Mostrando las entradas con la etiqueta Casa. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Casa. Mostrar todas las entradas

lunes, 2 de marzo de 2026

Caza de citas

“En la esquina con Nariño, Brígida se detuvo de golpe frente al esqueleto de una casa en ruinas. Las ventanas estaban selladas con tablones y las columnas apenas se sostenían con apliques. Los muros estaban quemados, y las puertas, bloqueadas por hileras de ladrillos. Parte de la estructura había caído al suelo. Entre los cascotes crecieron matojos y hierbajos. Bañado por la luz del sol, un árbol cargado de granadas atrajo la mirada de Brígida, que saltó la verja sin pensárselo. Necesitaba meterse en ese malezal, tocar sus frutos y olerlos. Algunas granadas estaban abiertas, los pájaros les habían arrancado la piel a picotazos. Eran redondas, pequeñas y suaves. Cogió una para sí y la olió”

Karina Sainz Borgo

(“Nazarena”, Alfaguara, Madrid, 2026: 103)

Ilustración: Bill Flanagan.

domingo, 30 de abril de 2023

Periscopio por obligación

VELAR POR UNA O MÁS PUERTAS

Luis Barragán

Nos afecta una depreciación general y generalizada de los bienes raíces, cuyos diferenciales de precios resultan zanjados por los impuestos y otros posibles favores en el registro.  Nada azaroso el contexto económico que fuerza a la depreciación, en última instancia, el problema atañe a la propiedad privada única y sacrosantamente protegida para los más altos funcionarios del régimen y sus más directos  relacionados.

Hoy, en Venezuela, tener y sostener literalmente una casa, es una de las más difíciles proezas,  sobre todo, siendo ajenos a la trama del Estado.  Una de las tres más poderosas razones,  es demasiado elevado el costo económico el mantenimiento y  más aún al tratarse de un inmueble de vieja data, como suele ocurrir, cuya herencia raramente expone alguna significativa confrontación: tejado, tuberías, humedad, sistema eléctrico, entre otros aspectos, requiere de extraordinarios recursos que eviten el deterioro y el desplome definitivo de un referente de las más insospechadas reminiscencias.

Más de las veces, el par de viejos se quedan a solas en un caserón que no logran vender satisfactoriamente para probar con un apartamento cómodo y seguro, mientras que a la distanciada prole, fuera o y aún dentro del país,  no les alcanza para el subsidio. Veinte y tantos años  para pagar el inmueble,  gracias a las olvidadas facilidades hipotecarias de muy antes,  como promesa cumplida de un mejor nivel de vida, se van por el desagüe de todos los deterioros que incluye el retroceso social.

Migrar de una casa a un apartamento, es el mejor consejo en términos de seguridad personal, otro sólido motivo.  No es lo mismo velar por una puerta, o, a lo sumo, dos, que por varias. La casa implica una mayor y costosa vigilancia de los alrededores, añadida la confianza en una empresa de la que nunca puede jurar la fidelidad y honestidad de su personal, pues, muy atrás queda aquella conocida y reducida familia interiorana que ayudaba con los quehaceres del hogar, pero también con el cuidado de todos sus ocupantes, a cambio de techo y salario.

A modo de ilustración, acceder a pie o en automóvil, a cualquier hora del día o de la noche,  a  la amuralladísima casa de Colinas de Vista Alegre, o Prados del Este, en los extremos de la ciudad capital, es toda una aventura.  Dejar que jueguen los niños en los que fueron jardines muy vistosos, un riesgo acentuado.

Habitar un apartamento, claro que comporta varios y asimismo serios peligros, aunque aminorados de establecer la comparación con una casa de cámaras escrutadoras que las creemos de una fundamental disuasión frente a la delincuencia, mirando al mismo tiempo a todos los puntos cardinales: indecisos, a la segunda o cuarta vez, abrimos la puerta de entrada. Por no hablar de un posible seguimiento, cuando está en alza la industria del secuestro, juzgando por la casa, como antes por la ropa y alguna vez el automóvil, a la potencial víctima.

Recordamos, una persona amiga que se ocupa de la casa paterna ya de completo luto, encontró tres golpeados cuñetes de pintura en el garaje repleto de peroles.  Sólo uno de ellos servía y, queriendo refrescar un poco más la fachada, tuvo la suerte de contar con el consejo de un vecino, muy economista postgraduado él, pero necesitado como todo profesional universitario en Venezuela, quien hizo de plomero y electricista por esos días: era mejor, y lo fue, no pintar la fachada que hubiese convertido a la heredera en una injustísima candidata para el secuestro; es más, terrible secuestro, cuando los captores constataran que no tuviera ni una moneda partida por la mitad.

