Fernando Aramburu
(“Maite”, Tusquets, Barcelona, 2026: 205)
Ilustración: Albert Gleizes.
Fernando Aramburu
(“Maite”, Tusquets, Barcelona, 2026: 205)
Ilustración: Albert Gleizes.
"Estuve a punto de replicarle que no corro tal riesgo, puesto que yo no sé gran cosa de filosofía ni en realidad de nada y, por tanto, nadie me va a invitar a hablar delante de las cámaras. Klaus siguió saliendo de vez en cuando en la televisión, pero nosotros ya no nos quedábamos despiertos para escucharlo"
Fernando Aramburu
("Hombre caído", Tusquets Editores, Barcelona, 2025: 127)
Ilustración: Christoph Niemann.
—Somos jóvenes. Tenemos la vida por delante. Ya se cansarán de apretar el botoncito"
Fernando Aramburu
("Hijos de la fábula", Tusquets, Barcelona, 2023: 114)
Ilustración: Andreea Cataros.
HIJOS DE LA FÁBULA
Luis Barragán
El año pasado descubrimos a Fernando Aramburu, con “Patria” (Tusquets, 2016), y, ahora, lo celebramos por “Hijos de la fábula” (Tusquets, 2023), sin salir del país vasco. La última es pieza llena de un afilado humor, en la que Asier y Joseba ingresan a la organización terrorista ETA, enterados de su desmovilización justo cuando esperan a ser llamados para entrenarse militarmente, llenos de grandes expectativas, teniendo por escondite una granja ubicada en suelo francés.
Acosados más por Guillemette, la esposa del granjero, que por la policía, poco a poco se van enterando de la situación y, negados a devolverse a sus respectivos pueblos, manteniendo firme el ideal de una Euskal Herria liberada, deciden crear su propia organización. Distintas y muy jocosas escenas, dibujan el drama de la militancia ingenua y confiada a las grandes consignas, y aún nos reímos a solas con imaginar el resignado auto-entrenamiento con la escobas de alto calibre, o, creyéndose perseguidos por la autoridad, el abordaje de una persona que huyó despavorida como víctima convencida de un vulgar robo.
El autor, sin quererlo, nos retrotrae a lo que fue una etapa de la la realidad venezolana de los años sesenta del siglo veinte, pues, derrotada políticamente la insurrección armada, en vías de serlo definitivamente, en términos militares, persistió la ilusión fioquista promoviendo e integrando a nuevos combatientes. El enorme destello de la llamada revolución cubana, tardó demasiado en desaparecer, como ocurre con aquellas remotas estrellas que observamos desde nuestro planeta, aunque una tonelada de millones de años atrás fue que estallaron: el fracaso isleño de una zafra que pintaron como una irresistible hazaña del voluntarismo, desnudando al socialismo – además – en tiempos de Heberto Padilla, colocó las cosas en su lugar, a la vuelta de la esquina.
Al menos, con el repliegue táctico y la difícil reintegración de sus cuadros a la vida pública e institucional del país, hubo una respuesta más responsable del PCV que la del MIR y sus derivados, persistente en las cada vez más disminuidas tareas subversivas rayanas con el delito común. Reclutaron a muchísimos incautos que muy tarde se dieron cuenta de la decisiva derrota, y, hoy, capitanean a un socialismo que ya le pega el sol a las espaldas, intuyéndose bobos al tratar de cazar a otros bobos que lo saben irremediablemente agonizante, por muy armado que esté.
Con una extraordinaria sencillez, Aramburu nos divierte al enseñar la profundidad de un terrible pozo (y fosa), aportando al fenómeno universal del fanatismo. Imaginemos qué podría hacer con la figura de Pedro Sánchez, genio y figura hasta la sepultura.
19/03/2023:
https://www.lapatilla.com/2023/03/19/luis-barragan-hijos-de-la-fabula/