Elaine Vilar Madruga
(“La piel hembra”, Editorial Barrett, Sevilla, 2026: 346)
Ilustración: Jean Morisot.
Elaine Vilar Madruga
(“La piel hembra”, Editorial Barrett, Sevilla, 2026: 346)
Ilustración: Jean Morisot.
- “Jacques Maritain: ¿Será Cardenal”. Qué Pasa en Venezuela, Caracas, N° 4 del 22/02/1964.
- Manuel Exequiel Delgado. “El presidente /José Tadeo)
Monagas y el cierre del Banco Nacional de Venezuela”. Economía Hoy, Caracas,
29/09/92.
- Ramón Melenkoff. “Reforma administrativa”.Summa,
Carcas, 1° q. 02/72.
- Isidro Morales Paúl (IESA). “Debe haber crearse una
Comisión Nacional Limítrofe”. El Nacional, Caracas, 08/07/81.
- Radamés Larrazábal. “¿Para qué trajeron a (Edén) Pastora? Tribuna Popular, Caracas, 08/06/84.
Reproducción: Transmisión de mando en 1959. Momento, Caracas, enero de 1960.
26-julio-2026 / Boletín semanal
DE LA INDIFERENCIA A LA RESPONSABILIDAD
(San Mateo, 14: 13-21)
Enrique Martínez Lozano
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de
Juan el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado.
Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar vio
Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se
acercaron los discípulos a decirle: “Estamos en despoblado y es muy tarde,
despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer”. Jesús
les replicó: “No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer”. Ellos le
replicaron: “Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces”. Les dijo:
“Traédmelos”. Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los
cinco panes y los dos peces alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición,
partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se lo dieron a
la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos
llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.
De la indiferencia a la responsabilidad
El yo vive en función de sus necesidades, por lo que
adopta una actitud egocentrada. En cierto modo, divide toda la realidad en dos
bloques: “yo” y “lo que no es yo” —de hecho, esa es la perspectiva que adopta a
la hora de entender el mundo.
Sobre esa base, se entiende que se mantenga en la
indiferencia ante los otros. Y, en casos más extremos, sea incapaz de vivir la
empatía y la compasión, como ocurre cuando, con mucha frecuencia, vive un
deslizamiento hacia algún nivel de narcisismo.
Al dejar de identificarnos de manera absoluta con el
yo, se produce una apertura a los otros, que no nace de una voluntad moral,
sino de la comprensión de lo que somos. Cuando comprendo que el otro, siendo
diferente, es lo mismo que yo, se abre camino en mí la empatía, tal como la
expresaba Terencio en el siglo II a.C.: “Soy humano y nada humano me resulta
ajeno”. Cuando la comprensión nos moviliza, brota la compasión, llevándonos a
vivir la llamada “regla de oro”, presente en todas las grandes tradiciones
sapienciales: “Trata a los demás como te gustaría ser tratado por ellos”.
Porque se ha comprendido que todo otro es no-otro de mí.
Fuente:
https://www.enriquemartinezlozano.com/author/enriquem/
Breve nota LB:
Desde hace pocas semanas atrás, el portal de Fe Adulta experimenta cambios. Por
ejemplo, no hemos encontrado al elenco de los comentaristas del pasaje correspondiente
y, como en los últimos tiempos hemos recurrido más a Enrique Martínez, el
portal nos ha redirigido a su blog: https://www.enriquemartinezlozano.com/author/enriquem/.
Ilustración: https://www.guyane.catholique.fr/eveque/blog-de-leveque/292121-la-charite-du-christ/
Padre S. Martín:
Papa: Llena de conservadores el Tribunal Supremo. Cardenal (Gerhard Ludwig) Müller acusa
obispos alemanes de herejes.
https://www.youtube.com/watch?v=m4q1RF3xXmU
Papa León:
https://www.youtube.com/watch?v=Dk7r65tf830
Cardenal Porras:
https://www.youtube.com/watch?v=ZtPtH5bnaI4
Monseñor Gómez:
https://www.youtube.com/watch?v=sh_A6oJfGeI
Padre Guzmán:
https://www.youtube.com/watch?v=AyodyBffjc0
Padre S. Martín:
https://www.youtube.com/watch?v=9ZBnz57dDh8
DE NUREMBERG A ROMA Y DE ABU GHRAIB A CARACAS
Héctor Faúndez
Hace siglo y medio, en medio
de una guerra civil en los Estados Unidos, y a petición del presidente Lincoln,
Francis Lieber elaboró un conjunto de reglas para la conducta del ejército de
los Estados Unidos en campaña. Esa propuesta, mejor conocida como el Código
Lieber, fue promulgada como una Orden General del Gobierno de los Estados
Unidos y sirvió de inspiración a otros ejércitos. Según Lieber -y según
Lincoln-, incluso en caso de guerra, los combatientes debían observar ciertas
reglas, respetando a los no combatientes y a las instalaciones civiles. Además
de consideraciones de humanidad, esas reglas constituían la obligación de
comportarse decentemente, sin “retroceder a la barbarie”, y sin incurrir en lo
que luego se caracterizaría como crímenes de guerra, o crímenes contra la
humanidad.
A comienzos de 1863, con el
Código Lieber, Estados Unidos asumió el compromiso de que sus ejércitos en
campaña no traspasarían ciertas líneas rojas, incompatibles con los valores de
una sociedad civilizada. Rápidamente, esas reglas pasaron a formar parte del
derecho internacional general, debiendo observarse por los beligerantes en caso
de conflictos armados. De acuerdo con el artículo 44 del citado código: “Toda
violencia gratuita cometida contra personas en el país invadido, toda
destrucción de propiedad no ordenada por el oficial autorizado, todo robo, todo
saqueo o pillaje, incluso después de tomar un lugar por la fuerza, toda
violación, herida, mutilación o asesinato de esos habitantes, está prohibida
bajo pena de muerte, o cualquier otro castigo severo que se considere adecuado
por la gravedad del delito”. El artículo 47 agrega que: “Los delitos castigados
por todos los códigos penales, como el incendio provocado, asesinato, mutilación,
agresiones, robo en carretera, hurto, allanamiento, fraude, falsificación y
violación, si son cometidos por un soldado estadounidense en un país enemigo
contra sus habitantes, no solo deben ser castigados como en casa, sino que, en
todos los casos en que no se disponga la pena de muerte, se preferirá el
castigo más severo”. Aferrándose a esos principios, durante la Segunda Guerra
Mundial, el general Patton no vaciló en someter a consejo de guerra a sus
propios soldados, cuando estos traspasaron esas líneas rojas.
En el curso de la Segunda
Guerra Mundial, los gobernantes de Estados Unidos entendieron que debían
contribuir a crear las condiciones para que nunca más se cometieran crímenes
contra la humanidad o el holocausto de un pueblo. Fue con esa idea en mente que
se creó el Tribunal Internacional de Nuremberg, para castigar a los mayores
criminales de guerra nazis, fueran civiles o militares. Ese es el antecedente
de la Corte Penal Internacional: la idea de que los crímenes más graves de
trascendencia internacional no pueden quedar en la impunidad. F. D. Roosevelt,
el principal impulsor del Tribunal de Nuremberg, al igual que Robert Jackson,
que sirvió como su fiscal principal, y Rafael Lemkin —gracias a quien tenemos
una Convención contra el genocidio—, no podían haber esperado menos que eso
En ausencia de un tribunal
internacional permanente, la idea de que no podía haber impunidad por las
heridas que sufrió la humanidad en su conjunto, inspiró a los gobernantes
israelíes —asistidos por el Mossad— a perseguir por todo el mundo a criminales
de guerra nazis, a cazarlos —como a Adolf Eichmann—, y a darles el castigo que
merecían, aunque no siempre se hayan valido del recurso civilizado y pedagógico
de un juicio que dejara constancia de sus atrocidades.
Con la guerra de Vietnam y
—después del atentado a las Torres Gemelas de Nueva York— con la lucha contra
el terrorismo y las imágenes de la cárcel de Abu Ghraib grabadas en nuestras
retinas, Estados Unidos ya no estuvo tan interesado en perseguir y castigar a criminales
de guerra. Apartándose de su tradición más noble, Estados Unidos no se hizo
parte del Estatuto de Roma, que creó la Corte Penal Internacional. Aun así, en
sus primeros años, mientras el Tribunal se ocupó de perseguir y castigar a
quienes no tenían vínculos con el gobierno de Estados Unidos, este no
interfirió con la actividad del Tribunal; pero las cosas cambiaron cuando se
apuntó en contra de los actos cometidos por su principal aliado, Benjamín
Netanyahu.
Ahora, Marco Rubio, el
Secretario de Estado de los Estados Unidos, ha iniciado una campaña para
desmantelar, “ladrillo a ladrillo si es necesario”, la Corte Penal
Internacional, por considerar que allí hay “lunáticos y desquiciados”. Antes,
los “lunáticos y desquiciados” eran los criminales de guerra nazis, o los
terroristas del 11 de septiembre; ahora son los jueces y fiscales que han
continuado con la tarea iniciada por Robert Jackson.
Como quiera que sea, la
función de la Corte Penal Internacional es juzgar y castigar a quienes hayan
cometido un crimen de competencia de la Corte. El Tribunal no tiene competencia
para juzgar a Estados, o a los gobiernos de los Estados, sino a personas de
carne y hueso. La responsabilidad penal es individual, y no se extiende a las
sociedades de que esos “lunáticos y desquiciados” sean nacionales. Por lo
tanto, corresponde únicamente a los acusados explicar su conducta y asumir su
defensa.
En lo fundamental, el
Estatuto de Roma recoge las mismas reglas del Código Lieber, aunque elevadas a
la categoría de crímenes internacionales. Los crímenes que fueron juzgados en
Nuremberg son los mismos que recoge el Estatuto de Roma, aunque agregando el crimen
de genocidio. A diferencia de las penas aplicadas por el Tribunal de Nuremberg,
y a diferencia de las penas previstas en el Derecho penal de los Estados
Unidos, la pena de muerte está descartada.
Lo que sorprende es que el
actual gobierno de los Estados Unidos, cuyo país no es parte en el Estatuto de
Roma, haya anunciado que va a desmontar la Corte Penal Internacional, que es
vista como “una amenaza para la soberanía estadounidense”. Pero debe recordarse
que la persecución de los crímenes más graves de trascendencia internacional
—incluyendo el genocidio, los crímenes de lesa humanidad, los crímenes de
guerra, y el crimen de agresión—, es un compromiso que han asumido otros
Estados. A menos que cuente con el asentimiento de otro Estado, la Corte sólo
puede ejercer su jurisdicción respecto de crímenes cometidos en el territorio
de un Estado parte en el Estatuto. Eso excluye a los Estados Unidos, que no es
parte en el Estatuto de Roma.
Queda por saber cuál es el
interés del actual gobierno de los Estados Unidos en impedir que otros Estados
se comporten de acuerdo con valores superiores a los suyos. ¿En qué puede
afectar a Estados Unidos que otros Estados persigan crímenes que conmueven la
conciencia de la humanidad? ¿Qué autoridad tiene Estados Unidos para obligar a
otros Estados a retroceder a la barbarie y permitir que, en medio de un
conflicto armado, se pueda bombardear escuelas y hospitales? En una sociedad
civilizada, aunque la guerra sea la autorización para matar en nombre de la
patria, no es la autorización para matar a cualquiera, y en cualquier
circunstancia. Sin duda, es posible que un acto legítimo de guerra pueda
traducirse en la muerte de seres humanos inocentes; pero, ¿por qué intentar
impedir que otros Estados, con valores que alguna vez compartió el gobierno de
Estados Unidos (y que sin duda siguen compartiendo la inmensa mayoría de sus
ciudadanos), puedan castigar, por ejemplo, la tortura, o el asesinato puro y
simple, realizado con el pretexto de la guerra?
La Corte Penal Internacional
tiene su sede en La Haya, muy lejos del territorio de los Estados Unidos. Su
presupuesto es financiado por los Estados partes y, por lo tanto, no representa
ningún costo para los Estados Unidos. En consecuencia, ¿cuál es el afán de
desmantelar uno de los grandes logros de la sociedad internacional, que en nada
interfiere con los Estados Unidos?
Es evidente que la Corte no
ha estado a la altura de las expectativas que alguna vez generó. Desde todo
punto de vista, sus procedimientos son muy lentos, y sus resultados han sido
escasos y desalentadores. Por ejemplo, en el caso Venezuela I, activado por un
patrón de actos generalizados y sistemáticos en contra de la población civil,
caracterizado por la comisión de crímenes de lesa humanidad que están siendo investigados
por la Fiscalía desde febrero de 2018, a pesar de abundante evidencia sobre sus
responsables intelectuales y materiales, aún no hay un solo acusado. Eso, sin
duda, tiene que generar mucha frustración en las víctimas de crímenes atroces,
y en la mente de personas decentes que se hicieron ilusiones con lo que ese
Tribunal significaba para un mundo más justo y menos violento. Pero eso no
significa renunciar a combatir la impunidad de criminales “lunáticos y
desquiciados”.
Sin embargo, justo cuando el
gobierno de Estados Unidos ha iniciado su campaña para desmantelar la Corte
Penal Internacional, Venezuela —convertida en Estado vasallo de los Estados
Unidos, y en una medida que ha complacido a su señor— ha decidido denunciar el
Estatuto de Roma. Por supuesto, eso no paraliza las investigaciones en curso, y
no impedirá que la Corte pueda ejercer su competencia respecto de crímenes
cometidos mientras Venezuela fue parte en el referido Estatuto. Como si la
función del Estado venezolano fuera cometer crímenes internacionales, respecto
de hechos que aún están siendo investigados, el canciller de Venezuela rechazó
la legitimidad de la Corte para intervenir en lo que considera asuntos de “su
jurisdicción interna”. Pero los crímenes internacionales son un asunto de
legítima preocupación internacional, regido por el derecho internacional.
Retirarse de la Corte Penal Internacional es un salvavidas para los criminales
y lunáticos que cometen sus fechorías con el aval de los que mandan. Esa medida
no ayuda a los ciudadanos decentes.
Después de la captura de
Nicolás Maduro ocurrida hace más de seis meses, llama la atención que la
decisión de denunciar el Estatuto de Roma —anunciada como “firme e
irrevocable”—, haya sido tomada por un gobierno encargado, cuya única función
es administrar el Estado mientras se convoca a elecciones presidenciales para
sustituir al presidente depuesto. En las circunstancias actuales, un gobierno
transitorio, como el de la señora Rodríguez, no tiene ninguna legitimidad para
tomar una decisión de esa envergadura, y respecto de un tratado internacional
que tiene rango constitucional. La justicia es el bálsamo que cura las heridas
de la sociedad, por eso, sorprende que, en las horas más duras que vive
Venezuela, donde hay miles de víctimas que siguen esperando justicia, se tome
una medida como esa.
El Estatuto de Roma recoge
principios que representan lo mejor que hay en el alma de cada uno de nosotros.
Es la diferencia entre la civilización y la barbarie. Por eso, la creación de
la Corte Penal Internacional fue un paso extraordinario en la dirección
correcta. Otra cosa es que tenga limitaciones inherentes, y que todavía haya
muchos detalles por afinar. No puede perderse de vista que la Corte es lo que
los Estados partes quieren que sea; son ellos quienes le proporcionan los
recursos que esta requiere para operar y son ellos quienes determinan cuál será
su presupuesto. Son también los Estados quienes deciden cooperar o no cooperar
con los procedimientos de la Corte. Asimismo, son los Estados partes quienes
eligen a los jueces y al Fiscal; en esa elección, los colegios de abogados, las
universidades, las academias, o las organizaciones de la sociedad civil, no
desempeñan ningún papel. Y, desde el punto de vista estrictamente
institucional, es lamentable que, en estos mismos días, el Fiscal, Karim Khan,
haya acabado siendo destituido por una conducta inapropiada, que tendrá que ser
sancionada por los tribunales penales y civiles. Pero nada de eso permite
sugerir que la Corte sea innecesaria, o que los autores de crímenes
internacionales deban gozar de impunidad.
Ilustración: Agim Sulaj.
29/07/2026:
https://www.elnacional.com/columnas/2026/07/de-nuremberg-a-roma-y-de-abu-ghraib-a-caracas/
UNA CAUSA DE ESTADO
En medio de la prolongada
crisis institucional del país y aún de las más imprevistas dificultades como la
reciente tragedia sísmica, circula - pertinente y necesaria - una obra que
también nos trae de vuelta a las otras realidades imposibles de postergar: “El
territorio, la frontera y los mapas en el derecho internacional. El caso Guyana
c. Venezuela” de Héctor Faúndez Ledesma (Academia de Ciencias Políticas y
Sociales / Editorial Jurídica Venezolana, Caracas, 2026). Indudable, es un
valioso testimonio de la constancia y de la responsabilidad ciudadanas asumidas
sin ambages y tan requeridas en la hora actual.
Integrante de la Academia
Nacional de Ciencias Políticas y Sociales que constituye igualmente una
expresión del Estado, puede decirse que el autor manifiesta una capacidad
civilizatoria, aquella que debe proporcionarle sentido y orientación, aunque
esté contraproducentemente menoscabada por el poder político trastocado en
despótico que terminó erosionando severamente el poder infraestructural. Vale
decir, la corporación académica despliega asimismo funciones simbólicas,
pedagógicas, investigativas y deliberantes convincentemente especializadas y
plurales, que en esta centuria se han visto minimizadas presupuestariamente por
el gobierno central que la teme al tiempo que la desprecia.
En otras épocas, las
corporaciones académicas recibían mayor atención de los órganos del Poder
Público, así contradijeran las directrices y políticas emanadas del Ejecutivo
Nacional. Y, en el caso de la controversia con Guyana, aquellas celebraban
sendas jornadas en las que los partidarios y adversarios del Acuerdo de Ginebra
intentaban zanjar sus diferencias con una segura proyección en las aulas y en
toda la opinión pública, desde los años sesenta del pasado siglo. Huelga
comentar la situación actual, siendo muy justo el reconocimiento a la terca
preocupación y ocupación de profesores como Faúndez Ledesma que no exageramos
en calificarlos de hombres de Estado en medio de la desolación.
Su obra es sucesora legítima
de las generaciones que le dieron sustento, profundidad y precisión a los
alegatos del Estado venezolano frente al vecino oriental. A pesar de las
vicisitudes, con voz autorizada, perfeccionando y actualizando esos alegatos, las
generaciones posteriores persisten en sus planteamientos con el riesgo que
supone cuestionar las posturas oficiales, oficialistas y oficiosas en la
materia, todavía por un tiempo más.
El académico mira con
acierto hacia la Corte Internacional de Justicia como el espacio estratégico
para abordar en términos exclusivamente jurídicos el caso esequibano y, en
consecuencia, su actitud es, en sí misma, arraigadamente republicana. El
interés nacional se defiende mediante razones, pruebas y procedimientos
eficaces, en lugar de las explosiones emocionales, las consignas de ocasión o
las evasiones varias veces repetidas: la fortaleza de la posición venezolana
depende de la consistencia de sus argumentos jurídicos y documentales.
El mérito de la obra
trasciende el examen jurídico del diferendo territorial, siendo – ante todo –
la evidencia de un compromiso sostenido con los principios y valores
republicanos, con una tradición académica que se niega a abdicar de sus responsabilidades,
en horas tan aciagas. Debilitado el Estado en muchas de sus capacidades, la
perseverancia es ejemplo y legado de una vocación civilizatoria todavía
indispensable.
28/07/2026:
https://www.elnacional.com/columnas/2026/07/una-causa-de-estado/
https://www.elnacional.com/columnas/2026/07/una-causa-de-estado/
DE UN BREVE EJERCICIO GRÁFICO
Las ilustraciones de la
prensa caraqueña de principios de los años noventa ejemplificaron el pleno
ejercicio de la libertad de expresión que entonces existía, o, por lo menos,
uno que nunca volveríamos a conocer con semejante profundidad y garantías. A
diferencia de febrero de 1992, el segundo intento de golpe de Estado, en
noviembre del mismo año, propició determinados niveles de (auto)censura con el
propósito de atajar un oleaje conspirativo cuyas verdaderas dimensiones todavía
desconocemos.
La etapa particularmente
libérrima que siguió a las elecciones de 1988 fue fecunda en piezas de fina
ironía y humor, al tiempo que permitió la aparición de periódicos tan bien
concebidos como los caraqueños El Globo y Economía Hoy. En ambos hizo su
aprendizaje quien suscribe, todavía aspirante a escribir con regularidad
mientras alternaba los estudios universitarios con el desempeño tribunalicio y
descubría el rigor del diarismo comercial.
Uno de los ilustradores más
originales de aquella época fue Eneko las Heras, integrante de una familia
estrechamente vinculada al periodismo y al mundo editorial, ahora establecido y
desde hace muchos años en España. Por una de esas felices casualidades que sólo
depara un archivo abnegadamente organizado, reapareció un extraordinario dibujo
suyo publicado por Economía Hoy, el diario salmón, el 21 de junio de 1992.
La pieza nos sirvió para
experimentar con la inteligencia artificial y, al mismo tiempo, reivindicar la
inteligencia natural. Concebida en un país donde la telefonía celular apenas
despuntaba, extraordinariamente costosa y reservada a muy pocos usuarios, la
sátira aludía a una política de telecomunicaciones que prometía abrir aquel
mercado todavía dominado por tecnologías hoy casi arqueológicas.
Eneko demostró entonces que
un dibujo podía transmitir un mensaje completo sin necesidad de apoyarse en un
solo texto, virtud que aún distingue a numerosos ilustradores contemporáneos.
Sin embargo, lo verdaderamente notable reside en una triple creatividad: la
asociación inesperada de objetos capaces de expresar por sí mismos una idea, la
construcción de un lenguaje gráfico inmediatamente reconocible y la perfecta
adecuación de ese lenguaje a un medio especializado en economía y finanzas.
Valga una breve y también
necesaria digresión: tan especializado era Economía Hoy que sus propietarios
terminaron abandonándolo para huir al extranjero después de beneficiarse del
auxilio financiero que el Estado concedió a buena parte del sistema bancario
venezolano. Valoramos mucho el gran medio que fue, pero – sin rencores – importa
recordar aquellos polvos que trajeron estos lodos.
Acudimos a ChatGPT, en su
versión gratuita, con el propósito de traducir aquella ilustración a una
representación realista de sus motivos gráficos. La primera dificultad
consistió en el prompt, cuyo resultado apenas reprodujo los rasgos estilísticos
de Eneko sobre un fondo distinto; la segunda apareció cuando la inteligencia
artificial debió identificar la antigua antena de telecomunicaciones y el arma
prehistórica cuya denominación y representación varían según el uso del
español.
El proceso fue revelador
porque el arma apareció sucesivamente como un inmenso martillo hasta
convertirse, finalmente, en el mazo cuya posición también costó obtener. Tales
tropiezos corresponden, desde luego, tanto a las limitaciones de una versión
gratuita como a la inexperiencia del usuario que pretende obtener de inmediato
un resultado satisfactorio.
Completado el ensayo,
quedaron varias lecciones. Muchos usuarios esperan que la inteligencia
artificial produzca gratuitamente una imagen original sin aportar indicaciones
suficientes, pero también resulta evidente que la intuición creadora de Eneko,
concebida sin el auxilio tecnológico disponible hoy, conserva una capacidad de
asociación que ninguna recreación automática consigue igualar; quizá por ello,
en el apogeo de esta era digital, un simple ejercicio de interpretación de
aquella ilustración diría tanto sobre nuestra inteligencia asociativa como el
inevitable recuerdo del mazo convertido, décadas después, en emblema de una
persistente cultura política del continuismo venezolano.
27/07/2026:
https://opinionynoticias.com/opinionpolitica/44711-de-un-breve-ejercicio-grafico
" Ya no le importó saber si alguna de aquellas mujeres había sido, como ella, heredera de unos centrales inútiles, o si en verdad era...