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martes, 12 de mayo de 2026

Una pregunta valedera

¿CUÁL SOCIEDAD CIVIL PARA CUÁL TRANSICIÓN?

Luis Barragán

“El sentido común es propenso a

creer que lo que hoy existe ha

existido siempre”

Antonio Gramsci  (*)

Una generalizada noción de la sociedad civil (SC) suele ventilar el incipiente debate transicional con alguna frecuencia, dando por sentado que ella tiene - bastando con invocarla - el octanaje suficiente para ir más allá del Rubicón. La crisis infatigable es la exclusiva de los partidos políticos definitivamente incorregibles, mientras sobreviven en el imaginario la prestancia de las asociaciones de vecinos por más que el promedio haya claudicado ante los consejos comunales, los gremios empresariales que se creen moralmente autorizados a sobrevivir a cualquier precio, los sindicales y profesionales que tampoco diligenciaron con audacia la renovación electoral de sus directivas, los deportivos que fueron arrollados por los aplastantes recursos del Estado.

Hemos sufrido una suerte de tsunami lumpemproletarizador en este siglo, que ha facilitado la constante reconfiguración y administración de vastas clientelas políticas dependientes de un Estado al que ahora no le alcanzan los ingresos petroleros para subsidiarlas. Estructuralmente, la hiperinflación, la destrucción del aparato productivo, las expropiaciones interesadas, la agigantada economía de puertos, el explosivo endeudamiento público externo, nos han forzado a la dependencia de los bonos y de las llamadas misiones, incentivando la masiva diáspora de los paisanos, y también la trágica aceptación de una vía delictiva para la supervivencia y el ascenso social.

Torpedeada por la persistente consigna del comunalismo y la promoción de un tal poder popular, propio de los fracasados socialismos reales conocidos, la idea misma de la SC queda reducida a una vieja “manía esnobista” de la clase media petrolera. Lo curioso es que, por más que se jure de inspiración marxista este tan largo gobierno, no existe una literatura convincente en términos oficiales u oficiosos que explique las actuales clases sociales en Venezuela, por lo menos, capaces de contrastar con el resultado de los estudios sobre la clase media del Banco Interamericano de Desarrollo (BID, 2021), Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI-UCAB, 2025), o los aportes de Roberto Briceño-León y Luis Pedro España, por ejemplo.

Grosso modo, el modelo rentístico se encuentra agotado desde hace varias décadas, pero ha habido una feroz resistencia de distintos sectores, grupos y corrientes sociales representados por el chavismo frente a un modelo alternativo, el de una economía y sociedad abierta y competitiva, fundada en el trabajo digno y productivo. Después de arruinada PDVSA, empujado el país al borde del colapso, paradójicamente la fórmula inmediata para una recuperación económica es la práctica desnacionalización y el incremento en todo lo posible de la producción del crudo con futura distribución y pagos seguros, sintetizando el 3-E. Sin embargo, la SC no puede asumirse como una sumatoria de entidades tradicionales en pugna por alcanzar la cuota de los ingresos y beneficios que consideran como propia e intransferible,  sino como expresión del caduco bloque histórico por demasiado tiempo articulado por el chavismo en el que concursan la cúpula político-militar chavista, la lumpenburguesía y la excrecencia denominada pranes,  intermediarios financieros y comerciales, aparatos de control y represión, oposición funcional, redes clientelares, que entienden la transición como un reacomodo al que pueden reintegrarse agradecidos los grupos de interés desplazados en el siglo.

Precisamente, por entender el cambio como un simple reacomodo en los términos del viejo modelo, esa concepción de la SC la llevó al fracaso por todos estos años y, a modo de ilustración, recordamos que, en defensa de las universidades, fuera y dentro el parlamento, insistimos tiempo atrás en la realización espontánea y simultánea de las elecciones rectorales y las de sus gremios para suscitar un extraordinario oleaje democratizador capaz de propulsar una transformación definitivamente histórica en el país.  Y lo señalamos expresamente para retar a los críticos acérrimos de la institución partidista: entonces, desplácenla para que la universidad asuma un rol semejante al de Solidarność en Polonia, pero esto no fue posible siquiera meditarlo jurando que los riesgos y los peligros pertenecen enteramente al ámbito de los partidos.

Todo un lugar común, no basta con reclamar la participación protagónica de la SC en los procesos de transición presumidos como una experiencia atmosférica, lineal, absolutamente armónica y de etapas preclusivas. Estamos a tiempo de un debate enteramente compatible con la acción, que permita actualizar la idea misma de la SC y comprenderla desde una dimensión institucionalista, estructuralista, subjetiva y psicopolítica, u otra que se prefiera respecto a la transición política, traducible en una adecuada estrategia y despliegue táctico de una oposición seria y responsable.

Convengamos, se anuncia un diferente bloque histórico en el esfuerzo de superar algo más que las consabidas circunstancias de un gobierno de facto. La transición venezolana no puede entenderse sólo como alternancia política, porque lo que está en crisis es el bloque histórico del que se apoderó el socialismo rentista.

(*) “El ´Risorgimento´”, Granika Editor, Buenos Aires, 1974: 67.

Ilustración: Andrei Popov. 

12/05/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/05/cual-sociedad-civil-para-cual-transicion/

lunes, 4 de mayo de 2026

Comunalismo

DEL TRÁNSITO PEATONAL

Luis Barragán

Quizá la opinión pública no tiene interés por los problemas cotidianos al creerlos y asumirlos resignadamente como insolubles y naturales, aunque siga latente la aspiración a una superior calidad de vida. De una obviedad que atormenta, porque realmente se sufren, quebrantada la vida municipal a favor de un comunalismo que es, ante todo, compromiso y ciega lealtad partidista, ya esas vicisitudes de rutina no cuentan con la antigua resonancia en los medios.

Raras son las localidades venezolanas que tienen un tránsito peatonal ordenado y confiable, porque los vehículos automotores son los que imperan en aquellos espacios públicos reservados para un seguro desplazamiento a pie, más el aparataje del comercio informal autorizado por las alcaldías para instalarse y atravesarse por doquier. El desorden es demencial de los restaurantes “compactos” que atienden a la gente en la vía pública afectando  los semáforos, por ejemplo, cuando incurren en el hurto autorizado del flujo eléctrico.

Días atrás, fuimos testigos de algo insólito que ocurrió en un sector de la ciudad capital, pues, repentinamente se fue la luz - como llamamos los venezolanos a los apagones - en la mitad de una manzana y los locales comerciales al borde de la otra mitad que gozaba de la energía eléctrica cerraron.  Sin embargo, la calamidad se presentó para una heladería de formal local comercial deseosa de conectarse urgentemente al alumbrado público, pero no pudo hacerlo porque los carros hamburgueceros monopolizaban las pocas tanquetas o tanquillas que había, la policía del lugar se ocupaba exclusivamente del tráfico según alegaron y el único agente uniformado que apareció arbitró a favor de los expendedores de frituras, como nos enteramos en quince minutos: los que pagan derecho de frente, por citar un solo caso, corrieron a las refrigeradores de una carnicería más o menos cercana para salvar la mercancía que perdían toda su heladura.

Gracias a los motorizados que abren canales donde no deben, pero pueden, aún en contrasentido, las aceras también son para correrlas a su antojo cual legítimo atajo, o para estacionarse olímpicamente. Poco importa que sea en las horas para llevar o buscar a los niños en la escuela, porque es un deber y al mismo una obligación impuesta la de apartarse avergonzados y sin queja los padres, abuelos y niños tan inseguros en un espacio que les pertenece.

Por lo demás, no tenemos idea del porcentaje de las aceras que realmente lo son, por una inaudita irregularidad de la superficie, el detalle de los escombros que quedan fijos de antiguos postes derribados y paradas fantasmales o desechas. Al derecho adquirido por los motorizados, se une prácticamente la prohibición para andar en una silla de ruedas gracias al accidentado pavimento de lo que alguna vez fue motivo para un satisfactorio paseo bajo una arboleda ahora derribada.

Fotografías: LB. 

04/05/2026:

https://opinionynoticias.com/opinionpolitica/44320-del-transito-peatonal

Para la coincidencia y la discrepancia

  https://www.youtube.com/watch?v=3x0NBgVr4gk