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lunes, 14 de octubre de 2024

Cajerío

BARATURA DE UNA  AMARGA EXPERIENCIA

Luis Barragán

Entre nosotros, difícilmente haya precedentes respecto a un régimen de tan extraordinarios bajos costos económicos y, a juro, políticos. Gracias al empleo selectivo y eficaz de la fuerza bruta, a una aparente superioridad moral que la mentira más descarada les reporta, y a las guerras foráneas que cumplen con ese otro convencionalismo como es el incremento inmediato de los precios del petróleo, el socialismo del siglo XXI se le antoja lo mejor, bueno, bonito y barato a una izquierda comprometidamente antioccidental, mientras duren sus afanes suicidas.

Por numerosas que sean las protestas espontáneas, no tienen la presión política necesaria para convertirse en una demanda actualizadora, eficaz y consistente, por poderosa y sentida que se diga y realmente lo fuese. Vaciada por la (auto)censura, no hay caja de memoria alguna respecto a los fundamentales indicadores económicos, demográficos, educativos, nutricionales, u otros que le den energía y sensatez a las fórmulas alternativas a un sistema (y sistemia) profundamente depresivo.

El gobierno socialista de esta centuria no soportaría siquiera el mínimo peso que conocieron muy antes los gobiernos democráticos respecto a las grandes y pequeñas exigencias salariales, alimentarias,  hospitalarias, inmobiliarias, transportivas, antidelictivas, con moderación del costo de la vida. Y tampoco resistiría las bulliciosas y perturbadoras denuncias e investigaciones periodísticas y parlamentarias, forzando el juego institucional, o las recurrentes perturbaciones del orden público, incluyendo las protagonizadas por los celebérrimos encapuchados de motivos tan fútiles como el adelanto de los días de asueto en alguna universidad.

Puede conocerse con demasiada dificultad de la ejecución del presupuesto público nacional, su monto definitivo y los niveles de endeudamiento, y los verdaderos aportes que cada órgano, despacho e instancia del gigantesco Estado hace a la población, incurriendo en la menor inversión posible, configurando partidas muy exiguas que dependerán de un eventual crédito adicional, o procurando medios lo suficientemente precarios para suscitar una suerte de lobby clientelar. Además de la consabida y enorme carga fiscal y parafiscal que recae sobre la ciudadanía, reservada enteramente la administración de los fondos petroleros a favor del ejecutivo, permite deducir el bajísimo costo económico y político de un prolongado ciclo, cual pieza maestra de la preingeniería totalitaria.  No obstante, inadvertido todavía por la genuina oposición, seguimos entendiéndonos en un particular lenguaje que nos relega a la única caja de diálogo con insumos que rápidamente empobrecen por sus eufemismos e invectivas.

En efecto, herencia de una larga tradición descompuesta y tergiversada, políticamente nos entendemos en clave de telenovela de baja producción que posterga el capítulo final ad infinitum, consumadamente maniquea y cursilera, promesa de sendos momentos estelares que le deben más a la fantasía que a la realidad, holgura de todo resentimiento vanidoso (o vanidad resentida), compendio de gestos grandilocuentes y efímeros, profundamente ignorante, obstinadamente temeraria.   Suele fracasar con el suspenso, irremediablemente artificioso, más de las veces, generando expectativas que parten de un supuesto inadmisible: la inmadurez política de una masiva audiencia a la que se puede ilusionar con la inminencia de un milagro de redención, como aquella pobrísima doncella vilmente engañada por el embarazador de un único acto de los mil apuros que se descubre heredera de un significativo porcentaje de acciones de SpaceX que resultaron mejores que las arqueológicas de CANTV.

El discurso del poder (e, ¿inevitable?, contrapoder retroalimentador), apela a la misma y tediosa escenografía, los empeños de un manido protagonista, el espejismo de un capitulo superdefinitivo que ha tardado veinticinco años. No es común el escaso costo económico de una experiencia política por la que absolutamente nadie responde, apostando por pasar la página.

Habitual recomendación, importa y mucho pensar fuera de la caja, por lo demás, lanzada a la intemperie, que yace como una obra de arte contemporáneo en tributo de nuestras necedades telenovelescas. Ya no hay cartón para que el CLAP distribuya, comprendidos todos como los bolsas de la ínsula de Barataria: valga acotar, alguna vez soñamos el Arauca, uno de los cuatro cajones apureños.

 Fotografías: LB (CCS, 01/06/2024). 

15/10/2024:

https://www.elnacional.com/opinion/baratura-de-una-amarga-experiencia/

https://morfema.press/opinion/baratura-de-una-amarga-experiencia-por-luis-barragan-luisbarraganj/

https://www.eastwebside.com/luis-barragan-baratura-de-una-amarga-experiencia.html

Breve nota LB: A Eduardo Martínez (Eastside), le llamó la atención una expresión: baratura, e investigó hasta conseguir la pieza chilena para publicar el texto. Le dio tonalidad de antigua fotografía.

domingo, 23 de abril de 2023

Costo político

PEDIR PERDÓN

Luis Barragán

Ciertamente, nadie está libre de incurrir en errores que generen pequeñas o grandes consecuencias. Importa y mucho, reconocerlos y rectificar, aunque tendemos a banalizar el perdón, como solicitud o concesión, quizá por las numerosas veces que lo solicitamos o lo concedemos.

Posiblemente, la noción primaria que aún cultivamos es la del perdón asociado con el pecado, en la más remota infancia de una formación católica en el hogar que hoy no tiene equivalente. Luego, sabemos o intuimos de la infinita misericordia de Dios que a muchos releva del confesor, tratando directamente con el creador, sin que haya orientación alguna sobre los requisitos mínimos para confiar en la absolución.

Evidente el error, se ha hecho costumbre el arrepentimiento público de quienes ofician la política, sobre todo con responsabilidades de Estado en el gobierno o en la oposición, condición ésta que no impide señalarla como una función estatal así no haya desempeño parlamentario o edilicio en curso. Frecuentemente,  aligerando el paso, cualquier pretexto ha de servir para disculparse o, grave el asunto, el reconocimiento ya es del costo político a pagar que será decisivo de aproximarse unos comicios democráticos, minimizando el margen de maniobras.

Después de largos meses de una asombrosa equivocación legislativa que disminuyó penas y liberó a transgresores sexuales, el presidente del gobierno español pide perdón generando una importante y razonable polémica. Acucioso, el columnista Arcadi Espada del diario El Mundo, enuncia algunas reglas mínimas para validar el perdón, o Juan Ramón Lucas para La Razón observa la curiosa apelación del PSOE a los votos del PP para intentar corregir el entuerto, intocable Podemos por muy gubernamental que fuese (https://apuntaje.blogspot.com/2023/04/reglas-minimas.html). Interesante e importante, ora porque se puede ser gobierno y oposición a la vez, ora porque el pragmatismo es tan extremo que estas contradicciones no se dirán eticamente lesivas.

Intrigados por el apellido del interpelador de una Yolanda Díaz que ha alborotado a la opinión pública ibérica, en nuestra búsqueda dimos casualmente con el segmento de una entrevista  que Jordi Évole le hiciera  a Nicolás Maduro, quien pide - precisamente - perdón al incumplir la promesa de pago a los pensionistas venezolanos ubicados en España,   formulada en un encuentro anterior (https://www.youtube.com/watch?v=4zEh1HkLR7g). Huelga comentar sobre las promesas de un dictador y la confianza de no provocar consecuencia política alguna con su olvido, como en efecto ha ocurrido. Sin embargo, acumuladas más de un millón de visualizaciones en cuatro años, el video nos impone de una doble circunstancia: la improvisación y la temeridad.

Valga la presunción, alguien tan ocupado en numerosas y variadas tareas, necesita del concurso de sus más cercanos y estrechos colaboradores: posiblemente, ninguno pensó en la repetición del interviú y, en todo caso, asegurarían que el periodista y su equipo pronto olvidarían el compromiso adquirido, redundando en la improvisación.  Y, en fin, al tigre no le fastidia una raya más, atreviéndose Maduro Moros a un amago histriónico y a una humildad de la que carece.

El perdón es un recurso del que se ha abusado en todos los terrenos, pero se hace irrespirable políticamente con la enfermiza  reiteración por el reiterado incumplimiento de una efectiva enmienda, Más allá o más acá del Atlántico,  la práctica tiene bemoles capaces de escandalizar aún cuando no se viva en el marco de la normalidad democrática.

24/04/2023:

https://guayoyoenletras.net/2023/04/24/pedir-perdon/

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY