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miércoles, 25 de septiembre de 2024

Más allá o más acá de la Independencia

VENEZUELA: LA GUERRA CIVIL EN LA INDEPENDENCIA (I)

Ángel R. Lombardi G.  

Hay Historias buenas. Cuya solvencia profesional recae más en el autor que en sus propias conclusiones.

Uno puede estar de acuerdo o en desacuerdo. Lo esencial es la calidad de su trabajo. Y la posibilidad de debatir sus ideas desde la amplitud de pareceres.

Además, la ineludible ideología del autor, se sublima en el hilo argumental que es capaz de producir. Y si ese autor es extranjero y está opinando sobre la Independencia de Venezuela es algo mucho mejor.

Un venezolano que estudie la Independencia de Venezuela con voz crítica ya es sospechoso de anti patriotismo. Y resulta que los historiadores no hemos sido formados para exaltar a la Patria. Nuestro oficio es mucho más modesto: recuperar un pasado roto de memorias encontradas bajo el imperio del olvido.

Jaime Edmundo Rodríguez Ordóñez (1940-2022) es ecuatoriano de nacimiento, aunque estadounidense por formación, desempeño profesional y periplo vital. Su obra dedicada al período de la emancipación hispanoamericana es una de las más apreciadas.

En la “Independencia de la América Española” del año 1996, uno de sus libros más importantes, hay un apartado dedicado a Venezuela que quisiéramos comentar.

1808 fue un año clave: Francia y Napoleón Bonaparte invade España. Los reinos americanos se mantuvieron expectantes ante el descabezamiento de la monarquía. La lealtad prevaleció sobre los pensamientos emancipadores. Los americanos en términos generales estuvieron a gusto bajo el gobierno de los borbones.

Inglaterra, dueña de los mares, pasó de enemiga a ser aliada de la causa española contra Francia. El comercio venezolano creció espectacularmente. La elite criolla en alianza con los peninsulares decidió actuar.

Era mejor un autogobierno a través de una Junta Suprema Conservadora de los Derechos de Fernando VII que seguir bajo las intrigas del impopular Vicente de Emparan. Sobre Emparan aún no se sabe toda la verdad histórica. Incluso, la principal acusación que recae sobre su persona: la de afrancesado, hoy es cuestionada por historiadores muy solventes y con documentación de primera mano.

El 19 de abril de 1810 no fue un acto revolucionario. Todo lo contrario: un acto de preservación social de la élite blanca en ese entonces. Sólo que Caracas no encontró unanimidad en el resto de las provincias de la Capitanía General de Venezuela. Maracaibo, Coro y Guayana se mantuvieron leales a la Regencia con base en Cádiz. Ya esto fue un conato abierto de guerra entre provincias.

Además, la Regencia fue hostil a Caracas y la sometió a un bloqueo marítimo. Los ánimos se exacerbaron y apareció un grupo radical, la mayoría jóvenes, entre la élite blanca. Desde la Sociedad Patriótica actuaron para promover la Independencia total de España. Los moderados fueron superados y en ello contribuyó mucho la ascendencia de Francisco de Miranda.

El 5 de julio de 1811 se proclamó la Independencia. Es bueno acotar que en la misma hubo protagonismo de blancos peninsulares. El Congreso dominado por la elite blanca intentó tres acciones claves: 1. Hacer de Caracas la provincia dominante sobre el resto; 2. Mantener el status quo político y económico a su medida y 3. Poner a raya a los pardos, llaneros y esclavos negros que demográficamente les superaban 3 a 1 y cuidado sino más.

La Independencia se hacía a pesar propio. La élite blanca “no acusó al régimen español de haber explotado a Venezuela”. Y quizás esto fue así porqué en realidad quienes sí la venían explotando para su propio beneficio eran los mismos blancos pudientes; los llamados, mantuanos. Esto obviamente trajo el resentimiento de los sectores populares y étnicos relegados. “El nuevo gobierno constituía una amenaza para la gente de color, la mayoría de la población venezolana”.

Lo paradójico de ésta situación es que la monarquía decapitada tenía más adeptos en los sectores populares. Los pardos sabían, que los hacendados blancos y sus aliados en el rubro del comercio, eran sus más directos explotadores. Y al no haber ejército de ocupación imperial en América el conflicto civil ya estaba dibujado. “La mayor parte de los venezolanos no estaba en favor de la separación de España, y en Caracas la declaración de la independencia había sido apresurada por presiones políticas”.

Los complots en contra de la nueva república estallaron de inmediato. Los blancos canarios se hicieron nombrar entre los primeros: su resentimiento social contra la élite criolla blanca fue desmedido. Valencia se alzó contra Caracas y exigió el mismo derecho de ésta: la de conseguir su propia independencia. O en todo caso, mantenerse dentro de las filas realistas. Caracas, decidió aplastar esa aspiración. “Con el fin de afrontar esta amenaza, los realistas de Valencia armaron a los pardos y este acto se convirtió en el principio de una guerra racial virulenta en Venezuela”.

Los contemporáneos, entre 1808 y 1831, que estuvieron involucrados en la Independencia, bien supieron que se trató de una feroz e implacable guerra de exterminio. Venezuela se destruyó y desangró por sí misma. Esta realidad fue solapada posteriormente por parte de los nuevos amos de la república.

Se blanqueó ese oprobioso recuerdo por uno más conveniente asociado al mito y la épica. Los traidores fueron reformados a la condición de héroes. El poder sin vigilantes permitía el abuso de las leyes y los autores de tropelías infamantes no tenían consecuencias que lamentar.

Laureano Vallenilla Lanz (1870-1936), inesperadamente, fue el primero en asumir en el año 1919, la tesis de la guerra civil en la Independencia de Venezuela sin complejos de ningún tipo. En su libro, el de un adelantado, “Cesarismo Democrático”, va destejiendo el supuesto de una independencia entre buenos y malos.

06/09/2024:

https://opinionynoticias.com/opinionhistoria/41779--venezuela-la-guerra-civil-en-la-independencia-i

Ilustración: Martín Tovar y Tovar. 

VENEZUELA: LA GUERRA CIVIL EN LA INDEPENDENCIA (II)

Ángel R. Lombardi G.  

Sobre Francisco de Miranda es a quién mojan las barbas cuando se trata de culpabilizar el fracaso de la Primera República en 1811-1812.

Miranda pasó a sangre y fuego a la ciudad de Valencia, alzada contra los designios de Caracas de primar sobre ella y el resto de las capitales de provincia. Maracaibo, Coro y Guayana no aceptaron la “independencia” de los caraqueños.

De hecho, en el año 1810, ya los caraqueños habían intentado una invasión sobre la comarca de Coro. Pero fueron vapuleados y su principal jefe, un Marqués, puesto en ridículo.

La reacción contra Miranda y los patriotas de las primeras horas provino de Coro. Un capitán hasta ese momento sin nombre se hizo un nombre propio en la Historia de Venezuela: nos referimos a Domingo de Monteverde.

Sostiene Jaime E. Rodríguez: “En gran parte, sus victorias fueron resultado del creciente descontento con la república y, en la mayoría de los casos, las poblaciones cambiaron de manos sin que se disparara un solo tiro”.

La gloria militar de Monteverde hay que entenderla también por una desgracia descomunal de la propia naturaleza. El 26 de marzo de 1812 un terremoto acabó con las ciudades de Caracas, La Guaira, Barquisimeto, Mérida y San Felipe. Todas ellas bajo control patriota.

Y al coincidir con un Jueves Santos los líderes de la Iglesia católica en Venezuela sentenciaron que se trató de un castigo de Dios. La desmoralización cundió entre los nuevos republicanos cuya fe en la victoria ante la reacción pro-realista se vino al suelo.

A Miranda se le otorgaron poderes dictatoriales para que hiciera lo legal e ilegal para sostener la causa de la elite blanca. La ley marcial se aplicó y con ello la persecución a los blancos peninsulares. Ya ésta medida planteó una fractura entre la elite gobernante.

Esta primera violencia abrió otras puertas que incrementaron la violencia. Los diques institucionales quedaron derruidos. Líderes con ascendencia, pero ésta vez en el campo realista, como el arzobispo de Caracas Narciso Coll y Prat: “Ordenó en secreto al clero que alentara a los negros, tanto libres como esclavos, a luchar en favor de la Corona”.

La demografía estaba a favor de los pardos, negros e indios. Y como no había ejércitos del rey prestos a luchar en la Costa Firme se crearon los primeros brotes de la guerra civil. Un nuevo Haití empezaba a producirse en Venezuela.

En julio de 1812 la Primera República se derrumbó. Los ex esclavos avanzaron desde la costa hasta Caracas. El tumulto obligó a Miranda a recogerse en Valencia. Bolívar perdió la fortaleza de Puerto Cabello dónde se resguardaban las municiones.

Miranda, antes que Bolívar, temió a la pardocracia. Si bien era un revolucionario cuya militancia nadie podía poner en duda, fue siempre contrario al desorden social. Conoció desde adentro los horrores y excesos de la Revolución Francesa (1789) y no estuvo dispuesto en tolerar la anarquía.

Miranda capitula ante Monteverde el 25 de julio de 1812 bajo la creencia de la caballerosidad de los regalistas.

“Bolívar y otros dos oficiales republicanos arrestaron a Miranda y lo entregaron a los peninsulares. Bolívar, quien confiaba en conservar sus propiedades, también aceptó un pasaporte de Monteverde y abandonó Venezuela, aparentemente para unirse al ejército británico que luchaba en la Península contra los franceses. Sin embargo, el posterior descubrimiento de que sus vastas riquezas habían sido confiscadas reavivó sus simpatías, que había descartado en favor de los republicanos y de nuevo se volvió en contra de España. Miranda murió más tarde en una prisión española”.

13/09/2024:

https://opinionynoticias.com/opinionhistoria/41806-venezuela-la-guerra-civil-en-la-independencia-ii

Ilustración: Cristóbal Rojas.

VENEZUELA: LA GUERRA CIVIL EN LA INDEPENDENCIA (III)

Ángel R. Lombardi G.  

“La caída de la Primera República señaló el final de la participación política amplia en Venezuela.

A continuación, la lucha por el dominio político enfrentó a caudillos despiadados uno contra el otro. La disputa se hizo violenta en extremo, pues se produjo en una región donde se había desencadenado el odio racial”.

Jaime E. Rodríguez O. en su libro: “La Independencia de la América Española” (1996), ya todo un clásico sobre el tema, establece que la independencia de la América hispánica no fue un movimiento anti colonial. El quiebre de la Monarquía como resultado de la invasión napoleónica en 1808 y la revolución política que representó el gobierno constitucional de tradición liberal en las Cortes de Cádiz, dieron la pauta de la disputa entre los americanos. Para unos el horizonte monárquico era indeclinable. Para otros, la idea de nación, la principal vanguardia.

Y al no haber los acuerdos y el respeto al marco institucional viejo y nuevo, la guerra civil fue una constante. En el caso de Venezuela, fue brutal. Doscientos mil fallecidos de una población de un millón de habitantes: el 20%. Agreguemos la desolación material del aparato productivo y la migración forzada hacia el extranjero.

Un nuevo Haití se instaló en Venezuela a partir del año 1813. Los blancos, sin apenas poder de fuego, alentaron el conflicto entre las castas. Primero lo hicieron los realistas y esto socavó los fundamentos de la Primera República con Miranda en el año 1812. A las castas se les utilizó bajo ambiguas promesas de redención social que nunca se concretaron.

Por el contrario, el canario Monteverde aupó a sus propios compatriotas a tomar las leyes en sus propias manos. El Partido Canario se hacía presente como uno de los más activos de la guerra civil en Venezuela. Monteverde se hizo el loco y nunca acató los dictados de la Constitución de Cádiz. Puede que sea el primer dictador en la Historia de Venezuela.

Su jefatura fue fugaz e impopular ya que las arbitrariedades se impusieron sobre los adversarios. Su represión, a pesar de todo, fue moderada si la comparamos con la de Bolívar (1813) y Boves (1814).

Bolívar con un ejército de la Nueva Granada irrumpe sobre el occidente de Venezuela y le gana la carrera a los jefes orientales que tenían el mismo propósito de llegar primero hasta la capital, Caracas.

El Decreto de Guerra a Muerte del 15 de junio de 1815 fue una acción terrible que supuso pasar por las armas a todos los españoles europeos. Este nuevo reino del terror debía disuadir a la elite criolla sobre el acatamiento sin resistencias al nuevo caudillo e invitar a las masas a sumarse a éste bando bajo amenaza y coacción.

La Segunda República (1813-1814) fue tan fugaz y más impopular que la anterior. Su oferta fue exclusivamente militar y represiva. Ni se ganó a la elite criolla y mucho menos a las castas. Además, la idea republicana siempre terminaba ahogada por la violencia de la guerra. El dictador Bolívar sucumbió tan penosamente como lo hizo el dictador Miranda.

“Las fuerzas realistas, al igual que los ejércitos republicanos, estaban constituidos por criollos; por tanto, tales divisiones en un territorio que, fundamentalmente, no estaba poblado por blancos, ofrecía los peores augurios para las clases altas”.

Dice nuestro autor a quién le comentamos sus ideas sobre la Independencia de Venezuela: “Un impensado dirigente realista, José Tomás Boves, surgió para desafiar a los republicanos”.

¿Quién fue Boves? Un asturiano pobre que vivió del contrabando en los llanos de Venezuela. Pudo haber sido republicano o monárquico. Unos oscuros agravios determinaron su cruzada personal atizando el odio social y étnico. Su objetivo fue matar a todos los blancos. Y en esto siguió a Bolívar. Sólo que Boves apenas hizo distinción entre europeos y criollos.

Boves también fue un insubordinado. Lope de Aguirre conecta con José Tomás Boves. Mientras que para el primero la motivación de todos sus actos fue El Dorado, para el segundo y su “caballería infernal”: las tierras y propiedades de los blancos.

Ironía de la Historia: que un blanco europeo y de origen español haya acaudillado a los sectores populares. En cambio, el aristócrata Bolívar, apenas tuvo conciencia o la convicción de que el proyecto republicano pudiera servir para redimir a los pardos.

“Boves les daba rienda suelta en su pasión por el saqueo, el asesinato y la violación. Así, el terror republicano afrontó una respuesta realista igual de violenta. Venezuela tuvo que soportar ahora los peores aspectos de la guerra civil”.

No se vaya a creer que Boves tuvo un programa político. Boves fue tan rebelde como Bolívar para los criollos y españoles defensores del viejo orden colonial. La élite blanca nunca hizo la independencia a partir de 1810 para auto inmolarse. Morillo llegó a Venezuela en 1815 para poner en cintura al rebelde Boves. Bolívar vagaba por el Caribe buscando refugios.

Conclusión: “Ninguno resultó vencedor en la guerra civil venezolana. La élite americana no logró alcanzar el autogobierno, ya fuera dentro de la nación española o por medio de la independencia. Los españoles europeos quedaron virtualmente exterminados. Los pardos, negros y esclavos tampoco alcanzaron ni la igualdad ni la libertad. Venezuela quedó devastada y fueron necesarios muchos años para restaurar el orden y la prosperidad”.

22/09/2024:
Ilustración: Arturo Michelena.

jueves, 18 de mayo de 2023

Viejos ángulos

LA PLANTA INSOLENTE QUE PROFANÓ EL SAGRADO SUELO DE LA PATRIA 

Ángel R. Lombardi 

Para entender el fracaso de Venezuela en el siglo XIX sólo basta señalar que se perdieron el 44% del territorio nacional.

Una Independencia chucuta. Sólo el petróleo nos dio un respiro y a diferencia de Noruega no lo supimos invertir adecuadamente ni ahorrarlo para el futuro. Dios bendijo a Venezuela pero ni eso fue suficiente para perseverar en el error como política de Estado de una forma permanente.

Toda la épica de la Independencia, una edad de oro, de acuerdo al discurso oficial, es un grandísimo espejismo. Los Padres Fundadores, con muy pocas virtudes republicanas, se dedicaron más bien al saqueo del erario público, bastante desfalleciente por si acaso, en la centuria triste que fue nuestro siglo XIX.  “Son repúblicas en el nombre, pero en el hecho son campamentos militares desorganizados. El gobierno no tiene continuidad ni prestigio". Dictaminó César Zumeta en la obra El continente enfermo (1899).

Según Manuel Caballero la Independencia no acabó en 1821 luego de la Batalla de Carabobo sino que se siguió disputando como guerra civil permanente hasta el año 1903 en que Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez, dos caudillos andinos, derrotaron en la Batalla de Ciudad Bolívar la coalición de los principales caudillos regionales. Hasta ese momento Venezuela fue un país Archipiélago identificado con un federalismo de formalidades y de realidades históricas autónomas. El primer padre imperfecto del centralismo fue Simón Bolívar y más luego le siguió Antonio Guzmán Blanco. Propuesta ésta que empezó a bosquejar el predominio de Caracas y sus alrededores sobre el resto de las regiones de Venezuela.

Fue tan díscolo y violento nuestro siglo XIX que se han podido contabilizar entre 1826 y 1888: cuarenta revoluciones “nacionales” y entre 1749 a 1888 hasta setecientos cuarenta “locales” (Manuel Landaeta Rosales). Y Pedro Manuel Arcaya apunta que sólo hubo dieciséis años de paz en el siglo XIX: una paz armada. El petróleo en el siglo XX, y ésta es otra tesis de Manuel Caballero, nos trajo una benéfica paz urbana y algunos destellos civilizadores bajo el protagonismo del mundo civil. Algo que hoy está en vías de desaparecer para volver a conectarnos con la violencia social y el atraso del siglo XIX. 

Este desorden pigmeo, de una nación que hizo un juramento ficticio de grandeza, alrededor de su propio Destino Manifiesto, -el proyecto de la Gran Colombia (1819-1831)- quedó sólo en buenas intenciones. Los caraqueños bajo el comando de Páez no hicieron la Independencia para delegar sus mieles en otros como los odiados neogranadinos o zulianos. El Mito/Bolívar, erigido en 1842 por José Antonio Páez (1790-1873) y profundizado más luego por Antonio Guzmán Blanco (1829-1899), vino a compensar el fracaso nacional en la realidad. El tema en sí es para un animado como necesario debate. 

Lo cierto del caso es que nuestros presidentes, caudillos, militares y demás cargos en la cúspide de la dirección del Estado venezolano, si es que existió éste, fueron muy negligentes en el resguardo de la soberanía territorial. Y éste es un tema tabú porque nos lleva a la vergüenza histórica de contradecir toda la propaganda que se ha elaborado sobre una Venezuela como destino de grandeza. Bolívar, en todo caso, traicionado en lo que fue su gran obra de liberación ya no sólo nacional sino también continental. La Monarquía hispánica tuvo mayores habilidades en resguardar los territorios de la Costa Firme que cuando tuvimos vida republicana. Para muestra los intentos de invasión del enemigo inglés en repetidas oportunidades y sus derrotas. 

Dicen los mexicanos que: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”. Entre los años 1846 y 1848 los Estados Unidos invadieron México. Desembarcaron en Veracruz y tomaron más luego la capital. ¿Motivos? El expansionismo estadounidense alojado en Texas. México, era en ese entonces un país dislocado e invertebrado, lo mismo que Venezuela. Aún hoy lo sigue siendo. Pérdidas territoriales: Alta California, Nuevo México y Texas, que hoy forman los actuales estados de California, Nuevo México, Arizona, Nevada, Utah, Colorado y parte del hoy llamado Wyoming. Estamos hablando de una pérdida del cincuenta y cinco por ciento de la totalidad de la geografía originaria de México.

¿Y Venezuela? En 1824, el Mariscal Antonio José de Sucre (1795-1830), al mando de un ejército republicano formado por fuerzas mixtas de todos los países de América del Sur, logró ponerle fin al dominio continental de la Monarquía hispánica en Ayacucho. Venezuela tuvo que lidiar en su frontera oriental con otro coloso: Inglaterra. Y en la occidental con Colombia, no tan coloso, pero con una diplomacia clarividente y habilidosa. 

Ambos países nos arrebataron el cuarenta y cuatro por ciento del territorio nacional. Estos datos parecen ser reveladores y concluyentes: año 1882: 1.639.398 kms2; año 2021: 916.445 kms2; pérdidas territoriales: 722.953 kms2. Si nos vamos a los mapas de la Capitanía General de Venezuela en 1777 y a los del año 1810 es muy fácil constatar que la amputación territorial de nuestro territorio puede que sea hasta mayor que el sufrido por México. Afortunadamente el Mar Caribe se nos convirtió en una fortaleza natural. Porqué de haber tenido como vecino a los Estados Unidos hoy Venezuela no existiría. 

A la mayoría de los venezolanos nos han hecho creer que el “Esequibo es Nuestro” y ya en la práctica no lo es. Y que el despojo más grande sucedió en esa frontera oriental. Y resulta que en la frontera occidental el zarpazo fue tan grande o hasta mayor. Las pérdidas territoriales en la frontera occidental con Colombia son más increíbles aún porque se trata de un país con los mismos rasgos sociológicos de atraso social como el nuestro. Lo que demostró que la oligarquía de Bogotá fue más habilidosa que la oligarquía de Caracas. El Laudo Arbitral Español de 1891 no sólo implicó la pérdida de la Península de la Guajira sino de extensos territorios al sur de la frontera occidental en torno a los ríos Sarare, Arauca, Meta, Orinoco y Negro.

Cuando un país en la Historia se expande a costa de sus vecinos es porqué posee una lógica geopolítica de conquista y resguardo de lo conquistado desde posiciones nacionalistas reales y tangibles. No es el caso de la cenicienta Venezuela que prefirió encubrir el deshonor de perder el 44% de su territorio en manos de: “la planta insolente que profanó el sagrado suelo de la Patria”. Esta última sentencia, del dictador Cipriano Castro, la utilizó en la Crisis del Bloqueo del año 1902, desde una demagogia irresponsable, cuando Venezuela estuvo a punto de ser invadida por Inglaterra, Alemania e Italia. Paradójicamente nos salvó los Estados Unidos y su Doctrina Monroe (1823). Que no iba a permitir que en su “Patio Trasero” otras potencias le disputaran su emergente preeminencia en toda América. 

18/05/2023:

https://opinionynoticias.com/opinionhistoria/39331-la-planta-insolente-que-profano-el-sagrado-suelo-de-la-patria

jueves, 19 de enero de 2023

El mal afamado

MAQUIAVELO Y LA POLÍTICA
Angel Lombardi

Reflexionando sobre el político y la política, lo primero que se me plantea es por qué la mala fama de este oficio. La política, como la prostitución, existe desde siempre. Parecen ser oficios necesarios para el funcionamiento de la vida social, aunque no tengan buena fama.
A las prostitutas, en la antigua Grecia, parece que las llamaban “las esposas de la ciudad”. El político y el gobernante también se ocupaban de la ciudad, a su manera.
Para Platón y Aristóteles, la política era cosa de personas virtuosas y preparadas para el buen gobierno y todo ciudadano estaba obligado a ocuparse de la política. En caso contrario, se impone el desorden y la tiranía.
En los siglos siguientes prevaleció esta concepción idealista de la política y el deber ser de la misma.
Hay que esperar a Maquiavelo (1469-1527) para que alguien se atreva a escribir lo que todos sabían: que lo usual y real era el político rapaz y tiránico y la política un campo de batalla: “la guerra con otras armas”. Maquiavelo usa la figura del león y el zorro para caracterizar al político y la política como una combinación de “fortuna y virtud”. Entendiendo por fortuna, la suerte y el azar; y, por virtud, la ambición o voluntad de poder sin otro límite que la propia ambición y codicia (el fin justifica los medios).
Intentar el bien, pero igual cualquier otro medio si así lo exige la conquista del poder y su conservación. El político de Maquiavelo, tal como los que él estudió en los libros de historia y conoció en su experiencia, mentía, simulaba, engañaba, era cruel y ejercía todo tipo de violencia si era necesario.
Hoy esto suena exagerado o superado. Podría ser, dada la evolución civilizatoria de la política. Además, como apunta Gramsci, el “príncipe” hoy no es un individuo, sino los partidos de masas o grupos de poder en pugna y sistemas políticos más reglamentados y complejos y en los sistemas democráticos con más controles.
Realmente, Maquiavelo es un observador de lo “real” y sabe que el político “debe saber contemporizar con los acontecimientos”. Que en política no hay amistad ni lealtad, y que un político vale no por sus intenciones, sino por sus resultados. Que ofender al pobre no es grave, pero si a los poderosos.
Maquiavelo con sus lecturas y experiencia política termina por asumir una idea de la condición humana bastante negativa. Un príncipe debe ser amado o temido, se pregunta Maquiavelo, y se contesta, él mismo, lo ideal sería ser amado y temido, pero si no es amado, que sea temido.
El político no confía en nadie porque piensa que de “los hombres en general se puede decir esto: que son ingratos, volubles, simuladores y disimulados, que huyen de los peligros y están ansiosos de ganancias; mientras les haces bien, te son enteramente adictos, te ofrecen su sangre, su caudal, su vida y sus hijos, cuando la necesidad está cerca; pero cuando la necesidad desaparece, se rebelan”.
Maquiavelo no se hace ilusiones sobre la naturaleza humana y recomienda al príncipe que actúe en consonancia con ello. Nuestro autor se inspira en la tradición griega que atribuye la educación de Aquiles al centauro Quirón: “Tener por preceptor a un maestro mitad bestia mitad hombre no quiere decir otra cosa, sino que un príncipe necesita saber usar una y otra naturaleza y que la una sin la otra no es duradera”.
El príncipe de Maquiavelo no tiene otra moral que sus intereses y conveniencia y para ello recomienda “no apartarse del bien, mientras pueda, sino a saber entrar en el mal, cuando hay necesidad”.
Estas ideas escandalizaron a su tiempo y siguen escandalizando, pero no hay político y gobernante que se respete que no haya leído a Maquiavelo, quien trató de ver la política y el gobierno como lo que es y no como debería ser.
La política, para Maquiavelo, es la lucha por el poder, alcanzarlo, mantenerlo y legarlo. El bien general es subordinado al bien particular, de uno o de pocos. Ambición y codicia tienden a tipificar y explicar la conducta del político y el gobernante.
Para Maquiavelo, la política no debe confundirnos con respecto a los intereses reales de sus oficiantes, los políticos, casi siempre muy alejados o contrarios del interés general o bien común, como diríamos hoy.
19/01/23:

viernes, 21 de octubre de 2022

Rehacerse en la derrota y resurgir de las cenizas

BOLÍVAR DE SALVADOR DE MADARIAGA (1826-1830)

Ángel R. Lombardi  

Testimonio adverso al Libertador escrito por un humanista español.