Y, una tercera razón de las tantas que podemos invocar,  es el cambio repentino e inconsulto de zonificación, trastocado el vecindario de muchos años de tranquilidad en un insoportable tormento comercial. La novísima, artificial y circunstancial clase media generada por el actual régimen, no se ha desplazado sola a las urbanizaciones de las otrora clases medias altas en franco e irresistible descenso, ahora, en trance de urbanizaciones comerciales a la usanza de Las Mercedes que destruyó su propia historia.

En conclusión, al parecer, un apartamento modesto, en un edificio modesto, en un lugar modesto, da menos dolores de cabeza que una casa así no tenga bonita fachada. Sin embargo,  el otro fenómeno,  algunos conjuntos residenciales padecen los abusos de quienes, medianos funcionarios o contratistas del Estado, por lo menos, congestionan el estacionamiento con sus vehículos desprovistos de placas y la profusión de guardaespaldas;  y, en otros conjuntos, más baratos,  son los guardaespaldas y otros empleados, los que imitan la conducta de sus superiores exhibiendo las más estrafalarias credenciales, cuando se les reclama. Y tienen algo en común los sitios que logran tiranizar: el escándalo,  la vanidad y estridencia, por emblema.

Fotografía: LB (Caracas, 05/12/2022). 

30/04/2023:

https://guayoyoenletras.net/2023/04/30/velar-por-una-o-mas-puertas/

domingo, 11 de diciembre de 2022

Caza de citas

 "Se pasan el día y la noche respondiendo correos. Nunca se van a casa sin su correo electrónico. Lo que  es más, no asimilan prácticamente nada de lo que pasa, porque al instante empiezan a parpadear las BlackBerrys (...) Vuelvo a casa, ignoro a mis seres queridos y voy directa al ordenador para establecer contacto con absolutos desconocidos"

Nora Ephron

("No me acuerdo de nada", Libros del Asteroide,  Barcelona, 2022: 57, 75)

Ilustración: Paul Lipp. 

miércoles, 9 de noviembre de 2022

Puertas adentro

LA CASA CARAQUEÑA

Nicomedes Febres

Confieso que tengo un interés especial por la casa caraqueña de hace poco más de un siglo y mi interés se extiende a las fotografías de las casas de los caraqueños de esa época. Graziano Gasparini se dedicó al estudio de la casa colonial y el doctor Edgar Pardo Stolk, un eminente venezolano también, escribió hacia 1960 un libro titulado La Casa de los Caraqueños dedicado a la casa habitada entre la época del guzmancismo y la época del general Gómez. En ese período Graziano mostró la evolución de las rejas tradicionales desde los barrotes de madera venidos de la época colonial hasta el período de Guzmán cuando los cambiaron a barrotes de hierro siguiendo el ejemplo de las rejas del Congreso Nacional; luego sucedió el cambio del servicio de aguas negras y blancas, la transformación de las letrinas al fondo de la casa y al lado del cuarto del loco, hasta el desarrollo de los baños y la disposición urbana de aguas negras que desarrolló el general Gómez el año 1900 cuando fue nombrado gobernador de Caracas en tiempos de don Cipriano, quien desconfiaba de los caraqueños. Por supuesto, las excelentes aproximaciones de Graziano y del doctor Pardo son más desde su visión de arquitecto uno y e ingeniero el otro. En lo personal me interesa el funcionamiento del núcleo hogareño y la vida allí, con sus costumbres y hábitos de acuerdo al número de ventanas, que era la manera como se medía el status socioeconómico en promedio de los caraqueños en esos años, desde la gente que vivía en las casas de cuatro ventanas a la gente humilde con solo una ventana. La ventaja nuestra ahora son las fotografías y las crónicas aparecidas desde entonces. La colección va de interiores lujosos como las casas de los Boulton, los Montauban o los Zuloaga que escapaban de la anterior clasificación por ventanas, hasta las casas de vecindad en los alrededores de El Calvario y descritas magistralmente por Diocleciano Ramos en su monumental folleto Caracas por Dentro, o el interior de ranchos anónimos de gente muy humilde cuyos baños eran los matorrales cercanos. La ventaja nuestra ahora es también la existencia disciplinada de fotografías de aquellas viejas casas del centro de Caracas de hace más de un siglo.

Como la lógica indica que debemos mostrar lo más frecuente del espectro estadístico, verán parte de un patio delantero de una casa de la clase media caraqueña con sus matas, materos, jaulas de pájaros, pedestales de materos y luego está el comedor y al fondo y a contraluz el patio trasero. 

07/11/2022:

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY