martes, 15 de septiembre de 2026

Comprar tiempo

¿UNA NUEVA LEY DE UNIVERSIDADES EN TIEMPOS DE TRANSICIÓN?

Luis Barragán

Un modo de eludir, subestimar o decididamente adversar la transición y el proceso cívico que genera, es el de simular el normal desarrollo de los problemas políticos. Sin embargo, el período tan excepcional que afrontamos los venezolanos permite dudar de la propia vigencia de la Constitución, incumplida por razones de una emergencia institucional que tiene de todo menos la gratuidad: los eventos del 3-E pusieron en evidencia el dramático colapso de un sistema que, a pesar de los costos ocasionados, pretendió prolongar la agonía.

Aceptemos que las adversidades y los adversarios constituyen un fenómeno natural de resistencia al cambio, pero también que un índice confiable de la inhabilidad política es dejar al descubierto tamaña intención. Así las cosas, luce muy razonable que el solo anuncio oficial de un proyecto de ley de universidades, provoque toda suerte de sospechas, entre otras cosas, porque la titular del despacho ministerial del ramo al mismo tiempo integra la consabida mesa de negociaciones; y, en consecuencia, despunta como una táctica más que como una estrategia de distracción sobre el objeto mismo que obligó a representantes del gobierno y de la oposición a sentarse.

La primera constatación es que basta con aplicar todas las previsiones constitucionales para iniciar el camino de reconstrucción de la institucionalidad universitaria en nuestro país, por lo que el asunto no estriba en una nueva ley por la claridad y precisión que caracterizaron al constituyente de 1999 respecto a la autonomía universitaria, la inviolabilidad del recinto, la libertad de cátedra, el régimen presupuestario, entre otras facetas.  Huelga comentar que la violación sostenida de la Constitución en la materia ha contribuido a suscitar la tragedia en nuestras casas de estudios, además de la pretendida creación de la universidad comunal, cosa que no se resuelve con el dictado de otra ley a destiempo.

A modo de ejemplo, el 16 de los corrientes cumple cinco años en el ejercicio de sus responsabilidades rectorales el equipo interventor de la Universidad Simón Bolívar que, originalmente, en 180 días debió convocar a elecciones, pero no sólo permitió la destrucción del laberinto cromo-vegetal, sino la ruina del galpón de biología, el déficit alarmante de profesores (incluso, especialmente de matemáticas), hizo de la piscina olímpica el hogar de un caimán, liquidó en la práctica el transporte estudiantil. El bloqueo económico ha servido de pretexto para justificar la monumental crisis de un siglo XXI que aún no comienza y, no faltaba más, ¿por qué no utilizarlo para las universidades como la brillante contribución de las recurrentes constituyentes universitarias que decretaban según el reporte meteorológico del momento?



De tratarse de una ley para las universidades, en los archivos de la Asamblea Nacional debe encontrarse el proyecto elaborado años atrás por la ONG Aula Abierta que tuvimos a bien diligenciar e introducir, pero el punto no es ese: el objetivo es el de retrasar la apertura convincente de un proceso de transición para que devenga reacomodo, algo estratégico antes que táctico.  Significa comprar todo el tiempo posible para operar políticamente la frustración de un cambio en casa, pues, según las estimaciones de los aún más desavisados, sobrevivir a las próximas elecciones presidenciales estadounidenses con una derrota republicana, supondrá el retorno envalentonado de ese viejo chavismo con nuevos voceros para pasar factura a propios y extraños, haciendo más duradera la debacle.

Concluyamos, por una parte, que toda actualización legislativa habrá de explicar la dinámica transicional en marcha, pero no al revés; y, por otra, no siendo cosa de un absurdo academicismo, importa tener consciencia de la posibilidad, naturaleza, características y alcances de la transición democrática aspirada por las grandes mayorías. Parece imperdonable que la dirigencia política no sepa del momento histórico que atravesamos a favor de las veleidades y el espectáculo digital que la consume.

Sobre todo, cuando no se tiene idea de la competencia (pre)transicional, con el sabotaje político siempre rondando. Son variopintos los adversarios del cambio, agregados los atosigados por el silencio. ¿O prescindiremos del cambio como solución?

Fotografías: LB (2026).

15/09/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/09/una-nueva-ley-de-universidades-en-tiempos-de-transicion/

lunes, 14 de septiembre de 2026

Flechado

DEL INSILIO OLVIDADO

Luis Barragán

De la población desplazada hacia el exterior en búsqueda de un refugio seguro y estable, no hay cifras oficiales o confiables quizá por un problema de nomenclatura. El término diáspora tiene otras connotaciones, no sólo más amables, sino que ampara a quienes no necesariamente huyeron por razones exclusivamente políticas, aunque hubo quienes las inventaron para intentar una rápida legalización, cuando la inmensa mayoría tuvo fortísimos motivos socioeconómicos para irse al extranjero.

Obviamente, deberíamos contar también con cifras relacionadas con los desplazamientos dentro del territorio nacional de grandes contingentes por distintas coordenadas, pero no ocurre al reservarse el poder establecido las señas precisas de una realidad que procura no se conozca en profundidad. Entre regiones, estados, municipios y parroquias se ha producido una movilidad que no responde precisamente a las mejores oportunidades laborales, como pudo ocurrir durante el siglo pasado y el proceso de modernización, sino a la persecución y represión políticas, a las condiciones de inseguridad personal provocadas por mafias y guerrillas, a la literal hambruna, entre otras causas.

Puede hablarse entonces de insilio, un neologismo todavía no admitido por el diccionario oficial de la lengua española, que remite al exilio interior, a la experiencia de sentirse desterrado en el propio país. No todo desplazamiento interno es, desde luego, insilio, pero hay quienes, permaneciendo dentro de las fronteras nacionales, se han visto obligados a abandonar su hogar, empleo, comunidad y hasta las condiciones más elementales de su vida anterior.

Es una diferencia importante respecto del siglo pasado, pues, por entonces, sin que faltaran los desplazamientos impuestos por circunstancias políticas o económicas, grandes contingentes se trasladaban hacia las ciudades, los centros industriales y los grandes cultivos rurales porque allí estaban las oportunidades que ofrecía la modernización. Ahora, con frecuencia, se cambia de lugar porque ya no están allí las condiciones para permanecer: antes se iba hacia las oportunidades y, ahora, también se huye cuando faltan.

Por lo que hemos podido indagar, hay una crisis de desarraigo también significativa, aunque lógicamente menor que la experimentada en el exterior: fragmentación de las familias, una frágil estratificación social que poco rememora a la petrolera, diferencias inflacionarias nada sutiles entre las regiones, desescolarización forzada y otras consecuencias que apenas alcanzamos a registrar. Sin embargo, quien se desplaza dentro del país conserva, si se quiere, una ventaja que no es poca cosa: puede tener más a la mano a familiares y amigos probados a la hora de una emergencia.

Posiblemente, el intercambio poblacional o la movilización de un lugar mediana o considerablemente distante a otro, alcance cifras que hoy desconocemos. Quizá las grandes líneas de transporte público tengan números que sorprenderían acerca del insilio venezolano, como seguramente lo sabe el gobierno: hace falta afirmar que sea mayor que la población que ha viajado para quedarse en el exterior. Huelga comentar que el fenómeno no encuentra cupo en la opinión pública ni en el debate político.

Indagando, varias personas nos comentaron que todo aquel que no dispuso de suficientes ahorros para irse, hospedarse y buscar trabajo en el extranjero, o a quien le resultaba muy forzado abandonar a familiares enfermos, hijos o padres de considerable edad, se resignó a quedarse en el país, probar suerte con un empleo o desplazarse como pudiera. La emigración tampoco está al alcance de todos, porque hay quienes pueden pagar un pasaje, disponer de un lugar donde llegar y buscar trabajo con alguna tranquilidad; otros apenas consiguen trasladarse a otra ciudad, a otro estado, a otra parroquia, confiando en algún familiar o conocido.

Y así se produce una paradoja: quien no pudo salir del país puede haber tenido que salir de su propio lugar, y no cruza una frontera internacional, no aparece necesariamente en los registros de la diáspora y tampoco adquiere la visibilidad del emigrante, pero carga igualmente con una experiencia de pérdida. Pierde el arraigo, modifica sus relaciones familiares, interrumpe la escolaridad de los hijos, abandona un trabajo o una vivienda y comienza de nuevo en un sitio que tampoco escogió en las mejores circunstancias.

