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martes, 23 de enero de 2024

Comala

LA TENTACIÓN NEOPEREZJIMENISTA

Luis Barragán

La de Marcos Pérez Jiménez, es una historia de la buena fortuna personal en más de un sentido. Desde la lejana Michelena llegó a cursar exitosamente sus estudios militares y de la planicie de Cajigal partió a Chorrillos para despuntar luego como el laborioso y buen oficial que fue. Cargó por el resto de la vida con la fortísima sospecha de haberse – precisamente – cargado a Carlos Delgado-Chalbaud, haciéndose del solio presidencial después de aplicar ciertas claves de supervivencia atribuidas a algún mariscal soviético ante las heladas, Hitler y el propio Stalin. Perfeccionó el fraude electoral, inventando una provisionalidad dizque en nombre de las sacratísimas Fuerzas Armadas, queriendo de nuevo hacerse provisional al concluir 1957. Heredó los planes y planos de desarrollo urbano fraguados en los años anteriores, encontrándole destino y provecho a la boyante renta petrolera. Acabó con la memoria histórica de media Caracas desalcantarillada, avalado por importantes arquitectos a los que no les dio tiempo de reemplazar a los bloques de El Silencio. Precisó la actividad empresarial del Estado en áreas que consideró vitales. Empinó el desempeño comercial y financiero del sector privado, protegiendo a la exitosa industria del calzado en una economía de inevitables malestares. Persiguió y reprimió hasta el menos pintado de los disidentes, conforme con la tortura y la muerte de sus adversarios. Hubo una genuina épica del derrumbe de la dictadura que suscitó un inédito sentimiento de unidad nacional; desbrujulados, hoy, absolutamente incomprendido.

Caído y, luego, extraditado, fue procesado y condenado judicialmente por malversación, aunque lucieron suficientes los reales para adquirir e instalarse en una casa antiatómica del Madrid con urbanización de irónico nombre. Trabajó esos reales pacientemente por el resto de sus días, llevando un recatado estilo de  vida. Salió de Venezuela con la boca de una ametralladora literalmente pegada a su espalda, cumplida la condena,  victimizado y reivindicado crecientemente en los sectores populares. Nos antojamos, políticamente más importante fue la larga etapa del postperejimenismo que la del gobierno mismo, en decidida pugna con los líderes y partidos decisivos y estelares de los años sesenta y parte de los setenta. Impedido el ejercicio de una curul sorpresivamente ganada, a su cuenta le debitamos cuatro senadores y 25 diputados en 1968, reducidos a un senador y cinco diputados al concluir el período constitucional, siendo tan exacto el aporte del consultado,  Marcos Fuenmayor, amigo de muchos años. Torpedeado moral y constitucionalmente para una candidatura presidencial in situ,  poco a poco se convirtió en un referente irremplazable de la oposición antisistema, demostrado a la postre que no era capaz de rifar la tranquilidad de su hogar, como Juan Domingo Perón o Gustavo Rojas Pinilla lo hicieron, y tampoco bascular con un heredero a lo Héctor Cámpora o María Eugenia Rojas, en Argentina y Colombia.  Presumiéndolo dueño de una significativa y distraída porción del mercado electoral en la era prologada de un sólido bipartidismo, con las debidas excepciones, no hubo aspirante presidencial venezolano que no pisara la casa de habitación de don Marcos para gestionar su apoyo abierto y directo, o, al menos, permitir la publicidad de un importante y ojalá impactante testimonio fotográfico que lo compensara con una  ocasión para defender su obra de gobierno y fustigar ya desanimadamente a sus oponentes. Acumuladas varias y remotas crisis en el país, sobrevenidas otras, Pérez Jiménez devino elemento político  tangencial y anacrónico hasta que Chávez Frías lo revivió momentáneamente, atrayendo a las más nostálgicas minorías. Detalle éste que abultó la contradicción con una fecha aniversaria, como la del 23 de enero, únicamente celebrada para neutralizar a la oposición, fracasado cualquier jolgorio popular por el 4 de febrero. Que sepamos, afantasmado cada vez más otro de los protagonistas de un pasado considerado ya remoto, solamente queda en pie una particular estatua alusiva a la entrada de su natal Michelena, en el estado Táchira, y, ya no cabe duda, que se trata del general elegantemente uniformado el que aparece en los hermosos vitrales de la Iglesia de Coromoto de El Paraíso, en Caracas.

