SOBRE LA IDEA DE VENEZUELA 2026 (*)
Hay algo profundamente
latinoamericano —casi un rasgo de carácter— en la manera en que cada coyuntura
política se ve rodeada, de pronto, por una multitud de expertos sobrevenidos,
doctos de la noche a la mañana en las materias más complejas y disímiles. En
ese coro estridente, las voces más genuinas —las de los legos atentos y las de
los entendidos serios que día a día construyen la opinión pública— deben abrirse
paso entre improvisados que decretan transiciones donde no existe asomo alguno,
o apenas indicios de un largo y arduo camino por recorrer. Actúan como médicos
temerarios: diagnostican una enfermedad grave a partir de un síntoma menor y
prescriben, con gesto grandilocuente, una cura improvisada que promete milagros
inmediatos.
Por ello resulta especialmente
valioso el aporte de Luis Manuel Marcano al debate que suscita el caso
venezolano. Su intervención permite combatir una confusión tan generalizada
como interesada: la idea de que existe una transición en marcha cuando, en
rigor, se trata apenas de una transición sospechada, intuida, deseada, pero que
sencillamente no ha comenzado. Ese equívoco no es inocuo. Inyecta desencanto y
desesperación en una ciudadanía que espera un cambio auténtico, trascendente, definitivo
e histórico, y que corre el riesgo de ver frustrada su esperanza por el abuso
del lenguaje y la ligereza del diagnóstico político.
Cuenta con las herramientas
teóricas, la mirada acuciosa, la capacidad de reflexión, el talante político y el
sentimiento profundo para un ensayo orientador, preciso y contundente.
Calificado académico, corajudo magistrado del Tribunal Supremo de Justicia, tan
injusta y largamente condenado al exilio por el régimen venezolano, aborda con
un enorme sentido de responsabilidad un asunto que siempre será novedad
mientras no deje de palpitar la vocación por la libertad en este lado del
mundo, llevándonos a una conclusión clara: las transiciones se hacen
haciéndolas, más allá del anuncio.
El texto no ofrece consuelos
fáciles ni proclamas vacías. Se inscribe, más bien, en una tradición seria del
pensamiento político latinoamericano que desconfía de las palabras solemnes
cuando no están acompañadas de actos fundacionales reales. En ese sentido, Venezuela 2026: la transición que necesitamos no es un ejercicio de futurología ni un
manifiesto de ocasión, sino una advertencia lúcida: sin decisiones, sin
rupturas verificables y sin construcción institucional sostenida, la transición
seguirá siendo un espejismo retórico.
La lección final es tan
sobria como exigente. No basta con nombrar la transición para que exista, ni
con desearla para que ocurra. Las transiciones no se proclaman: se edifican. Y
solo cuando ese proceso comience de verdad, Venezuela podrá decir que ha dejado
atrás la larga noche y ha comenzado, ahora sí, a escribir una página distinta
de su historia.
(*) Presentación del libro de Luis Manuel Marcano
Salazar: “Venezuela 2026: la transición que necesitamos”, Editorial Torres del Paine,
Santiago de Chile, 2026.
Cfr. https://www.elnacional.com/2026/01/la-transicion-que-necesitamos/
Ilustración: Ralph Steiner.
22/03/2026:
https://lapatilla.com/2026/02/22/luis-barragan-sobre-la-idea-de-venezuela-2026/


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