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sábado, 18 de enero de 2025

Caná

EL SIMBOLISMO DE LAS BODAS DE CANÁ

(San Juan, 2: 1-11)

Enrique Martínez Lozano

Con el relato de las "bodas de Caná", situado al inicio del evangelio, el autor busca transmitirnos el primer retrato de Jesús. Por eso, una lectura del mismo en clave literal lo desfigura, al reducirlo a un episodio anecdótico que roza lo mágico, y lo priva de su significado para nosotros.

En efecto, ¿qué sentido podría tener imaginar a un Jesús dotado de poderes mágicos, que los utilizara para cambiar el agua en vino en una fiesta de bodas? Cuando se ha leído de esa forma literal, se ha puesto el acento en el "poder" y en la "bondad" de Jesús, así como en la "preocupación atenta" de María. Nada de eso se niega, pero parece evidente que el autor no ha querido empezar su evangelio –sumamente elaborado- con una mera anécdota familiar.

Sabemos que los relatos evangélicos que han llegado a nosotros tuvieron un largo recorrido hasta quedar plasmados en la forma en que hoy los leemos. Fueron textos transmitidos oralmente, adaptados a las diferentes situaciones de las comunidades primeras, elaborados y trabajados con fidelidad al trasfondo histórico pero, al mismo tiempo, con una gran creatividad, de cara a responder a las nuevas situaciones y hacerlos comprensibles en los nuevos contextos.

Todo ello ha dado como resultado unos textos magníficos, cargados de simbolismo, que operan como catequesis que intentan, a la vez, vehicular la fe en Jesús y mostrar un estilo de vida coherente con su mensaje.

En aquel proceso primero de elaboración, el cuarto evangelio alcanza las cotas más altas. Todo él es un relato minuciosamente cuidado que juega con un rico simbolismo, con el que busca presentar a Jesús como el revelador del Padre.

El propio autor nos ha revelado su intención al terminar su propio escrito (el capítulo 21 es un añadido posterior) con estas palabras: "Estos (signos) han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios; y para que, creyendo, tengáis en él vida eterna" (20,31).

Por lo que refiere al relato de hoy, si lo leemos con atención, descubriremos algunos "guiños" del autor, que nos hacen caer en la cuenta de su carácter simbólico y así evitar leerlo de un modo literalista. Planteo algunos en forma de interrogantes:

  • ·        ¿Cómo puede ser que, en una fiesta de bodas, no hayan preparado vino suficiente (teniendo en cuenta, además, de que se trata de gente importante y que la comida está a cargo de un "mayordomo"?).
  • ·        ¿Cómo entender que esa falta escapa al propio mayordomo que está al tanto de todo y, sin embargo, es advertida por una invitada (María)?
  • ·        ¿Por qué Jesús se dirige a su madre llamándola "mujer", un término que designaba a la esposa?
  • ·        ¿Qué sentido tiene que hubiera nada menos que seiscientos litros de agua (!) para el rito simple de las purificaciones?
  • ·        ¿Por qué la insistencia del autor del evangelio en que se trata del "primer signo" de Jesús? ¿Cuál es su significado? ¿A qué otros remite?

Todos estos interrogantes, irresolubles desde una lectura literalista, encuentran pleno sentido cuando acogemos el relato desde la que fue, probablemente, la intención del autor.

Pero, además de estas cuestiones, una lectura atenta y conocedora del transfondo histórico, cultural y religioso de nuestro evangelio, encuentra una serie de elementos portadores de significado preciso. Entre ellos, hay que destacar los siguientes:

  • ·        la boda,
  • ·        la referencia a la "hora",
  • ·        el tercer día,
  • ·        el número seis,
  • ·        que las tinajas sean "de piedra" y utilizadas para la purificación,
  • ·        la carencia de vino,
  • ·        el hecho de llenarlas de agua "hasta arriba",
  • ·        la presencia de la madre de Jesús (a quien nunca llama María, sino "mujer"),
  • ·        la frase: "Haced lo que él os diga", etc.

Ante tal presencia de elementos simbólicos, Ch. Dodd, uno de los mejores especialistas en el estudio de este evangelio, llega a plantear que el presente relato sería, en su origen, una parábola que tendría como "motivo central", igual que tantas otras, una fiesta nupcial. Posteriormente, el relato parabólico se habría convertido en una "historia de milagro".

A partir de los elementos que el evangelista nos ofrece, parece que pueden detectarse fácilmente las claves que hacen posible la comprensión de nuestro relato en profundidad.

  • ·        El agua simboliza la religión vacía;
  • ·        el vino, la alegría y la vida abundante que proceden de Dios;
  • ·        María es la "mujer", el resto fiel de Israel, "desposado" con Dios;
  • ·        las bodas son el símbolo de la unión (alianza) de Dios con el pueblo;
  • ·        las tinajas de piedra (seis es el número de lo imperfecto e incompleto) representan a la Ley, que pretende purificar al ser humano, pero que en realidad es algo vacío;
  • ·        la expresión "haced lo que él os diga" es prácticamente idéntica a la que pronunció el pueblo el día de la alianza (pacto, desposorio) del Sinaí: "Nosotros haremos todo lo que el Señor ha dicho" (Libro del Éxodo 19,8);
  • ·        que sea el "comienzo de los signos" hace de éste el prototipo y clave de interpretación de los que seguirán (en total, serán "siete", el número que expresa la plenitud).

Con estas claves, podemos comprender que lo que ocurre en Caná preanuncia las bodas de la Cruz (19,25-27) y de la mañana de Pascua (20,1-18):

María será llamada de nuevo "mujer", como símbolo del pueblo fiel del Antiguo Testamento que ha generado al Mesías y al nuevo pueblo (el "discípulo amado": "Mujer, ahí tienes a tu hijo");

María Magdalena, por su parte, es la otra "mujer", símbolo de la iglesia que se desposa con Jesús en el huerto o jardín (imagen del Edén y del huerto del Cantar de los Cantares).

Con todo ello, Caná declara que el judaísmo está caducado; y, con él, la religión. De hecho, a continuación, el evangelio presentará a Jesús...

  • ·        como el "nuevo templo"
  • ·        "«destruid este templo y en tres días yo lo levantaré de nuevo»: el templo del que hablaba Jesús era su propio cuerpo": 3,19-21)
  • ·        y proclamando que
  • ·        "para dar culto al Padre, no tendréis que subir a este monte ni ir a Jerusalén... Ha llegado la hora en que los que rindan
  • ·        verdaderamente culto al Padre, lo harán en espíritu y en verdad... Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y
  • ·        en verdad" (4,21-24).

La boda en la que falta el vino simboliza la antigua alianza que va a ser sustituida por la nueva, en la que se dará el vino del Espíritu. Jesús inaugura una nueva relación del hombre con Dios, que no estará mediatizada por la Ley, sino creada por el mismo Espíritu de Dios. Jesús, el nuevo Esposo (1,15.30) o centro de la nueva comunidad humana, anuncia el cambio, que tendrá lugar cuando llegue su hora, la de su muerte-resurrección.