Conviene distinguir entre perezjimenato, como régimen históricamente realizado, y perezjimenismo,  como movimiento político y social que sobrevive o desea sobrevivir al presunto fundador. No le adivinamos un particular modo político de proceder, o de invocación doctrinaria, siendo varios los gobiernos de inspiración y estirpe positivista en nuestro país. Sin embargo, en medio de nuestras precariedades, en lugar de un mayor esfuerzo historiográfico, por ejemplo, encontramos la tentación de encausarlo – hoy – políticamente.  Acaso, por el registro de un extemporáneo militarismo que refuerza la experiencia socialista en el imaginario social, agregada la caricaturización esequibana.  O el vacío ideológico de los factores que enfrentan a un chavismo reencauchado, cuya propia vaciedad es compensada por la violencia y la banalización brutales en el ejercicio del poder. Década y media atrás,  aparecieron algunos insólitos brotes perezjimenistas en el estudiantado de la UCV solamente enfrentados por los oficialistas del tristemente célebre M-28. Hacia 2014, los alrededores de la Asamblea Nacional soportaron una cantidad importante de afiches estupendamente diseñados, editados y pegados con motivo del centenario del natalicio de Pérez Jiménez. Nada de extraño tiene que ahora sobresalgan de la lista de los partidos históricos, nombres como el de Cruzada Cívica Nacionalista (CCN), Frente Unido Nacionalista (FUN), Movimiento Popular Justicialista (MPJ), u otro asociado muy antes al otrora dictador, en apoyo a la candidatura presidencial oficialista, semi-oficialista, opositora o semi-opositora, según el catálogo de los prototipos actuales. Es tarea de oportunistas el de  parapetear una organización, inventar o confiscar un nombre y sus símbolos y tradiciones alcanzadas, ofreciéndolo al mercado electoral – como si realmente existiera – a cambio de prebendas, promesas o cupos en una cámara edilicia o parlamentaria  de un futuro más o menos próximo. Incluso, sin Pérez Jiménez, o un convincente albacea que procure el reconocimiento y la continuidad de su obra u obrar político, será posible hablar de perezjimenismo en el Comala que habitamos.

Fotografías: LB (2014 y 2024).

23/01/2024:

https://www.elnacional.com/opinion/la-tentacion-neoperezjimenista/

lunes, 22 de enero de 2024

Marcialidad atmosférica

 DE UNA IMPORTANTE PRECISIÓN SOBRE EL PEREZJIMENATO  (BREVE EJERCICIO HISTÓRICO)

Luis Barragán

La frecuente exaltación de los símbolos patrios y la vida militar, en la década de los cincuenta del siglo pasado, tiende a confundirnos en torno a la naturaleza del gobierno que la ocupó con pretensiones de extenderse.  Convocada una fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente que, aproximadamente en cuatro meses, elaboró y  sancionó la Constitución, no encontramos motivos valederos y, mucho menos, legítimos para decretar, como lo hizo,  la larga provisionalidad, comprendida entre 1953 y 1958, y, faltando poco, que la presumiera como un régimen institucional de las Fuerzas Armadas Nacionales, en realidad, exclusivamente personificado por Marcos Pérez Jiménez. El sobredimensionamiento de la corporación castrense, herederas directas del pasado glorioso [OLIVAR, 2012: 148 s.], contribuye a la confusión, obligando a emplear conceptos y categorías de índole histórica y politológica que permitan una mejor apreciación de la etapa. Por lo pronto, conviene distinguir entre perezjimenato, como un régimen históricamente realizado, y perezjimenismo,  como un movimiento político y social que sobrevive o desea sobrevivir al presunto fundador.

1.-        Una rara transición política

El golpe militar del 24/11/1948 contra el presidente Gallegos, no tardará en aclararse definitivamente con el asesinato de Carlos Delgado-Chalbaud el 13/11/50. Sustituido en la presidencia de la ahora Junta de Gobierno por el civil Germán Suárez Flamerich, sabrá de la convocatoria y fraudulenta celebración de una Asamblea Nacional Constituyente el 30/11/52 que derivará, aprobada la nueva Constitución en escasos meses, en un gobierno provisional encabezado por Marcos Pérez Jiménez para el período comprendido entre abril de 1953 y abril de 1958.

Falsa provisionalidad, larga y curiosa transición hacia la realización de las elecciones directas, universales y secretas, abortadas desde las más altas cumbres del Estado al finalizar 1957, supuso el ejercicio  del poder por la institución castrense. Mera suposición, porque Marcos Pérez Jiménez fue realmente el beneficiario y único árbitro en la vida del país [OLIVAR, 2023].

La entidad armada continuó el ritmo de su ya inevitable y paradójica modernización: “Pérez Jiménez incentivó la profesionalización castrense, con lo cual estaba abriendo la fosa de su propia tumba política”, pasando del personalismo de los caudillos decimonónicos a un pretorianismo autoritario-corporativo [IRWIN-MICETT, 2008: 202, 205].   Liquidados los partidos políticos tan contundentemente,  hubo una cierta atmósfera de prosperidad que parece respirar todo el país de acuerdo a la prensa y a la literatura de la época, por cierto,  capaz de cuestionarla de un modo u otro;   no existe rivalidad alguna para los altos personeros del régimen, aunque muertos, prisioneros o desterrados los líderes políticos de la oposición, ya  estaba consolidado en el imaginario local el estudiante como un héroe a favor de las mejores causas de la libertad y de la democracia [RIVAS, 2010: 113].

Permitiéndonos una breve digresión, al ambiente y sólo ambiente marcial, se oponen los símbolos de la civilidad que calaron profundamente entre 1945 y 1948, única explicación para que no sólo sobreviviera teóricamente la fórmula de unas elecciones directas, universales y secretas, sino la propia idea de la Revolución de Octubre al conmemorarla el gobierno hasta el 18 de octubre de 1957. El estudiantado y la boina vasca que le dio identidad en 1928, por ejemplo,   persisten a la vez que el ejército ha ganado décadas de intranquilidades y reacomodos, pues, sólo hasta 1952 los “alzados victoriosos” dicen actuar en nombre de las Fuerzas Armadas  [CABALLERO, 1991: 112, 130 s.; CABALLERO, 1995: 286].

2.-        Régimen enmascarado

La marcialidad atmosférica o ambiental de los tiempos del perezjimenato, suele engañar: cubre una etapa pretoriana que ha dejado atrás el caudillismo, pero que no conoció el Estado Cuartel en el marco de un régimen personalista y no de las Fuerzas Armadas, como quiso hacerlo ver el beneficiario principal [OLIVAR, 2023]. Tratamos de una extraordinaria habilidad propagandística y publicitaria al identificar al tachirense con la corporación armada y viceversa, engrandeciéndola para engrandecerse, con una notable inversión en armamentos [BUTTÓ, 2015: 92, 99, 130].

El asunto requiere de elementales y necesarias precisiones: el régimen no será el de un  caudillo que habla de una estirpe de civiles armados que “se proclaman a sí mismos como militares  […] Pero la diferencia entre caudillo y dictador se establece, en el caso venezolano, en la existencia o no de un efectivo Ejército Nacional” (cursivas del autor) [IRWIN, 2006: 27, 145, 149]. Nos acercamos más al militarismo, el predominio del poder militar sobre el poder civil, aterrizando en el pretorianismo que constituye una influencia abusiva de los militares que ha de conocer algunas características distintas (oligárquico, de masas, etc.) [IRWIN, 2006: 20, 24 ss.].

El otro dato indispensable, el de la dictadura, nos remite al control ilimitado, por encima del orden jurídico positivo, del Estado por un individuo, camarilla o grupo de militares que la hicieron o hacen posible, con o sin el concurso de los civiles, conjugando el despotismo, el autoritarismo, el personalismo  [PÉREZ CAMPOS, 1998: 51-59]. Y otro concepto o categoría al que suele apelarse, es el del Estado Cuartel, retrotraídos a la perspectiva de Harold Laswell (1941), trastocados los militares en factores dominantes de la sociedad industrial moderna  arrastrada a los conflictos y escenarios bélicos  [IRWIN-MICETT, 2008: 205 s.].

Ahora bien, luce importante que, al calificar el gobierno de tan larga provisionalidad, como el de Pérez Jiménez, hagamos las precisiones necesarias, ya que, teniendo a las Fuerzas Armadas como base de sustentación, las utilizó y manipuló enmascarando un régimen netamente personalista que “hizo jugar a la policía política contra sus compañeros” [SCHAPOSNIK, 1985: 154 ss.]. No por casualidad, además del tachirense, adicionalmente fueron emblemáticas las muy detestadas figuras de Laureano Vallenilla-Lanz Planchart y Pedro Estrada, purgadas a lo largo de enero de 1958, cuando la dictadura intentó sobrevivir por todos los medios; en todo caso, se evidencia una particular refriega entre los servicios de inteligencia de carácter civil y militar [BARRAGÁN, 2018].

3.-        Conclusiones

La de Pérez Jiménez fue una dictadura de las que llaman personalista, pretoriana, autoritaria y despótica que no debemos confundir con un régimen institucional de las Fuerzas Armadas. Además, coincidimos con Irwin en que “el Estado venezolano del siglo pasado no ha sido nunca un Estado Cuartel o Estado Guarnición” [IRWIN-MICETT, 2008: 205], como lo hubo por un período relativamente corto a partir de 2016, militarizada la sociedad, los negocios mercantiles, la cultura y el patrimonialismo de Estado    [PEÑA, 2016].

En atmósferas o ambientes dictatoriales y pretorianos, suelen sobrevivir los símbolos y el testimonio de lucha de la civilidad. Ojalá que no desaparezcan en el curso de los días que corren, por cierto.

4.-        Post-data

La versión que tenemos buena parte de los venezolanos en torno al denominado perezjimenismo, es propia de la década de los sesenta del veinte en la que experimentó una curiosa y espectacular, como injusta, reivindicación.  Creemos que se trata de un período de popularidad,  el último, no estudiado suficientemente y que extiende sus dividendos políticos con la invocación que hizo Chávez Frías de un modo francamente oportunista, incluyendo un ínfimo núcleo de simpatizantes entre el estudiantado ucevista de pocos años atrás: ahora, muy recientemente citado, cualquiera lo creería el adalid de las libertades y del progreso.

Referencias

BARRAGÁN, Luis (2018) “Teoría de la presunción política: Los (in)esperados alzamientos del 1° de enero de 1958”. Tiempo y Espacio, Caracas, n° 69, en: http://bdigital2.ula.ve:8080/xmlui/bitstream/handle/654321/2929/7739-19875-1-PB.pdf?sequence=1&isAllowed=y.

BUTTÓ, Luis Alberto (2015) “¿Modernización de las Fuerzas Armadas?”, en: AVELEDO, Guillermo T. – OLIVAR, José Alberto [Compiladores] (2015) “Cuando las bayonetas hablan. Nuevas miradas sobre la dictadura militar 1948-1958”. Universidad Metropolitana – Universidad Católica Andrés Bello, Caracas: 87-138.

CABALLERO, Manuel (1991) “El poder brujo. Ensayos de polémica y otras tintas”. Monte Avila Editores, Caracas.

CABALLERO, Manuel (1995) “Ni Dios, ni Federación. Crítica de la historia política”. Editorial Planeta Venezolana, Caracas.

IRWIN, Domingo (2006) “Reflexiones sobre el control civil (Teoría y acción)” y “Caudillos, dictadores y democracia (pinceladas históricas)”, en: (2006) “Control civil y pretorianismo en Venezuela. Ilusiones y realidades históricas”. Universidad Pedagógica Experimental Libertador – Universidad Católica Andrés Bello, Caracas: 19-58 y 139-185.

IRWIN, Domingo – MICETT, Ingrid (2008) “Caudillos, militares y poder. Una historia del pretorianismo en Venezuela”. Universidad Católica Andrés Bello, Caracas.

OLIVAR, José Alberto (2012) “Prolegómenos de una dictadura militar y su filosofía de poder (1948-1958)”, en: BUTTÓ, Luis Alberto – MELÉNDEZ M., Raúl – OLIVAR, José Alberto [Coordinadores] (2012) “De la hueste indiana al pretorianismo del siglo XX: Relaciones civiles-militares en la historia de Venezuela”. Asociación de Profesores de la Universidad de Carabobo, Valencia: 139-165.

OLIVAR, José Alberto (2023) Conferencia (Video). XI Diplomado de Historia de la Venezuela Contemporánea de la Fundación Rómulo Betancourt - Universidad Pedagógica Experimental Libertador, Caracas, 18/03.

PEÑA ANGULO, Jo-Ann (2016) “Aproximación teórica: la autoridad en el Estado Cuartel en Venezuela”, en: BUTTÓ, Luis Alberto – OLIVAR, José Alberto (2016) “El Estado Cuartel en Venezuela: Radiografía de un proyecto autoritario”. Negro Sobre Blanco, Caracas: 101-118.

PÉREZ CAMPOS, Magaly [Compiladora] (1998) “Glosario de términos de Ciencia Política”. Universidad Central de Venezuela, Caracas.

RIVAS ROJAS, Nancy (2010) “Narrar en dictadura. Renovación estética y fábulas de identidad en la Venezuela perezjimenista”. Fodo Editorial El Perro y La Rana, Caracas.

SCHAPOSNIK, Eduardo C. (1985) “Democratización de las Fuerzas Armadas venezolanas”. ILDIS – Fundación Gonzalo Barrios, Caracas.

Composiciones gráficas: LB.

23/01/24:

https://opinionynoticias.com/opinionhistoria/40625-de-una-importante-precision-sobre-el-perezjimenato-breve-ejercicio-historico

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