lunes, 2 de noviembre de 2026

Trazo e ingenio

DE LAS ABSTRACCIONES ELOCUENTES

Luis Barragán

Quisiera contar con la ironía suficiente para referirme a la pérdida de humor político entre los venezolanos que, por cierto, modestos, nos tenemos por insignes jodedores de alto e inspirado vuelo. Empero, hay que andar con el único equipaje disponible y observar, por una parte, que el país que padeció las grandes y prolongadas dictaduras militares, supo de publicaciones como Fantoches, El Morrocoy Azul y, hasta en la era democrática, El Gallo Pelón, El Sádico Ilustrado y El Camaleón en el siglo XX; y, por otra, tuvimos o, mejor, ostentamos un elenco de ingeniosos ilustradores tanto  en el terreno de las ideas como en el del trazo mismo, cuya disminución en los medios públicos habla de la sostenida y eficaz represión y (auto)censura de la presente centuria.

Esto, lo que nos ha ocurrido en casi tres décadas, remite a un fenómeno del cual muy pocos se percatan: la febril banalización y simplificación de nuestros problemas que igualmente apuntan a la banalidad y simplicidad de las respuestas, disminuyendo en propiedad la capacidad colectiva de abstracción en nombre de la más grosera y baladí concreción. Todo tiende a reducirse a la maldad infinita de los actores políticos, por ejemplo, siempre con piedra en mano en lugar de la comprensión de aquellas condiciones objetivas y subjetivas que permitirían una mejor perspectiva para apreciar las realidades que vivimos y sus probables salidas.

El discurso chavista maniqueo y estigmatizador que, en el fondo, atribuimos a una terca resistencia frente a la quiebra del rentismo petrolero, llegó al reino de la caricatura política para ridiculizar procazmente al enemigo, perdiendo toda la capacidad simbólica, todo el poder metafórico, toda señal espontáneamente creadora, para definitivamente perder la ilustración misma como género artistico de opinión y debate. Lo peor es que la influencia se ha sentido en los predios de la oposición, pues, con las excepciones de rigor, la tendencia es hasta la de explicar textualmente la escena y de hacerla lo más figurativamente que sea posible: ¿anteriormente, cuántos códigos perdurables no crearon nuestros ilustradores o caricaturistas en el diario trajinar de la interpretación noticiosa y humorística?

Hoy, existe la ventaja de la IA que podría hacer el trabajo de una mayor abstracción para una concreta representación de lo que ocurre, pero no lo logra porque requiere del insustituible concurso creador del usuario.  El dispositivo digital es plásticamente demasiado convencional y, a menos que se pueda sostener una cuenta espaciosa y constantemente alimentada, la ocurrencia personal más o menos novedosa a aportar puede arribar a resultados gráficos impecables.

Se nota demasiado en las diarias publicaciones que emplean la IA para atrapar la atención de lector con una imagen determinada que lo conduzca al texto de opinión: la inclinación es a lo figurativo, a veces, bizantino, explícito, directo de la imagen.  Al hacer la prueba con una columna que versaba  en torno a la decisión reiterada del gobierno para adelantar las festividades navideñas, pidiéndole un poco de sarcasmo, la IA propuso alternativas como colocar a las principales figuras de liderazgo venezolano de gobierno y oposición alrededor de un gigantesco árbol con San Nicolás saludando, estilo dibujos animados, siendo lo más complejo que aportó. Y, poco después, le pedí algunas variaciones de una ilustración de Andrei Popov, cuya personalísima ocurrencia artística, tradujo en distintos formatos plásticos.

En otros ejercicios gráficos orientados a alcanzar una pieza que se refiriera a la Fuerza Armada, pendiente de dos o tres textos de una serie que la vinculase a la transición política deseada, le pedí una escena ajedrecística y el ensamblaje de un rompecabezas. No me satisfizo alternativa alguna hasta que recordé las viejas, meritorias e irrepetibles portadas o cubiertas de los libros de Alianza Editorial, hallando una en particular: la del libro de José Ortega y Gasset sobre Mirabeau que superaba con creces mi propuestas de peones y alfiles (https://apuntaje.blogspot.com/2026/09/ejercicios-graficos-para-un-par-de.html) .

La editorial, reconocida por diseñadores tan legendarios como Daniel Gil, Ángel Uriarte, Roberto Turégano, Lynda Bozarth Manuel Estrada de quien tomé una composición hecha sobre una fotografía de Javier Ayuso: suficientemente sugestiva, tenía en juego varias piezas de dominó, incluyendo las fichas ocultas, junto a una pluma fuente. Jugamos con la magnífica composición, añadiéndole unos blindados de guerra, una bandera de Venezuela, una cuerda, la referencia a un folleto de David Morán, y  le dimos – demás – una valoración matemática diferente a una ficha.

Por supuesto, hay límites de tiempo y de talento para graficar cada texto de opinión que, en ocasiones, va más allá de un esfuerzo meramente complementario. La ventaja es que la IA técnicamente puede traducir cada ocurrencia en una pieza fotográfica, pictórica o escultórica de una escuela artística hasta desconocida, aunque jamás ideará lo que el usuario no aporte, insinúe, sugiera u ordene.

Respeto a las secciones digitales de opinión, hay textos ilustrados que parecen ejercer una mayor atracción del lector y, cuando ocurre, apreciamos que  la atracción es por un natural convencionalismo plástico propio de una sociedad (auto)censurada, reprimida, desescolarizada, a caballo entre lo gótico y pop-art, decididamente y militantemente figurativa. Quizá, por citar un remoto periódico, hoy sería intragable una ilustración de Alonso, Eneko, Ernesto, Peli, Palacios para Economía Hoy de los años noventa del veinte, sumándole el dibujo de un paquete de variadas presentaciones, estilos y contenidos, asociado a las otrora medidas de ajuste económico y reforma estructural: una abstracción necesaria, rica en sugerencias, implícita respecto a las políticas implementadas esde la dirección del Estado.

Ilustración: Andrei Popov.

02/11/2026:


domingo, 1 de noviembre de 2026

Caza de citas

“—Fue como recordar un sueño. Como intentar retener agua en el puño. Cuando fui saliendo de... de la niebla... y volví a sentirme parte de la realidad, aquellos recuerdos me parecían muy lejanos”

J. D. Barker – James Patterson

(“La escritora”, RBA, Barcelona, 2026: 180)

Ilustración: Gino Severini.

Noticiero retrospectivo

 

- Entrevista a Helena Fierro. 2001, Caracas, 16/03/1978.

- José Vicente Rangel. “¿Qué reforma del Estado?”. El Universal, Caracas, 20/06/84.

- Ramón Vicente Casanova. “El deterioro de la identidad nacional”. El Nacional, Caracas, 16/03/80.

- Jóvenes astronautas de COPEI plantean debate ideológico. El Nacional, 06/11/72.

- “Universidad; un allanamiento vandálico injustificado”. Qué Pasa en Venezuela, Carcas, N° 16 del 23/05/64.

Reproducción: Jóvito Villalba y el redactor Gustavo Herrera en la fotografía de Márquez. El Universal, Caracas, 16/01/1971.

La urgencia gubernamental

EL PRETEXTO DE UNA LEY PARA RETARDAR LA TRANSICIÓN EN Y DESDE LA UNIVERSIDAD VENEZOLANA

Luis Barragán

Aceptemos, no requerimos de una superespecialidad para intuir y saber de los problemas de ingobernabilidad y falta de gobernanza que padecemos. Precisamente, problemas que obligan a una transición pacífica y democrática, aspirada por las grandes mayorías, frente al reacomodo gatopardiano de la terca minoría continuista con casi treinta años consecutivos en el poder.

Ha surgido la ministerial idea y línea política de una presunta reforma de la ley de universidades que corrobora la justificada desconfianza generada: presunta, porque hay que hacerle el trabajo al ministerio de Educación Universitaria que no tiene proyecto alguno que proponer, y, en nombre de la participación protagónica o de lo que fuere, el aparato partidista que llaman constituyente universitaria exclusivamente se encargará de conseguir la fórmula química, alquímica u homeopática para intentar correr la arruga lo más que se pueda. Sin embargo, así ha sido siempre el estilo legislativo, el gobierno sacará de la vieja chistera el papel de trabajo de todas sus conveniencias y, prometiendo hacer lo que nunca ha hecho, jurará también resolver con el bullicio un problema ineludible, inmediato, real y de fondo que tiene: la transición con todas sus letras.

Nada tan significativo que la titular de la cartera ministerial sea, al mismo tiempo, parte de la consabida mesa de diálogo o negociación. Sin embargo, su prioridad es empujar lo más lejos que se pueda el inoportuno debate de una ley en lugar de enderezar el barco hacia la transición que es para el más rancio oficialismo secundaria y prescindible, faltando toda humildad para reconocer sus errores.

Los famosos tanques de pensamiento del oficialismo, cuales constituyentes universitaria, laboral o de lo que se les ocurra, constituyen un extraordinario recurso de propaganda así nunca hayan partido una idea aunque fuese mediamente novedosa.  Resaltan dos experiencias que arrojaron importantes lecciones sobre la incapacidad, incluso, de gobernar: la Ley de Educación Superior de 2010 que, colosalmente cuestionada, aún entre los suyos, forzó a Hugo Chávez a sacarla de circulación, y la Constitución de 2017 o 2018 que nunca se hizo, pues el interés suficientemente demostrado era el de reforzar el madurato cuestionado masivamente en las calles..

De modo que, tratándose de democracia participativa y protagónica, si la idea es la de dar e intensificar el debate, es preferible que el ministerio propulse uno que hable de gobernabilidad y de gobernanza para ayudar a la transición que tarde o temprano llegará, o, por lo menos, al reacomodo que les urge. Y no es otro que la discusión del proyecto de Ley de Presupuesto de 2027 que ha consignado el Ejecutivo Nacional en el - o su – parlamento un par de semanas atrás, en lo referente a la educación y, específicamente, educación superior. Huelga comentar que la costumbre, no otra que la de polemizar, se ha perdido justo en este siglo, cuando se muy antes supimos de las cifras presupuestarias planteadas, de los sectores interesados – aunque no los convocaran – en una materia tan crucial, de los propósitos explícitos e implícitos y, disculpen que lo expresemos, de la existencia de los propios integrantes de un parlamento plural capaces de  suscitar el interés de la opinión pública respecto a los reales del Estado, al gasto público, a la calificación y verificación de ese gasto, etc.

Lo hemos referido en ocasiones anteriores, el foro parlamentario puede ayudar y ayuda a sincerar y actualizar un diagnóstico de todos y cada uno de los sectores involucrados, añadida la evaluación objetiva de las capacidades o discapacidades alcanzadas por el Estado. Los especialistas en la materia, los gremios, sindicatos, empresarios, ¡todos!, tienen algo que decir sobre un asunto que trasciende la mera coyuntura de nuestros tormentos.

En lugar de la minusculizada ley de universidad que la pretenden un asunto de urgencia, dos debates resultan impostergables para salir del círculo vicioso de la ingobernabilidad que se traga al gobierno y este desea que se trague al resto del país con él: la transición y la propuesta presupuestaria para el ejercicio fiscal de 2027. Concretamente, ¿el estudiantado y el profesorado del aula superior en Venezuela pueden ser indiferente recreándose en lo insustancial, o se atreven a meterle el diente al gravísimo asunto que padecen junto a todo el país?

Fotografías: LB (CCS, 13/11/2023).

Composición: lbIA

01/11/2026:

https://lapatilla.com/2026/11/01/el-pretexto-de-una-ley-para-retardar-la-transicion-en-y-desde-la-universidad-venezolana/

"... Experiencia de unidad con Dios es la que les permitió desidentificarse de su yo"

LAS BIENAVENTURANZAS EN CLAVE DE SABIDURÍA

(San Mateo, 5: 1-12a)

Enrique Martínez Lozano

El llamado «Sermón de la Montaña» es el primero de los cinco grandes discursos de Jesús que encontramos en este evangelio. Mateo, fiel a su intención de presentar a Jesús como el «nuevo Moisés», recopila la enseñanza del Maestro de Nazaret en cinco bloques, como si de un nuevo Pentateuco –los cinco libros de la Torá atribuidos a Moisés- se tratara.

Los otros cuatro discursos son los siguientes:

  • ·       el misionero (9,36-11,1),
  • ·       el parabólico (13),
  • ·       el comunitario o eclesial (18)
  • ·       y el escatológico (24-25).

Este primero ocupa tres capítulos (5-7), constituye la «perla» del evangelio de Mateo y se abre con la proclamación de las bienaventuranzas.

Siempre de acuerdo con su proyecto, el autor presentará un escenario lleno de reminiscencias importantes para el pueblo judío, pues evoca la proclamación de la Ley de la alianza por parte de Moisés, tal como se narra en el Libro del Éxodo (19-24). Y eso ya desde el mismo inicio. Palabras tales como «gentío», «montaña», «maestro sentado que enseña», «discípulos»… están haciendo referencia, en la intención de Mateo, a la constitución del «nuevo Israel», sobre la base de la palabra de Jesús.

En ese sentido, podemos recibir las «Bienaventuranzas» como las actitudes características de esa novedad; la propuesta de un nuevo estilo, alternativo a la cultura dominante, que nace de una comprensión profunda de lo que somos. Por eso, no deben entenderse en clave «moral» –como si constituyeran una serie de mandamientos o exigencias-, sino en clave de «sabiduría», como llamada a despertar y a crecer en aquella misma comprensión de la que hablaba.

Quien se expresa aquí es un hombre sabio, alguien que «ha visto» y, por eso mismo, puede ayudarnos a «ver». Leídas en esta clave, nos será fácil percibir la verdad de su contenido y la vida que ofrecen.

Es sabido que, a diferencia de Lucas –que habla de situaciones: los que son pobres, los que sufren, los que lloran…-, Mateo se refiere a actitudes, es decir a modos de situarse ante la realidad. En el primer caso, se subraya que Jesús se pone del lado de quienes sufren, ofreciéndoles la cercanía de Dios y una promesa de salida de su situación dolorosa.

En este segundo, se muestra un «modo de ver y de vivir» coherente con nuestra identidad más profunda, que constituye, por eso mismo, el camino de la dicha o bienaventuranza. No hay que olvidar que, en la mentalidad semita, las bienaventuranzas no son promesas de salvación para el futuro, sino proclamación de felicidad ya para el presente… Una felicidad a la que accedemos en la medida en que nos reconocemos en quienes realmente somos, saliendo de los engaños en los que nuestra mente (el ego) –debido a su visión estrecha- nos introduce con tanta facilidad.

Por eso, no sólo no es casual que la propuesta empiece hablando de los «pobres de espíritu», sino que ahí se encierra la clave para comprender todo el conjunto. Sólo quien se percibe y vive de ese modo puede comprender y vivir todo lo que sigue. Más aún: el resto de las bienaventuranzas no son sino una descripción de quien es «pobre de espíritu». ¿Qué se está indicando, pues, con esa expresión?

En la Biblia, los «pobres según el Espíritu» son los anawim, las personas que viven una actitud hecha a la vez de humildad, paciencia y mansedumbre: de hecho, aquel término bíblico designa tanto a los «pobres» como a los «mansos». Son aquéllos que se dejan hacer por el Espíritu; tienen cosas, pero no las poseen, no las agarran como suyas, no se las apropian. Eso es lo que les permite tener el corazón «des-ocupado», y eso es lo que hace posible que Dios pueda «reinar» en ellos.

Al tratarse de una actitud, se está indicando que es una opción: «pobres de espíritu» son –en la acertada traducción de Juan Mateos- «los que eligen ser pobres».

De modo que la bienaventuranza podría quedar formulada así: «Felices los que eligen ser pobres, porque sobre ellos Dios puede ejercer su reinado». Es decir, dejan que Dios actúe en ellos, convirtiéndose así en «cauce» a través del cual Dios, el Misterio de Vida y de Amor, se manifiesta y fluye.

Pero esa forma de vida no puede nacer del voluntarismo, sino de la comprensión adecuada de quienes somos. Y es ahí justamente adonde apunta esta bienaventurzanza básica. Elegimos ser pobres cuando conocemos nuestra identidad. Veámoslo más despacio.

«Pobre de espíritu» es aquél que no se identifica con ninguna «forma», sea material o mental. No se identifica, por tanto, con su yo (una forma más). Por el contrario, vive la desapropiación, porque ha comprendido que su verdadera identidad está «más allá de cualquier forma».

Es precisamente esa comprensión la que le hace vivirse desapropiado, libre y pleno. No se identifica con el yo ni con sus vaivenes, no está a merced de lo que pueda o no ocurrir, no se afana en la persecución de «formas» en las que creería encontrar la felicidad, no gira en torno a sí mismo de un modo egocentrado…

Ve las formas como lo que en realidad son: objetos. Los pensamientos, sentimientos y emociones los percibe también como formas pasajeras,que aparecen y desaparecen en el campo de la conciencia. El propio «yo» es otra forma más, con la misma volatilidad e impermanencia que las anteriores.

La bienaventuranza viene a decirnos que quien vive identificado con esas formas no podrá experimentar lo que es el «reino de los cielos». Y eso no por un castigo divino, sino porque el «reino del yo» y el de «los cielos» se excluyen entre sí.

¿Qué es el «reino de los cielos»? En el contexto en el que venimos hablando, bien podríamos traducir esa expresión –central en el mensaje de Jesús, y dotada de múltiples significados convergentes, según las perspectivas que adoptemos: individual, social, espiritual…- por Plenitud. Una plenitud que incluye Vida, Alegría, Amor, Paz, Unidad… y que se experimenta únicamente en el presente; o mejor aún, cuando descubrimos que somos Presencia.

Esa es la plenitud que vive el «pobre de espíritu». Porque, desidentificado de su yo, viviendo en el presente, se percibe a sí mismo como Presencia. Del mismo modo que el presente no es un tiempo más, entre los imaginarios pasado y futuro, sino el Espacio en el que todo ocurre, la Presencia no es algo que pueda ser pensado o delimitado, sino la Conciencia que es –y somos, como nuestra identidad más honda.

Leído en clave religiosa, los «pobres de espíritu» han vivido «pegados» a Dios, en quien han encontrado el Descanso que se ha traducido en una vida siempre confiada. Su experiencia de unidad con Dios es la que les permitió desidentificarse de su yo.

Leído hoy en una clave más ampliamente espiritual, los «pobres de espíritu» son quienes se saben, se comprenden y se viven constituidos por el Misterio inefable que las religiones han llamado «Dios». Anclados en esa Identidad compartida –somos diferentes pero somos Lo mismo-, se experimentan como la Presencia atemporal e ilimitada, ecuánime y amorosa; han caído en la cuenta de que no tienen una vida a la que aferrarse o defender, sino que son la Vida que se expresa en una forma concreta; se descubren así viviendo ya en el «reino de los cielos», como el propio Jesús.

(A quien le interese releer las bienaventuranzas en esta clave, puedo sugerirle el capítulo «Las Bienaventuranzas: mensaje de sabiduría y llamada a despertar» que escribí en el libro: Recuperar a Jesús. Una mirada transpersonal, Desclée de Brouwer, 2010).

Ilustraciones: Wang Suda. 

27/01/2011:

https://www.feadulta.com/las-bienaventuranzas-en-clave-de-sabiduria/


Padre S. Martín: León XIV. Iglesia de Argelia. Diálogo. 


Papa León: 
Monseñor Biord:
Padre S. Martín:
Padre Guzmán:
Padre J. Martín:
Monseñor Munilla:

sábado, 31 de octubre de 2026

Cañones de tinta

¿UNA UNIVERSIDAD CONTRA LA REPÚBLICA?

José Rafael Herrera

La pretensión de implantar una nueva Ley de Universidades en Venezuela aparece en uno de los momentos más críticos de su historia contemporánea, justo cuando las instituciones republicanas se han vuelto prácticamente inexistentes, cuando la vida pública ha sido sometida a su mayor degradación y cuando la propia idea de nación parece haber perdido por completo su capacidad para orientar un destino común. A la sombra de semejante paisaje, no deja de ser significativo que un poder satrapizado pretenda redefinir la naturaleza y función de la universidad, especialmente cuando se trata de la institución que —para bien o para mal— ha sido nada menos que la artífice política, moral e intelectual del país, por lo menos desde 1810.

Que haya sido de la universidad que surgiera la Idea de la Nación venezolana, es decir, que de su seno surgiera la realidad objetiva del país en su totalidad, comprendido como el despliegue del Espíritu de su pueblo, no solo es un hecho absolutamente original sino, tal vez, inédito. Es la actio mentis, el saber autoconsciente y sistemáticamente comprendido, puesto al servicio de la construcción de la sociedad. Porque la cuestión no consiste únicamente en determinar quién gobierna sus instituciones o cómo se organizan sus estudios. Lo que está en juego acá es algo más profundo: se trata del lugar que ha ocupado históricamente el pensamiento en la constitución de la realidad efectiva, no del “estado 51”, sino de esta Tierra de Gracia.

La Universidad Central de Venezuela no fue solamente una institución destinada a preparar profesionales, técnicos o “especialistas”. A lo largo de su historia, constituyó uno de los espacios desde los cuales se elaboraron las ideas que hicieron posible imaginar, discutir, disputar, interpretar y hacer efectiva la existencia de Venezuela como comunidad política y social. Claro que su historia no está exenta de contradicciones, silencios o insuficiencias; pero precisamente por eso debe ser comprendida históricamente. La universidad no se encuentra fuera de la sociedad que ella produjo: participa, porque forma parte integrante de sus conflictos, expresa sus límites y, sin duda, puede contribuir a superarlos. Por lo demás, su responsabilidad republicana consiste, entre otras, en hacer inteligibles las contradicciones de su tiempo.

Reducirla a una corporación dedicada a suministrar técnicos al mercado de trabajo supone, por tanto, alterar su sentido y significado. Sin duda, la formación profesional es indispensable, pero no agota la misión universitaria. Un tecnológico es una cosa, una universidad es otra cosa. La sociedad necesita médicos, ingenieros, abogados, economistas, etc. Pero, además, necesita que quienes ejerzan esas profesiones comprendan, con conocimiento de causa, las condiciones históricas dentro de las cuales actúan, los fines a los que sirven y las consecuencias de sus decisiones. El conocimiento especializado no sustituye el juicio acerca de la sociedad. Y cuando se separa de él, puede convertirse fácilmente en un instrumento eficaz para dar cumplimiento a fines inconfesables, cuya naturaleza, no pocas veces, se ha prohibido examinar.

La universidad tiene una responsabilidad que no se confunde con la imposición de una determinada doctrina ideológico-política. Le corresponde contribuir a la formación del Ethos republicano: ese conjunto de disposiciones, convicciones y capacidades mediante las cuales una sociedad reconoce los asuntos comunes como propios y comprende que la vida pública no puede reducirse a la obediencia, al interés privado o a la administración de necesidades inmediatas. No se trata de adoctrinar ciudadanos, sino, todo lo contrario, de formar personas críticas y autónomas, capaces de juzgar, discutir y asumir responsabilidades. Una República que renuncia a esa formación termina entregando sus decisiones a quienes pretenden ejercer el poder sin tener que dar razón de él.

En este punto, por cierto, resulta decisiva la comprensión de la función de la autonomía universitaria. No se trata, como se ha pretendido hacer ver, de un privilegio gremial ni una simple prerrogativa administrativa. Es la condición sine qua non que permite a la universidad determinar qué problemas merecen ser investigados, someter a examen las verdades establecidas y cuestionar las decisiones del poder, incluidas aquellas que afectan a la sociedad y, por consiguiente, a la propia institución. Una universidad que no puede interrogar a la autoridad deja de ser plenamente una universidad: se convierte en una dependencia pasiva, encargada de ejecutar fines que otros han decidido. La heteronomía comienza cuando la institución pierde la capacidad de resolver las preguntas que ella misma ha formulado.

Es por eso que conviene distinguir entre un profesor universitario y quien ha quedado reducido a la función “docente”, o sea, la de transmitir contenidos. La docencia es sin duda una tarea fundamental, pero la vida universitaria exige la integración de investigación, docencia y extensión. El profesor investiga porque el conocimiento no es un depósito de preceptos o de fórmulas concluidas; gracias a lo que investiga enseña, porque el pensamiento debe exponerse, confrontarse y ponerse a prueba; y por esa razón se vincula con la sociedad, porque el saber no puede permanecer indiferente ante la realidad política, social e histórica que le da sentido. El conocimiento que no se extiende más allá de las aulas es un conocimiento impotente. Pero, además, separadas entre sí estas funciones se empobrecen. La docencia sin investigación corre el riesgo de repetir respuestas envejecidas; la investigación sin extensión se encierra en sí misma; y ambas, desvinculadas de los problemas colectivos, terminan convertidas en ejercicios propicios para la esterilidad. Un profesor universitario no es un teacher: es un professor.

La experiencia de las universidades creadas o impulsadas por el régimen chavista merece ser examinada desde esta perspectiva. No se trata de descalificar en bloque a sus profesores ni a sus egresados, sino de evaluar las condiciones institucionales de su funcionamiento, la calidad de la formación impartida, la libertad académica, la producción de conocimiento y la posibilidad efectiva de la crítica. Una política universitaria no se mide por el número de instituciones inauguradas ni por la cantidad de títulos expedidos, sino por su capacidad para formar profesionales competentes y ciudadanos moral e intelectualmente autónomos. Cuando la expansión de la matrícula no va acompañada de condiciones adecuadas para investigar, enseñar y evaluar con rigor, las cifras pueden ocultar una grave insuficiencia formativa.

La paradoja se vuelve aún más evidente ante el desarrollo de la inteligencia artificial. En un mundo donde numerosas tareas rutinarias de procesamiento de información podrán ser automatizadas, una universidad que se limite a transmitir contenidos y adiestrar ejecutantes estaría renunciando, precisamente, a aquello que más se necesita. La formación superior no puede consistir en preparar individuos para repetir operaciones que las máquinas realizan cada vez con mayor eficacia. Su tarea es formar capacidades de y para el juicio: la comprensión de problemas, el establecimiento de relaciones, la evaluación de consecuencias y la deliberación sobre los fines que deben orientar el uso del conocimiento. La inteligencia artificial no vuelve innecesaria a la universidad. Por el contrario, hace más urgente la necesidad de que no abdique ante la responsabilidad de seguir pensando, de generar ideas y valores.

Pero esa responsabilidad solo puede cumplirse donde existe libertad para pensar. No hay autonomía sin posibilidad de crítica, ni crítica sin la disposición a examinar, incluso, aquello que una autoridad presenta como indiscutible. Por eso las universidades le resultan tan incómodas a los promotores de la barbarie de la reflexión. El poder que teme ser examinado procura sustituir el juicio por la obediencia y la formación por el adiestramiento. De ahí que la disputa por la universidad no sea un asunto sectorial. Concierne en las condiciones en las que una sociedad se puede reconocer como comunidad política y reconstruir sus estructuras institucionales.

Una República no se sostiene únicamente mediante leyes, elecciones o estructuras administrativas. Requiere, además, de ciudadanos capaces de comprender el mundo común, instituciones que no se sometan a los intereses del poder y espacios donde las ideas puedan confrontarse libremente, sin recibir de antemano una sentencia. La universidad no garantiza por sí sola estas condiciones, pero su debilitamiento hace mucho más difícil poder alcanzarlas.

La pregunta decisiva, entonces, no es si Venezuela necesita reformar su Ley de Universidades, con el premeditado objetivo de mutilar la posibilidad de formar ciudadanos, gente pensante. Toda institución histórica debe examinar sus insuficiencias y transformar sus prácticas. La pregunta es si esa transformación pretende ampliar las capacidades para que la universidad pueda pensar el país o para reducirla a instrumento subordinado, es decir, enajenarla de sus propios fines. En una sociedad urgida de reconstrucción, trastocarla en una corporación de intereses para la formación técnica de individuos significaría desmantelar uno de los espacios desde los cuales esa reconstrucción podría concebirse. Nunca se debería olvidar que los griegos definían a quienes solo se interesaban por sus propios intereses como idiotas. Además de premeditado y alevoso, resulta ser muy triste el intento de convertir la institución que históricamente ha construido y reconstruido el país en una fábrica de idiotas.

Si Atenea nació de la cabeza de Zeus, Venezuela nació de la cabeza de Atenea. Tal vez sea por eso que el país posee ese fascinante aroma de mujer. Y quizá sea esa la razón que permite explicar por qué su gentilicio se siente tan orgulloso de sí, por qué es tan espléndido, a veces tan atrevido y, no pocas veces, un tanto pretensioso. La verdad sea dicha: sus motivos no son pocos. De ahí que cuando las Repúblicas pierden su capacidad de pensarse, de revisarse, la universidad tenga la obligación de ser el lugar desde donde esa capacidad se sostenga con sentido enfático. Si, por el contrario, se la obliga a renunciar a la crítica y a obedecer los planes que el poder le impone, la reforma puede terminar siendo un motivo para la transgresión de lo que se pretende organizar. La cuestión de fondo no consiste en saber qué tipo de universidad requiere Venezuela, sino si Venezuela podrá conservar las condiciones éticas y conceptuales necesarias para volver a ser una República.

Ilustración: lbIA.

31/10/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/10/una-universidad-contra-la-republica/

viernes, 30 de octubre de 2026

Claridad educativa

UNA HISTORIA VENEZOLANA

Ramón Guillermo Aveledo    

La Universidad Monteávila invita a jornada académica en homenaje a su Rector fundador, Enrique Pérez Olivares, escojo revisar su gestión como Ministro de Educación. Los venezolanos necesitamos repasar esa historia para afrontar con confianza en nosotros mismos los retos nuevos.

Cuando el Presidente Caldera lo designa tiene treinta y nueve años de edad y es Decano de Derecho en la UCV. Sustituye a Héctor Hernández Carabaño, a quien rinde homenaje en su Memoria y Cuenta de 1972 y califica de “ilustre antecesor” en la última. Justicia con una figura muy distinguida y respetada del siglo XX venezolano por su trayectoria pública, privada y académica.

Es complejo el cuadro político y social. Un gobierno sin mayoría parlamentaria, el primero democráticamente alcanzado por un partido desde la oposición. Su política de pacificación, apertura a la reconciliación y la incorporación a la democracia de sectores que se habían separado al tomar la lucha armada, trae en éstos secuelas de discusiones y desmembramientos. La mayoría decidida por la vía de la paz democrática, otros se resisten a cambiar. En 1966 del PCV se va el PRV-Ruptura. A su legalización en 1969, siguen debates internos. Se abre el MAS en 1971 y previo a las elecciones de 1973, Vanguardia Comunista. En el MIR, diferencias y sucesivas separaciones. Unos van al PRIN en 1968, en 1970 aparece Bandera Roja, OR-Liga Socialista y entre el MIR-Américo que muta en Nueva Alternativa y el MIR-Moleiro que se fusiona en el MAS.

Las universidades, escenario clave para la acción política de la izquierda, vivero de su creación intelectual serían también teatro de sus contradicciones. El Mayo Francés de 1968 y el pensamiento de Marcuse, inspiran la llamada “renovación académica”.

Sin rostro, en Caracas aparecen graffitti anarcoides del “Poder Joven” y se multiplican las protestas de una Federación de Estudiantes de Educación Media sin representatividad formal, dirigida por militantes de la JC (luego J-MAS). En la Ciudad Universitaria de Caracas y en las residencias estudiantiles de la ULA siguen reductos de la fracasada lucha armada. En octubre de 1969 el gobierno interviene la UCV, se reforma la Ley de Universidades, se designan autoridades provisionales. El conflicto pica y se extiende.

Pérez Olivares tiene doble mandato: lidiar con el difícil cuadro para recuperar la convivencia universitaria y llevar adelante el compromiso de una reforma educacional profunda. Capacidad de diálogo y vocación transformadora le ayudan a salir airoso de una y otra tarea.

Nada se improvisa en la reforma educativa. Pensamiento claro desde la promesa electoral y sentido de Estado del IV Plan de la Nación. Universalizar progresivamente el pre-escolar, llevar a nueve años el mínimo educativo nacional, ciclo básico común, ciclo diversificado, democratizar, diversificar y regionalizar la educación superior, transformar en la educación de adultos, disminuir la desigualdad en la educación rural, ampliar de la educación especial, programa nacional de lectura, teleducación, aprovechamiento de la cooperación internacional. Al final, más planteles, más docentes mejor atendidos, más estudiantes a todos los niveles y cada año más presupuesto. Leer las tres memorias y cuenta impresiona por la visión, el afán de servir y el rigor para pensar y hacer.

Gráfica: Enrique Pérez Olivares, tomada de la revista Semana, Caracas, 1969.

28/10/2025:

https://www.opinionynoticias.com/opinioneducacion/45145-una-historia-venezolana

Trazo e ingenio

DE LAS ABSTRACCIONES ELOCUENTES Luis Barragán Quisiera contar con la ironía suficiente para referirme a la pérdida de humor político ent...