Así leído, descubrimos la hondura y centralidad de este relato. El texto, en el conjunto del evangelio de Juan, significa la obra entera de Jesús, que proclama y posibilita las "bodas" de Dios con el ser humano (que en el Antiguo Testamento se entendían como alianza). Para el evangelista, la nueva alianza se inicia ahora con la vida pública de Jesús; su consumación vendrá en la cruz. Esa será la "hora" de Jesús.

En este evangelio, la obra de Jesús, desde sus mismos comienzos, está revestida de nupcialidad. Por eso, desde el comienzo mismo –desde el "primer signo"- anuncia el cumplimiento: el "nuevo pueblo" vive unas bodas con Dios, en las que el "vino" -la Vida, el Gozo y el Amor- se muestra sabroso y desbordante.

Es comprensible que, desde un nivel "racional" de conciencia, aun reconociendo el carácter simbólico del relato, se lea este texto en clave de dualidad. Dios y la humanidad (la creación) serían "dos entidades" capaces de entrar en relación, pero se seguiría pensando a "Dios" como un ser separado.

Sin embargo, de acuerdo con la vivencia del propio Jesús, tal como queda reflejada en este mismo evangelio, y en sintonía con la percepción no-dual que se va abriendo camino, de un modo cada vez más generalizado, en nuestro momento cultural, y que es expresión de una nuevo nivel de conciencia (transpersonal), emerge una lectura del texto que adquiere una profundidad mayor.

Las "bodas" son el símbolo de lo real. Todo se halla "desposado" con todo, constituyendo una gran Red que se sostiene en la misma interrelación. Todo es divino-humano-cósmico al mismo tiempo. No como realidades sumadas, ni siquiera unidas, sino como expresión no-dual de la Realidad única que en todo se expresa y manifiesta.

El viejo Sutra del corazón nos recuerda que "Vacío es forma, y forma es Vacío". Lo divino y lo humano no son realidades paralelas, sino las "dos caras" –magníficas en su diferencia- de la misma Realidad.

En las "bodas de Caná", el agua puede bien simbolizar la ignorancia en que nos encerramos cuando nos reducimos al ego y a la mente: una ignorancia que es carencia y sufrimiento. El vino, por el contrario, es expresión de la Vida y el Gozo y, como Jesús, accedemos a él en cuanto nos liberamos de nuestra perspectiva egoica (nos desidentificamos de nuestra "identidad" mental), para empezar a percibir nuestra verdadera identidad, no-separada de lo Real. La persona que lo descubre –como si se tratara, dirá Jesús, de "un tesoro en el campo"-, experimenta su existencia llena del "vino" de la Alegría.

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/2009-el-simbolismo-de-las-bodas-de-can%C3%A1.html

Cfr.

https://www.feadulta.com/es/evangelios-y-comentarios/390-juan.html

Ilustraciones: Paulo Medina. 

Fotografía: LB, Capilla del Colegio San José de Tarbes de El Paraíso (CCS, 19/01/25).

sábado, 21 de septiembre de 2024

Anuncio de la pasión

TAN POCO IMPORTANTES COMO UN NIÑO

(San Marcos, 9: 30-37)

José Enrique Galarreta

Estamos en el contexto de la "enseñanza especial" de Jesús a los discípulos más íntimos, cuando Jesús parece predicar menos a las muchedumbres y más al grupo de sus seguidores más cercanos. El contexto inmediato es el segundo anuncio de la pasión y muerte, que se va convirtiendo en núcleo fundamental de la instrucción de Jesús, destinado a cambiar la mentalidad de los discípulos, de un mesianismo davídico a la aceptación del Mesías-Siervo sufriente que da la vida, rechazado por su pueblo, para la salvación de todos.

La primera parte del texto es el nuevo anuncio de la Pasión y muerte. Los discípulos no entienden, pero no preguntan. Esta reacción va siendo habitual, y se repite en 10,32. (Marcos 10, 32-45 es una perícopa casi paralela a la que hoy leemos).

La segunda parte del texto muestra la incomprensión de los discípulos, tema tan presente en Marcos. En Israel, el rango, la preeminencia, el "quién es el primero", es algo que se cuida muchísimo para cualquier ocasión pública (liturgia, banquetes...). Los discípulos participan de esa vanidad, y Jesús aprovecha esa circunstancia para una enseñanza fundamental.

La tercera parte es magisterio de Jesús, como se muestra en el hecho de que Jesús se sienta para enseñar, al modo rabínico; está constituida por un dicho (de aspecto kerigmático) un gesto de confirmación y una profundización doctrinal.

El dicho es "si alguien quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos". Es, con toda probabilidad, palabra directa de Jesús conservada cuidadosamente como centro de la enseñanza del Maestro. Se repite en esencia en los tres sinópticos (Mt.18,1. Lc.9,46) y se desarrolla en plenitud, como enseñanza y como gesto, en Juan 13,1, el lavatorio de los pies.

El gesto es el niño puesto en medio y abrazado por Jesús. El niño no es en Israel sujeto de derechos, no es "importante" ni mucho menos "primero". Al ponerlo en el centro y abrazarlo, Jesús invierte los papeles en cuanto a rango o importancia.

La profundización doctrinal muestra una línea semejante al "a mí me lo hicisteis" de la parábola del juicio final. Se sirve a Dios cuando se sirve al que más lo necesita. Hay aquí un doble aspecto: por un lado, dónde está el servicio de Dios; por otro lado, la revelación de Dios mismo: Dios es el que cuida de los más pequeños.

Una vez más, resulta que una cuestión que nos parece tan alejada de nosotros como el mesianismo, el tipo de mesías, resulta de completa actualidad, de aplicación inmediata a nuestra religiosidad y a nuestra fe en Jesús.

Los judíos pensaban en el Mesías como el primero, digno de que todos le sirvieran: Jesús se pone a servir a todos, como si fuera el último.

La Iglesia tiene la tentación de considerarse la primera, la detentadora infalible de toda verdad, la administradora de la salvación para todos, la intermediaria única entre la humanidad y Dios. Pero todo eso, aunque fuera verdad, interesa poco. Su vocación es servir, sin pretender ser la más importante.

Y cada uno de nosotros, los que seguimos a Jesús, pretendemos en nuestro espíritu ser más que otros y pensamos que nuestra condición de cristianos, conocedores del Evangelio, nos hace más que otros. Pero solamente seremos primeros si somos los primeros en servir.

En este pasaje, la palabra "importante", aplicada a las personas, adquiere una doble dimensión. No es importante el que tiene más "talentos", sino el que más sirve con los talentos que tiene. Y para los demás, no es importante el más dotado, de cualidades, bienes, posición o lo que sea, sino el que más necesita.

Esta inversión de valores parece revolucionaria pero es la lógica en un mundo no regido por el vano interés por uno mismo, sino en el mundo regido por la misión de construir el Reino. Se entiende muy bien en una familia: el mejor hijo no es el más dotado, sino el se porta mejor con sus hermanos y con sus padres; y el más importante (el que más nos importa) no es el que más triunfos obtiene, sino el que más necesita del cariño y la ayuda de los demás.

Y es que estamos en el mundo de la lógica de Dios, de la lógica del Padre, lógica que obedece a la esencia de Dios, que no es el poder sino el amor.

Haciendo un símil poético diríamos que la alta montaña rocosa es impresionante, pero es estéril; la vega sencilla y vulgar no es espectacular, pero es fecunda. Sin embargo, la cumbre es importante porque de ella viene el agua que fecunda la vega. Y la vega no puede gloriarse de su fecundidad, porque sería estéril sin el agua que recibe.

Y es que en el mensaje de Jesús nada puede entenderse fuera de la fraternidad de un cuerpo único, que es la humanidad, en que todo es de todos y para todos, porque todos son hijos queridos por Dios, y todos y cada uno están pensados por Dios para los demás, para que todos lleguen a ser hijos.

Fuera de la lógica del amor, que construye comunidad, humanidad, no se entiende nada. Pero dentro de ella, lo de Jesús es pura lógica.

Finalmente, una palabra sobre los niños. Para nosotros, los niños son el ojito derecho de la familia y de la sociedad, queridos, cuidados, mimados, y símbolo de inocencia. En el mundo de Jesús, el niño es el último, sin derechos, un don nadie, como los mendigos o los impuros. Jesús no acoge a los niños porque son agradables o inocentes, sino porque son los últimos. Y hacerse como niños no es ser simples e ingenuos sino considerarse último, no darse importancia, no actuar desde el poder.

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/2425-tan-poco-importantes-como-un-ni%C3%B1o.html

Ilustración: Paulo Medina.

Padre Peraza: https://www.facebook.com/871245462/videos/867434262005052

Padre S. Martín: https://www.youtube.com/watch?v=tguV7BZCVAM


Cardenal Porras: https://www.youtube.com/watch?v=MqW4hz59F4w







Breve nota LB: Hicimos la observación  sobre la misa de Montevideo y la necesidad de una ficha técnica para saber del oficiante, etc., en la cuenta youtubeana.

sábado, 20 de julio de 2024

Persistencia

DE DISCÍPULOS A MISIONEROS

(San Marcos, 6: 30-34)

José Luis Sicre

El fracaso en Nazaret no desanima a Jesús. Al contrario. Además de continuar misionando, como veíamos el domingo pasado, envía también a sus discípulos a misionar. Los profetas del Antiguo Testamento tienen a veces discípulos; pero, que sepamos, nunca los envían de misión; la labor del discípulo consiste en servir de apoyo social y espiritual al profeta, memorizar sus palabras y transmitirlas a la posteridad. El enfoque que tiene Jesús de sus discípulos es distinto, más dinámico: no se limitan a aprender, deben también poner en práctica lo aprendido, y ampliar la actividad de Jesús.

El texto de Marcos trata brevemente cinco puntos:

1. La autoridad. Cualquier embajador o misionero debe estar investido de una autoridad. La que reciben los discípulos es sobre los espíritus inmundos. Esta idea, tan extraña a la cultura de nuestra época, debemos considerarla en el contexto del evangelio de Marcos. Jesús, desde el primer momento, en la sinagoga de Cafarnaúm, ha demostrado su autoridad sobre un espíritu inmundo. Sus discípulos reciben el mismo poder. Son embajadores plenipotenciarios.

2. Equipaje y provisiones. Es interesante advertir lo que se permite y lo que se prohíbe: sólo se permite llevar un bastón y sandalias; en cambio, se prohíbe llevar comida (ni pan, ni alforja) y túnica de repuesto. El permiso del bastón y las sandalias contrastan con el evangelio de Mateo, donde se prohíben. Es un caso interesante de cómo los evangelistas adaptan el mensaje de Jesús a las circunstancias de su comunidad: Marcos tiene en cuenta los largos viajes misioneros posteriores, por terrenos difíciles, que requieren bastón y sandalias. En cambio, la prohibición de comida y vestido de repuesto (Mateo añade la prohibición del dinero), demuestra la enorme preocupación de Jesús porque sus discípulos den ejemplo de pobreza en una época en que los predicadores religiosos eran acusados con frecuencia de charlatanes en busca de dinero.

3. Alojamiento. Para evitar tensiones y peleas entre las personas que quisieran acogerlas en sus casas, Jesús ordena que se alojen siempre en la misma.

4. Rechazo. El apostolado no tendrá siempre éxito. Igual que Jesús fue rechazado en Nazaret, ellos pueden ser rechazados en cualquier lugar.

5. La actividad. Curiosamente, lo que deben hacer los discípulos no aparece hasta el final: «Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.» Lo mismo que hacía Jesús, a excepción del uso de aceite para curar enfermos. Esta práctica parece haber entrado en la iglesia en un momento posterior y está atestiguada en la carta de Santiago: « ¿Que uno de vosotros cae enfermo? Llame a los ancianos de la comunidad para que recen por él y lo unjan con aceite invocando el nombre del Señor.» (Snt 5,14).

El rechazo (1ª lectura)

En las instrucciones de Jesús, este tema es el que ocupa menos espacio. Sólo se menciona como posibilidad. En cambio, la primera lectura nos recuerda que esta posibilidad fue y sigue siendo muy real.

A mediados del siglo VIII a.C., el profeta Amós, originario del sur (Judá) fue enviado por Dios a predicar en el Reino Norte (Israel), para denunciar las injusticias terribles que se cometían, favorecidas por la corte y el clero. El enfrentamiento más fuerte tiene lugar en el santuario de Betel (= Casa de Dios), con el sumo sacerdote Amasías, que lo expulsa. En el fondo, Amós tuvo suerte. A otros les cortaron la cabeza.

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/6542-de-discipulos-a-misioneros.html

Ilustración: Paulo Medina. 
Padre Martín. Actualidad Católica: https://www.youtube.com/watch?v=V5iiBVR9hfY







domingo, 5 de mayo de 2024

¿Declive?

POR Y CON EL AMOR DE DIOS

(San Juan, 15: 9-17)

Fray Marcos Rodríguez

Introducción

El evangelio de hoy es continuación del que leímos el domingo pasado. Sigue explicando, en qué consiste esa pertenencia del cristiano a la vid. Poniendo como modelo su unión con el Padre, va a concretar Jesús lo que constituye la esencia de su mensaje. Ya sin metáforas ni comparaciones, nos coloca ante la realidad más profunda del mensaje del evangelio: El AMOR, que es a la vez la realidad que nos hace más humamos.

Jesús les da las señas de identidad que tienen que distinguirlos como cristianos. Es el mandamiento nuevo, por oposición al mandamiento antiguo, la Ley. Queda establecida la diferencia entre las dos alianzas. Jesús no manda amar a Dios ni amarle a él, sino amar como él ama.

En realidad no se trata de una ley, sino de una respuesta a lo que Dios es en cada uno de nosotros, y que en Jesús se ha manifestado de manera contundente. Nuestro amor será "un amor que responde a su amor" (Jn 1,16). El amor que pide Jesús tiene que surgir desde dentro, no imponerse desde fuera. Se trata de manifestar lo que es Dios en lo hondo de mi ser, a través de las obras.

Explicación

Juan emplea en este relato la palabra agape. Los primeros cristianos emplearon no menos de ocho palabras, para designar el amor: agape, caritas, philia, dilectio, eros, libido, stergo, nomos. Ninguna de ellas excluye a las otras, pero solo el "agape" expresa el amor sin mezcla alguna de interés personal. Sería el puro don de sí mismo, solo posible en Dios.

Al emplear agapate (que os améis), está haciendo referencia al amor que es Dios, es decir, al grado más elevado de don de sí mismo. No está hablando de un amor de amistad o de una "caridad". No es desarrollando sus cualidades humanas como puede el cristiano cumplir el encargo de Jesús. Se trata de desplegar una cualidad exclusiva de Dios. Se nos está pidiendo que amemos con el mismo amor de Dios.

Dios demostró su amor a Jesús con el don de sí mismo. Jesús está en la misma dinámica con los suyos, es decir, les manifiesta su amor hasta el extremo. El amor de Dios es la realidad primera y fundante.

Juan lo ha dejado bien claro en la segunda lectura: "En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó". Descubrir esa realidad y vivirla, es la principal tarea del que sigue a Jesús. Es ridículo seguir enseñando que Dios está condicionado por nuestras obras; es decir, nos ama si somos buenos y nos rechaza si somos malos.

Pero hay una diferencia que tenemos que aclarar. Dios no es un ser que ama, es el amor. En Él, el amor es su esencia, no una cualidad como en nosotros. Yo puedo amar o dejar de amar, y sigo siendo yo. Si Dios dejara de amar un solo instante, dejaría de existir.

Dios manifiesta su amor a Jesús, como se lo manifiesta a todas sus criaturas; como me lo manifiesta a mí. Pero no lo hace como nosotros. No podemos esperar de Dios "muestras puntuales de amor", porque no puede dejar de demostrarlo un instante.

El amor que es Dios, tenemos que descubrirlo dentro de nosotros, como una realidad que está inextricablemente unida al ser. Jesús, que es hombre, sí puede manifestar el amor de Dios, amando como Él ama y obrando como Él obraría si fuera un ser humano.

Otra consecuencia decisiva de la idea de Dios, que Juan intenta trasmitirnos, es que, hablando con propiedad, Dios no puede ser amado. Él es el amor con el que yo amo, no el objeto de mi amor. Aquí está la razón por la que Jesús se olvida del primer mandamiento de la Ley: "amar a Dios sobre todas las cosas". Juan comprendió perfectamente el problema, y deja muy claro que solo hay un mandamiento: amar a los demás, no de cualquier manera, sino como Jesús nos ha amado. Es decir, manifestar plenamente ese amor que es Dios, en nuestras relaciones con los demás.

Naturalmente, no se puede imponer el amor por decreto. Todos los esfuerzos que hagamos por cumplir un "mandamiento" de amor, están abocados al fracaso. El esfuerzo tiene que estar encaminado a descubrir a Dios que es amor dentro de nosotros. Todas las energías que empleamos en ajustarnos a una programación, tienen que estar dirigidas a tomar conciencia de nuestro verdadero ser.

En el fondo, se nos está diciendo que lo primero para un cristiano es la experiencia de Dios. Solo después de un conocimiento intuitivo de lo que Dios es en mí, podré descubrir los motivos del verdadero amor.

El amor del que nos habla el evangelio es mucho más que instinto o sentimiento. A veces tiene que superar sentimientos e ir mucho más allá del instinto. Esto nos despista y nos lleva a sentirnos incapaces de amar. Los sentimientos de rechazo a un terrorista o a un violador, pueden hacernos creer que nunca llegaré a amarle. El sentimiento es instintivo, involuntario y anterior a la intervención de nuestra voluntad. Pero el amor va más allá del sentimiento. Y la verdadera prueba de fuego del amor es el amor al enemigo. Si no llego hasta ese nivel, todos los demás amores que pueda desplegar, son engañosos.

El amor no es sacrificio ni renuncia, sino elección gozosa. Esto que acaba de decirnos el evangelio, no es fácil de comprender. Tampoco esa alegría de la que nos habla Jesús es un simple sentimiento pasajero; se trata más bien, de un estado permanente de plenitud y bienestar, por haber encontrado tu verdadero ser y descubrir que ese ser es inmutable y eternamente estable. Una vez que has descubierto tu ser luminoso indestructible, desaparece todo miedo, incluido el miedo a la muerte. Sin miedo, como decía Buda, no puede haber sufrimiento. Surgirá espontáneamente la alegría que es nuestro estado natural cuando nada impide que el ser se despliegue totalmente.

Solo cuando has descubierto que lo que realmente eres, no puedes perderlo, estás en condiciones de vivir para los demás sin límites. El verdadero amor es don total. Si hay un límite en mi entrega, aún no he alcanzado el amor evangélico. Dar la vida, por los amigos y por los enemigos, es la consecuencia lógica del verdadero amor. No se trata de dar la vida biológica muriendo, sino de poner todo lo que somos al servicio de los demás.

Desde esta dinámica, no tiene ningún sentido hablar de siervo y de señor. Más que amigos, más que hermanos, identificados en el mismo ser de Dios, ya no hay lugar ni para el "yo" ni para lo "mío". Comunicación total en el orden de ser, en el orden del obrar y en el orden del conocer.

Jesús se lo acaba de demostrar poniéndose un delantal (vestido de siervo) y lavándoles los pies. La eucaristía nos dice exactamente lo mismo: Yo soy pan que me parto y me reparto para que todos me coman. Yo soy sangre (vida) que se derrama por todos para comunicarles esa misma Vida. ¿Dónde pueden albergarse ahora los secretos, si ha desaparecido la individualidad diferenciadora? Jesús lo compartió todo.

Que vuestra alegría llegue a plenitud. Es una idea que hay que resaltar, porque en nuestro cristianismo no siempre lo hemos tenido claro. Jesús afirma que Dios quiere que seamos felices, eso sí, con una felicidad plena y definitiva, no con la felicidad que puede dar la satisfacción de nuestros sentidos. La causa de esa alegría es saber que Dios nos ama incondicionalmente; que esa actitud nos transforma en amigos; que nada podrá apartarnos de Él. Nos decía un maestro de novicios: "Un santo triste es un triste santo".

"No me elegisteis vosotros a mí, os elegí yo a vosotros". Expresa la experiencia de los primeros cristianos. Son conscientes de su libertad a la hora de seguir a Jesús, pero saben que el acercamiento empieza siempre por el amor de Jesús a cada uno. Debemos recuperar esta vivencia. El amor de Dios es lo primero. Dios no nos ama coma respuesta a lo que somos o hacemos, sino por lo que es Él.

No tiene ningún sentido seguir hablando del Dios que premia a los buenos y castiga a los malos. Dios ama a todos de la misma manera, porque no puede amar más a uno que a otro. De ahí el sentimiento de acción de gracias en las primeras comunidades cristianas. De ahí el nombre que dieron los primeros cristianos al sacramento del amor. "Eucaristía" significa acción de gracias.

Aplicación

Para saber si estamos con Jesús no hay más criterio que las obras de amor. Cualquier relación con Dios sin un amor manifestado en obras, será pura idolatría. Pero esa manera de actuar tiene que surgir de lo hondo del ser, y no de una obligación externa.

La nueva comunidad no se caracterizará por doctrinas, ritos o normas morales. El único distintivo debe ser el amor manifestado. La base y fundamento de la nueva comunidad será la vivencia, no la programación. Jesús no funda un club cuyos miembros tengan que ajustarse a unos estatutos (este sigue siendo hoy nuestro error fundamental) sino una comunidad que experimenta a Dios como amor y cada miembro lo imita, amando como Él ama.

Esta oferta supera todas las ofertas que las instituciones pueden hacer, por eso se muestra Jesús a distancia e independiente de todas ellas. Ninguna otra realidad puede sustituir lo esencial. Si esto falta no puede haber comunidad cristiana.

Meditación-contemplación

Sin la experiencia de unidad con Dios

no podemos desplegar el verdadero amor (agape).

Sin la savia divina que nos atraviesa

nunca podremos dar el verdadero fruto.

.....................

Desde lo puramente humano ese amor es imposible.

No somos nosotros los que tenemos que amar.

Es el mismo Dios el que se da a través nuestro.

Desde nuestra verdadera humanidad podemos manifestar lo divino.

......................

El verdadero amor no es fruto del voluntarismo.

Tampoco surge del deseo de alcanzar una plenitud.

Amar es deshacerme de todo lo que creo ser,

para que solo quede en mí lo que es Dios.

..............

Fuente: 

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/150-por-y-con-el-amor-de-dios.html

Cfr.

https://www.feadulta.com/es/evangelios-y-comentarios/390-juan.html

Ilustración: Paulo Medina. 

Padre Peraza: https://www.facebook.com/871245462/videos/1639511893525608

Padre Martín: Actualidad católica (declive):  https://www.youtube.com/watch?v=Yxxx9qD1opc


Cardenal Porras: https://www.youtube.com/watch?v=1I4rHQIfxgc





domingo, 17 de marzo de 2024

El grano de trigo

SEGUIR A JESÚS ES DAR LA VIDA, POR AMOR, DÍA A DÍA

(San Juan, 12: 20-33)

Fray Marcos (Rodríguez)

Si el grano no cae en tierra y muere, queda infecundo.

Contexto

Estamos en el capítulo 12 del evangelio de Juan. Después de la unción en Betania y de la entrada triunfal en Jerusalén, y como respuesta a los griegos que querían verle, Jesús hace un pequeño discurso que no responde ni a los griegos ni a Felpe y Andrés.

Versa, como el domingo pasado sobre la Vida, pero desde otro punto de vista. Aquí la Vida solo puede ser alcanzada después de haber aceptado la muerte. También hoy hace referencia a ser levantado en alto, pero aquí para atraer a todos hacia él.

Los "griegos" que quieren ver a Jesús podían ser simplemente extranjeros simpatizantes del judaísmo. El mensaje de Juan en este relato en muy claro: Los "judíos" rechazan a Jesús, y los paganos le buscan.

Explicación

Ha llegado la hora de que se manifieste la gloria de este Hombre. Todo el evangelio de Juan es como una gran lente que concentrara todos sus rayos en la "hora". Por tres veces se ha repetido en el texto la palabra "hora"; y otras tres veces aparece el adverbio "ahora".

No se trata de un tiempo cronológico, sino de un cairos, momento decisivo, manifestado en la muerte de cruz. Llegada la "hora", se manifiesta la gloria-amor de Dios y de "este Hombre". Reflejar lo que es Dios en su entrega total, será la mayor honra del hijo.

Todos estamos llamados a esa plenitud humana que se manifiesta en el amor-entrega. Ahora es posible la apertura a todos. El valor fundamental del hombre no depende ni de religión ni de raza ni de cultura. Los que buscaban su salvación en el templo, tiene que descubrirla ahora en "el Hombre".

Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, permanece él solo; en cambio, si muere, produce mucho fruto. Declaración rotunda y central en el mensaje de Jesús. Dar Vida es la misión de Jesús. La Vida solo se comunica aceptando la muerte. La Vida es fruto del amor, pero el egoísmo es la cáscara que impide germinar esa vida, aunque esté dentro de mí. Amar es romper la cáscara y darse deshaciéndose. La muerte del falso yo es la condición, para que la verdadera Vida se libere.

La verdadera potencialidad está latente hasta que es capaz de la entrega-amor total. La incorporación de todos a la Vida, será la tarea que se impone Jesús y será posible gracias a su entrega total hasta la muerte.

El fruto no va a depender de la comunicación de un mensaje. Dependerá de la manifestación de un amor total. El amor es el verdadero mensaje. "Si no muere, permanece él sólo" El fruto-amor solo puede darse en la nueva comunidad. Esta idea es original de Juan; no se encuentra en los demás evangelistas.

Hoy sabemos que el grano de trigo no muere más que en apariencia. Solo desaparece lo accidental para ser alimento de lo esencial. En la semilla hay vida, pero está latente, esperando la oportunidad de desplegarse. Esto es muy importante a la hora de interpretar el evangelio de hoy. La vida no se pierde cuando se convierte en alimento de la verdadera Vida. La vida biológica cobra pleno sentido cuando se pone al servicio de la Vida espiritual. La vida humana llega a su plenitud cuando trasciende lo puramente natural. Lo biológico no queda anulado por lo espiritual, sino potenciado y "plenificado".

Tener apego a la propia vida es destruirse, despreciar la propia vida en medio del orden este, es conservarse para una Vida definitiva. La plenitud del ser humano está en el amor. Pero si el amor no es total, no podremos alcanzar la meta. El amor tiene que superar el apego a la vida biológica.

En contra de lo que parece, entregar la vida no es desperdiciarla, sino llevarla a plenitud. No se trata de entregarla de una vez muriendo, sino de entregarla poco a poco en cada instante, sin miedo a que se termine. El mensaje de Jesús no conlleva un desprecio a la vida, sino todo lo contrario, solo cuando nos atrevemos a vivir a tope, dando pleno sentido a la vida, alcanzaremos la plenitud a la que estamos llamados.

La muerte al falso yo, no es el final de la vida biológica, sino su plenitud. Consciente de esto y perdido el temor a la muerte, nadie ni nada te puede esclavizar. El evangelista tiene muy claro cuál es el sentido de la muerte de Jesús, que no coincide en absoluto, con el sentido que se le ha dado después.

El que quiera colaborar conmigo, que me siga, y así, allí donde yo estoy, estará también mi colaborador. "Diakonos" significa servir, pero por amor, no servir como esclavo. Traducir por servir y servidor, no deja claro el sentido que el texto quiere dar. Jesús invita a seguirlo en el camino que acaba de trazar, dar la vida. Seguir a Jesús es compartir la misma suerte. Seguir a Jesús es entrar en la esfera de lo divino, es dejarse llevar por el Espíritu.

El lugar donde habita Jesús, es el de la plenitud del amor. Lo manifestará cuando llegue su "hora". Allí entregando su vida, hará presente el Amor total, que es Dios. No se trata de la muerte física; mucho menos en el género de muerte que él sufrió. Se trata de dar la vida, día a día, en la entrega confiada a los demás.

En Jn 15,13, dice: "Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por los amigos". Pero el texto griego no dice "bios" ni "zoe", sino "psijes" que no significa vida biológica, sino vida síquica, es decir lo específicamente humano. El verdadero amor se manifiesta cuando pones todo lo que eres al servicio de los demás.

Ahora me siento fuertemente agitado; ¿Qué voy a decir? "Padre líbrame de esta hora" ¡Pero, si para esto he venido, para esta hora! En esta escena, que los sinópticos colocan en Getsemaní, se manifiesta la auténtica humanidad de Jesús. Nos está diciendo, que ni siquiera para Jesús fue fácil lo que está proponiendo. Se trata del signo supremo de la muerte al "ego". Se deja llevar por el Espíritu, pero eso no suprime su condición de "hombre". Su parte sensitiva protesta vigorosamente. Pero está en el ámbito de la Vida, y eso le permite descubrir que se trata del paso definitivo.

Ahora el jefe del orden este va a ser echado fuera. Cuando sea levantado de la tierra, tiraré de todos hacia mí. Como el domingo pasado, identifica la cruz y la glorificación, idea clave para entender el evangelio de Juan. Todos nos tenemos que sentir, no solo llamados, sino empujados hacia la misma meta.

Aplicación

Muerte y vida se entremezclan y se confunden en el evangelio de Juan. Para entender este lenguaje, hay que tener muy claro que está hablando de dos clases de muerte y dos clases de vida.

Una es la Vida con mayúscula (la espiri­tual y definitiva) como opuesta a la vida con minúscula (la biológica). Y una es la muerte espiritual al falso yo superando todo egoísmo y otra la muerte física, que ni añade ni quita nada al verdadero ser del hombre.

La muerte física no es imprescindible para llegar a la Vida. La muerte al falso "yo", sí, porque es el único camino hacia la Vida. La vida interior, la vida divina, la vida de Dios en nosotros, es una realidad muy difícil de aprehender, pero a la que hay que llegar para alcanzar la plenitud humana que está más allá de la vida biológica, y de las satisfacciones sensoriales terrenas. Toda vida espiritual es un proceso, un paso de la muerte a la vida, de la materia al espíritu. El mismo mensaje a Nicodemo: hay que nacer de nuevo.

Mi plenitud humana no puede estar en la satisfacción de los sentidos, de las pasiones, de los apetitos, sino que tiene que estar en lo que tengo de específicamente humano; es decir, en el desarrollo de mi capacidad de conocer y de amar. La meta está en el descubrimiento de que mi verdadero ser existe en la medida que me doy a los demás, que la razón de mi existencia lo encontraré en la entrega y en el servicio.

El dolor que causa el renunciar a la satisfacción de la parte inferior de mi ser, la interpreta el evangelio como muerte, y sólo a través de esa muerte se puede acceder a la verdadera Vida. Si nos empeñamos en salvar una, perderemos la otra. Si ponemos todo nuestro ser al servicio de la vida biológica y sicológica, nunca alcanzaremos la espiritual.

Estamos aquí para vivir muriendo. Aceptar la muerte es darse cuenta de nuestra limitación fundamental como criatu­ras, como seres vivos, como animales, y descubrir la posibilidad de ser más en lo que tenemos de específicamente humano. Estoy aquí para llevar a la materia hacia el espíritu, para poner Vida donde sólo había vida.

El gran secreto, revelado en el evangelio, es que el hombre que vive biológicamente, puede acceder a otra realidad que llamamos Vida. Esta es la verdadera meta de un ser humano. El objetivo del hombre es esa Vida con mayúscula, no eliminar la muerte biológica y alcanzar una inmortalidad física.

Si enfocamos todas nuestras energías en la vida terrena, nunca descubriremos la vida espiritual. Esto es lo que el evangelio llama perder la vida. Se malgasta la terrena y no se alcanza la espiritual. El que se empeñe en salvar a toda costa su vida biológica, terminará perdiéndola. Pero dará pleno sentido a esta vida si descubre que puede acceder a otro nivel y encontrar la verdadera Vida.

Meditación-contemplación

Si el grano de trigo no cae en tierra y muere...

Se trata de una condición que no podemos soslayar.

Si queremos dar fruto, es decir, dar sentido a nuestra vida,

tenemos que gastarnos y consumirnos.

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La vela solo cobra sentido cuando está encendida.

Pero si está encendida, se consume.

La rosa al esparcir su fragancia, entrega algo de sí mismo,

y así está manifestando su verdadero ser.

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La vida es movimiento y por lo tanto, energía desplegada.

Puedo consumirla en beneficio del ego (falso yo),

y entonces la malogro.

Puedo consumirla en beneficio de los demás,

y entones consumarla dándole plenitud.

Fuente: 
Ilustración: Paulo Medina.








Monseñor Munilla: https://www.youtube.com/watch?v=kBVOdrEXI-g


domingo, 3 de marzo de 2024

¡Sacudida!

UNA RELACIÓN DE AMOR, NO COMERCIAL

Fray Marcos (Rodríguez)

(San Juan 2, 13-25)

Introducción

En las tres primeras lecturas de los domingos que llevamos de cuaresma, se nos ha hablado de pacto. Después de la alianza con Noe (Dom. 1) y con Abraham (Dom. 2), se nos narra hoy la tercera alianza, la del Sinaí. La alianza con Noe, fue la alianza cósmica del miedo. La de Abrahán fue la familiar de la promesa. La de Moisés fue la nacional de la Ley.

¿Cómo debemos entender hoy estos relatos? Noe, Abrahán y Moisés, son personajes legendarios. La historia "sagrada" que narra la vida y milagros de estos personajes empezó a escribirse hacia el siglo IX antes de Cristo. Son míticas leyendas que no debemos entender al pie de la letra. Se trata de experiencias vitales que responden a las categorías religiosas de cada época.

Hoy nadie, en su sano juicio, puede pensar que Dios le dio a Moisés unas tablas de piedra con los diez mandamientos. No fue Dios quien utilizó a Moisés para comunicar su Ley, sino Moisés el que utilizó a Dios para hacer cumplir unas normas que él consideró imprescindibles para la construcción y supervivencia del un pueblo.

Dios no puede hacer pactos con nadie porque no puede ser "parte". Una cosa es la experiencia de Dios que los hombres tienen según su nivel cultural, y otra muy distinta lo que Dios es. Jesús nos habló del Dios de la "alianza eterna".

Dios actúa de una manera unilateral y desde el amor, no desde un 'toma y daca' con los hombres. Dios se da totalmente sin condiciones ni requisitos, porque el darse (el amor) es su esencia. En el Dios de Jesús no tienen cabida los pactos ni las alianzas. Lo único que espera de nosotros es que descubramos la presencia de ese amor total identificado con nuestro propio ser, y actuemos con los demás como Él actúa con nosotros.

Explicación del Evangelio

El nombre de "purificación del templo" no es adecuado, porque no se trata de purificar, sino de sustituir. El pasaje del templo lo hemos entendido de una manera demasiado simplista. Una vez más la exégesis viene en nuestra ayuda para descubrir el significado profundo del relato.

Como buen judío, Jesús desarro­lló su vida espiritual en torno al templo; pero su fidelidad a Dios le hizo comprender que lo que allí se cocía no era lo que Dios esperaba de los seres humanos. Es muy importante recordar que cuando se escribió este evangelio, ni existía ya el templo ni la casta sacerdotal tenía ninguna influencia en el judaísmo. Pero el cristianismo se había convertido ya en una religión y podía caer en la tentación de repetir aquella manera de dar culto a Dios.

Es casi seguro que algo parecido a lo que nos cuentan, sucediera realmente, porque el relato cumple perfecta­mente los criterios de historici­dad. Por una parte lo narran los cuatro evangelios. Por otra es algo que podía interpretarse por los primeros cristianos (todos judíos) como desdoro de la persona de Jesús: no es fácil que nadie se lo pudiera inventar si no hubiera ocurrido y no hubiera estado en las fuentes.

Nos han repetido, por activa y por pasiva, que lo que hizo Jesús en el templo fue purificarlo de una actividad de compraventa ilegal y abusiva. Según esa versión, Jesús lo que intenta es que al templo se vaya a rezar y no a comprar y vender.

Esto no tiene fundamento alguno, puesto que lo que estaban haciendo allí los vendedores y cambistas, era completa­mente imprescindible para el desarrollo de la actividad del templo. Se vendían bueyes ovejas y palomas, que eran la base de los sacrifi­cios que se ofrecían en el templo. Los animales vendidos en el templo para sacrificarlos estaban controlados por los sacerdotes; de esa manera se garantizaba que cumplían todos los requisitos de legalidad.

También eran imprescindibles los cambistas, porque al templo solo se le podía ofrecer dinero puro, es decir, acuñado por el templo. En la fiesta de Pascua, llegaban a Jerusalén israelitas de todo el mundo, a la hora de hacer la ofrenda no tenían más remedio que cambiar su dinero romano o griego por el del templo.

Jesús quiso manifestar con un acto profético, que aquella manera de dar culto a Dios, no era la correcta. Imaginad que una persona entra en la sacristía de una iglesia, se apropia del vino y las formas e impide que se diga la misa. No se le juzgaría por apoderarse de unos gramos de pan y una mínima cantidad de vino, sino por impedir la celebración de la eucaristía.

No podemos pensar en una acción espectacular. En esos días de fiesta podía haber en el atrio del templo ocho o diez mil personas. Es impensable que un sólo hombre con unas cuerdas pudiera arrojar del templo a tanta gente. Además, el templo tenía su propia guardia, que se encargaba de mantener el orden.

Por si esto fuera poco, en una esquina del templo se levantaba la torre Antonia, con una guarnición romana. Los levantamientos contra Roma tenían lugar siempre durante las fiestas. Eran momentos de alerta máxima para las autoridades romanas. Cualquier desorden hubiera sido sofocado en unos minutos.

Los textos que citan los evangelistas son la clave para interpretar el hecho. Debemos tener claro que la Biblia no estaba dividida en capítulos y en versículos como ahora. Era una escritura continua que ni siquiera separaba las palabras unas de otras. Para citar la Biblia se recordaba una frase y con ella se hacía alusión a todo el contexto.

Los sinópticos ponen en labios de Jesús una cita de (Is 56,7) "mi casa será casa de oración para todos los pueblos"; y otra de (Jer 7,11) "pero vosotros la habéis convertido en cueva de bandidos".

El texto de Isaías hace referencia a los extranjeros y a los eunucos que estaban excluidos del templo, y dice: "yo los traeré a mi monte santo y los alegraré en mi casa de oración. Sus sacrificios y holocaus­tos serán gratos sobre mi altar, porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos."

Isaías está diciendo, que en los tiempos mesiánicos, los eunucos y los extranjeros podrán dar culto a Dios. Ahora no podían pasar del patio de los gentiles.

El texto de Jeremías (Jer 7,8-11) dice así: "No podéis robar, matar, adulterar, jurar en falso, incensar a Baal, correr tras otros dioses y luego venir a presentaros ante mí, en este templo consagrado a mi nombre, diciendo: 'Estamos seguros' y seguir cometiendo los mismos crímenes. ¿Acaso tenéis este templo por una cueva de bandidos?"

Los bandidos no son los que venden palomas y ovejas, sino los que hacen las ofrendas sin una actitud mínima de conversión. Son bandidos, no por ir a rezar, sino porque solo buscaban seguridad. Lo que Jesús critica es que con los sacrificios se intente comprar a Dios.

Juan va por otro camino y cita un texto de Zacarías (14,20) "En aquel día se leerá en los cascabeles de los caballos: "consagrado a Yahvé", y serán las ollas de la casa del Yahvé como copas de aspersión delante del altar; y toda olla de Jerusalén y de Judá estará consagrada a Yahvé y los que vengan a ofrecer comerán de ellas y en ellas cocerán; y ya no habrá comerciante en la casa de Yahvé en aquel día".

Esa inscripción "consagrado a Yahvé" la llevaban los cascabeles de las sandalias de los sacerdotes y las ollas donde se cocía la carne consagrada. Quiere decir que en los tiempos mesiánicos, no habrá distinción entre cosas sagradas y cosas profanas, Dios lo inundará todo y todo será sagrado, es decir, ordenado al Señor.

Las personas no serán santas porque vengan a rezar al templo, su santidad se hará presente en la vida ordinaria. En el Apocalipsis (Ap. 21.22) se dice: "No vi santuario en la ciudad, pues el Señor todopoderoso y el Cordero, eran su santuario."

Los vendedores interpelados (los judíos) le exigen un prodigio que avale su misión. No reconocen a Jesús ningún derecho para actuar así. Ellos son los dueños y Jesús un rival que se ha entrometido. Ellos están acreditados por la institución misma, quieren saber quién le acredita a él. No les interesa la verdad de la denuncia, sino la legalidad de la situación, que les favorece. Pero Jesús les hace ver que sus credenciales han caducado. Las credenciales de Jesús serán 'hacer presente la gloria de Dios a través de su amor'.

Suprimid este santuario y en tres días lo levantaré. Aquí encontramos la razón por la que leemos el texto de Juan y no el de Marcos. Esta alusión a su resurrección da sentido al texto en medio de la cuaresma. Le piden una señal y él contesta haciendo alusión a su muerte.

Su muerte hará de él el santuario único y definitivo. Una de las razones para matarlo, será que se ha convertido en un peligro para el templo. Es interesante descubrir que, para Juan, el fin de los templos está ligado a la muerte de Jesús.

Aplicación

La aplicación a nuestra vida del mensaje del evangelio de hoy, podría tener consecuencias espectaculares en nuestra relación con Dios.

Si dejásemos de creer en un Dios 'que está en el cielo', no le iríamos a buscar en la iglesia (edificio), donde nos encontramos tan a gusto.

Si de verdad creyésemos en un Dios que está presente en todas y cada una de sus criaturas, trataríamos a todas con el mismo cuidado y cariño que si fuera Él mismo.

Nos seguimos refugiando en lo sagrado, porque seguimos pensando que hay realidades que no lo son. Una vez más el evangelio está sin estrenar.

Meditación-contemplación

"Ya no habrá comerciantes en la casa del Señor, en aquel día".

Ha llegado, de verdad, para mí "aquel día".

¿He salido ya de un toma y daca en mis relaciones con Dios?

¿He descubierto que Él me lo ha dado todo

y que yo tengo que hacer lo mismo?

.....................

Mis relaciones con Dios tienen como base su amor total.

Nada puedo pedir ni esperar de Él que no me haya dado ya.

Mi tarea consiste en tomar conciencia de ese don total.

Mi vida real responderá entonces a esa realidad.

.....................

Todas las criaturas son manifestación de Dios.

La única Realidad es Él mismo.

Nosotros solo somos la imagen que se refleja en el espejo,

que no estaría ahí si Él no estuviera presente al otro lado.

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Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/232-una-relaci%C3%B3n-de-amor-no-comercial.html

Gráficas: Anonymus, "Christus verjaagt de geldwisselaars uit de tempel"; en: https://www.statenvertaling.net/kunst/grootbeeld/1095.html; y Paulo Medina, en: https://twitter.com/goya1881/status/1764068182006878295

Actualidad católica / Padre Martín: https://www.youtube.com/watch?v=SrBoF5Ix3gg




Padre Martín: https://www.youtube.com/watch?v=eqBJf35EAXw&t=11s



sábado, 30 de abril de 2022

“Traigan los peces que acaban de pescar".

Domingo 3C Pascua 1 mayo 2022

“¡Vengan a desayunar!” (Juan 21, 1-19)

 Diálogo sobre el Evangelio de hoy: La pesca milagrosa

José Martínez de Toda, SJ.


¿Cómo era la vida de los discípulos después de la resurrección de Jesús?

            Ellos estaban traumatizados por lo ocurrido aquellos últimos días: la pasión y muerte de Jesús, su resurrección y aparición a todos.

            Pero tenían que comer. Y Pedro decide ir a pescar al lago de Tiberíades. Los demás lo siguen. Per aquella noche no consiguen nada.

Y al amanecer, Jesús desde la orilla se puso a hablar con ellos. Pero los discípulos no sabían que era Jesús. Él les recomendó: "Echen la red a la derecha de la barca".

La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo a quien Jesús tanto quería, le dice a Pedro: "Es el Señor".

 

¿Por qué fallan en reconocer a Jesús?

Esto ocurrió varias veces con Jesús resucitado:

-        María Magdalena no reconoció a Jesús Resucitado ante el sepulcro, hasta que Él la llamó por su nombre (20:16). 

-        Camino a Emaús, los ojos de los discípulos “estaban embargados”, y no lo reconocieron, hasta que “tomó el pan, lo bendijo, lo partió, y se lo dio” (24:16, 30).

La resurrección de Jesús no fue como la de Lázaro, o la de la hija de Jairo o la del hijo de la viuda de Naín. Éstos volvieron a vivir esta vida humana atada al cuerpo y un día murieron.

En cambio, Jesús al resucitar, ya no es de este mundo, escapa a nuestras leyes y características naturales, como raza y edad. Su cuerpo vive sólo de Dios, y no del aire y del alimento.

Se deja ver sólo por quienes Él quiere, y con la figura que a Él le parece más conveniente.

Las palabras del Resucitado son más importantes que su mera presencia física. Ellas denotan su personalidad, y permiten reconocerlo inequívocamente como Jesús de Nazaret. Esas palabras son en primer lugar de consuelo (el saludo de la paz, que no es una expresión convencional ni un mero deseo sino que la trasmite realmente), pero sobre todo de envío a proseguir su historia, continuando su misión en su nombre.

Deja atrás definitivamente la muerte.

            Los discípulos tienen que hacer un esfuerzo de fe auténtica para poder reconocerlo. El reconocimiento es como una especie de premio a su fe. Juan ante el Sepulcro vacío, ‘vio y creyó’, y con esa fe pudo reconocerlo en esta pesca milagrosa antes que los demás.

La función central de la aparición es hacerlos partícipes de su gloria y enviarlos a proseguir su misión, como el Padre lo había enviado a Él.

¿Cómo reacciona Pedro?

Al oír que era el Señor, Simón Pedro se ajustó la camisa con un cinturón para tener más libertad de movimiento, y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red llena de peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Pero hacían falta más peces para alimentar este grupo de hombres hambrientos. Y Jesús les dice:

-        “Traigan los peces que acaban de pescar".

Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red. Jesús les dice:

-        "Vengan a desayunar".

Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.

 

¿Qué lecciones quiere dar Jesús a sus discípulos con esta pesca milagrosa?

            Primera lección y la más importante: Jesús es nuestro Amigo; más aún, nuestro hermano.

Segunda lección: “Sin mí no pueden hacer nada”.

Tercera lección: Le gusta que aportemos lo  nuestro. En el Ofertorio de la Misa el sacerdote echa unas gotas de agua al vino, que será consagrado en la Sangre del Señor. Es nuestra participación a la construcción del Cuerpo de Cristo.

 

Este pasaje evangélico produce mucha alegría.

<Un perrito muy alegre se enteró de que había una “Casa de los Mil Espejos”, y decidió él también hacer turismo y verla. Cuando llegó, subió las escaleras con las orejas levantadas y agitando la cola por la emoción. Y al entrar, oh sorpresa, se encontró mirando a mil perritos felices con sus colas que se agitaban tan veloces como la suya. Sonrió con una gran sonrisa y fue respondido con mil sonrisas tan amistosas y cálidas como la suya. Al salir se dijo:

-        Este es un lugar maravilloso. Volveré aquí a menudo.

Pero había también un perrito triste y de pocos amigos, que decidió visitar también esta Casa de los Mil Espejos, de la que todos hablaban. Subió la escalera con la cabeza baja y cuando entró, vio mil perros que le miraban de mal humor. Cuando vio esos perritos tan poco amigos, dio un ladrido, y se sintió horrorizado cuando vio que le contestaron mil ladridos furiosos. Y salió rápido diciendo:

-        Este es un lugar horroroso. Nunca más volveré aquí.>

Lo que hagamos, bueno o malo, repercute en los demás, y se nos devuelve.

Si estamos alegres y juguetones, nuestra alegría pascual contagia a los hermanos, y los hacemos un poco más felices. Vale la pena sonreír. Y los demás nos devolverán las sonrisas, y esta sonrisa se multiplicará, y la alegría reinará en todas partes.

Y como el perrito de la Casa de los Mil Espejos, todos repetirán: “Este es un lugar maravilloso. Volveré a la iglesia muchas veces”. En cambio, nuestra frialdad y aislamiento pueden tener también efectos multiplicadores negativos. Y nadie querrá volver a la iglesia.  

Fuente: Correo electrónico. 

Ilustración: Paulo Medina. 

Reflexión P. Arturo Peraza: https://www.facebook.com/arperaza/videos/355160136647456.

Misa: Cardenal Porras (https://www.youtube.com/watch?v=5yEg3wk7Un8(

Homilía: Obispo Munilla: https://www.youtube.com/watch?v=cHtOBb1MzKc

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY