miércoles, 7 de octubre de 2026

Ley de la felonía


«VELEMOS POR LA DEROGACIÓN DE LA LEY DEL ODIO Y BREGUEMOS POR LA URGIDA TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA»

“Existe la convicción generalizada en torno a la radical inconstitucionalidad de la Ley del Odio en Venezuela, pero también de su aún más arbitrario empleo como herramienta sistemática de persecución y represión que debe ser inmediatamente derogada; pero – no obstante – advirtamos que ahora la pretendida reforma legislativa puede convertirse en un instrumento de distracción respecto al objetivo principal: la transición democrática”, señaló Luis Barragán, dirigente nacional de Encuentro Ciudadano.

En una entrevista realizada para “Termómetro Social” de la Radio Fe y Alegría 1390 AM conducido por Freddy Marcano, el exparlamentario y columnista de prensa, reiteró las objeciones jurídicas que en su momento se le hicieron a una ley calificada de constitucional por la espuria asamblea constituyente de 2017, cuando la materia siempre tuvo solución en ordenamiento jurídico ordinario.

“Hoy – agregó – lo conducente es derogar esa ley que el oficialismo la ha planteado como un recurso de distracción y quién sabe si de extorsión haciendo depender de esa reforma la excarcelación y el condicionamiento de los numerosos presos políticos que faltan por liberar para darle autenticidad y credibilidad al proceso de transición que todavía no es”.

Reiteró el otrora diputado electo en 2010 y 2015 que esa Ley del Odio afecta la vida cotidiana de toda la ciudadanía: “Métase o no en el problema político actual, el ciudadano de a pie ha sido y es víctima del instrumento aplicado dizque para resolver un vulgar problema vecinal o de tránsito terrestre, sometiéndolo a una posible extorsión de la autoridad pública”.

“Velemos por la derogatoria real, efectiva e inmediata de la Ley del Odio, pero siempre desde la perspectiva de una transición democrática cada vez más urgente”, puntualizó.

07/10/2026:

https://xn--eltequeo-j3a.com/luis-barragan-velemos-por-la-derogacion-de-la-ley-del-odio-y-breguemos-por-la-urgida-transicion-democratica/

https://lapatilla.com/2026/10/07/luis-barragan-alerta-sobre-la-discusion-de-la-ley-del-odio

https://www.opinionynoticias.com/noticiasnacionalesyglobales/45031-luis-barragan-advierte-la-reforma-de-la-ley-del-odio-busca-distraer-el-foco-de-la-transicion-democratica

Cfr.

https://lbarragan.blogspot.com/2017/11/de-la-dictadura-fasciculada_12.html // A partir de 00:06:20: https://www.youtube.com/watch?v=6tS7EIGpV2w&t=18s

martes, 6 de octubre de 2026

Recobrar al soldado profesional

FUERZA ARMADA EN LA TRANSICIÓN

Luis Barragán

Los modelos probados de transición pacífica y democrática no están limitados a un relevo de elencos en la más alta dirección del Estado, siendo lo más importante y decisivo la recuperación de las instituciones y capacidades que lo hagan posible después de desnaturalizadas por el poder despótico. Por ello, la corporación castrense ha de inscribirse en el proceso de cambio planteado y no al revés. Cuenta con particularidades como una capacidad coercitiva institucionalizada, interacción y jerarquía propias, en un ineludible cuadro de vinculación y lógica subordinación constitucional al poder civil: puede aportar a la crucial y urgida reconstrucción del Estado, aunque también contribuir a obstaculizarla o deformarla.

John Magdaleno ha advertido sobre la necesidad de no subestimar el papel de la Fuerza Armada Nacional (FAN) en una transición y, nos permitimos añadir, por desprestigiada que se encuentre, como lo revela el contraste entre los estudios de opinión del presente siglo y los del anterior. Muy fragmentaria la información disponible en torno a la vida interna de la entidad, en nuestro caso, hemos seguido a Sebastiana Barráez, quien advierte  determinadas variaciones en los mandos militares que reflejan, en alguna medida, el actual momento histórico.

