DEL SOPORTE SOCIAL DE LA TRANSICIÓN
El rito celebracional del
Día del Trabajo y de los Trabajadores que muchos supusieron expresión del
gentilicio mismo de este socialismo del siglo, nos interpela más allá de la presente coyuntura política vivida
como una situación estacionaria, incierta y aparentemente irresoluble siendo
diluvio el mismo gobierno y no lo que vendrá después de él. La extrema flexibilización del mundo laboral
ha contribuido a desarticularlo gremialmente, reducido el universo de sus reivindicaciones
a las meras exigencias de un aumento nominal de sueldos, salarios y pensiones. Sin
embargo, camino a su reconstrucción, es necesario que se haga parte activa del
proceso de transición en Venezuela, o, mejor, como recientemente refiere un
experto en la materia, John Magdaleno (https://www.youtube.com/watch?v=7RoL-Lf8djE),
se haga de la oportunidad transicional para impulsar un metamovimiento social que
ayude a abrirlo, caracterizarlo y consolidarlo.
Requerimos de canales
organizativos e institucionales de agregación de factores e intereses también
contrastantes que apunten a un consenso básico y necesario, dando pie a sendas
coaliciones sociales acordadas o de hecho, esenciales o complementarias, pues,
por una parte, existen ámbitos aparentemente contradictorios como el de los
obreros y el de los docentes universitarios, pero éstos han asumido el discurso
laboral venezolano impedido para aquéllos; y, por otra, son notables las
diferencias entre el profesorado agremiado de la Universidad Central de
Venezuela, anclado en el incremento nominal de los ingresos, y el agremiado de
la Universidad Simón Bolívar que se ha apuntado en un distinto modelo económico
para la reparación social y la indemnización económica del daño laboral. Y es
que las instituciones y la institucionalidad deben explicar nuevamente,
perfeccionándola, nuestra experiencia política al afrontar un reto de inaplazable
sentido histórico de contar con el mundo del trabajo y los nuevos e insospechados
movimientos sociales que también aporten un liderazgo que el azar no prodiga.
Advierten autores muy
calificados, como Larry M. Bartels (“Unequal democracy”, Russell Sage
Foundation / Princeton University Press, 2016), que el malestar social no se
traduce automáticamente en acciones colectivas, mientras que Daron Acemoglu y
James A. Robinson (“El pasillo estrecho: Estados, sociedades y cómo alcanzar la
libertad”, Penguin Random House, 2019), sostienen que la ausencia de una
sociedad organizada capaz de equilibrar el poder del Estado bloquea la propia
posibilidad de una transformación efectiva, impidiendo así la conformación de
una fuerza social capaz de pensar, construir y sostener el cambio más allá de
una simulación (in)voluntaria. De acuerdo con ambos, la sociedad ha de
organizarse y estructurarse para evitar o frenar toda deriva autoritaria que va
agudizándose hasta que tarde o temprano llegue el colapso; por ello, importa crear
y transitar un corredor que es estrecho para equilibrar los poderes y sostener
la libertad.
Nada halagüeña es la
realidad de los trabajadores, los que
buscan trabajo, los jubilados y pensionados venezolanos, como consecuencia del
ensayo reiterado de un modelo socialista por siempre improvisado que increíblemente
arruinó a PDVSA y, a pesar de las advertencias, ha fracasado con las Zonas
Económicas Especiales que levantaron expectativas solamente en la órbita estatal.
Pesan más los efectos perversos de mediano y largo plazo del modelo, necesarios
de revertir, que el exclusivo planteamiento salarial con omisión de las
calamidades económicas que bien apenas enunció Carlos Ñáñez, días atrás (https://www.youtube.com/live/ZiRu2yxr4hg),
aunque sentimos que ya nadie tiene noticia del Avenimiento Obrero-Patronal de 1958,
pero se creen en los tiempos del diálogo tripartito, las cuatro centrales obreras
- una de ellas muy poderosa - en el país de la abundante renta de la centuria
anterior.
La transición venezolana no
ocurrirá por inercia ni por el simple agotamiento del poder, sino cuando el
mundo del trabajo decida organizarse y disputar, junto a otros sectores, la
conducción del cambio. Sin esa voluntad de articulación y poder, toda transición
anunciada seguirá la senda de una simulación sin capacidad de transformar el
orden existente, aunque las realidades no pueden esconderse tras las ramas.
Fotografías: La una, tomada de la red; y, la otra, LB, esquina de Municipal, Miércoles Santo (CCS, 01/04/26).
01/05/2026:
https://www.elnacional.com/columnas/2026/05/del-soporte-social-de-la-transicion/








