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miércoles, 9 de julio de 2025

Los peligros de la fe desorbitada

LA IZQUIERDA TRAIDORA Y EL TERRORISMO

Jonathan Benavides 

La causa palestina es hoy una causa islamista. Su defensa es como haber defendido al Estado Islámico o Al Qaeda hace algunos años, en la época de Al Baghdadi o Bin Laden respectivamente. Esto no es alertado por Israel, sino por los Estados árabes. Países como Arabia Saudita o Emiratos Árabes Unidos plantean la necesidad de “acabar” con Hamás, el gobierno de Gaza, y la Yihad Islámica Palestina que operan dentro del territorio desde hace mucho tiempo. Ambos cometieron la atrocidad del atentado del 7 de Octubre de 2023.

El atentado de Hamás: Ese día los grupos terroristas palestinos asesinaron en Israel a 1200 personas y secuestraron a 251, de las cuales todavía 50 siguen secuestradas en Gaza. Las organizaciones pro palestinas en Europa omiten deliberadamente esto. Estas organizaciones, que responden directamente a grupos terroristas como el FPLP o el propio Hamás, van a contramano de la verdad histórica y la actual hora política del Oriente Medio. Para estos grupos la historia puede ser tergiversada cuando no inventada.

Lo que dice la verdad histórica: En 2005 Israel se retiró unilateralmente de Gaza y en 2006, cuando pudieron elegir, los palestinos optaron por Hamás para ser su gobierno. Desde entonces, el grupo terrorista lanzó miles de cohetes contra Israel. Lo que siguió fue una sociedad gazatí parasitaria que se acostumbró a vivir de arriba, a que Hamas robase la ayuda humanitaria y que la infraestructura civil se utilizara para que los terroristas operen. Por eso las escuelas y hospitales se volvieron depósitos de armas. La kilométrica red de túneles subterráneos se construyó con lo que la comunidad internacional enviaba a Gaza. El relato victimista y la propaganda del genocidio y el hambre fueron insumos que Hamás también usó para construir la red terrorista con la que atacó en Israel el 7 de Octubre.

Un activismo exacerbado que no coincide con la realidad del Oriente Medio: Los payasos que este fin de semana pasado en Pamplona, España, gritaron que en Gaza hay un genocidio sobreactúan el relato palestino, algo que no es visto en ningún país árabe. Desde Egipto hasta el Golfo, los palestinos son rechazados. Ningún país árabe quiere saber algo con los mismos palestinos que en 1970 quisieron asesinar al rey Hussein de Jordania e instaurar un Estado paralelo, con los que iniciaron la guerra civil en el Líbano ni con los que hoy responden a los islamistas de Irán. Por el contrario, países como Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita o Bahrein encuentran un enorme interés en profundizar las relaciones con Jerusalén por temas económicos y de seguridad que ya he profundizado en otros artículos.

La izquierda occidental es vocera del islamonazismo de Hamás e Irán, dos regímenes totalitarios que no tardarían ni medio minuto en enviarlos a la horca desde una grúa o lanzarlos al vacío desde lo alto de un edificio. Un movimiento totalmente cenutrio y mentecato que no sabe de historia ni geopolítica y que hoy hacen una abierta defensa al terrorismo.

La situación en la guerra europea: En términos militares todo sigue siendo un desastre para Ucrania, que sigue sin poder salir de la dinámica que la guerra de desgaste que Rusia le impone desde Octubre de 2022. Hubo dos intentos importantes de Ucrania de “salirse” de esa dinámica, en 2023 con su fallida contraofensiva de Junio y en Agosto de 2024 con la incursión devenida en “nos quedamos y vamos viendo” llevada adelante en el oblast de Kursk. Los dos fueron fracasos absolutos, y en los dos casos dí mis consideraciones estratégicas y operacionales que fundamentaban esa postura. En términos militares, la guerra está terminada desde el fracaso de la contraofensiva ucraniana en 2023: a) Porque Rusia no busca hacerse de “toda Ucrania”; b) Porque Rusia tampoco tiene fuerzas convencionales para hacerse de “toda Ucrania”; c) Porque Ucrania no tiene manera alguna de evitar que Rusia se quede con todas las zonas ocupadas. Ninguna manera; d) Porque esas zonas ocupadas al Este del Dnieper constituyen ya un buffer zone para Rusia.

En términos políticos Ucrania enfrenta la necesidad de EE.UU. de tratar de afectar la interacción entre Rusia y China. No va a ir a una guerra con Rusia por Ucrania, entiendan esto de una vez almas ingenuas. A su vez, Europa no tiene ni por asomo la capacidad militar para darle a Ucrania herramientas para derrotar a Rusia. Resta por ver cuál será el “final formal” de todo esto, sólo eso. Sin embargo, el precio de haber cometido el enorme error estratégico de subestimar a Rusia se pagará por muchos años. La interacción ruso-china es el peor derivado de esas estúpidas decisiones; a pesar de esto, los todólogos son incapaces de comprender este tipo de cosas.

Ilustración: Stelio Mousarris. 

09/07/2025:

https://lapatilla.com/2025/07/08/jonathan-benavides-la-izquierda-traidora-y-el-terrorismo/

viernes, 11 de abril de 2025

División de aguas

APRECIACIONES SOBRE LA REUNIÓN TRUMP-NETANYAHU 

Jonathan Benavides

El eje del encuentro estuvo enfocado en Turquía e Irán, pero también en las proyecciones (personales y políticas) de la segunda administración Trump frente a la hora en Oriente Medio. Analicemos esto:

Nunca Estados Unidos le dio un cheque en blanco a Israel en materia estratégica. El rotundo fracaso y la peligrosidad de la administración Biden-Harris puso las expectativas muy altas respecto a Donald Trump y su segunda presidencia al frente de Washington. La toma de decisiones respecto a Oriente Medio está hoy alejándose de la doctrina Obama que daba rienda suelta a Irán (incluyendo enormes sumas de dinero). Sin embargo, a mi juicio, sigue habiendo un “estatus 1973” que busca un Israel atado en términos de profundidad estratégica. Esto, insisto, lo vimos muy claro en los últimos meses de 2023 y casi todo el 2024, excepto contadas situaciones, con momentos clave en la guerra contra los terroristas de Gaza: presión para flexibilizar la campaña militar o directamente evitarla como en Rafah.

Estados Unidos sigue viendo su foco principal en el Indopacífico y la competencia con China que también llega a los parámetros militares y defensivos. Esto se profundizó con el alejamiento de zonas estratégicas como Oriente Medio (incluyo en esta ecuación también a Siria). El alejamiento militar (o equidistancia) muchas veces NO coincide con la necesidad estratégica inmediata de Jerusalen. Esto se suma, al menos en el análisis, a la relación que tiene el propio Trump con los países (y las inversiones) árabes, especialmente los del Golfo.

Esto necesariamente moldea dos temas importantes en la agenda de Israel: uno inmediato como es el programa nuclear de Irán (amenaza directa) y otro de mediano plazo como la influencia que está construyendo Turquía, miembro de la OTAN, a través de los islamistas de Siria. Hablamos de la misma Turquía con una enorme centralidad estratégica entre Asia y Europa, pero que patrocina un régimen compuesto por facciones de Al Qaeda e ISIS mientras doblega a la oposición dentro de Turquía. Todos estos conjugan elementos de un nuevo estatus que, siempre a mi juicio, no son favorables a Jerusalen. Respecto al tema nuclear: casi tres meses después de la asunción de Trump sigo sin ver señales de respaldo a una operación militar contra Irán.

¿Irán obtendrá la bomba nuclear?. Parecía que Washington, sin descartar la opción militar, buscaría un acuerdo diplomático directo con Teherán. Busca, sin dudas, un entendimiento con Rusia habiendo planteado Moscú su rechazo total al programa nuclear iraní.

Elemento fundamental que divide aguas hoy en Oriente Medio y calibra los equilibrios de poder y alianzas en la región: si Irán traspasa el umbral nuclear, toda la región se somete a un efecto contagio y la posibilidad de que grupos terroristas manipulen estas armas. Escenario que ni Rusia ni Turquía tolerarían. Israel, por su lado, sigue desarrollando la “autonomía operativa” en caso de tener que golpear a motu proprio, habida cuenta que un Irán nuclear es una linea roja para un Israel que sí ostenta la disuasión nuclear. Atención a esto.

Quiero aprovechar espacio esta semana para comentar que llegó a mis manos una publicación de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador, titulado HISTORIA MILITAR, LA HISTORIA NAVAL Y LAS RELACIONES INTERNACIONALES, SIGLO XVIII, XIX Y XX, que resulta un compendio de ensayos escritos por varios autores y del cual quiero rescatar y recomendar el trabajo allí publicado de mi amigo Luis Alberto Barragán, titulado “Del significativo ascenso militar de Medina Angarita en 1935 (Breve ejercicio histórico)”. Un texto concienzudamente académico dedicado a la memoria de Domingo Irwin en el cual Barragán profundiza en breves páginas las transciciones ocurridas entre el final del proceso independentista y la posterior creación e institucionalización de un verdadero ejército nacional y fuerzas armadas en los tiempos de la dictadura gomecista de principios del siglo XX. Un ingenioso ejercicio que Barragán realiza tomando como ejemplo al quizás real primer oficial profesional de carrera y meritocrático que haya conocido la historia militar venezolana como lo fue Isaías Medina Angarita.

Cerramos como todas las semanas con la acostumbrada recomendación de lecturas de nuestra “inútil biblioteca”: A PEACE TO END ALL PEACE: THE FALL OF THE OTTOMAN EMPIRE AND THE CRATION OF THE MODERN MIDDLE EAST por David Fromkin, la guerra en curso entre Israel, Hezbolá y Hamás tiene profundas raíces históricas. Si bien es inexacto describir el conflicto como algo milenario, la guerra moderna se define por el largo siglo anterior. Las políticas establecidas por los Aliados en la Primera Guerra Mundial aún resuenan en la actualidad. Desde el frecuentemente citado Acuerdo Sykes-Picot hasta las negociaciones del Tratado de Versalles, la Primera Guerra Mundial es un paso importante en la creación del Oriente Medio moderno. La obra de David Fromkin es una evaluación ilustrativa de cómo la caída de un imperio, sumada a las conspiraciones de potencias extranjeras, condujo al presente tal como lo conocemos. Este libro se recomienda a todos los analistas de Oriente Medio que deseen comprender las raíces del conflicto actual; ASYMETRICAL NEIGHBORS: BORDERLAND STATE BUILDING BETWEEN CHINA AND SOUTHEAST ASIA por Enze Han, ¿es el proceso de construcción del Estado una iniciativa unilateral y nacional, o se trata de algo más colaborativo, que se desarrolla en los intersticios entre países colindantes?. Para responder a esta pregunta, “Vecinos Asimétricos” analiza comparativamente el proceso de construcción del Estado a lo largo de la zona fronteriza común de China, Myanmar y Tailandia. Muestra que las variaciones en la construcción del Estado entre estos países vecinos son el resultado de un proceso interactivo que transcurre a través de las fronteras nacionales. A diferencia de los enfoques existentes que analizan estos procesos desde la perspectiva de Estados territoriales singulares y delimitados, el libro argumenta que un método más fructífero consiste en examinar cómo la construcción del Estado y la nación en un país puede influir, y ser influenciada, por los mismos procesos transfronterizos. Argumenta que el éxito o el fracaso de la construcción del Estado de un país es un proceso que se extiende más allá de factores internos como la preparación para la guerra, las instituciones políticas y las variables geográficas y demográficas. Más bien, muestra que deberíamos conceptualizar la construcción del Estado como un proceso interactivo fuertemente influenciado por un “efecto de vecindad”. Además, el libro va más allá de los límites académicos que dividen arbitrariamente los estudios sobre China y los estudios del Sudeste Asiático al ofrecer un análisis que vincula los procesos de construcción del Estado y la nación en China con sus vecinos de esta región.

11/04/2025:

sábado, 10 de agosto de 2024

Submarino amarillo

GEOPOLÍTICA DEL SIGLO XXI: HERRAMIENTAS Y DINÁMICS

Jonathan Benavides

Conversemos en esta entrega de nuestro reporte semanal nuevamente focalizando la atención en aspectos teóricos que pueden, a nuestro juicio, ayudarnos a comprender mejor tanto las “herramientas” como las “dinámicas” que tiene la geopolítica en el siglo XXI.

¿Sigue siendo el poder naval relevante?

Pregunta tramposa. Pensemos algunas cosas: – Desde la guerra de las Malvinas (1982) no ha existido una sola ocasión en que dos flotas buscaran enfrentarse en batalla; desde esa misma guerra de 1982, no ha habido un lanzamiento desde submarinos (hubo tanto de Argentina como de Reino Unido) contra buques de combate enemigos. Tampoco desde 1982 ha habido acciones aeronavales contra buques enemigos ni una operación anfibia con miles de tropas implicadas en la misma. Desde la Segunda Guerra Mundial no ha habido un solo caso conocido de un submarino puesto fuera de acción en combate.

A pesar de todo lo anterior, si hay una capacidad que viene incrementándose en el mundo (en los países serios claro) es aquella que hace a las operaciones navales: la construcción de buques de superficie sigue incrementándose; la construcción de submarinos de propulsión convencional y nuclear es un boom; todo lo relacionado con las capacidades anfibias está en pleno desarrollo; los avances en armas misilísticas de largo alcance sigue creciendo. Para que tengan una idea, China tiene capacidad de impactar a un buque a 3.000 km de distancia.

La razón de todo ello no estriba en una sola consideración sino en varias, algunas de ellas las hemos tratado en el pasado y otras no: Todo lo relacionado con una confrontación entre Estados Unidos y China tiene a la Cuenca del Índico y el Pacífico Oriental (como mínimo) conformando el escenario de la misma; Ese escenario es “mayoritariamente” aeronaval. En cierta medida se parece al que conocemos de la campaña del Pacífico de la 2da Guerra Mundial, particularmente en sus frentes del Pacífico Central (Chester Nimitz) y el del Pacífico Sudoriental (Douglas McArthur). No debemos, sin embargo, pensar en el mismo en la dinámica de “asaltos” al estilo Tarawa, Iwo Jima o Saipan. Más bien en el control de espacios que permitan la maniobra de los elementos enemigos (en el caso de Estados Unidos “encerrar” a los chinos en el mar de la China y no salir al océano y a la vez los chinos pugnando por impedir el cerco cuanto menos). Por otra parte, el Ártico es desde hace varios años un espacio gigantesco donde ya hay pugna por el control del mismo con fuerzas militares, y donde las nuevas líneas de navegación traen desafíos estratégicos gigantescos. Asimismo, sigue con absoluta vigencia la mirada que tienen las naciones “serias” de observar a sus costas como lugares de acceso a “autopistas” que son esos mares que tienen próximos. El poder asegurar el empleo de esas vías de comunicación, negarlas o restringirlas a otros es algo de suma importancia.

El poder naval es el que con mayor facilidad permite la integración de los países en operaciones multinacionales. Es incluso mucho más “fácil” de conformar que lo que ejércitos y fuerzas aéreas permiten. Concretamente porque las ejercitaciones entre las armadas son mucho más comunes que las de ejércitos y fuerzas aéreas al tiempo que los procedimientos de interacción entre armadas son “relativamente” comunes cuando esas armadas tienen capacidades similares o complementarias.

Especialmente los ejércitos son siempre mucho más complejos de poder integrar fuerzas multinacionales. El poder naval, en todas sus dimensiones, goza de un enorme futuro en el siglo XXI. Sin embargo, los costos gigantescos de los medios navales (todos ellos) obligan a tener no sólo políticas de largo plazo sino unas que permitan a países que no son grandes potencias generar capacidades navales que tengan letalidad pero fundamentalmente aptitud para integrarse con otras fuerzas navales regionales. Algo que implica un tema que la política debe generar y no los militares.

¿Todo gira alrededor de la disputa sino-estadounidense?

En el marco general sin dudas, pero ello no obtura otras situaciones de conflicto regionales que pueden estallar, las que por sus propias características demandarán especificidades de recursos militares que bien pueden ser absolutamente diferentes del escenario del Ártico o de la Cuenca del Indo Pacífico.

Guerras civiles, conflictos que escalan fuera del margen de administración de la diplomacia, crisis humanitarias que requieren masivo empleo de fuerzas militares, aparición de situaciones de insurgencia y hasta la preservación del acceso a recursos críticos pueden derivar en choques entre fuerzas militares, sea por cortos o largos períodos de tiempo o bien desplegar las mismas para generar un efecto de disuasión.

El espectro de “posibilidades” que pueden aparecer, a nuestro juicio, hace que el pensar en estructuras “pesadas” con enorme servidumbre logística es una de las peores decisiones que pueden adoptar los planificadores estratégicos de naciones no inmersas en las disputas clave del siglo XXI. Fuerzas relativamente menores, con enorme capacidad de ser proyectadas con un aviso mínimo y otras en condiciones de reforzar a las primeras con algo más de poder pero sin perder capacidad de ser también proyectadas en oportunidad, son la base sobre la cual generar capacidades militares creíbles.

Si volvemos al escenario del Indo Pacífico, más allá de lo expresado para el poder naval, los elementos terrestres y aéreos son reorganizados bien para ser preposicionados en esas zonas o reforzar la misma, para lo cual la capacidad de ser movilizados estratégicamente repercute directamente en el tipo de medios que poseerán. Todo ello lleva tiempo y no se adquiere ni en días ni en meses. Lleva años de trabajo serio.

¿Es tan determinantemente militar el escenario futuro?

En modo alguno si la pregunta se hace desde la base de pensar que “lo militar” es algo directamente relacionado con el empleo directo del instrumento en la guerra. Esto no es un juego de significados: es a nuestro juicio entender profundamente como el mundo funciona.

El mundo, como hemos mencionado muchas veces, no es un lugar donde la armonía reine sino que siempre ha sido un espacio caótico, lo que varía es el nivel del caos y la manera en que ese caos deriva en el choque violento que denominamos guerra. Salvo para los ignorantes propagadores de la defensa defensiva y otras estupideces, ha sido claro que contar con capacidades militares creíbles opera como una herramienta que aleja la guerra, mientras que la carencia de ellas o la percepción que se tenga que ellas no existen ha servido para que la apelación al uso de la fuerza tenga incentivos.

Corrientes que particularmente asumimos equivocadas, o en el caso latinoamericano absolutamente irresponsables pueden propiciar el criterio de carecer de capacidades militares como algo útil. En esa mirada el carecer de capacidades hace que “otro” no piense que sea necesario tener capacidades. Una estupidez que la historia demuestra una y otra vez su carácter de tal. El carecer de capacidades militares hace que uno sea observado incluso como un actor “relativamente” peligroso para la paz regional. Esa condición de peligrosidad se genera porque en caso de una crisis en ese país “alguien” deberá asumir los costos de intervenir y si ello no sucediera “los vecinos” serán receptores de las consecuencias que esas crisis pueden generar: posible desmembramiento del país en crisis, zonas del mismo bajo control de agentes no estatales, ingreso de elementos desestabilizadores, etc. Claramente para la mentalidad extremadamente primaria del político promedio latinoamericano este tipo de visiones son directamente apocalípticas y jamás pueden ocurrir y de surgir “veremos cómo atendemos a la misma”.

Cerramos con las recomendaciones de lecturas, extraídas de nuestra “inútil biblioteca”: EL ESTADO MAYOR ALEMÁN por Walter Göerlitz: escrito por uno de los más grandes historiadores militares del siglo XX, es la obra clásica sobre el tema. Versa sobre la creación, desarrollo y evolución del Estado Mayor General prusiano-alemán a lo largo del periodo 1657-1945. EL DISCURSO DE LA GUERRA por André Glucksmann: libro de excepcional importancia, donde se lleva a cabo una profunda meditación sobre el fenómeno bélico: guerra fría y coexistencia pacífica, guerra limitada y revolución, en definitiva apariencias distintas de la Guerra, matriz, latente o explícita que, en última instancia, gobierna la existencia humana. Una relectura de De la guerra de Clausewitz y de la Fenomenología del Espíritu de Hegel, permite a Glucksmann exponer dos teorías de la guerra: 1) una política (Hegel) para la que el terror compartido constituye el fundamento del orden del mundo, y encuentra en el arma atómica su instrumento cabal, que se extiende desde Napoleón hasta el concepto norteamericano de “escalada” y 2) una estrategia (Clausewitz) que descubre en la superioridad de la defensa activa el secreto de la guerra del pueblo, que va de la Revolución francesa a Mao Zedong y al concepto del “tigre de papel”. LA ANARQUÍA QUE VIENE por Robert Kaplan: ¿Es la democracia el mejor sistema de gobierno?, ¿es legítima la tiranía para el Tercer Mundo?, ¿la guerra es beneficiosa en algún sentido?, ¿ds contraproducente la paz?, ¿debería Estados Unidos tener un papel preponderante en el mapamundi que se avecina?; si las respuestas a estas preguntas fueran tan cautelosas como es habitual en política exterior, este libro no tendría sentido. La insolencia de las respuestas con que Kaplan desafía lo “políticamente correcto” para cuestionar la democracia y la paz propician su interés. LA TRANSFORMACIÓN DE LA GUERRA por Martin van Kreveld: este libro apunta a proveer una nueva visión acerca de la guerra, al mismo tiempo trata de avizorar un futuro analizando las probables formas de la guerra del futuro y las posibles tendencias.

