domingo, 17 de mayo de 2026

Caza de citas

“Cuando se cocina «sopa», la idea es tomar cartuchos de dinamita, romperlos en pedazos y colocarlos en agua hirviendo, y retirar la nitroglicerina que se forma en la superficie. Se sirven en los momentos y los lugares apropiados. Cantando «tre-bi, la zup-pa» con la melodía de Vesti la giubba, mientras alborota en la cocina, Kelly luce incluso uno de esos sombreros altos de chef que le gusta ponerse mientras trabaja, creyendo que lo mantendrá a salvo de explosiones inesperadas. «Ba-ccia, galup-pa...»”

Thomas Pynchon

(“A oscuras”, Tusquets, Barcelona,2026: 149)

Ilustración: Nancy Fouts.

Noticiero retrospectivo


 - José Rafael Mendoza. “Grave error: La equidad en fuente de derecho”. El Nacional, 12/02/86.

- Ludovico Silva. “¿Qué es eso del sistema”. Summa, Caracas, N° 67 del 28/02 al 15/03/73.

- Gregorio Andrade. “El servicio militar”. Últimas Noticias, Caracas, 21/03/89.

- Alfredo Peña. “Foro: Arístides Calvani”. El Nacional, 15/07/83.

-Héctor Atilio Pujol. “Condecoracionismo”. El Nacional, 01/06/87.

Reproducción: Pérez, "Disuelta por la policía una manifestación contra el 321". Bombas lacrimógenas para disolver a los manifestantes del Colegio San Ignacio y otros, en los alrededores del Capitolio Federal. El Nacional, Caracas,  19/09/1947.

Agradecimiento

YO, EL CAIMÁN DE SARTENEJAS

Luis Barragán

Quien suscribe, el Caimán de Sartenejas, igualmente conocido como El Babo de la Piscina Olímpica y el temible Cocodrilo de la Universidad Simón Bolívar, desea agradecer a todos los medios de comunicación social y a los gremios de la universidad que hayan por fin visibilizado mi penosa existencia en la casa de estudios. Ciertamente, el orden de los Crocodylia, género al que orgullosamente pertenezco,  me envió a cursar estudios honrando una vieja tradición familiar, pues, hubo antepasados que se hicieron notables entre la zona boscosa y las lagunas que ya ni siquiera imaginan por su belleza y cuidado las nuevas generaciones.

El caso está en que mi universidad, no otra que la Simón Bolívar, entró en la debacle presupuestaria, el deterioro de la planta física, la ruina económica del profesorado y la deserción forzada de los estudiantes, desalarizados los obreros y empleados como ha caracterizado a toda la educación superior en Venezuela. Empero, nombradas las autoridades interventoras por 180 días para que hicieran las elecciones rectorales, ya llevan casi cinco años creyéndose dueños del lugar, arrebatándole impunemente la Casa del Profesor a quienes hacen el sacrificio de dar clases por cuatro lochas (así dice mi abuelo), persiguiéndolos por razones enteramente políticas, pretendiendo a estas alturas de la vida intervenir la Comisión Electoral en nombre y en representación del gobierno en cuyo partido son más papistas que el papa.

El caso está en que comencé a hacer hace varios años natación para competir en las olimpiadas cocodrilescas, los fines de semana, mientras la piscina estaba sola. Ocurrió que nos quedamos sin los autobuses de la universidad, ya no podían en casa costearme los estudios, y tuve que optar por quedarme a vivir en la cochinera que alguna vez mentaron piscina. No había forma de pedir auxilio, porque el sitio estuvo por años desolado, criminalmente abandonado, y si se perdió el cromo-vegetal que personalmente diseñó Carlos Cruz-Diez, ¿qué más podía esperar yo?; acotemos, precursores, los profesores consecuentemente agremiados y unidos, descubrieron mi triste existencia, se preocuparon por salvarme, como se esfuerzan por salvar la universidad misma, convirtiéndome en causa y símbolo de la dignidad y autonomía universitaria, como de la liberta de cátedra.

 Además, causa y símbolo de los estudiantes, de los egresados, de los obreros, de los trabajadores, de la opinión pública que se sensibilizó por el inmenso problema de una universidad que tiene un déficit alarmante de profesores. Hecha la denuncia de mis condiciones de vida, jamás se les pasó por la cabeza matarme, convertirme en una parrillada o en una cartera para damas y caballeros, sino conseguirme un refugio acorde a mi linaje, un ambiente adecuada para mí y toda la prole, planteando el asunto en las más altas esferas del Estado, como nunca hicieron las autoridades que jamás se asomaron por mis predios.

Al mismo tiempo de agradecer esa magnífica solidaridad con este servidor, reubicado gracias a la manifiesta preocupación de mi comunidad universitaria que lo será por y para siempre, espero que prontamente haya los libres comicios en Sartenejas y en la sede del Litoral Central para tener un equipo rectoral legitimado por todos. De nuevo gracias y, con entusiasmo, proclamo: ¡Gloria al Babo Pueblo!

Ilustraciones: Keigo y LB/ChatGPT.

17/05/2025:

https://lapatilla.com/2026/05/17/yo-el-caiman-de-sartenejas-por-luis-barragan/

¿Quizá una infrecuente lectura dominical?

APARICIÓN A ORILLAS DEL LAGO DE TIBERÍADES: QUE ÉL SE QUEDE HASTA QUE YO VUELVA

(San Juan, 21: 20-25)

1 Texto Bíblico

2 Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

2.1 Santa Teresa de Jesús, virgen

2.1.1 Camino de Perfección: Caminos inesperados

2.2 San Elredo de Rievaulx, abad

2.2.1 Sobre la amistad espiritual: Pedro y Juan: la diversidad en la unidad

2.3 San Agustín, obispo

2.3.1 Sobre el Evangelio de san Juan: Dos vidas

3 Uso Litúrgico de este texto (Homilías)

1 Texto Bíblico

«20 Pedro, volviéndose, vio que les seguía el discípulo a quien Jesús amaba, el mismo que en la cena se había apoyado en su pecho y le había preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?».21 Al verlo, Pedro dice a Jesús: «Señor, y este, ¿qué?».22 Jesús le contesta: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú sígueme».23 Entonces se empezó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no moriría. Pero no le dijo Jesús que no moriría, sino: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? 24 Este es el discípulo que da testimonio de todo esto y lo ha escrito; y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero. 25 Muchas otras cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni el mundo entero podría contener los libros que habría que escribir».

Sagrada Biblia, Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española (2012)

2  Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

2.1 Santa Teresa de Jesús, virgen

2.1.1 Camino de Perfección: Caminos inesperados

«Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué?» (Jn 21,23)

n. 17

Es cosa que importa mucho entender que no a todos lleva Dios por un camino, y por ventura el que le pareciere va por muy más bajo, está más alto en los ojos del Señor. Así que no porque en esta casa todas traten de oración, han de ser todas contemplativas. Es imposible. Y será gran desconsolación para la que no lo es.

Yo estuve más de catorce años que nunca podía tener meditación sino junto con lección. Habrá muchas personas de este arte, y otras que, aunque sea con lección, no pueden tener meditación, sino rezar vocalmente, y aquí se detienen más. Y otras personas hay hartas de esta manera, y si hay humildad, no creo saldrán peor libradas al cabo sino muy en igual de los que llevan muchos gustos, y con más seguridad en parte; porque no sabemos si los gustos son de Dios o si los pone el demonio.