Convengamos: la sola invocación de la Constitución no es suficiente para interpretar y resolver la cuestión castrense en relación con la transición, existiendo múltiples aspectos que atender en el campo legal, reglamentario, procedimental, educativo, presupuestario y meritocrático, así como las prácticas cotidianas arraigadas en las últimas décadas que no deben soslayarse. La entidad armada fue atada en la presente centuria a una concepción y expansión política, administrativa y económica ilimitada del Estado que confundió las responsabilidades civiles y militares, apelando a las bayonetas para sostenerse: el Estado Cuartel echó las bases del sucesivo e improvisado Estado Comunal, comprometido definitivamente en una variedad de funciones que excedieron el estricto ámbito militar hasta desnaturalizarlo, militarizando a la sociedad.

El soldado sencillamente dejó de serlo, proyectado como un simple funcionario público, agente de seguridad interna, operador político, comisario ideológico, gerente empresarial, gestor público, realizador local de la doctrina de guerra prolongada. La solución de imposible continuidad entre el Estado Cuartel y el Estado Comunal condujo posteriormente a la derrota militar de una forma de poder como la alcanzada y agudizada por el madurato: acaso, ¿la hipertrofia político-militar fundada en la terca y arbitraria configuración del enemigo interno no hizo posible que una potencia extranjera consiguiera extraer de Caracas al entonces comandante en jefe de la FAN y, además, en tiempo récord? Sin embargo, esa derrota, igualmente moral, no resolvió el problema venezolano: Miraflores capituló ante Washington y no ante el país.

Luce obvia la necesidad de recuperar al soldado profesional que viene de serlo anómico y comunal, afectando las capacidades operacionales y confundiendo la misión misma de la entidad de adscripción y vida. Vale decir, un soldado profesional, institucional y especializado, subordinado a un transparente y sobrio poder civil, capaz en lo doctrinario, tecnológico, personal y corporativo de velar por las armas de la República que se le confían y ante la eventualidad de un legítimo escenario bélico en defensa de la nación a la que sirve: la nuestra.

Múltiples las iniciativas pendientes, como la constitucionalización de las leyes militares con atención a un severo universo normativo, de control y rendición de cuentas, procedimientos y prácticas administrativas que no pueden depender de una coyuntura política por más que se la extienda artificialmente. O los ascensos, que hacen a la institución, permitiendo seleccionar y configurar los mandos, construir jerarquías, determinar la carrera, proyectar el porvenir de la corporación armada; valga acotar, oportunamente introdujimos un proyecto de Ley de Ascensos Militares en la Asamblea Nacional por 2020.

El control civil de la institución castrense no ha de significar control partidista alguno, como ha ocurrido irrefutablemente en esta centuria a pesar de las disposiciones constitucionales, conscientes de las dificultades que toda transición reporta sobre las fuerzas armadas, que bien las ilustran los procesos acaecidos al sur del continente décadas atrás. El soldado profesional no debe desperdiciar y arriesgar su vocación y talento en tareas distintas a la defensa de la soberanía nacional, integridad territorial, protección de la infraestructura estratégica, respondiendo a toda amenaza y peligro externo, permitiendo la confiable administración del monopolio estatal de la fuerza sin incurrir en un monopolio ilegítimo del debate y la persuasión.

Inferimos de los aportes de Harold Trinkunas que la subordinación de la FAN no aparecerá espontáneamente con la apertura y democratización, pues la transición, reivindicada como proceso, exige capacidades civiles para la gobernanza de la defensa y arreglos institucionales que confieran estabilidad a las reglas acordadas. La dinámica transicional obliga a señalar e implementar correcciones, incentivos, logros y reconocimientos concretos que permitan que haya cabalmente Estado.

Con la transición pacífica y democrática gana la FAN profesional, institucional y especializada. Y, lo mejor, recobra todo su sentido republicano.

