SALIR DE LA BARCA DEL EGO
(San Mateo, 14: 22-33)
Enrique Martínez Lozano
Este precioso relato resulta
ser una hermosa metáfora de nuestra vida. Abandonada la lectura literalista
que, además de no corresponder a la intención del redactor, lo empobrece y
falsifica, hallamos en él una “descripción” de nuestro modo de funcionar cuando
estamos instalados en el ego (en la lectura que nuestra mente hace de las
circunstancias).
En la “barca” del ego, nos
sentimos fácilmente sacudidos por todo tipo de olas, llenos de miedos y
creyendo ver fantasmas alrededor.
Miedos y fantasmas, sin embargo,
se disipan en cuanto salimos de las interpretaciones que nuestra mente hace de
las cosas, y nos anclamos en el “Yo soy”, nuestra identidad última, aquella que
compartimos con todos los seres.
En ella, aceptamos lo que
acontece, la mente se silencia… y retorna la paz. Porque nuestra identidad más
profunda se halla siempre a salvo. El “Yo soy” –la Consciencia de ser- no puede
ser afectado negativamente por nada. Reconocerse en esa identidad y vivirse
conectado a ella es el culmen de toda sabiduría.
En esto consiste toda la
“destreza”, según lo expone Papaji: “Lo que sea que venga, déjalo venir; lo que
quede, déjalo estar; lo que se va, déjalo ir. Quédate callado y adora al Ser”.
En el reconocimiento de que el “Ser” no es una realidad que corriera paralela a
nosotros, que se hallara “fuera” o nos resultara extraña. El Ser es otro nombre
de nuestra verdadera identidad, que se expresa en la personalidad que tenemos.
Por eso, el mismo Papaji concluye: “Durante todas las actividades de la vida
recuerda siempre que tú eres el Ser”.
A veces, aun estando en la
“barca”, notamos el impulso de ir “más allá”, de trascender ese pequeño
encierro y lanzarnos al mar abierto del “Yo soy”. Tal impulso no es sino
expresión de nuestra misma identidad que, en forma de Anhelo, clama en
nosotros, a pesar incluso de nuestra ignorancia.
Algo nos dice que la Vida es
más que los hábitos a los que la hemos reducido y la rutina a la que nos hemos
acostumbrado; y que nosotros no somos el ego que nuestra mente piensa, por más
que habitualmente nos hayamos vivido desde él. Nos fiamos de aquella “voz” que
viene de no sabemos dónde y salimos de la estrechez que nos aprisionaba.
Sin embargo, suele ser tan
grande la inercia de generaciones y de toda nuestra propia vida, que basta
sentir la “fuerza del viento”, para que el miedo se apodere de nuevo de
nosotros y pensemos que nos estamos hundiendo.
“¡Qué poca fe!”, dice Jesús
a Pedro. Qué poca certeza en lo que somos. La mano que agarra a Pedro no es
otra que el “Yo soy”, identidad en la que Jesús se reconocía y que todos
compartimos con él. Para no ser víctimas del miedo, necesitamos cultivar el
contacto y la conexión con quienes realmente somos: esa es la única plataforma
donde es posible la paz y la sabiduría.
No se preocupe por nada que
usted quiera, piense o haga; solo permanezca establecido en el
sentimiento-pensamiento «Yo soy«, enfocando «Yo soy» firmemente en la mente. En
el momento que usted se desvíe, recuerde: todo lo que es perceptible y
concebible es pasajero, y solo el «Yo soy» permanece. Después de todo, el único
hecho del que usted está seguro es de que «usted es». El «Yo soy» es seguro, el
«Yo soy esto» no lo es”.
Ilustraciones: Rembrandt e Ivan Aivazovsky.
Rembrandt van Rijn.
Fuente:
https://www.feadulta.com/salir-de-la-barca-del-ego/
Padre S. Martín:
¿La misa tradicional divide la Iglesia? | La invasión de Ceuta es un aviso:
https://www.youtube.com/watch?v=9dEE2vM6vyE


