sábado, 18 de julio de 2026

¡No disparen al pianista!

LA MUERTE DE LA MEJOR SECCIÓN DEPORTIVA

Víctor Suárez (*)

—¡Mira esta verga, Castrico! The New York Times nos está copiando…

Rodolfo José Mauriello oyó lo que le decía y se acercó. Paco Andrade, que amaba las reseñas hípicas del Times, también lo hizo. Goitía, el mensajero que cada media hora bajaba al primer piso del edificio sede del diario El Nacional y recogía la información cablegráfica referida a deportes, había traído un cable que no se correspondía con ninguna especialidad y, en lugar de botarlo, lo dejó tirado en mi mesa de diseño.

“El Times planea una nueva sección de deportes los lunes”, era el titular.

 


Por supuesto, se trataba de un anuncio corporativo, difundido el viernes 2 de diciembre de 1977.

“The New York Times publicará todos los lunes, a partir del 9 de enero, una nueva sección dedicada a los deportes, anunció ayer A. M. Rosenthal, editor ejecutivo. Llamada Sports Monday, cubrirá tanto los deportes para espectadores como para participantes e incluirá una variedad de nuevas columnas y características centradas principalmente en eventos noticiosos”.

El Times estaba en plena evolución, en contenido, en diseño gráfico y paginación, aunque no en sistemas de impresión. A los cuerpos de noticias generales, políticas, financieras e internacionales, se le añadían Living los miércoles, Home los jueves y Weekend los viernes. Ahora vendría Sports Monday, los lunes.

— ¿Qué está ofreciendo el NYT?, preguntó Mauriello, redactor y analista especializado en beisbol.

1.- Nuevas columnas, escritas por el staff regular de la sección.

— Las tenemos, dijo Heberto Castro Pimentel, jefe en funciones de la sección de Deportes de El Nacional.

2.- Una página o más dedicadas a las estadísticas en cada disciplina deportiva.

— Las tenemos, dijo Mauriello.

3.- Artículos de firmas invitadas.

— Los tenemos, replicó Mauriello.

4.- Una guía de los eventos deportivos de la semana, locales, nacionales e internacionales.

— Pan comío desde hace tiempo, alzó el cuello Castrico.

5.- Una importante historia será la pieza central de la portada, y las fotografías de acción resaltarán los artículos en el interior de la sección.

— Pero en fotografía no tienen a un Sardá, a un Grillito, a un Lezamita, dijo Paquito, jefe de las páginas hípicas.

Mucho antes (si no me equivoco, en el primer semestre de 1976), Pantalla de El Nacional (todo el Cuerpo B para Deportes. Las secciones de Farándula y Sociales tomaron asueto los domingos) se había convertido en un fenómeno en el periodismo deportivo venezolano. De mucha mejor calidad que el portentoso éxito en circulación de Carlitos González en 1969 con Meridiano, del que fui diagramador-jefe entre 1970 e inicios de 1974. El Times de Nueva York había aprendido que los deportes eran una inmensa fuente de ingresos por publicidad y un motor a propulsión en tiraje. Desde siempre había dedicado bastante atención a los deportes, por su pegada en la afición variopinta de Nueva York. Ahora vendría con mayores recursos, más espacio, más compendioso, más especializado.

—Es el mejor periódico del mundo, pero sigue siendo en blanco y negro, como Le Monde en Francia, diría Miguel Otero Silva, cuando a comienzos de los años ochenta decidió darle un vuelco a El Nacional, siguiendo el ejemplo de su sección deportiva.

Mientras Pantalla publicó su primera radiofoto a color en 1974 (Final del Mundial de Futbol en Munich en julio), el Times fue uno de los últimos grandes periódicos en adoptar las fotos a color.

Las primeras fotografías a color en la portada delTimes aparecieron el 16 de octubre de 1997, precisan los anales (Fotos de Janet Reno, fiscal general de EEUU, y del dominicano Tony Fernández, campocorto de los Indios de Cleveland). En 1982 el USA Today, el primer periódico en circular en todo el país al mismo tiempo (transmisión vía satélites a plantas de impresión en cinco ciudades estratégicas), se distinguió por su capacidad para imprimir a cuatro tintas todas sus páginas.

(Las razones de la tardanza del Times en añadir color, fueron casi similares a las de El Universal, en Caracas. El color resta seriedad y credibilidad a la noticia, decían. La Dama Gris no puede permitirse que se la compare con la prensa sensacionalista que agobia a Nueva York, decían. Una vez, El Universal intentó contratarme para que me encargara del rediseño de su sección deportiva. Álvaro Miranda, jefe de Deportes, me llamó, me ofreció mejor salario que el que percibía en El Nacional, dijo que planeaban darle guerra a Pantalla. Llegamos a un acuerdo. Pero ese acuerdo tendría que ser refrendado por el dueño del periódico, Luis Teófilo Núñez Gómez. “Podrán ponerle color a El Universal, pero eso será después de que yo me muera”, sentenció el editor. El Universal comenzó a publicar fotografías a color en 1998, aunque su dueño falleció el 3 de octubre de 1980, a los 96 años de edad. Muchísimo tiempo duró ese medio luto.)

Veinte años después de la aparición de la sección Sports Monday, el Times presentó mejoras más radicales. La más importantes fue la extensión de la hora de cierre de la edición local, lo que permitía reportajes y resultados deportivos más completos en todos los ejemplares distribuidos en el área metropolitana de Nueva York. Lo otro, que la sección deportiva tomó forma independiente (Cuerpo C) durante los siete días de la semana. También nació la sección Arts, de lunes a viernes (Cuerpo E).

Ese 16 de septiembre de 1997 anunciaron fotografías a color en las portadas de Artes y Deportes, así como aceptación de publicidad a color. Un mes después dos fotos a color saldrían en la primera página del periódico.

La sección se hizo legendaria. Desde que el cronista John Kieran creó la columna Sports of The Times en 1927. Sus coberturas fueron un pilar del periodismo deportivo estadounidense. Los principales momentos y personalidades de los deportes durante el pasado siglo encontraron allí su mejor espacio, entre ellos la trayectoria de “Muhammad Alí, la aparición del agente libre y la llegada de los esteroides al beisbol, el dueño de los Yankees George Steinbrenner, las hermanas Venus y Serena Williams en el tenis, el golfista Tiger Woods y los efectos mortales de las conmociones cerebrales en el fútbol americano”, simplifican en el Times. Y más recientemente, en mayo del año pasado, las extraordinarias crónicas de Joe Drape sobre la actuación del jinete venezolano Sonny León en el hipismo estadounidense.

Tres columnistas de Sports of The Times, Arthur Daley, Red Smith y Dave Anderson, ganaron premios Pulitzer. El reportero John Branch ganó un Pulitzer en 2013 por su reportaje sobre los esquiadores fallecidos durante una avalancha mortal en el estado de Washington, y Josh Haner ganó el premio de fotografía en 2014 por documentar la recuperación de un sobreviviente de las explosiones ocurridas cerca de la meta del Maratón de Boston el año anterior.

En la década pasada las aureolas centenarias comenzaron a desvanecerse. El periodismo en línea golpeó duramente la estructura del Times. La sección deportiva sufrió mucho más. La paginación se redujo. Gran parte del personal especializado fue despedido. Como cuerpo completo desapareció de las ediciones impresas. Las coberturas se hicieron más selectivas. El año pasado la corporación adquirió el portal por suscripción The Athletic y poco a poco le fue cediendo la responsabilidad de la fuente.

Hasta que llegó el momento de la disolución. The NewYork Times anunció el lunes 10 de julio que disolverá su departamento de deportes y que confiará la cobertura de equipos y juegos a su sitio web TheAthletic.com, tanto en línea como en forma impresa.

“Planeamos enfocarnos aún más directamente en noticias distintivas y de alto impacto y periodismo empresarial sobre cómo los deportes se cruzan con el dinero, el poder, la cultura, la política y la sociedad en general”, escribieron los editores del NYT. “Al mismo tiempo, reduciremos la cobertura de juegos, jugadores, equipos y ligas”.

En lo adelante los deportes serán tratados como si fueran fichas de la bolsa de valores. La plantilla profesional, compuesta por 35 redactores y editores, será reubicada, han ofrecido.

Deportes no existirá como fuente informativa cotidiana, al igual que en el actual portal de El Nacional.

El 21 de marzo de 1927, hace 96 años, John Kieran, creador de la columna Sports of The Times, terminó así su faena del día:

“Con respecto a los árbitros, sería bueno que los jugadores tuvieran en cuenta aquel famoso canto en los saloons del Viejo Oeste: “No disparen al pianista. Está dando lo mejor de sí””.

(*) Víctor Suárez, periodista venezolano. Reside en Madrid (España).

18/07/2026:

https://actualy.es/the-new-york-times-la-muerte-de-la-mejor-seccion/

Licuefaccionados

PARADOS JUSTO SOBRE LA FALLA DE SAN SEBASTIÁN

William Anseume

 En medio de la gigantesca tragedia, tanto natural como provocada consciente e inconscientemente, tuve la fortuna de adentrarme, con mis colegas de la Universidad Simón Bolívar y un estudiante de postgrado, en el espeluznante mundo de los movimientos telúricos. Tratando ellos, expertos, y luego yo de vislumbrar, un poco incrédulos, lo que nos pasó el 24 de junio.

Así, bajamos dos días de exploración al Litoral. Después del infortunado aquel de la censura que me impusieron y no desde el gobierno precisamente, que posteriormente referiré en su nimiedad de bajezas humanas deleznables, a pesar de que fue completa la actividad y reconfortante en la visita anterior por razones humanitarias a la sede de la USB en el Litoral, como antes indiqué por este mismo medio.

En la exploración de búsqueda científica, con el experto colega Pérez Avendaño y su equipo, hallaron ellos el lugar preciso, guiados satelitalmente, por donde afloró la falla de San Sebastián de manera más visible. En Los Corales. Por la magnitud mayor de los dos terremotos, a partir de allí se hizo más destructiva en las edificaciones, causando la conocida, lamentable, tragedia.

Conocimos el fenómeno de la licuefacción, también súper destructivo. Y compartimos, escuchamos experiencias de los habitantes y trabajadores cercanos. Vivencias para el recuerdo, la transmisión oral y de todo tipo, con el fin de evitar no la magnitud inevitable de algún otro terremoto lejano, si no para la evitación de tanto dolor, de tanto sufrimiento y tanta pérdida humana injustificable. Más y mejor planificación en una zona varias veces e históricamente devastada por la naturaleza. Más precaución, más y mejor educación. Más preparación para el auxilio civil, en todo sentido. Agradecidos de por vida con el invaluable apoyo internacional.

Lo ocurrido resulta innombrable en su consecuencia para lo humano nacional. En cuanto a pérdidas de vidas como en sufrimiento humano. Que no se nos olvide nunca más y hagámosle saber esta tragedia, con apoyo científico, histórico, personal, a quienes vendrán a ocupar luego de nuestras vidas este territorio tan hermoso.

Luego, desde los Estados Unidos, el Servicio Geológico Norteamericano,  solicitaron la posibilidad de incluir los datos y el nombre del investigador principal en los informes respectivos de los eventos. La USB cubre todas las facetas para atender la tragedia, sin olvidar a sus miembros fallecidos o con pérdidas materiales incuantificables. La USB, profesores y alumnos, presentes también justo sobre la falla de San Sebastián.

Fotografías: W.A. 

18/07/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/07/parados-justo-sobre-la-falla-de-san-sebastian/

Sine ira et studio

DE LAS CATÁSTROFES

José Rafael Herrera

“El entendimiento abstracto

separa lo que en la realidad

concreta constituye una totalidad”

G. W. F. Hegel

Las imágenes de pueblos sepultados por deslizamientos de tierra, ciudades devastadas por terremotos o comunidades enteras arrastradas por deslaves o inundaciones recorren el mundo con vertiginosa y sorprendente inmediatez. La reacción, por cierto, no menos inmediata suele ser, siempre, más o menos la misma: “la naturaleza ha vuelto a ensañarse con los seres humanos” o, cosa similar, “es un castigo divino”. Y, sin embargo, esa aparente evidencia oculta una problemática mucho más profunda. Concluido el desastre material, quizá haya llegado el momento de abandonar las presuposiciones y abrir la posibilidad de interrogarse por una expresión que se repite una y otra vez, con harta frecuencia y casi mecánicamente, y que, precisamente por ello, termina ocultando aquello que debería revelar. Y es que, cuando las cosas son examinadas más detenidamente, sine ira et studio, tanto desde la perspectiva ontológica como desde el punto de vista de los estudios histórico-sociales, se logra obtener la sorprendente conclusión de que, efectivamente, la naturaleza no produce las catástrofes y nada sabe de ellas.

En efecto, cada vez que una montaña se desploma, un río se desborda de su cauce o la tierra se sacude con violencia, la reacción suele ser la misma: “ha ocurrido una catástrofe natural”. La expresión parece tan evidente que casi nadie se detiene a pensar en ella. Pero solo basta examinarla con cierto detenimiento para advertir que encierra una de las mayores mistificaciones del presente. Los terremotos forman parte de la dinámica del planeta. Los volcanes existen desde mucho tiempo antes de que apareciera el ser humano. Las lluvias torrenciales, los huracanes, las sequías y los deslizamientos de tierra obedecen a procesos propios de la geología, de la climatología o de la hidrología. Ninguno de ellos constituye, por sí mismo, un evento catastrófico. La montaña no lamenta el desprendimiento de sus laderas; el río no experimenta como desgracia el desbordamiento de sus aguas; la corteza terrestre no sufre cuando las placas tectónicas liberan la energía acumulada durante siglos. La verdadera tragedia comienza allí donde esos procesos naturales irrumpen sobre el mundo construido por los seres humanos.

No son las montañas las que mueren bajo un alud. Son las personas. No son los edificios los que experimentan “temor y temblor” ante un terremoto. Son quienes los habitan. No es la naturaleza la que pierde sus bienes, sus recuerdos, sus proyectos de vida o sus seres queridos. Todo ello pertenece exclusivamente al ámbito de la historia.

Quizá convenga, entonces, invertir el modo habitual de formular el problema. Lo que suele llamarse “desastre natural” es, en realidad, la manifestación de una vulnerabilidad histórica. La diferencia puede parecer meramente terminológica, pero, ciertamente, no lo es. Constituye un cambio radical de perspectivas. Un terremoto de magnitudes semejantes puede ocasionar unos pocos muertos en Japón y decenas de miles en otro país. La explicación no reside en el movimiento de las placas tectónicas. Reside en la calidad de las construcciones, en la existencia de normas rigurosas de ingeniería, en los sistemas de alerta temprana, en la educación ciudadana, en la planificación urbana y en la capacidad de las instituciones públicas para anticipar y responder a la emergencia.

La naturaleza produce el fenómeno físico. La historia produce la catástrofe y la consecuente tragedia. Lo mismo ocurre con las inundaciones. El agua sigue el curso que la gravedad le impone. O como decían los antiguos caraqueños, habitantes de las faldas majestuosas de El Ávila: “el agua siempre vuelve a su cauce”. Pero cuando los cauces naturales han sido ocupados por asentamientos improvisados, cuando los drenajes jamás fueron construidos o permanecen abandonados, cuando la corrupción convierte las obras públicas en simples negocios privados, cuando la planificación cede su lugar a la improvisación, la lluvia deja de ser un episodio meteorológico para convertirse en una auténtica tragedia humana. En rigor, no es el río el que mata. Matan décadas de irresponsabilidad acumulada.

Este “giro copernicano” de perspectiva obliga a revisar la manera como se distribuyen las responsabilidades. Mientras el desastre sea atribuido exclusivamente a la naturaleza, los responsables históricos desaparecen del horizonte. La fatalidad reemplaza a la política. La geología sustituye a la administración pública. El azar ocupa el lugar de la planificación. El lenguaje mismo termina absolviendo aquello que debería someterse al juicio de la sociedad. No deja de resultar significativo que las comunidades más pobres sean, casi siempre, las más expuestas a estos llamados “desastres naturales”. No porque la naturaleza ejerza algún tipo de discriminación social, sino porque la pobreza obliga a ocupar quebradas, laderas inestables, márgenes de los ríos o zonas donde jamás debieron levantarse viviendas. La desigualdad no crea el fenómeno geológico, pero sí determina quiénes cargarán con sus consecuencias. En una expresión, las catástrofes son, esencialmente, sociales y, por esa misma razón, son políticas.

Cada sociedad decide —consciente o inconscientemente— cuánto invierte en políticas de prevención, cuánto protege sus ecosistemas, cuánto fortalece sus instituciones técnicas o cuánto privilegia o no la inversión en conocimiento. Cada una de esas decisiones permanece invisible durante años, hasta que la naturaleza actúa conforme a sus propias leyes y deja al descubierto el modelo de facitura histórica que los humanos han decidido ejecutar. Vico sostiene que el mundo de la naturaleza ha sido hecho por Dios, mientras que el mundo civil ha sido hecho por los hombres. De ahí se deriva una consecuencia extraordinaria: lo que los hombres hacen, es lo que pueden comprender y transformar. Dos siglos después, Hegel afirmará que el espíritu solo llega a conocerse en las obras que él mismo produce. No existe historia sin responsabilidad.

Quizá haya llegado el momento de aplicar esa enseñanza a nuestro modo de comprender las tragedias contemporáneas. Ninguna sociedad puede impedir que tiemble la tierra o que llueva con intensidad. Lo que sí puede impedir es que esos fenómenos se conviertan en escenarios de muerte, destrucción y abandono. La naturaleza no redacta códigos de construcción. Ni decide dónde se levantan las ciudades. No elimina los organismos científicos. Ni desvía los recursos destinados a obras públicas. No destruye la educación ni convierte la planificación en propaganda.

La naturaleza existe conforme a sus propias leyes; la historia es el ámbito de la praxis, de la libertad y de la responsabilidad. Confundir ambos órdenes equivale a naturalizar lo que pertenece al mundo de las decisiones humanas. Allí donde el entendimiento abstracto sólo ve un fenómeno geológico, la razón histórica descubre una compleja trama de mediaciones sociales, políticas, económicas y culturales que explican por qué un mismo acontecimiento físico produce consecuencias radicalmente distintas según la sociedad en la que ocurre.

Es verdad que la naturaleza se manifiesta. Pero lo que aparece bajo esa manifestación es la historia. Por eso Hegel comprendió que la verdad nunca reside en la inmediatez, sino en las mediaciones que la constituyen. Lo verdaderamente concreto no es el fenómeno aislado, sino la totalidad de las relaciones que lo hacen inteligible. Por eso las llamadas “catástrofes naturales” exigen ser pensadas desde la totalidad concreta. Solo entonces dejan de ser simples episodios de geología para convertirse en acontecimientos de la historia.

La catástrofe no acontece en la primera naturaleza, que sigue obedeciendo a sus propias leyes, sino en esa segunda naturaleza —el mundo histórico de instituciones, ciudades, técnicas y relaciones sociales— que los seres humanos han construido y de cuya conservación son responsables.

Fotografía: Para un reportaje de Víctor Amaya sobre el terremoto de Venezuela de título elocuente: "He visto más fusiles que palas".  La Razón, Esp., 30/06/26.

18/07/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/07/de-las-catastrofes/

La indecible guerra entre hermanos

LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA: UNA PERPETUA ADVERTENCIA

Luis Barragán


“Algo tan viejo que ya es nuevo para ustedes”

Octavio Paz (*)


Las tragedias también envejecen, pero no prescriben y, cuando la memoria histórica se distorsiona o simplemente desaparece, vuelven a interpelarnos como si fueran enteramente nuevas. Ocurre con el alzamiento del 18 de julio de 1936 en la España republicana, que derivó en una pavorosa guerra civil y en la prolongada dictadura encabezada por Francisco Franco. Noventa años después, continuamos severamente advertidos.

A principios de los años noventa llegó al célebre remate de libros usados del puente de la avenida Fuerzas Armadas una cantidad inusual de obras relacionadas con el drama peninsular; el elevado número de ejemplares repetidos nos hizo pensar en el cierre de un importante depósito caraqueño, antes que en el habitual descuartizamiento de una biblioteca privada por voluntad de unos urgidos causahabientes. Poco a poco, atentos a la cotización de los tomos, nos adentramos en un conflicto por entonces novedoso para nosotros, como acaso vuelve a serlo para las generaciones recientes; entre aquellas lecturas, nos impresionaron profundamente las memorias políticas y de guerra de Manuel Azaña, reveladoras de una penetrante psicología del poder recomendable para quienes ejercen o aspiran a ejercer responsabilidades de conducción.

El conflicto tuvo un poderoso impacto en la Venezuela que se hizo un hogar confiable y seguro para los centenares de miles de españoles transterrados, término acuñado en el curso de una vasta diáspora de dolores que supo de nuestra acogida y solidaridad. Ellos, por una parte, aportaron una rica experiencia política, intelectual y profesional a un país que apenas salía de una larga y tenebrosa dictadura y, por otra, la guerra asimismo produjo una polarización que suscitó una duradera confusión que tardó en disiparse.

A noventa años de aquella sublevación que desembocó en una indecible guerra entre hermanos, y conocida también la difícil pero ejemplar transición democrática española de los años setenta, seguimos apreciando una lección convertida en perpetua advertencia: ninguna guerra civil constituye un atajo hacia un mejor destino común. Degrada a vencidos y vencedores por igual, dejando heridas cuya cicatrización requiere de generaciones enteras, y, por eso mismo, la amenaza de una confrontación entre compatriotas, esgrimida reiteradamente por el único gobierno que hemos tenido en el presente siglo, carece hoy de toda condición favorable en Venezuela, con grandes mayorías de una notable cohesión social, evidentemente desarmadas y pacifistas.

Finalmente, deploramos el uso instrumental de la guerra civil y del franquismo con la pretensión de clausurar el debate político en la España contemporánea, pues ninguna democracia fortalece su memoria convirtiéndola en arma política. Habremos de prevenir un riesgo semejante cuando Venezuela recupere la libertad y la democracia plenas, como aspiramos, malograda nuestra experiencia por la manipulación y el oportunismo.

(*)  Pasión crítica”, Seix Barral, Barcelona, 1985: 221.

Ilustración: LB/IA.

Breve nota LB: El epígrafe octaviano es el mismo empleado para el artículo "Apuntes sobre el (neo) franquismo", publicado en El Globo, Caracas,  26/08/2001.

18/07/2026:

https://lapatilla.com/2026/07/18/luis-barragan-la-guerra-civil-espanola-una-perpetua-advertencia/

viernes, 17 de julio de 2026

Paréntesis ... Y falta la biblioteca ...


 Fuente: Tomada de la red.

Dándoles alcance a justos y pecadores


 EL NACIONAL, Caracas, 09/04/1999.

Cálculo de probabilidades

UNA NOTA DE AMPLÍSIMA DIFUSIÓN POR LAS REDES

La historia de la foto de Lionel Messi bañando a un bebé Lamine Yamal en 2007 (como parte de un calendario benéfico de Diari Sport y UNICEF) es uno de esos casos donde la realidad supera por completo a la ficción.

Calcular la probabilidad exacta ("uno entre cuánto") de que este evento ocurriera es un ejercicio que mezcla la demografía, la estadística deportiva y un toque de "milagro" matemático.

Vamos a desglosarlo paso a paso para entender la magnitud de la coincidencia.

1. La probabilidad de que el bebé de la foto llegara a ser futbolista profesional

En 2007, UNICEF y Diari Sport organizaron un sorteo en Mataró (el barrio de Rocafonda, de donde es Lamine) para elegir a los niños que posarían con los jugadores del Barcelona.

 * El sorteo de UNICEF: Se estima que participaron unos pocos cientos de niños de la zona de Barcelona y alrededores. Digamos que la probabilidad de ser el bebé elegido en ese sorteo en particular era de 1 entre 500 (siendo generosos con el tamaño de la muestra local).

 * Llegar a ser futbolista profesional de primera división: De todos los niños que juegan al fútbol en España, aproximadamente solo el 0.1% (1 entre 1,000) llega a debutar en la primera división (La Liga).

Si multiplicamos estas dos primeras variables:

2. La probabilidad de convertirse en una "Súper Estrella" mundial

Llegar a primera división es difícil, pero convertirse en una súper estrella mundial (nominado al Balón de Oro, pieza clave de su selección, tasado en más de 100 millones de euros) es un embudo extremadamente estrecho.

 * De los aproximadamente 500 jugadores activos en la primera división española en un año dado, solo unos 2 o 3 alcanzan el estatus de súper estrella mundial generacional a una edad tan temprana.

 * Esto representa una probabilidad de aproximadamente 1 entre 10,000 de todos los niños que empiezan a jugar al fútbol de manera federada en el país.

Si ajustamos la ecuación combinando la elección del sorteo con el desarrollo de una súper estrella:

3. El factor "Messi" (El cruce de dos leyendas)

Aquí es donde la estadística se vuelve astronómica. La foto no se tomó con un jugador cualquiera del Barcelona de la época (como Ezquerro, Sylvinho o Oleguer, con todo el respeto para ellos). Se tomó con Lionel Messi, quien en 2007 ya era una promesa gigante pero aún no era el jugador histórico que es hoy.

 * Para que ese bebé específico no solo fuera una súper estrella, sino que años después disputara torneos internacionales de élite al mismo tiempo que Messi seguía activo, requería una longevidad deportiva brutal de Messi y una precocidad histórica de Yamal.

 * Si consideramos la probabilidad de que un niño elegido al azar en un sorteo benéfico termine posando precisamente con el que se convertiría en el mejor jugador de la historia, y que luego ese niño crezca para ser su sucesor generacional... los estadísticos deportivos suelen ubicar esta probabilidad en el rango de 1 entre decenas de millones.

El veredicto: ¿Uno entre cuánto?

Considerando todas las variables (ser el bebé elegido, llegar a ser profesional, alcanzar el estatus de súper estrella mundial y hacerlo coincidir en el tiempo con el declive/vigencia de la otra súper estrella de la foto):

La posibilidad estimada es de, aproximadamente, 1 entre 50,000,000 (cincuenta millones).

Para ponerlo en perspectiva:

 * Es más fácil que te caiga un rayo dos veces en tu vida (1 entre 9 millones).

 * Es similar a la probabilidad de ganar la lotería principal en varios países europeos jugando un solo boleto.

Es, sin lugar a dudas, una de las mayores y más hermosas anomalías estadísticas de la historia del deporte.

Fuente:  WhatsApp.


LA VANGUARDIA, 17/07/2026.

¡No disparen al pianista!

LA MUERTE DE LA MEJOR SECCIÓN DEPORTIVA Víctor Suárez (*) —¡Mira esta verga, Castrico! The New York Times nos está copiando… Rodolfo ...