jueves, 22 de enero de 2026

Fenómeno

LARRAZABALISMO

Luis Barragán

El 23 de enero de 1958 emergió un inesperado protagonista en el complicado escenario de una crisis extendida por demasiado tiempo: el contralmirante Wolfgang Larrazábal, quien ascendió a la presidencia de una ya definitiva Junta de Gobierno, en principio de carácter exclusivamente militar. Apelando a una vieja distinción, el país nacional apenas estaba familiarizado con su nombre, en una época en la que la más alta oficialidad frecuentaba la prensa diaria quizá por aquella prédica de un gobierno que juraba actuar en nombre y representación de las Fuerzas Armadas, mientras que el país político lo conocía más por ser hermano del activo capitán de navío Carlos Larrázabal que por el ejercicio de la presidencia del Instituto Nacional de Deportes o del Círculo Militar.

Entre varias de las razones fundamentales para comprender la caída de Marcos Pérez Jiménez, destacamos el conflicto entre la Seguridad Nacional (SN) y el Servicio de Información de las Fuerzas Armadas (SIFA), intensificado por las consecuencias inmediatas del fraude plebiscitario que actuó como poderoso detonante. Asimismo, hubo un natural papel preponderante de la corporación castrense que contaba con el monopolio de las armas, lo cual no implica descalificar —como hoy tiende a hacerse — las acciones civiles, definidas, firmes y valientes, que dieron sentido, significación y trascendencia al derrocamiento.

La decidida conducta aperturista de Larrazábal, su extraordinaria sencillez y cordialidad, el clima de libertades, la liberación de los presos políticos y el regreso de los exiliados, sumado a la masiva aplicación del Plan de Emergencia, le granjearon una pronta y asombrosa popularidad, especialmente en los medios urbanos. Esta popularidad aumentó aún más con la demostración de temple y habilidad al dominar la intentona golpista del coronel Castro León, entonces ministro de la Defensa, en julio de 1958, y el sangriento alzamiento de septiembre del mismo año, cuyos principales propulsores, como Moncada Vidal, fueron más tarde reivindicados por su participación en la insurrección marxista.

Finalizando el año, aupado desde distintos sectores políticos, principalmente por URD y el PCV, Larrazábal resolvió retirarse de la Junta para competir como candidato presidencial en igualdad de condiciones. La sola separación del poder aumentó considerablemente el respeto y la confianza que había suscitado, aunque no fue suficiente para ganar: supo reconocer la victoria de Rómulo Betancourt, quien había recorrido extensa e intensamente el territorio nacional.

El marino ganó en autoridad moral y política, perfilado como un líder político ineludible y promisorio al que seguramente se le miraba como una inmediata alternativa de poder frente a la crónica inestabilidad institucional de una época que bien pudo sortear el Pacto de Puntofijo que no suscribió, pero respaldó – por lo menos - implícitamente. Avaló con firmeza al Frente Democrático Popular, fundado por Jorge Dáger, ya separado del MIR, siendo postulado nuevamente a la presidencia en 1963 después de renunciar a la embajada en Chile por designación de Betancourt.

En un cuadro de alta fragmentación política reflejada en la composición de los cuerpos deliberantes, persistente para la década, la experiencia partidista resultó exitosa en tanto que contribuyó a la obtención y repetición de sendas curules parlamentarias, incluyendo las edilicias. Más tarde, Dáger alcanzó la presidencia de la cámara de Diputados y Larrazábal fue embajador en Canadá con el primer gobierno de Rafael Caldera, fracasando ambos en el esfuerzo de reincidir como congresistas en 1973.

Larrázabal expresa la particularidad de un proceso eficaz de transición que tuvo a bien propiciar con el reemplazo de dos altos oficiales por civiles en la Junta de Gobierno, intuyendo el activo rechazo popular que habría sobrevenido de no hacerlo. Presidió el nuevo gobierno al tratarse del oficial de mayor antigüedad, exponiendo un fenómeno que podemos calificar de larrazabalismo en el contexto de la dura competencia por el liderazgo condicionado por el amargo recuerdo de los desencuentros del pasado.

En efecto, entre nosotros subyace una tradicional cultura política que apuesta por una persona apenas conocida de profesión militar como solución de todos nuestros males; además, actúa de buena fe y moderada ambición de poder, exhibe un magnífico espíritu de servicio mas no la suficiente vocación y el talento políticos indispensables, confiando fundamentalmente en su capital moral. Wolfgang Larrazábal apareció repentinamente en el país que justificadamente le agradece sus servicios, nos condujo hacia la transición democrática, pero difícilmente hubiese superado todos los obstáculos políticos con los que hubo que lidiar en la década, añadida la insurrección armada, careciendo de experiencia y destrezas más allá del ámbito estrictamente militar.

Apartando las jornadas propias de las campañas electorales que encabezó, nos han impresionado muchísimo las reseñas de las esporádicas visitas que el vicealmirante retirado realizaba al país procedente de Chile o Canadá. En ocasiones, el tránsito por la autopista que unía el departamento Vargas con Caracas le resultaba muy difícil, debido al bloqueo causado por miles de personas que lo aclamaban y deseaban saludarlo.

Entonces, es posible que alguien goce de una espléndida autoridad moral por la contribución que haga al país, aunque insuficiente frente a la magnitud y los desafíos del universo político.  Acaso, en una historia contrafactual, otro pudo ser el presidente de la Junta de Gobierno, atornillado al poder por años con la promesa incumplida de realizar elecciones; o, en otro caso,  la derrota de Betancourt  habría provocado el desplome de la naciente democracia representativa impactada por la conspiración e insurrección de derecha e izquierda.

Hoy, recordamos a un gran venezolano: Wolfgang Larrazábal. Y, por supuesto, al bravo pueblo que hizo la fecha.

Imágenes: inicial: Momento, Caracas, N° 340 del 20/01/1963; y, posterior, tomada de la red. 

23/01/2026:

https://www.elnacional.com/2026/01/larrazabalismo/

https://lapatilla.com/2026/01/23/luis-barragan-larrazabalismo/

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Equidad social

RESARCIR EL DAÑO LABORAL William Anseume Desde luego que, como se ha ofertado finalmente al principio de este año, y por causas ajenas a...