miércoles, 17 de junio de 2026
martes, 16 de junio de 2026
La necesidad de aclarar la vista
EL FUTURO ANTERIOR
Un doble acontecimiento editorial estremeció
temporalmente a la Venezuela saudita de cinco décadas atrás al desatar una
amplia polémica pública de desmitificación: Carlos Rangel y Teodoro Petkoff
publicaron con pocos meses de diferencia, respectivamente, “Del buen salvaje al
buen revolucionario. Mitos y realidades de América Latina”, en su primera
edición en lengua hispana (Monte Avila Editores, Caracas), y “Proceso a la
izquierda (o de la falsa conducta revolucionaria” (Editorial Planeta,
Barcelona). Desmitificadores que
terminaron convertidos en mitos, plantearon caminos distintos y, a veces,
complementarios para arribar a un porvenir que existió como una ilusión,
posibilidad real y propuesta personal y colectiva de un optimismo náufrago en
el presente siglo.
Importa señalar que no eran los íconos liberal y
democrático de ahora, pues Rangel hizo una pasantía como militante o
simpatizante de Acción Democrática, siendo aspirante a parlamentario y
efectivamente concejal antes de dedicarse a tiempo completo al periodismo, y
Petkoff, un entusiasta de la lucha armada integrante del Partido Comunista que
ayudó a dividir por razones que escandalizaron al Kremlin. Los textos canónicos
coincidieron en cuestionar los relatos justificatorios que eximían de
responsabilidad a los actores políticos latinoamericanos, ora revisando los
mitos antioccidentales y antiliberales de América Latina, ora revisando los
mitos revolucionarios de la izquierda continental. E, incluso, recordaba
recientemente Elizabeth Burgos en el Papel Literario de El Nacional, que Le
Monde llegó a calificar a Rangel de socialdemócrata; y, además, escuchamos con
frecuencia por estos años que Petkoff combatió a la democracia con las armas y
al chavismo con los votos.
Ayer, el marxismo era una tradición organizada de
cierta variedad política y académica que, en su momento, disparó abiertamente a
los dos ensayistas, pero – ahora – hay una más ordenada red liberal que ha
celebrado un libro dejando al margen el otro, aunque los dos revelaron un
ecosistema político y cultural que los visó a mediados de los setenta, como lo
intuyó temprana y acertadamente Gustavo Coronel al participar en la mesa de
redacción que convocó la revista Resumen, dirigida por Jorge Olavarría, con uno
y otro autor.
El notable entrevistador de la televisión local que,
por cierto, escribió una impecable obra posterior sobre el tercermundismo,
derivó a la postre en un símbolo del antisistema que se acentuó entre las
décadas de los ochenta y noventa, trastocado en el referente por excelencia del
liberalismo que ni siquiera lo alcanzó a ser Arturo Uslar, el implacable
moralista de finales de siglo, ni tuvo equivalencia con los esfuerzos de
reflexión económica y filosófica al igual que de divulgación realizados por
Emeterio Gómez. Y el carismático dirigente
político que trillaba recurrentemente la imprenta, cuestionó con argumentada
contundencia el leninismo prevaleciente, recibiendo respuestas también feroces
de Rafael José Cortés y Moisés Moleiro que, a juzgar por el siglo cursante,
ponen de relieve la terrible orfandad de los herederos políticos que no tienen
aún noticias de la caída del muro de Berlín.
Impensable un debate semejante en los días que cursan,
con el interés y la trascendencia que suscitaron las ediciones en cuestión, en
un excepcional país democrático de la América Latina bañada por dictaduras, con
una convincente pluralidad y libertad de expresión palpable en la prensa,
partidos, gremios, universidades, órganos deliberantes del Poder Público. Los
polemistas lograron romper los efectos anestésicos de una Venezuela que ya
gozaba de las iniciales bonanzas en medio de la discutidísima nacionalización
del petróleo, gracias a un ecosistema político y cultural que ya olvidamos.
Tendemos a repetir planteamientos y soluciones en el
marco de una crisis que es la de la memoria histórica que no cabe en los
coloridos caracteres de un dispositivo digital para afrontar las circunstancias
actuales, y, por ello, padecimos fenómenos como el del arribo al poder de una
izquierda para más señas militarista que obvió el rotundo fracaso de la
subversión armada de los sesenta y, mirando de nuevo a Cuba, ignoró
olímpicamente la discusión que rubricó su derrota. Un ejemplo específico está en las actuaciones
de un periodista como Eleazar Díaz Rangel, divisor del Partido Comunista y
fundador del MAS, activísimo líder gremial, que claudicó frente al único
gobierno que hemos ostentado en tan larga época para redondear parte de
nuestras ironías.
Hoy, son otros los retos que esperan para pasar de la
nacionalización petrolera a la plena recuperación de nuestras capacidades
energéticas, del Estado desarrollista a lo que comprendemos como la
reestatización del propio Estado, de la democracia social a una verificable
transición, gobernabilidad y gobernanza democrática. Hubo un futuro anterior,
sistemáticamente expuesto por Carlos Rangel y Teodoro Petkoff medio siglo
atrás, que importa reivindicar y, aún más, superar frente a la indócil realidad
de hoy, necesitada de una cultura política capaz de sostener las libertades
demandadas; en otros términos, con capacidad de producción política.
Ilustración: Sempé.
Gráfica: Procesada a través de Chat GPT a partir de:
https://apuntaje.blogspot.com/2026/06/el-olvido-que-seremos.html
16/06/2026:
https://www.elnacional.com/columnas/2026/06/el-futuro-anterior/
lunes, 15 de junio de 2026
Puertas adentro
DEL OLVIDO QUE SEREMOS
Mediados del bachillerato en el país que prosiguió con
la intensa discusión de la nacionalización petrolera, habituado a la dura
competencia de los programas de opinión a primera hora de la mañana en la radio
y la televisión. Pacientemente habíamos leído “Venezuela, política y petróleo”
de Betancourt gracias al préstamo de la biblioteca del liceo, aunque no lo
entendíamos a cabalidad, y adquiríamos, cuando se podía, las revistas SIC y
Resumen seguramente de más difícil entendimiento.
Hubo gran alboroto por la incineración del libro “Del
buen salvaje al buen revolucionario” y todavía está en nuestra memoria la
condena que hizo Héctor Mujica del hecho por mucho desacuerdo que tuviera con
la tesis, siendo entrevistado por Carlos y Sofía Rangel. Y, después, la ultraizquierda
propagandizaba su rechazo agregando otro título como “Proceso a la izquierda”
Nos pusimos a ahorrar para comprar los ejemplares de
autores de nombres ya familiares para el muchacho que fuimos, como Carlos
Rangel y Teodoro Petkoff. Todavía los conservamos en casa adquiridos entre
abril y mayo de 1976, completado el pago de uno de los dos por un préstamo
oportuno del hermano menor.
Nos metimos en camisa de once varas para leer con absoluta
calma, retrocediendo muchas veces las páginas, los planteamientos de ambos
actores de la vida política y opinática de una Venezuela que ya comenzaba
tímidamente a tener a Miami por capital. Tardamos en entenderlos ciertamente y, aunque
ya cursábamos derecho en la Católica, tuvimos la certeza total cuando nos tocó
auxiliar a una querida amiga que hacía estudios políticos y administrativos en
la Ucevé con la tarea de hacer precisamente un trabajo alusivo a ambas obras:
obtuvo la máxima nota de un exigente profesor que les aseguró a sus alumnos que
la polémica tardaría en disiparse como, en efecto, ocurrió.
Así sería el impacto de los dos ensayos que permeó
hasta un modesto estudiante de secundaria admirado por la polvareda levantada,
esforzándose en saber por su cuenta de los asuntos que se debatían por
entonces. Habría que preguntarse sobre las condiciones por entonces imperantes
en Venezuela para que se produjera ese fenómeno irrepetible que sepamos, aun
cuando supusimos ingenuamente en esta centuria que la sola declaración marxista
de Hugo Chávez encendería los motores de la discusión generalizada, por lo
menos, entre los sectores de la oposición.
Finalmente, pocos recuerdan aquellos encuentros y
desencuentros públicos con Rangel y Petkoff y nos percatamos que menos
interesará el testimonio de alguien que los invoca con un dejo de nostalgia. En
definitiva, se trata del olvido que seremos como estupendamente intituló Héctor
Abad una de sus novelas.
Ilustración: Vilhelm Hammershøi.
Fotografías: LB.
