DE LA PROTESTA ESTUDIANTIL DE UNEARTE
Luis Barragán
En días pasados, haciendo
una diligencia por Bellas Artes, nos acercamos a la antigua sede del Ateneo de
Caracas que la vimos algo conmovida a lo lejos. La curiosidad nos llevó a
constatar los preparativos de una protesta en la que los escasos estudiantes
nos hicieron algunos comentarios en torno a las penurias que soportan en la
Universidad Nacional Experimental de las Artes (UNEARTE).
Apreciamos las quejas en dos
vertientes: por una parte, las de carácter administrativo sobre los trámites de
inscripción, la pérdida de notas, la carencia de profesores y de materiales
didácticos; y, por otra, las que se relacionan con la planta física de la sede
principal y de otras secundarias, como la afectación sísmica, las condiciones
sanitarias. Intuyen, pero - así lo sentimos – eluden también la obvia y directa
asociación con el desastre de la educación superior en Venezuela, al tratarse
de una casa de estudios típicamente chavista.
Primera aclaratoria: se
trata de una universidad pública, esto es, del Estado, aunque —confundido con
el principal partido oficialista— se toma por un patrimonio del socialismo, al
que deben agradecer esa alternativa improvisada, comprobadamente improvisada.
En última instancia, consecuencia de un acto de generosidad de Hugo Chávez y de
Nicolás Maduro que espera ahora por la generosidad de la encargada
presidencial.
Después de atestiguar el
nivel de indignación de los muchachos, quedó tiempo para averiguar cuáles
instituciones culturales de las adyacencias estaban funcionando y, siendo
martes a media mañana, nos fuimos a visitar el antiguo Museo de Bellas Artes /
Galería de Arte Nacional y el Museo de Arte Contemporáneo Armando Reverón, de
Parque Central. Ninguno estaba abierto y, suponiendo que contaban con un
personal mínimo y un tedio contagioso, no fue difícil deducir que el doblete
sísmico será por muchos años un contundente pretexto, presumiendo que de las
piezas de la colección pública de arte nadie dará cuenta inmediata ni
mediatamente.
Esta misma semana nos enteramos
del exitoso desarrollo de la protesta en cuestión a la que no le fue difícil copar
la entrada, poco espaciosa del edificio, cuyo deterioro, por cierto, está a la
vista. El empleo extraordinario de las redes digitales y la estupenda y eficaz creatividad
del estudiantado —al fin y al cabo, de arte— le dieron una dimensión y una
significación superiores, mostrando un liderazgo que bien hace falta en otras
casas de estudios, a pesar de las modestas proporciones y de la absurda
hipoteca chavista que pesa sobre la sede de Los Caobos.
Segunda aclaratoria:
consultadas las varias cuentas digitales, en las que tampoco supimos de un
alumnado defensor de los logros gubernamentales, los estudiantes dijeron seguir
el ejemplo del estudiantado francés; y esto, las encendidas protestas de los
liceístas franceses, luce como una novedad para la muchachada venezolana, que
tiene por aval una larga tradición de luchas estudiantiles en liceos y
universidades venezolanas que desconocen. Ellos son tributarios, sin saberlo,
de esas luchas, que quizá quedan en flotación por lo que concierne al
inconsciente colectivo, en el que las huestes clientelares del gobierno no
logran penetrar con su interesadísima versión, pues quedan las terribles
huellas de la profunda y extensa represión de 2014 y 2017, a la vista también
de todo el mundo.
Estigmatizado por el juego
de la cámara, el rector o director de UNEARTE, sin querer relevarlo de
responsabilidades, puede señalarse igualmente como víctima de la sostenida y
cada vez más agravada política universitaria encaminada a la destrucción de
nuestras casas superiores de estudios. El ministro de Cultura, apersonado en el
sitio de la protesta, prometió un diálogo, a lo mejor ininterrumpido, con el
plantel estudiantil, mientras estaba ausente la ministra de Educación Superior,
más concernida con el asunto, excepto que haya una curiosa normativa que la
dispense.
Tercera aclaratoria: destructiva, porque - así deben entenderlo los muchachos - el problemario de UNEARTE se inscribe en la colosal crisis de la universidad pública venezolana, que encontrará remedio al asumirse en los términos de una transición democrática y pacífica que está pendiente en Venezuela. Hay que desestructurar la antiuniversidad en nuestro país, que muy bien ejemplifica la política desarrollada, fortalecida y consolidada por el único gobierno que hemos tenido a lo largo de casi treinta años, que ahora nos quiere engatusar, dizque con la discusión de una nueva ley de universidades, cuando incumple evidentemente el mandato expreso, claro y nítido de la Constitución en materia de educación superior.
Sabemos de la sobrina de una
amiga que tiene talento y vocación por las artes plásticas, ilusionada con la
pronta inscripción en UNEARTE. Ojalá existiera todavía la meritorísima escuela
de arte «Cristóbal Rojas», tal como la recordamos.
Ilustración: Cenk Alparslan.
Referencia gráfica y video:
https://apuntaje.blogspot.com/2026/10/rapida-inspeccion-ocular.html
19/10/26:
https://www.opinionynoticias.com/opinioneducacion/45091-de-la-protesta-estudiantil-de-unearte

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