lunes, 27 de julio de 2026

Ocio

DE UN BREVE EJERCICIO GRÁFICO

Luis Barragán

Las ilustraciones de la prensa caraqueña de principios de los años noventa ejemplificaron el pleno ejercicio de la libertad de expresión que entonces existía, o, por lo menos, uno que nunca volveríamos a conocer con semejante profundidad y garantías. A diferencia de febrero de 1992, el segundo intento de golpe de Estado, en noviembre del mismo año, propició determinados niveles de (auto)censura con el propósito de atajar un oleaje conspirativo cuyas verdaderas dimensiones todavía desconocemos.

La etapa particularmente libérrima que siguió a las elecciones de 1988 fue fecunda en piezas de fina ironía y humor, al tiempo que permitió la aparición de periódicos tan bien concebidos como los caraqueños El Globo y Economía Hoy. En ambos hizo su aprendizaje quien suscribe, todavía aspirante a escribir con regularidad mientras alternaba los estudios universitarios con el desempeño tribunalicio y descubría el rigor del diarismo comercial.

Uno de los ilustradores más originales de aquella época fue Eneko las Heras, integrante de una familia estrechamente vinculada al periodismo y al mundo editorial, ahora establecido y desde hace muchos años en España. Por una de esas felices casualidades que sólo depara un archivo abnegadamente organizado, reapareció un extraordinario dibujo suyo publicado por Economía Hoy, el diario salmón, el 21 de junio de 1992.

La pieza nos sirvió para experimentar con la inteligencia artificial y, al mismo tiempo, reivindicar la inteligencia natural. Concebida en un país donde la telefonía celular apenas despuntaba, extraordinariamente costosa y reservada a muy pocos usuarios, la sátira aludía a una política de telecomunicaciones que prometía abrir aquel mercado todavía dominado por tecnologías hoy casi arqueológicas.

Eneko demostró entonces que un dibujo podía transmitir un mensaje completo sin necesidad de apoyarse en un solo texto, virtud que aún distingue a numerosos ilustradores contemporáneos. Sin embargo, lo verdaderamente notable reside en una triple creatividad: la asociación inesperada de objetos capaces de expresar por sí mismos una idea, la construcción de un lenguaje gráfico inmediatamente reconocible y la perfecta adecuación de ese lenguaje a un medio especializado en economía y finanzas.

Valga una breve y también necesaria digresión: tan especializado era Economía Hoy que sus propietarios terminaron abandonándolo para huir al extranjero después de beneficiarse del auxilio financiero que el Estado concedió a buena parte del sistema bancario venezolano. Valoramos mucho el gran medio que fue, pero – sin rencores – importa recordar aquellos polvos que trajeron estos lodos.

Acudimos a ChatGPT, en su versión gratuita, con el propósito de traducir aquella ilustración a una representación realista de sus motivos gráficos. La primera dificultad consistió en el prompt, cuyo resultado apenas reprodujo los rasgos estilísticos de Eneko sobre un fondo distinto; la segunda apareció cuando la inteligencia artificial debió identificar la antigua antena de telecomunicaciones y el arma prehistórica cuya denominación y representación varían según el uso del español.

El proceso fue revelador porque el arma apareció sucesivamente como un inmenso martillo hasta convertirse, finalmente, en el mazo cuya posición también costó obtener. Tales tropiezos corresponden, desde luego, tanto a las limitaciones de una versión gratuita como a la inexperiencia del usuario que pretende obtener de inmediato un resultado satisfactorio.

Completado el ensayo, quedaron varias lecciones. Muchos usuarios esperan que la inteligencia artificial produzca gratuitamente una imagen original sin aportar indicaciones suficientes, pero también resulta evidente que la intuición creadora de Eneko, concebida sin el auxilio tecnológico disponible hoy, conserva una capacidad de asociación que ninguna recreación automática consigue igualar; quizá por ello, en el apogeo de esta era digital, un simple ejercicio de interpretación de aquella ilustración diría tanto sobre nuestra inteligencia asociativa como el inevitable recuerdo del mazo convertido, décadas después, en emblema de una persistente cultura política del continuismo venezolano.

Ilustración inicial: @EnekoHumor.
Derivaciones: Parten de Eneko; luego, ChatGPT. 

27/07/2026:

https://opinionynoticias.com/opinionpolitica/44711-de-un-breve-ejercicio-grafico 

domingo, 26 de julio de 2026

Oremos

 

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Caza de citas

“Me veo como una cazadora de instantes siempre al acecho, como un caminante que se siente impelido a descubrir lo que hay al otro lado de la loma o del recodo del camino y lo que descubre es otra loma u otra curva que hay que volver a salvar”

María Belmonte

(“El murmullo del agua. Fuentes, jardines y divinidades acuáticas”, Barcelona, 2024: 146)

Reproducción: Bo Bartlett.

Noticiero retrospectivo



- Alberto Müller Rojas. “Felicitaciones a Herminio (Fuenmayor)”. El Globo, Caracas, 05/10/1992.

- Jorge Maldonado Parilli. “Valores tachirenses: El Dr. Tulio Chiossone”. El Mundo, Caracas, 30/05/84.

- Tarcisio Jáñez. “La personalidad revolucionaria de Santo Tomás”. Resumen, Caracas,N° 45 del 16/09/74.

- Rómulo Betancourt asalta el cuartel San Carlos. Qué Pasa en Venezuela, N° 59 del 01/04/65.

- Burnham pide la unidad para enfrentar a Venezuela. El Diario de Caracas, 08/07/81.

Reproducción: Graduación en la Escuela Militar, tomada de la prensa de sin fecha precisa, procesada IA. 

Tamaño detalle

A PROPÓSITO DE LA SIMÓN BOLÍVAR DEL LITORAL CENTRAL

Luis Barragán

Afortunadamente se trata de una minoría, pues existen individualidades de muy trastocados valores, erigidos en implacables jueces morales, que incurren en los más vulgares y asombrosos dislates. Y, por curiosidad, nos acercamos a la sede del litoral de la Universidad Simón Bolívar para comprobar si, como algunos insinuaban, la destrucción obedecía más a los refugiados que al doble terremoto.

Nos hemos enterado que miembros de la comunidad de Sartenejas e igualmente de Vargas se oponen a la ocupación del núcleo litoralense por las familias sísmicamente afectadas, tratándolo de “invasores”, e importándoles poco que hayan perdido sus casas y enseres domésticos. Ocurrió que la edificación más grande y confiable del lugar pertenece a la citada casa de estudios y, ahí, disciplinadamente, han conseguido protección transitoria niños de todas las edades, personas muy adultas, como el resto de las víctimas del desastre natural, con atención médica, seguridad y alimentación. De hecho, bajamos a ayudar a una persona amiga que hizo entrega de una donación significativa de comestibles y productos de higiene personal, cerciorándonos de las condiciones en las que se encuentra el sitio.

Lo curioso es que la gente que no se pone en los zapatos de los más vulnerables, también se dicen de “oposición”, pero jamás les he leído o escuchado la más modesta denuncia contra el gobierno nacional o, en su defecto, el gobierno universitario. Ni pío dicen frente a las autoridades interventoras desde hace añales en la Universidad Simón Bolívar: estos “opositores” que aseguran que los refugiados les van a destruir el inmueble, tampoco dieron cuenta pública y expresa de la ruina de la tan emblemática escultura cromovegetal, del desastre de la piscina olímpica con caimán y todo, o de los niveles de contaminación del galpón de biología, por no mencionar del déficit de profesores de matemáticas en la universidad.

Indudable, hay una concepción de la vida, del mundo y de las cosas en aquellos que se creen de la élite académica que nunca se compadecerá con los cambios más urgidos del aula superior en Venezuela, cuyo nivel de retroceso todavía está por saberse a falta de confiables estadísticas oficiales. Porque la reconstrucción material del país exige, antes, una reconstrucción moral e institucional que empiece por reconocer al otro como ciudadano y no como un intruso.

La historia de los terremotos es también la historia del Estado que atiende o desatiende sus consecuencias, pero igualmente la de una sociedad que, en la desgracia ajena, pone al descubierto lo mejor y lo peor de sí misma. Atentos con esto que no es poca cosa, por cierto.

Fotografía: LB, reflejo de la ventana. Universidad Simón Bolívar sede del litoral (18/03/2018). LB,  Universidad Simón Bolívar sede del litoral (23/07/26).

26/07/2026:

https://lapatilla.com/2026/07/26/luis-barragan-a-proposito-de-la-simon-bolivar-del-litoral-central/

Fondo común

LO QUE NO ES EL REINO DE DIOS

(San Mateo, 13: 44-52)

Enrique Martínez Lozano

Jesús lo tiene claro: el «Reino de los cielos» es el tesoro por antonomasia, aquel que, al descubrirlo, llena de gozo desbordante y te capacita para desprenderte de todo lo demás.

El siguiente paso consiste en preguntarnos en qué consiste exactamente ese «Reino de los cielos».

Durante mucho tiempo, se pensó que se trataba del cielo posterior a la muerte, o de la fe que nos garantizaba la salvación, o incluso de la propia Iglesia. Sin embargo, estas lecturas nos resultan hoy insuficientes y, en último término, inadecuadas para comprender lo que Jesús quería transmitir.

El «Reino de Dios» no es el «cielo».

Uno de los motivos por el que se cayó en esa confusión se debió al hecho de que fuera el propio evangelio de Mateo –el más leído en toda la historia de la Iglesia- el que hablara de «Reino de los cielos». Sin embargo, es claro que tal denominación se debe únicamente al hecho de que, en el judaísmo, se evitaba pronunciar el nombre divino, sustituyéndolo por algún otro término equivalente: Señor, Altísimo, Gloria, Cielos… Pero parece claro que Jesús no hablaba de un reino que sería posible «post mortem», sino del «Reinado de Dios» en medio de nuestra vida, aquí y ahora.

Al identificarlo con el cielo, el proyecto de Jesús se espiritualizó y se pospuso, al tiempo que, en la práctica, fue adquiriendo un tono cada vez más doctrinal y más individualista, en una línea similar a como se entendía la «salvación del alma».

Pero a Jesús no le preocupaba el «más allá» de la muerte, sino el «más acá» de la vida de los humanos. Por eso, no habla del «tesoro» como de una realidad futura, sino como un acontecimiento presente, que solo necesita ser descubierto, acogido y vivido.

Para él, el «Reino de Dios» constituye el secreto último de lo real: por eso es fuente de gozo y, al mismo tiempo, de transformación personal en radicalidad. Se trata, en definitiva, de otro modo de ver y, en consecuencia, de otro modo de vivir.

El «Reino de Dios» no es equivalente a la fe.

A veces se ha identificado el Reino con una adhesión mental a determinadas creencias. El motivo es que, según se enseñaba, era precisamente la fe la que garantizaría nuestra salvación eterna. De ahí que se concluyera que se entraba en el Reino a través de la fe.

Sin embargo, el Reino no es objeto de fe, del mismo modo que un tesoro no es algo «creído», sino descubierto. Por eso, al reducirlo a un objeto de fe, el tesoro dejaba de ser tal, porque no se veía ni se experimentaba.

El «Reino de Dios» no es la Iglesia.

Durante siglos, en una eclesiología que no está del todo superada, se llegó a identificar, en la práctica, el Reino con la Iglesia, a veces incluso contraponiéndola con el «reino del mundo».

Esta confusión llevó a absolutizar la Iglesia –y el poder jerárquico dentro de ella- y a vivirla enfrentada al «mundo», que se consideraba pecador y adversario. Las consecuencias de tal postura se manifestaron pronto en forma de dualismo casi maniqueo, fundamentalismo, fanatismo y proselitismo.

Si tenemos en cuenta que Jesús ni siquiera fundó una iglesia, advertiremos fácilmente que tal «deslizamiento» –del Reino a la Iglesia- no solo carecía de cualquier fundamento, sino que fue origen de peligrosos malentendidos y de creencias sectarias.

El «Reino (reinado) de Dios» es una expresión que designa el proyecto de Jesús. Con él se apunta a un tipo de comunidad humana regida por la fraternidad, desde la consciencia de compartir el mismo origen y la misma fuente (Dios, «Abba»).

Y dado que «el Padre y yo somos uno», y nuestro fondo es el mismo y único fondo de todo lo real, el «Reino de Dios» es otro nombre más para referirnos a él, a ese fondo que constituye nuestra verdadera identidad.

Desde esta perspectiva –y me parece que así es como lo vivía y lo anunciaba Jesús-, no cabe ningún dualismo ni tampoco ningún exclusivismo. El Reino de Dios no esta separado de nada ni deja nada fuera, sino que es el fondo común que todos compartimos.

Y no se trata, según el propio Jesús, de creer en él, sino de verlo. Cuando «tocamos» ese fondo que nos constituye –y constituye todo lo real- hemos descubierto y palpado el tesoro, nos llenamos de alegría y «vendemos» (nos despojamos de) lo que tenemos para hacernos con él y vivirnos desde él.

Ilustración: Pippa Blackall. 

Fuente:

https://www.feadulta.com/lo-que-no-es-el-reino-de-dios/

Padre S. Martín: ¿Por qué odian a los sacerdotes?

https://www.youtube.com/watch?v=TiDASJsGqCI

Padre Guzmán:

https://www.youtube.com/watch?v=GjMR8Yff6rM

Papa León: 

https://www.youtube.com/watch?v=JzF1rfafO3Y

Cardenal Porras:

https://www.youtube.com/watch?v=Ed81QxTts7k

Monseñor Biord:

https://www.youtube.com/watch?v=bYl9XkrahuQ

Padre S. Martín: 

https://www.youtube.com/watch?v=FNYZoE04mwE

Padre J. Martín: 

https://www.youtube.com/watch?v=b6tEiV38sfI

Monseñor Munilla:

https://www.youtube.com/watch?v=wvgG7H3Ke6I

martes, 21 de julio de 2026

El presupuesto de 2027 como acto inicial de la transición

LA ESTATIZACIÓN DEL ESTADO

Luis Barragán

Expresión nada redundante, la ironía expresa mejor la naturaleza que el problema ha adquirido entre nosotros. Frecuentemente apelamos a la consabida fórmula de la reconstrucción institucional del Estado, como si éste hubiese permanecido sustancialmente intacto con olvido del ya consumado proceso histórico de una degradación de la que también puede dar cuenta la Gaceta Oficial y sus eufemismos.

El gigantismo burocrático propinó una extraordinaria lesión al Estado de funciones y capacidades dramáticamente reducidas por la voracidad del poder político que terminó haciéndose despótico al confiscarlo un sector del gobierno de escasa rotación que todavía brega por su supervivencia frente al país, al partido oficialista y aquellos beneficiarios de dados siempre cargados. La desestatización del Estado, caricatura de la vieja profecía marxiana sobre su desaparición, comenzó con la duplicación de instancias, competencias y facultades de espalda a los controles ordinarios con la deliberada y ventajosa opacidad de las cifras demográficas, electorales, económicas, criminales, sanitarias y de cualquier otra índole.

El interesado y lesivo paralelismo se hizo  estado comunal y, contrariando los resultados del referéndum constitucional, se convirtió en un artificio legal del poder despótico, centralista y antimunicipalista, con el triple objetivo de transferir los problemas fundamentales del país a las localidades, controlar la complejidad de sus inmensos contingentes clientelares y perfeccionar los mecanismos de inteligencia y represión.  Otro ejemplo es la milicianización de la corporación castrense que, simultánea a la militarización de la sociedad, quedó afianzada por la doctrina de la guerra popular prolongada orientada contra el enemigo interno, disidente y opositor, desarmado y pacífico; acotemos, ninguna eficacia, prestancia ni profundidad demostró la doctrina el 3-E a pesar del compromiso contraído por las más altas jerarquías del patio y la estridencia de sus anteriores consignas.

Por consiguiente, una transición indispensable debe encaminarse a la plena y efectiva reconquista de las capacidades del Estado en Venezuela más allá de la simple reversión de medidas, procurando el equilibrio de los poderes político e infraestructural. Importa y mucho, recuperar fundamentalmente los planos de la casa común, vale decir, la Constitución de la República, en lugar de improvisar con fórmulas inmediatistas como la constituyente de todas las constituyentes, asociadas a lo que se ha dado en llamar la “ideología del nuevo comienzo”.

La reestatización del Estado obliga a la consistente edificación de un consenso programático tan capaz de soportar cualquier sismo, como lo demostró el Pacto de Puntofijo, que permita una superior e inédita capacidad para la penetración y el control territorial, una convincente administración de justicia,  la aplicación efectiva de las decisiones administrativas, una limpia recaudación de impuestos, la indispensable actualización de la infraestructura urbana y rural, la coordinación de la vida social, garantizando la seguridad, la educación y la salud. A nuestro juicio, a fin de reencontrar la senda definitiva del Estado constitucional, la mayor urgencia está en la reaparición de la unidad del tesoro, la legalidad y publicidad del gasto, el control realmente representativo del parlamento, la planificación y la responsabilidad fiscal, entre otros caros principios.

Por ello, como una poderosa señal de la transición que aún no ha iniciado con el vigor esperado, importa la conformación de sendas mesas de negociación que no sólo generen las condiciones necesarias para la celebración de los libérrimos comicios, sino también que permitan volver al régimen constitucional y legal del presupuesto público nacional. Significa sincerar y concertar políticamente, bajo la más amplia consulta, un proyecto de presupuesto para el ejercicio fiscal de 2027 y con toda la franqueza que reclama la inocultable y duradera crisis que soporta el país, concibiendo y reordenando las políticas públicas que necesitamos.

La idea requiere de liderazgo, vocación de servicio y  de porvenir, más allá de las redes digitales. Definitivamente, se trata de una responsabilidad histórica.

Ilustración: LB/IA.

Fotografía: LB CCS, 26&05&2026).

21/07/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/07/la-estatizacion-del-estado/

Ocio

DE UN BREVE EJERCICIO GRÁFICO Luis Barragán Las ilustraciones de la prensa caraqueña de principios de los años noventa ejemplificaron el...