EN CONSTRUCCIÓN
Vatican News tiene como lectura a san Mateo para el 14/06/2026:
https://www.vaticannews.va/es/evangelio-de-hoy/2026/06/14.html
Pare S. Martin:
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https://www.vaticannews.va/es/evangelio-de-hoy/2026/06/14.html
Pare S. Martin:
MI EXPERIENCIA DOCENTE CON LA IA
Este es el año en que sentí que la inteligencia
artificial (IA) llegó con más fuerza a mis aulas de clase. No soy de las
profesoras que prohíbe su uso; es absurdo intentar prohibir lo que no se puede
controlar y ya forma parte de nuestro día a día. Tampoco hablaría bien de mí ir
en contra de la tecnología. Sin embargo, creo firmemente que debemos aprender a
usarla como lo que es: una herramienta, nunca un sustituto de nuestra labor
intelectual.
He dedicado varias sesiones de clase a explicar su uso
correcto. La IA es un excelente recurso para pulir la redacción, corregir el
formato de las citas según los distintos métodos, hacer una revisión preliminar
de autores sobre un tema determinado o sintetizar ideas. Por supuesto, su
empleo debe ser debidamente acreditado, y la mayoría de los estilos
reconocidos, como las normas APA o Chicago, ya prevén reglas para ello. No
obstante, la búsqueda y validación de fuentes, la elaboración del esquema de
desarrollo y la formulación de una opinión crítica sobre un punto en particular
constituyen un trabajo intelectual insustituible.
En mis clases siempre advierto a los estudiantes que,
dado que los detectores de IA no son infalibles, si sospecho de un uso abusivo
o errado de la herramienta, les concederé la oportunidad de defender oralmente
su trabajo. Al momento de evaluar, tomo en consideración varios elementos más
allá del fondo del asunto: la participación en clase, la redacción y la
bibliográfica, entre otros. Si noto una escasa o nula participación en el aula,
pero me encuentro con un trabajo impecable, perfectamente fundamentado y
plagado de esas palabras cursis y rimbombantes propias de la IA,
definitivamente convocaré al alumno a una defensa oral.
Este año viví dos experiencias que me dejaron grandes
lecciones. Tuve ante mí dos trabajos formalmente buenos. Uno de ellos empleaba
un lenguaje poco común, utilizando expresiones como “la fractura de la
ontología del patrimonio”. Aunque un profesional puede escribir así, la
sofisticación del texto no se correspondía con el desempeño durante el
semestre. Quise comprobar si la estudiante, en la reunión que programamos por
Meet, sostendría el nivel de lo que había leído. Cuando le pregunté a qué se
refería con esa frase, no supo precisar el sentido, alegando que no tenía el
documento enfrente. Intenté facilitarle la tarea con una pregunta más básica y
directa: ¿qué es la ontología? Tampoco supo responder. La frase estaba bien
construida —tal vez demasiado bien para mi gusto—, pero el problema de fondo
era que la estudiante desconocía por completo el significado de lo que había
presentado como propio.
El otro trabajo citaba la obra más conocida de Robert
Nozick, Anarquía, Estado y Utopía. Salvo en un foro muy especializado en
filosofía política, este no es un libro que aparezca comúnmente citado. Al
principio pensé que podría tratarse de una maravillosa excepción —las he visto
en mi carrera—, pero como era una alumna que solo se había conectado dos o tres
veces durante el semestre, dudé. Durante la entrevista, demostró que hablaba
bastante bien y dominaba una parte de su entrega: aquella sección que ya había
sido (o podía ser) parte de un trabajo para otra materia. Sin embargo, carecía
por completo del componente filosófico de mi asignatura. Al preguntarle por qué
había citado ese libro en particular, recibí respuestas ambiguas, así que le
pregunté directamente qué entendía por anarquía. Su respuesta fue completamente
errada. La anarquía no es ilegalidad, anomia o caos, como comúnmente se suele
definir; la anarquía es la descentralización de la toma de decisiones.
En este segundo caso, el uso errado de la IA fue más
sutil, pues se enmascaró detrás de la experticia que otorgan otras disciplinas.
Pero ¿qué pensarían ustedes de un investigador que cita un libro, sin conocer
al autor ni el concepto de la palabra clave que define el título de la obra?
En ninguno de los dos escenarios se realizó la labor
intelectual mínima que exige un ensayo. Escribir implica un proceso de búsqueda
donde lo recomendable es acudir a las fuentes primarias, exige manejar los
textos, conocer al autor y su obra —no necesariamente de forma exhaustiva, pero
sí lo suficiente para integrarlo con coherencia— y, aunque parezca obvio, tener
plena consciencia de lo que se escribe.
Estamos en un momento de transición y aprendizaje en
el uso de estas tecnologías. Es un proceso de ensayo y error que nos exige
mucho más, tanto a docentes como a estudiantes. Siento que la enorme facilidad
que ofrece la IA nos presenta la tentación constante de abandonar el ejercicio
de nuestro músculo intelectual.
En mi caso, considero que el breve ensayo, aunque sea
una forma tradicional de evaluación, sigue siendo una herramienta sumamente
valiosa. La escritura es la expresión viva del pensamiento: permite incorporar
los elementos de la materia —ya sea para respaldarlos o para debatirlos— y
expone con claridad si el estudiante supo utilizar adecuadamente sus
herramientas metodológicas, incluida la propia IA.
La IA no es perfecta; de hecho, alucina. Sin embargo,
el mayor riesgo no es técnico, sino humano: que nos rindamos completamente ante
ella y desaparezcamos del proceso intelectual que supone investigar. Esa es,
hoy por hoy, mi mayor preocupación.
07/06/2026:
https://www.elnacional.com/columnas/2026/06/mi-experiencia-docente-con-la-ia/
Fotografía: LB, "Techno humanidad" de Josué Benjamin (Caracas, 31/05/2026).
LA CAÍDA DEL CHAVISMO AMARILLO
El chavismo ha representado la resistencia de los
distintos sectores sociales que todavía no aceptan la quiebra del modelo
rentista en nuestro país convirtiendo la opción socialista en toda una hazaña
de la dependencia. Ha propiciado una economía de puertos y la ha profundizado
con la realización masiva de una mercadería lícita e ilícitamente importada
para consagrar el empleo precario al mismo tiempo que monopoliza la dirección
del Estado con la pretensión de fusionarlo con el principal partido de
gobierno. Sin embargo, ya ha cumplido un ciclo semejante a otros de nuestra
vida republicana, experimentando una penosa decadencia que arrastra o pretende
arrastrar al resto de la población en su agonía.
El liberalismo amarillo en el siglo XIX, abordado en
una extraordinaria obra de Ramón J. Velásquez, efectivamente cayó por una
descomposición interna del guzmancismo, la aparición y lucha de facciones, la
incapacidad ya manifiesta de integrar a los factores regionales, la descomunal
corrupción y el empuje de las fuerzas emergentes. Había denunciado los grandes privilegios
oligárquicos, la exclusión política y el centralismo conservador para consagrar
después una nueva élite y ejercer una mayor concentración del poder con un
desorbitado patrimonialismo.
Sabemos de las distancias históricas, pero bien vale
la metáfora en la Venezuela actual: el chavismo despuntó denunciando la
partidocracia, la exclusión social y la corrupción en voz rebelde para derivar
en la feroz hondura de un autoritarismo que se dice cínicamente participativo y
protagónico, el impune saqueo de las arcas públicas y las extravagancias ya
inocultables de los grupos privilegiados que nos enmudecen de asombro.
El insigne historiador tachirense bien observó el
agotamiento interno de los liberales, el desgaste de una hegemonía y la pérdida
de legitimidad, la burocratización y las luchas faccionales entre las ruinas de
la nación. Por estos días, ya revientan las costuras de un oficialismo con
diferencias solamente atajadas por el presupuesto público, que teme a la
potencia extranjera que lo desafió en la casa que también la hicieron propia
otras potencias expulsadas, políticamente derrumbado que dirá esperar por lo
que se conoce como justicia transicional con la lejana idea de una futura
subsistencia pública.
Parecía imposible que alguien osara borrar la estampa
militar de Chávez en un centro comercial ubicado en Quinta Crespo de la ciudad
capital con el curioso nombre de Cipriano Castro, pero el mural ya no comparte
los avatares del comercio formal e informal del lugar. Hablamos de un rincón
urbano que sufrió el impacto de las más acentuadas invasiones de inmuebles
residenciales, oficinas y locales con la aquiescencia, influencia o
intervención de los colectivos armados, y cómodamente barre al soldado por los
brochazos de la publicidad y la constante promoción de atractivas jóvenes en
una gesta más de los reales.
As garotas estão dançando olvidando lo que ya se acabó por la crisis de liderazgo,
de legitimidad y de cohesión interna, en correspondencia con la crisis social y
económica que ha generado la facción dominante de tan férreos procedimientos en
los últimos años. Y lo que comenzó como
un movimiento de renovación se convirtió en una maquinaria de poder que procura
su supervivencia.
Previa a la derrota definitiva del liberalismo
amarillo, ya había perdido su hegemonía. Razón suficiente para presagiar una
caída y un grueso brochazo para olvidarlo.
Fotografías: LB,Centro Comercial Cipriano Castro, Quinta Crespo, Caracas (16/03/2023 y 07/06/2026).
09/06/2026:
https://www.elnacional.com/columnas/2026/06/la-caida-del-chavismo-amarillo/
EN CONSTRUCCIÓN Vatican News tiene como lectura a san Mateo para el 14/06/2026: https://www.vaticannews.va/es/evangelio-de-hoy/2026/06/14.h...