domingo, 4 de octubre de 2026

Caza de citas


“—Buscamos muchas cosas. —Se quedó callado un momento—. El aspecto de nuestro trabajo que tiene que ver con las anomalías es una investigación continua sobre si vivimos en una simulación”

Emily St. John Mandel

(“Ático de los Libros”, Ático de los Libros, Barcelona, 2022: 118)

Reproducción:   Lubomir Arsov.

Noticiero retrospectivo





- Telmo Almada. Música para ascensores”. Economía Hoy, Caracas, 03/06/1993.

- Raúl Sosa y los protocolos de Puerto España y Pacto Andino. El Nacional, Caracas, 02/03/72.

- Petrus. “Orlando Araujo habla sobre su ingreso al PCV”. Tribuna Popular, Caracas, 06/07/84.

-  Adolfo Herrera y el naufragio de URD. Qué Pasa en Venezuela, Caracas, N°4 del 22/02/64.

- Joaquín Marta Sosa. “Los filántropos”. Punto, Caracas, N° 87 del 04/05/73.

Reproducción: Edito José Ramírez. Élite, Caracas, N° 2059 del   . Elite 2059 del 06/03/1965.

Etiqueta marrón

Transición o continuismo: el caso de la Universidad Simón Bolívar

Luis Barragán

La crisis se expresa en los más variados ámbitos y tiende, así, a confundir a la propia opinión pública, mientras la estrategia comunicacional del oficialismo procura frenar o neutralizar cualquier animadversión, disidencia u oposición aparentando una transición que todavía no reconoce explícitamente, ganando tiempo para un reacomodo que, en definitiva, encubre el más vulgar continuismo. El caso de la Universidad Simón Bolívar resulta francamente patético al ejemplificar los lineamientos de la encargaduría presidencial, pero también al revelar el forcejeo interno del chavismo, al que igualmente le falta conducción política.

Recordemos que la casa de estudios fue intervenida hace cinco años por el Gobierno nacional, bajo un mandato constitucional y legal muy claro para realizar los comicios rectorales en un plazo perentorio de 180 días, pero aquellas autoridades escogidas a dedo terminaron demostrando una manifiesta incompetencia. Los interventores tienen, en efecto, poco más de cinco años de un eterno interinato, en abierto conflicto con los gremios, incluyendo la confiscación de la Casa del Profesor, mientras estiran la provisionalidad a más no poder en nombre, santo y seña del chavismo.

Es inevitable señalar, por otra parte, la negligencia y destrucción de la universidad, largamente denunciadas por los medios disponibles y planteadas oficialmente, hasta el punto de recomendarse el reemplazo inmediato del elenco responsable del desastre. Fue tan evidente la gravedad de la situación que la otrora novísima ministra de Educación Superior invitó públicamente al gremio profesoral a conversar, y este, incorporando al estudiantado y a los egresados, aceptó la invitación para un diálogo que efectivamente aconteció en la sede ministerial.

Toda la gravedad del caso fue expuesta en aquella oportunidad y se anunció una pronta solución a los problemas materiales inmediatos de la sede académica, así como a la situación de unas autoridades abiertamente cuestionadas que, por cierto, jamás han respondido a los señalamientos formulados y simple y olímpicamente desconocen a los dirigentes legítimamente electos por cada gremio. Se pidió paciencia, y lo conducente era, y todavía es, sustituir la terna interventora para designar otra con el propósito de regularizar la vida institucional de la Simón Bolívar, golpeada durante más de una década.

Todo estaba encaminado al cumplimiento de la solución más sensata y realista, cónsona, además, con el espíritu de una transición democrática en los términos en que socialmente se ha entendido, pues, como ocurre en el escenario nacional, todavía no están dadas las condiciones para unas elecciones rectorales, aunque algunas voces hayan llegado a sugerir que estas podrían favorecer a los propios interventores. Hubo comprensión y consenso para resolver el caso de la mejor manera, pues ¿cómo dialogar con unos interventores cuyo mandato, limitado a 180 días, ha sido prolongado durante cinco años y que, literalmente, le han cerrado la puerta a la dirigencia gremial?

¿Por qué confiarles la organización de unos comicios, lo que equivaldría a llamar y apersonar a Nicolás Maduro para que vele por las próximas elecciones presidenciales? La pregunta inevitable es qué reflejo exacto emana de este enredijo político interno del Gobierno, cuando incluso una solución elemental —sustituir a quienes han fracasado por otros que permitan recuperar progresivamente la institucionalidad— parece convertirse en materia de una dura disputa.

En voz baja circuló la terna que sustituiría a los interventores, compuesta ciertamente por chavistas, pero integrada por personas reconocidas por una limpia trayectoria académica y profesional que inspiraba confianza y demostraba una voluntad de entendimiento. Entonces, cuando todo parecía comprometido para la debida sustitución, el Consejo Nacional de Universidades terminó colocando dos medallas, que en última instancia corresponden a la mesa de negociación que tiene a la citada ministra como integrante: la continuidad de los interventores que tuvieron cinco largos años para dialogar y arrogantemente no lo hicieron, impidiendo las elecciones ni ahora ni más adelante y llegando incluso a suspender los comicios en la Universidad de Los Andes bajo cualquier pretexto.

Es excesivamente evidente que no hay siquiera la intención de un reacomodo en la Universidad Simón Bolívar, sino la continuidad de una destrucción manifiesta que impide recuperar la institucionalidad, clave de todo cambio sustancial, al tiempo que se desconoce la trayectoria de potenciales sucesores en el rectorado tan chavistas como los actuales interventores. El reflejo, indudablemente, es el de una resistencia nacional del madurismo al menor cambio posible, por milimétrico que sea, en una dura batalla cuyo horizonte parece ser obstaculizar la gestión de la encargada presidencial, aunque jamás honrarán con su propio pellejo el compromiso de defender la soberanía territorial.

Guillermo O’Donnell, el transitólogo por excelencia en América Latina, identificó como zonas marrones aquellas en las que la autoridad del Estado resulta demasiado precaria, las leyes no se cumplen y predominan los intereses de hecho, sin protección efectiva para la ciudadanía. Esta es la etiqueta que debemos colocar a las puertas de la Universidad Simón Bolívar: una zona marrón al lado de la roja-rojita, donde la provisionalidad se hizo permanente, la excepción pretende hacerse regla y la recuperación de la institucionalidad continúa siendo, paradójicamente, el principal obstáculo para cualquier transición.

Ilustración: Malay Banerjee.

04/10/2026:

https://lapatilla.com/2026/10/04/transicion-o-continuismo-el-caso-de-la-universidad-simon-bolivar-por-luis-barragan/

Responsabilidad ompartida

DAR FRUTO, SER CAUCE

(San Mateo, 21: 33-43)

Enrique Martínez Lozano

Una lectura infantil convierte a esta parábola en una historia de «buenos y malos» y presenta a Dios como un ser separado –incluso distante físicamente: «se marchó de viaje»- que, sin embargo, controla y exige a quienes dejó en sus tierras…

Una lectura infantil convierte a esta parábola en una historia de «buenos y malos» y presenta a Dios como un ser separado –incluso distante físicamente: «se marchó de viaje»- que, sin embargo, controla y exige a quienes dejó en sus tierras. No es extraño que se haya leído así, ya que las dos características señaladas –Dios como ser separado e intervencionista (exigente)- son muy típicas de los mitos.

Por eso, en cuanto tomamos distancia del mito –es decir, pasamos de un nivel mítico de conciencia a otro racional-, algo nos dice que ésa no puede ser la lectura adecuada.

La primera clave de comprensión nos viene cuando captamos el objetivo que la parábola pretende: sintetizar la historia de Israel desde la perspectiva de la primera comunidad cristiana que, por otra parte, se considera a sí misma como el «nuevo pueblo» que «produce frutos».

Lo que se nos ofrece, por tanto, es un resumen de la historia del pueblo judío que, no sólo no dio los frutos esperados, sino que persiguió y ejecutó a profetas y enviados de Dios, incluido su propio Hijo (Jesús). Por eso –concluye aquella comunidad-, ese pueblo ha sido reprobado –el castigo que se menciona evoca la ruina de Jerusalén, en el año 70- y sustituido por un nuevo pueblo elegido: los que han creído en Jesús, «la piedra desechada» que, sin embargo, ha resultado ser «la piedra angular».

La cita está tomada del Salmo 118, uno de los textos del Antiguo Testamento, al que la comunidad cristiana alude con frecuencia. Parece que encontró en él la explicación de la paradoja de la cruz: ¿cómo podía ser que el crucificado fuera el Señor? El Salmo les ofrecía una respuesta contundente.

Hoy podemos comprender que aquella primera comunidad hiciera esa lectura de la historia del pueblo judío, teniendo en cuenta, además, el creciente enfrentamiento que vivía con la sinagoga.