Hay, por supuesto, una diferencia con el venezolano que se marchó al exterior y que no debemos ignorar, aunque  también existe una semejanza: ambos responden, de maneras distintas, a una ruptura de las condiciones ordinarias de vida. Uno cruza la frontera; el otro permanece dentro de ella, aunque ya no pueda permanecer donde estaba.

Todos sufrimos las condiciones en las que se encuentra el país, pero a ellos se les agrava por razones demasiado lógicas. No sólo porque debieron desplazarse, sino porque muchas veces tuvieron que hacerlo sin recursos suficientes, sin garantías y sin la certeza de que el lugar de destino pudiera ofrecerles aquello que habían perdido.

Quizá sea ésta la particularidad del insilio que más convenga destacar: no requiere cruzar una frontera para experimentar el destierro. Se puede seguir viviendo en Venezuela dejando atrás el lugar donde se pertenecía. Y una sociedad que no registra suficientemente a quienes viven esa experiencia corre el riesgo de convertirlos, por segunda vez, en desplazados: primero de su territorio; después, de la memoria pública.

Ilustración: lb/IA.

14/09/2026:

https://opinionynoticias.com/opinionpolitica/44947-del-insilio-olvidado

domingo, 13 de septiembre de 2026

Caza de citas

Nadie se dio cuenta de este robo cuando publiqué la novela, quizá porque nadie leía a Barker, de la misma manera que no leían a King. Solo se dio cuenta Elvio Gandolfo. Recuerdo que reseñó la novela, uno de los pocos que lo hizo seriamente, en revista Noticias, y mencionaba la influencia de Barker. A esa altura, me dio más alivio que pavor a ser descubierta. ¡Alguien había leído lo mismo que yo!”

Mariana Enríquez

(“Archipiélago. Una formación lectora en veintinueve islas”, Ampersand, Buenos Aires, 2025: 211)

Reproducción: Juliano Mazzuchini.

Noticiero retrospectivo


- Joaquín Marta Sosa. “El enemigo más querido”. El Diario de Caracas, 20/06/1984.

- Luis Buitriago Segura entrevista a Rafael Naranjo Ostty: las detenciones ilegales basadas en los prontuarios policiales. El Nacional, Caracas, 16/03/81.

 - Germán Rodríguez Citraro: “Ochoa Antich utilizó a comandantes del 4-F y los dejó en la estacada”. El Nacional, 30/05/93.

 - Luis Esteban Rey. “Los puntos débiles de AD: un galimatías político”. Summa, Caracas, N° 51 del 28/05/72.

 - Ildefonso Leal. “Mosaico de noticias históricas de Venezuela”. El Nacional, 16/03/80.

Reproducción: Gabriel Puerta Aponte; izquierda, tomada de El Universal  (Caracas, 03/06/1971) al "comandante Ezequiel", plan terrorista; y, derecha,  lugarteniente de Carlos Betancourt, tomada de Últimas Noticias (Caracas, 14/12/1973).

Hacer y abrir la puerta

PRIMERO, LA TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA; DESPUÉS, LA LEY DE UNIVERSIDADES

Luis Barragán

Con casi treinta años de gobierno encima, ahora anuncian un proyecto de Ley de Educación Superior como si fuese tan indispensable para solventar la cantidad acumulada de problemas para la cual han hecho un mérito innegable. La Constitución es suficientemente clara e inequívoca sobre la autonomía universitaria, la inviolabilidad del recinto, el régimen presupuestario, etc., y, siendo así, por lo pronto, bastará con cumplirla como no la han hecho antes.

Esta y otras leyes que puedan ocurrírsele al despacho ministerial del ramo tienen por objetivo generar una estupenda distracción en torno al asunto fundamental que le concierne a todo el país: la transición hacia la democracia. El mejor aporte que pueden hacer es no estorbar en una dinámica que demasiado lenta, asumiendo a cabalidad la responsabilidad que tienen en la destrucción de nuestras casas de estudios.

La mejor opción es colaborar con la reconstrucción republicana, apartándose del camino. Seriedad alguna tiene que digan del legendario bloqueo económico como causal del desastre, como se le ocurrió decir al rector de la Universidad Simón Bolívar que ha arruinado académica y materialmente. Y muy bien nos sirve como ejemplo: la universidad que borró el laberinto cromo-vegetal de Cruz Diez,  crió un caimán nada más y nada menos que en la caricatura de la desastrosa piscina olímpica, cuenta con un déficit alarmante de profesores, entre otros detalles. Sin embargo, el mejor ejemplo de la acción es que ese equipo rectoral cumplirá cinco largos años el 16 de los corrientes como autoridades interinas con despacho en Sartenejas, cuando debieron convocar a elecciones en 180 días hace … cinco años.  El equipo rectoral permanece a pesar de todo.

¿Para qué tiempo atrás el gobierno suscribió un contrato colectivo con el sector universitario o, mejor, con un falso gremio, esto es, suscribió un contrato consigo mismo, si no hubo ocasión de reclutar y sacar siquiera a la pelea a las tales brigadas universitarias  el 3-E. Y es que lo peor es que le hicieron perder el tiempo al país por estas décadas, aunque – eso, sí – tardíamente tienen por empeño una ley de universidades. Y ¿ya, para qué?


La prioridad de ahora mismo, no esa ley porque con acatar la Constitución basta y, lo demás, es hacer posible la transición. En los inicios de esta década, hicimos nuestro el proyecto de ley orgánica de universidades que aportó Aula Abierta, y lo diligenciamos en la Asamblea Nacional, cuyos ejemplares deben reposar en los archivos de la corporación legislativa.

Defendimos a la universidad venezolana en la calle, el aula, el parlamento, en fin, en todos los escenarios posibles. Reconozcan que la antigua defensa de la autonomía universitaria, como el precio bajo de la gasolina, eran banderas del más rancio oportunismo: ¿qué hicieron en ambos casos?

Se les dio cinco años de poder, pero no se contentaron y trampearon para llegar a más de tres décadas. Por eso, la universidad misma les pide: no estorben y dejen que avance la transición democrática.

13/09/2026:

https://lapatilla.com/2026/09/13/luis-barragan-primero-la-transicion-democratica-despues-la-ley-de-universidades/

Ilimitado perdón

EL PERDÓN QUE NACE DE LA COMPRENSIÓN  

(San Mateo, 18: 21-35))

Enrique Martínez Lozano

En el libro del Génesis (4,24), se dice que si «Caín fue vengado siete veces, Lamec lo será setenta veces siete», introduciendo así una espiral de venganza sin límite. «Sin límite»: ésa podría ser la traducción del bíblico «setenta veces siete». Pues bien, frente a la «espiral de la venganza», Jesús promueve la «espiral del perdón»…

El perdón radical nace de la comprensión y se vive como compasión, dos rasgos básicos de la personalidad de Jesús y dos pilares fundamentales del mensaje del evangelio.

Podemos entender la comprensión como la capacidad de saber o de ver la verdadera naturaleza de lo real, más allá de tópicos, ideas hechas, creencias… y (también) engaños mentales.

Los místicos nos advierten de que la identificación con la mente constituye un velo que desfigura la realidad, haciéndonos tomar como real lo que únicamente es una ilusión. Por eso, sólo cuando aprendemos a tomar distancia de la mente, al acallarla, podemos «ver».

¿Cuál es la causa de que la mente nos confunda? La inevitable separatividad que establece en todo lo real, al objetivar todo lo existente y contraponerlo al «sujeto» que ella cree ser. Esa distinción primera sujeto/objeto será el germen de separaciones interminables, así como de un dualismo omnipresente.

Cuando la mente se absolutiza –como ha ocurrido, particularmente, en la tradición occidental-, el conocimiento se reduce a la razón o al pensamiento, y se olvida (se niega) cualquier otra forma de conocer que no sea la mental.

Sin embargo, pensar no es lo mismo que conocer. Una cosa es pensar y otra muy distinta saber que se está pensando. En este segundo caso, ya no hay identificación con la mente. Se trata de un «saber silencioso», preconceptual, anterior a la razón.

