Sidonie Bonnec
(“El secreto de la niñera”, NdeNovela / Planeta, Barcelona, 2026: 217)
Reproducción: Alison Friend.
Sidonie Bonnec
(“El secreto de la niñera”, NdeNovela / Planeta, Barcelona, 2026: 217)
Reproducción: Alison Friend.
- Luis Felipe Ramón y Rivera. “El whisky pagador”
(Publicidad y licores). El Nacional, Caracas, 08/11/79.
- J.E.C. “Aquí todos son doctores” (Opinan Gabaldón
Márquez, Zapata, Felice Cardot, Spinoza Troconis). El Nacional, 12/01/78.
- Mateo Manaure. “¡Año nuevo: nuevos hombres!”. El
Diario de Caracas, 04/01/83.
- “¿Los periodistas pueden opinar sobre las FF. AA.
NN.? El Nuevo Venezolano, Caracas, N° 91 del 03/07/81.
Reproducción: "Luis Alfaro Ucero: Una vida dedicada al servicio de la democracia venezolana". Representante a la A.N.C. por el estado Monagas. El País, Caracas, 08/07/1947.
LA CIZAÑA QUE NOS HUMANIZA
(San Mateo, 13: 24-43)
La personalidad fanática
tiende a ver la realidad escindida completamente en dos: todo es blanco o
negro, verdadero o falso, bueno o malo, «trigo o cizaña»; para ella, no caben
otras tonalidades. Por eso, se convierte en juez implacable que «salva» o «condena».
Sabemos que, tras esa
apariencia de dureza e intransigencia, lo que se esconde es una inseguridad
amenazadora, aunque con frecuencia inconsciente para el propio individuo.
Precisamente, el fanatismo cumple la función de mantenerla a raya, aunque sea a
un precio excesivamente alto, por el desgaste y el sufrimiento que conlleva.
La intolerancia, nos
advertía el físico ruso Andrei Sájarov, no es sino «la angustia de no tener
razón». Pero imposibilita el descanso y la paz, porque se asienta en una no aceptación
de la realidad tal como es.
Algo similar ocurre en las
actitudes fundamentalistas: al identificar sus creencias con la verdad, y al
haber hecho de las mismas el sostén de su propia seguridad psicológica, no
queda otro remedio que condenar tajantemente todo aquello que pueda poner en
cuestión el «orden» que su propia mente ha establecido (y que, en el caso
religioso, intentará justificar remitiéndose a una autoridad divina).
Y aquí se unen todos esos
perfiles mentalmente autoritarios: aun sin pretenderlo, están cultivando la
semilla del fanatismo que siempre brota al adoptar una actitud de superioridad
moral.
Con un humor que no oculta
la tragedia, el escritor israelí Amos Oz escribe lo siguiente: «La esencia del
fanatismo reside en el deseo de obligar a los demás a cambiar. En esa tendencia
tan común de mejorar al vecino, de enmendar a la esposa, de hacer ingeniero al
niño o de enderezar al hermano en vez de dejarles ser.
El fanático es una criatura
de lo más generosa. El fanático es un gran altruista. A menudo, está más
interesado en los demás que en sí mismo. Quiere salvar tu alma, redimirte.
Liberarte del pecado, del error, de fumar. Liberarte de tu fe o de tu carencia
de fe. Quiere mejorar tus hábitos alimenticios, lograr que dejes de beber o de
votar. El fanático se desvive por uno. Una de dos: o nos echa los brazos al
cuello porque nos quiere de verdad o se nos lanza a la yugular si demostramos
ser unos irredentos.
En cualquier caso,
topográficamente hablando, echar los brazos al cuello o lanzarse a la yugular
es casi el mismo gesto. De una forma u otra, el fanático está más interesado en
el otro que en sí mismo por la sencillísima razón de que tiene un sí mismo
bastante exiguo o ningún sí mismo en absoluto» (A. OZ, Contra el fanatismo, Debolsillo,
Barcelona 2005, pp.28-29).
La tragedia puede formularse
de este modo: el trigo y la cizaña no se dan en campos diferentes, ni dividen a
las personas en dos grupos: buenos y malos, como el fundamentalismo quiere
hacer creer. Trigo y cizaña habitan juntos en cada corazón humano.
Por eso, la actitud sabia es
la de «dejarlos crecer juntos». Tal actitud remite precisamente a lo que
tenemos que hacer con la propia sombra: aceptarla, abrazarla, para poder
reconocerla como propia –con lo que, al dejar de proyectarla en los demás,
renunciaremos a juzgarlos-, sin reducirnos a ella.
El regalo que tal trabajo
esconde para quien lo emprende es un crecimiento en integración y en humildad.
Paradójicamente, la aceptación de la «cizaña» nos ha terminado humanizando,
bajándonos del pedestal egoico –hecho de exigencia, perfeccionismo y ciertas
ideas de «superioridad»- que sostenía el fanatismo, y acercándonos a nuestra
verdad completa.
Ilustración: Aljo Pingol.
17/07/2014:
https://www.feadulta.com/aceptar-la-azana-nos-humaniza/
Padre S. Martín: Lefebvrianos IMPUGNAN el DECRETO DE EXCOMUNIÓN, mientras CARD. Burke pide parar la SINODALIDAD.
https://www.youtube.com/watch?v=h9ly-arl6uw
Padre Guzmán (publicado: 17/07/26).
LA MUERTE DE LA MEJOR SECCIÓN DEPORTIVA
Víctor Suárez (*)
—¡Mira esta verga, Castrico! The New York Times nos
está copiando…
Rodolfo José Mauriello oyó lo que le decía y se
acercó. Paco Andrade, que amaba las reseñas hípicas del Times, también lo hizo.
Goitía, el mensajero que cada media hora bajaba al primer piso del edificio
sede del diario El Nacional y recogía la información cablegráfica referida a
deportes, había traído un cable que no se correspondía con ninguna especialidad
y, en lugar de botarlo, lo dejó tirado en mi mesa de diseño.
“El Times planea una nueva sección de deportes los
lunes”, era el titular.
Por supuesto, se trataba de un anuncio corporativo,
difundido el viernes 2 de diciembre de 1977.
“The New York Times publicará todos los lunes, a
partir del 9 de enero, una nueva sección dedicada a los deportes, anunció ayer
A. M. Rosenthal, editor ejecutivo. Llamada Sports Monday, cubrirá tanto los
deportes para espectadores como para participantes e incluirá una variedad de
nuevas columnas y características centradas principalmente en eventos
noticiosos”.
El Times estaba en plena evolución, en contenido, en
diseño gráfico y paginación, aunque no en sistemas de impresión. A los cuerpos
de noticias generales, políticas, financieras e internacionales, se le añadían
Living los miércoles, Home los jueves y Weekend los viernes. Ahora vendría
Sports Monday, los lunes.
— ¿Qué está ofreciendo el NYT?, preguntó Mauriello,
redactor y analista especializado en beisbol.
1.- Nuevas columnas, escritas por el staff regular de
la sección.
— Las tenemos, dijo Heberto Castro Pimentel, jefe en
funciones de la sección de Deportes de El Nacional.
2.- Una página o más dedicadas a las estadísticas en
cada disciplina deportiva.
— Las tenemos, dijo Mauriello.
3.- Artículos de firmas invitadas.
— Los tenemos, replicó Mauriello.
4.- Una guía de los eventos deportivos de la semana,
locales, nacionales e internacionales.
— Pan comío desde hace tiempo, alzó el cuello
Castrico.
5.- Una importante historia será la pieza central de
la portada, y las fotografías de acción resaltarán los artículos en el interior
de la sección.
— Pero en fotografía no tienen a un Sardá, a un Grillito, a un Lezamita, dijo Paquito, jefe de las páginas hípicas.
Mucho antes (si no me equivoco, en el primer semestre
de 1976), Pantalla de El Nacional (todo el Cuerpo B para Deportes. Las
secciones de Farándula y Sociales tomaron asueto los domingos) se había
convertido en un fenómeno en el periodismo deportivo venezolano. De mucha mejor
calidad que el portentoso éxito en circulación de Carlitos González en 1969 con
Meridiano, del que fui diagramador-jefe entre 1970 e inicios de 1974. El Times
de Nueva York había aprendido que los deportes eran una inmensa fuente de
ingresos por publicidad y un motor a propulsión en tiraje. Desde siempre había
dedicado bastante atención a los deportes, por su pegada en la afición
variopinta de Nueva York. Ahora vendría con mayores recursos, más espacio, más
compendioso, más especializado.
—Es el mejor periódico del mundo, pero sigue siendo en
blanco y negro, como Le Monde en Francia, diría Miguel Otero Silva, cuando a
comienzos de los años ochenta decidió darle un vuelco a El Nacional, siguiendo
el ejemplo de su sección deportiva.
Mientras Pantalla publicó su primera radiofoto a color
en 1974 (Final del Mundial de Futbol en Munich en julio), el Times fue uno de
los últimos grandes periódicos en adoptar las fotos a color.
Las primeras fotografías a color en la portada delTimes aparecieron el 16 de octubre de 1997, precisan los anales (Fotos de Janet
Reno, fiscal general de EEUU, y del dominicano Tony Fernández, campocorto de
los Indios de Cleveland). En 1982 el USA Today, el primer periódico en circular
en todo el país al mismo tiempo (transmisión vía satélites a plantas de
impresión en cinco ciudades estratégicas), se distinguió por su capacidad para
imprimir a cuatro tintas todas sus páginas.
(Las razones de la tardanza del Times en añadir color,
fueron casi similares a las de El Universal, en Caracas. El color resta
seriedad y credibilidad a la noticia, decían. La Dama Gris no puede permitirse
que se la compare con la prensa sensacionalista que agobia a Nueva York,
decían. Una vez, El Universal intentó contratarme para que me encargara del
rediseño de su sección deportiva. Álvaro Miranda, jefe de Deportes, me llamó,
me ofreció mejor salario que el que percibía en El Nacional, dijo que planeaban
darle guerra a Pantalla. Llegamos a un acuerdo. Pero ese acuerdo tendría que
ser refrendado por el dueño del periódico, Luis Teófilo Núñez Gómez. “Podrán
ponerle color a El Universal, pero eso será después de que yo me muera”,
sentenció el editor. El Universal comenzó a publicar fotografías a color en
1998, aunque su dueño falleció el 3 de octubre de 1980, a los 96 años de edad.
Muchísimo tiempo duró ese medio luto.)
Veinte años después de la aparición de la sección
Sports Monday, el Times presentó mejoras más radicales. La más importantes fue
la extensión de la hora de cierre de la edición local, lo que permitía
reportajes y resultados deportivos más completos en todos los ejemplares
distribuidos en el área metropolitana de Nueva York. Lo otro, que la sección
deportiva tomó forma independiente (Cuerpo C) durante los siete días de la
semana. También nació la sección Arts, de lunes a viernes (Cuerpo E).
Ese 16 de septiembre de 1997 anunciaron fotografías a
color en las portadas de Artes y Deportes, así como aceptación de publicidad a
color. Un mes después dos fotos a color saldrían en la primera página del
periódico.
La sección se hizo legendaria. Desde que el cronista
John Kieran creó la columna Sports of The Times en 1927. Sus coberturas fueron
un pilar del periodismo deportivo estadounidense. Los principales momentos y
personalidades de los deportes durante el pasado siglo encontraron allí su
mejor espacio, entre ellos la trayectoria de “Muhammad Alí, la aparición del
agente libre y la llegada de los esteroides al beisbol, el dueño de los Yankees
George Steinbrenner, las hermanas Venus y Serena Williams en el tenis, el
golfista Tiger Woods y los efectos mortales de las conmociones cerebrales en el
fútbol americano”, simplifican en el Times. Y más recientemente, en mayo del
año pasado, las extraordinarias crónicas de Joe Drape sobre la actuación del
jinete venezolano Sonny León en el hipismo estadounidense.
Tres columnistas de Sports of The Times, Arthur Daley,
Red Smith y Dave Anderson, ganaron premios Pulitzer. El reportero John Branch ganó
un Pulitzer en 2013 por su reportaje sobre los esquiadores fallecidos durante
una avalancha mortal en el estado de Washington, y Josh Haner ganó el premio de
fotografía en 2014 por documentar la recuperación de un sobreviviente de las
explosiones ocurridas cerca de la meta del Maratón de Boston el año anterior.
En la década pasada las aureolas centenarias
comenzaron a desvanecerse. El periodismo en línea golpeó duramente la
estructura del Times. La sección deportiva sufrió mucho más. La paginación se
redujo. Gran parte del personal especializado fue despedido. Como cuerpo
completo desapareció de las ediciones impresas. Las coberturas se hicieron más
selectivas. El año pasado la corporación adquirió el portal por suscripción The
Athletic y poco a poco le fue cediendo la responsabilidad de la fuente.
Hasta que llegó el momento de la disolución. The NewYork Times anunció el lunes 10 de julio que disolverá su departamento de
deportes y que confiará la cobertura de equipos y juegos a su sitio web
TheAthletic.com, tanto en línea como en forma impresa.
En lo adelante los deportes serán tratados como si
fueran fichas de la bolsa de valores. La plantilla profesional, compuesta por
35 redactores y editores, será reubicada, han ofrecido.
Deportes no existirá como fuente informativa
cotidiana, al igual que en el actual portal de El Nacional.
El 21 de marzo de 1927, hace 96 años, John Kieran,
creador de la columna Sports of The Times, terminó así su faena del día:
“Con respecto a los árbitros, sería bueno que los
jugadores tuvieran en cuenta aquel famoso canto en los saloons del Viejo Oeste:
“No disparen al pianista. Está dando lo mejor de sí””.
(*) Víctor Suárez, periodista venezolano. Reside en Madrid (España).
18/07/2026:
https://actualy.es/the-new-york-times-la-muerte-de-la-mejor-seccion/
PARADOS JUSTO SOBRE LA FALLA DE SAN SEBASTIÁN
William Anseume
En medio de la
gigantesca tragedia, tanto natural como provocada consciente e
inconscientemente, tuve la fortuna de adentrarme, con mis colegas de la
Universidad Simón Bolívar y un estudiante de postgrado, en el espeluznante
mundo de los movimientos telúricos. Tratando ellos, expertos, y luego yo de
vislumbrar, un poco incrédulos, lo que nos pasó el 24 de junio.
Así, bajamos dos días de exploración al Litoral.
Después del infortunado aquel de la censura que me impusieron y no desde el
gobierno precisamente, que posteriormente referiré en su nimiedad de bajezas
humanas deleznables, a pesar de que fue completa la actividad y reconfortante
en la visita anterior por razones humanitarias a la sede de la USB en el Litoral,
como antes indiqué por este mismo medio.
Conocimos el fenómeno de la licuefacción, también
súper destructivo. Y compartimos, escuchamos experiencias de los habitantes y
trabajadores cercanos. Vivencias para el recuerdo, la transmisión oral y de
todo tipo, con el fin de evitar no la magnitud inevitable de algún otro
terremoto lejano, si no para la evitación de tanto dolor, de tanto sufrimiento
y tanta pérdida humana injustificable. Más y mejor planificación en una zona
varias veces e históricamente devastada por la naturaleza. Más precaución, más
y mejor educación. Más preparación para el auxilio civil, en todo sentido. Agradecidos
de por vida con el invaluable apoyo internacional.
Luego, desde los Estados Unidos, el Servicio Geológico
Norteamericano, solicitaron la
posibilidad de incluir los datos y el nombre del investigador principal en los
informes respectivos de los eventos. La USB cubre todas las facetas para
atender la tragedia, sin olvidar a sus miembros fallecidos o con pérdidas
materiales incuantificables. La USB, profesores y alumnos, presentes también
justo sobre la falla de San Sebastián.
Fotografías: W.A.
18/07/2026:
https://www.elnacional.com/columnas/2026/07/parados-justo-sobre-la-falla-de-san-sebastian/
DE LAS CATÁSTROFES
José Rafael Herrera
“El entendimiento
abstracto
separa lo que en la
realidad
concreta constituye una
totalidad”
G. W. F. Hegel
Las imágenes de pueblos
sepultados por deslizamientos de tierra, ciudades devastadas por terremotos o
comunidades enteras arrastradas por deslaves o inundaciones recorren el mundo
con vertiginosa y sorprendente inmediatez. La reacción, por cierto, no menos
inmediata suele ser, siempre, más o menos la misma: “la naturaleza ha vuelto a
ensañarse con los seres humanos” o, cosa similar, “es un castigo divino”. Y,
sin embargo, esa aparente evidencia oculta una problemática mucho más profunda.
Concluido el desastre material, quizá haya llegado el momento de abandonar las
presuposiciones y abrir la posibilidad de interrogarse por una expresión que se
repite una y otra vez, con harta frecuencia y casi mecánicamente, y que,
precisamente por ello, termina ocultando aquello que debería revelar. Y es que,
cuando las cosas son examinadas más detenidamente, sine ira et studio, tanto
desde la perspectiva ontológica como desde el punto de vista de los estudios
histórico-sociales, se logra obtener la sorprendente conclusión de que,
efectivamente, la naturaleza no produce las catástrofes y nada sabe de ellas.
En efecto, cada vez que una
montaña se desploma, un río se desborda de su cauce o la tierra se sacude con
violencia, la reacción suele ser la misma: “ha ocurrido una catástrofe
natural”. La expresión parece tan evidente que casi nadie se detiene a pensar
en ella. Pero solo basta examinarla con cierto detenimiento para advertir que
encierra una de las mayores mistificaciones del presente. Los terremotos forman
parte de la dinámica del planeta. Los volcanes existen desde mucho tiempo antes
de que apareciera el ser humano. Las lluvias torrenciales, los huracanes, las
sequías y los deslizamientos de tierra obedecen a procesos propios de la
geología, de la climatología o de la hidrología. Ninguno de ellos constituye,
por sí mismo, un evento catastrófico. La montaña no lamenta el desprendimiento
de sus laderas; el río no experimenta como desgracia el desbordamiento de sus
aguas; la corteza terrestre no sufre cuando las placas tectónicas liberan la
energía acumulada durante siglos. La verdadera tragedia comienza allí donde
esos procesos naturales irrumpen sobre el mundo construido por los seres
humanos.
No son las montañas las que
mueren bajo un alud. Son las personas. No son los edificios los que
experimentan “temor y temblor” ante un terremoto. Son quienes los habitan. No
es la naturaleza la que pierde sus bienes, sus recuerdos, sus proyectos de vida
o sus seres queridos. Todo ello pertenece exclusivamente al ámbito de la historia.
Quizá convenga, entonces,
invertir el modo habitual de formular el problema. Lo que suele llamarse
“desastre natural” es, en realidad, la manifestación de una vulnerabilidad
histórica. La diferencia puede parecer meramente terminológica, pero, ciertamente,
no lo es. Constituye un cambio radical de perspectivas. Un terremoto de
magnitudes semejantes puede ocasionar unos pocos muertos en Japón y decenas de
miles en otro país. La explicación no reside en el movimiento de las placas
tectónicas. Reside en la calidad de las construcciones, en la existencia de
normas rigurosas de ingeniería, en los sistemas de alerta temprana, en la
educación ciudadana, en la planificación urbana y en la capacidad de las
instituciones públicas para anticipar y responder a la emergencia.
La naturaleza produce el
fenómeno físico. La historia produce la catástrofe y la consecuente tragedia.
Lo mismo ocurre con las inundaciones. El agua sigue el curso que la gravedad le
impone. O como decían los antiguos caraqueños, habitantes de las faldas
majestuosas de El Ávila: “el agua siempre vuelve a su cauce”. Pero cuando los
cauces naturales han sido ocupados por asentamientos improvisados, cuando los
drenajes jamás fueron construidos o permanecen abandonados, cuando la
corrupción convierte las obras públicas en simples negocios privados, cuando la
planificación cede su lugar a la improvisación, la lluvia deja de ser un
episodio meteorológico para convertirse en una auténtica tragedia humana. En
rigor, no es el río el que mata. Matan décadas de irresponsabilidad acumulada.
Este “giro copernicano” de
perspectiva obliga a revisar la manera como se distribuyen las
responsabilidades. Mientras el desastre sea atribuido exclusivamente a la
naturaleza, los responsables históricos desaparecen del horizonte. La fatalidad
reemplaza a la política. La geología sustituye a la administración pública. El
azar ocupa el lugar de la planificación. El lenguaje mismo termina absolviendo
aquello que debería someterse al juicio de la sociedad. No deja de resultar significativo
que las comunidades más pobres sean, casi siempre, las más expuestas a estos
llamados “desastres naturales”. No porque la naturaleza ejerza algún tipo de
discriminación social, sino porque la pobreza obliga a ocupar quebradas,
laderas inestables, márgenes de los ríos o zonas donde jamás debieron
levantarse viviendas. La desigualdad no crea el fenómeno geológico, pero sí
determina quiénes cargarán con sus consecuencias. En una expresión, las
catástrofes son, esencialmente, sociales y, por esa misma razón, son políticas.
Cada sociedad decide
—consciente o inconscientemente— cuánto invierte en políticas de prevención,
cuánto protege sus ecosistemas, cuánto fortalece sus instituciones técnicas o
cuánto privilegia o no la inversión en conocimiento. Cada una de esas
decisiones permanece invisible durante años, hasta que la naturaleza actúa
conforme a sus propias leyes y deja al descubierto el modelo de facitura
histórica que los humanos han decidido ejecutar. Vico sostiene que el mundo de
la naturaleza ha sido hecho por Dios, mientras que el mundo civil ha sido hecho
por los hombres. De ahí se deriva una consecuencia extraordinaria: lo que los
hombres hacen, es lo que pueden comprender y transformar. Dos siglos después,
Hegel afirmará que el espíritu solo llega a conocerse en las obras que él mismo
produce. No existe historia sin responsabilidad.
Quizá haya llegado el
momento de aplicar esa enseñanza a nuestro modo de comprender las tragedias
contemporáneas. Ninguna sociedad puede impedir que tiemble la tierra o que
llueva con intensidad. Lo que sí puede impedir es que esos fenómenos se
conviertan en escenarios de muerte, destrucción y abandono. La naturaleza no
redacta códigos de construcción. Ni decide dónde se levantan las ciudades. No
elimina los organismos científicos. Ni desvía los recursos destinados a obras
públicas. No destruye la educación ni convierte la planificación en propaganda.
La naturaleza existe
conforme a sus propias leyes; la historia es el ámbito de la praxis, de la
libertad y de la responsabilidad. Confundir ambos órdenes equivale a
naturalizar lo que pertenece al mundo de las decisiones humanas. Allí donde el
entendimiento abstracto sólo ve un fenómeno geológico, la razón histórica
descubre una compleja trama de mediaciones sociales, políticas, económicas y
culturales que explican por qué un mismo acontecimiento físico produce
consecuencias radicalmente distintas según la sociedad en la que ocurre.
Es verdad que la naturaleza
se manifiesta. Pero lo que aparece bajo esa manifestación es la historia. Por
eso Hegel comprendió que la verdad nunca reside en la inmediatez, sino en las
mediaciones que la constituyen. Lo verdaderamente concreto no es el fenómeno
aislado, sino la totalidad de las relaciones que lo hacen inteligible. Por eso
las llamadas “catástrofes naturales” exigen ser pensadas desde la totalidad
concreta. Solo entonces dejan de ser simples episodios de geología para
convertirse en acontecimientos de la historia.
La catástrofe no acontece en
la primera naturaleza, que sigue obedeciendo a sus propias leyes, sino en esa
segunda naturaleza —el mundo histórico de instituciones, ciudades, técnicas y relaciones
sociales— que los seres humanos han construido y de cuya conservación son
responsables.
Fotografía: Para un reportaje de Víctor Amaya sobre el terremoto de Venezuela de título elocuente: "He visto más fusiles que palas". La Razón, Esp., 30/06/26.
18/07/2026:
https://www.elnacional.com/columnas/2026/07/de-las-catastrofes/
LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA: UNA PERPETUA ADVERTENCIA
Luis Barragán
“Algo tan viejo que ya
es nuevo para ustedes”
Octavio Paz (*)
Las tragedias también envejecen,
pero no prescriben y, cuando la memoria histórica se distorsiona o simplemente
desaparece, vuelven a interpelarnos como si fueran enteramente nuevas. Ocurre
con el alzamiento del 18 de julio de 1936 en la España republicana, que derivó
en una pavorosa guerra civil y en la prolongada dictadura encabezada por
Francisco Franco. Noventa años después, continuamos severamente advertidos.
A principios de los años
noventa llegó al célebre remate de libros usados del puente de la avenida
Fuerzas Armadas una cantidad inusual de obras relacionadas con el drama
peninsular; el elevado número de ejemplares repetidos nos hizo pensar en el
cierre de un importante depósito caraqueño, antes que en el habitual
descuartizamiento de una biblioteca privada por voluntad de unos urgidos
causahabientes. Poco a poco, atentos a la cotización de los tomos, nos
adentramos en un conflicto por entonces novedoso para nosotros, como acaso
vuelve a serlo para las generaciones recientes; entre aquellas lecturas, nos
impresionaron profundamente las memorias políticas y de guerra de Manuel Azaña,
reveladoras de una penetrante psicología del poder recomendable para quienes
ejercen o aspiran a ejercer responsabilidades de conducción.
El conflicto tuvo un
poderoso impacto en la Venezuela que se hizo un hogar confiable y seguro para
los centenares de miles de españoles transterrados,
término acuñado en el curso de una vasta diáspora de dolores que supo de
nuestra acogida y solidaridad. Ellos, por una parte, aportaron una rica
experiencia política, intelectual y profesional a un país que apenas salía de
una larga y tenebrosa dictadura y, por otra, la guerra asimismo produjo una
polarización que suscitó una duradera confusión que tardó en disiparse.
A noventa años de aquella
sublevación que desembocó en una indecible guerra entre hermanos, y conocida
también la difícil pero ejemplar transición democrática española de los años
setenta, seguimos apreciando una lección convertida en perpetua advertencia:
ninguna guerra civil constituye un atajo hacia un mejor destino común. Degrada
a vencidos y vencedores por igual, dejando heridas cuya cicatrización requiere
de generaciones enteras, y, por eso mismo, la amenaza de una confrontación
entre compatriotas, esgrimida reiteradamente por el único gobierno que hemos
tenido en el presente siglo, carece hoy de toda condición favorable en
Venezuela, con grandes mayorías de una notable cohesión social, evidentemente
desarmadas y pacifistas.
Finalmente, deploramos el
uso instrumental de la guerra civil y del franquismo con la pretensión de clausurar
el debate político en la España contemporánea, pues ninguna democracia
fortalece su memoria convirtiéndola en arma política. Habremos de prevenir un
riesgo semejante cuando Venezuela recupere la libertad y la democracia plenas,
como aspiramos, malograda nuestra experiencia por la manipulación y el
oportunismo.
(*) “Pasión crítica”, Seix Barral,
Barcelona, 1985: 221.
Ilustración: LB/IA.
Breve nota LB: El epígrafe octaviano es el mismo empleado para el artículo "Apuntes sobre el (neo) franquismo", publicado en El Globo, Caracas, 26/08/2001.
18/07/2026:
https://lapatilla.com/2026/07/18/luis-barragan-la-guerra-civil-espanola-una-perpetua-advertencia/
“ No hay ni un solo perro en esta urbanización. Es sorprendente, son la clase de personas que suelen tenerlos, personas con dinero y tiempo,...