martes, 7 de julio de 2026

Un desafío de excepción

VÉRTIGO TRANSICIONAL

Luis Barragán

Hay un evidente agotamiento del ciclo autoritario en Venezuela que no debemos confiar ingenuamente a una automática respuesta democratizadora y, menos, al voluntarismo extremo que la promueve en nombre de sus particulares vivencias opositoras. Pocos logran apreciar y asumir las magnitudes de un cambio que tiende a sobrepasarnos política, intelectual y anímicamente, trastocado en un complejo proceso, una empresa de alto riesgo y un enorme desafío luego de casi treinta años de desaprendizaje cívico, polarización, confrontación y deterioro institucional.

La transición nos remite a un proceso de procesos y a una experiencia cargada de amenazas y peligros de índole incluso personal, configurándose definitivamente como una oportunidad imperdible.  Además, impone retos que someten a una dura prueba la capacidad de conducción y exponiendo las vulnerabilidades de los actores que actúan en un escenario naturalmente controversial, estos deben lidiar con el vértigo políticamente entendido a través de sus elementos en la medida que no se tiene certeza alguna de lo que ocurrirá (cognitivo), desconociendo cuán correctas son o no las decisiones adoptadas (moral), y la consistencia o no de las instancias empleadas o por emplearse (institucional), aunque el decisor sepa o diga saber la real incidencia en la correlación de fuerzas que pugnan por continuar o emerger (estratégico).

Ha sido fácil enunciarla, pero una transición no es algo ya dado, un producto preelaborado, un manual y tampoco un recetario, sino un esfuerzo históricamente creador, cargado de responsabilidades y determinaciones que pueden intimidar, desorientar, descolocar o desestabilizar a la dirigencia que está obligada a acertar, probando aptitudes que no se improvisan. Más allá o más acá de su dimensión emocional o psicológica, el vértigo político entraña una profunda incertidumbre y una inevitable y mutua desconfianza entre propios y extraños, equipos negociadores, añadida la población misma, tras la formalización de un tránsito que procura garantías para evitar retroceder.

Nada casual, Adam Przeworski sostiene que la incertidumbre no es un episodio accidental del proceso democratizador, sino uno de sus requisitos constitutivos. Precisamente, no existiendo protagonista ni espectador que predigan el desenlace y la propia permanencia de los acuerdos alcanzados, la transición exige prudencia, aprendizaje y una excepcional capacidad política.

La apertura del proceso sincera la resistencia militante de las llamadas áreas marrones (brown areas), útil categoría de análisis aportada por Guillermo O´Donnell respecto a los territorios donde no llegan la autoridad estatal ni la legalidad democrática, que nos sirve para metaforizar un imaginario de cínica victimización e idealización del oficialismo y de sus intereses vitales, generalmente patrimoniales. La obstinada propaganda gubernamental siembra percepciones, emociones, actitudes y comportamientos generadores de confusión entre adversarios, aliados y medios de opinión, distorsionando los hechos.

Inaceptable, aunque comprensible, la angustia de los elencos del poder apunta a la posibilidad de ser juzgados, despojados de privilegios, extraditados o desplazados inmediatamente de sus posiciones y jerarquías, aspirando a algún salvoconducto; y, en el caso de los opositores, existen temores de un nuevo engaño, y la probabilidad de padecer una persecución o retaliación no convencional, dividirse por la más modesta diferencia, o sufrir directa o indirectamente las consecuencias de la traición. Angustias o temores que, en alguna medida, modifica la presencia estadounidense. Sin embargo, el mejor aval de una transición duradera sigue siendo el liderazgo dispuesto al sacrificio, representativo de una población pacífica y desarmada, consciente de la política como compromiso y servicio, mas no como una profesión narcisista de asegurado éxito, riqueza y estrellato.

Diferente al de la década de los ochenta,  el “último” O´Donnell, el de los noventa, versó sobre dos transiciones consecutivas que hoy podemos concebirlas como etapas de una sola que nos permite augurar el largo período que está pendiente para nuestro país: el que va de la apertura hasta la celebración de las elecciones convincentemente pulcras y democráticas, y de éstas a su consolidación. Entonces, por una parte, resulta indispensable el intenso y constante debate de las direcciones políticas con el propósito de incurrir en el menor número posible de errores (cual 1958, por entonces, una transición insegura);y, por otra,  en reclamo de humildad, una necesarísima madurez y rectitud ante la megalomanía y las tentaciones mesiánicas (frenéticamente digitalizadas).

Tratamos de despedir un ciclo político de específico activismo (denuncia, protesta, presión internacional, etc.), para ahondar en otro de una superior energía que será el de la gobernabilidad y gobernanza democrática (institucionalidad, negociación, agregación de genuinos intereses, etc.).  Una poderosa ilusión óptica nos hace creer en un simple relevo del ejecutivo nacional con el correspondiente ceremonial de Estado, faltando poco, auspiciada por una mera declaración de prensa.

Antes de discutir sobre programas, instituciones o liderazgos, conviene reconocer el vértigo y comprender la naturaleza excepcional de la empresa que se abre —o que luchamos por abrir— en Venezuela. De lo contrario, perderemos el tren.

Ilustraciones:  Bobby Baker y The Zairul.

07/07/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/07/vertigo-transicional/

https://www.eastwebside.com/luis-barragan-vertigo-transicional.html

lunes, 6 de julio de 2026

Pudo haber ocurrido ...

DE UNA CIERTA DISTOPÍA SÍSMICA

Luis Barragán

Demasiado evidente, desde un primer instante de la tragedia sísmica se hizo notable la ausencia del Estado. Huelga comentar al respecto, aunque importa señalar el elevado consenso sobre el diagnóstico inmediato de los acontecimientos.

De un modo u otro, el doble terremoto nos impone de las tensiones geológicas interesadamente ocultas entre los partidarios y realmente beneficiarios de larga data del mismo gobierno que hemos ostentado en el siglo. Demasiada cautela quizá al interior del oficialismo que permite toda suerte de conjeturas, las que facilitan precisamente la (auto)censura. Sin embargo, si de conjeturas se trata, no es tampoco difícil imaginar la situación inmediatamente posterior de haber ocurrido el evento natural antes de comenzar el presente año.

La única posibilidad para discutir y arribar a la conclusión de una omisión o devastación estatal, manifestándola, hubiese sido el de encontrarse en el exilio y contar con la familia como compañía inmediata. La sola suposición y expresión de una abstención así fuese culposa del gobierno, seguramente hubiese levantado la ira de los más altos funcionarios con las consecuencias del caso.

Igualmente, es de presumir una descomunal campaña propagandística a favor del oficialismo y de su enorme como exclusiva sensibilidad social, frente al guerrerismo imperialista y sus infaltables lacayos venezolanos. Aprovecharían de enlazar las imágenes presidenciales de 1999 con la de 2026, por supuesto, militarizadas con el rechazo obsesivo de toda ayuda estadounidense.

Y tampoco hubiesen llamado internacionalismo proletario la agradecidísima y desinteresadísima colaboración de cubanos, iraníes, rusos, chinos y hasta vietnamitas de los que absolutamente nadie se atrevería a indagar sobre la cantidad de sus contingentes esparcidos en el territorio nacional. Y, el resto de los venezolanos, tendrían que hacer acrobacias e ingeniárselas para saber de sus familiares en el siquitrillado litoral central.

Ilustración: LB/IA.

06/07/2026:

https://opinionynoticias.com/opinionpolitica/44612-de-una-cierta-distopia-sismica

domingo, 5 de julio de 2026

Caza de citas

“El cristianismo era una forma de poder ideológico. No se difundió por la fuerza de las armas; tardó varios siglos en institucionalizarse y verse respaldado por el poder del Estado; ofrecía pocos atractivos o sanciones de tipo económico”

Michael Mann

(“Las fuentes del poder social”, Alianza Editorial, Madrid, 1991: I, 428)

Ilustración: Gebhard Fugel.

Noticiero retrospectivo

- Mateo Manaure. “Aquí no puede pasar nada”. El Diario de Caracas, 01/10/1982.

- Joaquín Marta Sosa y los presidenciables. Summa, Caracas, N° 52 del 15/06/72.

- Alfredo José Schael. “¿Agoniza el Litoral Central? Autonomía municipal piden los habitantes del Departamento Vargas”. El Universal, Caracas, 15/08/68.

- Euro Fuenmayor entrevista al sociólogo Heinz Sonntag. El Globo, Caracas, 22/05/93.

- P. J. Blanco Negrón. “El litoral y sus paseos”. El Nacional, Caracas, 16/10/79.

Reproducción  Procesada a través de la IA, Arquímides Rivero. Bohemia, Caracas, N° 163 del 15/06/1966.

Sismografía

REPÚBLICA Y TERREMOTO, UNIVERSIDAD E INDEPENDENCIA

Luis Barragán

Consabido, fueron muy duros nuestros inicios republicanos al añadir una doble circunstancia: la inmediata y literal  desaparición de la promoción generacional que ideó y declaró la independencia, como el terrible sismo propagandizado como castigo de los cielos. Se dirá que son cosas de la guerra, pero lo cierto es que perdimos a la vuelta de la esquina la deliberación más cercana a nuestras precursoras prácticas democráticas y ganamos en confusión más por la confiscación militar de la conducción del naciente Estado que por los asuntos de la fe.

Puede aseverarse que la patria nació también en las aulas universitarias donde esa generación hizo de la inquietud una ilusión y ésta devino proyecto histórico a desarrollar, quedando medianamente sepultado en las perdurables ruinas del terremoto, pues Caracas las exhibió por largas décadas en fiel testimonio de las estrecheces económicas del país que fuimos. Formalmente independizados, pero jamás encapsulados, trillamos los más duros caminos y 200 años más, cuando creímos profundamente que vivíamos lo peor de lo peor históricamente, nos hicimos resueltamente bolivarianos según el canon.

Ahora, otro 5 de julio, doblemente terremoteados, experimentamos la natural desdicha, el desconcierto, la desesperanza que definen nuestros dolores. En un prolongadísimo instante, recogimos todos los sismos que partieron de aquella movilización de los tanques cuando Simón Alberto Consalvi era el encargado presidencial por el viaje al exterior de Jaime Lusinchi, pasando por El Caracazo, los golpes fracasados y toda la era que parió el corazón de Silvio Rodríguez una lejanísima tarde de concierto en la Concha Acústica de Bello Monte a veinte bolos la entrada: el socialismo del siglo XXI.

Entre los escombros, buscamos la libertad e independencia perdida desde hace un buen rato porque las actuales generaciones ya no tienen - en casi treinta años continuos - las aulas de antes para formarse: ¿acaso no fue devastación el impune saqueo vandálico que padeció la Universidad de Oriente (UDO) por largo tiempo?, y, además, que sepamos, no hay soldados estadounidenses ni siquiera pidiéndoles la cédula de identidad a los muchachos en la calle, como acontecía  con las guerrillas colombianas y vaya usted a saber cuáles más, aparentemente hoy neutralizadas,  con un asombroso dominio y provecho  territorial de Venezuela, no de la Nueva Granada ni de Teherán, por dar un modesto ejemplo.  Entonces, ¿a quiénes les piden la cédula de identidad?

Por supuesto, debemos bregar por una transición independiente e independentista, aunque los términos causen temor, asumiendo la más adecuada perspectiva de la irrenunciable  responsabilidad que tenemos de protegernos. Es necesario aceptarlo, la cuestión no se puede despachar con la comodidad de las consignas.

Ilustración: LB/IA.

05/07/2026:

https://lapatilla.com/2026/07/05/luis-barragan-republica-y-terremoto-universidad-e-independencia/

sábado, 4 de julio de 2026

Dios nos sostiene

CÓMO PIENSA Y ACTÚA JESÚS

(San Mateo, 11: 25-30)

José Enrique Galarreta

Es un pasaje recogido por Mateo y Lucas, con algunas connotaciones diferentes. Tiene tres ideas, yuxtapuestas por el redactor de forma más bien artificial:

- La exclamación de gozo de Jesús por la revelación a los sencillos.

- La declaración sobre el Padre y el Hijo

- La invitación a tomar el suave yugo de Jesús.

En nuestra reflexión vamos a centrarnos en la primera, por lo que insinuamos aquí alguna vía de comentario de las otras dos. La declaración sobre el Padre y el Hijo muestra bien que las primeras comunidades tenían una clara conciencia de que Dios hablaba por Jesús.

La conciencia misma de Jesús parece reflejada aquí. Estos versos, que hacen recordar tanto algunas expresiones del cuarto evangelio, lo muestran claramente. Es muy de señalar, sin embargo, que hemos insistido quizá demasiado en el carácter trinitario de estas expresiones. Cuando Jesús se refiere a "el Hijo", se refiere sin más a sí mismo, a su conciencia filial y a su relación con Abbá, aspecto mucho más importante que una mera especulación metafísica sobre las Personas Divinas.

La tercera parte es una prolongación natural del mensaje del domingo pasado. Todos los humanos estamos fatigados y sobrecargados, en toda vida humana hay cruz; se nos invita a llevar la cruz con él, con su misma disposición, con su mismo corazón, para que la vida sea mucho más llevadera, para que la cruz de la vida tenga más sentido.

Mateo constata simplemente que Jesús "tomó la palabra y dijo...". Lucas lo expresa así: "Lleno del júbilo del Espíritu Santo, dijo...".

Jesús siente este sobrenatural júbilo al constatar que la Palabra es bien recibida y entendida por la gente sencilla, mientras que los grandes, los ricos, los poderosos, los sabios, no la entienden, no la aceptan. Jesús siente júbilo por ello.

Una vez más, los criterios y valores de Jesús chocan con los normales del mundo. Si los ricos, sabios y poderosos no aceptan la palabra de Jesús, parece evidente que toda su labor está destinada al fracaso; no será más que una doctrina popular sin influencia, sin futuro. Jesús no lo cree así: se alegra de que la gente normal se entere y se alegra también de que los poderosos se cierren. Una vez más, nos encontramos ante el desafío de aceptar los criterios y los valores de Jesús.

Ante todo, para Jesús los poderosos, ricos, sabios... no son más que los sencillos. Si miramos detenidamente las relaciones de Jesús con las personas, advertimos que para él no tiene ninguna importancia el status social. Jesús atiende a todos, sin importarle nunca su dinero, su sabiduría, su rango. Con una distinción: sus relaciones con los poderosos y con los sabios de Israel suelen ser tensas, incluso cuando está invitado a comer en sus casas, mientras que sus relaciones con la gente normal son cariñosas, cercanas, sobre todo cuando se trata de gente especialmente necesitada, enfermos, rechazados, marginados ...

Que sean precisamente éstos los que mejor reciben la Palabra es una enorme alegría para Jesús. Y que los sabios y poderosos no la acepten, también, porque muestra a las claras que Dios es justo y bueno, no se deja comprar, y que el dinero y el poder no pueden cambiar a Dios. Jesús se alegra de que Dios es de todos, sobre todo del que más lo necesita, y especialmente de que no es patrimonio del saber, del poder, del poseer.

Los ricos, los sabios, los poderosos... los sencillos, los pobres, los necesitados. Jesús sabe que serán éstos los que reciban la palabra. Jesús sabe que aquellos difícilmente la recibirán. Estamos ante el mismo mensaje de otros mensajes de los evangelios, en que Jesús desconfiaba del dinero y constataba que nadie sirve bien a dos señores.

Una vez más, constatamos la singularidad de Jesús. Las religiones se instauran siempre desde el poder, el poder sagrado que se origina en la posesión de la palabra sagrada y la condición sagrada de sus dirigentes, y atraen inmediatamente la riqueza, que da a sus miembros respetabilidad social. Las religiones se instalan confortablemente entre sabios, santos, poderosos: construyen maravillosos monumentos, asesoran a reyes, gobiernan, cobran...

Y Jesús no es así: ni él ni su movimiento es así. Teme al dinero como a un peligro, desconfía de la sabiduría humana, no idolatra la ley, no aprecia gran cosa a los santos oficiales, no tiene buenas relaciones con el poder, no da mucho valor al templo y sus actos de culto... Pero valora enormemente a la gente sencilla, su compasión, a su solidaridad, a la limosna de la viuda, al que visita enfermos, al que pelea por la justicia...

Es éste un despiadado espejo en que hemos de mirarnos nosotros, la Iglesia. La Iglesia como institución tiene el peligro constante de convertirse en una religión como todas: poseedora de la palabra, prestigiosa, rica, constructora de maravillas costosísimas para el honor de Dios, instalada en las capas superiores de la sociedad...

Es una tentación, y no podemos afirmar que no hayamos caído en ella. Y cada uno de nosotros estamos tentados a apreciar más al rico, al sabio, al influyente, al triunfador, y a sus criterios y valores: el éxito, la respetabilidad inaccesible, la influencia social...

Estamos tentados a valorar poco al más sencillo y a sus valores: la sinceridad, la colaboración, la capacidad de sacrificio, la predisposición a compartir.

¿Dónde está tu Dios? es una pregunta inquietante. ¿en el Templo, en el palacio, en los bancos, en la fama, en la erudición, en el prestigio, en la influencia? Jesús se muestra feliz, lleno de júbilo, porque encuentra a Dios en el corazón de la gente.

Dejemos que la palabra de Jesús desnude nuestra religión, que la limpie de todos los añadidos, de todos los vestigios de "carne", de tierra.

Si hemos manchado a Jesús con extrañas religiosidades llenas de poder y dinero, de prestigio y vanas sabidurías, reconozcámoslo.

Si en nuestra vida personal nos sentimos más religiosos en el templo que cuidando a un enfermo, si damos más gracias a Dios por ser ricos que por ser compasivos, si nos sentimos mejor en compañía de ricos poderosos que con gente sencilla... pidamos a Dios fervientemente que nos cambie el corazón: que haga que nuestros sentimientos sean los de Jesús. Porque es posible que toda nuestra religiosidad sea un gran error.

El domingo pasado celebramos la fiesta que llamamos "el Corpus". Lo más significativo de su celebración es la fastuosa procesión, el desfile de autoridades civiles y militares (aunque no sean creyentes) la formidable custodia de plata y oro, los valiosísimos ornamentos del clero. ¿Es el estilo de Jesús?

Pronto celebraremos el aparatoso evento del JMJ, espectacular, carísimo, financiado por el Estado y por la gente más rica del país. ¿Es el estilo de Jesús?

Cada uno ha de pensarlo, ya somos adultos como para esperar siempre que otros nos lo digan.

Ilustración: https://www.etsy.com/

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/931-c%C3%B3mo-piensa-y-act%C3%BAa-jes%C3%BAs.html

Padre S. Martín. CISMA: lefebvrianos declaran hereje a la Iglesia y el Papa responde excomulgando a los lefebvrianos:



Papa León:


Cardenal Porras: 

Monseñor Biord:

Padre S. Martín: 

Monseñor Munilla:

Pieza de antología

¡COÑO, ADRIANA!

María Elena Lavaud

¡Qué te puedo decir, Adriana! Ya debes saber que el video de tu rescate ha recorrido el mundo, que ese diálogo en medio de los escombros que dejaron los dos terremotos en Venezuela, le ha sacado lágrimas de impotencia, pero también una sonrisa inesperada a todo aquel que lo ha visto. Porque me atrevo a decir que para la mayoría, ese intercambio con tu gordo, tu negro o tu flaco, no sé cómo lo llames y no importa, —porque gracias a Dios allá eso no es pecado—; ese diálogo, es como un espejo de lo que somos, hombres y mujeres que amamos con fiereza, pero con una lealtad profunda hasta en las situaciones más extremas.

—No me quites... no me quites, no me quites la respiración… —tartamudeaba él, sabiendo que estaba contra reloj.

—¡Yo sé lo que hago, nojoda! Estoy más cerca de ti de lo que tú te imaginas, ¿oíste? decía con el corazón a mil.

—Cuidado se viene la pared —alertabas tú como si nada, pero yo sé que has debido estar aterrada.

—¡No se va a venir, Adrianaaaa… coñoooo! —jadeaba él alumbrado apenas con un teléfono.

—Cuidado con esto de aquí... pero es que... —insistías con una naturalidad brutal en medio de tu claustrofobia.

—¡Cooño, Adrianaaa! Yo estoy aquí arriba, mami, ¡tengo todo bajo control!

—Es que aquí hay una cosa...

—¡Tápate la cara, tápate la cara, tápate la cara, ahí! ¡Tápate la caaraaaa! —decía con frenesí y a toda velocidad sin dejar de martillar.

— ¿Me viste? —preguntó luego sin aflojar ni un segundo.

—¡Síí!

—¡¿Entonces qué haces tapándote la cara, pues?! 

—¿Y yo voy a pasar por debajo? —preguntaste no muy convencida con el panorama.

—¡Ya va! Yo te voy a sacar por aquí —te prometía con toda la seguridad del planeta.

—Noo, pero...

—¡Te voy a sacar por aquíiii, nojodaaa!

Y lo hizo. Supongo que se abrazaron, que lo regañaste por cualquier otra cosa, porque así somos las mujeres cuando alguien nos importa de verdad. Aunque ya sabes lo que dicen ellos, que mujer que no jode es hombre, pero nos adoran y nos cuidan, porque saben que la mujer venezolana es así, molestosa y amorosa a la vez, ruidosa, imperfecta y terca, coqueta, muy mujer y siempre heroica. Sobre todo eso, heroica.

Ya debes saber que mientras estabas atrapada y tratabas de controlar la situación, otras mujeres, envalentonadas —como siempre que hace falta—, pusieron a temblar a unos policías, simplemente porque tienen muy claro que la dignidad no tiene precio, aun en las peores circunstancias. Los amenazaron con romper una paca de dólares que encontraron entre las ruinas y ellos terminaron entregándolos. Luego los pusieron presos. Porque cuando una venezolana se impone, ya sabemos lo que pasa. Tú lo sabes.

Te habrás enterado también de las muchas mujeres que han encontrado sin vida, abrazadas a sus hijos convertidas en escudo para salvarles la vida. Es desgarrador y luminoso al mismo tiempo, como la escena de tu rescate. ¡Cómo es posible tanta paradoja!

El cielo amaneció de un rojo degradado pocos días después de los terremotos, mientras la tierra se ha seguido moviendo y uno no sabe si admirar aquello o asustarse. Así estamos todos. Aquí y allá, donde sea, todos estamos atrapados hace décadas, entre luces y sombras, entre lamento y esfuerzo también.

Te cuento que yo tengo 12 años en Miami y todavía siento que llegué ayer. No me acostumbro al silencio de las calles, de la gente. A la prudencia absurda de no expresar ese cariño natural que nos define, que me refrescó tu video, pues es mejor tragárselo para no meterse en problemas.

Hace 12 años también que terminó mi carrera periodística en los medios. Le puse un candado a esa parte de mi vida, con mucha nostalgia y con mucho dolor. Ahora soy editora de libros y mentora de escritura. Y si decidí aceptar esta posibilidad de escribir en El Nacional, que agradezco profundamente, fue porque la única instrucción que me dieron fue que debía mandar una foto. Nada más. Entonces me sentí libérrima y lo primero que me provocó fue escribirte, Adriana, para darte las gracias. Porque ese video de tu rescate me sacó del estupor que he sentido desde la tarde de los terremotos. Me sacó una sonrisa.

En este Armagedón que vivimos hace décadas, ese video, esa vivencia tuya se hizo viral debido a que, gracias a Dios, las redes se han convertido en nuestro sistema nervioso. Lo he visto mil veces y siempre descubro algo nuevo, escucho mejor una frase, y me vuelvo a sonreír con los ojos aguados, porque también me muestra lo rotos y enteros que estamos al mismo tiempo. Entonces desgarra que no hayamos podido rescatar de una buena vez la libertad y el derecho que tenemos a vivir en paz, sin abusos, hasta en medio de una tragedia.

Gracias de verdad, Adriana, por recordarme que a pesar del odio y el resentimiento que quisieron sembrar entre nosotros en este tiempo infinito, seguimos siendo una gente aguerrida y con temple que no se rinde, aunque el mundo se le caiga encima; una gente amorosa, noble y dispuesta a salvarse mutuamente, aunque duela.

Gracias por ese minuto de felicidad y esperanza que nos diste a todos los que, entre quejas y esfuerzo, seguimos luchando por salir de nuestros propios escombros.

Siempre luz,

@Lalavaud

Mira el video de Adriana aquí:

https://www.instagram.com/reel/DaL0p7pRwFi/?igsh=YTlsZ3pqcm81d2o5

04/07/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/07/cono-adriana/

Un desafío de excepción

VÉRTIGO TRANSICIONAL Luis Barragán Hay un evidente agotamiento del ciclo autoritario en Venezuela que no debemos confiar ingenuamente a ...