viernes, 17 de julio de 2026

Paréntesis ... Y falta la biblioteca ...


 Fuente: Tomada de la red.

Dándoles alcance a justos y pecadores


 EL NACIONAL, Caracas, 09/04/1999.

Cálculo de probabilidades

UNA NOTA DE AMPLÍSIMA DIFUSIÓN POR LAS REDES

La historia de la foto de Lionel Messi bañando a un bebé Lamine Yamal en 2007 (como parte de un calendario benéfico de Diari Sport y UNICEF) es uno de esos casos donde la realidad supera por completo a la ficción.

Calcular la probabilidad exacta ("uno entre cuánto") de que este evento ocurriera es un ejercicio que mezcla la demografía, la estadística deportiva y un toque de "milagro" matemático.

Vamos a desglosarlo paso a paso para entender la magnitud de la coincidencia.

1. La probabilidad de que el bebé de la foto llegara a ser futbolista profesional

En 2007, UNICEF y Diari Sport organizaron un sorteo en Mataró (el barrio de Rocafonda, de donde es Lamine) para elegir a los niños que posarían con los jugadores del Barcelona.

 * El sorteo de UNICEF: Se estima que participaron unos pocos cientos de niños de la zona de Barcelona y alrededores. Digamos que la probabilidad de ser el bebé elegido en ese sorteo en particular era de 1 entre 500 (siendo generosos con el tamaño de la muestra local).

 * Llegar a ser futbolista profesional de primera división: De todos los niños que juegan al fútbol en España, aproximadamente solo el 0.1% (1 entre 1,000) llega a debutar en la primera división (La Liga).

Si multiplicamos estas dos primeras variables:

2. La probabilidad de convertirse en una "Súper Estrella" mundial

Llegar a primera división es difícil, pero convertirse en una súper estrella mundial (nominado al Balón de Oro, pieza clave de su selección, tasado en más de 100 millones de euros) es un embudo extremadamente estrecho.

 * De los aproximadamente 500 jugadores activos en la primera división española en un año dado, solo unos 2 o 3 alcanzan el estatus de súper estrella mundial generacional a una edad tan temprana.

 * Esto representa una probabilidad de aproximadamente 1 entre 10,000 de todos los niños que empiezan a jugar al fútbol de manera federada en el país.

Si ajustamos la ecuación combinando la elección del sorteo con el desarrollo de una súper estrella:

3. El factor "Messi" (El cruce de dos leyendas)

Aquí es donde la estadística se vuelve astronómica. La foto no se tomó con un jugador cualquiera del Barcelona de la época (como Ezquerro, Sylvinho o Oleguer, con todo el respeto para ellos). Se tomó con Lionel Messi, quien en 2007 ya era una promesa gigante pero aún no era el jugador histórico que es hoy.

 * Para que ese bebé específico no solo fuera una súper estrella, sino que años después disputara torneos internacionales de élite al mismo tiempo que Messi seguía activo, requería una longevidad deportiva brutal de Messi y una precocidad histórica de Yamal.

 * Si consideramos la probabilidad de que un niño elegido al azar en un sorteo benéfico termine posando precisamente con el que se convertiría en el mejor jugador de la historia, y que luego ese niño crezca para ser su sucesor generacional... los estadísticos deportivos suelen ubicar esta probabilidad en el rango de 1 entre decenas de millones.

El veredicto: ¿Uno entre cuánto?

Considerando todas las variables (ser el bebé elegido, llegar a ser profesional, alcanzar el estatus de súper estrella mundial y hacerlo coincidir en el tiempo con el declive/vigencia de la otra súper estrella de la foto):

La posibilidad estimada es de, aproximadamente, 1 entre 50,000,000 (cincuenta millones).

Para ponerlo en perspectiva:

 * Es más fácil que te caiga un rayo dos veces en tu vida (1 entre 9 millones).

 * Es similar a la probabilidad de ganar la lotería principal en varios países europeos jugando un solo boleto.

Es, sin lugar a dudas, una de las mayores y más hermosas anomalías estadísticas de la historia del deporte.

Fuente:  WhatsApp.


LA VANGUARDIA, 17/07/2026.

martes, 14 de julio de 2026

Gracias por tu nota, Hermann

ESPIRAL DEGRADATIVA DEL ESTADO

Hermann Alvino

Muy interesante tu reflexión. Sin duda, el Estado venezolano conservó casi todas las apariencias institucionales al tiempo que se iba desprendiendo de sus "capacidades más elementales", lo cual, como tú dices, ciertamente no es atribuible a la común adjetivación de "Estado fallido", porque este no es la causa de ese "desprendimiento", sino el efecto final.

Un ejemplo muy pertinente es el del cuento de la rana que se va cocinando sin percatarse de ello mientras la temperatura se incrementa imperceptiblemente, hasta que ya es tarde para reaccionar.

Como siempre te digo, no hace falta autoflagelarnos, puesto que ese fenómeno ya ocurrió en Italia, que es el ejemplo más directo porque ese país ya ha llegado a extremos impensables para una democracia occidental, o europea. El poder casi absoluto de la Democracia Cristiana fue tragándose todos los protocolos destinados al control de gestión a cargo de los diversos poderes del Estado, en un proceso siempre tutelado por EE. UU. a cuenta del temor a que el comunismo soviético penetrara formalmente en las instituciones italianas. Esa pérdida de controles administrativos desató una corrupción sistémica irreversible que provocó un juicio histórico que, al final, liquidó aquella república. Pero, paradójicamente, en vez de acabar con la corrupción, se abrió el ciclo histórico de Berlusconi, con su rostro joven de promesas de tipo chavista de renovación total, cuando en realidad él era el mal estatal en persona, un pionero de la descomposición institucional frente al cual Trump es un angelito. Ahorro detalles de las travesuras ocurridas en los últimos treinta años, de todos los partidos, inspiradas en ese berlusconismo y avaladas por los mismos italianos. Italia, en la actualidad, dejó de ser una democracia seria.

Pero aquella degeneración institucional no fue cosa de un día, ni de un período legislativo, sino que se fue consolidando durante las décadas, con una que otra ley al parecer inofensiva, uno que otro tribunal o juez prevaricador al cual no se le puso correctivo porque los políticos comenzaron a cuidar sus cargos y ello exigía no "mojarse", no hacer adversarios. De repente, uno que otro amiguito(a) ocupa un cargo interesante pasando por encima de la carrera administrativa; un contralor mira para otro lado con relación a una licitación cuyo monto fue dividido en varias partes para saltarse los controles, etc., y al final el Estado, como tal, deja de reaccionar, puesto que la dejadez o laxitud institucional, y la prevaricación y la corrupción, coparon esos centros de decisión.

Otro buen ejemplo es el mantenimiento de infraestructuras. Dejemos de inspeccionar un ascensor cuyo uso es intensivo y a veces abusivo, o eliminemos una rutina de limpieza en las estaciones del metro, o una pequeña inspección en los rodamientos de las ruedas de los vagones, o dejemos de parchear los huecos de las calles, o parchearlos mal, y al final todo se nos vendrá encima por la acumulación de esos pequeños detalles cuyo abordaje se iba descuidando.

Lo que genera indignación es que todo ello se sabía, porque todos sabían que la dejadez tribunalicia o la permisividad ante la corrupción no se autorregula, sino que tiende a crecer como la entropía; al fin y al cabo, ambos términos son sinónimos de desorden. Todos saben que descuidar el mantenimiento equivale a la degradación de una infraestructura que, al final, será irreversible y se tendrá que sustituir por una nueva.

Por eso es que en Venezuela hará falta un Estado "nuevo", sin andar perdiendo tiempo en los detalles de las causas de la actual degeneración, porque estas están más que claras; esto es, una élite civil de la democracia y luego del chavismo, con una élite militar junto a esta última, que, en vez de gobernar en función del bien común y de la preservación del Estado, se dedicaron a esquilmarlo, pensando cada uno de ellos(as) que su pecadillo de corruptelas, de prevaricación o de mirar para otro lado era solo un gesto insignificante que no iría a cambiar nada, sin percatarse de que, si gestos así los realizan miles de funcionarios, el efecto final será el derrumbamiento institucional.

Pero, infortunadamente, ese crimen de gobernanza no solo es protagonizado por esas élites, sino que también lo es por el ciudadano, con su indiferencia, con su voto cómplice, con su falta de voluntad para participar en la selección de gente decente para ser candidatos de los diversos partidos. Y con ello se cierra el círculo.

Pero, por otra parte, que no nos quepa duda de que, por más que un país, un pueblo y unas élites gobernantes decentes se propongan mantener la decencia y la eficacia estatal, la gobernanza siempre sufrirá fuerzas centrífugas que, con el paso del tiempo, costará cada vez más mantener a raya. Es en medio de ciertos descuidos institucionales, sea por mala voluntad o porque en ese ciclo le tocó a una camada de gobernantes más incompetente o insensible a esta realidad, que se van colando los farsantes cuyo trabajo será comerse al sistema desde sus mismas entrañas, con esa ley al parecer inofensiva mencionada anteriormente, o directamente con una labor de zapa manifestada en los conocidos mensajes antisistema, a los cuales siempre habrá alguien dispuesto a aceptar. En este sentido, con relación a eternizar una democracia decente, creo que hay que ser pesimistas y tener claro que, en algún momento, nuestra imperfección humana degradará el Estado que nos ha tocado gestionar y habrá que empezar de nuevo, con nueva gente que crea en los valores de ese contrato social que sus antecesores liquidaron sin pestañear.

Pero bueno, estas son ideas sueltas... Gracias por enviarme tus posts.

(*) Respuesta por WhatsApp al articulo LB sobre estatalidad y transición:

Ilustración: Burt Lewis.

Cfr.

https://apuntaje.blogspot.com/2026/07/el-curso-natural-de-las-cosas.html

¿El curso natural de las cosas?

ESTATALIDAD Y TRANSICIÓN

Luis Barragán

Justificadamente, propendemos a reclamar la democracia como soporte del cambio histórico, por supuesto, concibiéndola, aun sin advertirlo, como democracia liberal en los términos universalmente aceptados. Sin embargo, desgraciadamente probado por los recientes terremotos, todo parece indicar que la democratización difícilmente podrá consolidarse sin la reconstrucción de la estatalidad como objeto fundamental de una transición que exige discutir su naturaleza, características y alcances.

Al indagar sobre las fuerzas organizadoras del poder, Michael Mann  recuerda que las hay en el orden ideológico, económico, militar y propiamente político que generan, a su vez, recursos y organizaciones particulares con una lógica capaz de redondear la autonomía relativa del Estado. Y ese Estado crecientemente fantasmal en el presente siglo, ya no se le concibe y, menos todavía, actúa como un conjunto diferenciado de instituciones y funcionariado que implica una centralidad de las relaciones políticas, abarcando un territorio demarcado, capaz de imponer normas vinculantes con el respaldo de una fuerza física organizada, porque está reducido al gobierno como única expresión.

En efecto, por una parte, lo que se entiende  por Estado ha dependido casi exclusivamente del empleo de la fuerza que reclama como suyo el poder político que deviene despótico cuando prescinde del resto de las capacidades que, por otra, configuran el llamado poder infraestructural. Entonces, convengamos que la existencia del Estado no obedece exclusivamente al monopolio lícito y legítimo de la fuerza, sino que lo conjuga una variedad de funciones de razonable equilibrio que también lo legitiman en el orden de la seguridad, educación, telecomunicaciones, administración de justicia, recaudación fiscal, etc.

Además, concebido el Estado como la extraordinaria empresa política de una simultánea integración territorial, económica, social y cultural que organiza y coordina, desplegando todas sus capacidades, encuentra en la vida democrática y la realización de las libertades el más adecuado camino para canalizar y resolver los naturales conflictos en paz, reivindicando la dignidad de la persona humana. Degradadas esas capacidades, como la evidencia empírica lo demuestra con las consecuencias inmediatas del doble desastre natural, a punto de desaparecer, el Estado entra en una espiral de debilidad y confusión gracias a la expansión de los poderes paralelos de un despotismo infuncional, con territorios en los que ejerce una dudosa autoridad y la conformación de una ciudadanía desigual que ensaya constantemente con una migración interna y externa para la difícil subsistencia personal y familiar.

La nada convencional transición que nos espera, inaplazable en defensa nada más y nada menos que de la mismísima estatalidad, requiere de una extraordinaria conducción opositora que convierta la experiencia democrática, la liberación y la libertad como soporte esencial para la edificación y consolidación de un modelo alterno y consensuado de desarrollo. Agreguemos la adecuada implementación táctica y estratégica para salvaguardar el cambio de los accidentes, incidentes y coyunturas tan difíciles de prever, con la ineludible reacción de los adversarios.

La falta de Estado y el exceso de gobierno que aprendió a actuar sin negociar con la sociedad agobiada por una intensa propaganda que ha comprometido a la tesorería nacional por varias generaciones, desemboca en un hecho paradójico. Así, los elencos del poder establecido no gobiernan, sino que procuran sobrevivir a cualquier precio al frente de un Estado que no lo es, por lo menos, parecido al que comenzó a desarrollar sus mejores capacidades funcionales o infraestructurales desde la dictadura de Gómez, perfeccionándose con la era democrática, en el siglo XX, descompuestas progresiva y peligrosamente en la presente centuria.

Definido el objeto de la transición como la reconstrucción de la estatalidad, resta responder una pregunta decisiva: ¿Qué ocurrió con el Estado venezolano para que conservara tantas apariencias institucionales mientras perdía progresivamente sus capacidades más elementales? Quizá la respuesta no se encuentre en las conocidas categorías del Estado fallido o de otras adjetivaciones ampliamente difundidas, sino en un proceso más complejo que convendrá examinar antes de proponer cualquier estrategia de reconstrucción nacional.

Ilustración: Ernest Dewey Albinson.

Ilustración intermedia: De El Nacional. Evidentemente procesada por IA,

Fotografía: LB (CCS, 02/05/2026)..

Cfr. https://apuntaje.blogspot.com/2026/07/gracias-por-tu-nota-hermann.html

14/07/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/07/estatalidad-y-transicion/

Paréntesis ... Y falta la biblioteca ...

 Fuente: Tomada de la red.