domingo, 12 de julio de 2026

Caza de citas


  Se oyó cómo unas lágrimas caían sobre el tatami. Era un sonido extrañamente exagerado. Por un momento, Junpei creyó que era él quien estaba llorando sin darse cuenta. Pero era Sayoko quien lloraba. Tenía el rostro sepultado entre las rodillas, sus hombros se estremecían en silencio”

Haruki Murakami

(“Después del terremoto”, Tusquets, Barcelona, 1999: 113)

Ilustración: Zalas Anderzak.

Noticiero retrospectivo

- Martha Fuentes, Florencia Tovar y Txomin las Heras. Foro con Chi-Yin Chin (decano de Economía UCAB): “En el país no hay lugar para un nuevo ajuste”. Economía Hoy, Caracas, 31/05/1993.

- Juan Herrera. “Es incierto que seamos psivos en el gobierno y beligerantes en la oposición”. AD, Caracas, 21/10/82.

- Luis Herrera Campíns. “Al momento: Carter y el nuevo estilo de política d EUA”. El Universal, Caracas 20/03/77.

- Joaquín Marta Sosa entrevista a Atahualpa Yupanqui. El Nacional, Caracas, 10/09/72.

- Luis Herrera Campíns analiza el caso de Chile. Resumen, Caracas, 24/03/74.

Reproducción: “Opina Eduardo Machado: Los marcusianos son una legión de contrabandistas ideológicos”. Deslinde, Caracas, 15 al 21/08/1969.

Reciedumbre

SOLIDARIDAD EDIFICADA SOBRE LA DIGNIDAD HUMANA

Luis Barragán

Podemos aseverar la existencia de un patrón recurrente de irregularidades en torno al manejo de la ayuda humanitaria en nuestro país, sobre todo a la luz del tristemente célebre deslave del estado Vargas a finales de 1999. Ahora, está generalizada la sospecha a propósito de las consecuencias del poderoso impacto del doble sismo que enlutó a la ciudad capital y al litoral central semanas atrás.

El nefasto precedente de casi tres décadas en la costa, naturalmente contribuye a la desconfianza hacia el Estado y, específicamente, a su dirección política. Por entonces, fue masivo el auxilio internacional, llegaron millones de dólares en donaciones, ayuda material y equipos rescatistas, pero jamás hubo una rendición convincente de cuentas y Hugo Chávez decididamente partidizó la tragedia convirtiéndose en el benefactor de todos los benefactores para adjudicarse – junto a su sucesor – la aparente reconstrucción de una entidad federal que desgraciadamente se vino abajo otra vez.

De nuevo hay descontento con la actuación del sector oficial, incluyendo la tardía de la Fuerza Armada Bolivariana. La encargada presidencial aseguró la existencia de una campaña de desprestigio, palabras más, palabras menos, que olvida el dato del otro y no menos célebre sismo del 3 de enero del presente año que sorprendió al país entero: ni una pedrada le lanzaron a los drones como respuesta. Sin embargo, ojalá no desaparezcan las imágenes, las redes digitales están colmadas por el video testimonial de quienes afrontaron inmediatamente la realidad varguense, lamentaron la ausencia del funcionariado y reprocharon con coraje la conducta asumida por las autoridades públicas.

Hacia el estado Monagas llegó injustificadamente el cargamento de ayuda para Vargas enviado por Mayer Mizrachi, alcalde panameño, quien ordenó la colocación de un pequeño dispositivo de rastreo para asegurarse del éxito de la operación de solidaridad. Y, entre otros señalamientos más, como el saqueo selectivo de los llamados colectivos, se ha dicho de las bolsas de agua potable de distribución gratuita en Vargas, ahora vendidas en Caracas.

El gobierno debe saber que la reconciliación, la concordia, la armonía entre los venezolanos pasa por el respeto a la verdad, la radical honestidad,  la solidaridad construida sobre la dignidad de la persona humana. Los varguenses fueron muy claros en cada instante de la tragedia sísmica, denunciando con coraje los hechos que desmientieron a la encargada presidencial (https://x.com/la_patilla/status/2073748770819285379), el descarado robo de los bienes de las familias afectadas (https://x.com/_Provea/status/2072834656307995049),  el reclamo encendido de una ciudadanía activa, esforzada y muy firme, ante los impasibles efectivos armados que ni balbucearon (https://x.com/AlertaMundoNews/status/2071373596757315634).

Reproducción: Reclamo a Nicolás Maduro Guerra:

https://x.com/contrapuntovzla/status/2075626741742059852/photo/1 

Cfr.

https://x.com/ImpactoVE/status/2075593156507394087

https://x.com/InformeOrwell/status/2075573536782209240

https://x.com/la_patilla/status/2076292944626151832

12/07/2026:

https://lapatilla.com/2026/07/12/luis-barragan-solidaridad-edificada-sobre-la-dignidad-humana/

La mirada

 DIOS ES ASÍ

(San Mateo, 13: 1-23)

Enrique Martínez Lozano

De los cinco grandes discursos en los que Mateo condensa el mensaje de Jesús, el tercero ocupa el capítulo 13 de su evangelio y es conocido como el "discurso parabólico", porque en él se han reunido las parábolas del Maestro.

Se trata de siete narraciones, tomadas de la tradición y agrupadas en un solo bloque: el sembrador, la cizaña en el trigo, la mostaza, la levadura, el tesoro en el campo, el mercader de perlas y la red.

El objetivo que pretende el evangelista, en este tercer discurso, es mostrar a Jesús como maestro: de hecho, empieza el mismo insistiendo –por dos veces- en que "Jesús se sentó": sentarse equivale a enseñar (o, en otros contextos, a juzgar: quien se "sienta" es el maestro o el juez).

Tal como ha llegado a nosotros, en el relato completo pueden distinguirse claramente tres partes: una parábola breve, una explicación más extensa y un "intermedio" en el que se intenta explicar por qué el mensaje se Jesús, el maestro, no fue acogido por el pueblo judío.

Una lectura atenta, que observa fácilmente la diferencia de estilo y de acentos, busca dar razón de cada una de esas tres partes.

De toda la narración, habría que atribuir al propio Jesús probablemente la parábola original (13,3-9), sin más explicaciones. La parábola es un relato provocativo y abierto, que espera una respuesta del propio oyente o lector.

Lo característico de la parábola parece ser un doble mensaje: el derroche del sembrador y la certeza de una cosecha sobreabundante. Por una parte, el relato muestra un interés manifiesto por subrayar el comportamiento del sembrador que, sin importarle el resultado, siembra por doquier, incluso en lugares donde se sabe que la semilla no podrá germinar, como los caminos o las zarzas...

La parábola original habla, antes que nada, de Dios como Gratuidad, Exceso y Derroche... Podemos adivinar, entre líneas, el gesto de Jesús diciendo: "Dios es así". ¡Tantas veces lo hemos empequeñecido, al hacerlo "de los nuestros", reduciéndolo a un gran Legislador o pervirtiéndolo con rasgos amenazadores o incluso crueles...!

Dios es Donación permanente y gratuita: sólo sabe y sólo puede dar. Eso es lo que "constituye" su ser: no es un "Individuo" separado, creado a nuestra imagen; es un "Darse" permanentemente –más verbo que sustantivo-, que en todo se manifiesta.

Me gusta contar una anécdota entrañable y sabia. En una ocasión, en el grupo de catequesis, una niña preguntó a la catequista: "Señorita, ¿por qué Dios es siempre Dios, y no podemos serlo una cada semana?". (Cuando uno ha crecido con una imagen antropomórfica de Dios, y lo imagina como un "Ser separado", es inevitable que aparezcan interrogantes como los que plantean los adolescentes en clase de religión: "¿Y a Dios quién lo creó?; ¿cómo nació?; ¿quién le puso ese nombre?; ¿por qué lo llamamos así?...").

Pues bien, aquella catequista, tras el "susto" inicial, contestó a la niña: "El día en que tú seas amor, y nada más que amor, serás Dios". No podía haber dado una respuesta mejor. Dios es "ser-donación" –todos nuestros conceptos y palabras se quedan irremediablemente muy pobres-, Dinamismo sabio, luminoso y amoroso, Fuente de todo lo que es y en quien somos, sin ninguna distancia, separación ni costura.

Este es, a mi parecer, el Dios del que habla Jesús. Un Dios que es "siembra" permanente: ésta es la Buena Noticia, el "evangelio" del Maestro de Nazaret.

El segundo rasgo que acentúa la parábola es sólo una consecuencia: el fruto terminará siendo también un exceso. Para una tierra como Palestina, en la que, por entonces, una cosecha del siete por uno era considerada excelente, hablar de un rendimiento del treinta, sesenta o cien, equivalía a desbordar la previsión más optimista, una "exageración" conscientemente provocativa.

Para que eso se dé –parece concluir la parábola-, sólo hace falta "oír": "el que tenga oídos, que oiga". Hace falta abrir los ojos, caer en la cuenta... Tomar un poco de distancia de nuestra mente, venir al presente... y reconocer la Quietud y el Misterio de todo lo que es.

Es indudable que, dentro de cada uno de nosotros, sigue habiendo "caminos" endurecidos, "terrenos pedregosos" con apenas fondo, "zarzas" asfixiantes y reductoras... Empecemos por reconocerlo y aceptarlo, reconciliémonos con toda nuestra realidad interior, abrazándola con humildad. De ese modo, al crecer en unificación –integrando también los aspectos más oscuros y vulnerables de nuestra propia sombra-, se estará disponiendo un buen "humus", la "tierra buena" –que no está hecha de perfeccionismos, sino de humildad-, en la que la semilla brotará por sí misma.

En la tercera parte de su relato (13,18-23), lo que hace Mateo es "aplicar" la parábola a la situación de su propia comunidad. De este modo, se modifica en cierto sentido el acento: de ser prioritariamente "buena noticia", anuncio gozoso de la Realidad de Dios y afirmación de confianza incondicional, se transforma en "exhortación moral" dirigida a cada discípulo.

Este modo de hacer, no sólo es legítimo, sino que resulta imprescindible cuando una persona o comunidad trata de "aplicarse" a sí misma una determinada enseñanza. Pero me parece importante no olvidar que eso tiene un "coste": la parábola se transforma en alegoría, desplazando el sentido original, que nunca deberíamos olvidar.

Finalmente, la segunda parte (13,10-17) constituye una especie de "intermedio", en el que se aborda una cuestión candente para una comunidad judeocristiana, como la de Mateo: ¿Cómo es posible que nuestro propio pueblo, el "pueblo elegido", pueblo de las promesas de Dios, no haya aceptado a Jesús? Sin duda, fue uno de los mayores enigmas para aquellas primeras comunidades.

En búsqueda de una respuesta, encontraron, entre otros, el texto de Isaías 6,9-10, que cita expresamente Mateo. Usando un recurso familiar en toda la tradición bíblica –"miran y no ven; oyen y no entienden; tienen el corazón endurecido"-, se achaca al "endurecimiento" del propio pueblo su incapacidad para acoger el evangelio.

Y ahí se introduce un dicho usual en la época: "Al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene". Más allá del significado original de esas palabras, en una cultura diferente a la nuestra, para nosotros encierran una sabiduría, que se convierte en invitación a estar atentos.

El "Exceso" o "Derroche" de todo lo que es nos alcanzará en la medida en que nos abramos a él. En tanto en cuando nos abrimos a la verdad de quienes somos, más allá de las "etiquetas" y "sueños" de nuestra mente, percibiremos la sobreabundancia del Misterio ("tendremos de sobra"). Si, por el contrario, permanecemos recluidos en la identificación con nuestro ego, será irremediable que notemos cómo, día a día, se empobrece nuestra existencia.

De ese modo, para concluir, me parece ver en todo el relato la proclamación de una Buena Noticia que se convierte en Invitación vital: todo está ya; sólo necesitamos "verlo". Ven al presente, acalla la mente y reconoce quién eres, cuando no te "piensas".

Venimos de un pasado que había reducido nuestra identidad a la mente ("pienso, luego existo", según la fórmula acuñada por el padre de la filosofía moderna). Necesitamos experimentar que no todo acaba ahí: ¡hay vida después de la mente!

Más allá del pensamiento –aunque, evidentemente, asumida e integrada la razón crítica como uno de los grandes regalos de la modernidad, que nos previene contra la irracionalidad-, se halla un "No-lugar" –más allá de los "mapas", el "Territorio"-, que constituye nuestra verdadera identidad.

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/915-dios-es-as%C3%AD.html

Ilustraciones: Greta Lesko. 

Padre S. Martín: ¿HACIA un NUEVO cisma? ¿Está APOYANDO Roma el Camino SINODAL? 

https://www.youtube.com/watch?v=Q6W7aMz2Wtw





martes, 7 de julio de 2026

¿Eso dijo Pío Tamayo?

 

ABC. Madrid, 07/07/2026.

Un desafío de excepción

VÉRTIGO TRANSICIONAL

Luis Barragán

Hay un evidente agotamiento del ciclo autoritario en Venezuela que no debemos confiar ingenuamente a una automática respuesta democratizadora y, menos, al voluntarismo extremo que la promueve en nombre de sus particulares vivencias opositoras. Pocos logran apreciar y asumir las magnitudes de un cambio que tiende a sobrepasarnos política, intelectual y anímicamente, trastocado en un complejo proceso, una empresa de alto riesgo y un enorme desafío luego de casi treinta años de desaprendizaje cívico, polarización, confrontación y deterioro institucional.

La transición nos remite a un proceso de procesos y a una experiencia cargada de amenazas y peligros de índole incluso personal, configurándose definitivamente como una oportunidad imperdible.  Además, impone retos que someten a una dura prueba la capacidad de conducción y exponiendo las vulnerabilidades de los actores que actúan en un escenario naturalmente controversial, estos deben lidiar con el vértigo políticamente entendido a través de sus elementos en la medida que no se tiene certeza alguna de lo que ocurrirá (cognitivo), desconociendo cuán correctas son o no las decisiones adoptadas (moral), y la consistencia o no de las instancias empleadas o por emplearse (institucional), aunque el decisor sepa o diga saber la real incidencia en la correlación de fuerzas que pugnan por continuar o emerger (estratégico).

Ha sido fácil enunciarla, pero una transición no es algo ya dado, un producto preelaborado, un manual y tampoco un recetario, sino un esfuerzo históricamente creador, cargado de responsabilidades y determinaciones que pueden intimidar, desorientar, descolocar o desestabilizar a la dirigencia que está obligada a acertar, probando aptitudes que no se improvisan. Más allá o más acá de su dimensión emocional o psicológica, el vértigo político entraña una profunda incertidumbre y una inevitable y mutua desconfianza entre propios y extraños, equipos negociadores, añadida la población misma, tras la formalización de un tránsito que procura garantías para evitar retroceder.

Nada casual, Adam Przeworski sostiene que la incertidumbre no es un episodio accidental del proceso democratizador, sino uno de sus requisitos constitutivos. Precisamente, no existiendo protagonista ni espectador que predigan el desenlace y la propia permanencia de los acuerdos alcanzados, la transición exige prudencia, aprendizaje y una excepcional capacidad política.

La apertura del proceso sincera la resistencia militante de las llamadas áreas marrones (brown areas), útil categoría de análisis aportada por Guillermo O´Donnell respecto a los territorios donde no llegan la autoridad estatal ni la legalidad democrática, que nos sirve para metaforizar un imaginario de cínica victimización e idealización del oficialismo y de sus intereses vitales, generalmente patrimoniales. La obstinada propaganda gubernamental siembra percepciones, emociones, actitudes y comportamientos generadores de confusión entre adversarios, aliados y medios de opinión, distorsionando los hechos.

Inaceptable, aunque comprensible, la angustia de los elencos del poder apunta a la posibilidad de ser juzgados, despojados de privilegios, extraditados o desplazados inmediatamente de sus posiciones y jerarquías, aspirando a algún salvoconducto; y, en el caso de los opositores, existen temores de un nuevo engaño, y la probabilidad de padecer una persecución o retaliación no convencional, dividirse por la más modesta diferencia, o sufrir directa o indirectamente las consecuencias de la traición. Angustias o temores que, en alguna medida, modifica la presencia estadounidense. Sin embargo, el mejor aval de una transición duradera sigue siendo el liderazgo dispuesto al sacrificio, representativo de una población pacífica y desarmada, consciente de la política como compromiso y servicio, mas no como una profesión narcisista de asegurado éxito, riqueza y estrellato.

Diferente al de la década de los ochenta,  el “último” O´Donnell, el de los noventa, versó sobre dos transiciones consecutivas que hoy podemos concebirlas como etapas de una sola que nos permite augurar el largo período que está pendiente para nuestro país: el que va de la apertura hasta la celebración de las elecciones convincentemente pulcras y democráticas, y de éstas a su consolidación. Entonces, por una parte, resulta indispensable el intenso y constante debate de las direcciones políticas con el propósito de incurrir en el menor número posible de errores (cual 1958, por entonces, una transición insegura);y, por otra,  en reclamo de humildad, una necesarísima madurez y rectitud ante la megalomanía y las tentaciones mesiánicas (frenéticamente digitalizadas).

Tratamos de despedir un ciclo político de específico activismo (denuncia, protesta, presión internacional, etc.), para ahondar en otro de una superior energía que será el de la gobernabilidad y gobernanza democrática (institucionalidad, negociación, agregación de genuinos intereses, etc.).  Una poderosa ilusión óptica nos hace creer en un simple relevo del ejecutivo nacional con el correspondiente ceremonial de Estado, faltando poco, auspiciada por una mera declaración de prensa.

Antes de discutir sobre programas, instituciones o liderazgos, conviene reconocer el vértigo y comprender la naturaleza excepcional de la empresa que se abre —o que luchamos por abrir— en Venezuela. De lo contrario, perderemos el tren.

Ilustraciones:  Bobby Baker y The Zairul.

07/07/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/07/vertigo-transicional/

https://www.eastwebside.com/luis-barragan-vertigo-transicional.html

lunes, 6 de julio de 2026

Pudo haber ocurrido ...

DE UNA CIERTA DISTOPÍA SÍSMICA

Luis Barragán

Demasiado evidente, desde un primer instante de la tragedia sísmica se hizo notable la ausencia del Estado. Huelga comentar al respecto, aunque importa señalar el elevado consenso sobre el diagnóstico inmediato de los acontecimientos.

De un modo u otro, el doble terremoto nos impone de las tensiones geológicas interesadamente ocultas entre los partidarios y realmente beneficiarios de larga data del mismo gobierno que hemos ostentado en el siglo. Demasiada cautela quizá al interior del oficialismo que permite toda suerte de conjeturas, las que facilitan precisamente la (auto)censura. Sin embargo, si de conjeturas se trata, no es tampoco difícil imaginar la situación inmediatamente posterior de haber ocurrido el evento natural antes de comenzar el presente año.

La única posibilidad para discutir y arribar a la conclusión de una omisión o devastación estatal, manifestándola, hubiese sido el de encontrarse en el exilio y contar con la familia como compañía inmediata. La sola suposición y expresión de una abstención así fuese culposa del gobierno, seguramente hubiese levantado la ira de los más altos funcionarios con las consecuencias del caso.

Igualmente, es de presumir una descomunal campaña propagandística a favor del oficialismo y de su enorme como exclusiva sensibilidad social, frente al guerrerismo imperialista y sus infaltables lacayos venezolanos. Aprovecharían de enlazar las imágenes presidenciales de 1999 con la de 2026, por supuesto, militarizadas con el rechazo obsesivo de toda ayuda estadounidense.

Y tampoco hubiesen llamado internacionalismo proletario la agradecidísima y desinteresadísima colaboración de cubanos, iraníes, rusos, chinos y hasta vietnamitas de los que absolutamente nadie se atrevería a indagar sobre la cantidad de sus contingentes esparcidos en el territorio nacional. Y, el resto de los venezolanos, tendrían que hacer acrobacias e ingeniárselas para saber de sus familiares en el siquitrillado litoral central.

Ilustración: LB/IA.

06/07/2026:

https://opinionynoticias.com/opinionpolitica/44612-de-una-cierta-distopia-sismica

domingo, 5 de julio de 2026

Caza de citas

“El cristianismo era una forma de poder ideológico. No se difundió por la fuerza de las armas; tardó varios siglos en institucionalizarse y verse respaldado por el poder del Estado; ofrecía pocos atractivos o sanciones de tipo económico”

Michael Mann

(“Las fuentes del poder social”, Alianza Editorial, Madrid, 1991: I, 428)

Ilustración: Gebhard Fugel.

Noticiero retrospectivo

- Mateo Manaure. “Aquí no puede pasar nada”. El Diario de Caracas, 01/10/1982.

- Joaquín Marta Sosa y los presidenciables. Summa, Caracas, N° 52 del 15/06/72.

- Alfredo José Schael. “¿Agoniza el Litoral Central? Autonomía municipal piden los habitantes del Departamento Vargas”. El Universal, Caracas, 15/08/68.

- Euro Fuenmayor entrevista al sociólogo Heinz Sonntag. El Globo, Caracas, 22/05/93.

- P. J. Blanco Negrón. “El litoral y sus paseos”. El Nacional, Caracas, 16/10/79.

Reproducción  Procesada a través de la IA, Arquímides Rivero. Bohemia, Caracas, N° 163 del 15/06/1966.

Sismografía

REPÚBLICA Y TERREMOTO, UNIVERSIDAD E INDEPENDENCIA

Luis Barragán

Consabido, fueron muy duros nuestros inicios republicanos al añadir una doble circunstancia: la inmediata y literal  desaparición de la promoción generacional que ideó y declaró la independencia, como el terrible sismo propagandizado como castigo de los cielos. Se dirá que son cosas de la guerra, pero lo cierto es que perdimos a la vuelta de la esquina la deliberación más cercana a nuestras precursoras prácticas democráticas y ganamos en confusión más por la confiscación militar de la conducción del naciente Estado que por los asuntos de la fe.

Puede aseverarse que la patria nació también en las aulas universitarias donde esa generación hizo de la inquietud una ilusión y ésta devino proyecto histórico a desarrollar, quedando medianamente sepultado en las perdurables ruinas del terremoto, pues Caracas las exhibió por largas décadas en fiel testimonio de las estrecheces económicas del país que fuimos. Formalmente independizados, pero jamás encapsulados, trillamos los más duros caminos y 200 años más, cuando creímos profundamente que vivíamos lo peor de lo peor históricamente, nos hicimos resueltamente bolivarianos según el canon.

Ahora, otro 5 de julio, doblemente terremoteados, experimentamos la natural desdicha, el desconcierto, la desesperanza que definen nuestros dolores. En un prolongadísimo instante, recogimos todos los sismos que partieron de aquella movilización de los tanques cuando Simón Alberto Consalvi era el encargado presidencial por el viaje al exterior de Jaime Lusinchi, pasando por El Caracazo, los golpes fracasados y toda la era que parió el corazón de Silvio Rodríguez una lejanísima tarde de concierto en la Concha Acústica de Bello Monte a veinte bolos la entrada: el socialismo del siglo XXI.

Entre los escombros, buscamos la libertad e independencia perdida desde hace un buen rato porque las actuales generaciones ya no tienen - en casi treinta años continuos - las aulas de antes para formarse: ¿acaso no fue devastación el impune saqueo vandálico que padeció la Universidad de Oriente (UDO) por largo tiempo?, y, además, que sepamos, no hay soldados estadounidenses ni siquiera pidiéndoles la cédula de identidad a los muchachos en la calle, como acontecía  con las guerrillas colombianas y vaya usted a saber cuáles más, aparentemente hoy neutralizadas,  con un asombroso dominio y provecho  territorial de Venezuela, no de la Nueva Granada ni de Teherán, por dar un modesto ejemplo.  Entonces, ¿a quiénes les piden la cédula de identidad?

Por supuesto, debemos bregar por una transición independiente e independentista, aunque los términos causen temor, asumiendo la más adecuada perspectiva de la irrenunciable  responsabilidad que tenemos de protegernos. Es necesario aceptarlo, la cuestión no se puede despachar con la comodidad de las consignas.

Ilustración: LB/IA.

05/07/2026:

https://lapatilla.com/2026/07/05/luis-barragan-republica-y-terremoto-universidad-e-independencia/

sábado, 4 de julio de 2026

Dios nos sostiene

CÓMO PIENSA Y ACTÚA JESÚS

(San Mateo, 11: 25-30)

José Enrique Galarreta

Es un pasaje recogido por Mateo y Lucas, con algunas connotaciones diferentes. Tiene tres ideas, yuxtapuestas por el redactor de forma más bien artificial:

- La exclamación de gozo de Jesús por la revelación a los sencillos.

- La declaración sobre el Padre y el Hijo

- La invitación a tomar el suave yugo de Jesús.

En nuestra reflexión vamos a centrarnos en la primera, por lo que insinuamos aquí alguna vía de comentario de las otras dos. La declaración sobre el Padre y el Hijo muestra bien que las primeras comunidades tenían una clara conciencia de que Dios hablaba por Jesús.

La conciencia misma de Jesús parece reflejada aquí. Estos versos, que hacen recordar tanto algunas expresiones del cuarto evangelio, lo muestran claramente. Es muy de señalar, sin embargo, que hemos insistido quizá demasiado en el carácter trinitario de estas expresiones. Cuando Jesús se refiere a "el Hijo", se refiere sin más a sí mismo, a su conciencia filial y a su relación con Abbá, aspecto mucho más importante que una mera especulación metafísica sobre las Personas Divinas.

La tercera parte es una prolongación natural del mensaje del domingo pasado. Todos los humanos estamos fatigados y sobrecargados, en toda vida humana hay cruz; se nos invita a llevar la cruz con él, con su misma disposición, con su mismo corazón, para que la vida sea mucho más llevadera, para que la cruz de la vida tenga más sentido.

Mateo constata simplemente que Jesús "tomó la palabra y dijo...". Lucas lo expresa así: "Lleno del júbilo del Espíritu Santo, dijo...".

Jesús siente este sobrenatural júbilo al constatar que la Palabra es bien recibida y entendida por la gente sencilla, mientras que los grandes, los ricos, los poderosos, los sabios, no la entienden, no la aceptan. Jesús siente júbilo por ello.

Una vez más, los criterios y valores de Jesús chocan con los normales del mundo. Si los ricos, sabios y poderosos no aceptan la palabra de Jesús, parece evidente que toda su labor está destinada al fracaso; no será más que una doctrina popular sin influencia, sin futuro. Jesús no lo cree así: se alegra de que la gente normal se entere y se alegra también de que los poderosos se cierren. Una vez más, nos encontramos ante el desafío de aceptar los criterios y los valores de Jesús.

Ante todo, para Jesús los poderosos, ricos, sabios... no son más que los sencillos. Si miramos detenidamente las relaciones de Jesús con las personas, advertimos que para él no tiene ninguna importancia el status social. Jesús atiende a todos, sin importarle nunca su dinero, su sabiduría, su rango. Con una distinción: sus relaciones con los poderosos y con los sabios de Israel suelen ser tensas, incluso cuando está invitado a comer en sus casas, mientras que sus relaciones con la gente normal son cariñosas, cercanas, sobre todo cuando se trata de gente especialmente necesitada, enfermos, rechazados, marginados ...

Que sean precisamente éstos los que mejor reciben la Palabra es una enorme alegría para Jesús. Y que los sabios y poderosos no la acepten, también, porque muestra a las claras que Dios es justo y bueno, no se deja comprar, y que el dinero y el poder no pueden cambiar a Dios. Jesús se alegra de que Dios es de todos, sobre todo del que más lo necesita, y especialmente de que no es patrimonio del saber, del poder, del poseer.

Los ricos, los sabios, los poderosos... los sencillos, los pobres, los necesitados. Jesús sabe que serán éstos los que reciban la palabra. Jesús sabe que aquellos difícilmente la recibirán. Estamos ante el mismo mensaje de otros mensajes de los evangelios, en que Jesús desconfiaba del dinero y constataba que nadie sirve bien a dos señores.

Una vez más, constatamos la singularidad de Jesús. Las religiones se instauran siempre desde el poder, el poder sagrado que se origina en la posesión de la palabra sagrada y la condición sagrada de sus dirigentes, y atraen inmediatamente la riqueza, que da a sus miembros respetabilidad social. Las religiones se instalan confortablemente entre sabios, santos, poderosos: construyen maravillosos monumentos, asesoran a reyes, gobiernan, cobran...

Y Jesús no es así: ni él ni su movimiento es así. Teme al dinero como a un peligro, desconfía de la sabiduría humana, no idolatra la ley, no aprecia gran cosa a los santos oficiales, no tiene buenas relaciones con el poder, no da mucho valor al templo y sus actos de culto... Pero valora enormemente a la gente sencilla, su compasión, a su solidaridad, a la limosna de la viuda, al que visita enfermos, al que pelea por la justicia...

Es éste un despiadado espejo en que hemos de mirarnos nosotros, la Iglesia. La Iglesia como institución tiene el peligro constante de convertirse en una religión como todas: poseedora de la palabra, prestigiosa, rica, constructora de maravillas costosísimas para el honor de Dios, instalada en las capas superiores de la sociedad...

Es una tentación, y no podemos afirmar que no hayamos caído en ella. Y cada uno de nosotros estamos tentados a apreciar más al rico, al sabio, al influyente, al triunfador, y a sus criterios y valores: el éxito, la respetabilidad inaccesible, la influencia social...

Estamos tentados a valorar poco al más sencillo y a sus valores: la sinceridad, la colaboración, la capacidad de sacrificio, la predisposición a compartir.

¿Dónde está tu Dios? es una pregunta inquietante. ¿en el Templo, en el palacio, en los bancos, en la fama, en la erudición, en el prestigio, en la influencia? Jesús se muestra feliz, lleno de júbilo, porque encuentra a Dios en el corazón de la gente.

Dejemos que la palabra de Jesús desnude nuestra religión, que la limpie de todos los añadidos, de todos los vestigios de "carne", de tierra.

Si hemos manchado a Jesús con extrañas religiosidades llenas de poder y dinero, de prestigio y vanas sabidurías, reconozcámoslo.

Si en nuestra vida personal nos sentimos más religiosos en el templo que cuidando a un enfermo, si damos más gracias a Dios por ser ricos que por ser compasivos, si nos sentimos mejor en compañía de ricos poderosos que con gente sencilla... pidamos a Dios fervientemente que nos cambie el corazón: que haga que nuestros sentimientos sean los de Jesús. Porque es posible que toda nuestra religiosidad sea un gran error.

El domingo pasado celebramos la fiesta que llamamos "el Corpus". Lo más significativo de su celebración es la fastuosa procesión, el desfile de autoridades civiles y militares (aunque no sean creyentes) la formidable custodia de plata y oro, los valiosísimos ornamentos del clero. ¿Es el estilo de Jesús?

Pronto celebraremos el aparatoso evento del JMJ, espectacular, carísimo, financiado por el Estado y por la gente más rica del país. ¿Es el estilo de Jesús?

Cada uno ha de pensarlo, ya somos adultos como para esperar siempre que otros nos lo digan.

Ilustración: https://www.etsy.com/

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/931-c%C3%B3mo-piensa-y-act%C3%BAa-jes%C3%BAs.html

Padre S. Martín. CISMA: lefebvrianos declaran hereje a la Iglesia y el Papa responde excomulgando a los lefebvrianos:



Papa León:


Cardenal Porras: 

Monseñor Biord:

Padre S. Martín: 

Monseñor Munilla:

Pieza de antología

¡COÑO, ADRIANA!

María Elena Lavaud

¡Qué te puedo decir, Adriana! Ya debes saber que el video de tu rescate ha recorrido el mundo, que ese diálogo en medio de los escombros que dejaron los dos terremotos en Venezuela, le ha sacado lágrimas de impotencia, pero también una sonrisa inesperada a todo aquel que lo ha visto. Porque me atrevo a decir que para la mayoría, ese intercambio con tu gordo, tu negro o tu flaco, no sé cómo lo llames y no importa, —porque gracias a Dios allá eso no es pecado—; ese diálogo, es como un espejo de lo que somos, hombres y mujeres que amamos con fiereza, pero con una lealtad profunda hasta en las situaciones más extremas.

—No me quites... no me quites, no me quites la respiración… —tartamudeaba él, sabiendo que estaba contra reloj.

—¡Yo sé lo que hago, nojoda! Estoy más cerca de ti de lo que tú te imaginas, ¿oíste? decía con el corazón a mil.

—Cuidado se viene la pared —alertabas tú como si nada, pero yo sé que has debido estar aterrada.

—¡No se va a venir, Adrianaaaa… coñoooo! —jadeaba él alumbrado apenas con un teléfono.

—Cuidado con esto de aquí... pero es que... —insistías con una naturalidad brutal en medio de tu claustrofobia.

—¡Cooño, Adrianaaa! Yo estoy aquí arriba, mami, ¡tengo todo bajo control!

—Es que aquí hay una cosa...

—¡Tápate la cara, tápate la cara, tápate la cara, ahí! ¡Tápate la caaraaaa! —decía con frenesí y a toda velocidad sin dejar de martillar.

— ¿Me viste? —preguntó luego sin aflojar ni un segundo.

—¡Síí!

—¡¿Entonces qué haces tapándote la cara, pues?! 

—¿Y yo voy a pasar por debajo? —preguntaste no muy convencida con el panorama.

—¡Ya va! Yo te voy a sacar por aquí —te prometía con toda la seguridad del planeta.

—Noo, pero...

—¡Te voy a sacar por aquíiii, nojodaaa!

Y lo hizo. Supongo que se abrazaron, que lo regañaste por cualquier otra cosa, porque así somos las mujeres cuando alguien nos importa de verdad. Aunque ya sabes lo que dicen ellos, que mujer que no jode es hombre, pero nos adoran y nos cuidan, porque saben que la mujer venezolana es así, molestosa y amorosa a la vez, ruidosa, imperfecta y terca, coqueta, muy mujer y siempre heroica. Sobre todo eso, heroica.

Ya debes saber que mientras estabas atrapada y tratabas de controlar la situación, otras mujeres, envalentonadas —como siempre que hace falta—, pusieron a temblar a unos policías, simplemente porque tienen muy claro que la dignidad no tiene precio, aun en las peores circunstancias. Los amenazaron con romper una paca de dólares que encontraron entre las ruinas y ellos terminaron entregándolos. Luego los pusieron presos. Porque cuando una venezolana se impone, ya sabemos lo que pasa. Tú lo sabes.

Te habrás enterado también de las muchas mujeres que han encontrado sin vida, abrazadas a sus hijos convertidas en escudo para salvarles la vida. Es desgarrador y luminoso al mismo tiempo, como la escena de tu rescate. ¡Cómo es posible tanta paradoja!

El cielo amaneció de un rojo degradado pocos días después de los terremotos, mientras la tierra se ha seguido moviendo y uno no sabe si admirar aquello o asustarse. Así estamos todos. Aquí y allá, donde sea, todos estamos atrapados hace décadas, entre luces y sombras, entre lamento y esfuerzo también.

Te cuento que yo tengo 12 años en Miami y todavía siento que llegué ayer. No me acostumbro al silencio de las calles, de la gente. A la prudencia absurda de no expresar ese cariño natural que nos define, que me refrescó tu video, pues es mejor tragárselo para no meterse en problemas.

Hace 12 años también que terminó mi carrera periodística en los medios. Le puse un candado a esa parte de mi vida, con mucha nostalgia y con mucho dolor. Ahora soy editora de libros y mentora de escritura. Y si decidí aceptar esta posibilidad de escribir en El Nacional, que agradezco profundamente, fue porque la única instrucción que me dieron fue que debía mandar una foto. Nada más. Entonces me sentí libérrima y lo primero que me provocó fue escribirte, Adriana, para darte las gracias. Porque ese video de tu rescate me sacó del estupor que he sentido desde la tarde de los terremotos. Me sacó una sonrisa.

En este Armagedón que vivimos hace décadas, ese video, esa vivencia tuya se hizo viral debido a que, gracias a Dios, las redes se han convertido en nuestro sistema nervioso. Lo he visto mil veces y siempre descubro algo nuevo, escucho mejor una frase, y me vuelvo a sonreír con los ojos aguados, porque también me muestra lo rotos y enteros que estamos al mismo tiempo. Entonces desgarra que no hayamos podido rescatar de una buena vez la libertad y el derecho que tenemos a vivir en paz, sin abusos, hasta en medio de una tragedia.

Gracias de verdad, Adriana, por recordarme que a pesar del odio y el resentimiento que quisieron sembrar entre nosotros en este tiempo infinito, seguimos siendo una gente aguerrida y con temple que no se rinde, aunque el mundo se le caiga encima; una gente amorosa, noble y dispuesta a salvarse mutuamente, aunque duela.

Gracias por ese minuto de felicidad y esperanza que nos diste a todos los que, entre quejas y esfuerzo, seguimos luchando por salir de nuestros propios escombros.

Siempre luz,

@Lalavaud

Mira el video de Adriana aquí:

https://www.instagram.com/reel/DaL0p7pRwFi/?igsh=YTlsZ3pqcm81d2o5

04/07/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/07/cono-adriana/

Mercaderes de la esperanza

LA ADMINISTRACIÓN DEL ALMA

José Rafael Herrera

“La muerte de cualquier hombre

me disminuye, porque estoy involucrado

en la humanidad; y por lo tanto,

no preguntes por quién doblan las campanas,

doblan por ti”

John Donne

(Meditación XVII, 1624)

Toda época produce las formas de consuelo que le son necesarias para no tener que pensar en las contradicciones que ella misma engendra. No deja de ser paradójico que justamente en una época que se proclama como la más científica de la historia, proliferen con inusitada fuerza los nuevos mercaderes de la esperanza. Cambian los nombres, cambian los lenguajes y cambian los instrumentos, pero permanece inalterada la promesa de aliviar la incertidumbre, de disipar el miedo, de ofrecer un método seguro para alcanzar la serenidad. Donde antiguamente hablaban los oráculos, hoy hablan los protocolos; donde antes se consultaban los augurios, hoy se consultan manuales, algoritmos conductuales, técnicas de motivación, programas de bienestar emocional y recetas para alcanzar la felicidad. El antiguo sacerdote le cedió su lugar al coach especialista, al entrenador emocional, al terapeuta de turno. Solo que la estructura permanece sorprendentemente intacta.

No se trata, desde luego, de negar el valor que pueda tener la psicología clínica o la psiquiatría, cuando se enfrentan a patologías que requieren atención profesional. Una crítica indiscriminada sería tan injusta como filosóficamente improcedente. El problema real comienza cuando una parte considerable de la psicología contemporánea deja de interrogar por el origen histórico del sufrimiento para concentrarse en la administración técnica de sus síntomas. En este deslizamiento ocurre una transformación decisiva: el malestar deja de ser comprendido como expresión de una realidad histórica contradictoria para convertirse en una anomalía personal, susceptible de “sanación”. Un cambio que no es simplemente metodológico, dado que representa la renuncia de la psicología a sus propios orígenes filosóficos.

De hecho, mientras la antigua reflexión sobre el alma formaba parte de la filosofía, el problema consistía en comprender la unidad viva del individuo, la sociedad, la historia y el mundo. El alma no aparecía como un objeto aislado que pudiera manipularse mediante técnicas especializadas, sino como una instancia inherente a la totalidad del ethos. Pero al constituirse en ciencia independiente bajo los presupuestos de la modernidad, la psicología aceptó también la visión que la modernidad le ofrecía: la separación de sujeto y objeto, de individuo y sociedad, de conciencia y realidad histórica. A partir de entonces dejó de pensar el espíritu para dedicarse a la administración de conductas. Y fue ahí donde comenzó a transformarse, muchas veces sin advertirlo, en uno de los instrumentos favoritos del entendimiento abstracto. Porque el entendimiento necesita clasificar, separar, cuantificar, protocolizar. Solo puede operar fijando, poniendo, a pesar de que la realidad permanezca en movimiento. Su ideal es la sustitución de la complejidad por el esquema y la contradicción por el procedimiento. Donde el pensamiento descubre procesos históricos, el entendimiento encuentra variables; donde la filosofía encuentra mediaciones, el protocolo encuentra indicadores; donde la razón reconoce la negatividad, el manual prescribe técnicas de adaptación. Semejante operación suele ser presentada bajo el prestigioso sticker de “científica”.

Tal vez convenga recordar una vieja advertencia de Vico: los divinari, aquellos antiguos administradores de los oráculos, no obtenían su autoridad porque conocieran el porvenir, sino porque ofrecían certezas ahí donde reinaba la incertidumbre. Su función consistía en domesticar el miedo. No resulta difícil advertir que muchas de las modernas industrias de la autoayuda reproducen exactamente la misma estrategia. No les interesa la verdad, sino la venta de confort. No se trata de comprender el mundo, sino de soportarlo. Es un gran negocio: una inmensa industria dedicada a comercializar la esperanza.

Spinoza comprendió la lógica de este artificio. Los dogmas -afirmaba- prosperan donde el miedo sustituye al conocimiento. La dominación no solo necesita la fuerza. Necesita administrar las pasiones. Una vez que el temor ocupa el lugar del pensamiento, la obediencia aparece espontáneamente como virtud. La psicología positiva, el inmenso mercado del bienestar emocional y buena parte de la cultura contemporánea de la autoayuda participan, con frecuencia, de esta misma inversión. Ahí donde existen problemas públicos se ofrecen soluciones privadas; donde existen conflictos sociales se prescriben ejercicios individuales; donde la realidad exige transformaciones profundas se recomienda resiliencia. El sujeto termina siendo responsabilizado de sus padecimientos, a pesar de que no pocas veces es la víctima de los intereses del poder.

Y así, la represión, la pobreza, el exilio, la incertidumbre permanente, la violencia cotidiana, la destrucción institucional, etc., dejan de aparecer como contradicciones objetivas para convertirse en estados emocionales que requieren entrenamiento, medicación o intervención terapéutica. La sociedad permanece intacta; el individuo es quien debe corregirse y “sanarse” para adaptarse a ella. Por eso no sorprende que semejante perspectiva encuentre un aliado formidable en la expansión de la industria farmacológica. Es mucho más sencillo medicar el sufrimiento que interrogar por las condiciones históricas que lo producen. La ansiedad, la angustia, la desesperanza, dejan de ser interpretadas como experiencias humanas inseparables de determinadas circunstancias históricas para transformarse en desórdenes susceptibles de regulación química. No se cuestiona el mundo, se regula al individuo. Es, dependiendo del ángulo desde el que se le perciba, 1984 o Un mundo feliz.

En momentos de catástrofe colectiva, como los que atraviesa Venezuela, esta lógica adquiere una fuerza todavía mayor. Allí donde una sociedad entera experimenta pérdidas, precariedad, incertidumbre y desarraigo, proliferan inevitablemente quienes ofrecen fórmulas para conservar el optimismo, administrar las emociones o recuperar la motivación. Pero ninguna técnica puede sustituir la comprensión de la realidad. Ningún protocolo puede reemplazar el trabajo del pensamiento. Porque pensar nunca ha consistido en evadir las dificultades. Pensar significa precisamente atravesarlas para poder superarlas. La libertad no nace de la supresión del conflicto, sino de su comprensión. Allí donde todo malestar debe ser inmediatamente neutralizado, desaparece la posibilidad de que el espíritu descubra en la crisis el comienzo mismo de su recomposición. Comprender es superar.

Quizá el mayor fraude de nuestro tiempo no consista en la difusión de errores manifiestos, sino en algo mucho más sutil: en la sustitución de la verdad por la certeza. Ahí donde la filosofía interrogaba por el sentido de la existencia, se ofertan procedimientos para administrar la adaptación. Donde el espíritu era concebido como historia viva, aparece el individuo aislado que debe aprender a funcionar correctamente. La administración del alma ha terminado por ocupar el lugar del pensamiento. En una época saturada de métodos e instructivos para vivir mejor, resulta cada vez más difícil poder comprender el mundo de la razón y la razón del mundo.

En momentos de catástrofe colectiva, esta lógica adquiere una fuerza todavía mayor. Cuando una sociedad entera experimenta pérdidas, precariedad, incertidumbre y desarraigo, proliferan quienes ofrecen fórmulas magistrales para conservar el optimismo, administrar las emociones o recuperar la motivación. Pero ninguna técnica puede sustituir la comprensión de la realidad. Ningún protocolo puede reemplazar el trabajo del pensamiento.

Sin duda, es difícil. Pero las cosas bellas son difíciles. La cuestión decisiva consiste en comprender que el pensar no es una técnica de adaptación. El pensamiento no existe para reconciliar al individuo con un mundo que permanece inmutable, sino para descubrir que tanto el individuo como el mundo constituyen un mismo proceso histórico. Esa es la diferencia entre el entendimiento (Verstand) y la razón (Vernunft). El primero fija las determinaciones, separa, clasifica y las convierte en objetos susceptibles de manipulación. La segunda descubre el movimiento interno de las determinaciones, reconoce sus contradicciones y comprende que toda realidad es, en sí misma, devenir. Mientras el entendimiento administra lo existente, la razón revela su historicidad.

Sin duda, la psicología positiva ha encontrado en el entendimiento abstracto su fundamento más sólido. Al separar al sujeto de su realidad social, convierte el sufrimiento en propiedad privada. Lo que caracteriza a una época aparece como un desorden individual; lo que constituye una contradicción social termina siendo interpretado como un déficit emocional. La historia desaparece detrás del diagnóstico y el conflicto objetivo se disuelve en protocolo terapéutico.

Las consecuencias son, cuando menos, significativas. El individuo ya no comparece ante la crisis sociedad como sujeto de transformación, sino como objeto de intervención. Debe ser corregido, entrenado, medicado o motivado para restablecer su capacidad de adaptación. La contradicción deja de ser el motor del desarrollo del espíritu para convertirse en un síntoma que conviene neutralizar lo más pronto. Y donde el pensamiento encontraba el comienzo de la libertad, la técnica detecta anomalías que deben ser administradas. Toda techné presupone una determinada comprensión del ser. No existe técnica alguna que sea filosóficamente inocente. La pretendida neutralidad científica oculta, en realidad, una decisión ontológica: considerar al individuo como una entidad separada del ser social que lo constituye. Y así, bajo la égida positivista, la psicología dejó de ser una investigación acerca del espíritu para convertirse en un dispositivo destinado a gestionar conductas. Es el triunfo cultural de la modernidad.

La diferencia entre una técnica de adaptación y la filosofía consiste en que la primera procura acomodar al individuo al mundo existente, mientras que la segunda comprende que el individuo no es una sustancia aislada, sino un momento del devenir histórico, un modo inmanente de la realidad. Pensar no significa administrar el sufrimiento: significa reconocer en él la expresión de un mundo que reclama ser comprendido para poder ser transformado. No se piensa para sobrevivir a la historia. Se piensa porque el pensamiento, siendo resultado, es el punto de partida en el que la historia comienza a transformarse a sí misma.

Ilustraciones: Huertas para un texto de Ron Charles, " Ron Charles For this Little family, no stable place in a shiftinh world" (The Washingron Post", 25/05/25); y Guy Billout (tomada de las redes). 

04/07/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/07/la-administracion-del-alma/  

Caza de citas

   “ Se oyó cómo unas lágrimas caían sobre el tatami . Era un sonido extrañamente exagerado. Por un momento, Junpei creyó que era él quien e...