Estotros (los no agraciados con gustos espirituales en la oración) andan con humildad, sospechosos que es por su culpa, siempre con cuidado de ir adelante. No ven a otros llorar una lágrima, que, si ella no las tiene, no le parezca está muy atrás en el servicio de Dios, y debe estar por ventura muy más adelante; porque no son las lágrimas, aunque son buenas, todas perfectas; y la humildad y mortificación y desasimiento y otras virtudes, siempre hay más seguridad. No hay qué temer, ni hayáis miedo que dejéis de llegar a la perfección como los muy contemplativos.

2.2. San Elredo de Rievaulx, abad

2.2.1 Sobre la amistad espiritual: Pedro y Juan: la diversidad en la unidad

«Pedro, volviéndose, vio que les seguía el discípulo a quien Jesús amaba» (Jn 21,20)

III, 115 s

Ciertas personas que no tienen capacidad para ser promovidas, deducen de ello que no se les ama; si no encuentran alguien que les implique en sus tareas y sus funciones, se lamentan de que se las deja solas. Sabemos bien que eso es fuente de graves discordias entre gente que pasaban por ser amigos; y para colmo de indignación, esas personas se separan y llegan incluso a maldecirse.

Que nadie se crea abandonado a su suerte porque no se les ha concedido una determinada promoción. En referencia a esto vemos que el Señor Jesús ha preferido Pedro a Juan. De todas formas, confiriendo la primacía a Pedro, no ha retirado, en absoluto, su afecto a Juan. Ha confiado a Pedro su Iglesia; ha confiado su madre, tiernamente amada, a Juan (Jn 19,27). Ha dado a Pedro las llaves de su reino (Mt 16,19); ha descubierto a Juan los secretos de su corazón (Jn 13,25).

Pedro, pues, ocupa un lugar elevado, pero el puesto de Juan es más seguro. Pedro se siente orgulloso de haber recibido el poder. Cuando Jesús dice: «Uno de vosotros me entregará» (Jn 13,21) tiembla y aterroriza juntamente con los otros; Juan, enardecido por estar tan cerca del Señor, instigado por Pedro, le pregunta para saber de quien se trata. Pedro se entrega a la acción; Juan queda puesto aparte para dar testimonio de su amor, según la palabra: «Quiero que quede así hasta que yo vuelva». Nos ha dado ejemplo para que también nosotros hagamos igual.

2.3 San Agustín, obispo

2.3.1 Sobre el Evangelio de san Juan: Dos vidas

«Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme.» (Jn 21,22)

Tratado 124, 5. 7: CCL 36, 685-687

La Iglesia sabe de dos vidas, ambas anunciadas y recomendadas por el Señor; de ellas, una se desenvuelve en la fe, la otra en la visión; una durante el tiempo de nuestra peregrinación, la otra en las moradas eternas; una en medio de la fatiga, la otra en el descanso; una en el camino, la otra en la patria; una en el esfuerzo de la actividad, la otra en el premio de la contemplación.

La primera vida es significada por el apóstol Pedro, la segunda por él apóstol Juan. La primera se desarrolla toda ella aquí, hasta el fin de este mundo, que es cuando terminará; la segunda se inicia oscuramente en este mundo, pero su perfección se aplaza hasta el fin de él, y en el mundo futuro no tendrá fin. Por eso se le dice a Pedro: Sígueme, en cambio de Juan se dice: Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú, sígueme. «Tú, sígueme por la imitación en soportar las dificultades de esta vida; él, que permanezca así hasta mi venida para otorgar mis bienes». Lo cual puede explicarse más claramente así: «Sígame una actuación perfecta, impregnada del ejemplo de mi pasión; pero la contemplación incoada permanezca así hasta mi venida para perfeccionarla».

El seguimiento de Cristo consiste, pues, en una amorosa y perfecta constancia en el sufrimiento, capaz de llegar hasta la muerte; la sabiduría, en cambio, permanecerá así, en estado de perfeccionamiento, hasta que venga Cristo para llevarla a su plenitud. Aquí, en efecto, hemos de tolerar los males de este mundo en el país de los mortales; allá, en cambio, contemplaremos los bienes del Señor en el país de la vida.

Aquellas palabras de Cristo: Si quiero que se quede hasta que yo venga, no debemos entenderlas en el sentido de permanecer hasta el fin o de permanecer siempre igual, sino en el sentido de esperar; pues lo que Juan representa no alcanza ahora su plenitud, sino que la alcanzará con la venida de Cristo. En cambio, lo que representa Pedro, a quien el Señor dijo: Tú, sígueme, hay que ponerlo ahora por obra, para alcanzar lo que esperamos. Pero nadie separe lo que significan estos dos apóstoles, ya que ambos estaban incluidos en lo que significaba Pedro y ambos estarían después incluidos en lo que significaba Juan. El seguimiento del uno y la permanencia del otro eran un signo. Uno y otro, creyendo, toleraban los males de esta vida presente; uno y otro, esperando, confiaban alcanzar los bienes de la vida futura.

Y no sólo ellos, sino que toda la santa Iglesia, esposa de Cristo, hace lo mismo, luchando con las tentaciones presentes, para alcanzar la felicidad futura. Pedro y Juan fueron, cada uno, figura de cada una de estas dos vidas. Pero uno y otro caminaron por la fe, en la vida presente; uno y otro habían de gozar para siempre de la visión, en la vida futura.

Por esto, Pedro, el primero de los apóstoles, recibió las llaves del reino de los cielos, con el poder de atar y desatar los pecados, para que fuese el piloto de todos los santos, unidos inseparablemente al cuerpo de Cristo, en medio de las tempestades de esta vida; y, por esto, Juan, el evangelista, se reclinó sobre el pecho de Cristo, para significar el tranquilo puerto de aquella vida arcana.

En efecto, no sólo Pedro, sino toda la Iglesia ata y desata los pecados. Ni fue sólo Juan quien bebió, en la fuente del pecho del Señor, para enseñar con su predicación la doctrina acerca de la Palabra que existía en el principio y estaba en Dios y era Dios –y lo demás acerca de la divinidad de Cristo, y aquellas cosas tan sublimes acerca de la trinidad y unidad de Dios, verdades todas estas que contemplaremos cara a cara en el reino, pero que ahora, hasta que venga el Señor, las tenemos que mirar como en un espejo y oscuramente—, sino que el Señor en persona difundió por toda la tierra este mismo Evangelio, para que todos bebiesen de él, cada uno según su capacidad.

3 Uso litúrgico de este texto. Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

–Hechos 26,16-20.30-31: Pablo vivió en Roma predicándoles el Reino de Dios. En régimen de semilibertad, el Apóstol no deja de continuar la misión para la que fue elegido por el Señor predicar el Reino de Dios. El plan salvífico de Dios realizado en Cristo por su Muerte-Resurrección e impulsado por el Espíritu tiene una dimensión universal. La Iglesia como comunidad y sacramento de salvación, debe actualizar y llevar a cumplimiento el plan de Dios. Nos toca a nosotros continuar esa misión con todos los medios que podamos: nuestra oración, nuestra palabra, nuestra vida... Dice San Gregorio de Niza:

«Esta es la verdadera perfección, no detenerse nunca en el camino hacia lo que es mejor y no poner límites a lo perfecto» (De la perfecta forma cristiana). «La gracia del Espíritu Santo se concede a cada hombre con la idea de que debe aumentar e incrementar lo que recibe» (Institución cristiana).

Y San Gregorio Nacianceno:

«Procurad una limpieza de espíritu siempre en aumento. Nada agrada tanto a Dios como la conversión y salvación del hombre... Sed como lumbreras en medio del mundo, como una fuerza llena de vida para los demás hombres»(Disertación 39).

–Jesús está en el cielo y los buenos lo verán. El cristiano vive con ansias de ver el rostro del Señor, convencido de que verá a Dios cara a cara. Con esta confianza caminamos hacia el gran día de la segunda venida del Señor. Por eso proclamamos con el Salmo 10: «El Señor está en su templo santo, el Señor tiene su trono en el cielo; sus ojos están observando, sus pupilas examinan a los hombres. El Señor examina a los inocentes y culpables, y al que ama la violencia Él lo odia. Porque el Señor es justo y ama la justicia. Los buenos verán su rostro».

–Juan 21,20-25: Este es el discípulo que ha escrito todo esto y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero. Comenta San Agustín:

«Sígueme», porque por él padeció Cristo, del cual dice el mismo Pedro: «Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo para que sigamos sus huellas». Por eso le fue dicho: «Sígueme». Pero hay otra vida inmortal en la que no hay males: allí veremos cara a cara lo que aquí vemos en espejo y figuras cuando se ha progresado mucho en la verdad.

 

«Así, pues, la Iglesia tiene conocimiento de dos vidas que le han sido predicadas y encomendadas por divina inspiración, de las cuales una es en la fe y la otra en la contemplación; la una en el tiempo de la peregrinación, la otra en la eternidad de la mansión; la una en el trabajo, la otra en el descanso; la una en el camino, la otra en la patria; la una en el trabajo de la actividad, la otra en el premio de la contemplación; la una se afana por conseguir la victoria, la otra vive segura en la paz de la victoria..., en conclusión, la una es buena, pero llena de miserias, la otra es mejor y bienaventurada...» (Tratado 124,5 Sobre el Evangelio de San Juan).

José Aldazabal

Enséñame tus Caminos

1. Hechos 28,16-20. 30-31

a) El último pasaje de los Hechos que leemos resume los dos años que Pablo estuvo en Roma en su primer cautiverio. Nos saltamos, por tanto, lo que se cuenta de su viaje por mar, lleno de peripecias, y su estancia en Malta.

En Roma estaba alojado en una casa, con un arresto domiciliario vigilado. Pero nadie le impedía hacer lo que él siempre había querido hacer: evangelizar, anunciar a Cristo Jesús. Y ahora precisamente en el centro del imperio y del mundo: Roma.

Llamó ante todo a los principales de los judíos, ante los que se justificó y les dio su versión del proceso que había tenido lugar en Jerusalén contra él. Pero también predicó a otros muchos, «enseñando la vida del Señor Jesucristo con toda libertad».

No fue en este cautiverio en Roma cuando dio testimonio con su muerte. Al ser liberado, visitó otras comunidades y seguramente viajó a España, como ya había anunciado que iba a hacer. En una segunda detención en Roma es cuando su confesión de Cristo terminó en el martirio, hacia el año 67.

b) Con arresto domiciliario o no, a Pablo nada le impide predicar a Cristo. Ahora da testimonio de Jesús en Roma, como ya le había anunciado el Señor en una visión. Y como había encargado a los discípulos el día de la Ascensión: que dieran testimonio de él empezando en Jerusalén y llegando hasta los confines de la tierra.

Es incansable este apóstol. La fe inquebrantable que tiene en Jesús le mueve en todo momento y da sentido a toda su actuación. Y cuando se trata, no de sus derechos personales, sino de la evangelización, se defiende con inteligencia, para que la Palabra no quede nunca encadenada.

También nosotros, al final de la Pascua, y en vísperas de recibir de nuevo la gracia del Espíritu en la fiesta de Pentecostés, tendríamos que aprender mayor generosidad y decisión en nuestra vida de cristianos, en nuestro seguimiento de Jesús, el Señor Resucitado.

En ciertas ocasiones podemos sentirnos también nosotros en parte coartados por la sociedad o por sus leyes, o mal interpretados en nuestras intenciones. Pero si de veras creemos en el Resucitado, que sigue presente, y confiamos en su Espíritu, que sigue siendo vida, fuego, savia y alegría de la comunidad eclesial, la energía de la Pascua debería duramos y notársenos a lo largo de todo el año en nuestro estilo de vida.

2. Juan 21, 20-25

a) La escena de ayer, con el diálogo de Jesús y Pedro, sigue hoy, a partir de la invitación hecha a Pedro: «sígueme».

Este pasaje probablemente se tuvo que añadir en el evangelio de Juan para salir al paso de unos malentendidos que había sobre Juan, el discípulo amado de Jesús, a quien algunos parecían atribuir la inmortalidad o poco menos, y que a otros resultaría extraño que no le hubieran asignado como sucesor de Pedro cuando éste murió mártir en Roma.

Pedro tiene una intervención poco afortunada sobre si también tenía que seguirles Juan. La respuesta de Jesús fue un tanto seca, volviéndole a decir que él le siguiera, sin preocuparse de Juan.

El evangelio de Juan termina afirmando que Jesús «hizo muchas otras cosas», pero que no caben en los libros.

b) La escena de Pedro preocupado por Juan, que bien pudo ser debida a unos ciertos celos, nos demuestra que la fe va madurando muy poco a poco. Que todos somos débiles, y tendemos a mezclar en nuestra actuación motivos espirituales y otros muy humanos y no tan confesables.

Pero Pedro maduró por obra del Espíritu, y nos dio más tarde magníficos testimonios de su amor a Jesús. Él todavía no sabe que irá a Roma y que allí, después de un apostolado también lleno de valentía y de entrega, confesará con su vida a Cristo ante las autoridades romanas, él que le había negado ante una criada.

Mientras tanto, el evangelio de Juan parece como si no acabara: hay muchas otras cosas de Cristo que no caben en los libros. Ahí estamos nosotros, los que creemos en Jesús dos mil años después, los que no le hemos visto pero le seguimos. Los que estamos desplegando la Pascua en la historia que nos toca vivir. Los que hemos celebrado estas siete semanas, que concluirán con el don mejor del Resucitado, su Espíritu. Nosotros, que estamos intentando vivir en cristiano y anunciar ante el mundo que Cristo Jesús es el que da sentido a toda la historia y a nuestra vida. Y que nos estamos dejando llevar por el Espíritu de Jesús a la verdad plena, a la verdad encarnada en cada generación.

Porque la finalidad de todo el evangelio, como dice Juan en su primera conclusión, es que todos crean «que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre» (Jn 20,31).

«Los discípulos se dedicaban a la oración en común» (entrada)

«Concédenos conservar siempre en nuestra vida la alegría de estas fiestas de Pascua» (oración)

«Porque el Señor es justo y ama la justicia, los buenos verán su rostro» (salmo)

«Jesús dijo a Pedro: Sígueme» (evangelio)

«Ayúdanos a pasar de la vida del pecado a la nueva vida del Espíritu» (poscomunión)

(Giorgio) Zevini - (Pierre Giordano) Cabra

Lectio Divina para cada día del año

LECTIO

Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 28,16-20.30-31

Entre la lectura de ayer y la de hoy está por medio el agitado viaje de Pablo: desde Cesarea a la isla de Creta, los catorce días de tempestad, la estancia en Malta, el viaje de Malta a Roma, la cálida acogida por parte de los hermanos. El fragmento de hoy es un resumen de su actividad en Roma, donde Pablo puede vivir en «régimen de libertad vigilada» en una casa privada. Comienza, como siempre, la predicación a los judíos con resultados alternos, podía «anunciar el Reino de Dios y enseñar cuanto se refiere a Jesucristo, el Señor, con toda libertad y sin obstáculo alguno».

Lucas ha alcanzado su objetivo: la carrera de la Palabra es imparable; el Evangelio ha llegado al corazón del mundo, es predicado con toda libertad y sin obstáculo alguno «hasta los confines de la tierra». Nada ha podido ni podrá detenerlo. Pablo es uno de los muchos testigos de Jesús, un campeón ejemplar, heroico y dotado de autoridad, pero no el único. Las vicisitudes personales de Pablo no parecen interesar demasiado a Lucas, que corta aquí su relato, sin informarnos sobre la suerte del campeón: lo que le importa de verdad es que Pablo haya culminado su propia misión, una misión que es la de todo cristiano, a saber: ser testigo de la resurrección, tener el valor de anunciarla por doquier, convertir cada situación, aun la más improbable, en una ocasión para decir que Jesús es el Señor y el Salvador. «La Palabra de Dios no está encadenada» (2 Tim 2,8s). No hay ocasión en la que no pueda ser anunciada la Palabra de Dios.

Evangelio: Juan 21,20-25

El epílogo del evangelio de Juan está relacionado con la misión propia del discípulo amado. El fragmento está formado por dos pequeñas unidades, que también están subdivididas a su vez: predicción sobre el futuro del discípulo amado (vv. 20-23) y segunda conclusión del evangelio (vv. 24s). El redactor de este capítulo 21, a través de una comparación entre Pedro y el otro discípulo, pretende identificar de manera inequívoca al «otro discípulo al que Jesús tanto quería» (Jn 13,23; 19,26; 21,7.20). La pregunta que Pedro plantea, a continuación, a Jesús sobre la suerte del discípulo amado recibe de parte del Maestro una respuesta que no deja lugar a equívocos, en la que afirma la libertad soberana de Dios respecto a cada hombre.

Pero quizás sea posible proyectar alguna luz sobre estos misteriosos versículos intentando poner de manifiesto cierto fondo histórico del tiempo en el que el autor los escribió. El texto no estuvo provocado realmente por las discusiones que tuvieron lugar en la Iglesia de los orígenes entre los discípulos de Pedro y los del discípulo amado sobre el «poder primacial» del primero. Más bien fue introducido por el redactor del capítulo para demostrar, sobre una base histórica, dos cosas: a) que carecía de fundamento la opinión difundida de que el discípulo amado no había muerto; b) que esa muerte, una vez acaecida, tenía la misma importancia para el Señor que el martirio sufrido por el apóstol Pedro.

Por último, los versículos finales (vv. 24s) subrayan una cosa simple, pero verdadera: la revelación de Jesús, ligada al ministerio de su persona, es algo tan grande y profundo que escapa al alcance del hombre.

MEDITATIO - CONTEMPLATIO - LECTURA ESPIRITUAL

Podemos concentrar nuestra reflexión uniendo las tres partes en un espléndido fragmento de Agustín, donde el obispo de Hipona hace la comparación entre Pedro y Juan.

La Iglesia conoce dos vidas, que la predicación divina le ha enseñado y recomendado. Una de ellas es en la fe, la otra es en la clara visión de Dios; una pertenece al tiempo de la peregrinación en este mundo, la otra a la morada perpetua en la eternidad; una se desarrolla en la fatiga, la otra en el reposo; una en las obras de la vida activa, la otra en el premio de la contemplación; una intenta mantenerse alejada del mal para hacer el bien, la otra no tiene que evitar ningún mal, sino sólo gozar de un inmenso bien; una combate con el enemigo, la otra reina sin más contrastes; una es fuerte en las desgracias, la otra no conoce la adversidad; una lucha para mantener frenadas las pasiones carnales, la otra reposa en las alegrías del espíritu; una se afana por vencer, la otra goza tranquila en paz de los frutos de la victoria; una pide ayuda bajo el asalto de las tentaciones, la otra, libre de toda tentación, se mantiene en alegría en el seno mismo de aquel que le ayuda; una corre en ayuda del indigente, la otra vive donde no hay necesidades; una perdona las ofensas para ser, a su vez, perdonada, la otra no sufre ninguna ofensa que tenga que perdonar, no tiene que hacerse perdonar ninguna ofensa; una está sometida a duras pruebas que la preservan del orgullo, la otra está tan colmada de gracia que se siente libre de toda aflicción, tan estrechamente unida al sumo bien, que no está expuesta a ninguna tentación de orgullo; una discierne entre el bien y el mal, la otra no contempla más que el bien. En consecuencia, una es buena, pero se encuentra todavía en medio de las miserias; la otra es mejor porque es beata. La vida terrena está representada en el apóstol Pedro; la eterna, en el apóstol Juan.

El curso de la primera se extiende hasta la consumación de los siglos, y allí encontrará su fin; la realización cabal de la otra está remitida al final de los siglos y al mundo futuro, y no tendrá ningún término. Por eso el Señor le dice a Pedro: «Sígueme», mientras que hablando de Juan dice: «Si yo quiero que él permanezca hasta que yo vuelva, ¿a ti qué? Tú sígueme». ¿Qué significan estas palabras? Según lo que yo puedo juzgar y comprender, éste es el sentido: «Tú sígueme, soportando, como yo lo he hecho, los sufrimientos temporales y terrenos; aquél, sin embargo se queda hasta que yo venga a entregar a todos la posesión de los bienes eternos».

Aquí soportamos los males de este mundo en la tierra de los mortales; allá arriba veremos los bienes del Señor en la tierra de los vivos para siempre. Que nadie, sin embargo, piense separar a estos dos ilustres apóstoles. Ambos vivían la vida que se personifica en Pedro y ambos vivirían la vida que se personifica en Juan. En la imagen de lo que representaban, uno seguía a Cristo, el otro estaba a la espera. Ambos, sin embargo, por medio de la fe, soportaban las miserias de este mundo y esperaban, ambos también, la felicidad futura de la bienaventuranza eterna (Agustín, Comentario al evangelio de Juan, 124,5).

ORATIO

Ayúdame, Señor, a soportar los males en la tierra de los que hemos de morir para gozar de tus bienes en la tierra de los vivos.

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: «Tú sígueme» (Jn 21,22b).

Ilustraciones: Meister Heinrich von Konstanz, Hermanos Limbourg y Rubén Ferreira.

Fuente:

https://www.deiverbum.org/jn-21_20-25/

https://www.deiverbum.org/homilias_semana-07_tiempo-pascua_dia-07-sabado/

Breve nota LB: La lectura de san Juan no está incluida en: 

https://www.feadulta.com/es/evangelios-y-comentarios/390-juan.html

En todo caso, programado san Juan para el domingo con un pasaje inusual que suscitó nuestro interés por la interpretación en la homilía local /https://www.vaticannews.va/es/evangelio-de-hoy/2026/05/17.html), nos encontramos que la Hoja Dominical y, en fecto, la misa de la Iglesia de la Coromoto estuvo inspirada en san Mateo, 28: 26-20.


MISIÓN Y CONFIANZA

(San Mateo, 28: 16-20)

Enrique Martínez Lozano

Con este texto, acaba el evangelio de Mateo. Se recogen en él tres temas muy importantes en las primeras comunidades: la fe en el Resucitado, la misión y la confianza en su presencia permanente. Querría comentar algo sobre cada uno de ellos.

1. A veces, tal como se presentaban los relatos de las apariciones en la catequesis o la predicación, daba la impresión de que los primeros discípulos no tuvieron ningún problema de fe. Según esas presentaciones, ellos habrían visto al resucitado de un modo similar a como lo vieron antes de su muerte.

Sin embargo, no pudo ser así, e incluso hay textos –como este- que no lo ocultan. Al mismo tiempo que presenta la actitud del creyente con el signo de la postración –reconociendo a Jesús como el Señor-, no esconde que "algunos vacilaban".

No; los primeros discípulos no tuvieron más "ventajas" que los que habrían de venir más tarde. Para unos y para otros, la presencia del resucitado no es accesible –por usar un lenguaje clásico- al "ojo de la carne" ni al "ojo de la mente". Se requiere aprender a mirar con el "ojo del espíritu" (o "tercer ojo"), lo cual es posible en la medida en que acallamos la mente y nos abrimos a experimentar el Misterio, en cuanto núcleo íntimo y omnipresente de nuestro propio ser.

2. La misión, tal como se presenta en este relato, adopta una forma que no se remonta al Jesús histórico. De hecho, el envío que hace Jesús –y que relata el propio Mateo- presenta unas características bien distintas: "Id anunciando que está llegando el reino de Dios. Curad a los enfermos, resucitad a los muertos, limpiad a los leprosos, expulsad a los demonios" (Mt 10,7-8).

¿Qué ha ocurrido para se expliquen las diferencias entre ambos? Algo muy simple: el primero recoge más bien el sentido de Jesús –favorecer la vida- y contiene directamente su propio sabor; el segundo –que habla ya incluso del bautismo en el nombre de la Trinidad- nace en el contexto de una comunidad de discípulos bastante desarrollada, que entiende la misión en clave proselitista, como cualquier grupo religioso que se inicia.

3. Y la última frase de todo el evangelio es una promesa, fuente de confianza. Las primeras comunidades debieron vivir la certeza de la presencia de Jesús con notable intensidad. El Apéndice del evangelio de Marcos termina con una frase similar: "Ellos salieron a predicar por todas partes y el Señor cooperaba con ellos" (Mc 16,20).

La confianza brota de la certeza de la unidad: "Yo-con-vosotros". Siempre sucede así, incluso en los niños más pequeños. La confianza psicológica del niño, que podrá constituir una plataforma segura en la que apoyarse a lo largo de toda su existencia, se fraguará, básicamente, en el la experiencia de "apego seguro" con la figura materna, en la "urdimbre afectiva" (J. Rof Carballo) entretejida con la madre y otras figuras significativas para él.

De un modo similar, la confianza existencial se apoya en la vivencia de la unidad con todo. El yo, al percibirse aislado y separado del conjunto, está condenado a la soledad, al miedo y a la ansiedad. Superado ese engaño, al acceder a nuestra verdadera identidad, descubrimos que podemos descansar confiadamente en lo que es (lo que somos).

Pero, además, el autor del evangelio parece hacernos un guiño intencionado y cargado de sentido. El "Yo estoy con vosotros" podemos tomarlo como un nombre propio de Jesús, en cuanto remite al primer capítulo del evangelio mateano, en el que, citando al profeta Isaías, se dice: "Le pondrán por nombre Emmanuel (que significa: Dios con nosotros)" (Mt 1,23).

Es decir, Mateo hace lo que se conoce como una inclusión: Jesús es el Dios-con-nosotros (Emmanuel). Así se nos presenta y así se despide.

 Y con este hermoso y acertado nombre, somos conducidos de nuevo a percibir la Unidad del Misterio, en sus dos caras –lo divino y lo humano, lo invisible y lo manifiesto-, abrazadas en la no-dualidad.

Como Jesús, todo lo que es, contiene ese "doble rostro": somos la forma concreta en que se manifiesta la Consciencia una. Esa es la fuente de toda confianza.

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/5013-mision-y-confianza.html

Ilustración: Carlos Xavier Duque Rangel.

Padre S. Martín. Atacan al Papa:

https://www.youtube.com/watch?v=klw0JH_VFkQ

Papa León: Regina Caeli:

https://www.youtube.com/watch?v=Ib3kZTG7eWc

Cardenal Porras: https://www.youtube.com/watch?v=rOndfxCp7aQ

Monseñor Biord: https://www.youtube.com/watch?v=9hYrdWvAw_I

Padre Beladjolo: https://www.youtube.com/watch?v=qqViXcVsJeo

Padre S. Martín: https://www.youtube.com/watch?v=mvHmNgLdOpA

Monseñor Munilla:https://www.youtube.com/watch?v=cyeMtacn5xo&t=21s

viernes, 15 de mayo de 2026

La sensatez y claridad de un experto

LAS PERSPECTIVAS DEL CASO DEL ESEQUIBO EN LA CIJ

Héctor Faúndez

El 11 de mayo del año en curso concluyeron los alegatos de las partes en la Corte Internacional de Justicia, en relación con la demanda introducida por Guyana en contra de Venezuela, pidiendo que se determine la validez del laudo arbitral del 3 de octubre de 1899, que fijó la frontera de Venezuela con la entonces Colonia Británica de Guayana.

Hay que celebrar que, finalmente, las autoridades del país hayan decidido comparecer en esas audiencias, para hacer oír la voz de Venezuela en relación con este asunto. Pero hubo que esperar hasta el 4 de mayo pasado, con el inicio de esas audiencias, para tener acceso a la contra memoria y a la dúplica de Venezuela en el proceso escrito ante la Corte. Resulta incomprensible que, en un asunto del mayor interés nacional, no se haya consultado a las universidades, a las Academias nacionales, a los partidos políticos, y a la sociedad civil para la preparación de esas piezas documentales, con los argumentos que permiten afirmar que el laudo es nulo, y que el territorio en disputa es de Venezuela. En realidad, esos argumentos ni siquiera fueron informados al país, y de algunos de ellos nos enteramos -por boca de los abogados de Guyana-, el 4 de mayo, al inicio de las audiencias. Esto no podía ser tratado como si fuera un secreto de Estado, y merecía ser compartido con los venezolanos. Sin embargo, quienes están en el ejercicio del poder prefirieron ser los únicos que asumieran esta grave responsabilidad.

Siendo este un asunto de Estado, que tiene una importancia trascendental para Venezuela, me ha parecido correcto que la presidente encargada haya asistido a la audiencia de cierre, y que se haya dirigido a la Corte. Eso se hubiera esperado de cualquiera que estuviera al frente de la jefatura del Estado, sin perjuicio de su ideología, de su condición jurídica (de jure o de facto), o de las circunstancias por las que dicha persona está en ese cargo. Pero, precisamente por ser este un asunto de Estado, lamento que no se haya invitado a formar parte de la delegación venezolana al rector de la Universidad Central de Venezuela, al presidente de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales, a la presidente de la Academia Nacional de la Historia, al presidente de Fedecámaras, al presidente de la CTV (o lo que quede de ella), y a dirigentes de los distintos partidos políticos de Venezuela. Porque éste es un asunto de Estado, hubiera sido bueno mostrar que es todo el país el que está detrás de esta reclamación, y no sólo una facción política.

Contrario a la práctica corriente en este tipo de procesos, Venezuela decidió comparecer sin ningún abogado anglosajón formado en el derecho internacional, y con suficiente experiencia en ese campo; lo que hacía falta eran abogados que no necesitaran autodefinirse como “juristas internacionales”, que sean conocidos de los jueces de la Corte, y con quienes -gracias a su autoridad intelectual y moral- puedan hablar de igual a igual. El gobierno prefirió optar por abogados muy meritorios, pero, en promedio, más jóvenes y menos experimentados que los del equipo guyanés. Estratégicamente, haber contado con un equipo jurídico integrado por abogados alemanes, italianos, senegaleses, griegos, y españoles, puede haber servido para dar la impresión de que no estamos tan solos en nuestra reclamación; pero no hubiera hecho daño, sino que, muy por el contrario, hubiera ayudado incluir a algún prestigioso abogado inglés o estadounidense.

En cuanto a los alegatos de las partes, mi apreciación global es que -en términos generales- Guyana estuvo muy bien en la primera ronda, del día lunes 4 de mayo, aunque no tanto en la segunda, del viernes 8. En cuanto a Venezuela, tanto en la primera como en la segunda ronda, sus abogados extranjeros estuvieron muy bien, particularmente en lo que se refiere a las razones por las que el laudo es nulo. Es comprensible que, con un tiempo tasado -seis horas disponibles para la primera ronda y tres para la segunda-, había poco espacio para desarrollar mejor esos argumentos; en todo caso, asumo que estos han sido ampliamente abordados en los alegatos escritos.

Precisamente porque el tiempo era escaso y había que distribuirlo apropiadamente, pienso que la intervención de la procuradora Arianny Seijo -que se presentó como “jurista internacional”- sobraba. No era esta una competencia universitaria, ni un concurso de vanidades, o el momento de hacer bromas. Ese tiempo pudo ser mejor aprovechado por juristas como Andreas Zimmermann, Paolo Palchetti, Christian Tams, o Jean-Marc Thouvenin, que habrían abordado con destreza las cuestiones que han sido sometidas a la Corte. Y, probablemente, la intervención de la presidente encargada habría podido recortarse algunos minutos, para que esos mismos profesionales pudieran extenderse en sus explicaciones jurídicas, que es lo que había que transmitir al Tribunal.

Como es de conocimiento público, ya hay una sentencia sobre jurisdicción, en la que la Corte se declaró competente para conocer de la nulidad o validez del laudo de París y de la cuestión relacionada con la determinación de la frontera terrestre definitiva entre Guyana y Venezuela. Por eso, me pareció equivocado insistir en que Venezuela no reconoce la competencia de la Corte. En primer lugar, la sentencia que se dicte será obligatoria, y -de ser adversa a las pretensiones de Venezuela- no hay nada razonable que se pueda hacer para recuperar un territorio que estará bajo la soberanía de Guyana, con la legitimidad que le dará una sentencia de la Corte Internacional de Justicia. Me imagino que nadie en su sano juicio está pensando en una aventura militar, que -suponiendo que fuera posible- sería repudiada por la comunidad internacional en su conjunto, y que, en la región, no contaría ni siquiera con el respaldo de Argentina o Guatemala (a pesar de sus reclamos territoriales en contra de Inglaterra). De lo que se trataba era de defender apropiadamente los derechos de Venezuela, cuestión que -en mi opinión- se hizo de manera bastante atinada. Pero, si tenemos tan buenos argumentos (como se demostró en las audiencias), me parece incomprensible creer que la Corte es una amenaza, y no una oportunidad para hacer valer la reclamación venezolana. Es una lástima que, por esa terquedad, hayamos perdido tanto tiempo desviándonos del camino correcto.

El argumento de la novación de las obligaciones preexistentes por las nuevas obligaciones asumidas por las partes mediante el Acuerdo de Ginebra, expuesto por Makane Mbengue, hubiera sido un argumento de mucho peso en la fase de jurisdicción, en la que Venezuela decidió no comparecer. Ahora, en la fase de fondo, era un argumento extemporáneo.

Sin embargo, el argumento de Zimmermann, en el sentido de que, del mismo modo que los medios políticos o diplomáticos son inadecuados para decidir sobre la nulidad del laudo, el arreglo judicial no permite llegar a una solución satisfactoria de la controversia, podría conducir a que la Corte determine que el asunto que ella está llamada a decidir no es una controversia jurídica, y que, en consecuencia, debe abstenerse de pronunciarse sobre el fondo de la misma. Ya hay precedentes en los que, para preservar su función jurisdiccional, la Corte se ha negado a decidir sobre el fondo de la controversia. De manera que no es imposible que algo así pueda ocurrir en este caso, aunque es poco probable. Pero hay que advertir que eso nos dejaría en el mismo punto en el que estábamos antes de la demanda de Guyana.

Philippe Sands, abogado de Guyana, negó todo valor al memorándum de Mallet-Prevost, y -asumiendo que éste existiera- puso en duda los hechos relatados en dicho memorándum, o rechazó que tuvieran relevancia jurídica. Pero algunos de esos hechos están corroborados por otras fuentes, incluyendo el diario de Martens, y una carta de Russell al primer ministro Salisbury, fechada escasos días después de dictado el laudo. Como quiera que sea, si se sostiene que el laudo es nulo no es por lo que dice el Memorándum de Mallet-Prevost, sino por lo que dice el propio laudo.

La profesora Nilufer Oral, se refirió a la conducta de Venezuela que, con su silencio o aquiescencia después de dictado el laudo, supuestamente habría consentido en éste. Pero, si el laudo está viciado de nulidad absoluta, no dejará de estarlo por la conducta de una de las partes. Además, incluso asumiendo que - según la tesis de Guyana-, el largo silencio de Venezuela se hubiera traducido en la aceptación de la validez del laudo, el Acuerdo de Ginebra habría reabierto esa controversia, y sería la razón por la que estamos en la Corte. En dicho Tratado, Inglaterra y Guyana aceptaron que la controversia del Esequibo es un asunto que todavía está por resolver.

Venezuela ha alegado que el laudo es nulo porque el compromiso arbitral es nulo, o porque -de no serlo- el laudo incurrió en exceso de poder y, además, porque carece de fundamentos.

Las circunstancias en que se negoció el Tratado de Arbitraje de 1897, sin la participación de Venezuela, y ocultándole compromisos asumidos por Estados Unidos y Gran Bretaña en perjuicio de Venezuela, han llevado a los abogados de Venezuela a sostener que el compromiso arbitral es nulo, porque es el fruto del fraude y la coacción, y porque Venezuela fue inducida a error respecto de la cláusula de prescripción, que era una parte esencial de dicho Tratado. A pesar de la contundencia de los hechos y de los argumentos expuestos por los abogados de Venezuela, es muy probable que esta alegación será desestimada, porque Venezuela ratificó el compromiso y participó en el procedimiento arbitral. Sin embargo, esos hechos son la punta del hilo de la madeja que condujo a la farsa del laudo de París, y es bueno que hayan sido conocidos por la Corte.

Venezuela alegó, en forma coherente, que el laudo incurrió en exceso de poder, ya sea porque no resolvió una de las tareas que se le encomendó -como era la determinación de los territorios que pertenecían a unos o a otros-, o porque decidió sobre cuestiones que no estaba llamado a decidir -como era la libre navegación de los ríos Amacuro y Barima-, o porque no decidió conforme a Derecho. Ese argumento no pudo ser desmontado por Guyana. Se podrá decir que el pronunciamiento sobre la libre navegación de los ríos anula esa parte del laudo, y no el resto. Pero no se puede sostener que un laudo que no decide sobre lo que era la premisa fundamental para determinar una frontera sea un laudo válido.

Otro argumento de Venezuela fue que el laudo es nulo porque carece de motivación, en los términos requeridos por el Derecho en vigor al momento de dictarse el laudo. Los abogados de Guyana sostuvieron que, en 1899, no era obligatorio motivar los laudos y que, además, el compromiso arbitral de 1897 no lo requiere. Pero la verdad es que la doctrina y la práctica contemporánea requerían que los laudos fueran debidamente razonados. Entre 1795 y 1872, la práctica era que los laudos de reyes no siempre eran motivados; en cambio, los laudos adoptados por comisiones arbitrales usualmente lo eran. Hasta ese momento, puede aceptarse que no había una práctica generalmente aceptada como Derecho. Sin embargo -en una controversia entre Estados Unidos y Gran Bretaña-, desde 1872, con el laudo arbitral dictado en el caso del Alabama, comenzó a cristalizar la obligación de motivar los laudos. Ese proceso pasó por un proyecto aprobado en 1875 por el Institut de Droit International, y culminó, en julio de 1899 con la Convención de La Haya para el arreglo pacífico de controversias internacionales. Además, entre 1872 y 1899, se dictaron varios laudos arbitrales, en el entendido de que ellos debían ser motivados; en 1897 había sido el turno del asunto del Costa Rica Packet -una disputa entre el Reino Unido y Holanda, en que Martens había sido árbitro único-, y ese laudo fue debidamente motivado. Cuesta creer que, si la controversia hubiera sido entre Estados Unidos e Inglaterra, entre Rusia e Inglaterra, o entre Francia e Inglaterra, el Tribunal hubiera prescindido de indicar las razones de su decisión.

En todo caso, el compromiso arbitral suscrito entre el Reino Unido y Venezuela señalaba las tareas que se le encomendaba al Tribunal, establecía el orden en que esas tareas debían ejecutarse, fijaba las reglas a las que el Tribunal debía ceñirse, e indicaba que todo eso debía hacerse “imparcial y cuidadosamente”. Estas no eran meras recomendaciones, sino las condiciones en que las partes habían aceptado someterse al arbitraje, y el Tribunal tenía que mostrar que había cumplido con cada uno de esos pasos. Los árbitros tenían que explicar que habían cumplido con las tareas que se les encomendó, que habían investigado y establecido la extensión de los territorios que pertenecían, o que legalmente podían ser reclamados por cualquiera de las partes al momento de una fecha crítica determinada, que se habían ajustado a las reglas acordadas por las partes para determinar quién tenía un justo título y cuál era la frontera, y tenían que mostrar que todo eso lo habían hecho “imparcial y cuidadosamente”. Un laudo -o una sentencia. Es como un silogismo; a ciertas premisas les sigue una conclusión; si faltan las premisas, no hay forma razonable de llegar a la conclusión. Por eso, según George Scelle, un laudo que no está motivado no es una sentencia, sino una mera opinión.

El exceso de poder y la falta de fundamentación del laudo de París son las dos causales más obvias de su nulidad, y son las cartas más fuertes de Venezuela. Pero hay otras. En primer lugar, está la integración irregular del tribunal, con una parte que estaba representada y la otra no, con una parte que tenía acceso a los debates internos del Tribunal y la otra no, en violación de la igualdad soberana de los Estados, y de los principios en que se funda el arbitraje internacional. En segundo lugar, debe mencionarse la participación de Federico Martens (o de Martens), un árbitro anglófilo, funcionario de la cancillería rusa y asesor del Zar de Rusia, que entendía que el derecho internacional sólo se aplicaba a los países de la Europa cristiana y no a naciones salvajes o semi salvajes, que propiciaba un entendimiento entre Rusia e Inglaterra en Asia Central, y que no podía ser imparcial en este caso. En realidad, con las reglas aplicables a los jueces de la Corte Internacional de Justicia, Martens nunca podría haber sido árbitro en este caso. Las dos circunstancias anteriores -la integración del Tribunal con la participación de dos árbitros ingleses, pero sin que hubiera árbitros venezolanos, y la participación de Martens-, hacían imposible que ese Tribunal pudiera actuar con independencia e imparcialidad. En tercer lugar, debe citarse la violación del debido proceso, como consecuencia de la forma en que se condujo el procedimiento, mostrando la parcialidad de los jueces británicos, rechazando exigir la presentación de pruebas que estaban en posesión del gobierno del Reino Unido, y violando el principio de igualdad de armas. En fin, el hecho de que el fallo se adoptara mediante la coacción de uno de los suyos sobre el resto del Tribunal, sin la debida deliberación en pleno, sino en conciliábulos de pasillo, y sin un debate sobre los méritos de los argumentos de las partes, sino con un mero compromiso político, carente de todo fundamento jurídico, hacía que el laudo fuera igualmente nulo.

Creo que, dentro de las limitaciones del tiempo disponible, los abogados de las partes abordaron muy bien el tema de la nulidad o validez del laudo, y creo que allí se impuso Venezuela. Christian Tams, en representación de Venezuela, sostuvo que la validez del laudo no podría pasar ningún test. Pero la cuestión de los títulos territoriales es otra cosa; porque, si se concluye que el laudo es nulo, la Corte tendrá que determinar la frontera terrestre definitiva entre ambos países y, sobre ese punto los alegatos de Guyana fueron casi inexistentes, y los de Venezuela se centraron brevemente en algunos mapas.

Mientras Guyana basa su reclamación en la supuesta ocupación del territorio en disputa, Venezuela invoca, fundamentalmente, títulos históricos. Guyana sostiene que los españoles habían estado reducidos al Orinoco, y que, al momento de dictarse el laudo, no había asentamientos venezolanos en la zona en disputa; según Guyana, las misiones religiosas de los capuchinos catalanes estaban instaladas al oeste de la frontera indicada por el laudo. Adicionalmente, Guyana afirma que el territorio en disputa estaba ocupado por Inglaterra; pero la evidencia indica que los asentamientos holandeses, primero, y luego los ingleses, estaban situados en la costa; los mapas de la época muestran todo lo demás como una inmensa región deshabitada.

Respondiendo al alegato de que no había presencia española o venezolana en la región en disputa, Thouvenin citó los casos del Castillo el Burgo en la confluencia de los ríos Cuyuní y Mazaruni, y la Misión Santa Rosa, en la desembocadura del río Esequibo. Adicionalmente, Thouvenin comentó algunos mapas, comenzando por el del español Luis Surville, de 1778, que marca la frontera en el río Esequibo (excepto por la región Pomerón-Moroco, en la costa y al costado occidental del Esequibo). Entre los mapas ingleses, se mostró el de Aaron Arrowsmith, de 1806, otro publicado por Sherwood, Neely and Jones, de 1822, y un mapa de Joseph Hadfield, de 1838, todos los cuales muestran la frontera en el río Esequibo, excepto por el de Hadfield, que muestra algunas plantaciones inglesas en la costa occidental del Esequibo. En el caso de Hadfield, hay que hacer notar que él era topógrafo de la Corona y que, en la colonia de Guayana Británica, se desempeñó como superintendente para Demerara de ríos y arroyos; según su autor, el mapa en cuestión habría sido elaborado “a partir de las últimas mediciones de Schomburgk” y de otros cartógrafos. Thouvenin no desperdicio la oportunidad que tenía de destacar las discrepancias que hay entre la frontera del mapa de Hadfield, de 1838, y la del mapa de Schomburgk, de 1840. Lo cierto es que los mapas de cartógrafos holandeses, franceses, ingleses, españoles, colombianos, brasileños, y venezolanos, al igual que muchos mapas provenientes de cartógrafos independientes, favorecen la tesis de Venezuela.

En un asunto en el que los historiadores venezolanos no han hecho su tarea -aportando más opiniones que información debidamente sustentada y que tenga algún valor probatorio en un tribunal-, ninguna de las partes se ocupó con detenimiento de los títulos territoriales que asisten sus respectivas reclamaciones. Habrá que ver qué es lo que dicen sus alegatos escritos. Por el momento, se recuerda que, en 1824, cuando la Gran Colombia solicitó el reconocimiento de Inglaterra como nación independiente, señaló precisamente que su límite oriental era el río Esequibo; cuando se produjo dicho reconocimiento, el gobierno británico no hizo ninguna objeción o reserva a la frontera reclamada por Colombia.

Sería paradójico que, como consecuencia del juicio en la Corte al que Venezuela le tenía tanta aversión, después de escuchar las razones de Venezuela, ahora resulte que Guyana esté dispuesta a sentarse a negociar. Tampoco sería primera vez que eso ocurre. Pero, por el momento, esperemos lo que pueda decir el Tribunal y, cualquiera que sea su sentencia, comportémonos como una nación civilizada, y acatemos el veredicto. Eso es lo que se espera de gente respetuosa del Derecho.

15/05/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/05/las-perspectivas-del-caso-del-esequibo-en-la-cij/

Cfr.

https://lbarragan.blogspot.com/search?q=Esequibo

https://apuntaje.blogspot.com/search?q=Esequibo

martes, 12 de mayo de 2026

Una pregunta valedera

¿CUÁL SOCIEDAD CIVIL PARA CUÁL TRANSICIÓN?

Luis Barragán

“El sentido común es propenso a

creer que lo que hoy existe ha

existido siempre”

Antonio Gramsci  (*)

Una generalizada noción de la sociedad civil (SC) suele ventilar el incipiente debate transicional con alguna frecuencia, dando por sentado que ella tiene - bastando con invocarla - el octanaje suficiente para ir más allá del Rubicón. La crisis infatigable es la exclusiva de los partidos políticos definitivamente incorregibles, mientras sobreviven en el imaginario la prestancia de las asociaciones de vecinos por más que el promedio haya claudicado ante los consejos comunales, los gremios empresariales que se creen moralmente autorizados a sobrevivir a cualquier precio, los sindicales y profesionales que tampoco diligenciaron con audacia la renovación electoral de sus directivas, los deportivos que fueron arrollados por los aplastantes recursos del Estado.

Hemos sufrido una suerte de tsunami lumpemproletarizador en este siglo, que ha facilitado la constante reconfiguración y administración de vastas clientelas políticas dependientes de un Estado al que ahora no le alcanzan los ingresos petroleros para subsidiarlas. Estructuralmente, la hiperinflación, la destrucción del aparato productivo, las expropiaciones interesadas, la agigantada economía de puertos, el explosivo endeudamiento público externo, nos han forzado a la dependencia de los bonos y de las llamadas misiones, incentivando la masiva diáspora de los paisanos, y también la trágica aceptación de una vía delictiva para la supervivencia y el ascenso social.

Torpedeada por la persistente consigna del comunalismo y la promoción de un tal poder popular, propio de los fracasados socialismos reales conocidos, la idea misma de la SC queda reducida a una vieja “manía esnobista” de la clase media petrolera. Lo curioso es que, por más que se jure de inspiración marxista este tan largo gobierno, no existe una literatura convincente en términos oficiales u oficiosos que explique las actuales clases sociales en Venezuela, por lo menos, capaces de contrastar con el resultado de los estudios sobre la clase media del Banco Interamericano de Desarrollo (BID, 2021), Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI-UCAB, 2025), o los aportes de Roberto Briceño-León y Luis Pedro España, por ejemplo.

Grosso modo, el modelo rentístico se encuentra agotado desde hace varias décadas, pero ha habido una feroz resistencia de distintos sectores, grupos y corrientes sociales representados por el chavismo frente a un modelo alternativo, el de una economía y sociedad abierta y competitiva, fundada en el trabajo digno y productivo. Después de arruinada PDVSA, empujado el país al borde del colapso, paradójicamente la fórmula inmediata para una recuperación económica es la práctica desnacionalización y el incremento en todo lo posible de la producción del crudo con futura distribución y pagos seguros, sintetizando el 3-E. Sin embargo, la SC no puede asumirse como una sumatoria de entidades tradicionales en pugna por alcanzar la cuota de los ingresos y beneficios que consideran como propia e intransferible,  sino como expresión del caduco bloque histórico por demasiado tiempo articulado por el chavismo en el que concursan la cúpula político-militar chavista, la lumpenburguesía y la excrecencia denominada pranes,  intermediarios financieros y comerciales, aparatos de control y represión, oposición funcional, redes clientelares, que entienden la transición como un reacomodo al que pueden reintegrarse agradecidos los grupos de interés desplazados en el siglo.

Precisamente, por entender el cambio como un simple reacomodo en los términos del viejo modelo, esa concepción de la SC la llevó al fracaso por todos estos años y, a modo de ilustración, recordamos que, en defensa de las universidades, fuera y dentro el parlamento, insistimos tiempo atrás en la realización espontánea y simultánea de las elecciones rectorales y las de sus gremios para suscitar un extraordinario oleaje democratizador capaz de propulsar una transformación definitivamente histórica en el país.  Y lo señalamos expresamente para retar a los críticos acérrimos de la institución partidista: entonces, desplácenla para que la universidad asuma un rol semejante al de Solidarność en Polonia, pero esto no fue posible siquiera meditarlo jurando que los riesgos y los peligros pertenecen enteramente al ámbito de los partidos.

Todo un lugar común, no basta con reclamar la participación protagónica de la SC en los procesos de transición presumidos como una experiencia atmosférica, lineal, absolutamente armónica y de etapas preclusivas. Estamos a tiempo de un debate enteramente compatible con la acción, que permita actualizar la idea misma de la SC y comprenderla desde una dimensión institucionalista, estructuralista, subjetiva y psicopolítica, u otra que se prefiera respecto a la transición política, traducible en una adecuada estrategia y despliegue táctico de una oposición seria y responsable.

Convengamos, se anuncia un diferente bloque histórico en el esfuerzo de superar algo más que las consabidas circunstancias de un gobierno de facto. La transición venezolana no puede entenderse sólo como alternancia política, porque lo que está en crisis es el bloque histórico del que se apoderó el socialismo rentista.

(*) “El ´Risorgimento´”, Granika Editor, Buenos Aires, 1974: 67.

Ilustración: Andrei Popov. 

12/05/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/05/cual-sociedad-civil-para-cual-transicion/

Caza de citas

“Cuando se cocina «sopa», la idea es tomar cartuchos de dinamita, romperlos en pedazos y colocarlos en agua hirviendo, y retirar la nitrogli...