(San Mateo, 13: 1-23)
De los cinco grandes
discursos en los que Mateo condensa el mensaje de Jesús, el tercero ocupa el
capítulo 13 de su evangelio y es conocido como el "discurso
parabólico", porque en él se han reunido las parábolas del Maestro.
Se trata de siete
narraciones, tomadas de la tradición y agrupadas en un solo bloque: el
sembrador, la cizaña en el trigo, la mostaza, la levadura, el tesoro en el
campo, el mercader de perlas y la red.
El objetivo que pretende el
evangelista, en este tercer discurso, es mostrar a Jesús como maestro: de
hecho, empieza el mismo insistiendo –por dos veces- en que "Jesús se
sentó": sentarse equivale a enseñar (o, en otros contextos, a juzgar:
quien se "sienta" es el maestro o el juez).
Tal como ha llegado a nosotros,
en el relato completo pueden distinguirse claramente tres partes: una parábola
breve, una explicación más extensa y un "intermedio" en el que se
intenta explicar por qué el mensaje se Jesús, el maestro, no fue acogido por el
pueblo judío.
Una lectura atenta, que
observa fácilmente la diferencia de estilo y de acentos, busca dar razón de
cada una de esas tres partes.
De toda la narración, habría
que atribuir al propio Jesús probablemente la parábola original (13,3-9), sin
más explicaciones. La parábola es un relato provocativo y abierto, que espera
una respuesta del propio oyente o lector.
Lo característico de la
parábola parece ser un doble mensaje: el derroche del sembrador y la certeza de
una cosecha sobreabundante. Por una parte, el relato muestra un interés
manifiesto por subrayar el comportamiento del sembrador que, sin importarle el
resultado, siembra por doquier, incluso en lugares donde se sabe que la semilla
no podrá germinar, como los caminos o las zarzas...
La parábola original habla,
antes que nada, de Dios como Gratuidad, Exceso y Derroche... Podemos adivinar,
entre líneas, el gesto de Jesús diciendo: "Dios es así". ¡Tantas
veces lo hemos empequeñecido, al hacerlo "de los nuestros",
reduciéndolo a un gran Legislador o pervirtiéndolo con rasgos amenazadores o
incluso crueles...!
Dios es Donación permanente
y gratuita: sólo sabe y sólo puede dar. Eso es lo que "constituye" su
ser: no es un "Individuo" separado, creado a nuestra imagen; es un
"Darse" permanentemente –más verbo que sustantivo-, que en todo se
manifiesta.
Me gusta contar una anécdota
entrañable y sabia. En una ocasión, en el grupo de catequesis, una niña
preguntó a la catequista: "Señorita, ¿por qué Dios es siempre Dios, y no
podemos serlo una cada semana?". (Cuando uno ha crecido con una imagen
antropomórfica de Dios, y lo imagina como un "Ser separado", es
inevitable que aparezcan interrogantes como los que plantean los adolescentes
en clase de religión: "¿Y a Dios quién lo creó?; ¿cómo nació?; ¿quién le
puso ese nombre?; ¿por qué lo llamamos así?...").
Pues bien, aquella
catequista, tras el "susto" inicial, contestó a la niña: "El día
en que tú seas amor, y nada más que amor, serás Dios". No podía haber dado
una respuesta mejor. Dios es "ser-donación" –todos nuestros conceptos
y palabras se quedan irremediablemente muy pobres-, Dinamismo sabio, luminoso y
amoroso, Fuente de todo lo que es y en quien somos, sin ninguna distancia,
separación ni costura.
Este es, a mi parecer, el
Dios del que habla Jesús. Un Dios que es "siembra" permanente: ésta
es la Buena Noticia, el "evangelio" del Maestro de Nazaret.
El segundo rasgo que acentúa
la parábola es sólo una consecuencia: el fruto terminará siendo también un
exceso. Para una tierra como Palestina, en la que, por entonces, una cosecha
del siete por uno era considerada excelente, hablar de un rendimiento del
treinta, sesenta o cien, equivalía a desbordar la previsión más optimista, una
"exageración" conscientemente provocativa.
Para que eso se dé –parece
concluir la parábola-, sólo hace falta "oír": "el que tenga
oídos, que oiga". Hace falta abrir los ojos, caer en la cuenta... Tomar un
poco de distancia de nuestra mente, venir al presente... y reconocer la Quietud
y el Misterio de todo lo que es.
Es indudable que, dentro de cada
uno de nosotros, sigue habiendo "caminos" endurecidos, "terrenos
pedregosos" con apenas fondo, "zarzas" asfixiantes y
reductoras... Empecemos por reconocerlo y aceptarlo, reconciliémonos con toda
nuestra realidad interior, abrazándola con humildad. De ese modo, al crecer en
unificación –integrando también los aspectos más oscuros y vulnerables de
nuestra propia sombra-, se estará disponiendo un buen "humus", la
"tierra buena" –que no está hecha de perfeccionismos, sino de
humildad-, en la que la semilla brotará por sí misma.
En la tercera parte de su
relato (13,18-23), lo que hace Mateo es "aplicar" la parábola a la
situación de su propia comunidad. De este modo, se modifica en cierto sentido
el acento: de ser prioritariamente "buena noticia", anuncio gozoso de
la Realidad de Dios y afirmación de confianza incondicional, se transforma en
"exhortación moral" dirigida a cada discípulo.
Este modo de hacer, no sólo
es legítimo, sino que resulta imprescindible cuando una persona o comunidad
trata de "aplicarse" a sí misma una determinada enseñanza. Pero me
parece importante no olvidar que eso tiene un "coste": la parábola se
transforma en alegoría, desplazando el sentido original, que nunca deberíamos
olvidar.
Finalmente, la segunda parte
(13,10-17) constituye una especie de "intermedio", en el que se
aborda una cuestión candente para una comunidad judeocristiana, como la de
Mateo: ¿Cómo es posible que nuestro propio pueblo, el "pueblo
elegido", pueblo de las promesas de Dios, no haya aceptado a Jesús? Sin
duda, fue uno de los mayores enigmas para aquellas primeras comunidades.
En búsqueda de una
respuesta, encontraron, entre otros, el texto de Isaías 6,9-10, que cita
expresamente Mateo. Usando un recurso familiar en toda la tradición bíblica
–"miran y no ven; oyen y no entienden; tienen el corazón
endurecido"-, se achaca al "endurecimiento" del propio pueblo su
incapacidad para acoger el evangelio.
Y ahí se introduce un dicho
usual en la época: "Al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no
tiene se le quitará hasta lo que tiene". Más allá del significado original
de esas palabras, en una cultura diferente a la nuestra, para nosotros
encierran una sabiduría, que se convierte en invitación a estar atentos.
El "Exceso" o
"Derroche" de todo lo que es nos alcanzará en la medida en que nos
abramos a él. En tanto en cuando nos abrimos a la verdad de quienes somos, más
allá de las "etiquetas" y "sueños" de nuestra mente,
percibiremos la sobreabundancia del Misterio ("tendremos de sobra").
Si, por el contrario, permanecemos recluidos en la identificación con nuestro
ego, será irremediable que notemos cómo, día a día, se empobrece nuestra
existencia.
De ese modo, para concluir,
me parece ver en todo el relato la proclamación de una Buena Noticia que se
convierte en Invitación vital: todo está ya; sólo necesitamos
"verlo". Ven al presente, acalla la mente y reconoce quién eres,
cuando no te "piensas".
Venimos de un pasado que
había reducido nuestra identidad a la mente ("pienso, luego existo",
según la fórmula acuñada por el padre de la filosofía moderna). Necesitamos
experimentar que no todo acaba ahí: ¡hay vida después de la mente!
Más allá del pensamiento
–aunque, evidentemente, asumida e integrada la razón crítica como uno de los
grandes regalos de la modernidad, que nos previene contra la irracionalidad-,
se halla un "No-lugar" –más allá de los "mapas", el
"Territorio"-, que constituye nuestra verdadera identidad.
Fuente:
https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/915-dios-es-as%C3%AD.html
Ilustraciones: Greta Lesko.
Padre S. Martín: ¿HACIA un NUEVO cisma? ¿Está APOYANDO Roma el Camino SINODAL?
https://www.youtube.com/watch?v=Q6W7aMz2Wtw


No hay comentarios.:
Publicar un comentario