sábado, 15 de agosto de 2026

Estructuralidad política del crimen

POLÍTICA Y CRIMINALIDAD

José Rafael Herrera

Durante un largo período de la historia, la violencia fue la medida de todas las cosas. Los más fuertes imponían su voluntad, mientras los más débiles, resignados, soportaban y aprendían a sobrevivir. No existía todavía lo que se conoce como civilidad, solo individuos con instintos, necesidades, temores y deseos, siempre bajo la sombría amenaza de la barbarie. De hecho, la civilización comenzó cuando la violencia dejó de ser destino para devenir problema. Porque, en realidad, la violencia nunca desaparece del todo, por más que los individuos comprendan que, para poder vivir juntos, se hace necesario el establecimiento de límites, costumbres, normas, leyes e instituciones. Intentan evitar el golpe antes de que sea asestado. Es esta la razón del nacimiento de la política.

Así, lo que fue creado para contener la violencia termina administrándola. La ciudad que se levanta contra la selva lleva la selva en sus entrañas. El Estado, nacido para sustituir la fuerza desnuda por la fuerza regulada, deviene violencia en derecho, procedimiento, burocracia, razón de Estado. Por eso la barbarie no necesita introducirse en las instituciones desde afuera. Aprendió a vestirse con sus ropajes. Maquiavelo comprendió lo que la tradición moralizante de la política se empeñaba en ocultar: la política no acontece en un mundo de hombres buenos perturbados por hombres malos. Acontece en el conflicto atravesado por intereses, ambiciones, temores y deseos de poder. Quien quiera pensar, la política tiene que comenzar por concebir a los hombres tal y como son, no como deberían ser.

La existencia de la política prueba que los hombres no son ángeles. Por eso, en Maquiavelo, la relación entre virtù y fortuna posee una profundidad que suele extraviarse cuando se la reduce a una simple disyunción lúdica o esquemática, situada entre la habilidad y el azar. La fortuna es la virtù objetivada que irrumpe porque ya no depende de la voluntad. La virtù, en cambio, es la capacidad de poder intervenir en esa objetivación para reordenarla y liberarse de su sometimiento. En términos ontológicos, subjetividad objetivada y objetividad subjetivada. El zoon politikón no elimina la contingencia: aprehende a habitarla. No existe historia que pueda ser contemplada ab extra. La historia la hacen los hombres mientras son hechos por ella.

Es por eso que la política no puede reducirse a la administración de un orden previamente establecido. Ella es esencialmente lucha, decisión, conflicto, creación. Es, en sentido estricto, praxis. Pero toda praxis lleva consigo un riesgo. Quien pretenda transformar el mundo tiene que enfrentarse con la resistencia del mundo. Y cuando esa resistencia se vuelve insoportable, la acción puede comenzar a buscar su justificación en cualquier medio capaz de garantizar el resultado. Pero justo en este punto la política puede llegar a deslizarse, no sin cierta facilidad, hacia la criminalidad.

La violencia no constituye un accidente de la vida política, sino un momento de la realidad histórica en el que la libertad se propone conquistar su propio reconocimiento. La sociedad civil, la sociedad política, el Estado, el derecho, no son jarrones chinos colocados sobre los hombros de la sociedad, sino formas históricas de la libertad. La humanidad no nace libre: aprende a ser libre a la luz de las formas concretas que ella misma produce. Las instituciones son el resultado del hacer, de la actividad sensitiva humana. Las leyes no son normas que se imponen desde arriba, sino modos de la objetivación de la historia, huellas objetivas de una voluntad que ha aprendido a reconocerse en un mundo común. Por eso, la verdadera institucionalidad no está reñida con la libertad. Más bien, es su realización.

El problema comienza cuando esa forma se enajena y separa de la vida que la produjo. Entonces, la institución deja de ser expresión de libertad y comienza a presentarse como una instancia exterior, independiente e indiferente de la sociedad en la que debería reconocerse. Lo que nace de la praxis toma vida propia y se vuelve contra la praxis. La criatura se independiza del creador. En ese momento, comienza una nueva forma de barbarie. Pero no ya la barbarie que destruye instituciones, sino la que las conserva vaciándolas de contenido.

Hay algo particularmente inquietante en esta segunda forma de violencia. El bárbaro de la selva no necesita justificar sus agresiones. Agrede porque quiere y puede, pero la violencia institucional necesita palabras, necesita justificación, procedimientos, documentos, sellos y discursos. Necesita convencer a quienes la padecen —y a quienes la ejercen— de que no proceden con violencia, sino “cumpliendo órdenes”. La fuerza se vuelve más peligrosa cuando ha logrado dejar de parecer fuerza, entonces el crimen aparece como una necesidad. La arbitrariedad es ahora una decisión de la racionalidad instrumental. La exclusión se autodefine como seguridad. La obediencia se confunde con responsabilidad. Y la razón, reducida a instrumento, calcula con admirable eficacia las múltiples formas de la reproducción del sometimiento.

Esta es la forma más refinada de la barbarie contemporánea: no se trata de suprimir la razón, sino de conservarla después de haberle arrancado su dimensión crítica. Ahora la razón calcula, no pregunta. Se concentra en el medio, no en el fin, y cuando todo deviene medio, también el hombre. Aquí comienza la inversión histórica. Los hombres construyen instituciones para contener la violencia, pero cuando las instituciones se separan de la voluntad que las anima, terminan produciendo formas de violencia mucho más poderosas y sofisticadas que aquellas de las cuales pretendían protegerse. La está adentro. Está en la pobreza del lenguaje y del espíritu; en la administración que confunde a las personas con expedientes y números; en la política que transforma al adversario en enemigo; en la ideología que convierte al semejante en un desecho; en la techné que, orgullosa de su eficiencia, olvida preguntar por la razón de su propia eficiencia.

No basta con defender instituciones. Las instituciones pueden ser civilizadoras, pero también pueden ser la forma civilizada de la barbarie. Por eso la política es una de las experiencias más difíciles de la existencia: porque no se trata de escoger entre el orden y el caos, entre la ley y la violencia, entre la civilización y la barbarie. Se trata de mantener vivo el movimiento mediante el cual la comunidad se da a sí misma sus propias formas y, al mismo tiempo, puede reconocer cuándo esas formas han dejado de ser expresión de la libertad. La política es la lucha contra la entropía institucional que ella misma produce.

Toda generación recibe un mundo que no ha construido y que, sin embargo, tiene la responsabilidad de conservar y superar. Hereda leyes, costumbres, instituciones, prejuicios, lenguajes y formas de poder. Pero también la posibilidad de objetar, modificar y sobrepasar. Nada humano está concluido. La historia no es un museo. Es un campo de batalla. La libertad no consiste en permanecer fuera de ese combate, sino en comprender que la propia acción forma parte de lo que se pretende transformar. Maquiavelo y Hegel, separados por siglos y por lenguajes filosóficos distintos, terminan encontrándose en una intuición decisiva: la humanidad no dispone de una historia exterior a sí misma. Tiene que actuar dentro de ella. La virtù de Maquiavelo y el Geist hegeliano se pueden leer, desde su propio horizonte, como respuestas a una misma pregunta: ¿cómo puede la humanidad hacerse cargo de un mundo que no eligió, pero del que forma parte inmanente?

La respuesta no consiste en huir de la realidad, a la manera del estoico. Consiste en participar. Cuando la política se vuelve crimen, no lo hace porque la civilización desaparece: lo hace porque la civilización ha construido mecanismos tan complejos y sofisticados que permiten que la violencia se oculte. El verdadero peligro no consiste en volver a la selva, sino en el hecho de que la selva aprendiera a gobernar desde el interior de la ciudad. Quizá el reto más urgente de la política actual consista en impedir que esto siga ocurriendo. Ninguna institución vale por sí misma, ninguna ley puede sustituir la libertad que le da sentido, ninguna razón merece llamarse racional si ha dejado de reconocerse en su otredad. Civilización no es haber vencido la barbarie. Es haber aprendido a reconocerla al oírla balbucear el lenguaje que ha secuestrado a la ciudad.

Ilustración: lb/IA.

15/08/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/08/politica-y-criminalidad-2/

Una perspectiva

EL LIDERAZGO QUE VENEZUELA NECESITA CONSTRUIR (II)

Emilio Venuti

La transformación del país exige evolucionar desde el poder concentrado hacia un liderazgo capaz de liberar el talento, la iniciativa y la responsabilidad de millones de venezolanos.

En mi artículo anterior, Venezuela necesita volver a ver, recurrí a la poderosa metáfora de José Saramago en Ensayo sobre la ceguera, para reflexionar sobre uno de nuestros grandes desafíos colectivos: recuperar la capacidad de ver con claridad dónde estamos, reconocer nuestros errores, descubrir nuestras posibilidades y comprender el mundo que está emergiendo ante nosotros. Planteaba entonces que Venezuela necesitará formar una nueva generación de líderes capaces de mirar más lejos, preparados para ayudar a reconstruir el país, posicionarlo dentro de una realidad geopolítica profundamente diferente y, algún día, convertir nuevamente a Venezuela en una nación capaz de proyectar luz más allá de sus fronteras.

Aquella reflexión conduce hacia una segunda pregunta: ¿qué hacemos cuando finalmente podemos ver? Recuperar la visión representa el comienzo. El siguiente desafío consiste en convertir esa visión en capacidad colectiva para transformar la realidad. Podemos reconocer nuestros problemas, identificar oportunidades, comprender las transformaciones que están ocurriendo en el mundo y formar personas extraordinariamente preparadas para conducir los cambios. La magnitud de la tarea venezolana nos invita, además, a revisar una idea profundamente arraigada en nuestra cultura: nuestra manera de entender el liderazgo.

Una nueva manera de ejercer el poder

Durante buena parte de nuestra historia hemos asociado liderazgo con poder. Admiramos figuras fuertes, decididas y carismáticas. Esperamos que alguien señale el camino, tome decisiones, resuelva problemas y conduzca a los demás hacia un destino mejor. Esta concepción ha colocado enormes expectativas sobre quienes ocupan las posiciones más altas y ha contribuido a desarrollar una cultura donde la autoridad y la capacidad de decisión tienden a concentrarse.

La Venezuela que aspiramos a construir ofrece la oportunidad de evolucionar hacia una concepción diferente. En Leading Through: Activating the Soul, Heart, and Mind of Leadership (Liderar a través de las personas: activando el alma, el corazón y la mente del liderazgo), Kim B. Clark, Jonathan R. Clark y Erin E. Clark proponen precisamente una transformación de esta naturaleza. Los autores contrastan dos paradigmas: power over (poder sobre las personas) y leading through (liderar a través de las personas).

El primer paradigma concentra la autoridad y la capacidad de decisión. Las decisiones descienden desde los niveles superiores y las estructuras privilegian el control, la supervisión y el cumplimiento. El segundo propone ejercer el liderazgo a través de las personas, creando las condiciones para que puedan desplegar su conocimiento, iniciativa, creatividad y capacidad para resolver problemas alrededor de un propósito compartido.

En este segundo modelo, el trabajo del líder evoluciona: además de orientar y tomar decisiones, debe desarrollar capacidades, generar confianza, compartir información, crear espacios para la iniciativa y movilizar el talento colectivo. Esto forma parte de las propuestas de transformación que he planteado en Bienvenidos al futuro. Estoy convencido de que uno de los mayores recursos disponibles para transformar Venezuela ya existe. Está en nuestra gente.

El alma, el corazón y la mente del liderazgo

Los Clark utilizan tres dimensiones para explicar su nuevo paradigma: alma, corazón y mente. El alma del liderazgo proporciona propósito, visión, significado y disciplina moral. Toda transformación nacional necesita una idea suficientemente clara acerca del destino que pretende alcanzar. Una sociedad requiere algo más profundo que una colección de proyectos, inversiones y políticas públicas; necesita construir una visión compartida acerca del país que quiere llegar a ser.

¿Qué Venezuela queremos construir dentro de veinte o treinta años? ¿Qué principios deberían sostenerla? ¿Qué oportunidades queremos ofrecer a nuestros hijos? ¿Qué posición aspiramos a ocupar en el mundo? Estas preguntas pertenecen al alma del liderazgo porque obligan a conectar las decisiones del presente con un propósito superior y una perspectiva de largo plazo.

El corazón representa nuestra capacidad para conectar con las personas, comprenderlas, cuidarlas y ayudarlas a crecer. Venezuela necesitará reencontrarse después de décadas de polarización, migración, dificultades económicas y deterioro institucional que han dejado profundas heridas. Recuperar infraestructura será una tarea inmensa; recuperar confianza exigirá también tiempo, coherencia y una enorme capacidad para reconocernos nuevamente como parte de una misma sociedad. El liderazgo tendrá que generar espacios donde las personas puedan sentirse partícipes de un proyecto común y percibir que sus capacidades, experiencias y aspiraciones tienen un lugar dentro de él.

Finalmente está la mente. Allí el propósito y el compromiso se convierten en acción. La mente representa conocimiento, aprendizaje, innovación, capacidad para resolver problemas y disposición para adaptarnos continuamente. La Venezuela del futuro tendrá que aprender muchísimo y hacerlo rápidamente, porque deberá reconstruirse mientras simultáneamente se adapta a transformaciones tecnológicas, económicas, energéticas y geopolíticas que avanzan a una velocidad extraordinaria.

Una sociedad capaz de producir liderazgo

La consecuencia más importante de este paradigma para Venezuela es que la transformación requerirá liderazgo distribuido por toda la sociedad. El futuro dependerá de dirigentes nacionales capaces, pero también de miles de personas ejerciendo liderazgo desde los espacios donde pueden producir cambios concretos. Esto cambia el rol del ciudadano, de ser un simple espectador a convertirse en protagonista de su propia sociedad.

Un maestro que transforma su escuela ejerce liderazgo. También lo hace un médico que mejora la atención de su hospital, un empresario que crea empleos dignos, un funcionario que simplifica un proceso y recupera la confianza del ciudadano, un alcalde que moviliza a su comunidad, un científico que convierte conocimiento en soluciones o un emprendedor que transforma una necesidad en una empresa. Un venezolano de la diáspora que conecta conocimiento, inversión, tecnología o relaciones internacionales con su país forma parte igualmente de esa red de liderazgo.

Cuando el liderazgo deja de concentrarse únicamente en quienes ocupan posiciones de autoridad y se convierte en una responsabilidad compartida, la escala de nuestros desafíos comienza a encontrar correspondencia con la escala de nuestras capacidades.

Libertad, unidad y responsabilidad

Una de las ideas más interesantes de Leading Through (Liderar a través de las personas) consiste en combinar dos conceptos fundamentales: freedom and unity (libertad y unidad). Las personas necesitan espacio para actuar, decidir, experimentar y mejorar. Al mismo tiempo, necesitan compartir propósito, información, principios y objetivos. La libertad de acción adquiere así mayor potencia cuando existe claridad sobre el destino y responsabilidad sobre los resultados.

Esta combinación puede resultar especialmente importante para Venezuela. Un país moderno necesita instituciones fuertes y ciudadanos capaces de actuar; reglas claras y espacio para la iniciativa; una visión nacional y miles de soluciones locales; coordinación y creatividad. La fortaleza institucional y la libertad responsable pueden alimentarse mutuamente cuando existe un propósito compartido.

El liderazgo distribuido no diluye responsabilidades: acerca la capacidad de decisión, el conocimiento y la iniciativa a los lugares donde pueden generar mayor valor. Quien recibe mayor libertad para actuar asume también una responsabilidad mayor por las consecuencias de sus decisiones. De esta forma, autonomía y responsabilidad avanzan juntas. Cuando eso ocurre, el liderazgo trasciende la posición y comienza a convertirse en cultura.

De la visión a la acción

Saramago nos ayudó a plantear una primera pregunta: ¿qué ocurre cuando una sociedad pierde la capacidad de ver? Los Clark nos permiten avanzar hacia la siguiente: ¿qué hacemos con nuestra capacidad cuando recuperamos la visión?

La respuesta puede definir una parte importante del futuro venezolano. Necesitaremos personas capaces de ver más lejos, comprender un mundo cada vez más complejo y señalar caminos posibles. Su mayor contribución llegará cuando consigan que otros descubran también su propia capacidad para transformar la realidad.

Allí se encuentra la evolución que debemos perseguir: ver, liderar y reconstruir. Primero recuperar nuestra capacidad de ver; después desarrollar una nueva manera de liderar; y finalmente convertir millones de capacidades individuales en una extraordinaria fuerza colectiva de transformación.

Venezuela posee petróleo, gas, minerales, tierras, costas, biodiversidad y una ubicación geográfica privilegiada. Posee también algo cuyo verdadero potencial apenas hemos comenzado a dimensionar: millones de venezolanos, dentro y fuera del país, capaces de aprender, crear, emprender, servir y transformar. Nuestro futuro dependerá en buena medida de nuestra capacidad para liberar ese potencial.

Quizás allí encontremos una de las definiciones más importantes del liderazgo que Venezuela necesitará: un liderazgo que ilumine el camino y, al mismo tiempo, encienda la luz en los demás.

Ilustración: Gergely Bacsa.

15/08/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/08/el-liderazgo-que-venezuela-necesita-construir-ii/

Breve nota LB: La segunda ilustración es la que le colocó El Nacional. Obviamente convencional y creada con IA. 

jueves, 13 de agosto de 2026

Cartografía de la irresponsabilidad

LAS TRES FORMAS DOCUMENTALES REQUERIDAS PARA LA TRAZABILIDAD DE LA DEUDA VENEZOLANA ANTES DE REESTRUCTURARLA

Rosana Sosa García

Actualmente, cualquier esfuerzo para reestructurar la deuda soberana de Venezuela se enfrenta a un obstáculo que no puede solucionarse con cálculos financieros. Las sentencias en contra de los oficiales que gestionaron la Oficina Nacional del Tesoro entre 2007 y 2013 están registradas en el Distrito Sur de Florida. Fue cuando se emitieron la mayor parte de las veinticuatro herramientas de deuda pública venezolana (catorce bonos de la República, nueve de Petróleos de Venezuela S.A. y uno de Electricidad de Caracas).

De acuerdo con información de Octus, el total de la deuda pública de Venezuela, una cifra sin auditar ni verificar, es de USD 171.500 millones (USD 102.500 millones por intereses vencidos y USD 69.000 millones por deuda no bonificada).

En un resultado también sin justificar legalmente, el Financial Times aumenta esta cifra a USD 240.000 millones, una suma todavía más cuestionable.

Hasta ahora, hemos abordado para las entregas del pilar 0, el segmento de bonos con fines explicativos.

Esta misma serie, como trabajo analítico se ha alimentado de esta coincidencia temporal. No obstante, coincidir en el calendario no significa necesariamente probar un vínculo. Hay un vacío de imputación entre una condena que afecta a una persona natural y un resultado acerca de un instrumento financiero en particular. Para cerrarla, se necesita un método que pueda verificarse, respaldado por fuentes institucionales que sean contrastables entre sí y no en la inferencia narrativa, por más lógica que parezca.

Tres pilares documentales son la base de la metodología que esta serie ha venido empleando. Cada uno se basa en una fuente institucional que no depende de las otras dos, y solo su combinación permite hacer la pregunta sobre la trazabilidad con la precisión que necesita el proceso de reestructuración, instrumento por instrumento.

Pilar I: La arquitectura conjunta del FMI y el Grupo Egmont

El primer respaldo es institucional, no de periodistas ni de activistas. El Grupo Egmont de Unidades de Inteligencia Financiera y el Fondo Monetario Internacional han desarrollado, desde principios del año 2000, una doctrina compartida acerca del rol que cumplen las unidades de inteligencia financiera en la prevención del blanqueo de dinero. El manual de referencia “Unidades de inteligencia financiera”: La creación de An Overview, que fue lanzada en 2004 por el Departamento Legal del FMI con la ayuda del Banco Mundial, reconoce de manera directa la contribución hecha por el Comité del Grupo Egmont.

Es posible consultarlo en el sitio web del FMI. imf.org: https://www.imf.org/external/pubs/ft/fiu/fiu.pdf.

El propósito de esta metodología se fundamenta en el origen común que se menciona. La doctrina que hoy en día protege una gran parte de la arquitectura mundial contra el blanqueo de dinero surgió a partir de un trabajo conjunto entre una red colaborativa de agencias y la entidad multilateral responsable de mantener estable la economía global. El Grupo Egmont, de acuerdo con la propia organización, alberga actualmente 182 unidades de inteligencia financiera, incluyendo las de Venezuela y España. La unidad venezolana es miembro del grupo desde 1999.

Sin embargo, el primer pilar trae consigo una limitación doctrinal que es reconocida por el propio sistema. Un estudio realizado por el Grupo Egmont, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito y el Banco Mundial revela que en más de la mitad de las jurisdicciones encuestadas (91 entidades miembros), los datos generados por una unidad de inteligencia financiera solamente pueden utilizarse como insumo reservado para su receptor. Sin embargo, no pueden utilizarse como evidencia dentro de un proceso penal. Si la inteligencia del sistema FMI-Egmont no es, por sí misma, prueba aceptable, entonces cualquier ejercicio de trazabilidad que dependa de ella requiere un estándar probatorio extra. Ese estándar se elabora en el tercer pilar.

Pilar II: El marco normativo del GAFI

El segundo respaldo tiene su origen en el Grupo de Acción Financiera Internacional. Las recomendaciones 24 y 25 se reforzaron con guías de implementación publicadas en marzo de 2023 y actualizadas en marzo de 2024. Estas requieren que los Estados aseguren el acceso inmediato a la información del beneficiario final de estructuras legales y personas jurídicas por las autoridades competentes, sin requerir una condena penal previa. En el contexto de Venezuela, este estándar permite preguntar si quienes organizaron, colocaron o aseguraron cada uno de los veinticuatro instrumentos cumplen con la norma internacional de transparencia, sin importar si hay o no una condena relacionada con un bono específico.

Asimismo, el 16 de noviembre de 2023, el GAFI aprobó modificaciones a las Recomendaciones 4 y 38, que requieren que los países implementen sistemas de decomiso sin condena previa cuando esto sea consistente con los principios fundamentales de su derecho interno.

Una de las veintidós instituciones que se consultaron para la guía de implementación fue el Instituto de Basilea sobre Gobernanza. Ha destacado que este procedimiento permite la recuperación de bienes ilegales, incluso si es improbable que se lleve a cabo el juicio penal contra el culpable original debido a su muerte, fuga o inmunidad. La valoración se puede consultar en el blog del Instituto.

Si el estándar internacional permite la revisión y posible confiscación de un activo sin que exista una condena penal, ya no es un obstáculo analizar la trazabilidad de un bono si no hay una condena asociada. Por el contrario, se vuelve el punto de partida del análisis.

Pilar III: El estándar probatorio del decomiso civil estadounidense

El tercer pilar aborda la restricción que se mencionó en el primero. Si la inteligencia del sistema FMI-Egmont no es suficiente como evidencia independiente, la metodología requiere una norma más rigurosa. En el derecho estadounidense de decomiso civil, codificado en la Sección 981, Título 18 del Código de los Estados Unidos, se encuentra establecido dicho estándar. La normativa establece que no solo deben confiscársele a una operación de lavado los bienes directamente implicados, sino también cualquier propiedad que pueda rastrearse hasta ese bien original. Esta confiscación se extiende a la propiedad localizada en territorio estadounidense y que provenga de ganancias obtenidas a partir de un crimen contra una nación extranjera, según lo estipula la Sección 981(a)(1)(B).

Esta última remite a la Sección 1956(c)(7)(B)(iv), norma que define el desfalco, el robo o la malversación de fondos públicos por parte de un funcionario extranjero.

Ese estándar existe en el derecho estadounidense de decomiso civil, codificado en la Sección 981, Título 18 del Código de losEstados Unidos. La norma ordena confiscar no solo los bienes involucrados directamente en una operación de lavado, sino también cualquier propiedad rastreable hasta esos activos originales, y la Sección 981(a)(1)(B) extiende esa confiscación a lo que se encuentre en territorio estadounidense y provenga de ganancias obtenidas a partir de un crimen contra una nación extranjera. Remite a la Sección 1956(c)(7)(B)(iv), que tipifica la malversación, el robo o el desfalco de fondos públicos por parte de un funcionario extranjero.

Prácticamente de manera literal, esa remisión legal detalla el procedimiento registrado en las entregas anteriores de esta serie: la permanencia de Andrade Cedeño (2007-2010) y Díaz Guillén (2011-2013) como líderes de la Oficina Nacional del Tesoro. No es una hipótesis jurídica sin antecedentes. De acuerdo con el informe institucional de Transparencia Venezuela, es la misma base legal que habilitó al Departamento de Justicia estadounidense para decomisar 287 bienes en veintiún naciones, por un valor superior a los 1.300 millones de dólares.

Ese informe, titulado El mapa de los decomisos, puede consultarse en el sitio de Transparencia Venezuela y fue presentado públicamente durante el foro “Rastro del dinero venezolano decomisado a redes corruptas”, recogido por Runrun.es el 17 de junio de 2026.

A este tercer pilar se suma un antecedente arbitral relevante. En World Duty Free Company Limited c. República de Kenia (Caso CIADI No. ARB/00/7), el tribunal aplicó el principio ex turpi causa non oritur actio y la doctrina de clean hands para negar que un contrato obtenido mediante soborno pudiera sustentar una demanda de inversión, porque la corrupción corrompe el instrumento mismo y no solo a quien la ejecutó. El laudo, del 4 de octubre de 2006, está disponible en italaw.com. Es el mismo principio que esta serie sostiene que debe aplicarse, instrumento por instrumento, a la deuda soberana venezolana.

La correlación con los métodos verificados de investigación de lavado de activos

La primera es el análisis de casos en comparación (Comparative Case Analysis), que está documentado en la práctica profesional autorizada del College of Policing británico. Permite identificar patrones entre crímenes o incidentes similares que podrían tener al mismo autor, estableciendo vínculos basados en el modus operandi, los rasgos distintivos y la evidencia forense disponible, sin suponer de antemano que los casos están relacionados y registrando únicamente lo que está respaldado por la documentación.

La segunda es el análisis de tipologías del GAFI (FATF Typology Analysis), que el propio organismo sistematizó desde 2004 a través de su Grupo de Trabajo sobre Tipologías. Su primer informe amplio, Money Laundering and Terrorist Financing Typologies 2004-2005, estableció el estándar que ahora permite analizar cada herramienta financiera según patrones de riesgo que son reconocidos a nivel internacional, sin requerir una condena legal específica sobre esa herramienta.

Estas dos técnicas no reemplazan ninguno de los tres pilares documentales. Son las herramientas que permiten aplicarlo en un caso específico: comparar cada herramienta con el expediente judicial actual, confrontarlo con el estándar de beneficiario final del GAFI y, finalmente, realizar la prueba de rastreo documental que exige la confiscación civil estadounidense.

La conclusión de este ejercicio es la misma que se ha mantenido desde la primera edición de esta serie: no se debe realizar ningún proceso de reestructuración de la deuda soberana de Venezuela sin una auditoría forense previa, instrumento por instrumento. Se propone coordinar la auditoría a través de los canales oficiales del Grupo Egmont y con apoyo técnico del Fondo Monetario Internacional.

Continuar sin ella pone en peligro que se confirme, bajo la apariencia de una negociación financiera, instrumentos cuya legitimidad de origen nunca se sometió a un estándar verificable.

El peligro de dejar estas normas no es una cuestión teórica o a largo plazo. Cada herramienta que ha sido reestructurada sin trazabilidad corre el riesgo de ser impugnada por los acreedores, tribunales o gobiernos futuros. Por ende, se trata de un fracaso anticipado a corto plazo. Y esa impugnación no es la solución sensata a la auditoría previa. Es una parálisis que sería más costosa y peligrosa, en total oposición a los intereses de la nación.

Fotografías: LB (CCS, 22/03/2022).

26/07/2026:

https://lapatilla.com/2026/07/26/rosana-sosa-garcia-las-tres-formas-documentales-requeridas-para-la-trazabilidad-de-la-deuda-venezolana-antes-de-reestructurarla/

Preservación de las élites autoritarias


 ABC. Madrid, 10/08/2026.

miércoles, 12 de agosto de 2026

Data: entre-vista

 

Profesorado y compromiso

 LA TRANSICIÓN QUE NO EXISTE

Alberto Navas (*)

Bastantes de nuestros colegas historiadores de hoy, que ingresamos como estudiantes a la Escuela de Historia de la Universidad Central de Venezuela, en la década de 1970, tuvimos la suerte de tener profesores de máxima categoría académica, no solo por ser doctores y catedráticos titulares en el escalafón, sino, principalmente, por su pulcritud académica y por estar, muchos de ellos, en la plenitud de su madurez intelectual, siendo extraordinarios transmisores de conocimientos sin necesidad de haber pasado por los fastidiosos y actuales cursos de didáctica. Aquellos Profesores formados entre las décadas de 1940 y 1960, se habían graduado antes en la UCV o en universidades de los Estados Unidos, México, Argentina, Chile, Francia, Japón, Inglaterra y España, ellos casi no necesitaban leer fichas para dar sus clases verdaderamente magistrales. Entre ellos se destacaban los doctores Germán Carrera Damas, Manuel Caballero, Víctor Sanz, Taide Zavarse, Tula Núñez, José Eliseo López, Miguel Hurtado Leña, Eleazar Córdova Bello, Eduardo Camps, Josefina Gavilá, Josefina Bernal, Pedro Cunill Grau, Gustavo Martín, María Amtonieta Martínez, José Belda Planas, Oscar Abdala y muchos otros más, quienes integraban una de las mejores Escuelas de Historia de América Latina.

Era la asignatura Teoría y Método de la Historia, dictada por el entonces temido Dr. Carrera Damas (hoy un amigo lúcido de 94 años), aprendimos que esa cátedra era la piedra angular de la carrera, donde era posiblemente terminar de entenderla, luego de varios años de ejercer el oficio del historiador, como investigador, como profesor y como crítico de nuestra propia obra. La Escuela contaba con una sólida Biblioteca propia, llamada: “Mario Briceño Iragorry”, que tenía su personal profesional a cargo y una amplia Sala de Lectura adyacente, donde se formaba el conocimiento, el ambiente cultural y político de la Escuela y alguno que otro amor entre jóvenes estudiantes. La mediocridad posterior de un Decano famoso por sus crímenes en el Diván, eliminó de un plumazo nuestra Biblioteca y, una tarde, después de vacaciones nos encontramos sin ese espacio que era el alma de nuestra comunidad estudiantil.

Aprendí, junto a mis colegas estudiantes, Fernando Oduber, Javier Castañon, Ramón Aizpurúa, Pedro Castro, Rosa Elena Cardona (Mafalda), Lucila Anzola y muchos otros más, que la Historia era un proceso de permanente transición, por lo que no podía haber etapas de transición separadas de la propia historia y de su curso como proceso cultural, que los verdaderos cambios en los procesos históricos radicaban en el profundo núcleo de las estructuras socioculturales, lo que no evitaba la posibilidad de estudiar procesos coyunturales, episódicos y personales (biografías), siempre y cuando se tuviese en cuenta los niveles de la causalidad que influían en los procesos desde la profundidad hacia la superficie; también que todo el conocimiento histórico estaba necesariamente conectado a una realidad total como objeto de estudio, tanto desde la superficie del investigador que recogía datos en sus fichas (hoy en su Laptop), hasta la mayor complejidad propia de la interpretación histórica, el conocimiento histórico y la Filosofía de la Historia. Pero no todos ellos egresaron como Licenciados en Historia, algunos se quedaron sin terminar la carrera, otros si bien graduados se desviaron por necesidad a trabajos no propios de su formación profesional, otros, no tan pocos, pudimos completar los estudios de postgrado y hacer carrera en el camino de la investigación histórica, porque entonces el país nos permitía aún esa senda, con trabajos, becas y apoyos institucionales que hoy ya no existen para las personas con méritos reales.

Nuestros estudiantes de hoy, en lo que queda de la Escuela de Historia, se nos quejan de la baja calidad y compromiso académico de profesores, que aunque les pueden haber aumentado la dedicación, solo asisten a clases una vez a la semana, señalan que en la importante asignatura de Teoría y Método de la Historia, un punto fundamental de la carrera profesional del historiador, según nuestros estudiantes el profesor es muy deficiente, estas denuncias nos hacen recordar una canción de Carlos Gardel: con el “Profesor de Cachiporra, Malandrín y Estafador”, quien les manda a hacer un trabajito para evaluar la materia que nunca da. Yo les he podido contestar a ellos que, en parte, la culpa es de los mismos estudiantes y no solamente de un posible “mal profesor”, también mal remunerado, tal vez enchufado y mal formado desde la escuela primaria, pues les advertí, que en nuestro tiempo de estudiantes éramos contestatarios y enfrentábamos los problemas de cara a la Cátedra, el Consejo de Escuela o el Consejo de Facultad. Pero siempre gana hoy la pasividad y el miedo a ser el denunciante frente a directivos más pasivos aún, por no decir otra cosa, ello mata cada día el espíritu crítico y la combatividad que una vez tuvimos los estudiantes de los años sesenta y setenta.

La Universidad está enferma en un país enfermo, nos hacen falta los criterios de un Juan Nuño, de un Carrera Damas, de un Antonio Pascuali, de un García Bacca, quienes deberían reaparecer en las nuevas generaciones para hacer revivir nuestras Humanidades en la UCV. Ello no es imposible, solo basta una honestidad y ética básica, junto a una nueva preocupación por el mérito del estudio superior. Así se acabarían o mejorarían los malos profesores, los concursos de oposición ya preasignados hacia los afines politiqueros, el retraso intencional de trámites académicos, los nombramientos por emergencia sin otra emergencia que los intereses personales, el incumplimiento e incompatibilidad de las dedicaciones, etc. Como ya antes fue nuestra Escuela con profesores presentes y Directores de nivel humano y académico.

De todos modos, ya dijimos que toda Historia es siempre una transición, y que por ello, todo esto deberá de cambiar y, para finalizar, tengo que recordar las palabras de un Alcaide de la Cárcel de la Rotunda de Caracas, a quien le preguntaron un día del siglo XIX, que “por qué no maltrataba a los presos políticos”, a lo que Eliseo Acosta contestó: que a todos lo trataba bien pues: “Los perseguidos de hoy serán los perseguidores del mañana” y, en consecuencia, hay que saber cuidarse de las vueltas que da la Historia.

(*)  ANB Cronista de la UCV.

29/07/2026:

https://www.eluniversal.com/el-universal/238180/la-transicion-que-no-existe

Obra reciente


https://www.youtube.com/watch?v=aJhARBFqVvw 

Estructuralidad política del crimen

POLÍTICA Y CRIMINALIDAD José Rafael Herrera Durante un largo período de la historia, la violencia fue la medida de todas las cosas. Los ...