Ilustración: 

https://apuntaje.blogspot.com/2026/09/ejercicios-graficos-para-un-par-de.html

06/10/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/10/fuerza-armada-en-la-transicion/

Cfr.

https://lbarragan.blogspot.com/search?q=Fuerza+Armada

https://lbarragan.blogspot.com/search?q=Fuerzas+Armadas

lunes, 5 de octubre de 2026

La apuesta por lo irreal

DE UN LABORATORIO PARA LA TRANSICIÓN: ULA y USB

Luis Barragán

“—Buscamos muchas cosas.

—Se quedó callado un momento—.

El aspecto de nuestro trabajo que

tiene que ver con las anomalías

es una investigación continua

sobre si vivimos en una simulación”

Emily St. John Mandel (*)


Planteado en Venezuela un proceso de transición, sentimos que el gobierno trata de delimitarlo en todo cuanto le sea encubiertamente posible, al mismo tiempo que celebra la presencia del inesperado —aunque comprensivo— tutelaje convertido en una nueva fraternidad binacional, de acuerdo con el discurso neoyorkino de la encargaduría presidencial. Dirán que el proceso solo concierne a las muy altas esferas del Estado, para buscar después neutralizar sus consecuencias y evitar que se convierta, además, en un sentimiento generalizado y, sobre todo, tolerado por quienes buscan sobrevivirle a Donald Trump en cualquier trance.

Fuere de transición o de reacomodo, según la apuesta oficial, el sector universitario constituye ahora un ejemplo del ritmo que adquieren los acontecimientos y de las expectativas naturales de cambio que produjo un hecho tan excepcional como el del 3-E. La última sesión del Consejo Nacional de Universidades (CNU) reveló muy bien las intenciones del rodrigato: normalizar, con la mayor sagacidad y prontitud posibles, una situación cuya deliberada persistencia en las anomalías únicamente conduce a la simulación como objetivo estratégico.

Ya, por muchísimos años, el régimen ha impedido que se realicen las elecciones rectorales, poniendo el mismo empeño en las de los gremios e intentando la deslegitimación, por asfixia, del liderazgo que, en última instancia, representa también a la sociedad civil; apenas hizo la excepción con la Universidad Central de Venezuela (UCV), mientras pretenden ahora abortar las de la Universidad de Los Andes (ULA), como cínicamente lo ha hecho con la Universidad Simón Bolívar (USB). Tienen un miedo pavoroso a que se alborote el avispero y, como si faltara un par de detalles, ignoran las sobradas razones que hacen igualmente excepcional la etapa que vivimos, mientras fingen una gobernabilidad y una gobernanza (identifiquémoslas como G&G) que no existen, al asegurar un ingreso promedio de $500 para el profesorado y proponer, a deshoras, un proyecto de ley de universidades tras la sostenida violación de la letra constitucional, por conducto de la mismísima ministra de Educación Superior (significativamente, integrante de la consabida mesa de negociaciones), lo que ha causado indignación.

La fórmula es sencilla: hay G&G cuando existe capacidad política para conducir, nacional y sectorialmente, la transición y, al mismo tiempo, funcionan adecuadamente las instituciones mediante la coordinación de los más diversos actores. Por consiguiente, cuando ello no ocurre, no hay G&G y la transición corre el riesgo de convertirse en parodia y reacomodo, hipótesis que puede trabajarse a cabalidad con autores como Juan Linz y Alfred Stepan para someter a examen lo último ocurrido con la ULA y la USB para arribar a una conclusión obvia.

Examen que consiste en responder preguntas como estas: ¿Las universidades pueden elegir libremente a sus autoridades? ¿Se respeta su autonomía normativa y administrativa, así como la inviolabilidad del recinto universitario? ¿El Estado devuelve progresivamente las capacidades financieras que les corresponden? ¿El Poder Judicial deja de intervenir para impedir sus procesos internos? ¿Las instituciones recuperan la capacidad de autogobierno?

