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viernes, 26 de enero de 2024

Consternación

DEGRADACIÓN MILITAR EN TIEMPOS DE DICTADURA

Angel Alberto Bellorin

En el libro: titulado «Marcos Pérez Jiménez: el Último Dictador», escrito por Carlos Alarico Gómez y publicado en el año 2007 por los libros de “El Nacional”, se puede leer un párrafo de mucho interés y pertinencia para aquellos que observamos como un “deja vu” hechos pasados que poco son valorados en su justa dimensión.

Aunque guardando las enormes diferencias éticas de los personajes involucrados, la naturaleza de los gobiernos y de la forma como se desarrollaron los hechos, me permito traer a consideración del lector otra historia sobre las degradación militar ahora más cercana que la del caso Dreyfus señalado en mi anterior escrito.

Luego de la verdadera insurrección militar ocurrida en Venezuela inmediatamente previa al 23 de Enero de 1958,( la del 1º de Enero de 1958) puertas adentro de la Fuerza Armada de la época, ocurrían olvidados hechos que son pertinentes recordar en una fecha como la de hoy llena de mitos y dónde observamos nuevamente la degradación como noticia.

Al respecto, de la obra antes citado nos señala el historiador Alarico Gómez la siguiente ” anécdota”. Cito

“El domingo 5 el Presidente ( se refiere a Pérez Jiménez) ordenó la detención de una gran cantidad de oficiales y anunció el completo control de la situación anómala que se había vivido en esos últimos días. Parecía no haber paz.

El lunes 6 en la mañana el Presidente dicta la Resolución Nº 3, en la que crea un Consejo de Investigación que debía proceder a establecer las responsabilidades de los sucesos ocurridos el primero de enero.

Es obvio que por la mente de Pérez Jiménez nunca pasó la idea de la pacificación y reunificación de las Fuerzas Armadas y eso fue precisamente lo que le hizo perder el liderazgo que mantenía desde 1944.

De acuerdo a lo establecido en los artículos 314 y 315 de la Ley Orgánica del Ejército y de la Armada se designan al coronel Rafael Esteva, teniente coronel Leopoldo Aponte García, mayor Joaquín Silveira, capitán Numa Cárdenas y teniente Carlos Canelones para integrar el referido Consejo.

Ese mismo día los miembros de ese Tribunal ad hoc reciben un largo memo del general Rómulo Fernández en el que se incluye la primera lista de los oficiales detenidos que deben ser sometidos a juicio, señalándose a 116 oficiales de diferentes graduaciones, distribuidos así: 1 coronel, 6 comandantes, 20 mayores, 24 capitanes, 41 tenientes y 24 subtenientes. La situación es sumamente preocupante. El malestar de las Fuerzas Armadas es creciente.

Ese mismo día 1O en la mañana, Pérez Jiménez dispuso una ceremonia en el patio del Regimiento de Guardia de Honor para degradar a los líderes militares del abortado golpe. Los oficiales Hugo Trejo, Gilmond Báez, Sucre, Pérez Méndez, Testamarck, Zuloaga, Fajardo Lobato, Gustavo Bassalo, Tineo Arismendi, Trujillo Echeverría, Hely Mendoza y Peña fueron formados frente al batallón, mientras que un oficial leía la Orden General, de acuerdo a lo establecido en el artículo 272 de la Ley militar. Los reos fueron condenados a retiro infamante, pérdida de todos los grados militares y demás prerrogativas (jubilación, servicio médico, etc.). Al terminar la lectura de la sentencia, se procedió a la degradación y se ordenó el Toque de Oración.

Todas estas medidas causaban consternación en el seno de la familia armada. En lugar de buscar medios de conciliación, las decisiones que tomaba el Gobierno enrarecían más el clima interno, ya de por sí extremadamente peligroso.”. Fin de la cita

Lo demás es Historia y ya sabemos lo que pasó con el General Marcos Pérez Jiménez.

Gráfica: Tomada dela red. 

24/01/2024:

https://www.lapatilla.com/2024/01/24/degradacion-militar-en-tiempos-de-dictadura-por-angel-alberto-bellorin/

jueves, 21 de diciembre de 2023

Supercompetencia

¿ESPERANDO UN TELEFONEMA DE LENIN?

Luis Barragán

Quizá el más poderoso y expansivo sentimiento sea el de la perplejidad, conmovidos todos por una decisión judicial inconcebible. La Sala Electoral decidió suspender los efectos de las distintas fases del proceso electoral que tan exitosamente condujo la Comisión Nacional de Primaria, entre otras medidas cautelares.

Muy natural la inmediata reacción de la opinión pública que quizá está  bien sintetizada por Allan Brewer-Carías al observar cuán absurdo resulta suspender los efectos de un hecho absoluta y completamente cumplido: la selección de la abanderada presidencial de la oposición.  De modo que, al mismo tiempo que los integrantes de la referida Comisión acatan la citación del Ministerio Público, no puede menos que sorprender los términos de un fallo judicial tan insensato que nos aflige, porque jamás se pensó que pudieran llegar a tanto, aunque a otro jurista tan connotado como Ángel Bellorín, le parece una mala copia de la sentencia que anuló la elección de los diputados del estado Amazonas en 2015.

Una decisión tribunalicia en cualesquiera jurisdicciones y ámbitos, añadidos los aún modestos órganos disciplinarios que se da la sociedad civil, requiere de un mínimo de convincentes formalidades, alegatos y probanzas que le concedan la sensatez indispensable al régimen o sistema político que la informa y sustenta, yendo más allá de una simple contextualización. De no ocurrir así, el corto-circuito es inevitable en todas las esferas.

Parece obvio el error de cálculo de los círculos oficialistas que subestimaron los comicios primarios, o confiaron demasiado en sus habilidades intimidatorias: cumplida la fase en la que el CNE finalmente se dijo supercompetente en materia electoral, pretendiendo arrinconar a la Comisión, en lugar de suspender a tiempo el evento, como presumimos fue uno de los posibles escenarios y desenlaces, comprendió el altísimo costo político que acarrearía, ahora, pagando otro superior al quedar completamente desenmascarados.  Evidentemente, hubo un craso error en la conducción política de los gubernamentales que desean apagar a punta de represión y de una explicación tan insensata para los suyos, porque las llamaradas pueden propagarse.

Precisamente, lo más terrible es esa explicación tan inverosímil que ensayan para los suyos, conocida y defendida la verdad por las grandes mayorías del país. La versión oficialista luce excesivamente ilógica, teniendo un alcance cada vez mayor: el evidente fracaso madurista del 22 de octubre, no puede imputársele ya  al error que dice explicarlos, ni a los codazos que se dan las diversas individualidades y grupos de poder, sino en el absurdo convertido en régimen o sistema que nos impone la necesidad misma de reemplazarlo por otra legitimidad, la cabalmente libre y democrática a la que aspiramos.

Por lo demás, acostumbrados a violentar los acuerdos suscritos en las numerosas negociaciones, diálogos y tertulias del presente siglo, ya temen por el restablecimiento de las sanciones internacionales que lograron suspender por seis meses. Gustan demasiado de las tácticas leninistas, inventando hazañas, delitos y escándalos, donde no los hay, pero sin el innegable talento del bolchevique que jamás les atiende ni atenderá una llamada  telefónica.

La situación planteada y los recursos utilizados por el poder establecido, esbozan una cierta demencia política propia de la barbarie. Por cierto, es como la inservible caseta telefónica que queda en el casco histórico de Caracas, en una esquina de la Plaza Bolívar, una chatarra que tiene varias manos de pintura encima dizque trastocada en una obra de arte: ¿qué otra cosa se les ocurrirá a los leninistas de esta hora?

Fotografías: LB (Caracas,  12/09/23). 

31/10/23:

https://guayoyoenletras.net/2023/10/31/esperando-un-telefonema-de-lenin/

lunes, 4 de julio de 2022

Una cosa tiene que ver con la otra

LOS ASCENSOS MILITARES EN LA ERA DE LAS ZONAS ECONÓMICAS ESPECIALES

Luis Barragán

El régimen entra en una nueva etapa de supervivencia material con la inminente promulgación de la Ley Orgánica de las Zonas Económicas Especiales (LOZEE), toda una apuesta por la definitiva consolidación que parte de la formalización de las ya prácticamente establecidas en los más variados rubros, tipos y subtipos, y que, por fin, reglada la coexistencia y complementación en un terreno tan exigente, permitirá a las camarillas del poder avizorar otras más audaces y promisorias.  El papel de la Fuerza Armada no se limitará a preservar las que le concedieron precursora y oficialmente, como la militar de desarrollo forestal del estado Aragua,  sino propenderá a transarse con otras, consumando una transformación de su propia naturaleza.

            Finiquitado el Estado Cuartel, la entidad cuenta con un mínimo aprendizaje derivado de sus incursiones económicas a título corporativo e individual, multiplicadas sus firmas mercantiles desde 2013, y condicionada por el solo hecho de compartir el territorio nacional con otras fuerzas irregulares y terroristas que, no faltaba más, disputan violentamente los más inverosímiles mercados, so pretexto de las diferencias políticas. En algo semejante a la Venezuela de casi siglo y medio atrás que hizo de Caracas un codiciado islote de poder, capaz de comprometer internacionalmente al país,  en la mar de los grandes caudillos rurales, hoy, la Fuerza Armada velará celosamente por el poder central, intentará administrar o arbitrar los conflictos que el reparto territorial inevitablemente suscite, y, sumada la pólvora a su extraordinario soporte económico, afianzará un sitial entre los demás factores que hacen posible el llamado autoritarismo competitivo, por cierto, insoluble por su franco agotamiento; y, valga acotar,  bajo la conducción del general Padrino López, quien – hasta nuevo aviso – repetirá por octavo año consecutivo en la cartera de Defensa, de un modo u otro pronosticado por el historiador José Alberto Olivar en un meritorio trabajo publicado en el libro “El Estado Cuartel en Venezuela”, cuyos coordinadores nos requirieron expresamente para la – por entonces -  presentación de su primera edición, en la Asamblea Nacional, y, la de su segunda, en la Universidad Simón Bolívar.