Un saber al que los propios místicos han denominado «No-saber», dada la identificación que la cultura occidental había establecido entre «pensar» y «saber». Frente a la absolutización de la razón, los místicos han invitado siempre a descansar en el «no-saber»: así lo proponía el anónimo autor de La Nube del no saber, en el siglo XIV; y así lo proclamaba san Juan de la Cruz, en su sabio verso: «entréme donde no supe / y quedéme no sabiendo, / toda ciencia trascendiendo».

Este no-saber del que hablan no es otra cosa que tener la mente abierta para percibir lo que no puede ser percibido por el pensamiento.

En ese no-saber, cuando el pensamiento se aquieta, lo que queda es conciencia. Y al atenderla, lo que se produce es que la conciencia se hace consciente de sí misma. Y, cuando eso acontece, se deshace la ilusión de la separación entre el perceptor y lo percibido. Conocedor y conocido se descubren fundidos en la Unidad, o mejor, abrazados en la No-dualidad: ha emergido la comprensión.

En síntesis, la comprensión nos hace ver toda la realidad inextricablemente interconectada, en una totalidad en la que todo se halla en todo.

Interconexión y holismo son dos características fundamentales de lo real, que la mente nos oculta (y que, sin embargo, hoy reconoce ya incluso la física cuántica, a partir de sus experimentos con partículas subatómicas): no hay nada que pueda existir desconectado.

No existe un mundo «ahí fuera», separado de nosotros; eso es sólo una construcción mental. Y, como escribe Marià Corbí, «el mundo de nuestras construcciones no está ahí fuera, está en nuestra mente individual y colectiva… Todo viviente se interpreta en esta dualidad fundamental [como un «yo» separado frente al mundo como campo donde sobrevivir].

Nosotros estamos sometidos a esta ley. Pero esa dualidad no es lo que realmente hay, es sólo lo que los vivientes necesitamos ver, es sólo lo que los vivientes nos vemos precisados a construir. Lo que realmente hay es «no dos», «eso no-dual»». (M. CORBÍ, Silencio desde la mente. Prácticas de meditación, Bubok, Barcelona 2011, p.12).

Pues bien, la comprensión que nace de la conciencia nos aporta una doble luz, de donde brotan la compasión y el perdón.

Por un lado, la certeza de que los otros son no-separados de mí; por otro, la certeza de que el mal que hacemos –como el mal que me hacen- es fruto de la ignorancia.

Si el otro «forma parte» de «mí», y si ha obrado por ignorancia, ¿qué me impide perdonar? Sólo una cosa: mi identificación con el ego que se ha podido sentir agraviado y la creencia ilusoria de la separación en la que me mantiene la identificación con la mente.

Todo ello puede apreciarse en lo que llamamos «runruneo mental». Cuando el ego se ha sentido agraviado, es probable que empiece a construir historias mentales en torno a lo sucedido, adoptando el papel de víctima que reclama venganza.

Sin embargo, ese runruneo mental no es otra cosa que remover cadáveres: estamos dando vueltas a lo que ya ha pasado, agravando innecesariamente el sufrimiento y alimentando mecanismos tan nefastos como el victimismo, la queja y el resentimiento.

Todo esto no significa que no aprendamos de lo ocurrido, o incluso que no tomemos decisiones que, teniendo en cuenta la situación en su conjunto, sean las más adecuadas –o menos inadecuadas-, como puede ser el hecho de «poner distancia» o favorecer una separación… Estas decisiones dependerán de diversos factores. Pero de lo que aquí estamos hablando es de favorecer la actitud de perdón, fruto de la comprensión.

Gracias a ella, como decía más arriba, dejamos de «remover cadáveres», nos ejercitamos en el aprendizaje de venir al presente y nos abrimos a reconocer la Unidad que somos, más allá de los comportamientos de cada cual. Al mismo tiempo, dejamos de alimentar el ego –y de mantener actitudes egocentradas-, para reconocernos en nuestra identidad más profunda, estable y compartida.

Todo resulta admirablemente coherente: acallar la cháchara mental, venir al presente, salir del ego, reconocer nuestra identidad más profunda… son movimientos que se dan a la vez y, como resultado, producen la vivencia de la compasión: la capacidad de sentir como propio lo que le ocurre al otro –la capacidad de «vibrar» o de «estremecernos en las entrañas» ante su sufrimiento-, para poner más amor donde vemos más dolor.

Todo esto puede ayudarnos a ver hasta qué punto Jesús fue el hombre de la comprensión y de la compasión. Bien consciente de su Identidad más profunda, se supo y se vivió como no-separado de nadie ni de nada, hasta el punto de poder afirmar: «El Padre y yo somos uno» y «Lo que hicisteis a cada uno de estos más pequeños, me lo hicisteis a mí».

*****

A propósito de la sabiduría de venir al presente –que hace posible la Comprensión profunda-, sin quedarnos atrapados en «historias» que nuestra mente construye sobre el pasado, quiero traer una anécdota de la vida del Budha -«el atentado de Devadatta»- y compartir humildemente lo aprendido –regalado- en una experiencia personal.

El Budha y el perdón

El Budha fue el hombre más despierto de su época. Nadie como él comprendió el sufrimiento humano y desarrolló la benevolencia y la compasión. Entre sus primos, se encontraba el perverso Devadatta, siempre celoso del maestro y empeñado en desacreditarlo e incluso dispuesto a matarlo.

Cierto día que el Budha estaba paseando tranquilamente, Devadatta, a su paso, le arrojó una pesada roca desde la cima de una colina, con la intención de acabar con su vida. Sin embargo, la roca sólo cayó al lado del Budha y Devadatta no pudo conseguir su objetivo. El Budha se dio cuenta de lo sucedido y permaneció impasible, sin perder la sonrisa de los labios.

Días después, el Budha se cruzó con su primo y lo saludó afectuosamente.

Muy sorprendido, Devadatta preguntó:

— ¿No estás enfadado, señor?

— No, claro que no.

Sin salir de su asombro, inquirió:

— ¿Por qué?

Y el Budha dijo:

— Porque ni tú eres ya el que arrojó la roca, ni yo soy ya el que estaba allí cuando me fue arrojada.

El Maestro dice: Para el que sabe ver, todo es transitorio; para el que sabe amar, todo es perdonable.

Conciencia transpersonal y perdón

El yo no puede perdonar. Es inútil esperarlo de él. Así como tampoco puede no juzgar. Como resultado de nuestra identificación con la mente, el yo vive gracias al pensamiento, que no es otra cosa que juicio. Su objetivo es autoperpetuarse, por medio de los dos mecanismos que le otorgan una sensación de existir: la apropiación y la identificación. De ahí que su funcionamiento sea necesariamente egocéntrico.

Con esas características, no es difícil comprender que las lecturas que el yo hace de las situaciones resulten confusas, generen sufrimiento inútil y conduzcan, finalmente, a callejones sin salida. Eso es exactamente lo que ocurre, de un modo más patente, en aquellas circunstancias en las que el yo se ha sentido especialmente agraviado.

Cuando una situación del presente despierta heridas dolorosas del pasado, el malestar suele ocupar toda la escena. Y el yo herido hace lecturas de la misma, necesariamente egocentradas, que bloquean la posibilidad de perdón auténtico. En el mejor de los casos, puede llegar a una resignación más o menos «tolerada», pero no podrá perdonar a quien piensa que lo hirió.

El perdón sólo es posible en la medida en que trascendemos el yo. Con frecuencia, ello requiere tiempo, paciencia… y todo un ejercicio de toma de distancia de él. Sin ésta, no logramos salir de su ámbito y permanecemos sometidos a su dominio: no podremos ver las cosas sino como el propio ego las ve. No hay camino de salida.

Tomar distancia del yo significa desarrollar nuestra capacidad de observarlo como un «objeto» dentro de lo que realmente somos. Al hacerlo, empezamos a reconocer que no somos ese yo -ni las «historias mentales» que él mismo se ha fabricado-, sino Eso que observa, el Espacio consciente e ilimitado, desde el que todo es percibido de un modo radicalmente nuevo.

Ese Espacio consciente es nuestra identidad más profunda, transpersonal (transegoica y transmental), no-dual y compartida. Mientras permanecemos en ella, la preocupación por nuestro ego disminuye hasta el extremo; sus «historias mentales» de sufrimiento, venganza o resentimiento se evaporan en la Conciencia transpersonal, y empiezan a fluir, lúcida y mansamente, la bondad, la compasión y el perdón.

Y venimos a descubrir que el perdón no es algo que dependa de la voluntad, sino del «lugar» donde nos situamos. Desde el yo, es imposible; desde el Espacio consciente que somos, fluye sereno sin dificultad porque, para la Conciencia transpersonal, ha «desaparecido» incluso el motivo mismo que lo mantenía agraviado. En su lugar, se hace presente la Comprensión.

Lo que ha ocurrido es que, al «pasar» de la identidad del yo a quien realmente somos, nos hemos liberado nada menos que de las necesidades que atenazan al ego. Gracias a esa liberación, se amplía y purifica nuestra mirada, a la vez que se ensancha y ablanda nuestro corazón. Si no hay «yo», ¿quién se sentirá agraviado?; si no hay «yo», ¿quién habría de perdonar?

El «paso» del yo al «Espacio consciente» que somos (Eso no-dual) se experimenta como rendición sabia y se vive como regalo de liberación. Caen las resistencias, porque «ha caído» el ego que vivía esclavo de sus necesidades.

Con la rendición, no es que el perdón sea posible; es que no hay nada que perdonar: ha desaparecido quien se había sentido herido y exigía reparación. Sólo queda liberación y deseo profundo de bien para la persona hacia la que antes vivíamos resentimiento.

Quizás la relación no pueda restablecerse «formalmente», porque hay otros factores que tener en cuenta, pero ha desaparecido todo resto de exigencia o de reproche. Todo está bien.

Es así de simple; tanto, que cuesta entender cómo uno pudo haber quedado atrapado en la espiral egocentrada del yo. Pero requiere vivir el «paso», para ver las cosas, no desde el yo, que sólo busca afirmarse y exige respuestas acordes a sus necesidades, sino desde el «Espacio consciente» que nada necesita y nada le afecta.

Ese paso se ve obstaculizado por la identificación con el yo, particularmente cuando se despiertan heridas pendientes, carencias no resueltas, miedos atávicos, experiencias de soledad y abandono… Por eso, puede hacer falta tiempo de maduración. Con todo, aun respetando ese tiempo, es posible intentarlo…, para experimentar cómo se modifica radicalmente la perspectiva, en cuanto tomamos distancia del yo.

A partir de ese momento, sin embargo, no está todo hecho. Siguen pesando las viejas inercias del ego. Por eso, cuando reaparezcan los mensajes egoicos, con sus necesidades, miedos, exigencias, resentimientos y reproches, hay que «volver» decididamente a situarse en la verdadera identidad, el «Espacio consciente» que somos, para volver a constatar que, desde él, la visión se modifica y se hace presente la libertad interior y la Comprensión sin límites. Realmente, no hay nada que perdonar ni «nadie» que perdone.

Para «aterrizar» todo lo que estoy diciendo, deseo ejemplificarlo con un caso concreto, que viví hace un tiempo. Tras un hecho grave e inesperado, que me resultó agudamente doloroso, afloró mi yo herido y desconcertado, abandonado y hundido, resentido y exigente…, negándose a vivir hasta que las cosas no fueran como él deseaba: se veía literalmente incapaz de aceptar lo sucedido.

Todo quedó impregnado de sufrimiento y sinsentido, que se intensificaba con el mero recuerdo de lo ocurrido; un recuerdo que no hacía sino fortalecer las demandas del yo. Tuvo que pasar tiempo para que, finalmente, pudiera «rendirme» a la verdad, sin condiciones.

Pero esa rendición únicamente fue posible cuando se me regaló situarme de un modo más estable en la identidad o conciencia transpersonal: la rendición fue sinónimo de liberación definitiva, desegocentración, serenidad ecuánime, comprensión sin exigencias, amor y deseo de bien sin restricciones…

Todo ello lo viví como uno de los mayores regalos de mi vida, como la Gracia que marcaba un punto de inflexión, un antes y un después, en mi modo de ser, de situarme y de percibir. Decididamente, en ese nivel, todo está bien; ningún miedo tiene sentido.

Y queda como una voz resonando en mi interior: «No te reduzcas al yo ni te entretengas en sus «historias mentales», en su modo de ver las cosas; no sigas ni un minuto su «discurso»; al contrario, míralo siempre como un «objeto» dentro de la Conciencia que eres; reconócete como el Espacio consciente o Conciencia transpersonal que trasciende el yo, y experimenta la comprensión y la liberación que te aporta». Brevemente: «No olvides nunca quién eres». Hoy sé por experiencia que todo lo demás depende de ello.

08/09/2011:

https://www.feadulta.com/el-perdon-que-nace-de-la-comprension-conciencia-transpersonal-y-perdon/

Ilustración: https://bible.art/p/Rs54UtnHs0nIUcd4MGkq/jesus-and-his-disciples-in-a-boat 

Padre S. Martín. ¿Quién gobierna la Iglesia?

https://www.youtube.com/watch?v=DFNS16FX23I


Padre Guzmán Karadima:

https://www.youtube.com/watch?v=Ep6MyTnPWnU

Papa León:

https://www.youtube.com/watch?v=cJZrP2pMCjg

Cardenal Porras:

https://www.youtube.com/watch?v=U1aK807wG0A

Padre S. Martín: 

https://www.youtube.com/watch?v=o4CvM2HmA24

Monseñor Munilla:

https://www.youtube.com/watch?v=UUhTKpjSIHA

sábado, 12 de septiembre de 2026

Esclavitud moderna

LA PAPA Y LA PAJA

William Anseume

Otra vez, esta semana, ahora con Delcy Rodríguez a la cabeza, se reunió la comisión —¿cuántas habrá habido?— para que los trabajadores, empresarios y el gobierno estudien las condiciones socio-económicas que les permitan volver a evaluar, dimensionar, estudiar, repensar —y paren de contar— lo que van a hacer con los sueldos y la protección social de los trabajadores.

El tema laboral en Venezuela constituye un desastre humanitario de marca mayor, sobre el que ya me he referido y lo seguiré haciendo, hasta que se enfile a lograr las condiciones de dignidad y legalidad que la población trabajadora y en general la familia venezolana se merecen. No es un desastre nuevo. Es una tragedia humana deplorable que se arrastra desde la propia presidencia del difunto "comandante eterno", quien comandó el desastre contra los trabajadores. La debacle inocultable del trabajo en Venezuela.

¿Es esclavitud moderna? Sin duda. Además que se ha generado, con los bonos arbitrarios, con la congelación durante largos años del salario mínimo, las jubilaciones, las pensiones y los sueldos una discriminación inaceptable, de los más vulnerables: los ancianos ya retirados. Una verdadera estafa que arruinó la vida de millones de personas a las que el ordenamiento jurídico y las convenciones colectivas les garantizaban dignidad absoluta para su vejez.

Pero la revisión y aplicación de ajustes no puede ser azarosa. Debe haber —como también lo he planteado públicamente— un plan económico donde se inserte como principalísimo el tema laboral: reconocimiento del daño causado, correctivos en el tiempo, reducción del gasto público, eliminación absoluta del clientelismo político laboral, eliminación de Patria, descentralización, reducción de impuestos como el IVA, revisión de la nómina pública —especialmente en las FFAA—, enderezamiento de todos los entuertos económicos y laborales de la "revolución" malhadada.

Un simple ajuste no basta. Los empresarios inescrupulosos que van a esas mesas de comisiones a atacar a los empleados públicos, los jubilados y pensionados, deben ser neutralizados. El planteamiento, que ha perdurado, de eliminar las prestaciones sociales o su retroactividad, debe justificarse y plantearse algo muy preciso: ¿A cambio de qué? ¿Que ganan los trabajadores y el país con eso? Hasta ahora esas posiciones tienen congelados los ajustes en todas las comisiones, con OIT y sin OIT.

En fin, queremos ver resultados inmediatos, mediatos y a largo plazo. Que permitan en un corto tiempo restablecer dignidad laboral y verdaderas mejoras económicas. No son los gringos. Es el chavismo el que nos arrojó a la miseria como país y como trabajadores. Así que dejen la habladera de paja y actúen de una vez por todas para proteger la papa y no solo la papa de quienes laboran y han sido también injustamente humillados desde el poder por décadas rojas en Venezuela.

12/09/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/09/la-papa-y-la-paja

Comprar tiempo

¿UNA NUEVA LEY DE UNIVERSIDADES EN TIEMPOS DE TRANSICIÓN? Luis Barragán Un modo de eludir, subestimar o decididamente adversar la transi...