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martes, 26 de agosto de 2025

Noticiero retrospectivo

- José Font Castro. “Crónicas de fin de siglo: Las fronteras del poder”. Economía Hoy, Caracas, 05/10/1989.

- Jorge Villalba. “Las juventudes políticas enjuician: Donald Ramírez”. El Universal, Caracas, 14/03/79.

- Marcel Roche. “La ´realidad´”. El Diario de Caracas, 18/07/83.

-Eduardo Fernández. “Perspectivas: El Congreso y las Fuerzas Armadas”. El Universal, 06/11/75.

- “El violento fin de Pancho López”. Élite, Caracas, N° 2072 del 12/06/65.

Reproducción: Renny Ottolina: "Un día con los genios del cine". Momento, Caracas, nr. 342 del 03/02/63.


miércoles, 27 de noviembre de 2024

Ex-mandato

DE UN RÁPIDO CONTRASTE

Luis Barragán

“La modestia y la austeridad, trabajar

hasta la extenuación y la falta de

arrogancia son virtudes apreciadas

en este país (…) Merkel es la

viva imagen de la sobriedad”

Ana Carbajosa (*)

 Hay mandatarios que luego se les extraña, gracias a una exitosa gestión, o, en todo caso, a la evidentemente fracasada de sus sucesores. Bajo las democracias liberales, suelen frecuentar los medios, dictar sendas conferencias o reaparecer en los eventos especiales de los partidos adscritos, sin necesidad de incurrir en estridencias.

Por ejemplo, a juzgar por el solo título del artículo de Aurora Minguéz, publicado en fecha 26 de los corrientes en El País de Madrid, se extraña y mucho a la excanciller alemana: “La Europa fea y desorientada después de Merkel”. E, incluso, pendiente de la traducción al español de la entrevista que Der Spiegel le ha hecho a Angela, publicada el 23, con una extraordinaria gráfica de Peter Rigaud, sus opiniones y perspectivas, suscitan todavía interés.

Faltando poco, de oficios tan provechosamente complementarios, el novelista y guionista David Safier ha escrito sendas novelas protagonizadas por la Merkel cotidiana y detectivesca, resolviendo crímenes comunes, acompañada de su perro Putin. Un tributo a su perseverancia, reciedumbre y perspicacia, o un burdo pretexto, lo cierto es que, ida ya del poder, constituye todavía un motivo público de respeto y admiración.

Valga el contraste con este lado del mundo, cuando transitamos de un accidente político a otro, y los que gobernaron el país fueron objeto de un desmedido, injusto, continuo y artero ataque a lo largo del presente siglo. Acotemos el vil detalle, a los expresidentes de la República, en su momento, elegidos en libres comicios, añadido un encargado miraflorino que facilitó una dramática transición, les fueron desconocida toda protección personal, pensión y seguridad social, y, no pocos medios, haciéndose eco de la campaña oficialista, los denostaron.

La Constitución de 1961 subrayó la importancia de desempeñar el poder, entregándolo con el cumplimiento exacto del período, valorando la experiencia adquirida y procurando condiciones materiales mínimas al que fuere titular. Y, aunque algunos dudamos de la fórmula, la senaduría vitalicia cumplió fundamentalmente con el propósito de su creación, asegurando la sobria, eficaz y oportuna intervención de los investidos en los asuntos públicos. Empero, huelga mayores comentarios en torno al actual contraste de una Merkel en su país, y la situación a la que penosamente fueron arrojados los expresidentes venezolanos, libre e inequívocamente electos por voluntad popular, vistos ahora con la nostalgia de otros tiempos. 

(*)           Angela Merkel. Crónica de una era”, Ediciones Península, Barcelona, 2021: 108.

27/11/2024:

https://guayoyoenletras.net/2024/11/27/de-un-rapido-contraste/

martes, 27 de agosto de 2024

Caza de citas



"Si fuera verdad que los políticos, como solemos reprocharles, solo buscan el poder, tendrían más facilidad en lograr acuerdos; no estaríamos atascados en esta polarización improductiva. Mi hipótesis es que la causa de que les cueste tanto acordar es que están más cómodos administrando la impotencia que el poder. Si realmente buscaran el poder, es decir, la transformación de la sociedad, la renovación de las instituciones, la ampliación de la legitimidad, no tendrían tantas dificultades en ponerse de acuerdo. ¿A qué se debe esta aparente paradoja?"

Daniel Innerarity

("La libertad democrática", Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2023: 45)

Ilustración: Leandro Area.

martes, 2 de julio de 2024

Noticiero retrospectivo


- Rodolfo José Cárdenas. "Denuncia sobre torturas". La Esfera, Caracas, 01/02/1961.

- Teodoro Petkoff. "Sacrifico: Deuda y empleo". El Universal, Caracas, 07/09/84. 

-  "Carretera Carúpano-Río Caribe". La Esfera, 23/09/27. 

- Freddy Carquéz. "La crisis de los años 60 y la responsabilidad de CAP". El Globo, Caracas, 05/10/96.

- Dossier: Ontología del poder. Últimas Noticias, Caracas, 21/11/2000. Suplemento Cultural. 

Reproducción: El actor Hugo Pimentel. Semana, Caracas, N° 5 del 12 al 10/04/1968.

domingo, 9 de junio de 2024

Política y farándula

SOBRIEDAD Y PODER

Luis Barragán

Convengamos, el poder formal entraña un ejercicio … formal del poder. Luce incomprensible que no haya un mínimo de circunspección de aquellos que acceden a la titularidad de una jefatura de Estado o de gobierno, u ambas simultáneamente.

Suele ocurrir, el candidato presidencial es capaz de incurrir en cualquier dislate, estridente y espontáneo, atractivo para precisos segmentos del electorado. Empero, el problema está en el deliberado y gastado propósito de convertir la falsa irreverencia y, con ella, la burla, el desprecio, el irrespeto, la intolerancia, etc., al desempeñar altas y decisivas responsabilidades públicas trastocadas en una constante que irremediablemente conduce y contribuye a la mentalidad lumpemproletaria.

El poder como espectáculo no sólo encamina a la farándula como hecho político, sino constituye una artimaña, un ardid y acto macabro de irresponsabilidad que muy bien ilustran las conductas personalmente asumidas por Milei y Sánchez, objeto de una polémica a la postre inútil. En el caso español, el juego llega al extremo del inconsulto reconocimiento del Estado Palestino que se ofrece como una delicadísima maniobra de distracción para los problemas domésticos del ocupante de La Moncloa.

Además, el ejercicio del poder fuerza a tener consciencia del … poder mismo y de su inmensa e irresistible pedagogía, aunque solemos equivocarnos. Al respecto, recordamos una conversación que sostuvimos el presidente Herrera Campíns y el suscrito, en su casa, a mediados de 1999, asegurando, palabras más, palabras menos: “… No tardará Chávez en meter los pies debajo del escritorio”, cosa que insólitamente jamás hizo para resolver los problemas fundamentales de la nación.

Quiérase o no, la sobriedad es consustancial al poder.  Tiende a ocurrir lo contrario en el campo público y en el privado, pues, partamos de un hecho: sobran los que se sienten la tapa del frasco.

Fotografía: LB.

09/06/2024:

https://www.lapatilla.com/2024/06/08/luis-barragan-sobriedad-y-poder/

martes, 7 de mayo de 2024

Caza de citas














"El Poder necesita aparentar diariamente"
Tulio Chiossone
("Apuntaciones político-sociales 1945-1968", Editorial Jurídica Venezolana, Caracas, 1978: 25)
Ilustración: Franck Gerard.

lunes, 11 de diciembre de 2023

Del obrar político

CONVICCIÓN Y MENTALIDAD DE ESTADO

Luis Barragán

Veinticinco años de un diario e intenso aprendizaje, no es poca cosa. El discurso del poder ha permeado eficazmente en todos los sectores dirigentes, monopolizados los medios más accesibles de comunicación pública que no permiten contrarrestarlo suficientemente, añadidas las insólitas limitaciones culturales para ensayar un contradiscurso fuera del obsesivo spot publicitario, las hueras consignas, o las frases digitalmente laboratorizadas.

Tendemos a sospechar del complejo tratamiento de los problemas hasta por una congénita incomprensión del resto de los mortales, resueltos y decididos a cultivar una cómoda banalidad así ostentemos medianas o altas responsabilidades políticas. Además, asistimos al fenómeno opositor que un amigo señala como el de una megalomanía sin poder, por una parte, despreciando las prácticas, el procedimiento, la operatividad y, en definitiva, el obrar político macerado por muchos años, sin ofrecer alternativas; y, por otra, actuando cual secta religiosa afianzada por relaciones primarias de simpatía o antipatía personales.

La presuntamente imparable desinstitucionalización de la vida política, únicamente favorece a quienes detentan formalmente el poder, pero –  librándolos de responsabilidades – la ya arraigada creencia de que solo el derribamiento inmediato, repentino y, por supuesto, espectacular, nos releva o dice relevarnos mientras tanto de la denuncia profunda de los problemas que nos aquejan, y el planteamiento de soluciones que vayan más allá de las meras circunstancias capaces de ocultar otras y más perniciosas aristas. Un balance de las más disímiles columnas de opinión sobre el asunto esequibano, en los dos últimos meses, nos muestra un porcentaje muy mínimo de aportes creativos de legos y entendidos que seguramente concitaron la atención de los curiosos lectores,  en contraste con una mayoría contundente de aquellos que trillaron el tema por moda, deslizándose una que otra nota escolar que, por supuesto, no obedecía a ejercicio pedagógico alguno.

Pensar hoy con la urgida convicción y mentalidad de Estado que ojalá fuese vocación en última instancia histórica, significa reintegrar al obrar político una dimensión que se hizo característica y tradición en la Venezuela del siglo anterior, y que, a modo de ejemplo,  no por casualidad, hubo líderes que igualmente adquirieron una extraordinaria experticia en materia petrolera y laboral al mismo tiempo que recorrieron incansablemente todos los municipios y parroquias del país. Poco o nada haremos si a las habilidades tácticas, las destrezas comunicativas y demás que son propias del activismo en el mundo real o virtual, no sumamos una poderosa intuición, un indispensable conocimiento y un inspirado sentido estratégico para ir más allá de la punta de la nariz.

Nos cautiva la situación observada en las postrimerías del gomecismo con el destino del ejército y otros componentes afines, porque nadie podía asegurarles la continuidad en los términos que prodigó la larga dictadura al crear la Academia Militar, pero que también la eliminó cuando lo juzgó conveniente y necesario. Así, sorprende la atención dispensada a una realidad completamente inédita por dirigentes que no llegaban a la treintena de edad y, desde la más activa oposición, principiando 1936, fueron capaces de descubrir y reivindicar la institucionalidad castrense y de augurarle un destino democrático, a través de un manifiesto seguramente leído y comentado a viva voz en las incansables tertulias de un país predominantemente analfabeto.

Por estos tiempos, está consagrado un peligroso oficio de supervivencia, como el de los colectores del transporte público urbano, hombres y mujeres, mayores y menores de edad, cuya brega es diversa y cotidiana, urgida y angustiosa, apacible y violenta. En nada debe perjudicarlos plantear sus problemas a la luz del derecho del trabajo y sus instituciones, como de la radical flexibilidad laboral encubierta por una retórica populista, dejando por sentado que ellos jamás lo comprenderán y que la dirigencia política democrática que se atreva tampoco encontrará audiencia, por lo menos, hasta que ocupe la correspondiente cartera ministerial y tome todo su tiempo en la designación de una copiosa burocracia.

La realidad actual está ahí, al frente, intacta, interminablemente padecida, para ser escrutada, interpretada y superada, aunque – pueriles – nos resignemos a la versión del socialismo no menos real de esta centuria, confiados en el solo milagro de un derrumbe que autorice el estudio y la determinación de transformarla. Convengamos, resignación inaceptable trastocada la trivialidad en una pereza militante e incapaz de cuestionar el mundo, gustosa de los oropeles del poder establecido.

Fotografía: LB (CCS, 06/12/2023).

12/12/2023:

https://www.elnacional.com/opinion/conviccion-y-mentalidad-de-estado/

sábado, 13 de mayo de 2023

En medio de una guerra de facciones del poder establecido

ADIÓS A LOS ÚLTIMOS VESTIGIOS DE CONTRATO SOCIAL

Humberto García Larralde 

La bonificación de la remuneración a empleados y trabajadores, anunciada por Nicolás Maduro el pasado Primero de Mayo, mete unos clavos más a la urna de lo que queda de contrato social en Venezuela. Al congelar la remuneración salarial, congela también las prestaciones sociales, aguinaldos y pagos de vacaciones que en ella se basan. Mientras, la inflación continúa siendo la más alta del mundo. El alza consecuente del tipo de cambio ha hecho que el salario mínimo, que hace un año equivalía a 30 dólares mensuales, sea actualmente de apenas 5 dólares y pico, reduciéndose también, en esta proporción, las prestaciones antes referidas. Ahora los bonos de alimentación y de “guerra” (¿?) pasan a constituir el grueso de la remuneración. Sus montos están sujetos, cual dádiva, a la discreción del Ejecutivo nacional, no al esfuerzo del trabajo. Además, los jubilados quedan excluidos del bono de alimentación.

Como contrato social se entiende el conjunto de derechos y deberes entre gobernantes y gobernados de una nación, plasmados en normas, tradiciones y valores que conforman el marco institucional que los aúna en torno a la prosecución de un proyecto compartido de sociedad. Las expectativas acerca de su cumplimiento son un elemento central de la cohesión y de la convivencia social en paz, como del logro de sus objetivos. La gobernanza pivota en torno a la capacidad de satisfacer esas expectativas.

En Venezuela, la consolidación de la democracia se asoció a un contrato social basado en un Estado de Derecho semiliberal, pues estaba mediado por un fuerte tutelaje estatal, sobre todo en lo económico. Se podía invertir en áreas que no estaban ya atendidas (política de “mercado copado”), siguiendo pautas fijadas. En contrapartida, se disfrutaba de incentivos fiscales, protección aduanera, financiamiento y de preferencias en las compras del Estado. Los partidos democráticos, comprometidos con conductas probas de gobierno desde el “Pacto de Puntofijo”, se vigilaban entre sí, evitando, sobre todo al comienzo, que tales incentivos fuesen otorgados a discreción, con base en favoritismos, preferencias políticas o corruptelas. Los trabajadores, por su parte, gozaban del derecho de huelga, de libre contratación y sindicalización, así como de otras reivindicaciones obtenidas, más que por sus propias luchas, gracias a concesiones de una generación de políticos socialmente comprometidos. Cerraba el círculo un consumidor venezolano que conseguía, dentro de las opciones que le ofrecía la política proteccionista de industrialización por sustitución de importaciones, productos a precios asequibles.

Un ingreso petrolero significativo fue central en este contrato social. Su administración se la reservaba el Estado, convirtiéndose en el agente económico preponderante del país. Con un manejo prudente de políticas fiscales y monetarias, garantizó, hasta mediados de los setenta, la estabilidad de precios y, hasta 1983 —salvo el control cambiario entre 1960 y 1963—, un bolívar libremente convertible en divisas a un precio fijo. Asimismo, logró financiar una impresionante expansión de la educación y de la salud públicas, además de dotar de servicios diversos a la población. Un contexto de creciente prosperidad, luego de la derrota de la insurrección armada de izquierdas en los sesenta, afianzó el contrato social. Las expectativas de mejora sostenida en las condiciones de vida de los venezolanos sostenían el poder, a cambio, de los dos principales partidos políticos, Acción Democrática y Copei, preferentes en el sufragio popular.

La multiplicación de los ingresos del Estado con la triplicación de precios del petróleo, luego de la guerra de Yom Kippur de 1973, trastocó los equilibrios que sustentaban esta “ilusión de armonía”, como lo designaran Moisés Naím y Ramón Piñango en un libro con ese título de 1984. La plétora de recursos se tradujo en un mayor protagonismo estatal, asociado a ambiciosos planes de gobierno (CAP I), y a una creciente discrecionalidad para asignarlos. Avivaba expectativas optimistas. Pero las limitaciones con las cuales se tropezó luego esta bonanza en los años ochenta, la llamada “década perdida”, habrían de resentir gravemente las bases del contrato social. Los gobernantes habían dejado de cumplir su parte.

La respuesta fue más intervencionismo estatal en la forma de controles de precio y de tipo de cambio, y de regulaciones extendidas. La reducción del ingreso petrolero y la carga de una elevada deuda pública acumulada hasta entonces ceñían las posibilidades financieras del Estado. La discrecionalidad con la cual se racionaban los recursos estimuló la caza de rentas, provocando una situación de privilegios y de creciente injusticia para quienes quedaban afuera. Los intentos del segundo gobierno de CAP de reemplazar la fundamentación rentista del contrato social por una basada en instituciones —deberes y derechos— de una economía competitiva, chocaron con los intereses creados bajo el anterior esquema.

El ”fenómeno Chávez” se explica, en gran parte, por su habilidad, en el momento adecuado, de cosechar las expectativas de un reparto “justo” de los recursos de la nación, alimentadas por el contrato social que se forjó durante la democracia. Proyectándose como segundo Libertador, y revestido de simbolismos patrioteros y de una retórica antiimperialista, fue cortando el nudo gordiano de los contrapesos y resguardos del Estado democrático liberal, para asumir el papel de Gran Redentor. Las mayorías se lo compraron. Se reformuló el contrato social sobre bases estrictamente populistas. Chávez el Salvador de la Patria aseguraría el usufructo de las riquezas nacionales a cambio de lealtad incondicional a su persona y a su proyecto político. Para qué mantener deberes y derechos que no entraban dentro de este esquema. Ya lo había señalado Fidel Castro “dentro de la revolución, todo; fuera de la revolución, nada”.

Pero era un contrato social parcelado, debilitado, con una sociedad escindida por el discurso de odios conque Chávez justificaba la destrucción de los contrapesos a su poder “redentor”. Sus bases eran muy vulnerables, por demás, pues dependían del carisma de Chávez y de la existencia de significativos recursos a repartir para contentar a la gente. Asimismo, estaba cada vez más horadado por los “amigos” quienes, al amparo de la destrucción institucional y de la impunidad asociada a su lealtad, le entraron a saco a los dineros de la nación. Pero a Chávez le sonreían los dioses. Tuvo la suerte de contar con inusitados ingresos petroleros, sobre todo durante su segundo gobierno, para sostener sus imposturas.

Con la desaparición de las bases de lo que aún subsistía como contrato social —carisma y altos ingresos—, Maduro montó una institucionalidad paralela, abiertamente violatoria del orden constitucional, para avalar sus únicas herramientas de “gobernanza”: la represión abierta y la criminalización de toda protesta o disidencia, con la anuencia de tribunales abyectos. El “contrato” ya no era con la sociedad, sino con un círculo estrecho de complicidades de militares traidores, jueces corruptos, enchufados y de mafias “revolucionarias”, junto con los Estados forajidos que los apoyan. Pero se le está explotando en la cara. Las agallas desmedidas de algunos —caso Pdvsa y relacionados—, en un país tan empobrecido por el chavo-madurismo, ha desatado una guerra entre facciones por preservarse cotos para el despojo.

En un escenario que le es cada vez más desfavorable, se supondría que a Maduro le interesaría ampliar sus bases de sustento más allá de la secta de fanáticos y de las complicidades que lo mantienen. Pero, entrampado en una política antiinflacionaria excluyente y destructiva, de un monetarismo tan extremo que haría parecer a los neoliberales como revolucionarios de izquierda, apela a la bonificación de las remuneraciones de trabajadores y empleados para no cargar el presupuesto del pago de prestaciones que no fueran tan miserables. Acosada la dirigencia sindical y sordo ante las exigencias de la población por que le sean respetados sus derechos, el ridículamente autoproclamado “presidente obrero” (¡!) decide acabar con uno de los últimos vestigios del contrato social de la democracia: el salario como base de un sistema de seguridad social que, en una economía sana, les proveería condiciones de vida digna.

Las posibilidades de salir del abismo con base en un proceso sostenido y audaz de crecimiento, pasa por construir los fundamentos de un nuevo contrato social que sea creíble, inspire confianza y sea capaz de aunar voluntades en torno a un proyecto democrático que asegure las libertades y vele por los elementos centrales de un Estado social de derecho, transparente e incluyente. Es condición, además, para concitar los aportes internacionales y de los venezolanos de la diáspora, que tanta falta hacen.

09/05/2023:

https://www.elnacional.com/opinion/adios-a-los-ultimos-vestigios-de-contrato-social

domingo, 25 de diciembre de 2022

Poder y familia

NAVIDAD FAMILIAR

Guido Sosola

Confieso que no sabía del calibre de popularidad del futbolista Messi hasta la celebración del Mundial de Qatar, tan admirado con justo entusiasmo por los niños. En Venezuela también tenemos a deportistas convertidos en los legítimos héroes de los más inocentes.

            Me impresiona todavía más la vida ordenada de Lionel, con su familia por siempre en el corazón, y, aunque ha tenido líos fiscales y también flirteos que la prensa sigue, el portugués Cristiano Ronaldo ha sido una persona de responsabilidades, sensible ante los problemas similares a los que confrontó en el hogar que lo vio crecer.  Los hay descarriados, pero igualmente con una concepción – digamos – trascendente de la familia.

            La gente que ha hecho y hace política, son tan iguales como el resto de los mortales y, de atender a la idea convencional que cultivo de la familia, así tenga una cierta flexibilidad con esta era posmoderna, parece importante exaltar a quienes no los obnubiló el ejercicio del liderazgo. Así, desde el poder mismo, transmitieron valores fundamentales sobre la consideración, el respeto y la amplia aceptación de la institución familiar en una Venezuela que estuvo signada por la paternidad irresponsable y la pervivencia de lo que se llamaron los hijos naturales, como si todo el mundo no lo fuese. Por cierto, hasta que una Mercedes Pulido de Briceño le puso el punto a todas las íes en los ochenta, merecedora de nuestro recuerdo, con la revolucionaria reforma puntual del Código Civil que algunas vez merecerá la atención de los historiadores.

            En vísperas de la Navidad, estelar escenario para el encuentro familiar, o de lo está quedando de ella, una institución pisoteada por el régimen que provocó la diáspora, recordamos que los primeros quinquenios de la democracia representativa en nuestro país, estuvieron encabezados por quienes exaltaron la vida familiar, sin dejar duda alguna al respecto. Rómulo Betancourt, Raúl Leoni y Rafael Caldera dieron un extraordinario ejemplo, como después Carlos Andrés Pérez y Jaime Lusinchi no aportaron; hagamos mención de la ejemplaridad hogareña de Luis Herrera Campins, más que indiscutible.

            A modo de ilustración, citado como un represor sin escrúpulos por los sectores que se alzaron – además – en armas, valga el dato, al extremadamente prudente Leoni se le asocia con Menca y la prole, permaneciendo todavía en el recuerdo de muchísimas personas. Alguien que me pruebe que sus hijos  son multimillonarios, ostentosos y descarriados, porque he coincidido con dos de ellos en sendos actos públicos y son de una normalidad y sencillez absoluta, añadsido otro elemento: permanecen, viven y sufren el país.

            Quienes han ostentado el poder en el presente siglo, con el saldo de violación consabido de los derechos humanos, no pueden decir lo mismo. Cierto, huelgan los comentarios.

            Hay deportistas que son un ejemplo de trabajo y de una ordenada y abnegada vida privada igualmente objeto de la admiración y el aprendizaje de sus fanáticos, algo necesario de recalcar. Y dirigentes políticos que, incluso, hicieron historia enseñando con su ejemplo personal y familiar.

            Feliz Navidad y mejor año nuevo en lo que cabe para mis pacientes lectores. Nos vemos en enero.

Reproducción: El Nacional, Caracas, 03/12/1963.

25/12/2022:

https://www.lapatilla.com/2022/12/25/guido-sosola-navidad-familiar/

domingo, 11 de diciembre de 2022

Noticiero retrospectivo

 - Eduardo Lira Espejo. "Así nació la ópera". El Nacional, Caracas, 07/09/1979.

- Chevige Guayke y la curandería. El Nacional, 02/12/82.

- Alicia Larralde. "La voz de la mujer:  Los amos del poder" (Betancourt y Caldera). El Mundo, Caracas,  24/09/77.

- Humberto Acosta Gutiérrez. "Pete Rose, 300en Venezuela". El Nacional,  23/04/84. 

- Gloria Stolk. "Aire libre: (Leopold) Stokowski o la armonía". El Nacional, 02/10/77.

 Reproducción: Cuenta facebookeana de Felipe Izcaray. "1968, Casa de la Cultura de Carora. Antonio Estévez dirige al Orfeón Carora. Juan Martínez Herrera, su alumno, observa fascinado".

26/11/2018:

https://www.facebook.com/photo/?fbid=10156975476635742&set=a.496941300741

lunes, 21 de noviembre de 2022

Concupiscencia

HEDONISMO Y PODER

Luis Barragán

En los siglos precedentes, el poder siempre fue una promesa fundada e infundada de sacrificio, competencia y sobriedad que, ahora, ni siquiera es demandada como un deber moral. Simplemente,  es fruto de un forzado aprendizaje que necesitamos contrarrestar y superar con urgencia.

            Inolvidable, por el castigo cotidiano de aquellas cadenas radiotelevisivas nacionales, un buen día Chávez Frías tuvo el descaro de hablar en nombre de los hambrientos niños de la calle para justificar la venta del “camastrón”,  entendida como la demostración de su infinito desprendimiento respecto al estorbo del extremadamente lujoso avión presidencial que heredó de las administraciones anteriores. Poco después, el personaje adquirió un flamante Airbus de muchísimos millones de dólares, sin que obviamente resolviera el problema de nuestra infancia abandonada, agravándolo hasta lo imposible, para deleitarse con sus grandilocuentes y repetidas incursiones extranjeras.

            Así, quedó sellada una perversa pedagogía de quien(es) no se daba(n) por aludido(s), en las profundidades de nuestra memoria latente.  Impactado el imaginario colectivo, abonó a una novísima tradición política en repudio de la más vieja y sostenida que institucionalizó un modo de ser y de proceder, legando  una permanente y caprichosa ruptura que nunca tuvo ni tendrá solución de continuidad.  

Hemos  tenido también a mandatarios democráticos muy austeros en nuestra historia, e, incluso, cumplido el período constitucional, murieron empobrecidos;  y hasta feroces dictadores militares que procuraron administrar y minimizar el efecto público de sus excesos.  Todavía recordamos las quejas del sabaneteño por las prendas de vestir (y otras), que tanto le impresionaron al posesionarse de Miraflores y La Casona, aunque lució otras de prodigiosa confección y marca, atacando duramente a los predecesores que, por cierto,  hicieron públicas sus declaraciones de bienes, al ocupar y desocupar el solio presidencial, y pagaban el boleto aéreo de la esposa que acompañaba en un viaje de Estado.

Explotan los reprimidos deseos de la infancia, imponiéndose por encima de las responsabilidades de conducción que pronto se delegan en sus facetas más aburridas, complicadas y hasta tenebrosas, revolviendo las más elementales nociones de gobierno, gobernabilidad y gobernanza para  fundirlas en un ilimitado narcisismo que ha de darle identidad a la vasta clientela política cultivada. Opera el mito de una insostenible superioridad ética,  a través de un populismo cínico y extremo que llama a la resignación,  aceptación y silencio, explicándose como un fenómeno demasiado natural de reconocimiento al trepamiento económico y arribismo social de un alguien que no lo era en el inmenso paisaje de la pobreza pretérita del país que, por supuesto, versiona la maquinaria propagandística y publicitaria de la usurpación.

Muy antes, se hizo común el llamado a evitar o frenar la concupiscencia del poder, con sus placeres y bienestares inmediatos y sensoriales que lo aspiran como un ejercicio inagotable, por cuenta ajena: celebrada la tentación, hoy, la catástrofe humanitaria es el más elevado e inaudito costo que todavía pagamos, sin precedente alguno en nuestra biografía republicana, añadidas las escaramuzas y guerras intestinas que la marcaron. El renovado patrimonialismo de Estado permite conocer y ser conocido por las celebridades allende las fronteras, con  satisfacción por las imágenes, videos y titulares de la prensa que especulan en torno a una naciente amistad; pasearse por festivales de cine, estrechando la mano de los famosos, o recibiendo en palacio la sugestiva visita de una beldad;  la privilegiada asistencia a los grandes eventos deportivos, artísticos e, igualmente, gastronómicos, degustando un puro al mismo tiempo que el exquisito plato en un ambiente de humos encontrados; pagar para que los homenajeé los más cotizados cantantes del exterior, propagando el testimonio de las deidades del espectáculo, o, habituado al protocolo, hacer de sí una deidad que quedará sólo para sí y los síes que le acompañan, se ofrecen como ejemplo de lo lejos que hemos llegado, aunque tenemos la impresión de que, en el fondo, no hay vocación, sino lascivia económica de poder.

Maltrecha, sobrevive aún la infame ilusión óptica de una prosperidad colectiva, ahora, palpablemente reducida a la que pueda personalmente alcanzarse en el sorteo de las oportunidades que brinda el régimen, añadidos  los opositores dispuestos a “comprender” sus realidades, sensualizándose a través de los discursos y las metáforas fundadas en una política de la fe para las masas y en otra para modelar una suerte de mutua estafa respecto a aquellos que obscuramente enlazan con el oficialismo. El tribuno telegénico deviene político manufacturado que conforma una clase mediocre y autosuficiente para consagrar la brecha entre la producción intelectual y el compromiso político, fetichizando al gobernante, como expresara Luis Madueño en un ensayo de elocuente título, advertidos por la academia con sobrada anticipación [*].

[*]           “El populismo quiliástico en Venezuela. La satisfacción de los deseos y la mentalidad orgiástica”, en: Alfredo Ramos Jiménez (editor)  “La transición venezolana. Aproximación al fenómeno Chávez”, Centro de Investigaciones de Política Comparada – ULA, Mérida, 2002: 47-76.

Fotografías: Tomadas de la red. La segunda gráfica, aportada por Patricia Molina, coordinadora de las páginas de opinión de El Nacional, es de Prensa / Miraflores. La última es de Harold Escalona (EPA /REX/Shutterstock,  2008).

22/11/2022:

https://www.elnacional.com/opinion/hedonismo-y-poder/

Flechado

DEL INSILIO OLVIDADO Luis Barragán De la población desplazada hacia el exterior en búsqueda de un refugio seguro y estable, no hay cifra...