DEL SOLDADO COMUNAL AL PROFESIONAL
Luis Barragán
En la década de todos los tormentos al culminar el
siglo anterior, junto a la institución eclesiástica, la corporación castrense
fue muy distinguida por la población, como ahora difícilmente se imagina para
el lamento de propios y extraños. Difícilmente hoy habrá estudios de opinión
que acerquen a la entidad armada a los antiguos peldaños que ostentó, respetada
y admirada como una expresión convincente del Estado venezolano que congregaba
a multitudes en sus vistosos y marciales desfiles, sin incurrir en consignas
partidistas.
La doctrina de guerra popular prolongada trastocó en
comunal al soldado que años antes había comenzado a hacerse decididamente
anómico con el Plan Bolívar 2000 y sus equivalentes, cumpliendo funciones de
una franca desespecialización para integrarse a sendos estados mayores de la
electricidad, agroalimentación, o hidrocarburos. A partir de 2012,
aproximadamente, sinceró la actividad económica comercial, deseándose también
industrial, dejando la Fuerza Armada de lado el acto administrativo a favor del
acto mercantil tal como lo señalamos en reiteradas ocasiones en el parlamento, añadida una televisora y un banco propio entre el repertorio de las firmas mercantiles
alcanzadas, más tarde perfeccionado el propósito con las zonas económicas
especiales asignadas.
Después, la comunalidad concibió o configuró las áreas suburbanas como el lógico teatro de operaciones frente a cualquier agresión del enemigo interno y externo. El dispositivo comunal convierte el heroísmo y sacrificio popular en una ventaja defensiva del régimen, haciendo de los sectores populares escudos humanos. Por consiguiente, el consabido 3-E sintetizó muy bien cuán lejos había llegado la desnaturalización de la Fuerza Armada Nacional en un contexto – más allá - geopolítico tan desfavorable, e, igualmente, en un contexto – más acá – excesivamente absurdo, pues le correspondía fortalecer su específica capacidad de defensa y seguridad de la nación en lugar de garantizar solamente la del poder político que subordinaba a su propio afán de supervivencia al resto de los poderes públicos.
Hubo jerarquías a las que irritaba cualquier
cuestionamiento por la manifiesta opacidad en los programas de adquisición y
desarrollo de sistemas de armas y en el apresto operacional; acotemos, jerarcas también deshonestos que jamás se hubiesen imaginado señalados en casos como el
de las municiones yugoeslavas, los tanques AMX o cualesquiera otros escándalos
que naturalmente motorizaban a la opinión pública, actualizando las investigaciones
de decididos senadores y diputados en la centuria anterior. Huelga comentar el
exceso de generales, la ultrapartidización de la Fuerza Armada y cualesquiera
otros casos que la implican, como si bastara poco, en la violación de los
DD.HH. que generó toda la atención de las Naciones Unidas y sus comisiones de
determinación de los hechos en los últimos años.
El soldado tan inherente al Estado Comunal que, por
definición, pierde las capacidades
fundamentales que no logra compensar un indigesto y feroz poder político, debe
dar paso a la reivindicación del soldado profesional y especializado que, es
justo reconocer, surgió con la creación de la Escuela Militar y Naval en el
tránsito de Cipriano Castro a Juan Vicente Gómez, tratando el período
puntofijista de entronizarlo definitivamente. El consabido bombardeo de Caracas
y las consecuencias más importantes que incluyen las que todavía no se conocen
apuntan a la responsabilidad de los mandos superiores que, desde entonces,
guardan un silencio que no sabemos cuán sagaz será.
El soldado profesional tiene su principal soporte en
el artículo 328 constitucional pacíficamente aprobado por el constituyente y ha
de volver aquella norma deliberadamente omitida en 1999 en torno a las
autoridades civil y militar que no deben recaer en una misma persona. Importa y mucho una Ley de Ascensos
Militares, vieja deuda con la Constitución, cuyo proyecto diligenciamos y
aportamos a una sesión plenaria de la Asamblea Nacional en 2020 al igual que a
la Comisión Permanente de Defensa, por lo que hay elementos suficientes, pasión
y doctrina que recuperar para que la Fuerza Armada recobre el carácter institucional,
profesional y especializado que alguna vez tuvo – es necesario decirlo con
todas las fallas - en la era
democrática.
Importa entender que reprofesionalización significa
reinstitucionalización de la corporación castrense en el marco de la reinstitucionalización misma del Estado,
recuperada la noción indispensable y genuina del monopolio legítimo y lícito de
la violencia. Y ojalá, luego de la amarga
experiencia de casi tres décadas, haya claridad respecto de la obvia, además de
ventajosa, subordinación del poder militar al poder civil para evitar la
militarización de la sociedad y la milicianización de la Fuerza Armada que la
lleva a la autodestrucción cuando tiene por misión sistemática y casi
existencial la de reprimir a la ciudadanía.
Fotografías tratadas con IA: Juan Vicente y Vicentico Gómez en el Congreso Nacional. Élite, Caracas, N° 36 de 1926.
Referencia:
https://www.elnacional.com/columnas/2021/11/del-soldado-anomico-al-comunal/
https://apuntaje.blogspot.com/2026/09/la-ya-vieja-sospecha.html
08/09/2026:
https://www.elnacional.com/columnas/2026/09/del-soldado-comunal-al-profesional/


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