15/06/2026:
https://opinionynoticias.com/opinionpolitica/44509-del-olvido-que-seremos
domingo, 14 de junio de 2026
Caza de citas
Juan Evaristo Valls Boix
(“JOMO. El gusto de perder”, Anagrama, Barcelona,
2026: 45)
Ilustración: Albert Luisa.
Noticiero retrospectivo
- Jesús Sanoja Hernández. “Las antiguerrillas”. Clarín, Caracas, 04/04/1962.
- Domingo Alberto Rangel. “Venezuela y el arma aérea”.
Últims Noticias, Caracas, 15/07/81.
- Gustavo Martin. “Racismo en Venezuela”. Summa
Caracas, N°60 del 05/05/72.
Héctor Mujica. “De las enseñanzas de la guerra de
Vietnam”. Qué Pasa en Venezuela, Caracas, 28/05/65.
- “¿Qué esperarían de un gobierno de (Teodoro)
Petkoff?”. (José Ignacio Cabrujas, R. López, Arturo Sosa, J. Hernández, César
Miguel Rondón, J. Cova, L. Antillano, D.F. Maza Zavala, P. L. Zapata). El
Semanario del Martes, Caracas, N° 26 del 26/10 al 02/11/82.
Reproducción: Venezuela Gráfica, Caracas, N° 687 del
01/01/1965.
Inimaginable centimetraje
EL PORVENIR DEVINO PASADO
Este año se cumple medio siglo de la publicación de
dos libros que marcaron un importante hito: “Del buen salvaje al buen
revolucionario” de Carlos Rangel y “Proceso a la izquierda” de Teodoro Petkoff.
Probablemente, por el impacto que produjeron en la opinión pública las dos
escuelas del pensamiento, en las circunstancias muy específicas de la época, no
tengan equivalente alguno.
La propensión ha sido la de celebrar más a uno que a
otro, pues, a diferencia de la década de los setenta, hoy tenemos una más
organizada red de promoción liberal que no, de inspiración marxista. Y, valga
el detalle, no es exactamente una afición de muchos de los opinadores por la
lectura, la discusión de las ideas, la elaboración de propuestas, ya que –
consideran - ese es el trabajo de la IA para dejar tiempo a los selfies y al juego de los influyentes
digitales. Sin embargo, resulta difícil comprender plenamente el impacto de uno
sin considerar la existencia del otro, pues, contrapuestos, aunque coincidentes
como afanosos desmitificadores, lograron tocar una fibra del ecosistema político
y cultural de entonces y regar, expandir e impregnar el ámbito social de ideas,
nociones, categorías, conceptos, que hoy parecen propios de extraterrestres.
Cierto, imaginaron un porvenir diferente para el país
de entonces que luego sucumbió con el ascenso del chavismo vendido como la
novedad que no fue, por muchos ejemplares del Libro Azul que batieran sus
partidarios. Y, en un sentido, se convirtió en pasado al retrotraernos
prácticamente al siglo XIX; y, en otro, con las formulaciones de Rangel y de Petkoff
ocurre igualmente, porque ha sido tanto el retroceso que estos autores ya se
quedaron cortos y no queda más remedio que superarlos por la gravedad
inimaginable que adquirieron los problemas.
Las obras en cuestión son portadoras de principios y
valores que pueden animar al lector más desavisado, porque somos herederos de
una cierta traición intelectual y política que, suponemos, no consiguieron quebrar
por todos estos años. Además, ponderamos y mucho, dos circunstancias que antes
no eran tan extrañas como ahora: Rangel cubría la fuente política porque sabía
de ella, la cultivaba intelectual y periodísticamente, y Petkoff tenía la
costumbre de pensar y de hacer como todo aquel que tuviera vocación política y
de estadista.
“Del buen salvaje…” fue publicado originalmente en
francés y encontró cabida en lengua española gracias a la editorial Monte
Ávila, constituyendo un éxito editorial como también lo fue “Proceso a la …”
bajo el sello ibérico Planeta. Acá y fuera del país, no imaginamos el centímetraje
de prensa que alcanzaron todas sus reseñas.