Sin embargo, una necesaria toma de distancia nos permite acercarnos al texto con nuevos ojos. Y ahí surge, inevitable, la pregunta: ¿cómo vería Jesús todo eso?, ¿cómo lo viviría?

No parece que sea posible responder a esas cuestiones con certeza. Por un lado, es indudable el conflicto que vivió con la autoridad religiosa de su pueblo; pero, por otro, no casa bien con su mensaje la idea de un Dios separado («el Padre y yo somos uno»), ni la de la «venganza» divina, ni el proselitismo que desecha a su propio pueblo. Todo ello parece más típico de la comunidad naciente que del maestro de Nazaret.

En cualquier caso, podemos acercarnos al texto desde nuestra conciencia racional, o incluso transpersonal, para acogerlo desde ella, y permitir que pueda ser «traducido» a nuestro nuevo «idioma cultural».

Al hacer así, caemos en la cuenta de que la parábola habla de todos nosotros, cuando no damos fruto. Eso ocurre cuando vivimos egocentrados, girando en torno a los intereses de nuestro ego. La identificación con él puede llegar al extremo de «matar a los enviados», con tal de obtener «beneficios».

Frente a esa trampa, que conduce a la muerte, la parábola constituye una llamada para que demos «fruto». Ahora bien, de acuerdo con el propio mensaje del evangelio –tal como hemos ido viendo en las semanas inmediatamente anteriores-, «dar fruto» no tiene que ver con las ideas del mérito y la recompensa, sino que es necesario entenderlo desde la gratuidad.

En este sentido, el «fruto» –siempre a favor de la vida y de las personas- brota de la comprensión de quienes somos y pasa a través de nosotros, como de un «cauce» que ni retiene, ni se apropia, ni presume de ello.

Cada vez que surge alguna de las actitudes contrarias –apropiación, orgullo, vanagloria…-, es señal de que nos hemos reducido a nuestro ego: hemos vuelto a vivir egocentrados y a bloquear el flujo de la vida y del amor a todos los seres.

Parece claro, por tanto, que el «dar fruto» implica tomar distancia del ego. Lo cual, a su vez, es posible en tanto en cuanto vamos despertando a nuestra verdadera identidad. Porque, mientras piense que soy el yo, no podré sino –a pesar de mis buenas intenciones- vivir para él; sólo en la medida en que comprendo la Identidad «compartida» (no-dual) que somos, resultará posible una forma de vivir desegocentrada. No somos el yo, sino la Conciencia que se expresa en la «forma» de este yo. Para percibirlo, hay que tomar distancia de él, acallando la mente. Por eso, en cuanto te paras –queda conciencia sin pensamiento-, puedes percibir que no eres nada de lo que ocurre (nada de lo que piensas que eres), sino el «espacio consciente» en el que todo ocurre. Y en cualquier momento, aunque sea fugazmente, puedes experimentarlo.

¿Qué significa, en esta «traducción», la referencia a Jesús como «piedra angular»? En la tradición cristiana, reconocemos a Jesús como el «espejo» luminoso en el que todos nos vemos reflejados, en la No-dualidad que somos. Por eso, podemos llamarlo «piedra angular» (que no descarta ni –como ocurría en la conciencia mítica- entra en comparaciones con otras posibles «piedras angulares»: nada de eso tiene sentido en la conciencia no-dual, porque nada está separado de nada).

Por la misma razón, caen los conceptos de «pueblo elegido» y «única religión verdadera»: porque cae el presupuesto (mítico y mental) en el que se apoyaba precisamente la misma comparación. Lo cual no significa olvidar la razón crítica, ni igualar todo en un irenismo amorfo, ni apostar por el relativismo… Nada de eso. Es algo radicalmente más profundo, nada menos que un «cambio de conciencia»: dejamos de ver las cosas desde la mente (y el yo: todas las religiones son religiones del yo) para empezar a percibirlas desde la Conciencia, que es no-separación. La mente sigue ocupando su lugar, continuamos apreciando las diferencias y discriminando lo que nos parece adecuado y lo que no… Pero todo ello lo hacemos ahora desde la «nueva conciencia» que ve en profundidad.

Esta es la visión de la espiritualidad genuina: una espiritualidad que, reconociendo la riqueza de las religiones y de los textos sagrados de las diferentes tradiciones, las trasciende. Una espiritualidad, por tanto, transreligiosa y transconfesional.

De ese modo, vamos abandonando la «estrechez» de la mente y nos podemos abrir a la Vida, a toda vida, reconociendo en ella a la Mismidad de Lo Que Es, que Jesús llamaba Abbá, y que las religiones han nombrado Dios.

CANTO A LA VIDA

(Jiddu Krishnamurti)

No tengo nombre,

soy como la fresca brisa de los montes;

no tengo asilo,

soy como las aguas sin abrigo;

no tengo santuario, como los dioses misteriosos,

ni estoy en la sombra de los templos solemnes;

no tengo sagradas escrituras,

ni estoy sazonado en la tradición.

No estoy en el incienso

que sube a los altares,

ni en la pompa de las grandes ceremonias;

tampoco estoy en la dorada imagen,

ni en el sonoro canto de una voz melodiosa.

No estoy limitado por teorías,

ni corrompido por creencias;

no soy esclavo de las religiones,

ni de la pía asistencia de sus sacerdotes;

no soy engañado por filosofías,

ni el poder de sus sectas me da nombre.

No soy humilde ni conspicuo,

ni apacible, ni violento;

yo soy el Adorador y el Adorado,

yo soy libre.

Mi canción es la canción del río

en su anhelo por los mares inmensos

divagando, divagando.

Yo soy la Vida…             

Ilustración: Christ Pantocrator, VIe siècle. Encaustique, 84 x 45,5 cm. Monastère Sainte-Catherine du Mont Sinaï, Mont Sinaï. Tomado de: Ernest Renan (2010) "Le Christ dans l´art". Parkstone Press, N.Y.  

29/09/2011:

https://www.feadulta.com/dar-fruto-ser-cauce/

Padre S. Martín: León despierta la fe en Francia mientras Alemania presiona para ordenar hombres casados.

https://www.youtube.com/watch?v=VJY3eMAe95Y

Papa León:
Cardenal Porras:
Padre Guzmán:
Monseñor Munilla:

jueves, 1 de octubre de 2026

Inspección ocular: arboleda


Los primeros días de septiembre del presente año, atestiguamos el talado paulatino de un gran árbol ubicado a la entrada del liceo Eduardo Crema (antes, de Aplicación), en la avenida Páez de El Paraíso de la ciudad capital. Podía caer sobre el inmueble educativo con las consecuencias del caso, además, ahora ocupado por refugiados del doble terremoto, aparentemente muy organizados, con gran presencia policial y de organismos públicos de apoyo; significativo, con cámaras de seguridad, una capa de pintura para la edificación y sendos policías acostados portátiles. Un hecho lamentable, se nos comentó que, al segundo o tercer día, murió un talador quizá por un chispazo eléctrico que no tuvo trascendencia: lo más probable, no era del oficio, no contaba con una confiable póliza de seguro, dejó al desamparo a la prole.

Hay un proceso de desarboladura de Caracas que termina integrándose a esa nueva normalidad ya vieja de la metrópoli siglo XXI cambalache. Empero, la cuestión está en el derribamiento por urgencia de los hermosos y centenarios árboles, después olvidados: puede preverse siempre el crecimiento y la dirección del árbol con una poda oportuna y especializada, nos imaginamos. Evidentemente, no ha ocurrido hacia arriba ni hacia bajo, porque la otra tala, dejado los restos mortales en las aceras, se debe al levantamiento excesivo del pavimento que un profesional del ramo sabe cómo tratar, precaver y resolver garantizando la sombra y el oxígeno de un también disputado hogar que el árbol adentro.

Fotografías: LB (CCS, 09/09/2026).

LB

miércoles, 30 de septiembre de 2026

Ejercicios gráficos para un par de textos sobre la Fuerza Armada


Referencia; José Ortega y Gasset (2025). “Mirabeau o el político.  Escritos políticos II (1920-1930)”. Alianza Editorial, Madrid. Diseño de colección: Estrada Design Diseño de cubierta: Manuel Estrada Fotografía de Javier Ayuso.

IA/lb.

martes, 29 de septiembre de 2026

¿Disparar a discreción?

Los enemigos de la transición

Luis Barragán

 Quizá pudiera parecer prematura una consideración en torno a los adversarios de la transición, cuyo proceso apenas esbozamos. Presumiéndola camino a la libertad y la democracia, mayor facilidad tenemos de identificar a sus enemigos naturales.

En efecto, es el enfermizo continuismo gubernamental el que maniobra angustiado por una supervivencia antes garantizada por las armas del patio. Ahora, bajo la inevitable vigilancia y supervisión de armas extranjeras que ojalá lo permitan, el cambio histórico ha de depender de la ciudadanía, de la sociedad civil organizada y de los ineludibles partidos que tienen contendores incapaces de reemplazarlos institucionalmente.

 Aceptemos, a medida que avance el proceso habrá quienes definitivamente lo acepten, aunque disientan de sus actores, reglas, costos, condiciones, oportunidades, institucionalidades sobrevenidas, grados de autonomía; y, a la inversa, aceptando en buena medida aquellas coyunturas previstas e imprevistas, no admitirán y avalarán sus resultados. De apelar a la nefasta moralina de costumbre, naufragando en jornadas de descalificación personal en lugar de los hechos políticamente delictivos, no lograremos distinguir entre la competencia leal, la rivalidad circunstancial, la disidencia creadora, soportes de un necesario y posible gobierno de unidad nacional de las fuerzas opositoras por un tiempo moderado, y la resuelta animadversión, el enconado odio, la intención de sabotear y dañar una distinta experiencia cívica.

La falta de precisión entre unos y otros, permitirá a la postre frustrar cualquier tentativa de transformación social en Venezuela, colado el enemigo existencial entre las filas democráticas, e, incluso, impidiendo una deseable evolución política e ideológica de las corrientes oficialistas. Cualquier inexactitud, puede dar ocasión a una entretenida sociología de los contrincantes de ociosa aplicación política en el nombre de un falso y postizo pluralismo que puede perder un dato vital: lo entendemos así, aun inconformes, el tutelaje estadounidensese inscribe en un arriesgadísimo conflicto superior que ya nos había convertido en rehenes de intereses de potencias geográfica y culturalmente distantes bajo la principalísima fiscalización cubana.

La identidad y clasificación definitiva de los actores de la transición proyectada, solo la dispensará el propio proceso que buscará – bajo una obvia disputa – definirse, caracterizarse, escenificarse, relacionarse en el contexto de una creciente libertad, pero también una lograda disciplina política de las fuerzas opositores que urgen superar una peligrosa fragmentación y compartir responsabilidades, y de las oficiales, oficialistas y oficiosas de una todavía bien (auto)censurada desintegración que la decadencia agravara: ¿acaso no constituyen un artificio levantado a la sombra de los poderes materiales y simbólicos del Estado?

La indispensable identidad del proceso la construiremos a través del libre debate público al que no debemos renunciar, lógicamente susceptible de voces portadoras de intereses ocultos, pero el asunto no se resuelve bajo una premisa emocional y moral, sino con un esfuerzo de estructuración de conductas fiables, consecuentes, correspondientes a través de las decisiones adoptadas, los incentivos generados, las presiones y tensiones reveladas, los pactos honrados, el cumplimiento de la palabra empeñada. Un enemigo de la transición no exige una declaración y un reconocimiento solemnes como el más ejemplar de los combatientes, sino que infiltra, interpone obstáculos, desnaturaliza, procura contaminar, como el buen quintacolumnista que igualmente hemos visto por todos estos años.


Acotemos, la defensa de la soberanía territorial puede formularse como un sincero testimonio de sentimiento patrio, pero asimismo convertirse en una coartada contra la transición a la que aspiran los venezolanos. ¿Cómo creer a quienes consintieron con antelación la penetración y permanencia de otras potencias y organizaciones criminales en el país?, por ejemplo.

Lo peor que pudiera ocurrir es ver al enemigo donde no lo hay ni está, gracias a la confusión generalizada que no siempre disipan los comunicados partidistas faltantes de claros lineamientos políticos y estratégicos. Importa y mucho, inicialmente, la reconquista inmediata de la libertad de expresión y la de prensa para afrontar una transición que definitivamente nos transparente ya hastiados de eufemismos.

A modo de ilustración, el doble fenómeno del militarismo y la antipolítica nos remite al papel que pueden cumplir la corporación castrense y la sociedad civil en un período excepcional como el que se avecina. Ambos pueden llevar a apuntalar como enemigo aquello que en realidad es un componente necesario de la reconstrucción política: la institución militar o los partidos. 

Ilustración: Mitt Roshin.

29/09/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/09/los-enemigos-de-la-transicion/

Caza de citas

“—Buscamos muchas cosas. —Se quedó callado un momento—. El aspecto de nuestro trabajo que tiene que ver con las anomalías es una investigaci...