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sábado, 18 de octubre de 2025

Santos venezolanos

LA ORACIÓN EN UNA PERSPECTIVA NO-DUAL

(San Lucas, 18: 1-8)

Enrique Martínez Lozano

En el evangelio de Lucas, el tema de la oración ocupa un lugar destacado. El texto de hoy, sobre la base de una pequeña parábola, subraya la necesidad de una oración insistente y perseverante ("sin desanimarse"), como medio de lograr que Dios haga caso al orante ("hará justicia").

De entrada, me parece importante señalar que –tal como apuntan los mejores especialistas- la "explicación" de la parábola supone un cambio tan grande de enfoque que no puede ser sino un añadido de Lucas. Es decir, el autor del evangelio toma una parábola de Jesús, probablemente dicha en otro contexto, para "aplicarla" a su propio objetivo: Dios responde cuando la oración es insistente.

Para una mentalidad moderna, sin embargo, ese planteamiento es insostenible, porque refleja una "caricatura" de Dios; por ello mismo, constituye un obstáculo prácticamente insalvable para abrirse a su experiencia. ¿Cómo podría compararse a Dios con un juez perverso, que únicamente actúa para que la viuda lo deje de fastidiar? ¡Qué pobre y triste un dios así! ¿Quién sería capaz de creer en él?

Para entender el cambio operado en el tema de la oración –y, en concreto, de la oración de petición-, tenemos que volver la mirada hacia atrás e intentar comprender lo que conocemos como "evolución de la conciencia".

En un nivel de conciencia mítico –en el que surgen las religiones-, Dios es visto como un ser separado, intervencionista e incluso –a nuestros ojos de hoy- arbitrario. El ser humano necesitado proyecta en ese Dios la "solución" de sus problemas, y a él dirige su oración y sus sacrificios, esperando una respuesta favorable.

Sin embargo, en cuanto empezamos a superar ese nivel de conciencia, caemos en la cuenta de que ese "dios" no era sino el resultado de nuestra propia proyección. El Misterio de lo que es, no puede ser algo "separado" –una especie de "individuo" todopoderoso-, ni mucho menos "arbitrario", a imagen del juez de la parábola.

Algunos exegetas, para salvar esa incongruencia, suelen argumentar que se trata de una "parábola de contraste". Lo que buscaría sería mostrar, precisamente, que Dios es lo absolutamente opuesto a la figura representada por el juez.

Pero, trascendiendo incluso esas interpretaciones, parece más coherente aproximarnos a toda esa cuestión –Dios y la oración- desde el nivel de conciencia en que nos encontramos, para "traducir" a él la intuición evangélica.

Conscientes como nunca de que a Dios no lo podemos pensar, venimos también a descubrir que conocer no es tanto razonar, cuanto saborear la realidad.

Mientras estamos en el pensamiento, percibiremos a Dios como un "Objeto" (ser separado) o como una "ausencia". Pero, paradójicamente, se hace cercanía en la conciencia de su no-ser un objeto más. Los místicos habían hablado de Dios como "tiniebla luminosa", a la que accedíamos, no a través de la mente razonadora, sino precisamente por el camino de la agnosía (no-conocimiento), que escapa a las vías del pensamiento ordinario, pero que nos lleva a percibir y experimentar, directa e intuitivamente, el Misterio.

Ahí van un par de testimonios de místicos cristianos:

-"Cuando estoy en aquella tiniebla, no me acuerdo de ninguna humanidad ni de Dios-hombre ni de cosa alguna que tenga forma, y sin embargo no viendo nada lo veo todo."

(Ángela de Foligno, 1248-1309)

- "Allí el espíritu contempla una tiniebla que la razón no puede comprender. Allí se siente muerto, perdido, uno con Dios sin diferencia. Y puesto que se siente uno con Dios, Dios mismo es su paz, su gozo y su descanso."

(Jan Ruysbroeck, 1293-1381)

¿Y la oración? Desde una perspectiva transpersonal y no-dual, Dios no es un ser separado que retuviera ávidamente sus dones, para distribuirlos de un modo arbitrario entre sus fieles. Es, más bien, el Misterio que se está dando a sí mismo en todo y constantemente, porque su nombre es Donación: el Misterio de Lo que es desplegándose sin interrupción.

Por tanto, si Dios ya nos ha dado todo, sólo necesitamos "caer en la cuenta" de que eso es así. Y para ello, necesitamos "conectar" con la Dimensión profunda de todo lo real: eso es justamente la espiritualidad. Vivir todo en un abrazo no-dual, en la consciencia de la Red que somos. Porque no somos iguales, pero somos lo mismo. Como las olas: cada una es única, pero todas ellas son, en último término, agua.

Como ha quedado dicho más arriba, en un nivel de conciencia mágico o mítico, la oración se entendía fundamentalmente como petición: desde la propia debilidad, se pedía ayuda a un Ser todopoderoso, que podía resolver las situaciones a nuestro favor.

Superado aquel nivel de conciencia, la forma de esa oración cayó con él; no podía ser de otro modo. Aquella "forma", en la que nos dirigíamos a un dios separado para que "interviniera" en nuestro mundo no tiene ya para nosotros ningún sentido. Porque ni Dios es un ser separado, ni hay nada que no nos haya sido ya dado.

Sin embargo, aquella oración contenía, como suele ocurrir, algunas intuiciones que, más allá de los paradigmas cambiantes, permanecen válidas. Son tres:

  • el reconocimiento de nuestra debilidad, en cuanto nos identificamos con el yo;
  • la afirmación de la interrelación entre todos, por lo que la oración de intercesión siempre "alcanza" a los otros;
  • y la convicción de que Dios es bueno y desea nuestro bien.

Todo ello, traducido a nuestro "idioma cultural", es válido.

Pero la "traducción" es más compleja de lo que pudiera pensarse a primera vista. En una perspectiva no-dual, la oración significa el reconocimiento de la Unidad que somos, desde nuestra identidad más profunda, dejándonos impregnar de la Realidad en la que nada queda fuera.

No se niega la forma de la oración personal, en la que alguien pueda dirigirse al Misterio nombrado como "Tú". Se subraya únicamente que no existe ningún tipo de separación: siendo en él, constituidos por él, lo de todos repercute en todos: ahí radica el poder de la oración.

Por lo demás, huelga decir que la oración de petición, en su forma tradicional, puede ser también "eficaz". La razón es que, más allá del modo, en ella se activa conscientemente la interrelación que somos y, por tanto, la "vibración de energía" que alcanza a los otros.

El texto del evangelio termina instando a mantener la fe. En nuestro "lenguaje", equivale a "vivir despiertos", es decir, en la conciencia de que somos más que nuestro yo, en una Unidad misteriosa en la que el Misterio (Dios) se expresa y despliega, se vive, en todo lo real. Una llamada, por tanto, a salir, simultáneamente, del ego y de la superficie –lo contrario de la espiritualidad es la superficialidad-, para vivirnos en la hondura plena de Lo Que Es y Somos.

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A quien le interese profundizar en esta cuestión, le sugiero unas lecturas:

· Andrés TORRES QUEIRUGA es probablemente el autor que, entre nosotros, más se ha dedicado a clarificar las "trampas" de la oración de petición. Pueden leerse dos de sus libros:

§ Recuperar la creación. Por una religión humanizadora, Sal Terrae, Santander 1997, pp. 247-294;

§ Fin del cristianismo premoderno. Retos hacia un nuevo horizonte, Sal Terrae, Santander 2000, pp. 78-90.

· De lo que yo he mismo he escrito sobre ello, puedo sugerir:

§ Sobre la oración de petición, Donde están las raíces. Una pedagogía de la experiencia de oración, Narcea, Madrid 2006, pp. 159-181.

§ Y sobre la evolución de la conciencia, La botella en el océano. De la intolerancia religiosa a la liberación espiritual, Desclée de Brouwer, Bilbao 2009, pp: 133-148.

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/1626-la-oraci%C3%B3n-en-una-perspectiva-no-dual.html

Ilustración: https://smarthistory.org/standard-scenes-from-the-life-of-christ-in-

Fotografías: LB, altar de José Gregorio Hernández, Iglesia de la Candelaria (CCS, 15/12/24); padre Tonni Jiménez, Iglesia de la Coromoto deEl Paraíso (CCS, 19/10/25); 

Padre Martín: León XIV, conservadores y liberales:

https://www.youtube.com/watch?v=LYnZWe0x3Lk


Papa León: Misa de canonización de san José Gregorio Hernández y de santa María Rendiles:


sábado, 15 de octubre de 2022

Oración

 Domingo 29C TO 16 octubre 2022

“Le haré justicia” (Lc 18, 1-8)

 (Diálogo sobre el Evangelio de hoy: Juez)

José Martínez de Toda, SJ

                                                         

¿Son importantes el optimismo y la constancia?

Te cuento esta historia:

<Dos ranas cayeron en un cubo lleno de crema. Una se puso pesimista y le dio un triste ‘Adiós’ a su amiga, y se quedó quieta esperando la muerte. Pero su amiga se dijo:

-        “Yo voy a luchar hasta el final. Nadaré alrededor hasta que no pueda más; y entonces moriré contenta”.

Pero, al nadar, sus patas batían la crema, que poco a poco se iba convirtiendo en mantequilla sólida. Y de pronto rápidamente ella pudo saltar fuera del cubo. Estaba salvada>.

            Había triunfado el optimismo y la constancia.

Jesús quiere explicar a sus discípulos cómo orar sin desanimarse. ¿Cómo hace?

Jesús cuenta a sus discípulos la parábola del juez malvado, que no cree ni en Dios ni en el diablo, pero que termina escuchando a la viuda para que lo deje en paz.

En la antigua sociedad judía la mujer dependía de su marido para su sustento, su mantenimiento y status social. Perder al marido equivalía a quedarse pobre y sin ningún apoyo, especialmente cuando la viuda no tiene un hijo mayor.

Las viudas de la antigüedad simbolizan vulnerabilidad. Una viuda no podía heredar los bienes de su marido y dependía de la compasión de la comunidad.

¿Por qué el juez decide atender por fin a la viuda?

A este juez no le importa nadie, pero sí le importa su propia comodidad.  Por lo tanto, decide hacer justicia a la viuda, no porque sea la cosa correcta de hacer, sino porque quiere librarse de ella. Está cansado de su presencia y de la molestia que le causa, y quiere deshacerse de ella.

 El juez y la viuda representan los lados opuestos del espectro social: el juez es el epítome del poder – no atado por decisiones de jurado ni por cortes de apelación – y la viuda es el epítome de la impotencia.

¿Cómo es posible que Dios se compare a sí mismo con este juez injusto? ¿Qué lección quiere sacar Jesús de esta parábola?

En realidad Jesús no lo pone como modelo. Más bien asegura que si este juez hizo caso a la viuda, porque lo importunaba continuamente, ¿con cuánta mayor razón el Dios que nos ama como un Padre atenderá nuestras súplicas incesantes?

Más bien esta parábola pone en contraste a este juez malicioso con nuestro Dios amoroso. Dios no es un juez malo. Dios es infinitamente bueno y hará justicia a sus elegidos si acuden a él día y noche.

¿Y la viuda?

Aquí la parábola tiene un aspecto muy positivo: es la conducta de la viuda, que era constante en su reclamación al juez. Ella sí es nuestro modelo. Ella es proactiva. Así debe ser nuestra oración incesante. La grandeza de esta viuda consiste en no aceptar su situación con la excusa de ‘Así son las cosas’. No hay que dejarse llevar por la ola. Hay que enfrentarla y entrarle por abajo.

Esta parábola nos da optimismo. En realidad, no hay situación sin esperanza.

Con este cuento Jesús quiere enseñar a sus discípulos que hay que orar siempre, sin desanimarse jamás, igual que la viuda.

            Puede que la justicia de Dios nos parezca lenta, porque Dios mide el tiempo desde una perspectiva más completa.  No obstante, podemos estar seguros de que Dios vindicará a los que ha escogido. En tiempos difíciles oímos decir, “lo único que podemos hacer es rezar”.

Esta parábola enseña que la oración es, por sí misma, un remedio significativo – algo que involucra el poder de Dios, haciendo todo posible.

            La cuestión crítica no es la fidelidad de Dios sino la lealtad humana. 

            1ª Lectura: Moisés con las manos en alto ayuda a la victoria israelí en la batalla.

Pero, ¿para qué orar? No sirve de nada. La oración no detendrá a los malandros, ni eliminará las drogas, ni parará la muerte, ni me conseguirá el empleo, ni transformará las estructuras de injusticia.

Bueno. Con la oración no se ve a veces un resultado inmediato. No es como esa máquina tragamonedas: le echas una moneda y te sale un refresco. La oración no es una actividad matemáticamente productiva al momento.

Orar es sencillamente hablar con Dios Padre, especialmente cuando estoy en necesidad.

 

¿Qué hacía Jesús cuando quería orar?

Jesús, cuando quería orar, se levantaba pronto, iba a un lugar solitario, y allí conversaba con su Abba, con Papá Dios.

Por ejemplo, al final de su viaje a Jerusalén, fue al huerto de los Olivos y dijo a sus discípulos: "Siéntense aquí, mientras voy a orar". Y parece que su Padre no le escuchó, y fue crucificado, y en la cruz gritó: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”

            La pasión de los que imploran a Dios día y noche nos recuerda la oración de Jesús justo antes de su muerte.  “Y estando en agonía, oraba más intensamente: y fue su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra” (22:44).  El Padre no respondió eliminando el vaso de su sufrimiento, sino resucitándolo.

Pero su Padre le hizo justicia en la resurrección. Así que no hay que tener miedo. La última palabra la tiene Dios, y esta palabra es vida para siempre.

            Claro está que preferimos que la oración nos conceda lo que pedimos – y rápidamente. Así nos ocurre también en todo lo demás.

A veces no pedimos cosas buenas.

Pero Dios no promete respuestas inmediatas a nuestra oración a veces un tanto infantil. Y siempre nos concede la fortaleza que necesitamos para serle fieles, para trabajar incansablemente por su proyecto, para entregarnos cada día a nuestros hermanos.

Fuente: Correo electrónico (Román Mendoza). 

Ilustración: John August Swanson.

Cardenal Porras: https://www.youtube.com/watch?v=CXjgg1tDxA8


Reflexión del Padre Peraza: https://www.facebook.com/arperaza/videos/5568837963209487

Padre Martín: https://www.youtube.com/watch?v=pXyXuZABxtA

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY