miércoles, 29 de julio de 2026

Una clara y coherente defensa de la justicia internacional

DE NUREMBERG A ROMA Y DE ABU GHRAIB A CARACAS

Héctor Faúndez

Hace siglo y medio, en medio de una guerra civil en los Estados Unidos, y a petición del presidente Lincoln, Francis Lieber elaboró un conjunto de reglas para la conducta del ejército de los Estados Unidos en campaña. Esa propuesta, mejor conocida como el Código Lieber, fue promulgada como una Orden General del Gobierno de los Estados Unidos y sirvió de inspiración a otros ejércitos. Según Lieber -y según Lincoln-, incluso en caso de guerra, los combatientes debían observar ciertas reglas, respetando a los no combatientes y a las instalaciones civiles. Además de consideraciones de humanidad, esas reglas constituían la obligación de comportarse decentemente, sin “retroceder a la barbarie”, y sin incurrir en lo que luego se caracterizaría como crímenes de guerra, o crímenes contra la humanidad.

A comienzos de 1863, con el Código Lieber, Estados Unidos asumió el compromiso de que sus ejércitos en campaña no traspasarían ciertas líneas rojas, incompatibles con los valores de una sociedad civilizada. Rápidamente, esas reglas pasaron a formar parte del derecho internacional general, debiendo observarse por los beligerantes en caso de conflictos armados. De acuerdo con el artículo 44 del citado código: “Toda violencia gratuita cometida contra personas en el país invadido, toda destrucción de propiedad no ordenada por el oficial autorizado, todo robo, todo saqueo o pillaje, incluso después de tomar un lugar por la fuerza, toda violación, herida, mutilación o asesinato de esos habitantes, está prohibida bajo pena de muerte, o cualquier otro castigo severo que se considere adecuado por la gravedad del delito”. El artículo 47 agrega que: “Los delitos castigados por todos los códigos penales, como el incendio provocado, asesinato, mutilación, agresiones, robo en carretera, hurto, allanamiento, fraude, falsificación y violación, si son cometidos por un soldado estadounidense en un país enemigo contra sus habitantes, no solo deben ser castigados como en casa, sino que, en todos los casos en que no se disponga la pena de muerte, se preferirá el castigo más severo”. Aferrándose a esos principios, durante la Segunda Guerra Mundial, el general Patton no vaciló en someter a consejo de guerra a sus propios soldados, cuando estos traspasaron esas líneas rojas.

En el curso de la Segunda Guerra Mundial, los gobernantes de Estados Unidos entendieron que debían contribuir a crear las condiciones para que nunca más se cometieran crímenes contra la humanidad o el holocausto de un pueblo. Fue con esa idea en mente que se creó el Tribunal Internacional de Nuremberg, para castigar a los mayores criminales de guerra nazis, fueran civiles o militares. Ese es el antecedente de la Corte Penal Internacional: la idea de que los crímenes más graves de trascendencia internacional no pueden quedar en la impunidad. F. D. Roosevelt, el principal impulsor del Tribunal de Nuremberg, al igual que Robert Jackson, que sirvió como su fiscal principal, y Rafael Lemkin —gracias a quien tenemos una Convención contra el genocidio—, no podían haber esperado menos que eso

En ausencia de un tribunal internacional permanente, la idea de que no podía haber impunidad por las heridas que sufrió la humanidad en su conjunto, inspiró a los gobernantes israelíes —asistidos por el Mossad— a perseguir por todo el mundo a criminales de guerra nazis, a cazarlos —como a Adolf Eichmann—, y a darles el castigo que merecían, aunque no siempre se hayan valido del recurso civilizado y pedagógico de un juicio que dejara constancia de sus atrocidades.

Con la guerra de Vietnam y —después del atentado a las Torres Gemelas de Nueva York— con la lucha contra el terrorismo y las imágenes de la cárcel de Abu Ghraib grabadas en nuestras retinas, Estados Unidos ya no estuvo tan interesado en perseguir y castigar a criminales de guerra. Apartándose de su tradición más noble, Estados Unidos no se hizo parte del Estatuto de Roma, que creó la Corte Penal Internacional. Aun así, en sus primeros años, mientras el Tribunal se ocupó de perseguir y castigar a quienes no tenían vínculos con el gobierno de Estados Unidos, este no interfirió con la actividad del Tribunal; pero las cosas cambiaron cuando se apuntó en contra de los actos cometidos por su principal aliado, Benjamín Netanyahu.

Ahora, Marco Rubio, el Secretario de Estado de los Estados Unidos, ha iniciado una campaña para desmantelar, “ladrillo a ladrillo si es necesario”, la Corte Penal Internacional, por considerar que allí hay “lunáticos y desquiciados”. Antes, los “lunáticos y desquiciados” eran los criminales de guerra nazis, o los terroristas del 11 de septiembre; ahora son los jueces y fiscales que han continuado con la tarea iniciada por Robert Jackson.

Como quiera que sea, la función de la Corte Penal Internacional es juzgar y castigar a quienes hayan cometido un crimen de competencia de la Corte. El Tribunal no tiene competencia para juzgar a Estados, o a los gobiernos de los Estados, sino a personas de carne y hueso. La responsabilidad penal es individual, y no se extiende a las sociedades de que esos “lunáticos y desquiciados” sean nacionales. Por lo tanto, corresponde únicamente a los acusados explicar su conducta y asumir su defensa.

En lo fundamental, el Estatuto de Roma recoge las mismas reglas del Código Lieber, aunque elevadas a la categoría de crímenes internacionales. Los crímenes que fueron juzgados en Nuremberg son los mismos que recoge el Estatuto de Roma, aunque agregando el crimen de genocidio. A diferencia de las penas aplicadas por el Tribunal de Nuremberg, y a diferencia de las penas previstas en el Derecho penal de los Estados Unidos, la pena de muerte está descartada.

Lo que sorprende es que el actual gobierno de los Estados Unidos, cuyo país no es parte en el Estatuto de Roma, haya anunciado que va a desmontar la Corte Penal Internacional, que es vista como “una amenaza para la soberanía estadounidense”. Pero debe recordarse que la persecución de los crímenes más graves de trascendencia internacional —incluyendo el genocidio, los crímenes de lesa humanidad, los crímenes de guerra, y el crimen de agresión—, es un compromiso que han asumido otros Estados. A menos que cuente con el asentimiento de otro Estado, la Corte sólo puede ejercer su jurisdicción respecto de crímenes cometidos en el territorio de un Estado parte en el Estatuto. Eso excluye a los Estados Unidos, que no es parte en el Estatuto de Roma.

Queda por saber cuál es el interés del actual gobierno de los Estados Unidos en impedir que otros Estados se comporten de acuerdo con valores superiores a los suyos. ¿En qué puede afectar a Estados Unidos que otros Estados persigan crímenes que conmueven la conciencia de la humanidad? ¿Qué autoridad tiene Estados Unidos para obligar a otros Estados a retroceder a la barbarie y permitir que, en medio de un conflicto armado, se pueda bombardear escuelas y hospitales? En una sociedad civilizada, aunque la guerra sea la autorización para matar en nombre de la patria, no es la autorización para matar a cualquiera, y en cualquier circunstancia. Sin duda, es posible que un acto legítimo de guerra pueda traducirse en la muerte de seres humanos inocentes; pero, ¿por qué intentar impedir que otros Estados, con valores que alguna vez compartió el gobierno de Estados Unidos (y que sin duda siguen compartiendo la inmensa mayoría de sus ciudadanos), puedan castigar, por ejemplo, la tortura, o el asesinato puro y simple, realizado con el pretexto de la guerra?

La Corte Penal Internacional tiene su sede en La Haya, muy lejos del territorio de los Estados Unidos. Su presupuesto es financiado por los Estados partes y, por lo tanto, no representa ningún costo para los Estados Unidos. En consecuencia, ¿cuál es el afán de desmantelar uno de los grandes logros de la sociedad internacional, que en nada interfiere con los Estados Unidos?

Es evidente que la Corte no ha estado a la altura de las expectativas que alguna vez generó. Desde todo punto de vista, sus procedimientos son muy lentos, y sus resultados han sido escasos y desalentadores. Por ejemplo, en el caso Venezuela I, activado por un patrón de actos generalizados y sistemáticos en contra de la población civil, caracterizado por la comisión de crímenes de lesa humanidad que están siendo investigados por la Fiscalía desde febrero de 2018, a pesar de abundante evidencia sobre sus responsables intelectuales y materiales, aún no hay un solo acusado. Eso, sin duda, tiene que generar mucha frustración en las víctimas de crímenes atroces, y en la mente de personas decentes que se hicieron ilusiones con lo que ese Tribunal significaba para un mundo más justo y menos violento. Pero eso no significa renunciar a combatir la impunidad de criminales “lunáticos y desquiciados”.

Sin embargo, justo cuando el gobierno de Estados Unidos ha iniciado su campaña para desmantelar la Corte Penal Internacional, Venezuela —convertida en Estado vasallo de los Estados Unidos, y en una medida que ha complacido a su señor— ha decidido denunciar el Estatuto de Roma. Por supuesto, eso no paraliza las investigaciones en curso, y no impedirá que la Corte pueda ejercer su competencia respecto de crímenes cometidos mientras Venezuela fue parte en el referido Estatuto. Como si la función del Estado venezolano fuera cometer crímenes internacionales, respecto de hechos que aún están siendo investigados, el canciller de Venezuela rechazó la legitimidad de la Corte para intervenir en lo que considera asuntos de “su jurisdicción interna”. Pero los crímenes internacionales son un asunto de legítima preocupación internacional, regido por el derecho internacional. Retirarse de la Corte Penal Internacional es un salvavidas para los criminales y lunáticos que cometen sus fechorías con el aval de los que mandan. Esa medida no ayuda a los ciudadanos decentes.

Después de la captura de Nicolás Maduro ocurrida hace más de seis meses, llama la atención que la decisión de denunciar el Estatuto de Roma —anunciada como “firme e irrevocable”—, haya sido tomada por un gobierno encargado, cuya única función es administrar el Estado mientras se convoca a elecciones presidenciales para sustituir al presidente depuesto. En las circunstancias actuales, un gobierno transitorio, como el de la señora Rodríguez, no tiene ninguna legitimidad para tomar una decisión de esa envergadura, y respecto de un tratado internacional que tiene rango constitucional. La justicia es el bálsamo que cura las heridas de la sociedad, por eso, sorprende que, en las horas más duras que vive Venezuela, donde hay miles de víctimas que siguen esperando justicia, se tome una medida como esa.

El Estatuto de Roma recoge principios que representan lo mejor que hay en el alma de cada uno de nosotros. Es la diferencia entre la civilización y la barbarie. Por eso, la creación de la Corte Penal Internacional fue un paso extraordinario en la dirección correcta. Otra cosa es que tenga limitaciones inherentes, y que todavía haya muchos detalles por afinar. No puede perderse de vista que la Corte es lo que los Estados partes quieren que sea; son ellos quienes le proporcionan los recursos que esta requiere para operar y son ellos quienes determinan cuál será su presupuesto. Son también los Estados quienes deciden cooperar o no cooperar con los procedimientos de la Corte. Asimismo, son los Estados partes quienes eligen a los jueces y al Fiscal; en esa elección, los colegios de abogados, las universidades, las academias, o las organizaciones de la sociedad civil, no desempeñan ningún papel. Y, desde el punto de vista estrictamente institucional, es lamentable que, en estos mismos días, el Fiscal, Karim Khan, haya acabado siendo destituido por una conducta inapropiada, que tendrá que ser sancionada por los tribunales penales y civiles. Pero nada de eso permite sugerir que la Corte sea innecesaria, o que los autores de crímenes internacionales deban gozar de impunidad.

Ilustración: Agim Sulaj.

29/07/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/07/de-nuremberg-a-roma-y-de-abu-ghraib-a-caracas/

martes, 28 de julio de 2026

Alegatos fundamentales

UNA CAUSA DE ESTADO

Luis Barragán

En medio de la prolongada crisis institucional del país y aún de las más imprevistas dificultades como la reciente tragedia sísmica, circula - pertinente y necesaria - una obra que también nos trae de vuelta a las otras realidades imposibles de postergar: “El territorio, la frontera y los mapas en el derecho internacional. El caso Guyana c. Venezuela” de Héctor Faúndez Ledesma (Academia de Ciencias Políticas y Sociales / Editorial Jurídica Venezolana, Caracas, 2026). Indudable, es un valioso testimonio de la constancia y de la responsabilidad ciudadanas asumidas sin ambages y tan requeridas en la hora actual.

Integrante de la Academia Nacional de Ciencias Políticas y Sociales que constituye igualmente una expresión del Estado, puede decirse que el autor manifiesta una capacidad civilizatoria, aquella que debe proporcionarle sentido y orientación, aunque esté contraproducentemente menoscabada por el poder político trastocado en despótico que terminó erosionando severamente el poder infraestructural. Vale decir, la corporación académica despliega asimismo funciones simbólicas, pedagógicas, investigativas y deliberantes convincentemente especializadas y plurales, que en esta centuria se han visto minimizadas presupuestariamente por el gobierno central que la teme al tiempo que la desprecia.

En otras épocas, las corporaciones académicas recibían mayor atención de los órganos del Poder Público, así contradijeran las directrices y políticas emanadas del Ejecutivo Nacional. Y, en el caso de la controversia con Guyana, aquellas celebraban sendas jornadas en las que los partidarios y adversarios del Acuerdo de Ginebra intentaban zanjar sus diferencias con una segura proyección en las aulas y en toda la opinión pública, desde los años sesenta del pasado siglo. Huelga comentar la situación actual, siendo muy justo el reconocimiento a la terca preocupación y ocupación de profesores como Faúndez Ledesma que no exageramos en calificarlos de hombres de Estado en medio de la desolación.

Su obra es sucesora legítima de las generaciones que le dieron sustento, profundidad y precisión a los alegatos del Estado venezolano frente al vecino oriental. A pesar de las vicisitudes, con voz autorizada, perfeccionando y actualizando esos alegatos, las generaciones posteriores persisten en sus planteamientos con el riesgo que supone cuestionar las posturas oficiales, oficialistas y oficiosas en la materia, todavía por un tiempo más.

El académico mira con acierto hacia la Corte Internacional de Justicia como el espacio estratégico para abordar en términos exclusivamente jurídicos el caso esequibano y, en consecuencia, su actitud es, en sí misma, arraigadamente republicana. El interés nacional se defiende mediante razones, pruebas y procedimientos eficaces, en lugar de las explosiones emocionales, las consignas de ocasión o las evasiones varias veces repetidas: la fortaleza de la posición venezolana depende de la consistencia de sus argumentos jurídicos y documentales.

El libro destaca por su extraordinario rigor jurídico, equilibrio argumentativo y valor didáctico, restándole espacio a las consideraciones de carácter geopolítico, estratégico y diplomático. Por ello, en una primera y rasante lectura, así no fuese objeto del estudio, asumimos que el litigio remite implícitamente a las capacidades para sustentar una política de Estado.

El mérito de la obra trasciende el examen jurídico del diferendo territorial, siendo – ante todo – la evidencia de un compromiso sostenido con los principios y valores republicanos, con una tradición académica que se niega a abdicar de sus responsabilidades, en horas tan aciagas. Debilitado el Estado en muchas de sus capacidades, la perseverancia es ejemplo y legado de una vocación civilizatoria todavía indispensable.

28/07/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/07/una-causa-de-estado/

https://www.elnacional.com/columnas/2026/07/una-causa-de-estado/

lunes, 27 de julio de 2026

Ocio

DE UN BREVE EJERCICIO GRÁFICO

Luis Barragán

Las ilustraciones de la prensa caraqueña de principios de los años noventa ejemplificaron el pleno ejercicio de la libertad de expresión que entonces existía, o, por lo menos, uno que nunca volveríamos a conocer con semejante profundidad y garantías. A diferencia de febrero de 1992, el segundo intento de golpe de Estado, en noviembre del mismo año, propició determinados niveles de (auto)censura con el propósito de atajar un oleaje conspirativo cuyas verdaderas dimensiones todavía desconocemos.

La etapa particularmente libérrima que siguió a las elecciones de 1988 fue fecunda en piezas de fina ironía y humor, al tiempo que permitió la aparición de periódicos tan bien concebidos como los caraqueños El Globo y Economía Hoy. En ambos hizo su aprendizaje quien suscribe, todavía aspirante a escribir con regularidad mientras alternaba los estudios universitarios con el desempeño tribunalicio y descubría el rigor del diarismo comercial.

Uno de los ilustradores más originales de aquella época fue Eneko las Heras, integrante de una familia estrechamente vinculada al periodismo y al mundo editorial, ahora establecido y desde hace muchos años en España. Por una de esas felices casualidades que sólo depara un archivo abnegadamente organizado, reapareció un extraordinario dibujo suyo publicado por Economía Hoy, el diario salmón, el 21 de junio de 1992.

La pieza nos sirvió para experimentar con la inteligencia artificial y, al mismo tiempo, reivindicar la inteligencia natural. Concebida en un país donde la telefonía celular apenas despuntaba, extraordinariamente costosa y reservada a muy pocos usuarios, la sátira aludía a una política de telecomunicaciones que prometía abrir aquel mercado todavía dominado por tecnologías hoy casi arqueológicas.

Eneko demostró entonces que un dibujo podía transmitir un mensaje completo sin necesidad de apoyarse en un solo texto, virtud que aún distingue a numerosos ilustradores contemporáneos. Sin embargo, lo verdaderamente notable reside en una triple creatividad: la asociación inesperada de objetos capaces de expresar por sí mismos una idea, la construcción de un lenguaje gráfico inmediatamente reconocible y la perfecta adecuación de ese lenguaje a un medio especializado en economía y finanzas.

Valga una breve y también necesaria digresión: tan especializado era Economía Hoy que sus propietarios terminaron abandonándolo para huir al extranjero después de beneficiarse del auxilio financiero que el Estado concedió a buena parte del sistema bancario venezolano. Valoramos mucho el gran medio que fue, pero – sin rencores – importa recordar aquellos polvos que trajeron estos lodos.

Acudimos a ChatGPT, en su versión gratuita, con el propósito de traducir aquella ilustración a una representación realista de sus motivos gráficos. La primera dificultad consistió en el prompt, cuyo resultado apenas reprodujo los rasgos estilísticos de Eneko sobre un fondo distinto; la segunda apareció cuando la inteligencia artificial debió identificar la antigua antena de telecomunicaciones y el arma prehistórica cuya denominación y representación varían según el uso del español.

El proceso fue revelador porque el arma apareció sucesivamente como un inmenso martillo hasta convertirse, finalmente, en el mazo cuya posición también costó obtener. Tales tropiezos corresponden, desde luego, tanto a las limitaciones de una versión gratuita como a la inexperiencia del usuario que pretende obtener de inmediato un resultado satisfactorio.

Completado el ensayo, quedaron varias lecciones. Muchos usuarios esperan que la inteligencia artificial produzca gratuitamente una imagen original sin aportar indicaciones suficientes, pero también resulta evidente que la intuición creadora de Eneko, concebida sin el auxilio tecnológico disponible hoy, conserva una capacidad de asociación que ninguna recreación automática consigue igualar; quizá por ello, en el apogeo de esta era digital, un simple ejercicio de interpretación de aquella ilustración diría tanto sobre nuestra inteligencia asociativa como el inevitable recuerdo del mazo convertido, décadas después, en emblema de una persistente cultura política del continuismo venezolano.

Ilustración inicial: @EnekoHumor.
Derivaciones: Parten de Eneko; luego, ChatGPT. 

27/07/2026:

https://opinionynoticias.com/opinionpolitica/44711-de-un-breve-ejercicio-grafico 

domingo, 26 de julio de 2026

Oremos

 

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Caza de citas

“Me veo como una cazadora de instantes siempre al acecho, como un caminante que se siente impelido a descubrir lo que hay al otro lado de la loma o del recodo del camino y lo que descubre es otra loma u otra curva que hay que volver a salvar”

María Belmonte

(“El murmullo del agua. Fuentes, jardines y divinidades acuáticas”, Barcelona, 2024: 146)

Reproducción: Bo Bartlett.

Noticiero retrospectivo



- Alberto Müller Rojas. “Felicitaciones a Herminio (Fuenmayor)”. El Globo, Caracas, 05/10/1992.

- Jorge Maldonado Parilli. “Valores tachirenses: El Dr. Tulio Chiossone”. El Mundo, Caracas, 30/05/84.

- Tarcisio Jáñez. “La personalidad revolucionaria de Santo Tomás”. Resumen, Caracas,N° 45 del 16/09/74.

- Rómulo Betancourt asalta el cuartel San Carlos. Qué Pasa en Venezuela, N° 59 del 01/04/65.

- Burnham pide la unidad para enfrentar a Venezuela. El Diario de Caracas, 08/07/81.

Reproducción: Graduación en la Escuela Militar, tomada de la prensa de sin fecha precisa, procesada IA. 

Tamaño detalle

A PROPÓSITO DE LA SIMÓN BOLÍVAR DEL LITORAL CENTRAL

Luis Barragán

Afortunadamente se trata de una minoría, pues existen individualidades de muy trastocados valores, erigidos en implacables jueces morales, que incurren en los más vulgares y asombrosos dislates. Y, por curiosidad, nos acercamos a la sede del litoral de la Universidad Simón Bolívar para comprobar si, como algunos insinuaban, la destrucción obedecía más a los refugiados que al doble terremoto.

Nos hemos enterado que miembros de la comunidad de Sartenejas e igualmente de Vargas se oponen a la ocupación del núcleo litoralense por las familias sísmicamente afectadas, tratándolo de “invasores”, e importándoles poco que hayan perdido sus casas y enseres domésticos. Ocurrió que la edificación más grande y confiable del lugar pertenece a la citada casa de estudios y, ahí, disciplinadamente, han conseguido protección transitoria niños de todas las edades, personas muy adultas, como el resto de las víctimas del desastre natural, con atención médica, seguridad y alimentación. De hecho, bajamos a ayudar a una persona amiga que hizo entrega de una donación significativa de comestibles y productos de higiene personal, cerciorándonos de las condiciones en las que se encuentra el sitio.

Lo curioso es que la gente que no se pone en los zapatos de los más vulnerables, también se dicen de “oposición”, pero jamás les he leído o escuchado la más modesta denuncia contra el gobierno nacional o, en su defecto, el gobierno universitario. Ni pío dicen frente a las autoridades interventoras desde hace añales en la Universidad Simón Bolívar: estos “opositores” que aseguran que los refugiados les van a destruir el inmueble, tampoco dieron cuenta pública y expresa de la ruina de la tan emblemática escultura cromovegetal, del desastre de la piscina olímpica con caimán y todo, o de los niveles de contaminación del galpón de biología, por no mencionar del déficit de profesores de matemáticas en la universidad.

Indudable, hay una concepción de la vida, del mundo y de las cosas en aquellos que se creen de la élite académica que nunca se compadecerá con los cambios más urgidos del aula superior en Venezuela, cuyo nivel de retroceso todavía está por saberse a falta de confiables estadísticas oficiales. Porque la reconstrucción material del país exige, antes, una reconstrucción moral e institucional que empiece por reconocer al otro como ciudadano y no como un intruso.

La historia de los terremotos es también la historia del Estado que atiende o desatiende sus consecuencias, pero igualmente la de una sociedad que, en la desgracia ajena, pone al descubierto lo mejor y lo peor de sí misma. Atentos con esto que no es poca cosa, por cierto.

Fotografía: LB, reflejo de la ventana. Universidad Simón Bolívar sede del litoral (18/03/2018). LB,  Universidad Simón Bolívar sede del litoral (23/07/26).

26/07/2026:

https://lapatilla.com/2026/07/26/luis-barragan-a-proposito-de-la-simon-bolivar-del-litoral-central/

Una clara y coherente defensa de la justicia internacional

DE NUREMBERG A ROMA Y DE ABU GHRAIB A CARACAS Héctor Faúndez Hace siglo y medio, en medio de una guerra civil en los Estados Unidos, y a...