Ilustraciones: LB/IA, a partir de las gráficas tomadas de la revista Resumen:
https://apuntaje.blogspot.com/2026/06/el-olvido-que-seremos.html
14/05/2026:
https://lapatilla.com/2026/06/15/luis-barragan-el-porvenir-devino-pasado/
Plenificación
PROCLAMAR EL REINO NO ES HACER PROSÉLITOS SINO AYUDAR, SERVIR, LIBERAR A TODOS
(San Mateo, 9: 36-10-6)
Fray Marcos [Rodríguez]
Las lecturas de hoy tienen
una gran variedad de temas: la elección, la salvación de Dios, el sacerdocio de
los fieles, la salvación de Cristo, la penuria de la gente, la compasión, la
vocación, la misión, la evangelización, el servicio, la curación, la
gratuidad...
Dios salva y quiere que su
salvación llegue a todos a través de los ya salvados. Este podía ser el resumen
del mensaje de este domingo.
Los israelitas vivieron la
liberación de los egipcios como la cima de su experiencia religiosa. Su Dios
les había salvado de la esclavitud. En el desierto les libró de la sed, del
hambre, de las serpientes. Después, en la tierra de Canaán sentían la presencia
de Dios cada vez que vencían a los enemigos o superaban una desgracia.
La experiencia de salvación
de los israelitas no fue más que una interpretación de acontecimientos
favorables. Cuando los acontecimientos eran adversos, los interpretaban como
castigo del mismo Dios.
En tiempo de Jesús se
sintieron liberados del demonio, de las enfermedades, de sus pecados. ¿Qué
liberación esperamos nosotros hoy? ¿Quién nos salva? ¿De qué nos tienen que
salvar?
Para la inmensa mayoría de
los cristianos, salvarse es evitar la condenación, una idea simplemente
negativa y un poco ingenua. Habría que tratar de buscar un concepto positivo y
no de mínimos, sino de máximos. Podía ser "plenificación", es decir
alcanzar la plenitud de ser a la que estamos destinados. Esa plenitud tenía que
dar sentido a mi vida entera, de la misma manera que el punto de destino da
sentido a todos los pasos que doy para llegar a él.
Dios no tiene que hacer
ningún acto para salvarme, porque me ha salvado de una vez por todas y desde
siempre. Tal como se entiende normalmente la salvación, da la impresión de que
a Dios le salió mal la creación y ahora sólo con parches y remiendos puede llevar
a feliz término su obra. ¿No os parece un poco ridícula esta idea? La Biblia
nos dice con toda claridad al final del relato de la creación que vio Dios todo
lo que había hecho, y era muy bueno.
Estamos en un error cuando
pretendemos que Dios nos libere de nuestra condición de criaturas, de nuestra
contingencia, de nuestras limitaciones, de la muerte. Todo eso es consecuencia
de nuestra condición de criaturas, y por lo tanto es intrínseco a nuestro ser.
Dios no puede evitarlo. La salvación hay que buscarla en otra parte.
En una ocasión Jesús dijo
"Esta es la vida eterna, que te conozcan a ti único Dios verdadero y a tu
enviado Jesucristo." La salvación es pues, toma de conciencia,
descubrimiento de una realidad que ya está ahí. El tesoro escondido en el
campo.
No estamos acostumbrados a
pensar en lo que nos dice el evangelio como símbolo. Cuando habla de los doce
no quiere decir que los apóstoles fueran exactamente doce, sino el nuevo
Israel, sucesor del antiguo. También las doce tribus son un mito: el dios sol
rodeado de los signos del zodiaco.
Tomar hoy los doce como
número de personas investidas por Jesús de un poder especial, es ignorar el
trabajo de miles de exegetas y seguir leyendo los evangelios de una forma
fundamentalista.
No está claro en qué momento
aparece en la naciente comunidad la idea de "apóstol" (enviado), pero
es impensable que antes de la experiencia pascual estuviera constituido un
grupo especial de seguidores que llevaran ese nombre y que coincidiera con los
nombrados después por Mateo, Lucas y Marcos.
La figura de Pablo no encaja
en esa visión matemática del ministerio apostólico. Él mismo se da el nombre de
apóstol y designa con ese nombre a otras personas destacadas de la primera
comunidad.
Ni los apóstoles ni sus
"sucesores", son el fundamento de la nueva comunidad. Es la comunidad
la que necesita de representantes que sepan dar testimonio de Jesús siendo
seguidores más próximos del Maestro.
No podemos seguir
manteniendo la idea de que lo importante en nuestra Iglesia, es la jerarquía.
La obligación de "proclamar" el evangelio es de todos los que forman
la comunidad, no de unas personas separadas y elegidas especialmente para esa
tarea.
En el Vaticano II se han
dicho cosas muy clarificantes sobre la misión de los laicos en la Iglesia de
hoy, pero la verdad es que no hemos sido capaces de llevar esta inquietud al
grueso de la comunidad.
Por el contrario tampoco
debemos dar a entender que no tiene importancia la existencia de personas
especialmente preparadas par dirigir y marcar pautas en esa tarea.
Pero no se habla hoy de la
vocación de cada persona sobre la base de sus aptitudes o preparación personal,
sino de una misión a la que todos estamos llamados. No se trata de la vocación
a especiales ministerios, (sacerdotes, obispos) que es para lo que algunos se
preparan, sino de la consecuencia lógica del ser de cristiano: llevar a todos
lo que él recibió.
No importa tanto el lugar
que ocupes en la comunidad, cuanto el desempeñar tu tarea como seguidor de
Jesús, es decir con actitud de servicio.
"Proclamar", no
significa ir por ahí dando voces, o realizando acciones espectaculares con
poderes divinos. Se trata simplemente de ayudar al que tengo cerca en todo lo
que pueda.
La misión no consiste en
predicar y hacer prosélitos, sino en ayudar a los hombres a soportar sus
penurias, sean las que sean; pero dejándoles en libertad para que sigan siendo
ellos mismos.
Sólo de esa manera les
convenceremos de que Dios está cerca del hombre. Sólo donde se libera a las
personas, se está anunciando a Dios.
Las misiones, tal como se
han planteado, no es un mandato del evangelio, más bien pone en guardia sobre
esa tentación cuando Jesús dice: "Vosotros que recorréis tierra y cielo
para conseguir un prosélito..."
La misión no debía ser un
ingente esfuerzo por acrecentar el número de los que pertenecen a la Iglesia,
sino el aumentar el número de los que son objeto de nuestro cuidado.
Lo que nos dice el evangelio
es que el seguidor de Jesús tiene que considerar a todo hombre como
perteneciente a la comunidad, porque todos tienen que ser el objetivo de su
servicio. ¡Qué pocos cristianos han tenido esa actitud a través de los veinte
siglos que nos separan de Jesús!
Sólo la búsqueda del bien de
los demás, o por lo menos la disminución de sus carencias, debía ser el motivo
de nuestra predicación, sea de palabra o de obra. Una comunidad no es cristiana
si no está abierta a todos los hombres.
Termina el evangelio de hoy
con una frase tajante: "Gratis habéis recibido, dad gratis".
Necesitaríamos otra homilía para comentarla. Es fácil darse cuenta de que no
estamos por esa labor. La gratuidad tenía que ser la característica de toda
acción comunitaria.
Si en mi servicio a los
demás, busco cualquier clase de interés, estoy fuera del evangelio. Aunque ese
interés sea ir al cielo, ser más bueno, obedecer a Dios, etc.
Meditación-contemplación
"Gratis habéis
recibido, dad gratis".
La clave está en tomar
conciencia de lo que he recibido.
Sólo después de comprender
que no tengo nada mío,
puedo dar lo que tengo con
autenticidad.
................
Compasión y gratuidad
son las cualidades
específicamente humanas.
Egoísmo e interés son el
fruto de nuestra animalidad.
Dar el salto de una actitud
a otra,
es la tarea fundamental de
toda nuestra vida.
.................
Sólo cuando me decido a dar
lo que he recibido,
lleno de sentido el don que
se me ha regalado.
Cuando quiero acaparar lo
que soy y lo que tengo,
lo convierto en algo estéril para mí y para los demás.
Ilustraciones: Edward Burne-Jones y Nicolás Martínez Ortiz.
Fuente:
Padre S. Martin: Visita papal a España.
https://www.youtube.com/watch?v=i6OYX3KUkX0
Papa León:
https://www.youtube.com/watch?v=OnQe2N-iXXs
Cardenal Porras:
https://www.youtube.com/watch?v=tWKguXgGsTM
Monseñor Bravo:
https://www.youtube.com/watch?v=y3mNJGXyqTg
Monseñor Munilla: Visita papal.
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