RAMENTOL, VECINO DE LA CALLE 30, 1099
Luis
Barragán
El
uno, extenuado, fue irremediablemente sustituido como candidato presidencial,
mientras que, el otro, excesivo según el hábito, copó los más disímiles
escenarios apuntalado por una vigorosa polémica. Corto el camino de Joe Biden a
Donald Trump, se extiende y entiende ahora inconmensurable en el sorteo de
cualquier vicisitud que pueda arrojarnos a un conflicto de consecuencias
impredecibles, faltándole al liderazgo occidental – acaso, por su
inconsistencia y también puerilidad - una interlocución más responsable, sobria
y confiable.
Por
estas latitudes, nos presumimos completamente ajenos a los riesgos y peligros
que únicamente comprometen a determinados y poderosos actores políticos, cuyas
franquicias – si nos permiten el término – cuentan con representación o alguna
representación en nuestro país. Creídos y engreídos por la lejanía de los
hipotéticos teatros de guerra, tendemos a apostar por las respuestas y soluciones
más simplistas en nombre de no sabemos cuáles garantías, como si la vida en
este lado del mundo habrá de transcurrir de mil maneras con la normalidad de siempre; ilusión
ésta, por cierto, heredada de la II Guerra Mundial, bajo la protección estadounidense,
pues, se diría, los submarinos alemanes sólo privilegiaron a los tanqueros realengos
y, todavía, asegurábamos, el petróleo de pronto agotamiento, no ejercía el peso que luego tuvo en la
economía del patio.

Persisten
las dudas sobre la existencia de un sistema internacional que, faltando poco,
sea capaz de aminorar cualesquiera turbaciones provocadas por las más sorprendentes
contingencias, añadido el error garrafal como el huésped indeseable. Arriesgado
por siempre a un cortocircuito, luce imposible concebir un sistema que incluya el fundamentalismo religioso, el terrorismo y la delincuencia organizada de
toda ralea, y asombra que haya autocracias de larga duración que no cuenten con
operadores equivalentes a Andréi Gromiko, el veterano diplomático al que la
Unión Soviética le debió igualmente una prolongada supervivencia, coexistiendo
con su principal adversario.
En
un mundo de perplejidades y ofuscaciones, es necesario pensarlo y pensarnos
imbuidos de todas sus posibilidades, aunque la procesión vaya por dentro: una
nación que expulsó a millones de sus hijos a los más apartados rincones del
planeta, debe recobrar – porque, sí, lo
tuvo en los dos siglos y medio precedentes – un sentido cabal de la
universalidad. El socialismo de la comuna, del vecindario, de la localidad, por una definición que no es otra que la del fallido proyecto de reforma constitucional
de 2007, pretende aislarnos, relegarnos y explicarnos en el territorio más
inmediato, el de la sobrevivencia y la parroquialidad, delegando en el reducido
elenco del poder central las decisiones fundamentales; y, concursando en esta
vorágine de desorientación planetaria, adscrito automáticamente a una superpotencia
franquiciadora de marcado sesgo anti-occidental, además, desde una extrañísima
perspectiva anti-imperialista que burla las tesis originales del mismísimo
camarada Lenin.

Oficialmente
ausente de la capital de la otra superpotencia, en aparente estado de abandono
la sede de su embajada, no quita ni debe quitar de la preocupación, atención y ocupación
de los venezolanos, lo que ocurra en Washington, por lo que se requiere – por lo
menos, en relación con la alternativa opositora – un equipo más idóneo,
eficiente y comprensivo de los desafíos y múltiples escenarios que se abren y
cierran constantemente, retando al liderazgo – esta vez – emergente de América
Latina. Sobre todo, cuando se está al
lado del otro epicentro político de ebullición de las tendencias globales que
exige de una ininterrumpida actualización, como las que magníficamente recoge
Santiago Ramentol con un título decidor, como “Teorías del desconcierto”
(Barcelona, 2004), antojado cual vecino inevitable de la sede en cuestión, ubicada
en el 1099 de la calle 30 al noroeste de Washington, D.C. Valga acotar,
preferible a compartir la cuadra con personajes como el doctor Strangelove, el
presidente Merkin Muffley y el capitán Lionel Mandrake, protagonizados por Peter
Sellers para una película de Stanley Kubrick: “¿Teléfono rojo? Volamos hacia
Moscú” (1964).
Composición gráfica: LB.
28/01/2025:
https://www.elnacional.com/opinion/ramentol-vecino-de-la-calle-30-1099/
https://www.costadelsolfm.org/2025/01/28/luis-barragan-ramentol-vecino-de-la-calle-30-1099/
31/01/24:
https://www.eastwebside.com/luis-barragan-ramentol-vecino-de-la-calle-30-1099.html