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sábado, 15 de noviembre de 2025

Vírgen María, la madre del rendentor, la madre del mediador

DIOS NO TIENE PASADO NI FUTURO, SIMPLEMENTE 'ES'

(San Lucas, 21: 5-19)

Fray Marcos [Rodríguez]

Estamos en el penúltimo domingo del año litúrgico. El próximo celebraremos la fiesta de Cristo Rey que remata el ciclo. Como el domingo pasado, el evangelio nos invita a reflexionar sobre el más allá.

El lenguaje apocalíptico y escatológico tan común en la época de Jesús, es muy difícil de entender hoy. Corresponde a otra manera de ver al hombre, a Dios y la realidad presente. Desde aquella visión, es lógico que tuvieran también otra manera de ver lo último, el "esjatón".

Una vez más los discípulos están más interesados por la cuestión del cuándo y el cómo, que por el mensaje.

Tanto el pueblo judío en el AT como los cristianos en el NT están volcados sobre el porvenir. Esta actitud le distingue de los pueblos circundantes. Se encuentran siempre en tensión, esperando una salvación que ha de venir.

Para ellos esa salvación solo puede venir de Dios. Desde Noé, al que se le ofrece algo nuevo a través de la destrucción de lo viejo. Abraham, al que se le pide salir de su tierra para ofrecerle descendencia y una tierra propia. Pasando por el Éxodo, que fue la experiencia máxima de salvación, desde la esclavitud hacia la tierra prometida. Todos vivieron siempre con la esperanza de algo mejor, que Dios le iba a dar.

Los profetas se encargaron de mantener viva esta expectativa de salvación definitiva. Pero también introdujeron una faceta nueva: el día de esa salvación habría de ser un día de alegría, de felicidad, de luz, pero a causa de las infidelidades del pueblo, los profetas empiezan a anunciarlo como día de tinieblas; día en que Yahvé castigará a los infieles y salvará al resto. El objetivo de este discurso era urgir a la conversión.

Los cristianos no tienen inconveniente en utilizar las imágenes que le proporciona la tradición judía y el ámbito religioso en el que se desenvolvía. A primera vista parece que entra en esa misma dinámica apocalíptica, muy desarrollada en la época anterior y posterior a su vida terrena. El NT pone en boca de Jesús un lenguaje que se apoya sobre el telón de fondo de los conocimientos y las imágenes que le proporciona el AT.

En tiempo de Jesús se creía que esa intervención definitiva de Dios iba a ser inminente. En este ambiente se desarrolla la predicación de Juan Bautista y de Jesús. Las primeras comunidades cristianas acentuaron aún más esta expectativa de final inmediato. Pero en los últimos escritos del NT, es ya patente una tensión entre la espera inmediata del fin y la necesidad de preocuparse de la vida presente. Ante la ausencia de acontecimientos en los primeros años del cristianismo, las comunidades se preparan para la permanencia.

Con los conocimientos que hoy tiene el ser humano y el grado de conciencia que ha adquirido, no tiene ninguna necesidad de acudir a la actuación de Dios, ni para destruir el mundo para poder crear otro más perfecto (apocalíptica), ni para enderezar todo lo malo que hay en él para que llegue a su perfección (escatología).

El Génesis nos dice que al final de la creación, Dios "vio todo lo que había hecho y era muy bueno". ¿Por qué, nosotros, lo vemos todo malo? Hemos exagerado incluso la capacidad del ser humano para malear la creación. Para Dios todo está siempre en total equilibrio.

La justicia de Dios no es un trasunto de la justicia humana, sólo que más perfecta. La justicia humana es el restablecimiento de un equilibrio perdido por una injusticia. Dios no tiene que actuar para ser justo ni inmediatamente después de un acto, ni en un hipotético último día donde todo quedaría definitivamente zanjado.

Dios no hace justicia. Él es justicia. Todo acto, sea bueno, sea malo, en sí mismo lleva ya el premio o el castigo, no se necesita por parte de Dios ninguna acción posterior. Ante Dios todo es justo en cada momento.

Por fin podemos desistir de aplicar a Dios nuestra justicia. Dios es justicia y toda la creación está siempre de acuerdo con lo que Él es. Él ha querido nuestra contingencia como criaturas que somos. El dolor, el pecado y la muerte no son en el hombre un fallo, sino que pertenecen a su misma naturaleza. La salvación no consistirá en que Dios nos libre de esas limitaciones, sino en darse cuenta de que Él está siempre con nosotros, y todo hombre puede alcanzar plenitud de ser, a pesar de ellas.

Lo que en el mundo creemos que está mal y no depende del hombre, no es más que una falta de perspectiva. Una visión que fuera más allá de las apariencias, nos convencería de que no hay nada que cambiar en la realidad, sino que tenemos que cambiar nuestra manera de interpretarla.

Lo que nos debería preocupar de verdad es lo que está mal por culpa del hombre. Ese habría de ser nuestro campo de operaciones. Ahí nuestra tarea es inmensa. El ser humano está causando tanto mal a otros seres humanos y al mismo mundo que deberíamos estar aterrados.

No nos debe extrañar la referencia a la destrucción del templo. Este evangelio está escrito entre el año 80 y el 90, por lo tanto ya se había producido esa catástrofe. Para un judío, la destrucción del templo era el "fin del mundo". Era lógico asociar la destrucción del templo al fin de los tiempos, porque para ellos el templo lo era todo, la seguridad total. Para ellos era impensable la existencia sin templo. De ahí la preocupación de la pregunta: ¿Cuándo va a ser eso? Poro Jesús responde hablando del fin de los tiempos, no del templo. La única preparación posible es la confianza total en lo que Dios nos está dando.

Sin embargo, Jesús introduce elementos nuevos que cambian la esencia de la visión apocalíptica. En la lectura de hoy podemos apreciar claramente estos matices. A Jesús no le impresiona tanto el fin, como la actitud de cada uno ante la realidad actual ("antes de eso"). Es el presente del creyente lo que interesa a Jesús. ¡Que nadie os engañe! (toda mi predicación se podía resumir en esta idea). Ni el fin ni las catástrofes tienen importancia ninguna, si sabemos mantener la actitud adecuada. La realidad no debe perturbarnos "no tengáis pánico". Sabemos que la realidad material termina, pero lo esencial dura.

La seguridad no la puede dar la falta de conflictos (siempre los habrá), ni la promesa de felicidad, sino la confianza en Dios. Tampoco debemos seguir edificando "templos" que nos den seguridades. Ni organigramas ni doctrinas ni un cristianismo sociológico, garantizan nuestra salvación. Todo lo contrario, puede ser que la desaparición de esas seguridades nos ayude a buscar nuestra verdadera salvación. Decía ya San Ambrosio: "Los emperadores nos ayudaban más cuando nos perseguían que ahora que nos protegen".

Lo esencial del mensaje de hoy está en la importancia del momento presente frente a los miedos por un pasado o las especulaciones sobre el futuro. Aquí y ahora puedo descubrir mi plenitud. Aquí y ahora puedo tocar la eternidad. Hoy mismo puedo detener el tiempo y llegar a lo absoluto. En un instante puedo vivir la totalidad, no solo de mi ser individual, sino la TOTALIDAD de lo que ha existido, existe y existirá.

Para el despierto, no hay diferencia ninguna entre el pasado, el presente y el futuro. Si dependo de mi falso yo, elegiré prolongar eternamente esta vida, y cortaría el acceso a mi verdadero ser.

Jesús venció a la muerte, muriendo. Pero no nos engañemos, su muerte no fue un paripé, aunque doloroso, para recuperar la misma vida que perdió. Fue la aceptación total de su limitación lo que le proyectó a lo absoluto. Solo descubriendo y aceptando plenamente mi limitación, podré entrar en la dinámica de lo eterno que hay en mí. El mayor peligro que nos acecha es que busquemos en la vida espiritual la manera de potenciar lo material.

Meditación-contemplación

"Cuidado con que nadie os engañe".

Con frecuencia nos convence lo que halaga el oído.

Cuando la verdad nos exige esfuerzo,

buscamos escapatorias más fáciles de asimilar.

....................

Los predicadores de todos los tiempos lo saben,

y tratan de aprovechar esa debilidad para engañarnos.

Profundizar en la realidad de nuestro propio ser,

es el único camino para escapar de las voces de sirena.

.....................

Todas las promesas de futuro que se hacen en nombre de Dios

son falsas, porque Dios no tiene futuro.

Dios no promete, da. Y se da desde siempre y para siempre.

En esa eternidad del don, tenemos que entrar nosotros.

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/4329-dios-no-tiene-pasado-ni-futuro-simplemente-es.html

Ilustración: Febhard Fugel.

Padre Martín. Urgente Aclaración por la Unidad de la Iglesia: Teología y Sensibilidad Eclesial en Conflicto: María.

https://www.youtube.com/watch?v=ur2_lgAtYwA


Papa León:

https://www.youtube.com/watch?v=s3qkE5rTXXg

Arquidiócesis de Caracas: 

https://www.youtube.com/watch?v=HJxZfUI-3Ak

Padre S. Martín:

https://www.youtube.com/watch?v=M6X5mGkXTTE

Monseñor Munilla:

https://www.youtube.com/watch?v=fEe9rns9zTw


Breve nota LB: Son indiferentes a las notas que dejamos, sin fecha, in nombre del oficiante. ¡Se trata de la propia arquidiócesis de Caracas!

sábado, 12 de noviembre de 2022

"... Pero no se perderá ni un solo cabello de su cabeza"

Domingo 33C TO   13 noviembre 2022

“No tengan miedo” (Lc 21, 5-19)

 

(Diálogo sobre el Evangelio de hoy:

 Destrucción del templo)

José Martínez de Toda, SJ.                                                         

Era importante para los judíos el Templo de Jerusalén. ¿Quién lo destruyó?

Hubo tres templos en Jerusalén, que fueron destruidos uno tras otro:

El primero lo construyó Salomón, pero fue destruido por el segundo ataque babilónico en 587 a.C. Cuando los judíos volvieron de su cautividad en Babilonia, construyeron el segundo templo – una tremenda obra de fe, pero inferior al templo original. 

Herodes destruyó este templo en el año 20 a.C. para construir el tercer templo, el del tiempo de Jesús, que no se completó hasta el año 63 d.C.  Estaba situado en un lugar prominente en Jerusalén, tan alto como un edificio de quince pisos. Josefo dice: “Todos los lados del templo estaban cubiertos con planchas de oro; por ello brillaba como una bola de fuego en cuanto salía el sol.  Cuando la gente intentaba mirarlo, tenían que apartar la vista, como la apartarían de los rayos directos del sol.” 

¿Y los judíos estarían orgullosos de su templo?

Así es. Además los judíos estaban obligados a ir al templo a orar y a hacer sus sacrificios. Lo veneraban porque allí estaba la Presencia de Dios. Era el edificio y el lugar más importante para ellos, el más lleno de historia. Era algo muy querido. Pero Jesús siempre comentaba todo lo que se decía a su alrededor y dio su opinión sobre el templo.

¿Y qué comentó aquí Jesús sobre el templo?

Él ya había aclarado a la Samaritana, junto al Pozo de Jacob, que llegaría un día en que a Dios no se le veneraría ni en el templo de Jerusalén (de los judíos) ni en el de Garizim (de los samaritanos). Se le veneraría sin necesidad de templos ‘en espíritu y en verdad’.

Y anuncia que el templo judío no era un supremo valor. Anuncia que sería destruido:

-        “Días vendrán que no quedará piedra sobre piedra” (v. 6). 

            Lucas, en los Hechos de los Apóstoles, describe tres levantamientos contra los romanos: Theudas dirigió una insurrección desastrosa de cuatrocientos seguidores (Hechos 5:36). Judas el galileo hizo lo mismo (Hechos 5:37). Un egipcio, que quedó sin nombrar, también dirigió cuatro mil seguidores en una insurrección (Hechos 21:38).

La profecía de Jesús de que Jerusalén caería, se cumplió en el año 70 d.C., cuando los judíos se sublevaron otra vez contra los romanos, que asediaron la ciudad. Ésta al comienzo servía de refugio para sus ciudadanos, pero se convirtió en una trampa a medida que se apretó el asedio.  Hubo canibalismo.  La mayoría de ellos murió; el resto fue tomado en cautividad; y el templo quedó completamente destruido por las tropas de Tito Flavio.

¿Quedan hoy algunas ruinas?

Hoy sólo queda el Muro de las Lamentaciones. Y en la TV vemos a los judíos orando frente a ese muro, y meten sus oraciones escritas entre las grandes piedras cuadradas.

Esos días de revueltas y asedios fueron de mucho sufrimiento y tensión, también para los cristianos.

¿Qué recomienda Jesús, cuando habla de la destrucción de Jerusalén y de su templo?

En el reino de Dios que Él inaugura, ya no se necesitará templo, ni ciudad santa, ni sacrificios, porque toda la humanidad es el gran templo de Dios. Dios está en el Templo, pero también en la gente de carne y hueso. S. Pablo nos recuerda: “¿No saben que Vds. son templos de Dios y que el Espíritu de Dios habita en Vds?” (1Cor 3:16). “¿No saben Vds. que su cuerpo es templo del Espíritu Santo dentro de ti?” (1Cor 6:19).

Así pues, somos tan sagrados como el templo. Dios habita en nosotros.

 

¿Qué consejos da Jesús para el tiempo de persecución y para los días de sufrimiento y tensión?

Jesús no responde a los discípulos a su pregunta de cuándo iba a ocurrir todo aquello.

 Jesús se preocupa más por ‘cómo’ vivir, sobre todo antes del encuentro definitivo con el Padre, qué hacer en tiempo de persecución. Y Jesús nos da estas seis recomendaciones:

1ª “Cuidado con los falsos profetas, que tratan de engañarles”.

2ª “Cuando oigan de guerras y revueltas, no se espanten, no teman”. (v. 9). 

Aunque el templo haya sido destruido, Dios no deja de construir su Reino, no permite que su pueblo, reunido por Cristo, sea presa del pánico.

3ª “Les echarán mano, les perseguirán, entregándoles a los tribunales y a la cárcel, y les harán comparecer ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre; así tendrán ocasión de dar testimonio”.

Pero, ¿son perseguidos hoy los cristianos?

Ahí están los jesuitas de El Salvador, Lucho Espinal sj en Bolivia, Vicente Cañas sj (1987) y la Hna. Dorothy Stang (2005) en Brasil, Dietrich Bonhoeffer en Alemania, y otros muchos en Sudán, en Irak y en la India.

Lo importante es ser testigos del verdadero Señor de la historia, sus siervos fieles que saben esperar, soportar, perseverar en el trabajo humilde y sencillo de cada día (Lc 17, 10).

Sin perder de vista el futuro de Dios, tenemos que enfocar el presente y vivirlo en el servicio y en el compromiso, en la lucha y en la oración.

4 “Les daré boca y sabiduría, a la cual no podrán resistir ni contradecir todos los que se les opondrán” (v. 15). Los cristianos no deben preocuparse por lo que dirán, porque Jesús les dará palabras invencibles de sabiduría, a las que los verdugos no sabrán qué responder.

            5 “Ni un cabello de su cabeza se perderá” (Lc 21, 18; cf 12, 7). Es una palabra de aliento. La capacidad de aguante se hará manifiesta en la del martirio (cf Esteban en Hech 7, 59), en la paz a la hora de la disidencia doméstica y en el deseo de dar la vida por el Señor.

6 “Con su perseverancia salvarán sus almas”. Jesús promete que Él estará con nosotros en nuestro sufrimiento y que el “orden” actual de las cosas puede cambiar.


Fuente: Correo electrónico (Román Mendoza). 

Ilustración:  Laur Iduc, 

Misa Cardenal Porras: https://www.youtube.com/watch?v=Nbeedaa7n7E



Padre Peraza: https://www.facebook.com/arperaza/videos/1071325236821109


Padre Martín: https://www.youtube.com/watch?v=-f_Fuo0AaO4


Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY