“Así que el camino está claro. Es difícil, casi imposible
de recorrer (sobre todo sin mi ayuda; todavía no me explico cómo lo logré
yo mismo, sin la ayuda de nadie). Difícil de recorrer pero fácil de
entender”
Juan Gómez Bárcena
(“Abril o nunca”, Seix Narral, Bacelona, 2026: 129)
- Aníbal Laydera Villalobos. “Comentario: Insólita riqueza pesquera del Orinoco”. El Universal, Caracas, 02/11/1984.
- M.O.L. “Replanteada la crisis interna: Enfrentados
nuevamente ´teodorismo´ y ´rangelismo´en selección de candidatos para planchas
del MAS”. El Universal, 06/08/78.
- Américo Díaz Núñez. “Hay que hacer algo” (Crisis
electorales, Jesús Faría). Tribuna Popular, Caracas, 24/02 al 02/03/89.
- Aníbal Romero. “Breves reflexiones sobre los partidos”.
Carta Mensual de la Reforma (COPRE), Caracas, N° 24 de 04/87.
- Bono de transporte para contrarrestar efectos del
alza de la gasolina. Economía Hoy, Caracas, 10/05/90.
Fotografía: Lucía Vaamonde según Hueck Condado. Pieza periodística tratada con ChatGPT. El Universal, Caracas, 26/06/1971. Refiere la nota a los progresos alcanzados en su entrenamiento estadounidense. Acá, intervino en diversas pruebas inter-universitarias (SIC), especialmente en pentatlón, con la vista puesta en los Juego Panamericanos de Cali. Luego, volverá a California para continuar sus estudios.
Que sepamos, Tomás Páez es el venezolano que ha
estudiado y sistematizado mejor a la diáspora que muy antes no era tan
obviamente venezolana: constituye un fenómeno completamente inédito del
presente y atascado siglo, aunque no lo crean las nuevas generaciones.Tomás, por cierto, ha publicado sendos
títulos que no se encuentran en las librerías de nuestro país porque las
librerías mismas prácticamente han desaparecido.
Cabe agradecer al autor en cuestión el extraordinario
esfuerzo que realiza, porque bien se quejó don Mario Torrealba Lossi de la
desatención o desinterés suscitado por las más antiguas diásporas, en El
Nacional de Caracas (27/10/1979: https://apuntaje.blogspot.com/2026/04/y-ahora.html). En efecto, fundado en la sutil distinción entre la
nostalgia y la melancolía, citó varios testimonios de paisanos que nos miraron
desde un lejano o cercano destierro, sin que sospechara don Mario absolutamente
nada de la sorpresa que nos depararía la presente centuria.
Hoy, el promedio de nuestros compatriotas tienen una
versión de lo que ocurre acá, según sus familiares, amigos, portales noticiosos
y redes. De un modo u otro, con cierto retraso, siguen los eventos del patio,
tienen pocas o grandes expectativas, pero siempre los signa una inmensa
emoción, aunque los haya – es necesario advertirlo – ya desarraigados,
espontánea o calculadamente, ora para sobrevivir, ora para renunciar definitivamente
al gentilicio.
Sería interesante que los tesistas desocupados, los
que no encuentran un tema definitivo en el posgrado, exploraran la versión que
sustentan nuestros compatriotas fuera de las fronteras: sobre el país que los
vio nacer y también respecto a aquellos países en los que han ganado una grata
e ingrata experiencia.Digamos que más
allá del testimonio, la opinión o el gesto circunstanciales, narradores y
ensayistas tienen más letra impresa o digital que la dirigencia política con no
pocos años ya alejados de la patria, circunscritos solamente a la columna o la
entrevista esporádica.
Hay un número importantes de obras que ponderar en los
terrenos de la novela, y el cuento, la crónica y el ensayo, como los títulos de
Gisela Kozak, Israel Centeno, Karina Sainz Borgo, Rodrigo Blanco Calderón,
Raquel Abend van Dalen, Alberto Barrera Tiszka, Keyla Vall de la Ville, Juan
Carlos Méndez, Gustavo Valle, Rafael Osío Cabrices, Alejandro Bravo, entre
otros nombres más y menos conocidos por nuestra escasa prensa cultural. Además,
agregaría a formados e informados, insignes y perspicaces blogueros como
Hermann Alvino y Gustavo Coronel.
Nos sirve maravillosamente
para entender la situación anímica de los discípulos después de la tragedia del
viernes, y para renovar nuestra fe.
"Nosotros esperábamos
que sería él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas,
llevamos ya tres días desde que esto pasó ... ".
Nos encontramos en presencia
de "el escándalo de la cruz". La muerte de Jesús ha dado al traste
con las esperanzas puestas en El. Los dos discípulos de Emaús representan perfectamente
la crisis de fe de aquella primera comunidad, motivada por la muerte de Jesús.
Cabría pensar que ellos
también podrían haber dicho, como otros, a Jesús crucificado: "Si eres el
Hijo de Dios, baja de la cruz y creeremos". Están aplicando a Jesús las
categorías humanas y judaicas. Para ellos, la muerte es el final. Y la
ejecución como criminal, el fracaso.
Es más, están fiándose de su
propia interpretación de la Palabra de Dios. Esperaban un Mesías triunfante. No
ha triunfado, luego no lo es. Los dos de Emaús representan la situación de los
discípulos: "se acabó; nosotros pensábamos que Él sería... pero... se
acabó".
¿Cómo pasó aquel grupo
reducido del abatimiento y la sensación de fracaso que presenta este texto, a
la seguridad y el sentido misionero avasallador que hemos visto en la primera
lectura de hoy? ¿Cómo se convirtieron en valerosos pregoneros los asustados y
fracasados galileos? Tenemos que dar dos respuestas, situadas a distinto nivel.
En primer lugar, la
Resurrección de Jesús no parece que se pueda explicar simplemente por un
"convencimiento íntimo" de que sigue vivo tras la muerte, ni una
"experiencia interior".
Hubo algo que cambió su
depresión y su cobardía en entusiasmo y espíritu misionero, algo que les lleva
a anunciar a Jesús Vivo, aunque les cueste la vida, y a llevar el mensaje al
mundo entero. No creyeron en Jesús simplemente porque -a pesar de que había
muerto- le recordaban y le seguían admirando. Parece necesario "algo
más".
En segundo lugar, el
Espíritu. El Espíritu, el viento de Dios, hizo a Jesús como era. El Espíritu
hablaba en Jesús, curaba en Jesús. El Espíritu la hacía sabio y confundía a sus
adversarios. El Espíritu le hizo pasar del "¿por qué me has
abandonado?" al "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu".
Ese Espíritu que Jesús
"sopló sobre ellos" (recordamos el evangelio del domingo pasado),
como Dios mismo sopló su espíritu en el muñeco de barro y lo hizo ser viviente
está haciendo diferentes a los que le siguieron en vida y siguen creyendo en él
después de muerto. Es la tesis básica de Hechos: el mismo espíritu de Jesús
sigue alentando en la Iglesia.
EL escándalo de la Cruz
Jesús "les explica las
escrituras", les explica "que era necesario que el Mesías padeciese y
muriese y entrase así en su gloria". Era necesario.
Porque era el Hijo de Dios,
no bajó de la cruz, precisamente porque era el Hijo de Dios. Si hubiera bajado
de la cruz, no sería más que una divinidad que se había vestido con apariencia
humana (y esa es la "fe" simplona de muchos). Pero era un hombre que
arrostraba su destino, su misión: fiel a la misión hasta la muerte.
La cruz es un escándalo, (y
la humanidad de Dios, también, y la divinidad del hombre también) sólo
superable por la fe en el Crucificado. No hay manera alguna de escapar del
escándalo del mal del mundo. El mal del mundo culmina por el rechazo de los
hombres a Dios. La crucifixión de Cristo es el mayor escándalo.
"En el mundo estaba, y
el mundo fue hecho por El
y el mundo no le conoció.
Vino a los suyos y los suyos
no le recibieron".
Pero la crucifixión actual
de tantos y tantos que contemplamos, en los males y en los pecados, son el mismo
escándalo: la aparente ausencia de Dios. De este escándalo no escapamos más que
por la fe en Jesús, el crucificado/resucitado.
Como casi siempre, la fe no
nos da explicaciones, sino motivos para creer a pesar de lo que vemos. En la
cruz no se cree. La cruz se ve. La resurrección no se ve. Se cree en ella,
porque se ven las obras del Espíritu.
Pero se puede dar un paso
más. No sólo creemos a pesar de la cruz; creemos por la cruz. A varios niveles:
· ver a un hombre que
arriesga la vida por proclamar sus valores y sus criterios hasta el final, sin
echar marcha atrás, sin arrugarse ante nada, sin escaparse, hasta arrostrar la
muerte ... es un fortísimo argumento para creer en él. Y así fue Jesús. "Obediente
hasta la muerte y muerte de cruz" admite otra traducción:
"consecuente hasta la muerte y muerte de cruz".
· reflexionando en quién
mató a Jesús volvemos a creer en él. A Jesús lo mató el Templo y sus
sacerdotes, los mayores agentes de opresión, los mayores deformadores de Dios.
A Jesús lo mató La Ley y sus doctores y sus purísimos cumplidores,
monopolizadores de la Palabra, despreciadores de la gente (podemos leer Mateo
21–23). Lo mataron los manejos políticos, el mesianismo nacionalista... La cruz
exige tomar partido: con todos esos o con Jesús.
· la elaboración teológica
de todo lo anterior lleva a decir: el Padre es capaz de dejar que su mejor hijo
se arriesgue por todos los demás: ¡mirad cómo ama el Padre, que no escatima ni
siquiera a Jesús, por el bien de todos!
Ser cristiano se define por
tanto como:
"el que cree en Dios,
el Padre,
por Jesús a pesar de la
cruz,
y por la cruz".
"Viendo y oyendo"
Nuestra resurrección es una
realidad interior. La vida del hombre no es más que signo, ropaje... de la
Vida. La Resurrección es tener ya La Vida.
La simple vida biológica es
el soporte de la vida intelectual. Y todo eso no es más que el soporte de LA
VIDA, la condición de Hijos. Nuestra fe es que en Jesús se mostró posible que
la humanidad "lleve dentro" la divinidad. Decía el catecismo que
estudiábamos de pequeños: "Sin dejar de ser Dios, quedó hecho hombre"
Y podemos invertir los términos: "Sin dejar de ser hombre, estaba lleno de
Dios". Éste es el sentido profundo, desmitologizado, de la Encarnación.
La Resurrección, la Vida, no
se ve. Pero sus frutos sí se ven. Los que participan de la Vida viven como
resucitados "buscando las cosas de arriba" "vestidos del hombre
nuevo". Su código moral son las Bienaventuranzas; su oración, el Padre
Nuestro; su culto a Dios, la vida; sus actos religiosos, las celebraciones
festivas del amor de Dios presente en todo, los sacramentos. Esta es la Vida
Nueva, manifestándose en la vida normal.
Vivir de otra manera es
"inútil y efímero". Nosotros vivimos la vida como El nos enseñó,
porque tenemos Fe en El y tenemos puesta en El nuestra esperanza.