Aunque tampoco es un pasquín atrabiliario. Publicado en 1951, son dos volúmenes de mucha información de primera mano ya que él trabajó con las fuentes bolivarianas, favorables y adversas, es copioso y serio. Madariaga, se mete en la cabeza de Simón Bolívar y procura entender su psicología: y concluye, que la ambición política fue el motor de su voluntad. 

En un territorio de mitologías patrias místicas, como el venezolano, el abordaje de Madariaga tuvo que molestar a más de uno. Hemos escogido los años 1826 y 1830 para reseñarlos porque son los años de la caída. Bolívar entre 1783 y 1818 es un líder rebelde más, su insignia es más la derrota que la victoria. En octubre de 1813, luego de su “Campaña Admirable”, la municipalidad de Caracas le otorgó el título de “Libertador”. Esto hubiera quedado así y hasta olvidado por la posteridad si es que Bolívar no hubiese podido triunfar en Boyacá en 1819 y más luego en Ayacucho en 1824 a través del Mariscal Antonio José de Sucre.

Bolívar fue Jefe indiscutido entre 1819 y 1825. Santander en la Nueva Granada y Páez en Venezuela no estuvieron dispuestos a ser satélites secundarios y empezaron a conspirar contra la autoridad del caraqueño. Entre 1826 y 1830 asistimos a los “Juegos de Trono” en la América del Sur. “Bolívar volvía al Norte persiguiendo dos fines: arreglarse con Páez y hacerse proclamar dictador por todas partes donde pasara, desde Lima a Caracas”. 

Para Madariaga, y es su principal crítica, Simón Bolívar quiso imitar a Napoleón Bonaparte. Su proyecto de Constitución para Bolivia del año 1826 es francamente presidencialista y dictatorial y tenía como propósito la investidura del mismo Bolívar al frente de la Gran Colombia (1819-1831). Esto generó la reacción de sus adversarios políticos, otrora aliados de causa en contra de los españoles monárquicos.  

En 1826, Bolívar tiene que mediar entre un Páez insubordinado al poder de Bogotá representado por Santander. El movimiento separatista de la Cosiata es el primer gran revés del Bolívar triunfador y en la cúspide de su poderío. Entre Bolívar y Páez siempre hubo rivalidad, desconfianza y recelos. Bolívar en 1827 fue hasta Venezuela a pactar con Páez. Inesperadamente le perdonó su acto de rebeldía y le confirmó como principal jefe en Venezuela. Para muchos es el motivo principal de su perdición futura. ¿Por qué actúo así? Para evitar la Guerra Civil y porqué pretendió ganar un aliado esencial en su lucha contra Santander al que consideró el principal rival a vencer. 

Hay algunos testimonios epistolares privados que señalan a un Bolívar arrepentido en el olor de la derrota por no haber acordado con Santander. Y es que a partir del año 1827 se crean dos partidos antagónicos, el bolivariano y santanderista, que libraron terribles batallas políticas. La Convención de Ocaña, del año 1828, fue una de ellas. Y el saldo representó otra derrota para Simón Bolívar y sus aliados. El pretexto fue un debate sobre la nueva Constitución que devino en la Dictadura dura y pura de Simón Bolívar. Bolívar quería una Monarquía Constitucional y sus adversarios una Liberal Republicana. En el trasfondo: la lucha por el poder. 

1828: la popularidad del Libertador está por el suelo. En septiembre de ese año le intentan matar en Bogotá y se salva por los pelos. La reacción contra los pocos conspiradores efectivos y los muchos en las sombras fue muy dura. El militarismo era entonces la forma de gobierno imperante. Y Bolívar entendió que sólo el control del ejército le podía garantizar el mantenimiento del poder. Esto obviamente, le generó no pocos conflictos de índole moral ya que contradecía su fama como paladín de la libertad. Uno de sus más cercanos colaboradores, el General Rafael Urdaneta, se expresaba en carta de la siguiente forma: “Es preciso vencer toda oposición sin parar en los medios, aunque sean de sangre”. 

Entre 1829 y 1830, la confrontación se agudizó aún más. Bolívar planteó abiertamente la posibilidad de ser investido como Monarca e incluso sus más estrechos colaboradores alentaron esa idea, entre ellos Urdaneta, Mosquera y hasta el mismo Sucre. El tema sucesorial a la muerte del jefe superior también formó parte de los desvelos de esos dos aciagos años. Se habló la posibilidad de un Protectorado inglés y hasta de infantes y reyes franceses. Ninguna de esas ideas prosperó porque el mismo Bolívar que las alentaba a su vez las negaba ya que le terminarían de desacreditar dentro del imaginario liberal europeo y mundial. Para Bolívar, un hombre casado con la gloria histórica, esto no lo podía permitir.

El último año, el de 1830, nos encontramos a un Bolívar ya enfermo aunque no abatido políticamente. Los reveses le han quitado fuerza. La rebelión de José María Córdova, héroe de Ayacucho; el asesinato de Sucre en Berruecos y la orden de proscripción para entrar en Venezuela bajo la acusación de tirano emitida por Páez fueron dardos muy hirientes que menguaron su poderío, y sobre todo, su vanidad de gran hombre. Lo cierto del caso es que Bolívar siempre desconfió de las capacidades republicanas de la América libre que le hacía sentir imprescindible y absolutista en los manejos de los asuntos del Estado colombiano. 

Madariaga nos deja ver que la renuncia de Bolívar al mando en esos dos últimos años es sólo una estratagema para alentar una reacción entre sus partidarios y retomar al poder. Y es que Bolívar nunca se planteó irse al extranjero como derrotado. Hacerlo era contradecir el sello de su auténtica personalidad como político ambicioso. Hay una constante en la vida política y militar de Bolívar desde 1810: la de rehacerse ante la derrota y resurgir de las cenizas. Esa constancia fue su mejor virtud. 

21/10/2022:

http://opinionynoticias.com/opinionhistoria/38177-madariaga

sábado, 15 de octubre de 2022

Guerra bacteriológica

 1492: JAULA IDEOLÓGICA

Ángel R. Lombardi  

“Se puede aprender lo que se sabe y descubrir lo que ya se ha encontrado” nos dice Vladimir Jankélévitch.

Todos los años el 12 de octubre de 1492 es tema de celebración o condena. La mayoría es indiferente e ignorante feliz ante los desvelos náuticos de Cristóbal Colón de arribar hasta el Asia por el Oeste: y hacen bien, ya que el pasado es desmemoria. Y quienes algo pretendemos saber de acuerdo a un conocimiento cosificado e impuesto junto a otro aleatoriamente adquirido seguimos tejiendo y destejiendo sobre el controversial hecho. 

La historia es un rompecabezas de recuerdos rotos y sesgados que una persona llamada historiador se encarga de acomodar dentro de un relato hecho a su propio gusto. Así que siempre hay que desconfiar de las versiones únicas, y muy especialmente, las "totalitarias" desde el Poder. La historiografía es un asunto de credibilidad y buena fe.

Para comprender 1492 hay que procurar meterse en la piel de los principales protagonistas de ese suceso. Y ver más allá de los mapas mentales y jaulas ideológicas impuestas desde la escuela, familia y poderes. El abuso anacrónico ejerce polémica y hegemonía sobre esta fecha. El 12 de octubre de 1492 ha quedado reducido a una percepción de buenos y malos. Visto así el asunto es muy difícil llegar a lo esencial del hecho histórico.

El 12 de octubre de 1492 fue un descubrimiento europeo que devino en la invasión del continente americano. ¿Bueno o malo? Muy bueno para España y Portugal y muy malo para los nativos que perdieron la guerra. La Conquista de América fue precedida por otra Conquista de América llevada a cabo por los polinesios, australianos y asiáticos sobre un continente vacío desde tiempos inmemoriales. Más luego, entre ellos mismos, practicaron sus propias guerras de conquistas. El mito del buen salvaje es sólo mito.

La conquista de América fue bacteriológica. El arma secreta de los españoles fue la viruela. Tan secreta que ni ellos mismos lo sabían aunque fue tan efectiva como atroz ya que millones perecieron en esta tragedia. Esto explica en gran medida por qué unos pocos soldados europeos hicieron morder el polvo a poderosos imperios como el Azteca e Inca.

La primera globalización mundial se inició en 1492. 1492 hizo del sistema capitalista una Economía-Mundo (Immanuel Wallerstein). Y desde la expansión capitalista de España, Portugal, Inglaterra y Francia se hicieron propietarias de vastos territorios coloniales que explotaron a sangre y fuego. El progreso y las riquezas se consiguen a expensas de otros en la Historia. Un ascenso a la modernidad como un “corazón en las tinieblas” (Joseph Conrad). Razón por la cual Yuval Noah Harari en sus muy populares libros de divulgación sobre la aventura humana reitera que: “no hay Justicia en la Historia”. 

Toda derrota es dolorosa y humillante, y más si se trata de una de tipo militar, la de un auténtico cataclismo sin posibilidades de revancha. “Las poblaciones eran arrebatadas en masa por las masacres, las epidemias, el trabajo forzado”, nos dice Jacques Lafaye en: “Los Conquistadores”. El exilio espiritual indio nos llega incluso hoy hasta sus sobrevivientes que han tenido que sufrir un mestizaje hiriente. 

J. H. Elliot, uno de los más reputados americanistas ingleses, reivindicó siempre el lado positivo de 1492 a partir de las posibilidades del intercambio cultural entre el llamado Viejo Mundo y el Nuevo Mundo. Aceptar esto con algo de confianza nos viene bien ya que el optimismo histórico es esencial para reivindicar siempre a una humanidad paradójica y con algunas ansias de redención.   

Ilustración: Ana Black.

15/10/2022:

https://www.opinionynoticias.com/opinionhistoria/38142-1492

miércoles, 23 de febrero de 2022

... Y Picornell

LA CONSPIRACIÓN DE GUAL Y ESPAÑA (1797)

Ángel Rafael Lombardi Boscán

“La más importante y la primera tentativa de separarse de España y fundar una República independiente. Sus instigadores: Manuel Gual, capitán retirado y José María España, Justicia Mayor de Macuto. Para llevar a cabo su proyecto tomaron contacto con algunos españoles republicanos deportados de España y otros ciudadanos, entre los cuales estaban Juan Bautista Picornell, Manuel Cortés Campomanes, Sebastián Andrés, José Lax, Manuel Montesinos Rico y Juan Xabier Arrambide. Un grupo de mulatos de la Guaira también estaba comprometido en el proyecto de sublevación. Su programa indica que se trataba de una verdadera revolución igualitaria político-social. Estaba contenido en las Ordenanzas cuyos artículos 32, 33 y 34 declaraban la igualdad natural entre todos los habitantes, la abolición del pago del tributo por los indios, la repartición de tierras entre éstos y la abolición de la esclavitud. El artículo 44 creaba una escarapela cuatricolor como bandera de la futura República libre. Las “proclamas” eran el vehículo propagandístico encaminado a buscar adeptos a la revolución. Asimismo hicieron circular la traducción de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, hecha por Picornell y canciones revolucionarias como La Carmañola Americana. El proyecto de conspiración fue descubierto el 13 de julio de 1797. Gual y España se refugiaron en Trinidad donde continuaron su propaganda revolucionaria. España regresó clandestinamente a Venezuela; capturado, fue condenado el 8 de mayo de 1799 a la pena de muerte, arrastrado por las calles de la cola de un caballo, ahorcado en la Plaza Mayor (hoy plaza Bolívar) y descuartizado. Tenía 38 años. Varios de sus cómplices también fueron ahorcados. Gual murió, probablemente envenenado por un realista, en Trinidad en 1800”. Diccionario de Historia de Venezuela, Fundación Polar, 1988.   

La conspiración de Gual y España, develada el 13 de julio de 1797, fue la primera ocurrida en Venezuela que se propuso la sustitución del régimen colonial y la autoridad del Rey español por un tipo de gobierno republicano muy influido por las ideas de la Revolución Francesa (1789). A pesar de su fracaso hay que considerarla como muy significativa, ya que planteó en su momento, una distinción entre un pasado que tenía que ser superado y abolido por un nuevo tiempo basado en el triunfo de la libertad sobre el despotismo. Sus principales ejecutores fueron hombres identificados con el programa liberal/republicano, tal como se puede constatar a través de la lectura de sus principales documentos, elaborados para ser ejecutados dentro de la acción pública. Entre ellos cabe destacar: los “Derechos del hombre y del ciudadano con varias máximas republicanas”; el “Discurso dirigido a los Americanos”; la “Carmañola Americana” junto a la “Canción Americana” y los 44 artículos de las “Ordenanzas”.

Por primera vez las autoridades españolas tuvieron que hacer frente a un movimiento claramente politizado; ya no se trataba de ir en contra de los impuestos, monopolios, abusos de autoridad y en contra del régimen de esclavitud. En 1797 todo el edificio colonial fue cuestionado radicalmente, y se vivió la necesidad, por parte de un grupo de ciudadanos, de que éste tenía que ser superado. Con la conspiración de Gual y España, Venezuela entró por primera vez al ámbito de la política, entendida ésta, como debate y conflicto entre ideologías y filosofías distintas con relación al poder, la sociedad y el hombre; la sociedad colonial dejó de ser un ámbito de pensamiento único.

Todo indica que fue un movimiento de intelectuales pardos y mestizos con participación protagónica de liberales españoles recluidos en cárceles venezolanas como Juan Picornell, Manuel Cortés Campomanes, José Lax y otros, quienes habían tratado de pronunciarse en España contra la Monarquía en la también fracasada conspiración de San Blas en Madrid, febrero del año 1796.

Este movimiento conspirador, develado en el Puerto de La Guaira, causó un gran desconcierto e impacto entre los funcionarios españoles de la Corona, y entre el sector de los blancos criollos quienes temieron el trasfondo social que poseía. Muchos de estos blancos criollos se ofrecieron ante las autoridades españolas para colaborar con la represión del movimiento, algo que ya era común en este tipo de circunstancias; el miedo a un cambio de régimen era inaceptable para los encumbrados criollos satisfechos con el alto reconocimiento y status que habían alcanzado y del cual hacían ostentación.

Una de las “Ordenanzas” dice lo siguiente: “Se declara la igualdad natural entre todos los habitantes de las Provincias o Distritos y se encarga que entre los Blancos, Indios, Pardos y Morenos reine la mayor armonía, mirándose como hermanos en Jesucristo iguales por Dios, procurando aventajarse solo unos a otros en méritos y virtudes que son las únicas distinciones reales y verdaderas que hay de hombre a hombre y habrá en lo sucesivo entre todos los individuos de nuestra República”.

Todavía en julio de 1800, luego de tres años, se siguió ventilando en los tribunales españoles los sucesos de La Guaira. La mayoría de los implicados terminaron en el presidio, algunos fueron severamente castigados con la pena de muerte como en el caso de uno de sus cabecillas: José María España, ejecutado el 8 de mayo de 1799; otros corrieron con mejor suerte y pudieron escapar hacia las islas vecinas como Manuel Gual y Juan Picornell, manteniendo sus actividades revolucionarias a través de la propaganda y entrando en contacto con otros adeptos a la causa como Francisco de Miranda en Londres, el colombiano Nariño y algunas autoridades inglesas dispuestas a colaborar como el Gobernador de Trinidad Thomas Picton.

El historiador merideño Alí López, Premio Nacional de Historia, y uno de los principales expertos en el tema y quién ha estudiado las reacciones de las autoridades coloniales venezolanas ante los sucesos de La Guaira en 1797, ha llegado a las siguientes conclusiones: 1. La vulnerabilidad del poder político y militar de la Provincia de Venezuela contrastaba con la efectiva acción judicial de la Real Audiencia desde su instalación. 2. La alianza de las elites locales junto con las autoridades coloniales para reprimir cualquier alteración del orden establecido. 3. Las drásticas medidas y castigos evidenciaron el temor a la propagación de las ideas republicanas que pudiesen alentar otra conspiración de igual signo. 4. El ideario revolucionario empezó a ser conocido por la elite criolla, quienes actuarán en 1810 siguiendo los pasos de Gual, España y Picornell, bajo el impulso de nuevas circunstancias.

 (*) Director del Centro de Estudios Históricos de la Universidad del Zulia

23/02/2022:

https://www.lapatilla.com/2022/02/23/angel-rafael-lombardi-boscan-la-conspiracion-de-gual-y-espana-1797

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY