LARRAZABALISMO
Luis Barragán
El 23 de enero de 1958 emergió un inesperado
protagonista en el complicado escenario de una crisis extendida por demasiado
tiempo: el contralmirante Wolfgang Larrazábal, quien ascendió a la presidencia
de una ya definitiva Junta de Gobierno, en principio de carácter exclusivamente
militar. Apelando a una vieja distinción, el país nacional apenas estaba
familiarizado con su nombre, en una época en la que la más alta oficialidad
frecuentaba la prensa diaria quizá por aquella prédica de un gobierno que
juraba actuar en nombre y representación de las Fuerzas Armadas, mientras que
el país político lo conocía más por ser hermano del activo capitán de navío
Carlos Larrázabal que por el ejercicio de la presidencia del Instituto Nacional
de Deportes o del Círculo Militar.
Entre varias de las razones fundamentales para
comprender la caída de Marcos Pérez Jiménez, destacamos el conflicto entre la
Seguridad Nacional (SN) y el Servicio de Información de las Fuerzas Armadas
(SIFA), intensificado por las consecuencias inmediatas del fraude plebiscitario
que actuó como poderoso detonante. Asimismo, hubo un natural papel
preponderante de la corporación castrense que contaba con el monopolio de las
armas, lo cual no implica descalificar —como hoy tiende a hacerse — las
acciones civiles, definidas, firmes y valientes, que dieron sentido,
significación y trascendencia al derrocamiento.
La decidida conducta aperturista de Larrazábal, su
extraordinaria sencillez y cordialidad, el clima de libertades, la liberación
de los presos políticos y el regreso de los exiliados, sumado a la masiva
aplicación del Plan de Emergencia, le granjearon una pronta y asombrosa
popularidad, especialmente en los medios urbanos. Esta popularidad aumentó aún
más con la demostración de temple y habilidad al dominar la intentona golpista
del coronel Castro León, entonces ministro de la Defensa, en julio de 1958, y
el sangriento alzamiento de septiembre del mismo año, cuyos principales
propulsores, como Moncada Vidal, fueron más tarde reivindicados por su
participación en la insurrección marxista.
Finalizando el año, aupado desde distintos sectores
políticos, principalmente por URD y el PCV, Larrazábal resolvió retirarse de la
Junta para competir como candidato presidencial en igualdad de condiciones. La
sola separación del poder aumentó considerablemente el respeto y la confianza
que había suscitado, aunque no fue suficiente para ganar: supo reconocer la
victoria de Rómulo Betancourt, quien había recorrido extensa e intensamente el
territorio nacional.
El marino ganó en autoridad moral y política,
perfilado como un líder político ineludible y promisorio al que seguramente se
le miraba como una inmediata alternativa de poder frente a la crónica
inestabilidad institucional de una época que bien pudo sortear el Pacto de
Puntofijo que no suscribió, pero respaldó – por lo menos - implícitamente. Avaló
con firmeza al Frente Democrático Popular, fundado por Jorge Dáger, ya separado
del MIR, siendo postulado nuevamente a la presidencia en 1963 después de
renunciar a la embajada en Chile por designación de Betancourt.
En un cuadro de alta fragmentación política reflejada
en la composición de los cuerpos deliberantes, persistente para la década, la
experiencia partidista resultó exitosa en tanto que contribuyó a la obtención y
repetición de sendas curules parlamentarias, incluyendo las edilicias. Más
tarde, Dáger alcanzó la presidencia de la cámara de Diputados y Larrazábal fue
embajador en Canadá con el primer gobierno de Rafael Caldera, fracasando ambos
en el esfuerzo de reincidir como congresistas en 1973.
Larrázabal expresa la particularidad de un proceso
eficaz de transición que tuvo a bien propiciar con el reemplazo de dos altos
oficiales por civiles en la Junta de Gobierno, intuyendo el activo rechazo
popular que habría sobrevenido de no hacerlo. Presidió el nuevo gobierno al
tratarse del oficial de mayor antigüedad, exponiendo un fenómeno que podemos
calificar de larrazabalismo en el
contexto de la dura competencia por el liderazgo condicionado por el amargo recuerdo
de los desencuentros del pasado.
En efecto, entre nosotros subyace una tradicional
cultura política que apuesta por una persona apenas conocida de profesión
militar como solución de todos nuestros males; además, actúa de buena fe y moderada
ambición de poder, exhibe un magnífico espíritu de servicio mas no la
suficiente vocación y el talento políticos indispensables, confiando
fundamentalmente en su capital moral. Wolfgang Larrazábal apareció repentinamente
en el país que justificadamente le agradece sus servicios, nos condujo hacia la
transición democrática, pero difícilmente hubiese superado todos los obstáculos
políticos con los que hubo que lidiar en la década, añadida la insurrección
armada, careciendo de experiencia y destrezas más allá del ámbito estrictamente
militar.
Apartando las jornadas propias de las campañas
electorales que encabezó, nos han impresionado muchísimo las reseñas de las
esporádicas visitas que el vicealmirante retirado realizaba al país procedente
de Chile o Canadá. En ocasiones, el tránsito por la autopista que unía el departamento
Vargas con Caracas le resultaba muy difícil, debido al bloqueo causado por
miles de personas que lo aclamaban y deseaban saludarlo.
Entonces, es posible que alguien goce de una
espléndida autoridad moral por la contribución que haga al país, aunque
insuficiente frente a la magnitud y los desafíos del universo político. Acaso, en una historia contrafactual, otro
pudo ser el presidente de la Junta de Gobierno, atornillado al poder por años
con la promesa incumplida de realizar elecciones; o, en otro caso, la derrota de Betancourt habría provocado el desplome de la naciente
democracia representativa impactada por la conspiración e insurrección de derecha
e izquierda.
Hoy, recordamos a un gran venezolano: Wolfgang
Larrazábal. Y, por supuesto, al bravo pueblo que hizo la fecha.
Imágenes: inicial: Momento, Caracas, N° 340 del 20/01/1963; y, posterior, tomada de la red.
23/01/2026:
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https://lapatilla.com/2026/01/23/luis-barragan-larrazabalismo/


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