Así las cosas, evitando inútilmente la expansión del sentimiento a favor de la transición, las escaramuzas más recientes que tuvieron por escenario la esperada sesión del CNU ayudan a medir muy bien cómo marcha el cambio y la confianza que genera un gobierno que festeja a Trump en cualquier ocasión. Entonces, ¿se trata de trabar y frustrar a toda costa la elevación de las capacidades que permitan la reconstrucción del Estado en Venezuela? ¿Convertir a Caracas en el escenario de todas las formalidades de una transición reduce la sociedad? ¿No constituyen la ULA y la USB una suerte de laboratorio que ayuda a explicar el proceso político global que realmente vive el país?

Noticioso o no, todo lo que acaece en Venezuela y entre los venezolanos incide naturalmente en el curso político de las cosas y de todas las cosas. Luego, la transición que está pendiente no es cuestión privativa de los actores circunstanciales del proceso.

(*) “El mar de la tranquilidad”, Ático de los Libros, Barcelona, 2022: 118.

Ilustración: Stephan Schmitz.

05/10/2026:

https://opinionynoticias.com/opinionpolitica/45021-de-un-laboratorio-para-la-transicion-ula-y-usb

domingo, 4 de octubre de 2026

Caza de citas


“—Buscamos muchas cosas. —Se quedó callado un momento—. El aspecto de nuestro trabajo que tiene que ver con las anomalías es una investigación continua sobre si vivimos en una simulación”

Emily St. John Mandel

(“El mar de la tranquilidad”, Ático de los Libros, Barcelona, 2022: 118)

Reproducción:   Lubomir Arsov.

Noticiero retrospectivo





- Telmo Almada. Música para ascensores”. Economía Hoy, Caracas, 03/06/1993.

- Raúl Sosa y los protocolos de Puerto España y Pacto Andino. El Nacional, Caracas, 02/03/72.

- Petrus. “Orlando Araujo habla sobre su ingreso al PCV”. Tribuna Popular, Caracas, 06/07/84.

-  Adolfo Herrera y el naufragio de URD. Qué Pasa en Venezuela, Caracas, N°4 del 22/02/64.

- Joaquín Marta Sosa. “Los filántropos”. Punto, Caracas, N° 87 del 04/05/73.

Reproducción: Edito José Ramírez. Élite, Caracas, N° 2059 del   . Elite 2059 del 06/03/1965.

Etiqueta marrón

Transición o continuismo: el caso de la Universidad Simón Bolívar

Luis Barragán

La crisis se expresa en los más variados ámbitos y tiende, así, a confundir a la propia opinión pública, mientras la estrategia comunicacional del oficialismo procura frenar o neutralizar cualquier animadversión, disidencia u oposición aparentando una transición que todavía no reconoce explícitamente, ganando tiempo para un reacomodo que, en definitiva, encubre el más vulgar continuismo. El caso de la Universidad Simón Bolívar resulta francamente patético al ejemplificar los lineamientos de la encargaduría presidencial, pero también al revelar el forcejeo interno del chavismo, al que igualmente le falta conducción política.

Recordemos que la casa de estudios fue intervenida hace cinco años por el Gobierno nacional, bajo un mandato constitucional y legal muy claro para realizar los comicios rectorales en un plazo perentorio de 180 días, pero aquellas autoridades escogidas a dedo terminaron demostrando una manifiesta incompetencia. Los interventores tienen, en efecto, poco más de cinco años de un eterno interinato, en abierto conflicto con los gremios, incluyendo la confiscación de la Casa del Profesor, mientras estiran la provisionalidad a más no poder en nombre, santo y seña del chavismo.

Es inevitable señalar, por otra parte, la negligencia y destrucción de la universidad, largamente denunciadas por los medios disponibles y planteadas oficialmente, hasta el punto de recomendarse el reemplazo inmediato del elenco responsable del desastre. Fue tan evidente la gravedad de la situación que la otrora novísima ministra de Educación Superior invitó públicamente al gremio profesoral a conversar, y este, incorporando al estudiantado y a los egresados, aceptó la invitación para un diálogo que efectivamente aconteció en la sede ministerial.

Toda la gravedad del caso fue expuesta en aquella oportunidad y se anunció una pronta solución a los problemas materiales inmediatos de la sede académica, así como a la situación de unas autoridades abiertamente cuestionadas que, por cierto, jamás han respondido a los señalamientos formulados y simple y olímpicamente desconocen a los dirigentes legítimamente electos por cada gremio. Se pidió paciencia, y lo conducente era, y todavía es, sustituir la terna interventora para designar otra con el propósito de regularizar la vida institucional de la Simón Bolívar, golpeada durante más de una década.

Todo estaba encaminado al cumplimiento de la solución más sensata y realista, cónsona, además, con el espíritu de una transición democrática en los términos en que socialmente se ha entendido, pues, como ocurre en el escenario nacional, todavía no están dadas las condiciones para unas elecciones rectorales, aunque algunas voces hayan llegado a sugerir que estas podrían favorecer a los propios interventores. Hubo comprensión y consenso para resolver el caso de la mejor manera, pues ¿cómo dialogar con unos interventores cuyo mandato, limitado a 180 días, ha sido prolongado durante cinco años y que, literalmente, le han cerrado la puerta a la dirigencia gremial?

¿Por qué confiarles la organización de unos comicios, lo que equivaldría a llamar y apersonar a Nicolás Maduro para que vele por las próximas elecciones presidenciales? La pregunta inevitable es qué reflejo exacto emana de este enredijo político interno del Gobierno, cuando incluso una solución elemental —sustituir a quienes han fracasado por otros que permitan recuperar progresivamente la institucionalidad— parece convertirse en materia de una dura disputa.

En voz baja circuló la terna que sustituiría a los interventores, compuesta ciertamente por chavistas, pero integrada por personas reconocidas por una limpia trayectoria académica y profesional que inspiraba confianza y demostraba una voluntad de entendimiento. Entonces, cuando todo parecía comprometido para la debida sustitución, el Consejo Nacional de Universidades terminó colocando dos medallas, que en última instancia corresponden a la mesa de negociación que tiene a la citada ministra como integrante: la continuidad de los interventores que tuvieron cinco largos años para dialogar y arrogantemente no lo hicieron, impidiendo las elecciones ni ahora ni más adelante y llegando incluso a suspender los comicios en la Universidad de Los Andes bajo cualquier pretexto.

Es excesivamente evidente que no hay siquiera la intención de un reacomodo en la Universidad Simón Bolívar, sino la continuidad de una destrucción manifiesta que impide recuperar la institucionalidad, clave de todo cambio sustancial, al tiempo que se desconoce la trayectoria de potenciales sucesores en el rectorado tan chavistas como los actuales interventores. El reflejo, indudablemente, es el de una resistencia nacional del madurismo al menor cambio posible, por milimétrico que sea, en una dura batalla cuyo horizonte parece ser obstaculizar la gestión de la encargada presidencial, aunque jamás honrarán con su propio pellejo el compromiso de defender la soberanía territorial.

Guillermo O’Donnell, el transitólogo por excelencia en América Latina, identificó como zonas marrones aquellas en las que la autoridad del Estado resulta demasiado precaria, las leyes no se cumplen y predominan los intereses de hecho, sin protección efectiva para la ciudadanía. Esta es la etiqueta que debemos colocar a las puertas de la Universidad Simón Bolívar: una zona marrón al lado de la roja-rojita, donde la provisionalidad se hizo permanente, la excepción pretende hacerse regla y la recuperación de la institucionalidad continúa siendo, paradójicamente, el principal obstáculo para cualquier transición.

Ilustración: Malay Banerjee.

04/10/2026:

https://lapatilla.com/2026/10/04/transicion-o-continuismo-el-caso-de-la-universidad-simon-bolivar-por-luis-barragan/

Brevísimo rifirrafe descafeinado

  NOTITADE. Valencia, 04/10/2026.