09/08/2024:

https://www.elnacional.com/opinion/geopolitica-del-siglo-xxi-herramientas-y-dinamicas/

Captura de pantalla: Ataque de piratas somalíes (https://www.youtube.com/watch?v=9dhWDa_c-zM).

Gráfica: https://free3d.com/es/modelo-3d/old-yellow-submarine-5612.html

viernes, 19 de julio de 2024

Pocos sintonizan sobre ella, propiciándola o padeciéndola

SOBRE LA TEORÍA DE LA GUERRA

Jonathan Benavides 

En un día sin novedades operativas relevantes en las dos campañas bélicas que seguimos, es un buen momento para teorizar un poco y luego poner el foco sobre temas de los que no tienen ni idea la mayoría de los que opinan sobre Ucrania, Rusia, la OTAN y Oriente Medio por estas latitudes. Siempre hemos insistido que politólogos y analistas políticos, en particular los especializados en el área internacional, deberían estudiar a profundidad esta área de suma importancia.

¿Sobre qué trata la teoría de la guerra?: 1) La respuesta debe tener en cuenta cuál es el foco de la teoría; 2) Hay teorías de la guerra dedicadas a entender el fenómeno en su integralidad y otras más focalizadas en los diferentes niveles en que la misma se lleva a cabo: – Político – Militar (estratégico, operacional y táctico); 3) Además hay teorías que tienen foco en el ambiente en que la guerra se desarrolla: – Nuclear – No nuclear – Insurgente; 4) Otras teorías ponen “especificidades”: – Terrestre – Naval – Anfibia – Aérea – Espacial – Electrónica – Ciberguerra – Psicológica, cada uno de los campos mencionados se subdivide además de una manera que puede sorprender. Ejemplo: Terrestre: combate urbano, blindados, apoyo de fuego, combate de infantería, armas combinadas, apoyos de combate, apoyo logístico, inteligencia de combate, etc.

¿Han sido soldados los principales teóricos de la guerra? La respuesta es que no todos han sido soldados en el siguiente sentido: – Algunos tuvieron experiencia de combate pero no era la militar su profesión. El caso más conocido es el de Sir Basil Lidell Hart; otros carecieron de experiencia militar pero dedicaron su vida a estudiar esos asuntos, asesorar sobre ellos e incluso a emplear el recurso militar como parte de su trabajo: Nicolás Maquiavelo es un buen ejemplo de esto; Martin van Creveld (quien por cierto no es un futbolista de los Países Bajos como algunos pueden creer), Colin Gray, Edward Luttwak y Mao Zedong son ejemplos contemporáneos.

¿Y qué podemos decir de los militares que aportaron a la teoría de guerra? 1) Todos ellos eran tipos que observaban al fenómeno «guerra» con el auxilio de una perspectiva histórica. Es decir no se atenían al “hoy” sino que buscaban proyectar hacia el futuro; 2) El foco de su atención ha sido diverso, tal como la guerra es. En punto a ello podemos distinguir quienes trataron a la guerra de manera general: Carl von Clausewitz, Antoine-Henri Jomini y Sun Tsu (si es que este realmente existió…); quienes buscaban generar una manera de imponerse en la guerra: Sir Basil Lidell Hart, Charles de Gaulle, Mikhail Tukhachevsky, Mao o Rupert Smith; Quienes a través de sus escritos han buscado “explicar” maneras de hacer la guerra: Acá la lista es gigante pero rescatamos a quienes nos “han ayudado”, Julio César, Napoleón, Ferdinand Foch, Erich von Manstein, Erwin Rommel, Walter Goerlitz, Bernard Montgomery, John Pimlott, Peter H. Wilson, etc.

¿Y toda esa teoría qué produce concretamente?. 1) Claramente todo ese bagaje inmenso, producido a lo largo de siglos, en los países serios es sometido a un proceso: Se lo recopila; se lo estudia (Oh no!!! hay que leer mucho!!!, Are you crazy?); se lo tamiza con la situación estratégica de cada país; se produce doctrina, la que a su vez se vuelca en procedimientos tanto para la política como para los militares. 2) Lo anterior es un proceso continuo, permanente y extremadamente complejo. Se parte de la base que la guerra es un fenómeno que muta particularmente en sus formas instrumentales, por lo que se requiere de un staff de personal altamente calificado, que de manera constante siga el devenir de estos temas en una manera muy abierta: las “novedades” no suelen venir de arriba sino que desde abajo surgen también. Latinoamérica carece absolutamente de algo sistémico en este tema.

Sin dudas el tema “guerra” no es uno agradable para que políticamente se saque “provecho” del mismo: los votantes tienen tanto interés en esa temática como en aprender qué diantres es en física el Campo de Higgs (algo esto último que les digo es apasionante…). En los países serios hay estamentos civiles y militares que dedican sus días a estudiar la guerra y producen conocimiento, generan políticas y evalúan resultados en función de ello. En general esos estamentos pasan absolutamente desapercibidos, sin embargo, su trabajo es tan valioso como otros focalizados en cosas “menos terribles”: es que en los países serios la guerra es vista como algo necesario de atender, ya que la misma es un fenómeno devastador y que no brinda tiempo para atenderlo sin previsiones.

Algunas cosas de las que no tienen idea los que dirigen y asesoran en defensa en Latinoamérica a lo largo del tiempo: 1) El desconocimiento sobre el área es tan enorme en esta región que abarcarlo supera las muy provincianas capacidades de quien esto escribe, pero haremos un esfuerzo; 2) Debemos decir que en ese desconocimiento debe necesariamente incluirse a un número no menor de militares. Cuidado esto no es un problema exclusivamente de los políticos, aunque sin dudas ellos tienen una enorme responsabilidad; 3) Cosas de las que no tienen idea alguna: Teoría de la guerra: ni se les ocurra iniciar un debate sobre estos temas con ellos; Organización militar: en este tema directamente ni se meten. Se conforman con establecer parámetros de la relación entre poder político y militar, pero de ahí en más dejan a los militares organizarse como quieran, es que ni siquiera conocen los rangos de sus respectivas fuerzas armadas. Los intentos habidos de modificar esta situación no han pasado de lo “cosmético”. Adiestramiento: este campo es directamente uno absolutamente ignorado. Si es mencionado como “prioritario” pero es sólo un discurso repetido y absolutamente vacío en Latinoamérica.

https://youtu.be/H-ggXRU5OHs

No hay estructuras políticas especializadas en el tema, capaces de fijar estándares y evaluar la manera en que ellos se materializan. Empleo operativo de las fuerzas: basta ver a los políticos latinoamericanos responsables de la defensa asistiendo a una ejercitación práctica para comprender el nivel de ignorancia del que hacen gala. Son absolutamente incapaces de distinguir si asisten a un ejercicio real en el sentido que se busca aprender de lo actuado o a una demostración que es lo que normalmente les ofrecen. Es decir asisten a una “coreografía” que ha sido montada para ellos. Conocimiento sobre equipo militar: acá directamente no tienen idea, absolutamente ninguna. Eso sí son hábiles para visitar ferias internacionales y recorren las mismas con la misma capacidad que un niño lo hace frente a un desfile militar: observan sin entender bien que cosas son. Ausencia absoluta del mínimo pudor: Acá nos referimos a tratar al menos de disimular el nivel de ignorancia. Es muy difícil dar un premio al más ignorante.

No quiero finalizar sin hacerles una recomendación de lecturas parte de mi “inútil biblioteca”, costumbre que pretendo continuar regularmente en mis escritos: 1) LUCHAS, VICTORIAS Y DERROTAS por Lothar Rendulic. El autor fue comandante en Yugoslavia entre otros lugares y es un muy interesante libro para comprender las operaciones alemanas especialmente contra las fuerzas de Tito; 2) THE GRAND STRATEGY OF THE ROMAN EMPIRE por Edward Luttwak. Un libro que nos permite entender la manera en que un imperio administra la tensión entre la expansión y los intentos de asegurar sus fronteras; 3) EL GRAN FRACASO por Zbigniew Brzezinski. Un libro que debería haber sido leído por no poco del progresismo de izquierda y también algunos elementos de derechas, algo que no harán, por supuesto; 4) SIX ARMIES IN NORMANDY por Sir John Keegan. Un excelente libro para analizar, a propósito del 80 aniversario, la Operación Overlord desde la perspectiva de los diferentes ejércitos aliados que allí desembarcaron.

Ilustración: LB. 

19/07/2024:

https://www.elnacional.com/opinion/sobre-la-teoria-de-la-guerra/

sábado, 11 de marzo de 2023

Materia pendiente

BUSCANDO UN ENFOQUE TEÓRICO PARA ESTUDIAR LOS CONFLICTOS POSTSOVIÉTICOS "CONGELADOS"

Jonathan Benavides 

En el escenario geopolítico actual, muchos países sufren conflictos internos o están en guerra con otros países. Si bien muchos conflictos se resuelven en un corto período de tiempo, hay algunos que se han extendido por décadas y obstaculizan el desarrollo de los países involucrados e incluso impactan a toda la región. La mayoría de las veces, todos los intentos de encontrar soluciones para estos conflictos fallan y estos quedan sin resolver. Por lo tanto, es vital comprender la naturaleza de dichos conflictos y buscar una explicación para este fenómeno de conflictos “congelados” a la luz de las teorías relevantes de las relaciones internacionales.

Después de la desintegración de la Unión Soviética, aparecieron cuatro conflictos serios en la región y, aunque estos están en el centro de los problemas que enfrentan las naciones recién formadas, parece haber un punto muerto. Los países involucrados no participan en una guerra abierta y en ausencia de una solución sobre la mesa; estos conflictos se pueden denominar «conflictos congelados». Los principales conflictos que afectan a las naciones postsoviéticas y que se analizan en este artículo son Transnistria en Moldavia; Nagorno Karabaj con Azerbaiyán y Armenia; y finalmente, Abjasia y Osetia del Sur, que afectan al territorio de Georgia.

Este artículo tiene como objetivo profundizar en los diversos enfoques teóricos, que son los más relevantes para comprender la naturaleza de estos conflictos, y analizar cómo la literatura de las Relaciones Internacionales puede ayudarnos a desarrollar una mejor comprensión de estos temas. Primero, el artículo evalúa estos conflictos a la luz del Enfoque Liberal basado en los trabajos de Michael Doyle, Joseph S. Nye y Robert O. Koehane. En segundo lugar, se intenta determinar la relevancia del Enfoque Crítico centrándose principalmente en las obras de Robert Cox, Andrew Linklater y Ken Booth. Por último, se discuten los trabajos de Kenneth Waltz y Robert Gilpin para comprender estos conflictos a la luz del Realismo Estructural. El estudio en profundidad de estas tres teorías ayudará a determinar la lente teórica adecuada y la teoría más dominante, que debe emplearse para comprender las razones de la naturaleza “congelada” de estos conflictos.

Argumento que el Realismo Estructural nos proporciona las lentes teóricas más adecuadas. Para respaldar mi argumento, miraré la literatura para ver qué enfoques afirman tener la mejor explicación. Luego, enumeraré un conjunto de razones por las que el realismo estructural puede considerarse el enfoque dominante al tratar este tema.

Enfoque liberal

El liberalismo es una de las principales teorías entre las Teorías de las Relaciones Internacionales, pero tiene sus críticos, especialmente en relación con los asuntos exteriores. Sin embargo, antes de mirar los asuntos exteriores desde el punto de vista liberal, es necesario considerar los principios fundamentales del enfoque. El liberalismo se basa en las ideas y el principio de la libertad de los individuos. Esta libertad se configura como un conjunto de derechos en tres vertientes. En primer lugar, el liberalismo toma la libertad de la autoridad arbitraria, a menudo llamada “libertad negativa”. Contiene la libertad de conciencia, la libertad de prensa y de expresión, la igualdad ante la ley y el derecho a poseer, y por lo tanto a intercambiar, bienes sin temor a confiscaciones arbitrarias. Además de los “derechos negativos”, el liberalismo también promueve algunos derechos que se denominan “libertad positiva”. Contiene derechos sociales y económicos como la igualdad de oportunidades para obtener educación, empleo y atención médica. El tercer derecho liberal, que garantiza los otros dos, es la participación o representación democrática. Aunque hay un debate en curso incluso dentro de los académicos liberales sobre cómo reconciliar los tres conjuntos de derechos liberales, no está dentro del alcance de este documento entrar en los detalles de este debate.

Los eruditos liberales argumentan que los Estados liberales no van a la guerra entre sí y para apoyar esta idea enumeran datos estadísticos. Michael Doyle en su artículo de 1983 presenta datos estadísticos sobre los regímenes liberales y la creación de la “unión pacífica”. En contraste, Doyle argumenta que aunque los académicos liberales explican la pacificación entre los Estados liberales, no aclaran por qué los Estados liberales son pacíficos solo con los otros Estados liberales. Los Estados liberales pueden ser bastante agresivos con los Estados no liberales; al respecto, Doyle afirma que la mejor lente la ofrece Immanuel Kant en su obra titulada “Sobre la paz perpetua” para desenredar este callejón sin salida. En su obra, Kant propone tres “artículos definitivos” que pueden garantizar la paz perpetua. El Artículo Primero Definitivo sostiene que la constitución civil del Estado debe ser republicana. Por republicano Kant entiende una sociedad política que ha resuelto el problema de combinar la autonomía moral, el individualismo y el orden social. Quitarle al monarca o a cualquier líder autocrático el derecho a tomar decisiones sobre el destino del pueblo es fundamental para la paz perpetua en un Estado. El Segundo Artículo Definitivo habla de la “unión pacífica”, que se creará a través del derecho internacional. Tener regímenes liberales en dos Estados empujará automáticamente a los Estados a la paz. El Tercer Artículo Definitivo llama la atención sobre el derecho cosmopolita. En esta etapa, los ciudadanos de ambos lados no serán molestados cuando crucen la frontera porque gradualmente reconocerán las normas y leyes constitucionales e internacionales similares.

En su obra, Kant muestra por qué puede existir una paz perpetua entre los Estados liberales y argumenta que:

“En la constitución republicana no puede por menos de ser necesario el consentimiento de los ciudadanos para declarar la guerra. Nada más natural, por tanto, que, ya que ellos han de sufrir los males de la guerra (como son los combates, los gastos, la devastación, el peso abrumador de la deuda pública, que trasciende a tiempos de paz), lo piensen mucho y vacilen antes de decidirse a tan arriesgado juego. En cambio, en una constitución en la cual el súbdito no es ciudadano, en una constitución no republicana, la guerra es la cosa más sencilla del mundo. El jefe del Estado no es un conciudadano, sino un amo, y la guerra no perturba en lo más mínimo su vida regalada, que transcurre en banquetes, cazas y castillos placenteros. La guerra, para él, es una especie de diversión, y puede declararla por levísimos motivos, encargando luego al cuerpo diplomático (siempre bien dispuesto) que cubra las apariencias y rebusque una justificación plausible».

Según Kant, ninguno de esos tres Artículos Definitivos por sí solo es suficiente para tener una paz perpetua, sino que solo pueden ser efectivos cuando se aplican juntos. Sin embargo, la actitud de estos Estados no será la misma hacia los regímenes no liberales y pueden tener relaciones agresivas con estos Estados. La “paz” se limitará a los Estados liberales y solo mediante el apoyo a los regímenes liberales en otros Estados; solamente bajo estas condiciones pueden expandir la “zona de paz”.

Además de la Teoría de la Paz Democrática, también es útil analizar el trabajo escrito en coautoría por Robert Keohane y Joseph Nye (“Relaciones transnacionales y política mundial: una introducción”) para saber si el enfoque liberal es relevante para comprender los conflictos congelados en la región postsoviética. En este artículo, los autores argumentan que en el campo de la política internacional se ha prestado muy poca atención a la importancia de las interacciones entre sociedades. Para llenar este vacío, Keohane y Nye ofrecen el concepto de “relaciones transnacionales”. La principal objeción de los autores aquí es la aceptación de los Estados como los únicos actores en las relaciones internacionales.

Keohane y Nye usan el término “interacciones globales” para los movimientos de información, dinero, objetos físicos, personas u otros elementos tangibles o intangibles a través de las fronteras de los Estados. Los autores enfatizan que en las interacciones globales las relaciones no son simples sino muy complejas. Según Keohane y Nye, una interacción transnacional no solo puede involucrar a los gobiernos, sino que los actores no gubernamentales también deben desempeñar un papel importante. “Por lo tanto, “interacciones transnacionales” es un término para describir el movimiento de elementos tangibles o intangibles a través de las fronteras estatales cuando al menos uno de los actores no es un agente del gobierno o una organización intergubernamental”.

Para responder “¿cómo afectan las interacciones transnacionales a la política interestatal?”, los autores sugieren cinco efectos principales de las interacciones transnacionales: el primero son los cambios de actitud. Según los autores, significa que los ciudadanos de diferentes Estados simplemente interactúan cara a cara y estas interacciones pueden afectar y alterar las percepciones de los grupos de élite. El segundo efecto de las interacciones transnacionales en la política interestatal es la promoción del pluralismo internacional. Keohane y Nye afirman que tener vínculos entre grupos de interés nacionales en estructuras transnacionales empuja a estos grupos a establecer organizaciones internacionales para cooperar entre sí. El tercero es la dependencia e interdependencia a menudo asociadas con el transporte y las finanzas internacionales. En esta parte, los escritores argumentan que no solo los Estados liberales involucran dependencia e interdependencia, sino que también pueden estar involucrados regímenes totalitarios. Por ejemplo, si los Estados totalitarios quieren mantener el ritmo científico, deben permitir revistas internacionales en sus países o deben dar permiso a los científicos para asistir a algunas conferencias en el extranjero. En este sentido, los Estados también pueden depender de organizaciones internacionales, especialmente si estas organizaciones les proporcionan los bienes, servicios, información, habilidades gerenciales y legitimidad religiosa, etc. que necesitan. Otro efecto de las interacciones transnacionales en la política interestatal son los nuevos instrumentos de influencia. Entre poderes aproximadamente iguales, ambas partes pueden aprovechar los nuevos instrumentos. Sin embargo, este puede no ser el caso entre Estados desiguales; ya que las interacciones transnacionales pueden proporcionar un apalancamiento adicional a los Estados poderosos ubicados en el centro de las redes transnacionales y pueden colocar a los Estados más débiles en una posición desventajosa. El quinto y último efecto de las interacciones transnacionales en la política interestatal depende de la presencia de organizaciones internacionales como actores autónomos o cuasi autónomos en la política mundial. Tener su propia política exterior privada no solo afectará las relaciones entre los Estados sino que los mismos tendrán que desarrollar relaciones particulares con esas organizaciones internacionales. Por lo tanto, las interrelaciones son muy complejas y a menudo recíprocas, y no pueden ignorarse.

Evaluando los conflictos congelados desde el punto de vista de Michael Doyle en el marco del trabajo de Kant y los trabajos de Keohane y Nye, se observa que la región está llena de organizaciones y cooperaciones internacionales. Después del colapso de la Unión Soviética, surgieron quince Estados independientes en la región. Junto con la independencia, estos países también entraron en un período de transición: transición a la democracia, transición a la economía de mercado y construcción del Estado/nación. Además, se establecieron nuevas instituciones regionales en estos países para cooperar entre sí. Sin embargo, la cooperación económica y política permanece limitada solo a los Estados que no tienen conflicto entre ellos.

Podemos citar algunas organizaciones regionales en la zona postsoviética como ejemplos desde el punto de vista del enfoque liberal. El primero es la Comunidad de Estados Independientes (CEI), que ha aspirado a ser más que una organización puramente simbólica, que nominalmente posee poderes de coordinación en el ámbito del comercio, las finanzas, la elaboración de leyes y la seguridad. Otra es la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), una alianza militar intergubernamental. El tercero es la Organización GUAM para la Democracia y el Desarrollo Económico. GUAM es una organización regional que incluye cuatro Estados postsoviéticos: Georgia, Ucrania, Azerbaiyán y Moldavia. El último y más crítico es la Unión Económica Euroasiática que apunta a la integración económica regional.

Además de las Organizaciones Internacionales, existen algunas instituciones en la región postsoviética que se enfocan en el tema de los conflictos congelados. OSCE Mission es un grupo dentro de la OSCE que está tratando de encontrar una solución pacífica entre Georgia / Osetia del Sur; Georgia / Abjasia. Sin embargo, en los últimos diecisiete años el grupo Misión no ha logrado llegar a una solución pacífica de estos conflictos. Otro grupo es el grupo OSCE Minsk, que se estableció únicamente para encontrar una solución pacífica al conflicto de Nagorno Karabaj. Finalmente, para el conflicto de Transnistria se formó “5+2”, que incluye a Moldavia, Transnistria, Ucrania, Rusia y la OSCE, más EE.UU. y la UE como observadores externos, para encontrar una solución relevante al conflicto. Ninguno de estos intentos de resolver los conflictos congelados ha logrado ningún éxito y no se espera que pronto se encuentre una solución real para estos conflictos.

En este sentido, podemos mostrar proyectos exitosos como el oleoducto Bakú-Tbilisi-Ceyhan, donde Azerbaiyán y Georgia están cooperando entre sí. La cooperación económica entre estos dos países los llevó a apoyar los intereses del otro también en el ámbito internacional. Sin embargo, debido a los conflictos congelados tiene un alcance limitado ya que dificulta las relaciones con ciertos países. En este punto, se puede argumentar que aunque es posible observar intentos liberales en la región exactamente como afirman los académicos liberales, esta cooperación existe solo entre ciertos Estados de la región a pesar de que todos los Estados afirman ser regímenes liberales. Por supuesto, uno puede cuestionar la legitimidad del reclamo y se puede argumentar que estos regímenes pueden no ser totalmente liberales o abiertamente autoritarios, pero también es fundamental darse cuenta de que los regímenes totalmente liberales solo pueden existir en la región si estos conflictos se resuelven.

Enfoque crítico

El enfoque crítico es otra Teoría de las Relaciones Internacionales que debe tenerse en cuenta al investigar el enfoque más relevante para comprender los conflictos congelados en la región postsoviética. En este sentido, el documento analiza el trabajo de Robert W. Cox junto con el trabajo de Andrew Linklater y Ken Booth.

Robert Cox en su artículo titulado “Fuerzas sociales, Estados y órdenes mundiales: más allá de la Teoría de las Relaciones Internacionales” llama la atención sobre las relaciones entre la sociedad civil, los Estados y sus interacciones con el orden mundial. Según Cox, la teoría tradicional de las relaciones internacionales no logra explicar el orden mundial. “La teoría tradicional de las relaciones internacionales mantiene la distinción de las dos esferas, y la política exterior aparece como la expresión pura de los intereses del Estado. Hoy, sin embargo, el Estado y la sociedad civil están tan interpenetrados que los conceptos se han vuelto casi puramente analíticos (refiriéndose a aspectos difíciles de definir de una realidad compleja) y son solo muy vaga e imprecisamente indicativos de distintas esferas de actividad. Cox en su artículo también critica la tendencia reciente en la que algunos académicos socavan la unidad de los Estados y afirman que los intereses de los Estados no son unitarios y que los burócratas compiten entre sí. Otro grupo de académicos socava el papel relativo de los Estados en la arena internacional al presentar la importancia de las organizaciones no gubernamentales. Sin embargo, Cox afirma que el Estado debe seguir siendo el foco de las relaciones internacionales pensando como un concepto singular. Señala que “dentro de los límites de la Teoría de las Relaciones Internacionales ha habido pocos intentos de considerar el complejo Estado/sociedad como la entidad básica de las relaciones internacionales”.

Cox toma prestado de la visión marxista para llenar este vacío ampliando y diversificando la noción de Estado y, en particular, ampliando sus dimensiones sociales. Sin embargo, no va muy lejos en la exploración de las diferencias históricas o reales entre las formas de Estado, o en la consideración de las implicaciones de las diferencias para el comportamiento internacional. Examinar el trabajo de Cox en profundidad no está dentro del alcance de este artículo, pero se explora el concepto de las fuerzas sociales y su impacto en las formas de los Estados. Cox adopta una perspectiva histórica que trata de comprender la transformación en la estructura histórica para influir en el cambio de la sociedad. Presta atención a estas tres nociones, que son fuerzas sociales, formas de Estado y orden mundial. Cox argumenta que cada uno de estos conceptos tiene un impacto en el otro y por eso, no son estáticos, sino que continúan cambiando.

Andrew Linklater es otro académico cuyo artículo titulado “Los logros de la teoría crítica” necesita ser discutido mientras se busca el enfoque más relevante para comprender los conflictos congelados. En este artículo, Linklater examina la interpretación marxista de la Teoría Crítica. Su objetivo principal es considerar los logros de la teoría marxista, sus deficiencias y las formas de superar estas deficiencias a través de la ética del discurso propuesta por Jürgen Habermas.

Como rama de la teoría social y como enfoque de las relaciones internacionales, Linklater sostiene que la teoría crítica tiene cuatro logros principales. Primero, la teoría crítica se ocupa del positivismo. Postula que las afirmaciones de neutralidad del positivismo, en los hechos, ocultan los arreglos sociales problemáticos. En segundo lugar, la teoría crítica se opone a la idea de que las estructuras existentes del mundo social son inmutables. Examina las nuevas formas de comunidad política. La teoría crítica reconoce las restricciones propuestas por el neorrealismo pero rechaza el destino político. Tercero, la teoría crítica supera las deficiencias del marxismo. La teoría crítica enfatiza el aprendizaje social para la emancipación en lugar de centrarse en el poder de clase como factor determinante. El cuarto y último logro de la teoría crítica es que prevé una nueva forma post-soberana de comunidad política a través de la ética del discurso.

Linkater cita el argumento de Cox; la teoría es siempre para alguien y para un propósito. Cox afirma que hay dos tipos de teoría: la resolución de problemas y la teoría crítica. La teoría de la resolución de problemas acepta y legitima el orden existente, afirmando que el cambio es imposible o improbable. Sin embargo, la teoría crítica busca evidencias de cambio. El orden mundial existente funciona en beneficio de los grupos privilegiados mientras deja de lado a los grupos marginales y subordinados.

La teoría crítica se opone fuertemente a la tesis de la inmutabilidad. La primera crítica principal es que la tesis de la inmutabilidad no proporciona una explicación adecuada de la relación entre agencia y estructura. La teoría crítica critica al neorrealismo que toma la estructura como determinante del comportamiento del agente pero Kenneth Waltz también reconoce que los grandes poderes gozan de una capacidad para determinar el funcionamiento del sistema. Así, para adoptar a Alexander Wendt, con la máxima que la anarquía es lo que los Estados hacen de ella. La segunda crítica principal es que la tesis de la inmutabilidad santifica la configuración de poder existente, que funciona al margen del esfuerzo legítimo por reformarla.

Linklater se enfoca en los desarrollos que están debilitando el vínculo entre los ciudadanos y el Estado. Afirma que la guerra ha jugado en la creación de comunidades nacionales y el fortalecimiento del vínculo entre los ciudadanos y los Estados. La obsolescencia de la guerra conduce a una mayor representación política y derechos de las minorías nacionales y la organización migrante, que se sienten marginadas por las concepciones dominantes de la comunidad. Linklater concluye: “La reforma de las relaciones internacionales tiene que comenzar con la transformación del Estado como una comunidad moral limitada”.

Ken Booth en su artículo titulado “Seguridad y emancipación” parte de una crítica a los estudios de seguridad tradicionales y su naturaleza centrada en el Estado. Booth no solo critica los enfoques tradicionales, sino que también ofrece una visión de cómo reconceptualizar la comprensión de seguridad del realismo. Es una producción del sistema internacional moderno y existente y reproduce este sistema. Define cuatro problemas en las relaciones internacionales: la soberanía, los Estados, las superpotencias y palabras importantes como “guerra”, “estrategia” o “arma”. Afirma que estas palabras se volvieron más complicadas en el período posterior a la Guerra Fría. Argumenta que solo un proceso de emancipación puede hacer más probable la perspectiva de una “verdadera” seguridad humana. Según él, la comprensión realista de la seguridad como “poder” y “orden” nunca puede conducir a la “verdadera” seguridad. El Estado soberano no es el principal proveedor de seguridad, pero sí uno de los principales causantes de la inseguridad. Para apoyar su idea, Booth da un ejemplo de que durante los últimos cien años sus propios gobiernos han matado a mucha más gente que ejércitos extranjeros. Sin embargo, afirma que la verdadera seguridad “solo puede ser alcanzada por personas y grupos si no privan a otros de ella”.

Observar las Relaciones Internacionales desde la teoría del enfoque crítico puede ampliar nuestra perspectiva, pero es irrelevante para comprender los conflictos congelados en la región postsoviética. Sin embargo, se observó que, aunque en los últimos años de la Unión Soviética, la sociedad civil fue muy eficaz, no pudo afectar la forma de Estado entre las décadas de 1930 y 1970. Solo cuando Mikhail Gorbachov inició la política de perestroika y glasnost, las sociedades civiles se convirtieron en actores clave y pudieron afectar la forma de Estado. Después de la desintegración de la Unión Soviética, aunque existen pocas sociedades civiles conscientes y organizadas, no tienen ningún efecto en los Estados. De hecho, se observa que la sociedad civil más influyente de Georgia no pudo cambiar la dinámica de ese país. Aunque la sociedad civil desempeñó un papel importante durante la “Revolución de las Rosas” en Georgia, no pudo tener un impacto serio en los conflictos congelados. Además, frente al argumento de Linklater de que “la obsolescencia de la guerra conduce a una mayor representación política y derechos para las minorías nacionales y las organizaciones de inmigrantes que se sienten marginadas por las concepciones dominantes de la comunidad”, es difícil ver la obsolescencia de la guerra en esta región. Además, Booth argumentó que el concepto de seguridad ha cambiado después del período de la Guerra Fría, pero se debe tener en cuenta que este argumento puede tener relevancia para varias regiones pero no para todo el mundo. En este sentido, gracias a los conflictos congelados la percepción de guerra es muy vibrante en la región. En realidad, el efecto de las fuerzas sociales sobre las formas de los Estados en la región postsoviética es muy débil por no tener sociedades civiles y parece que mientras los conflictos en la región estén congelados, su debilidad continuará.

Realismo estructural y conflictos congelados

Antes de analizar el Realismo Estructural y su relevancia para comprender los conflictos congelados en la era postsoviética, se discutirá brevemente el realismo clásico para mostrar por qué no es pertinente cuando se habla de conflictos congelados. El realismo apareció como una de las principales perspectivas para estudiar las Relaciones Internacionales durante el período de entreguerras y, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial, se convirtió en un enfoque dominante en los Estados Unidos. El realismo clásico generalmente data de 1939 con la publicación de “La crisis de los veinte años” de Edward H. Carr. Además de Carr, Frederick Shuman (1933), Harold Nicolson (1939), Reinhold Niebuhr (1940), Georg Schwarzenberger (1941), Martin Weight (1946), Hans Morgenthau (1948), George F. Kennan (1951) y Herbert Butterfield (1953) forman parte del canon realista. Sin embargo, “Política entre las naciones: la lucha por la paz y la guerra”, escrita por Hans Morgenthau, se convirtió en la obra más destacada entre las otras obras realistas clásicas.

Según el realismo clásico, los Estados están continuamente comprometidos en una lucha para aumentar sus capacidades porque el deseo de más poder está enraizado en los defectos de la naturaleza humana. Señala que no tener el mismo poder entre los Estados permite que un estadista busque más poder y los conflictos aparecen en la arena internacional debido a los deseos humanos. Para los realistas clásicos, la política internacional se puede caracterizar como mala: suceden cosas malas porque las personas que hacen la política exterior a veces son malas. Hans Morgenthau afirma que “la política se rige por leyes objetivas que tienen sus raíces en la naturaleza humana”. La naturaleza humana es inherentemente defectuosa; por lo tanto, el conflicto ocurre como un resultado natural de la búsqueda de poder de las naciones en conflicto. Morgenthau argumenta que, dado que la política se rige por la objetividad de la naturaleza humana, se puede desarrollar una teoría de las relaciones internacionales colocándose uno mismo en la posición del estadista para predecir los resultados políticos.

Los principios básicos del realismo clásico establecen que las relaciones internacionales están centradas en el Estado, los Estados son los actores centrales en la política internacional en lugar de individuos u organizaciones internacionales. Además, el sistema político internacional es anárquico y no existe una autoridad supranacional. Los actores en el sistema político internacional son unitarios y racionales ya que sus acciones maximizan su propio interés y todos los Estados desean Poder para poder asegurar su propia preservación.

Analizar los conflictos congelados desde la perspectiva del realismo clásico no nos da una explicación satisfactoria. Aunque existen relaciones asimétricas entre los lados opuestos de los conflictos congelados, uno no puede vencer al otro. Por ejemplo, según algunas afirmaciones, el presupuesto total de defensa de Azerbaiyán es igual al PIB de Armenia, pero el estancamiento entre los dos Estados persiste en el caso de Nagorno Karabaj. El mismo callejón sin salida se observa en el caso de todos estos conflictos congelados. Aunque existe un desequilibrio de poder entre los lados opuestos de los conflictos congelados, el conflicto permanece sin resolver como si los poderes estuvieran equilibrados. Significa que mirando las políticas internas de los Estados, los conflictos congelados no pueden explicarse y deben analizarse a nivel internacional.

En su libro “Teoría de la política internacional”, Kenneth Waltz separa las teorías internacionales en dos grupos según sean reduccionistas o sistémicas. Las teorías de política internacional que enfocan las causas a nivel individual o nacional son reduccionistas; las teorías que conciben las causas a nivel internacional son sistémicas. Waltz critica principalmente a los académicos que buscan encontrar resultados en el nivel de unidad. Él los llama “reduccionistas” que intentan explicar los resultados mirando el nivel estatal. Waltz advierte que el enfoque reduccionista ignora las restricciones impuestas al comportamiento del Estado por el entorno internacional.

El libro esencialmente dibuja un marco muy general para aclarar patrones recurrentes de comportamiento estatal e interacción estatal en el sistema internacional. Para explicar los resultados de la política internacional, Waltz sitúa la estructura en el centro del sistema internacional. Dos cosas son particularmente significativas sobre el sistema internacional en la noción de estructura de Waltz. En primer lugar, el principio ordenador del sistema internacional es la anarquía. Significa que no hay una autoridad superior a las unidades principales (Estados) en el sistema internacional. Otro principio de la estructura de la política internacional es la distribución de capacidades entre las unidades del sistema internacional. Las capacidades y/o el poder varían significativamente entre los Estados. Las variaciones en las capacidades/poder entre los Estados crean restricciones estructurales que enfrentan los Estados en la política internacional.

En este escenario, el Realismo Estructural es la Teoría de las Relaciones Internacionales más adecuada para comprender los conflictos congelados en el período postsoviético. Se observa que existe una carrera armamentista interminable entre los bandos en conflicto y es por ello que los conflictos se equilibran o se congelan. Este artículo presenta el argumento de que la “estructura” juega el papel de equilibrio entre los lados en conflicto en un conflicto congelado; puede plantearse la cuestión de si se limita a las competencias regionales. Por un lado, es lógico considerar que puede ser de interés de las potencias regionales mantener congelados estos conflictos pero, por otro lado, debemos tener en cuenta otro punto que ni siquiera la potencia hegemónica podría cambiar la situación a su conveniencia cuando incluso tenía suficiente capacidad para hacerlo. Con el fin de resolver los conflictos en la región postsoviética, se han establecido instituciones internacionales para encontrar soluciones personalizadas y tratar individualmente estos conflictos, pero aún no hay una solución y tampoco parece haber ninguna en el horizonte.

En este punto, el trabajo de Robert Gilpin titulado “La guerra y el cambio en la política mundial” puede ayudar a comprender mejor el caso. En su libro, Gilpin da cinco suposiciones para explicar el cambio político internacional:

“Primero, un sistema internacional es estable (es decir, en un estado de equilibrio) si ningún Estado cree que es rentable intentar cambiar el sistema. Segundo, un Estado intentará cambiar el sistema internacional si los beneficios esperados superan los costos esperados (es decir, si hay una ganancia neta esperada). Tercero, un Estado buscará cambiar el sistema internacional a través de la expansión territorial, política y económica hasta que los costos marginales de un mayor cambio sean iguales o mayores que los beneficios marginales. Cuarto, una vez que se alcanza el equilibrio entre los costos y los beneficios de un mayor cambio y expansión, la tendencia es que los costos económicos de mantener el statu quo aumenten más rápido que la capacidad económica para mantener el statu quo. Quinto, si no se resuelve el desequilibrio en el sistema internacional, entonces se cambiará el sistema y se establecerá un nuevo equilibrio que refleje la redistribución del poder”.

Siguiendo las explicaciones de Gilpin sobre el cambio político internacional, se puede decir que el sistema político internacional actual es beneficioso para las grandes potencias y la principal causa de los conflictos congelados se debe al sistema político internacional. Estos conflictos no existían cuando el sistema político internacional era bipolar, pero cuando la estructura del sistema cambió después de la guerra fría, estos conflictos surgieron y parece que hasta que no haya un nuevo cambio de estructura en el sistema político internacional, estos conflictos permanecerán congelados.

Conclusión

La desintegración de la Unión Soviética llevó a la creación de cuatro conflictos (Transnistria, Osetia del Sur, Abjasia, Nagorno Karabaj) de naturaleza muy similar en la región. Todos estos conflictos congelados surgieron justo después del colapso de la Unión Soviética y actualmente la probabilidad de que se resuelvan es casi nula. Para resolver estos conflictos congelados, los actores de poder internacionales, es decir, Estados Unidos, la Federación de Rusia y la Unión Europea deben involucrarse y desempeñar un papel fundamental. Sin embargo, parece que ninguna de estas partes quiere descongelar estos “conflictos congelados”. Por lo tanto, este artículo argumenta que la propia naturaleza del sistema político internacional no permite la resolución de estos conflictos; solo si la estructura del sistema político internacional cambia se pueden resolver, de lo contrario permanecerán en su actual estado congelado.

En este artículo observamos cuatro conflictos congelados que existen en la región postsoviética y se trata de establecer su relación con el sistema político internacional. En este sentido, primero, se analizó brevemente el enfoque liberal y la teoría crítica para determinar si ofrecían una explicación relevante para estos conflictos. Sin embargo, se estableció que si bien estas teorías amplían nuestros horizontes, ninguna de ellas brinda una explicación significativa para comprender la naturaleza de estos conflictos. El artículo, luego de determinar que el realismo clásico es deficiente para explicar estos conflictos congelados, presenta un marco a la luz del realismo estructural para comprender estos conflictos. Después de considerar las tres teorías mencionadas anteriormente, se concluye que la teoría de las relaciones internacionales más relevante para comprender estos conflictos congelados es el realismo estructural.

10/03/2023:

sábado, 31 de diciembre de 2022

Bondografía

LA GUERRA FRÍA DE JAMES BOND: LA GEOPOLÍTICADE LA AMBIGÜEDAD

Jonathan Benavides  

Un espectro acecha a James Bond: el ESPECTRO del papel de Bond en la Guerra Fría.

Permítanme comenzar disculpándome por inventar un juego de palabras tan horrible, pero el papel de SPECTRE (organización especial para contrainteligencia, terrorismo, venganza y extorsión) en la franquicia de James Bond me parece indicativo de su relación ambigua con las “realidades” geopolíticas de la Guerra Fría. Por más que lo intenté, no he podido encontrar ninguna evidencia convincente de que Ian Fleming y Kevin McClory tuvieran en mente el “Manifiesto Comunista” cuando inventaron SPECTRE conjuntamente en 1959; la manera exacta de su creación fue subsumida en disputas legales de larga duración, finalmente resueltas en 2013, pero la ambigüedad de la analogía parece encajar.

Como estudioso de la geopolítica, la política internacional, la historia y, además, entusiasta de todas las cosas “bondianas”, la pregunta me parece fascinante. Para mí, la Guerra Fría de Bond parece decididamente extraña porque en el canon oficial de libros y películas producidos entre 1953 y 1989, los adversarios comunistas de Occidente generalmente se mantienen a distancia o son reemplazados por la organización SPECTRE (a través de que los crudos estereotipos de Europa del Este permanecen firmemente en su lugar). Una dislocación que es aún más evidente cuando se compara con los mundos habitados, por ejemplo, por las creaciones de John Le Carré o Helen MacInnes.

No es que la Guerra Fría no estuviera representada: la carrera espacial, las armas nucleares, el narcotráfico internacional, las preocupaciones ecológicas y las tomas inevitables de un Kremlin cubierto de nieve aparecen repetidamente y ubican firmemente la serie en un período histórico reconocible. Más bien es la ambigüedad de las representaciones del adversario comunista, la disociación considerada y deliberada de la serie Bond de las realidades geopolíticas y geográficas que son notables. Nótese la ausencia de referencias a los conflictos de Corea, Vietnam, Congo o Nicaragua, a la descolonización, al nacionalismo en Oriente Medio o a la vida en el bloque soviético. Grandes y significativas franjas de la Guerra Fría global simplemente faltan en la serie.

Debo admitir que la mayor parte de lo que he argumentado anteriormente se ve socavado por una lectura de las novelas de continuación, desde “Colonel Sun” (1968) de Kingsley Amis, pasando por las eras de John Garner y Raymond Benson, hasta “Forever and a Day” (2018) de Anthony Horowitz. El tramo más reciente (publicado después de 2009) ahora está ocupado reimaginando la Guerra Fría de nuevo, incorporando muchas de las omisiones enumeradas anteriormente.

Como resultado, la ambigüedad central de la Guerra Fría de Bond es a la vez fascinante y frustrante. No pretenderé que este sea un argumento especialmente novedoso, aunque argumentaré que debería explorarse más a fondo; especialmente porque ahora se reconoce que las historias de espionaje ficticio son una de las características definitorias de la cultura de la Guerra Fría y podrían haber jugado un papel crucial en cómo terminó el enfrentamiento. Parafraseando al preeminente bondólogo James Chapman (profesor de estudios cinematográficos de la Universidad de Leicester y autor de numerosos libros sobre la historia y cultura del cine británico y de James Bond), deberíamos tomarnos en serio la Guerra Fría de Bond.

El punto es que no es realmente “La Guerra Fría” lo que percibimos en la franquicia de Bond, es una refracción Bondiana distorsionada, y debemos tener cuidado de no confundir los dos. Los eventos geopolíticos clave sin duda ejercieron una influencia, pero igualmente importantes fueron los problemas de producción, las cuestiones de derechos de autor y la suerte tonta ocasional.

¿No convencido?, bueno, nada ejemplifica más claramente esta dinámica que la forma en que se reorganizó el orden de las novelas de Fleming a la hora de hacer las películas. Los productores Albert Broccoli y Harry S. Saltzman no comenzaron a abordar “Dr. No” por los acontecimientos en Cuba, lo hicieron porque en ese momento no tenían los derechos de “Casino Royale” y el guión de “Thunderball” estaba estancado en un limbo legal.

Tampoco fue casual el distanciamiento de la Guerra Fría en la franquicia, más bien fue un imperativo comercial. Fleming, Broccoli y Saltzman llegaron a considerar que las referencias explícitas al conflicto eran potencialmente no rentables.

Como explicó Fleming a Playboy (1964), “Pensé, bueno, no es bueno seguir adelante si vamos a hacernos amigos de los rusos… Así que inventé SPECTRE como una organización criminal internacional… un dispositivo ficticio mucho más elástico… ” (encuentro difícil aquí ignorar la pura extrañeza de la declaración de Fleming. Recuerde, él está afirmando que consideraba un estallido de distensión inminente alrededor de 1958-59, y este fue un hombre responsable durante mucho tiempo de la red de The Sunday Times de ochenta y ocho corresponsales extranjeros). Pero de todos modos, avanzando rápidamente, como dijo Broccoli más tarde en su autobiografía: “Decidimos alejar a 007 y los guiones de la política. Bond no tendría una afiliación política identificable”. Dado el éxito de larga data de Bond, este parece haber sido un movimiento muy inteligente.

Una vez más, dicho esto, películas explícitamente políticas como “Dr. Strangelove”, “Red Dawn” (la versión original de 1984) y “Rambo III”, además de una gran cantidad de thrillers de espionaje producidos por comunistas, lograron ser populares mientras abrazaban activamente la política. Como dije, fascinante y frustrante.

Yo diría que la franquicia de Bond no se trataba simplemente de responder al entorno geopolítico, se trataba igualmente (si no principalmente) de generar ganancias. Fleming fue bastante explícito al respecto en su artículo de 1962 “Cómo escribir un thriller”. Un enfoque perfectamente razonable, pero complica significativamente cualquier sugerencia de que Bond era un componente de la Kulturkampf de Occidente. Sobre todo porque Broccoli fue invitado a Moscú en Abril de 1975 para hablar sobre la coproducción de películas con MOSFILM de la URSS, y luego a Beijing.

En esta etapa, algunos lectores podrían preguntarse sobre qué estoy balbuceando y si alguna vez he leído o visto “From Russia, with Love” con sus estereotipos de europeos del este; había notado alguna vez el personaje del general de la KGB Anatoly Gogol, interpretado por Walter Gotell en las películas protagonizadas por Roger Moore; sabía que “Octopussy” (1983) estaba ambientada en parte en Berlín Oriental (Roger Moore era el primer Bond de la pantalla en cruzar la Cortina de Hierro), o sabía que el Bond de Timothy Dalton visitó Checoslovaquia y luchó contra los soviéticos en Afganistán en “Living Daylights” (1987). Bueno, sí, sé todo eso, además del hecho de que el enfoque de las franquicias sobre el conflicto se sometió a una reevaluación total con “Goldeneye” en 1992.

Pero los compromisos de Bond con la Guerra Fría antes de 1989 son, en el mejor de los casos, fugaces, esporádicos y profundamente estereotípicos, como han demostrado Umberto Eco y Katerina Lawless. Si bien los soviéticos son a menudo los patrocinadores o beneficiarios de los planes de los adversarios de Bond, rara vez aparecen impresos: un asesino SMERSH (contrainteligencia soviética) salva a Bond de Le Chiffre en la novela “Casino Royale” (1953); Bond admite haber sido enviado brevemente a Moscú y los submarinos soviéticos emergen frente a Dover en “Moonraker” (1955); los agentes soviéticos andan sueltos por París en “Licencia para matar” (1989); “From Russia, with Love” (1957) abre en Moscú mientras SMERSH planea su venganza contra Bond, pero la acción principal se desarrolla en Estambul; se involucra en un duelo de francotiradores a través del Muro de Berlín recién erigido en “The Living Daylights” (1962); finalmente, los soviéticos capturan a Bond y le lavan el cerebro para asesinar a “M” en “El hombre de la pistola de oro” (1965), antes de recuperarse a tiempo para luchar con los agentes de la KGB y los rastafaris en Jamaica (las fechas corresponden al año de publicación de las novelas).

En las películas, los soviéticos suelen ser reemplazados por SPECTRE, o enfrentan las mismas amenazas que Occidente y están aliados con Bond. Cuando los agentes soviéticos aparecen como adversarios, por lo general se han vuelto rebeldes. Sí, hay escenas ocasionales ambientadas en Bratislava, Berlín y Moscú, y sí, la Guerra Fría acecha en el fondo, pero a menos que me haya perdido algo obvio, parece tratarse de eso.

El canon de Bond tiene mucho que decirnos sobre las relaciones angloamericanas, el declive de Gran Bretaña, los roles de género cambiantes, el turismo global y el consumismo floreciente, pero mucho menos sobre las ideologías y poderes que dominaron casi la mitad del planeta. Sabemos por sus biógrafos que Fleming visitó Moscú en 1933 y 1939 y aprendió algo de ruso. Pero según la investigación de Jeremey Duns, su comprensión de SMERSH, y del bloque soviético en general, parece haber dependido en gran medida de las memorias de un desertor y de los informes cuestionables del periodista Antony Terry, quien lo llevó a Berlín Oriental.

En ese sentido, permítanme tratar de concluir este divertimento con un ejemplo geográfico concreto de la ambigüedad de la Guerra Fría de Bond.

Ian Fleming presenta a través de la editorial Glidrose Productions un argumento convincente para que “The Living Daylights” sea la más auténtica de todas las aventuras de la Guerra Fría de Bond. Originalmente era una historia corta publicada en 1966 junto a “Octopussy” y posteriormente se incorporó al reinicio de la franquicia de la era Dalton con un guión para el cine en 1987. En la historia, Bond tiene la tarea de ayudar a un agente británico a escapar de Berlín Oriental y, armado con un rifle de francotirador, frustrar el asesino de la KGB tratando de matarlo. Está cansado y poco entusiasmado con la misión, tal vez recordando su propio asesinato de un empleado de cifrado japonés en Nueva York al comienzo de su carrera “00”. En el desenlace, el asesino se revela como una violonchelista y Bond dispara para herir, no para matar, por lo que espera ser despedido sumariamente del servicio.

Veinticinco años después, la historia resucitó para el primer mandato de Timothy Dalton como Bond, la ubicación se cambió a Bratislava en la entonces Checoslovaquia y la huida a Viena. La última ubicación permite muchas referencias visuales gratuitas al clásico de Orson Welles “The Third Man” (1949). El fugitivo es ahora un coronel desertor de la KGB, el francotirador es su amante y un chivo expiatorio. A medida que se desarrolla la historia, se expone al coronel como un burdo fraude, sacando heroína de Afganistán para financiar negocios de armas. No hay motivaciones ideológicas aquí, simplemente la búsqueda de ganancias brutas.

Bond regresa a Bratislava en su Aston Martin para rescatar a la violonchelista y se produce una emocionante carrera a través de las montañas nevadas hasta la frontera. Comienza una persecución, se disparan los láseres, los coches de policía explotan, el Aston Martin es destruido (para molestia de “Q”) y finalmente se precipitan cuesta abajo hacia Austria y la libertad dentro del estuche del violonchelo.

Pero… y es un gran pero, la ruta entre Bratislava y Viena es tan plana como una panqueca, no hay ningún bache en el camino. Durante el Imperio Austro-Húngaro había incluso un tranvía que circulaba entre las dos ciudades. En una serie en la que la Guerra Fría se suavizó hasta el punto de ser imperceptible, los dictados del suspenso cinematográfico aparentemente requerían la construcción de montañas artificiales.

Todo lo cual probablemente plantea muchas más preguntas de las que he respondido. Afortunadamente, la Guerra Fría de Bond se continuará explorando más a fondo en la próxima serie que relanzará al espía británico luego del anuncio del sustituto del actor Daniel Craig, último en encarnar a Bond, hasta ahora.

28/12/2022:

http://www.opinionynoticias.com/internacionales/38562-la-guerra-fria-de-james-bond 

miércoles, 27 de abril de 2022

Memorándum

UNA NOTA FACEBOOKEANA

Jonathan Benavides

Me resulta extremadamente hilarante la capacidad que tenemos los venezolanos de convertirnos en “expertos” de todo; muchos son los que presumen de saber lo que en realidad no saben, y emiten opiniones sin el mayor pudor. Recuerdo claramente cuando en los tiempos del proceso constituyente de 1999, veía desfilar por los medios de comunicación a gran cantidad de abogados convertidos por obra y gracia de la camarilla mediática en “expertos constitucionalistas”, claro está, sin demostrar ninguno sus estudios y especialización en la materia; de igual manera ocurrió con los “expertos en desastres” cuando la tragedia de Vargas, y ni mencionemos a los afamados “analistas políticos” que jamás en su vida han pisado una escuela de Ciencias Políticas.

Por este motivo he decidido escribir estas breves líneas, ya que en los meses recientes he visto cómo de manera tan temeraria tanta gente se atreve a comentar sobre la crisis ucraniana, pretendiendo compararla con nuestra propia crisis política. De allí el título de la presente, que no pretende ingresar una nueva palabra al diccionario de la Real Academia de la Lengua, pero sí identificar el fenómeno (para catalogarlo de algún modo) que venimos observando al respecto.

Querido amigo, apreciado lector, por favor no repita más la falacia de la comparación de ambas crisis, porque el problema de Ucrania es en extremo más complejo que la protesta por un mal gobierno y un anacrónico modelo político y económico. La cuestión ucraniana es algo que para muchos es difícil de comprender, porque se tiende a banalizar todo y, leer y comprender solamente lo que se quiere ver; pero jamás nos detenemos a revisar los profundos problemas culturales que subyacen detrás de los meses de tensión y terror que se viven en aquel país de la Europa oriental.

Como politólogo he aprendido que los sucesos y fenómenos políticos no pueden analizarse solamente en blanco y negro, nada está determinado por el “deber ser” ya que la realidad sobrepasa esta noción con su multiplicidad de matices; dicho esto, debemos aclarar que todo análisis de estos fenómenos necesita estar acompañado de un estudio multidisciplinario que nos permita identificar las causas de los mismos y proyectar las posibles o probables consecuencias.

No dejo de reconocer los intereses económicos y políticos que están en juego en la crisis ucraniana por parte de Rusia, la Unión Europea y los Estados Unidos, pero un estudio detallado de la realidad nos muestra el plus ultra de los hechos. Podemos iniciar el análisis partiendo de la aplicación de las tesis de Gastón Bouthoul y así identificar los factores polemógenos que han influido en el conflicto de Ucrania; con el solo hecho de tomar este punto de partida y, apreciando esos fenómenos económicos, culturales, psicológicos y en particular demográficos lograremos ver claramente las enormes diferencias con nuestra crisis política. Ucrania es una unidad político territorial que económicamente depende en alto grado de la Federación de Rusia, a pesar de los esfuerzos realizados en los últimos tres lustros por tratar de diversificar los ingresos fiscales acercándose a la Unión Europea, los siglos de dependencia rusa no pueden ser borrados de la noche a la mañana; así mismo, la cultura ucraniana tiene un punto de partida desde los antiguos “Rus” fundados por los colonizadores Varegos en los dos últimos siglos del primer milenio de nuestro calendario, lo cual incluso hasta influyó en la raíz del propio idioma que es compartida también con los rusos y bielorusos, así como también la religión cristiana ortodoxa, pero éste será un tema que desarrollaremos más adelante; psicológicamente una gran parte de la población se siente identificada con los movimientos prorusos tras siglos de pertenencia a ese país, lo que ha generado una identidad común con los rusos; finalmente el factor demográfico resulta el mayor elemento determinante de la crisis, ya que si observamos un mapa de Ucrania y señalamos en él las zonas en conflicto, apreciaremos que todo el oriente y sur del mismo, territorios en los cuales los movimientos que buscan adherirse a la Federación de Rusia, un porcentaje que supera hasta el 90% de la población tiene al ruso como su lengua materna, y a pesar de contar ya con más de dos décadas de vida independiente desde la desintegración de la Unión Soviética, no utilizan, o sencillamente no dominan el idioma ucraniano.

Ahora bien, pasemos a revisar otro nivel de análisis que resulta tan o más complejo como el anterior, el detallado estudio histórico de esa civilización europea oriental. Para conocer los orígenes resulta imprescindible remitirse a la “Crónica de Néstor”, historia del primer gran principado eslavo oriental que fue escrita en Kiev cerca del siglo XII; esta historia de la cual su autoría se atribuye a un monje ortodoxo de nombre Néstor, establece la tesis “normanista” de la población de esas tierras de la Europa oriental por tribus escandinavas llamados Varegos, y la misma es sustentada por otras fuentes anteriores y posteriores, ya que dicha tesis es reconocida a priori en el tratado “De Administrando Imperio” promulgado por el emperador bizantino Constantino VII y donde menciona a los habitantes varegos del Dniéper como los Rhos, y a dichas tierras como Rhosia. Otra fuente previa a la “Crónica de Néstor” que identifica a los Varegos como pobladores de las praderas orientales es la crónica carolingia “Annales Bertiniani”, escrita en el siglo IX y que ubica a esos pueblos del norte comerciando en la corte de Bizancio. Posteriormente, durante el siglo XVIII, en los tiempos de la ilustración, el historiador y naturalista westfaliano Gerhard Friedrich Müller, convertido en el historiador oficial en la corte de la zarina Isabel, validaría la “Crónica de Néstor” como fuente principal de los orígenes del Imperio Ruso, contando posteriormente con el aval de los historiadores rusos Nikolai Karamzín y Mijaíl Pogodin, siendo su único crítico el mítico Mijaíl Vasilievich Lomonósov, pero básicamente más por una cuestión de celos académicos que por rigurosidad en la investigación. Incluso, hasta la ideologizada y censurada historiografía de la era soviética que aplicaba las teorías marxistas del materialismo histórico y dialéctico, mantienen (en trabajos como los de los historiadores Mijaíl Pokrovski y Mijaíl Artamónov) una rigurosidad académica magistral en cuanto al período medieval, desvirtuándose solamente en las páginas y capítulos que corresponden a los siglos XIX y XX al incluir la “versión” del Partido Comunista de la URSS del movimiento marxista que llevaría a la constitución del “primer Estado proletario” de la historia en 1918.

Vemos en estas historias cómo a partir del siglo VIII dichas migraciones de los Varegos fueron fundando una serie de principados como el de Novgórod, Minsk, Kiev y Moscú, los cuales eran llamados “Rus”, una especie de “ciudades Estados” a través de esas estepas orientales. Fue precisamente un príncipe de Novgórod, Oleg de la dinastía Rurik, quien en el año 882 conquistaría la ciudad de Kiev y trasladaría hasta allí la capital fundando el Rus de Kiev, una unidad político territorial que abarcaría a la mayoría de los diversos principados y que iría expandiendo su territorio hacia el sur y el oriente desplazando a través de los siglos a los Jázaros, pueblo tártaro que poseía un imperio extendido hasta las costas del Mar Negro. Así mismo sería el príncipe Vladimir I el Grande quien en el año 988 se convertiría al cristianismo, fundando la Iglesia Ortodoxa Rusa que hasta nuestros días hace vida desde el Patriarcado de Moscú y que determinó la cultura y la forma de pensar, el destino manifiesto impuesto por Dios a los eslavos, de los hoy rusos, ucranianos, bielorusos, moldavos, armenios y georgianos. Cabe destacar que el rápido florecimiento de esta civilización lo permitió el hecho cierto de ser una magnífica ruta comercial hasta Asia, ya que todo el norte de África, la Península Arábiga y lo que hoy conocemos como el Medio Oriente estaban dominados por Califatos musulmanes, cerrando el paso de Europa al comercio, sin embargo, con el inicio de las Cruzadas se retomarían las rutas comerciales de Siria y Palestina lo que ocasionaría el inicio de la decadencia del Rus de Kiev hasta su disgregación final en el 1359, cuando ya debilitado caería frente a las invasiones mongolas.

Es en este contexto en el cual emergería el Principado de Moscú, el cual gracias a la cooperación que el príncipe Iván Kalitá obsequiara a los mongoles, lograría una gran ascendencia regional sobre los otros principados, al punto de lograr trasladar al metropolita Pedro de la Iglesia Ortodoxa desde Kiev a la nueva capital Moscú. De esta manera los príncipes moscovitas, de gran ambición y visión de poder, irían expandiendo las fronteras hasta que en el siglo XVI Iván IV, apodado “El Terrible” derrotara a los tártaros conquistando los kanatos de Kazan y Astracán, así como Siberia y así constituyendo el Zarato de Rusia al asumir el título de “Zar de Todas las Rusias”; aquí todos podemos comprender el por qué de dicho término “…de Todas las Rusias”, porque el Zar pasó a ser el rey de todos los principados denominados “Rus”. Este también es el período tormentoso de continuos enfrentamientos con el Reino de Polonia, el Gran Ducado de Lituania (que casi nada tiene que ver con la actual República de Lituania y sí mucho con la Bielorusia contemporánea), con la confederación constituida por estas dos y que se llamó República de las Dos Naciones y el Imperio Otomano, en particular desde que éste último conquistara Constantinopla y diera fin al viejo Imperio Bizantino. Aquí el actual territorio de Ucrania se encontraba dividido, todo el oriente y gran parte del centro y el sur bajo soberanía del Zarato Ruso, el occidente controlado por la católica Polonia, y Crimea que aún sobrevivía como un Kanato tártaro sometido al vasallaje otomano.

Ya entre los siglos XVII y XVIII y bajo los reinados de Pedro el Grande, Isabel I y Catalina la Grande, Rusia se convertiría en un Imperio, logrando una mayor extensión territorial tras las guerras contra los otomanos, polacos, suecos y las idas y venidas en sus relaciones con Austria; así se conquistó Crimea, con lo cual se obtuvo el tan ansiado acceso al Mar Negro, el control del Báltico con la fundación de San Petersburgo y el posicionamiento definitivo como potencia continental europea. A partir de aquí el control sobre Ucrania no variaría por siglos, lo cual quedaría demostrado en dos ocasiones durante el siglo XX, cuando durante la Guerra Civil que estallara luego de la Revolución Bolchevique de 1918, se presentara el intento de separación de un sector de la población ucraniana apoyando al ejército blanco, sin embargo las milicias organizadas por Trostky como el Ejército Rojo lograron el triunfo y la definitiva instauración del Estado soviético; luego, con el estallido de la Segunda Guerra Mundial y la invasión alemana conocida como Operación Barbaroja, algunos ucranianos, en particular naturales del occidente de Ucrania, recibieron con los brazos abiertos a las tropas de la Wehrmacht germana, pero gran resistencia en la zona central y el oriente.

Finalmente, a mediados de la década de 1950, el premier soviético Nikita Kruschev le otorgaría la administración de la península de Crimea al gobierno de la República Socialista Federativa de Ucrania (una de las 15 que constituían el mega Estado soviético), medida que mantuvo su sucesor Leonid Brezhnev, quien era nativo de Ucrania, hasta la desintegración de la URSS en diciembre de 1991. Una vez iniciada la nueva etapa independiente, la Constitución ucraniana promulgada en la década de 1990 garantizó que el ruso continuaría siendo un idioma de uso común en el territorio, y que Crimea tendría un estatus de República Autónoma.

Como hemos podido apreciar, la historia y la cultura de Ucrania se entremezcla con la de Rusia por más de mil años; los elementos que así lo confirman están a la vista de todos. Comparten idioma, religión, tradiciones, nombres, incluso hasta la configuración de las ciudades, todas ellas con su Kremlin en el centro histórico en el cual se encuentran protegidas las típicas iglesias ortodoxas de cúpulas bulbosas. Todo esto nos lleva a plantearnos que el futuro de Ucrania, de continuar las tensiones como hasta ahora, será su propia “balcanización” y terminar como la vieja Yugoslavia, dividida en micro Estados en un sector, y el Oriente y Sur incorporado a Rusia.

14/04/2014:

https://www.facebook.com/notes/10158086816994527/

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY