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lunes, 2 de junio de 2025

Fugasterio

¿A DÓNDE IREMOS A PARAR?

Luis Barragán

Entonces, ¿nos arrojarán a la Luna, esperando sentados que Stanley Kubrick venga del aún más allá para relatar nuestra odisea del siglo XXI? Los ta´baratistas de ayer no más, incluso, los hijos de la última y desperdiciada bonanza de esta centuria, se vieron forzados a la fuga política, los menos, social y económica, los más, que muy poco o casi nada tiene que ver con la existencia y condición de prófugos de la justicia. No obstante, condición asombrosa e inmerecidamente generalizada que consterna también a los ta´baratistas de acá, cada vez más relegados a un exilio interno, preocupa el todavía alto nivel de desorganización social de la diáspora venezolana.

Por supuesto, con las honrosas excepciones de siempre, tendemos a una cierta indolencia frente al mal ajeno, creyendo que jamás nos dará alcance. Específicamente, en Estados Unidos, ha sido la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU), la que ha demandado y, además, recurrido a la Suprema Corte en el caso de las deportaciones de los venezolanos, cubanos, haitianos y nicaragüenses, añadido el último pronunciamiento en torno al llamado parole.

Comprensible, aunque injustificado (y, a la inversa, justificado e incomprensible), hay sectores dirigentes que allá guardan silencio en la materia, respecto a la suerte de los venezolanos que igualmente se vieron forzados a salir del país. Quizá no desean arriesgar o comprometer el propio estatus, pero – sentimos – es necesario que asuman una ineludible responsabilidad política de estructuración, organización y orientación de la paisanidad sumergida en una radical incertidumbre de su presente y futuro.

Por aquellos predios, algunos hablan de la inmortalidad del cangrejo y de sus reiteradas proezas, olvidando hacerlo con la suerte de miles de coterráneos que se fueron a Nueva York, en busca de unos centavos, siendo el norte una quimera, según el hit parade a lo Clemente Vargas Jr., de décadas remotas. Valga la falacia, entonces tutirimundachi es del Tren de Aragua, excepto los olvidadizos habladores.

Demostrado, la sentencia moral ocasiona un daño superior, expansivo e irreparable al lado de la efectivamente judicial necesaria de afrontar reconociendo que no debemos ingresar ilegalmente a otro país y, al mismo tiempo, impulsando iniciativas para una mínima institucionalización del esfuerzo de los venezolanos que claman por un urgido amparo humanitario. De lo contrario, iremos a parar al fugasterio selenita porque – simplemente – estorbamos.

Gráfica: Captura de pantalla del filme "2001: Una odisea del espacio" de Stanley Kubrick (1968). 

03/06/2025:

https://www.elnacional.com/opinion/literalmente-adonde-iremos-a-parar/

domingo, 20 de abril de 2025

Éxodo y fórmula política

LA TENTACIÓN DE LOS PROGROMOS

Luis Barragán

De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia, la diáspora refiere a la dispersión de los grupos humanos que dejan su lugar de origen, precisando el éxodo como la emigración de un pueblo o de una muchedumbre de personas. Por supuesto, ambas expresiones tienen extraordinaria connotaciones históricas de las que los venezolanos culturalmente tenemos noticia al equipararlas, aunque – por una parte – podríamos aludir al  éxodo de los israelitas que escaparon del Egipto esclavizador liderados por Moisés, hacia la tierra prometida (Canaán); y – por otra – a la diáspora como aquella que comenzó con la destrucción del primer templo por los babilonios, intensificada con la destrucción del segundo templo dispersando a los judíos hacia Babilonia y, luego, por todo el imperio romano, conociendo de grandes oleadas hasta un siglo XX de expulsiones, progromos y exterminios.  

La masiva y continua migración interna y externa de los venezolanos en esta centuria, desde un primer instante, la creímos provisoria y, además, absolutamente comprendida por el mundo entero, convertido el término “diáspora” en un eufemismo para señalar un fenómeno de desplazamiento y búsqueda de refugio de grandes y muy arriesgados contingentes humanos. Es demasiado evidente que ha afectado a otros países, comenzando por el colapso de los servicios públicos de los vecinos, trastocado en un grave problema político aún siendo bien intencionados los países receptores que saben muy bien de sus causas.

Todavía peor, el asunto está pendiente de una mejor y más eficaz acción de los organismos internacionales y de los distintos gobiernos que intentan una eficaz política de migración al tratarse de democracias liberales, satisfactorias para todos, en contraste con las tiranías que, simplemente, las rechazan y, en todo caso, no resultan atractivas por las peores condiciones de vida y el militante sojuzgamiento de sus súbditos.

Semanas atrás, Hermann Alvino, por ejemplo, nos alertaba en relación a las características de la diáspora judía o siria en comparación con la venezolana, porque ésta no tiene un elemento común y extraordinariamente condensador, profundo e identitario, como la religión. En este lado del mundo, somos predominantemente católicos, mas no practicantes y, faltando un detalle, víctimas de un discurso del poder sistemáticamente sincretizador.

La idea no está en generar una identidad artificial, sino en redescubrir la más genuina que sirva de soporte a una venezolanidad ahora estigmatizada, por los xenófobos de oficio y de circunstancias. Hay fundadas razones para ello, apuntando a una universalidad que sigue inédita entre nosotros estúpidamente confundida con la ya antigua y sobrancera mentalidad ta´baratista.

Culminando la Semana Mayor, valga la presunción, la ya conocida por nosotros Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) ha solicitado a la Suprema Corte estadounidense que bloqueé la deportación de otros venezolanos tildados de pandilleros en varias entidades federales, en cumplimiento del debido proceso y el derecho a la defensa, según la escueta nota publicada por The Washington Post del 19 de los corrientes, al igual que el texto de Colbert I. King, referido específicamente a Kilmar Abrego García, deportado por error a El Salvador, en el contexto de  una situación que recuerda que el gobierno federal ha de velar por el fiel cumplimiento de las decisiones judiciales. Otra fuente, BBC News Mundo, dice que la máxima instancia tribunalicia del norte, decidió la suspensión del sistema de protección temporal (TPS) que afecta aproximadamente a 350 mil venezolanos.

Una nota diferente, suscrita por Borjas Méndez para La Razón de igual fecha, revela la sorpresa de las autoridades españolas de Mellila por la llegada de decenas de venezolanos en solicitud de asilo político ya que los trámites tienen fama de ser más expeditos ahí, algo advertido meses atrás por los especialistas de fronteras. En el país ibérico hay una lista oficial de solicitudes encabezada por Venezuela con 15 mil de un total 26.409 peticiones realizadas este año, seguida por 3.796 de Colombia, 1.742 de Mali, 993 de Perú y 778 de Senegal.

Es de suponer, al menos, que hay una sensación del sureño o sudaca invasivo que pudiera despertar y despierta severos problemas, lo cual fuerza a una mayor prudencia y autodisciplina de nuestras comunidades, pues, si bien es cierto que es una materia de derechos humanos en una España que no se salvó de sus inmensas migraciones extranjeras en la historia que tanto la accidentó, recibiendo acogida entre nosotros, no menos cierto es que un burdo y mal intencionado nacionalismo tienta a los sectores extremistas de izquierda y de derecha para acabar con los frutos de una transición exitosa y admirada, resumida en la Constitución de 1978.

Injustos y aislados ataques individuales se han dado contra los venezolanos por sujetos incapaces de acudir a las autoridades públicas de haber un serio problema con ellos, pero – ojalá que nunca ocurra – puede abrirse una válvula a las acciones colectivas de agresión directa e indirecta, necesarias de atajar. Quizá esas mismas autoridades la han previsto, como cualesquiera otras acciones orientadas a la desestabilización delas instituciones so pretexto de los venezolanos.

Otra vez, está planteada la conformación de una comisión opositora de seguimiento a la concreta y emblemática realidad al norte del continente que auspicie o avale el esfuerzo organizado de nuestras comunidades de paisanos para superar tantas amenazas y peligros. Y, por lo pronto, iniciar una campaña de sensibilización, ya que una  limpia solidaridad de los venezolanos obliga a prever la tentación de los progromos en aquellos países que luchan también por sostener la democracia y la libertad.

Quiérase o no, hay una inevitable dimensión y un irremediable tratamiento político que darle al éxodo venezolano. Lo irónico es que negarlo y no darlo, es una fórmula política, la que está en práctica, agravando el problema.

Referencia: Texto de Colbert I. King, The Washignton Post del 19/04/25.

Gráfica: Claudio Tozzi, "Migração", tomado de "(Claudio Tozzi)  Artista Incansável", Veja São Paulo, 28/03/25.

20/04/2025:

https://www.lapatilla.com/2025/04/20/luis-barragan-la-tentacion-de-los-progromos/

miércoles, 9 de abril de 2025

Superar la muralla

LA LECCIÓN DE BOASBERG

Luis Barragán

En el siglo pasado venezolano, se hizo frecuente el (re)conocimiento público de los jueces, incluso, por decisiones propias de la vida cotidiana. Éste, por ejemplo, fue el caso de los jueces de instrucción de acuerdo a la antigua legislación procesal penal, haciéndose inmediatamente célebres en los tiempos que las páginas rojas o de sucesos de la prensa escrita contaban con una enorme audiencia; huelga comentarlo, el contraste es evidente respecto a la presente centuria.

Muy natural, en Estados Unidos vuelve a la escena pública, el juez federal  James E. Boasberg, pues, la Suprema Corte de Justicia, con un voto de diferencia, anuló las órdenes de restricción temporal que aquél emitiera, a propósito de la consabida deportación de los venezolanos fundada en una ley de finales del siglo XIX, la de Enemigos Extranjeros. Por supuesto, la elevada instancia no fue al fondo del asunto, sino que, entendemos, por una parte, la sentencia determinó que la detención y expulsión de los inmigrantes debió impugnarla la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU) en la jurisdicción correspondiente al lugar de los hechos (Texas), en lugar de Washington D.C.; y, por otra, quedó muy claro que la medida faltó al debido proceso, y, es de suponer, lo creemos modestamente, la correspondiente reposición de la causa con la devolución de los afectados a territorio estadounidense para tratar de comprobar que no son integrantes de una banda criminal, al menos.

Igualmente, El Nuevo Herald (08/04/25) observa que la decisión del máximo tribunal coincide con la consideración en ciernes del juez federal para procesar por desacato a los altos funcionarios del ejecutivo federal por haber ordenado el traslado aéreo de los detenidos antes de producirse su sentencia; al parecer, una cuestión todavía pendiente. Un día antes, The Wall Street Journal (07/04/25), señaló los varios casos que tiene agendados Boasberg respecto a la administración Trump, asignados por sorteo, como su fama de mesurado y ecuánime, precisando que ascendió a juez principal en el Distrito de Columbia gracias al presidente Bush y, luego, juez federal gracias al presidente Obama.

Referidos a los que se encuentran en Estados Unidos de una precaria situación legal, presumimos que hay mucho temor entre los venezolanos para tratar públicamente el problema de las deportaciones. Sin embargo, dicho problema u otros de trascendencia, deben irremediablemente ventilarse, entre otros, por dos motivos: porque – es la lección del caso tratado por Boasberg – son susceptibles de generar sendos y favorables precedentes judiciales, actualizando el Estado de Derecho, al igual que luce obvia la necesidad de organizarse socialmente para afrontar aún las más difíciles circunstancias, mancomunando las responsabilidades en una tarea de reencuentro con una mínima y solidaria venezolanidad.

Que sepamos, no hay planteamientos e iniciativas encaminadas a un mínimo entendimiento de nuestros paisanos localizados en el norte del continente, ni hemos visto que los expertos del patio ayuden a orientar a nuestros migrantes, apelando al altruismo. A falta de dirigentes sociales, bien pueden contribuir los dirigentes políticos que están más allá de nuestras fronteras, asumiendo deberes que solo  la vocación de servicio puede canalizar.

Referencias: The Wall Street Journal, 07/04/25; y El Nuevo Herald 08/04/25: https://www.elnuevoherald.com/noticias/inmigracion/article303731966.html

Ilustración: Guy Billout.

Fotografía: Le Figaro, 22/03/25.

09/04/2025:

https://guayoyoenletras.net/2025/04/09/la-leccion-de-boasberg/

Breve nota LB: De un lado, el artículo se fue con un gazapo: la Ley es del siglo XVIII; y, por el otro, resultan insuficientes y elementales los análisis suscitados por la decisión judicial (https://www.elnacional.com/mundo/que-cambia-para-los-migrantes-venezolanos-tras-la-decision-de-la-corte-suprema-sobre-la-ley-de-enemigos-extranjeros/).

lunes, 31 de marzo de 2025

¿Ganamos tiempo obviando el drama de las deportaciones?

DIÁSPORA, DEPORTACIONES Y AJENITUD

Luis Barragán

A Iruña Urruticoechea

Convengamos, el de nuestra diáspora es un complejo hecho social mal o insuficientemente diagnosticado y peor o deficientemente interpretado. Por consiguiente, ha impedido una definitiva configuración como hecho político con las implicaciones y el liderazgo correspondiente que, además, trascienda a las meras perturbaciones ocasionadas en el medio diplomático.

La premisa puede explicar la fallida propuesta sobre un gobierno de cohabitación para nuestro país, formulada tan sorpresiva como contradictoriamente en 2022 por Luis Almagro, por entonces, secretario general de la OEA; el fracaso del llamado Grupo de Trabajo para la Crisis de Migrantes y Refugiados Venezolanos del organismo interamericano que, ahora, concluye con la asombrosa y consabida deportación de los connacionales a Guantánamo y El Salvador; y, faltando poco, con el silencio del sector dirigente de los no menos connacionales, que hace vida en el norte y en el centro continentales. Principios como el derecho a la defensa y el debido proceso, nos llevan a discrepar de la administración Trump respecto a las medidas que facilitan los vuelos de repatriación y la bulliciosa campaña del oficialismo, cual Sassá Mutema, el salvador de la vieja telenovela brasileña que acá gozo de una altísima sintonía.

Angustia y mucho, porque hemos convertido en hábito y tradición aquello de pasar la página con el ilusorio propósito de resolver el problema, escondiendo debajo de la ya abultada alfombra errores y negligencias harto repetidas: más allá o más acá del conflicto entre los diferentes órganos del Poder Público que escenifica el Distrito de Columbia, urge el más elemental seguimiento sobre las consecuencias de la valiente decisión adoptada por el juez federal James E. Boasberg para la orientación de nuestra paisanidad transterrada y sus familiares. Es necesario atender un caso tan paradigmático de inevitables proyecciones a través de una comisión política de la oposición que, por lo menos, condense la información generada principalmente por los despachos ejecutivos de Washington y el de los estados más importantes por el número de compatriotas que lo habiten; huelga comentar, no se requiere de una carga burocrática, afamando a los pretendidos asesores que terminan siendo aún más republicanos y demócratas venezolanos que los propios republicanos y demócratas estadounidenses, comprometiendo la línea concebida, consensuada y desarrollada por la dirección unitaria de Caracas.

Un mínimo ejercicio de sociología política, aconseja que los comisionados sean – precisamente – políticos de oficio y experiencia, capaces de realizar el trabajo por una profunda convicción personal e ideológica, ya que nuestra copiosa emigración, por variadas circunstancias, proporcionalmente no cuenta con el número necesario de dirigentes, siendo subutlizados aquellos procedentes de los partidos democráticos, añadidos los que están bajo anonimato después de salir del país. Hay personas de buena fe que intentan hacer el trabajo, aunque carecen del conocimiento y la destreza indispensables para un desempeño al que nunca se atrevieron en el terruño, creyéndolo propio del relacionista público que no ha encontrado qué hacer ante las deportaciones en cuestión.  

Por estas latitudes, el continuismo agravará el problema de las migraciones: externamente, en las dimensiones ya conocidas de imposibles postergaciones luego de varios años; e, internamente, con los desplazamientos en un territorio fundamentalmente inseguro. Y, al respecto, el asunto nos lleva a constatar las observaciones que ha hecho Leonardo Padura en su más reciente libro (“Ir a La Habana”, Tusquets, Barcelona, 2024), con una ciudad de multiplicados carteles que anuncian la “venta” de la casa para cumplir con el sueño de huir de la isla, extendido un sentimiento de ajenidad entre quienes permanecen en la ciudad, más aún frustrados todos los proyectos: “Junto a esas ruinas, La Habana de hoy exhibe otros rostros que acentúan esa sensación de extrañamiento o «ajenitud». El florecimiento de pequeños negocios privados es una de esas señales: desde cafeterías y establecimientos de cierto lujo hasta candongas callejeras de resonancias tercermundistas. En las casas, mientras tanto, ahora pululan los carteles ofreciendo la venta de inmuebles que nadie compra…” (231).

Collage: LB.
01/04/2025:

lunes, 24 de marzo de 2025

El tiempo pasa ... ¿impúnemente?

DE LA ORGANIZACIÓN SOCIAL DE LA DIÁSPORA VENEZOLANA

Luis Barragán

Del país de las inmigraciones y solidaridades del siglo XX, hemos pasado al de las emigraciones y turbiedades del XXI. Ojalá no olvidemos pronto el - por ahora -  consabido drama de las deportaciones de venezolanos que arroja serísimas lecciones, desde suelo estadounidense, en beneficio lamentable de la anécdota que también suscita la desgracia ajena.

El desoído juez federal James E. Boasberg, quien decidió suspender el traslado de más de cien venezolanos a El Salvador, sin la audiencia o evaluación técnica correspondiente, está expuesto a las tensiones generadas por el Departamento de Justicia que, al parecer, le interesa más su destitución que la  apelación respecto a una medida incumplida. El magistrado en cuestión, actuó por iniciativa de la American Civil Liberties Union (ACLU), y, se espera, el asunto proseguirá su curso en atención a las personas – necesario subrayarlo –  inocentes remitidas a la megaprisión arrendada.a los salvadoreños.

Expuesta nuestra diáspora del norte a decisiones de tanto calibre, comprensiblemente se ha generalizado el temor y desasosiego por muy correcta que fuere la conducta personal asumida y, a pesar de las limitaciones, los justos intentan discutir y sugerir respuestas con la cautela que provocan los revueltos pecadores, entre los cuales evidentemente hay prófugos de la justicia e infiltrados. Boasberg (Chief justice for the U.s. District Court for the District of Columbia), incurso en la inevitable controversia política que solo le pide soluciones jurídicas, probablemente desconozca que los nuestros no cuentan con suficientes recursos para promover juicios similares, ni hacerse parte en el que ya corre, y, mucho menos, auspiciar y sostener una amplia campaña de recuperación del prestigio que juramos alguna vez ostentado por el gentilicio.

Resulta indispensable a todo evento que la diáspora socialmente alcance sendos niveles de organización y estructuración para afrontar cualesquiera vicisitudes que la afecten o pudieran afectarla, aunque haya dudas por algunas de las experiencias asociativas fallidas en uno que otro país. Luce difícil crear entidades de mutuo auxilio entre la densa paisanidad y, así como no tenemos noticias de los clubes recreativos instituidos a imagen y semejanza de los que conocimos de la inmigración fundamentalmente europea en Venezuela, tampoco es suficiente ni satisfactorio el índice de activistas voluntarios para lograr una convincente mancomunidad de responsabilidades, capaz de influir y orientar a la opinión pública.

Puede alegarse y con entera razón, la falta de tiempo disponible para una tarea altruista gracias a las muy exigentes que procuran la supervivencia económica, pero se hace cada vez más apremiante la adecuada concertación de esfuerzos, el impulso de un debate creador, el hallazgo de fórmulas organizacionales, y el temple para encarar y superar coyunturas y situaciones de las que escapan muy pocos, como está harto comprobado. Convengamos, ya son muchos los años de una sostenida migración que amerita de una cierta y confiable institucionalidad.

Reproducción: James E.Boasberg, según Carolyn van Houten (The Washington Post, 22/03/2025).

25/03/25:

https://www.elnacional.com/opinion/de-la-organizacion-social-de-la-diaspora-venezolana/

26/03/2025:

https://www.costadelsolfm.org/2025/03/26/luis-barragan-de-la-organizacion-social-de-la-diaspora-venezolana/

sábado, 22 de marzo de 2025

Tareas pendientes

CORRE SANGRE VENEZOLANA POR NUESTRAS VENAS

Luis Barragán

“¿Cómo lo que surgió como una alianza

 entre bandas en el centro de Venezuela

                               se convirtió en una de las organizaciones    

criminales más temidas de América Latina?”

Rona Rísquez (*)

Ineludibles, hay tópicos que sorprenden constantemente y temas de una respetable profundidad que se quedan a medio camino, dando paso a otros en ese infernal y vicioso círculo de más de dos décadas trastocado en sistema político.  Ojalá no ocurra algo semejante con la consabida deportación de los venezolanos a El Salvador, dándole también soporte a una interesada e inaceptable satanización del gentilicio.

Por supuesto, nada inocente el fenómeno, solemos no apuntar a sus orígenes y desarrollos, prefiriendo la espectacularidad de sus consecuencias. Y muchos se juran estupefactos por la propia existencia de sendas megabandas delincuenciales que, faltando poco, supieron y saben de un serísimo esfuerzo de investigación e interpretación periodística y académica, prontamente olvidado a favor de las consignas de uso y desuso de acuerdo al momento.

Nadie niega la conformación de un tren – vaya acepción que ha ganado el término – hamponil desde el estado Aragua, extendido y transnacionalizado en breve tiempo para asombro de legos y especialistas, así como el derecho de las autoridades estadounidenses de adoptar medidas para proteger a sus conciudadanos. Sin embargo, y es lo que ha llamado la atención del reciente comunicado de la Plataforma Unitaria, el problema estriba en el cabal respeto de los derechos humanos y, particularmente, el derecho a la defensa y el debido proceso (https://apuntaje.blogspot.com/2025/03/justos-y-pecadores.html).

De un lado, resulta imposible callar ante la razia sufrida por los nuestros y la concreta denuncia en torno a las personas inocentes que, además, fueron deportadas a El Salvador (por ejemplo: https://www.tiktok.com/@alessandramartin_tv/video/7469114268114324767?_t=ZS-8usz8C3JmRc&_r=1). Es posible que incurrieran en graves errores para la deportación, más allá, en el norte, colocando a justos y pecadores en un mismo saco, como pudiera igualmente sugerirse la falsedad de alguna campaña que se empeña en la inocencia de la gente que, más acá, con estancia en Guantánamo, está en la megaprisión centroamericana, aunque la más cruel o sofisticada manipulación no es suficiente para ocultar la cruda y terrible verdad.

La cuestión está en que nadie – por lo menos – informa de paraderos e imputaciones, quedando dudas sobre el proceder del gobierno estadounidense, y, respecto al salvadoreño que ha arrendado su centro penitenciario, ni siquiera los dirigentes venezolanos que le colaboran comercial y políticamente, gozando de una atractiva contratación, tampoco indagan al respecto, mínimo, por el más elemental sentimiento patriótico en defensa de los inocentes.

De otro lado, cobra interés la conflictividad interna que traduce las más de 130 demandas y otras acciones contras las órdenes ejecutivas emitidas por el presidente Trump que quizá recuerden el cuestionamiento judicial de las resoluciones del presidente Franklin Delano Roosevelt, sobre todo en materia económica. Una de esas acciones ante el caso venezolano, propulsada por una organización de la sociedad civil, American Civil Liberties Union (ACLU), a propósito de la aplicación de una ley de finales del siglo XVIII.

A pesar de la decisión adoptada por James E. Boasberg, presidente del Tribunal estadounidense de Distrito para Columbia (Chief justice for the U.s. District Court for the District of Columbia), prohibiendo o suspendiendo provisionalmente la medida implementada por la Casa Blanca, ésta despachó a más de cien venezolanos a El Salvador sin una audiencia o evaluación técnica, como refiere The Washington Post del 22 de los corrientes. En el mismo diario, Perry Stein informa que el Departamento de Justicia solicitó al tribunal de apelaciones la destitución del juez federal que igualmente resolvió un plazo para que la administración precíse la información en relación a las deportaciones ponderando la vigente legislación sobre el secreto de Estado. Agreguemos, se ha dicho de una inusual declaración de John Glover Roberts Jr., presidente de la Suprema Corte, enfatizando que a la objeción de la decisión adoptada por el juez Boasberg, solo tiene pendiente un proceso de apelación y no de destitución.

Luego, es necesario apreciar el compromiso de una sociedad civil activa,  capaz de actuar con el correspondiente recurso, ejemplificado por la ACLU, en medio de una prensa libre, e importa y mucho, valorar una dinámica judicial orientada a esclarecer el problema y sentar un precedente para ésta o futuras deportaciones que impliquen exactamente a los delincuentes, salvaguardando a los inocentes. Significa que hay un trabajo que hacer por los venezolanos que viven fuera del país; y, específicamente por los dirigentes políticos, o que aspiran a serlo, en Estados Unidos o cualesquiera otro países que reciben generosamente a nuestros paisanos.

Comentario nada personal, es ocasión para aquellos que sólo están o estuvieron pendientes del itinerario de Edmundo González, o de la supuesta invitación a numerosos líderes para visitar la Casa Blanca con miras a la inauguración del segundo mandato del presidente Trump: probar que efectivamente les interesa la suerte de nuestros compatriotas, atentos a las vicisitudes administrativas y jurisdiccionales de marras.  Nadie habla de proteger a delincuentes, pero sí de hacerlo con los inocentes porque corre sangre venezolana por nuestras venas.

 (*) “El tren de Aragua. La banda que revolucionó el crimen organizado en América Latina”, Editorial Dahbar, Caracas, 2023: 76.

23/03/2025:

https://www.lapatilla.com/2025/03/23/luis-barragan-corre-sangre-venezolana-por-nuestras-venas/

Ilustración: Tomada de la red. 

Captura de pantalla: https://www.youtube.com/watch?v=wycjWgsG9Mw

lunes, 7 de febrero de 2022

Viajar ahora, pagar después

DE LOS VENEZOLANOS EN EL EXTERIOR

Luis Barragán

El régimen tiene en su haber el destierro y estigmatización de más de siete millones de venezolanos literalmente botados al mundo, como jamás pudo imaginarlo el tristemente célebre mayamero del ta´barato, dame dos de tiempos inmemoriales. Quienes quebraron a la otrora potencia petrolera del mundo,  decidieron que sólo ellos, una ínfima minoría, aunque armada, caben en el extenso territorio repartido entre los terroristas que les sirven de soporte en el poder, apuntalando la fórmula a expandir en el continente.

            Hablamos de la Venezuela que fue hogar seguro para una masiva y continua inmigración de varias décadas, añadido el exilio estrictamente político de las incontables dictaduras del continente, incluso, ejemplo para la reconstrucción democrática allende los mares. Paradójicamente, ahora, con una emigración de todos los estratos sociales,  sin precedentes históricos, que eufemísticamente la llamamos diáspora, aunque técnicamente  tratemos de desplazados deseosos de encontrar refugio, y realmente de una insólita, paciente y descarnada expulsión de familias enteras a las que castigan con los miles de kilómetros de distancia de sus hogares.

            Los periodistas de vocación y riesgo, deben reportarnos aún mayores noticias sobre los venezolanos convertidos tan injustamente en parias por el mundo ancho y ajeno; los criminólogos de método y profundidad, perfilar cada vez mejor a las grandes empresas delincuenciales del tráfico de personas;  o los novelistas y poetas, tocar las fibras más sensibles de una realidad que intenta traspapelarse, pero son los dirigentes políticos los llamados a plantear en su más exacta dimensión la tragedia. Versamos sobre uno de los más angustiosos problemas fundamentales del país que requiere de una claridad conceptual y de un compromiso que, desde ya, aparentemente lejana la transición, requiere del tratamiento de una política de Estado que espera de la oposición, o, mejor, de sus sectores más convincentes y sobrios, la mejor contribución; seguramente contaremos con un despacho ejecutivo complementario para la debida atención de quienes regresaran si existe la suficiente confianza, añadida la correspondiente representación parlamentaria.

            Las recientes deportaciones de venezolanos desde Estados Unidos (alguna vez  suspendidas), Guatemala u otros países, por supuesto, deben escandalizar a la opinión pública mundial y, por mucho bloqueo informativo  y (auto) censura que haya, nacional; más aún, cuando la guardia costera de Trinidad y Tobago ha disparado a una embarcación de coterráneos desesperados, muriendo un niño, o nos exigen la visa que nunca antes pidieron en países de la región. De un modo u otro, dentro y fuera, luchamos por alcanzar la libertad para recuperar al país que nunca hemos querido abandonar, constituyendo un escándalo las injustas medidas adoptadas que desconocen la naturaleza del régimen que padecemos y las propias consecuencias que acarrea y acarreará para el mundo.

La sola presunción de la presencia de venezolanos como una amenaza para la seguridad de los países que aplican las medidas (securitización), desconoce o pretende desconocer el peligro real que comporta el socialismo del siglo XXI de una clara vocación expansionista en consonancia con los más obscuros intereses anti-occidentales. Ésta, y no otra, es la clave de un asunto de extrema gravedad que, además de una política migratoria más acorde con la dignidad de la persona humana, aconseja un diligente esfuerzo de comprensión, denuncia y propuesta de quienes intuyen que una futura cancillería será mucho más que una agencia de viajes; por lo pronto, se impone una comisión especial para los desplazados y refugiados venezolanos, en el parlamento.

Fotografía: https://talcualdigital.com/venezolanos-con-proceso-de-tps-habrian-sido-deportados-de-eeuu/

08/02/2022:

https://www.elnacional.com/opinion/de-los-venezolanos-en-el-exterior/

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY