CORRE SANGRE VENEZOLANA POR NUESTRAS VENAS
Luis Barragán
“¿Cómo lo que surgió como una
alianza
entre bandas en el centro de Venezuela
se convirtió en
una de las organizaciones
criminales más temidas de América
Latina?”
Rona Rísquez (*)
Ineludibles,
hay tópicos que sorprenden constantemente y temas de una respetable profundidad
que se quedan a medio camino, dando paso a otros en ese infernal y vicioso
círculo de más de dos décadas trastocado en sistema político. Ojalá no ocurra algo semejante con la
consabida deportación de los venezolanos a El Salvador, dándole también soporte
a una interesada e inaceptable satanización del gentilicio.
Nadie niega la
conformación de un tren – vaya acepción que ha ganado el término – hamponil desde
el estado Aragua, extendido y transnacionalizado en breve tiempo para asombro
de legos y especialistas, así como el derecho de las autoridades
estadounidenses de adoptar medidas para proteger a sus conciudadanos. Sin
embargo, y es lo que ha llamado la atención del reciente comunicado de la
Plataforma Unitaria, el problema estriba en el cabal respeto de los derechos
humanos y, particularmente, el derecho a la defensa y el debido proceso (https://apuntaje.blogspot.com/2025/03/justos-y-pecadores.html).
De un lado, resulta
imposible callar ante la razia sufrida por los nuestros y la concreta denuncia
en torno a las personas inocentes que, además, fueron deportadas a El Salvador
(por ejemplo: https://www.tiktok.com/@alessandramartin_tv/video/7469114268114324767?_t=ZS-8usz8C3JmRc&_r=1).
Es posible que incurrieran en graves errores para la deportación, más allá, en
el norte, colocando a justos y pecadores en un mismo saco, como pudiera
igualmente sugerirse la falsedad de alguna campaña que se empeña en la
inocencia de la gente que, más acá, con estancia en Guantánamo, está en la
megaprisión centroamericana, aunque la más cruel o sofisticada manipulación no
es suficiente para ocultar la cruda y terrible verdad.
La cuestión
está en que nadie – por lo menos – informa de paraderos e imputaciones, quedando
dudas sobre el proceder del gobierno estadounidense, y, respecto al salvadoreño
que ha arrendado su centro penitenciario, ni siquiera los dirigentes venezolanos
que le colaboran comercial y políticamente, gozando de una atractiva
contratación, tampoco indagan al respecto, mínimo, por el más elemental sentimiento
patriótico en defensa de los inocentes.
De otro lado,
cobra interés la conflictividad interna que traduce las más de 130 demandas y
otras acciones contras las órdenes ejecutivas emitidas por el presidente Trump
que quizá recuerden el cuestionamiento judicial de las resoluciones del
presidente Franklin Delano Roosevelt, sobre todo en materia económica. Una de
esas acciones ante el caso venezolano, propulsada por una organización de la
sociedad civil, American Civil Liberties Union (ACLU), a propósito de la
aplicación de una ley de finales del siglo XVIII.
A pesar de la
decisión adoptada por James E. Boasberg, presidente del Tribunal estadounidense
de Distrito para Columbia (Chief justice for
the U.s. District Court for the District of Columbia), prohibiendo
o suspendiendo provisionalmente la medida implementada por la Casa Blanca, ésta
despachó a más de cien venezolanos a El Salvador sin una audiencia o evaluación
técnica, como refiere The Washington Post del 22 de los corrientes. En el mismo
diario, Perry Stein informa que el Departamento de Justicia solicitó al
tribunal de apelaciones la destitución del juez federal que igualmente resolvió
un plazo para que la administración precíse la información en relación a las
deportaciones ponderando la vigente legislación sobre el secreto de Estado.
Agreguemos, se ha dicho de una inusual declaración de John Glover Roberts Jr.,
presidente de la Suprema Corte, enfatizando que a la objeción de la decisión
adoptada por el juez Boasberg, solo tiene pendiente un proceso de apelación y
no de destitución.
Luego, es necesario
apreciar el compromiso de una sociedad civil activa, capaz de actuar con el correspondiente recurso,
ejemplificado por la ACLU, en medio de una prensa libre, e importa y mucho,
valorar una dinámica judicial orientada a esclarecer el problema y sentar un
precedente para ésta o futuras deportaciones que impliquen exactamente a los
delincuentes, salvaguardando a los inocentes. Significa que hay un trabajo que
hacer por los venezolanos que viven fuera del país; y, específicamente por los
dirigentes políticos, o que aspiran a serlo, en Estados Unidos o cualesquiera
otro países que reciben generosamente a nuestros paisanos.
Comentario nada
personal, es ocasión para aquellos que sólo están o estuvieron pendientes del
itinerario de Edmundo González, o de la supuesta invitación a numerosos líderes
para visitar la Casa Blanca con miras a la inauguración del segundo mandato del
presidente Trump: probar que efectivamente les interesa la suerte de nuestros
compatriotas, atentos a las vicisitudes administrativas y jurisdiccionales de
marras. Nadie habla de proteger a
delincuentes, pero sí de hacerlo con los inocentes porque corre sangre
venezolana por nuestras venas.
(*) “El
tren de Aragua. La banda que revolucionó el crimen organizado en América Latina”,
Editorial Dahbar, Caracas, 2023: 76.
23/03/2025:
https://www.lapatilla.com/2025/03/23/luis-barragan-corre-sangre-venezolana-por-nuestras-venas/
Ilustración: Tomada de la red.
Captura de pantalla: https://www.youtube.com/watch?v=wycjWgsG9Mw
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