transformar la persecución en una situación estrictamente dialéctica: el perseguidor termina siendo perseguido y el cazador termina siendo cazado. Quien parecía huir descubre que, en realidad, lleva la delantera. Durante décadas, millones de niños aprendieron esta elemental pedagogía de la astucia sin haber abierto jamás un libro de filosofía política. Crecieron viendo cómo Elmer el Gruñón perseguía obstinadamente al conejo. Aquellos niños crecieron. Algunos se hicieron políticos. Y quizá decidieron experimentar la política a la luz de las lecciones aprendidas en aquellas "tardes felices" frente al televisor.

Claro que no todos eligieron ser como Bugs. Muchos no tuvieron más opción que asumir el rol de Elmer. Porque Elmer —al igual que el gran Aloysius Bartholomew Sam, mejor conocido como "Sam Bigotes"— siempre tuvo un arma y siempre percibió al otro como enemigo. Y, lo peor, siempre estuvo seguro de que la próxima vez atraparía al conejo. Por eso siempre dispara, aunque siempre termina preguntándose qué le habrá fallado esta vez. La fuerza —especialmente la bruta— tiene una extraordinaria capacidad para convencerse de que la realidad permanecerá fija, inmóvil, mientras ella actúa. Solo que, al decir de Galileo, Eppure si muove. Y, así como la historia se mueve, el adversario también. Tiberio o Sam parecen haber elegido el papel equivocado. Persiguen con la seguridad del cazador que cree tener acorralada a su presa. Tal vez debieron aprender algo de la primera lección de Odiseo —o de Maquiavelo o, incluso, del mismísimo Bugs Bunny—: quien solo sabe perseguir termina dependiendo de los movimientos de lo que persigue. Escopeta o six-shooters en mano, creen decidir, sin comprender que están siendo conducidos. Al final, terminan perdiendo la partida. No porque Bugs sea más fuerte, sino porque comprendió los detalles del terreno donde se jugaba la partida.

Es seguro que ni Tiberio ni Elmer ni Sam tengan idea de quién fue Homero. Es probable que lo confundan con Mr. Homero Simpson. Afirmación ésta que resulta ser perfectamente comprensible en tiempos de racionalidad instrumental. Pero es aún más improbable la posibilidad de que tuviesen noticias de Vico, Adorno o Horkheimer. Eso sí: debieron haber prestado un poco más de atención a la lectio de Bugs, cosa que con toda seguridad sí hicieron los siameses perversos. Razón por la cual Elmer, Sam o Tiberio, al final, siempre terminan perdiendo la partida.

12/09/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/09/la-leccion-de-bugs-bunny/

martes, 8 de septiembre de 2026

De uno a otro

DEL SOLDADO COMUNAL AL PROFESIONAL

Luis Barragán

En la década de todos los tormentos al culminar el siglo anterior, junto a la institución eclesiástica, la corporación castrense fue muy distinguida por la población, como ahora difícilmente se imagina para el lamento de propios y extraños. Difícilmente hoy habrá estudios de opinión que acerquen a la entidad armada a los antiguos peldaños que ostentó, respetada y admirada como una expresión convincente del Estado venezolano que congregaba a multitudes en sus vistosos y marciales desfiles, sin incurrir en consignas partidistas.

La doctrina de guerra popular prolongada trastocó en comunal al soldado que años antes había comenzado a hacerse decididamente anómico con el Plan Bolívar 2000 y sus equivalentes, cumpliendo funciones de una franca desespecialización para integrarse a sendos estados mayores de la electricidad, agroalimentación, o hidrocarburos. A partir de 2012, aproximadamente, sinceró la actividad económica comercial, deseándose también industrial, dejando la Fuerza Armada de lado el acto administrativo a favor del acto mercantil tal como lo señalamos en reiteradas ocasiones en el parlamento, añadida una televisora y un banco propio entre el repertorio de las firmas mercantiles alcanzadas, más tarde perfeccionado el propósito con las zonas económicas especiales asignadas.

Después, la comunalidad concibió o configuró las áreas suburbanas como el lógico teatro de operaciones frente a cualquier agresión del enemigo interno y externo. El dispositivo comunal convierte el heroísmo y sacrificio popular en una ventaja defensiva del régimen, haciendo de los sectores populares escudos humanos. Por consiguiente, el consabido 3-E sintetizó muy bien cuán lejos había llegado la desnaturalización de la Fuerza Armada Nacional en un contexto – más allá - geopolítico tan desfavorable, e, igualmente, en un contexto – más acá – excesivamente absurdo, pues le correspondía fortalecer su específica capacidad de defensa y seguridad de la nación en lugar de garantizar solamente la del poder político que subordinaba a su propio afán de supervivencia al resto de los poderes públicos.

Hubo jerarquías a las que irritaba cualquier cuestionamiento por la manifiesta opacidad en los programas de adquisición y desarrollo de sistemas de armas y en el apresto operacional; acotemos, jerarcas también deshonestos que jamás se hubiesen imaginado señalados en casos como el de las municiones yugoeslavas, los tanques AMX o cualesquiera otros escándalos que naturalmente motorizaban a la opinión pública, actualizando las investigaciones de decididos senadores y diputados en la centuria anterior. Huelga comentar el exceso de generales, la ultrapartidización de la Fuerza Armada y cualesquiera otros casos que la implican, como si bastara poco, en la violación de los DD.HH. que generó toda la atención de las Naciones Unidas y sus comisiones de determinación de los hechos en los últimos años.

El soldado tan inherente al Estado Comunal que, por definición,  pierde las capacidades fundamentales que no logra compensar un indigesto y feroz poder político, debe dar paso a la reivindicación del soldado profesional y especializado que, es justo reconocer, surgió con la creación de la Escuela Militar y Naval en el tránsito de Cipriano Castro a Juan Vicente Gómez, tratando el período puntofijista de entronizarlo definitivamente. El consabido bombardeo de Caracas y las consecuencias más importantes que incluyen las que todavía no se conocen apuntan a la responsabilidad de los mandos superiores que, desde entonces, guardan un silencio que no sabemos cuán sagaz será.

El soldado profesional tiene su principal soporte en el artículo 328 constitucional pacíficamente aprobado por el constituyente y ha de volver aquella norma deliberadamente omitida en 1999 en torno a las autoridades civil y militar que no deben recaer en una misma persona.  Importa y mucho una Ley de Ascensos Militares, vieja deuda con la Constitución, cuyo proyecto diligenciamos y aportamos a una sesión plenaria de la Asamblea Nacional en 2020 al igual que a la Comisión Permanente de Defensa, por lo que hay elementos suficientes, pasión y doctrina que recuperar para que la Fuerza Armada recobre el carácter institucional, profesional y especializado que alguna vez tuvo – es necesario decirlo con todas las fallas -  en la era democrática.

Importa entender que  reprofesionalización significa reinstitucionalización de la corporación castrense en el marco de la  reinstitucionalización misma del Estado, recuperada la noción indispensable y genuina del monopolio legítimo y lícito de la violencia.  Y ojalá, luego de la amarga experiencia de casi tres décadas, haya claridad respecto de la obvia, además de ventajosa, subordinación del poder militar al poder civil para evitar la militarización de la sociedad y la milicianización de la Fuerza Armada que la lleva a la autodestrucción cuando tiene por misión sistemática y casi existencial la de reprimir a la ciudadanía.

Fotografías tratadas con IA:  Juan Vicente y Vicentico Gómez en el Congreso Nacional. Élite, Caracas, N° 36 de 1926.

Referencia: 

https://www.elnacional.com/columnas/2021/11/del-soldado-anomico-al-comunal/

https://apuntaje.blogspot.com/2026/09/la-ya-vieja-sospecha.html

08/09/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/09/del-soldado-comunal-al-profesional/

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