            Agregada una radical partidización a su crecida experiencia comercial, confundida la autoridad civil con la militar, distorsionado el derecho al sufragio que, ya vemos, encontró las peores condiciones objetivas y subjetivas para realizarse, todo parece indicar que los ascensos militares seguirán en la senda de la desprofesionalización y la desespecialización. Bastará con actualizar sendos informes, como el de la Misión Internacional Independiente del Consejo de Derechos Humanos de 2020 (https://www.ohchr.org/Documents/HRBodies/HRCouncil/FFMV/A_HRC_45_CRP.11_SP.pdf), por ejemplo, para dar cuenta de una oficialidad gravemente involucrada en la violación de los derechos fundamentales,  la corrupción y el narcotráfico.

            La sistemática propaganda y publicidad oficialista en torno a la mítica alianza cívico-militar que supedita la promoción de los oficiales a sus intereses concretos, por contraste, nos ha hecho todavía reminiscentes de la larga tradición constitucional que asimiló, aceptándolo, el formal mecanismo de subordinación del poder militar al civil, por lo que la aprobación senatorial de los ascensos correspondientes de la oficialidad superior – conforme a la Constitución de 1961 -  se hizo también parte de un recurrente y, a  veces, intenso debate de opinión pública. Aceptemos que hubo un ritual de ocultación de las realidades interiores del componente armado, pero no neguemos que la participación del parlamento en los ascensos expresó  una determinada  cultura constitucional y política, únicamente omitida  en la Carta de 1904 y  en el Estatuto Constitucional Provisorio de 1914.

Igualmente, hubo interesantes variaciones en el reconocimiento formal de la subordinación, al dejar que los senadores aprobasen la promoción de los coroneles y capitanes de navío, mientras que el generalato correspondía a todos los congresistas (Constitución de 1857), quedando única y exclusivamente el máximo grado militar bajo la responsabilidad del parlamento (1858). Sin embargo, a sabiendas que, antaño,  el reconocimiento de cualesquier jerarquía  se ganaba en el campo de batalla, o por la adscripción al gobierno de turno, negada la profesión militar, al menos, como hoy la entendemos, llama la atención que algunas constituciones encomendarán al parlamento “determinar la manera de conferir grados y ascensos” superiores (1864, 1874, 1881, 1891, 1893 y 1909), lo que autoriza a presumir una importante actividad legislativa y reglamentaria necesitada de una exploración histórica más concienzuda.

Por lo pronto, si  hubo tal actividad con antelación,   es de presumir las inmensas dificultades impuestas por los regímenes de fuerza que, aún menos, permitieron una polémica libre y abierta sobre los ascensos y las condiciones políticas que los articulaban. Puede aseverarse que, luego de 1958, la materia adquiere una trascendencia noticiosa sin precedentes, por muchos tabúes que la distinguiesen; sobre todo, dado el cuestionamiento de los intereses partidistas expresados en la comisión senatorial que consideraba, deliberaba y aprobaba las promociones superiores, materia  -  ahora -  completa y desenfadadamente olvidada.

Al respecto, consolidada la corporación castrense, ésta se hizo extremadamente susceptible a cualesquiera cuestionamientos políticos, espontáneos o deliberados y, apuntemos la doble paradoja, azuzada por los sectores políticos e ideológicos que derrotó en los ’60 del ‘XX que después le entregaron la absoluta competencia de decidir sus ascensos junto al Comandante en Jefe, ya considerado como el máximo grado militar y no una condición o carácter asociado al ejercicio de la presidencia de la República.  Irrefutable indicador, no ha sido posible desarrollar legislativamente el artículo 331 de la Constitución de 1999 en el presente siglo que, al menos, acepta alguna intervención del elemento civil, ni siquiera para afinar los procedimientos técnicos alcanzados.

       Entre abril y mayo de 2020, por recomendación de un amigo común, tuvimos la ocasión de contactar al coronel (retirado) y doctor en derecho, Ángel Bellorín, para proponerle la redacción de un proyecto de Ley de Ascensos Militares que aceptó, hizo y felizmente culminó. Promovimos la iniciativa  en la legítima Asamblea Nacional al iniciarse el segundo período de sesiones, por entonces,  cumpliendo con todas las formalidades reglamentarias, pero las circunstancias consabidas impiden todavía abordar y viabilizar el proyecto que, permítannos la acotación, quizá sea el único realmente materializado, pues, en 1976 y en 1986 se anunciaron propósitos semejantes, sin que se supiera más nunca nada.  

La era de las zonas económicas especiales impone otros parámetros para  los ascensos militares, más allá de la efectiva militancia política, en la que el Comandante en Jefe, el (re) zonificador por excelencia, confiará aún más en la arbitraria aplicación del llamado “factor de corrección”.  Y todo esto, tras un formidable victoria, como fue la de sacar a ocho millones de venezolanos de su propio país.

Fotografías: Tomadas de la red.

05/07/2022:

https://www.elnacional.com/opinion/los-ascensos-militares-en-la-era-de-las-zonas-economicas-especiales/

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY